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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

lunes, marzo 08, 2021

Los sesenta granaderos por JORGE P. MONES RUIZ.

 

Sobre fines de la década de los `50 y principios de los `60 estalla en nuestro país, entre los jóvenes de la época, una moda o si se prefiere una plausible forma de expresión cultural, abrazada como un entretenimiento por algunos, o como el nacimiento de una genuina vocación artística por otros. La guitarra, el bombo y el folklore pasan a ser elementos esenciales en las reuniones sociales de todo tipo, propias de la juventud de aquellos años.

En las playas durante el verano, en fogones, o en casas de familia donde se realizaban los "asaltos", que no eran delitos, sino reuniones, algunas "sorpresivas" para el anfitrión, y en las cuales las señoritas llevaban la comida y los varones la bebida, era común que se organizaran peñas donde varios se lucían interpretando los más granado del repertorio de nuestra música tradicional. También en colegios y escuelas los alumnos hacían gala de sus dotes en "el arte de las musas" en diferentes actos escolares.

Los jóvenes de entonces cantábamos a la Patria una gran variedad de zambas, cuecas, chacareras, chamamés. Algunas parejas audaces se animaban, con natural garbo y donaire, a ensayar elegantes figuras coreográficas de nuestra tierra que enriquecían la velada. ¡Cómo no agradecer a los autores de aquellas obras musicales que tanto disfrutábamos! Vienen a la memoria Atahualpa Yupanqui, Eduardo Falú, Jaime Dávalos, Gustavo "Cuchi" Leguizamón, Los Hermanos Abalos, Ernesto Cabeza y tantos otros. Nuevos "himnos" se incorporaron a nuestra cultura adolescente, que interpretábamos con devoción y cierta fresca osadía, en aquellas memorables y alegres tertulias juveniles.

"La López Pereyra, "Tonada de un viejo amor", "Chakay Manta", "Luna Tucumana", "La Nochera", "Kilómetro 11", "Sapo Cancionero", "El Arriero", "Jangadero", "Zamba de mi Esperanza", y muchísimas más, eran algunas de las piezas de nuestro folklore que formaban parte del repertorio que, como solistas, dúos, conjuntos o bien acompañados por todos los presentes (una suerte de coro improvisado), se cantaban en los atardeceres y hasta bien entrada la noche. No era necesario ser muy entonado, como era mi caso. Bastaba con animarse.

En esos años de surgimiento del folklore en la juventud, varios programas de televisión auspiciaban esta "onda tradicional". Uno de ellos, y quizás el más significativo, fue "Guitarreada" en 1961 que se transmitía por Canal 13 y fue todo un éxito.

Pero había una cueca que era infaltable y obligada. No interpretarla o no conocerla era casi una herejía criolla. Su letra, su melodía, su ritmo y armonía invitaban, y aún lo hacen, a emocionarse y a que el espíritu vibre cuando llega el momento de cantar el estribillo. Es una obra que nos traslada al pasado histórico de nuestra Patria y a una de las más grandes hazañas épicas.

Esa magistral y maravillosa cueca, e inspiradora de los más nobles sentimientos, era "Los Sesenta Granaderos".

EL HECHO HISTORICO

En 1819 nuestro Libertador General San Martín se encontraba en Mendoza, luego de triunfar en Chacabuco y Maypú y asegurar la independencia de Chile. El 9 de junio de ese año le escribe a su amigo Tomás Guido, diciéndole que se hallaba "postrado en cama" por una fístula provocada por sus hemorroides agangrenadas y el 12 de agosto que "ya estaría en Buenos Aires a no haber sido un diabólico ataque de reumatismo inflamatorio que me ha tenido once días postrado de pies y manos y sufriendo los dolores más agudos". Su viaje era necesario para conseguir apoyos y poder así continuar su epopeya rumbo al Perú. Sin embargo, en septiembre, su salud lo obliga a detenerse en San Luis.

Durante esa demora para llegar a Buenos Aires, el escenario político del país se agravaba. La sanción de la Constitución de 1819 había generado otro golpe de escena: la renuncia de Juan Martín de Pueyrredón al cargo de Director Supremo y la asunción en su lugar de José Rondeau.

Tres años atrás, el apoyo de Pueyrredón al plan de San Martín de cruzar la cordillera y atacar a los españoles en Santiago de Chile fue decisivo. El Director Supremo había accedido a los pedidos de San Martín para llevar a cabo esa gran cruzada independentista.

El Libertador continuó su viaje a la capital recién en los primeros días de octubre de 1819. El día 3 le escribió a O'Higgins: "Muy restablecido de mi larga y penosa enfermedad, me pongo en marcha mañana para Buenos Aires". Sin embargo, al llegar a la Posta del Sauce, en el sur de la provincia de Córdoba, el General recibió la noticia del alzamiento militar de los caudillos federales del litoral contra el Directorio, así que decidió regresar a Mendoza.

El 8 de octubre el Director Rondeau le ordenó a San Martín que abandone Mendoza y marche con toda su caballería rumbo a Buenos Aires y que enfrente a las partidas que Estanislao López y Francisco Ramírez pudieran haber dispuesto en el camino.

San Martín eligió desobedecer al gobierno de Buenos Aires y marchar a Chile para luego continuar su campaña al Perú. Fue consecuente con su pensamiento, expresado algunos meses antes, cuando el 13 de marzo le escribió al gobernador santafesino Estanislao López: "Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas, como éstas no sean a favor de los españoles y su dependencia". El 9 de noviembre le escribió a Bernardo de O'Higgins: "Se va a cargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la campaña al Perú todo se lo lleva el diablo".

Ya decidido, el Libertador enfrenta un nuevo obstáculo: su deteriorada salud. Pero debía cruzar los Andes y seguir al Perú. El general Rudecindo Alvarado, que estaba a cargo de la salud de San Martín, ordenó entonces la construcción de una litera para trasportar al enfermo. Parecía una locura, pero sería una más de las tantas de la guerra por la independencia de América.

Sobre los últimos días de 1819, un cortejo de soldados pertenecientes al glorioso regimiento creado por el Padre de la Patria trepó los caminos de montaña llevando a su jefe en una camilla para retirarlo del escenario de guerra civil que se avecinaba en el país. Se turnaban para llevar al General. Eran los sesenta granaderos.

Un año y medio después, mientras la guerra civil entre unitarios y federales asolaba a Buenos Aires y las provincias del Interior, el General José de San Martín entraba en Lima, declaraba la Independencia del Perú, y asestaba un golpe letal al poder realista en Sudamérica.

LA CUECA

Inspirado en este hecho histórico, Hilario Cuadros, mendocino nacido en 1902, escribe la letra de "Los Sesenta Granaderos". A pesar de ser de pura cepa lugareña cuyana, una tradición dice que "la cueca que recuerda al arriero que reza al pie del Cristo Redentor por los granaderos que cruzaron la cordillera con San Martín muy enfermo" no nació en La Cañadita Alegre o un bodegón cuyano, sino que fue a fines de los años `40, en el porteño Bar "El Pensador", ubicado en Hipólito Yrigoyen y Luis Sáenz Peña.

La música de la cueca es de Félix Pérez Cardozo, paraguayo y autor de memorables piezas. En la Argentina cosechó grandes y muchas amistades notables, entre ellas, la de Hilario Cuadros.

Seguramente ellos se conocieron en esas noches de bohemia porteña, de guitarras y canciones, que duraban hasta la luz del nuevo sol. Ambos compositores y maestros de la música folklórica, sentados en aquel rincón porteño, hicieron brotar solo "las primeras estrofas y los ocho primeros compases", nos ilustra Federico Riera.

El cruce de la cordillera por los granaderos con el Gran Capitán de los Andes no sólo quedó inmortalizado en la cueca, sino que Fidel Reig Matons la llevó al lienzo e integra la pinacoteca del Concejo Deliberante de la Ciudad de Mendoza.

Cuadros fallece en Buenos Aires el 8 de diciembre de 1956, cuatro años después de Pérez Cardozo, quien muere, también en la capital porteña, un 9 de junio de 1952.

La cueca "Los Sesenta Granaderos" es un clásico del cancionero popular argentino que se hizo famosa en 1950, Año del Libertador General San Martín siendo interpretada por el conjunto "Los Trovadores de Cuyo". Don Hilario Cuadros era uno de sus integrantes. Entre los artistas más destacados que grabaron esta canción están: Hugo del Carril, Antonio Tormo, Los Chalchaleros, Los Visconti y Los Quilla Huasi.

Finalmente, con esta nota quiero rendir un justo homenaje y reconocimiento a aquellos bravos Granaderos de San Martín y a los autores de la cueca "Los 60 Granaderos", cuyo estribillo es una verdadera y sentida plegaria a la Patria y a nuestra Fe.

"Quiero elevar mi canto

Como un lamento de tradición

Para los granaderos

Que defendieron a mi Nación

Pido para esas almas

Que las bendiga Nuestro Señor."

* Licenciado en Estrategia y Organización, ex mayor del Ejército Argentino y miembro del Centro de Estudios Salta.­

Publicado en Diario "La Prensa", 8 de marzo del 2021.

http://www.laprensa.com.ar/499783-Los-sesenta-granaderos.note.aspx

MOMENTO MUSICAL.

Palito Ortega cumple 80 años: el changuito tucumano que torció su destino y vivió mil vidas en una vida.

 

Palito Ortega cumple 80 años: el changuito tucumano que torció su destino y vivió mil vidas en una vida.

Vivió una infancia marcada por las carencias pero a fuerza de carisma se convirtió en ídolo de multitudes. Perdió todo cuando trajo a Sinatra y volvió a empezar. Fue gobernador, candidato a vicepresidente y senador. Se convirtió en “hermano” de Charly García y formó una familia donde el amor convive con el talento.

¿Quién iba a predecir que ese pibe que a los 10 años limpiaba sepulturas en el cementerio de Tucumán y lustraba zapatos en la plaza Independencia se convertiría en ídolo de multitudes? ¿Quién podría vislumbrar que ese changuito de Lules que a los 16 se animó a mudarse a Buenos Aires solo con su guitarra y una valija sería cantante, gobernador y hasta candidato a vicepresidente? ¿Quién diría que ese joven que sobrevivía vendiendo café en Buenos Aires se convertiría en un fenómeno social de la música? ¿Quién se animaría a asegurar que ese cantor criticado por rockeros se convertiría en ángel salvador del rockero más admirado? ¿Quién diría que ese niño que creció sin su mamá sería el padre de seis hijos, todos talentosos pero sobre todo hermanos entrañables? Todas esas preguntas tienen un nombre por respuesta: Ramón “Palito” Ortega, el niño pobre, el artista récord, el político, el padre de familia, el hombre que hoy celebrará 80 años.

Finalmente, una tarde de domingo, cuando el sol empezaba a cerrar sus párpados, mi padre puso su mano sobre mi hombro. Me miró con esos ojos conocedores de la vida, y con voz pausada dijo: -Me duele que se vaya Hizo un silencio corto y prosiguió: -Pero me dolería mucho más si un día usted me hace sentir culpable de ser otro de los tantos muchachos que en este pueblo fueron malgastando sus vidas hasta quedarse sin futuro.

Como contó en su libro Autorretrato esas fueron las palabras con las que su padre Juan le dio permiso de irse de Tucumán a Buenos Aires cuando tenía 14 años.

¿Qué lleva a un padre a pedirle a su hijo que abandone su hogar y parta? La respuesta solo puede ser una: la desesperación. Ramón Ortega creció en la ciudad tucumana de Lules en el siglo pasado pero con la vida del medioevo. Los zafreros trabajaban en condiciones más bestiales que humanas. Tanto que cuando un hijo nacía se lo anotaba cuando se podía y no cuando se debía. Así pasó con Ramón Bautista que nació un 28 de febrero de 1941, pero recién fue anotado el 8 de marzo. Fue el segundo hijo de Juan, un zafrero y Nélida Rosario. El matrimonio tuvo siete hijos. Los hijos eran muchos y la miseria más. ¿Alguien será tan soberbio para juzgar a esos padres que el único tesoro que podían tener eran hijos?

El matrimonio no se llevaba bien y en un momento Nélida se marchó. Juan fue padre y madre, pero jamás habló mal de esa mujer. Ramón comprendió que había que ayudar en casa. No abandonó los juguetes que no tenía pero sí abandonó los juegos entre cañas de azúcar para trabajar de lustrabotas, pintar cruces y limpiar tumbas. Si algún tilingo se asombraba de su ocupación en el cementerio, solo respondía: “Es un trabajo honrado, ¿no? Fue bicicletero y vendedor de diarios. Alguna vez contó que cuando pasaba por la casa de esa mujer que era su madre pero que lo había abandonado, silenciaba su pregón. No quería que lo escuchara, pero sobre todo no quería revolver ese dolor que no te provoca infartos pero te rompe el corazón.

Una maestra se conmovió con ese changuito que dejaba la primaria para pasar de una patada a adulto y le enseñó por las noches. Ya es triste no tener infancia pero si le agregás la falta de escuela, además de injusto es inhumano. Los trabajos se alternaban. Fue bicicletero hasta que se le ocurrió vender cubanitos. Todos los viernes le pedía a su papá 10 pesos. Se iba al almacén, compraba cubanitos vacíos, dulce de leche, y los ofrecía en alguna cancha de fútbol. De alguna manera el domingo a la noche devolvía 20. Alguno dirá que era lo que hoy llamamos un “emprendedor”, para otros era un “busca” quizá solo era un chico que deseaba aliviar a su papá.

Fue entonces que decidió probar suerte en Buenos Aires. Su provincia le garantizaba presente pero él además necesitaba futuro. Se despidió de su padre con el corazón desgarrado y sin posibilidad de derramar una lágrima porque eran tiempos donde “los hombres no lloran”.

Llegó a Buenos Aires y apenas bajó del tren un hombre lo recibió con un abrazo infinito. Lo que parecía caricia de la vida fue cachetazo. Lo que parecía un hombre confundido resultó ser un ladrón infame que le quitó los magros pesos que traía y lo obligó a pasar la primera noche durmiendo en la plaza de Retiro.

La palabra derrota no estaba en su vida. Consiguió algunas changas hasta que alguien le ofreció trabajar en un bar a cambio de un sueldo malo y un sitio lúgubre para dormir: el sótano del local. Todas las noches, Ramón sentía que bajaba a una prisión. El dueño cerraba la tapa con candado. Solo se podía salir cuando, al otro día, la abría. El dueño argumentaba que era para evitar robos, quizá simplemente era maldad.

Del bar pasó a trabajar como vendedor ambulante de café. Decidió vender en las puertas de Canal 7 y Radio Belgrano. Fue entonces que el destino comenzó a torcerse o que él comenzó a torcer su destino. Carlos Ginés era uno de los astros más populares de la radio. Conducía el ciclo “Levántese contento” donde hacia todo tipo de ruidos para despertar al oyente. Convocó a ese cafetero al que notaba honrado, trabajador y que siempre silbaba con un notable oído.

Dos años después, en 1957, la Bandita de Carlinhos, un grupo que animaba fiestas lo contrató para cargar los instrumentos y armar la escenografía. Rodeado de músicos aprendió a tocar el güiro, la batería y perfeccionó lo que sabía de guitarra. Como millones de jóvenes de todo el mundo comenzó a soñar con ser ídolo como el ídolo de ese momento: Elvis Presley. Lo lograría.

Se independizó de Carlinhos y comenzó a actuar con el pseudónimo de Nery Nelson. Durante un tiempo vivió en Mendoza donde tuvo su espacio en radio y cantaba en un boliche. Con mucho esfuerzo logró grabar su primer disco, pero cuando pidió sus honorarios, le pagaron menos de la mitad de lo acordado.

Seguro de lo que quería se presentó en los estudios de RCA. Llovía. Ricardo Mejía, el gerente general de la discográfica vio a ese muchacho que esperaba su turno con la ropa humedecida pero la palabra “dignidad” emanando de esos ojos oscuros y le ofreció un coñac.

Llegó su turno. Cantó un rock’n’roll, “María”. Luego, “Sabor a nada”. La última se la hicieron repetir una, dos, tres veces. Le preguntaron por el autor, respondió que eran suyas. Cuando pensaba que escucharía el fatídico “lo llamaremos a la brevedad” (es decir, nunca), Mejía le anunció: “Flaco, lo felicito. Dese por artista de RCA Víctor”.

Faltaba elegir el nombre artístico. Mejía rechazó el Nery Nelson. Escribió “Ramón Bautista Ortega Saavedra” y comenzó a probar con distintas combinaciones. De pronto, miró al tucumano y le dijo: “Usted es tan flaco que parece un palito”. Escribió “Palito Saavedra”, probó con “Palito Ortega” y fue perfecto. Ese día nacía el artista que marcaría a varias generaciones de argentinos. Palito se dio cuenta ese día que salió de la pensión donde vivía y un hombre que pasaba en bicicleta silbaba “Dejala, dejala”. Lo siguió todo lo que pudo, no creyendo lo que pasaba pero creyendo lo que le pasaría.

En 1962, se integró al Club del clan. No destacaba por su físico, pero su cara triste de aquel que conoce el dolor de las partidas, se imponía. La gente amó a ese muchacho que, aunque tenía clavado un dolor en el alma, cantaba canciones optimistas. Quizá vieron en él, un poco lo que sentimos todos. Que la vida te da, pero te quita y que a veces lo único que te salva es cantar y seguir tirando.

La “academia” no acompañó a ese muchacho de afinación incierta, pero el público lo consagró. Con la canción “Despeinada” su fama cruzó las fronteras. Los éxitos no paran. Llega “Bienvenido amor”, “Media novia” y “Camelia”. También llegan cartas de sus admiradoras. Palito las lee y entre ellas encuentra una que le atraviesa el alma: es de su mamá. Le pide verlo. El hijo duda y manda a otra persona. Se encuentran un tiempo después en un bar. Vaya a saber qué se dijeron o no, pero quizá solo importó “la sonrisa de mamá”.

La figura del tucumano se replicaba en portadas de revistas, presentaciones, televisión, radio. Las chicas lo idolatran y las madres veían en ese joven el ideal de yerno: bueno, trabajador, el joven que se hizo a sí mismo. Lo comenzaron a llamar el Rey. Es cierto que su registro de voz no era maravilloso, pero desde entonces y hasta ahora ya sea para bailar, para divertirse o incluso para criticarlas, no hay argentino y casi latinoamericano que no pueda tararear una de sus creaciones. Alcanza un dato. “La felicidad” fue grabado en español, inglés, italiano, alemán, francés, holandés y sueco.

Para 1964 comenzó un noviazgo con la actriz Marta Gonzalez, pero al tiempo la relación se rompió. En 1965, mientras grababa “Mi primera novia” conoció a una joven actriz de rostro angelical, Evangelina Salazar. En la película no se casaba con ella, pero en la vida real lograrían un amor de esos que parecen ficción.

La joven se fue interesando poco a poco de ese joven serio. Se enamoraron. No fue fácil el noviazgo, no podían ir a ningún lado junto por el acoso de las fans y las giras eran frecuentes. Se casaron el 2 de marzo en la Abadía San Benito de Palermo. Era tanta la gente que deseaba verlos, que aunque la ceremonia se televisó, tuvo que intervenir la guarida de infantería y varias seccionales para mantener un poco el orden. Hubo avalanchas, desmayos y detenidos. Evangelina decidió dejar atrás su promisoria carrera de actriz para formar lo que ambos deseaban mucho más que famas y premios: una familia. Juntos fueron padres de Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario. Todos ligados al ambiente artístico, todos talentosos y sobre todo, hermanos que se aman y defienden.

Parecía que había alcanzado el cielo, pero entonces la vida volvió a llevarlo al infierno. En 1981 decidió traer a Frank Sinatra a la Argentina, una de las primeras leyendas de la música popular. El estadounidense iba a realizar dos recitales en el estadio Luna Park y cuatro espectáculos en el hotel Sheraton de Buenos Aires con el formato de cena-show y a mil dólares la entrada. Las entradas se vendieron, sin embargo Palito quedó en la ruina. No fue porque “el diablo metió la cola” sino el programa económico del dictador Roberto Viola. Ortega contrató a Sinatra el 11 febrero de 1981 cuando el dólar en Argentina cotizaba a 1.900 pesos, pero, al momento del recital, se disparó a más de 7.500 pesos. Es decir, una devaluación del 400%. En apenas una semana, el tucumano perdió más de dos millones de dólares.

Palito iba a cantar "Sabor a nada" con Sinatra. Sinatra estaba dispuesto a aprenderse la letra, pero el temor reverencial —sumado al estrés del momento— pudo más. "Yo dije ni loco. Si subo con Sinatra van a decir que me mando la parte", recuerda Palito. Hoy, a la distancia, lo señala como uno de los remordimientos (Prensa Penguin Random House)

Durante tres años recorrió el país y Latinoasmérica dando recitales para mejorar su economía. Hasta que decidió radicarse con sus hijos en Miami. Se sintió como ese muchacho tucumano que dejaba su tierra, pero ahora con la responsabilidad de una familia. Sin saber una palabra de inglés se instaló en Miami. Pensaba quedarse por seis meses pero se quedó por años. Hacia presentaciones para el público latino pero además fundó una productora que en pocos meses se convirtió en una de las más importantes.

En 1989, con el respaldo del entonces presidente Carlos Menem aceptó volver al país para postularse como gobernador de Tucumán y enfrentar al general asesino, Domingo Bussi. Con el voto de la gente y el respaldo de todos los sectores, el 21 de octubre de 1991 asumió como gobernador. En el 95 y sin lograr que se habilitara la reforma constitucional para su reelección, Palito se despidió de su provincia.

No se alejó de la política. Vendió su casa de Miami valuada en dos millones de dólares y se instaló definitivamente en la Argentina. En 1999 fue candidato a vicepresidente acompañando a Eduardo Duhalde, pero en la elección se impuso Fernando De la Rúa.

"Yo fui candidato con el doctor Duhalde, nos ganó el doctor De la Rúa y fue el presidente. Siempre digo que de haber ganado, yo hubiese trabajado en el área social y él en la gestión. Creo que lo que necesitamos los países es un buen administrador más que esa cosa pomposa del presidente. El país termina siendo una gran empresa y de acuerdo a la habilidad que tenga el presidente de turno se vende mejor el país y toda la parte económica funciona mejor" EM/JP

Asumió como senador de la nación, pero salpicado por el escándalo de las coimas por la Ley de Reforma Laboral renunció a su banca y se alejó para siempre de la política.

Volvió al mundo del espectáculo. Formó una productora, siguió haciendo presentaciones y componiendo. Se animó a todo. Reversionó “La Casa del Sol Naciente”. Una canción emblemática en el repertorio de la banda inglesa The Animals. El tema en sus líneas vocales y de teclados influye en la obra de The Doors. Es una canción dark que está en las antípodas de “La felicidad”. La versión de Palito musicalizó una de las escenas centrales de la película El Ángel (dirigida por su hijo, Luis).

Un día sin querer volvió a ocupar todos los titulares pero no como artista sino como hombre de bien. Charly García estaba en su peor momento de drogas. Palito era uno de los pocos autorizados en visitarlo en la clínica. Al llegar, una jueza buscaba un lugar par llevar al rockero. Charly se abrazó a Palito y solo le dijo “Demasiado dolor”. “Yo sabía que le dolía. Todo le dolía en el alma” contó alguna vez Palito sobre ese día. Y si alguien sabía lo que significa que te duela el alma es el tucumano por eso en ese mismo instante se lo llevó a su casa en Luján.

En ese lugar Charly empezó a sanar. Ortega le invitaba amigos como Pedro Aznar, Nito Mestre, León Gieco y sobre todo lo dejaba en su estudio y con su piano. Fueron momentos difíciles de pilotear. Días de charlas, noches de insomnios y una única tabla de salvación: la música. Y esos dos genios creativos que marcaron tanto a tantos y que muchas veían cómo rivales se transformaron en hermanos.

Hoy Ramón “Palito” Ortega cumple 80 años. Lo festejará rodeado de abrazos de hijos y nietos y acompañado por la mirada amorosa de Evangelina. Seguramente recibirá decenas de llamados y mensajes. Se sentirá querido y en su casa. Tendrá lo que queremos todos. Pero él lo tiene y lo tiene porque se lo merece.

PUBLICADO EN INFOBAE.
MOMENTO MUSICAL.




TRES ÍDOLOS POPULARES DE LA CANCIÓN: SANDRO (a la izquierda), RAMÓN "PALITO" ORTEGA (centro) y a la derecha LEONARDO FAVIO.

Gesta del 7 de marzo: lo que marcó la historia de la Patagonia por Rodrigo Rosetani.

El 7 de marzo fue un hito histórico en la historia de la Patagonia y la República Argentina. Consistió en una guerra entre las provincias unidas del Río de la Plata y Brasil. En esta nota te contaremos sobre uno de los hechos que hicieran que la Patagonia hoy en la actualidad sea Argentina y tuvo como protagonistas a las ciudades de Viedma en Río Negro y Carmen de Patagones que lucharon logrando la victoria con esfuerzo y escasos recursos propios.

La batalla y hazaña.

La batalla de Carmen de Patagones. fue un enfrentamiento ocurrido el 7 de marzo de 1827 entre milicias de las Provincias Unidas del Río de la Plata y tropas de la marina del Imperio del Brasil. Durante el transcurso de la Guerra del Brasil que tuvo como lugar en las cercanías del poblado de Patagones y Viedma, al sur de la provincia de Buenos Aires, en la actual Patagonia Argentina.
La marina imperial de Brasil envió una división al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd. Esta fuerza estaba compuesta por los siguientes buques: La corbeta Duqueza de Goyas, al mando de Sheperd. La corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre. El bergantín Escudeiro comandado por Luis Pouthier. La goleta Constanza, al mando de Joaquim Marques Lisboa. La fuerza estaba compuesta por un poco más de 600 hombres, de los cuales 250 no eran brasileños.

La defensa Argentina.

El comandante Martín Lacarra contaba con un centenar de infantes, y consiguió reclutar unos 80 hombres a caballo, en su mayoría gauchos. Más los corsarios y un piquete de artillería de uno de los buques en reparación, el Chacabuco. A esto se sumó luego un grupo de inmigrantes africanos voluntarios y un escuadrón de vecinos. Además se proveyó a los pobladores de Patagones, la mayoría mujeres, con palos, gorros y vestimentas de milicianos, procurando simular una columna en retaguardia.

La inminente invasión.

En 1826 la inminencia de la invasión brasileña y los escasos recursos que poseían la defensa argentina en la zona se tuvieron que armar y prepararse con los escasos recursos que tenían en el momento. Las acciones comenzaron a las 9 de la mañana del 28 de febrero, la infantería del coronel Pereyra abrió fuego de cañón y metralla. Sobre el mediodía, la “Duqueza de Goyas” intentó franquear la desembocadura pero quedó varada en los bancos impidiendo el desplazamiento de la cuarta nave. Dos milicianos y el corsario Fiori, de origen Italiano, murieron durante estas acciones.
Patagones, pese a los días que ya habían transcurrido desde que la Escuadra Imperial había hecho su aparición en la desembocadura, no terminaba de adoptar un plan para hacerles frente.

El 7 de Marzo de 1827 el día que marcó la historia.

A las diez de la noche del 6 de marzo, el Comandante de la expedición brasileña James Shepherd, ordenó descender a tierra los 400 hombres de infantería y avanzar durante toda la noche para sorprender a Patagones con las primeras luces del 7 de Marzo.
A las 6:30 horas alcanzaron el cerro de la Caballada y comenzaron las naves Argentinas a abrir fuego desde el Río Negro hacia el cerro donde estaban avanzando los brasileros con cañones prendiéndose fuego la zona y quedando encerrada la fuerza de Brasil. Las fuerzas Argentinas hirieron de bala al líder de la expedición brasilera.
A las 11 hs. se había logrado la rendición de dos buques brasileros. Los infantes brasileños eran perseguidos por las tropas de Olivera quienes al enterarse de la rendición de sus buques hacen también lo mismo. En horas de la tarde sólo faltaba la “Itaparica”, Bynon desplegó sus naves alrededor de la corbeta varada y se rindió sin dar pelea.

El fin de la guerra y sus consecuencias.

Como resultado de los combates, quedaron en poder de los argentinos 3 buques, 28 cañones y numerosas armas. La tropa de desembarco perdió 40 de los suyos y se rindieron en las naves 10 oficiales y 306 hombres de tropa. En total, las fuerzas brasileras sufrieron 100 bajas y se tomaron 579 prisioneros, entre los cuales 200 británicos, que pasaron a engrosar las filas patriotas. Los buques capturados fueron renombrados y pasaron a integrar la escuadra del Almirante Brown. El Itaparica se denominó Ituzaingó, el Escudiero se convirtió en el Patagones y la Constanza pasó a llamarse Juncal.
En la iglesia Nuestra Señora del Carmen se conservan dos de las siete banderas, como trofeo de guerra, imperiales brasileñas que se conquistaron el 7 de marzo de 1827.

La Fiesta de la Soberanía Patagónica.

Todos los años se celebra en Carmen de Patagones y Viedma la fiesta del 7 de Marzo. Esta fiesta tiene como motivo el festejo al recordar la victoria de Carmen de Patagones y Viedma frente a la invasión Brasilera a la Patagonia.

La extraña dama por LUIS BUERO.


 "Gina Falcone y Marcelo Ricciardi se aman; sin embargo, el destino y el hermano de ella que no aprueba la unión terminarán separándolos. Marcelo no sabe que Gina espera un hijo suyo y se casa con Elsa en un matrimonio arreglado por su padre. Oculta en un convento, Gina da a luz una hija y le pone de nombre Fiamma. Sin embargo, la Madre Superiora le sugiere entregare la niña al padre y Gina, en medio de su delirio febril, acepta. Marcelo se casa y cría a Fiamma; y luego de recuperarse de una pulmonía Gina se retira a otro convento en donde profesa como monja con el nombre de Sor Piedad.

Años más tarde, Gina sabrá del paradero de su hija y de Marcelo, ahora viudo y con otra hija llamada Virginia. Entonces se convertirá en la extraña dama, la Baronesa Manfredi, una misteriosa mujer que al terminar cada jornada deja los hábitos para acudir junto a su hija y al hombre que nunca ha dejado de amar (y el que jamás la olvidó)''.

Esta es, en síntesis, lo que la crónica periodística describe como la trama central simplificada de una telenovela que en 1989 fue el éxito más grande de la televisión argentina. Y la primera gran producción de Omar Romay, uno de los hijos de Alejandro Romay, propietario del Canal 9. Comenzó en agosto de 1989 y finalizó el 20 de enero de 1990.

`La extraña dama', ambientada en los años '40, era protagonizada por Luisa Kuliok y Jorge Martínez, secundados por un gran elenco en el que figuraban María Rosa Gallo, Lita Soriano, Raúl Rizzo, Aldo Barbero, Marta Albertini, Gabriel Corrado, Gustavo Garzón, Andrea Barbieri, Hilda Bernard, Alfredo Iglesias, Perla Santalla, Raúl Rossi, Alejandra Darín y Andrea Tenuta, entre muchos otros/as actores y actrices destacados.

El tema musical de presentación (`Esa extraña dama') era interpretado por Valeria Lynch. La dirección de cámaras fue de Diana Alvarez y Juan David Elicetche, la dirección de fotografía estuvo a cargo de Juan Carlos Suárez, y tuvo varios guionistas, tales como Marcia Cerretani, Alma Bressan, Norberto Vieyra, María José Campoamor, Enrique Sdrech y Daniel Delbene, por nombrar solo los más importantes.

La historia original pertenecía a la actriz y escritora argentina (radicada en Los Angeles) Lucy Gallardo y fue publicada para Hispanoamérica por la revista `Lágrimas, risas y amor'. La telenovela es una adaptación de esa historia.

PIONERA.

``Despierta soledad, envuélveme, soy esa extraña dama que está dispuesta a vencer'', cantaba Valeria Lynch, y a las 18 horas, de lunes a viernes, se desmantelaba la magia de un programa que emanaba rating todas las tardes. Y que superaba por su puesta en escena a la mediocre pantalla vernácula del momento.

La telenovela fue vendida a otros países, donde se repitió el éxito. A niñas que nacieron en esa época sus padres las llamaron Fiamma o Gina. Y fue pionera de una nueva televisión con mayor inversión en todas sus aristas, que aún es recordada como un hito por todos los que no pudieron dejar de ver uno solo de sus capítulos.

Publicado en Diario "La Prensa", 8 de marzo del 2021.

http://www.laprensa.com.ar/499763-La-extrana-dama.note.aspx

MOMENTO MUSICAL.

El Papa dijo que visitará la Argentina "cuando se dé la oportunidad".-

 

El papa Francisco aseguró este lunes que visitará la Argentina "cuando se dé la oportunidad" y afirmó que pensaba viajar al país en 2017 pero debió cancelarlo.

"Cuando se dé la oportunidad se deberá hacer. Argentina, Uruguay y el Sur de Brasil, ya que hay una similitud cultural", planteó el pontífice en relación a un eventual viaje a su país de nacimiento, al ser consultado en la conferencia de prensa que ofreció en el avión en el que regresó a Roma desde Bagdad.

"Yo quiero decirlo, para que no se hagan fantasías de patria-fobia", enfatizó el Papa, que estuvo acompañado durante toda la gira por un enviado de Télam, entre otros medios.

El pontífice recordó que en 2017 "estaba programado" un viaje a Argentina, Chile y Uruguay a fines de noviembre, pero explicó que se canceló por las elecciones en el país transandino, y se pospuso a enero.

Sin embargo, a causa de las vacaciones de verano, "no era posible" ir a la Argentina y Uruguay en enero de 2018, porque "es como nuestro julio y agosto", agregó, en relación al período de vacaciones de Italia.

Finalmente, Francisco visitó Chile en enero de 2018 junto a Perú, que fue agregado a la gira "porque había sido dejado de lado del viaje a Ecuador, Paraguay y Bolivia" de 2015, explicó.

El Papa planteó además que, cuando le preguntan por su regreso al país, responde con humor. "Suelo decir de forma irónica que ya estuve 76 años. ¿Es suficiente, no?", dijo.

Elegido el Papa 266 de la Iglesia en marzo de 2013, Francisco nunca visitó como pontífice Argentina ni Uruguay, y en Brasil solo fue a Río de Janeiro y Aparecida para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud de julio de 2013.

En su primera conferencia de prensa en 15 meses, el pontífice aseveró además que, si renuncia al pontificado, no volverá a la Argentina sino que se quedará en Vaticano."Yo no pienso volver a la Argentina sino que me quedaré en mi diócesis", aseguró en relación a Roma, ciudad de la que es obispo.

Jorge Bergoglio, de 84 años, reconoció durante el diálogo de casi una hora con los periodistas que en el viaje a Irak se cansó "mucho más que en otros"."En este viaje me cansé mucho más que en los otros. Los 84 años no vienen solos", agregó el Papa, afectado por una ciática crónica que en diciembre y enero lo obligó a suspender celebraciones en el Vaticano, y que durante la histórica gira por Irak mostró dificultades para caminar al hacer largos desplazamientos.

Francisco regresó este lunes a Roma desde Irak tras una gira en la que recorrió la capital Bagdad, el Sur, el Norte y el Kurdistán iraquí con mensajes por la unidad nacional, el rechazo al terrorismo y el apoyo a las comunidades cristianas perseguidas por la milicia Estado Islámico entre 2014 y 2017.

En su primer viaje desde noviembre de 2019, el Papa afirmó que la ida a Irak no fue "un capricho" en medio del alza de casos de coronavirus en el país sino que fue "un paso" en su acercamiento al islam.

"Tantas veces se debe arriesgar para dar este paso. Usted sabe que hay algunas criticas de que el Papa no tiene coraje, que es un inconsciente y está haciendo pasos contra la doctrina católica, con un riesgo de herejía. Son riesgos, pero estas decisiones se toman siempre en oración, en diálogo, pidiendo consejo. Estas elecciones no son un capricho", argumentó al ser consultado por los riesgos del viaje.

El Papa reconoció además que la pandemia de coronavirus era una de las cosas que más lo hacía dudar antes de la visita, pero que encomendó la salud de la gente a la oración.

"Pensé tanto, recé tanto. Y al final, tomé la decisión, libremente, pero que venia de adentro", planteó Francisco consultado por el riesgo epidemiológico de su visita, en un marco en el que el Gobierno iraquí había decretado toque de queda para evita al difusión de la enfermedad.

"Yo dije que el que me hace decidir así, se ocupe de la gente", sostuvo en referencia a sus oraciones. "Así tomé la decisión. Después de la oración, y conociendo los riesgos", sostuvo.

Publicado en Diario "La Prensa", 8 de marzo del 2021.

aprensa.com.ar/499773-El-Papa-dijo-que-visitara-la-Argentina-cuando-se-de-la-oportunidad.note.aspx
 

La soldadera.

La soldadera.


         La soldadera.
Queremos rendir homenaje a la Soldadera, nombre que se les daba a las mujeres que seguían a los soldados. Compartían su vida con los hombres, que en cada fortín de la llanura defendían las fronteras. Los seguían donde hubiera batalla, con su carga de elementos de cocina, ollas y cafeteras que desbordaban del recado del caballo, que las llevaba de un lado a otro, siguiendo a su soldado.
Nuestra historia oficial admite la presencia femenina en los salones, brillando tenuemente bajo los candelabros, sentadas sobre brocatos, cantando circunspectamente el himno ante la mirada complacida de los patricios. También las pintaron bordando la bandera de los Andes, sobre seda y oro o asomadas a la ventana colonial, con la lámpara encendida, esperando la mil veces prometida vuelta del prócer, cargado de gloria… ¿Pero quién se acordó de las anónimas, las olvidadas mujeres que siguieron a los ejércitos famélicos y derrotados, junto a los que fueron carne de cañón?
En las campañas de Belgrano, se habla de las “Niñas de Ayohuma”, por darles un nombre. Pero niñas eran las hijas de reconocidas familias, solteras honradas y de posición. Las de Ayohuma fueron soldaderas, representantes de la gleba doliente; las que ayudaron a morir, las que curaron a los heridos, las que apagaron la sed terrible del campo de batalla, entre maldiciones, palabrotas y gemidos de moribundos.
La valiente nicoleña Petrona Simonino marchó junto a su marido al Combate de la Vuelta de Obligado, dejando su hogar y sus hijos, todo lo cual constituye un inmenso acto de amor por la patria y la ratificación de su genuino deber de esposa. Vivía cómodamente y pudo no haber ido al campo de batalla, pero el lujo y el bienestar no le interesaron en las horas decisivas del momento que se vivía.
Al inicio de las acciones, el 20 de noviembre de 1845, auxilió a los infantes, artilleros y milicianos que defendieron con denuedo sin par la soberanía nacional. Sus tareas consistieron en ofrecerles, en medio de la polvareda infernal y el calor del fuego enemigo, agua fresca, primeros auxilios y la colocación de vendajes. Simonino, como otras que también descollaron por la hospitalidad brindada en la contienda, hacían las veces de enfermeras, y trasladaban los heridos fuera del alcance de las balas y el cañoneo anglo-francés que provenía desde el río Paraná. Incluso, arrancaban partes de sus vestidos para hacer tacos a los cañones nuestros, o bien, los deshilachaban para cubrir las heridas de los cuerpos lacerados por la metralla, cuando la urgencia era extrema.
El nombre de Petrona Simonino quedó relegado al más absoluto silencio y oscuridad, al revés de lo que debió haber ocurrido, esto es, que el pueblo argentino la tenga presente y la vindique toda vez que se hable del rol de la mujer criolla en nuestro devenir histórico.
Corría el año 1874, cuando una de estas mujeres fue designada Sargento en el campo de batalla. Carmen Ledesma, suboficial con faldas. Cuando Hilario Lago abandonó la Jefetura del Fortín General Paz, ella quedó al mando de los curtidos soldados. Había dado a luz dieciséis hijos varones, todos muertos en la lucha contra el indio; el último de sus hijos cayó en una emboscada de más de un centenar de pampas, atravesado por sus lanzas. Carmen Ledesma arrancó el cuchillo de la cintura de su hijo y entabló lucha con el indio más cercano y con una feroz puñalada puso fin a la pelea, ante el respetuoso silencio de todos, comenzó a sollozar dando rienda suelta a su condición de madre y mujer, mientras abrazaba el cadáver de su hijo. Lo colocó atravesado sobre su propio caballo y emprendió el regreso al Fuerte. Esa noche la Sargento Carmen Ledesma veló a su hijo muerto, erguida, sable al hombro, en un póstumo homenaje a un soldado de la Patria.
Fuerza y entereza, valientes y aguerridas, combativas, eran gauchos con faldas, tenían sus mismas virtudes y sus mismos defectos. A veces, le gustaba la bebida y en una rueda de aguardiente, se emborrachaban a la par de su hombre y luego de una noche de bebida, las peleas, magulladuras y moretones eran el fin de una fiesta que terminaba mal. Luego, la reconciliación. Cuando se le pagaba el salario a su hombre, éste le compraba vestidos y rebozos a su compañera, con el reconocimiento de un redoblar de cariño. Sangre india o sangre negra corrían por sus venas; no eran interesadas, sólo querían las atenciones de sus dueños. Planchaban, se encargaban de las ropas de los oficiales, cocinaban ricos pasteles y tortas que vendían a los soldados. Estaban sometidas a reglas de disciplina militar, cuya infracción se sancionaba con castigos iguales a los que sufrían los varones. Como militares eran verdaderas veteranas, recibían su ración y cumplían reglas establecidas. Muchas veces habrían fuego contra el enemigo. Tenían, ante la sorpresa, la sangre fría y la reacción pronta de un viejo soldado.
En la Batalla de Guaminí no se habían llevado mujeres con la división, no se sabía qué, se iba a encontrar en el lugar y no querían cargar con las mujeres, que consideraban un estorbo. Esta fue una batalla a campo abierto, con indios que aparecían por todas partes. Pronto se dieron cuenta del error de no haber llevado a las mujeres. Los soldados las extrañaban, desertaban, no lavaban su ropa y la campaña no era soportada con humor. Al cabo de un tiempo, se decidió que un destacamento que escoltaba uniformes para la tropa, condujera a las mujeres hasta el Fortín. Este fue atacado.
El oficial al mando, que había avistado a los indios, se dio cuenta que en esta batalla iba a ser muy difícil resistir. Reunió al escuadrón femenino y les dirigió el siguiente discurso: “Tengo bastante gente para resistir, pero me van a quitar la caballada. Mujeres, a ustedes se la confío. No dejen que se aproximen. Un momento -continuó el oficial- si se presentan vestidas así, se van a encargar con más furor de robar la caballada. Hay uniformes. A vestirse, reclutas ¡Hagan honor al glorioso uniforme!”.
Los indios, en las alturas se disponían a presentar combate en una formación de carga contra el enemigo. Las mujeres, vestidas de bombacha y chaquetilla azul, ocultaban su larga cabellera bajo el kepi. La carga fue brillantemente rechazada y los caballos fueron salvados. Los indios nunca supieron, que ese día se habían visto con mujeres que bajo las bombachas, conservaban un puñal en la liga.
Cuenta la historia, que otra de las mujeres, antigua compañera de las hordas del Chacho, fea, no tenía más que tres dientes, primero, fue tomada prisionera, luego, se convirtió en una más del regimiento. Todos la respetaban, a pesar de su fealdad, por sus aventuras y su manera de contarlas. Contaba una vez el Chacho Peñaloza (montonero y caudillo que luego fue asesinado), se encontraba acorralado, sin municiones, perdido. Ella atravesó las líneas, disfrazada de mujer embarazada, con un vientre de hojalata, lleno de municiones. “Ya me daba por degollada, -decía-, pero nunca me hubiera consolado de perder los cartuchos”. Las municiones llegaron a manos del Chacho, el que finalmente pudo resistir. Estas mujeres, generosamente abnegadas, pero también con defectos, escribieron una parte de nuestra Historia. Bien dice el dicho: “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”.
Estoy segura que los esfuerzos y los sufrimientos (no siempre reconocidos) en historias escritas por los hombres, nuestras tropas no hubieran resistido, sin la compañía de las mujeres.
Dice Luis Franco en La Pampa Habla: El gobierno militar se vio pues obligado a considerarlas parte de la tropa y someterlas a los mismos deberes, aunque de derechos nunca se habló a las claras y, más adelante, concluye al relatar su rol: “gravitaron más en la decisión de la guerra que los fusiles de Levalle o Villegas, que la estrategia de Roca. Ellas fueron el único aliciente para no desertar, para no escapar como Martín Fierro del infierno de los fortines”.
El ejército las quiere, ¿las recuerda?, nunca supe que se les hiciera un homenaje. En este humilde relato, queremos levantar, imaginariamente una estatua que perpetúe a esa mujer que siguió a su hombre, en batallas, terrenos áridos, escabrosos, peleando a la par, con la sola retribución de una caricia.
Fuente
Dillón, Susana – Mujeres reveladas – Javier Vergara Editor (2007)
Ebelot, Alfredo – La Pampa
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Franco, Luis – La Pampa habla – Ed. La Verde Rama, Buenos Aires, 1982.
Portal www.revisionistas.com.ar
Tassano, Erlinda – General Roca – Pcia. de Río Negro
Turone, Gabriel O. – Petrona Simonino, una mujer de la Patria.
Fuente de información:  www.revisionistas.com.ar