GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

miércoles, agosto 28, 2019

A los 94 años murió la popular cocinera Blanca Cotta. Durante su extensa carrera mediática y gastronómica consiguió que sus recetas se hicieran muy populares en las casas de los argentinos.

Murió Blanca Cotta, una de las cocineras más emblemáticas del país.

Tenía 94 años. Sus recetas fueron muy populares.

Blanca Helena Cotta de Geronés, más conocida como Blanca Cotta, era una cocinera, ​​ periodista, ​ profesora en Letras, humorista gráfica y dibujante. Generaciones enteras aprendieron a cocinar a partir de sus recetas dibujadas.
Con lenguaje sencillo y ameno, la cocinera llevaba a los hogares de los argentinos las comidas tanto del recetario clásico como sus versiones de platos de todas partes del mundo.
Su pluma tocó el punto más alto en su recordada columna “De aquí, de allá y de mi abuela también”, publicada por décadas en la revista Clarín de los domingos.
Fue una de las pioneras de los programas dedicados a la mujer: en los años 60 ya se desempeñaba como jefa de redacción y guionista del programa "Buenas tardes, mucho gusto", un éxito rotundo en los tiempos.

27 DE AGOSTO DE 1994: FALLECÍA ROBERTO “POLACO” GOYENECHE.

Goyeneche a 25 años de su muerte – 28 de agosto 2019.

El Polaco Goyeneche vive en el corazón de su pueblo. Ayer se cumplió un cuarto de siglo del fallecimiento de uno de los íconos de la porteñidad. Pasaron 25 años y debo confesar que Buenos Aires ya no es la misma. Que el corazón de Saavedra late más lento, como arrastrando su sangre olvidada.
Hace 25 años que se nos esfumó en plena madrugada gris pero lo seguimos extrañando. Cada tanto se nos aparece con todo su talento y nos explota una nostalgia de 2×4.
Si algún pibe que no lo conoció ni escuchó hablar de su leyenda le digo que puede darse una vuelta por el bar “La Sirena” de la ex Avenida del Tejar y Nuñez. No se sorprenda si ve un cigarrillo apoyado en el cenicero de lata de Cinzano… entristeciendo la ventana con el humo. No se sorprenda si hay un café listo, un aroma de amistad y no hay nadie sentado en la silla. Es el fantasma del Polaco que vuelve a sus pagos. Es el fantasma del Polaco que de vez en cuando aparece en el espejo de algún colectivo que supo manejar para ganarse la vida pese a que ya cantaba en la orquesta del maestro Horacio Salgán.
Goyeneche fue taxista y mecánico de barrio. Muchos no saben que el Polaco fue colectivero de la línea 19. Que tal vez por eso fue el cantor nacional con más empedrado y asfalto. Goyeneche, que en milongas descanse, siempre recordaba con afecto su mundo de 20 asientos, el que le arruinaba los riñones, pero que fue su curso de ingreso a la universidad de la calle.
Ese fantasma del Polaco se aparece generalmente los sábados porque es el día de la noche, del tango compadrito y engominado.
Nunca falta gente soñadora que lo saluda con un movimiento de cabeza en el club social y deportivo “Federal Argentino” donde a los 15 años ganó un concurso de voces nuevas y como premio fue contratado para cantar en la orquesta de Raúl Kaplun.
Algún domingo suele merodear los viejos micrófonos del club social y deportivo “El Tábano” o los gritos de gol marrones y desesperados de calamar y de Platense.
Hay quien dice que se lo puede escuchar muy a los lejos en Villa Urquiza, en una vieja parada del tranvía 35 donde su viejo lo esperaba cuando volvía del cabaret, con el sol castigando las miradas. Ese mundo de tanguerías, de piso de parquet, piringundines almodovarianos con bronces por todos lados y de mujeres coperas y alternadoras habían sido sus divisiones inferiores. Desde muy chico se movía entre las mesas y los escenarios como un sabio veterano.
La estampa del Polaco está en todos lados. Como un Dios pagano. En
Radio Belgrano y los viejos micrófonos de los afiches de Evita, Caño 14, la catedral del corte y la quebrada, los clubes de barrio, la tele y en los discos long play. Pero sobre todo en esos boliches prohibidos, esos supermercados del vicio y el placer que nunca dejaron vivir ni morir en paz a su madre lavandera que nunca lo llamó Polaco.
El primero que le dijo Polaco fue otro mito de la fundación de Buenos Aires. Otro que siempre está volviendo, el de las manos como patios: Aníbal Troilo, Pichuco. Lo escuchó una noche, no lo esperaba. Lo llamó y le dijo: “pibe, usted así tan rubio parece un polaco” y le quedó para siempre ese apodo y de nada sirvió tanto vasco antepasado llamado Goyeneche ni que haya nacido en Entre Ríos.
Goyeneche no se privó de cantar con Astor Piazzolla y la rompió, dejó la pelota chiquita y se fue ovacionado. Pero con Pichuco, el Polaco construyó una amistad inmensa y una pareja de leyenda. Goyeneche y su personalidad para decir los tangos siempre me puso la piel de gallina. Siento una emoción canyengue, de chata cadenera del barrio de La Boca, pocas cosas tan urbanas como su voz y sus murmullos.
Por eso Buenos Aires no es la misma sin su cara angulosa, sin su bigotito anchoa, es como tener un prócer menos. Nos falta su voz de barítono de mediana tesitura, su buen oído, su susurro de fango, sus amagues futboleros, sus fileteados verbales, su bandoneón en la garganta.
¿Sabe qué consejo le daba siempre Pichuco? Le decía: ”Pibe… hay que contarle al público, no cantarle. De cantar se encarga la orquesta.”
Y si me permiten señores oyentes, le robo un párrafo a Fernán Silva Valdes para tratar de definir mejor lo que era el tango interpretado por el Polaco: “El tango es una música rara/ que se acompaña con el cuerpo y con los labios y con los dientes/ como si se mascara”.
Y le robo otro a Homero Expósito, ¿Me permite?. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”.
Así era el Polaco, por eso fue el más rockero de los tangueros, el más zarpado, el menos dogmático, el que tenía los poros más abiertos para enriquecerse con otros vientos.
Era llorón, sensiblero, calentón, a veces se encerraba en su humilde casita de la calle Melián a hundirse en las nostalgias. Su primer contacto con el tango fue a través de las letras que publicaba aquella revista emblemática llamada “El Alma que canta”. Y fue casi como un toque premonitorio porque el Polaco Goyeneche hoy podríamos definirlo como “El alma que canta”.
Extrañamos tanto su fraseo único, ese paladear el tango desde cada palabra con puntos y coma, gota a gota, tango a tango.
Extrañamos su carraspeo, sus silencios abismales, su escenario, su estaño, su última curda y su garganta con arena como le dijo Cacho, tal vez su heredero, de “cantor de un tango insolente, hiciste que a la gente le duela tu dolor”.
Nos duele el dolor del Polaco y de su ausencia. Si nos paramos a mirar la vida debajo de una luz de almacén, seguro que nos invade un perfume de yuyos y de alfalfa que nos hace extrañar más su misterio sureño y desafiante.
Y a veces, la angustia nos invade porque solo nos queda su nombre flotando en el adiós. Arena que la vida se llevó…

Autor: ALFREDO LEUCO.

lunes, agosto 26, 2019

MURIÓ EL COMODORO (R ) MIGUEL VICENTE GUERRERO, PADRE DEL PROYECTO "CONDOR II".



MURIÓ EL COMODORO (R ) MIGUEL VICENTE GUERRERO, PADRE DEL PROYECTO "CONDOR II".
El oficial de la Fuerza Aérea comandó el proyecto misilístico desactivado por Menem en 1990 por exigencia de EEUU y Gran Bretaña.
Dos avisos fúnebres aparecidos en La Nación esta semana dieron la noticia: había muerto el comodoro Miguel Guerrero. Uno de la Asociación de Pilotos de Caza de la Fuerza Aérea y otro del Rector de la Universidad del Salvador, recordándolo como ex-decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología.
Nacido en San Juan, antes y después de la derrota en la guerra de Malvinas, Guerrero fue el cerebro del proyecto misilístico conocido como Cóndor II, que estaba bajo el mando de -el también hace unos meses fallecido- brigadier Roberto Petrich, ingeniero aeronáutico, a cargo de muchos de los proyectos de vanguardia de aquellos años de la Aeronáutica local.
Finalizada la Guerra de Malvinas, donde la fuerza tuvo su bautismo de fuego y se desempeñó con gran profesionalidad, además de destacado coraje, perdiendo muchos pilotos en misiones de combate frente a un enemigo poseedor de la mayor tecnología y capacidad armamentista de última generación, frente a los ya antiguos Skyhawk, Dagger, o Mirage. Pese a la abismal diferencia, el ingenio y el arrojo de los pilotos argentinos le produjo relevantes daños a la flota inglesa, alcanzando el reconocimiento mundial e, inclusive, de los propios británicos.
Como consecuencia de esto, a fines del gobierno de facto se tomó la decisión política de acelerar la producción de un arma que tuviera alcance suficiente para convertirse en una amenaza y achicar así la enorme brecha militar entre un país de la OTAN y la Argentina, obligando a Gran Bretaña a sentarse a negociar por el costo militar que le implicaría poseer en las Islas defensas antimisiles de largo alcance.
Bajo la dirección y responsabilidad del brigadier Ernesto Crespo se avanzó en el proyecto misilístico argentino, iniciado en 1979, con un centenar de oficiales, técnicos y científicos en el bunker construido en Falda del Carmen, en la serranía cordobesa.
Fue el secreto mejor guardado bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, donde se logró su desarrollo, hasta su desmantelamiento apenas comenzó la administración de Carlos Menem, donde tanto el canciller, Guido Di Tella, como el ministro de Economía, Domingo Cavallo, fueron los artífices de la cancelación del programa a instancias de Estados Unidos.
Vale rescatar al entonces ministro de Defensa, Erman González, que hizo todo lo posible por retrasar o paralizar esa “liquidación” de aquel producto de la inteligencia y la capacidad tecnológica nacional.
Quien quiera profundizar en el tema debería leer el magnífico libro sobre el nacimiento y muerte del proyecto tecnológico más relevante de estas últimas décadas, de los periodistas Eduardo Barcelona y Julio Villalonga: “Relaciones Carnales. La verdadera historia de la construcción y destrucción del Misil Cóndor II” (Planeta, 1992).
Recordar a Guerrero, a quien tuve el honor de conocer, es resaltar a este afable sanjuanino que en 1964, siendo alférez, viajó becado a Estados Unidos y regresó luego para graduarse en 1974 en tecnología misilística en la Instituto Tecnológico de Massachusetts, el reconocido MIT, obteniendo el segundo lugar de mérito en su promoción sólo por debajo de un militar chino.
Como bien queda manifestado en el libro “Alfonsín, mitos y verdades del padre de la democracia” (Aguilar 2013), de Oscar Muiño, el proyecto del “vector”, a principios de 1989, estaba en su etapa final, lo que produjo preocupación en los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Washington presionaba no para desarticular el proyecto sino para controlarlo. En 1990, durante la presidencia de Menem, la exigencia de ese control se agudizó a través del embajador Terence Todman.
La decisión política del gobierno argentino fue el desmantelamiento total del Proyecto Cóndor (como reclamaba Londres), sin negociar a nivel estratégico nada a cambio. “Los norteamericanos nos pedían un pan y les entregamos la panera” gratis, repetían Petrich y Guerrero.
Argentina sufrió a partir de 1982 el embargo internacional de armamento, haciendo que hoy tengamos las Fuerzas Armadas más escuálidas de la región.
Pero aún más indigno fue lo sucedido con el comodoro Guerrero, quien luego de prestar todo su conocimiento y saber para desarrollar el misil, cumpliendo órdenes del Estado argentino, fue pasado a retiro en una decisión similar a un castigo (como también fueron desarticulados los equipos de técnicos y científicos). La Argentina es el único país que sanciona y desperdicia a un oficial de alta capacidad por haber logrado el éxito en su misión.
Valga la paradoja, al poco tiempo de su retiro, el propio embajador Todman le ofreció un relevante puesto académico en una universidad norteamericana para poder aportar sus conocimientos. Guerrero rechazó la oferta y se incorporó a la Universidad del Salvador donde volcó su saber como docente y luego como Decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología.
En un país, por naturaleza ingrato, quisimos que el nombre y la labor del comodoro Guerrero no pasara inadvertido, cuando por el contrario debería haber sido resaltado desde lo más alto del poder político por su capacidad puesta al servicio de su país. Una nación que olvida a sus mejores hombres está destinada a un fracaso inevitable.

Fuente de información e imagen: Instituto Nacional Newberiano  - Facebook.

Decía Clarín: miércoles 11 de Julio de 2017.

Destacados en rojo. Agrandar para ver mejor.

Presidente Macri, usted no es el dueño de la república por Julio Barbaro.

¿Qué pensará el Obelisco viendo que unos piden comida para su hambre y luego vienen los otros, conocidos y parientes de los que les sacaron la comida a pedirles que los voten? Se pueden decir muchas cosas. No se puede negar que Macri nos deja una realidad infinitamente peor a la que recibió y que de nuevo, como Martínez de Hoz y como Cavallo, incrementó a la par la deuda y la miseria. Eso es robar con las grandes empresas y los bancos. Suelen llevarse más dinero que con los cuadernos: es otro nivel de la tecnología del saqueo y del daño a la patria. Quedan algunas obras, pero no guardan proporción alguna con la masa de dinero que se llevaron.

Luego viene la república de la que ellos dicen ser los dueños, definiendo a los otros como el robo y el caos. Lo de los cuadernos y la ley de medios fue nefasto. Cuesta asumir y entender que lo de Macri y su banda haya sido infinitamente peor. Pero lo logró. Prometió lluvia de inversiones y terminó generando una deuda impagable y robando además el 20% de todo salario, a veces más. Deuda, miseria e inflación descontrolada: eso se llama "fracaso a toda orquesta". Cerraron empresas y comercios en multitud, hubo pérdida de empleo y baja desmesurada del consumo, y Macri todavía nos dicen que "estamos en el camino correcto". Es perverso. El Presidente ama la concentración económica, desprecia al pequeño y mediano productor o comerciante y expulsa a sus dirigentes más lúcidos. Habla de las instituciones como si fueran más importantes que la dignidad de los ciudadanos.

El ciclo de Macri está terminado. Vamos a cambiar un dirigente del fútbol por un docente universitario, y eso ya es bastante. El Gobierno sigue con la cantinela del miedo a Cristina Kirchner y a La Cámpora. Ambas razones sirvieron antes: hoy todos han madurado y CFK demostró una flexibilidad y una grandeza que Macri ni entiende de qué se trata. La ex Presidente convoco a sus críticos, como Alberto Fernández o Sergio Massa; Macri expulsó a los leales, como Federico Pinedo y Emilio Monzo. Las consecuencias están a la vista: ella creció y el Presidente termina su ciclo con una decrepitud excesiva. Sembraron el miedo y ahora Alberto crece en sus definiciones tanto como Mauricio se reduce en sus reiteraciones.

Insisten con el temor al otro, una manera de asumir la carencia de virtudes propias. Perdieron en todas las provincias. ¿Cómo imaginaban ganar en la nacional? Un mecanismo de negación exagerado; se viven como una clase exitosa que no soporta la pobreza del resto de la que sin duda son responsables. Hablan de que "nos abrimos al mundo", pero hasta ahora salvo deuda esa supuesta apertura no produjo nada positivo. Aceptemos que los anteriores merecían la derrota por su soberbia y su fanatismo, y que era difícil imaginar que Macri pudiera ser tan dañino que los superara en el rechazo. Es el gobierno de los ricos a los que no les importa la situación de los pobres. No son liberales: son anarquistas ricos que intentan poner el Estado al servicio de sus propios negocios. Lo lograron: ahora, por favor, asuman que nadie cuerdo que no pertenezca al mundo de los vencedores pueden terminar regalando su voto al verdugo.

Los ayuda que mucha clase media en caída actúa como si no tomara conciencia de a quién debe apoyar para lograr sobrevivir. Insisto que para los que hoy gobiernan hay solo tres clases: los grandes ricos, los que trabajan a su servicio, y los que se caen del sistema. No imaginé que Cristina retornara al poder y lo logró. Eso sí, me animo a vaticinar que Mauricio Macri difícilmente retorne a Boca: ya hace rato que quedó al desnudo la perversidad de su propuesta. Y lo importante: la unidad nacional que no fuimos capaces de forjar entre todos se impone hoy como fruto de la desesperación. Varias veces le dije al actual Presidente: "O convocan a la unidad desde el poder y trascienden o lo hacen desde la debilidad y ya será tarde". Durán Barba le dijo otra cosa, y estos mueren abrazados a esa "otra cosa". Frente a la derrota salió a la luz toda la mediocridad. Como supo decir un sabio, "No es cierto que el poder corrompa, el poder delata". Verlos ahora marca la profundidad de ese concepto.

De un puestito en la cancha de Racing a producir dos millones por día: la historia de la familia que creó el alfajor más popular del país.

De un puestito en la cancha de Racing a producir dos millones por día: la historia de la familia que creó el alfajor más popular del país.
Nació como una empresa familiar de la mano de un inmigrante gallego que en la década del '40 dejó todo para dedicarse a la producción de una de las golosinas que más consumen los argentinos. Así creó Guaymallén. Los comienzos de la fábrica en Mataderos, el crecimiento imparable y la fórmula de sus actuales dueños para afrontar los vaivenes de la economía nacional.
Por Julián Zocchi.

One moment", le dice el Chino Maidana a Jim Gray, el comentarista de la cadena Showtime y saca un alfajor Guaymallen. El presentador le tira un manotazo al envoltorio para evitar lo inevitable: un PNT que, según los especialistas, tuvo un costo de un millón y medio de dólares. Maidana acaba de terminar una pelea épica frente a Floyd Mayweather Jr y decide agradecerle a la marca que lo bancó cuando no era nadie: "Sinceramente, no fue algo premeditado. Y, cuando le pregunté por qué lo había hecho, me dijo que por agradecimiento. Cuando el Chino estaba empezando yo le pagaba un sueldo para que tuviera un ingreso fijo", recuerda a Infobae el dueño de una de las firmas de alfajores más populares del país, Hugo Basilotta.
Es cierto, aquel 3 de mayo de 2014 la célebre golosina nacional estuvo ante los ojos de al menos treinta millones de espectadores que siguieron la pelea en todo el mundo, pero su historia data de mucho antes. Guaymallen es una empresa que ya cuenta 74 años y, lo que ahora es un monstruo que produce dos millones de alfajores por día, comenzó en una pequeña confitería de Sarandí.
Antes de Basilotta, Maidana y Las Vegas hubo un inmigrante gallego llamado Ulpiano Fernández (suegro de Hugo Basilotta y el padre de Cristina Fernández, la actual titular de la empresa) el hombre clave en esta historia. ¿Cómo comenzó todo? "En la década del 40 mi suegro era corredor de ramos generales pero a los 35 años se aburrió y decidió renunciar a su trabajo. Entonces lo vio al cuñado, que era un tremendo confitero, y se pusieron a hacer alfajores. Ahí arranca todo", tira la primera punta Hugo Basilotta, que nos acompaña a reconstruir esta historia.
"Ulpiano tenía una gran mentalidad empresarial y enseguida vio el negocio", continúa. En aquel momento, Fernández y compañía comenzaron a envolver los alfajores –toda una novedad– y rápido pensaron en producirlos de manera industrial. ¿El primer salto? En 1945, antes de que llegara al poder Juan Domingo Perón y comenzara el festival del consumo, Fernández se agrandó y compró un primer terreno de mil metros cuadrados donde se levantó la primera fábrica.
A la excelencia gastronómica de su cuñado para producir un alfajor de una gran relación entre precio y calidad, Fernández le fue poniendo su visión marketinera. De repente, empezaron a verse los camioncitos repartidores con la leyenda "Guaymallen" por toda la ciudad. En 1950, Ulpiano instaló un puesto de alfajores en la popular de la cancha de Racing que iba camino a ser el Tricampeón del fútbol argentino. Una foto en blanco y negro retrata a un Fernández de tiradores, junto a su mujer y sus tres hijas en el Cilindro de Avellaneda que había estrenado ese año. La niña que tiene en brazos es nada menos que Cristina, su pequeña hija que hoy preside la firma.
Pero fue en 1983 que la marca cimentó definitivamente su estructura entre las clases populares. "Ese año aparecieron unos vendedores ambulantes por la planta y se llevaron unas cien cajas -recuerda Hugo- Fue un antes y un después". A partir de ese momento, la fábrica de Mataderos –que hoy tiene 8000 metros cuadrados– vería cómo salían 500 cajas por día para inundar trenes, colectivos, las veredas del Once y cada rincón de la Argentina.
"En el 85 se vendían veinte por un Austral", calcula Basilotta que viajó a Alemania a buscar máquinas para mejorar la producción de la fábrica. "Pero a mi suegro no le convencía el precio. Nos empezamos a pelear: '¿A mí me querés explicar cómo hacer alfajores? ¡Yo salí de adentro de un alfajor!', me decía. Y me echaba, pero al rato me iba a buscar de nuevo. El nunca nos regaló nada, mi mujer y yo tuvimos que aprender todas las etapas de la producción del alfajor", recuerda.
Ulpiano Fernández falleció hace ocho años, "y estuvo en la fábrica hasta los 95, un año antes de morir", pero dejó un legado que ya apunta a ser una empresa de tres o cuatro generaciones. Hoy Cristina Fernández, la hija de Ulpiano, y Basilotta están al frente de la firma. Pero los acompañan sus cuatro hijos: "Y ya se sumó uno de mis nietos de 18 años", se jacta el empresario. Como si no tuviera pergaminos, ahora Guaymallen va por un nuevo desafío: en medio de la crisis económica, la marca apuesta a aumentar su producción de dos a tres millones de alfajores por día.
UNA FIRMA QUE NO PARA DE CRECER.
Buenos Aires, 2019. "Mucho volumen, poca rentabilidad", repite Basilotta en voz alta, como si se tratara de una fórmula matemática infalible: "Que vengan de a uno los economistas: nosotros ganamos en la cantidad, tenemos una rentabilidad baja, de un cinco o un seis por ciento, que es lo que hacen las Pymes en todo el mundo", desafía.
Basilotta calcula que los argentinos comen más de diez millones de alfajores por día. Y dos millones salen de su fábrica (¡unos 24 millones de alfajores por mes!). Por eso, a contramano de los tiempos que corren, Guaymallen invirtió dos millones de dólares para abrir una nueva planta de producción de alfajores en Carlos Spegazzini: "Nosotros no tomamos crédito, no nos gusta. Lo que hacemos es reinvertir la ganancia. El predio de esta nueva planta lo compramos hace cinco años y lo fuimos construyendo de a poco. Lleva más tiempo pero son inversiones genuinas", explica el empresario que además planea contratar cien personas para llegar a los tres millones de alfajores diarios.
"Tenemos doscientos operarios que trabajan todo el día: nuestras máquinas no descansan nunca", sigue Basilotta que empezó a trabajar en la planta de Mataderos hace 45 años junto a su mujer. "Don Ulpiano nos hizo pagar el derecho de piso, pasamos por todos los puestos", asegura.
-¿Se puede hablar de una PyME familiar cuando produce dos millones de alfajores por día y tiene doscientos empleados?
-Es que trabaja toda la familia. Mi mujer y yo estamos de diez a trece horas adentro de la fábrica porque los números son muy finos, entonces tenemos que trabajar. Tenemos dos plantas que trabajan las 24 horas y, a pesar de eso, tenemos 20 días de atraso en las entregas.
-¿Si todos sus proveedores subieron los precios, cómo hace usted para mantenerlos?
-Tenemos dos o tres proveedores de materia y prima y les peleo los precios a muerte. Uso el dulce de leche Vacalin, el mismo que llevan los alfajores de 50 o 60 mangos. Pero ojo, yo le compro 600 toneladas por mes. Es más difícil saber comprar que saber vender.
EL NUEVO HOMBRE DETRÁS DEL ALFAJOR.
El continuador de Guaymallen es todo un personaje y tiene una vida de película. Ante todo, Basilotta es un porteño de ley. De esos que patearon la Buenos Aires que no dormía y vieron las veladas de boxeo más importantes del Luna Park. Un detalle: Hugo fue íntimo del mandamás del mítico palacio del boxeo, el famoso Tito Lectoure. De ahí su vínculo cercano con los boxeadores. Y no solo fue patrocinador de Maidana: otro de los campeones que acompañó Basilotta fue a Juan Martín Látigo Coggi: "Mi debilidad siempre fueron los noqueadores", acepta.
Además de haber visto a Sugar Ray Leonard, Mike Tyson y al inmenso Muhammad Ali en 28 visitas a Las Vegas, el empresario es fanático de Vélez y se dio el gusto de dar la vuelta Olímpica en Japón junto a su hijo cuando el Fortín de Liniers fue campeón intercontinental.
Pero, más allá de sus viajes al exterior, Basilotta se define como un amante de la Argentina y jura que Guaymallen defiende el mercado interno a muerte: "Somos argentinos a morir, nosotros no exportamos casi nada, producimos para abastecer a nuestro país. Por estos días, un alfajor es fundamental para muchos chicos que es lo más nutritivo que tienen para desayunar, merendar o cenar", asegura el hombre que hace unos días fue el único empresario que respondió ante un pedido de ayuda en Twitter para un comedor: "Yo ayudo a todos los comedores y merenderos que me piden. A veces mandamos alfajores al norte del país y es una satisfacción enorme verlos felices con un alfajor. ¿Te acordás lo que era cuando te daban un alfajor en tu niñez?".
-Hace unos días la ex presidenta Cristina Fernández habló de las marcas "Pindonga" y "Cuchuflito" y muchos se preguntaron si usted se ofendió…
-No, para nada, porque el mío no es ni "Pindonga" ni "Cuchuflito", es una marca muy querible que tiene 74 años, que pasó todas las crisis y sigue creciendo. Yo estoy más allá de las grietas, siempre apoyé a todos los presidentes. Eso sí, tenía una debilidad por Raúl Alfonsín.
-¿Podría explicar cómo se hace en la Argentina para tener una firma de 74 años sin morir en el intento?
-Es que no cualquiera es industrial. Un industrial sabe que a veces se gana y a veces se pierde. Probablemente ahora estemos perdiendo, pero somos una familia y no podemos irnos del mercado. Ahora tuvimos una devaluación de un 25 por ciento, pero mis productos nunca suben como la inflación porque dejaría de estar al alcance de mi gente. Ya pasamos muchas crisis pero siempre mantuvimos la relación precio calidad.

¡O me matás o te mato! por Jorge Castañeda.-

Como todas las mañanas Mariano Villalba salió en su caballo a recorrer el campo. El gran bajo del Gualicho, una de las mayores depresiones de la Patagonia, con su vegetación achaparrada pero tupida, parecía iterar la rutina cotidiana de observar la hacienda y los alambrados
Sin embargo, el hombre intuía que ese no iba a ser un día como tantos. El instinto desarrollado en esas inhóspitas latitudes le advertía que algo singular habría de suceder.
Esa mañana, después de tomar algunos mates y de ensillar el picazo se aseguró de llevar consigo el “eskiltuna”, ese infaltable compañero útil para casi todas las tareas rurales.
Los perros inquietos pero confiados se adelantaron al trote manso del caballo.
Las jarillas todavía verdes y crespas saludaban el paso acostumbrado del paisano. Allá la mancha de algún molle o las temibles espinas del alpataco de raíz sinuosa y rampante eran señales claras de que en el monte hay que andar siempre con cuidado.

-Estoy de guelta pa las doce- se oyó decir a sí mismo Mariano luego de observar con si mirada siempre atenta el entorno, por conocido ya familiar y predecible. El caballo casi también por costumbre al trote cansino cumplía de memoria el oficio para el que estaba enseñado llevando el rumbo sin equivocarse.
De repente el instinto del hombre acostumbrado al medio observó con cierta preocupación el vuelo circular de algunos cuervos lo que indicaba sin lugar a dudas los despojos de algún animal, y Mariano se dijo caviloso: de nuevo el puma, bicho dañino.
Los perros alertados, sintiendo ya en su sangre la presencia del temible predador comenzaron a correr en pos de su presa, como en otras ocasiones anteriores y que su memoria guardaba con temor y con prudencia.
Siguiendo el rastro Mariano Villalba, puestero del bajo Gualicho, dijo: -¡O me matás o te mato!!

Y apuró el trote de su picazo que estaba desconcertado por el cariz que presentaba la ocasión.
El hombre supo que sus fieles perros había alcanzado la presa. Los supo por experiencia. Cuando llegó al lugar vio a la leona –se trataba de una hembra- empacada junto a unas ramas de matasebo, arañando el aire con sus garras amenazantes.

El paisano seguro de sí mismo disparó un bolazo de las avestruceras pero al errar el tiro el animal escapó seguido por los bravos perros que le acosaron en círculos enloquecidos. 
Intentó entonces tomarlo del tronco del rabo buscando la posición favorable para después poder entrar el filoso acero del cuchillo en el corazón del animal.
Pero, cosa inesperada, tal vez por haber aflojado algunos de los perros el felino se abalanzó sobre el hombre y se enredaron en una furiosa lucha cuerpo a cuerpo, recordando Mariano su frase, ahora trágicamente cerca -¡O me matás o te mato!!

Un terrible mordiscón de la bestia le bajó medio labio y las afiladas garras abrieron heridos sangrantes en varias partes del cuerpo del hombre que se resistía a morir sacando de su interior fuerzas sobrehumanas. Al tropezar en una piedra ambos cayeron abrazados hasta que forcejeando otra vez se alzaron en pie como dos gladiadores en los montes del Gualicho.
En un supremo impulso que redobla sus últimas fuerzas Mariano Villalba con sus fuertes manos tomó el cogote de la leona y comenzó a apretar, apretar y apretar, hasta sentir que el animal se aflojó y con su mano derecha ya libre aprovecho la ocasión para hundirle el cuchillo en un corte profundo desde el pecho hasta la garganta.

La fuerza incontrolable del hombre acabó despenando al puma cuyo cuerpo exangüe tiró arriba de una planta de molle, como una ofrenda que explica que la vida no es fácil para los que viven en la estepa patagónica.
Sin pensar en muchas cosas montó su picazo para cubrir al galope las dos leguas que lo separaban del puesto, al cual llegó casi desangrado y en un estado casi total de desfallecimiento.
Su mujer no podía creer que había peleado mano a mano con el temible león.

En ese estado de gravedad es llevado por un poblador vecino en su camioneta al hospital de Choele Choel en el Valle Medio donde le realizan las curas de rigor y hoy avecinado en Valcheta suele contar con cierta emoción el relato de su encuentro con la leona.
Historia de hombres y mujeres de la estepa patagónica que muchas veces como mariano Villalba son puestos a prueba en circunstancias decisivas.
Por eso cuando rememora el hombre aquella ocasión musita por lo bajo: ¡O me matás o te mato!!

Publicado en Diario "Río Negro", lunes 26 de agosto de 2019.