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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).
“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
sábado, febrero 29, 2020
viernes, febrero 28, 2020
El mito de los recursos naturales y cómo ocurre la prosperidad.
El mito de los recursos naturales y cómo ocurre la prosperidad.
Por José Azel.
Cuando estudiaba economía internacional en los 1960s una de las explicaciones ofrecidas para la riqueza de las naciones era su dotación de recursos naturales.
Entonces los países se percibían ricos o pobres en base a sus recursos naturales. Naciones con abundantes recursos naturales eran consideradas ricas o potencialmente ricas; naciones pobres en recursos estaban destinadas a ser pobres.
Hoy entendemos que otros factores entran en juego. Por ejemplo, en su libro “¿Por qué las naciones fracasan?”, Daron Acemoglu y James A. Robinson argumentan que los problemas económicos de una nación son causados por la falta de derechos políticos inclusivos. Las naciones pobres son pobres porque son dirigidas por élites estrechas que organizan la sociedad para su propio beneficio. Y hay naciones ricas porque han triunfado creando instituciones políticas y económicas inclusivas que permiten que todos participen.
Igualmente, el economista Gregory Clark en su libro “Adiós a las limosnas” ofrece una explicación cultural de por qué algunos países disfrutan riqueza sin precedentes mientras otros languidecen detrás. Después de todo, las innovaciones tecnológicas, organizacionales y políticas claves son bien conocidas, y todas las sociedades las pueden emplear.
Entonces, ¿por qué no todo el mundo está completamente desarrollado? El Dr. Clark razona que algunas sociedades “no pueden adoptar instantáneamente las instituciones y tecnologías de las economías más avanzadas porque no se han adaptado todavía a las demandas del capitalismo productivo”.
Esas tesis ofrecen nuevas percepciones económicas, aunque todavía la dotación de recursos naturales de una nación se ve por muchos como determinante en su riqueza. La evidencia muestra otra realidad. Veremos abajo una lista de ocho países sin prácticamente recursos naturales que están entre los mayores exportadores y las más exitosas economías. (Datos originales en el World Fact Book de la Agencia Central de Inteligencia; PIB clasificaciones son per cápita).
Japón, país en una isla volcánica con gran población, clasifica #4 en el mundo como exportador y #42 en PIB. Corea del Sur avanzó de pobreza abyecta a un liderazgo industrial. Clasifica #5 en exportaciones y #46 en GDP. Italia debe importar la mayoría de las materias primas que necesita para producir. Pero clasifica #9 en exportaciones y #50 en PIB. Hong Kong tiene poca tierra arable e importa la mayoría de sus alimentos y materias primas. Clasifica #8 en exportaciones y #18 en PIB. Singapur muestra cómo una pequeña isla puede devenir una de las economías más prósperas del mundo. Clasifica #13 en exportaciones y #7 en PIB. Bélgica depende fuertemente de materias primas extranjeras. Clasifica #20 en exportaciones y #35 en PIB. Suiza demuestra que no tener costas no es impedimento para ser un exportador líder. Clasifica #17 en exportaciones y #16 en PIB. Taiwán fue desprovisto de recursos naturales por la ocupación colonial japonesa. Hoy clasifica #15 en exportaciones y #28 en PIB.
El mito de los recursos naturales fue expuesto primeramente por Julian Simon (1932-1998) demostrando que la mente humana es el recurso definitivo. La mente es la que crea lo que llamamos recursos. O como dice Donald Boudreaux, del Instituto Americano de Investigaciones Económicas, “no hay recursos naturales”.
Sí, la naturaleza creó géneros como el petróleo, pero fue la creatividad humana la que transformó el petróleo en un recurso. La naturaleza crea materias primas, no recursos. El ingenio humano y el esfuerzo son los que transforman materias primas en recursos.
Las materias primas devienen recursos solamente cuando la creatividad humana descubre cómo emplear esas materias primas para satisfacer nuestras necesidades. El petróleo existió por milenios, pero no tenía utilidad, como por ejemplo, para los indígenas americanos. No se convirtió en recurso hasta que descubrimos cómo extraerlo y cómo utilizarlo. La tierra no era un recurso hasta que aprendimos a cultivarla para propósitos agrícolas.
Los ambientalistas ignoran una implicación del trabajo del profesor Simon: el desarrollo económico no promueve agotamiento de recursos. Al contrario, el crecimiento económico evita el agotamiento de recursos permitiendo a más mentes creativas sobrevivir, interactuar, e innovar. La prosperidad posibilita mayores cantidades del recurso fundamental: mentes humanas.
El último libro del Dr. José Azel es “Libertad para novatos”.
28 de febrero de 1875, fallecía en París, Doña Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada de Balcarce, única hija del General Don José de San Martín.
Un día como hoy, pero de 1875...
Un 28 de febrero de 1875, fallecía en París, Doña Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada de Balcarce, única hija del General Don José de San Martín.
Conocida tiernamente como Merceditas, había nacido en Mendoza el 23 de agosto de 1816, en el seno del matrimonio formado por el General San Martín y su joven esposa María de los Remedios de Escalada. Así se lo anunció, en una carta el propio padre a su amigo Tomas Guido: "Sepa usted que soy padre de una infanta mendocina".
Desde muy pequeña, esta niña tuvo que vivir lejos de su padre debido a que éste, en enero de 1817, partió de Mendoza para ponerse al frente del Ejército de los Andes y realizar la campaña libertadora. Al poco tiempo Remedios y su hija viajaron a Buenos Aires.
En medio del plan continental, padre e hija se volvieron a ver dos veces más antes de partir juntos a Francia, cuando Mercedes era muy chica. La primera fue cuando el Libertador, tras su triunfo en Chacabuco, viajó por pocos días a Buenos Aires, en abril de 1817; y la segunda fue en 1818, oportunidad en que toda la familia junta volvió a Mendoza, un mes después de la victoria de Maipú.
Los años pasaron y la enfermedad de Remedios de se fue agravando. El 2 de agosto de 1823 murió en la ciudad porteña, dejando a la niña al cuidado su madre Tomasa de Quintana.
San Martín debió regresar, pero al encontrase con muchas contrariedades decidió embarcarse hacía Europa junto a su pequeña hija para recuperar su vínculo paternal. Sin embargo, había un pequeño problema, este héroe que había dirigido un ejército sin mayores complicaciones, ahora debería enfrentarse a una niña que estaba acostumbrada a que cumplieran sus caprichos. Los primeros tiempos no fueron nada fáciles, Merceditas presentó una conducta revoltosa ante la autoridad que le imponía su progenitor.
Ya instalados en París, San Martín envío a Merceditas a un colegio inglés, donde no sólo absorbió los conocimientos básicos, sino también una disciplina que tenía maravillado a su padre. En 1825 el Libertador redactó para ella las célebres "Máximas para mi Hija"(transcriptas en la publicación del día 25 de febrero pasado).
Luego vino la adolescencia y con ella el amor. A los 15 años conoció a quien sería su esposo, el Dr. Mariano Severo Balcarce, hijo de una importante familia de militares independentistas. En su rol de médico, Balcarce atendió al General y su hija, enfermos de cólera en 1832. A los pocos meses Mercedes y Mariano se casaron y tuvieron dos hijas, María Mercedes y Josefa Dominga.
El fallecimiento del Libertador, el 17 de agosto de 1850, y el de su primera hija a la corta edad de 27 años, provocaron en Merceditas un profundo dolor, muriendo a la temprana edad de 58 años.
Hoy sus restos descansan en un monumento fúnebre especialmente construido en la Basílica de San Francisco de la ciudad de Mendoza, junto a su esposo y su hija María Mercedes.
En 1844 San Martín escribió sobre su hija: "...aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz...".
PH:
Mercedes de San Martín de Balcarce. Esta fotografía en miniatura, con marco dorado y estuche, fue tomada en París, Francia, en 1870.
Publicado en Complejo Museográfico Provincial "Enrique Udaondo".
Cuando a Mario Franco los militares lo quisieron tirar al mar. Un hecho poco conocido.
Cuando a Mario Franco los militares lo quisieron tirar al mar. Un hecho poco conocido.
Marzo tiene estas cosas para los que tenemos ciertos años. Recuerdos aciagos, amigos asesinados y otros desaparecidos. Aquel 24 de marzo marcó a fuego nuestros jóvenes de militancia y utopías.
Un hecho casi desconocido de nuestra historia política rionegrina es el recuerdo en primera persona cuando al destituido ex gobernador de Río Negro Mario José Franco, estando preso, los militares lo quisieron arrojar al mar. Esta es la historia, su historia, la historia de muchos.
“Tal vez la experiencia más amarga que tuve que soportar no fue propiamente un atentado, sino que estaba todo dispuesto para que yo “desapareciera del mapa”. Preso en Viedma, en la misma cárcel que yo había inaugurado y que premonitoriamente había expresado: “No vaya a ser que tenga que venir a habitarla”, cuando no pasados dos años se hace realidad aquella manifestación”.
“Un buen día, algo antes que me trasladaran al hospital por un ataque de peritonitis, el director me dijo: “Franco, se va a tener que sacar toda esa ropa”. Me sacan entonces el anillo, el reloj y hasta el calzoncillo dándome una camisa de algodón blanca, un pantalón de algodón de color azul y un par de alpargatas. La secretaria mientras me hacía el recibo del reloj y del anillo para entregárselos a mi familia lloraba mientras me decía: “Señor Gobernador, tiene que tener mucha fe en Dios”. Le pedí que por favor le dijera a mi esposa que me había ido tranquilo, que no se preocuparan ni sufrieran por mí”.
“En eso estaba cuando llega el doctor Yuelson, médico de la cárcel, y me pregunta que estaba haciendo; le contesto que un avión me estaba esperando, entonces se toma la cabeza con las manos y diciendo unas palabras se retira. En Viedma da aviso de la situación al Dr. Néstor Larroulet, mi abogado, y a los doctores Jorge García Osella, Edgardo Bagli y Jorge Frías que estaba también detenido y se movilizan inmediatamente. Como mi señora tenía el teléfono del director del Ministerio del Interior se comunica con el general Albano Harguindegui, el cual la atiende”.
“Siete horas estuvo esperando el avión y yo en el despacho del director de la cárcel hasta que me dice: “Franco, váyase nomás” queriendo disimular lo que había sucedido, pero yo lo había sobrado y ya en mi habitación me vestí otra vez con mi ropa. ¿Qué era lo que querían hacer conmigo? Arrojarme en medio del mar. Después nos enteramos que por Bahía San Blas habían aparecido seis o siete cadáveres con los huesos nada más, sin saber nunca quiénes eran porque no se pudieron identificar”.
Pasado el tiempo me encuentro con el general Harguindegui en Copahue y cuando lo increpé me dijo: “Mire lo que son las cosas, nosotros siempre persiguiéndolos y en definitiva quienes nos han defendido son ustedes realmente, además hay que reconocer que ahora el peronismo es el partido que demuestra mayor seriedad y responsabilidad”.
“Yo le recuerdo cuando el avión estuvo esperándome siete horas en Viedma desde el cual me iban a arrojar 15 o 20 millas mar adentro, previo colocarme una inyección como habitualmente se hacía”.
“Y me contesta: “Sabe lo que pasa, esas cosas eran impersonales”. “Si pueden haber sido impersonales para usted, pero para mí eran bien personales”. “No, Franco era como el juego de la ruleta rusa en que ponían a diez personas con acusaciones de toda naturaleza y al que le tocaba, le tocaba”. Harguindegui se puso más blanco que un papel, pero yo me saqué el gusto de decirle mis verdades, sin caer en improperios ni exabruptos”.
Yo recuerdo que desde Valcheta hacíamos colectas de dinero entre los compañeros de aquel entonces en forma clandestina y algunas veces me tocó llevarlas hasta la cárcel de Viedma donde estaba preso.
No faltaron tampoco algunos “compañeros” que dijeron en aquellos años de plomo “algo habrá hecho” y que después fueron conspicuos dirigentes del peronismo y campeones en la defensa de los derechos humanos.
Pero, la memoria es implacable y como dice Eduardo Galeano: después de las crecientes a un lado quedan los bagres y al otro las tarariras”.
Por eso, marzo siempre trae al recuerdo estas cosas que pasaron y que se deben conocer para que nunca más en la Patria de los argentinos se vuelvan a repetir.
Nota: El relato de Mario Franco se encuentra en su libro “Mis reflexiones”, que tuve el honor de escribir el prólogo y componerlo.
Jorge Castañeda Escritor – Valcheta.
Foto: Web.
Cosme Maciel, primer abanderado.
Cosme Maciel, primer abanderado.
Aquel jueves 27 de febrero de 1812 a las seis y media de la tarde en las barrancas de Rosario, el Gral. Manuel Belgrano invitó a quien era la máxima autoridad civil presente, el Regidor tercero del Cabildo santafesino, Cosme Maciel, quien tuvo el honor de izar por primera vez la enseña de la patria naciente.
Este pedido de Belgrano no es un detalle menor, eligió a un civil y no a un militar para tan magno acto. Quizá, o no, fuera casual que un tío de Cosme Maciel, llamado Juan Baltasar Maciel, fuera quien había bautizado a Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González en 1770 en Buenos Aires. La relación entre los Maciel y los Belgrano venía desde el Plata pues el cura que además era abogado, llevaba los asuntos del padre del creador de la Bandera. Belgrano y Cosme se habían encontrado en 1811 cuando la Campaña al Paraguay.
Esa bandera, la primera, la que Belgrano nos legó, según el historiador Juan Manuel Castagnino: “Es la Bandera de Soberanía. Belgrano es el independentista máximo de 1810, que se manifiesta con el máximo acto de soberanía, que es el de crear una Bandera ante las naciones del mundo. Hay muchas banderas: de ejército, de regimientos, de batallones, de escuelas, de oficinas públicas pero hay una que es de Soberanía de una Nación y es la que creó Belgrano en Rosario”.
Quién fue Cosme Maciel.
A veces la historia se tergiversa con el mensaje interpretativo de los historiadores. Lo hizo Bartolomé Mitre cuando omitió detalles del acto del 27 y desde allí las repeticiones sistemáticas anonimizaron a Cosme. Podemos ver también que en la película “Belgrano” interpretada por Pablo Rago dirigida por Sebastián Pivotto, Belgrano llama a un joven soldado afrodescendiente diciéndole: “A ver, vos Cosme vení”. Nada más lejano de la realidad excepto el nombre de pila.
Cosme Maciel, como ya dijimos, era la máxima autoridad civil presente. Oriundo de Santa Fe, nació el 1 de noviembre de 1784. Hijo del alcalde de la ciudad Domingo Maciel y Lacoizqueta y de su tercera esposa doña María López Pintado.
Después de adquirir una relativa instrucción se dedicó a tareas de cabotaje, donde evidenció una gran destreza en armado de embarcaciones y en una sumaca de su propiedad realizó viajes comerciales entre Santa Fe, La Bajada y Buenos Aires. No llegó a alistarse en la expedición al Paraguay con Belgrano por razones familiares (su madre estaba enferma) y comerciales pero colaboró con sus embarcaciones en el traslado de tropas a La Bajada (hoy la ciudad de Paraná).
En enero de 1812 ya se encontraba Maciel con su embarcación en la Capilla del Rosario y pronto prestó su colaboración al coronel de Ingenieros Ángel Monasterio proveyendo la madera necesaria transportada por su sumaca desde las islas a la costa. A la llegada de Belgrano y del comandante Celedonio Escalada, fue recomendado tan eficazmente por Monasterio que, al tomar el mando del cuerpo de cívicos que se había formado, Escalada lo nombró su ayudante principal. Al inaugurarse la “Batería Libertad” Belgrano le dio el honor de enarbolar la primera bandera argentina.
En 1816, intervino como uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mariano Vera contra Viamonte. Su acción dirigente lo caracteriza como uno de los fundadores de la autonomía de Santa Fe.
En 1819, el gobernador Estanislao López confió a Maciel una misión ante Artigas, que mantenía viva la resistencia de la provincia oriental contra Portugal. Fue secretario de López durante la campaña de este caudillo contra Dorrego y comisionado luego para tratar la paz en nombre del gobierno de Santa Fe.
Disidencias políticas produjeron más tarde -dice el historiador Azarola Gil- el rompimiento de Maciel con el brigadier López. Reducido a prisión bajo la inculpación de haber fomentado el asesinato del gobernante, procuró éste a Maciel los medios para alejarse de la provincia, a lo que se negó el acusado, siendo entonces remitido a Buenos Aires con la prevención que si regresaba a Santa Fe sería fusilado. Este destierro fue el término de su vida pública.
Su destierro.
En 1838 es censado en los pagos de Barracas al Sur (Avellaneda, Buenos Aires) con la profesión de “pulpero”. Un trabajo de investigación realizado hace unos años nos permitió establecer que Cosme Maciel tenía su pulpería en la intersección de las hoy avenidas Mitre y Maipú, esquina desaparecida bajo la piqueta cuando la construcción de la bajada del hoy emblemático Puente Pueyrredón, que cruza el Riachuelo, a metros de un conocido Bingo.
En 1840 el gobierno rosista lo mantiene preso: “La ciudad por cárcel” es su presidio, es decir, no le era permitido salir de los límites de la ciudad.
Pastor Obligado, aquel historiador que nos brindara sus famosas “Tradiciones”, lo entrevistó en su chacra de Crucesita donde vivía con sus hijos y familia. Allí, bajo un ombú en 1862, Obligado visitó a Cosme Maciel y escribió que “un poco apartado a la derecha del Camino Real entre el Puente de Gálvez y el Puente viejo de la Crucesita, en el ancho corredor de la casita que blanquea sobre una lomada, bajo majestuoso ombú, tomaba el sol de otoño un anciano de blancos cabellos, sobre sillón de vaqueta, más viejo que él. Al saber que era portador de recuerdos de su familia (primer bordado de su nieta, la bella Manuelita), entre viejos cuentos del pasado nos refirió el presente”.
“- Aquí donde Ud. me ve esta mano trémula que apenas puede sostener el bastón de mi vejez fue la que izó la primera bandera argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido las emociones de aquel día. Vecino de Santa Fe, me hallaba accidentalmente en la Villa de Rosario y, entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria, ayudé al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca tras de la actual Iglesia. ¡Qué grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración acabado de plantar el mástil, formada ya la tropa sobre la batería me dijo el Gral. Belgrano!: ‘Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para llevarla bien alto, como debemos mantenerla siempre’. Fue para mí lo inesperado de tan grata sorpresa, que repitiéndose el hecho por todas partes al verme pasar me apodaban en los fogones de los campamentos: ‘¡Ahí viene la bandera de Belgrano! ¡Y esto señor Oficial porteño desvirtuará ante Usted el nombre de santafesino que odia a los porteños con que Fray Castañeda me sindicaba en sus papeles”.
La elección de Barracas al Sud para su destierro no fue casual. En el pago vivían desde los primeros tiempos sus parientes (lejanos y no tanto) radicados en el siglo XVIII de los que derivan los nombres (topónimos) del Arroyo Maciel y la célebre Isla Maciel otrora paraíso de esparcimiento de los porteños que cruzaban el Riachuelo. Compró tierras que heredaron sus hijos y sus descendientes vivieron allí hasta principios del siglo XX.
Don Cosme vivió sus últimos días al cuidado de su hija menor, casada con un funcionario gubernamental del partido. Falleció en Buenos Aires en 1863. Se presume que sus restos fueron sepultados en el Cementerio de la Recoleta bajo otro nombre.
Por Roberto Colimodio - Miembro de Número Academia Argentina de la Historia.
Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, lunes 27 de febrero de 2017.
Aquel jueves 27 de febrero de 1812 a las seis y media de la tarde en las barrancas de Rosario, el Gral. Manuel Belgrano invitó a quien era la máxima autoridad civil presente, el Regidor tercero del Cabildo santafesino, Cosme Maciel, quien tuvo el honor de izar por primera vez la enseña de la patria naciente.
Este pedido de Belgrano no es un detalle menor, eligió a un civil y no a un militar para tan magno acto. Quizá, o no, fuera casual que un tío de Cosme Maciel, llamado Juan Baltasar Maciel, fuera quien había bautizado a Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González en 1770 en Buenos Aires. La relación entre los Maciel y los Belgrano venía desde el Plata pues el cura que además era abogado, llevaba los asuntos del padre del creador de la Bandera. Belgrano y Cosme se habían encontrado en 1811 cuando la Campaña al Paraguay.
Esa bandera, la primera, la que Belgrano nos legó, según el historiador Juan Manuel Castagnino: “Es la Bandera de Soberanía. Belgrano es el independentista máximo de 1810, que se manifiesta con el máximo acto de soberanía, que es el de crear una Bandera ante las naciones del mundo. Hay muchas banderas: de ejército, de regimientos, de batallones, de escuelas, de oficinas públicas pero hay una que es de Soberanía de una Nación y es la que creó Belgrano en Rosario”.
Quién fue Cosme Maciel.
A veces la historia se tergiversa con el mensaje interpretativo de los historiadores. Lo hizo Bartolomé Mitre cuando omitió detalles del acto del 27 y desde allí las repeticiones sistemáticas anonimizaron a Cosme. Podemos ver también que en la película “Belgrano” interpretada por Pablo Rago dirigida por Sebastián Pivotto, Belgrano llama a un joven soldado afrodescendiente diciéndole: “A ver, vos Cosme vení”. Nada más lejano de la realidad excepto el nombre de pila.
Cosme Maciel, como ya dijimos, era la máxima autoridad civil presente. Oriundo de Santa Fe, nació el 1 de noviembre de 1784. Hijo del alcalde de la ciudad Domingo Maciel y Lacoizqueta y de su tercera esposa doña María López Pintado.
Después de adquirir una relativa instrucción se dedicó a tareas de cabotaje, donde evidenció una gran destreza en armado de embarcaciones y en una sumaca de su propiedad realizó viajes comerciales entre Santa Fe, La Bajada y Buenos Aires. No llegó a alistarse en la expedición al Paraguay con Belgrano por razones familiares (su madre estaba enferma) y comerciales pero colaboró con sus embarcaciones en el traslado de tropas a La Bajada (hoy la ciudad de Paraná).
En enero de 1812 ya se encontraba Maciel con su embarcación en la Capilla del Rosario y pronto prestó su colaboración al coronel de Ingenieros Ángel Monasterio proveyendo la madera necesaria transportada por su sumaca desde las islas a la costa. A la llegada de Belgrano y del comandante Celedonio Escalada, fue recomendado tan eficazmente por Monasterio que, al tomar el mando del cuerpo de cívicos que se había formado, Escalada lo nombró su ayudante principal. Al inaugurarse la “Batería Libertad” Belgrano le dio el honor de enarbolar la primera bandera argentina.
En 1816, intervino como uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mariano Vera contra Viamonte. Su acción dirigente lo caracteriza como uno de los fundadores de la autonomía de Santa Fe.
En 1819, el gobernador Estanislao López confió a Maciel una misión ante Artigas, que mantenía viva la resistencia de la provincia oriental contra Portugal. Fue secretario de López durante la campaña de este caudillo contra Dorrego y comisionado luego para tratar la paz en nombre del gobierno de Santa Fe.
Disidencias políticas produjeron más tarde -dice el historiador Azarola Gil- el rompimiento de Maciel con el brigadier López. Reducido a prisión bajo la inculpación de haber fomentado el asesinato del gobernante, procuró éste a Maciel los medios para alejarse de la provincia, a lo que se negó el acusado, siendo entonces remitido a Buenos Aires con la prevención que si regresaba a Santa Fe sería fusilado. Este destierro fue el término de su vida pública.
Su destierro.
En 1838 es censado en los pagos de Barracas al Sur (Avellaneda, Buenos Aires) con la profesión de “pulpero”. Un trabajo de investigación realizado hace unos años nos permitió establecer que Cosme Maciel tenía su pulpería en la intersección de las hoy avenidas Mitre y Maipú, esquina desaparecida bajo la piqueta cuando la construcción de la bajada del hoy emblemático Puente Pueyrredón, que cruza el Riachuelo, a metros de un conocido Bingo.
En 1840 el gobierno rosista lo mantiene preso: “La ciudad por cárcel” es su presidio, es decir, no le era permitido salir de los límites de la ciudad.
Pastor Obligado, aquel historiador que nos brindara sus famosas “Tradiciones”, lo entrevistó en su chacra de Crucesita donde vivía con sus hijos y familia. Allí, bajo un ombú en 1862, Obligado visitó a Cosme Maciel y escribió que “un poco apartado a la derecha del Camino Real entre el Puente de Gálvez y el Puente viejo de la Crucesita, en el ancho corredor de la casita que blanquea sobre una lomada, bajo majestuoso ombú, tomaba el sol de otoño un anciano de blancos cabellos, sobre sillón de vaqueta, más viejo que él. Al saber que era portador de recuerdos de su familia (primer bordado de su nieta, la bella Manuelita), entre viejos cuentos del pasado nos refirió el presente”.
“- Aquí donde Ud. me ve esta mano trémula que apenas puede sostener el bastón de mi vejez fue la que izó la primera bandera argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido las emociones de aquel día. Vecino de Santa Fe, me hallaba accidentalmente en la Villa de Rosario y, entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria, ayudé al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca tras de la actual Iglesia. ¡Qué grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración acabado de plantar el mástil, formada ya la tropa sobre la batería me dijo el Gral. Belgrano!: ‘Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para llevarla bien alto, como debemos mantenerla siempre’. Fue para mí lo inesperado de tan grata sorpresa, que repitiéndose el hecho por todas partes al verme pasar me apodaban en los fogones de los campamentos: ‘¡Ahí viene la bandera de Belgrano! ¡Y esto señor Oficial porteño desvirtuará ante Usted el nombre de santafesino que odia a los porteños con que Fray Castañeda me sindicaba en sus papeles”.
Don Cosme vivió sus últimos días al cuidado de su hija menor, casada con un funcionario gubernamental del partido. Falleció en Buenos Aires en 1863. Se presume que sus restos fueron sepultados en el Cementerio de la Recoleta bajo otro nombre.
Por Roberto Colimodio - Miembro de Número Academia Argentina de la Historia.
Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, lunes 27 de febrero de 2017.
jueves, febrero 27, 2020
Sale de circulación el billete de $5: ¿qué hacemos con los que nos quedaron en casa?
Tras 22 años en las calles, el papel de menor denominación se despide. Todos lo que hay que saber.
Tan solo 48 horas restan para poder usar en los comercios de Argentina el histórico billete de 5 pesos, que saldrá definitivamente de circulación a las 23.59 del sábado 29 de febrero por disposición del Gobierno nacional.
En ese contexto, ¿qué debemos hacer desde el 1 de marzo con los billetes de $5 que nos quedaron en casa para no perder su valor?
El Banco Central aclaró que se podrán canjear desde el 1 de marzo y hasta el 31 del mismo mes en todos los bancos públicos y privados del país, quienes tendrán la obligación de recibirlos y canjearlos por billetes de mayor denominación o bien depositar el valor en cajas de ahorro.
El proceso para sacar de circulación el billete de $5 (se emitió en 1998) comenzó en agosto de 2019 y hasta la fecha se destruyeron más de 50 millones, un 10% del total que se encuentran circulando por las calles de Argentina.
En la actualidad circulan aproximadamente 459 millones de unidades de este billete con la imagen del General José de San Martín en su anverso.
El virus y el dictador.
El virus y el dictador.
La dictadura del país más poblado de la Tierra ha movilizado muchos recursos para combatir una entidad microscópica por suponer que plantea una amenaza mortal a millones de personas.
Por James Neilson.
Se trata de un espectáculo imponente. La dictadura del país más poblado de la Tierra, una superpotencia en asenso cuyas aspiraciones geopolíticas asustan a los demás, en especial a los norteamericanos, ha movilizado a todos sus muchos recursos para combatir una entidad microscópica por suponer que plantea una amenaza mortal a millones de personas.
Para incredulidad del resto del planeta, el régimen chino no ha vacilado en aislar a docenas de ciudades enormes, virtualmente prohibir el turismo interno en un periodo (el del Festival de la Primavera), en que decenas de millones suelen regresar a sus hogares ancestrales, suspender no sólo acontecimientos deportivos importantes sino también la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional en que los delegados aplauden ritualmente a los líderes y obligar a casi todos los residentes de urbes muy grandes como Pekín y Shanghai a quedarse en casa hasta nuevo aviso o, si les es necesario salir para comprar alimentos y remedios, llevar barbijos sanitarios, una orden que en algunos lugares los ha convertido en prendas sumamente caras.
Todo lo cual es muy pero muy impresionante, pero si el enemigo, el virus Covid-19, fuera capaz de reflexionar acerca de sus hazañas, tendría buenos motivos para felicitarse; a pesar de todos los intentos de acorralarlo, ya ha logrado mofarse de los cazadores para instalarse en Japón, Europa y América del Norte.
Los virus son paquetes pequeñísimas de materia genética que anidan en las células de seres vivos donde pueden provocar trastornos. En cierto modo, se parecen a los algoritmos. Si bien parecería que el ya mundialmente famoso coronavirus es menos peligroso que muchos otros – se estima que es levemente peor que el de la gripe común que, todos los años, contribuye a la muerte de aproximadamente 650 mil personas –, su aparición en China asustó tanto a la dictadura nominalmente comunista que, en un esfuerzo tardía por frenar su difusión, puso en cuarentena primero a la ciudad de Wuhan, con una población de más de once millones, y después a provincias enteras que, sumadas, tienen más habitantes que la Argentina.
Han sido tan draconianas las medidas tomadas por el régimen chino en su campaña contra el virus que ya han tenido un impacto en la economía mundial. Por un rato se paralizaron muchas fábricas gigantescas pertenecientes a empresas japonesas, europeas y norteamericanas, además de chinas, lo que tuvo repercusiones inmediatas en otros países, entre ellos Alemania, que dependen del intercambio internacional. También han perjudicado a Apple, cuyas acciones cayeron abruptamente cuando informó que, merced a lo que sucedía en China, no le sería dado producir o vender tantos iPhone como se había propuesto. Puesto que la economía china ya estaba creciendo a un ritmo menos vertiginoso que el habitual, tales reveses motivaron mucha inquietud en el Fondo Monetario Internacional.
Algunos creen que el virus, llamado Covid-19 por La Organización Mundial de la Salud, resultará ser el temido “cisne negro”, un fenómeno imprevisto que obliga a todos los economistas y expertos en política a revisar sus pronósticos. Otros, más interesados en las consecuencias para China misma de la guerra que está librando la dictadura contra un enemigo minúsculo que, según parece, hasta fines del año pasado se hospedaba tranquilamente en serpientes, murciélagos o, tal vez, pangolines, no han vacilado en ir más lejos; lo califican del “Chernobyl de Xi Jinping”, aludiendo así al atroz desastre nuclear que terminó apurando la desintegración de la Unión Soviética.
Quienes hablan de un Chernobyl chino apuestan a que la voluntad inicial de funcionarios del régimen de ordenar a la policía amordazar a los escasos médicos que se animaban a advertir a la población sobre los riesgos planteado por el virus, además de los intentos posteriores de combatirlo con medidas contundentes que ningún gobierno democrático soñaría con tomar, sirvan para desprestigiar tanto al Partido Comunista que se vea obligado a cambiar drásticamente su conducta autocrática. Desde su punto de vista, muestra que, en última instancia, un orden dictatorial es mucho menos eficiente que uno democrático en que sea muy difícil controlar la información.
Es probable que quienes piensan así hayan exagerado. Aunque no cabe duda de que tanto las demoras en entregar datos confiables acerca del virus novedoso que había aparecido en un mercado callejero de Wuhan en que se venden animales exóticos para consumo humano, como la forma elegida para tratar de contenerlo, tendrán costos políticos, la dictadura china es mucho más fuerte de lo que era su ya raquítica equivalente soviética de poco más de treinta años atrás.
Mientras que el fracaso económico de ésta fue dolorosamente patente, en este ámbito clave el régimen chino ha sido fabulosamente exitoso. Después de todo, en el lapso de una sola generación, consiguió transformar uno de los países más pobres del mundo en una gran potencia comercial que, para más señas, ya rivaliza a Estados Unidos en el desarrollo y empleo de la informática, de ahí el intento del gobierno de Donald Trump y su adversaria interna más mordaz, la demócrata, Nancy Pelosi, de advertir a los europeos que les sería muy peligroso incorporar a la empresa china Huawei a los sistemas informáticos oficiales.
Puede que andando el tiempo la falta de libertades personales y, huelga decirlo, los gravísimos problemas demográficos atribuibles en parte a la política de un solo hijo emprendida por Mao, le impiden a China alcanzar el predominio mundial al que aspira, pero, por ahora cuando menos, todo hace pensar que el autoritarismo chino está funcionando muy bien.
De todos modos, aleccionados por lo que ocurrió un par de décadas atrás cuando la dictadura intentó ocultar la gravedad del brote de SARS – a juzgar por la información más reciente, un mal mucho más severo que el ocasionado por el coronavirus -, en esta oportunidad el régimen chino se ha mostrado plenamente dispuesto a colaborar con la OMS y otros organismos internacionales al compartir información en cuanto esté disponible y repartir enseguida estadísticas que se suponen verídicas.
Así y todo, a juicio de quienes critican su desempeño, las cuarentenas no han ayudado a contener el virus sino más bien a aumentar el número de infectados, como en efecto ha sucedido en el caso del crucero
Diamond Princess que se encuentra atracado en el puerto japonés de Yokohama; a pesar de los esfuerzos de los médicos, en poco tiempo se contagiaron medio millar de pasajeros. Tampoco sirven para mucho los barbijos sanitarios; a lo sumo, tendrán un impacto propagandístico positivo al concientizar a la gente sobre los riesgos que todos corren cuando se ponen en contacto con otros.
La actitud de de la OMS frente al virus ha sido ambigua. Fue reacia a declarar una emergencia internacional como hizo en otras oportunidades, pero por no querer desautorizar al régimen chino pronto dio a entender que lo toma muy en serio. En cuanto a las dimensiones que eventualmente tome el brote, ha optado por la cautela.
Parecería que, a juicio de los funcionarios de la OMS, en aquellos países que cuentan con sistemas de salud avanzados el peligro no es muy grande, pero temen que en África y América latina, regiones a las que el virus ha tardado en llegar, podría provocar muchos estragos. También existe la posibilidad de que un buen día mute en algo mucho peor de lo que ya es. Por desgracia, todos los virus son así, razón por la que la irrupción de uno hasta antes desconocido es siempre una mala noticia.
A diferencia de los muchos que critican al régimen chino por la decisión de aislar a ciudades en que se detectan síntomas de contagio, el presidente norteamericano Trump no titubeó en congratular a su homólogo y “amigo” Xi por obrar de manera tan expedita. Tal vez siente envidia; sabe que no le sería dado hacer lo mismo si un virus misterioso se hiciera presente en Nueva York o Chicago. Aunque los norteamericanos, como los europeos, ya han puesto en cuarentena a pacientes que se habían infectado en China o fueron rescatados del crucero que aún permanece en Yokohama, es evidente que no creen que la enfermedad sea lo bastante grave como para justificar una reacción tan extraordinaria como la del régimen de Xi.
Si bien es factible que en las semanas próximas el brote de coronavirus se agote, lo que permitiría a las autoridades chinas cantar victoria, lo más probable es que, tal y como ha ocurrido con tantos otros virus afines, de los que el más notorio y más letal es el de la gripe, termine como un patógeno más que es mortal para los más vulnerables, comenzando con los ancianos y personas ya enfermas, pero que en el 99 por ciento de los casos no causa nada más desagradable que un resfrío molesto.Por cierto, aquí los funcionarios del gobierno de Alberto no brindan la impresión de sentirse muy preocupados; al fin y al cabo, hay otros males contagiosos, como el dengue – según el ministro de Salud, Ginés González García, le motiva más intranquilidad que el coronavirus –, que en América latina han ocasionado más muertes en enero que las atribuidas en los primeros meses del año al Covid-19 fuera de China.
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