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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, julio 16, 2026

La IA, el próximo (y único) Dios. Por Dardo Gasparré.

 


La IA, el próximo (y único) Dios.

Como ocurre desde el comienzo de los tiempos, la humanidad avanza siempre hacia formatos que llevan a su esclavitud. Esta vez puede ser la definitiva.

Por Dardo Gasparré.

Desde que el hombre adoptó el formato de vida gregaria surgió paralelamente la necesidad de cada grupo, tribu o pequeña sociedad, y luego cultura o civilización, de dominar a las otras que se formaban en su cercanía. También la necesidad, dentro de cada comunidad, de intentar controlar a cada uno de sus integrantes. Los ejemplos se repiten en la larga noche de la historia y llegan hasta hoy.

Las religiones, desde el hechicero de la tribu o el culto a elementos naturales, como el sol, la luna, los astros, la lluvia, el agua, hasta las más elaboradas, literarias, eruditas y filosóficas, han sido siempre el instrumento de esa necesidad ancestral. 

Todas esas religiones o cultos se impusieron sobre los poderes monárquicos y políticos de modo sutil o por la fuerza. La frase medieval de que “todo poder viene de Dios” marcaba y difundía solapadamente el concepto de que el poder terrenal estaba subordinado a un poder superior infalible y fulminante. Los reyes lo aceptaron así. Por eso eran coronados por alguna autoridad religiosa. Por eso los representantes de una fe tenían esa suerte de superioridad moral, como si el poder hubiera sido prestado o concesionado y pudiera ser retirado en cualquier momento. 

Todas las religiones, en todos los tiempos, tuvieron un dios o dioses crueles, sanguinarios, vengativos, dictatoriales, iracundos y furiosos capaces de cualquier crueldad en nombre del supremo bien común. Aún aquellas que publicitaban el perdón, terminaban asegurando tremendos castigos para quienes no siguieran sus infalibles preceptos. Y cuando dentro de ella surgía alguna tendencia que suavizara esas premisas era rápidamente calificada de herejía, anatema, apostasía o similares. Todas ellas descalificaban -cuando no combatían- a cualquier otro culto que se practicase (Si el lector cree que la suya es una excepción tal vez debería repasar los textos y órdenes sagradas de su creencia, verdaderos ucases inapelables e indiscutibles). 

La evolución intelectual de la humanidad fue obligando a suavizar esas prácticas, mandatos, amenazas y sanciones -reales o prometidas- o a disimularlas o a no hacer evidentes y explícitos esos métodos evidentemente tiránicos y salvajes, pero no cambiaron las amenazas de fondo, el funcionamiento esencial del control por el temor, el miedo, la amenaza de tortura infinita, el milagro y sumisión que se logra con el ruego, la humillación, la promesa de una vida eterna y paradisíaca, valga la tautología (No se dan ejemplos específicos para no discriminar).

Cuando los líderes sociales y políticos de cada comunidad pequeña o grande, organizada o no, comprendieron el fenómeno, copiaron paulatinamente esos mecanismos. El bien común, el solidarismo, la equidad, la justicia social, la redistribución de la riqueza, la igualdad como norma moral fueron facilismos que se le fueron prometiendo a los fieles cautivos para conseguir su apoyo, su tolerancia y su anuencia. 

La eliminación de todo esfuerzo, como el estudio, la meritocracia, la aceptación de la propia mediocridad o el efecto del poco esfuerzo fueron gradualmente el nuevo catecismo. El famoso roban, pero hacen o roban, pero me hago el tonto porque me conviene son una pequeña muestra de esas prácticas. Como el deterioro gradual de la educación, la relativización de las notas y los exámenes, la desvalorización de los logros basados en el trabajo y el esfuerzo fueron una característica común, al menos en Occidente. Hasta hoy se ha llegado a creer que un título o un grado no tienen importancia alguna, ni la necesidad de saber. 

El advenimiento de los bots de inteligencia artificial ha colaborado a la idea de que todo conocimiento previo es innecesario. Basta con preguntar y se obtiene la información o la solución al instante, como en un videíto de Youtube. Eso permite aprobar exámenes sin saber, escribir un artículo o una tesis sin investigación alguna ni conocimiento, o una carta impecable postulándose para un empleo, (si se sigue creyendo en la necesidad de un empleo) y hasta encontrar un medicamento salvador sin tener que recurrir a “una estúpida que estudió siete años para ser médica”. 

EL PENSAMIENTO UNIFICADO.

Además de lo nocivo de esas convicciones cómodas, que en el fondo son hasta antisociales, lo grave de esa nueva costumbre es que se termina creyendo en todo lo que allí se dice como una versión final y perfecta de la realidad y de la vida. Sus conclusiones son una orden, un mandato, una verdad religiosa inapelable que garantiza la felicidad, la inmortalidad y la inmunidad ante cualquier consecuencia o castigo. Un Google obligatorio e infalible. El pensamiento unificado. Y lo grave de haber resignado la propia capacidad de discernir y tener un pensamiento crítico. Un principio fundamental para defender la libertad personal.

Pero todo lo descripto no es nada más que la pequeña parte de un proceso que evolucionó y seguirá evolucionando a través del tiempo. La combinación de la IA y las redes plantea un peligro mayor que es evidente. La creación de imágenes y audios fake es un mecanismo altamente eficiente de confusión del pensamiento crítico, la opinión y la percepción. Partiendo del propio idioma donde actúa como una universal torre de Babel que poco a poco confunde y anula la comunicación y aun el razonamiento. Perder el lenguaje común impide el pensamiento, la percepción de moral, la capacidad de advertir una amenaza o el peligro de confundir la mentira con verdad. Definitivamente de ignorar al déspota o al corrupto, o peor, inclina a justificarlo en nombre de alguna lealtad ideológica inventada. Las hordas de trolls y bots que descalifican cualquier opinión cumplen un papel fundamental. La inteligencia artificial coordina, unifica y dirige esas acciones. 

Ser un influencer es considerado como una profesión. Lo mismo que trucar fotos y videos y venderlos por internet. En todas las plataformas los seguidores son más buscados y atesorados que el dinero. 

La política, los intereses de todo tipo y la corrupción se han apoderado de la voluntad popular.  Y va en camino firme de confundirse con el mismo Estado. El ser humano repite lo que le ordenan subliminalmente. Teme ser borrado, bloqueado, cancelado, un fusilado virtual. El individuo pasa poco a poco a ser esclavo de un colectivo, de una telaraña sin araña en su centro. Un fusilado virtual. Termina por ser domado, primero, por el miedo de una muerte civil (morir en las redes es peor que la muerte física) luego por la continua repetición de supuestas verdades incontrastables, o con la invención de tabúes que prohíben hablar con cierto lenguaje, decir ciertas palabras, pensar de cierto modo, opinar en determinado sentido. Un individuo domado, listo para emprender el camino a su esclavitud.

FICCIÓN DISTÓPICA.

Dos o tres episodios de la serie Black Mirror incursiona en el tema desde la ficción distópica: en uno, cada ser humano es calificado con un sistema de cinco estrellas por todos los que alternan con él personalmente o indirectamente. El individuo trata entonces de congraciarse con todos, con cualquier capricho, mentira o disparate que ocurre a su alrededor, para ganarse una estrella o para evitar ser cancelado. Esas estrellas determinan su futuro, su felicidad, para llamarle de algún modo, su inserción en la sociedad, su destino, en fin. ¿No está pasando eso, en muchos aspectos? ¿Cuán cerca se está de que ese comportamiento no sea inducido o planificado, si no lo es ya? 

Cualquier conversación entre amigos o profesionales es hoy interrumpida por los contertulios para tomar sus celulares y revisar en su chatbot lo que cada uno dice, o chequear sus opiniones. Cualquier escolar pone las conclusiones de su precaria IA por encima de lo que le enseñan sus maestros o sus libros, en quienes ya no confía. No se discute. Se lee el nuevo catecismo y se da por palabra de Dios. En un colosal bullying, las personas son discriminadas o defenestradas por los “populares” con total prescindencia de sus conocimientos, logros o argumentos. Ninguna dictadura más perfecta. 

Los gobernantes, cada vez más aproximados a los comportamientos y regímenes autócratas o directamente dictatoriales -sin importar su ideología, principios, acciones ni logros, sus méritos o sus deméritos, que hace mucho vienen usando mecanismos de espionaje y control de la población, se mimetizan con la inteligencia artificial, el instrumento perfecto para maximizar la eficiencia demente y cruel de esa política. Siempre hay buenos argumentos que la sociedad compra al instante: el bien común, la defensa de la soberanía, (argumentos irrefutables y falsos), el temor a los ataques nucleares (muy efectista), el terrorismo (que va cambiando de caras y banderas según las conveniencias de cada gobierno en cada momento), tratan de justificar (y lo logran cada vez con más éxito gracias a estos relatos. Relatos que la IA ayuda con creciente frecuencia a perfeccionar con sus mil modos de hacerlo y con la obligación también creciente del usuario, el consumidor, el comerciante, el industrial, el obrero o el empresario de confiar sus datos a una app o a un sistema que transforma su intimidad en datos públicos es un mecanismo  de espionaje y coptación fenomenal, que excede la imaginación de los grandes escritores de ciencia ficción. 

¿Qué otra cosa que un mecanismo de control absoluto es la idea, tan empecinadamente impulsada por la presidenta de la otrora occidental Unión Europea, Úrsula von der Leyen, del euro digital, que pretende eliminar el papel moneda por un sistema de blockchain digital, que sigue la historia de cada euro y los pasos que va dando de persona a persona, y que puede determinar no sólo en qué gastó su dinero cada persona, sino que puede limitar o dirigir el uso y el destino de las tenencias de cada uno? Hay que ser muy despistado para creer cualquier otra excusa o argumento que no sea el control social. Los datos privados se han vuelto públicos. Esa es la democracia de hoy. O lo que se llama democracia. El individuo cree que tiene cada vez más de los llamados derechos humanos, y cada vez se lo despoja de más derechos esenciales. 

LA PANDEMIA COMO ENSAYO.

No olvidar el ensayo general de control estatal  durante la pandemia, ampliamente apoyado en los sistemas digitales, que en muchos países se implementó con certificado digital de vacunación y salud que era imprescindible para todo trámite y todo desplazamiento. 

Los sistemas digitales potencian la prosecución del poder por el poder mismo y está a su servicio, siempre en nombre de la esperanza de todas las sociedades de que alguien les solucione sus grandes problemas, necesidades y miedos: el bienestar, la pobreza, la justicia social, la equidad, la salud, el delito, la diversión y la muerte, la paz, la protección contra un ataque extranjero o interno de un enemigo inexistente o real, la felicidad, el hambre. También, como cualquier otra dictadura de carne y hueso con las que se mimetizan, agitan esas necesidades que supuestamente satisfará. 

Nada de todo eso se logrará, pero esas promesas cumplen el objetivo de justificar cualquier cosa, y de provocar los fanatismos y enfrenamientos ideológicos que obnubilar el juicio. 

La identificación del usuario por medio de huellas digitales y el siempre frustrante sistema de la foto como llave de acceso a las plataformas y apps, son un paso enorme hacia el temido chip que tarde o temprano se implantará en los seres humanos.

Muchas obras de ciencia ficción han abordado el tema del ser humano dominado por alguna variante de inteligencia artificial. La citada recordada Matrix y sus secuelas muestran un mundo en el que cada ser humano tenía implantado un chip que lo hacía “bueno”, el ideal de toda utopía dictatorial. También creaba un mundo paralelo una Second life, como el conocido sitio, en que las personas tenían una reproducción digital, un avatar y se estudiaban y guiaban sus movimientos en una vida paralela. 

También la película Avatar mostraba un sistema de vida paralela, donde las enfermedades se curaban operando e interviniendo no a los humanos sino a reproducciones digitales de sus personas. Siempre culminando en un control social. 

La citada Black Mirror tiene varios episodios que cada vez se parecen más a lo que está ocurriendo en la realidad actual. Por ejemplo, la duplicación de personas muertas cuyas vidas, dichos, hábitos y acciones eran recopiladas para producir figuras digitales que simulaban su presencia real y se vendía a los familiares. Ya se está comercializando este servicio hoy en la realdad en ciertos países, basados en fotos, emails, mensajes de voz, videos y demás actos de comunicación y hechos de la vida de alguien. Una especie de medium digital. 

En La máquina del tiempo, de H.G.Wells, su protagonista encuentra en una región remota del pasado una raza dominada por los morlocks, seres invisibles y desconocidos, que aseguraban la felicidad eterna. Luego se premiaba a los más obedientes con un viaje hacia un Edén también misterioso y difuso. Allí vivirían eternamente felices. El protagonista descubre que allí los favorecidos eran carneados y comidos y huye en su máquina de tiempo. 

La mejor exposición de la simbiosis entre el Estado y la Inteligencia Digital se puede encontrar en la serie Person of Interest, de 2014.  En ella se muestra una máquina que es controlada por el Estado puede predecir el protagonista de algún asesinato futuro o de un crimen, (sea el asesino o la víctima) e impedirlo. Finalmente, esa máquina se enfrenta con otra, que controla en cambio al Estado,  que también quiere crear un mundo nuevo de seres buenos, y obviamente, como ocurre en la realidad, dejan un tendal de muertos. Como sucede en cualquier guerra. Como las que se sufren hoy. 

DISTOPÍAS EN CAMINO DE CUMPLIRSE.

Ninguna de estas distopías carece de un fuerte sustento técnico en su esencia. Todos los imposibles que en ellas se mencionan existen o están en vía de existir. La abeja robot electrónica de polinización de Black Mirror ya está usándose en varios países. Los sistemas de reconocimiento facial entre multitudes se aplican hoy en cualquier aeropuerto. La utilización de todo tipo de datos para vigilar a las personas ya se aplica. El sistema de cámaras, en paralelo, también. El gobierno norteamericano analiza el historial en las redes de cada uno para otorgar sus visas.

Alan Turing, matemático británico, continuando con las investigaciones realizadas en Polonia en el comienzo de la década de 1930, construyó varios prototipos de una máquina antecesora de las actuales computadoras, capaz de descifrar todo tipo de códigos (la Bombe). Ese sistema se usó durante la segunda guerra para descifrar los códigos de la poderosa máquina Enigma de los alemanes, que se usaba para enviar todos los mensajes codificados de sus operaciones en su territorio y sus espías en varios países.

El método requería la colaboración de miles de valiosas mujeres voluntarias de la Marina que, siguiendo las instrucciones de la máquina, hacían día y noche complicadísimas búsquedas y rutinas sobre los números que proveía la máquina, que conducían finalmente a descifrar el código, que era cambiado periódicamente por los alemanes. Se considera que la máquina la Bombe permitió acortar la guerra en muchos años para algunos y hasta ganarla, según otros. 

Turing es uno de los pioneros de los modelos de Inteligencia artificial, cuya existencia concibió y creó en modo abstracto primero. Escribió libros y ensayos sobre el tema y propuso un test para poder determinar cuándo un trabajo, comunicación, diálogo o conversación eran producto de la IA. El primer requisito de los tres que impuso era que un determinado porcentaje de entrevistadores humanos no fuera capaz de discernir si estaba hablando con otra persona o con una máquina, a las que les hacía las mismas preguntas. 

Turing desarrolló varias teorías y aplicaciones sobre el uso de su modelo, muchas de las cuales se ven hoy en la práctica de todos los días. También planteó una serie de objeciones a su uso, la primera de ellas de orden teológico. No está tan equivocado el rumbo de la columna. 

Se recordará también que el científico fue procesado por homosexualidad y castrado químicamente en Londres. Estupidez artificial. 

Yendo a antecedentes más cercanos, en 1996 IBM presentó su sistema de ajedrez Deep Blue, basado en múltiples servers en cadena a los que se le cargó una amplia cantidad de aperturas y maestros famosos. Esa máquina jugó un match a seis partidas, con el gran Gran Maestro Garry Kasparov, en el que el azerí campeón del mundo, para muchos el mejor ajedrecista de la historia, venció 4 a 2. Al año siguiente IBM presentó una versión sumamente mejorada de Deep Blue, y la máquina venció por 3½ a 2½. Kasparov, que se había preparado para jugar contra una computadora con una táctica distinta, alegó en un principio, golpeado por esa derrota, que se había recurrido a otro campeón, Anatoly Karpov, para “ayudar “a Deep Blue. Posteriormente, analistas de ajedrez descubrieron que en la partida dos la máquina había cometido un error en la jugada 44 que habría permitido al campeón empatar la partida, lo que habría cambiado la historia del match. A su vez la máquina se equivocó en la cuarta partida al no aceptar tablas, y Kasparov ganó ese capítulo. Como en un test de Turing, la máquina y el humano cometieron los mismos errores. 

El máximo nivel en ese tipo de programas lo alcanzó Stockfish, en la década de 2010, una máquina que venció en incontables partidas contra grandes maestros. 

  REVOLUCIÓN EN 2017.

El hecho verdaderamente notable sobre el mismo tema ocurrió en 2017. Alphabet, la empresa dueña de Google y Deep Mind, presentó un soft que se llamó AlphaZero. En este caso, no se le cargó ninguna apertura, ningún ejemplo, ninguna partida magistral ni ninguna táctica o estratégica. Sólo se le dieron las reglas del ajedrez y se le dio dos semanas para que jugara millones de partidas consigo misma y aprendiera. El sistema tuvo resultados espectaculares basados en su capacidad de analizar datos y encontrar las estrategias y tácticas que a largo plazo le darían la victoria. Venció a todos los grandes maestros y ganó 28 partidas contra cero de su oponente. Esta fue acaso la demostración más evidente a nivel popular de lo que es capaz de hacer la IA. Se cometió y comete un pecado de soberbia al decidir adjudicar el mismo tiempo de reflexión en cada jugada a la máquina que al ser humano. Los grandes maestros precoces de la actualidad ya no piensan para jugar al ajedrez o al go. Simplemente memorizan con notable habilidad lo que la máquina les dice previamente. 

Hoy se teme a la Inteligencia Artificial por el potencial peligroso de su uso por parte de gobiernos y políticos que fácilmente la pueden usar crecientemente en apoyo de mecanismos de corrupción, espionaje, restricción de libertades, violaciones de datos, intimidades, creación de imágenes falsas en la sociedad, noticias fake que pueden atemorizar o afectar los derechos de los individuos como los casos detallados anteriormente. Todo en nombre del bien común, la verdad, la equidad y la justicia social. 

La literatura tiene varias advertencias y dudas vigentes hoy sobre el uso erróneo y delictivo de la tecnología, o que afectan la libertad del individuo, sus derechos y su existencia. Black Mirror plantea el caso totalmente posible hoy con la tecnología actual, de una mujer a la que se le coloca una especie de marcapasos cerebral para mantener en perfecto funcionamiento su organismo y mantenerla con vida. Poco a poco se va aumentando la tarifa del monitoreo, hasta que el costo resulta imposible de afrontar, y la mujer elige dejarse morir para salvar a su familia de la ruina. Puede ocurrir con cualquier marcapasos monitoreado externamente, mejor no dar ideas. 

Bradburry lo plantea en varias de sus obras. Los perros robot que rastrean y ejecutan personas en un estado autoritario, en Fahrenheit 451, o la escuela infantil conducida por tecnología de The Veldt, que concluye con los chicos cuya educación se confió a una máquina  transformados en autómatas que terminan controlando y eliminando a sus padres, en una especie de estalinismo cibernético. 

La citada Person of Interest, que aborda el tema de vigilancia masiva, coincide peligrosamente con las denuncias de Peter Snowden en 2013 sobre los programas de vigilancia estatal de la NSA que le valió terribles persecuciones estatales. No es ficción. Lo que hace recordar que el uso de algoritmos, y toda la tecnología a su alrededor, que han hecho que la disciplina de Análisis de datos sea hoy toda una carrera universitaria, que, si bien maneja en teoría datos globales de muchas personas, puede ser aplicada a un individuo sin ningún problema (Y lo es). El enojo de muchos gobiernos con las empresas que no permiten el acceso del gobierno a los mensajes peer to peer entre sus usuarios es mucho más que sospechoso, y una intromisión inaceptable en la vida privada de las personas. Lo mismo que la invasión al celular de los individuos, que son destripados para sacarles comunicaciones previas a una orden judicial, lo que tornaría esos datos así conseguidos en inútiles como prueba y hasta punible antes de usarse cualquier sistema no digital. Simplemente se llega a convalidad tal aberración porque la tecnología lo permite.

Muchos de los usos que se dan hoy a la Inteligencia Artificial son superficiales y casi siempre pobres. La utilización de una supuesta IA para reemplazar al clásico servicio al cliente en todas la empresas públicas y privadas, grandes o chicas, servicios del estado, reparticiones, y tantos otros, es un ejemplo tal vez de poca importancia, pero válido, de lo que el uso de esa tecnología sin conocimiento de la función que se intenta reemplazar tiene muy malos resultados. Cualquier usuario ha pasado por el calvario de ser atendido por este engendro, que repite siempre lo mismo, entra en un loop de derivaciones hasta volver al mismo lugar, ofrece un listado de razones por las que supuestamente se consulta para volver al punto de inicio una y otra vez. 

Acaso sea posible reducir la discusión al reemplazo de personal humano por estos engendros, pero en realidad no han sido reemplazados, por que esa supuesta IA no presta ningún servicio equivalente, ni cumple la función de dar servicios a nadie. Da miedo pensar lo que puede pasar si ese reemplazo se generaliza a otras áreas de mayor trascendencia. Un consumidor inteligente debería huir de esas compañías, pero como se ha generalizado su uso y en muchos casos son obligatorios, como los trámites ante el estado, bancarios y similares, no existe opción posible, con lo que el cliente es esclavo de su proveedor, un usuario, un número anónimo, no un cliente. Una especie de dictadura del proveedor, como ocurre en todos los temas. Es un ahorro, tal vez, pero no es un reemplazo. Una forma más de control. 

Otro uso popular pero también inútil es la utilización para avisos comerciales. Reemplazan el gasto de un comercial clásico, pero terminan siendo una fría caricatura a la tercera vez que se ve lo mismo cualquiera fuera el producto. Ahorra, pero no reemplaza. Deteriora y baja la vara de la calidad, el interés, la inteligencia y lo artístico.  Se defiende como un avance de la ciencia. También es usada por imbéciles que crean videos y fotos con las caras de sus compañeras de estudio desnudadas por algún soft, una contradicción grosera en una juventud que supone enseñar e imponerles a los viejos las nuevas pautas de tolerancia, respeto, feminismo, antiracismo y otras declamaciones. 

Por supuesto que hay una larga lista de tareas donde la IA puede mejorar los resultados y acelerarlos, a veces notablemente, en especial cuando se une al conocimiento de quienes la usan. Pero aquí se está hablando de las distorsiones, exageraciones y riesgos de un uso no planeado o mal manejado, tanto en lo técnico como en lo ético, en especial cuando se usa para controlar la libertad o la voluntad del individuo, o torcer su manera de pensar o su juicio. 

EL TOTALITARIO.

Una inteligencia digital puesta a administrar un país, puede llegar a bajar el gasto hasta la mitad, o a duplicar la eficiencia de ese gasto, al eliminar el robo, la corrupción generalizada, los acomodos, nepotismos, tolerancias, ineficiencias y favoritismos y prebendas. Además del merecido peligro para los ladrones, prebendarios, lobistas y demás deudos, existe un peligro real e inmerecido: que un día la máquina decida duplicar los impuestos para dar mayores beneficios a ciertos sectores, o bajarlos a la mitad en detrimento de la prestación de servicios elementales. O declarar una guerra contra un enemigo ignoto o real, o trasladar a la población, o torcer la acción humana en cualquier sentido tornándola su servidora, entre tantas otras alternativas.

Pero la peor combinación, por ahora sólo imaginada, es la posibilidad de que la IA se programe sola, que decida tomar no solo el gobierno de sí misma, sino el gobierno de la sociedad. Ya no sería entonces un instrumento de un dictador o un totalitario. Sería El dictador o El totalitario. Sin principios, sin debilidades, sin moral, sin valores. Y todo en pro del bien común, de la humanidad, de la bondad infinita. 

La posibilidad de autoprogramarse no es ni utópica y lejana. En muchos casos ya lo está haciendo. Una profesión que se consideraba moderna y con gran futuro, la de programador puede estar pasando a ser tan obsoleta como la del proverbial conductor de diligencias. Con una gran diferencia. El programador o desarrollador trata de hacer lo que el usuario quiere. La IA trataría de hacer lo que ella quiere que el usuario haga o piense. 

(Hace 35 años un contador público y pionero de la informática argentina, Alberto Giussani, desarrolló un programa que era capaz a su vez de crear programas. Visitó muchas empresas del rubro para buscar apoyo técnico y económico. Nadie se molestó en usar la imaginación. Ser emprendedor no es exactamente lanzar una criptomoneda que vale cero al día siguiente. Eso es ser un estafador).

Ese temor de la independencia de la Inteligencia Artificial que no sólo se autoprograme sino que rija, que obligue a pensar de cierta manera usando los métodos que fueren, puede estar ya ocurriendo. Se comprueba si se hace la secuencia de los puntos que aquí se detallaron y se tienen en cuenta los gigantes desarrollos que ya se han visto y la enorme inversión de dinero y talento que se acumula en el rubro.

UNA ODISEA EN LA TIERRA.

La literatura científica y ficcional ha cubierto esta posibilidad. Arthur C. Clarke, el científico inglés que trabajó, entre otros proyectos, en el desarrollo del radar y acuñó la idea de los satélites en órbita, escribió en 1967 junto al genial director Stanley Kubrick el libro y el guion de una película: 2001, una odisea del espacio. Acaso la aproximación más destacada al concepto. Se recordará que una nave espacial tripulada parte hacia Saturno (Júpiter en la película) asistida por una computadora super inteligente que se llamó HAL 9000, que, pese a que muchos intentaron descifrar su significado como una sigla compuesta por la letra anterior a cada una de las de IBM, el autor insistió en que se trataba de un acrónimo de Heuristically programmed algorithmic computer.

La nave marcha sin novedad y los diálogos con la computadora son normales y conversados como un piloto con la torre. Pero poco a poco la computadora va tomando algunas decisiones propias y en un momento los pilotos hablan en un susurro entre ellos para evitar que HAL los escuche. Hasta que la máquina se rebela, les quita todo control a los astronautas, que considera equivocados, y cambia el rumbo de la nave hacia el infinito en busca de quien sabe qué misterioso origen. 

HAL, contra los pronósticos de Turing, ¡ha empezado a pensar!, aun en contra de la teoría del propio Turing. Más que un libro o una película, se trata de una predicción en alguien como Clarke. Predicción que para muchos crea miedo y hasta desesperación, por encima de cualquier otra amenaza. Podría decirse que ese miedo está subliminalmente detrás de las ideas de muchos países de limitar/atrasar/obstaculizar el desarrollo de la IA. 

El hecho concreto es que la Inteligencia Artificial está ahí, fortalecida, alimentada por ideas, pruebas y mucha inversión. Por la ciencia y el dinero. Por la mística de la literatura y la imaginación. En este preciso momento de la historia el ser humano tiene la potestad de decidir su destino y su uso y alcances. Por ahora.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/La-IA-el-proximo-y-unico-Dios-573630.note.aspx

sábado, agosto 27, 2022

La cosa nostra, l’omertá y otros componentes del sistema político nacional. Por Dardo Gasparré.

 

La cosa nostra, l’omertá y otros componentes del sistema político nacional.

Nunca la mafia política y económica estuvo mejor representada y más a sus anchas.

Por Dardo Gasparré.

Pasadas unas horas de su rara ampliación de indagatoria decidida por voluntad unilateral de Cristina Fernández, que considera que merece el privilegio de pasar por encima del Código Procesal y hasta del propio rechazo in límine del tribunal que la juzga, casi se han agotado las opiniones sobre esa suerte de defensa anticipada y extemporánea, que deja descolocados a sus propios abogados defensores, que ahora tienen el pobre payasesco papel legal de ratificar sus dichos, simplemente,  por vacuos que fueren.

También ha quedado claro que la viuda no sólo se siente dueña de todos los dólares que existen o lleguen al país y de las exiguas reservas, sino también del Senado, que considera su otro domicilio o feudo privado, desde el que, refugiada como en una madriguera, impera y hace su voluntad. 

Por supuesto que la seudo defensa ejercida por la procesada no sólo no lo es, en cuánto se limita a acusar a otros de haber hecho lo mismo que ella, algo innecesario ya que había sido puesto en vergonzosa evidencia con el caso de Los cuadernos y su centenar de cómplices empresarios que han aceptado su culpabilidad, a fin de que, como todo ladrón arrepentido, no les caiga el peso de la ley sobre sus cabezas, y con algunos benefactores de la patria que en el extremo de la impunidad y el caradurismo, mandaron presos a sus amanuenses. Habría que ver, para ser justos, si esos confesos coimeros tienen ahora algún grado de participación, subcontrato o acuerdo de compras en el gasoducto que lleva orgullosamente el nombre de Néstor Kirchner, también mandado al frente por corrupto por su esposa, en su verborrágica catarsis. Eso mostraría definitivamente que Argentina se ha terminado. 

Debe quedar claro que el negociado con Clarín del que acusó a su difunto favorito, involucra al socio del matrimonio presidencial David Martínez Guzmán, un súbito billonario mexicano, y acaba de culminar en este gobierno, luego de varias fusiones y ventas, en el mayor y más alevoso de los monopolios. La fusión de Multicanal-Cablevisión-Fintech-Telecom-Telefónica Personal- Fibertel, inadmisible en cualquier otro país más o menos serio. Martínez, como Eskenazi, es seguramente otro experto en mercados regulados, frase en la que sólo creen los descuidados, como la SEC americana. 

Traicionada.

Esta rotura de la omertá, el juramento sagrado mafioso que se pena con la muerte en el mundo corleoniano, no es fruto de un descuido ni del despecho. Es la convicción de la señora Fernández de que ha sido ella la traicionada por algunos de los miembros de la mafia. Simplemente se ocupa de recordárselo. Más que una defensa de la acusación de la Justicia, es un reproche contra los que cree que rompieron primero ese pacto de silencio y secreto. Este supuesto la guía, la alimenta, le enciende la llama que se manifiesta en cada intervención, en cada mise en scèneporque su lógica no es la lógica de la política ni la lógica de la justicia ni siquiera la lógica de la moral: es la lógica de la mafia. Eso no le permite comprender que las situaciones no son simétricas. Si a consecuencia de cualquier denuncia ante la justicia fuera condenado cualquier funcionario que no le perteneciera, nadie saldría a hacer marchas, ni a pedir la remoción de la Corte, ni a postrarse ante los organismos internacionales inventados que se burlan de la Constitución Nacional y que han sido creados para perpetuar las mafias mundiales en todos sus formatos. 

 A esta altura de la realidad, pocos ignoran que el sistema político argentino es un sistema mafioso multipartidario, con una maraña de leyes que subordinan a los políticos a someterse al poder de las finanzas, con una boleta sábana que excede al simple formato impreso, con un montón de ganapanes que hacen de la política un linkedin, y el poder un objetivo por el poder mismo. Se dirá que eso pasa en muchos países. Es cierto. Pero no es el objetivo de esta columna el salvar a la humanidad, sino evitar la mayor cantidad posible de desencantados y de emigrantes argentinos. En el otro extremo, está la polarización, herramienta fundamental para todo formato corrupto y sobre todo, de burócratas inútiles. El fanatismo, el hinchismo. El barrabravismo que impide ver lo mal que juega el equipo del que se tiene un escudo en la puerta del placar, o en el espejito del auto.  

La URSS debe haber sido, aún más que el nazismo, uno de los ejemplos más claros de adoctrinamiento que se conocen. Su pueblo estaba impregnado de un enorme fanatismo, creía además que estaba salvando a su patria, que lo esperaba el progreso, la justicia, la equidad, la grandeza y la felicidad. En nombre de esa creencia auspiciaba dictadores salvajes, asesinos, oprobios, esclavitudes, purgas, millones de muertes, segregación, racismo, confiscaciones, hasta ofrendar sus derechos y libertades al poder omnímodo de sus amos en nombre de su odio y su resentimiento. Ese adoctrinamiento lo llevó a la sumisión. Quién haya conocido aquel pueblo de la Unión Soviética, no puede evitar la comparación con la actualidad nacional, la irracionalidad y fanatismo de los planteos, la negación, heredada del materialismo dialéctico que ahora ha devenido en relato, que sostiene que todo lo que se niega no existe, por evidente que fuera. 

Al mismo tiempo, y en paralelo, la viuda de Kirchner es la madrina de la mafia peronista. La jefa del Cartel kirchnerista. Si es atacada por la justicia y es juzgada, ningún otro jefe ni padrino estará en su contra. La sanción social o la prisión no cambian el hecho. Aún los peores enemigos saben que el poder no está en la sociedad, ni en la ley, ni en la justicia, ni en la policía. El poder está en la mafia. Sólo los otros padrinos pueden decidir su destino. La cosa nostra no recurre a la justicia. Fiscales abstenerse. Aunque se llamen Elliot Ness. 

Por eso, se observa que líderes peronistas como Miguel Pichetto, por ejemplo, que aparentemente habían tomado un camino de sensatez, de pronto se cuelga de la teoría delirante del law fare, o se solidarizan con el criterio de que, si el pueblo la ha votado, la justicia no puede arrogarse el derecho a ignorarlo, aunque se hubiese robado un presupuesto entero, y en especial a las clases más pobres. Y lo mismo pasa con quienes deben favores al padrino, o la madrina, si se prefiere. Eso explica los Manes, pero también explica el silencio sin nombre de varios supuestos adalides liberales, de quien la sociedad sospecha del origen de su financiamiento, que omiten personalizar, que hablan de su oposición a la corrupción, pero dejan incólume o al menos eluden la mención a Cristina y su procesamiento concreto, que prefieren expresarse con eufemismos y generalidades, como las reinas de belleza que abogan por la paz universal, y ahora por la lucha contra el cambio climático, por los trans y contra el machismo. 

Mafias. Grandes, pequeñas, potenciales. Pero todos los padrinos defienden al padrino más grande. Lo odian, pero lo apañan y le temen. Por eso se vio al periodismo militante o al periodismo neutral defendiendo la elección popular, o condenando la supuesta proscripción que implica inhabilitar a alguien para la función pública, sanción que está consagrada por la ley y por la misma Constitución Nacional. Es la hora de cobrar los favores. O de pagar por los favores recibidos. La mafia no perdona. Ni olvida. 

Marabuntas o mangas de langostas.

Por esa condición ancestral de comportamiento animal, como las marabuntas o la manga de langostas, que parecen desarrollarse con un caos y un desorden crecientes pero que conducen inexorablemente a un final preciso y fatal, el concepto de “me juzgará el pueblo” o “ya me juzgó la historia”, el criterio de que la política está por encima de la ley, coincide, punto por punto, con la línea que están siguiendo los otros partidos o movimientos latinoamericano pro Patria Grande, con la prédica de la Iglesia de Puebla fundada por Francisco I en base al Documento de Puebla, (¿será de ahí de donde proviene el término pueblada?, con la constitución de Chile, que elimina el tercer poder, el judicial y lo reemplaza por un Tribunal de penas político, o con la constitución proyectada colombiana, por supuesto por la línea del partido único que todo lo juzga de Castro o Maduro, o de China, Corea del Norte o la vieja URSS. También está en línea con el concepto de justicia transnacional que hace que orgas de inútiles burócratas sublimados invadan las constituciones de cada país y le quiten el tercer poder, el poder de contralor, el poder republicano de los tres poderes que se controlan entre sí. 

Hace rato que el neomarxismo con nombres diversos, desde socialismo a progresismo, viene siguiendo la línea Marx-Gramsci, de combatir al capitalismo con su mayor arma, hasta apoderarse de ella y esgrimirla como bandera propia: la democracia.  Pero esa democracia socialista no es lo mismo que estamos dispuestos a morir para defender. Es una democracia de partido único, de Cristinas Fernández, donde no hay poder judicial, donde los políticos se controlan entre políticos, una democracia sin república, o sin principio republicano. Una democracia dictatorial, en la que el que gana manda y el que pierde simplemente obedece o se somete. Sin control, sin jueces, sin derecho administrativo que detenga los abusos del estado contra los ciudadanos. Una democracia venezolana, o cubana, o de la Alemania del Este. 

Aun países serios como Uruguay sufren ese embate de confusión y deseducación, aunque todavía no se da cuenta. El exvicepresidente Sendic, una versión guerrillera simbólica oriental, todavía no pudo explicar en qué perdió mil millones de dólares ANCAP durante su gestión, y fue condenado por la justicia apenas por usar su tarjeta de crédito oficial para compras relativamente ridículas. Allí casi es considerado de mal gusto demandar que los funcionarios públicos se sometan a la acción de la justicia. Justamente la brillante advocación del fiscal Luciani. 

Democracia popular, un engendro.

Fuera del subcontinente, cada día crece más la demanda de democracia popular o directa, que, sin explicitarlo traen al dorso la eliminación de la justicia como poder, el argumento  del law fare o la elección por votos de los jueces, que llevan al fraude, a la democracia sin república, a la esclavitud del que pierde, sin ningún derecho. Esa es la demanda básica de todos los movimientos que promueven el redistribuicionismo, la religión woke, el reseteo global y la agenda 2030: países donde quien gane, o algún partido único que gane, decida sin ningún límite judicial o legal el destino de todos: en vez de apelar al viejo apotegma “el que gana gobierna y el que pierde ayuda”, que tampoco quiere decir nada, aunque ahora se es más sincero: el que gana manda y roba lo que quiere. Para repartir o para quedárselo. Todo control judicial es considerado antidemocrático. Para eludirlo basta invocar el law fare.  Palabra del Papa, palabra de Dios. Esa es la nueva democracia. Una democracia sin republicanismo. Sin controles mutuos ni defensa del ciudadano. A eso se suma el embrutecimiento educativo, el choripanismo y la indoctrinación del estilo URSS, y el populismo, que no es nada más que coimear al votante, con dádivas, con fanatismo, con patrioterismo o haciéndolo creer que está salvando a su país de quién sabe qué enemigos, o del tremendo cambio climático (Preguntar a España) o de algún otro enemigo invisible. 

Cuando Hayek en su inmortal Camino de Servidumbre que le valiera el Nóbel analiza este mismo tema, encuentra el modo de unir la metodología de la burocracia de izquierda o derecha, más allá de nombres y consignas. “Todo gobierno de planificación central termina siempre en dictadura”, dice. Por un lado, porque cuando la sociedad (la acción humana) no actúa de acuerdo a sus planes o a sus ecuaciones, prefiere cambiar a la sociedad, no a sus planes. Entonces ordena, prohíbe, rige, encepa, confisca, reparte. Quiere suplantar miles de mercados con decretos. Hasta que el pueblo se muere de hambre. Cuando se acaba lo que hay para repartir y prometer y viene la miseria, se consolida la dictadura, siempre de partido único o del oligopolio político. Por eso el populismo no es ideológico, no es de izquierda ni de derecha. Es simplemente un instrumento de sojuzgamiento. Es simplemente humillante. Y además, no quedan dudas que alguien que pretende controlar el valor del dólar, repartir equidad, eliminar desigualdades, redistribuir la riqueza, está haciendo planificación central. 

El otro gran pensador de la democracia, Alexis de Tocqueville, concluyó al final de su vida que hay que redefinir lo que es democracia y gobiernos democráticos, que no es un simple sistema de votación, sino que es un sistema de equilibrio de poderes y derechos, de respeto por las minorías y de honestidad, sin la que nada sirve, ni siquiera hay democracia auténtica posible. El progresismo o socialismo woke ha redefinido la democracia de la peor manera: el poder por el poder mismo a como cuadre. El poder absoluto para el que gana. Pero a los muchos problemas que ese concepto acarrea, hay uno adicional: la corrupción. Nada peor que un sistema sin controles, o autocontrolado. O sin límite alguno. Terminará siempre en un gobierno de ladrones. Con sus socios empresarios privados delincuentes, por supuesto. Con sus sindicatos cómplices delincuentes, por supuesto. Con sus organizaciones de desarrapados veniales, por supuesto. Con su pueblo hambreado, como cualquier argentino sabe. Porque la justicia, aun con todos los defectos humanos que pueda tener, es el único límite posible. Y en una democracia republicana, los funcionarios judiciales también son susceptibles de rendir cuentas, y de ser sancionados si se desvían de la línea honesta.

Sin quererlo, o no, quien sabe, Cristina Fernández está en la línea del progresismo neomarxista, de la agenda 2030, o de la encíclica socialista no escrita de Francisco I. Ellos no lo saben, pero como decía Perón, son todos peronistas. No importa la ideología. 

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

Imagen: Diario La Prensa.

https://www.laprensa.com.ar/519633-La-cosa-nostra-lomerta-y-otros-componentes-del-sistema-politico-nacional-.note.aspx

sábado, abril 23, 2022

El poder del testimonio. Al intentar reemplazar la fe por la diplomacia, el Papa se asemeja a un político más y deja de lado su misión.

 

El poder del testimonio.

Al intentar reemplazar la fe por la diplomacia, el Papa se asemeja a un político más y deja de lado su misión.

Por Dardo Gasparré.

En un muy reciente reportaje, frente a la pregunta de si iría a Ucrania, Su Santidad Francisco I modificó su posición previa sobre el tema y respondió con una frase que choqueó al mundo: ¿De qué serviría que el Papa fuera a Kiev si la guerra continuara al día siguiente? Este columnista se preguntó en un twit qué habría pasado si Cristo hubiera respondido de modo similar, ¿de qué sirve que ofrende mi vida en la cruz por la humanidad si ésta seguirá pecando? 

Seguramente sin notarlo, la respuesta lo pone en la misma posición y actitud que el relator del gran poema conque Borges inaugura su último libro Los Conjurados, Cristo en la cruz:  

“¿De qué puede servirme que aquel hombre haya sufrido, si yo sufro ahora? Un Unamuno moderno desesperado por no poder encontrar su fe, esa fe que ansía. Y el calificativo evangélico de “Hombre de poca fe”, viene de inmediato a la mente. La Torah narra el momento terrible en que el colérico e inmediato Dios de los judíos, el mismo Dios cristiano y mahometano, fulmina a Moisés la noche antes de entrar a la tierra prometida por su falta de fe al golpear dos veces la roca que YHV le había ordenado azotar para que brotara agua. Cristo, el hijo bondadoso, suaviza el castigo y lo vuelve reproche amable cinco veces, en Mateo, para destacar esa falta de convicción y confianza. “No creéis en mí, hombres de poca fe”. Y aquí no hay más remedio que salir del análisis político o de la estrategia, de las relaciones exteriores, de la diplomacia, de las gestiones de mediación que el Pontífice dice estar llevando, de la lógica humana.  

También debe prescindirse de la función de Jefe de Estado y aún de la función de jefe de la Iglesia Occidental, que podría condicionar cualquier accionar en nombre de mantener una relación fluida con la Iglesia Ortodoxa rusa en sus dos o tres versiones, preservada providencialmente y ahora en riesgo por la politización tan poco cristiana y tan poco espiritual de esas ramas. 

El primer deber

El primer deber de un hombre es el de Estado. Dice la teología moral, y eso es lo que reclaman sus creyentes, y hasta la humanidad toda, que respeta la institución papal más allá de toda creencia. Por eso ahora el mundo mira con sorpresa cómo el Papa parece no creer en la fuerza de su propia fe, de su propio Dios, de su propia doctrina. Y también le reclama el cumplimiento de su propio consejo, del “hagan lío” con el que entusiasmó a los jóvenes, equivalente al “escándalo” que predicara San Pablo, o que tan bien ejemplificara Morris West en su inmortal obra Las sandalias del Pescador, donde el Papa deja de lado todo otro interés que no sea la humildad y la generosidad de ofrendar la riqueza propia de la iglesia y su boato y se enfrenta e ignora a su propia jerarquía y burocracia internas. Una línea simbólica que une a Juan XXIII con Juan Pablo II, que el australiano complementa luego con Los Payasos de Dios, donde profetiza sobre un Papa que abdica por sentirse impotente de modificar su corte y se recluye hasta morir en solitario, premonición imposible de no conectar con Benedicto XVI. 

La invasión rusa a Ucrania pone a la humanidad en un dilema de casi imposible solución. La épica de un loco mesiánico con poderío nuclear desconocido y la capacidad de usar el sentimiento nacionalista ciego de un pueblo domado en esa cultura, y la necesidad de combatirlo o disuadirlo sin provocar una destrucción en masa. Se puede estar en contra de los procedimientos. Se puede sostener que se trata de una fatal perinola en la que todos perderán, y seguramente se pueden repasar los múltiples errores estratégicos, de geopolítica, de liderazgo y de información cometidos por los líderes del mundo libre en el pasado, que coadyuvaron para llegar a este momento. Lo que nadie conoce, ni se atreve a proponer, es un camino que lleve a la solución de este drama. 

El mandato esencial

No hay ninguna duda de que Su Santidad y el cuerpo diplomático del Vaticano han sopesado y ponderado la situación a fondo y mejor que muchos, pero donde todo está fallando, no habría que olvidar el mandato esencial del Nuevo Testamento: “Id y predicad a todas las naciones”. Alguien tiene que movilizar semejante fuerza. Cristo no es una metáfora. No es una mediación. Ninguna religión lo es. Alguien tiene que unir a todas las religiones y creencias y a todas sus ramas en una misma demanda, en un solo repudio, en una sola voz. No existe tal cosa como una iglesia ortodoxa rusa pro Putin. No puede existir. No existe para los individuos de bien, no existe en ninguna de las religiones que nos unen en un solo Dios, mucho más allá de nuestros ateísmos y agnosticismos. 

La mediación es una acción diplomática que corresponde llevar adelante a los diplomáticos. La unión de todas las creencias y de todas las absurdas facciones religiosas se podrá intentar lograr solamente con un acto de supremo coraje, de suprema valentía, un milagro si se quiere, un nuevo Pedro que, a un paso de ser crucificado para que muriese, como una burla irónica del mismo modo que Cristo, pide que se lo crucifique cabeza abajo porque no se siente digno de morir como su Salvador. En esa misión, todo recurso sirve. El testimonio de Jesús más que ninguno. Justamente lo que el mismo Cardenal Bergoglio supo hacer tan bien en Argentina: tender puentes de solidaridad, de coparticipación, de paz y de hermandad. Suena utópico. Tanto como querer derrotar a Rusia dejándole de comprar gas y expropiando el Chelsea.

“El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo”.

dice Borges hablando de un momento de decisión y generosidad que cambió la historia. Como también diría del Sargento Cruz al narrar aquella noche histórica nacional en que el mítico integrante de la partida se pondría del lado del débil sin medir consecuencias. El momento en que un hombre se parece apenas por un instante a Dios, no importa a cuál. 

“Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime”.

…sigue el insigne ciego porteño, poniendo énfasis en la superioridad de un ejemplo, de un símbolo, de un sacrificio, por sobre todas las políticas, las especulaciones, los errores, las conveniencias y las pequeñeces. 

Sólo el Papa.

No hay ningún otro líder religioso capaz de unir a todas las creencias, a todos los ritos y los profetas, a todos los mandamientos y formas de adoración. Sólo el Papa puede hacerlo. La humanidad, indignada, todavía mira a Francisco I con esperanza. También espera que cumpla su mandato sagrado. Recuerda mucho más pedestremente a ese gran teólogo del boxeo que fue Tito Lectoure, que cuando un boxeador arrugaba (con perdón genuino) en un combate, le decía: Responda a su entrenamiento. ¡Responda a su entrenamiento, Su Santidad! Tome su báculo, su Biblia, su cruz, y vaya a predicar a todas las naciones. ¡Y si va a morir crucificado, que sea cabeza abajo!

No, el Papa no debe ir a Kiev. Debe ir a Maríupol, al sur, donde la guerra es más cruel, donde la muerte acecha, donde más caen las bombas, los misiles, donde estalla la metralla y trepidan los tanques. Donde la lucha es más cruenta, más inmoral y más dolorosa. 

Recen por mí, nos pidió usted mismo. Rece por nosotros. Por Ucrania. Ora pro nobis. Allí, en vivo y en directo. En el frente. Sea el líder sin especulaciones hasta que se alcen al unísono las condenas de todas las religiones, de todas las ramas, de todas las facciones. Vaya con su cruz y su Biblia a desafiarlos a que tiren. Finalmente, ese es su trabajo, su mandato, su misión, su razón de ser, su testimonio. 

Tú eres Pedro, Francisco.

Por Dardo Gasparré.

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/514973-El-poder-del-testimonio.note.aspx

viernes, septiembre 20, 2019

Argentina y su destino de secesión. Por Dardo Gasparré.

Argentina y su destino de secesión.

Por Dardo Gasparré.
Publicado en El Observador, Montevideo.
El problema no empezó en estas PASO. Algunos lo retrotraen a Perón en 1946, a Farrell en 1943 o al golpe militar de 1930 del que ambos fueron entenados. Otros llegan a Irigoyen en 1917. Lo cierto es que hace un siglo, ¿o dos?, que Argentina vive con su cuerpo y su alma surcados cada vez más de tajos, grietas, brechas o como se llamen. Sobran ejemplos que por vergüenza la columna no enumerará. Hoy otra vez el país aparece partido. Un peronismo que cuando gobierna destroza la producción, el ahorro y las libertades. Una oposición que cuando gobierna no se anima a cambiar en serio por miedo a la acción violenta de su enemigo (sí, enemigo) y termina pareciéndosele en los resultados. La secesión económica argentina ya ocurrió. A partir de que millones de individuos vive a costa de otros millones que no pueden negarse a cederle sus ahorros, sus ilusiones y el fruto de su trabajo. Eso fue cierto con el peronismo primero, con los golpes militares y ciertamente con Cambiemos. Nadie se atreve a alterar el sistema. Por temor, falta de convicción, ambición política o por la trama de negociados y perversiones de todo tipo que corrompió al sistema insalvablemente. El sector expoliado, entonces, se escinde, se separa de mil maneras. Virando a la economía negra, que es, lamentablemente, lo más parecido a la libertad que encuentra, huyendo físicamente, como saben los uruguayos que disfrutaron de esa huida, o viviendo una doble vida real o virtual. Cuando no puede hacerlo hiberna, minimiza su inversión y su riesgo y se queda esperando el próximo manotazo que le robe un poco más de patrimonio y de futuro. Una suerte de cuarta dimensión marginal, como en la secesión extradimensional imaginada por Ayn Rand en su biblia profética Atlas Shrugged.
También el sector reputado parasitario transcurre en otra marginalidad irreal y oscura. Porque una gran masa de población subsiste con jubilaciones para las que no aportó, planes que no merece, trabajos en negro que oculta para recibir los planes, todo imbricado con algún delito, tráfico, rapiña o limosneo, a veces resumidos en la misma persona. Hasta tiene gobierno propio en las villas, sistema de justicia mafioso, soldaditos y esclavos. Y es simultáneamente choripanera, en la jerga, asistentes pagos a cualquier marcha convocada por punteros, ladrones de los supuestos beneficios que les consiguen.
Quienes todavía no están en ese pobladísimo extremo igual viven amparados en el estado, que obra como un gigantesco puntero político, y esperan que los burócratas a cargo “hagan justicia” y les repartan lo que sostienen que por derecho les corresponde. Un derecho basado sólo en su propia dialéctica y convicción. Otra marginalidad transdimensional impagable. La secesión también es social. Ni hace falta la trillada comparación entre las villas miseria y los barrios cerrados para advertirlo. Basta remitirse a la educación estatal, con su sistema incluyente mentiroso que finge que educa, pero sólo despilfarra con esa excusa, que es algo distinto. Una especie de placebo que hace creer a las familias que sus hijos se están preparando, cuando fabrica disfuncionales aprobados de lástima. Y que el sistema privado a veces copia. Educación que no trasmite valores, o trasmite consignas también secesionistas a mentes no cultivadas con toda deliberación. Que desprecia la enseñanza de ocios y el aprendizaje o pasantías, considerado hoy una explotación por los sindicatos-punteros. Una universidad que gasta el 60% de su presupuesto entre el CBC y el primer año, solo para dejar felices a los que quieren “igualdad de oportunidades”.
Un amplio sector de población que jamás tendrá ninguna capacitación, ninguna oportunidad, ni aun la de formular ideas coherentes. Que vivirá en una eterna dimensión desconocida.
Hay una secesión laboral. Los que están amparados-explotados por los sindicatos y los que no tendrán nunca oportunidad de trabajo por culpa de la acción de los sindicatos. Crimen social convenientemente amparado por el sistema de medición del empleo que ayuda a ocultarlo.
Estas secesiones, y otras, como la ética, ya ocurrieron y son irreversibles. Es milagroso que aún los dos sectores se vean y se perciban unos a otros, viviendo en tales dimensiones distintas. La virulencia de las redes sociales no es un simple estilo. Es una prueba de ello, un espejo que simplemente muestra todos los tajos incicatrizables.  Lo único que conecta a esas dimensiones es el estado, una entelequia, un dios que sirve para absorber recursos de una grieta y repartirlos en las otras, tanto dinero como inseguridad, violencia, delincuencia o droga. 
Tales multidimensiones convergen en un solo momento, en una sola instancia: el voto. Y de ese proceso surge un único gobierno que debe conformar a todos, que nacerá ya agrietado instantáneamente. Con una democracia que ha entregado el poder a un oligopolio de partidos y que no tiene adecuados controles para evitar abusos contra la república y contra las minorías, un triunfo del populismo es mortal y un triunfo de la racionalidad es un acto bélico de invasión, según desde donde se mire. 
Ya que la secesión liberadora, la geopolítica, nunca será permitida por los miembros de las grietas que viven del esfuerzo, el ahorro, el estudio y el trabajo y la paz de las otras grietas, ningún gobierno será considerado legítimo. (Recordar el no traspaso de mando de Cristina). En tales condiciones, no hay tal cosa como una democracia. Ni tal cosa como un país.   Tal vez esta descripción se pueda aplicar a buena parte del mundo, con mayor o menor virulencia o velocidad. Ello no le quita un ápice de certeza. 
La secesión argentina ya sucedió. Si no se puede institucionalizar civilizadamente, evolucionará hacia una atomización final.
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