GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

lunes, julio 16, 2012

Anecón Grande, un paraje detenido en el tiempo.

LINEA SUR RIONEGRINA.

ANECÓN GRANDE.
Está ubicado a 30 km de Clemente Onelli, en la estepa rionegrina.
Hace siete años sufren la sequía y padecen aún las cenizas del Puyehue.

Si no fuera por el contraste que ofrece una netbook en medio de la casita de adobe, se podría decir que en Anecón Grande el tiempo no ha pasado. De todas maneras, la presencia de una computadora es accidental, justo este fin de semana el mayor de los Díaz -que recibió una netbook del plan Conectar de Nación-, vino a pasar el fin de semana con su familia: él como algunos otros jóvenes y niños del paraje viven y estudian en las escuelas albergue de la zona.
Anecón Grande se encuentra a unos 30 km de Clemente Onelli, también un humilde caserío donde según el último censo nacional, habitan unas 99 personas.
El camino hasta el paraje es de ripio hostil y en esta época del año sólo se puede acceder con vehículos 4x4 o a caballo por los pozos y el barro. El trayecto es lento, serpenteante, y se va introduciendo por valles adornados de arbustos pequeños y secos. Si es un día sin viento, sorprende el silencio, sin trinar de pájaros o algo que recuerde que no es una fotografía estéril lo que se está viendo. Esa sensación de desamparo se acentúa con la imagen de la casita de adobe en medio del campo abierto.
Como el paisaje, la gente de este lugar es silenciosa, educada y habla sólo lo necesario, nunca demás. Los chicos no gritan ni desobedecen, y cuando hablan los adultos, "no vuela una mosca", comenta una de las mujeres.
La distancia entre casa y casa es de al menos 1 km. No tienen gas, ni energía eléctrica, ni baño -sólo letrinas afuera de la casa- y la gente toma agua de vertientes naturales que aparecen desafiando la aridez de la estepa. En el paraje viven 14 familias y el promedio de hijos supera los cinco. Cuentan con una escuela rural y un agente sanitario. La mayoría de las casas tienen dos ambientes: uno que oficia de comedor, cocina y sala de estar, y otro de dormitorio.
Desde hace siete años los pobladores vienen sufriendo la sequía. El sustento de las familias es la cría extensiva de ovejas o chivos, algunos animales de granja y pequeñas pensiones o jubilaciones del estado nacional. También, dependen de la leña del Plan Calor, que este año trajo poca y con retraso.

El impacto de las cenizas.
Un informe reciente elaborado por investigadores del Conicet, las Universidades de Canterbury (Nueva Zelanda) y Cambridge (Reino Unido), advirtió que la estepa patagónica de la zona de Comallo y Jacobacci es la zona más afectada por las cenizas del volcán Puyehue en términos del salud de la población, por la remoción eólica de la ceniza fina que se encuentra y estará por mucho tiempo. Incluso sugiere monitoreos exhaustivos y permanentes sobre el aire.
En la ganadería, se registran pérdidas de hasta el 60 -y 80% en algunos casos, relata la misma gente- dato que no es menor cuando se trata de la base de una precaria economía de subsistencia. Los pequeños subsidios del estado no alcanzan para sobrevivir y las familias tampoco tienen resto para reinvertir y comprar animales.
Luego de la erupción llegó algo de ayuda para el campo, pero, aseguran, no fue para todos. "Cuando cayó ceniza esa ayuda fue para los que más tenían, los que tenían menos no recibieron nada, hay gente que tenía poquitos animales y se murieron todos", dice Teresa Parafil, lonco de la comunidad mapuche que habita el paraje. La familia tiene paneles solares y la casita, se podría decir, es una de las mejores acondicionadas.
Teresa cuenta que muchas veces estuvieron mal, pero que no recuerda haber estado en esta situación alguna vez. Relata cómo fueron perdiendo los animales y los ojos se le ponen brillosos.
"La gente está muy triste, hace un año que vienen viendo cómo pierden todo. Los animales eran todo su capital, vivían todo el año de esos animales, se vestían, comían y compraban forraje, tiraban. Hoy no tienen nada", dice Alfredo Pérez, el sargento primero de la comisaría de Onelli.



El policía... el amigo.
Alfredo Pérez es sargento primero de la comisaría de Clemente Onelli, pero también es un poco padre, asistente social, psicólogo y consejero. No suele vestir el uniforme -sólo la campera que dice "Policía de Río Negro"- y asegura que el calabozo no se utiliza hace 20 años. Es que en este lado del mundo, los problemas son otros.
Aunque no es su competencia, Alfredo recorre todo el paraje de Anecón y conoce cada historia, el nombre de cada miembro de la familia y hasta las edades de los chicos.
Sin duda sería más difícil la vida sin Alfredo. Además de asistir a las familias, es el contacto y coordinador de todas las colectas y ayudas solidarias que llegan para el paraje.
"Soy el hombre más feliz de la Tierra cuando viene gente solidaria de afuera a ayudar. Me lleno de orgullo. La verdad estoy inmensamente agradecido, muchos vienen a hacer campañas y los espero con los brazos abiertos", dice emocionado.
Desde octubre del año pasado Alfredo tiene el móvil roto y no puede recorrer ni asistir a la gente de la zona. Durante estos meses ahorró el dinero del combustible que no pudo utilizar y con eso pagó parte del arreglo. El resto se juntó con lo recaudado en una peña organizada por él.

Anecón Grande, un paraje detenido en el tiempo.

Solidaridad no falta, leña sí.


Ana Curilén escuchó el ruido de camionetas y se ilusionó. "Me puse contenta, pensé que me traían la leña", dice, entre la decepción y el pudor por el rapto de sinceridad, cuando llegan Alfredo Pérez y un grupo solidario de La Angostura que trae ropa, abrigo y víveres para distribuir en el paraje.
Pese a que no era leña, Ana igual regala un gracias y una sonrisa amplia cuando le encuentran un par de zapatos que le andan.
En el tacho arrimado a la cocina hogar le quedan unas pocas ramas que a lo sumo alcanzarán para dos horas de calefacción. Ana está ciega y vive con su esposo Fermín Manquelef, también de unos 80 años, que está perdiendo la vista. Cuenta que de 200 chivos que tenían antes de la erupción, le quedaron 20.
"Este año que estamos más pobres que nunca no nos traen leña. Las chivas son pocas, si las carneamos nos terminamos todo. No sé qué vamos hacer", dice.
Para soportar los más de 15 grados bajo cero que suelen registrarse en esta época, queman lo que sea: desde la basura hasta ropa usada y vieja.
Oscar Díaz, padre de 9 hijos y abuelo de una pequeña nieta de meses, recorre kilómetros para conseguir algo para quemar en el hogar. "Este año vino menos leña que otros. Ya no me queda nada y ahora son los peores fríos. Ando una legua y media por día para traer algo de michay o mataperros, que no es leña que dure mucho. La traigo al hombro", cuenta.

Fuente de información e imágenes: Diario "Río Negro", domingo 8 de julio de 2012, página 37.
Cobertura de la nota: Mariana Fernández.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La diferencia de opiniones conduce a la investigación, y la investigación conduce a la verdad. - Thomas Jefferson 1743-1826.