LA BOINA BLANCA.
Nació la Unión Cívica de la Juventud en setiembre de 1889, agrupación que contó desde sus inicios con el beneplácito de figuras respetadas como Leandro N. Alem y que en pocos meses se convirtió en Unión Cívica bajo la presidencia de éste último y que contaba entre sus dirigentes a figuras prestigiosas como Bartolomé Mitre, Bernardo de Irigoyen, Aristóbulo Del Valle, Francisco Barroetaveña, José Manuel Estrada, Vicente Fidel López, Hipólito Yrigoyen y Pedro Goyena, entre otros.
RUFINO PASTOR
Desde La Boca del Riachuelo, el Club Independiente de San Juan Evangelista que presidía el prestigioso vecino y empresario teatral Rufino Pastor se sumó a la Unión Cívica en un acto celebrado el 15 de diciembre de 1889 en el Teatro Ateneo Iris, propiedad del mismo Pastor, que estaba ubicado en la avenida Brown 1377.
En el acto hablaron Francisco Barroetaveña, Emilio Gouchon, y nada menos que el ex Presidente Mitre, figura de gran predicamento entre los boquenses.
Alem no pudo concurrir a su inauguración por motivos de salud, aunque envió una conceptuosa carta en la que manifestaba aplaudir “con toda la efusión de mi alma la digna actitud de ese noble y viril vecindario y el patriótico entusiasmo con que vienen a ocupar su puesto en las filas de los altivos e independientes”.
PROFUNDA IDENTIFICACION
Desde entonces hubo entre Alem y los boquenses, en gran medida gracias al vínculo establecido con Rufino Pastor, una relación de profunda identificación, de aquellas que se dan en forma espontánea entre un líder y su pueblo.
Dice Hebe Clementi en “De La Boca...un pueblo” que esta barriada experimentó por el fogoso tribuno una profunda adhesión. Ello explica en gran medida que al estallar la llamada Revolución del Parque en julio de 1890, varios centenares de vecinos de La Boca fueran al Parque de Artillería aquella mañana del 26 de julio a luchar por su derecho al voto bajo el mando del citado Alem. Aquella Revolución del 90, como otras antes, tuvo fuerte repercusión en la vida boquense.
REVOLUCION DEL 90
Efectivos de la entonces comisaría seccional 20 de la policía, silenciosos y cabizbajos, equipados con cartucheras, bayonetas y remington fueron subidos al tren en la estación "General Brown" del Ferrocarril a Ensenada, ubicada en Olavarría y Garibaldi para ser conducidos a engrosar las fuerzas represivas contra la revolución, al mando del Coronel Alberto Capdevila; muchos de ellos no regresaron.
José M. Brignone cuenta en su libro "Evocaciones Boquenses" que las noches del 26 y 27 de julio la Vuelta de Rocha presenció “un espectáculo único en su historia, pletórico de inquietudes y de zozobras. Todas las ventanas de las casillas de madera que formaban ya compacto núcleo, se habían convertido al parecer en cantones: aquellos viejos revólveres y pistolas que acompañando al cuchillo o la navaja formaban el equipo infaltable de todos los inmigrantes obreros de puerto que sin familia vivían de a cuatro o cinco en una pieza habitación, salieron a relucir al amparo de la ausencia o vigilancia policial y durante largo rato hasta agotar las municiones, innúmeros fogonazos y formidables estampidos, ofrecieron inolvidable espectáculo de peligrosa pirotecnia y de diversión imprudente”.
Luego de tres días de enfrentamientos, los revolucionarios se quedaron sin municiones, se negoció un armisticio y los revolucionarios pudieron volver a sus hogares. Pero el gobierno estaba muerto, como dijo el senador Dídimo Pizarro.
LEGENDARIO ESPIRITU SOLIDARIO
Pocas semanas más tarde debió renunciar el presidente Juárez Celman que fue reemplazado por Pellegrini, hasta entonces su vicepresidente. La revolución dejó un alto saldo de muertos y heridos. Los boquenses, con su legendario espíritu solidario, recurrieron la organización de festivales y eventos para recaudar fondos en beneficio de las víctimas de aquél episodio.
Por Diego Barovero. Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
Publicado en LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/La-Boca-en-la-Revolucion-de-1890-562122.note.aspx
Los casos del Club Evaristo (parte XXXV): el mazorquero fusilado.
Por Juan Luis Gallardo.
Le había tocado exponer a Alvarado y, buscando sobre qué, halló un libro donde su autor, René Orsi, se ocupa del drama que pesaba sobre Leandro N. Alem, uno de los fundadores del radicalismo y tío de Hipólito Yrigoyen, consistente dicho drama en su condición de hijo de un mazorquero, fusilado en 1853 como responsable del homicidio de Martín Amarillo y Juan Barragán.
Enterado por el libro de los vericuetos del asunto, estimó Alvarado que podía interesar a sus consocios del Club Evaristo. Así lo expuso:
-Como cuestión previa a presentar el caso, me detendré un momento para considerar un pequeño acertijo vinculado con el nombre y apellido de Leandro N. Alem. Porque ocurre que su apellido no era Alem sino Alen y la inicial que seguía a su nombre, Leandro, probablemente no pasara de ser una fantasía.
“Hijo legítimo de Leandro Antonio Alen y de Tomasa Ponce, el pequeño vio la luz en Buenos Aires el 11 de marzo de 1842, fue bautizado por el presbítero Saturnino Rodríguez en la parroquia de Balvanera e inscripto en el libro respectivo como Leandro, siendo sus padrinos Dionisio Farías y Felisa Pérez”.
“Pero ocurre que, a partir de algún momento, el muchacho empezó a firmar L.n.Alem y así lo siguió haciendo toda su vida. Como si la ene sustraída a su apellido se hubiera aposentado entre éste y su primer nombre”.
“Y parece que, cuando su amigo Martín Torino le preguntó un día qué quería decir esa ene, Leandro le contestó: Nada. Quiere decir nada. Es la ene de nada”.
“Cabe incluso la posibilidad de que Alem alterara ligeramente su apellido para que no se lo vinculara con su padre mazorquero, aunque no lo creo porque nunca renegó de él. Pero ya es hora de referirnos a éste, a Leandro
Antonio Alen y a su destino trágico, que son los motivos de esta charla”.
“Hay que aclarar, por lo pronto, que pertenecer a la Mazorca, o sea a la Sociedad Popular Restauradora, no tuvo nada de desdoroso pues, erigida para mantener el orden en la ciudad, sus miembros eran por lo general personas distinguidas, algunas de las cuales cita Orsi: Simón Pereyra, Miguel de Riglos, Martín Iraola, José Oromí, Eduardo Lahitte, Lorenzo y Eustaquio Torres, Roque Sáenz Peña, Eusebio Medrano, Francisco Sáenz Valiente, Saturnino Unzué, Marcos Agrelo, Patricio Peralta, Francisco Obarrio, Carlos Naón, Miguel Quirno, Rufino Basavilbaso, Ángel Casares, Manuel Argerich, Patricio Gorostiaga, Juan Victorica y otros”.
“Alen cumplía funciones de vigilante a caballo en la esquina de la parroquia de Balvanera”.
“Sobrevenida la batalla de Caseros, depuesto Rosas y sublevado Valentín Alsina contra Urquiza, el coronel Hilario Lagos se levantó contra Alsina, manifestándose a favor de Urquiza y ganándose la animadversión de los porteños. Alen se había enrolado con Lagos y, disuelta la milicia de éste, se lo sometió a juicio junto con otros jefes de pasado rosista. La imputación que se les formuló, tardíamente, fue la de haber pertenecido varios de ellos a la Mazorca”.
“Y había sucedido que, mientras Alen formó parte de la Sociedad Restauradora, por orden del Juez de Paz Eustaquio Jiménez ‘fue a enseñar las casas de don Martín Amarillo y don Juan Barragán, a Pedro Islas (gallego) y Pancho Ferreira, por quienes sabe que aquél los mandó prender y degollar y que a Amarillo lo sacaron de su casa a eso de las ocho de la noche’”.
Estos son los datos que surgen del expediente incoado contra Alen, de los cuales se desprende que su papel se habría reducido a señalar las casas de Amarillo y Barragán por orden del Juez de Paz.
”No obstante ello, a Alen se le imputan las muertes de Amarillo y Barragán y, pese a sus airadas protestas de inocencia, el juez de primera instancia lo condena a muerte”.
“La actuación de la Cámara no es mucho más lucida. El fiscal Ferrara formula el siguiente cargo, tremendamente arbitrario: Alen es el único responsable de estos dos crímenes, por no haber probado que otros y no él fueron sus autores. Absurda inversión de la carga de la prueba en que se funda el fallo condenatorio dictado por la Cámara, compuesta por los doctores Alsina, Villegas, Torres, Pico y Carreras”.
“A Alen lo fusilaron en la Plaza de la Concepción, que quedaba donde hoy se cruzan las avenidas 9 de Julio e Independencia”.
“Pero no termina aquí la historia de Leandro Antonio Alen, padre de Leandro N. Alem y tío de Hipólito Yrigoyen, como dije. Si concluyera aquí, demostraría que ya hace mucho que la justicia deja que desear en la Argentina, pues los fundamentos de la sentencia dictada entonces son insostenibles. Pero, mal fundada y todo, quedaría en pie la posibilidad de que hubiera resultada acertada en cuanto al fondo del asunto”.
”Una circunstancia fortuita vendría a demostrar, sin embargo, que aquel fallo, amén de mal fundado, fue totalmente injusto. Pues, veinte años después, Marcelino Martínez Castro, unitario acérrimo, revolucionario con los Libres del Sur y fiel seguidor de Lavalle hasta que sus restos fueron depositados en la catedral de Potosí, se presentó ante Leandro N. Alem para comunicarle lo siguiente: ‘Que, años antes, en 1859, un antiguo mazorquero, Manuel González, enfermo de una enfermedad mortal, le había confesado que era él el autor de la muerte de Martín Amarillo y que a Leandro Antonio Alen lo habían fusilado por un crimen del que no era culpable’”.
“La intervención de Martínez Castro, que era un perfecto caballero, acredita la inocencia de Alen respecto a la muerte de Amarillo. Pero no resuelve la de Barragán”.
-Lo que también confirma la intervención de Martínez Castro es que tanto la sentencia de Primera Instancia como la de cámara carecían de fundamento. Y esa situación vicia tanto a la condena dictada por la muerte de Amarillo como a la dictada por la muerte de Barragán -afirmó Medrano.
-De acuerdo -dijeron varios.
- Pero tenemos que opinar asimismo sobre la ene que apareció en el nombre de Leandro Alem. Y, respecto a ella, debo agregar un dato que no les comuniqué. Y ese dato consiste en que, en un artículo publicado por el suplemento dominical de un diario porteño, Enrique Mario Mayochi informa que, en oportunidad de casarse, un hijo de Alem llamado Leandro María, declaró al oficial del Registro Civil que su padre se llamaba Leandro Niséforo (sic). De manera que el texto de la partida de bautismo del prócer radical se opone a lo manifestado por su hijo a un funcionario público. ¿A cuál hay que dar fe?
-Yo creo que a la partida de bautismo que, por entonces, era el instrumento destinado a acreditar la identidad de las personas -opinó Zapiola.
-Conforme. Pero el testimonio de un hijo no es de desdeñar - dudó Cueto.
-Pongamos el asunto a votación -propuso finalmente Alvarado.
La votación resolvió por mayoría absolver a Leandro Antonio Alen respecto a ambos homicidios, o sea al de Amarillo y al de Barragán. Resultando empatada en lo referido a si Alem se llamaba Nicéforo o no, desempató Avelino por la negativa pues, sostuvo, nadie en su sano juicio puede ponerle semejante nombre a un hijo.
Publicado en Diario LA PRENSA.
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| Alvear e Yrigoyen. |
El año pasado al cumplirse cien años de la presidencia de Alvear, ‘El Club de la Libertad’ -prestigiosa institución liberal- me invitó a disertar en un panel que aludía al expresidente y nieto del héroe de Ituzaingó como ‘un presidente liberal’, concepto sobre el que se explayaron los demás oradores que participaron.
Cuando llegó mi turno, con el mayor de los respetos, dije que me permitía señalarles que Marcelo Torcuato de Alvear había sido un presidente radical dado que había adherido a la UCR desde su inicio en la vida política a fines del siglo XIX cuando era un jovencísimo abogado cautivado por la figura mítica de su líder Leandro Alem y había terminado sus días como máxima autoridad de dicho partido al que había consagrado su vida, sus anhelos, sus desvelos y esfuerzos, incluyendo en ellos sus seis años como primer magistrado.
LA RELACION CON YRIGOYEN.
También señalé en la oportunidad algo que he trabajado en estas crónicas. La relación de Alvear con Yrigoyen que, aunque con breves altibajos, fue constante por cuarenta años de solidaridad política. Lo cual se demuestra con las dos oportunidades en que el “caudillo radical” lo eligió su sucesor; en 1922 para ser primer magistrado y en 1931 como líder del partido radical proscrito y perseguido.
EXPLICACION NECESARIA.
En los últimos días y en contexto de una campaña electoral para la segunda vuelta o balotaje y motivados en la desesperante necesidad de conseguir adhesiones que se traduzcan en votos hemos escuchado decir que el auténtico radicalismo es el que sigue la línea Alem-Alvear como la que representa el ideario del más antiguo partido nacional que ha recorrido tres siglos de existencia.
El tamaño de la impostura nos exime de asumir la responsabilidad de desmentir o ratificar el aserto aunque desde la óptica de esta columna que habitualmente aborda la temática histórica del radicalismo nos resulta difícil sustraernos a la tentación de ofrecer una explicación procurando clarificar episodios y situaciones en torno a las cuales -aunque sean verídicas- se construye una narrativa que se choca de bruces con la realidad.
El subterfugio no nos impide decir que son falsedades que deben ponerse negro sobre blanco (no al revés, como erróneamente se afirma).
Alem fue un auténtico romántico de la política, por lo tanto las ideas liberales habían calado hondamente en él y las representó cabalmente en su extenso “cursus honorum” que lo llevó a ocupar escaños como diputado a la legislatura de Buenos Aires y como diputado y senador al Congreso Nacional. Lo hizo en representación de diversos partidos, algunos efímeros y otros de existencia más prolongada.
El viejo Partido Autonomista que lideró Adolfo Alsina, caudillo porteño por excelencia fue su alma mater. Enemistado con él, Alem pasó a fundar el Partido Republicano junto a su habitual compañero de luchas, Aristóbulo Del Valle, que se evaporó muy pronto. Luego de un tiempo alejado de la política activa retornó convocado por la joven generación porteña (que integraba Alvear) que había dado vida a esa primigenia Unión Cívica de la Juventud que bien pronto descartó dicho aditamento cuando los senectos Mitre, Irigoyen, Estrada junto a la generación intermedia representada por Alem, Del Valle e Hipólito Yrigoyen tomaron protagonismo en aquella Unión Cívica que aspiró a conducir la transición republicana del viejo régimen conservador oligárquico. La palabra liberal (que alguna vez fuera utilizada para denominar un Partido al que adhirió Barolome Mitre pero que pronto pasó a llamarse Partido Nacional) no serviría para denominar esa nueva fuerza que asomó pujante, novedosa y combativa para enfrentar al conservadorismo. Promovían ideas del liberalismo pero no eligieron llamarse liberales.
¿LIBERALES VS. RADICALES?
Tampoco sería la ecuación correcta. Alem y Del Valle si bien identificados con las ideas del liberalismo político, combatieron con pasión políticas ultraliberales en lo económico sobre todo en la presidencia de Juárez Celman ya antes de la Revolución de 1890. Ha dicho además Yrigoyen a través de los varios lustros en que combatió al régimen oligárquico "nuestro programa es la Constitución Nacional", plexo que sin dudas contiene los grandes lineamientos de la visión liberal de la Argentina del siglo XIX, aunque la lucha más fogosa se dio precisamente para hacer realidad por medio de la garantía del sufragio el principio representativo que asegura el artículo primero de nuestra ley suprema.
LOS POSTULADOS.
Si atendemos a la evolución de las relaciones socioeconómicas en los gobiernos radicales de Yrigoyen y Alvear podrá comprobarse que en ambos casos los viejos postulados liberales fueron en general respetados y puestos en práctica. Ambos con austeridad cuidaron el déficit y ordenaron las cuentas públicas (Yrigoyen recibió el comercio exterior jaqueado por la Gran Guerra Europea). También ambos presidentes, supieron introducir correcciones en el sistema económico cuando razones estratégicas así lo recomendaban: atenuar las desigualdades construyendo un Estado social de derecho con leyes laborales y los primeros regímenes previsionales, la creación de YPF e implementación de una agresiva política de desarrollo territorial.
Así, marcamos que la supuesta dicotomía planteada entre liberales y radicales en el seno del radicalismo (partido horizontal, policlasista, de raíz movimientista) es argumentativo y puramente literario, inspirado -es obvio- en atendibles motivos proselitistas que la urgencia de la hora exige.
Diego Barovero Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
Publicado en Diario LA PRENSA.
Abogado que fue electo en representación de la Unión Cívica
Radical como Senador de la Nación por la provincia de Chubut en dos
oportunidades (1973-1976 y 1987-1995).
En 1972 participo de la fundación del Movimiento de
Renovación y Cambio y se desempeño como Convencional Nacional por Chubut y en
2008 como Presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical.
Entre 1999 y 2002 integró el Comité de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas.
Es sobrino bisnieto de Leandro Alem y sobrino nieto de Hipólito
Yrigoyen.
En 1973 y 1975 sufrió sendos atentados por parte del grupo
parapolicial Triple A resultando seriamente herido en uno de ellos.
En 1976 fue detenido, desaparecido y torturado por la
dictadura militar en compañía de su colega y correligionario Dr. Mario Abel
Amaya quien falleció a consecuencia del trato recibido. Posteriormente fue
liberado y expulsado del país radicándose en París hasta 1983.
Personas de confianza del Presidente Raúl Alfonsín quien lo
designó como su asesor personal con rango de secretario de Estado y embajador
plenipotenciario.
Es autor de varios libros relacionados con la soberanía
argentina sobre las Islas Malvinas y otros temas relacionado con el sur
argentino.
HIPÓLITO SOLARI YRIGOYEN SUFRE UN ATENTADO.
Miércoles, 21 de noviembre de 1973 - Buenos Aires, Argentina.
Poco antes de las 13 horas de ese día, el entonces Senador
Nacional de la Unión Cívica Radical por la provincia de Chubut Dr. Hipólito
Eduardo Solari Yrigoyen encendió el motor de su automóvil Renault 6 estacionado
en el primer piso de la cochera ubicada en la calle Marcelo T. de Alvear 1276
de la ciudad de Buenos Aires haciendo detonar una bomba colocada en el interior
del mismo que le provoco graves heridas, especialmente en ambas piernas comprometiéndolas
seriamente y salvando su vida en forma providencial.
Este atentado, inédito en el país por su característica
durante un gobierno democrático, ocurrió tres días después de que el legislador
nacional carga duramente en una sección del senado contra la ley de
“Asociaciones Profesionales” enviada por el presidente Perón con el objetivo de
fortalecer la concentración de poder de los jefes sindicales. El hecho fue
atribuido a la organización denominada “Triple A” y sería el primero de los dos
que sufriría el senador radical. El segundo ocurriría en el mes de abril de
1975 donde nuevamente la misma organización terrorista colocaría dos bombas en
su casa de Puerto Madryn.
La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) fue un grupo
parapolicial creado al amparo de José López Rega quien era en aquella época
Ministro de Bienestar Social del gobierno nacional y estaba integrado por
policías retirados, militares y matones a sueldo que sembró el terror a fuerza
de amenazas y crímenes.
Irónicamente el senador Solari Yrigoyen fue visitado en el
hospital donde se recuperaba de las lesiones recibidas en el atentado, entre
otros, por la vicepresidente María Estela Martínez de Perón acompañada, como
era habitual, por el ministro López Rega.
Información: Efemérides Radicales.
http://www.efemeridesradicales.com.ar/
Por Diego Barovero.
Hace pocos días el doctor Alberto Benegas Lynch escribió un artículo para otro matutino histórico de la Capital, en el que señalaba la necesidad de que la UCR retorne a sus fuentes ideológicas liberales. Sin perjuicio del respeto por sus ideas, me propongo rebatir algunos conceptos del reputado columnista liberal.
LEANDRO ALEM.
Sostiene que Leandro Alem fue un doctrinario liberal lo que es a mi juicio sino inexacto, incompleto. Alem y la mayoría de los fundadores del radicalismo abrevaron en el liberalismo político, fundamentalmente sarmientino (a quien acompañaron en su último intento por acceder a la presidencia en 1880) ya que provenían del Partido Republicano que fundaron en 1877 Alem, Del Valle y Sáenz Peña, entre otros.
Benegas Lynch hace hincapié en las ideas librecambistas de Alem citando artículos periodísticos e intervenciones parlamentarias de éste, omitiendo las muchas otras en que el citado Alem y sobre todo su amigo, correligionario y compañero de banca Aristóbulo del Valle juzgaban críticamente el liberalismo económico del sistema conservador oligárquico sobre todo del período de Juárez Celman y sostuvieron posiciones proteccionistas hacia bienes del Estado y de la incipiente industria.
No puede negarse que del Valle, Alem y los fundadores del radicalismo representaban las ideas liberales consagradas en la Constitución Nacional de 1853 (piedra basal del liberalismo argentino) sobre todo en lo atinente al régimen republicano y representativo de gobierno, basado en el sufragio popular como fuente legitimadora, de allí que ante la desnaturalización del sistema democrático por parte de los gobiernos conservadores consideraron vital crear un nuevo partido que se opusiera al estado de cosas imperante, la Unión Cívica primero (1890) y UCR después (1891), sus profundas convicciones liberales democráticas los llevaron a construir el partido que sería herramienta fundamental de la democratización de la vida institucional argentina.
HIPOLITO YRIGOYEN.
Párrafo aparte merecen las a mi juicio incorrectas acusaciones formuladas por Benegas Lynch contra Hipólito Yrigoyen, sólo fundadas en su conocida animadversión hacia la persona, liderazgo y obra del gran caudillo radical, por ello contraponemos la trayectoria del primer presidente democrático argentino, que a la muerte de Alem dotó a la UCR de una estructura y organización que le permitió en dos décadas y desde el llano, sin usar recursos públicos ni recurrir a discursos demagógicos obtener la mayoría electoral que la llevó al gobierno de la República, desplegando una acción reparadora y enriqueciendo el concepto democrático con el de la inclusión social "la democracia no consiste únicamente en la garantía de la libertad política, implica para todos la posibilidad de conseguir un mínimum de felicidad siquiera" (ver `El Pensamiento Escrito' de HY).
Sus dos gobiernos y el de su sucesor (a cuya elección consagró su labor el propio Yrigoyen) Marcelo Torcuato de Alvear fueron ejemplos de democracia social en los que se conjugó la vigencia de la República democrática con sus principios y valores, así como los avances en materia socioeconómica en un sano y virtuoso equilibrio entre liberalismo e intervencionismo estatal para asegurar progreso, desarrollo y bienestar.
SEVERAS CRITICAS.
El autor formula severas críticas a dos aspectos de la gestión de gobierno de Yrigoyen, por un lado al recurso de las intervenciones federales a provincias de las que diremos únicamente que fueron realizadas en virtud y ejercicio de la atribución presidencial prevista por la propia Constitución Nacional para asegurar el federalismo y la división de poderes; por otra parte respecto en cuanto a la represion de la violencia social durante la llamada "Semana Trágica" de enero de 1919, acerca a Benegas Lynch con los defensores y propagandistas del anarquismo, que con su accionar violento buscaba la disolución del Estado argentino y su sistema de gobierno constitucional, por lo que la labor del presidente Yrigoyen y del general Luis Dellepiane (que comandó la represión y devolvió el orden y la tranquilidad a la Capital)estuvo enmarcada en la continuidad de la Nación en riesgo.
También señala el autor de la mentada nota que el radicalismo para volver a sus fuentes principistas debería renunciar a la Declaración de Avellaneda (1945) y a su adhesión a la Internacional Socialista, menciones estas que arrojan un cierto tufillo maccarthista más bien producto de sus propios prejuicios ideológicos.
Ambas circunstancias históricas, separadas entre ellas por más de medio siglo; la primera -se ha dicho- fue producto de un congreso de la facción intransigente realizado en la ciudad bonaerense (de allí su nombre) en el año de la finalización de la II Guerra Mundial, recogió las ideas imperantes por entonces en la Europa de posguerra, sobre todo procedentes del Laborismo británico, en que se buscó compensar el peso del capitalismo con la introducción de normas que regularon principios y derechos tendientes a una mayor integración social.
Esas posiciones mediando un profundo debate fueron incorporadas por la Honorable Convención Nacional de la UCR (1948) al acervo ideológico radical a través de la Profesion de Fe Doctrinaria y las Bases de Acción Política.
En cuanto a la incorporación a la Internacional Socialista (de la que la UCR ya era miembro observador en los años '80 del siglo XX) también fue producto de un arduo debate, saldado finalmente por el máximo organismo partidario (HCN) a mediados de la década de los '90 y cabe resaltar que el agrupamiento internacional está integrado en su totalidad por partidos democráticos cuyo ideario se basa en las premisas de la libertad política y la búsqueda de la igualdad social sin ningún vínculo ni compromiso con estructuras autoritarias ni totalitarias ni violentas.
FIRME COMPROMISO.
Por otro parte y para finalizar valga decir que a través de más de 130 años de trayectoria la UCR desde el llano y desde el gobierno en las administraciones presididas por Hipólito Yrigoyen, Marcelo de Alvear, Arturo Ilia, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, ha demostrado un compromiso firme e irrevocable con la defensa de las ideas de la libertad, la plena vigencia de los derechos humanos, la democracia representativa, el pluralismo político, la división de poderes y el federalismo que son principios pétreos de nuestra Constitución Nacional, lo que se dice un auténtico programa liberal.
Diego Barovero * Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/524878-El-radicalismo-y-sus-fuentes-ideologicas.note.aspx
REVOLUCIÓN DE 1890: LA CONFESIÓN DE JULIO ARGENTINO ROCA.
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| Un ministro FLOR Y FLOR... GPA, |