GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Alexis de Tocqueville.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alexis de Tocqueville.. Mostrar todas las entradas

martes, abril 16, 2024

La frase de Alexis de Tocqueville sobre la igualdad.

 

 La riqueza de los países no depende de la fertilidad de su suelo, sino de la libertad de sus ciudadanos.”  Alexis de Tocqueville.

Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville, citado como Alexis de Tocqueville, fue un pensador, jurista, político e historiador francés, precursor de la sociología clásica y uno de los más importantes ideólogos del liberalismo.
Nacimiento: 29 de julio de 1805, París, Francia.
Fallecimiento: 16 de abril de 1859, Cannes, Francia.
Wikipedia.

domingo, septiembre 04, 2022

REEDITARON LUCIDOS ENSAYOS DE NATALIO R. BOTANA. La historia como magisterio.

 

Por Guillermo Belcore.

Una nación declina -escribió Domingo Faustino Sarmiento- cuando no puede plasmar cuatro promesas: las promesas del crecimiento, del bienestar, del conocimiento (educación y ciencia para desarrollar una ilustración práctica) y de la madurez republicana. La decadencia sobreviene cuando estas promesas dejan de actuar en consuno: decadencia de la economía, de la educación y de la ciudadanía. ¿Cabe alguna duda de que el genial sanjuanino prefiguró a la Argentina decadente de 2022?­

Buena parte de las respuestas a las desdichas actuales podemos encontrarlas en los buenos libros de historia. Como éste, del que transcribimos la cita sarmientina: La libertad política y su historia (302 páginas), de Natalio R. Botana (Buenos Aires, 1937), que acaba de lanzar el sello Edhasa.

Se trata, en realidad, de una nueva versión -corregida y alargada- de la obra que Botana entregó por primera vez a la imprenta en 1991. Son trece capítulos más una introducción sobresaliente que se leen con placer y provecho. El volumen se urdió con retazos de excelencias; une conferencias, trabajos y textos incluidos en otras obras, pero transmite idea de unidad y concatenación. Vale la pena, queremos decir. Trae enseñanzas para el presente

Con prosa erudita, Botana sigue un hilo dorado: la historia del siglo XIX es, políticamente, el ascenso de la libertad en el mundo. En el terreno intelectual, aquellos prohombres se habían concentrado en el examen y la digestión de tres revoluciones: la del 1688, la de 1776 y la de 1789. No eran historiadores contemplativos; estaban al servicio de la acción.­

Después de desmenuzar con lucidez la revolución estadounidense y la francesa, Botana desarrolla en la primera parte la polémica intelectual entre dos colosos: Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López. Los temas que se revisan son fascinantes: la revolución de Mayo, las ilusiones abnegadas de Belgrano, el Congreso de Tucumán, la desobediencia de San Martín al Directorio, la anarquía del año XX, las constituciones fallidas de clérigos esclarecidos como el deán Funes, el caudillismo, los liberalismos posibles. El libro en sí mismo es un brillante estudio historiográfico, en el sentido estricto del término, es decir revisa los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han contribuido a desarrollar una conciencia nacional.­

­TOCQUEVILLE, INMORTAL­

­En la segunda parte, encontramos un comentario sobre las Memorias del general José María Paz; una reivindicación de Sarmiento; una visita a la obra del colega José Luis Romero; un detalle de la transformación decimonónica del credo constitucional en Iberoamérica. También el jugoso análisis del pensamiento de Alexis de Tocqueville, “el primer teórico político en tratar la democracia como una materia en sí mismo”.­

¿Son las ideas de Tocqueville, el liberal desencantado, la influencia primordial de Botana? Da esa impresión. “Las instituciones de la democracia, sin costumbres que las respalden, son letra muerta”, es una de las advertencias del lúcido pensador francés, una de las muchas que no han perdido vigencia.­

Se nos dice que Tocqueville, por otra parte, fue el referente cercano de Mitre, Alberdi y Sarmiento. Impresiona una de sus ideas desarrollada en la página ciento ochenta y seis. Si la democracia se asienta en determinadas costumbres, el sustento ético de estos “hábitos del corazón y de la moral” debe provenir de la religión. “En el mundo aristocrático, la religión educaba a la sociedad desde el poder político y configuraba, de esta suerte, un orden clerical. En la democracia, la religión educa al poder político desde la sociedad y por eso conforma un poder moral”. Vale incluso para el agnóstico siglo XXI, creemos.­

El historiador formado en Lovaina, por otra parte, nos muestra algunas contradicciones fundamentales de la Patria que, de alguna manera, se las han arreglado para llegar hasta el presente. Podrían reducirse a una antinomia básica: ilustrados vs. caudillos; hoy liberalismo vs. populismo, en sus distintas versiones, moderadas y radicales.­

El impulso hacia “el despotismo popular” -expresión criolla de “esa fuerza de la igualdad de condiciones” que describía Tocqueville y que puede conducir a la servidumbre o a la libertad, a la civilización o a la barbarie- no ha desaparecido en la Argentina, vemos apesadumbrados en la tercera década del siglo XXI. Por desgracia, ese sentimiento subjetivo que “inspira a los hombres y a los pueblos en pos del ascenso social” suele reivindicar los “personalismos prepotentes que destruyen la delicada relación entre opiniones e instituciones representativas propias de la sociedades libres” (tipo Uruguay y Juncal). Hace 150 años así lo denunciaba Vicente Fidel López.­

Como se ve, la colección de ensayos breves de Botana no sólo expresa el humanismo cívico y aquilata teorías políticas del siglo XXI y el carácter de nuestros próceres. También permite que el pasado interpele al presente. Estableció Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu: “La libertad depende de la tranquilidad del espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad y para que exista esa libertad es necesario que el Gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer nada del otro”.

Hoy, los argentinos no somos libres, según la lúcida visión del autor de El espíritu de las leyes. ¿Quién puede desmentirlo? Somo un fracaso digno del mundo antiguo

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/519954-La-historia-como-magisterio.note.aspx

sábado, agosto 27, 2022

La cosa nostra, l’omertá y otros componentes del sistema político nacional. Por Dardo Gasparré.

 

La cosa nostra, l’omertá y otros componentes del sistema político nacional.

Nunca la mafia política y económica estuvo mejor representada y más a sus anchas.

Por Dardo Gasparré.

Pasadas unas horas de su rara ampliación de indagatoria decidida por voluntad unilateral de Cristina Fernández, que considera que merece el privilegio de pasar por encima del Código Procesal y hasta del propio rechazo in límine del tribunal que la juzga, casi se han agotado las opiniones sobre esa suerte de defensa anticipada y extemporánea, que deja descolocados a sus propios abogados defensores, que ahora tienen el pobre payasesco papel legal de ratificar sus dichos, simplemente,  por vacuos que fueren.

También ha quedado claro que la viuda no sólo se siente dueña de todos los dólares que existen o lleguen al país y de las exiguas reservas, sino también del Senado, que considera su otro domicilio o feudo privado, desde el que, refugiada como en una madriguera, impera y hace su voluntad. 

Por supuesto que la seudo defensa ejercida por la procesada no sólo no lo es, en cuánto se limita a acusar a otros de haber hecho lo mismo que ella, algo innecesario ya que había sido puesto en vergonzosa evidencia con el caso de Los cuadernos y su centenar de cómplices empresarios que han aceptado su culpabilidad, a fin de que, como todo ladrón arrepentido, no les caiga el peso de la ley sobre sus cabezas, y con algunos benefactores de la patria que en el extremo de la impunidad y el caradurismo, mandaron presos a sus amanuenses. Habría que ver, para ser justos, si esos confesos coimeros tienen ahora algún grado de participación, subcontrato o acuerdo de compras en el gasoducto que lleva orgullosamente el nombre de Néstor Kirchner, también mandado al frente por corrupto por su esposa, en su verborrágica catarsis. Eso mostraría definitivamente que Argentina se ha terminado. 

Debe quedar claro que el negociado con Clarín del que acusó a su difunto favorito, involucra al socio del matrimonio presidencial David Martínez Guzmán, un súbito billonario mexicano, y acaba de culminar en este gobierno, luego de varias fusiones y ventas, en el mayor y más alevoso de los monopolios. La fusión de Multicanal-Cablevisión-Fintech-Telecom-Telefónica Personal- Fibertel, inadmisible en cualquier otro país más o menos serio. Martínez, como Eskenazi, es seguramente otro experto en mercados regulados, frase en la que sólo creen los descuidados, como la SEC americana. 

Traicionada.

Esta rotura de la omertá, el juramento sagrado mafioso que se pena con la muerte en el mundo corleoniano, no es fruto de un descuido ni del despecho. Es la convicción de la señora Fernández de que ha sido ella la traicionada por algunos de los miembros de la mafia. Simplemente se ocupa de recordárselo. Más que una defensa de la acusación de la Justicia, es un reproche contra los que cree que rompieron primero ese pacto de silencio y secreto. Este supuesto la guía, la alimenta, le enciende la llama que se manifiesta en cada intervención, en cada mise en scèneporque su lógica no es la lógica de la política ni la lógica de la justicia ni siquiera la lógica de la moral: es la lógica de la mafia. Eso no le permite comprender que las situaciones no son simétricas. Si a consecuencia de cualquier denuncia ante la justicia fuera condenado cualquier funcionario que no le perteneciera, nadie saldría a hacer marchas, ni a pedir la remoción de la Corte, ni a postrarse ante los organismos internacionales inventados que se burlan de la Constitución Nacional y que han sido creados para perpetuar las mafias mundiales en todos sus formatos. 

 A esta altura de la realidad, pocos ignoran que el sistema político argentino es un sistema mafioso multipartidario, con una maraña de leyes que subordinan a los políticos a someterse al poder de las finanzas, con una boleta sábana que excede al simple formato impreso, con un montón de ganapanes que hacen de la política un linkedin, y el poder un objetivo por el poder mismo. Se dirá que eso pasa en muchos países. Es cierto. Pero no es el objetivo de esta columna el salvar a la humanidad, sino evitar la mayor cantidad posible de desencantados y de emigrantes argentinos. En el otro extremo, está la polarización, herramienta fundamental para todo formato corrupto y sobre todo, de burócratas inútiles. El fanatismo, el hinchismo. El barrabravismo que impide ver lo mal que juega el equipo del que se tiene un escudo en la puerta del placar, o en el espejito del auto.  

La URSS debe haber sido, aún más que el nazismo, uno de los ejemplos más claros de adoctrinamiento que se conocen. Su pueblo estaba impregnado de un enorme fanatismo, creía además que estaba salvando a su patria, que lo esperaba el progreso, la justicia, la equidad, la grandeza y la felicidad. En nombre de esa creencia auspiciaba dictadores salvajes, asesinos, oprobios, esclavitudes, purgas, millones de muertes, segregación, racismo, confiscaciones, hasta ofrendar sus derechos y libertades al poder omnímodo de sus amos en nombre de su odio y su resentimiento. Ese adoctrinamiento lo llevó a la sumisión. Quién haya conocido aquel pueblo de la Unión Soviética, no puede evitar la comparación con la actualidad nacional, la irracionalidad y fanatismo de los planteos, la negación, heredada del materialismo dialéctico que ahora ha devenido en relato, que sostiene que todo lo que se niega no existe, por evidente que fuera. 

Al mismo tiempo, y en paralelo, la viuda de Kirchner es la madrina de la mafia peronista. La jefa del Cartel kirchnerista. Si es atacada por la justicia y es juzgada, ningún otro jefe ni padrino estará en su contra. La sanción social o la prisión no cambian el hecho. Aún los peores enemigos saben que el poder no está en la sociedad, ni en la ley, ni en la justicia, ni en la policía. El poder está en la mafia. Sólo los otros padrinos pueden decidir su destino. La cosa nostra no recurre a la justicia. Fiscales abstenerse. Aunque se llamen Elliot Ness. 

Por eso, se observa que líderes peronistas como Miguel Pichetto, por ejemplo, que aparentemente habían tomado un camino de sensatez, de pronto se cuelga de la teoría delirante del law fare, o se solidarizan con el criterio de que, si el pueblo la ha votado, la justicia no puede arrogarse el derecho a ignorarlo, aunque se hubiese robado un presupuesto entero, y en especial a las clases más pobres. Y lo mismo pasa con quienes deben favores al padrino, o la madrina, si se prefiere. Eso explica los Manes, pero también explica el silencio sin nombre de varios supuestos adalides liberales, de quien la sociedad sospecha del origen de su financiamiento, que omiten personalizar, que hablan de su oposición a la corrupción, pero dejan incólume o al menos eluden la mención a Cristina y su procesamiento concreto, que prefieren expresarse con eufemismos y generalidades, como las reinas de belleza que abogan por la paz universal, y ahora por la lucha contra el cambio climático, por los trans y contra el machismo. 

Mafias. Grandes, pequeñas, potenciales. Pero todos los padrinos defienden al padrino más grande. Lo odian, pero lo apañan y le temen. Por eso se vio al periodismo militante o al periodismo neutral defendiendo la elección popular, o condenando la supuesta proscripción que implica inhabilitar a alguien para la función pública, sanción que está consagrada por la ley y por la misma Constitución Nacional. Es la hora de cobrar los favores. O de pagar por los favores recibidos. La mafia no perdona. Ni olvida. 

Marabuntas o mangas de langostas.

Por esa condición ancestral de comportamiento animal, como las marabuntas o la manga de langostas, que parecen desarrollarse con un caos y un desorden crecientes pero que conducen inexorablemente a un final preciso y fatal, el concepto de “me juzgará el pueblo” o “ya me juzgó la historia”, el criterio de que la política está por encima de la ley, coincide, punto por punto, con la línea que están siguiendo los otros partidos o movimientos latinoamericano pro Patria Grande, con la prédica de la Iglesia de Puebla fundada por Francisco I en base al Documento de Puebla, (¿será de ahí de donde proviene el término pueblada?, con la constitución de Chile, que elimina el tercer poder, el judicial y lo reemplaza por un Tribunal de penas político, o con la constitución proyectada colombiana, por supuesto por la línea del partido único que todo lo juzga de Castro o Maduro, o de China, Corea del Norte o la vieja URSS. También está en línea con el concepto de justicia transnacional que hace que orgas de inútiles burócratas sublimados invadan las constituciones de cada país y le quiten el tercer poder, el poder de contralor, el poder republicano de los tres poderes que se controlan entre sí. 

Hace rato que el neomarxismo con nombres diversos, desde socialismo a progresismo, viene siguiendo la línea Marx-Gramsci, de combatir al capitalismo con su mayor arma, hasta apoderarse de ella y esgrimirla como bandera propia: la democracia.  Pero esa democracia socialista no es lo mismo que estamos dispuestos a morir para defender. Es una democracia de partido único, de Cristinas Fernández, donde no hay poder judicial, donde los políticos se controlan entre políticos, una democracia sin república, o sin principio republicano. Una democracia dictatorial, en la que el que gana manda y el que pierde simplemente obedece o se somete. Sin control, sin jueces, sin derecho administrativo que detenga los abusos del estado contra los ciudadanos. Una democracia venezolana, o cubana, o de la Alemania del Este. 

Aun países serios como Uruguay sufren ese embate de confusión y deseducación, aunque todavía no se da cuenta. El exvicepresidente Sendic, una versión guerrillera simbólica oriental, todavía no pudo explicar en qué perdió mil millones de dólares ANCAP durante su gestión, y fue condenado por la justicia apenas por usar su tarjeta de crédito oficial para compras relativamente ridículas. Allí casi es considerado de mal gusto demandar que los funcionarios públicos se sometan a la acción de la justicia. Justamente la brillante advocación del fiscal Luciani. 

Democracia popular, un engendro.

Fuera del subcontinente, cada día crece más la demanda de democracia popular o directa, que, sin explicitarlo traen al dorso la eliminación de la justicia como poder, el argumento  del law fare o la elección por votos de los jueces, que llevan al fraude, a la democracia sin república, a la esclavitud del que pierde, sin ningún derecho. Esa es la demanda básica de todos los movimientos que promueven el redistribuicionismo, la religión woke, el reseteo global y la agenda 2030: países donde quien gane, o algún partido único que gane, decida sin ningún límite judicial o legal el destino de todos: en vez de apelar al viejo apotegma “el que gana gobierna y el que pierde ayuda”, que tampoco quiere decir nada, aunque ahora se es más sincero: el que gana manda y roba lo que quiere. Para repartir o para quedárselo. Todo control judicial es considerado antidemocrático. Para eludirlo basta invocar el law fare.  Palabra del Papa, palabra de Dios. Esa es la nueva democracia. Una democracia sin republicanismo. Sin controles mutuos ni defensa del ciudadano. A eso se suma el embrutecimiento educativo, el choripanismo y la indoctrinación del estilo URSS, y el populismo, que no es nada más que coimear al votante, con dádivas, con fanatismo, con patrioterismo o haciéndolo creer que está salvando a su país de quién sabe qué enemigos, o del tremendo cambio climático (Preguntar a España) o de algún otro enemigo invisible. 

Cuando Hayek en su inmortal Camino de Servidumbre que le valiera el Nóbel analiza este mismo tema, encuentra el modo de unir la metodología de la burocracia de izquierda o derecha, más allá de nombres y consignas. “Todo gobierno de planificación central termina siempre en dictadura”, dice. Por un lado, porque cuando la sociedad (la acción humana) no actúa de acuerdo a sus planes o a sus ecuaciones, prefiere cambiar a la sociedad, no a sus planes. Entonces ordena, prohíbe, rige, encepa, confisca, reparte. Quiere suplantar miles de mercados con decretos. Hasta que el pueblo se muere de hambre. Cuando se acaba lo que hay para repartir y prometer y viene la miseria, se consolida la dictadura, siempre de partido único o del oligopolio político. Por eso el populismo no es ideológico, no es de izquierda ni de derecha. Es simplemente un instrumento de sojuzgamiento. Es simplemente humillante. Y además, no quedan dudas que alguien que pretende controlar el valor del dólar, repartir equidad, eliminar desigualdades, redistribuir la riqueza, está haciendo planificación central. 

El otro gran pensador de la democracia, Alexis de Tocqueville, concluyó al final de su vida que hay que redefinir lo que es democracia y gobiernos democráticos, que no es un simple sistema de votación, sino que es un sistema de equilibrio de poderes y derechos, de respeto por las minorías y de honestidad, sin la que nada sirve, ni siquiera hay democracia auténtica posible. El progresismo o socialismo woke ha redefinido la democracia de la peor manera: el poder por el poder mismo a como cuadre. El poder absoluto para el que gana. Pero a los muchos problemas que ese concepto acarrea, hay uno adicional: la corrupción. Nada peor que un sistema sin controles, o autocontrolado. O sin límite alguno. Terminará siempre en un gobierno de ladrones. Con sus socios empresarios privados delincuentes, por supuesto. Con sus sindicatos cómplices delincuentes, por supuesto. Con sus organizaciones de desarrapados veniales, por supuesto. Con su pueblo hambreado, como cualquier argentino sabe. Porque la justicia, aun con todos los defectos humanos que pueda tener, es el único límite posible. Y en una democracia republicana, los funcionarios judiciales también son susceptibles de rendir cuentas, y de ser sancionados si se desvían de la línea honesta.

Sin quererlo, o no, quien sabe, Cristina Fernández está en la línea del progresismo neomarxista, de la agenda 2030, o de la encíclica socialista no escrita de Francisco I. Ellos no lo saben, pero como decía Perón, son todos peronistas. No importa la ideología. 

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

Imagen: Diario La Prensa.

https://www.laprensa.com.ar/519633-La-cosa-nostra-lomerta-y-otros-componentes-del-sistema-politico-nacional-.note.aspx

domingo, marzo 14, 2021

¿Un portentoso milagro argentino?

 


Por Alberto Benegas Lynch (h)

Infobae

En la parla convencional se alude al “milagro alemán” que no fue ningún milagro sino la aplicación de políticas liberadoras que permitieron el resurgimiento de Alemania luego de la tragedia nazi. En el caso argentino es muy pertinente recurrir a esa alegoría o metáfora puesto que los sucesos irrumpieron con una firmeza notable los cuales generaron un progreso extraordinario en las condiciones de vida de la gente que fue la admiración del mundo.

Como ha escrito Juan Bautista Alberdi, a partir de 1810 “nos independizamos de España pero fuimos colonos de nuestros gobiernos” en un contexto de caudillajes y desórdenes mayúsculos solo interrumpidos muy de vez en cuando con intentos fallidos de establecer una sociedad civilizada.

En medio del batifondo y de la tiranía rosista comenzaron los esfuerzos por encaminarse, primero en reuniones para estudiar y debatir obras que apuntaban a los fundamentos de una sociedad libre en la denominada Jabonería de Vieytes, luego en la Librería de Marcos Sastre, finalmente en lo que se bautizó como Salón Literario (esto en 1837, de allí que a sus integrantes se los denominó como “la generación del 37”), más adelante todavía en la Asociación de Mayo.

Los personajes de marras eran en primer término Alberdi y también, entre otros, Esteban Echeverría, José María Gutiérrez, José Mármol, Gervasio Posadas, Jacinto Rodríguez Peña, José Antonio Wilde y Florencio Varela, muchos de los cuales habían sido introducidos a los principios liberales principalmente por el profesor Diego Alcorta en el Departamento de Jurisprudencia de la Universidad de Buenos Aires (que luego fue expulsado por Rosas) a través de autores como Benjamin Constant, John Locke, Adam Smith y Montaigne.

Como es sabido Alberdi no se recibió de abogado en nuestro país porque se negó a llevar a cabo el juramento impuesto por Rosas a favor de su gobierno y lo hizo en Uruguay para luego revalidar en Chile donde mantuvo un más largo autoexilio, nación en la que fundó el Club Constitucional para seguir con la difusión de ideas. También desde Valparaíso, en combinación con académicos locales lo convenció a su amigo Félix Frías -en ese momento corresponsal del El Mercurio en París- que lo contratara a Gustave Courcelle-Seneuil para la Universidad de Chile quien fue el primer profesor liberal en esas tierras trasandinas.

En todo caso, en esta nota periodística subrayó la extraordinaria sucesión de hechos -milagrosos dirían algunos- que arrancaron nuestro país del salvajismo y lo catapultaron a una de los más prósperos de orbe. El primero de mayo de 1851 se produce la proclama de Justo José de Urquiza con la idea de establecer un genuino federalismo en reemplazo del férreo unitarismo disfrazado de federal. El 3 de febrero de 1852 tiene lugar la batalla de Monte Caseros donde se pone punto final a la tiranía, en mayo de 1852 Alberdi publica Bases y puntos de partida de la organización política de la República Argentina y el primero de mayo de 1853 se jura la flamante Constitución liberal.

El “milagro” no sólo tuvo lugar por la coincidencia del trabajo extraordinario de Alberdi y su estrecha relación epistolar con Urquiza en el contexto de los acuerdos de ambos (en este sentido véase especialmente Urquiza y Alberdi. Intimidades de una política donde Ramón J. Cárcano reproduce la correspondencia entre estas dos personalidades), sino también la decisión de los constituyentes de rechazar otras dos propuestas que se filtraron y pretendieron competir con el proyecto alberdiano en la Asamblea Constituyente: una de Pedro de Angelis (1784-1859) y otra de Mariano Fragueiro (1795-1872), ambas escritos de corte autoritario sin siquiera contemplar una sección de derechos y garantías. En lugar de eso predominó con mucho vigor la influencia de Alberdi que su vez se basó en los autores mencionados más arriba, en la Constitución estadounidense, en la de las Cortes de Cádiz de 1812 (dicho sea de paso en relación a este último documento se utilizó por vez primera la expresión “liberal” como sustantivo en oposición a los “serviles” que adherían a la tradición estatista de España) y a los trabajos del italiano Pellegrino Rossi que había sido profesor en la universidades de Bologna y París, un continuador de las exposiciones tan fértiles de Jean-Baptiste Say.

En la referida correspondencia que reproduce Cárcano, Alberdi le envía su libro a Urquiza con el siguiente mensaje: “Nuestra perpetua gratitud, por la heroicidad sin ejemplo con que ha sabido restablecer la libertad de la patria, anonadada por tantos años” y agrega que “he consagrado muchas noches a la redacción del libro, sobre las bases de la organización política para nuestro país, que tengo el honor de someter al excelente buen sentido de V.E.” (fechada en Valparaíso el 30 de mayo de 1852). A lo que Urquiza responde: “Su bien pensado libro es a mi juicio un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito ni publicado en mejor oportunidad” (fechada en Palermo de San Benito, julio 22 de 1852).

Existe una muy nutrida bibliografía sobre Urquiza (especialmente por Juan González Calderón, Beatriz Bosch, Facundo Zuviría, Amancio Alcorta, José María Sarobe y el antes mencionado Cárcano) pero tal vez el mejor resumen de sus ideas, valores y principios se encuentra en la siguiente célebre declaración que recoge entre la mucha documentación exhibida por Isidoro J. Ruiz Moreno en Vida de Urquiza“Si alguna gloria he apetecido es la de ofrecer a mi patria un monumento sublime de instituciones liberales, levantado sobre los escombros de la tiranía”.

Como queda dicho, el cumplimiento de la Carta Magna de 1853 hizo que Argentina compitiera en el primer puesto del mundo libre con Estados Unidos. Los ingresos y salarios del peón rural y del obrero de la industria incipiente eran mayores que los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España por lo que las oleadas migratorias hicieron que la población se duplicara cada diez años, las exportaciones estaban a la par con las canadienses y las ofertas culturales, periodísticas, de seguridad y Justicia eran ponderadas en todas las latitudes. En el Centenario una comisión de la Academia Francesa comparó debates del Parlamento argentino con los que se llevaban a cabo en esa corporación académica debido a la versación y la independencia de criterio de los parlamentarios de nuestro país.

Luego vino el golpe fascista del 30 y peor aún el golpe militar del 43 cuyas consecuencias aún padecemos en grado sumo, lo cual ocurrió por lo que tan acertadamente vaticinó Alexis de Tocqueville: es frecuente que en las naciones que cuentan con gran progreso moral y material se de eso por sentado, lo cual constituye el momento fatal pues los espacios son ocupados por otras corrientes de pensamiento. Así fue en nuestro caso con el marxismo, el keynesianismo, distintas variantes de socialismo, los cepalinos y estatismos en general. De un tiempo a esta parte afortunadamente se nota un cambio lento pero muy vigoroso en la tendencia intelectual que es el primer anuncio de una posible mejora, a pesar del clima enrarecido que se vive: el poco respeto a instituciones fundamentales y una embestida feroz del chavismo local.

En aquella instancia había que primero terminar con al caudillaje representado en su máxima expresión por Juan Manuel de Rosas. Como hemos señalado antes, Bartolomé Mitre destaca que Rosas fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano), Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento” (en Facundo), Alberdi: “los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Y el propio José de San Martín lejos de su país al principio engañado por las promesas de Rosas de unificar y pacificar relata en una misiva que “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839).

Tal como hemos apuntado al comienzo de esta nota, desde la irrupción del peronismo y sus imitadores con sus estragos estatistas nos obliga a navegar en la oscuridad en medio de una pobreza creciente y una exponencial degradación moral e institucional con lo que hemos caído de los primeros puestos en cuanto al progreso a ser uno de los últimos escalones en el concierto de las naciones. Jorge Luis Borges y Américo Ghioldi resumen el problema. El primero en 1986: “Pienso en Perón con horror, como pienso en Rosas con horror” y el segundo en 1952: “Como Encarnación Ezcurra de Rosas, Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana”. Abundantes son las referencias bibliográficas respecto a las tropelías del peronismo, por ejemplo, en las obras de Joseph Potage, Félix Luna, Bernardo Gonzáles Arrili, Carlos García Martínez, Uki Goñi, Roberto Aizcorbe, Hugo Gambini, Ignacio Montes de Oca, Silvia Mercado, Rómulo Zemborain, Juan José Sebrelli, María Zaldívar, Nicolás Márquez y Silvano Santander.

Como también queda dicho, las fundaciones e instituciones liberales establecidas hoy en suelo argentino y los tantos referentes de esa tradición en distintos planos realizan una tarea educativa de gran calado que se traduce en una inmensa esperanza para revertir nuestros graves problemas y retomar la senda alberdiana que nunca debimos abandonar para de esta forma repetir “el milagro argentino”.

El caso de Urquiza fue un contragolpe en vista de los golpes sistemáticos propinados por Rosas como una ofensa a las elementales libertades ciudadanas, igual que el caso de Fidel Castro respecto a los latrocinios de Fulgencio Batista, solo que en el primer caso fue un éxito retundo en cuanto al establecimiento del respeto recíproco, mientras que en el segundo empeoraron astronómicamente los atropellos a la dignidad para convertir la isla en una cárcel infranqueable y pestilente.

Cierro este texto con cinco pensamientos clave de Juan Bautista Alberdi que resumen su posición respecto a la sociedad libre, tomados de Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853:

-”El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública.”

-”Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he aquí todo la diferencia.”

-”¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

-”Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el ´poder omnímodo´ vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución.”

-”Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir”.

https://independent.typepad.com/elindependent/2021/03/un-portentoso-milagro-argentino.html#more

domingo, diciembre 13, 2020

Ejemplos de Tabaré Vázquez. Por Alberto Benegas Lynch (h).

 


Ejemplos de Tabaré Vázquez.

Por Alberto Benegas Lynch (h).

El País, Montevideo.

Siempre me ha admirado el proceder de la mayor parte de los políticos uruguayos. El respeto a los ejes centrales de las instituciones civilizadas. Sus modos conciliadores sin ceder en los principios de cada cual. Si bien es cierto que la fisonomía de este país hermano ha cambiado desde que fue la Suiza de América latina hasta nuestros días ya que el aparato estatal ha crecido de modo que succiona valiosos recursos que empobrecen a todos especialmente a los más vulnerables, a pesar de eso decimos que la conducta y la sobriedad de la enorme mayoría de los referentes políticos se mantiene inalterada en lineamientos republicanos generales.

Entre paréntesis digo referentes y no líderes pues esta última palabreja me recuerda al Führer y al Duce ya que en una sociedad libre cada uno debe liderar su propia vida. Para recordar buena parte de los ejemplos extraordinarios de la Banda Oriental es bueno repasar la obra del doctor Ramón Díaz titulada Historia Económica de Uruguay a la que fui invitado a prologar. Ahora la actual administración abre la esperanza de que ese gran país retome una senda que nunca debió abandonar con todos los agregados que la modernidad ha proporcionado desde entonces y así encauzar a los aparatos estatales a sus misiones específicas en torno a la seguridad y la Justicia y abstenerse de irrumpir en acuerdos libres y voluntarios que no lesionan derechos de terceros. Es decir, proceder en dirección al espíritu liberal cuyo eje central consiste en el respeto recíproco.

Tuve el gusto de conocerlo personalmente al doctor Vázquez en casa de Juan Anchorena en un almuerzo en Colonia del Sacramento. De entrada nos llamó la atención con mi mujer que llegara manejando su auto y sin custodia. La conversación con amigos fue muy afable y el entonces Presidente de la República se pronunció sobre una serie de temas con algunos de los cuales coincidí y con otros discrepé pero siempre en un tono muy considerado y agradable. Era un Señor con mayúscula que desafortunadamente contrasta abiertamente con buena parte de los políticos argentinos de los largos últimos tiempos, después de haber abandonado en los años 30 el ímpetu liberal estampado en su Constitución de 1853 que hizo de mi país uno  de los más prósperos del planeta donde los salarios de los peones rurales y los de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España por lo que la población de inmigrantes se duplicaba cada diez años. Luego nos invadió el estatismo que hizo y hace estragos por doquier.

Tal vez en este sentido a los uruguayos y argentinos nos haya ocurrido algo parecido a lo que vaticinó Alexis de Tocqueville en El antiguo régimen y la Revolución Francesa, esto es que frecuentemente los países que cuentan con un gran progreso moral y material tienden a dar eso por sentado, y ese es el momento fatal puesto que los lugares los comienzan a ocupar otros. La faena de contribuir al respeto recíproco es permanente, de allí que Thomas Jefferson ha escrito que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Como es sabido, Tabaré Vázquez fue alcalde de Montevideo entre 1990 y 1994 y Presidente en 2005 y reelecto en 2014 luego de haber perdido en las elecciones presidenciales de 1994 y las de 1999. Murió de cáncer al pulmón a los ochenta años de edad.

Cierro esta muy sentida nota periodística con otra anécdota personal que estimo reviste gran significación.  Cuando el entonces Presidente se pronunció con firmeza y “por razones científicas” en contra del aborto a pesar de una posición distinta de muchos de sus correligionarios del Frente Amplio, me comuniqué con él quien me atendió con gran consideración aun con los compromisos acuciantes de la faena de gobernar. Esta posición del doctor Vázquez la destaqué en mi libro Pensando en voz alta editado en Lima por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en 2010.

El tema del aborto resulta vital en un sentido literal y figurado pues desde el momento de la concepción hay una persona en acto con toda la carga genética completa y resulta de una magia muy rudimentaria sugerir que puede eliminarse la condición humana en cierto período como si con anterioridad se tratara de un mineral o vegetal que súbitamente deviene en humano. El derecho a la vida es por cierto el primero que debe respetarse.

Un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano.

La mujer indudablemente es dueña de su cuerpo pero no lo es de otro y como los niños no crecen en los árboles, mientras la ciencia no permita transferencias a úteros artificiales no puede aniquilarse un ser humano en el vientre materno. La secuencia embrión-mórula-balstocito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. Como ha dicho Ronald Reagan “han tenido suerte los abortistas que su receta no haya sido aplicada a ellos mismos”.

https://independent.typepad.com/elindependent/2020/12/ejemplos-de-tabar%C3%A9-v%C3%A1zquez.html#more

viernes, noviembre 13, 2020

¿Por qué aborrecemos a Donald Trump?

 

Por qué aborrecemos a Donald Trump.

Por José Carlos Rodríguez.

The Objective

La propia imagen de Donald Trump en la televisión nos produce indignación. Sí, le aborrecemos con total sinceridad, en la confianza de que todo el mundo, o casi todo, comparte este sentimiento hacia él. Cuando el odio es compartido convertimos un rasgo oprobioso, inmoral, en una virtud pública; y aquí estamos, presumiendo de virtud. Es odio, sí, pero es una animadversión ilustrada, racional, progresiva. Un odio demostrable; es más, ¡científico!

Aborrecemos a Donald Trump porque odiamos las guerras. ¿Quién con un mínimo de humanidad puede transigir con un presidente que va a poner el mundo en llamas? ¿No debería arder él, antes de que lo hagamos los demás? Luego resulta que Donald Trump, como ha reconocido su antagonista Bob Woodward, no ha iniciado ninguna guerra. Da igual, porque en realidad la paz nunca fue el verdadero motivo de nuestra enemiga por Trump.

Aborrecemos a Donald Trumpporque nuestros anhelos pasan por la paz en Oriente Medio. Y vimos, con horror, que reconocía a la ciudad fundada por los judíos hace tres milenios como su capital. Luego resulta que con su impulso tres países árabes, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Sudán, han firmado acuerdos de amistad con Israel. Unos acuerdos que facilitan la cooperación económica, esos lazos de mutuo interés que refuerzan la amistad entre los pueblos. Bien, la paz en el Oriente Medio tampoco nos inquieta tanto.

Aborrecemos a Donald Trump porque va a desestabilizar el precioso sistema constitucional de los Estados Unidos. No es que nos hayamos oído defender la Constitución de 1788 con anterioridad, pero ahora tememos por ella casi como por nuestra propia vida. Luego resulta que Donald Trump propone al Senado tres jueces para el Tribunal Supremo, guardián de esa Constitución, que declaran que se aferrarán a su texto y a las intenciones de sus redactores, y que la defenderán frente a cualquier incidencia política. No importa, no vamos a oírnos defender esa Constitución a estas alturas.

Aborrecemos a Donald Trump porque tememos por la democracia. ¡La democracia en América de la que habló Alexis de Tocqueville y nunca hemos leído! Luego resulta que se acumulan las evidencias de fraude electoral en las elecciones que parecen haberle expulsado del poder. Y la pureza de la democracia no puede medirse con la pureza de nuestros malos sentimientos por el pelirrojo. La democracia nunca llegó a ser tan importante para nosotros.

Aborrecemos a Donald Trump porque es blanco. Y nosotros no somos racistas. Él es una amenaza para las minorías, como los hispanos o los negros. Luego resulta que el presidente más impopular de la historia de los Estados Unidos es el hombre más votado, sólo por detrás de Biden. Y que según Pew Research la mayoría de los votantes de Trump le entregan su papeleta por mostrarle su adhesión, no por frenar a los demócratas, mientras que Biden también le debe sus votos a Trump. Y que entre esos ocho millones de votos que ha obtenido en 2020 sobre los que cosechó en 2016 ha habido un gran aumento de negros e hispanos, que han progresado como nunca en estos años. No nos afecta, porque el destino de las minorías, aunque nos inquieta, no es tan relevante en este caso.

Aborrecemos a Donald Trump porque es una amenaza para la economía. Siempre habrá algún liberal que me tire a la cabeza el proteccionismo que yo también defiendo, pero ya le tiraré yo el desastre que las desregulación y la rebaja de impuestos va a suponer sobre el empleo y la desigualdad en los Estados Unidos. Luego resulta que Trump rebajó la tasa de paro del 4,9 al 3,5 por ciento antes de que el virus destrozase la actividad económica. Que los salarios crecen, y más entre los trabajadores que menos ganan. Que el coeficiente Gini, que mide la desigualdad, cae (de 0,489 a 0,484). Y que la pobreza cae al 14,4 por ciento, 1,8 puntos en los tres primeros años de su mandato. Y que tenemos que remontarnos 50 años para ver una tasa de pobreza así. Pero ningún dato nos va a hacer dudar, porque la economía nunca fue nuestra preocupación.

En realidad, nada tiene que ver con eso. No es por su ambición desmedida, ni por que nos quiera dar lecciones, ni por su actitud machista, cualidades que admiramos en Pablo Iglesias, o al menos le perdonamos. Simplemente, es un presidente republicano. Y desprecia las ideas que nosotros tenemos, y que no son ni la paz, ni la Constitución, ni la democracia, ni la situación de las minorías, ni la pobreza o las desigualdades.

https://independent.typepad.com/elindependent/2020/11/por-qu%C3%A9-aborrecemos-a-donald-trump.html#more

sábado, septiembre 26, 2015

Argentina, grandeza y decadencia por Armando Ribas.

La riqueza de los países no depende de la fertilidad de su suelo, sino de la libertad de sus ciudadanos.”  Alexis de Tocqueville.

La Argentina debiera ser un ejemplo para el mundo, tanto por su desarrollo a partir de 1853, como por su lamentable decadencia a partir de 1943. Como bien dijera David Humela historia es un aprendizaje y la libertad un lujo de la sociedad. Pues bien; creo que no se puede discutir que Argentina en 1852 bajo el gobierno de Rosas vivía en la Edad Media –Religión o Muerte– como el principio ancestral del poder absoluto y la consecuente falta de libertad.
En aquella época Argentina era uno de los países más pobres del mundo, su población no superaba el millón de habitantes y analfabetismo alcanzaba al 80%. Demás está decir que el enfrentamiento entre Buenos Aires y las provincias era un hecho indubitable que se regía bajo religión o muerte. En aquel entonces evidentemente la plata del Río de la Plata se quedaba en las aduanas de Buenos Aires, lo que evidentemente creaba una mayor tensión entre las partes.
Podría decir que la razón de ser de Caseros no parecería que haya sido la búsqueda de la libertad individual que finalmente llegó, sino la libertad del Río de La Plata para favorecer el comercio de Entre Ríos. Pero fue la sabiduría de Urquiza de lograr el pacto de San Nicolás con Mitre y de aceptar las ideas de Alberdi. En el proyecto se unió una clase dirigente que fueron Urquiza, Mitre, Sarmiento y Alberdi. Y ella continuó con la llamada Generación del Ochenta, que proyectó a la Argentina a los primeros lugares del mundo a principios del siglo XX.
La pregunta del millón entonces es ¿Cuál fue la causa determinante de ese salto cuántico en la historia? Y la respuesta es simple: a través de las ideas de Alberdi y la acción originaria de Urquiza se acordó la Constitución de 1853-60 en la cual se reconocieron los principios ético-políticos que había cambiado la historia del mundo. La libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia, que fueron Inglaterra y Estados Unidos. Y la Argentina fue el tercer país en ponerlos en práctica y a los hechos me remito. A principios de siglo XX Argentina tenía siete millones de habitantes, solo 25% de analfabetos y un ingreso per cápita que superaba al de Alemania, Francia e Italia.
Y la pregunta pendiente es cuáles fueron esos principios que transformaron al mundo con Argentina incluida. En primer lugar la noción ética de que el hombre es como es y “la naturaleza humana no se puede modificar, si se quieren cambiar los comportamientos hay que cambiar la situación y las circunstancias” (David Hume). En función de esa realidad era un principio fundamental el limitar el poder político, pues como bien dijera John Locke “los monarcas también son hombres”. Para ello era necesaria la división de los poderes y fundamentalmente reconocer la función primordial del poder judicial de decir qué es la ley conforme a los principios de la Constitución.
Por supuesto, a esos efectos el principio fundamental es reconocer los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Por supuesto, la historia muestra que donde no se respetan los derechos de propiedad no hay creación de riqueza, y eso fue lo que ocurrió por siglos cuando los monarcas eran prácticamente los únicos propietarios. Y esto ocurría en Inglaterra, o sea que la libertad no es un don de la naturaleza humana sino un proceso de aprendizaje.
Como verán me he referido a los derechos individuales y no a los derechos humanos. Cuando los derechos son del pueblo, lo que existe es el poder absoluto de los gobernantes. Por ello el otro derecho fundamental es el derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que implica que el hombre actúa por interés, y el interés privado no es contrario al denominado interés general o la falacia del bien común. Y así escribió Alberdi: “El egoísmo bien entendido de los ciudadanos, solo es un vicio para el egoísmo de los gobiernos que forman los estados”. Ese derecho está reconocido en el artículo 19 de la Constitución Nacional.
Otro principio fundamental es que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías. Como bien dice Hume el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas. Este principio está reconocido por Madison en la Carta 51 deThe Federalist Papers, donde dice: “En una sociedad bajo la forma de la cual la facción más poderosa puede fácilmente unirse y oprimir la más débil, puede verdaderamente decirse que reina la anarquía como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro contra la violencia del más fuerte”.
Esa es la falacia que se vive hoy en el mundo donde la izquierda se ha apropiado de la ética a través de la demagogia, y democracia y socialismo, como reconociera Nietzsche, pasan a ser sinónimos. Ya debiéramos saber entonces que la libertad y la riqueza dependen del sistema y éste no de la cultura. Si la cultura fuera determinante el mundo no habría salido nunca del atraso y la falta de libertad que sufriera por siglos. Así Hume en su Historia de Inglaterra refiriéndose a los ingleses de la época de Isabel I, dijo: “Los ingleses en aquella época estaban tan totalmente sometidos, que, como los esclavos del Este, estaban inclinados a admirar  aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre ellos y sus propias expensas”.
Entonces así como difícilmente podríamos creer que la Argentina de fin del siglo XIX tenía una cultura superior que le permitió alcanzar la posición en el mundo que recientemente hasta The Economist se la reconociera, tampoco el análisis de la decadencia se puede explicar en función de un retrazo cultural a partir de una catarsis argentina. La estupidez es universal y no un patrimonio argentino.  La causa tampoco fue como se ha creído que la riqueza de aquel tiempo se debió a la pampa húmeda. De haber sido así habría estado seca durante la época de Rosas y Perón la habría vuelto a secar.

jueves, febrero 19, 2015

Toda marcha es política. “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”.

Toda marcha es política.

“Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”.


Desde el lanzamiento de la convocatoria hecha por fiscales para una marcha del silencio, en homenaje al fallecido fiscal Alberto Nisman, se ha instalado en los medios de comunicación un debate curioso que pone de manifiesto la gran confusión que existe en torno a la política y lo político.
Lo interesante es que semejante confusión debería haber sido zanjada desde chicos, en el instante en que cada individuo entiende de qué se trata ser ciudadano o, al menos, qué es lo que significa ser un sujeto de derecho. Hoy podemos ver que instrucción cívica es una materia que no ha sido aprehendida en un mínimo necesario para que cada uno haga su aporte para mejorar la democracia en vez de relegarla a una instancia más distante y automática.
Hace unas décadas, el gran politólogo argentino ya fallecido, Guillermo O’Donnell desarrolló una categoría política en torno al tipo de democracias jóvenes que venían de dictaduras, en Latinoamérica y Europa del Este. Se refirió a varios casos incluyendo el argentino y concluyó que lo que vivimos es una democracia delegativa: pobre en calidad institucional, sin un sistema de partidos políticos consolidado, sin rendición de cuentas ni acceso a la información extendido, principalmente por parte de un muy fuerte Poder Ejecutivo, donde la fundamental carencia es la falta de responsabilidad cívica de nuestra sociedad toda.

He aquí nuestra gran falencia: la adolescencia de valores democráticos en nuestra vida cotidiana que nos lleva a convivir, y a sobrevivir, en una interminable sucesión de “Relatos Salvajes”. Como pueblo, nos es imposible reconocernos. Preferimos aferrarnos a pertenencias limitadas, facciosas, como el amor a la pelota, las prácticas ociosas o la ideología kitsch, paradójicamente vaciada de contenido y fuertemente iconográfica.
Estas prácticas sociales individualistas y extendidas implican la desconfianza en el prójimo y la tendencia creciente a abandonar la construcción colectiva de una ciudadanía que ejerza sus derechos y asuma sus obligaciones. Todo lo que se deja de hacer, afecta al entramado y constructo social en el que se asientan instituciones (o estructuras legales) que fueron pensadas para que fuesen ejercidas por gente idónea único requisito constitucional para ejercer cargos públicos.
Es decir, el abandono del rol del ciudadano permite que se profundicen las injusticias que debieran evitarse gracias a los dispositivos jurídicos y sus estructuras de aplicación desde las funciones genuinas del Estado, visibles en la prestación de servicios esenciales como la salud, la educación, o la justicia.
La democracia no puede ser entendida como una forma de gobierno, sino como parte de nuestra cotidianeidad, nuestra forma de relacionarnos los unos con los otros, nuestra forma de vida en el sentido puro del término. Es la República, forma de gobierno constitucional, que debiera exigirse en su cumplimiento total y cabal a todo candidato a ocupar el sillón de Rivadavia. Volviendo a O’Donnell, las democracias delegativas tienen un bajo nivel de accountability o control horizontal, a diferencia de las democracias republicanas donde los poderes (o funciones) se autolimitan y ninguno está por encima del otro.

“La Democracia en América”, escrita por Alexis de Tocqueville en el siglo XIX, uno de los proto-sociólogos de la humanidad, es una radiografía de una sociedad norteamericana joven y pujante. Una visión de una sociedad acostumbrada por las circunstancias a asociarse cotidianamente, donde la unión hace la fuerza.
Y ahora, yendo al meollo de la cuestión: toda marcha es política. Toda manifestación pública que demanda, pide, reclama, con pancartas, con divisas o sin ellas, en silencio o a los gritos, es política. Porque así se entiende toda reunión de personas que peticionen por algo, o como en este caso, homenajeen la memoria de un fiscal que murió trabajando en el marco de una causa que aún no ha llegado a impartir Justicia, es decir, que continúa impune: el atentando a la AMIA el 18 de julio de 1994. Un atentado a la democracia, contra el pueblo argentino, más allá de las especulaciones o líneas de investigación que hablan de un ajuste de cuentas mafioso contra el entonces presidente Carlos Menem.
Una marcha que pide el esclarecimiento de la muerte del fiscal, la atención a la denuncia que presentó días antes de su fallecimiento y también un minuto de silencio que le fue negado oficialmente, así como un día de luto, una bandera a media asta o, ni siquiera, un sentido pésame a la familia.
Marchar, peticionar, movilizarse y reclamar está garantizado en nuestra constitución gracias a la inclusión de los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos en la Constitución Nacional de 1994, curiosamente, el año en que volaron la AMIA. Exactamente el artículo 20 de la Declaración Universal de Derechos Humanos expresa: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”. Es decir, es un derecho humano con rango constitucional. Toda marcha es política.

¿Dónde está la confusión en el debate público? En la diferencia entre política y lo político. Entre lo político y lo partidario. Todo lo que acontece acerca de cuestiones que nos interesan a todos y otras variantes, es político y por ello la Política debe intervenir para generar amplios consensos que impliquen acuerdos democráticos hacia una mejora incremental de las condiciones de vida de una sociedad.
Nuestra realidad nos pide unión y fraternidad en el disenso para que el fanatismo político no triunfe y para que ningún sociópata, o grupúsculo de ellos, intente escribir un nuevo capítulo fraticida en nuestra Historia, testigo de tantos baños de sangre por nuestra incapacidad de entendernos los unos a los otros, de escuchar y de dejar peticionar o simplemente, hacer un profundo silencio.

Para INFOBAE
Por: PABLO OLIVERA DA SILVA

Licenciado en Ciencia Política. Presidente y fundador de la ONG Construyendo Ciudadanía.

Publicado en Diario "De la Costa" de Viedma 19-2-2015. La imagen pertenece al mismo medio.
http://www.noticiasnet.com.ar/?se=120&id=194401&Toda-marcha-es-politica

jueves, abril 05, 2012

LA VICTORIA DE MALVINAS por JORGE ABELARDO RAMOS.




La victoria de Malvinas por Jorge Abelardo Ramos.


La auto-propaganda inglesa durante siglos transformó en frase de uso común el hecho incierto de que “Gran Bretaña perdía todas las batallas y ganaba todas las guerras”. Ahora ha ocurrido lo contrario. En estas líneas me reduciré a exponer ese hecho irrefutable. En los últimos cien años la Argentina se integro al mercado mundial dominado por las potencias anglo sajonas. Desde Roca hasta hoy, en que el sistema ha saltado por los aires, nuestro país se desenvolvió como provincia agraria de Europa. La articulación entre la Europa industrial y la Argentina exportadora de productos primarios permitió un prodigioso crecimiento hasta 1930. En la crisis mundial, la orgullosa factoría de estancieros gordos y vacas flacas se estrelló como el “Titanic” en el iceberg de la década. Volvieron todos los parásitos de París, aterrados por la baja de los precios del ganado. Se hizo célebre la frase: “Quel difference, de París a l’estance”.

Gracias a la depresión mundial, se abrió la posibilidad en los países semi-coloniales, de iniciar la marcha hacia la industrialización. La segunda guerra benefició de nuevo a la Argentina al aislarla de las potencias occidentales, absorbidas por sus sangrientas querellas. La prosperidad del mercado interno, los nuevos obreros, la joven burguesía industrial y la aparición de Perón son los signos externos de la nueva época.

El nacionalismo industrial de Perón, sin embargo, encontró en la oligarquía un implacable enemigo.

Aunque el peronismo constituyó un gigantesco avance industrial en todos los órdenes, la hegemonía cultural de la europeización en el sistema cultural y educativo no cedió.

Parte de las clases medias, a la rastra de los patrones de prestigio de la sociedad oligárquica, constituyó la “base de masa” del poder imperial y sus aliados internos. Como había ocurrido en las dos guerras mundiales (1914/ 1918 y 1939 /1945 ), la partidocracia y una parte notoria de la “inteligencia” sostuvieron ardorosamente a los “aliados” anglo yanquis o sea a los explotadores coloniales directos de la Argentina. Esas mismas fuerzas conspiraron contra Perón entre 1946 y 1955, en que lograron derribarlo. Se trata de los mismos sectores “democráticos” que a partir del 2 de abril se niegan a aceptar el carácter heroico de la gesta, se obstinan en pagar la deuda externa a la banca inglesa y tienden una cortina de humo sobre este grandioso acontecimiento del siglo XX. Han reemplazado todo análisis sobre el imperialismo invasor por una insustancial palabrería dirigida al comicio. Son los apóstoles vacíos de la “democracia formal”. Ayer reverenciaban a Roosevelt y a Churchill. Hoy lo hacen con Mitterrand, Felipe González y otros escandinavos. Todos ellos son representantes del colonialismo europeo; bloqueadores de la Argentina.

De este modo, la guerra de Malvinas, como lo afirma burlonamente la señora Thatcher, habría sido la lucha de la “democracia inglesa” contra la “dictadura argentina”. Quien esto escribe ha sufrido varios procesos y detenciones a manos de este régimen que agoniza. No tengo benevolencia hacia Galtieri ni hacia ninguno de sus colegas anteriores o posteriores. Pero comprendo muy bien a la partidocracia sucesora de Saturnino Rodríguez Peña (aquel que ayudo a escapar al general Beresford, cuando la primera invasión inglesa). No falta entre ellos quienes proponen el día 2 de abril como “día de luto”.

Gracias a esa sociedad anglófila que venera a Europa o a EEUU, se formo una clase “democrática” devota de todas las guerras ajenas y héroes alógenos. Son el producto directo de esos bachilleratos franceses importados por Mitre, indiferentes a la América Criolla, capaces de ahogar en un hastío glacial las mejores vocaciones y las rebeliones más originales, seguidos de una universidad productora de especialistas indiferentes al destino nacional, siempre dispuestos a emigrar por un buen contrato en el exterior. ¡Cómo para entender la guerra de Malvinas con un sistema cultural que reposa en el dilema sarmientino de “civilización o barbarie”, que según cabe imaginar sitúa la barbarie en América y la civilización en Europa!

Se trata del mismo Sarmiento que había escrito al general Mitre:

“No ahorre sangre de gauchos. Son lo único que tienen de humano”.

A su lado; ¿podrían entender la guerra con Inglaterra los “izquierdistas portuarios”, tan alejados del drama argentino como los terratenientes que vivían en Europa?

La primera pregunta que brotó en todos los labios dé la Argentina Ilustrada fue: ¿por qué razón ahora ocupó Galtieri las islas? ¿Qué propósitos se ocultaban detrás del acontecimiento? ¿Ambiciones personales, etcétera? Cuando la flota inglesa avanzó armada hasta los dientes, tras la hipócrita euforia inicial, todos empezaron a retroceder, a murmurar, a conspirar. Así se gestó una intriga palaciega de políticos nativos y embajadores extranjeros destinada a derrocar a Galtieri y facilitar un “gobierno de transición” hasta el ansiado comicio.

A esta Argentina político institucional se le ocurrió entonces calificar al 2 de abril con la frase de: “Una aventura irresponsable”. Según se sabe, es la tesis británica. Los cipayos (vocablo hindú que designaba de ese modo a los nativos aliados al usurpador inglés del suelo nacional) estaban horrorizados. Borges sentía que se hundían las columnas de Hércules.

Los “demócratas” consideraban que esa heroica lucha contra el imperialismo no podía ser realmente legítima porque procedía de un gobierno malo y de Fuerzas Armadas que no merecían confianza. Pero lo notable de los aspectos políticos de la guerra de Malvinas es que la mayor parte de los partidos políticos argentinos habían apoyado directamente al régimen nacido el 24 de marzo de 1976 y habían ocupado (y siguen ocupando hoy) miles de cargos, desde intendentes hasta ministerios provinciales, ministerios nacionales y embajadas.

Solo se alejaron del gobierno (pero no de los cargos mencionados) cuando el histórico giro del 2 de abril puso en evidencia que la Argentina había entrado en conflicto con las pérfidas potencias del Occidente colonialista, y sus aliados de la usura mundial.

Entonces descubrieron muchos de estos partidos que este régimen era una dictadura.

Pero cuando está en juego el suelo de la patria, sólo un cipayo puede preguntarse si el gobierno que conduce la guerra le gusta o no. Si San Martín hubiese renunciado a luchar contra el Imperio español al descubrir a su llegada a Buenos Aires la catadura de Rivadavia y Pueyrredón, quizás seríamos todavía súbditos del rey de España. El pueblo argentino y los hermanos de la Patria Grande comprendieron instantáneamente que la Argentina, había emprendido una gran gesta.


El 3 de abril, hasta los ultrademócratas y los severos “izquierdistas” se informaron que los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etcétera, habían votado contra nuestro país, en el Consejo de Seguridad mientras que China, la URSS, Polonia y España, se abstenían. Sólo voto a nuestro favor la gallarda República de Panamá, por la boca de su canciller Illueca.

El apoyo provenía del legendario suelo al que había convocado Bolívar en 1826 para fundar entre todos una “Nación de Repúblicas”.

Con las tropas argentinas en las Malvinas, saltó en pedazos el TIAR y la Doctrina Monroe, los simuladores de la “democracia” europea y los admirados yanquis de Alexis de Tocqueville, en suma, los modelos ideales en que habían sido educados los oficiales de las tres armas en la Argentina. Volvimos nuestras miradas hacia la América latina. Nicaragua sandinista nos apoyo lo mismo que Cuba. Por encima de todo, éramos latinoamericanos. Y este hecho de trascendencia mundial, que reubicaría a la Argentina en el campo del Tercer Mundo junto a aquellos pueblos que como nosotros luchaban por su independencia nacional, sería objeto de una feroz campaña de “desmalvinización” que no cede ni un solo día.

El 2 de abril resolvió con el irresistible poder de los hechos esta paradoja: las mismas Fuerzas Armadas que habían entregado el poder económico durante siete años a los abogados de Inglaterra y Estados Unidos, se enfrentaron con los amos imperiales y rompieron a cañonazos esa alianza. Por esa causa, Gran Bretaña ganó una batalla y perdió la guerra.