GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

lunes, marzo 22, 2010

REGINA PACINI de ALVEAR.


Regina Pacini nació el 6 de enero de 1871 en Lisboa, hija del barítono italiano Pietro Pacini (director por entonces del Teatro San Carlos en la capital portuguesa) y la andaluza Felisa Quinteros. Junto a María Barrientos, Josefina Huguet, María Galvany o Elvira de Hidalgo fue la gran dominadora de la escena operística internacional en los años finales del siglo XIX y los inicios del XX. En 1905 y 1906 grabó una serie de discos con arias de Verdi, Gounod, Bellini, Mozart, Puccini, Rossini, Thomas, Chapí, más canciones italianas y españolas que fueron recuperadas hace unos años por el sello barcelonés Aria recording en el doble disco.


En 1907, se casó con el Dr. Marcelo Torcuato de Alvear, quien habría de convertirse en presidente de la República Argentina entre 1922 y 1928, y dejó la escena.


Regina Pacini fue poseedora de una bella voz, clara, extensa, aflautada y dotada de excepcional agilidad y flexibilidad; distinguida afinación con trinos y pizzicatos purísimos y un timbre penetrante. Junto con la gran María Barrientos dominaron durante el último decenio del siglo XIX, el campo internacional de la ópera.La dulzura de su timbre y sus actuaciones en escena contribuyeron en gran medida a cimentar su éxito especialmente en La Sonnambula, I Puritani, Rigoletto, Crispino e la Comare, Lucia di Lammermoor, Il Barbiere di Siviglia y, casi al final de su carrera, La Bohème (Puccini) y Manon (Massenet). En estas dos últimas se reveló como una delicada soprano lírica.Sus grabaciones reflejan una frescura juvenil en el timbre y una sencillez en el fraseo que explican ciertamente su prestigio.En otra faceta de su vida, Regina Pacini fue acreedora de relevantes condiciones personales que le permitieron acompañar al Dr. Marcelo T. de Alvear como esposa noble y serena. Con singular señorío y nunca alterada discreción, supo compartir con él preocupaciones y satisfacciones como primera dama de la Argentina. Con su carácter templado en el conocimiento del mundo y estimulado por la cultura, conoció los halagos del triunfo y los sinsabores de la adversidad, sin que el éxito influyera en su modestia. Vivió muchos años en París y luego en Buenos Aires, donde fue muy respetada y querida.Las honras que el Poder Ejecutivo Argentino le rindió con motivo de su fallecimiento resumen la esencia de su personalidad:"Que sin ostentación y en permanencia, con hondo sentido cristiano y fina sensibilidad de mujer, llegó generosamente y con sencillez, allí donde existiera una necesidad.""Que asoció su nombre a obras que perdurarán en el país como expresión de solidaridad humana.""Que su desaparición acongoja al país, que la admiraba en su serena y ejemplar ancianidad."El lunes 20 de septiembre de 1965 [había muerto dos días antes], un orador la despedía con estas palabras: "[...] Amor en tu vida y en tu muerte, Regina Pacini de Alvear".En la nota de homenaje que publicó La Nación de Buenos Aires se refleja todo el aprecio y el respeto que la República Argentina le profesó:"Dulce, suave dominio el ejercido por Regina Pacini, cuyo nombre y cuyo recuerdo nos evocan una de las escenas inolvidables del cinematógrafo de todos los tiempos: aquella de El fin de los días en que los viejos actores sueñan en la noche y oyen los aplausos de veladas triunfales.¿Quién que sintió la emoción de esas imágenes y esos sonidos no la asoció a la Casa del Teatro, el hospitalario refugio levantado por virtud del empeño de la que, descendiente de gentes que se distinguieron por sus hechos notables o por su sensibilidad, y esposa de un presidente de la República Argentina, nunca olvidó a sus hermanos?


Tal vez, en las noches finales de la Elvira, cuando hasta el dormitorio de su dueña subía el denso perfume de las rosas, la que dormía, y hoy duerme para siempre, no haya escuchado aplausos en sus sueños –ni los suyos ni los que pertenecieron a su compañero– sino una voz argentina, una voz querida, una voz inolvidable que le decía: '¡Gracias, Regina!'".

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