GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

jueves, febrero 26, 2015

Angel Gargiulo, un creador de pura cepa.

Hace 32 años el técnico Ángel Gargiulo presentó más de una docena de variedades.
El ingeniero agrónomo Angel Gargiulo creó a través de la Experimental Rama Caída del INTA, en San Rafael, Mendoza, una cantidad importante de variedades con doble o triple propósito, es decir para consumo en fresco, pasas y vinificación.

El trabajo de mejoramiento genético de la vid lo inició en 1952 como alumno de la Universidad Nacional de Cuyo con el aporte de la firma Bodegas y Viñedos Arizu. Luego ingresó en 1961 al INTA y con la ayuda privada continúo sus investigaciones. Presentó 16 nuevas variedades sin semillas, tratando de buscar que se adapten a las regiones cálidas. Gargiulo siguió la linea de investigación del doctor Olmo y doctor Antclif, expertos de California.

Dentro de sus descubrimientos se destacan la Emperatriz, que es el cruzamiento e Emperador por Sultanina. Esta variedad fue utilizada en Chile para exportar a Estados Unidos bajo la denominación de Red Seedless. Otra fue la Pasiga, cruzamiento de Alfonso Lavallé por Sultanina, da excelente pasas con sabor semejante a higo seco. Puede utilizarse para vino y uva en fresco. Chile la exportó bajo el nombre de Black Seedless.

La Arizul tambien conocida como 351, que es el cruzamiento de Gibbi por Sultanina. La Moscatuel, cruzamiento de Moscatel Rosado, Cardinal y Sultanina, de triple propósito con sabor a moscatel, sin semilla. 

La Rieslina, cruzamiento de Riesling por Sultanina y Gibbi destinada a la vinificación al igual que la Caberinta, cruzamiento de Gibbi por Rubi cabernet.

Además obtuvo la Perlon, Serna, Aconcagua, Patricia, Patagonia, Carina y Aurora entre otras. Gargiulo fue además el creador de la técnica del injerto en T leñoso.

Publicado en Suplemento Verde del Diario de Cuyo de San Juan, sábado 18 de enero de 2014.
http://diariodecuyo.com.ar/verde/verde_anexo.php?noticia_id=606851&noticia2_id=606854

miércoles, febrero 25, 2015

10 AÑOS SIN PAPPO. 25 DE FEBRERO DE 2005 PARTÍA NORBERTO NAPOLITANO.

Hoy 25 de febrero se cumple diez años de la partida  de Norberto Napolitano considerado uno de los grandes guitarristas de blues y rock de la Argentina  quien falleciera trágicamente en un accidente con su moto Harley 1200 y lo atropellara  un auto en el kilómetro 71 de la Ruta 5 regresaban desde Luján desde Luján, junto con su hijo Luciano. Mucho se ha dicho de este accidente.
Norberto Napolitano conocido como “Pappo” o también “El Carpo” nació el 10 de marzo de 1950.
De pequeño  en la escuela, aprendía folclore y empezó a tomarle el gusto a guitarra. A los 14 años se compró una guitarra eléctrica a los 16 ya conformó “Los buitres” una banda de barrio.
En 1967, el ya conocido Pappo, habitué de las noches de La Cueva 2, es convocado por Miguel Abuelo, para integrar su grupo "Los Abuelos de la Nada" legendario grupo del rock nacional.
También fue parte de grupos como Engranaje, Los Gatos (convocado por Lito Nebbia para reemplazar al guitarrista Kay Galifi), Conexión Nº 5, Aeroblus y La Pesada del Rock and Roll. Fundador de  Pappo's Blues con David Lebón y Amaya registraron el primer disco en  1971.
Entre 1977 y 1978 Pappo volvió de Europa y formó nuevamente Pappo's Blues, con Conejo Jolivet, en guitarra, Julio Candia en bajo y Marcelo Pucci en batería. Compraron un colectivo, e iniciaron una gira, por la costa atlántica y se disolvieron.

Luego funda el grupo  Riff en la década de 1980 integrada por Michel Peyronel, Boff, Vitico y en algunos discos con JAF (Juan Antonio Ferreyra), donde dejó de lado el blues y se acercó al hard rock.
Reconocido no sólo en el país sino también en el exterior “hecho a sí mismo”  Nació en su casa de la calle Artigas casi esquina Camarones, en el barrio de La Paternal de la ciudad de Buenos Aires y llegó al Madison Square Garden.

Tocó con John Bonham de Led Zeppelin, Lemmy Kilmister de Motörhead y el bluesman estadounidense B. B. King, quien lo invitó a zapar, en vivo, en el Madison Square Garden de Nueva York en 1993.

martes, febrero 24, 2015

ACTUALIDAD: Bonasso fue citado a declarar en la causa por la muerte de Rucci.

Bonasso fue citado a declarar en la causa por la muerte de Rucci.

El juez Ariel Lijo lo citó en calidad del testigo para el próximo 5 de marzo. Lo solicitó la defensa de la familia del ex secretario general de la CGT.

José Ignacio Rucci fue acribillado a balazos el 25 de septiembre de 1973. Apenas dos días antes, Juan Domingo Perón había sido elegido presidente por tercera vez con casi el 62% de los votos. Rucci era secretario general de la CGT y una pieza clave en el armado político de Perón.

La cúpula de Montoneros –enfrentada por entonces con Perón– nunca reconoció públicamente la autoría del crimen, pero la Justicia concluyó que Rucci fue asesinado por esa agrupación. Así lo determinó el juez Ariel Lijo, a cargo de la causa. Sin embargo, en agosto de 2012 la archivó al considerar que no se trató de un delito de lesa humanidad.

La Justicia no considera crímenes de lesa humanidad a los ataques perpetrados por integrantes de organizaciones guerrilleras. Sin embargo, la familia de Rucci cree que para matar al sindicalista se utilizaron recursos del Estado.

En abril de 2013, la Cámara Federal porteña consideró "prematura" la decisión de Lijo y ordenó la reapertura de la causa. Para este decisión fue determinante la publicación del libro "Operación Traviata", de Ceferino Reato, que aportó nuevos datos sobre lo ocurrido.

Miguel Ángel Plo, abogado patrocinante de los hermanos Claudia y Aníbal Rucci, los hijos del gremialista, viene solicitando desde hace un buen tiempo que sea citado a declarar el periodista Miguel Bonasso, quien dirigió el diario Noticias –financiado por Montoneros– y además integró esa organización. Ahora, Lijo dispuso nuevas medidas en la investigación, y como parte de estas, citó a Bonasso en calidad de testigo para el próximo 5 de marzo.

No es la primera vez que Bonasso es llamado a declarar en la causa. El periodista recibió dos citaciones anteriores, pero no concurrió, alegando que las preguntas que el magistrado le iba a realizar tenían "un claro defecto legal".
Más allá del silencio de los sobrevivientes de la Conducción Nacional de Montoneros –como Mario Firmenich y Roberto Perdía–, numerosos testimonios de otros integrantes de la guerrilla peronista, de segunda y tercera línea, no solo reivindican la operación, conocida como "Traviata", sino que también aseguran que fueron utilizados recursos del Estado para la logística.

En ese sentido, la clave está en demostrar que Montoneros tuvo apoyo estatal –recursos de la gobernación bonaerense– para que el crimen sea imprescriptible. Por ese entonces, la provincia era gobernada por Oscar Bidegaín, quien se había acercado demasiado a la "Tendencia". Muchos de sus funcionarios eran de Montoneros. Numerosos testimonios dan cuenta del uso de vehículos oficiales como parte de la operación para matar a Rucci.

En este punto radica la importancia del testimonio de Bonasso. Según supo Infobae, las preguntas del juez están orientadas sobre los vínculos de los integrantes de la guerrilla montonera con organismos oficiales. Tanto nacionales, como bonaerenses, y de otras provincias cuyas gobernaciones tenían vínculos con Montoneros.

Lijo también busca saber que conocimiento tenía Bonasso de algunos nombres que surgen en la investigación, como el de Ernesto Jauretche, quien habría facilitado un departamento cercano al de Rucci, desde el que se habría preparado el crimen. Jauretche fue subsecretario de Asuntos Municipales bonaerense en la citada gestión de Bidegain.

El magistrado también le preguntará a Bonasso si tomó conocimiento en aquellos violentos años 70 sobre la posibilidad de que dos miembros de Montoneros, Gloria Bidegain (hija de Oscar) y Carlos Kunkel (actual diputado kirchnerista) hayan tenido acceso a los arsenales de la Policía de la Provincia o del Servicio Penitenciario bonaerense, de donde sustrajeron armas. Estima que éstas fueron usadas después para matar a Rucci.

Más allá de los ejecutores, en el asesinato participaron grupos que hicieron inteligencia, sanidad, apoyo logístico o contención. Muchos de los que integraron estos grupos están vivos. Cuarenta años después, tal vez tengan que explicar su papel en uno de los crímenes políticos más resonantes de la historia argentina.
http://www.infobae.com/2015/02/24/1628905-bonasso-fue-citado-declarar-la-causa-la-muerte-rucci
José Ignacio Rucci fue acribillado a balazos el 25 de septiembre de 1973.

Una calurosa mañana de 1826 por Rogelio Alaniz.

El  19 de febrero de 1826 los vecinos de la ciudad de Buenos Aires contemplaron con algo de asombro y un cierto toque de indiferencia a una caravana de carretas precedida por hombres de a caballo, que ingresaba a la ciudad de Buenos Aires. No era una tropa de reseros, no eran gauchos venidos desde alguna estancia, no eran comerciantes o proveedores de la pulpería. Había en ellos, a pesar de las ropas gastadas y polvorientas, a pesar de las barbas crecidas y el visible deterioro físico de algunos, una gallardía, una dignidad íntima, una cierta altivez en la mirada que provocaba inquietud y desconcierto.
Pronto un rumor empezó a circular entre los vendedores ambulantes, los troperos de la plaza, algunos parroquianos de los bares de la zona, las chinas que marchaban con los atados de ropa para lavar en la costa. Esos hombres de mirada hosca, mal entrazados, eran, nada más y nada menos, los granaderos de San Martín que regresaban a su ciudad luego de catorce años de ausencia.
En efecto, mil hombres del flamante cuerpo de granaderos marcharon en su momento a Mendoza para incorporarse al Ejército de los Andes. Desde ese momento el regimiento estuvo en todas y no faltó a ninguna. Peleó en Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia. Ganaron y perdieron batallas, pelearon bajo los rayos del sol y en medio de tormentas y borrascas; no dieron ni pidieron cuartel. Mataron y murieron sin otra causa que la de la patria. De sus filas salieron generales, oficiales y soldados valientes. Bolívar, Sucre y Santander ponderaron su disciplina, su coraje, ese orgullo íntimo que exhibían por ser granaderos. San Martín, tan ajeno a los elogios fáciles, dijo de ellos: “De lo que mis granaderos son capaces de hacer, sólo yo lo sé; habrá quien los iguale, quien los supere, no”. Don José sabía de lo que hablaba.
Pero regresemos al lunes 19 de febrero de 1826. Hacía calor en Buenos Aires, y cerca del mediodía no era mucha la gente que se paseaba por la zona de la Recova y la Plaza Mayor. A los rigores de la temperatura, se sumaban los avatares de la política. Bernardino de Rivadavia acababa de asumir la presidencia, un mandato otorgado por un Congreso que ya empezaba a ser impugnado por buenas y malas razones. Desde hacía unos meses, Brasil nos había declarado la guerra y, para escándalo de los ganaderos federales, el Congreso había iniciado el debate para capitalizar la ciudad de Buenos Aires.
No, no eran buenos aires los que soplaban en el Río de la Plata en esa calurosa mañana. Los vientos de la guerra soplaban amenazantes. La guerra contra Brasil, pero también las guerras civiles. Ni el gobierno ni los opositores tenían ganas de recibir visitas inoportunas, visitas que recordaran tiempos viejos y al nombre de San Martín; un nombre incómodo para una ciudad que no le perdonaba no haber movilizado a las tropas en Chile para defender a Buenos Aires del ataque de las montoneras federales de López y Ramírez.
La caravana llegó hasta la Plaza Mayor, los hombres ataron los fletes en los palenques y se protegieron de los rayos del sol bajo la sombra de la Recova. Nadie salió a recibirlos; no hubo ni ceremonias oficiales ni privadas. Nadie los esperaba y nadie parecía tener muchas ganas de hablar con ellos. Ellos tampoco se quejaron o levantaron la voz. Estaban acostumbrados a las ingratitudes.
Repuestos del viaje, el “trompa” Miguel Chepoya hace sonar su trompeta -la misma que vibró en San Lorenzo- frente a la Pirámide de Mayo. Algunos vecinos miran con desconcierto y algo de temor a estos “rotosos” que se comportan de un modo algo extravagante. ¿A quién se le ocurre hacer sonar una corneta ridícula un lunes a la siesta? Es verdad, ¿a quién se le puede ocurrir semejante cosa en el Buenos Aires de 1826? Después, en rigurosa formación, marchan hacia el Parque de Retiro donde dejan sus arreos. Sólo algunos curiosos los acompañan. Ni formación especial ni comitivas oficiales. Una semana después, la Gaceta Mercantil les dedica algunos renglones. Nada más. Tampoco ellos piden más. El único orgullo que se permiten estos hombres es ser soldados de San Martín y pertenecer al regimiento que para el Libertador era, como se decía entonces, la niña de sus ojos.
La mayoría de ellos no conoce los entremeses de la política criolla. Seguramente no sabe quién es Rivadavia o Rosas; les basta con saber que conocieron a San Martín y que fueron sus soldados. Motivos tenían para estar orgullosos. Su destino militar en los últimos años estuvo unido a las guerras de la independencia. No faltaron a ninguna cita. Combatieron en Vilcapugio, Ayohuma, Sipe Sipe; desfilaron orgullosos por las calles de Montevideo; estuvieron en San Lorenzo, Chacabuco, Maipú y Cancha Rayada. Después se lucieron en Río Bamba. Pichincha, Junín y Ayacucho. El balance es elocuente: ciento diez batallas en las costillas.
Luego iniciaron el regreso a Buenos Aires. El 10 de julio de 1825 llegaron a Valparaíso bajo las órdenes del coronel Félix Bogado. Nada les resultó fácil. Ni en Valparaíso ni en Santiago los esperaban. Les habían prometido pagarles los sueldos atrasados y no lo hicieron; les habían prometido trasladarlos con las comodidades del caso, y tampoco lo hicieron. El coronel Bogado discutió con políticos chilenos y diplomáticos argentinos. El reclamo era más que modesto: caballos y carretas para regresar a Buenos Aires. Recién en Mendoza, un señor llamado Toribio Barrionuevo, sacó de sus bolsillos unos pesos para financiar el regreso.
El 13 de enero de 1826 salieron de Mendoza en una caravana de veintitrés carretas. Antes de partir, Bogado ordenó un recuento de armas y pertenencias: 86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas. Setenta y ocho hombres son los que llegaron a Buenos Aires. De ellos, siete estuvieron desde el principio. Importa recordar los nombres de estos muchachos: Félix Bogado, Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Dámaso Rosales, Francisco Vargas y Miguel Chepoya. Dos meses después, Rivadavia se acuerda de ellos y los designa escolta presidencial. Pero las desconfianzas y recelos persisten. Finalmente se corta por lo sano y los disuelven.
Veamos el destino de estos sobrevivientes: Félix Bogado, paraguayo y lanchero, se inició como soldado raso en San Lorenzo y concluyó su carrera militar con el grado de coronel. Cada ascenso lo logró en el campo de batalla. San Martín lo hizo teniente coronel y Bolívar, coronel. Murió en mayo de 1829 en San Nicolás. Estaba pobre y tuberculoso. Hoy un pueblo y numerosas calles lo recuerdan, pero en su momento nadie se acordó de él.
El “trompa” Miguel Chepoya, iniciado en San Lorenzo, se dio el lujo de hacer sonar su trompeta en Ituzaingó. Es la última vez que lo hizo. Murió en su ley. Peleando contra un enemigo extranjero.
José Paulino Rojas era cordobés. También estuvo en todas y en todas fue respetado por su coraje. Ninguna de esas virtudes alcanzaron para salvarle la vida. Rojas, enredado en las guerras civiles, murió fusilado en 1835.
De los otros, es decir de Vargas, Rosales, Olmos y Gómez no dispongo de datos. Es probable que mucho no haya. Por lo general, las grandes biografías no se escriben con las peripecias de estos hombres, cuyo exclusivo patrimonio son las cicatrices ganadas en los campos de batalla. Después, mucho después, llegarán los reconocimientos y los honores. Bartolomé Mitre dirá del Regimiento de Granaderos: “Concurrió a todas las grandes batallas de la independencia. Dio a América diecinueve generales y más de doscientos jefes y oficiales en el transcurso de la Revolución. Y después de entregar su sangre y sembrar sus huesos desde el Plata hasta Pichincha, se paró sobre su esqueleto y los soldados regresaron a sus hogares trayendo su viejo estandarte bajo el mando de uno de sus últimos soldados ascendidos en el espacio de trece años de campaña”. Buenas y bellas palabras, para hombres que aquel lunes de febrero de 1826 ni siquiera recibieron el saludo de los perros que entonces vagaban libres y salvajes por las calles de Buenos Aires.
http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2013/09/18/opinion/OPIN-03.html?origen=rss

Houston, tenemos uno, dos... varios problemas.

La tecnología sofisticada utilizada en los viajes espaciales no es infalible y mucho menos los hombres que la manipulan. La NASA no estuvo libre de estos errores cuando puso un hombre en la luna. El español Carlos González fue testigo preferencial de aquellos contratiempos.

En la década de los sesenta la idea de futuro se enfocaba en el espacio. La ciencia ficción nos lo dictaba desde la literatura y la agencia espacial norteamericana lo hacia realidad con su carrera por llegar a la luna. La planificación y la exactitud de la NASA estaba reflejada en sus técnicos con camisa blanca de manga corta, bolsillo lleno de biromes y su corte de cabello militar. Ellos hacían que todo funcionara con la exactitud de un mecanismo de reloj. O al menos eso parecía.
El ingeniero español Carlos González Pintado fue durante más de cuarenta años el jefe de operaciones de Madrid del Deep Space Communications Complex, una de las tres antenas satelitales en España que recibían todo el flujo de comunicación de la NASA y sus misiones tripuladas. Desde ese lugar vivió la carrera espacial como un espectador de primera fila, con acceso a escenas que muy pocos pudieron ver.
Ahora está jubilado y entregado por completo a la divulgación de su experiencia, sus conocimientos de ingeniería espacial y sus anécdotas de la época.
Marketing de la NASA
"El Apolo 8 tuvo cierto interés porque fueron a la órbita de la Luna, y además fueron en Navidad. Lo hicieron adrede, claro, los americanos son especialistas en organizar sus encuentros con Saturno o con Júpiter en fechas señaladas: el 4 de julio, o el Día de Acción de Gracias…
Era muy importante que el contribuyente, que es quien pone el dinero, estuviera muy interesado por la misión. ¿Y cómo interesarle? Pues teniendo a tres astronautas dando vueltas a la Luna en Navidad. Imagina la transmisión desde allí: "Admiramos la grandiosidad del Universo, que es una obra de Dios… etc.".
"Seguimos entonces. Las misiones 9 y 10 pasaron de alguna manera más desapercibidas. Pero la 11... esa fue espectacular porque ahí iban a pisar la Luna. Y esa parte, la más difícil y espectacular de la misión, sólo pudo seguirse desde las antenas de Madrid en Robledo y de Fresnedillas que estaban alineadas en ese momento para ver bajar y aterrizar al módulo lunar, con todos los problemitas que tuvo.
"Una vez que el módulo alunizó les dijeron a los tres astronautas que se echaran una siesta (ríe). Imagínatelo: después de hacer un viaje de 400.000 kilómetros, hacer un descenso que no estuvo falto de incidentes… ¿me dicen que tengo que dormir? ¡Hombre, por favor! ¿Dónde están mis nervios? ¿Cómo voy a dormir ahora?
"El tema era una cuestión de horarios, claro. Era importante que cuando lo hicieran todo el territorio de Estados Unidos lo estuviera viendo. Les hicieron esperar y salieron cuando ya estaban las antenas de California haciendo el seguimiento.
Más de un problema
"Cuando Neil Armstrong y Edwin Aldrin entran en el módulo de descenso (Michael Collins se quedan en la nave de mando), encienden toda la instrumentación, cierran escotillas y se preparan para separarse. El hueco entre el módulo de mando y el módulo lunar debía estar despresurizado, pero no lo estaba del todo. Así que en vez de simplemente soltarse, salieron ligeramente despedidos, como el corcho de una botella de champán. Se fueron 10 kilómetros más lejos de lo que debían."
"Lo siguiente es comprobar que todo está en orden: uno despliega las patas, el otro mira por la ventana, parece que todo es correcto, no hay nada roto ni abollado... Muy bien, pues a bajar. Además, tienen una antena de ganancia que apunta a la Tierra para vigilar el alunizaje, que es el momento crítico de la misión. Pues de pronto se perdió la comunicación. Era la tecnología más avanzada del mundo, acabábamos de empezar y les habíamos perdido. Aldrin tuvo que reorientar la antena a mano e ir manejándola todo el viaje.
Aquella era una antena de alta ganancia automática programada para esquivar todo aquello que podía obstruir la señal. Pues el responsable de esa programación se olvidó de incluir como posible obstáculo la propia nave de mando. El módulo lunar miraba a la nave y no la reconocía como un obstáculo para la señal de la Tierra. Y entonces la señal no podía pasar.
Aldrin reorienta la antena, recuperamos la señal y empiezan a bajar. Porque Armstrong estaba determinado a bajar, eso te lo garantizo. Y cuando están en ello, saltan varias alarmas de seguridad. Armstrong dice "Houston, tenemos una alarma 1.202 y un botón rojo parpadeando que pone 'Abort!', ¿qué hacemos?". Las primeras no eran importantes, pero después saltó otra que sí lo era. El ordenador falló. "¿Y ahora qué?".
Había dos posibilidades. La primera era desprender la parte del módulo para el aterrizaje, reencontrarse con la nave de mando y volverse a casa. Armstrong se negó en rotundo. La otra era bajar en modo manual, y eso decidieron.
Se soltaron las bridas (por aligerar peso el módulo no tenía ni asientos), cogieron los mandos y siguieron bajando. Pero aún hay más. Por el radar se dieron cuenta de que se estaban pasando de largo, y no iban a aterrizar donde pensaban, sino 6 u 8 kilómetros más lejos de lo previsto, en una zona que no estaba cartografiada. Los equipos de a bordo tenían un margen de 15 metros, así que si había una roca de 14 metros, no la iban a ver. Iban a ciegas.
Pero Armstrong dijo que bajaba como fuese. Así que fueron buscando un sitio donde aterrizar. "Aquí no que hay rocas, aquí no que hay pendiente y nos caemos rodando...". El problema era que el módulo tenía una batería limitada y perfectamente medida para cada maniobra. Bueno, pues desde Houston les avisaron: "Águila, 30 segundos". Se les estaba acabando el tiempo. Hasta que encontraron por fin un sitio razonable donde aterrizar cuando solo quedaban 17 segundos.
Fue en ese momento que les piden a los astronautas que duerman un rato pero llenos de adrenalina como estaban se niegan. Pintado continúa con su relato.
La escotilla más chica que el astronauta
"De dormir, nada, claro. Dijeron que iban a ir haciendo tiempo poniéndose el traje espacial, que se tardaba un par de horas en poner. Y cuando por fin llega el momento de salir, resulta que no caben por la escotilla. Para disminuir el peso del módulo, los ingenieros habían hecho la escotilla más pequeña, pero no habían reducido la mochila de supervivencia y no pasaba.
Y fíjate qué curioso: a pesar de todos los problemas que habían tenido en todo el descenso y el aterrizaje, ése fue el momento en el que a Armstrong más le subieron las pulsaciones. Cuando se vio tan cerca del destino y sin poder salir. Con ayuda de Aldrin pudo salir, bajó a la Luna e hizo historia."
Y después de la Luna, ¿qué?
"La carrera espacial estaba ganada desde mucho antes en realidad, desde el 66. Americanos y soviéticos querían llegar a la Luna los primeros, obviamente. Los soviéticos tenían un cohete impresionante, un N1, que podía competir con un Saturno 5. Lo que ocurrió fue que, en 1966, el que era el cerebro soviético del diseño de estos cohetes, Sergei Korolev, tuvo una afección que requería una intervención quirúrgica de poco riesgo, y en esa intervención murió. Sus colaboradores no consiguieron terminar el proyecto y en ese momento los soviéticos arrojaron la toalla y los americanos ya habían ganado."
"Además es curioso porque a partir del Apolo 11, el interés por la carrera espacial decayó enormemente en Estados Unidos. El ciudadano de a pie se preguntaba: '¿Para qué vamos a gastar más dinero si ya hemos llegado a la Luna? Si ya hemos sido los primeros, si nos hemos traído 80 kilos de materiales para investigar... ¡Con lo que cuesta eso!'".
Mujer en el espacio
Los norteamericanos llegaron a la luna pero los rusos en casi todos los hitos anteriores fueron primero. De hecho la primer mujer astronauta, Valentina Terescova lo hizo en 1963 y EE. UU. puso su primer mujer en el espacio, Sally Ride, veinte años después. A raíz de esto González Pitado comenta:
"Fue una mezcla de machismo y puritanismo. Primero se pensó que no serían capaces de aguantar las pruebas físicas. Pero un grupo de mujeres, a las que después se conoció como las 13 Mercury, pasaron esas pruebas y demostraron que el físico no era un problema -es más, ahora se sabe que cualquier persona puede soportar una aceleración de 4 o 4,5g-".
"Lo del puritanismo lo digo porque resulta curioso que ninguna mujer estadounidense subiese al espacio hasta que se empezaron a utilizar pañales desechables y se puso una puerta en el baño de las naves. ¡Cómo iban a dejar a un hombre y una mujer juntos y solos allí arriba, sin una puerta en el baño!" .
Para Carlos Pintado la carrera espacial incidió en muchas otras cosas, de las que muchos ciudadanos no están al tanto. "Por ejemplo, sólo en medicina los desarrollos fueron incontables: se mejoraron los marcapasos, las medicinas para el mareo, se empezaron a hacer escáneres, se inventaron las lentillas, se inventó el pañal desechable superabsorbente (algo que todas las madres agradecen)… También se desarrolló el horno microondas, se impulsó la miniaturización, los PCs… Si tuviésemos que hacer un recuento de las cosas cotidianas en las que ha influido la carrera espacial, no terminaríamos nunca."
(Teknautas, El Confidencial, Rocío P. Benavente).
Publicado en Diario "Río Negro", 24-2-2015.

lunes, febrero 23, 2015

El nuevo billete de $50 de Malvinas empieza a circular en marzo. Y a Sarmiento no se lo llevará el viento Zonda...

El nuevo billete de $50 de Malvinas empieza a circular en marzo.
Con un nuevo diseño, el instrumento homenajea a la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

El Banco Central de la República Argentina informó que a partir del mes de marzo comenzará a circular el nuevo billete de 50 pesos que homenajea a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. La nueva serie comienza con el número 00.000.001 A y será distribuido a través de entidades financieras.
El billete fue diseñado y producido en su totalidad por la Casa de la Moneda y presenta en su anverso una imagen central del mapa del archipiélago.
Junto a este, un segundo mapa de Latinoamérica y el Caribe que "alude al apoyo recibido en ámbitos diplomáticos por parte de los países vecinos, que han transformado el reclamo por Malvinas en una causa regional", dijo en BCRA a través de un comunicado.
En el reverso hay una imagen del gaucho Antonio Rivero, quien en 1833 encabezó la resistencia a la usurpación británica de las islas. Entre otras ilustraciones, se agregan la gaviota malvinense, que refiere la convicción de recuperar pacíficamente la soberanía sobre las islas, así como imágenes del Cementerio de Darwin y del Crucero General Belgrano, en reconocimiento a los combatientes caídos en la guerra del Atlántico Sur.

Publicado en Diario "La Nación" 23 de febrero de 2015.