ACTUAR EN LAS SOMBRAS PARA QUE OTROS VIVAN.
Por Aldo Duzdevich.
El 13 de noviembre de 1973, el Presidente Perón en reunión con 70 dirigentes de todos los partidos de oposición y les ofreció libre acceso y oficinas dentro de la Casa Rosada. Un hecho inédito en la historia argentina.
A la salida de la reunión, el dirigente radical Ricardo Balbin dijo: “El presidente nos ha expresado su deseo de habilitar en la Casa de Gobierno, una sala, para que puedan concurrir, los políticos y parlamentarios que quieran examinar los problemas y argumentar sobre situaciones. Este es un modo político nuevo en Argentina; que la Casa de Gobierno era para un grupo, y los otros en la vereda de enfrente, y quien entraba parecía que era un traidor. Ahora, yo creo, que es un modo diferente, que es útil Argentina, se puede entrar a esta casa con dignidad, y salir con la misma dignidad.”
Esta reunión se presentó como la continuidad, del conclave la “Hora del Pueblo”, realizado el 20 de noviembre de 1972, en el restaurante Nino, tres días después del primer retorno del General Perón, el 17 de noviembre de 1972, durante la dictadura de Agustín Lanusse. En esa oportunidad, se firmó un documento de coincidencias básicas, presionando para obtener el regreso a la democracia. El 11 de marzo de 1973, ganó la fórmula Cámpora-Solano Lima. El 25 de mayo asumió el gobierno constitucional. Un mes después, Cámpora renunció y llamó elecciones sin proscripciones, para que se presente Perón, quien el 23 de septiembre obtuvo el 62% de los votos.
Un presidente surgido con una mayoría del 62% tenía suficiente aval popular para intentar imponer la hegemonía de su partido. Pero, esa no era la idea de Perón. Después de 18 años de doloroso exilio, había llegado con una nueva concepción, con la idea de la unidad nacional, y comenzaba a llevarla adelante.
La gran mayoría de esos setenta dirigentes, habían sido enconados opositores de Perón en 1955. Muchos de ellos, como por ejemplo Solano Lima, (quien había pasado a ser Secretario General de la Presidencia) en 1955 había reivindicado públicamente el bombardeo a Plaza de Mayo. Mario Amadeo, que había sido Canciller de Aramburu. Estaban opositores como, Balbín, Frondizi, Nadra del PC. Incluso, Fernando Scornik del UDELPA el partido creado por Aramburu.
Dieciocho años, no eran tantos para borrar heridas y agravios mutuos. Sin embargo, Perón llegaba al país descarnado, sin una gota de rencor, y se abrazaba a sus antiguos adversarios como si fuesen viejos amigos. Veamos que dijo en su discurso:
“Señores, en primer término, deseo agradecerles, hayan sido tan amables de llegar hasta esta casa para darme la inmensa satisfacción de poder saludarlos personalmente.”
“Hemos hablado muchas veces de la participación de las minorías en los gobiernos, y el respeto que las minorías deben gozar dentro del país, a fin de poder concretar una democracia integrada, donde no estemos luchando entre nosotros, sino luchando por un destino común.”
“Hemos venido observando que, desde hace mucho tiempo, existe una campaña sistemática contra los hombres políticos. En mi concepto esto no es una casualidad. Creo que se trata de un trabajo sistemático, a fin de realizar esta tarea denigratoria de todos los que nos dedicamos a esta noble actividad de la política.”
“En el continente ha habido numerosos golpes militares, a los que los políticos indudablemente les hemos dado en cierta posibilidad de éxito; ya sea, acoplándonos en esa campaña de denigratoria, o dando la posibilidad, que esos golpes tengan el apoyo de fuerzas civiles.”
“Por eso, a semejanza de lo que está ocurriendo en países más avanzados en orden político, debemos tender, a que los enfrentamientos se resuelvan con un cambio de gobierno, y no con un cambio sistema.”
“Y, la mejor manera de llegar a eso, es a través de una democracia integral, donde no seamos enemigos, sino hombres que pensamos de una u otra manera”.
“Si nos ponemos de acuerdo en esa tónica, podremos realizar un trabajo constructivo para el país, que al fin y al cabo, es el objetivo, de todos los que nos dedicamos, de una u otra manera, a la política.”
“En este sentido les quiero informar, que ya se le ha destinado unas dependencias para que las consideren como la casa de ustedes. También les vamos a proveer credenciales, a fin de que no tengan ninguna dificultad en la guardia en el acceso. Por eso, señores, desde ahora, pueden considerarse aquí, como en su casa. Esta casa, es de todos los argentinos”.
“Además, hemos de agradecerle profundamente, a quienes nos hagan llegar alguna iniciativa, que redunde en beneficio del país, y de la tarea que el gobierno realiza.”
“Lo que quería despertar es el deseo de que seamos todos amigos y vengamos a discutir los problemas entre nosotros. Hagamos triunfar al país, que cuando el país se realice se realizarán todos los argentinos.”
“La de hoy, es una reunión informal de amigos, en la que querido poner la casa a disposición ustedes, al igual, que todos nuestros hombres, para poder conversar y dialogar sobre cualquier asunto, sin etiquetas y sin protocolos.”
“Yo, circunstancialmente, ocupo este cargo, pero esa responsabilidad, es compartida con todos los que pueden ayudar y con todos los que pueden colaborar en la tarea de gobernar el país. Yo no me siento dueño de la pelota, creo, que los somos todos, los que compartimos esta grave responsabilidad. Y quiero que, en este caso, se sientan ustedes como en su casa y que trabajemos abiertamente con toda franqueza y con toda sinceridad.”
A la salida de la reunión, Balbín entre otros conceptos agrego: “Yo quiero manifestar que el país viene de bastantes frustraciones, y esto significa un grave riesgo para la república. Yo creo que no hay espacio para errores, porque un error, a esta altura del acontecimiento argentino, puede significar cosas inesperadas, que para mí serán muy desagradables.”
Dos meses antes, en una reunión con la Juventud Peronista, Perón había sido más claro todavía: “Hay que andar con calma, cuidado con eso, porque la reacción interna y apoyada desde afuera, es sumamente poderosa, y aquí todavía no se ha revelado el misterio; porque todavía hay tipos que están mirando por debajo de la reja de los cuarteles, para ver cuándo pueden salir, y ustedes saben, cuando esos locos salen cómo la agrandan. Entonces, a ese intento, hay que oponerle un poder político muy cohesionado y muy fuerte, solamente así se puede evitar que caigamos en nuevas deformaciones como las que pasaron en estos dieciocho años.”
Claro, Perón y Balbin eran dos “viejos” y como ya sabemos, en esos años, los jóvenes no estábamos con ganas de escuchar mucho a los “viejos”.
Ya el 6 de septiembre, el jefe de Montoneros, Mario Firmenich afirmaba: “el poder político brota de la boca de un fusil. Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos; si abandonáramos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas.” Y para certificar el uso de los fusiles, el 25 de septiembre su organización asesinaba al Secretario General de la CGT y puntal del Pacto Social de Perón, José Ignacio Rucci. El Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, llevaba realizadas 160 acciones violentas, a razón de una por día. Y las bandas de derecha empezaban a cobrar su primera media docena de víctimas.
Algo inédito para esta época, de junio a noviembre, fruto del Pacto Social, el entonces Ministro de Economía Jose Ber Gelbard había logrado cinco meses de inflación cero… Y la tasa de desocupación al inicio de noviembre bajaba al 5,5%. Contrariamente a lo sucedido en otros momentos históricos, esta vez la economía no era el principal problema. El principal problema era desactivar el clima de violencia, que venía desde la última etapa dictatorial, pero que no había cesado con el retorno a la democracia el 25 mayo de 1973.
En ese marco, Perón insistía en su propuesta de unir a los argentinos. Tarea en la que estará empeñado hasta su muerte siete meses después. Y que dejara plasmada en su texto póstumo “El Modelo Argentino para un Proyecto Nacional”. Texto de absoluta actualidad, que lamentablemente muy pocos dirigentes del peronismo han leído. Allí decía: “El primer objetivo del Modelo Argentino consiste en ofrecer un amplio ámbito de coincidencia para que de una vez por todas los argentinos clausuremos la discusión acerca de aquellos aspectos sobre los cuales ya deberíamos estar de acuerdo.”
Han pasado cincuenta años y la propuesta de unidad nacional del General Perón, de abrir la Casa Rosada a toda la dirigencia política y social, todavía está a la espera de quien la retome y la encarne.
(*) El columnista es autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.
Publicado en el Diario La Mañana del Neuquén.
Domingo 20 de agosto del 2023.
https://www.lmneuquen.com/pais/el-dia-que-peron-abrio-la-casa-rosada-la-oposicion-n1050186
“El internismo en Alemania, por ejemplo, generó que no encontraran quién acomodara las cosas. Se presentó un político nuevo que se llamaba Adolfo, uno que nadie conocía, no conocían sus raíces ni su convicción y así terminamos. Le tengo miedo a los salvadores sin historia. Cuando viene un salvador sin historia, sospechá. Es el triunfo del egoísmo sobre el comunitarismo”, sentenció Jorge Bergoglio, que sin nombrarlo, se refirió claramente al fenómeno que representa Javier Milei en el país.
Por otra parte, el Papa hizo una descarnada crítica sobre los medios de comunicación y aseguró que son el primer paso para la construcción de pensamiento de la sociedad: “El lawfare empieza a través de la prensa, que descalifica y mete sospecha de un delito. “Se hacen esos sumarios grandísimos y para condenar basta el volumen, aunque no se encuentra el delito. Así condenaron a Lula, pero con Dilma no pudieron”.
Además, Francisco consideró que la Justicia no está funcionando como debería en la gran mayoría de los países que componen Latinoamérica: “Con el olor del delito, a veces el humo te lleva al fuego del delito. Otras veces es un humo que se pierde porque no tiene fundamentos. El lawfare usan el humo del delito como realidad y empiezan con los medios de comunicación a dejar a la persona off side. Un juez siempre crea jurisdicción pero tiene que ser armónica con el derecho. Hay que alzar la voz, hay que decir cuando hay una irregularidad. Los políticos tienen la misión de desenmascarar una justicia que no es justa”.
A su vez, el jefe de Estado del Vaticano reivindicó a políticos de la talla de Hipólito Yrigoyen y Ricardo Balbín, dos referentes radicales: “Hay malos dirigentes también por las conductas sociales que derivan en el odio a la política. Vamos perdiendo esa raza, porque es un servicio, no una fracción electoralista”.
Por último, el Sumo Pontífice pidió por la paz a nivel internacional: “Es una utopía por la cual tenemos que luchar. La guerra es un drama que nos ceba y nos destruye a todos”.
PUBLICADO EN DIARIO LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.
Domingo 2 de abril del 2023.
https://www.lmneuquen.com/cuando-viene-un-salvador-historia-sospecha-n1007904
Hace medio siglo se produjo uno de los hechos políticos más significativos de la historia nacional. El encuentro entre Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón que puso fin a décadas de enfrentamientos y discordias en el campo popular.
El 17 de noviembre de 1972 Perón regresó al país luego de 17 años de forzado exilio. A poco de su retorno se instaló en una nueva residencia en la calle Gaspar Campos de Vicente López y puso en marcha mecanismos para reunirse con el resto de la dirigencia de otros partidos democráticos nucleados en "La Hora del Pueblo", agrupamiento constituído dos años antes que reclamaba al régimen de facto la normalización constitucional del país y la finalización de la proscripción peronista.
SITUACION NOVEDOSA.
Se trataba de una situación novedosa en el contexto político conmovido por la naturalización de la violencia, el peronismo reconocía explícitamente la legitimidad de otras fuerzas políticas y éstas a su vez se comprometían a exigir la eliminación de las restricciones al líder y sus partidarios.
Lo más original fue la naturalidad con que, otrora irreconciliables opositores, Perón y Balbín se encontraron físicamente por primera vez y entre ambos fluyó el diálogo y se consolidó por los meses siguientes hasta la muerte del primero. Antes del retorno de Perón, ambos habían mantenido contactos a través de intermediarios que allanaron finalmente el camino para ese reencuentro largamente demorado pero que fue una señal del nuevo tiempo que inexorablemente se abría en la política argentina, las fuerza democráticas y populares mayoritarias a través de sus líderes ponían fin a una etapa de desencuentros que habían servido para que las oligarquías y las minorías violentas intentaran imponer un orden de cosas alejado de los sentimientos mayoritarios.
El 19 de noviembre en la mencionada casa de Gaspar Campos, hoy un museo peronista, se produjo ese emblemático abrazo luego de que "El Chino", que no pudo acceder por la entrada principal del domicilio debido a la masiva concentración de gente que se acercó a llevarle su saludo al caudillo regresado a la Patria, "saltó la tapia" de la casa lindera para entrar en el salón donde Perón se reunía y conversaba con los referentes de los demás partidos antes de cenar en el restaurante Nino como habían convenido.
Testigo del momento, el dirigente radical Enrique Vanoli relató la frase con que Perón recibió a Balbín: "Doctor: Usted y yo nos tenemos que poner de acuerdo porque somos el 80% del país".
No estaba equivocado el viejo líder, su olfato pampa anticipó varios meses el resultado electoral de 1973 en que, descartada la hipótesis de un binomio conjunto (que resultaba imposible o impracticable por diversos motivos) las dos candidaturas se midieron en las urnas y Perón resultó electo por tercera vez para ejercer la primera magistratura.
PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/523061-Medio-siglo-del-abrazo-entre-Peron-y-Balbin.note.aspx
En 1972, los dos líderes políticos más importantes del país decidieron dejar de lado sus odios y diferencias: se dieron un abrazo para que ganaran todos los argentinos. El gobierno de facto tuvo que ceder y aceptó elecciones democráticas.
Por Mónica Martin.El de 1972, no fue un abrazo improvisado.
Todo había comenzado en 1970, con una conversación “casi” informal entre Jorge Paladino, entonces secretario de Perón, y el mismo Balbín que, desde 1959, era presidente del Comité Nacional del Radicalismo.
Balbín había querido ser presidente varias veces –y todavía no había renunciado a esa ambición que nunca alcanzaría- y, cuando hubiera podido serlo, dio un paso al costado y apoyó la candidatura del Dr. Arturo Illia, el médico cordobés.
En 1954, cuando Perón renovó su mandato, Balbín volvió por tercera vez a estar preso, pero se vengó: apoyó la Revolución Libertadora que, en 1955, destituyó a Perón con un golpe de facto. Uno más en la historia argentina.
En 1956 tuvo oportunidad de subrayar nuevamente sus diferencias con su mayor enemigo político: fundó la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), el ala más dura contra el peronismo. Perón y Balbín seguían siendo enemigos irreconciliables.
Perón, que estaba exiliado en Madrid, terminó de escuchar de boca de Paladino, los planes que tenía Ricardo Balbín y fue a la máquina de escribir para tipearle con dos dedos una carta:
“Estimado compatriota: El señor Secretario General del Movimiento Nacional Justicialista, Don Jorge Daniel Paladino, me ha enterado de la conversación que ha mantenido con Usted y de las ideas por Usted sustentadas con referencia a la situación que vive el país y deseo manifestarle que las comparto totalmente.
“Tanto la Unión Cívica Radical del Pueblo como el Movimiento Nacional Justicialista son fuerzas Populares en acción política. Sus ideologías y doctrinas son similares y debían haber actuado solidariamente en sus comunes objetivos. Nosotros, los dirigentes somos probablemente los culpables de que no haya sido así. No cometamos el error de hacer persistir un desencuentro injustificado”, prosiguió el general en el exilio.
“Separados podríamos ser instrumentos, juntos y solidariamente unidos, no habrá fuerza política en el país que pueda con nosotros y, ya que los demás no parecen inclinados a dar soluciones, busquémoslas entre nosotros, ya que ello sería una solución para la Patria y para el Pueblo Argentino. Es nuestro deber de argentinos y, frente a ello, nada puede ser superior a la grandeza que debemos poner en juego para cumplirlo”, concluía Perón estrechando filas.
El 29 de septiembre, Roberto Levingston anunció por Cadena Nacional: “la disolución de los partidos políticos (…) es para este gobierno una decisión irreversible”. Y todo se aceleró.
El 11 de noviembre de 1970, con Jorge Daniel Paladino sentado a su izquierda, Ricardo Balbín firmó “La Hora del Pueblo”, un compromiso multipartidario (se sumaron el Partido Socialista, el Conservador Popular y el Bloquista de San Juan) para solicitar al gobierno de facto que convocara a elecciones democráticas. Cayó Levingston y asumió Alejandro Agustín Lanusse, pero finalmente hubo elecciones el 11 de marzo de 1973.
El 17 de noviembre de 1972, Perón volvió al país luego de dieciocho años de exilio. Al día siguiente, el 18 de noviembre, en la casa de Gaspar Campos 1065, en Vicente López se dieron el famoso abrazo. Dos personas que habían sido enemigos políticos acérrimos se abrazaron a pocas cuadras de la residencia presidencial de Olivos.
Cuando fue necesario tuvieron la grandeza de acercarse y dejar de lado sus diferencias personales para que ganara la unidad nacional. Para que los argentinos ganaran.
El 14 de diciembre, Perón estaba en Asunción y dijo desde suelo paraguayo: “Tenemos un acuerdo con la Unión Cívica Radical, con el doctor Balbín de manera expresa. Si nosotros triunfamos los llevaremos a compartir el gobierno con nosotros. Si ellos ganan, tenemos la promesa de que harán lo mismo”. Interrogado por la profundidad de los acuerdos, Perón fue categórico:
“Yo con Balbín voy a cualquier parte”, dijo Juan Domingo Perón
No fue un abrazo fingido ni un discurso para la hinchada, sino un verdadero gesto político.
Balbín recordó una vez que Perón “tuvo a bien no mencionar las barbaridades que yo le decía a diario”; y el general, por su parte, reconocía el calibre de su adversario: “Esta operación requiere ingentes sacrificios de ambas partes, y nadie en el Partido Radical es poseedor de mayor espíritu de abnegación que don Ricardo”.
Dos días más tarde, Perón, Balbín y varias fuerzas políticas se reunieron en el restaurante Nino, en Vicente López para discutir a puertas cerradas los pasos a seguir. Los únicos queno habían sido invitados fueron Alvaro Alsogaray, titular de Nueva Fuerza, Francisco Manrique, y los partidos provinciales que apoyaban a Lanusse.
El peronista Héctor Cámpora y el conservador Vicente Solano Lima fue la fórmula vencedora por el Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli) y una vez más Balbín era derrotado por Perón. Sin embargo, antes de asumir, Balbín visitó a Cámpora para comprometer “el apoyo de la UCR al futuro gobierno constitucional para que tenga el éxito que el pueblo argentino ansía”.
El 4 de julio de 1974, Ricardo Balbín fue al Congreso de la Nación y se paró delante del féretro de Juan Domingo Perón, custodiado por granaderos.
“Tenemos el compromiso de decirle al país que sufre, al pueblo que ha llenado las calles de esta ciudad, sin distinción de banderías, cada uno saludando al muerto de acuerdo a sus íntimos convencimientos -los que lo siguieron siempre con dolor; los que lo habían combatido, con comprensión-, pero todo el país recogiendo su último mensaje: “he venido a morir en la Argentina, pero he dejar para los tiempos el signo de la paz de los argentinos”, recordó Balbín y no hablaba solamente en nombre de la Unión Cívica Radical.
“Frente a los grandes muertos tenemos que olvidar lo que fue el error. Todo cuanto en otras épocas pudo ponernos en las divergencias en las distancias. Cuando están los argentinos frente a un muerto ilustre tiene que estar alejada la hipocresía y la especulación para decir en profundidad lo que sentimos y lo que queremos”, dijo antes de hacer una larga pausa.
“Los grandes muertos dejan siempre el mensaje. Habrán de disculparme que en esta instancia de la historia de los argentinos, precisamente en estos días de julio hace 41 años el país enterraba a otro gran presidente, el Dr. Hipólito Yrigoyen”, susurró Balbin con gravedad.
“Lo acompañó su pueblo, con fuerza y con vigor. En las importantes divergencias de entonces, colocaron al país en largas y tremendas discrepancias”, se lamentó Balbín.
“Y como un ejemplo de los tiempos, como una lección para el futuro, a los 41 años el país entierra a otro gran presidente. Pero la fuerza de la república, la convicción del país pone una escena distinta, todos sumados acompañándolo. Y todos sumados en el esfuerzo común de salvar para todos los tiempos la paz de los argentinos.
“Este viejo adversario despide a un amigo”, subrayó Balbín con su voz más grave.
Las viejas luchas que los habían separado habían quedado atrás, gracias al pacto de entendimiento que los había unido en sus últimos tiempos: "la paz de todos los argentinos".
PUBLICADO EN DIARIO PERFIL.