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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, febrero 11, 2018

El Carnaval. Historia. Que siga el corso. Todo el año es Carnaval.

Carnaval.... hay quien dice que estas fiestas proceden de las antiguas bacanales romanas donde se retoma la etimología de los bacanales romanos, orgías de vino, embriaguez y desenfreno, en que la “carne” (carne-vale).
Otros festejos populares del Carnaval en mundo son el de la ciudad mexicana de Veracruz. Es celebrado desde 1866. 
El carnaval de Niza es el más grande de la Francia y es uno de los más atractivos de Europa. Se lleva a cabo en el mes de febrero y dura dos semanas.
Otro es en la ciudad de Oruro, la cual es considerada la capital folclórica de Bolivia. Declarado en 2001 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco.
El carnaval de Mardi Gras se celebra  el día antes del Miércoles de Ceniza en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans. Sus inicios se remontan a principios del siglo XVIII.
En la Argentina nuestra, el Carnaval de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, es considerado uno de los carnavales más importantes del mundo, junto con el Carnaval de Río de Janeiro de Brasil y el de Venecia en Italia.
En los tiempos del virreinato “Los bailes de carnaval se comenzaron a realizar en locales cerrados a partir del año 1771. Al principio eran organizados en casas particulares y luego se trasladaron a los clubes barriales. En época  del Brigadier Rosas tuvo importante auge: Vicente Fidel López da cuenta de la celebración del 25 de mayo de 1836 en Plaza de la Victoria (que actualmente forma parte de la Plaza de Mayo) con la participación de 6000 negros dando lugar a una reunión de indescriptible colorido y desbordante entusiasmo. A las fiestas de candombe concurrían la hija de Juan Manuel de Rosas: Manuelita Rosas, y la madre de ésta y esposa de Juan Manuel, doña Encarnación Ezcurra y el propio gobernador Rosas.8 En 1858 aparece la primera comparsa, en 1867 el viajero gascón Henry Armaignac es uno de los testigos que consideraron que los carnavales argentinos eran en su época los más festivos del mundo recordando que las mujeres arrojaban huevos rellenos con agua a los hombres y se usaban pomos de plomo para mojar con agua muchas veces perfumada, en 1869 se realiza el primer corso, con la participación de máscaras y comparsas. Al año siguiente, se incorporan carruajes (carrozas) y luego ya afines de siglo XIX surgen la murga generalmente integrando parte del corso” (Wikipedia).
“El carnaval en Argentina varía marcadamente entre las diferentes regiones del país. Merecen especial atención las festividades en Arias, provincia de Córdoba Corrientes, Entre Ríos, San Luis, Jujuy, Salta y la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. El carnaval más alto del mundo se realiza a 4.220 msnm en el viaducto la polvorilla San Antonio de los Cobres provincia de Salta. El carnaval es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana. Mayormente se celebran 3 días de carnaval.
Los feriados de carnaval fueron establecidos en 1956. Durante 20 años el carnaval, originalmente era fiesta pagana de fertilidad agrícola y luego, desde la Edad Media, incorporada al Cristianismo, fue considerado como feriado nacional hasta el año 1976 en que fue eliminado del calendario de feriados.
Con el decreto 1584/10 se restablecieron, con lo cual a partir del año 2011 volvieron a considerarse Feriado Nacional” (Wikipedia).
A comienzos de la Edad Media la Iglesia Católica propuso una etimología de carnaval: del latín vulgar carnem-levare, que significa 'abandonar la carne' (lo cual justamente era la prescripción obligatoria para todo el pueblo durante todos los viernes de la Cuaresma).
El carnaval está ligado a la Iglesia Católica una de las causas era la falta de métodos de refrigeración adecuados, las personas tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período, no sólo la carne, sino también la leche, huevos y similares.
Otro significado de Carnaval significa "Carne a Baal" BAAL para fenicios y judíos es la misma deidad que HORUS para egipcios.
Posteriormente surgió otra etimología que es la que actualmente se maneja en el ámbito popular: la palabra latina carne-vale, que significa 'adiós a la carne'.
Para algunos autores CARNA es la diosa Celta de las habas y el tocino o las fiestas indoeuropeas, dedicadas al dios Karna quizás traído a Europa por pueblos gitanos ya que el origen de estos proviene de la India.
Luego el Carnaval con el discurrir de los años se desvituó el sentido y pasó a ser distinto como el período de tiempo para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la Cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada.
Arturo Jauretche en el libro “De memoria, pantalones cortos”, 1972 decía del carnaval:
 “En otoño e invierno, las fogatas, en primavera los barriletes y en verano el carnaval. Enseguida que aflojaba el tiempo del barrilete, empezaba la construcción del carro de carnaval, que también se hacía en lo de Gangoiti, donde teníamos un papel mixto de colaboradores y colados. Pancho Gangoiti era ya casi hombre y estaba provisto de imaginación y habilidad manual. Era una especie de ingeniero en carros de carnaval y todos los años salíamos en ellos convencidos de que el corso esperaba expectante nuestra presencia, y siempre con la aspiración de un premio que sólo ganó mucho más tarde hasta que se hizo casi rutina. Pero yo ya no estaba en Lincoln, aunque mantenía mi secreta adhesión al grupo, y a la distancia viví el triunfo de nuestro carro como si hubiera o participado en el mismo.
Ahora los corsos de Lincoln son famosos en todo el oeste y le hacen con sus carros una pequeña competencia de prestigio a los de Corrientes con sus comparsas. La fama de los de mi pueblo proviene de numerosos y excelentes carros carnavalescos que han resultado de la pasión y las técnicas de Pancho Gangoiti, que inició la combinación de poleas y ruedas articuladas con la de locomoción que da vida y movimiento a las partes, en conjunción con las posterior presencia en el pueblo de los hermanos Urcola, excelentes dibujantes y artesanos del papel maché que han hecho escuela, originando sucesivos expertos en la fabricación de figuras y motivos, con los de las fallas valencianas. El corso de Lincoln es tan importante hoy que algunas noches se ha registrado la presencia de miles de forasteros, en número cuya significación se apreciará si se señala que excede la población de la planta urbana. Concurren vehículos de hasta 200 kilómetros a la redonda y si bien muchos retornan después del corso, la capacidad de hoteles y fondas es ampliamente desbordada y aun también la de los vecinos que ofrecen ocasional alojamiento para contribuir al brillo de la fiesta. Otro auxilio consiste en un gran campamento de carpas que se instala en el Parque Municipal.
Esto parece no incluible en mis recuerdos remotos del pueblo porque es actual, pero me interesa señalarlo porque pienso que dentro de pocos años, serán muy raros los lugares donde se celebre el carnaval en la forma tradicional, con los carros alegóricos que demandan largos preparativos y una especial artesanía; entre esos lugares, estará Lincoln, y a alguno se le ocurrirá averiguar cómo se originó esa tradición. Para esos averiguadores, lo cuento, porque tuve la suerte —muy poco frecuente— de haber conocido el origen y la trayectoria de una tradición desde su origen, antes de que alguna Academia de Historia le dé una explicación a piacere y la protocolice como cosa juzgada. (Mis lectores lo entenderán porque seguramente se sabe poco del carnaval de Lincoln pero bastante de la Academia de la Historia).
El corso de mi pueblo era escenario de cortesías amaneradas en las que hombres y mujeres intercambiaban serpentinas y perfumadas varas de nardo, la flor que en esta época está en su apogeo. Advierto que nadie sospechaba allá el signo erótico del nardo, del que oí hablar después, pues de lo contrario lo hubieran prohibido las castas costumbres locales. ¿Pero puedo recordar los nardos y olvidar los exquisitos aromas del óleo fragans, de las diamelas y jazmines, de las ramitas de diosma y de aquellos cartuchos de papel como de caramelos donde media docena de magnolias foscatas se escondían entre los senos de una niña o perfumaban los roperos alternando albahacas?
….
El corso terminaba con el disparo de una bomba a las doce en punto. Con la bomba se producía el desparramo de la mayoría de los carruajes, que disparaban por las calles laterales, especialmente los que optaban al premio y querían conservarse incólumes para las noches siguientes. Terminaba el inocente juego de los pomos, de “Las bellas porteñas”, que era la marca más prestigiosa. Los que seguían en el corso se transformaban: parecían baldes, jarras y globos de goma llenos de agua y a las instalaciones técnicas como la bomba de patio se agregaba la del barril, que habían permanecido ocultos bajo serpentinas durante el corso y empezaban a regar a todos con el chorro de una manguera. Unos se aguantaban a pie firme y participaban en este reemplazo de las serpentinas y las flores por los chorros, los baldes y los globos de agua y otros, mas previsores, se cubrían con impermeables. Se repetía así a la noche lo que había ocurrido por la tarde frente a las casas —y a veces en los patios—; allí donde había mujeres dispuestas se libraban verdaderas batallas que generalmente ganaban los hombres, por más que muchas veces, ocurría que uno de estos caía prisionero de las niñas débiles convertidas en la ocasión en guerreras amazonas que recuperaban los músculos de sus madres pioneras. Esto daba para la burla de todo el año, porque al prisionero lo metían en una tina o en una bañadera, de aquellas de latón, colocada estratégicamente junto a una canilla. Y no era fácil escaparse, hasta el punto de que más de un prisionero terminaba casándose con una de sus captoras.
Los chicos no éramos admitidos en el juego de agua de los grandes, que era un sí y un no, agresivo, enmascarando el devaneo amoroso y también las vivas tentaciones, resultado de la ropa que al mojarse modelaba las formas femeninas ocultas antes bajo el vuelo de polleras y batas.
Los chicos nos desquitábamos desparramados por el pueblo con bombas, baldes y tachos, acosando a todo bicho que camina, sin distinción de sexo ni edad. Inútilmente protestaban los varones apelando al refrán: “pan con pan comida de zonzo” porque no hay refrán sin contra refrán y podíamos apelar entonces al que dice: “a falta de pan buenas son las tortas”.

La cuaresma como tiempo litúrgico católico, que generalmente viene después de los carnavales, es un tiempo de preparación para la fiesta más grande la pascua o resurrección corporal de Jesús, Nuestro Señor.
Información y fotos: es una recopilación (con un aire de re-juntado) de información é imágenes de internet.

domingo, diciembre 31, 2017

En Moreno al 500 encontraron la mayor cisterna de lluvia de la ciudad, una pieza ya rara de dos siglos o más. Era del caserón de Rosas, pero molestaba para hacer catorce pisos con cocheras en pleno casco histórico. Y fue destruida con excavadoras.

Una cisterna destruida.
En Moreno al 500 encontraron la mayor cisterna de lluvia de la ciudad, una pieza ya rara de dos siglos o más. Era del caserón de Rosas, pero molestaba para hacer catorce pisos con cocheras en pleno casco histórico. Y fue destruida con excavadoras.
Es un clásico de fin de año, el de la demolición artera y a contramano, la del desastre en una obra que no cumple la ley. Es como si el calor y las fiestas le hicieran sentir a los profesionales del rubro que van a zafar mejor, que nadie mira. Este año, la tradición se repitió de una manera más complicada y matizada, como para demostrar la debilidad de las leyes vigentes, la placidez hacia los especuladores y la demencial falta de conciencia de que perdemos todo nuestro pasado. El episodio fue denunciado por las redes patrimonialistas porteñas y consiste en la destrucción sin más de un sitio arqueológico de primera agua en pleno APH1, enfrente a la manzana de las Luces, en el área más vieja de esta ciudad.
Como se ve en las fotos, lo que ocurrió es que andan cavando para hacer un edificio en altura a mitad de cuadra de Moreno al 500, entre Bolívar y Perú. De la vereda de enfrente se puede disfrutar de un frente de la Manzana y del lateral del Nacional Buenos Aires, edificios históricos por excelencia. Justo al lado del lote en obra hay un edificio tan desangelado que uno se pellizca para creer que un profesional que fue a la facultad y estudió años haya podido diseñar algo tan feo y mediocre. El edificio es tan anodino que hay que mirarlo bien para notar que no es un garage en altura sino algún tipo de oficina... El futuro vecino no es mucho mejor, apenas otra muestra la pereza intelectual del diseño en nuestro país.
Pero resulta que este terreno tiene historia propia, y cuánta. Era la casa particular de los Ezcurra en la ciudad, con lo que efectivamente fue la casa de gobierno del país en esa época porque ahí vivía Juan Manuel de Rosas y el fuerte ya no se usaba más que como cuartel. Después de Caseros, esta propiedad también fue expropiada al “tirano sangriento” y terminó siendo sede de varios organismos bonaerenses y residencia del gobernador hasta que se fundó La Plata. 
El caserón llegaba por entonces a la esquina de Bolívar y era una de esas casas del criollo español cómodas, simples en sus líneas, capaces de abarcar familias enormes, de las que entenaban primos pobres y chicas casaderas. Por supuesto, que esto es Buenos Aires, todo fue cayendo ante la piqueta y el caserón desapareció excepto por el objeto destruido esta semana. Como la casona era tan grande, enterrada en lo que debió ser el segundo patio seguía la cisterna de agua de los Ezcurra, una pieza ya rarísima en la ciudad. Estas cisternas se usaban para juntar agua de lluvia en una urbe que no tenía agua corriente, apenas aljibes y aguateros. Como construcciones eran bella y hábiles, pozos con forma de olla revestidos con ladrillo plano y revocados con una tierra romana durísima e impermeable. Como las cisternas en los “campi” venecianos, las porteñas reunían el agua que caía de los techos al patio y solían tener sus sapitos y tortugas residentes. 
Nada de esto le importó al especulador de turno, que mandó las excavadoras al frente y se cargó esta cisterna, la mayor encontrada en la ciudad. Los denunciantes contaron que el área de Arqueología y Paleontología se comunicó con la profesional a cargo de la obra, que no pareció muy preocupada por el tema. Pese a que la excavación está a doscientos metros lineales de donde se fundó esta ciudad, todo indica que nadie tuvo en cuenta el aspecto arqueológico a la hora de sellar los permisos de obra. Esto es grave, porque el APH 1 abarca San Telmo y Montserrat, con lo que se supone que protege el conjunto de edificaciones más viejo que nos queda, con lo último del siglo XVIII. 
El despliegue de ignorancia de los “emprendedores” o “empresarios” que están haciendo esta obra contrasta violentamente con el destino de otra cisterna encontrada cerca de ahí, en México entre Perú y Bolívar. Hace unos años la papelería Wussmann compró una vieja imprenta que tomaba la planta baja de un caserón de la primera mitad del siglo 19. El lugar supo de ser de fuste, con cocheras y patios, escalera de mármol y marqueterías que sobrevivían aquí y allí. César Menegazzo Cané, creador de Wussmann, hizo un espléndido trabajo de recuperación y, cavando, encontró la cisterna en el patio trasero. En lugar de taparla o destrozarla, como los de la calle Moreno, cavaron alrededor creando un pequeño subsuelo y taparon el conjunto con un gran vidrio blindado. Entrar al local implicaba caminar, fascinados, por encima de este raro objeto construido, que hasta se podía visitar bajando unos escalones.
Claro que para entender estas cosas hay que tener algo más que un título habilitante y ganas de facturar rapidito. Hay que tener un poco de buen gusto y de patriotismo histórico, cosas raras de los especuladores no entienden.

miércoles, julio 29, 2015

"Es un mito la existencia del dulce de leche en la época colonial".

"Es un mito la existencia del dulce de leche en la época colonial"
Mario Silveira, investigador y precursor de la zooarqueología histórica en el país detalla cómo se alimentaban los habitantes de la Ciudad desde su fundación al día de hoy.
"Mariquita Sánchez de Thompson cuidaba su figura pero a veces almorzaba chocolate”, revela el investigador Mario Jorge Silveira, de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico del gobierno porteño. Nació hace 86 años en Bariloche, es arqueólogo doctorado en la Universidad de Buenos Aires y químico de la Universidad de La Plata. Pero además es precursor en el ámbito de la zooarqueología histórica y desde ese lugar se especializa en entender qué comían los porteños desde la fundación de la Ciudad de Buenos Aires, en 1580.

Maneja una memoria poco común en cualquier edad y tiene un entusiasmo comparable al de un nene con juguete nuevo. Gracias a su claridad y explicaciones pedagógicas, encuentra el modo de divulgar los conocimientos que alcanzó en los últimos años, como lo mucho que se comió carne vacuna en todas las épocas porteñas -aunque antes no era habitual asarla-, o la instalación del puchero como parte de la identidad cultural.
"Queremos que haya una ley que declare la potencialidad arqueológica de algunos lugares", advierte, porque "hay mucho para encontrar". En diálogo con Tiempo, Silveira cuenta cómo descubrió –y sigue descubriendo- la alimentación de los habitantes de la Ciudad y detalla que “el recetario porteño no tenía tradición precolombina: viene de España y de África, porque de ahí eran quienes cocinaban”.

-¿Cómo se investiga qué se comía en épocas coloniales?

-Se buscan restos de comida, que suelen ser restos óseos, y después se analiza su contexto. Se sabe que es comida porque está en lugares que usaban como pozos de basura. Hay que recordar que la recolección de basura en la Ciudad se organizó recién a comienzos del siglo XX. Como no había un lugar fijo, la gente tiraba la basura por todos lados. Ninguna ciudad colonial era realmente limpia. Hasta se podía morir un animal y quedaba muerto en la calle. Con el tiempo, se buscó dónde tirar las cosas en las casas. Los lugares ideales eran los pozos de letrina. Luego se tapaba y quedaba ahí. Para los arqueólogos, eso se convirtió en una cápsula del tiempo. Si las condiciones de conservación son las apropiadas, y por lo general lo son, podemos encontrar de todo.
-¿Y qué encontraron?
-Lo primero que se pudo identificar muy bien fue la loza, que es un indicador muy importante. Son cosas de hace 200 años y se nota mucho en los sellos que están detrás. Además, nos ayuda a darnos cuenta si la comida era para la clase alta, como también lo indica el hallazgo de cepillos de dientes. Después de la vajilla, se encontró el descarte de la comida, los huesos. Y hay algunas excepciones de restos vegetales: en Buenos Aires, lo más común son los carozos de durazno de cualquier época porque es lo que más se conserva. Probablemente igual se consumía mucho porque la leña que más se usaba para cocinar, la más barata, era la de durazno. No aparecen muchas semillas débiles de otros frutos, como naranjas o limones, que sabemos que también se consumían. Esos no se conservan.
-¿Dónde se hacen las excavaciones?
-Hay casas antiguas donde tenemos la sospecha de potencial arqueológico. Todo el Casco Histórico, lo que rodea a la Plaza de Mayo, fue la primera parte de la Ciudad y ahí pueden aparecer sitios más antiguos. También puede ser la casa de alguien. Se tienen que dar las condiciones apropiadas para poder excavar. Suele pasar que se hace una obra y aparece un pozo de basura. La ley obliga a los constructores a informarlo pero muchas veces lo ignoran porque creen que se va a parar la obra. Nosotros pretendemos que haya una ley que declare la potencialidad arqueológica de determinados sitios para que, cuando se hagan obras, haya un observador calificado que determine si hay restos interesantes para excavar. No demoramos nada: a veces lo hacemos en cuestión de horas o en las pausas de una construcción. Otras, te llaman y tenés un día o dos mientras trabajan los obreros. Ahí hacemos lo que se llama “rescate”, que puede ser a la hora que paran para comer.
-¿A qué conclusiones llegó sobre lo que se comía?
-La historia dice que en Buenos Aires nadie pasaba hambre. La carne vacuna se comía probablemente en todas las clases sociales, porque era muy barata. Era el ingrediente básico de todas las comidas. Cuando Garay vino a fundar la ciudad previó cómo alimentar a esa ciudad inicial y mandó vacunos y caballos desde Asunción. Llegaron más tarde por vía fluvial y formaron las primeras estancias, sin alambrado ni nada, y fue el aporte inicial de carne a la ciudad. Incluso se reglamentó. Además de vacuno, encontramos ovino, aves. Muchos animales  eran de caza: perdices, patos, alguna mulita, peludos. Eso era de venta diaria. También se criaban gallinas en todas partes. La diversidad de alimentos empezó en el siglo XX pero hoy seguimos siendo consumidores fuertes de carne vacuna. La diferencia es que en el siglo XVIII se podían consumir más de 200 kilos per cápita por año y ahora rondamos los 100. El pescado también tenía lugar pero para la parte religiosa. En la ciudad era fácil acceder a la pesca, pero los restos de pescado tienen algunos problemas de conservación y es más difícil encontrarlo en sitios arqueológicos. Pero, como decía Mariquita Sánchez, la gente era “de fortuna”, “media fortuna” o “pobre”. Los negros no existían. Me interesa determinar un pozo de una comunidad negra, a ver qué comían. Hasta ahora no lo encontramos. Pero en arqueología puede pasar cualquier cosa: el pasado está enterrado y en un momento aflora. Los arqueólogos del futuro tendrán mucho para hacer.
-¿Se conocen detalles del preparado de las comidas?
-Es difícil. Lo que se puede determinar es si la carne fue asada. Creo que la comida básica fue el puchero, o algún guiso con carne. Pero carne asada, muy poca. Para mí, la identidad cultural de la comida estaba en el puchero. Al menos hasta el siglo XVIII. Igual cambió: ahora a un puchero se le pone papa pero antes no había papa en Buenos Aires. Cuando los trenes permitieron trasladarla, venía de Francia o de Inglaterra.
-¿Qué otros cambios registra?
-Hoy casi no comemos cordero, no sé bien por qué. Se empieza a abandonar en el siglo XX. Creo que tiene que ver con el precio pero también con cambio de gustos. Tampoco comemos pavos, que en el siglo XVIII y XIX era una comida de celebración. Se vendían en el mercado de la Plaza de Mayo y para días festivos.
-¿Había lugar para las colaciones?
-Era muy importante. En 1810, alrededor de la Plaza de Mayo vendían cosas en la calle. Pescado frito, pedazos de patas de vacuno hechas sopa. Las empanadas eran poco comunes. La única empanada que se comía era la de recado, que era de pescado, con mucha aceituna y azúcar. Recién en el siglo XIX viene la empanada salada. Y a la tarde estaban los que vendían cosas dulces: pastelitos, tortitas de morón, creo que con azúcar quemada, como tortitas negras. Los vendedores pregonaban todo el día su comida. Al mediodía vendían mazamorra, pastelitos dulces, creo que de membrillo. Las mermeladas se comían con habitualidad: dulces de higo, durazno. Pero el dulce de leche no existía en la época colonial, era uno de los mitos. Creo que viene de Chile, donde se lo conocía como manjar blanco. Acá aparece con fuerza avanzado el siglo XIX. Sí había turrones, alfajores, roscas. Eran famosas las roscas que venían de Córdoba y se vendían en las pulperías. Cuando caía granizo se preparaba rápido una crema con huevo y leche, se colocaba en un doble tubo, y afuera se ponía el granizo, para hacer una especie de helado. Había mucha torta frita cuando llovía, también. Comer cosas dulces era una pasión. Y el chocolate figuraba mucho. Mariquita Sánchez  de Thompson se cuidaba pero almorzaba chocolate. Las mujeres comían mucha cosa dulce y se ponían gordas fácilmente. Sarmiento lo menciona: decía que la mujeres eran muy lindas de jovencitas pero que enseguida se volvían culonas porque comían mucho. Y él era un profundo conocedor del sexo femenino.
-¿Hoy se come más sano que antes?
-Hasta muy avanzado el siglo XIX se cocinaba con grasa, no con aceite. El aceite de oliva era caro y se usaba para ensaladas, con lo cual el gusto y la forma de preparar eran muy distintas. En mi opinión, se comía demasiado. ¡No sabés lo que era un banquete! Había como 20 platos por persona, un menúmero entero de restaurante. «

La dieta diaria del obispo porteño.
Cuando habla de pescado, el arqueólogo Mario Silveira detalla que, como tiene algunos problemas de conservación, es difícil encontrarlo en los sitios que se excavan y deja la inquietud respecto de si sus residuos se tiraban de manera distinta o en otros espacios. Lo que sí subraya era que estaba muy vinculado a terrenos religiosos.

Al respecto, recuerda que “cuando se excavó en Michelangelo, que era un convento, se miró en los pozos de basura”.
El especialista da precisiones sobre ese hallazgo: “Aparecieron los restos de la comida de los domínicos, que era algo que nos interesaba mucho. Y comparamos también con cómo comía el obispo de Buenos Aires, pero eso era un grupo de élite. Comían más variado. Tenían la posibilidad de acceder a determinadas cosas”.
Otro ejemplo sobre la comida de los religiosos: “Comer aves de caza, como las perdices, era de gente que estaba en buena posición”, dice Silveira, cuyo proyecto hace unos años consiste en estudiar los hallazgos alimenticios de cada lugar y establecer a qué condición social corresponde cada basura, para analizar los cambios que hubo en la alimentación, sobre todo hasta el siglo XX.
“Los días de guardar eran muy numerosos a lo largo del año. El día clásico era los viernes. Ese día no se debía comer, se pescaba. Te metías en el río con una red y dos caballos, y sacabas una red de peces”, describe el arqueólogo.

Publicado en Diario "Tiempo Argentino", 28 de Julio de 2015.
http://tiempo.infonews.com/nota/170828/es-un-mito-la-existencia-del-dulce-de-leche-en-la-epoca-colonial

sábado, mayo 24, 2014

24 de Mayo de 1817: NACIMIENTO DE MANUELITA ROSAS.

Manuelita Rosas, 1831
Óleo de Prilidiano Pueyredón
Museo Nacional de Bellas Artes.
Nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1817 y fue bautizada con los nombres de Manuela Robustiana, ese mismo día, por el doctor José María Terrero. Se educó en la ciudad, pero iba con frecuencia a las estancias de su padre del Pino (o San Martín) y Los Cerrillos. Poseía dotes musicales y fue su maestro de música el alemán Johann Heinrich Amelong, hacia 1835.
Una descripción de Manuelita, de 1840, hecha por el reverendo Pontoppidan, de la fragata danesa Bellona, nos la muestra así: "Manuelita presenta un aspecto interesante sin ser regularmente hermosa. Espiritualidad y alma se reflejan en todo su exterior, pero sus modales son exaltados, sus ojos echan llamas, y en todos sus rasgos y movimientos se puede leer cuál es su situación singular en la vida. Los oficiales se sienten cómodos en compañía de doña Manuelita y admiran a esta mujer graciosa y guapa que monta los caballos más indómitos, fuma un cigarrito si el caso se ofrece, toca el piano y canta, y no mal, y entretiene una conversación corriente en español bueno y francés malo mezclados".

Retrato literario de José Mármol

José Mármol, quien muestra particular afición por la figura de la hija de Rosas, dejó más de un retrato literario de ella. "Manuela –dice- no es una mujer bella, propiamente hablando; pero su fisonomía es agradable y simpática, con ese sello indefinible, pero elocuente que estampa sobre el rostro la inteligencia cuando sus facultades están en acción continua". Y poco más adelante, consigna:"Agregad a esto una figura esbelta; una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata, y tendréis una idea aproximada de Manuela Rosas, hoy a los 33 años de su vida; edad en que una mujer es dos veces mujer".
Por su parte, el poeta Ventura de la Vega, que la conoció en Inglaterra poco después de su casamiento, hace este retrato de Manuela: "Es alta, muy alta, morena, pelo negro, ojos pardos muy expresivos, boca y nariz pequeñas: se da un aire en la cara a Teodora Lamadrid, y se le parece también en el metal de su voz. No es gruesa pero tampoco puede decirse que es muy delgada, tiene muy bonito cuerpo, y un aire de los más distinguido y elegante que se puede ver. Su conversación es franca; pero muy fina y con golpes de talento que dejan parado". Su primo Lucio V. Mansilla anota, sin embargo: "Mi abuela Agustina no era alta. En la familia sobresalió mi madre que, propiamente, no era alta, como no lo era Manuelita Rosas. Era el modo como erguían el cuello lo que las realzaba".

Exilio en Inglaterra

Después de la muerte de Encarnación Ezcurra, Manuelita ocupó un importante papel en Palermo, junto a su padre, si bien algunos autores han exagerado su influencia sobre el Restaurador. Luego de Caseros, lo acompañó a Inglaterra, y a pocos meses de su llegada, el 23 de octubre de 1852, pudo unirse en matrimonio con su novio Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, amigo de Juan Manuel de Rosas. Del matrimonio nacieron dos hijos varones: Manuel Máximo Nepomuceno, nacido el 20 de mayo de 1856, y Rodrigo Tomás, que vino al mundo el 22 de setiembre de 1858. Vivieron en Hampstead, Londres.
Manuelita falleció en la capital británica el 17 de setiembre de 1898. El óleo de Prilidiano Pueyrredón que la retrata de cuerpo entero fue pintado en la segunda mitad de 1851, y le fue obsequiado por un grupo de ciudadanos federales que la agasajaron con un baile. Para aceptar dicho retrato Manuelita consultó a su padre, y éste designó una comisión compuesta por Juan N. Terrero, Gervasio Ortiz de Rosas y Luis Dorrego para que dictaminara si debía acceder a ser retratada y al obsequio correspondiente. La comisión dio un veredicto afirmativo.

Fuentes

  • Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970).
  • Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Patricios de Vuelta de Obligado.
  • Publicado en Metapedia http://es.metapedia.org/

viernes, agosto 16, 2013

EFEMÉRIDES DE LA PATRIA GRANDE: 17 de agosto de 1.850 - PASO A LA INMORTALIDAD DEL LIBERTADOR GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN.


En su Proclama al Ejército de los Andes en tierras de Mendoza, por el año 1.819, el General de la Patria Grande que expresaba y sabía manifestar sus pensamientos en las Proclamas de manera clara.
“Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene á atacarnos: sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos á desengañarlos. La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre ó morir con ellas como hombres de coraje”.

EL SABLE DE SAN MARTÍN.
El 5 de diciembre de 1835 desde la Francia, el Libertador General Don José de San Martín le escribió a su yerno Mariano Severo Balcarce que vivía en Buenos Aires casado con su hija Mercedes Tomasa y le manifestaba: “Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a los demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América”.
En el testamento manifiesta su voluntad que “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
El escritor y poeta argentino Leopoldo Lugones pensaba que San Martín "Redactó su testamento partiendo su herencia en dos, dejó su corazón a Buenos Aires y su sable a Juan Manuel de Rosas".
Asentado el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas en Southampton, Inglaterra, recibe el sable del Libertador, dándose cumplimiento a lo establecido en la tercera cláusula testamentaria de San Martín de 1844.  En su chacra de Burguess Street Farm, tenía exhibida la reliquia dentro de un cofre, en cuya tapa hizo colocar una chapa de bronce en la que estaba grabada la cláusula del testamento ya citado.
Rosas dispuso en su testamento "A mi primer amigo el Señor D. Juan Nepomuceno Terrero se entregará la espada que me dejó el Excelentísimo Señor Capitán General D. José de San Martín ("y que lo acompañó en toda la Guerra de la Independencia") por la firmeza que sostuve los derechos de mi Patria''. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa la Señora D. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad''.
Tras el fallecimiento del “Restaurador” Juan Manuel de  Rosas, acaecida en 1.877, ya había fallecido Juan Nepomuceno Terrero, correspondiéndole, conforme a la cláusula testamentaria, la posesión a Máximo Terrero, hijo mayor, y esposo de Manuelita Rosas.
En 1896, el  director del Museo Histórico de la Capital,  Adolfo Carranza,  le escribió una carta a Manuela Rosas requiriendo la donación al Museo Histórico del Sable del Libertador para ser exhibido en esa institución.
En noviembre de ese mismo año le contesta Manuelita Rosas de Terrero a Carranza, desde Londres, le responde: ''Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido en donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del Sable del Libertador, debiera ser en el seno del país que libertó'' requiriéndole, posteriormente, el pedido oficial respectivo para el envío del sable. Con fecha 20 de diciembre Carranza, conforme al requerimiento efectuado, se dirige por nota oficial a Máximo Terrero, pidiéndole la donación del Sable Corvo del General San Martín. Con fecha 1º de febrero de 1897, Terrero contesta la nota oficial al Director del Museo Histórico, expresándole en su parte resolutiva: "Mi contestación es el envío de la prenda a Buenos Aires, acompañada de una nota dirigida al Señor Presidente de la República, suplicando a S. E. se sirva aceptarla en calidad de una donación hecha a la Nación Argentina, en nombre mío, de mi esposa, de nuestros hijos y al mismo tiempo manifestando el deseo que sea depositada en el Museo Histórico Nacional".

El presidente doctor José Evaristo Uriburu no concurrió al puerto para recibir el sable del General San Martín, ni el jefe máximo del Ejército que fue interpretado como un desagrado porque la donación la habían efectuado los descendientes de Juan Manuel de Rosas (Rosas era una mala palabra…). Los únicos asistentes al acto fueron un grupo de personas allegadas a Juan Manuel Ortiz de Rozas, algunos miembros de la Asociación de la Prensa de la ciudad de La Plata, a los que se sumaba un pequeño grupo de vecinos de Ensenada.

Y como yapa 

San Martín por Eduardo Galeano.

26 de junio de 1822
Guayaquil
Encuentro en Guayaquil. Entre el mar Caribe y el océano Pacífico, se abre un camino de arcos de triunfo: el general Bolívar acude desde el norte. Viene desde el sur José de San Martín, el general que atravesó la cordillera de los Andes en busca de la libertad de Chile y de Perú. Bolívar habla, ofrece. —Estoy cansado —corta, lacónico, San Martín. Bolívar no le cree; o quizás desconfía, porque todavía no sabe que también la gloria cansa. San Martín lleva treinta años de batallas, desde Orán hasta Maipú. Por España peleó el soldado y por América el curtido general. Por América, y nunca contra ella: cuando el gobierno de Buenos Aires le mandó aplastar las huestes federales de Artigas, San Martín desobedeció y lanzó su ejército a las montañas, para continuar su campaña por la independencia de Chile. Buenos Aires, que no perdona, le niega ahora el pan y la sal. En Lima tampoco lo quieren. Lo llaman el rey José. Desencuentro en Guayaquil. San Martín, gran jugador de ajedrez, evita la partida. —Estoy cansado de mandar —dice, pero Bolívar escucha otras palabras: Usted o yo. Juntos, no cabemos. Después, hay banquete y baile. Baila Bolívar en el centro del salón, disputado por la damas. A San Martín lo aturde el ruido. Pasada la medianoche, sin decir adiós se marcha hacia los muelles. El equipaje ya está en el bergantín. Da la orden de zarpar. Se pasea en cubierta, a pasos lentos, acompañado por su perro y perseguido por los mosquitos. El barco se desprende de la costa y San Martín se vuelve a contemplar la tierra de América que se aleja, se aleja.

sábado, mayo 11, 2013

LOS 200 AÑOS DEL HIMNO NACIONAL ARGENTINO.


OÍD ¡MORTALES! 
El Himno Nacional Argentino cumple 200 años.

HISTÓRICAS ARGENTINAS.

A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

CORONADOS DE GLORIA VIVAMOS...
En el Virreynato del Río de la Plata  después de la Revolución de Mayo de 1810, empezaron  a circular canciones patrióticas que se consideran antecedentes del actual himno nacional.
El 6 de mayo de 1813, la Asamblea del Año XIII comisionó a Vicente López y Planes para que redactara una marcha patriótica  y Blas Parera para que musicalizara el texto; fue aprobado el 11 de mayo de ese año.
Según la tradición, el 14 de mayo de 1813, en la casa de Mariquita Sánchez  casada con Martín Thompson, hijo de un comerciante de origen inglés, se cantó por primera vez.

En 1813 se lo llamó "Marcha Patriótica", luego "Canción Patriótica Nacional", y más tarde se lo conoció como "Canción Patriótica". Una copia de 1847 lo tituló como "Himno Nacional Argentino", el músico Juan Pedro Esnaola escribe una nueva versión musical y se la dedica a Manuelita Rosas, hija del "Restaurador" Don  Juan Manuel de Rosas.
En 1900 se suprimieron las estrofas que aludían a la guerra contra España, mediante un decreto del presidente Julio Argentino Roca refrendado con la firma del Presidente de la Nación y de los ministros: Felipe Yofre, Luis M. Campos, José María Rosa, Martín Rivadavia, Martín García Merou y Emilio Civit.
Atrás quedaron y en el olvido los versos, inspirados en un contexto de guerra contra España, que decían, entre otros,"¿No los veis sobre Méjico y Quito/ Arrojarse con saña tenaz,/ Y cual lloran bañados en sangre/ Potosí, Cochabamba y La Paz?/ ¿No los veis sobre el triste Caracas/ Luto y llanto y muerte esparcir? / ¿No los veis devorando cual fieras/ Todo pueblo que logran rendir?".
El resumen del himno (que antes demoraba unos veinte minutos) que se efectuó en los tiempos del gobierno de Julio Argentino Roca y la música de Juan Pedro Esnaola fueron los cambios que configuraron el actual Himno que entonan, bastante desganadas, las voces argentina del presente.  
En 1924, el Presidente Marcelo Torcuato de Alvear formó una comisión para componer una nueva melodía. Estas modificaciones no gustaron y se dejó sin efecto estas.
La versión que se canta actualmente está fijada en el decreto 10302 del año 1944, que adopta las modificaciones musicales del año 1860 y limita la letra a la primera cuarteta de la primera estrofa, y los últimos cuatro versos de la novena y el coro final  del destino de "la argentinidad coronada de gloria para vivir o el juramento de morir con gloria" del Himno Nacional Argentino y la llamada “polca” de Esnaola.

Himno Nacional Argentino (Letra Original)
La misma que aparecía en las viejas Libretas de Enrolamientos

Coro

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

Oíd ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta a la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
Y a su planta rendido un León

Coro, ...

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
La grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovado a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

Coro, ...

Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

Coro...

¿No los veis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz.
Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz?

¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Coro...

A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

Coro...

El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó;

Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León

Coro...

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;

Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó.
Aquí el fiero opresor de la patria
Su cerviz orgullosa dobló.

Coro...

La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió,
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio;

Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

Coro...

Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
Les repite ¡mortales! Oid:

¡Ya su trono dignísimo abrieron
las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
En la actualidad se cantan de esta manera.
Oíd mortales el grito sagrado
Libertad, Libertad, Libertad,
oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.

Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias unidas del Sud,
y los libres del mundo responden
al gran Pueblo Argentino Salud.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

La canción patria -de unos tres minutos y medio- sufrió alteraciones en la letra, tuvo varios arreglos y fue llevada a ritmo  de tango, cumbia, rock con guitarra eléctrica y la voz de Charly García, en 1990, en su disco “Filosofía barata y zapatos de goma” y hasta música electrónica.
Una nueva propuesta de cambio del Himno  que corresponde a Jorge Ceballos, referente de Libres del Sur en la provincia de Buenos Aires que pretenden que se re-incorpore los siguientes versos: "Se conmueven del Inca las tumbas / Y en sus huesos revive el ardor, / Lo que ve renovando a sus hijos / De la Patria el antiguo esplendor. / Desde un polo hasta el otro resuena / De la fama el sonoro clarín. / Y de América el nombre enseñado, / Les repite ¡mortales! Oíd".

HIMNO NACIONAL ARGENTINO - OPUS CUATRO.


 HIMNO NACIONAL ARGENTINO VERSIÓN QUECHUA.
  

sábado, enero 15, 2011

MANUELITA ROSAS.


MUJERES
ARGENTINAS
Manuelita Rosaspor el Prof. Julio R. Otaño


Nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1817 hija de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra y fue bautizada con los nombres de Manuela Robustiana, ese mismo día, por el doctor José María Terrero. Se educó en la ciudad, en la calle de la Biblioteca (hoy Moreno y Bolívar) pero iba con frecuencia a las estancias de su padre del Pino (o San Martín) y Los Cerrillos. Manuela jugaba con sus primas, vigilada por negras fieles e indias mansas, que era el personal domestico de las familias porteñas. Además se rodeo de amigas que le fueron fieles toda su vida
La «princesa de las pampas» Manuela tenía apenas 18 años, cuando su padre subió al poder por segunda vez. Y desde entonces vivió en compañía suya, hora por hora; cosa que jamás le había acontecido antes de esa época, en que la vida de Rosas cambia completamente en su modo de ser doméstico.
Al fallecer Encarnación, la madre, Manuelita pasó a desempeñar funciones de anfitriona y colaboradora del padre, aunque su papel político fue diferente al cumplido por su madre. «Tampoco es cierto que yo tomase parte alguna oficialmente de asuntos públicos o políticos durante la Administración de mi querido padre, cuando creo, que hice cuanto me fue dado para desempeñarme en los actos privados y sociales con la dignidad que correspondía a nuestra posición.»
Por su simpatía y bondad conquistó la adhesión de cuantos la trataban y conoció la adulación y el halago interesado. El escenario natural de la vida pública de Manuelita fue Palermo. En esa mansión levantada por el Restaurador sobre terrenos pantanosos y que el convirtió en jardines tuvo Manuelita el marco para sus deberes sociales.
Un enemigo político de su padre el escritor José Mármol la describe así: “el nombre de Manuela Rosas es ya una propiedad de la historia. Manuela oye a todos; recibe a todos con afabilidad y dulzura. El plebeyo encuentra en ella bondad en las palabras y en el rostro. El hombre de clase halla cortesía, educación y talento. Manuela no es una mujer bella, propiamente hablando; pero su fisonomía es agradable y simpática, con ese sello indefinible, pero elocuente, que estampa sobre el rostro la inteligencia, cuando sus facultades están en acción continua. Su frente no tiene nada de notable, pero la raíz de su cabello castaño oscuro, borda perfectamente en ella, esa curva fina, constante, y bien marcada, que comúnmente distingue a las personas de buena raza y de espíritu. Sus ojos, algo más oscuros que su cabello, son pequeños, límpidos, y constantemente inquietos. Se fija apenas en los objetos, pero se fija con fuerza. Y sus ojos, como su cabeza, parece que estuvieran siempre movidos por el movimiento de sus ideas. El color de su tez es pálido, y muy a menudo con ese
tinte enfermizo de los temperamentos nerviosos. Agregad a esto un figura esbelta; una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata, y tendréis una idea aproximada de Manuela Rosas, hoy a los 33 años de su vida; edad en que una mujer es dos veces mujer”.
José Maria Roxas y Patrón consideraba la idea de consolidar el régimen federal convirtiéndolo en monarquía hereditaria y nombrándola a Manuelita como “Princesa Federal” y legítima heredera. Este proyecto votado unánimemente en la legislatura fue rechazado por el Restaurador.
El óleo de Prilidiano Pueyrredón (y que se conserva en el museo de Bellas Artes) que la retrata de cuerpo entero fue pintado en la segunda mitad de 1851, y le fue obsequiado por un grupo de ciudadanos federales que la agasajaron con un baile.
Ese mismo año fue el de la gloria de Manuelita; gracias a los extranjeros y a la política internacional de Don Juan Manuel los periódicos europeos hablaban de la joven porteña.
Luego de Caseros, Manuelita acompañó a su padre en el destierro y a pocos meses de su llegada a Inglaterra, el 23 de octubre de 1852, contrajo matrimonio con su novio Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, amigo de Juan Manuel de Rosas. Del matrimonio nacieron dos hijos varones: Manuel Máximo Nepomuceno, nacido el 20 de mayo de 1856, y Rodrigo Tomás, que vino al mundo el 22 de setiembre de 1858. Vivieron en Hampstead, Londres. Ya Señora de Terrero y alejada de la escena pública ocupaba su atención, la contabilidad familiar, el pago de las cuentas, los trámites bancarios y los reclamos por la confiscación totalmente ilegal y arbitraria de su herencia, fueron algunos asuntos claves para ella.
Manuela sentía la responsabilidad de reivindicar la figura paterna, de combatir la historia falaz y arbitraria de los profetas del odio y de que las nuevas generaciones conozcan la verdadera Historia del Restaurador y de la “Confederación Argentina”. Comienza así una nutrida correspondencia con Don Antonino Reyes el leal ex edecán de su padre.
Fue su confidente preferido - ella misma lo llamaba «mi secretario privado y confidencial». Fue por su intermedio que comenzó a escribirle a Saldías - calificado en sus escritos como «Angel protector» -, remitiéndole valiosos materiales para su Historia de la Confederación Argentina, obra pionera del naciente revisionismo histórico.
Nunca le pasó inadvertido, ni en los días de su vejez, el infausto aniversario de Caseros. El 3 de febrero de 1892 le manifiesta a Reyes: “Te escribo en este día, aniversario de tanta fatalidad para nosotros. Quien todo lo dispone, así lo quiso, sigamos sometidos a su divina voluntad. Se cumplen hoy 41 años, iOh Reyesi Y estamos hoy mejor que entonces? “.“Yo Reyes, nací para sufrir por todos y con todos. Mi carácter nunca fue propicio a mi felicidad”.
Poco después y ya en Londres, le entregará a Adolfo Saldías el archivo completo de su padre. Su último aporte a los argentinos, fue la donación del sable que el general José de San Martín le había legado a Don Juan Manuel en su testamento.
Se ha dicho que Manuelita volvió a Buenos Aires en 1886, temporalmente. No fue así. Nunca regresó a su adorada patria.
Manuelita falleció en la capital británica el 17 de septiembre de
1898.

Bibliografía:
• Manuelita Rosas y Antonino Reyes “El olvidado epistolario”
• Mármol, José “Amalia”
• Sáenz Quesada, María “Mujeres de Rosas”
• Sánchez Zinny, E. F. “Manuelita de Rosas y Ezcurra”
Fuente blog EL RESTAURADOR DE LAS LEYES.


Manuela Rosasmucho más que
la imagen de los billetes de 20 pesos.

Manuelita Rosas, 1831
Óleo de Prilidiano Pueyredón
Museo Nacional de Bellas Artes

MANUELITA ROSAS
Reseña biográfica
Nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1817 y fue bautizada con los nombres de Manuela Robustiana, ese mismo día, por el doctor José María Terrero. Se educó en la ciudad, pero iba con frecuencia a las estancias de su padre del Pino (o San Martín) y Los Cerrillos. Poseía dotes musicales y fue su maestro de música el alemán Johann Heinrich Amelong, hacia 1835.

Una descripción de Manuelita, de 1840, hecha por el reverendo Pontoppidan, de la fragata danesa Bellona, nos la muestra así: “Manuelita presenta un aspecto interesante sin ser regularmente hermosa. Espiritualidad y alma se reflejan en todo su exterior, pero sus modales son exaltados, sus ojos echan llamas, y en todos sus rasgos y movimientos se puede leer cuál es su situación singular en la vida. Los oficiales se sienten cómodos en compañía de doña Manuelita y admiran a esta mujer graciosa y guapa que monta los caballos más indómitos, fuma un cigarrito si el caso se ofrece, toca el piano y canta, y no mal, y entretiene una conversación corriente en español bueno y francés malo mezclados”.

José Mármol, quien muestra particular afición por la figura de la hija de Rosas, dejó más de un retrato literario de ella. “Manuela –dice- no es una mujer bella, propiamente hablando; pero su fisonomía es agradable y simpática, con ese sello indefinible, pero elocuente que estampa sobre el rostro la inteligencia cuando sus facultades están en acción continua”. Y poco más adelante, consigna: “Agregad a esto una figura esbelta; una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata, y tendréis una idea aproximada de Manuela Rosas, hoy a los 33 años de su vida; edad en que una mujer es dos veces mujer”.

Por su parte, el poeta Ventura de la Vega, que la conoció en Inglaterra poco después de su casamiento, hace este retrato de Manuela: “Es alta, muy alta, morena, pelo negro, ojos pardos muy expresivos, boca y nariz pequeñas: se da un aire en la cara a Teodora Lamadrid, y se le parece también en el metal de su voz. No es gruesa pero tampoco puede decirse que es muy delgada, tiene muy bonito cuerpo, y un aire de los más distinguido y elegante que se puede ver. Su conversación es franca; pero muy fina y con golpes de talento que dejan parado”. Su primo Lucio V. Mansilla anota, sin embargo: “Mi abuela Agustina no era alta. En la familia sobresalió mi madre que, propiamente, no era alta, como no lo era Manuelita Rosas. Era el modo como erguían el cuello lo que las realzaba”.

Después de la muerte de Encarnación Ezcurra, Manuelita ocupó un importante papel en Palermo, junto a su padre, si bien algunos autores han exagerado su influencia sobre el Restaurador. Luego de Caseros, lo acompañó a Inglaterra  y a pocos meses de su llegada, el 23 de octubre de 1852, pudo unirse en matrimonio con su novio Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, amigo de Juan Manuel de Rosas. Del matrimonio nacieron dos hijos varones: Manuel Máximo Nepomuceno, nacido el 20 de mayo de 1856, y Rodrigo Tomás, que vino al mundo el 22 de setiembre de 1858. Vivieron en Hampstead, Londres.

Manuelita falleció en la capital británica el 17 de setiembre de 1898. El óleo de Prilidiano Pueyrredón que la retrata de cuerpo entero fue pintado en la segunda mitad de 1851, y le fue obsequiado por un grupo de ciudadanos federales que la agasajaron con un baile. Para aceptar dicho retrato Manuelita consultó a su padre, y éste designó una comisión compuesta por Juan N. Terrero, Gervasio Ortiz de Rosas y Luis Dorrego para que dictaminara si debía acceder a ser retratada y al obsequio correspondiente. La comisión dio un veredicto afirmativo.

Los párrafos que se transcriben pertenecen a una carta que dirigió a doña Josefa, Condesa de Poblaciones, el 13 de mayo de 1876.

Mi Tatita D. Juan Manuel de Rosas. Bisnieto del Conde de Poblaciones (nunca se firma Ortiz de Roxas) como mi abuelito D. León Ortiz de Rosas y sus otros dos hijos que fue una numerosa familia. Hoy, sólo quedan de ella mi Padre que es el mayor, la hermana que lo sigue y la menor Da. Agustina. Mi Tío D. Prudencio, fue el que murió en Sevilla y padre de mi Primo León Ortiz de Rozas a quien Vd. menciona en su carta haber conocido y que murió también años hacen en Buenos Ayres durante la peste del cólera.

Tatita, reside cerca de Southampton en una chacra y privado de su fortuna por la confiscación de sus bienes en que fueron envueltos los míos que administraba, se ve reducido á llenar las más premiosas necesidades con el auxilio de sus antiguos amigos.

Vd. está equivocada al darle el título de "Dictador" que nunca tubo ni aún habiéndole sido ofrecido lo habría aceptado. Gobernó por años el País bajo el Título de "Gobernador de la Provincia de Buenos Ayres y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina" cuyos derechos defendió contra las grandes Potencias de la Europa que tan injustamente nos atacaban. Luego, y después de salir airoso de esas cuestiones, tan celebres e históricas, vinieron otra vez las riñas civiles y por ello se vio obligado á salir del País, donde quedó cuanto poseíamos siendo una inmensa fortuna.

Yo me casé en este País con mi compatriota Máximo Terrero, hijo de un antiguo y fiel amigo de mi Padre desde la niñez y de este matrimonio tenemos dos hijos varones á cuya educación hemos destinado nuestra vida sin otra distracción ni entretenimiento alguno como que nuestros medíos no lo permiten. El mayor se llama Manuel Máximo y el segundo Rodrigo Thomas. Su educación, se completa con la distinción que corresponde á las familias de que descienden y es esta la única aspiración de sus Padres y abuelo. Vd. debe conocerá la familia del Brigadier Don Antonio Terrero en Madrid, el Conde de Poblaciones habiendo sido uno de sus discípulos en la escuela Militar según una guía que tengo entre mis libros.

Fuentes:

- Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970).
- Chávez, Fermín – La vuelta de Don Juan Manuel.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
http://www.lagazeta.com.ar/manuelita.htm
Texto e imagen de Manuelita Rosas: La Gazeta.