Donald McCluskey y Ramón "Palito" Ortega dos cantantes y autores de música que durante años llevaron alegría con sus temas.
Encuentro hace unos días.
Donald McCluskey y Ramón "Palito" Ortega dos cantantes y autores de música que durante años llevaron alegría con sus temas.
Encuentro hace unos días.
Alfredo Le Pera, nació en São Paulo, Brasil el 7 de junio de 1900.,
Era hijo de inmigrantes italianos que se mudaron a Buenos Aires.
Es conocido como letrista del cantante
de tangos Carlos Gardel, contribuyó al éxito de Gardel en el mundo.
Integraron el dúo en la composición de “Gardel y Le Pera”.
En nuestra Argentina, es de uso habitual, cuando se hace
algo considerado “grandioso” fanfarronear diciendo: “soy Gardel y Le Pera con sus
guitarristas”.
En 1928 se involucró en la industria cinematográfica.
Trabajó para Paramount Pictures y en 1932 el estudio organizó su trabajo con
Carlos Gardel, en un momento en que la compañía buscaba formas de aumentar el
atractivo internacional de Gardel.
Le Pera escribió los guiones de una serie de películas, entre ellas Melodía de Arrabal, Cuesta abajo, El Tango en Broadway, El día que me quieras y Tango Bar, y también escribió las letras de tangos compuestos e interpretados por Gardel en estas películas.
Se los considera “los inventores del vídeo-clips” que fuera potenciado con los años del grupo Los Beatles.
El heredero universal de Carlos Gardel por la canción “El día que me quieras” terminó de cobrar los derechos recién en el 2005: se trataba de Ramón Ortega, "Palito" a quien le fueran obsequiados por el compatriota del cantor, su amigo Irineo Leguisamo, quien la recibiera de los también uruguayos Francisco Canaro y José Razzano.
“Gardel y Le Pera” fue la suma de la voz de Carlos Gardel
(que cada día canta mejor, llevado al cine) y los poemas y libretos de Le Pera
que le dieron al tango una proyección nueva con los versos de Le Pera.
La letra está basada en un poema de Amado Nervo que Alfredo Le Pera modificó: “El día que me quieras tendrá más luz que junio...” con un arreglo
de la familia de Amado Nervo, dio la autorización para que se hiciera una
canción con ella.
La canción "El día que me quieras” un clásico yá de
Alfredo Le Pera y de Carlos Gardel en
2013 formó parte del Salón de la Fama del Grammy, junto a otros hits y álbumes
de artistas como Billy Joel, Frank Sinatra, Paul McCartney o Whitney Houston,
según anunció la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación.
Gardel y Le Pera estaban llegando al final de una gira promocional de la película El día que me quieras cuando, el lunes 24 de junio de 1935, el avión en el que despegaban del aeropuerto de Medellín, Colombia, se estrelló contra otro avión en la pista, muriendo ellos dos y la mayoría de los demás pasajeros a bordo, incluidos los otros músicos que viajaban con ellos.
La familia de su madre, Natalina Garavante, Dolly era
originaria de Lumarzo, provincia de Génova, y la de su padre, Antonino Martino
Sinatra Saglimbeni, provenía de Palermo, Sicilia.
"En 1934 un encuentro con el músico Carlos Gardel le
cambiaría la vida para siempre; aunque la anécdota tiene numerosas variantes,
no se ha podido comprobar y puede ser apócrifa: Al parecer, su esposa Nancy se
acercó a hablarle después de un show, y le comentó que Sinatra era un excelente
cantante, pero que andaba acompañado de malas influencias. Gardel se acercó a
hablarle a Sinatra, y le comentó que él vivía la misma vida en Buenos Aires, y
le advirtió que lo deje para dedicarse a la música. Así mismo, Gardel le
sugirió que entrara al concurso Major Bowes Amateur Hour. Este concurso le
ayudó a comenzar su carrera artística. Se presentó acompañando al trío Three
Flashes, que para la ocasión se hicieron llamar Hoboken Four, y ganaron el
primer premio, lo que les llevó a una gira patrocinada por el programa. No
obstante, por desavenencias con el resto de sus compañeros, a los tres meses
Sinatra abandonó la gira y regresó a casa. La misma anécdota quiere que
Sinatra, tras su primer concierto en Argentina en 1981, se desplazó al barrio
del Abasto y en una esquina musitó: “Thanks for helping me to live, Mr. Gardel”
(Wikipedia).
Fue una de las figuras más influyentes
del siglo XX: vendió más de 150 millones de discos y ganó un Óscar como actor.
Su carrera despegó en los años ´40 como ídolo de las adolescentes, en la década del ´50 con discos como In the Wee Small Hours (1955) y Songs for Swingin’ Lovers! (1956) que se consideran clásicos.
Cerró su carrera con giras masivas hasta 1995, dejando
clásicos como “My Way”, “Strangers in the Night” y “New York, New York”.
A Sinatra se le reconoce el haber sido el primer cantante
que hace un uso consciente de los medios de amplificación del sonido con el
objeto de situar su voz por encima del sonido de la orquesta.
SINATRA EN NUESTRA ARGENTINA.
El domingo 2 de agosto de 1981, momento en que aterrizó
junto a su esposa Barbara en nuestro país, cada paso que dio "La Voz"
acaparó la atención de toda la prensa y la farándula local, se convirtió en
tema de conversación diaria de los argentinos
Sinatra en la Argentina fue posible gracias a las largas
negociaciones del empresario Ricardo Finkel y al apoyo financiero de "Palito"
Ortega que por nuestra economía argentina en los tiempos del proceso/dictadura no le fué bien.
Se destacó como actor, participó en más de cincuenta
películas.
Es uno de los 33 artistas que ostenta tres estrellas en el
Paseo de la Fama de Hollywood.
Fallece el 14 de mayo de 1998 en West Hollywood (California,
Estados Unidos), a los 82 años, a consecuencia de un ataque al corazón.
La noticia triste que causó conmoción este viernes 18 de
agosto fue que murió Chico Novarro, a los 89 años, según confirmó su hijo, el
actor y autor Pablo Novak, a través de las redes sociales.
Chico Novarro había nacido en Santa Fe, Argentina el 4 de
septiembre de 1933 como Bernardo Mitnik -tal su nombre real-.
Era hijo del matrimonio de Albert Mitnik (zapatero
proveniente de Ucrania) y Rosa Lerman, de origen judío-rumano quienes arribaron
en 1923 a la Argentina que se radicó la familia en la provincia de Santa Fe,
donde nacieron tres hijos más Samuel, Fanny y Bernardo Mitnik.
La salud de Chico asma, obliga a la familia a mudarse a Deán
Funes, provincia de Córdoba, allí termina sus estudios secundarios
Escribió más de seiscientas canciones, obras de teatro y
música para shows y películas.
Integró el elenco del Club del Clan (1962-1964), contratado
por la discográfica RCA Victor donde empieza a cantar canciones propias que
quedaron en el recuerdo. Las primeras de ellas fueron “El orangután”, “El
camaleón” un merenge dominicano-(Muñeca
- A. Velazco) y la cumbia “Un sombrero de paja”, canciones que se han vuelto
melodías populares. Con Palito Ortega componen juntos la canción “Despeinada”,
que es un éxito total en la voz de Ramón
“Palito” Ortega, luego componen para Violeta Rivas y el tema “Que suerte” un
tema positivo sí lo hay que logra Violeta Rivas el primer lugar del festival de
la canción en Uruguay.
En 1965 escribió su primer tango, "Nuestro
balance", con el que ganó en el
Festival del Parque del Plata en Uruguay. En 1969 grabó el disco Música para
mirar a Chico, acompañado por el pianista y compositor Mike Ribas.
El tango lo inspira en composiciones de gran nivel como: “El
último round”, “Cordón” “Nuestro balance”, “Milonga del raje”, “Sueño de cupé”,
“Un sábado más” esto quedó inmortalizado por Chico Novarro en el Tango “Un
sábado más”: “Total esta noche, minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna
Park.”, "Convencernos", entre otros.
Chico Novarro se ha destacado también en la composición y
canto de boleros.
Otros temas: “Alba de olvido”, “Algo contigo”, “Balada del
ventarrón”, “Carta de un león a otro”,
“Déjame ir”, “Mi negro volvé”, “Cómo”, “Canción para un encuentro”, “Amnesia”,
entre otros.
“Hace su entrada un joven acicalado, afeitado, amaricado, luciendo un lunar velloso en la pintada mejilla y exhibiendo en su vestir el nauseabundo rebuscamiento de una chaqueta de negro terciopelo, chaleco blanco y ancha corbata punzó prendida con una sortija de brillantes”.
Gabriel d’Iturritoujours malade,toujours guéri
“Tenía habitualmente a su lado a un español cuyo nombre era Yturri (...) En un tiempo donde cada cual no mira sino a resaltar su propio mérito, Yturri tenía el don, en verdad bastante raro, de esforzarse en lo posible por exaltar los méritos del conde, ayudándolo en sus investigaciones, en sus contactos con libreros, atendiéndole la mesa, sin encontrar ninguna tarea fastidiosa mientras pudiera ahorrársela al otro, no siendo la suya otra cosa, puede decirse, que escuchar y transmitir como un eco lejano las observaciones de Montesquiou, como hacían aquellos discípulos que solían llevar con ellos los antiguos sofistas, cual surge de los escritos de Aristóteles y los diálogos de Platón. Este Yturri había conservado los modos ardientes de la gente de su tierra, que de cualquier cosa hacen un alboroto, por lo cual Montesquiou lo reprendía a menudo y chichoneándolo, a mayor placer de todos y el primero del propio Yturri quien, riendo, se disculpaba atribuyéndolo a la fogosidad de la raza, que se cuidaba de mantener, porque a todos agradaba. Era experto en antigüedades, por lo cual mucha gente acudía a consultarlo, trasladándose hasta el retiro de estos dos eremitas, situado, como ya he dicho, en Neuilly, cerca de la casa del duque de Orléans”.
Dejamos a Iturri, tucumano en Proust, con este retrato que evoca sus horas de gloria.
PUBLICADO EN DIARIO "LA PRENSA". 22/01/2022.
https://www.laprensa.com.ar/511485-De-tucumanos-famosos.note.aspx
Palito Ortega cumple 80 años: el changuito tucumano que
torció su destino y vivió mil vidas en una vida.
Vivió una infancia marcada por las carencias pero a fuerza
de carisma se convirtió en ídolo de multitudes. Perdió todo cuando trajo a
Sinatra y volvió a empezar. Fue gobernador, candidato a vicepresidente y
senador. Se convirtió en “hermano” de Charly García y formó una familia donde
el amor convive con el talento.
¿Quién iba a predecir que ese pibe que a los 10 años
limpiaba sepulturas en el cementerio de Tucumán y lustraba zapatos en la plaza
Independencia se convertiría en ídolo de multitudes? ¿Quién podría vislumbrar
que ese changuito de Lules que a los 16 se animó a mudarse a Buenos Aires solo
con su guitarra y una valija sería cantante, gobernador y hasta candidato a
vicepresidente? ¿Quién diría que ese joven que sobrevivía vendiendo café en
Buenos Aires se convertiría en un fenómeno social de la música? ¿Quién se
animaría a asegurar que ese cantor criticado por rockeros se convertiría en
ángel salvador del rockero más admirado? ¿Quién diría que ese niño que creció
sin su mamá sería el padre de seis hijos, todos talentosos pero sobre todo
hermanos entrañables? Todas esas preguntas tienen un nombre por respuesta:
Ramón “Palito” Ortega, el niño pobre, el artista récord, el político, el padre
de familia, el hombre que hoy celebrará 80 años.
Finalmente, una tarde de domingo, cuando el sol empezaba a cerrar sus párpados, mi padre puso su mano sobre mi hombro. Me miró con esos ojos conocedores de la vida, y con voz pausada dijo: -Me duele que se vaya Hizo un silencio corto y prosiguió: -Pero me dolería mucho más si un día usted me hace sentir culpable de ser otro de los tantos muchachos que en este pueblo fueron malgastando sus vidas hasta quedarse sin futuro.
Como contó en su libro Autorretrato esas fueron las palabras con las que su padre Juan le dio permiso de irse de Tucumán a Buenos Aires cuando tenía 14 años.
¿Qué lleva a un padre a pedirle a su hijo que abandone su
hogar y parta? La respuesta solo puede ser una: la desesperación. Ramón Ortega
creció en la ciudad tucumana de Lules en el siglo pasado pero con la vida del
medioevo. Los zafreros trabajaban en condiciones más bestiales que humanas.
Tanto que cuando un hijo nacía se lo anotaba cuando se podía y no cuando se
debía. Así pasó con Ramón Bautista que nació un 28 de febrero de 1941, pero
recién fue anotado el 8 de marzo. Fue el segundo hijo de Juan, un zafrero y
Nélida Rosario. El matrimonio tuvo siete hijos. Los hijos eran muchos y la
miseria más. ¿Alguien será tan soberbio para juzgar a esos padres que el único
tesoro que podían tener eran hijos?
El matrimonio no se llevaba bien y en un momento Nélida se marchó. Juan fue padre y madre, pero jamás habló mal de esa mujer. Ramón comprendió que había que ayudar en casa. No abandonó los juguetes que no tenía pero sí abandonó los juegos entre cañas de azúcar para trabajar de lustrabotas, pintar cruces y limpiar tumbas. Si algún tilingo se asombraba de su ocupación en el cementerio, solo respondía: “Es un trabajo honrado, ¿no? Fue bicicletero y vendedor de diarios. Alguna vez contó que cuando pasaba por la casa de esa mujer que era su madre pero que lo había abandonado, silenciaba su pregón. No quería que lo escuchara, pero sobre todo no quería revolver ese dolor que no te provoca infartos pero te rompe el corazón.
Una maestra se conmovió con ese changuito que dejaba la primaria para pasar de una patada a adulto y le enseñó por las noches. Ya es triste no tener infancia pero si le agregás la falta de escuela, además de injusto es inhumano. Los trabajos se alternaban. Fue bicicletero hasta que se le ocurrió vender cubanitos. Todos los viernes le pedía a su papá 10 pesos. Se iba al almacén, compraba cubanitos vacíos, dulce de leche, y los ofrecía en alguna cancha de fútbol. De alguna manera el domingo a la noche devolvía 20. Alguno dirá que era lo que hoy llamamos un “emprendedor”, para otros era un “busca” quizá solo era un chico que deseaba aliviar a su papá.
Fue entonces que decidió probar suerte en Buenos Aires. Su provincia le garantizaba presente pero él además necesitaba futuro. Se despidió de su padre con el corazón desgarrado y sin posibilidad de derramar una lágrima porque eran tiempos donde “los hombres no lloran”.
Llegó a Buenos Aires y apenas bajó del tren un hombre lo
recibió con un abrazo infinito. Lo que parecía caricia de la vida fue
cachetazo. Lo que parecía un hombre confundido resultó ser un ladrón infame que
le quitó los magros pesos que traía y lo obligó a pasar la primera noche
durmiendo en la plaza de Retiro.
La palabra derrota no estaba en su vida. Consiguió algunas changas hasta que alguien le ofreció trabajar en un bar a cambio de un sueldo malo y un sitio lúgubre para dormir: el sótano del local. Todas las noches, Ramón sentía que bajaba a una prisión. El dueño cerraba la tapa con candado. Solo se podía salir cuando, al otro día, la abría. El dueño argumentaba que era para evitar robos, quizá simplemente era maldad.
Del bar pasó a trabajar como vendedor ambulante de café. Decidió vender en las puertas de Canal 7 y Radio Belgrano. Fue entonces que el destino comenzó a torcerse o que él comenzó a torcer su destino. Carlos Ginés era uno de los astros más populares de la radio. Conducía el ciclo “Levántese contento” donde hacia todo tipo de ruidos para despertar al oyente. Convocó a ese cafetero al que notaba honrado, trabajador y que siempre silbaba con un notable oído.
Dos años después, en 1957, la Bandita de Carlinhos, un grupo que animaba fiestas lo contrató para cargar los instrumentos y armar la escenografía. Rodeado de músicos aprendió a tocar el güiro, la batería y perfeccionó lo que sabía de guitarra. Como millones de jóvenes de todo el mundo comenzó a soñar con ser ídolo como el ídolo de ese momento: Elvis Presley. Lo lograría.
Se independizó de Carlinhos y comenzó a actuar con el
pseudónimo de Nery Nelson. Durante un tiempo vivió en Mendoza donde tuvo su
espacio en radio y cantaba en un boliche. Con mucho esfuerzo logró grabar su
primer disco, pero cuando pidió sus honorarios, le pagaron menos de la mitad de
lo acordado.
Seguro de lo que quería se presentó en los estudios de RCA. Llovía. Ricardo Mejía, el gerente general de la discográfica vio a ese muchacho que esperaba su turno con la ropa humedecida pero la palabra “dignidad” emanando de esos ojos oscuros y le ofreció un coñac.
Llegó su turno. Cantó un rock’n’roll, “María”. Luego, “Sabor a nada”. La última se la hicieron repetir una, dos, tres veces. Le preguntaron por el autor, respondió que eran suyas. Cuando pensaba que escucharía el fatídico “lo llamaremos a la brevedad” (es decir, nunca), Mejía le anunció: “Flaco, lo felicito. Dese por artista de RCA Víctor”.
Faltaba elegir el nombre artístico. Mejía rechazó el Nery Nelson. Escribió “Ramón Bautista Ortega Saavedra” y comenzó a probar con distintas combinaciones. De pronto, miró al tucumano y le dijo: “Usted es tan flaco que parece un palito”. Escribió “Palito Saavedra”, probó con “Palito Ortega” y fue perfecto. Ese día nacía el artista que marcaría a varias generaciones de argentinos. Palito se dio cuenta ese día que salió de la pensión donde vivía y un hombre que pasaba en bicicleta silbaba “Dejala, dejala”. Lo siguió todo lo que pudo, no creyendo lo que pasaba pero creyendo lo que le pasaría.
En 1962, se integró al Club del clan. No destacaba por su
físico, pero su cara triste de aquel que conoce el dolor de las partidas, se
imponía. La gente amó a ese muchacho que, aunque tenía clavado un dolor en el
alma, cantaba canciones optimistas. Quizá vieron en él, un poco lo que sentimos
todos. Que la vida te da, pero te quita y que a veces lo único que te salva es
cantar y seguir tirando.
La “academia” no acompañó a ese muchacho de afinación incierta, pero el público lo consagró. Con la canción “Despeinada” su fama cruzó las fronteras. Los éxitos no paran. Llega “Bienvenido amor”, “Media novia” y “Camelia”. También llegan cartas de sus admiradoras. Palito las lee y entre ellas encuentra una que le atraviesa el alma: es de su mamá. Le pide verlo. El hijo duda y manda a otra persona. Se encuentran un tiempo después en un bar. Vaya a saber qué se dijeron o no, pero quizá solo importó “la sonrisa de mamá”.
La figura del tucumano se replicaba en portadas de revistas, presentaciones, televisión, radio. Las chicas lo idolatran y las madres veían en ese joven el ideal de yerno: bueno, trabajador, el joven que se hizo a sí mismo. Lo comenzaron a llamar el Rey. Es cierto que su registro de voz no era maravilloso, pero desde entonces y hasta ahora ya sea para bailar, para divertirse o incluso para criticarlas, no hay argentino y casi latinoamericano que no pueda tararear una de sus creaciones. Alcanza un dato. “La felicidad” fue grabado en español, inglés, italiano, alemán, francés, holandés y sueco.
Para 1964 comenzó un noviazgo con la actriz Marta Gonzalez,
pero al tiempo la relación se rompió. En 1965, mientras grababa “Mi primera
novia” conoció a una joven actriz de rostro angelical, Evangelina Salazar. En
la película no se casaba con ella, pero en la vida real lograrían un amor de
esos que parecen ficción.
La joven se fue interesando poco a poco de ese joven serio. Se enamoraron. No fue fácil el noviazgo, no podían ir a ningún lado junto por el acoso de las fans y las giras eran frecuentes. Se casaron el 2 de marzo en la Abadía San Benito de Palermo. Era tanta la gente que deseaba verlos, que aunque la ceremonia se televisó, tuvo que intervenir la guarida de infantería y varias seccionales para mantener un poco el orden. Hubo avalanchas, desmayos y detenidos. Evangelina decidió dejar atrás su promisoria carrera de actriz para formar lo que ambos deseaban mucho más que famas y premios: una familia. Juntos fueron padres de Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario. Todos ligados al ambiente artístico, todos talentosos y sobre todo, hermanos que se aman y defienden.
Parecía que había alcanzado el cielo, pero entonces la vida
volvió a llevarlo al infierno. En 1981 decidió traer a Frank Sinatra a la
Argentina, una de las primeras leyendas de la música popular. El estadounidense
iba a realizar dos recitales en el estadio Luna Park y cuatro espectáculos en
el hotel Sheraton de Buenos Aires con el formato de cena-show y a mil dólares
la entrada. Las entradas se vendieron, sin embargo Palito quedó en la ruina. No
fue porque “el diablo metió la cola” sino el programa económico del dictador
Roberto Viola. Ortega contrató a Sinatra el 11 febrero de 1981 cuando el dólar
en Argentina cotizaba a 1.900 pesos, pero, al momento del recital, se disparó a
más de 7.500 pesos. Es decir, una devaluación del 400%. En apenas una semana,
el tucumano perdió más de dos millones de dólares.
Palito iba a cantar "Sabor a nada" con Sinatra.
Sinatra estaba dispuesto a aprenderse la letra, pero el temor reverencial
—sumado al estrés del momento— pudo más. "Yo dije ni loco. Si subo con
Sinatra van a decir que me mando la parte", recuerda Palito. Hoy, a la
distancia, lo señala como uno de los remordimientos (Prensa Penguin Random House)
Durante tres años recorrió el país y Latinoasmérica dando recitales para mejorar su economía. Hasta que decidió radicarse con sus hijos en Miami. Se sintió como ese muchacho tucumano que dejaba su tierra, pero ahora con la responsabilidad de una familia. Sin saber una palabra de inglés se instaló en Miami. Pensaba quedarse por seis meses pero se quedó por años. Hacia presentaciones para el público latino pero además fundó una productora que en pocos meses se convirtió en una de las más importantes.
En 1989, con el respaldo del entonces presidente Carlos Menem aceptó volver al país para postularse como gobernador de Tucumán y enfrentar al general asesino, Domingo Bussi. Con el voto de la gente y el respaldo de todos los sectores, el 21 de octubre de 1991 asumió como gobernador. En el 95 y sin lograr que se habilitara la reforma constitucional para su reelección, Palito se despidió de su provincia.
No se alejó de la política. Vendió su casa de Miami valuada
en dos millones de dólares y se instaló definitivamente en la Argentina. En
1999 fue candidato a vicepresidente acompañando a Eduardo Duhalde, pero en la
elección se impuso Fernando De la Rúa.
"Yo fui candidato con el doctor Duhalde, nos ganó el
doctor De la Rúa y fue el presidente. Siempre digo que de haber ganado, yo
hubiese trabajado en el área social y él en la gestión. Creo que lo que
necesitamos los países es un buen administrador más que esa cosa pomposa del
presidente. El país termina siendo una gran empresa y de acuerdo a la habilidad
que tenga el presidente de turno se vende mejor el país y toda la parte
económica funciona mejor" EM/JP
Asumió como senador de la nación, pero salpicado por el escándalo de las coimas por la Ley de Reforma Laboral renunció a su banca y se alejó para siempre de la política.
Volvió al mundo del espectáculo. Formó una productora,
siguió haciendo presentaciones y componiendo. Se animó a todo. Reversionó “La
Casa del Sol Naciente”. Una canción emblemática en el repertorio de la banda
inglesa The Animals. El tema en sus líneas vocales y de teclados influye en la
obra de The Doors. Es una canción dark que está en las antípodas de “La
felicidad”. La versión de Palito musicalizó una de las escenas centrales de la
película El Ángel (dirigida por su hijo, Luis).
Un día sin querer volvió a ocupar todos los titulares pero
no como artista sino como hombre de bien. Charly García estaba en su peor
momento de drogas. Palito era uno de los pocos autorizados en visitarlo en la
clínica. Al llegar, una jueza buscaba un lugar par llevar al rockero. Charly se
abrazó a Palito y solo le dijo “Demasiado dolor”. “Yo sabía que le dolía. Todo
le dolía en el alma” contó alguna vez Palito sobre ese día. Y si alguien sabía
lo que significa que te duela el alma es el tucumano por eso en ese mismo instante
se lo llevó a su casa en Luján.
En ese lugar Charly empezó a sanar. Ortega le invitaba amigos como Pedro Aznar, Nito Mestre, León Gieco y sobre todo lo dejaba en su estudio y con su piano. Fueron momentos difíciles de pilotear. Días de charlas, noches de insomnios y una única tabla de salvación: la música. Y esos dos genios creativos que marcaron tanto a tantos y que muchas veían cómo rivales se transformaron en hermanos.
Hoy Ramón “Palito” Ortega cumple 80 años. Lo festejará
rodeado de abrazos de hijos y nietos y acompañado por la mirada amorosa de
Evangelina. Seguramente recibirá decenas de llamados y mensajes. Se sentirá
querido y en su casa. Tendrá lo que queremos todos. Pero él lo tiene y lo tiene
porque se lo merece.
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