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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
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“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
sábado, julio 26, 2025
martes, abril 16, 2024
La frase de Alexis de Tocqueville sobre la igualdad.
sábado, enero 28, 2023
Mueren cinco cubanos al naufragar la embarcación con la que navegaban hacia EE.UU.
La Habana, - Al menos cinco personas han muerto y otras doce permanecen desaparecidas tras el naufragio de una precaria embarcación en los alrededores Cayo Cruz del Padre (norte de Cuba) cuando se dirigía Estados Unidos, según informaron este viernes medios oficiales.
La televisión oficial local Yumuri TV señaló que los otros once ocupantes de la embarcación fueron rescatados con vida por los servicios de guardafronteras cubanos.
El suceso se produjo a causa del fuerte oleaje, según este medio y en línea con las informaciones no contrastadas que se habían difundido previamente en redes sociales.
Los ocupantes de la embarcación llamaron entonces a los servicios de emergencia, que enviaron dos patrullas de las tropas guardafronteras.
Las autoridades informaron que las labores de rescate prosiguen en la zona donde se produjo el naufragio a pesar de las adversas condiciones meteorológicas en la zona por la llegada de un frente frío.
"Todos los involucrados en el incidente residen en Cárdenas y salieron del país de manera ilegal el 23 de enero por Torrontela, un punto de la costa de Cárdenas, con el propósito de llegar a territorio de Estados Unidos, exponiéndose a una riesgosa travesía", recogió Yumuri TV.
Cientos de cubanos se han echado al mar en los últimos días para tratar de llegar a EE.UU. en el marco de una de las mayores oleadas migratorias en décadas. En lo que va de mes unos 1.200 cubanos han sido deportados.
A principios de enero el Gobierno de EE.UU. anunció un cambio radical de su política migratoria para los cubanos, después de que en 2022 más de 313.000 ciudadanos de ese país llegasen a su frontera sur.
La represión política, pero sobre todo la severa crisis económica que padece la isla desde hace más de dos años -con escasez y una fuerte inflación- están llevando a muchos cubanos a abandonar su país.
Publicado en Diario La Prensa.
Imagen: Diario La Prensa.
domingo, diciembre 18, 2022
La inviabilidad del socialismo.
Por Ludwig von Mises.
CEDICE
Se piensa con frecuencia que si el socialismo actualmente no funciona, ello se debe a que nuestros contemporáneos no poseen aún las necesarias virtudes cívicas, y que los hombres, tal como son actualmente, son incapaces de poner en el desempeño de las tareas que el estado socialista les asigne el mismo celo con que realizan su diario trabajo bajo el signo de la propiedad privada de los medios de producción, pues, en régimen capitalista, saben que es suyo el fruto de su trabajo personal y que sus ingresos aumentan cuanto uno más produce, reduciéndose en caso contrario.
Por el contrario, en un sistema socialista el que personalmente se gane más o menos no depende ya casi de la excelencia del propio trabajo; en efecto, cada miembro de la sociedad tiene teóricamente asignada una determinada cuota de la renta nacional, sin que varíe de forma apreciable por el hecho de que se trabaje con desgana o con ahínco. La gente piensa que la productividad socialista ha de ser por fuerza inferior a la de la comunidad capitalista.
Así es, en efecto. pero no es éste el fondo de la cuestión. Si fuera posible en la sociedad socialista cifrar la productividad del trabajo de cada camarada con la misma precisión con que se puede conocer, mediante el cálculo económico, la del trabajador en el mercado, podría hacerse funcionar el socialismo sin que la buena o mala fe del individuo en su actividad productiva tuviera que preocupar a nadie. Podría entonces la comunidad socialista determinar qué cuota de la producción total corresponde a cada trabajador y, consiguientemente, cifrar la cuantía en que cada uno ha contribuido a ella. El que en una sociedad colectivista no sea posible efectuar semejante cálculo es lo único que, al final, hace que el socialismo sea inviable.
La cuenta de pérdidas y ganancias, instrumento típico del régimen capitalista, es un claro indicativo de si, dadas las circunstancias del momento, se debe o no seguir adelante con todas y cada una de las operaciones en curso; en otras palabras, si se está administrando, empresa por empresa, del modo más económico posible, es decir, si se está consumiendo la menor cantidad posible de factores de producción. Si un negocio arroja pérdidas, ello significa que las materias primas, los productos semielaborados y los distintos tipos de trabajo en él empleados deberían dedicarse a otros cometidos, en los que se produzcan o bien mercancías distintas, que los consumidores valoran en más y estiman más urgentes, o bien idénticos productos, pero con arreglo a un método más económico, o sea, con menor inversión de capital y trabajo. por ejemplo, cuando el tejer manualmente dejó de ser rentable, ello no indicaba sino que el capital y el trabajo invertido en las instalaciones de tejido mecánico eran más productivos, por lo que era antieconómico mantener instalaciones en las que una misma inversión de capital y trabajo producía menos.
En el mismo sentido, bajo el régimen capitalista, si se trata de montar una nueva empresa, fácilmente se puede calcular de antemano su rentabilidad. Supongamos que se proyecta un nuevo ferrocarril; cifrado el tráfico previsto y las tarifas que aquél puede soportar, no es difícil averiguar si resultará o no beneficiosa la necesaria inversión de capital y trabajo. Cuando ese cálculo nos dice que el proyectado ferrocarril no va a producir beneficios, hay que concluir que existen otras actividades sociales que reclaman con mayor urgencia el capital y el trabajo en cuestión; en otras palabras, que todavía no somos lo suficientemente ricos como para efectuar tal inversión ferroviaria. El cálculo de valor y rentabilidad no sólo sirve para averiguar si una determinada operación futura será o no conveniente; ilustra además acerca de cómo funcionan, en cada instante, todas y cada una de las divisiones de las diferentes empresas.
El cálculo económico capitalista, sin el cual resulta imposible ordenar racionalmente la producción, se basa en cifras monetarias. El que los precios de los bienes y servicios se expresen en términos dinerarios permite que, pese a la heterogeneidad de aquéllos, puedan todos, al amparo del mercado, ser manejados como unidades homogéneas. En una sociedad socialista, donde los medios de producción son propiedad de la colectividad y donde, consecuentemente, no existe el mercado ni hay intercambio alguno de bienes y servicios productivos, resulta imposible que aparezcan precios para los aludidos factores denominados de orden superior. El sistema no puede, por tanto, planificar racionalmente, al serle imposible recurrir a un cálculo que sólo puede practicarse recurriendo a un cierto denominador común al que pueda reducirse la inaprehensible heterogeneidad de los innumerables bienes y servicios productivos disponibles.
Contemplemos un sencillo supuesto. Para construir un ferrocarril que una el punto A con el punto B, cabe seguir diversas rutas, pues existe una montaña que separa A de B. La línea ferroviaria podría ascender por encima del accidente orográfico, contornear el mismo o atravesarlo mediante un túnel. Es fácil decidir, en una sociedad capitalista, cuál de las tres soluciones sea la procedente.
Se cifra el costo de las diferentes líneas y el importe del tráfico previsible. Conocidas tales sumas, no es difícil deducir qué proyecto es el más rentable. Una sociedad socialista, en cambio, no puede efectuar un calculo tan sencillo, pues es incapaz de reducir a unidad de medida uniforme las heterogéneas cantidades de bienes y servicios que es preciso tomar en consideración para resolver el problema. La sociedad socialista está desarmada ante esos problemas corrientes, de todos los días, que cualquier administración económica suscita. Al final, no podría ni siquiera llevar sus propias cuentas.
El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del calculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente.
Los dirigentes de la ideal sociedad socialista tendrían que enfrentarse a un problema imposible de resolver, pues no podrían decidir, entre los innumerables procedimientos admisibles, cuál sería el más racional. El consiguiente caos económico acabaría, de modo rápido e inevitable, en un universal empobrecimiento, volviéndose a aquellas primitivas situaciones que, por desgracia, ya conocieron nuestros antepasados.
El ideal socialista, llevado a su conclusión lógica, desemboca en un orden social bajo el cual el pueblo, en su conjunto, sería propietario de la totalidad de los factores productivos existentes. La producción estaría, pues, enteramente en manos del gobierno, único centro de poder social. La administración, por sí y ante sí, habría de determinar qué y cómo debe producirse y de qué modo conviene distribuir los distintos artículos de consumo. Poco importa que este imaginario estado socialista del futuro nos lo representemos bajo forma política democrática o cualquier otra. Porque aun una imaginaria democracia socialista tendría que ser forzosamente un estado burocrático centralizado en el que todos (aparte de los máximos cargos políticos) habrían de aceptar dócilmente los mandatos de la autoridad suprema, independientemente de que, como votantes, hubieran, en cierto modo, designado al gobernante.
Las empresas estatales, por grandes que sean, es decir, las que a lo largo de las últimas décadas hemos visto aparecer en Europa, particularmente en Alemania y Rusia, no tropiezan con el problema socialista al que aludimos, pues todavía operan en un entorno de propiedad privada. En efecto, comercian con sociedades creadas y administradas por capitalistas, recibiendo de estas indicaciones y estímulos que su propia actuación ordenan. Los ferrocarriles públicos, por ejemplo, tienen suministradores que les procuran locomotoras, coches, instalaciones de señalización y equipos, mecanismos todos ellos que han demostrado su utilidad en empresas de propiedad privada. Los ferrocarriles públicos, por tanto, procuran estar siempre al día tanto en la tecnología como en los métodos de administración.
Es bien sabido que las empresas nacionalizadas y municipalizadas suelen fracasar; son caras e ineficientes y, para que no quiebren, es preciso financiarlas mediante subsidios que paga el contribuyente.
Desde luego, cuando una empresa pública ocupa una posición monopolista —como normalmente es el caso de los transportes urbanos y las plantas de energía eléctrica— su pobre eficiencia puede enmascararse, resultando entonces menos visible el fallo financiero que suponen. En tales casos, es posible que dichas entidades, haciendo uso de la posibilidad monopolista, amparada por la administración, eleven los precios y resulten aparentemente rentables, no obstante su desafortunada gerencia. En tales supuestos, aparece de modo distinto la baja productividad del socialismo, por lo que resulta un poco más difícil advertirla. Pero, en el fondo, todo es lo mismo.
Ninguna de las mencionadas experiencias socializantes sirve para advertir cuáles serían las consecuencias de la real plasmación del ideal socialista, o sea, la efectiva propiedad colectiva de todos los medios de producción. En la futura sociedad socialista omnicomprensiva, donde no habrá entidades privadas operando libremente al lado de las estatales, el correspondiente consejo planificador carecerá de esa guía que, para la economía entera, procuran el mercado y los precios mercantiles. En el mercado, donde todos los bienes y servicios son objeto de transacción, cabe establecer, en términos monetarios, razones de intercambio para todo cuando es objeto de compraventa. Resulta así posible, bajo un orden social basado en la propiedad privada, recurrir al cálculo económico para averiguar el resultado positivo o negativo de la actividad económica de que se trate. En tales supuestos, se puede enjuiciar la utilidad social de cualquier transacción a través del correspondiente sistema contable y de imputación de costos. Más adelante veremos por qué las empresas públicas no pueden servirse de la contabilización en el mismo grado en que la aprovechan las empresas privadas. El cálculo monetario, no obstante, mientras subsista, ilustra incluso a las empresas estatales y municipales, permitiéndoles conocer el éxito o el fracaso de su gestión. Esto, en cambio, sería impensable en una economía enteramente socialista no podrían jamás reducir a común denominador los costos de producción de la heterogénea multitud de mercancías cuya fabricación programaran.
Esta dificultad no puede resolverse a base de contabilizar ingresos en especie contra gastos en especie, pues no es posible calcular más que reduciendo a común denominador horas de trabajo de diversas clases, hierro, carbón, materiales de construcción de todo tipo, máquinas y restantes bienes empleados en la producción. Sólo es posible el cálculo cuando se puede expresar en términos monetarios los múltiples factores productivos empleados. Naturalmente, el cálculo monetario tiene sus fallos y deficiencias; lo que sucede es que no sabemos con qué sustituirlo. En la práctica, el sistema funciona siempre y cuando el gobierno no manipule el valor del signo monetario; y, sin cálculo, no es posible la computación económica.
He aquí por qué el orden socialista resulta inviable; en efecto, tiene que renunciar a esa intelectual división del trabajo que mediante la cooperación de empresarios, capitalistas y trabajadores, tanto en su calidad de productores como de consumidores, permite la aparición de precios para cuantos bienes son objeto de contratación. Sin tal mecanismo, es decir, sin cálculo, la racionalidad económica se evapora y desaparece.
Texto de Ludwig von Mises publicado en Viena en 1927, en su obra Liberalismo.
BIBLIOGRAFIA DE LUDWIG VON MISES
1. Ludwig von Mises, "The Theory of Money and Credit" (Indianapolis: Liberty Classics, 1981). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Teoría del dinero y del crédito" (Madrid: Aguilar, 1936)
2. Ludwig von Mises, "Bureaucracy" (Yale University Press, 1944). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Burocracia" (Madrid: Unión Editorial, 1974)
3. Ludwig von Mises, "Theory and History" (Yale University Press, 1957). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Teoría e historia" (Madrid: Unión Editorial, 1975)
4. Ludwig von Mises, "Epistemological Problems of Economics" (Princeton: Van Nostrand, 1960)
5. Ludwig von Mises, "Socialism: An Economic and Sociological Analysis" (Indianapolis: Liberty Fund, 1981). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "El Socialismo" (México: Ed. Hermes, 1961)
6. Ludwig von Mises, "The Free and Prosperous Commonwealth" (Princeton: Van Nostrand, 1962). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Liberalismo" (Barcelona: Planeta-Agostini, 1994)
7. Ludwig von Mises, "The Ultimate Foundation of Economic Science" (Princeton: Van Nostrand, 1962)
8. Ludwig von Mises, "Human Action: A Treatise on Economics" (Chicago: Henry Regnery, 1966). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "La acción humana. Tratado de economía" (Madrid: Unión Editorial, 1995)
9. Ludwig von Mises, "Nation, State and Economy" (New York University Press, 1983)
10. Ludwig von Mises, "Epistemological relativism in the social sciences" en H. Shoeck y J. Wiggins comps., "Relativism and the Study of Man" (Princeton: Van Nostrand, 1961).
Publicado en
https://independent.typepad.com/elindependent/2022/12/la-inviabilidad-del-socialismo.html#more
domingo, mayo 16, 2021
«Me voy a vacunar a Miami» por Eduardo de la Serna.
“Siempre los ricos fueron extranjeros / que se vayan a Miami con sus tías”. (Aquí me quedo, Pablo Neruda - Víctor Jara - Patricio Castillo)
Cuando Alicia (Andrea Politti) recurre a los simuladores para evitar los problemas que le provoca Carlos Villarreal (Osvaldo Santoro), le cuenta al siempre esteta Mario Santos (Federico D’Elía) que se conocieron en un importante hotel en Miami, “- ¿Lo conoce?”, le pregunta. “- No viajo a Miami”, responde Mario.
Por motivos varios, un tema que ha tenido repercusión en estos días es la lista de “famosos” que han ido a vacunarse a Miami contra el Covid. Y, por motivos no siempre claros, parece que los sujetos necesitan justificar el hecho, y lo relacionan con lo que se ha llamado la “vacunación VIP”.
Veamos: lamentablemente, vacunación VIP ha habido en muchísimos países, pero ciertamente eso no excusa a nadie por aquello de “mal de muchos…”. Ciertamente, además, no es lo mismo si se trata de un “combo” vip (por ejemplo, todo un colectivo que no lo necesitaría urgentemente, un grupo de “no esenciales”) que si se trata de una persona que lo ha podido conseguir por amistad con alguien. En todos los casos hablamos de algo irregular, pero el primero parece más algo del “sistema”. Pero (y lo dije hace varias semanas) el tema es complejo: a esta o estas personas lo les correspondería (todavía) el turno de vacunación y logran acceder por tener un “contacto”. En ese caso, el tema parecería ser que le han “robado” una/s vacuna/s a quien/es la hubieran recibido antes que ellas. Eso “mereció” (siempre según el medio comunicador) bolsas mortuorias en la Casa Rosada, pero nada dijeron de las casi 76.000 personas de CABA que se vacunaron en la Provincia de Buenos Aires (dejo de lado a quienes desarrollan su vida cotidiana en la Provincia, lo cual hace sensata la vacunación allí). En este caso, no hubo tales bolsas, lo que demostró que aquellas habían sido politizadas, y no una verdadera preocupación por los no vacunados.
Pero vamos al tema: pareciera que nada de esto tiene que ver con la vacunación en el exterior (especialmente en Miami): yo tengo dinero, voy y me vacuno. ¿Cuál sería el problema? En realidad, esa libertad del que tiene dinero, que no la tiene el pobre, “me hace ruido”. Y cuando el que va a vacunarse empieza a justificar públicamente la vacunación “por esto” o “por lo otro” me hace más ruido todavía. Suena a que necesita justificarse porque no tiene la conciencia tranquila (los que tienen conciencia, claro). Aunque también está el que necesita ostentar que tiene dinero y por eso “puede” lo que otros “no pueden”. Y cuando la justificación empieza con los vacunados VIP, todo empieza a tener “tufillo” politizado. Dentro de aquellos, concretamente, hubo quienes reconocieron públicamente su error. Si alguien dijera “tengo miedo” (= no quiero morirme), pienso que nadie lo cuestionaría, o al menos sería comprendido.
Pero todavía me queda otro elemento (y dejo de lado el tema “Miami” expresamente: acompañando a mi padre, volviendo de Alemania, hicimos un día de escala en Miami porque él necesitaba comprar cosas para su empresa, y realmente me pareció estar en un shopping. Es decir, en un lugar al que no tengo ninguna intención en volver). EEUU vacuna gratuitamente (es decir, pagadas por el Estado) a todos los que lo pidan (parece populismo, ¿no?). Así, además, fomenta el turismo, que fue una de las muchas víctimas de la pandemia. EEUU es uno de los muchos países que compró muchas más vacunas de las que necesita, dejando sin ellas a decenas de países. ¿La solidaridad? Esa te la debo, diría el innecesario. Y, tengamos, además en cuenta que entre Argentina y México empezaron a producir vacunas (Astra Zéneca). Esas vacunas pasaron por los EEUU y allí las retuvieron. Todavía están retenidas. ¿Tenemos, acaso, que agradecerles que sean tan buenos y nos den lo que nos pertenece? Sería irónico si los “que pueden” viajaran a los EEUU a vacunarse con nuestras vacunas ¿no?
En suma, una moral pensada a partir del “poder” me resulta detestable. Especialmente si “en cristiano” pienso que se debe partir de los “impotentes”. La propuesta de los cambiemosos de que se pueda comprar la vacuna… me recuerda que en Colombia las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) son las que las están distribuyendo; y no es fácil saber cuántos son los pobres que han podido vacunarse gratuitamente por no estar afiliados a una de estas EPS (los del SISBEN). O, también, me recuerda a aquellos que hace décadas, viajaban a Uruguay para divorciarse… La política “yo puedo – yo me vacuno” (sea porque tengo un contacto, sea porque tengo dinero), no me parece que tenga una opción donde los pobres estén en primer lugar, porque los pobres no tienen ni contactos ni dinero… pero, lo cierto, es que se están vacunando. Que no sea con la velocidad deseada es cierto. Y, sospecho, que el hecho de que esto no ocurra como debiera, se debe más a los países que han acaparado vacunas que a un grupo de personas con contactos.
Publicado en http://blogeduopp1.blogspot.com/
viernes, septiembre 25, 2020
Alberto versus la meritocracia por James Neilson.
Alberto versus la meritocracia
por James Neilson.
Todas las sociedades son jerárquicas. El igualitarismo radical es una quimera; a lo sumo, exigirlo con pasión como hacen ciertos activistas notorios puede servir para destacarse de los demás y subir a un sitio más alto de la pirámide local. Pero si bien la igualdad perfecta es inalcanzable, ya que siempre habrá algunos que ocupan puestos en la cima y otros que se ven relegados a estratos más humildes, hay muchas formas de determinar el lugar que corresponde a cada uno.
A veces, la elite es dominada por guerreros, religiosos e incluso, como era el caso durante siglos en China, por funcionarios - los “mandarines” - que entre otras cosas tenían que ser capaces de escribir poemas eruditos sin violar un conjunto de reglas métricas muy estrictas. También hay aristocracias de sangre, plutocracias mercantiles en que sólo el dinero importa y los sistemas comunistas en que miembros del partido monopolizan los privilegios sociales y materiales en nombre de la equidad.
Hoy en día, en países democráticos es habitual justificar las diferencias sociales o de ingreso con alusiones a criterios “meritocráticos”.
Alberto Fernández resbaló al despacharse en contra del “mérito” al afirmar que “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene más posibilidades que el más inteligente de los pobres”, pero procuró recuperarse dando a entender que no hablaba del “mérito” propiamente dicho sino de la “meritocracia”.
La palabra fue inventada en 1958 por el laborista británico Michael Young en su obra satírica, “El ascenso de la meritocracia”, pero lo que creía sería tomado por una advertencia sobre lo peligroso que a su juicio sería el surgimiento de una nueva oligarquía basada en la capacidad mental resultó ser profético, ya la tendencia que le preocupaba pronto perdió sus connotaciones negativas. Merced al progreso arrollador de la tecnología, el mérito, que Young definió como “coeficiente intelectual más esfuerzo”, no tardó en imponerse como un factor decisivo.
Puede que en la Argentina actual el imbécil de familia rica al que se refirió Alberto tenga más oportunidades que un pobre genial, pero en los países desarrollados un joven intelectualmente dotado lo superaría con rapidez porque quienes llevan la voz cantante entienden muy bien que el talento humano es el recurso más valioso de todos.
Sea como fuere, Alberto no tiene por qué inquietarse; a menos que mucho cambie, la Argentina seguirá siendo inmune al ideario que en las décadas últimas se ha convertido en una ortodoxia casi universal porque a la mayoría le parece justo que sean premiados quienes más aportan a las comunidades en que viven, lo que no sucedió cuando pesaban mucho más los vínculos familiares, la clase social, la militancia política o los bienes heredados.
¿Por qué, pues, creía Young que sería malo que en adelante se aplicaran criterios meritocráticos? Porque temía que, andando el tiempo, la meritocracia se haría tan rígida como las jerarquías tradicionales porque sería hereditaria, lo que en efecto ha ocurrido en buena medida a causa de las becas que permitirían que jóvenes dotados de familias pobres estudiaran en las universidades más prestigiosas, donde muchos encontrarían a quienes casarían, lo que antes no era tan común.
También quería que todos fueran tratados con el debido respeto y previó que muchos que se verían excluidos de la nueva elite, hombres y mujeres que, sin poseer dotes excepcionales, distarían de ser estúpidos, no tolerarían ser despreciados por quienes se enorgullecerían de su superioridad presuntamente congénita.
Es lo que ha ocurrido en muchos países, sobre todo en los anglosajones. Donald Trump alcanzó la presidencia de Estados Unidos merced a la reacción de una proporción muy significante de sus compatriotas frente a la arrogancia de una elite mediática y académica de pretensiones progresistas cuyos representantes se mofaban de las costumbres, gustos y convicciones del hombre común.
Algo similar ha ocurrido en el Reino Unido. Aunque Boris Johnson, que es más que capaz de perorar durante horas en griego clásico o latín sin cometer errores, tiene muy poco en común con Trump, lo mismo que el norteamericano ha logrado aprovechar la brecha cultural que se ha abierto entre las elites metropolitanas y el grueso de la población.
Oponerse a las ideas meritocráticas con argumentos parecidos a los desplegados por Alberto es fácil. En cambio, no lo es en absoluto pensar en una alternativa que sea claramente mejor, o en lo que podría hacerse para impedir que se consolidara la nueva oligarquía prevista por Young sin entregarse al populismo más rudimentario.
Publicado en Diario "Río Negro", viernes 25 de Septiembre del 2020.
sábado, octubre 26, 2019
martes, mayo 28, 2019
Situación social: un locro para gente que vive en la calle. El grupo Ayuda Urbana, de la Iglesia Adventista, enfrenta la cruda realidad que viven varias personas y les presta ayuda.
El grupo Ayuda Urbana, de la Iglesia Adventista, enfrenta la cruda realidad que viven varias personas y les presta ayuda.
sábado, noviembre 24, 2018
La neuquina que creó un parque musical en Tanzania Pato Vela, criada a orillas del Limay en Jardines del Rey y formada en el IUPA en Roca, lo inaugura hoy en Moshi junto al español Jaime y el brasileño Vini. Los tres, junto a los chicos del hogar, hicieron los instrumentos reciclando botellas plásticas y residuos.










