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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, abril 14, 2022

De amistades intelectuales.

 

Por Enrique Fernández García

Caido del Tiempo

Que no me pongan en el mismo rango esas otras amistades convencionales; tengo de ellas tanto conocimiento como cualquiera, y aun de las más perfectas en su género, mas a nadie aconsejo que confunda las reglas de ambas: se equivocaría. 

Montaigne. 

Tengo en mis manos un voluminoso libro, tapa dura, que cuenta con más de 1.600 páginas. Alberga lo escrito por Adolfo Bioy Casares, en sus diarios, sobre Jorge Luis Borges. Se podría decir que es la obra de un colega, cómplice, pero también, tal vez, ante todo, amigo. Es verdad, al revisar su contenido, nos topamos con trascripciones que acreditan la lucidez y el incomparable talento del autor de Ficciones. Se deja igualmente constancia de su memoria, a menudo valorada, con justicia, por quienes lo conocieron. Hay frases ingeniosas que llevan el signo de lo literario. La filosofía, por otro lado, deja sentir su impronta, pues formaba parte de las dichas borgesianas. Leen juntos, traducen, inventan, incluso atacan al prójimo. Las últimas anotaciones son de pesar. Bioy se queja del trato dado a Borges por su esposa, María Kodama. Fuera de los placeres conectados con la literatura, había el afecto personal.

Si bien hubo una significativa diferencia de edad, quince años, la relación entre Borges y Bioy no fue jerárquica. No teníamos al maestro con su cercano discípulo. Sin embargo, como se sabe, tampoco es que una situación así vuelva imposible un vínculo de amistad. Pienso en el magnífico lazo que Julián Marías tuvo con Ortega y Gasset. Este último fue su profesor universitario, destacando como pocos, marcando a estudiantes, colegas, lectores. Mas la relación no se agotó en el campus; colaboraron en varios proyectos culturales. Juntos, impulsados por valiosas inquietudes, fundaron el Instituto de Humanidades. Se trató de una organización que, mediante conferencias, coloquios y cursos, apostaba por invitar a pensar. Para enseñar, se tenía a las universidades. En este sentido, cabe realzar la trascendencia del consabido lazo para su sociedad. 

Aun cuando el aporte a la elevación cultural de los ciudadanos sea importante, las amistades entre intelectuales pueden ser, en ocasiones, apreciadas por otros motivos. Hubo quienes, durante la ocupación nazi de Francia, combinaron plumas con fusiles, resistiendo, luchando para que tal infamia terminara. Me acuerdo de Sartre y Raymond Aron. Pasa que, así como charlaron sobre fenomenología, maravillándose de Husserl, coincidieron en el rechazo a esa situación oprobiosa. Años antes, la Guerra Civil de España llevó a otros intelectuales al combate. Lo hicieron por sus ideales, aunque también concordaban con amigos al respecto. Si el joven Octavio Paz viajó entonces para participar en un encuentro de escritores antifascistas, lo hizo junto con su amigo Carlos Pellicer. A su repudio por el fascismo, ya en ultramar, se sumará la amistad de Alberti, Neruda y otros literatos. 

Pero, como pasa con cualquiera, ese afecto puede terminar. No importa que se trate de grandes pensadores o magistrales novelistas. Sartre, verbigracia, fue alguien que rompió con más de un amigo. Le sucedió con Albert Camus, a quien había estimado mucho; empero, no soportó que, en El hombre rebelde, se cuestionara la justificación del asesinato político. No interesaban las noches de bailes, alcohol, tabaco y abundante literatura; la ideología los separó. El fundador del existencialismo ateo se distanció asimismo de Merleau-Ponty, pese a distintos proyectos que llevaron en conjunto. Por último, ya en lo literario, cierro con una ruptura que incluyó un puñetazo de Mario Vargas Llosa a García Márquez: aunque fueron muy amigos, temas personales provocaron ese final. No hay que divinizarlos; cualquiera puede ceder al impulso de la irracionalidad. 

El autor es escritor, filósofo y abogado.

http://caidodeltiempo.blogspot.com.ar

PUBLICADO EN

https://independent.typepad.com/elindependent/2022/04/de-amistades-intelectuales.html#more

lunes, septiembre 16, 2019

Maradona, un espejo del peronismo por Pablo Sirvén.

Desde hace varios días, los hinchas de Gimnasia y Esgrima de La Plata viven en un peculiar estado de éxtasis que les viene muy bien, al menos como puntapié inicial para que ese club levante el ánimo ahora que cuenta con un poderoso talismán al que se aferra con fe para superar el feo trauma de ser el último de la tabla. Por ahí funciona.
Artífice del cambio trascendental es Diego Armando Maradona, el ídolo de todos los tiempos, flamante director técnico de ese equipo, más como gran motivador, en tanto que Sebastián Méndez, su mano derecha, es el verdadero brazo ejecutor que en el día a día intentará revertir la mala suerte del club platense. Diego aporta magia, no sistema.
Peronismo y Maradona son dispositivos emocionales que funcionan por momentos de manera muy similar, con un blindaje negador y singular que aplican sus multitudes de seguidores: ponen a un lado las múltiples miserias de cada uno y responden con arrobada e incondicional lealtad como si ambos siguieran petrificados en sus momentos culminantes y más gloriosos. Como si esos retratos idílicos se mantuvieran intactos e impecables al día de hoy. Maradona, el genio visceral, un relato melodramático en sí mismo de alto voltaje, encarna una metáfora perfecta del justicialismo. Y viceversa.
Podrá Maradona estar con sobrepeso y caminar, pensar y hablar con dificultad, pero la euforia por su regreso a casa invisibiliza esos "detalles" y lo transfigura en "Diegol" (feliz síntesis del relator deportivo Víctor Hugo Morales), en ese preciso instante en que atraviesa la cancha de punta a punta hasta que la pelota se despega de su pie y se clava en la red del equipo inglés durante el mundial que terminaría ganando la Argentina en México, allá por 1986.
Como en La invención de Morel, la novela de Adolfo Bioy Casares que da cuenta de la misteriosa isla en la que se suceden una y otra vez los mismos episodios, hemos decidido blindar al mejor Maradona en ese flash de gloria absoluta y así lo llevaremos prendido en nuestros corazones para siempre, por mucho que siga deformándose por dentro y por fuera. Ninguna evidencia en contrario nos impedirá seguir viéndolo como aquel superhéroe que nos hace levitar por encima de nuestros respectivos fangos cada vez que lo evocamos. Hinchada e ídolo se cobijan mutuamente y tratan de estirar la ensoñación exaltada por esa ilusión el mayor tiempo posible.
Quien quiera hacer notar ahora las evidentes limitaciones físicas, y tal vez psicológicas, de Maradona será fuertemente repudiado. Ninguno de sus costados sombríos afectará en lo más mínimo el blindaje que una porción importante de la sociedad y del periodismo ha resuelto darle de por vida.
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En medio del naufragio -se llame Gimnasia, se llame la Argentina-, Maradona y, también, el peronismo son esos maderos providenciales a los que muchos se aferran en busca del último resquicio de magia que pueda salvarlos de tantas anunciadas hecatombes.
Con el peronismo pasa algo parecido. Se han cristalizado en la memoria popular las estampas coloreadas de Perón, como padre protector, y de Evita, como hada madrina, que dignificaban el trabajo y sumaban conquistas sociales, un tiempo idealizado que no logran manchar los excesos autoritarios, las violencias armadas de su ultraizquierda y ultraderecha, los repetidos episodios de corrupción, la fábrica de pobres en que el PJ convirtió al conurbano y a algunas provincias, y la resignación a otorgar planes limosna en lugar de restañar en serio las bases de aquel paradigma del peronismo original que fundaba su piedra filosofal en el trabajo genuino para todos. Cuando este año el justicialismo logró unificarse en una propuesta electoral, el votante muy golpeado en su bolsillo prefirió creer que aquel paradigma de antaño sigue vigente por más que haya claudicado ya hace varias décadas y se inclina, sin dudar, hacia allí, a falta de alternativas más potables.
Mitos, leyendas, religiosidad, improntas mágicas, o como se las quiera llamar, pueden ser inspiradoras por un breve tiempo para arrancar con pie firme una nueva y difícil misión. Como la que tiene por delante Diego Maradona, desde hoy mismo, a las 11 de la mañana, cuando Gimnasia enfrente a Racing (y a continuación vendrán Talleres y River, otros desafíos complicados). ¿Alcanzará la leyenda por sí sola para que cambie la suerte de sus jugadores? ¿Es factible que esa alquimia afortunada pueda sostenerse en el tiempo si no se le suma pronto un programa coherente y sistemático?
Idénticas preguntas valen para el peronismo, que en su nuevo capítulo "albertista" parece aferrarse al mismo talismán que eligió el gobierno actual: denostar a quien pretende reemplazar, casi como discurso exclusivo. Más allá de generalidades y de reiterar que gestionará como lo hizo en 2003 con Néstor Kirchner, como si fueran a repetirse las mismas condiciones de entonces, muy poco se sabe del programa concreto que pondría en marcha para superar las graves inconsistencias económicas que heredará, de ser efectivamente elegido.
"En la cancha se verán los pingos", dice un remanido dicho. Vale tanto para Maradona como para Alberto Fernández.
Publicado en Diario "La Nación", 15 de Septiembre de 2019.

miércoles, mayo 03, 2017

3 de mayo de 1930: nacía en Buenos Aires el prestigioso poeta argentino Juan Gelman.

El 3 de mayo de 1930 nacía en Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo, el prestigioso poeta argentino Juan Gelman.
Nació el 3 de mayo de 1930 en Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo. 
Hijo de inmigrantes judíos ucranianos, José Gelman y Paulina Burichson. 
Su padre, José Gelman, había participado de la revolución rusa de 1905.
Aún adolesciente ingresó a la Federación Juvenil Comunista de Argentina.
Escritor desde su niñez, se desempeñó como periodista, traductor y militante en organizaciones guerrilleras. Exiliado durante la dictadura militar iniciada en 1976, retornó a la Argentina en 1988 aunque se radicó en México.
Durante su ausencia de la Argentina llega a estar condenado a muerte por la dictadura argentina. Buena parte de su vida y obra literaria se vieron signadas por el secuestro y desaparición de sus hijos y la búsqueda de su nieta nacida en cautiverio.
Su obra, junto con la de Mario Benedetti y la de Oliverio Girondo, formó parte del guión de la película El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela.
Fue el cuarto argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes, luego de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares.

Falleció el 14 de enero 2014 en Ciudad de México.

jueves, septiembre 22, 2016

Daniel Balmaceda: “El dulce de leche no es un invento argentino”. "La comida en la historia argentina" es un libro que cuenta qué se comía en los comienzos de nuestra historia, además de dar a conocer el paladar de figuras como San Martín, Sarmiento, Borges, Victoria Ocampo o Leguisamo, entre otros.


El historiador Daniel Balmanceda acaba de publicar "La comida en la historia argentina", un libro que cuenta qué se comía en los comienzos de nuestra historia, además de dar a conocer el paladar de figuras como San Martín, Sarmiento, Borges, Victoria Ocampo o Leguisamo, entre otros.

A San Martín le gustaba el helado y por las tardes salía a pasear por la Alameda de la ciudad de Mendoza con su hija Remedios; a Sarmiento le decían "come pasto"; cuál es la verdad de la milanesa; quién creó el revuelto gramajo; o la contienda entre Santa Fe y Córdoba por fabricar el alfajor más sabroso, son algunos de los datos peculiares que Balmaceda brinda en su texto, editado por Sudamericana.

El dato que deja a más de un lector con la boca abierta es el del dulce de leche. El mito cuenta que Juan Lavalle se entrevistó con Juan Manuel de Rosas en la estancia "El Pino" de Cañuelas. La cocinera estaba preparando lechada (leche de vaca con azúcar, al fuego para agregar al mate) y por una distracción la mezcla se empastó. Sin querer inventó el dulce de leche el 24 de junio de 1829, en horas de la siesta.

- Télam: ¿Cómo surgió la investigación que derriba el mito de que el dulce de leche no es argentino?
- Balmaceda: En general todo este tipo de información se encuentra en correspondencias, diarios íntimos y documentos de la época. Sobre el dulce de leche, había pistas a lo largo de los años, primero surgió una historia que involucra a la escritora Victoria Ocampo, quien quiso impresionar al director de orquesta ruso Igor Stravinsky y le ofreció nuestros dulce, pero él le dijo que eso se llamaba Kajmak, "es una comida de nuestra tierra". Luego encontré una correspondencia de Tomás Anchonera, el diputado del Congreso de Tucumán, que en 1814 le pedía a un amigo cordobés que le enviara dulce de leche, cuando se supone que la Argentina se inventó en 1829; o sea que 15 años antes, por lo menos, ya se pedía dulce de leche. 

- T: Tenías un dato y tuviste que ir a tiempos pasados e hilaste un montón de historias sobre ese producto.
- B: Siempre es una investigación hacia atrás cuando tratás de confirmar una historia o derribar un mito, porque la idea es encontrar la fuente. Por ejemplo, la historia del dulce de leche que nació en Cañuelas no se menciona antes de fines de la década de 1930. Nadie antes había hablado, habían pasado más de 100 años y a nadie se le había ocurrido plantearse el tema. Hay otra historia más acá en el tiempo. La empresa La Martona, fundada por el abuelo de Adolfo Bioy Casares, contrató a su nieto y a su amigo Borges para hacer lo que hoy sería una campaña de marketing del yogurt. Lo que me pregunto es sino habrán tenido algo que ver, estos dos señores, con ese asunto (de hacernos creer a todos que el dulce de leche es argentino), aunque no tengo ninguna prueba al respecto. Lo cierto es que uno descubre que el dulce se comía en el sudeste asiático en la antigüedad, y que de allí pasó a Filipinas y por el Pacífico a Acapulco. Pareciera que fuimos los últimos en comer dulce de leche.

- T: ¿Algunas de estas investigaciones te sorprendió?
- B: Sí, la historia del queso y dulce, postre preferido de Borges. La argentina se divide entre el dulce de batata y el de membrillo. Soy 'batatero', pero supe que el postre original fue el queso tipo Mar del Plata con dulce de membrillo, porque la elaboración es mucho más sencilla y porque se vendía a lo largo del país. Llegó a tener el título de "Postre nacional". El postre "Vigilante" tiene su mito, y se remonta a 1920 cuando decían que un restaurante lo preparaban para los vigilantes de una comisaría cercana. Pero se le dio ese nombre mucho antes. El postre valía 20 centavos o "20 guitas", o sea hasta el magro sueldo de un vigilante lo podía afrontar.

- T: ¿Preparaste algunas de las recetas que describís en tu libro?
- B: Ensayamos algunas. Las más antiguas traen el problema de que hay que conseguir los mismos ingredientes que se usaban en otros tiempos. De todas las que hicimos creo que fue la empanada santiagueña -con indicaciones de doña Petrona C. de Gandulfo- la que salió fantásticamente.

- T: ¿Qué prócer tu hubiera gustado ser, a través de las comidas que ellos elegían?
- B: Me gusta el estilo de Sarmiento. Es parecido porque no lo podemos llamar un gourmet, pero sí un excelente y exquisito consumidor. Sarmiento era el que tiraba el pan adentro de la olla, el que moría por la crema de vainilla, o promovía el consumo de verduras y lechuga, por eso se ganó el mote de "come pasto", en una época en que a nadie se le ocurría comer tanto verde. También era fanático de las empanadas que chorreaban y por otra parte también hay que tener en cuenta que viajó por todo el mundo, conoció muchas cocinas y le interesó el tema de la comida, así que es probable que yo lo hubiese seguido en esa época.

- T: No solo de comida nacional hablás en tu texto. También contás el nacimiento del chivito uruguayo...
- B: Sí. El chivito se consumía al asador en zonas con montaña. Una mendocina viajó a Punta del Este y como llegó muy tarde por la noche, pidió en el restaurante "El mejillón", el único que estaba abierto las 24 horas, un chivito. El dueño le dijo que le prepararía un chivito uruguayo -claramente, porque no tenía el preciado animal- y en el sándwich le agregó un porción de carne que hoy es como una marca del país.

- T: Te ayuda toda tu familia a buscar datos. ¿Cómo es trabajar la historia en familia?
- B: Mis hijos, quienes rondan los 20 años, junto a mi mujer, son los primero enterados de los próximos temas de un libro. Así que me ayudan a juntar material, en este caso guardaron todo lo que estaba relacionado con la comida. Visitan bibliotecas, y si bien nadie tiene el mismo entusiasmo que tengo yo por buscar entre viejos papeles, lo hacen aportando otra mirada. Ellos marcan el contraste muy necesario porque lo que busco es escribir sobre todo para los más jóvenes, para que se sientan cómodos con la lectura y para que les dé agrado la historia.

Publicado en http://www.telam.com.ar/ 21 de septiembre de 2016. Cuadro de imágenes: BLOG DE LA PATAGONIA.

viernes, mayo 22, 2015

Juan José Castelli: La Revolución es un sueño eterno.

Juan José Antonio Castelli nacido en Buenos Aires el 19 de julio de 1764.
De Castelli el escritor Eduardo Galeano escribió “..eran dos: una pluma y una voz. Un Robespierre que escribía, Mariano Moreno, y otro que hablaba. Todos son perversos, decía un comandante español, pero Castelli y Moreno son perversísimos. Juan José Castelli, el gran orador, está preso en Buenos Aires.
Usurpada por los conservadores, la revolución sacrifica a los revolucionarios. Se descargan las acusaciones: Castelli es mujeriego, borrachín, timbero y profanador de iglesias. El prisionero, agitador de indios, justiciero de pobres, vocero de la causa americana, no puede defenderse. Un cáncer le ha atacado. Es preciso amputarle la lengua.
La revolución queda muda en Buenos Aires”.
Juan José Castelli fue un abogado y político de las Provincias Unidas del Río de la Plata  fue conocido como “el Orador de Mayo” por su enérgico apoyo a la triunfante Revolución de Mayo de 1810 de la que surgió la Primera Junta de gobierno que integró como uno de sus seis vocales.
"Es que la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente.
El pueblo -lo que ahora llamamos pueblo-, no tuvo intervención en ello: ni conocía el complot, ni convenía que lo conociera. El pueblo nunca es motor, sino movido y siempre marcha disgregado, buscando instintivamente la gran personalidad que lo guíe...”  Fragmento del libro Año X de Hugo Wast.
Una de las primeras medidas de Castelli en la Junta fue la expulsión de Cisneros y los oidores de la Real Audiencia de Buenos Aires.
Juan José Castelli fue el primero de los ocho hijos del médico veneciano Ángel Castelli Salomón y Josefa Villarino, a través de la cual estaba emparentado con Gral. Manuel Belgrano (un grande de Nuestra América era Belgrano:"Gloria eterna para Manuel Belgrano"), de quien era  su primo.
Castelli cursó sus primeros estudios con los jesuitas en el Real Colegio de San Carlos, lo cual sentó las bases de sus posteriores estudios religiosos. Decidido a seguir la carrera de Derecho, fue a la Universidad de Chuquisaca, en el Alto Perú, y obtuvo la licenciatura en 1788. Fue nombrado secretario interino del Consulado de Comercio y designado Regidor del Cabildo.
Fue también el representante enviado por la Junta tras la derrota de la Contrarrevolución de Córdoba para supervisar el fusilamiento del exvirrey Santiago de Liniers (estuvo acompañado por Domingo French) y ponerse al frente del Ejército del Norte en la Primera expedición auxiliadora al Alto Perú.
Decía Castelli:  “Ciudadanos, militares, amigos, hermanos y compañeros: La virtud y el heroísmo no pueden quedar sin premio, así como no pueden quedar impunes los crímenes. Mi gloria es partida con vosotros, por vida de la Patria y exterminio de nuestros rivales, impenitentes, endurecidos y envidiosos”.
Ésta culminó con su derrota por los realistas en la batalla de Huaqui, tras la cual regresó a Buenos Aires donde el Primer Triunvirato le inició un juicio que nunca finalizó, ya que falleció durante su tramitación debido a un cáncer de lengua.
En 1794 se casó con María Rosa Lynch y tuvieron como hijos a Ángela, Pedro (el futuro coronel), Luciano, Alejandro, Francisco José y Juana.
Decía Juan José Castelli: "Aquí no hay conquistados ni conquistadores, aquí no hay sino españoles. Los españoles de España han perdido su tierra. Los españoles de América tratan de salvar la suya. Los americanos sabemos lo que queremos y adónde vamos. Yo propongo que se subrogue otra autoridad a la del virrey que dependerá de la metrópoli si ésta se salva y que será independiente si España queda subyugada”.
Falleció el 12 de octubre ("el día de la raza" ¡oh!) de 1812 de un cáncer de legua momentos antes de su deceso pidió papel y lápiz, y escribió "Si ves al futuro, dile que no venga"...
Tuvo un pequeño y modesto entierro en la iglesia de San Ignacio, en la ciudad de Buenos Aires, sin honras oficiales. 

Andres Rivera, seudónimo de Marcos Ribak, escribió en su novela “La Revolución es un sueño eterno”: “… un tumor me pudre la lengua. Y el tumor que la pudre me asesina con la perversa lentitud de un verdugo de pesadilla.
¿Yo escribí eso, aquí, en Buenos Aires, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche? Escribí: mi lengua se pudre. ¿Yo escribí eso, hoy, un día de junio, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche?

Y ahora escribo: me llamaron –¿importa cuándo?– el orador de la Revolución. Escribo: una risa larga y trastornada se enrosca en el vientre de quien fue llamado el orador de la Revolución. Escribo: mi boca no ríe. La podredumbre prohíbe, a mi boca, la risa”. 

lunes, septiembre 15, 2014

15 DE SEPTIEMBRE DE 1914: NACÍA EL ESCRITOR ADOLFO BIOY CASARES - CENTENARIO DEL NATALICIO DE BIOY CASARES.

Se cumple hoy 100° años del nacimiento de Adolfo Bioy Casares.
“La vida es una partida de ajedrez y nunca sabe uno a ciencia cierta cuándo está ganando o perdiendo” pensaba Adolfo Bioy Casares.

Hoy 15 de septiembre se conmemora los 100° años del natalicio de uno de los escritores más importantes de la literatura argentina que es un referente del género fantástico que junto a  Jorge Luis Borges y Julio Cortázar se los considera como grandes figuras de este género literario.
Adolfo Bioy Casares fue hijo único del matrimonio de Adolfo Bioy Domecq y Marta Ignacia Casares Lynch criado en el barrio de Recoleta que estaba tradicionalmente habitado por familias patricias o de clase alta, y donde residiría la mayor parte de su vida.
Cursó parte de sus estudios secundarios en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza de la Universidad de Buenos Aires. Luego, comenzó y dejó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras se retiró a una estancia —posesión de su familia— donde se dedicaba casi exclusivamente a la lectura.
Bioy Casares es considerado uno de los escritores más importantes de la literatura en español y recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Premio Miguel de Cervantes, ambos en 1990.
En 1932 conoce a Jorge Luis Borges en Villa Ocampo, la casa de Victoria Ocampo ubicada en las barrancas de San Isidro, donde la escritora solía recibir a figuras internacionales de la cultura y organizar reuniones culturales.
En 1940, Bioy Casares se casa con Silvina Ocampo, hermana de Victoria, también escritora y pintora.
Entre sus libros más conocidos están las novelas La invención de Morel (1940) inicia una renovación del género fantástico en la literatura de su país, El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al sol (1973) y Aventuras de un fotógrafo en La Plata (1985).
El Diccionario del Argentino Exquisito (1971), es una entretenida obra de Adolfo Bioy Casares  con una vena satírica que registra palabras y giros para hacerse el exquisito.
“Al igual que Borges, Bioy fue antiperonista. Durante los años del peronismo sólo publicaría una novela en colaboración con Silvina Ocampo, Los que aman, odian (1946), y una colección de relatos, La trama celeste (1948). Por esos años también escribió un cuento en colaboración con Borges, "La fiesta del monstruo", en el que hacen una grotesca parodia de un obrero peronista que funciona como una crítica al gobierno, de la misma manera que El matadero de Esteban Echeverría era una parodia y una crítica a los seguidores y la figura de Juan Manuel de Rosas”(Wikipedia).

Falleció el 8 de marzo de 1999, a los 84 años.

domingo, abril 20, 2014

Linchamientos en la literatura argentina por José Pablo Feinmann.

José Pablo Feinmann.
Como la literatura, en sus orígenes, la escriben los cultos, las víctimas son ellos. Ningún culto, en el siglo XIX, escribirá el sacrificio de un pobre, de un bárbaro, ya que los cultos no son de linchar. Los cultos vienen a traer al país lo contrario de esa práctica deleznable. Los cultos tienen su espacio en la ciudad y la ciudad es el esprit de finesse, el lugar de los buenos modales, de la vida civilizada. El unitario de “El Matadero” se da de boca con su tragedia porque, precisamente, ha equivocado su camino. Tenía que ir a la ciudad, ese lugar al que él pertenece, en que es respetado, en que nada puede pasarle, y equivoca sus pasos. La historia de Echeverría es la historia de un extravío, pero no de los habituales sentidos con que esta palabra se usa. Se sabe que un extraviado puede ser un loco. Para no abundar en ejemplos, digamos: un hombre que ha perdido el camino de la razón. Así le sucede al unitario. Si bien, en una primera lectura, su extravío es territorial: equivoca su camino y termina en los parajes del matadero y no en los de la ciudad, en ese mismo extravío sale de la razón y entra en la barbarie.
Echeverría narra con mucho detalle el padecimiento del joven, la humillación a la que es sometido, su orgullo que nunca cede, la alegría de la “chusma”, la sangre que se derrama en ese matadero que no sólo es de bestias sino de seres humanos también, con algún propósito. Queda claro luego de leer el cuento que la “barbarie rosina” es ajena a la conciencia moral civilizada. Una de las preguntas que deja pendiente este cuento (que es muy bueno y cumple con todos sus objetivos sin escapar de la literatura) es qué se hará con esta gente el día que triunfen los que son lo Otro de ellos. Porque, en el planteo echeverriano, no hay alternativas, ni conciliación posibles. Ese antagonismo feroz no es dialéctico. Como no es dialéctica la contradicción civilización-barbarie, no hay una superación. No existe el aufheben (superar-conservando) hegeliano que permitiría llegar a una síntesis superior conciliadora que contuviera a los dos elementos antagónicos superándolos. Todo está pensado en términos de guerra. ¿Cómo contener, encauzar todo este odio? El bárbaro es el Otro absoluto del unitario. El unitario es el Otro absoluto del bárbaro. Así seguimos aún. Los que toman-un-café-en-Tolón son el Otro absoluto del que delinque o del sospechoso de hacerlo y siempre del que tiene “cara de chorro”. Hoy se mata por la cara. Se odia la cara morocha del llamado “negro de mierda”. Este personaje, que encarna la “negritud”, es el Otro de los ciudadanos de Tolón.
La semilla que plantó Echeverría sigue viva. No lo vamos a culpar, a enviar al infierno de los culpables de nuestra historia, nada de eso. El tenía sus motivos. Seguramente el episodio que narró es cierto. Pudo ocurrir en muchos ámbitos de la Confederación de Don Juan Manuel. No perdamos tiempo: matar, mataron todos. Tampoco vamos a entrar en estadísticas. Aunque nadie ignora quién ganó la guerra civil y (también se sabe) una guerra la gana el que más gente le mata al enemigo. Y el que menos consideraciones humanitarias tiene con él. De aquí que los revisionistas que siempre han exaltado la honorabilidad de Angel Vicente Peñaloza cuando, en el Tratado de las Banderitas, devuelve sus prisioneros con vida y pide los suyos a los porteños, quienes no los tienen porque los pasaron por las armas, deberán comprender por qué los porteños ganaron la guerra. Porque no tenían consideraciones de humanidad. El honorable Chacho era un hombre bueno. Pero los hombres buenos no sirven –en general y casi siempre– para la guerra.
Cuando Chacho les dice a los hombres de Mitre, ¿no éramos nosotros los bárbaros? ¿No eran ustedes los civilizados? ¿Dónde están entonces nuestros prisioneros? ¿Es posible imaginar que los han matado? Sí, los mataron a todos. Porque los hombres de Mitre representan un capitalismo neocolonial que hará un país terriblemente injusto y subalterno. Pero Angel Vicente Peñaloza representa un orden aún campesino, aún agrario y precapitalista. El filósofo agrario Martin Heidegger elegiría a Peñaloza, en caso de poder acercársele, olerlo. Diría que es el enemigo de esa modernidad que olvidó al ser y se entregó a la conquista de lo ente. Diría que el Chacho es la tierra, que no busca arrasarla, tecnificarla. Que no es hijo de la técnica, sino que, naturalmente, sólo por su condición de campesino, está más abierto al ser. Karl Marx diría que todas esas son pavadas reaccionarias. Que el progreso es el avance del capitalismo. Y ese progreso, con todas sus atrocidades, lo representa, en la Argentina, Mitre y Buenos Aires; así como en México Estados Unidos, potencia capitalista, representa el progreso ante los hombres de Santa Ana, pues EE.UU. penetrará en esas tierras con todo su vigor histórico, acabará con el feudalismo y surgirá de esa dialéctica espléndida el proletariado y su revolución liberacionista, la sociedad sin clases.
Los textos que siguen salen siempre de plumas cultas. La refalosa, de Hilario Ascasubi, poeta unitario, feroz enemigo de Rosas, es desagradable y exagerado. La exageración de estos textos es temible porque implica una advertencia: esto que Uds. hoy nos hacen a nosotros mañana se lo haremos a Uds. tres veces peor, lo menos. Importa señalar que, si bien hay sin duda un valor de verdad en lo narrado, el odio lo ha exasperado hasta el límite. El odio de las clases dirigentes argentinas suele ser inexplicable para muchos. Aun para ellas mismas. Por ejemplo, Adolfo Bioy Casares, comentando “La fiesta del Monstruo”, del que algo renegaba, decía: “El cuento está lleno de odio. Estábamos llenos de odio bajo el peronismo”. Tiene su explicación. Lo que no se tolera es que se le discuta algo que considera propio por historia y linaje. La clase media se suma a esto y quiere sentirse tan dueña del país como los dueños de la tierra. Habrá que entender que, aquí y en cualquier parte, para un burgués tener los odios de la oligarquía es sacar patente de distinción, de clase. “Yo odio lo que ellos odian, yo pertenezco a lo que ellos pertenecen. Somos iguales.” Para los días de hoy el siguiente ejemplo es perfecto. El burgués mediocre, de vida gris, de pronto descubre al inmigrante. Lo insulta y dice a todos: “Nos vienen a robar Argentina”. De ser nada súbitamente él es Argentina. Cualquier argentino que dice que un peruano le viene a robar el país se siente, de golpe, dueño de la Argentina. La gente necesita odiar. La oligarquía –por naturaleza– desprecia y por hábito (ante cualquiera que la contradiga con cierto grado de seriedad) odia. Bioy lo dice con abierta sinceridad: él y Borges estaban llenos de odio durante el peronismo. También –en los señorones de la oligarquía– está el asco que les produce que les solivianten a las masas. Sin embargo, aguantaron una década de grasada menemista sin chistar. Porque la juntaban con pala. El bolsillo manda.
Con los escritores de la burguesía que toman –desde su originaria libertad– partido por el proletariado empiezan a aparecer algunos textos en que los castigados son los poseedores. No sabría decir si “Casa tomada” de Cortázar es uno de ellos. El autor no había tomado partido por casi nada cuando lo escribió. Más claro –o demasiado claro– resulta “Cabecita negra” de Rozenmacher, que cita “Casa tomada” como antecedente de su texto, como si el mismo viniera a resignificar al de Cortázar. Aquí el agredido es un señor de clase media en ascenso y los que castigan un policía y una prostituta, si es que eso son. Se trata de un texto de 1961, se convirtió en un best seller y fue acremente reseñado por la revista Sur, que lo consideró peronista. Peronista o no, Rozenmacher nunca lo fue, aunque murió, desdichadamente, muy joven y muy absurdamente, el cuento toma partido por los morochos (o los cabecitas negras) y trata con desdén al protagonista, al que no deja de llamar “señor Lanari”, como hacen los malos polemistas con sus rivales. Importa su texto final porque refleja el odio de ese señor de clase media que ha sido injuriado por dos “negros de mierda”, según el eterno vocabulario clasemediero. “La chusma”, dijo para tranquilizarse, “hay que aplastarlos, aplastarlos (...) La fuerza pública (...) tenemos toda la fuerza pública y el ejército”. Sintió que odiaba... Y Rozenmacher, según los tiempos, termina con unas líneas amenazantes para los poseedores y esperanzadas para los negros: “Y de pronto el señor Lanari supo que desde entonces jamás estaría seguro de nada”. Más exactamente: las clases bajas y todos los que unieron su praxis política e ideológica a ese destino, lejos de estar tranquilos, sufrieron las salvajes persecuciones de las fuerzas que el señor Lanari invocaba para vivir tranquilo.
El texto que con mayor impiedad exhibe el padecimiento del proletario ante los niños de la oligarquía es “El niño proletario” de Osvaldo Lamborghini. Es posible, a causa de esa impiedad, que sea el más actual de todos. Lamborghini es un escritor difícil de leer. Puedo compartir las afirmaciones que Germán García ha hecho sobre el autor: “Burgués asustado”, etc. Pero, como él, no me quedo tranquilo. Siempre siento que he sido injusto. Que Lamborghini es más que un escritor que quiere horrorizar a sus lectores de clase media, ya que no hay otros. De todos modos, “El niño proletario”, si bien narra el padecimiento extremo de ese personaje, es precisamente, casi imposible de leer. Sobre todo por los propios proletarios. Hice la prueba, lo juro. Y siempre terminaron puteándome. Y que les leyera otra cosa, qué joder. Ignoro si “El Matadero” provocó en su tiempo lo que texto de Lamborghini provoca hoy. Llevamos cuarenta años de su aparición y aún es ilegible para los lectores masivos. Para los que, de todos modos, no lo escribió Lamborghini. ¿Es un gran cuento? Creo que no. Es valioso, sin duda. Pero es una explosión de los conflictos internos del autor. Que los haya unido a los del proletariado es un hallazgo excepcional. Paco Jaumandreu, en el film Eva Perón, le dice a ella, que se muere de cáncer en pocos días: “Señora, en este país de machos, ser pobre, ser puto y ser Eva Perón es la misma cosa” (Eva Perón, film dirigido por Juan Carlos Desanzo protagonizado por Esther Goris y con guión mío). El texto que he citado encabeza los panfletos o textos de la agrupación Putos Peronistas, que, dicen, se llaman así, porque “gay es de garcas”.
Publicado en Diario "Página/12"
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-244486-2014-04-20.html
Imagen: internet.

sábado, julio 20, 2013

Nuevo diccionario del argentino exquisito por Hernan Lacunza // Club Politico Argentino.



En su Diccionario del argentino exquisito (1971), Adolfo Bioy Casares satiriza el uso de lenguaje deliberadamente complejo, que en el prólogo atribuye a cierto arquetipo local de “políticos y gobernantes… en un acto de premeditación a manera de baratijas para someter a los indios, porque el embaucador desprecia al embaucado”. Aunque sin pretensiones literarias, puede confeccionarse el diccionario económico argentino contemporáneo:
◆ Responsabilidad fiscal: en el mundo, no gastar todo el tiempo más de lo que ingresa. En la Argentina, véase “ajuste”.
◆ Ajuste: argentinismo contemporáneo, descalificativo instantáneo de cualquier propuesta tendiente a moderar el gasto público y la emisión monetaria a un ritmo inferior al 30% anual, aunque las señales de alarma (inflación, déficit fiscal, riesgo país, estancamiento, dólar paralelo, reservas) dominen el tablero. Acompáñese del adjetivo “feroz” o “neoliberal” para sumar dramatismo.
◆ Keynesianismo: en el mundo, usar herramientas convencionales de política económica (gasto público, alícuotas impositivas, tasa de interés, emisión monetaria) con fines contracíclicos. Aquí, expediente para gastar todo lo que tengo en años pares (no electorales) y lo que no tengo en años impares (electorales).
◆ Financiamiento interno: mundialmente, colocar deuda voluntaria entre los residentes. Aquí, apropiarse compulsivamente de cajas públicas (Banco Central) o privadas (AFJP) para financiar el exceso de gasto ante la carencia de crédito voluntario, pateando hacia adelante los riesgos de descapitalización del Central o del fondo de las jubilaciones (a cuenta de los tenedores de pesos y de los futuros jubilados).
◆ Soberanía monetaria: en el resto de los países, preservar el valor de la moneda con inflación baja, a fin de que el dinero local cumpla sus funciones de reserva de valor, instrumento de pago y unidad de cuenta. En la versión local, expediente para eliminar los límites de financiamiento del BCRA al Gobierno, tanto en moneda local (“maquinita”) como extranjera (reservas), bajo eufemismos referidos a objetivos de empleo y desarrollo con equidad.
◆ Soberanía hidrocarburífera: en Argentina, expediente para expropiar sin cargo y sin indemnización una compañía petrolera en caso de déficit energético, luego de haber consentido una subinversión persistente y distribución extraordinaria de utilidades, bajo un marco regulatorio que mantiene tarifas inferiores a los costos y subsidios insostenibles. En el mundo, sugiérese no abusar del término “soberanía”.
◆ Desendeudamiento: en otras latitudes, cancelar deudas. En la Argentina, cambiar de acreedor. Por ejemplo, pagar a bonistas externos con reservas que se compraron emitiendo pesos (deuda) a residentes (eventualmente, licuándolos luego mediante inflación/devaluación), o con fondos destinados a pagar las futuras jubilaciones.
Bicentenario: en la Argentina, recurso ornamental destinado a embellecer cualquier iniciativa destinada a apropiarse de recursos públicos sin argumentos convincentes. Ejemplo: “Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario” para dar créditos a tasas subsidiadas, “Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad” para disponer de las reservas sin restricciones ni control parlamentario (diría Bioy: “Desconfíe el ciudadano de rótulos rimbombantes, como indio de las baratijas”). En el exterior, segundo centenario.
◆ Dolarización: tanto en Suecia como en Vietnam, aumento de la proporción de activos en moneda extranjera en la cartera de inversiones, usualmente asociada a percepciones de atraso cambiario. En relato vernáculo, comportamiento atribuible a una pauta cultural extranjerizante alentada por fuerzas destituyentes (que se habría tomado vacaciones hasta 2007) y que nada tiene que ver con la inflación que atrasa el tipo de cambio. Combátase con “pesificación compulsiva” inundando la plaza, a menos que la persistente caída de reservas sugiera pegar un volantazo y “redolarizar” (incluso lo que antes estaba pesificado) vía blanqueo a evasores.
◆ Inflación: en manuales de Economía, aumento persistente y generalizado de los precios, frecuentemente asociado a exceso de emisión para financiar el déficit fiscal. En la Argentina, ficción atribuible a fuerzas conspirativas arraigadas en mercados oligopólicos (que no existirían en el 98% de los países del mundo, que no tienen inflación). Textual de Bioy en su Diccionario: “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que subestima la estupidez”.
◆ Exteriorización de activos: en el mundo, blanqueo. Indulto tributario extraordinario para contribuyentes morosos, usualmente aplicado luego de recesiones agudas o de amenazas confiscatorias sobre los ahorros. Aquí, eufemismo que habilita condonar deuda y endeudarse con evasores ante el agotamiento de las cajas internas. No importa si la frecuencia cuatrienal resultara lesiva de la cultura tributaria, ni tampoco si contradijera banderas emblemáticas: pesificación o desendeudamiento.
◆ Cedin: definido en legislación vernácula como instrumento para canalizar recursos ociosos hacia la inversión inmobiliaria. En el manual monetario internacional, cuasimoneda convertible para superar desconfianza en peso no convertible por abuso de emisión sin respaldo. Antónimo de patacón: cuasi-moneda no convertible para compensar rigidez de peso convertible.
◆ Inconsistencia con capacidad contributiva: eufemismo local para inhibir la compra de dólares e interferir en las libertades de asignación del ahorro (en moneda local o extranjera) o consumo (bienes importados o nacionales, turismo interno o externo) de ciudadanos que podrían elegir ahorrar o reventarlos en un “fin de semana loco” en Ibiza o en Paysandú. En el resto del mundo, que no le cierren las cuentas.
◆ Crisis internacional: en el exterior, fase más aguda de una depresión económica, con merma de producción y caída generalizada del valor de los activos. Aquí, excusa perfecta que conviene tener a mano para justificar los parches asociados a la estanflación local (estancamiento con inflación), aun cuando habría que presumir una puntería asombrosa si no afectara a las economías vecinas.
◆ Crisis: aquí, término reservado a combinaciones explosivas de devaluación, default, corralito, hiperdesempleo (2001-2002) o hiperinflación (1989-1990). Resto del mundo: trenes que chocan y ciudades que se inundan luego de diez años de crecimiento, cepo cambiario por escasez de divisas con términos de intercambio récord, inflación que sextuplica el promedio internacional, déficit fiscal, presión tributaria récord, 25% de la población en pobreza.
Bioy saborea en su libro más de cuatrocientas exquisiteces. Este breve glosario, en cambio, a lo mejor sirve para entender por qué a los argentinos se nos aparecen fantasmas de todos los colores cuando oímos hablar del blue. En gran parte del mundo, sólo significa azul.

http://www.perfil.com/contenidos/2013/07/12/noticia_0051.html

viernes, julio 19, 2013

DICCIONARIO DEL ARGENTINO EXQUISITO - ADOLFO BIOY CASARES.

El Diccionario del Argentino Exquisito es una entretenida obra de Adolfo Bioy Casares  con una vena satírica que registra palabras y giros para hacerse el exquisito. Escrito en los años ´70.
Son una suma de excesos verborrágicos. Muchas de estas palabras son de uso común hoy en día.
Veamos algunos términos:  “compatibilizar” dice: “ay negrito, la realidad no se compatibiliza con mis sueños”
Y “conflictual”: “La situación del entenado suele ser conflictual”.
Consejos: Para locutores de radio y televisión, avisos. “Ahora, unos consejos: Cigarrillos, Barrilete, de humareda en firulete.”
¿Qué significa “pasionismo”? al respecto asevera que es “un tema muy nuestro, como es el tango-canción, enfocado sin falsos pasionismos.”  
Palabras como “impactación”. Impactación ¿y eso que significa?
Impactación “Como se lo dijeron, registró menor impactación que si lo hubiera visto. Qué le vamos a hacer” (Desimone, Procesos psicológicos de nuestra vida diaria.)  y que se dice cuándo se dice Incompatibilizar “Al asumir esta actitud no tengo motivaciones particulares ni políticas. Me obliga el clima existente de que incompatibiliza mi presencia con la del señor Fontomas.” (Texto de la renuncia de un funcionario.) y sobre la palabra “brasileño” dice: “El argentino, que siempre había dicho brasilero, de un día para otro dijo brasileño. Ese día no fue para mucho.
En mi juventud decíamos brasilero, sin dejarnos convencer, aparentemente, por los cafés La Brasileña, que abundaban en nuestra ciudad. Digo aparentemente, porque en definitiva el cafetero purista salió con la suya.”  “sobredimensionamiento” : Úsase más en plural. “Sin incidir en la balanza de pagos ni provocar sobredimensionamientos.” o “supermercadistas” que hace referencia a los dueños de los supermercados.
Otros seleccionados: “agendar”: anotar algo en la agenda; “Agente”:  empleado o empleado público;  “ajuste”: modificación, mejor dicho aumento, de tarifas, de impuestos de precios.
Comentario de este sitio: en la Argentina venimos de “ajuste en ajuste” .
Más palabras: “absolutización”: acción y efecto de absolutizar. Verbo todavía inexistente; “acuciante”: epíteto generalmente empleado para embellecer la palabra realidad; “adherir”: usado sin el pronombre reflexivo adquiere cierto empaque decididamente exquisito; “arteria”: calle. Exquisitez ya aceptada; “análisis”: entre entendidos, psicoanálisis. Para emplear la palabra en su acepción anticuada de examen, añádase el epíteto "exhaustivo", que la actualiza; “anoticiamiento”: acción y efecto de anoticiarse. Exquisitez de tono vulgar.; “dialogar”: úsase en lugar de las formas anticuadas conversar, discutir, reñir; “disenso”: desacuerdo, finamente; “eficientización” : proceso por el que se mejora la eficacia de una empresa, de una institución, etcétera; “elaborar”: pensarlo bien; “encargado de casa de renta”: portero; “ende, por”: por tanto. Exquisitez módica; “ente”: oficina pública, comisión “errático”: exquisitamente puede significar erróneo, errado o -por qué no- errático; “esférico”: pelota; “evento”: acontecimiento, suceso, espectáculo imprevisto o previsto; “figurón”: dícese de quien tiene más renombre que méritos; “receptar”: recibir; “reestructuración”: actividad propia de todo nuevo gobierno; “relevante”: palabra que embelesa al exquisito. Pertinente. Importante; “sureño”: del sur, surero. “tema”: asunto o cuestión; “tipo”: muletilla de círculos exclusivos, que sirve para identificarse y que viste mucho. Podría traducirse por “como si dijéramos”, “a eso de las”, “Me tomo una aspirina, me pongo tipo bolsa de agua caliente y chau.” “Te llamo es noche, tipo las nueve.”; “titular de cartera”: ministro.

Se tomó como referencia el libro de Adolfo Bioy Casares “Diccionario del Argentino Exquisito Nueva Versión”, Emecé Editores, 1992

domingo, marzo 10, 2013

Borges, las Malvinas y el plebiscito por Jorge Castañeda.

Jorge Luis Borges, tal vez el mayor escritor que hemos tenido los argentinos en el siglo XX, ha dejado páginas que sin duda perdurarán en el tiempo y por ellas ha sido reconocido mundialmente.
En los últimos años se ha escrito demasiado sobre su vida, su obra, sus frases, sus ideas sobre la política y la cultura e incluso sobre su vida privada. Y casi ninguno ha defraudado el interés de los lectores porque Borges siempre atrapa y produce reacciones por doquier. Y para entender a Borges hay que ubicarlo en su contexto pero sobre todo ir a sus libros para rescatar la esencia del hombre y sus interrogantes.
No decimos nada nuevo si agregamos que hay muchos Borges en Borges –el mismo lo sabía: el Borges del arrabal, del tango con letras procaces, el ensayista de un humilde poeta de barrio como Evaristo Carriego, de los orilleros, del culto al coraje, el amigo de Nicanor Paredes a quién le dedico una de sus mejores letras de las “Milongas para las seis cuerdas”, en síntesis el Borges de la primera época con los almacenes, los portones y las callecitas de los barrios y del suburbio.
Y está también el Borges posterior de la gran literatura. El cuentista genial que como su denostado Gracián también se supo perder en las naderías del idioma con tecnicismos bizantinos, pero que a la vez dio una trascendencia universal a su prosa exquisita. Es el Borges que jamás olvidó la biblioteca de su padre con libros en inglés. Su linaje, y el fuerte celo guardián de su madre, doña Leonor Acevedo. Ese Borges al cual el ensayista y escritor Norberto Galasso calificó como “un intelectual en el laberinto semicolonial”.
Pero también está el Borges coloquial, el de entre casa, descubierto en sus facetas más íntimas por Adolfo Bioy Casares y por algunas declaraciones de sus amigos de entonces como Homero Manzi, Scalabrini Ortiz y otros.
Y se destaca también el Borges de sus frases irónicas (muchas de ellas de su admirado Carlyle que las tomó como propias), citado hasta la saciedad en diarios, reportajes y revistas.
Cuando en 1983 viaja a Francia para recibir la Orden de la Legión de Honor “un francés amante de la insolencia se permitió insinuar que Borges no era el más adecuado para opinar sobre la actualidad argentina porque vive encerrado en una torre de marfil”. Y Borges le contesta: “Solo hay torres de marfil en el ajedrez. Yo soy muy sensible a cuanto ocurre en mi país y en el mundo. Y lo he probado: critiqué a Perón en su momento y ahora a los generales y su guerra: (Malvinas). Sé que hay  gente en la Argentina que padece hambre. Y esa situación es inaceptable. No sé qué porvenir nos espera, pero lo imagino triste porque no hay una solución.
En los “Diálogos” con Néstor Montenegro se expresa sobre la guerra por las Islas Malvinas” y dice que “Es típico de la mente militar hablar de abstracciones, en territorios y no en seres humanos. Estos no fueron consultados. Me refiero aquí a los dos mil kelpers y a veintitantos millones de argentinos. Se cambiaron los nombres de ciudades, se bajó una bandera y se elevó otra, se obró como si se tratara de una conquista. Con derechos jurídicos o no, los habitantes se sentían británicos. En todo caso, debió hacerse un plebiscito, o debería hacerse en el porvenir. El epigrama en prosa rimada “Las Malvinas son argentinas” es culpable de muchas muertes”.
Ante la advertencia del entrevistador al observar que “Si se hubiera o se hiciera un plebiscito los kelpers elegirían ser ciudadanos ingleses”, Borges le responde que “Es verosímil presuponerlo. En todo caso, allá ellos… Adolecemos de un casi inhabitado territorio ¿A qué dilatar el desierto con dos desiertos más, que nos quedan lejos?”.
Sin embargo en el Borges poeta y escritor la gesta de Malvinas le inspiró desde su perspectiva la “Milonga del muerto” y el relato “Juan López y John Ward”, la historia de un soldado argentino y un soldado británico que “hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez, cara a cara, en unas islas demasiado famosas y cada uno de los dos fue Caín y cada uno, Abel. Los enterramos juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”.
En esos mismos diálogos con Montenegro Borges expresa que “El mundo es vasto. Nadie demora su atención en lo que sucede en una de las tantas repúblicas de la América del Sur. Piensan fugazmente en el tango, en cierta ópera, en los desaparecidos y en la pampa húmeda. Acaso en ciertas islas de cuyo nombre no quiero acordarme”
Sin embargo han pasado los años y aún a pesar de Borges y de sus frases nos seguimos acordando de Malvinas y entrevisto plebiscito está por realizarse a iniciativa del gobierno británico.
Me quedo a veces con el otro Borges, aquel que cuando joven al ver una tropilla de caballos en una madrugada en sus “perdidos arrabales” le supo decir gritando a Drieu La Rochelle “Es la Patria, carajo”.
Jorge Castañeda escritor rionegrino de Valcheta.
Publicado en ADN Río Negro, 10-3-2013.

martes, febrero 26, 2013

Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, el Macoco de las noches porteñas.


Macoco de Álzaga Unzué, el padre de Isidoro Cañones y de Amado Boudou por  Carlos Salvador La Rosa.


Un país o una familia entran en decadencia cuando los hijos en vez de superar a los padres, multiplicando sus aciertos y minimizando sus errores, se dedican meramente a imitarlos como papel carbónico, vale decir como copias cada vez más deslucidas. Un país o una familia entran en decadencia cuando siempre viven añorando, o peor, queriendo reiterar un pasado que, para colmo -al decir de Joaquín Sabina-, nunca jamás sucedió.


Roberto Alifano, un reconocido escritor y periodista que supo colaborar con Jorge Luis Borges, publicó poco tiempo atrás una entrañable biografía del play boy mayor que tuvo la Argentina (Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, conocido como "Macoco"), pintando a través de su vida el fresco de una época cuyas secuelas aún persisten.

A pesar de su gran afecto por el biografiado, Alifano no duda en definir a Macoco como una suerte de arquetipo que imprimió su sello a la época: Macoco, reflejo de una Argentina alguna vez próspera y prometedora, y luego decadente y de futuro... de futuro que nunca se realiza.

La historia de Macoco es la de una clase social que metió a la Argentina en el progreso y en el mundo, que -a cambio- se creyó única dueña del país, pero cuando pareció que lo lograba, cual jeque de emirato, dilapidó toda su fortuna, la pública y la privada. Macoco nació cuando ya la fortuna de su familia estaba lo suficientemente consolidada para hacer olvidar los orígenes que toda fortuna demasiado grande y demasiado rápida necesita imperiosamente hacer olvidar. 

Por eso se sintió aristócrata cuando su clase degeneraba en oligarquía sin haber sido nunca plenamente burguesía y menos aristocracia, pero aún tenía tanta pero tanta plata como para simular un apogeo que ya era mera decadencia. Al final murió casi en la miseria pero optimista, como cuando le dijo a su pariente y amigo Adolfo Bioy Casares: Caá...rajo, quién nos quita lo bailado a vos y a mí. Ante lo cual, la más sabia respuesta de Bioy fue:No, Macoco, yo quisiera que nos devuelvan lo bailado.

Manteca al techo. A pesar de que nunca nadie lo expulsó y a pesar de creerse tan argentino como el tango o el mate, Macoco siempre se sintió un exiliado en su patria (como de algún modo se sienten todos los argentinos). Por eso se dedicó a viajar y viajar, sobre todo a Francia, ya que para esa generación -según Alifano- París fue la Casa Grande. 

Macoco quería a su Buenos Aires querida y admiraba a los Estados Unidos, pero amar sólo amó a París. Allí produjo el hecho que lo haría famoso por siempre, a él y a todos los de su clase: tirar manteca al techo del Maxim's, donde había unas pinturas con el dibujo de unas walkirias con grandes senos sobresaliendo del escote. Macoco hacía torneos donde los cajetillas argentinos jugaban a ver quién acertaba con la manteca, tirada en rulos con un tenedor, en las tetas de esas figuras femeninas.

La vida como aventura. En las tipologías de José Ortega y Gasset encajaría perfectamente como el arquetipo del aventurero en estado puro. En lo que vivió en realidad y en lo que imaginó haber vivido para ampliar su mito. Amigo de Carlos Gardel, consideraba que ambos eran príncipes. Arriesgado corredor de automóviles de carrera. Supo ser gran amante argentino de Rita Hayworth, Gloria Swanson, Claudette Colbert, Dolores del Río, Ginger Rogers, Greta Garbo, Marlene Dietrich y casi todas las actrices famosas de aquella belle epoque. Fue espía de Charles de Gaulle en la Resistencia, tanto que éste cuando mucho tiempo después viajó a la Argentina, lo condecoró. 

Pero mientras jugaba al héroe, también hacía de estafador, ya que con Aristóteles Onassis les robó a las compañías aseguradoras de barcos, simulando hundimientos, durante la Segunda Guerra Mundial. Junto con Errol Flyn, se agarró a trompadas con seis fascinerosos y dice haberlos hecho polvo. Fue socio de Howard Hughes, frecuentó a Alfred Hitchcock y a Groucho Marx. Cuando se cansó de su segunda mujer se la regaló -o algo parecido- a Clark Gable. Con Bioy Casares hablaba de conquistas femeninas y con Borges de poesía. Se dice que Francis Scott Fitzgerald lo eligió como modelo para su novela El Gran Gatsby, cosa que Macoco negaba pero con una sonrisa cómplice. 

Con Al Capone se asoció en el cabaret Morocco donde era habitué Humphrey Bogart, por lo que Macoco debió sentirse como en Casablanca. En fin, secuelas de una vida que Alifano narra con brillo.

Macoco e Isidoro. Así como sonreía cuando lo comparaban con el Gran Gatsby, se ponía furioso toda vez que alguien le insinuaba que Isidoro Cañones había sido inspirado por él, y entonces gritaba: Lo único que falta es que me identifiquen con ese pobre infeliz, ese personaje es un botarate, un perdedor, un pobre infeliz que vive a costillas de un indio y de un coronel millonario. Si dicen que soy yo lo podrían haber hecho más internacional y más ganador al tal Isidoro Cañones. ¡Qué tengo que ver yo con un mamarracho de historieta!

Macoco, que se sentía miembro de una clase social dueña de la Argentina que había querido hacer Europa en América y ser Estados Unidos pero sin su plebeyismo, odiaba fervorosamente al sector social que Arturo Jauretche llamó el medio pelo, esos especímenes de clase media que imitaban los hábitos de una clase alta a la que no pertenecían pero a la que soñaban pertenecer.
Macoco los llamaba snobs y así los califica en una especie de brillante decálogo: Nuevos ricos poseedores de perros de raza que son perros snobs de nacimiento, que buscan no lo bueno sino lo distinto, que contratan la servidumbre entre personas todavía más snobs que ellos; que tratan a los artistas como a unos empleados a los que no hay que pagar, que se inscriben en algún curso por correspondencia para adquirir algún barniz de cultura y que compran la bóveda en un cementerio conocido, cerca del sepulcro de un personaje ilustre.

Macoco puede ser merecedor de todas las críticas, pero en su brutal honestidad y odio contra los figurones, anticipa brillantemente a los arribistas que en una Argentina ya definitivamente plebeya, buscan acceder al poder imitando superficialmente las peores prácticas de una clase social en decadencia.

Macoco y sus imitadores. Tanto a Macoco como a quien era su antípoda en todo, Arturo Jauretche, si hoy vivieran les costaría entender cómo gobiernos peronistas tienen de figuras culturales centrales (a las que usan como símbolos de lo que los nuevos ricos del poder quisieran ser) a María Julia Alsogaray o Adelina de Viola o Amado Boudou, personajes, en comparación con Macoco, truchos de toda truchedad. 

O que la alternativa opositora sea la del niño rico Mauricio, al que su papá plebeyísimo educó más como aristócrata que como burgués (aunque no hiciera su fortuna ni como aristócrata ni como burgués, sino como contratista de todos los gobiernos) y por eso habla con ese acento presuntuoso, que es lo único que queda de una clase superada por el tiempo pero a la cual las nuevas élites buscan imitar en sus peores defectos... Es que son hijos de Macoco, aunque Macoco los hubiera desheredado, como sus tías lo desheredaron a él.

África mía. Macoco, cuando viajaba al África, no disfrazaba sus prejuicios colonialistas con presuntuosos ideologismos. Creyéndose Allan Quatermain, el héroe blanco de Las minas del Rey Salomón, contaba así sus odiseas africanas: En África yo tenía mi tribu propia, la de los "Macoco", que la descubrí en uno de mis safaris. Se llamaba así. Eran unos nativos cariñosos, muy especiales y en cada viaje que hacía yo les llevaba regalos. Me adoraban. Alguna vez pensé establecerme allí para siempre y organizar mi propio reino. 

Como se ve, en el fondo nada ha cambiado, salvo que las cosas que antes se decían por su nombre, ahora las dice Moreno. La "derecha fina" de Macoco, con su racismo nada escondido, viajaba al África para encontrar al "buen salvaje" en la tribu de los "Macocos" y hoy la "izquierda fina" cree hallar el "buen salvaje" en un déspota multimillonario al que se le perdonan esas nimiedades por creerlo heredero del Che Guevara.

Mi amigo Juan Perón. Macoco conoció a Perón, pero el General jamás lo convocó para que cuidara el Riachuelo, administrara el Banco Hipotecario o vicepresidiera la República. Es que Perón sabía quién era cada cual, y nunca quiso ser otra cosa que lo que era. Simplemente lo llamó a Macoco para lo que sabía hacer, para que trajera a la Argentina a las famosas actrices que alguna vez supo amar. Primero le trajo a Ginger Rogers y luego a Gina Lollobrigida. Ante tamaño éxito, Perón lo convocó para una última misión, que le trajera a Brigitte Bardot. 

Pero Macoco esta vez fracasó y así lo cuenta con palabras que reflejan, magistral y conmovedoramente, la conjunción entre su decadencia personal y el final del primer peronismo: Fui a avisarle a Perón que no le podía traer a Brigitte, a estas alturas yo ya no tenía resto para seducirla y a la diva no le interesaba conocer la Argentina. Pero cuando llegué con la cola entre las patas puteando por el fracaso, un golpe militar había derrocado a Perón. Menos mal, me dije, sino hubiera pasado un papelón ante mi amigo Juan.

Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, domingo 27 de mayo de 2012.