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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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miércoles, agosto 18, 2021

De Lisboa a Bs As. La artista lusitana que se enamoró de un dandy argentino y se convirtió en primera dama.


El 6 de enero de 1871, día de la Epifanía, pero más conocido como “de los Reyes Magos”, Buenos Aires fue invadida por la tristeza. Durante la jornada, la peste mató a noventa y cinco personas. Era el vómito negro, la fiebre amarilla, que en aquel semestre trágico se cargó la vida de quince mil porteños.

Mientras tanto, en Lisboa, ese día de Reyes nacía una niña que fue bautizada con el nombre evocativo para la fecha: Regina. Su padre Pietro (barítono) y sus bisabuelos Isabella (soprano) y Luigi (bajo) habían sido cantantes líricos. La niña había heredado el talento de los Pacini y cuando murió Pietro en 1882, la familia resolvió que Regina cantaría de manera profesional.

Como correspondía en este tipo de sucesos, el camarín de la joven diva se pobló de regalos. Desde el prendedor con brillantes y perlas que le obsequió el presidente Roca, hasta el anillo “con gran solitario” acompañado de la tarjeta M.T.D.A., con el cual Marcelo T. quiso romper el fuego. Pero ella o Felisa Quintero, su madre, lo enviaron de vuelta al remitente.

Esto no lo desanimó. Asistió a cada función que dio la cantante. Le envió al camarín flores, alhajas y perfumes. Se preocupó por cruzarla en cada reunión social. Regina –y su madre– daba un paso y ahí estaba el seductor Alvear. Pero el plan de conquista no estaba dando los resultados esperados porque la madre de Regina no la abandonaba y la protegía de todos los Marcelos de Alvear del mundo. Por otra parte, la diva sólo aceptó las flores y devolvió cada uno de los regalos suntuosos que le hiciera el dandy porteño.

Admirada y aplaudida: la diva inalcanzable que se enamoró.

La dama se destacaba, sobre todo, por su belleza interior. Sus encantos eran el resultado de ser una mujer admirada y aplaudida en todo el mundo, que se manejaba en los ámbitos sociales con mucha altura y que no llevaba una vida desordenada como podía ocurrir en los casos de algunas divas de aquel tiempo. Regina no había sido concebida para acompañar en la vida a un mediocre. Ya le había destrozado el corazón a un oficial de la dinastía rusa que le había propuesto matrimonio en Varsovia. Un millonario sueco, un noble polaco y otro italiano habían fracasado en sus intentos de cortejarla. ¿Acaso Marcelo Torcuato de Alvear iba a amilanarse? Por supuesto que no: en cuanto la artista anunció que abandonaba Buenos Aires, el crédito local empacó unas pocas cosas y se subió al Cataluña, el mismo barco que abordó la artista. Los días de travesía bastarían, tal vez, para lograr conquistarla.

Sin embargo, no fue suficiente. Marcelo T. pasó varios años de su ajetreada pero millonaria vida asistiendo a conciertos en las principales ciudades del mundo —debe sumarse también una nueva escala artística en Buenos Aires, en 1901—, enviando flores a los camarines de la cantante, diciendo presente en cada momento y también llorando de amor al disfrutarla en los escenarios.

El fierecillo domado porteño encontró en Regina a la mujer de su vida, pero allí estaba Felisa, protegiendo los intereses artísticos y comerciales. Hasta que el sendero se le hizo cuesta arriba porque la Pacini se contagió la pasión de Alvear, en 1903. Y sucedió uno de esos momentos sublimes en la historia del amor: cuando ya había sido proclamada la mejor soprano del mundo, la encantadora Regina abandonó su estelar carrera, las ovaciones de mil gargantas en salas llenas, las invitaciones para cantar en palacios y la adoración de tantos candidatos. Renunció a todo, a cambio de convertirse en la compañera de Marcelo de Alvear.

Lejos del cuento de hadas y el amuleto real de la felicidad.

Su última presentación en Lisboa tuvo lugar el 11 de marzo de 1904, en el mismo teatro donde había comenzado su carrera. Esa noche, recibió los regalos habituales, unos 32 canastos de flores y seis o siete joyas. Pero también algunos obsequios para la nueva casa familiar. De todos modos, faltaba un tiempo para concretar el matrimonio, porque no todo era un cuento de hadas.

El inolvidable Ovidio Lagos, principal e insuperable biógrafo de esta pareja, contó que los parientes Alvear, escandalizados al ver que Marcelo manchaba el apellido al casarse con una actriz, lo apartaron. Según Lagos, las familias más tradicionales escribieron un insólito telegrama refrendado por quinientas firmas y lo enviaron a Europa. Le pedían a su amigo que recapacitara. Regina podría codearse con príncipes y reyes, también ser aclamada en todas las capitales y hasta pasar una tarde de tertulia con las familias elegantes de la Argentina, pero no dejaba de ser una artista.

María Unzué de Alvear, quien había enviudado de un hermano de Marcelo, jamás permitió el ingreso de Regina a su casa. Alvear sufrió una depresión profunda cuando conoció la reacción de sus parientes y allegados.

De todos modos, el amor triunfó y se casaron el sábado 29 de abril de 1907 en Nuestra Señora de la Encarnación de Lisboa. Su sobrino Adams Benítez, hijo de Carmen Alvear, fue el único representante de la familia del novio.

En la víspera de la ceremonia, la reina Amelia de Portugal recibió a la novia en el palacio real. Durante el encuentro, se desabrochó un trébol de brillantes, esmeraldas y rubíes, y se lo entregó a Regina, contándole que había usado esa joya por años y que era su amuleto de la felicidad. Al regalárselo, le deseaba a ella lo mejor para su nueva vida.

Cabe preguntarse cómo una persona que estaba acostumbrada a ser venerada en donde ponía un pie, soportaba el rechazo constante y manifiesto de la familia de su marido. Es muy probable que un carácter débil hubiera desistido. Pero Regina Pacini valía por una legión romana: entregó la gloria artística que tenía servida en bandeja y aceptó soportar el entorno social de Marcelo.

El matrimonio fijó su residencia en París —el novio le regaló a su amada un castillo normando que acondicionaron— y se dedicó a la actividad social más exquisita, amparado por las veintidós mil hectáreas en Trenque Lauquen y otras cinco mil en General Pacheco que proveían el sustento. Marcelo y Regina asistían a los restaurantes de los mejores hoteles, a los principales teatros de Europa y a las más lujosas recepciones.

Volvieron a la Argentina en 1911, apenas diez días, y en 1912, por unos años. Luego, Marcelo fue designado embajador en Francia y regresaron a la vida parisina. Retornaron a Buenos Aires en 1922, cuando él fue elegido presidente.

El Buenos Aires del presidente.

Se instalaron en una casa prestada, la actual Nunciatura, en avenida Alvear y Montevideo. A poco tiempo de haber arribado, Regina recibió la visita de una delegación de la Comisión de Damas que deseaba entregarle un álbum firmado por más de cien señoras de la sociedad porteña, y un inmenso ramo de flores. Sin dudas, los resquemores previos de algunas familias comenzaban a desvanecerse. También en esos días la visitó una delegación del Centro de Damas Descendientes de Exrevolucionarios Radicales (que habían actuado en 1890).

La cantante lusitana concurrió al Salón Nacional de Bellas Artes y compró una pintura de la artista rosarina Emilia Bertolé para decorar su casa. Atendió con entusiasmo la intensa agenda de esas semanas. Fue incorporada a la mesa directiva del Patronato de la Infancia y como miembro honorario de la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres. También, presidenta honoraria de la Liga Argentina de Damas Católicas y agregada al Consejo Directivo de las cantinas maternales.

El 12 de octubre, día de la asunción presidencial, asistió al Congreso por su cuenta. Había decidido que su marido debía acaparar toda la atención y trató de pasar desapercibida. Luego del acto, y mientras Alvear se encontraba en la Casa Rosada con Hipólito Yrigoyen para recibir los atributos de mando, un numeroso grupo de damas concurrió a su hogar para saludarla y felicitarla. Ese día se convirtió en Primera Dama. La última vez que un matrimonio había completado el período de seis años de gobierno fue cuando Roca ejerció la primera magistratura entre 1880 y 1886, acompañado por Clara Funes. Después de ellos, entre viudos y el soltero Yrigoyen, más algunas presidencias cortas por muertes o reemplazos, no se había dado el caso de una Primera Dama de mandato completo.

La cargada agenda de Pacini.

Participaba de los actos públicos acompañando al presidente y, en algunos casos, en representación de su marido. Las crónicas remarcaban su elegancia. Regina lucía diseños exclusivos de las mejores casas francesas. Para los ajustes, contaba con una costurera a la que visitaba en su lugar de trabajo. Regina concurría a diversas actividades culturales y benéficas. O al puerto, para recibir o despedir a visitantes ilustres. Asimismo en ocasiones solemnes como la llegada de los restos del escritor Manuel Güiraldes, muerto en París.

Su presencia no pasaba desapercibida, fuera en el foyer del Colón o en la cubierta del Adhara, el yate presidencial que utilizaban con las formalidades protocolares que exigían la investidura.

Conciertos, recepciones en embajadas e inauguraciones la tenían como protagonista. Era su costumbre llegar entre los primeros a las reuniones y actividades sociales.

En cuanto a las obras de caridad, asumió las responsabilidades con altura y en más de una ocasión aprovechó la intimidad del hogar —a veces, apelando al presidente de la Nación; a veces, simplemente a su marido millonario— con el objeto de lograr beneficios para los necesitados.

Ya había conquistado al público desde los escenarios. Ahora lo hacía desde sus funciones. Como la vez que la Compañía Hamburg Sud le comunicó que el transatlántico Cap Polonio iba a permanecer varios días en el puerto y estaba a su disposición. Regina agradeció el ofrecimiento de la naviera alemana. El gran barco le era de suma utilidad: organizó comidas y bailes a beneficio del Patronato de la Infancia. Se ganó la admiración general y el vacío en el cual la habían colocado, comenzó a llenarse con manifestaciones de respeto.

Mientras tanto, no dejaba de señalarle al presidente su mirada acerca de ciertas personas del entorno. A su manera, lo protegía.

Cuando promediaba el mandato de Alvear, Regina comenzó una cruzada. Quería dotar al país de un espacio que atendiera a los artistas en los años de retiro, como existía en algunas ciudades de Europa y América. La tozudez de la cantante lusitana salvó todos los escollos que se presentaron y, finalmente, luego de doce años de esfuerzo, el 4 de febrero de 1938 se inauguró la Casa del Teatro en la Capital Federal (Santa Fe y Libertad). Dos días después, Regina cumplía años y el mejor regalo que recibió fue la noticia de que esa mañana habían ingresado los primeros ocho huéspedes. Junto a la Casa, aún hoy se encuentra el Teatro Regina con la principal función de recaudar para sostener el pensionado.

En cuanto al nombre de la diva, la residencia que construyeron los Alvear en Mar del Plata se llamó Villa Regina, al igual que la colonia agrícola en el Alto Valle de Río Negro, que fue bautizada en 1924 con el mismo nombre: Villa Regina.

Dejó un recuerdo imborrable entre quienes la conocieron. Su sencillez, elegancia y fuerza de voluntad logró cautivar a todos. Continuó participando de acciones benéficas aun despojada de su título de compañera del presidente.

El matrimonio no tuvo hijos. Alvear murió en 1942. Se encuentra sepultado en el imponente panteón de la familia, en la entrada del cementerio de la Recoleta. Todos los 23 de mes, Regina visitaba la tumba de Marcelo. Le llevaba un ramo de rosas blancas y rojas. Se sentaba en una simple silla blanca y le hablaba. La querida Primera Dama vivió con sencillez hasta su muerte en 1965. Hoy descansa en la Recoleta, inmediatamente al lado de su amor eterno.

Por Daniel Balmaceda.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN", 18 de agosto del 2021.

https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/de-lisboa-a-bs-as-la-artista-lusitana-que-se-enamoro-de-un-dandy-argentino-y-se-convirtio-en-primera-nid18082021/

viernes, julio 13, 2018

María, la hincha croata de Villa Regina.

María, la hincha croata de Villa Regina.

María Arbanas Brozovic llegó a la región en 1923, pero sigue este mundial apostando por su país natal. Conocé la historia de esta mujer que vino a los seis años a estas tierras.



El pase de la selección de Croacia para disputar la final del Mundial Rusia 2018, se vivió con gran alegría a miles de kilómetros de ese país, más precisamente en Villa Regina, donde María Arbanas Brozovic, siguió minuto a minuto el partido que la selección de su país natal disputó ante Inglaterra.
A sus 95 años, María se sentó el miércoles a las 15 frente al televisor con una gorra con los colores de Croacia. Sufrió durante gran parte del encuentro, pero finalmente festejó con el pase a la final.
María nació en 1923 en la localidad de Bribir, en Croacia y a los seis años emigró junto a su madre hacia la Argentina para encontrarse con su padre que desde hacía ya algún tiempo trabajaba como albañil.
Pese a que toda su vida fue en Argentina, siempre tiene una añoranza por su tierra natal, a la que recién pudo regresar durante la década del ‘80 para conocer algunos familiares que residían en Bribir.
“Croacia va a ganar” comenta María, que desde que se inició el mundial no falló en ninguno de los pronósticos, incluso cuando el conjunto balcánico enfrentó al seleccionado nacional. En todos los encuentros María fue por la selección croata.
Aunque no es amante del fútbol, la participación de Croacia en el mundial de fútbol que se está desarrollando en Rusia, sí generó su atención y no se perdió ninguno de los partidos del equipo que capitanea Luka Modric, y no descarta tener algún grado de parentesco con el cinco croata Marcelo Brozovic.
Desde que llegó a la Argentina, nunca pudo regresar hasta que en la década de 1980, junto a su marido, Anatole Massaccesi (97), viajó a Europa donde tuvo oportunidad de regresar al pueblo en el que nació. “La gente de Croacia es muy amable y servicial”, relata al recordar aquel viaje hace casi 40 años atrás.
La historia de María Arbanas Brozovic es muy particular. Su padre emigró durante los años 20 hacia la Argentina, mientras que su madre y ella esperaban novedades en Bribir. Cuando tenía 6 años comenzó su travesía hacia la Argentina en un barco carguero que demoró varios meses en llegar a destino.
Ya en Buenos Aires, a fines de 1929 y el inicio de 1930 estuvo en el Hotel de los Inmigrantes desde donde pocos días después inició otro viaje, esta vez en tren hacia Jachal en la provincia de San Juan. De aquellos años, solo recuerda que en ese viaje tenía hambre. “Cerca nuestro viajaba un hombre con una bolsa de huevos duros y mediante señas le hice entender que quería uno. Nos repartió uno a cada uno” rememora.
En San Juan estudio y junto a su hermano se recibió como maestra normal. Por la ocupación de su padre como albañil que trabajaba para el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, en los primeros años de 1940 llegó a Río Negro, donde recorrió varias localidades de la Línea Sur y el Alto Valle, hasta que finalmente se establecieron en Villa Regina.
Aquí conoció su esposo, con quien se casó unos pocos años después mientras ella era docente de la Escuela Primaria N° 70 de General Enrique Godoy. “Chicho la iba a buscar en caballo o en sulki” apunta Olga Massaccesi, ex legisladora provincial y hermana de Horacio, quien fue gobernador de Río Negro.
“Mis hijos, Eduardo, Olga y Horacio (el ex gobernador rionegrino) tienen sangre croata” apunta María, mientras sostiene en sus manos una muñeca que hace poco le regalaron, la que tiene un traje típico de la mujer de Croacia, y espera que llegue el domingo para nuevamente alentar a su selección nacional cuando juegue la final del mundial ante Francia.
Publicado en Diario "Río Negro", 13 de Julio de 2018.
Fotos: Néstor Salas.

domingo, diciembre 24, 2017

En la Navidad del 25 de diciembre de 2003, el creador de Uei Paesano, “Himno" de los inmigrantes italianos en Argentina NICOLA PAONE moría de pulmonía en un hospital de Albuquerque, New Mexico (USA).

Contrariamente a lo que se supone, Nicola Paone no era italiano. Había nacido en Barnesboro, Pensilvania, 5 de octubre de 1915; aunque luego adoptó la nacionalidad de sus padres, llegados desde Italia a la América de principios del siglo XX. Era hijo de un inmigrante y minero de carbón italiano. Vivió en Sicilia desde los cinco a los quince años, tras lo cual volvió a Estados Unidos. A partir de allí construyó una carrera con la que fue muy famoso, aunque se retiró muy joven.
En 1953 se rueda el film "Uei Paesano" bajo la dirección de Manuel Romero y con la participación de actores como Cayetano Biondo, Fernando Borges, Osvaldo Bruzzi, Susana Campos y Gregorio Cicarelli.

Su tema ícono fue “Uei Paesano”.
Uei paesano, uei uei uei paesano
Uei paesano come stà?
L'italia è piccolina, c'è gente in quantità
E questa è la rovina che non si può campar'
Ogni uno vuole andare al'estero si sa
Per guadagnare del pane per babbo e per mamma
E lascia la famiglia, di casa se ne và
Guadagna il pane e si va perder' la felicità
Uei paesano, uei uei uei paesano.
Nicola Paone, al igual que Feliano Brunelli y Antonio Tormo, entre otros artístas populares, se escuchaban por Radio El Mundo y Radio Belgrano a través de las primeras radios en la Colonia Regina entre los años 1940 a 1950.
Su éxito en Argentina fue enorme, en 1954 condujo el programa La cantina de Paone, junto al cómico “sanatero genial” Fidel Pintos.
En mayo de 1954, Cesco Tomaselli, periodista del importante diario italiano, Corriere Della Sera, contó que funcionarios del gobierno peronista llamaron a Paone para que este ayudase a calmar los ánimos de un disturbio de unas 500 mil personas reunidas en Plaza de Mayo en Buenos Aires. Los funcionarios escondieron a Paone en una ambulancia para llegar a la plaza pasando en medio de bombas de estruendo que explotaban a su paso. El trovador italiano sacó su guitarra y cantó "Uei Paesano" a través del micrófono, pacificando a la multitud.
Fue prohibido por la llamada “Revolución Libertadora” o “La fusiladora” y forzado a abandonar el país.
También tuvo gran éxito en otros puntos de América Latina. También tuvo su sello discográfico y una troupé de artistas de vodevil. Y fue dueño de un muy famoso restaurante en Nueva York.
En 1996 volvió a la Argentina y dijo en televisión: “Per andare in paradiso, dall' Argentina è più corto il cammino” –es decir- “para llegar al paraíso, desde la Argentina el camino es más corto”.
Sus canciones fueron famosas en Argentina en los años 1940 y 1950, donde vendió miles de discos.
En 1998 dejo la administración del Ristorante a su amigo Franco Alfonso y ha sido el mismo quien explico que el derrumbe de Paone no tuvo origen en problemas de salud sino la muerte de su hijo Joe.
Fallece en la Navidad del 25 de diciembre del 2003.

domingo, septiembre 17, 2017

Aquella abuela que albergaba los secretos del lenguaje en su casa de Villa Regina.

Aquella abuela que albergaba los secretos del lenguaje en su casa de Villa Regina.

Recuerdos inspiradores. Una visita al pueblo en el que pasamos momentos entrañables de nuestra infancia despierta pensamientos sobre el poder mágico de las palabras.
Villa Regina es una ciudad del Alto Valle de Río Negro, un paraíso patagónico a donde a principios del siglo pasado llegó una fuerte inmigración italiana que puso su arte y su esfuerzo en los trabajos de la tierra. Regina fue entonces una pequeña Italia, un territorio argentino en el que la mayoría de sus habitantes hablaba en italiano. Esa era la lengua que se oía en las calles, en las panaderías, en la sobremesa de las casas y en las conversaciones que se alargaban en las noches de verano bajo las estrellas o los parrales cargados de uva chinche. Los contratos se arreglaban en italiano, también en esa lengua se contaban los secretos, y las alegrías familiares, y las tristezas más hondas. Lengua, tierra y trabajo. La intensidad del perfume de las manzanas y las peras nacía en las chacras cercanas y llegaba al pueblo, que creció al pie de la sierra.
En el mismo paisaje, sierra y ciudad, tan fundidas que no puede pensarse una sin la otra. El dulzor que venía de la fábrica de sidra impregnaba las calles, era un elixir que ablandaba el aire.
En su casa de Villa Regina, mi abuela italiana rezaba el rosario en español; con devoción pero en una lengua que no era la suya. Cada día, en la penumbra de su cuarto, en soledad, en la urgencia, con una rapidez tan concentrada que las palabras se pegaban unas a otras.
Los labios gruesos se movían rápido en movimientos cortos que iban regulando el aire dentro de su boca. Cerraba los párpados mientras musitaba sus rezos y en cada cuenta del rosario ponía el fervor de las personas que tienen una fe enorme en la palabra. Me recuerdo a su lado, oyendo el susurro de las oraciones. El aire salía de su boca convertido en palabras que me zumbaban alrededor. Tengo el espesor de ese zumbido suyo anidado en mi oreja desde aquellos días. Yo era una niña pero podía verlo, era en esas palabras en las que mi abuela tenía puesta una enorme confianza. Aquella lengua, que no era la suya, era sin embargo la intimidad más pura, y era también el diálogo que se elevaba más alto.
En aquellas noches calurosas hubo veces en que, las dos encerradas en su cuarto, yo confundía el rezo de mi abuela con su propia respiración. Eran momentos de incertidumbre en que yo no podía reconocer en la pesadez de aquella atmósfera penumbrosa de la habitación si eso que yo oía y que quedaba flotando y nos rodeaba los cuerpos eran sus oraciones o era el aire que entraba y salía de su boca. ¿Era una sílaba o una exhalación? Instantes en los que se fundían la palabra y el aire y era imposible separarlos.
Vuelvo muchas veces a esa escena de mi abuela rezando en Regina. Y cada vez que vuelvo entro en el susurro de una lengua que es también la mía pero que aun así no entiendo. No pude verlo entonces pero lo veo hoy, en la ebullición de esas palabras había también angustia. Ella había dejado a sus padres en un país que había atravesado dos guerras, a sus amigos, su pueblo. La certeza de que no volvería a verlos nunca más ahondaría esa angustia. La voz de aquellos rezos no tenía sin embargo la letanía de los oficios religiosos. Era una voz que buscaba la salvación, sí, pero estaba muy cerca de la agitación de los deseos.
Una voz empeñada en avanzar y dejar atrás el dolor. Pero ¿por qué mi abuela rezaba en la lengua de este país en la que ella era una inmigrante? Esa mujer italiana pedía por su propio futuro en una lengua que no era la suya. Tal vez en los nuevos enunciados ella buscaba también nuevos discursos y se alejaba así de las palabras que habían redactado un pasado de ausencias y de pérdidas. ¿Nuevos acentos para una vida que mi abuela desearía mejor? ¿Buscaba que al estrenar ella una gramática la nueva sintaxis desplegara el umbral de otros horizontes? Tal vez creyera que una semántica diferente le traería por fin los signos de la felicidad. Quizás mi abuela sintió que rezar en español era existir en la lengua del otro y por lo tanto ser reconocida por los demás. Tal vez fuera el camino para ser menos extranjera, para olvidar en parte, al menos en aquellos discursos tan sentidos, la extraterritorialidad a la que estaba confinada.
Cada día, las palabras nos ponen de pie, nos hacen avanzar, ir hacia los otros, atravesar las horas. Con la palabra establecemos diálogos con la historia, la filosofía, la ciencia, las religiones. Tratamos de esclarecer y comprender lo que nos preocupa, nos deslumbra, nos resulta oscuro. La lengua nos permite salir de las experiencias más perturbadoras y abordar el inmenso enigma que es el yo, acercarnos al secreto que son los otros, intentar comprender el misterio que somos todos.
Algunas tardes de verano, cuando hacía demasiado calor para quedarse dentro del cuarto, mi abuela me llevaba a la acequia. Bajábamos después del mediodía por una calle de tierra caminando por debajo de la sombra de los árboles que bordeaban el camino. No era sólo por la frescura del agua por lo que me gustaba ir a la acequia. Es que en aquellas tardes en el canal, el rumor que el viento formaba en el agua o entre las ramas más altas de los álamos sonaba igual, exactamente igual, que el susurro de las palabras que respiraban en la boca de mi abuela.
Nuestro futuro no existe sino en el lenguaje. Sólo en nuestras palabras vive el tiempo que todavía no llegó. Sin palabras, tampoco tendríamos futuro. Como mi abuela, algunos días todos libramos una batalla contra nosotros mismos. Son días en que arribamos a una tierra que nos resulta tan extraña que somos allí inmigrantes. Hay en cada uno de nosotros elementos que al interpelarnos nos tensionan y entramos en conflicto. Nuestra historia, el pasado, la educación, los deseos, los sueños, la realidad. Nuestra existencia está condicionada por la posibilidad de desarrollarnos dentro de una lengua. Nuestras vidas, limitadas por las palabras, cuelgan de los hilos del lenguaje. Tal vez mi abuela lo intuyera y por eso algunas veces ella ponía tanto empeño en enseñarme a rezar. Fue la primera en creer que las palabras iban a salvarme. En esa transmisión me legó también el misterio que se oculta en el lenguaje y el silencio. ¿Era fraseo o una inhalación? ¿Cadencia, o la aspiración del aire más pesado? ¿Era poesía o era respiración? ¿O eran uno para ella?, ¿o fueron uno desde entonces para mí?
Angela Pradelli es escritora. Autora de numerosos libros, Premio Clarín Novela 2004.
Publicado en Diario "Clarin", 17 de Septiembre de 2017.-

viernes, julio 28, 2017

Villa Regina, la ciudad cruzada por los nombres de dos primeras damas.

Villa Regina, la ciudad cruzada por los nombres de dos primeras damas.

Durante sus primeros 28 años llevó el nombre de la cantante lírica esposa de Alvear. Pero cuando enviudó Perón pidieron cambiárselo por el de la “abanderada de los humildes”. ¿Quiénes fueron y qué unió a estas mujeres de legado y espíritu fuerte?

Esta semana se cumplió el 65° aniversario de la muerte de María Eva Duarte, esposa del tres veces presidente Juan D. Perón y una figura que supo trascender las generaciones. Su nombre se cruzó en nuestro Alto Valle con el de otra mujer, también primera dama de la Nación, también artista, que supo ejercer su rol aún contra los prejuicios: Regina Pacini.
Villa Regina, justamente bautizada así en honor a la cantante portuguesa, es la ciudad en la que confluyeron ambos nombres, y uno estuvo a punto de reemplazar a otro. ¿Quiénes fueron y qué unió a estas mujeres de legado y espíritu fuerte?
Ambas despertaron rencor en su época, ambas tuvieron que hacerse lugar en un ambiente que les era ajeno: el de la política, tan lleno de hombres y de aristocracia por aquellos años. Pero ambas, a su manera, se las ingeniaron para dejar su marca y no simplemente pasar.
5 mil hectáreas fueron el escenario desde el que empezó a consolidarse lo que hoy se conoce como la “Perla del Valle” en el territorio de Río Negro. “Bravos pioneros a ti te forjaron, hombres valientes que no volverán”, dice la zamba oficial de la comuna. Italiano fue el origen de la mayoría de esos hombres y mujeres, y muchos de sus apellidos siguen atravesando las calles en cada cartel. Pobladores chilenos también colaboraron en las obras.
En medio de ese proceso, apareció el nombre de Regina Pacini, que había nacido a más de 10 mil kilómetros de la Patagonia, cruzando el Atlántico, en Lisboa (Portugal). Tenía 53 años y para 1924 ya había cumplido 17 de casada con Marcelo Torcuato de Alvear.
La firma de él como presidente, al pie el decreto que necesitaba la Compañía Ítalo Argentina de Colonización, hicieron que el pueblo diera sus primeros pasos, el 7 de noviembre de ese año. Cuatro años más tarde, la Estación del Ferrocarril en el kilómetro 1106 consumó el requisito fundamental que necesitaban para no quedar afuera del progreso.



En agradecimiento a ese respaldo, la nueva “gran colonia” tuvo nombre de mujer, una que no era militar, ingeniera, escritora o naturalista. Era cantante, lírica y de las más reconocidas, aunque el oficio recibiera la condena social entre las familias más conservadoras.
Justamente su talento y su voz atrajeron el interés de Alvear, cuando la vio cantar en Buenos Aires por primera vez, durante una gira. Esos dones, sin embargo fueron lo primero que ella tuvo que resignar para vivir el amor con él.
Ya no volvió a cantar en público desde que se casó, casi a escondidas, el 29 de abril de 1907, pero como contrapartida gestionó todo lo que pudo para ayudar a fomentar el arte y acompañar a quienes lo practicaban. La construcción de la casa del Teatro en Capital Federal es quizás su obra más recordada, aún vigente para asistir a quienes se retiran y no tienen los fondos para sostenerse económicamente.
En honor a esa pasión, grupos reginenses como el coro de Círculo Italiano también la eligieron como madrina.
Dato: 2 bebas fueron las primeras nativas de la Colonia. Nacidas el 28 y 29 de mayo del ‘25, ambas se llamaron Regina, contó la museóloga Magalí Catriquir.

La parroquia local “Nuestra Señora del Rosario”, que hoy aparece imponente en la esquina de Av. Cipolletti y Artémides Zatti, también recibió de los aportes de Pacini para su construcción. Ella integraba la comisión de Damas Italianas y un evento como el realizado en el Teatro Cervantes de Buenos Aires en 1926 sirvió para conseguir donaciones. El 4 de abril de ese año se bendijo y colocó la piedra fundamental. 91 años después, fue declarada monumento, en 2014.
Así, la inclusión de la primera dama en el primer escudo de la Comisión de Fomento y el Acta Comunal selló la elección del nombre para una ciudad que creció junto a la elaboración de conservas, dulces y vinos. “Colonia Regina Pacini de Alvear” fue el primer nombre, que se acortó luego a Regina Alvear y por último quedó como Villa Regina, aunque ella nunca llegara a tocar su suelo. Sin embargo, en 1952 la historia estuvo a punto de tomar otro rumbo.
Un proyecto “formulado por las unidades básicas del partido peronista y sindicatos locales”, dice el archivo del diario “Río Negro”, buscó que se cambie la denominación de Villa Regina por la de Eva Perón.
Semejante modificación, a 28 años de la fundación de la ciudad, fue tratada en una reunión del Concejo Municipal. “Después de leerse el proyecto de ordenanza aprobando el cambio de denominación y después de escuchar la palabra de los concejales, se decidió poner a votación la cuestión, en contra de la opinión del representante por la minoría doctor Bailón, que consideraba debía someterse a estudio una cuestión de tal trascendencia. Resultó aprobada la ordenanza por cuatro votos contra uno”, relató el artículo que este medio publicó el 19 de septiembre de 1952, cuando aún era semanario.
Tiempo después, el 3 de octubre de ese mismo año, el pedido llegó hasta el ministerio del Interior, solicitando una “consideración favorable”. Sin embargo no prosperó y lo sucedido se volvió apenas una anécdota que sólo los más memoriosos recuerdan.
Esa fue una de las tantas demostraciones que se llevaron a cabo en la región en honor a la “abanderada de los humildes”, amada por muchos y odiada por sus opositores. Su delicado estado de salud motivó misas pidiendo por su mejoría y tras su muerte, el sábado 26 de julio a las 20.25, miles se movilizaron para despedirla en la capilla ardiente.

Partes oficiales difundidos por radio fueron la manera en que los ciudadanos fueron conociendo el desenlace. También la radio fue la manera en supieron lo que ocurría en el sepelio los que no pudieron viajar en tren hasta la capital. En Roca, por ejemplo, el mástil entre las plazas San Martín y Belgrano fue el punto de encuentro, alrededor de los “transmisores” callejeros.
La capilla de Nuestra Señora del Carmen abrió en su homenaje, rezaron en la Colonia Penal, hubo acto frente al local de la Delegación Regional de Trabajo y una marcha silenciosa por calle Tucumán, además de un altar levantado en la Municipalidad.
Una delegación de 38 integrantes, autoridades y dirigentes gremiales, partió en tren desde la estación de Roca para participar de los actos en Buenos Aires y tiempo después se encargó la nueva emisión de billetes de 5 pesos con su rostro, para homenajearla.
Autoría: Melina  Ortiz Campos.

miércoles, febrero 01, 2017

EL 1° DE FEBRERO DE 1928 NACE EL CLUB NACIONAL DE VILLA REGINA MÁS TARDE CLUB ATLÉTICO REGINA.

El 1° de febrero de 1928 un grupo de colonos decidió formar una agrupación deportiva y recreativa, quedaron entonces sentadas las bases de un nuevo club: Se llamaría “Club Nacional de Villa Regina”.
Parte de estos visionarios conformó la primera Comisión Directiva:
Presidente: Carlos Alemanni, Vicepresidente: Alejandro Fasulo, Secretario: José Labarthe, Secretario de Actas: Jaime Früm, Tesorero: José Olarte, Vocales: Juna S. Alvarez, Antonio Díaz, Marcelino Ibáñez, Antonio Greppi, Revisores de cuentas: Laurentino Sierro, Silvio Puppi.
Los primeros socios fueron 83, el 57% de ellos italianos y el resto argentinos, españoles y de otras nacionalidades. En 1934, solamente seis años más tarde la cantidad de socios se había triplicado, eran 285, y ya entonces se contaban con las primeras mujeres.
Ese mismo año por disposición Nacional fue preciso cambiar el nombre del club, en la asamblea general del 1ro de julio se propusieron tres posibles nombres: Liberal Argentino, Defensores de Regina y Club Atlético Regina, ese último fue elegido por amplia mayoría de votos.
Bajo la presidencia de Luis Santos, en 1940 se adquirió un terreno céntrico para la secretaría que hasta entonces había estado funcionando en locales alquilados o facilitados por los socios. Al año siguiente se obtuvo la personería jurídica.
En conmemoración del 34° aniversario de la fundación de la popular entidad reginense y habilitando las obras de ampliación consistentes en una moderna confitería y sede social las autoridades del Club Atlético Regina inauguraron el sábado 17 de febrero de 1962 las mismas, realizándose un copetín y cena fría estaba como Presidente el Sr. Ovidio Piermarini.
"El Club Atlético Regina obtuvo el pase para el Nacional del ´74 con los jugadores; Santos Amaya, Mario Lucero, jorge Silva, Juan Carlos Centeno, Ricardo De Carli, Raúl Anibal Salinas, Héctor Tappatá, Juan Enrique Strak, Mario Giménez, Francisco García, Juan Carlos Rodríguez, Rubén Alfredo Franco, Mario Medina, Humberto Di Julio, y Rubén "bambi" Flores. Fue Director Técnico Rodolfo Santágelo, Utilero Bernardo Fernández, Médico del Equipo el Dr. Oscar Acuña. (Wikipedia).

"Corría el año 1994, cuando un grupo de jóvenes decidió tomar la posta iniciada en el año 1928, formando un Grupo de Apoyo para reflotar y encauzar la institución, ya que se hacía necesario sumar y no restar, multiplicar y no dividir, ante el impasse producido por la falta de llamado a Asamblea de Socios.
Estos jóvenes hicieron lo imposible ante la Dirección de Personería Jurídica de la provincia de Ríoregularizando la entidad, con la aprobación de los Balances, logrando formar una nueva Comisión Directiva al cumplir con los Estatutos Sociales. Fueron ellos quienes despertaron a la masa societaria, con sus inquietudes, fueron ellos José "pepo" Calvo, Luis Fiordelli, Néstor Fabián Fangul, Carlos Guillermo González, José Liberatti, Rubén Dario González, Marcelo Orazi, Mario Héctor Piccinini, Guillermo Pirri, Horacio Prosetto, Leonardo Saggina y Luis Zanotti Fragonara.
Lamentablemente y pese al esfuerzo, el final del siglo no fue bueno para el Albo que después de las malas situaciones tanto en lo económico como en lo deportivo y terminó desafiliado del fútbol."(Wikipedia).

También hubo una época negativa: tras ganar el título de la Liga Deportiva Confluencia en 1982 tardó 29 años en dar otra vuelta olímpica, sumada a una ausencia de cinco años. Ese título del 2011 empezó a sentar las bases de la recuperación.

El Club Atlético Regina fué CAMPEÓN Clausura 2015 y Apertura 2016.

BÁSQUET. ACTIVIDAD DESTACADA DE CONTENCIÓN SOCIAL.
En 1938 se inaugura la primera cancha al aire libre.
Cuatro años más tarde el Club Atlético Regina solicita su afiliación a la federación de Básquet. Las primeras fichas de inscripción fueron las de Luis Alberto Franco, Nicanor Gonzalez, Oreste Belda, Elio Di Piramo, Martín Harina, Antonio Furones, Carlos Belloc y Rafael Blanco.
Se formó el primer equipo de básquet femenino y en 1945 se organizó el primer encuentro deportivo con el equipo femenino de General Roca. En el año ‘75 se concretó la afiliación del CAR a la asociación femenina de básquet.
El equipo oficial del club en 1947 lo formaban Alfredo Romano, Adalberto Alippi, Oscar Marasca, Israel Cravchik, Raúl Perazoli y Alberto Blagonich.
Se realizaban campeonatos locales como el Campeonato Comercial de Básquet en el que participaban varios equipos: Casa Liberati, Casa Chachil, Estudio fotográfico Mongelli, Relojería Splendid.
La actividad comenzó a adquirir empuje con la llegada a la localidad de Osvaldo Larrasolo ex jugador del Club Olimpo (BB).
TENIS.
El tenis local tuvo su primera representación en 1931 en el Lavon Tenis con Carlos de la Silva. Este deporte fue adquiriendo importancia a partir de la habilitación de dos canchas en el campo de deportes. En 1957 en la tabla de posiciones de la primer categoría figuraban: Robustiniano Alvarez, Heber Bonavento y Angel Muñoz. En tanto en la segunda categoría estaban: Mario Martín, Jorge Früm y Nestor Blanco.
OTRA ACTIVIDAD REPRESENTATIVA DEL CLUB ATLÉTICO REGINA: BOCHAS.
Las bochas fue un deporte que se practicó desde 1929 pero la primer subcomisión fue formada en 1943 y estaba integrada por: Cono Randazzo, Paccinelli, Domínguez, José Apis y Tomás Iguacel; éste útlimo como delegado ante el Club. Con esta dirección dos años después se promociona el primer campeonato regional de bochas del que resultaron ganadores: Paccinelli, Cardozo Luna, R. Iguacel, J. Vitulich y R. Serravale. A partir de la creación de una subcomisión especial, a fines de los `50, formada por Carlos y Simón Milohanich, Migual Lastra y Januario Cardozo Luna, tuvieron sus primeros representantes zonales.
PELOTA PALETA EN CLUB REGINA.

En los años `40 la cancha estaba situada en la actual calle Italia esquina Monseñor Esandi. Pelota Paleta tuvo su primer subcomisión y en su primer campeonato los resultados fueron: 1er puesto Harina-López, 2do puesto Gallego-Gallego, 3er puesto Miranda-Masaccessi; también participaron los siguientes duetos: Iguacel-González, Egui-Sarden, Ledo-Zubillaga, González Jezzi-Bustos y Vitulich-Fernández. En 1945 representando al CAR en los torneos provinciales participaron Faustino Harina y Tulio Gallego. La cancha fue techada en 1962.

LA A.F.A. SALUDA "AL MÁS GRANDE DEL VALLE" COMO CANTA "LA 45" LA HINCHADA DEL CLUB ATLÉTICO REGINA.

viernes, septiembre 04, 2015

Hoy 4 de septiembre se conmemora el” Día del Inmigrante” en nuestra Argentina establecido por decreto-ley Nº 21.430, de 1949 del Poder Ejecutivo Nacional.


Hoy 4 de septiembre se conmemora  el” Día del Inmigrante” en nuestra Argentina  establecido por decreto-ley Nº 21.430, de 1949 del Poder Ejecutivo Nacional  durante el gobierno del Gral.  Juan  Perón en 1949.
¿el motivo de la fecha conmemorativa…? Fue por la razón que precisamente un 4 de septiembre de 1812 durante el Primer Triunvirato procede a firmar un decreto que establecía que “el gobierno ofrece su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”… con el mismo las Provincias Unidas del Río de la Plata abrieron sus fronteras a los inmigrantes que motivó la modificación pues aquellos países que tenían esclavitud (como Brasil) que efectuó su reclamo diplomático.
Esta política de inmigración se formuló en el Preámbulo de la Constitución de 1853 que establecía para “los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino” siguiendo pautas formuladas por pensadores como Juan Bautista Alberdi en su  libro “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”, un  tratado de derecho público editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso de Chile frente a un país casi despoblado, su principal preocupación fue su población. A tal fin favoreció la inmigración europea, especialmente de los pueblos del norte que considera la más calificada bajo el lema “Gobernar, es poblar”.
La llegada de la inmigración fue parte de los de los  flujos de población y la Constitución Nacional de 1853 en su artículo 25 proclamaba: “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”.
Las primeras colonizaciones comienzan bajo el gobierno de Justo José de Urquiza quienes arribaron en 1855 en Corrientes. Si bien las presidencias de Bartolomé Mitre, como de Sarmiento y  la de Avellaneda fomentaron la inmigración tuvo un carácter espontáneo alejado de lo que aspiraba Juan Bautista Alberdi  de contingentes de la Europa nórdica por ser considerada de superior calidad racial y los inmigrantes que arribaron a nuestra Argentina venían de la Europa mediterránea, perseguidos como diría Max Weber “por el látigo del hambre” y la represión a las luchas sociales y las guerras.
La República por Ley de Inmigración y Colonización de 1876 empezó a incorporar inmigrantes que disponían de facilidades pero que no les aseguraba la posesión de las tierras.
En Esperanza, provincia de Santa Fe se establece la primera colonia que fue  fundada  por Aarón Castellanos en 1865 por Aarón Castellanos en su mayoría eran de  origen suizo. Los colonos traídos par Juan Lelong fundaron en Entre Ríos una colonia en el paraje denominado Calera de Espiro.
Baradero se convirtió en asiento de una de las primeras colonias en  1856 como los galeses  que  se instalaron en Puerto Madryn, el 28 de julio de 1865 luego de dos meses de navegar, el velero Mimosa, ancló en las aguas del Golfo Nuevo. Desembarcaron en ese momento alrededor de 150 personas, la mayoría eran familias y la condición de todos bastante modesta.

La inmigración italiana en nuestra Argentina se refiere al movimiento migratorio más numeroso e importante que recibió la República Argentina. Se trata de la mayor comunidad europea en el país, incluso superando a la española. Desde 1814 hasta 1970 llegaron contingentes de inmigrantes de todas las regiones de Italia.  La Colonia de Villa Regina en 1924 (en su mayoría italianos) nace de un modelo fascista de emigración italiana en Argentina en Alto Valle del Río Negro como manifiesta Pantaleone Sergi, conocido ex periodista del diario La Repubblica y estudioso de la emigración italiana en Argentina en el "Centro di Ricerca sulle Migrazioni" de la Universidad de Calabria.

Dice Sergi: “El trasplante de familias de trabajadores italianos a un territorio templado y deshabitado en el Alto Valle de Río Negro, con la fundación en 1924 de Colonia Regina de Alvear, ahora Villa Regina, se llevó a cabo sobre la base de un proyecto decidido y financiado en Italia con capitales públicos y por voluntad de Benito Mussolini. De hecho, el Duce del fascismo intervino para facilitar la operación, ante lainsistencia de su amigo y confidente Ottavio Dinale, delegado del Partido Nacional Fascista en América del Sur. Sin embargo, la fundación de Villa Regina, primer caso italiano de colonización artificial, fue el resultado de la convergencia de intereses entre Dinale, que desarrolló varias hipótesis de asentamientos de inmigrantes italianos, y el ingeniero Filippo Bonoli, autor del proyecto en Río Negro y, a sucesivamente, promotor de la Compañía Italo-Argentina de Colonización (CIAC)”.
Opina Sergi que Regina “estuvo dominada por una elite de camisa negra que actuaba con un perfecto toque fascista, como si se encontrara en un "enclave" Muchos colonos de Regina -destaca por otra parte el historiador- profesaban en cambio ideas anti-fascistas, socialistas o comunistas”.
Muchos españoles llegaron a la Argentina después de 1900 donde las crisis agrícolas de España con perdida de colonias como Cuba, Puerto Rico y Filipinas generaron una crisis ocupacional.
Luego  ingresaron  grandes contingentes de griegos,  turcos, árabes, sirios, libaneses a fines del siglo XIX la construcción del ferrocarril creó una importantes fuente de trabajo para los inmigrantes.
Dice Wikipedia: “efectivos resultaron los programas de colonización en Mendoza, en Entre Ríos —donde la iniciativa del barón Maurice de Hirsch dio lugar a las colonias judías, cuya memoria narró Alberto Gerchunoff— y en el norte apenas poblado, en especial Misiones y el Chaco. En estas últimas provincias el motor del asentamiento fueron las empresas forestales; la Forestal Land, Timber; Railway Company, de capitales británicos, pobló el Chaco —a medida que talaba sin remedio sus extensos quebrachales— con braceros y hacheros, muchas veces originarios de Europa del Este. Otras de sus competidoras hicieron lo propio en Santiago del Estero, y aún Salta y Jujuy”.

Estas oleadas comenzaron a reducirse a partir de 1929 por esos años y la última fue entre los años ´48 al 52.  En el Siglo XX, cambalache, problemático y febril (que tan bien retratara Enrique Santos Discépolo) ingresan corrientes de países como Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y de países asiáticos, como China y Corea del Sur, y de países de Europa oriental.