GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Felipe Varela. Mostrar todas las entradas
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viernes, septiembre 23, 2022

Viveza criolla.

Viveza criolla.
Un hombre de Cutral-Có (provincia del Neuquén, Patagonia Argentina) se compró una moto 0km. El fin de semana pensó ir "de gira" a Las Ovejas, pero llegando a Aapala, desde lejos, vio un control de Gendarmería. En ese momento recordó que no traía licencia de conducir, pero no quiso retroceder. Entonces se bajó de su moto y empezo a empujar. Cuando llegó al puesto de control se adelanta al gendarme y le dice :
- Señor Oficial,trabajé durante 5 años para comprarme mi moto, e hice la promesa al Santo de que cuando la consiguiera Ocomprar, la empujaría desde Cutral-Có hasta las ovejas y participaria de la misa.
El oficial lo dejó pasar. Cuando se fue apartando unos 200 metros se le acerca una camioneta de Gendarmería. Era el mismo oficial y él nuevamente habla primero:
- Algun problema oficial?
- Ningún problema mi amigo, le comenté su historia a mi superior, y se emocionó tanto que me envió para que lo resguarde hasta las Ovejas.
Visto en Facebook.

domingo, febrero 26, 2017

LA FRASE DEL CAUDILLO FELIPE VARELA.

"El hombre no encuentra su patria sino allí donde no es extranjero y en donde su dignidad humana no sufre".


Felipe Varela era hijo del caudillo federal Javier Varela y de Doña Isabel Rearte una distinguida familia catamarqueña.
Felipe Varela nacido en el actual departamento de Valle Viejo en la provincia de Catamarca allá por 1821. Varela, poseedor de tierras en Guandacol (provincia de La Rioja), combatió contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la década de 1840. La persecución del gobernador de Buenos Aires le llevó al exilio en Chile, donde se unió al ejército de ese país en la Revolución de 1851; luego de la caída de Rosas, en 1852, retornó sumándose al ejército de la Confederación, donde ocupó el cargo de segundo jefe de la frontera en Río Cuarto. Fue un caudillo del último pronunciamiento de los caudillos del interior contra la hegemonía política conquistada por la provincia de Buenos Aires en la batalla de Pavón. Contrario a la Guerra del Paraguay o Guerra de la Triple Alianza, fue apodado el Quijote de los Andes por el desafío que plantó al gobierno central con un reducido ejército de menos de 5.000 hombres, desde la región andina y cuyana durante varios años.
Convocando a las montoneras residuales de otros caudillos muertos en todo el país más combatientes chilenos, Varela marchó sobre territorio argentino portando bandera con la consigna de ¡Federación o Muerte!. En San José de Jáchal, provincia de San Juan, lanzó el 10 de diciembre de 1866 su proclama revolucionaria: "¡Argentinos! El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuty, Curuzú y Curupayty. Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda lagrimeando juró respetarla".
Finalmente derrotado, murió exiliado en Chile el  4 de junio de 1870. El gobierno catamarqueño repatrió sus restos, pese a la oposición del Ejecutivo nacional encabezado por Domingo Faustino Sarmiento.

domingo, enero 12, 2014

Efemérides de la Patria Grande - 12 de Enero de 1869: Batalla de Pastos Grandes.


Despuntaban los primeros días del año 1869. La Guerra de la Triple Alianza, provocada para infligir una derrota categórica e histórica al poderoso Paraguay de don Francisco Solano López, promediaba ya sus cuatro años y medio de duración. Al tiempo que se desangraba para siempre el orgullo guaraní en los campos de batalla, en Argentina el general Felipe Varela, proveniente de la República de Bolivia, está decidido a jugarse una vez más por el federalismo criollo, muy a pesar de no disponer de un grueso número de gauchos milicianos como en la Batalla del Pozo de Vargas en abril de 1867. Su salud tampoco era una garantía para llevar a cabo semejante patriada: una maligna tuberculosis empieza tibiamente a manifestársele, pero nada aparenta detener a este honrado hombre argentino.

Felipe Varela, el Quijote de los Andes

El caudillo Felipe Varela, aún a costa de su vida, quiere conjugar la teoría con la acción. Desde Potosí, el 1º de enero de 1868, redacta su famoso “Manifiesto a los Pueblos Americanos, sobre los Acontecimientos Políticos de la República Argentina, en los años de 1866 y 67”, donde resalta sus embestidas contra el centralismo porteño y, por ende, contra el gobierno de Bartolomé Mitre, al que acusa de no respetar la Constitución Nacional de 1853. “Combatiré hasta derramar mi última gota de sangre por mi bandera y los principios que ella ha simbolizado”, expresa el Quijote de los Andes, en una de sus tantas sentencias llenas de coraje y altruismo.



Su último derramamiento en suelo patrio lo hará el 12 de enero de 1869, cuando tiene lugar la Batalla de Pastos Grandes, en la provincia de Salta. Entonces ya ocupaba la presidencia de la nación Domingo Faustino Sarmiento, quien no duda en mandar cuantiosos refuerzos varias semanas antes del enfrentamiento, pues el Coronel Pedro Corvalán intercepta una carta de Varela que tenía instrucciones tácticas dirigidas a su viejo lugartenientes Santos Guayama, que presentaba batalla en la provincia de La Rioja. En la misiva quedaba al descubierto una inevitable entrada que harían las montoneras federales de Felipe Varela por la frontera salteña.

El Teniente Coronel Julio Argentino Roca se pondrá a la cabeza de los refuerzos provenientes de Jujuy y Salta, los cuales ayudarían a las tropas ya apostadas en las cercanías de Pastos Grandes bajo las órdenes del Coronel Corvalán.


Todo presagiaba un final ruinoso para el valiente caudillo Varela aquella jornada de enero de 1869. De hecho lo fue. El parte de la batalla arrojó 5 milicianos muertos y 54 prisioneros del lado del Quijote de los Andes. Varela se dio a la fuga, pues “con muy pocos hombres pudo escapar gracias a sus buenas cabalgaduras, en dirección a Antofagasta”. Apenas un puñado de sus mejores oficiales –el Coronel Rodríguez y el Mayor Quiroga, entre otros- lo acompañarán hasta el final de sus días, en tierra extranjera.


Al cruzar la Cordillera de los Andes rumbo a Chile para evitar una muerte segura, Felipe Varela pasa hambre y miseria, mientras su enfermedad lo va consumiendo de a poco. Diez días antes de su muerte, acaecida en junio de 1870, escribe una carta dirigida a su esposa y a su hijo Javier desde Copiapó. “Nada puedo mandar; dispénsenme, estoy pobre, no se agravien conmigo”, les suplica.


Fuente
Bazan, Raúl / Guzmán, Gaspar H. / Pérez Fuentes, Gerardo / Olmos, Ramón R. – “Felipe Varela. Su Historia”, (1975).
Luna, Félix – “Felipe Varela. Colección Grandes Protagonistas de la Hist. Argentina”, (2000).
Turone, Gabriel Oscar – La última patriada federal de Felipe Varela, (2007).
Fuente de información histórica: www.revisionistas.com.ar
www.odonnell-historia.com.ar

Momento musical en el blog de la Patagonia...
Horacio Guarany canta a  Felipe Varela caudillo precursor de la unidad de la Patria Grande "La Felipe Varela".



Cuando Varela viene.

miércoles, agosto 18, 2010

LA ZAMBA DE VARGAS.

Zamba de Vargas
de Wikipedia, la enciclopedia libre

Se le atribuye haber sido ejecutada durante una batalla y haber causado la victoria.

La Zamba de Vargas es una conocida canción popular de autor anónimo integrante del folklore argentino y a su vez la zamba más antigua de la que se tenga registro musical. De ella se ha dicho que es "la madre de todas las zambas”. Es probable que la "Zamba de Vargas" exprese el momento histórico y artístico en que la zamacueca afroperuana, ya en versión de cueca chilena, se transformó para dar origen a la zamba argentina, uno de los estilos musicales más representativos del folklore de ese país.

Su origen data de la época en que se libró la sangrienta Batalla de Pozo de Vargas, sucedida el 10 de abril de 1867, durante las guerras civiles argentinas, donde se enfrentaron las fuerzas federales del caudillo Felipe Varela y las del gobierno nacional argentino, dirigidas por el general Antonino Taboada, y la tradición popular interpreta como un enfrentamiento entre riojanos y santiagueños -principalmente, adoptando aquellos el bando federal y éstos el bando del gobierno nacional presidido por Bartolomé Mitre. La tradición popular le ha atribuido haber sido interpretada por una banda militar en pleno combate y haber revertido la suerte de las armas, a favor de los santiagueños. La canción se transmitió durante décadas en forma oral, con letras variables según el bando que defendían los intérpretes,y es una manifestación de los sentimientos patrióticos ligados a la pertenencia a las diferentes provincias o patrias chicas que integran la Argentina, enfrentadas en el curso del siglo XIX, a causa del sistema de gobierno que habría de establecerse en la Constitución.
Se interpreta con dos melodías, una recopilada por Andrés Chazarreta en 1906, y la otra por Luis Peralta Luna. Por otra parte, se han recopilado y arreglado diversas letras, agrupadas en lo que se conoce como versión riojana y versión santiagueña. Entre las recopilaciones se destacan las realizadas por Domingo Lombardi, Juan Alfonso Carrizo, Vicente Forte, Los Hermanos Ábalos y Bartolomé Peralta Luna.

Historia de la Zamba de Vargas.

Antonio Taboada

Batalla del Pozo de Vargas, 1867. Las fuerzas del caudillo montonero Juan F. Varela, que venían desde Cuyo en son de guerra, habrían de enfrentarse con las del Ejército del Norte al mando del General Antonio Taboada, a quién el presidente de la República, General Bartolomé Mitre, había confiado la misión de contener estas hordas salvajes, en momentos que la Nación libraba la cruenta Guerra del Paraguay. Una conspiración había sido descubierta en San Juan a fines de 1866. El vicepresidente Doctor Marcos Paz, en ejercicio de la presidencia por estar el General Bartolomé Mitre ejerciendo el mando superior de los ejércitos aliados en dicha guerra, consultó a este y adoptó las medidas necesarias para controlar la situación. Los dos ejércitos -con una superioridad numérica de casi 3 a 1 a favor de los montoneros- chocaron en las cercanías de la ciudad de La Rioja, en un día de sol con un calor abrasador. Por momentos la suerte del combate pareció adversa al Ejército del Norte. Los ataques de la montonera se renovaron con el fin de apoderarse de un espejo de agua, el Pozo de Vargas, para mitigar la sed. Mientras las fuerzas de Taboada retrocedían, el Comandante Brizuela mandó tocar una zamba –la famosa Zamba de Vargas- que enardeció a la tropa, la que acometió a sus enemigos con un ardor sostenido hasta derrotarlos. La música y coplas de esta zamba han sido interpretadas de generación en generación, rememorando glorias de la organización del país.



Historia de la Zamba de Vargas.

Felipe Varela

EL POZO DE VARGAS (10 de abril).
Varela ha marchado hacia su Catamarca natal, atravesando La Rioja: es un paseo en triunfo donde los festejos se repiten al entrar el viejo caudillo en cada poblado. En La Rioja su "ejercito" se amplía porque los riojanos quieren luchar por la Unión Americana.
A los lánguidos compases de la zamba, la montonera se dirige a Catamarca donde todos esperan al Caudillo. De allí a Tucumán y Salta donde vendrían sin duda las órdenes de Urquiza, las órdenes que Varela supone no podrá negarle Urquiza viendo el juego decidido. En ruta hacia Catamarca le llegan dos malas noticias. Que Sáa fue aniquilado en San Ignacio, y Taboada al frente del ejercito nacional del Noroeste ha aprovechado su ausencia para entrar en La Rioja.

"Los nacionales vienen
Pozo de Vargas
Tienen cañones y tienen
Las uñas largas".

Dice la letra riojana de la zamba de Vargas (que no es la del ejército de Taboada, que se apropió de la música, como se apropió de tantas cosas). Varela vuelve grupas. A los compases de la zamba su ejército regresó a La Rioja a todo galope. El 9 de abril, ya próximo a la ciudad, Varela invita caballerescamente a Taboada "a decidir la suerte y el derecho de ambos ejércitos fuera de la población; "a fin de evitar que esa sociedad infeliz sea víctima de los horrores consiguientes de la guerra y el teatro de excesos que ni yo ni V.E. podremos evitar". Taboada fijaría el campo de la liza "por lo menos a tres leguas del ejido". El jefe nacional no contesta. Ha urdido un plan que debe darle la victoria. Como los federales marchan a todo galope y sin mayor descanso, supone que llegarán desfallecidos y sedientos a La Rioja. Por lo tanto ha destruido los jagüeles del camino, dejando solamente a uno, el Pozo de Vargas a la entrada misma de la ciudad. Supone que los montoneros se arrojarán sobre el agua; y entonces la artillería y fusilería nacionales, convenientemente atrincheradas alrededor del pozo los aniquilaría sin remedio.
Ocurrió lo previsto. Varela no encontró agua en los jagüeles de Las Mesillas, donde esperaba acampar la noche del 9, a la espera de la respuesta - que no llegaría nunca - de su invitación a Taboada. Debió seguir la fatigosa marcha por la noche del 9 en busca del pozo de Vargas donde llega al medio día del 10. Era tal la sed que "tres soldados sofocados por el calor, por el polvo y el cansancio - dirá Varela - expiraron de sed en el camino.
Los gauchos fueron acribillados por los nacionales desde las trincheras apenas se acercaron al Pozo. Varela rehizo sus cuadros y aunque la posición de Taboada dificultaba el movimiento de la montonera, ordenó se tocase la zamba y empezara la batalla. Los inútiles "bocones" fueron dejados de lado Durante más de siete horas. – de mediodía al anochecer - se sucedieron las cargas a los compases de la zamba heroica. (que apropiada por los vencedores y con otra letra, se llamaría desde entonces Zamba de Vargas).
Tiempo después, y en los altos de la marcha los sobrevivientes cantarían la letra auténtica de su zamba, que se ha mantenido como tradición oral en La Rioja y Catamarca.

"A la carga a la carga,
dijo Varela,
salgan los laguneros
rompan trincheras.
Rompan trincheras si
carguen los laguneros
de dos en fondo.
De dos en fondo si,
dijo Guayama,
a la carga muchachos,
tengamos fama.
¡Lanzas contra fusiles!
Pobre Varela
¡Que bien pelean sus tropas
en la humareda.
Otra cosa sería
armas iguales".

En una de las cargas Varela cae con su caballo muerto junto al pozo. Y ocurre otro episodio de esa guerra romanesca. Una de las montoneras que hacían de cantineras, enfermeras, amantes, o lo que se presentara, tomó un caballo y se arrojó en medio de la refriega para salvar al jefe. Se llamaba Dolores Díaz y le decían La Tigra. En ancas de La Tigra escapó de la muerte el viejo caudillo.
"A las oraciones – dice Varela – mi ejército estaba deshecho, pero tambien el del enemigo. Si bien no había sufrido una derrota, comprendí que el triunfo por mi parte en esos momentos era imposible". Siete horas habían durado las cargas; en torno al pozo de Vargas se riñó la batalla mas disputada de la guerra de la Unión Americana y se perdió toda esperanza seria de apoyar a Paraguay. Llegaba la noche, Varela dio la orden de retirarse: “!Otra cosa sería armas iguales!”. Ciento ochenta compañeros le quedaban de su ejército que el día anterior contaba cerca de cinco mil, los demás han muerto, quedando heridos o escaparon para juntarse con el caudillo en el lugar que los citase. Pero Taboada también había pagado su precio. "La posición del ejercito nacional - informa Mitre – es muy crítica después de haber perdido sus caballerías, o la mayor parte de ellas, y gastado sus municiones, pues en La Rioja no se encontrará quien facilite como reponer sus pérdidas". Varela fijó Jáchal como sitio de reunión.
Taboada quedó en La Rioja que saqueó concientemente durante tres días, pues nadie le facilitaba alimentos voluntariamente "...las uñas largas...".
Sáa, derrotado escapó a Chile; los cordobeses, cuyo caudillo era Simón Luengo, se habían levantado a la espera de Sáa y del "pronunciamiento“ de Urquiza que ha escrito cartas comprometedoras a Luengo.
Cuando a mediados de abril llegan las noticias de San Ignacio y el Pozo de Vargas, todo parece perdido, y Urquiza hace manifestaciones de repudio "a esos bandidos, que usan mi nombre para encubrir sus tropelías".
Creen terminada su misión y los veteranos vuelven a embarcarse para el Paraguay.
Pero todavía está Felipe Varela en ancas de La Tigra y la guerra de la Unión Americana no ha terminado.

Fuente: José María Rosa - pensamientonacional.com.ar

Don Andrés Chazarreta, quien realizó una labor muy importante de recopilación del cancionero argentino. A él se debe esta versión publicada en 1906 de la que podríamos llamar la madre de todas las zambas. El tema es ya conocido por versiones posteriores: el enfrentamiento de Felipe Varela con el general Taboada en la batalla de Pozo de Vargas, en las cercanías de La Rioja. Zamba al estilo tradicional, con cuatro largas estrofas y sin estribillo. Atahualpa Yupanqui se lamentaba antes de morir que "dentro de cincuenta años, ningún niño argentino va a saber cómo era la Zamba de Vargas". Para remediarlo, Juan Carlos Saravia y sus Chalchaleros nos han vuelto a enseñar lo bien que suena hoy este canto, en su álbum cincuentenario: "Una Leyenda", en el que sólo se echa en falta la bella introducción compuesta por Ernesto Cabeza.


Z A M B A D E V A R G A S

Letra: Domingo Lombardi
Música: Andrés Chazarreta

Forman los riojanos
en Pozo 'e Vargas;
los manda Varela,
firme en batallas.
Contra los santiagueños,
con gran denuedo, van a pelear;
ya Don Manuel Taboada
alza su espada: se ve brillar.

Atacó Varela,
con gran pujanza:
tocando a degüello,
a sable y lanza.
Se oyen los alaridos,
en el estruendo de la carga
y ya pierden terreno
los santiagueños de Taboada

"Bravos santiagueños
-dijo Taboada-
vencer o la muerte
vuelvan su cara.
Por la tierra querida,
demos la vida para triunfar"
Y ahí no más a la banda
la vieja zamba mandó a tocar.

En el entrevero
se alzó esta zamba,
llevando en sus notas
bríos al alba.
Y el triunfo consiguieron
los santiagueños y este cantar
para eterna memoria,
Zamba de Vargas siempre será.

‘e: (Contracción) de, he de.

riojano: natural de o relativo a la Rioja, capital y provincia de la zona andina

santiagüeño: natural de o relativo a Santiago del Estero

entrevero: (arg) confusión, desorden.
http://www.folkloredelnorte.com.ar/





Zamba de Vargas. Batalla del Pozo de Vargas. Pozo de Vargas.
El 10 de abril de 1867, en torno al jagüel de Vargas, en el camino apenas saliendo de La Rioja a Catamarca, durante siete horas desde el mediodía hasta el anochecer, se libró la batalla más sangrienta de nuestras guerras civiles.
Los primeros días de abril el ejército unitario con cañones Krupp y fusiles Albion y Brodlin que los buques ingleses habían descargado poco antes en el puerto de Buenos Aires, al mando del general Antonio Taboada, entró a la ciudad capital de La Rioja aprovechando la ausencia de su caudillo y obligó al coronel Felipe Varela a volver al sur para liberarla.
Taboada les dejará el pozo de agua como cebo, disimulando en su torno los cañones y rifles; sus soldados eran menos que los federales, pero la superioridad de armamento y posición era enorme.
Zamba de Vargas Interpretada por Los Chalchaleros

FELIPE VARELA "EL MALDITO".


La deuda histórica con Felipe Varela.

Por Norberto Galasso.

En lugar de promoverlo como "demonio", caso Rosas, frente a las estampitas de Rivadavia o Mitre, la historia oficial prefirió omitirlo de una.

Introducción del Libro "Felipe Varela y la lucha por la Unión Latinoamericana"

Perseguido y denigrado en vida, silenciado y difamado luego de su muerte.

El 18 de junio de 1870, en el cementerio de Tierra Amarilla, pequeña aldea cercana a Copiapó, en el norte chileno, unas pocas personas acompañan los restos mortales de Felipe Varela a su morada definitiva.

Un día antes, el cónsul argentino en esa ciudad, Belisario López, le comunicaba al embajador Félix Frías: "Este caudillo de triste memoria para la República Argentina ha muerto en la última miseria, legando solo sus fatales antecedentes a su desgraciada familia".

Frías le contestará días después: "Comuniqué inmediatamente a nuestro gobierno la noticia del fallecimiento de Felipe Varela, a quien Dios haya perdonado todo el mal que hizo a sus paisa..."."Triste memoria ...", "fatales antecedentes . . . ", "Todo el mal que hizo . . . "

Solo, en la mas absoluta miseria, envejecido prematuramente, Varela se encuentra con la muerte mientras siguen lloviendo sobre su nombre los dicterios del enemigo.

A partir de aquel día, las fuerzas sociales que lo habían combatido organizaron una minuciosa campaña de silenciamiento alrededor de su figura.

Varela ya no apareció en los textos escolares, ni en las sesudas sesiones académicas, ni en los suplementos de los grandes diarios, ni en los gruesos tomos de historia que circulan en las universidades.

En lugar de promoverlo como "demonio" -caso Rosas- frente a las estampas santificadas de Rivadavia o Mitre, la historia oficial prefirió omitirlo lisa y llanamente.

Durante décadas, su nombre resultó ignorado especialmente en aquellos lugares donde la tradición oral fue interrumpida por el predominio de la inmigración.

Así, fue uno mas que ingresó a la lista de los "malditos" registrados en el índex sancionado por la oligarquía.

Durante mucho tiempo, solo ese hombre anónimo de La Rioja o Catamarca, a quien la verdad histórica le llegó de labios de su propio abuelo montonero, resguardó la memoria del caudillo.

Décadas mas tarde, cuando ya fue imposible ignorar al jefe de una vasta insurrección que puso en pie de guerra a todo el noroeste argentino, la clase dominante recurrió a la descalificación, apelando al arsenal de inventivas que Mitre y sus adláteres habían dirigido contra los jefes populares.

De ese modo, Varela salió del silencio para entrar en la historia como un "infame bandolero", "azote de los pueblos", "Atíla insaciable", "caudillo sanguinario", "gaucho malo y corrompido hasta la médula de los huesos".

Para consolidar el vituperio se recurrió al folklore oligárquico en el que aparece como culpable de "una mañana de sangre", como un bandido que "matando viene y se va".

El triste destino de Felipe Varela -perseguido y denigrado en vida, silenciado y difamado luego de su muerte- no mejoró después de 1930 con el auge del revisionismo rosista.

Su lucha contra "el Restaurador", su exaltación de la batalla de Caseros y de la Constitución de 1853, su condena a la política porteñista -ya fuesen sus ejecutores Rivadavia, Mitre o'Rosas- lo convirtieron en figura poco simpática para los primeros revisionistas.

Solo algunos -los menos ligados a la concepción rosista- prestaron atención al jefe montonero y tiempo más tarde, otros se atrevieron a condenar al mitrismo y a la guerra de la Triple Alianza , lo que de por sí llevaba a revalorar a Varela.

Pero, en general, el rosismo se atragantó con el caudillo catamarqueño, quien resultó triturado y deformado, así, por dos corrientes historiográficas que, en última instancia, brotan de la misma clase dominante.

Los historiadores libérales, después de ignorarlo, lo habían condenado tachándolo de "facineroso" y "sanguinario".

La variante pseudomarxista de la vieja izquierda lo rotuló, asimismo, como expresión del feudalismo reaccionario opuesto al progreso civilizador del mitrismo que nos incorporaba a la economía mundial.

A su vez, los historiadores rosistas lo abordaron desde diversos ángulos, a cual peor. Juan Pablo Oliver, obligado a optar entre Varela y Mitre con motivo de la guerra de la Triple Alianza , prefirió a don Bartolo que era, "en definitiva, el Presidente de la República Argentina " y estigmatizó al caudillo como traidor. Vicente Sierra, por su parte, lo considero desdeñosamente "como caudillo localista de escasa significación".

Asimismo, hubo quienes le reconocieron méritos pero, enfrentados al antirrosismo del montonero, optaron por transcribir mutilada -y sin puntos suspensivos que indicaran la omisión- su proclama de 1866 para ocultar sus elogios a Urquiza, Caseros y la Constitución del '53.

Finalmente, otros prefirieron transcribir honestamente la documentación íntegra pero, recurriendo a artilugios hermenéuticos, terminaron argumentando que Varela quería -aunque el no lo supiese- cumplir el proyecto de Rosas, que el elogio a la batalla de Caseros era simplemente táctica o error y que solo la ingenuidad pudo llevarlo a confiar tantos años en Urquiza, siendo este "un simple servidor de los intereses brasileños".

Felipe Varela ya no era un bandolero, depredador de pueblos, ni tampoco un traidor a la Patria. Era políticamente algo peor: un zonzo.

Estos distintos enfoques historiográficos se resuelven, en última instancia, en una coincidencia antivarelista sustentada en la concepción de que las masas no son las protagonistas de la historia. Para unos, el motor del desarrollo histórico son las élites "refinadas" estilo Rivadavia o Mitre; para otros, los grandes estancieros patriarcales, estilo Rosas. Del mismo modo, esta discusión histórica no hace más que reflejar la polémica política.

El nacionalismo reivindica a Rosas como defensor de la soberanía frente a la invasión extranjera y condena con justicia a "los civilizados" que apoyaron esa invasión pero asume posiciones reaccionarias por su carácter bonaerense y oligárquico, o burgués, en el mejor de los casos.

Por eso, a su vez, combate también -como el liberalismo oligárquico- al nacionalismo popular y latinoamericano ya sea enjuiciando a sus caudillos o adulterándolos, como en el caso de Felipe Varela.

Tanto a los historiadores liberales como a los rosistas, les molesta que Varela haya ingresado a la Argentina con un batallón de chilenos, que haya tenido vinculaciones con el gobierno boliviano y que no se haya sometido a los dictados de Buenos Aires, ni de Mitre, ni de Rosas.

Y son precisamente estas actitudes las que agrandan la figura del montonero en la línea de Bolívar y San Martín y la exaltan hoy justamente cuando los pueblos de la Patria Grande comprenden que su alternativa es unirse en la liberación o permanecer desunidos en el coloniaje.

Solo a la luz de un enfoque latinoamericano -por encima de las historias patrias chicas- es posible captar la verdadera dimensión de la figura de Felipe Varela.

Solo desde una perspectiva nacional, democrática y revolucionaria, es posible rescatar del silencio a este "maldito" demostrando no solo la justicia de su lucha pasada, sino la insoslayable vigencia que poseen hoy sus viejas banderas.

Informe de la Agrupación Felipe Varela incorporado a la fundamentación del Proyecto de Reconocimiento a su figura, presentado en la Cámara de Senadores de la Provincia de Catamarca.


Gentileza Agrupación Felipe Varela.

martes, agosto 17, 2010

FELIPE VARELA según José Pablo Feinmann.




La Guerra de la Triple Infamia y Felipe Varela.

La guerra del Paraguay, necesidad interna de la política mitrísta, sería difícil encontrar la causa principal que motivó llevar la guerra a territorio paraguayo. Fueron demasiadas: los pactos de alianza con el Brasil, la posibilidad de obtener un nuevo mercado para los sueños mercantiles de la burguesía porteña, la urgencia británica por conseguir algodón a bajos costos y ubicar también sus manufacturas y sus empréstitos, la incomoda existencia en América de un Estado proteccionista (claro ejemplo de la posibilidad de realizar un modelo de desarrollo autónomo, no dependiente del colonialismo europeo, o en todo caso: no mero apéndice de su economía fabril), y, en fin, la ingenuidad (por decirlo suavemente) de la ideología mitrista, que pensaba adquirir con esa guerra "un carácter simpático y armónico con las grandes aspiraciones del siglo XIX". " Lo que por el contrario no resulta difícil es encontrar la causa desencadenante de esta guerra. "La cuestión del Paraguay (escribió Alberdi), no es mas que una faz de la cuestión interior argentina. Esta cuestión interior ha sido toda la causa y origen de la Guerra del Paraguay." "Mitre, en efecto, nunca había ignorado que la derrota del Paraguay era condición insoslayable para acabar con la resistencia interior. De aquí su empecinamiento en llevar adelante la guerra. Varela , por su parte, comprendiendo claramente la estrategia mitrista, estructuró su movimiento en forma paralela a la lucha mantenida por López. Esta alianza de ningún modo debe interpretarse como una ayuda a los planes de un país extranjero. Contrariamente a lo que se intentaba hacer creer en Buenos Aires, no eran traidores Varela y sus hombres (como tampoco lo eran Alberdi, José Hernández y los otros hombres de Paraná). A través de la extensa tradición del Virreinato, el Interior argentino no podía sino sentir como una misma entidad nacional la constituida por su territorio y el paraguayo. Si a esta identidad de cultura, sumamos la de sus intereses económicos y políticos, habremos comprendido lo que siempre supo Mitre: el Paraguay y Varela eran lo mismo, el mismo peligro, el mismo enemigo.



Felipe Varela y el Litoral

Felipe Varela buscó incansablemente un aliado estratégico para su causa: el litoral entrerriano. Urquiza, en una palabra.

Pero Urquiza tenía otros planes. Si después de Cepeda no se decide a eliminar por completo a Mitre no es precisamente, como intenta hacérnoslo creer Victorica, "por no penetrar a sangre y fuego en una ciudad como Buenos Aires con un ejército de dieciséis mil hombres". Nada de eso. Estanciero, litoraleño, librecambista, el caudillo entrerriano coincidía en demasiadas cosas con los porteños como para decidirse a una guerra total.

¿Y Varela entonces? ¿cómo explicar su urquicismo? "El magnánimo capitán Urquiza (dice en su proclama a los entrerrianos), os acompañará, y bajo sus órdenes venceremos todos una vez mas a los enemigos de la causa nacional." ¿Deberemos aceptar, como se ha dicho, que reclamaba "ingenuamente" el apoyo de Urquiza? De ningún modo, ya veremos mas adelante con que esquema metodológico se manejan los que hablan de la ingenuidad de Varela.

Creemos que es posible ofrecer interpretaciones mas validas. Por ejemplo: ver en las exhortaciones de Varela el intente de colocar a Urquiza entre la espada y la pared, exigirle una definición: por la causa nacional o en su contra.

De este modo, al tornarse evidente su traición, tenia ya López Jordán todos los motivos que necesitaba para dar su golpe. Pues era él, en definitiva, el hombre a través del cual Varela esperaba incorporar a su movimiento las fuerzas del litoral entrerriano. El nuevo frente debía abrirse de inmediato para poder realizar las acciones en forma combinada.

Como asesor intelectual de López Jordán, ya Figura un brillante periodista y poeta: José Hernández. ¿Qué puede esperar Varela de estos dos hombres? Es lo que trataremos de averiguar.

Alberdi gustaba distinguir entre dos Urquiza: el entrerriano y el porteño. El primero había derrotado a Rosas, había abierto los ríos y había triunfado en Cepeda. El segundo, anteponiendo sus intereses a los de la Confederación, se había entregado a la política de Mitre. He aquí, entonces, que aparece López Jordán para afirmar que el Litoral no esta vencido: elimina al Urquiza porteño y, de entre sus cenizas, hace renacer, en su propia persona, al Urquiza entrerriano.

Nadie había realmente muerto en el palacio de San José. Urquiza estaba allí, en su sucesor, tan vigente y combativo como en Caseros y Cepeda. López Jordán lo hereda todo de él. Primeramente: su exclusivismo entrerriano. "Entre Ríos (denuncia en 1870), instrumente glorioso de la libertad de todos, es el último que llega a sentarse en la comunidad de los libres." Se trata, en cambio, de que sea el primero. Para ello, López Jordán, conservará invariables los principios básicos de Urquiza: su filosofía y táctica políticas.

Como filosofía política, el liberalismo. "Nada tenemos que crear (afirmaba en 1868). Los principios de 1810, consagrados en nuestra carta, existen sancionados ya por el juramento de los pueblos y con la corroboración de solemnes tratados de comercio y civilización con potencias extranjeras."

Como táctica política, la alianza con el Brasil. En 1874, imposibilitado de contar con el apoyo de las provincias (no porque estas fueran adictas al gobierno de Buenos Aires -como le había ocurrido a Urquiza frente a Rosas-, sino porque por entonces ya estaban derrotadas), López Jordán decide buscar el apoyo brasileño.

El error primero de los hombres del litoral entrerriano, en tanto condición de posibilidad de los restantes, consiste en la reducción de las necesidades y perspectivas del país a sus propios intereses. Compartían así la miopía y el egoísmo de sus adversarios porteños. La cuestión argentina, pensaban, era un asunto entre ellos. Es cierto que, fieles a su tradición federal, buscaron siempre la unión y no el enfrentamiento con las provincias mediterráneas. Se alinearon así, muchas veces, en la causa nacional. Pero nada nos permite creer, al considerar sus proyectos políticos (y, en última o primera instancia, sus acciones concretas), que alguna vez hayan tomado seriamente en cuenta los intereses de las provincias mediterráneas. "Uno de los primeros pasos del general Urquiza (escribe Andrade), fue la apertura de los ríos al comercio del mundo. Los tratados de julio con Inglaterra, Francia y Estados Unidos, fueron saludados por el aplauso unánime y estrepitoso de las provincias). Nada mas claro que este texto para advertir hasta que punto para estos hombres las provincias argentinas se reducían a las provincias litorales. Eran ellas, en efecto, las únicas que, obsesionadas por sus propios intereses, podían saludar con entusiasmo la apertura de los ríos y el comercio con Inglaterra y Francia.

"¡Ahí están las dos políticas frente a frente!”, Tronaba Andrade refiriéndose a Mitre y Urquiza. Se equivocaba, Buenos Aires y el litoral proyectaban una sola y única política, solamente discutían el derecho a dirigir su ejecución y asimilar sus principales beneficios. Eran otras las dos políticas que se enfrentaban en la República Argentina : una de complementación y sometimiento al expansionismo europeo y otra de resistencia y desarrollo nacional (Felipe Varela y el Paraguay). No es otra, por otra parte, la antinomia teórico-política con la cual se reemplaza la sarmientina de Civilización y Barbarie.

¿Debemos concluir entonces que Varela reclamaba también "ingenuamente" el apoyo de López Jordán?. De ningún modo. Por el contrario, de haberse podido realizar la combinación de ambos movimientos, las fuerzas de Varela, contando además con el apoyo paraguayo y las simpatías chileno-bolivianas, hubieran resultado realmente poderosas. Solo hay que aclarar que, en caso de lograr la conquista del gobierno el enfrentamiento de ambos caudillos habría sido posiblemente inevitable. En esa encrucijada, a riesgo de perderlo todo. Varela no hubiera tenido otra alternativa que imponer su tendencia americana y proteccionista sobre el liberalismo litoraleño de López Jordán.

Basado en el libro: “Filosofía y Nación”, estudios sobre el pensamiento argentino. Autor: José Pablo Feinmann, Editorial Planeta.

Ultimos días de Felipe Varela.

Coronel Felipe Varela (1819-1870).

El 7 de abril de 1869, Félix Frías le escribe a Mariano Varela, canciller de Sarmiento, informándole que Felipe Varela “se le acaba de presentar” en Santiago de Chile. Frías está a cargo de la legación argentina, pues ha reemplazado a Sarratea, y según reza su carta, Varela le ha sostenido que él no ha hostilizado al Gobierno de Sarmiento, que quería vivir tranquilo en su país, y servir al gobierno. Frías agrega que Rodríguez, secretario del caudillo, le ha insistido en lo mismo. En la conversación, Varela le habría recordado –siempre de acuerdo a la versión de Frías- que él también había servido con Lavalle contra Rosas.

Sin embargo Frías, hábil distorsionador de verdades, no deja de señalar que la llegada de Varela a Santiago “no ha sido espontánea”. El ministro chileno Amunátegui, sabiendo que Varela preparaba algo en Copiapó lo ha hecho bajar a Valparaíso, y de allí a Santiago. También Juan Saá, que se encontraba en Rancagua, ha debido trasladarse, obligado por un gobierno que ya no está al servicio de los “rotos”, sino de Gran Bretaña.

Frías sabe perfectamente, al igual que Sarmiento, que Varela está preparando una nueva invasión. El 15 de abril de 1869, el Gobernador de La Rioja le escribirá al Gral. Navarro: “…existe la amenaza de que Varela invada la frontera del Oeste”, advirtiéndole que la noticia la ha recibido del cónsul argentino en Copiapó.

Como Frías está al tanto del nuevo plan de invasión que se prepara, hace saber al canciller, que cumpliendo sus instrucciones, está acelerando las gestiones tendientes a firmar un Tratado de extradición con Chile que permita llevar al montonero a las cárceles o conducirlo seguramente a la muerte porteñista.

El 9 de junio el diligente Frías, que hace méritos, vuelve a escribirle al ministro haciéndole saber esta vez, que continúa ocupándose del Tratado, el cual se va convirtiendo en una cuestión de capitalísima importancia para el régimen de Buenos Aires.

Al poco tiempo, Frías, en “plena negociación” requiere del gobierno argentino, que no se apresure a juzgar la actitud del gobierno de Chile, aparentemente favorable a la invasión de Varela. El 1º de noviembre del mismo año, Frías manifiesta que existe peligro de que Varela se apropie del ganado de la cordillera. Pero, “como está enfermo”, le “resultará difícil hacerlo”. Informa también que Taboada, “ha llamado a Varela”, pero agrega que éste no irá.

El 28 de diciembre, Frías confidencialmente notifica a Buenos Aires que ha recibido noticias del cónsul argentino de Copiapó –que vigila atentamente al montonero- de que éste se ha escrito con “un amigo de negocios no de opinión”. La correspondencia de Varela es interceptada por manos sarmientinas, y todos sus movimientos cuidadosamente observados.

Una semana después, la República de Chile y la Argentina de Sarmiento, suscriben el Tratado de Extradición. En esa fecha, Frías vuelve a escribirle al ministro Varela y le dice: “Por lo que hace a los refugiados argentinos entiendo que no irán a perturbar la paz de las provincias de Cuyo. Ya vio usted la carta del urquizano Varela. El y sus compañeros comprenden que el tratado de extradición les está destinado, y que no podrán usar como antes del asilo, si vuelven a la pasada vida del vandalismo”. El tratado de extradición fue preparado al solo efecto de lograr la de Varela y sus hombres. Abyecto origen de una “institución” jurídica, que prueba terminantemente el peligro que el gran caudillo del interior significaba –aun enfermo y en retirada- para la oligarquía porteño-provinciana.

El 16 de mayo de 1870, Frías le avisa al canciller: “El principal de estos malvados, Varela, está gravemente enfermo, y de él nada hay ya que temer”. En la misma carta, Frías informa, sorprendido, que el Tratado de extradición no puede ser aplicado a Juan Saá, porque “el mismo no rige en caso de tratarse de delitos políticos”. La maniobra “jurídico-represiva” había fracasado. Los montoneros no son delincuentes, como pretenden los juristas del régimen.

A los pocos días, Frías, que ha recibido nuevos informes del cónsul argentino en Copiapó Belisario López, hace saber a la cancillería que Felipe Varela está grave. “En el último período de tisis”, según ha aclarado el propio médico de Varela. Frías anticipa que Varela vivirá pocos meses y para tranquilizar su conciencia servil y la de los sarmientistas de Buenos Aires, agrega que “Felipe Varela pidió limosna y está arrepentido”.

El 12 de junio de 1870, Frías escribe: “En carta del 5 de este mes, de Copiapó; anuncia nuestro Cónsul el S. Dn. Belisario López, la muerte de Felipe Varela, ocurrida el día anterior en Nantoco, lugar distante a cuatro leguas de esa ciudad”. Frías acota en su carta que el caudillo “muere en la miseria”, “legando a su familia que vive en Guandacol, La Rioja, sólo sus fatales antecedentes”.

Pobre muere, efectivamente, el montonero, en esa fría mañana andina del 4 de junio de 1870.

El 20 de mayo de 1869, Varela había escrito a su esposa “…Javierito –su hijo- se ocupe de algo, que no ande de balde, que se ocupe de sembrar trigo, todo lo que pueda; al año irá (a Catamarca) a un colegio para que se forme hombre; mis circunstancias no me han permitido hasta hoy (…)”. Su hijo se haría hombre, en un país detenido en su crecimiento nacional por la penetración imperialista. Poco antes del encumbramiento definitivo como clase directora antinacional, dueña ahora del poder económico, militar y político la oligarquía se vería obligada a luchar contra los últimos focos del federalismo.

En la misma carta en que Frías avisaba de la muerte del jefe montonero, el encargado de la Legación, advertía que López Jordán había escrito a los exiliados en Chile, pidiéndoles apoyo para su pronunciamiento.

El litoral mesopotámico se rebelaba. Urquiza ya no contaría como freno de la revolución. Pero era tarde. El interior provinciano estaba agotado, había dado el máximo de sí, y no podría contribuir al plan revolucionario. La postrer tentativa de López Jordán apuntaba a un fracaso seguro.

Cuatro días después de la muerte de Felipe Varela, el 8 de junio de 1870, el cuerpo del montonero era sepultado en el cementerio de Tierra Amarilla, aldea del departamento d Copiapó actual provincia de Atacama, Chile, a orillas del río Copiapó.

Esa aldehuela de menos de mil habitantes, que vivía magramente de la explotación minera, contempló en medio de melancólico silencio, cómo los últimos montoneros del noroeste argentino, hermanos del sufrimiento y de raza, despedían a su última morada, fuera de la patria a la que tanto amara, y por la que tanto luchara con sus hombres, al último gran caudillo argentino del interior provinciano. La modesta sepultura había sido costeada por los humildes moradores del lugar. Y este último homenaje del pueblo simbolizaba el fin de la Patria Grande y de la Unión Americana.

Varela, Saá, Solano López, son las fuerzas íntimas del alma vieja de la América”, había dicho Sarmiento con justeza, aunque contraponiéndolas, despreciativamente, a las “potencias” de la civilización colonialista.

Solano López yacía muerto con su patria, en suelo guaraní, luego de haberse batido heroicamente. Mariano Melgarejo, quebrado por la diplomacia brasileña, sería derrotado y derribado en ese mismo año. Bolivia perdería al poco tiempo sus riquezas mineras y su salida al mar. El Perú y Chile no tardarían en enfrentarse en la Guerra del Pacífico, víctimas de las maniobras europeas. México, empobrecido y desgastado, sería convertido en un apéndice de EE.UU. El Uruguay sería la Suiza colonial americana. El Brasil quedaría sumido en una pavorosa crisis financiera, de la cual se recuperaría recién hacia la mitad del siglo siguiente. La Argentina, “hablaría inglés” por muchos años, para desgracia de nuestro destino histórico. La América Hispánica, balcanizada, desmembrada por Europa, EE.UU. y sus oligarquías vasallas estaba ahora atada al más sangriento sistema colonizador que haya jamás conocido la historia de la humanidad.

La Unión Americana desaparecía, para ser reemplazada, en el siglo que advenía, por una mentida “Unión Panamericana”, u “Organización de Estados Americanos”, directamente al servicio del imperialismo yanqui.

Cuando los restos de Varela se unían para siempre con su Tierra americana, el Ferrocarril Central Argentino, para satisfacción de los accionistas británicos, ligaba Rosario con Córdoba, postergando por más de un siglo el desarrollo industrial del interior provinciano.

El mismo día en que la locomotora del primer tren llegaba a Córdoba, y que el Arzobispo de esa ciudad, bendecía a través del telégrafo –instalado por los británicos- a toda la Nación, la Unión Americana se desvanecían entre los grandes lutos de la historia inconclusa de América.

“La Nación” de los Mitre, en su Nº 129, del 12 de junio de 1870, informaba: “San Juan – Muerte de Felipe Varela (…) Según colega que estos meses han muerto López, Urquiza y Varela”. Pero en la palabra “celebridad” –escapada a la sagacidad del periodista- se decía una trágica verdad.

El gran silencio alrededor de los verdaderos héroes nacionales descendía sobre los Valles, desde la Cordillera hasta los Llanos, amortajando junto con los ponchos punzó al viento de los últimos montoneros exterminados por el “progreso”, la memoria de los grandes caudillos americanos.

Felipe Varela, sin embargo, no había muerto para su pueblo. Como Güemes, Bustos, Dorrego, Rosas, Ibarra, Quiroga, Aldao, El Chacho, López, y todos los jefes federales, viviría en el recuerdo revolucionario de sus masas nacionales.

De un pueblo que hoy, como siempre, le rinde justicia histórica, y los eleva a la categoría de símbolos de la emancipación nacional y latinoamericana.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Peña, R. O. y Duhalde. E. – Felipe VarelaSchapire editor – Buenos Aires (1975).

www.revisionistas.com.ar

domingo, agosto 15, 2010

MANIFIESTO DEL GENERAL VARELA A LOS PUEBLOS AMERICANOS.





MANIFIESTO DEL GENERAL FELIPE VARELA A LOS PUEBLOS AMERICANOS. 1866.
¡VIVA LA UNIÓN AMERICANA!
PROCLAMA

¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres mas grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre gobernador de Buenos Aires.
La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.
El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití.
Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de cien millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró respetarla.
COMPATRIOTAS: desde que Aquél, usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.
Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre.
Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste o insoportable situación que atravezamos, y que es tiempo ya de contener.
¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestro hermanos de causa en las demás provincias, os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos todos una vez más a los enemigos de la causa nacional.
A EL, y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caceros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribísteis con vuestra sangre.
¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos!
COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!...¡es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos!
¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!
¡ATRAS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!
¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el órden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas. ¡¡Ay de aquél que infrinja este programa!!
¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.
FELIPE VARELA
Campamento en marcha, Diciembre 6 de 1866.
Tipografía del Progreso, Potosí, 1868