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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, abril 05, 2026

5 DE ABRIL DE 1849: MUERE EL GENERAL MARIANO PASCUAL NECOCHEA.

 


EL SUPREMO GRANADERO.

5 DE ABRIL DE 1849, MUERE EL GENERAL MARIANO PASCUAL NECOCHEA.
Nacido en Buenos Aires, el 7 de setiembre de 1792.
Con 20 años, en 1812, se suma al Regimiento de Granderos, con el grado de Alferez.
Estara presente en San Lorenzo, y por su cultura (había estudiado humanidades, matemáticas e idiomas en Sevilla), es el escribiente del Parte del Combate, según dictados de San Martín.
Combatió en el Ejército del Norte, donde fue herido de gravedad en Sipe-sipe.
Cruzó los Andes. Luchó en Las Coimas durante el cruce. Estuvo presente en Chacabuco, Gavilán, Talcahuano y Cancha Rayada, donde fue herido en una mano. Por ese motivo, no estuvo en Maypo.
Hizo la Campaña del Perú. Combatió en Nazca y Cerro de Pasco. Participó del Sitio del Callao.
Fue uno de los Jefes de la caballería patriota en Junin, en donde fue herido gravemente. Fue lanceado en el pecho, herida que le atravesó un pulmón. Un sablazo le inutilizó el brazo. Catorce heridas se contaron en su cuerpo. Fue capturado por los realistas, pero un oportuno contraataque, logró liberarlo.
Nunca jamas podra ser el mismo después de Junín. Las numerosas heridas afectaron su salud.
Fue nombrado Director de la Casa de la Moneda, por Simón Bolivar.
Fue acusado de participar de un complot en contra de Don Simón, sin pruebas concretas. Enemistado con el Libertador abandonó el Perú, no sin antes pronunciar una famosa frase: "...del Perú solo quiero llevarme las heridas”.
Volvió al país, quiso sumarse a la Guerra contra el Brasil, pero Rivadavia no le dió permiso.
Retornó al Perú.
Falleció en su casa de Miraflores el 5 de abril de 1849. Fue enterrado en el Cementerio Presbítero Matías Maestro, pero posteriormente sería trasladado al Panteón de los Próceres en el Cercado de Lima, donde descansa hasta el día de hoy.
Es Heroe Nacional del Perú, con el grado de Gran Mariscal del Perú.
Estatua del General Mariano Necochea, en la ciudad peruana de Lima.

Granaderos Bicentenario.

domingo, noviembre 24, 2024

Alemanes e irlandeses en la batalla de Ayacucho. Por Roberto Elissalde.

 

En breves días se conmemorará el bicentenario de la batalla de Ayacucho. Aquel 9 de diciembre de 1824 a 400 kilómetros de Lima se cerró la época de la dominación española en nuestro continente y se inició una nueva en los pueblos de la América del Sur. El triunfo de las armas que buscaban la independencia fue posible por el aporte de los ejércitos de diversas naciones latinoamericanas, que habían luchado por la liberación de su propia tierra; y también de algunos europeos.

El resplandor de la libertad había incitado a muchos militares europeos después de Waterloo, a ofrecer sus servicios a la causa americana. Algunos de ellos dejaron su vida y otros se cubrieron de gloria junto a sus camaradas de este continente.

La magnífica publicación peruana Ayacucho, la liberación de América la dio hace conocer en 1974 la Comisión Mixta de los Sesquicentenarios de Junín, Ayacucho y la convocatoria al Congreso de Panamá” que integraban la Argentina, Bolivia, Chile, Panamá, Perú, y Venezuela, consigna una relación de los jefes y oficiales que combatieron en esa acción: el alemán Otto Felipe Braun y los irlandeses: Francisco Burdett O´Connor, Arturo Sandes, Gilmor Gregge y Guillermo Fergusson.

Hábil jinete

Otto Felipe Braun (1798) participó en el fin de las guerras napoleónicas y viajó a América para participar en la emancipación del continente, hijo de un constructor de carruajes fue un hábil jinete desde la más corta edad, lo que finalmente lo llevó a enrolarse en las filas de los Cazadores a Caballo de Hesse siendo el más joven de ellos; después de estudiar veterinaria en los Estados Unidos desembarcó en Santa Marta (Venezuela) en 1820 uniéndose a las tropas de Bolívar.  Tuvo una destacada actuación al frente del Escuadrón de Granaderos de la Guardia cuando la carga de caballería de Canterac en Ayacucho. Estuvo al servicio del ejército de Bolivia y fue ministro de Guerra de la Confederación Perú-Boliviana entre 1836 y 1839. Casó en 1828 con la arequipeña Justa de Rivero, hija del coronel realista Pedro José de Rivero. Amigo personal del mariscal Santa Cruz, corrió a su caída la suerte de despojado de sus títulos y volvió a Alemania. Rehabilitado por el presidente Belzú regresó varias veces a Perú y Bolivia donde tenía intereses económicos, murió en Kassel en 1869 y sus restos descansan en la Basílica de San Francisco, en La Paz. Bolivia lo considera un hijo dilecto.  

New Erin

Francisco Burdett O´Connor nació en el condado de Cork en 1791, hijo de Sir Rogelio miembro de una de las familias prominentes de Irlanda. Su juventud fue más que aventurera, y así en 1819 partió de Dublin en el navío Hannah con destino a las fuerzas angloirlandesas en Venezuela. Recibió el mando de un regimiento de lanceros irlandeses y después de participar de algunas acciones llegó en 1824 al Perú, estuvo en Junín y en Ayacucho con el grado de general. El general Miller lo recuerda el magnífico regimiento que había organizado y con el que pasó al Perú. Instalado en Tarija casó en 1827 con Francisca Ruyloba con la que tuvo descendencia, donde aún hoy es recordado con particular estima. Terminada la guerra en 1827 escribió esta carta a sus compatriotas:

“Después de nueve años de luchas y penurias, he tenido el placer de ver estas hermosas provincias libres del yugo hispánico y gozando de una forma republicana de gobierno, de verdadera felicidad e independencia. El país es bello: hay gran abundancia de la mejor tierra en el mundo, pero muy pocos hombres y mujeres para cultivarla. He escogido esta provincia como mi residencia; aquí quiero fundar la colonia de New Erin –tan verde, fértil y floreciente– como nuestra pobre tierra nativa. La provincia de Tarija es mucho más grande que Irlanda y nuestra colonia puede ser tan extensa como el más grande condado de allí o quizá como dos condados. Hombres de Irlanda: aquí está el sitio de todos los que quieren hacer de New Erin su hogar. Los más pobres de mis compatriotas serán recibidos por mí con los brazos abiertos, ellos son mi carne y mi sangre y después de trabajar corto tiempo para hacerme una casa, ellos serán provistos con una propia, con todo lo necesario, una vaca, un caballo, un cerdo, patos y gallinas y semillas en el depósito. Esa casa y tierra será para ellos para siempre y no habrá hombre con el poder de expulsarlos. No se les pedirá renta, más que una ayuda en algún día de apuro para el bien general. Ellos serán sus propios amos para siempre. Irlandeses: este no es un truco para engañarlos. Esta es la genuina oferta de su padre, su hermano, su amigo, su coterráneo para compartir con ustedes lo que ha ganado con su espada. Vengan a mis brazos: encontrarán en mí un protector y aquí hallarán también salud, prosperidad y felicidad. Francis Burdett O’Connor".

Hombre de vasta cultura a su muerte en esa ciudad en 1871 quedaron inéditas sus memorias que en 1895 dio a conocer su nieto F. O´Connor Darlach con el título La Independencia americana. Recuerdos de Francisco Burdett O´Connor, coronel del ejército, libertador de Colombia y general de división de los del Perú y Bolivia. Su tataranieto el embajador Eduardo Trigo O´Connor Darlach, estuvo a cargo de la misión en nuestro país, destacado historiador, hombre generoso y transparente como sus ojos claros, dejó múltiples recuerdos entre los que disfrutamos de su amistad hasta su muerte en la primavera del 2022.

Arthur Sandes tenía el grado de coronel en 1824, había combatido en el Pantano de Vergas donde fue herido, participó de otras campanas y se batió en Carabobo, en la toma de Pasto y en la sorpresa de Collpahuaico. Su coraje le valió después de Ayacucho la insignia de general de brigada. 

Legión británica

Carlos Fergusson nació en Irlanda y para solucionar los problemas económicos familiares, fue reclutado para integrar la Legión Británica que combatió en América, donde en poco tiempo probó ser un oficial de mérito. Estuvo en los llanos de Apure a las órdenes de Antonio Páez, en la Angostura y en la isla Margarita en el ejército del general Urdaneta. Asistió a Junín y Ayacucho, para esto se había ganado la confianza de Bolívar que después de Ayacucho lo promovió a coronel y lo nombró su edecán. En la noche del 25 de setiembre de 1828 los conspiradores que intentaban asesinar a Bolívar llegaron hasta el palacio de San Carlos de Bogotá, éste huyó por una ventana mientras los rebeldes eran distraídos por Manuelita Sáenz que estaba en el lugar. Un venezolano confundió a Ferguson con Bolívar hiriéndolo mortalmente por la espalda, y tres días después era sepultado el leal irlandés con grandes honores.

No faltan otros nombres, como los británicos Guillermo Miller, Dushburry, Carlos Soberwsky (que había muerto lanceado en Junín), Belford Hinton Wilson, o el parisino Clemente Althaus, e incluso algunos españoles que convencidos de la justa causa de la emancipación entre ellos los hermanos Vicente y Antonio Tur, Miguel Benavidez, Alejo Bruix, Manuel de Oliva, José Olivos y José Quintana.

Y ni que decir de nuestros compatriotas Cirilo Correa, Ramón Estomba, Francisco de Paula Otero, Rufino Martínez, José Olavarría, José María Plaza, Isidoro Suárez, Angel Irasotegui, Juan Esteban Pedernera, sin olvidar a Mariano Necochea que por sus heridas en Junín no participó de Ayacucho, y que merecen nuestro recuerdo como el joven Eustoquio Frías uno de los granaderos junto al paraguayo José Félix Bogado.

Como bien se señala en el volumen:

“Estos guerreros de diversas nacionalidades fueron la afirmación de que en Junín y Ayacucho, se combatió por principios comunes a todos los hombres, que la libertad es el único objeto digno del sacrificio de la vida…”

Roberto Elissalde. Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Alemanes-e-irlandeses-en-la-batalla-de-Ayacucho-553160.note.aspx

miércoles, septiembre 09, 2020

Eustoquio Frías, el último Granadero de San Martín.

Eustoquio Frías, el último Granadero de San Martín.

Fue uno de los antepasados de Jorge Félix Frías, abogado y político viedmense, quien se desempeñó como concejal en la capital provincial y ministro durante el gobierno de Mario Franco.

Por Enrique Minetti.
- ¿Sabías que Jorge era descendiente del último granadero de San Martín?
Sabedora de mi gusto por la Historia, Nenona Cuestas, excelsa música viedmense, destacada por la Municipalidad de Viedma, entre otras, como “Mujeres Trabajadoras del Arte” y querida amiga, me hizo llegar un valiosísimo material bibliográfico y antecedentes sobre este Prócer olvidado por la historiografía, sobre el cual intentaré compendiar algunos apuntes de su apasionante vida como así también el fenomenal aporte que hiciera a la Independencia de nuestro país y al de la Patria Grande.
El dato destacable es que nuestro personaje es antepasado del Dr. Jorge Félix Frías, su esposo ya fallecido, quien fuera un respetado vecino, destacado abogado, importante dirigente político peronista. Padeció la cárcel cuando la última dictadura derrocó al Gobernador constitucional Mario Franco, gobierno del cual fue Ministro, Concejal de la ciudad de Viedma, honrado hombre de bien de intachable moral y un querido amigo. Seguramente el dato es desconocido por la mayoría de la gente. En mi caso, por ejemplo, Jorge nunca me lo había contado.
- Jorge era un hombre sencillo, de costumbres austeras, lo explica Nenona y agrega:
- No era amigo de homenajes. Ejemplo de ello es que nunca propició ninguno para su abuelo el ingeniero Eliseo Schieroni.
Este pionero educador, personalidad de destacada actuación como profesional en todo el país, se radicó en Viedma en 1895 y fue quien en 1917 fundara y dirigiera hasta su muerte la primera Escuela Normal de la Patagonia con sede en Viedma. La que formó maestras y maestros que tuvieron la esforzada y patriótica tarea de educar en clave celeste y blanco en la soledad y la inmensidad de la Patagonia tan poco argentina de aquellos años.
Pocos saben que Jorge Frías era nieto de Schieroni y menos aún descendiente de Eustoquio Frías, el último guerrero de la generación fundante de la independencia de la patria y de la América del Sur..
- “¿Y, no me acompañas?” Le dijo el cadete de artillería Antepara al niño Eustoquio que estaba en el atrio de la catedral viendo desfilar a las tropas que marchaban a la batalla. El ejército español a las órdenes del gral. Tristán, había invadido la provincia de Tucumán. Sin dudarlo siguió al cadete, con el que había hecho amistad, al campo de batalla donde alcanzaba agua a los artilleros en un balde de suela. Esto le costó una buena reprimenda de su madre.
Sus padres, Pedro José Frías Castellanos y doña Loreto Sanchez Peón, habían dado a luz a su primer hijo: Eustoquio un 20 de septiembre de 1801 en Cachi, Salta. Ambos fueron destacados patriotas. Su padre perdió una pierna en la batalla de Tucumán y su madre pertenecía a una valiente red de mujeres que espiaban las actividades de los realistas e informaban a los patriotas, ayudadas por sus hijos pequeños, entre quienes estaría Eustoquio, seguramente.
- “Porque éste ha de estar poco tiempo a nuestro lado. ¿No ves sus inclinaciones a ser militar? Cuando sepa ponerse los pantalones, ten seguro que nos abandonará”. Le contestó la madre ante las reiteradas preguntas del padre de por qué lo consentía más que a sus otros hermanos.
Para complacer a la madre de separarlo del contacto con los militares porque en Salta permanecían cuerpos de Línea, su padre resolvió mandarlo a San Juan a vivir con un tío. Lamentablemente para los padres de poco sirvió el alejamiento. Allí tuvo noticias que en Mendoza se estaba organizando el Ejército de los Andes a las órdenes del General Dn. José de San Martín.
- “Se puso de acuerdo con otros tres amigos a quienes también les agradaba la idea y se combinaron el marchar a Mendoza a presentarse como voluntarios. Sus compañeros eran un joven Aguilar, un Argello y Sapata el que les proporcionó los caballos y convinieron que el primer día de fiesta saldrían como de paseo y se dirigirían a Mendoza”.
Eso sucedió el 9 de marzo de 1816. Al día siguiente llegaron a Mendoza y el 11 se presentó en el cuartel que se encontraba en el paraje de El Plumerillo. Eligió ese cuerpo porque conocía a varios oficiales que habían visitado a sus heroicos padres en Tucumán, pero no los encontró. Por otra parte, ninguno de los comandantes de compañía lo quiso incorporar porque, pese a que era alto estaba muy delgado. Quiso la suerte que apareciera el Capitán con grado de Mayor D. Mariano Necochea que lo conocía de Tucumán y era amigo de su padre. Quien al verlo se sorprendió y le preguntó qué hacía en el cuartel
Eustoquio le respondió que:
- “Había venido a presentarse para ser soldado y que no lo admitían por ser muy muchacho y muy flaco”.
Necochea lo hizo dar de alta en su compañía que era la primera del primer escuadrón, ordenando al Sargento Larca que comenzara con su instrucción al día siguiente. Viendo el Sgto. que estaba perfectamente instruido a los ocho o diez días lo llevó ante el Mayor Melián y le dijo:
- “Aquí traigo al recluta que se me confió para que enseñare. Puedo asegurar al señor mayor que es más soldado que yo…así es que nada tengo que enseñarle”. Al decir que creía que era “desertor de algún cuerpo de los de Güemes”, el mayor le contestó:
- “Conozco mucho a sus padres y lo conozco a él, tengo la seguridad que nunca ha sido soldado sino aplicado a serlo”. Al día siguiente se le dio el uniforme de soldado del Regimiento Granaderos a Caballo con el que se batiría heroicamente en los campos de batalla de América en pos de la independencia.
Tras la victoria de Maipú, en abril de 1818, la libertad de Chile quedó asegurada. Había que encarar entonces la siguiente etapa del plan de liberación continental sanmartiniano, que consistía en atacar Perú, el centro del poder colonialista español en América del Sur.
La presión del Directorio para que San Martín regresara con el Ejército de los Andes para sofocar los levantamientos contra el gobierno de Buenos Aires fue cada vez mayor. San Martín asume la histórica decisión de desobedecer las órdenes del centralismo porteño.
“Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible; pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo”, le escribe a O´Higgins.
“Compañeros del Ejército de los Andes:…La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.
Esa encendida arenga de la Orden General del 27 de julio de 1819 dada por San Martín debe haber resonado vivamente en los oídos y en el espíritu patriótico de Eustoquio Frías, grabándosele a fuego para siempre.
Con el grado de Cabo participó de la toma de la ciudad de Lima e hizo la campaña del Perú bajo las órdenes del General San Martín por la que recibió una medalla de plata. A las órdenes de Arenales participó en las dos campañas de la Sierra, distinguiéndose en los combates de Nazca y Pasco. En el sitio a la fortaleza del Callao y luego en su asalto, el 14 de agosto de 1821 estuvo presente Eustoquio Frías. Sitio que culminara con la capitulación del Mariscal José de la Mar.
El General Santa Cruz, al iniciar la campaña al Ecuador designa a Frías en el grado de Sargento. El General Sucre le pide a Juan Lavalle, entonces capitán con grado de sargento mayor, un sargento para cumplir una misión sumamente importante. El sargento Frías fue el designado. Debía entregar un oficio en mano al General español, debiendo observar en el campo enemigo cuanto le fuera posible. Habiendo cruzado un río a nado con dos caballos y no habiendo sido visto por las partidas enemigas, el general dijo:
- “Si todos los soldados de San Martín son como éste, son invencibles”. A lo que Frías contestó que él era el más inferior de sus compañeros.
De regreso al campamento hace una pormenorizada relación de lo que vio, que advirtió poca vigilancia y que le parecía fácil entrar por dónde él lo había hecho. Tres días después el ejército patriota ocupa Cuenca. A los dos días tuvo lugar el combate de Río Bamba, conocido como el más brillante combate de caballería en la Guerra de la Independencia Hispanoamericana, destacándose la primera carga de un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo de 96 hombres, que cargó contra 400 jinetes de la caballería realista, dando la victoria a los patriotas. Frías fue uno de esos valientes granaderos resultando herido de lanza en la mano derecha
A las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, vence a las fuerzas españolas en la batalla de Pichincha, conduciendo a la liberación de Quito. Participa en la campaña de Los Puertos Intermedios. En la acción de Chunghanga fue herido de bala. Al separarse Lavalle del Ejército de Bolívar propuso al sargento Frías para oficial. A los cuatro días recibía el despacho de Porta Estandarte del primer escuadrón -grado militar previo al de Alférez de Compañía- conforme la jerarquía de aquellos años. Antes de embarcar, Lavalle le regaló la montura de su uso, una casaca, un pantalón que le había traído el sastre y 4 onzas de oro que rehusó pero él lo obligó a aceptar.
“¡Peruanos! La campaña que debe completar la libertad ha empezado bajo los auspicios más favorables. El ejército del general Canterac ha recibido en Junín un golpe mortal, habiendo perdido, por consecuencia de este suceso, un tercio de sus fuerzas y toda su moral”.
Proclama Simón Bolívar tras el triunfo en las gélidas alturas de Junín a 4000 metros sobre el nivel del mar. El frío era tan intenso que durante la noche murieron casi todos los heridos de ambos bandos. En la batalla de Junín un escuadrón de Granaderos a Caballo de los Andes, junto a Granaderos de Colombia, Húsares de Colombia y Húsares del Perú, hicieron huir despavoridos a los españoles. Caballería al mando de Mariano Necochea, aquél que había hecho ingresar a Eustoquio al Regimiento de Granaderos a Caballo siendo casi un niño. Junín preparó el camino para que Antonio José de Sucre derrotara definitivamente al ejército español en Ayacucho consolidando la independencia de América del Sur. El oficial Frías resultó herido de bayoneta.
Concluida la gesta emancipadora marcha el regimiento a Arequipa, de allí a Iquique donde embarcan rumbo a Valparaíso para pasar a Buenos Aires, pero deben permanecer cinco meses en Santiago por encontrarse cerrada la cordillera. Todo ese tiempo debieron subsistir con 6 pesos mensuales. Llegan a Buenos Aires en febrero de 1826. El Cuerpo fue disuelto y distribuido entre los Regimientos de Caballería que se formaban. Se había declarado la guerra al Brasil, en la cual participa. Los coroneles Magan, Olavarría, Villalta y Brandzen requieren a Frías para sus Regimientos. El Mtro. de Guerra, gral. Alvear se presentó en el cuartel a conocer al oficial pedido por cuatro coroneles y por tan honrosos antecedentes lo ascendió a Teniente. Olavarría lo ascendería a Tenienter 1°. Más tarde es promovido a Capitán con grado de Sargento Mayor.
A las órdenes del gral. D. Lucio Mansilla se halló en la batalla del Ombú (15.2.1827) y en Ituzaingó (20.2.1827) conducido por el gral. Alvear. Ambos combates victoriosos.
En el año 30 solicita su separación del servicio. Una ley del Congreso del año 26 establecía que debería gozar del sueldo íntegro de su clase, solicitud que le fue denegada. Al poco tiempo fue llamado a reincorporarse negándose alegando su mal estado de salud. Un edecán del general Rosas le gestiona ser recibido personalmente por éste.
- “Pero Ud. es joven y puede hacer carrera”. Le dice Rosas. Frías le contesta:
- “…pertenezco al partido contrario a V.E. y mis sentimientos tal vez me obligaran a traicionarle, para no dar un paso que me degrade, suplico a V.E. se digne concederme mi retiro”.
- “Me agrada la franqueza de Ud”. Al día siguiente le entrega la cédula de inválido y le dio quinientos pesos, diciéndole:
- “Cuando Ud. se halle necesitado busque, no al Gobernador Rosas, sino a Juan Manuel Rosas”.
Una vez concluida la guerra contra el Brasil participa de las luchas civiles acompañando al Gral. Lavalle En 1839 pasó al Estado Oriental y luego a Entre Ríos donde se incorpora al ejército del general Lavalle, haciendo las campañas de esa provincia, de Buenos Aires y de Santa Fe. Participa de la defensa en el sitio de Montevideo hasta 1847. A las órdenes del gral. Emilio Mitre realizó la expedición al desierto.
Al servicio de Urquiza participa en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Allí fue ascendido a coronel de caballería. También peleó en Pavón, el 17 de septiembre de 1861.En 1866 con el grado de coronel mayor integró la lista de los Guerreros de la Independencia. En 1879 fue promovido a brigadier general y en 1882 alcanzó la jerarquía de teniente general.
“El correlato de la revolución de Mayo fue una guerra masiva y persistente en la que se jugó la supervivencia del nuevo régimen. Para hacer frente a esta situación, el gobierno revolucionario debió apurar la creación de grandes ejércitos regulares. Este artículo analiza una de las etapas más delicadas de esta tarea: la formación de un cuerpo de oficiales”. Sostiene Alejandro M Rabinovich en su trabajo: “Obedecer y Comandar. La Formación de un Cuerpo de Oficiales en los Ejércitos del Río de la Plata, 1810-1820”. En el Capítulo: “La Selección de los mejores soldados”, págs. 58 y 59. refiriéndose al Regimiento de Granaderos a Caballo destaca que: “…de los 67 oficiales producidos por el regimiento, un poco más de la mitad (35 casos) habían sido incorporados al cuerpo como cadetes, pero casi otros tantos (32 casos) habían iniciado sus carreras en el regimiento como simples soldados (14 casos)”. En nota al pie de página señala: “Se trata de los simples soldados José Félix Bogado, Adrián Cardoso, Eustoquio Frías…” “…al menos en los granaderos la carrera de las armas estaba efectivamente abierta a los talentos, tal como lo había prometido Mariano Moreno”. “De hecho, de los 19 soldados ascendidos a oficial conocemos el grado con que 17 de ellos fueron dados de baja: ¡siete llegaron a coronel y dos a los grados máximos de teniente general y brigadier general!”. Uno de ellos fue el Teniente General Eustoquio Frías.
Falleció el 16 de marzo de 1891. Al despedirlo dijo de él, Carlos Pelegrini, por entonces Presidente de la Nación: “Soldado raso de aquél regimiento glorioso cuya fama durará lo que dure nuestra historia, recorrió uno a uno todos los grados de la jerarquía militar en 75 años de servicio -la más larga que registran los anales de nuestro ejército- durante los cuales se batió por todo lo que hay de más noble y de más grande, por la independencia, por la libertad, por la integridad y el honor la patria”.
Su vida, tan llena de sacrificios como de gloria, cubrió casi todo el siglo XIX y su muerte marcó el fin del célebre ciclo de la generación que fundó la independencia de la República y de la Patria grande.
Los restos del antepasado del Dr. Jorge Félix Frías, reposan desde 1963, en el Panteón de las Glorias del Norte, Salta.
Publicado en Diario "Río Negro", 8 de Septiembre del 2020.

domingo, enero 22, 2017

22 de enero de 1817 salieron del Campamento El Plumerillo cuatro compañías del Batallón N° 8 de Infantería a las órdenes del comandante Ambrosio Cramer, y cien granaderos liderados por el comandante Mariano Necochea, que hacían la escolta del General en Jefe, José de San Martín, por el camino de Los Patos.

Esclavos convertidos en soldados de la Patria.

Los esclavos rescatados para el servicio de las armas, llamados libertos, fueron un elemento crucial en la composición del Ejército de los Andes. Se calcula que la mitad de esa fuerza estaba integrada por africanos y afromestizos.

El 22 de enero de 1817 salieron del Campamento El Plumerillo cuatro compañías del Batallón N° 8 de Infantería a las órdenes del comandante Ambrosio Cramer, y cien granaderos liderados por el comandante Mariano Necochea, que hacían la escolta del General en Jefe, José de San Martín, por el camino de Los Patos. Acompañaba a esta división el Estado Mayor del ejército, con el Mayor General brigadier Miguel Estanislao Soler al mando de la vanguardia.
El estado de la seguridad de los realistas y las condiciones del terreno en el paso de Los Patos, que recorre el valle del Aconcagua, habían sido verificados previamente a través de un plan de espionaje pergeñado por San Martín y ejecutado con denuedo por el ingeniero José Antonio Álvarez Condarco.
El plan no viene al caso, pero sirvió para trazar los croquis del camino cordillerano de Uspallata y del que ahora recorrería el General en Jefe escoltado por una fuerza profesionalizada de granaderos y de soldados de infantería, estos en su mayoría africanos libertos, en las que depositaba toda su confianza y convicción respecto de su valor para la guerra.
El primer Escuadrón de Granaderos a Caballo había sido organizado en 1812 por el entonces flamante teniente coronel José de San Martin, con bautismo de fuego y victoria en la batalla de San Lorenzo. Habitualmente rememorada con la apelación al legendario Juan Bautista Cabral, “soldado heroico” y “de color”.
Respecto de la fortaleza, disciplina y entrega de los soldados negros, sobre todo en la infantería, San Martín se había expresado en varias ocasiones. Al tiempo que consideraba también que todo esclavo sería útil para alcanzar el número de soldados que se había propuesto enganchar al Ejército de los Andes.

Libertos para servir a la causa de la Patria
Los varones libres “de color” o de castas, vale decir africanos y descendientes de esclavos, habían servido durante el periodo colonial a la defensa de los territorios españoles en la región del Río de la Plata. Para el caso de Cuyo, por ejemplo, distintas fuentes indican la existencia de cuerpos de pardos libres desde las primeras décadas del siglo XVIII. 
Pero ese grupo social nunca antes había sido movilizado con la intensidad y la extensión que propiciaron los revolucionarios patriotas desde 1810. Lo propio hizo San Martín en Cuyo en función de que sirvieran a la causa de la Patria o “de la América”, según sus palabras reproducidas por el general Gerónimo Espejo.
En particular, el Batallón N° 8 de Infantería, al que referimos antes, también llamado Batallón de Libertos, se organizó en 1814 recreando un cuerpo homónimo forjado por Manuel Belgrano un año antes en la coyuntura de la segunda campaña al Alto Perú, y diezmado en la batalla de Vilcapugio. Para su composición se había apelado principalmente al rescate, y en menor medida a la donación y la confiscación.
Esa línea de acciones había sido trazada en mayo de 1813, cuando la Asamblea General Constituyente aprobó crear un regimiento de esclavos rescatados por el Estado por considerar “de absoluta necesidad para la defensa común aumentar el ejército de la Patria”. El procedimiento consistía en la disposición para el Estado de esclavos, en buen estado de salud y en edad óptima para las armas, mediando una indemnización a los propietarios.
Estos eran impelidos a ceder un número determinado de esclavos dispuesto por el Estado, quien pagaba por ellos a través de distintos medios (como la entrega de tierras) con base en una previa tasación. Mientras que los esclavos rescatados pasaban a la condición de libertos y su libertad estaba condicionada al cumplimiento de un período de servicio en las armas, por lo general de 5 años o más.
San Martín conocía bien los batallones de libertos pues había marchado con parte de ellos en 1813, cuando se hizo cargo del Ejército Auxiliar del Perú (o Ejército del Norte).
Con seguridad, en base a ese conocimiento empírico defendió su idea de sumar a los esclavos cuyanos al ejército de línea y dispuso consecutivos rescates durante su gobernación y la de Toribio de Luzuriaga, hasta lograr imponer en setiembre de 1816 la leva de las dos terceras partes de la esclavatura de Mendoza, San Juan y San Luis.
Al momento del cruce de los Andes el Batallón N° 8, en particular, reunía algo más de 800 hombres distribuidos en 2 jefes, 29 oficiales y 783 soldados de tropa. Pero no era el único cuerpo del ejército que estaba integrado por libertos, también el Batallón N° 7 y el N° 11 estaban compuestos en buena parte por africanos y afromestizos que a través de su integración militar estaban asumiendo la causa de la libertad política de la Patria al mismo tiempo que la vía para alcanzar su libertad civil y aspirar a la movilidad social.
Por caso, en una solicitud elevada en setiembre de 1814 al propio San Martín, durante su mandato como Gobernador Intendente de Cuyo, el pardo Esteban Batallo peticionaba que en su lugar se le permitiera mandar un esclavo comprado con dinero prestado que estaba dispuesto a reemplazarlo en su condición de liberto destinado al Batallón N° 8 formado en Buenos Aires.
Argumentaba que una enfermedad que lo aquejaba y la orfandad en que dejaría a su familia, a quien sostenía con su oficio de oficial de zapatero, le habían persuadido de desertar de las filas del Batallón de Libertos y buscar como personero alguien que estaba dispuesto a asumir su lugar en el servicio de las armas.
Tras ponderar la situación, probablemente atendiendo a la vez a la distinción que confería tener un oficio y a la necesidad de contar con soldados saludables, San Martín accedió a la solicitud de Batallo luego de hacer verificar las buenas condiciones físicas del esclavo ofrecido.
La historia de aquel personero nunca ha sido restituida, como la de tantos otros negros que llegaron a sumar casi la mitad del Ejército de los Andes y que apenas encontraron representación en algunas figuras míticas que construyó la historiografía tradicional, como Falucho.
Aunque se ha dicho que alrededor de 150 soldados libertos que marcharon hacia Chile en 1817 con el general San Martín regresaron a Buenos Aires casi diez años después al finalizar su odisea libertadora en territorio peruano.
 Silueta biográfica
Lorenzo Barcala, instructor del Ejército de los Andes.
Origen. Nació en Mendoza y fue criado en el seno del hogar del escribano del Cabildo Cristóbal Barcala, de quien recibió el apellido. La familia Barcala reconoció a Lorenzo como un pardo libre (en los censos de 1802 y 1814) y le brindó cuidado y educación, algo de difícil acceso para un descendiente de africanos en aquella época. 
Funciones militares. En 1815, Lorenzo Barcala se incorporó a la milicia en el cuerpo de Cívicos Pardos de Mendoza y comenzó una carrera militar ascendente llegando a obtener el grado de coronel graduado. Cuando se alistó en el cuerpo de milicia que reunía a la “gente de color” se presentó como sastre y demostró tener un buen comportamiento. 
En la gesta. San Martín no lo incluyó en la fuerza militar que cruzó los Andes para liberar Chile y le asignó la tarea de formar y disciplinar las tropas patriotas en Mendoza. 
En ascenso. En la década de 1820, Barcala logró una fuerte ascendencia social, militar e incluso política, comandando cuerpos integrados por negros libres y esclavos destinados al servicio de las armas.
Luego de intervenir en la guerra contra el Brasil, tomó parte en los enfrentamientos entre unitarios y federales al lado del General Paz, hasta que fue tomado prisionero en la batalla de Ciudadela (1831) por las fuerzas de Facundo Quiroga. Este último decidió condonar su sentencia a muerte y nombrarlo su edecán. 
Fin. Meses después de la caída de Quiroga en Barranca Yaco, Barcala fue acusado de conspirar desde San Juan contra el gobierno mendocino de Pedro Molina y la Confederación Argentina. Por ese motivo, fue sentenciado a la pena capital y fusilado el 1 de agosto de 1835, con casi cuarenta años de edad, en la plaza principal de la ciudad de Mendoza.
Reconocimiento. Nada menos que la pluma de Domingo Faustino Sarmiento se encargó de trazar la figura de Lorenzo Barcala como un patriota héroe de la revolución y civilizador de las masas.
En su obra Facundo (1845), Sarmiento asegura: “Lo que ha hecho de Barcala un personaje histórico es un raro talento para la organización de cuerpos y la habilidad con que hacía ascender a la masas las ideas civilizadoras”.

Homenaje
Escuelas. La 1-010 se encuentra en Alto Salvador, San Martín. 
Otros espacios. Distintas calles en varios departamentos llevan su nombre.

Bibliografía
- Andrews, George Reid, Los Afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires. La Flor. 1989
- Masini Calderón, José Luis, La esclavitud negra en Mendoza. Época Independiente. Mendoza. D’Accurzio. 1962.
Autor: Orlando Gabriel Morales Incihusa - Conicet.
Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, domingo 22 de enero de 2017.

viernes, agosto 15, 2014

Desmitificando a los enemigos de San Martín por Enrique Díaz Araujo.

San Martín fue un político, militar, del siglo XIX, 1778-1850; nacido en Yapeyú, Corrientes ahora, antes Misiones Occidentales, fue de niño a España; en España fue militar hasta llegar a ser un jefe en el ejército español, y luchar contra Napoleón, donde ganó sus mayores condecoraciones, llegando a ostentar el grado de teniente coronel.
Pero, ¿por qué lo festejamos nosotros? Porque vino a  su tierra natal para realizar la campaña libertadora de América, ¿a liberarnos de quién?  De la Corona de Castilla, que estaba a cargo de José Bonaparte, puesto por Napoleón.
Gobernaba en su lugar el Consejo de Regencia. Pero, ¿quién lo había hecho nombrar? Nadie. La Junta Central (ubicada en Sevilla) lo hizo, pero no tenía poderes para eso . Entonces ¿qué hizo América? Empezó a formar juntas de gobierno autónomas en Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, para hacer enterar que gobierna la Península en nombre del rey un Consejo de Regencia al que no acatan; incluso Lima y México que no tenían motivos, lo desconocen. Éste, a su vez, ha convocado una asamblea en Cádiz, las cortes de Cádiz que han sancionado la constitución de 1812.
Entonces tenemos este primer cuadro: en 1812 está gobernando en Cádiz (ya en el resto de  España están entrando las tropas napoleónicas) el Consejo de Regencia y las Cortes, que han sancionado una constitución liberal, llamada doceañista. Este es el cuadro. Pero, ¿qué tiene que ver San Martín con esto? Y simplemente, que es un militar que está en el ejército español, defendiendo el último espacio que queda en la península que es el istmo de Cádiz; no está de turista; es un teniente coronel del regimiento de infantería. Y ¿por qué deja eso y viene a procurar la libertad con la campaña libertadora de América?
Un tema central en la vida de San Martín es este: “¿Por qué se va de Cádiz?”. Hoy hay varios libros que dicen que se retira porque fue un desertor. Estaba defendiendo el último espacio, y éste “se las toma”, los abandona. Ustedes saben que San Martín ha tenido un gran historiador. Todavía hoy, todas las explicaciones e interpretaciones se basan en la obra de Bartolomé Mitre.
Mitre  afirma que salió subrepticiamente de Cádiz, es decir, escondido, entre gallos y media noche. No es cierto. Presentó ante el Consejo de Regencia su retiro del ejército español, y se lo concedieron, incluso con uso del grado y del uniforme, de manera que salió perfectamente a mediodía desde Cádiz. No fue un desertor, no fue un perjuro como dicen hoy varios libros. San Martín pudo llevar la guerra contra el gobierno español, porque antes había renunciado a ser funcionario de ese gobierno y ese gobierno había aceptado su renuncia. Pero esto ¿fue una situación individual de San Martín? Si ustedes miran hoy los libros (y hay muchos), se pueden encontrar con que siempre hablan de San Martín en forma aislada, como si todo esto fuera cosa de él: no,  partió con nada menos que treinta y siete oficiales americanos como él, que habían nacido en América y habían decidido salir del mismo modo que él. Todos, o más bien, casi todos pidiendo permiso. Otros no, pero todos salieron.
Porque  en 1811 (septiembre), cuando salieron todos ellos, el Consejo de Regencia movió a guerra a diversas partes de América que no lo reconocían. Así que ellos están en una situación especial: son americanos, son parte del ejército español, pero el ejército español estaba haciendo la guerra a los americanos, motivo más que obvio y suficiente para que ellos no siguieran en el ejército español.
Sin embargo, a partir de lo de Mitre se construyó, en estos últimos años (30 años) que  San Martín habría salido de Cádiz, porque se ha hecho miembro de un club, de una logia secreta que se llamaría Logia Lautaro. Eso dicen ahora: que se hizo miembro de la Logia Lautaro, y agregan inmediatamente que era masónica. Ahora bien, ¿Qué es la masonería? Una sociedad secreta, iniciática, es decir, que tiene un rito de iniciación, donde se tiende a establecer un tipo de juramento que obliga a adherir a la doctrina (la masónica), que es permanente, y cuyos fines son de tipo más bien cultural y políticos; es decir, básicamente iban contra la monarquía en su tiempo, y aún hoy contra la Iglesia Católica. Por eso la Iglesia Católica la tenía condenada, perfectamente condenada por diversas bulas y encíclicas.
Pero resulta que la Lautaro no era masónica, no era iniciática; sí exigía un juramento: guardar secreto, pero nada más; por eso dije muy bien, sociedad secreta, lo que no significa por modo alguno que fuera masónica. Sin embargo van a ver ustedes un debate inmenso: unos que dicen que es masónica y otros que dicen que no. Yo les podría recomendar, si están en tema de investigación, tres artículos, dos ingleses y uno norteamericano, hechos por masones en revistas masónicas que afirman que ni la logia, ni San Martín eran masones.
Pero lo más importante es que uno de los integrantes de la logia, un dominico llamado fray Servando Teresa de Mier, que andaba por Europa, llega a Cádiz y ve que la situación no está muy linda para los americanos (él era mexicano), entonces se encuentra con otro religioso, el padre Ramón Eduardo de Anchoris, y le dice:
– Mirá  estoy en esta situación apurada, ¿qué es lo que hago?
– Y bueno, veníte con nosotros que tenemos una organización de autodefensa que es la que se llama Logia de los caballeros racionales, o Logia Lautaro.
–  Sí, bueno, pero  sabés que el Papa tiene prohibido estar en este tipo de organizaciones masónicas.
– ¡No, pero si no es masónica!– le dice Anchoris –porque si así fuera  yo tampoco estaría.
–Bueno, voy a entrar y vamos a ver si es cierto lo que decís.
Se asocia y cuando le toca hablar durante una de las reuniones semanales, el dominico Mier habla contra la masonería, y el único que protesta por lo bajo es Carlos María de Alvear. Éste era americano, también correntino como San Martín, un hombre rico que prestaba su casa para la reunión. Todos los demás están de acuerdo con lo que dice Mier, y esto él pone en sus memorias dos veces. Es el único testimonio desde adentro, por la cual sabemos que la Logia Lautaro no es masónica, porque Mier lo dijo allí, y los otros no dijeron nada, estuvieron de acuerdo tácitamente. Y él lo dijo porque en México (cuando él escribe años después) decían ya que la logia Lautaro era masónica.
-¡NO, no, si yo nunca estuve en una logia masónica!,  porque era medio liberal el cura este, pero no tanto para violar las resoluciones del papa.  ¡Cómo me voy a hacer de una logia masónica siendo sacerdote!
Entonces tenemos que la Logia esa,  que dicen que es la que los impulsa, no es masónica, no es la masonería por la que lo mandaron a América. La Logia le servía para defenderse, porque eran atacados por ser americanos estos oficiales (casi todos, aunque había algunos que no lo eran).
Entonces, para defenderse en un primer momento se asociaron. Pero no era la única Logia que había en Cádiz: había 17 organizaciones secretas, masónicas, antimasónicas, no masónicas, había de todos los gustos, y estaba ésta, la de los americanos o sociedad secreta llamada Lautaro.
Bien, pero siguiendo a Mitre, San Martín salió porque un oficial inglés Lord Macduff  (conde de Fife)  le arregló la salida con otro funcionario  que se llamaba Sir Charles Stuart. Son los ingleses los que lo hacen salir de Cádiz; entonces los que siguen a Mitre inmediatamente dicen que era un hombre al servicio de los ingleses. ¿Qué se puede responder a esto? El ejército del Sur de España era anglo-español, porque los ingleses habían ido en auxilio de los españoles del Sur que resistían a Napoleón, estaban luchando, y lucharon hasta el final en España. Los dirigía el duque de Wellesley, futuro Lord Wellington que era el jefe superior de San Martín. Macduff era otro oficial como San Martin, otro teniente coronel (inglés). Ambos eran compañeros, colegas en el ejército; nada de extraño tenía, por tanto, que San Martín le pidiera a Macduff que le registrara la salida. ¿Por qué le tenía que registrar la salida un inglés? Porque Cádiz es un istmo; las tropas francesas estaban a las puertas (sitio del Mariscal Victor); por los costados estaba la escuadra inglesa del almirante J. F. Cunningham, y no había forma de salir pacíficamente; no había ningún buque ni botes, ni modo de salir que no fuera con los franceses o con los ingleses. Él estaba en el sector aliado a los ingleses, es decir, que tenía que salir en un buque de guerra inglés, y eso es lo que le pidió a Macduff.
Y en un bergantín de guerra partió a Lisboa. En Lisboa, que también estaba bajo el mando luso-inglés, Charles Stuart le sella el pasaporte, no hace otra cosa, y ahí sí, ya toma un buque americano desde Lisboa a Londres. Nada de esto tiene de extraño, porque es lo que hicieron todos los que salieron, todos los americanos; no tenían otro modo, así que es estúpido decir que salió porque los ingleses lo llevaron. No se podía venir directamente; la única vía, por supuesto que era vía acuática, era salir desde Londres, pero él estaba en Cádiz, por tanto, tenía que llegar a Londres primero. Es el camino lógico y natural de quien quisiera venir a América, estando en Cádiz, entonces.
Todo lo que hizo no tiene nada de extraño o de oculto, ni de masónico o de servicio a los ingleses. Pero también dicen que cuando llegó a Londres, a Grafton Street 37, a la casa de Miranda, tuvo lugar la Gran Reunión Americana, siendo allí donde se asocia a la masonería inglesa y recibe instrucciones de los ingleses . Es decir, viene directamente como un agente militar inglés.
Pues bien, Grafton Street  37 no era la casa de Francisco de Miranda (un venezolano que había vivido allí y hacía un año que se había ido), era la casa de los diputados de Venezuela, que estaban tramitando que Inglaterra reconociera estas juntas autónomas de América, cosa que nunca hizo Inglaterra, y enseguida veremos por qué.
Nunca hubo una Gran Reunión Americana. Este es un punto central, es una mentira galopante que digan que la Lautaro era una logia masónica, que pertenecía a otra logia masónica más grande que se llamaba la Gran Reunión Americana, fundada por Miranda. Ni siquiera está demostrado que Miranda fuera masón: era un gran sinvergüenza que estaba al servicio de Inglaterra (cobraba de la corona inglesa por pasar informes, noticias, planes y demás) sí, pero nada más. Lo que sí es seguro, es que no existió esta Gran Reunión, de modo que San Martín nunca se pudo encontrar con una entidad  que no existía.
¿Se va viendo cómo es la avanzada ahora, en la historia argentina? Hay que ir debatiendo punto por punto, si uno quiere saber la verdad de lo que ha pasado en este país. Y, en definitiva, si uno quiere saber si San Martín es un prócer, un héroe, un arquetipo al que debemos seguir, o si es un simple traidor al que debemos detestar. Esto es lo que hay que averiguar, eso y nada menos.
Hoy nos dicen que hay que humanizarlo a San Martín, hay que sacarle el bronce a la estatua, porque está ya tan frío; hacerlo más humano, con todos los vicios nuestros; hoy entonces metámosle todos nuestros vicios así lo entendemos mejor, y de paso, decir que era un cobarde como solemos ser nosotros. Esto tiene un origen cierto: tiene que ver con 14 de junio de 1982 cuando nos rendimos en Malvinas. La Argentina es un país derrotado. A raíz de nuestra derrota nos la están cobrando como se cobran los vencedores las derrotas, y  entonces no sólo nos convencieron ahí, sino que los demás nos están convenciendo que somos unos idiotas, que no tenemos identidad nacional, que esto es una diversidad de culturas, que acá no hubo nunca un sentido espiritual, religioso, ni nada, que no tenemos ego. Entonces, ¿por qué todos estos ataques a San Martín? Porque San Martín es el héroe nacional por excelencia; pues entonces hay que demostrar que no es héroe, que era un traidor, que era un masón, que trabajaba para los ingleses, que era opiómano, que era borrachín, que andaba con mujeres de un lado para otro, y así mil doscientas cosas para que esta estatua, en lugar de ser una estatua de bronce que está en la plaza, termine siendo una estatua de lodo. Ese es el sentido de todo esto, de la derrota de 1982. Todos estos que han escrito trabajan por esa derrota, y hacen que nosotros creamos esas mentiras, esas injurias, porque eso es lo que son: todas calumnias. Y entonces, para llegar a San Martín, tenemos que hacer este camino: destruir las mentiras. Si es así,  no hablemos acá de ningún arquetipo, ¿Cómo vamos a rendirle tributo a ese sujeto?
Entonces ya llevamos sabiendo:
-Que no desertó, porque está el expediente del retiro del ejército español como el de sus otros compañeros.
-Que la logia Lautaro no era una organización masónica, sino una organización secreta de los americanos que vivían en Cádiz.
-Que no salió por servicio de los ingleses, sino porque era la única manera de salir de Cádiz.
-Que en Londres no se hizo miembro de una masonería mayor al servicio de los ingleses.
Todo esto lo tenemos aclarado contra los sujetos que están escribiendo contra San Martín todos los días en folletos, artículos, enlodándolo; pues bien, contra ellos, ya sabemos todas estas verdades.
Hagamos un alto en la historia, y volvamos al tema: es decir, el arquetipo. Los paradigmas que necesitan las naciones son dos: los héroes y los santos. Dice bien nuestro gran poeta, Leopoldo Marechal, que: “las naciones se construyen como una cruz, con la horizontal de los héroes abajo, y la vertical de los santos levitando hacia el cielo”. Si un país tiene esas dos barras que se cruzan, es un país, si no, no. Si no tiene héroes y no tiene santos, es nada más que una muchedumbre, una masa anómala, sin lugar en la historia, sin relevancia ninguna.
Por eso a nosotros que nos están cobrando la derrota nos dicen que no hay ni héroes, ni santos. ¿Por qué? En función de nuestra derrota, no podemos tener héroes, los demás sí. Pero nosotros sabemos que sí. Hay hoy en Argentina, en esta Argentina vencida, que es un lodazal  de inmoralidad  pública y gubernamental, un país misionero, que tiene cuatro órdenes religiosas (que yo sepa), más o menos, que están misionando en el mundo, es decir, está haciendo una vida de santidad. Los héroes son aquellos que “dan su vida por su patria”.
Son dos cosas distintas y no debemos confundirlas: una pertenece al plano humano temporal, la otra al plano sobrenatural, que se conjugan para ser la cruz del país, pero nunca debemos confundirlas, porque si no caemos en la estupidez de Ricardo Rojas  que tiene un libro que se llama “El santo de la espada”, el santo héroe. ¿Puede haber un santo héroe? Sí, por ej. San Luis Rey de Francia o San Fernando de Castilla, pero es rarísimo, y no tienen por qué estar luchando para fundar un país, y al mismo tiempo ser modelo de virtudes sobrenaturales; son dos actividades humanas, excepcionales, que se deben conjugar en un país, pero que son muy distintas.
San Martín es un héroe, no es un santo. Pero ¿qué pasa con eso del “santo de la espada ”? Se cae en que era un santo masónico, un santo laico, un santo que no creía en Dios y en nada, y entonces tenemos un santo muy especial, un santón. Ante esto, hubo gente muy pía, muy devota que decía: “No, no, pero fíjese que iba a misa temprano, que cuando se casó comulgó”. ¡Qué nos interesa eso! El juez no somos nosotros, es Dios. Como dice bien mi maestro Carlos Steffens Soler: “El ángel de la guarda de San Martín es quien se ocupa de eso”, si iba a misa temprano o no. Nosotros podemos averiguar la política religiosa de él, si fue una política favorable al cristianismo o no; ahora, si él personalmente tenía una práctica de piedad o no, nos es indiferente porque no nos incumbe a nosotros juzgarlo, no somos Dios creador para hacerlo. Hay gente que se toma en serio lo de “San” Martín: en el Perú un cura enemigo de San Martín, realista, decía: “¿Por qué eso de SAN?”, bueno, le respondía  al Padre Zapata, que así se llamaba: “Yo le saco el San, y usted sáquese el ZA-, yo quedo Martín y usted Pata”. Eran sus apellidos, no tenían nada que ver con un tipo de santidad. Yo no estoy pretendiendo en modo ninguno canonizar  a San Martín: estoy tratando de reedificar la estatua que nos han tirado abajo.
El héroe sí, tiene que tener, determinadas virtudes, es arquetipo: tiene que tener fortaleza, tiene que tener arrojo, y tiene que tener astucia también; y eso no se pide de un santo, que sea astuto, y sin embargo un héroe, para fundar una nación tiene que tener astucia, porque se va a ver enfrentado a los otros poderes de la tierra que van a tratar de que no pueda cumplir su labor. Y entonces tiene que hacerlo en parte por ataque y en parte por engaño a sus enemigos. Y vamos a ver que en San Martín se cumplen las dos cosas, porque él era capaz de encabezar una carga de caballería con el sable al frente de sus tropas, como en San Lorenzo, pero también era capaz de engañar, con la guerra de zapa, acá en Mendoza, a los realistas en Chile, y en toda la campaña del Perú en una guerra de movimientos falsos, de engaños para superar un enemigo que era muy superior en términos numéricos. En el Perú peleó con cuatro mil soldados, contra veintiocho mil realistas, ¿cómo iba ir de frente a puro ataque de caballería? Tenía que hacer maniobras para ir viéndolos, haciendo juegos de diversificación y engaño, eso es lo que él llamó “guerra de zapa”, astucia. Él no solamente fue un gran oficial de caballería, sino un gran oficial de inteligencia.
Entonces, para antes retornar a San Martín, tenemos que ver si hay héroes o seres humanos que hacen el esfuerzo extraordinario por su país, y no se trata de ninguna santidad, de religión natural como ésta que intenta Rojas. Nosotros tenemos que ver por ejemplo, que esto del héroe se inspira en Grecia: si reunía las condiciones del valor de Aquiles y de la habilidad o astucia de Ulises.
Terminamos este paréntesis y retornamos a San Martín.
“Maitland”, es un documento que presentó el doctor Terragno hace unos años, en el que descubrió en la Cámara de los Comunes que había allí un escrito de un militar escocés Thomas Maitland,  que anunciaba un plan inglés para marchar sobre el Perú, y decía que el mejor camino era desembarcar en Buenos Aires, cruzar La Pampa, llegar a Mendoza, organizarse bien allí, cruzar la cordillera, atacar Chile, y una vez vencido en Chile el español, entonces por vía marítima desde Chile se atacaba Perú y Quito. Claro, obviamente había un parecido con lo que hizo San Martín, entonces eso es lo que dijo Terragno: “Mire qué parecido es esto  con lo otro”; claro de ahí a decir que él cumplió órdenes siguiendo el plan, hay una buena distancia. ¿Por qué? Porque cuando Maitland escribió eso en 1800, Inglaterra estaba en guerra con España;  pero cuando San Martín actuó, Inglaterra estaba aliada a España;  así que de ninguna manera Inglaterra pensaba desembarcar en Buenos Aires, llegar a Mendoza, cruzar a Chile e ir al Perú; todo lo contrario, Inglaterra estaba peleando con España allá en Cádiz.
Pero el plan Maitland les ha caído de maravillas a todos los enemigos de San Martín. Entonces ahí está la prueba. ¿Prueba de qué? De nada: porque además Maitland lo escribió muchos años antes, y nunca nadie había dicho que hubiera admiración del uno por el otro, ni cosa por el estilo. Pero es una cosa ver que no se ajustó al plan Maitland: según todos éstos, San Martín vino a Buenos Aires, y de Buenos Aires a Mendoza. No, señores: nunca vino de Buenos Aires a Mendoza; desembarcó en Buenos Aires, allí creó el regimiento de Granaderos  a Caballo, combatió contra las tropas del Concejo de Regencia en San Lorenzo, y después fue mandado al Norte, a Tucumán para comandar el ejército del Norte. Así que nada de pasar por vía de Chile. El ejército del Norte estaba enfrentado con tropas del Perú, en este caso del Alto Perú (hoy Bolivia). Y estuvo allí unos meses dirigiendo este ejército y lo hizo bien, pero después cayó enfermo, y de ahí que para reponerse fuera  a Mendoza.
En esto hay tres puntos que tenemos  que aclarar: había una carta, supuesta carta que todos citan de abril de 1814 de San Martín a Nicolás Rodríguez Peña, donde le dice: “Yo estoy convencido de que la patria no hará camino por el Norte, hay que abandonar eso. Le digo mi secreto, hay que crear un pequeño ejército fuerte en Mendoza, y de ahí pasar a Chile, y de Chile al Perú”. En esto los liberales encuentran la prueba de que seguía el plan inglés ya en 1814; y si no sigue en Tucumán es porque se hace el enfermo para ser llevado a Córdoba y luego a Mendoza.
Pero en Tucumán hizo todo lo que venía hacer para luchar por el Norte, y si tuvo que dejar el mando del ejército del Norte fue por enfermedad real. Todos los testigos lo afirman, además de una junta de seis médicos para asistirlo porque se podía morir (vomitaba sangre constantemente). No era ningún invento, no era ningún pretexto, lo mandaban a las Sierras de Córdoba a ver si se salvaba o no, porque era un clima benigno, menos húmedo y caluroso que el de Tucumán. Solamente un testigo de esta época dice lo contrario. Éste fue el general Paz que en sus Memorias afirma la mentira de la enfermedad de San Martín (es lo que toma Mitre, porque las primeras piedras, contra San Martín las tira a este gran liberal). Mitre se toma de los dichos de Paz y evita todos los otros dichos, de todos los otros oficiales que dicen que estaba realmente enfermo, se toma del único que brindaba un pretexto.
Pero Paz era una persona resentida con San Martín, porque cuando se organiza el ejército de los Andes en  Mendoza, él quiere entrar y San Martín se lo niega, y después vuelve a pedir en Lima y San Martín vuelve a negárselo otra vez, vaya a saber por qué. Entonces él quedó para siempre resentido y por eso miente. En la correspondencia entre el Director Supremo Posadas y San Marín y las autoridades del ejército de Tucumán, aparece la  evidencia de que está absolutamente enfermo, y gravemente enfermo; y hoy hay veinte estudios sobre este tema, todos coincidentes en que sí, que San Martín padecía de una úlcera sangrante que le hacía vomitar sangre; otros dicen que era lícito creer que tenía una lesión pulmonar de la guerra en España. Lo cierto era que estaba ahí, al borde de la muerte porque se quedaba anémico después de tantas hemorragias. Y como él vivía de ese sueldo, no tenía otro ingreso, y después de estar descansando ahí unos meses en Saldán,  Córdoba, se le dio nuevo destino y el Director Supremo lo nombra en Cuyo.
Mendoza pasa a ser el lugar central, según los liberales. No, Mendoza era una ranchería, era el último lugar, era el lugar más tranquilo que le podían dar, porque no había ningún problema en Mendoza. ¿Y esto por qué? Porque en Chile estaba el gobierno de los autonomistas chilenos, en el Norte estaba Rondeau en su reemplazo, allá con el ejército del Norte. Entonces le dan casi a elegir entre La Rioja y Mendoza, un poquito menos caluroso; pero eso es todo, ahí no había ningún destino militar ni va a formar nada. ¿Saben cuánta tropa tenía San Martín cuando llegó en el año 1814 a Mendoza? Treinta soldados en el fuerte de San Carlos; que no eran soldados, eran milicianos llamados blandengues que estaban en el fuerte de San Carlos para defenderse contra los indios. Esa era la tropa con la que iba a cruzar Chile y de ahí  dirigirse al Perú. ¡No! Fue por razones estrictas de salud, para terminar de curarse, y así se lo dice el Director Supremo en el nombramiento que le hace.
Pero después sucede que el ejército del Norte es vencido en Sipe-Sipe, y el ejército de los chilenos es vencido en San Carlos. Entonces sí, a fines del ´14 comienzos del ´15 las cosas cambian totalmente, porque un lugar tranquilo como era Mendoza se convierte ahora en un lugar clave, ya que lo chilenos que habían combatido se asilan en Mendoza; y es posible que los realistas que están instalados en Chile crucen la cordillera, e invadan el antiguo territorio de las Provincias Unidas. Entonces sí, ya empieza a haber una correspondencia de San Martín con Álvarez Thomas, el Director Supremo, donde va enviando tropas a Mendoza para armar una defensa, una pequeña guarnición, y empieza a ver los boquetes de la cordillera por dónde mejor pasar. San Martín tiene una actitud defensiva, no está pensando en invadir Chile, sino en que desde Chile no nos invadan a nosotros, y durante todo el año 1815 la cosa es así. Pero él empieza a armar, y ahí se ve otra virtud del héroe, casi de cero una defensa de la nación. Una nación no necesita ser tan poderosa para defenderse si tiene a su frente hombres de bien, hombres valientes, héroes. Por ejemplo:
España, en tiempo de la reina Isabel I, la Católica, se encontraba en una situación difícil y apremiante. Ella heredó el trono de Castilla, y Castilla era una región donde habían estado los reinos de taifas. Cada uno de estos nobles ordenados por su cuenta, no obedecían al rey; las ciudades estaban llenas de bandidos y no se podía ir de una ciudad a otra porque los bandidos estaban en los bosques; la gente estaba alzada contra los judíos; los moros estaban cerca; el clero estaba corrompido, infiltrado de herejías; el ejército corrupto y los nobles también.  Ése es el gobierno que recibe Isabel, y en quince años ella (realmente Dios la tenga en la gloria), hace el Imperio Español, da vuelta a todos: limpia el clero, limpia el ejército, limpia los bosques, termina con los moros, ataca a los musulmanes en el África, facilita la empresa de Colón y mil cosas más. Es decir: un país se puede dar vuelta perfectamente, si hay un héroe a su frente. La reina era una heroína. San Martín también en Cuyo demuestra que se podían hacer de cero las cosas, si había esa voluntad de bien.
En Mendoza no se fabricaban ni clavos, pero él consigue un fraile franciscano, fray Luis Beltrán, y lo pone al frente de  su yunque, a hacer desde clavos a cañones, fusiles, bayonetas. En La Rioja se buscó el salitre. En Colonia Caroya otros nitratos para armar los explosivos; se consiguieron de Catamarca, San Juan y San Luis las telas con las cuales se elaboraron los uniformes, se los tiñeron, las botas, las mulas, los caballos, y sobre todo los cuatro mil hombres como mínimo que tenían que tener para poder hacer la empresa que va a ser el ejército de los Andes. Eso recién en 1816. En esos dos años San Martín, como dicen, “ha trabajado a lo macho”. A pesar de ser un hombre enfermo (porque la enfermedad ya no lo va a dejar nunca) va a organizar esto desde cero, con jóvenes oficiales que había traído de Buenos Aires, del Regimiento de Granaderos (jóvenes aristócratas,  criollos, estancieros). Consiguió de esos, unos quince, los trajo y esos fueron sus jóvenes oficiales. De ellos,  el más notable, fue Mariano Necochea. San Martín, estaba casado con Remedios de Escalada, y tuvo una niña, Mercedes, a pesar de que él hubiera querido tener un varón; no pudo y Mariano Necochea fue como su hijo varón.
Lo que no consiguió fueron jefes de importancia que lo secundaran, y eso fue un déficit para el ejército de los Andes siempre. Lo suplió como pudo con estos oficiales. Y la tropa ¿de dónde? La tropa la puso Cuyo. De los cuatro mil soldados, tres mil setecientos fueron cuyanos: de San Luis, de San Juan y de Mendoza.
Esa es la primera tanda, la que parte en el año ´16 y ´17. Pero luego cuando, después de Chacabuco y de Maipú, él tiene que reorganizar su ejército si quiere seguir, porque ha tenido muchísimas bajas, y manda a los principales regimientos a rearmarse en Cuyo. Hay otros tres mil cuyanos que pasan a integrarse al ejército. Es decir, que en total, se podría decir que Cuyo puso siete mil soldados. Y esta es una causa que los cuyanos tenemos que hacer valer. Yo la hice valer hasta donde pude, hasta que un gobernador de la provincia me trajo a uno de estos grandes sinvergüenzas, Ignacio García Hamilton a hablar contra San Martín en la casa de San Martín, en la biblioteca de San Martín. Entonces le dije al gobernador:
-¡Mire, que hable lo que quiera, pero no en la casa de San Martín;  es muy feo venir a la casa de alguien a hablar en contra del dueño de casa! ¡Además, nosotros pusimos, 7000 mil soldados! ¿Saben cuántos regresaron? Siete, que formaron en la plaza de Mayo en 1826 al mando del Coronel Bogado.  Por esos muertos, este  sinvergüenza y pro-montonero José Ignacio García Hamilton, no debe hablar. Habló naturalmente, además estos chicos que no sabían nada de historia fueron a tirarle huevos podridos -una venganza adecuada.
Bueno, en 1816 se reúne en Tucumán el Congreso  para la declaración de la independencia el 9 de Julio. Ese congreso se reúne a instancias de los dos generales: el del ejército del Norte, Manuel Belgrano, y el del ejército que se está formando en Mendoza, el de los Andes, José de San Martín. Y naturalmente los dos jefes son los que van a ir dando las indicaciones.
Se declara la independencia del rey de España, de Fernando VII, sucesores y metrópolis, y de toda otra dominación extranjera. Y se declara la independencia  -y esto es muy importante- de las Provincias Unidas de América del Sur. Ahí sí,  aparece el americanismo de San Martín: no es en las Provincias Unidas del Río de la Plata, como se llamaba el antiguo Virreinato del Río de la Plata, la futura Argentina (aunque también ya era llamada Argentina), sino la América del Sur. San Martín va a comandar la independencia de la América Meridional, y eso nos muestra que ya hay un plan allí, pero no es el plan Maitland, para nada. Es un plan que se va a ir esbozando con la experiencia: San Martín en el Sur, Bolívar en el centro, e Iturbide en el Norte: estos son los tres libertadores de América que van a coincidir en casi todo, estos tres héroes americanos. Y San Martín lo va a decir veinte veces: “Mi patria es América”.
Vino a Buenos Aires porque era su terruño, su patria pequeña, su patria chica, pero él podría haber ido a cualquier otra parte de América porque era americano, y lo que quería fundar, lo va a decir Bolívar que era el mejor de ellos como escritor, era la más grande nación del mundo: América; la América de Américo Vespucio. Que no es, como dicen ahora, la América de los norteamericanos; esos son “usanos”, no tienen nada que ver con nosotros, ni con Américo Vespucio, ni con nada; lo que pasa es que nosotros somos tributarios de cuanta estupidez anda dando vueltas por el mundo . Nosotros somos los americanos, no ellos, y San Martín era un americano en el sentido cabal,  de los hijos de Américo Vespucio.
También hace declarar algo que lo han ocultado con veinte toneladas de tierra, y es que santa Rosa de Lima sea la patrona de esta América. Eso lo va a reafirmar en Lima después, y va a hacerla proclamar ante santa Rosa; acá de santa Rosa, lo único que sabemos es que hay una tormenta, pero otra cosa no. San Martín sí sabía quién era santa Rosa, y con eso ya les estoy adelantando de que sí tuvo una política religiosa. No sé si iba a misa temprano, sí sé que el reglamento militar estableció el rezo del Rosario. No sé si él (ni me corresponde saberlo) lo hacía por razones de cálculo o porque realmente era un creyente. Sí sé que, por ejemplo, al reglamento del ejército de los Andes en el Plumerillo, le pone una cláusula donde dice que el que blasfeme del nombre de Dios o de su amada Madre, la primera vez se le aplicarán treinta azotes en público, y la segunda vez, se le atravesará la lengua con un fierro caliente, y la tercera, será ejecutado directamente. Esas eran las sanciones que preveía el reglamento militar para el Plumerillo. Y yo atribuyo a esto de atravesar la lengua con un fierro caliente (que no nos vendría nada de mal hoy), que los argentinos, que entre tantas miserias que tenemos, no seamos blasfemos, como los gallegos que son muy blasfemos, y los italianos que también son blasfemos: nosotros que somos herederos técnicamente de españoles e italianos no somos blasfemos, tal vez porque San Martín nos dijo: “Ojo que les atravieso la lengua con un fierro caliente”.
Cuando le pregunta Godoy Cruz qué sistema de gobierno había que adoptar en Tucumán le dice “Cualquiera”; no importaba mucho, pero “Cualquiera que no atente contra nuestra Santa Religión”, que eso es lo que importa. Porque nos van a ir diciendo “Bueno, ya se acuerdan que era masón allá en Londres,  acá también la logia Lautaro que la fundó allá en Buenos Aires, la refundó en Cuyo, la volvió a fundar en Chile”. Organismo masónico que defiende el santo nombre de la Virgen; Virgen a la que proclama generala del ejército de los Andes, le entrega el bastón de mando, a toda esta ceremonia famosa que hay que, por supuesto, recordarla.
Y entonces sí viene la campaña de Chile. Este plan tiene una proeza, que es la de cruzar la Cordillera con un ejército que se enfrentará a otro superior que estaba esperándolo allá. Entonces la astucia, no solamente el arrojo, el valor, al engañar al enemigo. Saben ustedes, los mendocinos, que hay varios pasos por la Cordillera, unos más altos, otros más bajos; frente a San Rafael, está uno que es muy bajo que se llama El Planchón, que como es tan bajo nunca lo usamos, en eso es lo único en que somos sanmartinianos los mendocinos, seguimos pasando por el lugar más alto, ¿por qué? Porque él tenía que engañar. Entonces viene y hace un parlamento con los indios (ahora se han escrito libros enteros sobre San Martín indigenófilo  por este parlamento que tuvo con los indios en San Carlos), donde él les dice que es como ellos y les pide que guarden un secreto: les pide permiso para pasar por estas tierras, para pasar por El Planchón. Dice el general Espejo, que entonces era un cadete, que San Martín le dijo esto: “Pérfidos, estos malditos van a salir inmediatamente a decirle a Marcó del Pont que yo voy a pasar por el Sur, por El Planchón”. Por El Planchón iba a mandar no más que un grupito, unos treinta. Él pasó por el lugar más alto de la cordillera de los Andes, por el paso de Los Patos, donde no ha vuelto a pasar nadie, porque los que andan haciendo estos homenajes más o menos (no sé cómo llamarlos), no  pasan por Los  Patos, porque es una locura, es de una altura de 5.500 m., donde uno se apuna, donde no hay leña, no hay agua, de un frío terrible, Diez mil mulas llevaban, llegaron cuatro mil, las otras al precipicio. Eso es una proeza extraordinaria, de valor, porque él comandó el grueso del ejército por el paso de Los Patos. La artillería fue por el Aconcagua, (Uspallata), pero mandó por diversos pasos que desembocaban en Coquimbo, en Copiapó, por Tunuyán, todo para desorientar al enemigo. De modo que cuando él bajó no estaban las tropas realistas esperándolo, y él pudo reorganizarse, avanzar junto con Las Heras, que también salió con la artillería y atacar en Chacabuco, pero necesitaba eso de poder bajar la cordillera tranquilo, y lo consiguió gracias a su astucia.
Venció en Chacabuco, y le costó mucho vencer en el Sur las resistencias realistas. Allí murió un pariente mío, un chico de trece años (entonces no habían chicos en la guerra), porque de cualquier edad que fueran les decía: “Usted entra a los trece al ejército”, “Todo bicho que camina va al cuartel”, y en Mendoza a todos les pareció bien. Porque cuando hay un héroe mandando, los gobernados siguen y de buena voluntad.
¿De dónde sacó el dinero? Pues expropió todo, confiscó todo, desde las joyas de las damas hasta las mulas, los caballos; todo, todo lo sacó de la gente de acá que no era rica, y todos contentos con eso, porque él les mostraba un fin bueno que era construir una Patria, o construir una nación sobre la Patria dada.
Venció en Chile, sobre todo en la batalla de Maipú, que es la más grande batalla que se libró en América, y que éstos malditos de hoy dicen que la libró borracho. Se han olvidado que había por lo menos tres testigos ahí, dos ingleses y un norteamericano que estaban al lado de él y dijeron que estaba, por supuesto, perfectamente lúcido dirigiendo la batalla. ¿Cómo se va a ganar una gran batalla como esa, ganarla, no librarla si uno está borracho? Todo eso, porque cuando estaba enfermo en Cauquenes le mandó a pedir a su amigo Guido que le mandara un cajón de vino mendocino, entonces así  “era un borrachín”. Tomaba alguna copita de vez en cuando, pero en general con su úlcera no podía, tenía que tomar agua de San Carlos de Apoquindo. Pero, ¿para qué? Dicen esa ignominia  de que era borracho, como dicen que era opiómano, porque en Mendoza su médico,  Zapata le había recetado una poción que tenía láudano  para los dolores terribles que le daban sus úlceras tan grandes, y poder así seguir. Sus amigos más íntimos, Pueyrredón y Guido,  le decían que no tomara tanto de eso, pero era imposible andar a caballo vomitando sangre.
Independiza Chile y entonces viene el plan de ir al Perú, y aparecen ahí de nuevo nuestros amigos anglófilos que se admiran nuevamente de cómo se cumple el plan inglés. Y aún más, afirman que quería ir a Lima para abrir el comercio de Lima a las empresas inglesas, porque todo de lo que se trata era de la mercadería inglesa, pues los sinvergüenzas que hoy nos gobiernan sólo ven esas cosas materiales y no creen en la independencia del país. Lamentablemente para ellos San Martín hace lo contrario en Lima: cierra las puertas del comercio al inglés, y les hace perder, dicen hoy los historiadores económicos, un millón de libras esterlinas a los ingleses con este cierre; perfectamente anti-británico el general.
Y antes de eso ha hecho una maniobra increíble, propia de su astucia, de su elevadísima inteligencia. Tiene que armar una escuadra para ir de Chile al Perú, ¿cómo lo va a hacer si no hay un buque, si no hay un peso? Le escribe a Pueyrredón que le organice un préstamo de quinientos mil pesos fuertes (plata), pero Pueyrredón le contesta que no tiene de donde sacarlo, a lo que San Martín retruca: “Sáqueselo al comercio inglés”. Le contesta Pueyrredón que sólo han puesto tres mil setecientos pesos de los quinientos mil. San Martín tenía espías, entre los comerciantes ingleses, un tal Twain, que le informaba que éstos tenían para poner más. Entonces San Martín le tira la renuncia a Pueyrredón, “¡Renuncio!, debe conseguir el dinero o yo renuncio”. Entonces al final le saca no los quinientos mil, sino a lo menos doscientos cincuenta mil pesos fuertes al comercio inglés de Buenos Aires, que era muy grande. Con eso paga él la compra que hace de buques en Inglaterra y los Estados Unidos; manda un comisionado para que compre dos buques en cada lado. Y con esos buques y los marinos que vienen y compran, apresan a los buques españoles de Lima, y pueden tranquilamente después salir desde Valparaíso, en el año ´20, a Lima, o a Perú al menos, a intentar dar presa al libertador. ¡Qué maniobra de una gran astucia! Les ha hecho pagar a los comerciantes ingleses los buques para cerrar el comercio inglés en Lima. Los ingleses, realmente, por algo no le han hecho nunca una estatua en Inglaterra, a pesar de lo que digan los calumniadores de aquí. Los ingleses sabes muy bien que no trabajó para ellos.
Llega a Lima sobre todo por el apoyo de las órdenes regulares, porque en España, todos estos desde Mitre en adelante, dicen que se apoyaba en el constitucionalismo liberal de España, en los liberales españoles. Lo primero que hace es derogar la constitución de 1812 en Perú; pero además, aprovecha que ha habido triduo neoliberal de 1821 a 1823, donde gobiernan los liberales en España, que están persiguiendo a la Iglesia para que los religiosos que están en América -y muchos de ellos son de origen español- se vuelvan contra el régimen central y monárquico de España. Entonces son ellos los principales que abren las puertas de Lima, lo que hoy está demostrado: los mercedarios, los dominicos, o los franciscanos, es decir los que estaban en Lima, son los que sublevaron la población y permitieron la entrada. Es decir, todo lo contrario a lo que se ha dicho, nada liberal. Es más, le escribe el arzobispo de Lima, monseñor Las Heras, y le dice que sus principios son contrarios a la revolución francesa. ¡Lindo masón!
Pero además este masonazo que presentan hoy, dicta al entrar en Lima un reglamento provisorio con el que se va a gobernar el Perú independiente. Con el artículo primero dice que la religión Católica Apostólica Romana es la religión única y exclusiva del Perú. Él ya había hecho dictar algo similar en Chile. Pero ahora le agrega una cosita, al final del artículo primero y fin, que es bastante interesante: que para ser funcionario en el Perú hay que profesar la religión católica. Nunca, ni en América ni en Europa se ha hecho un artículo constitucional semejante: el que no es católico no puede ser empleado público, ¿qué tipo de masón era éste? Y no les preguntó a los peruanos si lo querían o no, se los impuso y listo. También dice que aquel que trafique con los extranjeros y con los ingleses pierde la ciudadanía. Establece que la ciudadanía del Perú es una ciudadanía americana: en Perú son peruanos todos los americanos. Este artículo del estatuto provisorio es una maravilla, deberíamos copiarlo y establecerlo en la Argentina ahora, pero claro, “sería un poco preconciliar”.
Pero estaba peleando con cuatro mil soldados que en el campamento de guarda, donde él estaba, se le enfermaron de  fiebres tercianas, es decir la fiebre amarilla: la mitad quedó de baja entre muertos y desvalidos, ¿qué es lo que podía hacer? Liberó a los esclavos, ya lo había hecho en Mendoza, a quienes pasó todos al regimiento 11 de infantería. Decía que los criollos eran muy buenos a caballo, pero malos como infantes, pero no los negros. A ellos los puso a todos de infantes, quienes murieron en Chacabuco, en su mayoría. En Mendoza no hay negros debido a que San Martín los enroló, y en el Perú lo mismo, liberó a todos los negros de las estancias de los fundos peruanos, los pasó al ejército, pero éstos no eran buenos soldados, cuatro mil de los cuales apenas dos mil serían combatientes, y enfrente el virrey Pezuela primero y después el virrey La Serna, tenían veintiocho mil veteranos.
Y aquí es donde vienen todos los sinvergüenzas y dicen ¿por qué no atacó, por qué no libró una batalla grande? Que estas pequeñas batallas, que los juegos que hizo Arenales por la sierra, desembarco aquí, desembarco allá, juego de ajedrez, pero ¿por qué no libró una gran batalla como Maipú, con sus dos mil vehementes soldados, contra los veintiocho mil de los españoles? Hay que ser idiota, como son estos criticastros para proponer semejante cosa. Su explicación es que estaba dedicado al opio.
Hay un libro de un muchacho  de la F.U.A. (Federación Universitaria Argentina) que ha escrito “Los amores secretos de San Martín”.  Los secretos ¡nada!, porque se basa en una mentira de Ricardo Palma, de que él tuvo amoríos con Rosita Campusano, son cuatro líneas en el libro de los recuerdos de Palma, Tradiciones peruanas. Después Palma dijo que eran todas mentiras, pero de eso ya nadie quiere acordarse, y entonces éste con esas cuatro líneas hace un libro entero, diciendo que San Martín estaría ahí en Lima, nada más que dedicado a vivir con la Rosita, y a fumar, dice él, cigarros de opio. Quizás el muchachón éste le dé a los porros de marihuana, y entonces cree que San Martín podía hacerlo con el opio, pero con el opio no se puede, porque quema los labios; se fuma en una pipa larga, lejos de los labios. No estaba dedicado al opio, ni a Rosita Campusano: estaba simplemente maniobrando frente a un enemigo inmensamente superior, y maniobrando bien, pero los enemigos esos sí contaban con fuerzas secretas muy superiores a las de él, no solamente en número de tropas.
Se crearon tres logias masónicas contra él, y ahí viene el argumento final contra la masonería: no sólo había que ser católico para ser empleado, sino que la masonería en el Perú luchó contra él a través de tres grandes logias:
La Logia provincial de Buenos Aires, que dirigía Bernardino Rivadavia, “el peor hombre de América”, va a decir San Martín; Mitre va a decir “el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos”, por eso que el menos indicado para hacer la historia de San Martín era Mitre, porque admiraba al hombre más enemigo de San Martín que fue Rivadavia. Esta logia que estaba en Buenos Aires infiltró al ejército de San Martín, y consiguió que, por ejemplo, uno de sus jefes, el general Las Heras, se adhiriera a ellos.
En frente estaba la Logia Republicana, de los republicanos peruanos, democráticos, liberales y demás. Como sabían que San Martín no era nada de eso, fueron sus enemigos. Estaban dirigidos por Sánchez Carrión; ellos hicieron asesinar a Monteagudo que era el ministro de gobierno de San Martín.
Y sobre todo estaba la Logia central de la Paz Americana que organizaba a los masones del ejército realista, mandado por el general Gerónimo Valdés. De esto tenemos un testimonio extraordinario que es el del coronel Tomás Iriarte, que perteneció a esta logia, que había venido de España con ellos, y esa sí se había formado en Cádiz por militares españoles, no americanos, sino nacidos en la península, que se pusieron al servicio de Inglaterra. En España se los llamó, después, los Ayacuchos, porque ellos son los que perdieron la batalla de Ayacucho, y por la cual se terminó la guerra de América. Pero eran liberales y pro ingleses; ellos querían que hubiera una guerra permanente en América. Se llamaba “de la paz” pero en sentido opuesto, porque ellos lo que querían era la guerra.
San Martín no quería la guerra con España, y ahí voy derecho contra la tesis de Mitre: no es un anti hispánico como nos lo presentó Mitre, y siguen diciendo todos los liberales y todos los enemigos, sino que buscó la paz con España, pero quería la independencia de América y entonces en Miraflores, primero, con el virrey Pezuela, y en Punchauca después con el virrey La Serna trata de establecer la paz mediante el reconocimiento de la independencia de América, y que venga un príncipe de la monarquía española como rey. El se declara monárquico. Entonces Mitre dice: “ahí quedó sin salida, porque rompió con el democratismo de él”, es decir el de Mitre.
En realidad, el estúpido de Fernando VII, por segunda vez (la primera es cuando habían acordaron en el año ´16  rendirle pleito, homenaje, reconocerlo como rey, y éste se negó a recibir al legado)  se negó a aceptar estas paces en el Perú, como se negó a aceptar las paces en el tratado de Córdoba, de Iturbide con O’Donoj, que ponían fin a la guerra a cambio de la independencia, y con un monarca que podía ser su hermano menor, Francisco de Paula, o algún otro de la casa real española.
Ese es precisamente el punto de debate que tuvo San Martín con Bolívar en Guayaquil. Uno de los dos puntos: el primero era que San Martín se negaba a comandar sus tropas (sólo tenía 4.000 hombres, 8.000 colombianos a lo sumo) por estar en evidente minoría y proponía que Bolívar las comandase junto con las suyas. Bolívar no quería eso, o no pudo entregar todo su ejército, o comandarlo todo hasta pasados dos años, y entonces San Martín se retiró. Pero también consta además, porque no es tan secreto lo de Guayaquil, que él pidió que el sistema de gobierno de América fuera el monárquico, y Bolívar quería gobernar él; quería gobernar bajo su sistema autocrático, sistema dictatorial.
Se va de Perú por eso, y pasa por Chile, llega a Mendoza y acá está un tiempo. Ahí vienen de nuevo los infundios, las injurias, la calumnia. Dice Mitre, que se queda acá muy tranquilamente en Los Barriales, en el departamento que hoy se denomina  San Martín, mientras que su mujer está muriéndose en Buenos Aires, y no va a verla, porque era un desamorado, porque le había sido infiel con la Rosita, porque ella también le había sido infiel con dos oficiales del ejército; era un muy mal matrimonio… ¡Todo mentira! Lo de Rosita el propio Palma admitió que era mentira; lo de ella, también. La señorita Grosso ha demostrado que esos oficiales cuando llegaron a Mendoza hacía ya unos meses que Remedios  había retornado a Buenos Aires. Pero todas esas infamias se siguen lanzando, a ver si así se embadurna la estatua. Pero ¿por qué no fue a verla, por cierto, no fue a tiempo allá a Buenos Aires?  Porque no podía, no porque no quería, porque no podía, porque le avisa Estanislao López, caudillo de Santa Fe, que si va a Buenos Aires lo van a juzgar y lo van a sentenciar a muerte. Y él le va a decir a Guido: “Acuérdese que en ese año, si yo iba a Buenos Aires, me iban a prender como a un facineroso, por eso no pude ir a darle el último adiós a mi esposa”. No pudo, no es que no quiso.
Y ¿por qué esa inquina de los unitarios con él? Los unitarios  (así se llamaban los del partido de Rivadavia) creían que lo que estaba armando aquí San Martín era nuevamente una fuerza militar para pelear contra ellos. San Martín los tenía sin cuidado a éstos: él había mandado a pedir un apoyo para crear un nuevo ejército del Norte, que fuera como una pinza allá en Perú. Mientras él mandaba a Alvarado,  desde Bolivia se iba a tratar de acercar al ejército realista. Para eso mandó a un coronel peruano, Gutiérrez de la Fuente, a quién Rivadavia  despachó. Entonces cuando él vuelve a Mendoza, con el gobernador militar de San Juan, Urdinenea, arman una pequeña unidad con quinientos hombres que vayan al Norte a hacer, por lo menos, acto de presencia para disuadir al ejército realista. Como está armando eso (no está tampoco plantando melones o zapallos acá en la chacra) le dice en cartas a Guido y a Rosas: “Me interferían la correspondencia, me abrían las cartas”.  Entonces creen que está armando un ejército contra ellos, por eso querían prenderlo como un facineroso. Al final, ¿qué es lo que hace? Planea  él también una táctica para poder ir a Buenos Aires. Redactó una carta, que sabía que también se la iban a abrir, donde decía que el gobierno de Rivadavia era lo mejor que había tenido la Argentina, y entonces pararon el ataque, lo recibieron en Buenos Aires y le dieron el pasaporte porque no lo querían en su tierra: lo querían echar. Hablan de ostracismo, palabra que inventó Mitre, pero no hay ostracismo: es exilio, es destierro, lo mandan afuera, y él aprovecha para colaborar con Bolívar. En Londres se encuentra con Iturbide, ambos echados de sus países, los dos libertadores.
Y ¿qué es lo que hacen? Contratan dos buques para Bolívar. Ahí se ve que hay un plan americano real, que no hay esas peleas que han inventado de San Martín con Bolívar (el hijo de Iturbide pasó a ser edecán de Bolívar). Hay un acuerdo entre ellos. Iturbide regresa a México, aunque San Martín le había dicho que no lo hiciera,  porque estaba en riesgo su vida. Efectivamente: lo fusilan. Aún en México todavía no se lo reconoce como su libertador, a Iturbide, porque han gobernado y siguen gobernando  en México los socialistas, en el nido de todos los cristianos. Iturbide era el más cristiano de los tres; los tres buscaron declarar a la Virgen como patrona de América, pero Iturbide más, porque iba con la Virgen de Guadalupe, la tri-garantía, ya que una de las tres bases de México era la religión católica; por eso lo fusilaron y por eso lo niegan hasta el día de hoy.
Ahí viene este exilio donde él pasa años. Primero quiere volver porque ha caído Rivadavia por la  guerra con Brasil, y Dorrego lo invita a venir. Cuando vuelve, viaja de incógnito. En el año ´28 se entera en Río de Janeiro que había una revolución decembrista encabezada por Juan Lavalle. Cuando el buque toca puerto en Montevideo se entera que lo han fusilado a Dorrego; entonces el buque después va al Pontón de Recalada en Buenos Aires y él no desembarca. ¿Por qué él no desembarca? Porque él no había venido para apoyar a los gobiernos militares, sino que llamado por Dorrego iba a encabezar la guerra contra Brasil. Es el último servicio que él le presta a América; cuando se vuelve le dice ¡Adiós! a América.
Queda la Argentina, a la que seguirá prestando este servicio, pero el proyecto americano desapareció. Al mismo tiempo Bolívar le dice al presidente del Perú, “Gobierne como peruano, porque América ya no existe más”. Y efectivamente San Martín va a defender a la Argentina, a la Confederación  Argentina, cuando los ataques, francés de 1838 y anglo-francés de 1845, apoyando al encargado de las relaciones exteriores de la Confederación, Juan Manuel de Rosas –otro punto inaceptable para los enemigos-. No lo pueden admitir, porque Rosas es el conjunto de las cosas que ellos más odian: es el gobernante fuerte, vigoroso, católico, es el restaurador de las tradiciones argentinas. A éste San Martín, por la cláusula cuarta de su testamento, le dona el sable, es decir, lo proclama su heredero universal, y ese es el odio que muestran ellos (Sarmiento, Alberdi, Varela). Todos los que lo entrevistan y discuten con San Martín esto, dicen que estaba viejo, senil. ¡Estaba nada menos que en el centro de la contienda, en París! Tan viejo como Sarmiento cuando asumió la presidencia, es decir, estaba perfectamente en su lucidez y la mantuvo hasta el final de sus días.
Y ahí  como se había definido monárquico en el Perú,  antes de volverse desde Montevideo, le manda a decir a Lavalle que mientras   no haya aquí una dinastía que gobierne, esto no va a tener solución. En 1846 le escribe a un militar chileno, el general Pinto: “Ustedes han establecido un gobierno republicano en el que yo no creí; no creí que se pudiera ser republicano hablando con la lengua española. Pero su gobierno, el régimen de Portales, ha demostrado que puede establecer una república vigorosa”. Es el único caso en América, y efectivamente Chile, de 1830 a 1890, no tuvo revoluciones gracias a este sistema que San Martín elogió, como elogió el de Rosas. Todo eso no lo pueden tragar los liberales, porque es lo contrario de lo que ellos piensan de cómo debe gobernarse.
Para mejor, en 1848, se produce la revolución socialista en París.  San Martín se va con su familia a Boulogne-sur-Mer, para poder llegar al ocaso de su vida. Y allí transcurren sus últimos años, hasta que finalmente muere en 1850. Pero antes le escribe al mariscal Ramón Castilla del Perú, describiendo lo que ha pasado en Francia, diciendo que son estos malvados de los socialistas, anarquistas y comunistas, los culpables de todo lo que está pasando en Europa. Esas cartas al mariscal Castilla están prohibidas hoy en la Argentina, porque los que no quieren difundirlas son, con sus más o sus menos, todos pro comunistas, y ahí San Martín condena todos esas formas de gobierno.
El 17 de agosto de 1850 muere, de sus antiguas afecciones, porque se le habían complicado con un reuma; tenía muchas enfermedades, que  había sobrellevado con esa paciencia estoica que tenía. Y muere, y entonces hay dos actos que ya escapan al plano natural que yo les he tratado hasta aquí. Un argentino que lo visitaba a diario, Félix Frías, llega después, a poco de morir San Martín, y habla ahí con su hija Mercedes y con su yerno Mariano Balcarce. Al pasar donde lo están velando las monjas, mira el reloj de la pared que está en la habitación de San Martín, y lo ve  parado a las tres de la tarde, le saca el reloj al general (de bolsillo), y también se ha detenido a las tres de la tarde, le pregunta a la hija: “¿A qué hora murió?”. “A las tres de la tarde”. Esto, racionalmente no tiene explicación, y  lo que les voy a decir ahora menos. Le dijo a la hija antes de morir: “Esta es la tormenta que nos lleva al puerto antes de morir”. Es decir, él se había visto como un buque que iba hacia un puerto, y ese buque y el puerto, es lo que está en el estandarte de Pizarro. Es un lábaro pequeño, cuadradito, que había hecho bordar Carlos V, por su madre Juana la Loca, para entregarlo a Francisco Pizarro como símbolo de la autoridad de Pizarro en América del Sur, y se había perdido. Cuando San Martín sale de Cádiz, y se presenta al Concejo de Regencia le dice: “Voy a ir a Lima para encontrar mis intereses perdidos o abandonados”. Hoy los historiadores dicen: “¿no ve que era un mentiroso profesional? No fue a Lima, ni en Lima tenía nada perdido ni abandonado”. Cuando él fue a Lima por vía de aproximación indirecta, lo primero que hizo fue nombrar una comisión para que buscara el estandarte de Pizarro que estaba perdido o abandonado. Lo encontraron, se lo hizo donar, y cuando se retira del Perú, en su proclama de despedida a los peruanos les dice: “Diez años de lucha están de sobra pagados con el estandarte de Pizarro.” ¿Está loco este hombre?, ¿cómo todos sus esfuerzos, todo por ese pedacito de tela? Él lo explica: cuando vuelve del Perú, en Valparaíso, va a la tertulia de Mary Graham, que era la amante de lord Cochrane, y ella, enemiga  suya, cuenta –como repetía las mentiras de Cochrane, de que San Martín se había envilecido– que le dijo: “Usted se trajo muchas cosas del Perú, ¿no?”, “Lo único que me traje del Perú –lo dice Mary Graham- fue el estandarte de Pizarro”, sigue la dueña de casa, “ Y entonces se puso de pie, cuan alto era para aclarar, que ese estandarte es el símbolo de la autoridad moral en América, y se sentó”.
Antes de morir le dijo a Mariano Balcarce, su yerno, que él no quería ser enterrado con la bandera argentina, ni la peruana, ni la chilena, ni la de Ecuador, que quería ser enterrado con el estandarte de Pizarro al que  había tenido toda la vida en su pieza. Así es enterrado, y después ordenó a sus parientes que se lo devolvieran al gobierno del Perú. Ellos lo hicieron, mandaron el estandarte al Perú, llegó y está otra vez perdido o abandonado. Nadie sabe más dónde está, porque con San Martín se terminó la autoridad moral en América.
Este es el héroe del que les he hablado. Nada más.