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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, febrero 03, 2025

Autopercepción por Eduardo de la Serna.

 

Uno de los puntos contra los que la “batalla cultural” de Milei y sus cómplices concentra muchos de sus “cañones” es el rechazo a la llamada “autopercepción”. Pero este rechazo no está dado contra “toda autopercepción” sino contra la referida al género; tema que los pone muy nerviosos (y eso invitaría a recomendarles un buen tratamiento psiquiátrico, por otra parte) … Pero hay otras autopercepciones de las que se jactan y enorgullecen, por cierto.

Se enorgullecen de autopercibirse “fuerzas del cielo” sin que nos quede claro quién – particularmente desde el cielo, obviamente – les adjudica semejante reconocimiento.

Se autoperciben “argentinos de bien”, sin que nos quede claro qué aspectos serían los que constituyen ese tan mentado bien, o qué sería el mal.

Curiosamente se autoperciben “libres” siendo súbditos, lacayos, vasallos y demás maravillas de los poderes de turno, dispuestos a hacer lo que estos le digan sin cuestionarlo ni, menos aún, confrontarlo.

Pero, más allá de estas autopercepciones (y no menciono la autopercepción que parece emerger de todas las groserías, especialmente imaginándose “un gran macho” confrontando pederastas, mandriles y demás arrogancias; “dime de qué te jactas, y te diré de qué careces”) hay algo que, creo, merece ser pensado.

Todo pueblo, y Argentina no es la excepción, se autopercibe de alguna manera; cuando el nazismo empezó a hablar de “raza superior” y demás barbaridades, eso acompañaba una autopercepción nacional, un “orgullo”. Especialmente después de la batalla de Pavón (1861), Argentina empezó a autopercibirse unitaria (aunque la Constitución Nacional dijera lo contrario) y – sobre todo – “blanca” … es decir, los “indios” y los “negros” (y los “gauchos”, para Sarmiento) no existían (o – como los dinosaurios – se extinguieron) o eran parte de los pueblos vecinos, que eran latinoamericanos, no como Argentina que era europea, y, casi, casi del Commonwelth

Y eso, ser blancos, es una autopercepción básica… No hay negros en Argentina y los indios son terroristas (y, particularmente, chilenos, para los herederos de la “Campaña al desierto”) … Después, en una especie de conmiseración, se reconoce el “crisol de razas” donde llegaron alemanes, rusos, judíos, sirio-libaneses… pero todos, “debidamente calificados” como “gallegos”, “rusos”, “turcos”, “chinos” … En Argentina “no hay” aquellos “otros”, pero, ¡eso sí!, no hay racismo.

En Italia tuve la ocasión de conocer un matrimonio maravilloso: Antonio Negri y Diva, su compañera. Charlando, una vez sobre la cantidad de italianos que llegaron a la Argentina Antonio me dijo taxativamente: “¡no les creas! ¡son todos fascistas!” (me hizo acordar a Miguelito Pitti, en Mafalda, cuyo abuelo habla maravillas de Mussolini). Y me puse a pensar, el antisemitismo (más precisamente judeofobia) que hay en Argentina, ¿de dónde viene? La discriminación perversa de “negros”, “villeros”, “pobres”, “indios”, “putos”, o de quienes defienden sus causas, ¿de dónde viene?

Creo (y sigo en esto a Raúl Zaffaroni) que la Argentina es un país fuertemente racista. Y por racista, fascista. No encuentro otra razón para que nadie (mayoritariamente) condene el bombardeo de Plaza de Mayo de 1955; para que se haya aplaudido el Golpe de Estado cívico militar con bendición eclesiástica de 1976; de que, ya en democracia, Bussi haya sigo elegido en Tucumán, Aldo Rico tuviera la cantidad de votos que tuvo, que Patti haya sido electo en Escobar, De Narvaez en Buenos aires, Macri y Milei en el país, y que todavía ahora – a pesar de la debacle – no haya un rechazo tan férreo y vehemente que lleve a todos los miembros del gobierno a la renuncia y el exilio (para zafar de la cárcel que merecen, pero que nunca ocurrirá con este poder per-Judicial).

Autopercibirse un país donde no hay racismo, creo que fue el primer triunfo en una batalla cultural que seguirá existiendo por décadas por venir. Estarán ganando esa batalla en estos momentos, pero eso no hará que me convenza de lo contrario: ¡Argentina es un país racista (y fascista)! Pero los “negros”, los “indios”, los “cabecitas negras”, los “villeros” y otros despreciados seguirán existiendo y siendo visibilizados para molestarlos (“una pulga no puede detener un tren, pero puede llenar de ronchas al maquinista”, repite Libertad, en Mafalda). Y, además, siempre hay y habrá quienes levanten sus banderas, hagan suyas sus causas y pretendan memoria, verdad y justicia, libertad verdadera, y paz y verdad que no sean las de los cementerios ni la de los Medios hegemónicos. “Lo siento”, pero sigo creyendo que “¡otro mundo es posible!” y allá voy…

Imagen tomada de https://stryptor.pages.dev/mafalda/02/056/

jueves, abril 25, 2024

25 de abril: Día de la Liberación de Italia.


25 de abril: Día de la Liberación de Italia.

79º aniversario de la Liberación italiana de la ocupación del ejército alemán y del gobierno fascista.
La Festa della Liberazione representa el fin de la Segunda Guerra Mundial en la Italia de 1945. El líder del régimen fascista, Benito Mussolini fue capturado dos días después, cuando intentaba cruzar la frontera con uniforme de soldado alemán.
A partir de ese momento comienza un período de transición, que culminará con el nacimiento de la República Italiana, el 2 de junio de 1946.

*** Círculo Trentino de Villa Regina.

lunes, julio 17, 2023

Joaquín Salvador Lavado Tejón (QUINO) - Humor Mafalda y amistades...






MIGUELITO.




Miguel "Miguelito" Pitti.

Suele discutir con su madre sobre sus deberes infantiles. Defensor de Benito Mussolini, entusiasmo que le fue inculcado por su abuelo que se entiende al tener un apellido italiano. Quino lo hace saber cuando la maestra lo nombra en la escuela y él al escuchar Pitti se pone a aplaudir. Es directo, sincero, inocente con las personas y el mundo en que vive en comparación con sus amigos Mafalda, Libertad, por ejemplo.

Su cabello recuerda a una planta de lechuga.

LIBERTAD.

Es uno de los últimos personajes creados por Quino allá por febrero de 1970 es bien de esa época rebelde, revolucionaria,  activista de corte socialista que aspira a un mundo de iguales.

Es pequeña como la libertad de aquellos años en nuestro país de inestabilidad política. Es crítica del sistema social y se pelea con Manolito el defensor del capitalismo en la tira. Es inteligente, de ideas más radicales y utópicas que Mafalda, es contestataria y ama la simpleza y quiere a la gente simple. Su aspiracion en la vida es ser traductora de francés, al igual que su madre. El padre de Libertad es socialista (de ahí la influencia de las ideas como Miguelito que tiene influencias de su abuelo que habla bien de Mussolini).



Joaquín Salvador Lavado Tejón, ​ conocido bajo el seudónimo de Quino, ​​ fue un humorista gráfico e historietista argentino nacionalizado español. Su obra más conocida fue la tira cómica Mafalda, publicada entre 1964 y 1973. 

Nacimiento: 
17 de julio de 1932, Mendoza.
Fallecimiento: 
30 de septiembre de 2020, Mendoza.
Wikipedia.

Un 29 de septiembre de 1964, cuando gobernaba Arturo Umberto Illia, el peronismo estaba proscripto y De Gaulle llegaba al país. Mafalda sale publicada en Primera Plana.

Mafalda traducida a una veintena de idiomas –entre los últimos, al guaraní, el hebreo y el armenio–, con una cuidada versión en Braille.
La mayoría de estas publicaciones son de Mafalda Oficial - facebook y de internet.
Para ver más (otras publicaciones) hacer click en "Mafalda" "Quino".

domingo, febrero 12, 2023

El revisionista del siglo XX.

 


HACE 40 AÑOS SE PUBLICABA "TIEMPOS MODERNOS", EL LIBRO MAS INFLUYENTE DE PAUL JOHNSON (1928-2023).

El revisionista del siglo XX.

En ese ambicioso trabajo el historiador británico rastreó a los responsables directos o lejanos de las calamidades desatadas a partir de la Primera Guerra Mundial. Detrás de todo estaba el relativismo moral que llenó el vacío dejado por la religión.

El libro más influyente de Paul Johnson, el notable historiador británico que murió el pasado 12 de enero a los 94 años, se publicó cuatro décadas atrás ante la aprobación inmediata, aunque no exenta de polémicas, de críticos y lectores.

Tiempos modernos, tal el título que lo consagró en español, es una obra regida por el espíritu del revisionismo histórico. Sus capítulos recorren el siglo XX con la mirada de un juez severo y agudo, además de escritor brillante, que se propuso sentar en el banquillo de los acusados a los responsables, directos o lejanos, de las matanzas, desvaríos y absurdos que sacudieron al mundo más o menos a partir de la Primera Guerra Mundial.

Su principio de interpretación es el siguiente: los tiempos modernos fueron los del relativismo moral. No puede entenderse la época sin ver en ella los efectos nocivos del abandono de la arquitectura moral judeo-cristiana (así la denomina) que había gobernado a la humanidad en los dos milenios anteriores.

Johnson detecta el fenómeno en diferentes esferas: en la transformación de las costumbres, en los despropósitos del arte, en el encumbramiento de las ideas y las modas más delirantes o impostadas. Pero sobre todo en el auge de los totalitarismos y en la deshumanizada frialdad de sus líderes, en especial Lenin, Hitler y Stalin.

CUATRO PENSADORES.

El comunismo y el nazismo, sostiene, tuvieron padres intelectuales muy concretos. Un cuarteto de pensadores allanaron el camino para el exterminio masivo y la esclavitud ideológica: Marx, Nietzsche, Freud y Einstein. Los tres primeros de manera más o menos consciente, y el último por obra de lo que el autor llama la "ley de las consecuencias involuntarias": una vez popularizada, su teoría de la relatividad sirvió para esparcir el virus del relativismo en un mundo desquiciado por la inexplicable carnicería que había atravesado entre 1914 y 1918.

Había en el marxismo una "forma de gnosticismo que alegaba espiar, a través del barniz de la percepción empírica de las cosas, el significado que se ocultaba debajo". Para el análisis freudiano, otro gnosticismo, la conciencia individual, que constituía "el corazón mismo de la ética judeo-cristiana", era un "mero dispositivo de seguridad, creado de manera colectiva para proteger el orden civilizado de la temible agresividad de los seres humanos". Por lo tanto, el sentimiento de culpa era una "ilusión de la que había que desprenderse". Nietszche anunció la "muerte de Dios" y previó que el vacío dejado por la religión sería llenado por la "voluntad de poder". Este impulso secular, acota Johnson, iba a producir "un nuevo tipo de mesías, libre de las inhibiciones de cualquier norma religiosa, y con un apetito insaciable por dominar a la humanidad".

MESIAS ATEOS.

Los nuevos mesías fueron Lenin, Trotski, Hitler, Stalin, Mao, Mussolini, entre muchos otros de una larga lista con matices que los diferenciaban. (Johnson no incluye allí a Franco, al que considera "uno de los más exitosos hombres públicos del siglo", y de quien aclara que "nunca fue fascista ni tuvo la más mínima creencia en ninguna clase de utopía o sistema").

Lenin fue el prototipo del revolucionario profesional, obsesivo y disciplinado. Hitler y Mao encarnaron al revolucionario romántico, con impronta de artista. Stalin, "mitad gángster, mitad burócrata", era el más implacable de todos, como se verificó durante las purgas, el Gran Terror y la espantosa "colectivización forzada" de la década de 1930. No menos asesino que los otros, Trotski se demostró, en comparación, incapaz para la intriga y la supervivencia (lo pagó en 1940). Mussolini fue el más cercano al político tradicional, cambiante y abierto a escuchar la voz del pueblo que decía representar.

Johnson traza la evolución en espejo de los grandes totalitarismos europeos, su influencia mutua y hasta sus transacciones bajo cuerda, incluso antes del pacto entre Hitler y Stalin de 1939. "El totalitarismo de izquierda engendró el totalitarismo de derecha -escribe-. El comunismo y el fascismo fueron el martillo y el yunque sobre el que se hizo pedazos al liberalismo". 

En su vertiginoso ascenso al poder, en la rapidez con la que consolidaron un eficiente aparato de vigilancia y persecución, en sus desalmados proyectos de "ingeniería social" y en la magnitud de sus matanzas, siempre con la primacía del comunismo, distingue los ejemplos más claros de la ruptura total con la moral cristiana objetiva y su reemplazo por una "moral revolucionaria" o "racial", subjetiva y adaptable según las circunstancias.

El auge totalitario debilitó a las democracias occidentales y la Gran Depresión terminó de socavarlas. Las nuevas modas eran el estatismo (cuyo origen Johnson remonta al conflicto de 1914 y al "socialismo de guerra" prusiano, que luego imitó Lenin), la planificación económica, el culto del gobierno y los líderes fuertes, la justificación de la violencia indiscriminada. Todo bendecido por una clase intelectual frívola, temerosa, mendaz o corrupta que en el caso de la Unión Soviética se entregó a elogiar el experimento comunista con una inconsciencia criminal. Su necesidad de creer en algo, aunque fuera el estado policial de tiranos ideológicos, fue otra consecuencia del vacío dejado por la religión.

LA "INTELLIGENTSIA".

Los intelectuales del siglo XX son las bestias negras de Johnson (después les dedicó un libro específico). Tiempos modernos es por eso un constante ejercicio de demolición de los mitos entronizados por la "intelligentsia" izquierdista desde 1917 en adelante. Pocas de sus creaciones se salvan: los lejanos fundamentos ideológicos del anti-imperialismo; el desastre originado en la "revolución" china de 1911, que décadas más tarde desembocaría en el maoísmo; la nociva influencia de John Maynard Keynes y el irreverente grupo de Bloomsbury; la supuesta frivolidad de los "años locos" y los gobiernos republicanos de la década de 1920 en Estados Unidos; las causas del crack de 1929 y el colapso que siguió; la presunta efectividad económica del New Deal; el detonante de la Guerra Civil Española; las mentiras similares del colonialismo y del anti-colonialismo; el tercermundismo; la secularización politizada de las religiones, que habría empezado por la anglicana en la primera posguerra mundial; la contracultura y el extraño "intento de suicidio de Estados Unidos" en los años "60; Watergate y el "golpe" mediático que en 1974 derribó a Richard Nixon. Hasta hay espacio para la Argentina: un par de páginas demoledoras sobre el peronismo y, en la edición revisada de 1991, otro par sobre la guerra de Malvinas.

Formado en Oxford y discípulo de A.J.P. Taylor, no fue Johnson un historiador que trabajara sobre fuentes directas (las suyas son casi siempre secundarias) ni un descubridor de hallazgos originales. Su fuerte estaba en la interpretación -ácida, irónica, tajante-, y en un talento literario sostenido por una asombrosa capacidad de trabajo (se le atribuyen medio centenar de títulos). Sus libros son siempre interesantes, incluso los últimos, breves biografías (Napoleón, Churchill, Washington, Darwin, Jesús) o recopilaciones de semblanzas o artículos que tal vez fueron escritos en respuesta a compromisos editoriales.

El paso por el periodismo le enseñó a escribir en un estilo claro e informativo, que nunca se olvida del lector. Su método preferido, que solía compartir con los admiradores que le pedían consejos, era el de redactar frases cortas, entrelazadas cada tanto con alguna más extensa. El ensayista no perdía de vista el ritmo de la narración, y lo que mandaba era la cronología. Lo explicó en el prefacio a El nacimiento del mundo moderno, libro posterior a Tiempos modernos pero que le sirve de antesala histórica. "Al tratar de presentar a la sociedad internacional en su totalidad -apuntó-, me esforcé por no caer en la trampa que a veces engulle a los historiadores sociales, esto es, abandonar la cronología y mostrar un mundo que parece estático. Yo sostengo firmemente que la cronología forma el esqueleto sobre el que se construye todo lo demás".

La vocación de polemista dejó sus marcas en Johnson. Los críticos objetaron la validez de sus argumentos, detectaron errores fácticos y cierta laxitud en la atribución de citas y fuentes. También fue escrutada su vida personal de católico practicante, y desde luego se encontraron faltas. Lo curioso es que vieran en él a un reaccionario porque en realidad no lo fue. La filosofía que se desprende de sus libros es la de un demócrata conservador y capitalista, un admirador de Popper, Hayek y Rothbard que no objetaba los valores de la modernidad (sus grandes héroes políticos eran Winston Churchill y Margaret Thatcher). Ni siquiera su catolicismo fue el de un tradicionalista, como lo atestigua En busca de Dios, acaso su libro más personal.

En ese sentido podría decirse que, aunque dio en el blanco, su revisionismo fue incompleto. El origen de los tiempos modernos ciertamente es anterior al siglo XX, y Marx, Nietzsche y Freud derivan de ideas, falacias o herejías que los anteceden en varios siglos. Eso Johnson no lo vio o al menos no lo puso por escrito en grandes volúmenes. 

De ahí sus lealtades y pronunciamientos públicos, que pasaron del laborismo de su juventud (llegó a ser editor de la revista izquierdista New Statesman) al firme alineamiento con los postulados del "establishment" económico y diplomático de los conservadores en Gran Bretaña y los republicanos en Estados Unidos. Todas corrientes muy discutibles de los tiempos modernos a las que no sometió a revisión.

Por Jorge Martínez.
Publicado en Diario LA PRENSA.
12/02/2023.

sábado, octubre 29, 2022

La teoría de la 'hegemonía' de Gramsci.

 

Por José Carlos Rodríguez.

Instituto Juan de Mariana.

¿Por qué se ha vestido la izquierda de apoyo a los “movimientos sociales”? La obra de Gramsci es la principal inspiración de la nueva izquierda y de movimientos como Podemos.

El marxismo adolece de la confusión entre ser y deber ser. Plantea la historia del hombre en términos teleológicos, descritos con la distancia de científicos, pero expresados a su vez con la fuerza de la llamada a la acción en nombre de una injusticia cósmica. Una injusticia necesaria, pero inaceptable, conduce de forma inexorable a la acción revolucionaria, que por otro lado ha de surgir también de la voluntad de los miembros de una sociedad. Es una contradicción evidente para cualquier lector de Marx. Un seguidor frío y escrupuloso a la vez promovería una política de laissez faire para acelerar la llegada de la justicia, y sin embargo varias generaciones de fieles de la religión marxista, con temperamentos de toda laya, han criticado con dureza el libre desarrollo del mercado que habría de llevarnos, según ellos, a las puertas de su paraíso.

Un aspecto de esa contradicción es la adoración de los marxistas al líder. El líder sublima al proletariado, y actúa como agente necesario para el cambio. Pero su teoría de la historia, la de Marx, no otorga a los líderes ningún papel. Por otro lado, el marxismo histórico identifica al líder con el teórico que posee el conocimiento de la verdad. Esa identificación ha llevado a entrenar como grandes teóricos a auténticas medianías, como Lenin o Mao. ¿Cómo ofrecer una solución a todo ello? Antonio Gramsci se preocupó por resolver estas contradicciones, y cabe decir que lo logró, aunque para ello tuvo que hacer un gran sacrificio: el del marxismo.

Gramsci fue a la Rusia revolucionaria, de la que llevó a Italia (1923) la misión de crear un frente de izquierdas que luchase contra el fascismo, que estaba ya en el poder. En 1926, con la excusa de un falso intento de atentado contra Mussolini, el dictador fascista adopta varias medidas represivas; entre ellas, el encarcelamiento de Antonio Gramsci, a pesar de contar con inmunidad parlamentaria. En la cárcel, de la que sólo saldría para morir en el hospital, escribió su obra más importante.

Gramsci, que no era hombre de un sólo libro, tuvo el ingenio y la libertad de beber de fuentes muy diversas. Se planteó la necesidad de aunar la teoría marxista con una filosofía política que llamase a la acción; una “filosofía de la praxis”, como él la llamó. Por otro lado, también quería resolver otra dificultad: la de explicar por qué la historia no había traído la esperada revolución a algunos países, a la práctica totalidad, en realidad. Gramsci halló la respuesta en su teoría de la “hegemonía”.

El capitalismo puede dar sus frutos podridos en forma de contradicciones, pero su eficacia puede quedarse en la de la pólvora mojada si se encuentra con frenos eficaces, suficientes para paralizar el necesario curso de la historia. Ese freno proviene de un dominio de clase que es más complejo que el que describió el profeta. La clase burguesa posee los medios de producción, sí, pero también establece una hegemonía política y cultural por medio de la sociedad y sus instituciones, y también por medio del Estado.

La estructura (los medios de producción) determinan la superestructura (la cultura). Divide la sociedad en clases, y éstas actúan en función de sus intereses. Pero la clase burguesa se dota además de unos medios (educación, medios de comunicación, religión…) que construyen y refuerzan esa hegemonía cultural, que asienta ideas contra revolucionarias, y por tanto socavan la eficacia de la presión desde la base material hacia una revolución liberadora. Esta situación abre infinidad de vías de acción, que se resumen en el objetivo de tomar todas las instituciones, romper esa hegemonía burguesa, y substituirla por otra de carácter comunista. La revolución ya no es una fuerza que nos arrolla, sino una acción de la que somos protagonistas.

Por esa vía, Gramsci obtiene tres resultados: Uno, se explica la ineficacia de la teoría marxista, pues crisis económica y sistema burgués parecen convivir sin revolución. Dos, acuña una “filosofía de la praxis”, una llamada a la acción cultural que pasa por ocupar todas las instituciones, públicas y privadas, y someterlas a la prédica revolucionaria. Y tres, destroza hasta no dejar piedra sobre piedra el edificio teórico de Karl Marx, al menos en su aspecto pretendidamente científico. Pero es un sacrificio necesario; el tiempo corre, la promesa de un paraíso perfectamente justo quema en el corazón y hay que traerlo a la experiencia humana sin más dilación.

Gramsci abre la puerta, en definitiva, a una política marxista mucho más rica, y puede que mucho más eficaz que la acción puramente revolucionaria. Y en esa política marxista, en esa “revolución pasiva” de la que habla Gramsci, los intelectuales sí tienen un papel que jugar. Más cuanto que esa nueva praxis revolucionaria no se puede realizar de forma individual, sino que, como la misión que le encargó Lenin al propio Gramsci, pasa por la construcción de un “bloque histórico” que aúne las fuerzas de forma armónica y efectiva. Ese agente, ese “príncipe moderno” que menciona Gramsci, es el partido. Sólo el partido puede lograr esa substitución de una hegemonía por otra. Las masas deben rendir una total sumisión al mismo, mientras que los intelectuales, como él, tienen la misión de guiarlo hasta la victoria final.

Gramsci murió en 1937. Su obra no adquirió verdadera importancia hasta los años 60. Es la principal inspiración de la nueva izquierda y de movimientos como el de Podemos. ¿Por qué se ha vestido la izquierda de apoyo a los “movimientos sociales”? ¿Por qué hablan de la importancia de estar en la calle además de llegar a las instituciones? Porque la política consiste en tomar, una por una, la miríada de organismos sociales, desde las asociaciones de vecinos a los clubs de lectura, desde las asociaciones estudiantiles a las científicas, y politizarlas para someterlas a la disciplina del “príncipe moderno”. Comprender a Gramsci es esencial para entender los movimientos de izquierda actuales.

https://juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/la-teoria-de-la-hegemonia-de-gramsci/

jueves, agosto 11, 2022

FACTURAS. ANARQUISMO y PANADEROS Origen e Historia.

FACTURAS. ANARQUISMO y PANADEROS Origen e Historia.
7 de julio de 2017
El término “factura”
En Argentina se conoce el término “factura”, a una variedad de masas de gustos dulces y horneados a partir de una mezcla de harina, levadura y manteca pintadas con dulces, baño de azúcar o crema pastelera; fueron introducidas por la inmigración europea.

El término “factura”, proviene del latín significa creación, resultado de un trabajo, del verbo facere=hacer.
Variedad de formas, sabores, texturas y aromas esconden pretensiones de protesta en el siglo XIX. Se relacionan con el Anarquismo en Argentina.

Anarquismo y Panaderos en Argentina
Partidarios de la acracia = o supresión de toda autoridad defienden una sociedad sin gobierno.
El anarquismo con ideas humanistas, priorizan la actividad sindical, oponiéndose a los partidos políticos y a su consecuencia natural: los gobiernos.

Ven en la religión un enemigo que justifica el poder terrenal de la burguesía.
Son pioneros en la defensa del voto femenino. Luchan contra la trata de blancas, a favor de la legalización del divorcio, el aumento del presupuesto educativo y la jornada de ocho horas.
Proponen una sociedad de libertades individuales, sin poder político partidario, basado en la ayuda mutua y cooperación voluntaria. Apuestan por una organización horizontal.

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, el movimiento anarquista seguía los ideales teóricos modernos del italiano Ernico Malatesta (1853-1932).
Fugado de Italia; vino a nuestro país recorriendo la Argentina, ayudó a organizar varias asociaciones sindicales; junto a Errico Ferrer organizó la primera huelga del sindicato de panaderos de la Argentina, que duró diez días.
La mayoría de los panaderos eran de tendencia anarquista, el trabajo nocturno facilitaba el horario para sus reuniones y actividades secretas.
Malatesta vivió en la Argentina entre 1885 y 1889, fue el encargado de redactar sus estatutos.

En 1887, se creó en Buenos Aires una organización laboral la “Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos”.
Se editó por varias décadas el periódico “El Obrero Panadero”. Malatesta regresó a Italia recibiendo arresto domiciliario por Mussolini.
El sindicato de panaderos fue conducido por dirigentes anarquistas por varias décadas.

El nombre de las facturas
En tales circunstancias dirigieron hacia los sectores oligárquicos y conservadores del país; sus históricos enemigos; la Iglesia, el ejército y la policía; surge el singular modo de nombrar de manera burlona y sarcástica a las facturas: "vigilantes", "bolas de fraile", “esperanza de monjas”, "sacramentos", “jesuitas”; "cañoncitos", “vigilantes”.

La "media luna", tiene un origen más antiguo; se remonta al año 1529, representa, una blafemia gastronómica contra el Islam.
En 1529 Viena fue sitiada por el ejército turco. Los panaderos moldearon el emblema enemigo y la gente en lo alto de las murallas masticaba medialunas ante sus enemigos.

lunes, abril 25, 2022

25 de abril de 1945: a 77 del "Día de la liberación italiana".

 

"La Resistencia italiana o Resistencia partisana (en italiano, Resistenza italiana o partigiana) fue un movimiento armado de oposición al fascismo y a las tropas de ocupación nazis instaladas en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. La Resistencia desarrolló una guerra de guerrillas tras el Armisticio de Cassibile (8 de septiembre de 1943, cuando Italia fue invadida por la Alemania Nazi) y finalizó en abril de 1945 con la rendición de las tropas alemanas. Se calcula que más de 300.000 personas participaron en la lucha armada de la Resistencia (de las cuales, unas 35.000 fueron mujeres). Sus miembros tenían una procedencia social e ideológica muy diversa: la Resistencia se nutrió de las fuerzas armadas del Reino del Sur, de voluntarios, de miembros de los partidos políticos (democristianos, comunistas, liberales, socialistas), miembros del Partito d'Azione, del Partido Popular Italiano, monárquicos, anarquistas, etc. Se opusieron política y militarmente a la ocupación nazi y a la República Social Italiana (RSI) fundada por Benito Mussolini.

Los partidos más importantes de la Resistencia constituyeron el Comité de Liberación Nacional (CLN). La lucha armada se dio por terminada el 25 de abril de 1945, cuando el Comité de Liberación Nacional de la Alta Italia (CLNAI) consiguió el control de casi todas las ciudades del norte del país, último territorio todavía en poder de las tropas nazis en su retirada hacia Alemania."(Wikipedia)


viernes, noviembre 26, 2021

Sobre fachos que no saben que son fachos por Alberto BENEGAS LYNCH (H).

 

Pobrecitos los fulanos que usan y abusan de expresiones que no solo desconocen su significado, sino que no se percatan que a ellos mismos les caben los términos que pretenden aplicar a terceros.

Este es el caso especial, aunque no solamente del fascismo cuya característica central estriba en que esos gobiernos permiten que la propiedad se registre a nombre de particulares, pero usa y dispone el aparato estatal. Es una tradición más solapada y por tanto más eficaz que el comunismo que es más sincero en cuanto a que no permite que particulares registren a su nombre la propiedad pues la expropia directamente el gobierno que usa y dispone de la misma.

El fascismo es el sistema más difundido en el llamado mundo libre. Por ejemplo, en la educación la parla convencional alude a "la privada'' pero en verdad en gran medida está privada de toda independencia allí donde los ministerios de Cultura y Educación imponen y autorizan estructuras curriculares según su canon de estrechez mental. Muchas veces he citado el caso de los taxímetros en Buenos Aires: es un ejercicio ilustrativo preguntar al conductor de quien es el vehículo y cuando responde que él es el dueño es de interés repreguntar sobre tres temas clave que definen la titularidad. Quien decide el horario de trabajo, quien decide la tarifa y quien decide el color en que debe estar pintado el automotor, las tres respuestas se dirigen al jefe de gobierno de la ciudad por tanto son los burócratas los verdaderos propietarios y no el nominal y circunstancial conductor que la juega de dueño.

Esto mismo aparece con partes sustanciales de las empresas y emprendimientos varios que sus aparentes administradores se la creen en cuanto a que son los titulares, pero no lo son por las razones apuntadas. Como queda dicho, son administradores aparentes pues quienes en definitiva deciden son los gobernantes.

En otros términos, constituye una bufonada macabra que los estatistas del momento le endilguen el epíteto de facho a todos los que están en desacuerdo con los atropellos del Leviatán, en realidad una paradoja grotesca.

Por tanto, las políticas de las denominadas empresas estatales, los controles de precios, las reformas agrarias, las cargas fiscales descomunales, los endeudamientos vertiginosos, las inflaciones galopantes, las economías cerradas y las legislaciones laborales y sindicales autoritarias ponen al descubierto y en carne cruda las típicas medidas fascistas. Por eso resulta tragicómico que los megalómanos tilden de fachos a quienes se oponen al fascismo.

Benito Mussolini ha dicho el 25 de junio de 1922 y el 28 de octubre de 1926 respectivamente: "¿Qué es el Estado? En los postulados pragmáticos del Fascismo queda definido como la encarnación jurídica de la Nación. El Estado es eso desde luego pero no es solo eso (...) Hemos sepultado al viejo Estado democrático, liberal (...) a este viejo Estado que enterramos con funerales de tercera lo hemos sustituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina (...) el Estado es todo, fuera del Estado nada''. Gregorio de Yurre en Totalitarismo y egolatría subraya manifestaciones del Duce en cuanto a que: "El valor del hombre está en la vida colectiva. En la evolución del Estado y de sus formas está presente la humanidad en camino''. Y ``para el Fascismo, la sociedad es el fin y el individuo es medio de toda vida de sociedad que consiste en tomar el individuo como instrumento de los fines sociales''.

Por eso resulta payasesco que los capitostes del intervencionismo estatal pretendan atribuir la característica de fachos a quienes se oponen a los fascistas acuerdos de precios y salarios entre corporaciones en lugar de abrir las puertas al proceso de mercado. Incluso los hay también que provienen de otras corrientes de pensamiento y que utilizan la pantalla de fascistas como insulto para los que no comulgan con sus visiones de talibanes.

No es una casualidad sino causalidad que los peronistas admiren e imiten desde su origen a Mussolini y hayan dado asilo a los nazis en nuestra tierra.

En resumen, es una buena receta estudiar primero el significado de las palabras antes de emplearlas alegremente sobre todo cuando se aplican a quienes apuntan a zafar del fascismo en la diaria y tan necesaria batalla cultural.

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/509437-Sobre-fachos-que-no-saben-que-son-fachos.note.aspx

domingo, octubre 11, 2020

Hedy Lamarr, conocé la historia de una actriz de Hollywood que fue de gran aporte para la Armada americana.

 


Hedy Lamarr, conocé la historia de una actriz de Hollywood que fue de gran aporte para la Armada americana.

Creó un sistema de comunicación con una frecuencia en constante cambio sincronizada entre emisor y receptor que hoy se utiliza en diversas aplicaciones.


Esta hermosa mujer, actriz de Hollywood que brilló en los largometrajes de la época dorada del cine americano en las décadas de 1930 y 1940, (considerada durante muchos años la más bella del mundo), tenía una mente prodigiosa, con una innata capacidad para las matemáticas.

Hedwig Eva Maria Kiesler nació en Viena el 9 de noviembre de 1914, y si bien desde temprana edad se dedicó a la actuación, fue una inventora autodidacta. Luego de un matrimonio accidentado (se casó con el fabricante de armas austriaco Fritz Mandl, proveedor y colaborador de Hitler y Mussolini), huyó a París, y de allí viajó a Londres.

En la capital británica conoció a Louis B. Mayer, quien le ofreció un contrato con la Metro Goldwyn Mayer en Hollywood. Una vez instalada en los Estados Unidos, Hedy cambió su apellido por Lamarr, en honor a la actriz del cine mudo Bárbara La Marr.  


A pesar del éxito de su trabajo como actriz, nunca dejó de interesarse por la invención. Por ejemplo, fue ella quien le dio a Howard Hughes la idea de modificar el diseño de las alas de los aviones agregando sectores curvos más aerodinámicos inspirados en los cuerpos de los peces y las aves.

Lamarr trabajó en cientos de ideas como nuevas señales de tránsito o pastillas para transformar el agua en refrescos, pero su invento más importante fue un sistema de transmisión de radio con saltos de frecuencia, diseñado para evitar que la señal de control de los torpedos pudiera ser interferida.

Aseguran que durante una charla con su vecino de Hollywood, el compositor George Antheil, en el verano de 1940, se le ocurrió la idea de crear un sistema de comunicación con una frecuencia en constante cambio sincronizada entre emisor y receptor, idea que ya había pasado por la cabeza de algunos inventores y científicos, como Nikola Tesla, pero ninguno había podido llevarla a la práctica.

El genio de Lamarr y la experiencia de Antheil en el uso de pianos sincronizados permitieron crear un mecanismo similar a los rollos de pianista, que sincronizaba los cambios de emisor y receptor entre 88 frecuencias.

El invento fue patentado en 1942 y Lamarr se lo cedió a la Armada americana para que fuera empleado en los torpedos, pero la institución lo rechazó porque el invento resultaba demasiado voluminoso como para ser práctico.

Con la llegada de los transistores el dispositivo se puso en funcionamiento, aunque se aplicó por primera vez en 1962 durante la Crisis de los Misiles en Cuba. 

Ese sistema de frecuencias cambiantes es una pieza clave de muchas de las tecnologías de radio que usamos en la actualidad también en nuestros automóviles, como las conexiones por Bluetooth y WiFi, que utilizan esta técnica para evitar interferencias producidas por otros dispositivos cercanos.

Por sus aportes científicos, Lamarr recibió el reconocimiento de la Electronic Frontier Foundation en 1997. Murió en los Estados Unidos el 19 de enero de 2000. Tenía 85 años.


https://parabrisas.perfil.com/noticias/hombres-de-auto/mujeres-de-auto-hedy-lamarr.phtml?_ga=2.73113683.1943235813.1602386065-324398942.1602386065

domingo, agosto 16, 2020

Arturo Illia, no solo un honesto presidente.

Arturo Illia, no solo un honesto presidente.
A 120 años de su nacimiento, el perfil de Arturo Illia sigue envuelto en un nebuloso desconocimiento. Esto se debe en parte al propio personaje, quien jamás aceptó que se difundiera su accionar con fines proselitistas. A tal punto llegó su hermetismo que pocos saben que Illia vivió en Europa entre 1933 y 1934, y fue testigo del naciente fascismo al asistir a los actos públicos de Hitler y Mussolini. Hasta durmió un par de noches en un calabozo berlinés por negarse a saludar con el brazo en alto a una patrulla de las SS. Luego palpó de cerca las monumentales democracias de los países nórdicos y concluyó, por simple comparación, en las ventajas del sistema republicano.
Casi nadie conoce que unos años más tarde Illia fue enviado al norte argentino a negociar con oscuros traficantes la compra de armas de rezago de la guerra chaco-paraguaya para defender al gobierno cordobés de Amadeo Sabatini ante una posible intervención federal de la provincia. Tampoco que en 1955 se erigió en el cerebro de los comandos civiles de la llamada Revolución Libertadora, usando un sistema de claves secretas absolutamente inédito para la época, y que en esa instancia padeció un simulacro de fusilamiento a manos de las fuerzas oficialistas. O que no fue un médico rural, sino un investigador de primer orden que junto a Salvador Mazza cambió la teoría vigente hasta los años 30 respecto de la lucha contra el mal de Chagas.
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Gran jugador de póquer, amante del yoga, del budismo y del pacifismo gandhiano, Illia era un ávido lector, con sólidos conocimientos en filosofía, artes, historia universal y cultura general. Podía afirmar, sin dudar un segundo, qué cantidad de escuelas había en tal pueblo, cuánto rendía el trigo por hectárea en tal localidad, o el número de fábricas existentes en tal ciudad. Lo lograba por su prodigiosa memoria, pero también porque durante los 65 años de militancia había recorrido cada rincón del país. Illia guardaba entre sus sienes el árbol genealógico de la Argentina. Siempre le preguntaba el apellido a su interlocutor para luego comentarle que había conocido a su padre, su tío, o su abuelo, con certeros detalles al respecto.
En 1963 asumió la presidencia de la Nación con una vasta experiencia política: senador provincial por el departamento de Cruz del Eje (1936-1940), vicegobernador de Córdoba (1940-1943), diputado nacional (1948-1952) y gobernador electo de Córdoba (1962). Dos años y ocho meses duró la gestión de quien alguna vez recibió el mote de tortuga. A pesar del corto período, los resultados económicos fueron sorprendentes. El aumento del PBI fue del 10,3% en 1964, del 9,1% en 1965 y del 4,7% en los primeros seis meses de 1966. La industria creció 18,9% en 1964 y 13,8% en 1965; el sector agropecuario lo hizo al 7% y al 5,9%.
El gasto público disminuyó en relación con el PBI, y el déficit del presupuesto se redujo de $4054,1 millones, en 1963, a $2778,9 millones, en 1965. Al mismo tiempo, la partida destinada a educación alcanzó el 24% del presupuesto nacional, la más alta de la historia, y un Plan Nacional de Alfabetización alcanzó a 350.000 alumnos de 18 a 85 años.
En 1964, ante la dificultad para colocar en los mercados internacionales una cosecha excepcional de trigo, Illia decidió vender varios millones de toneladas a China Popular, aún gobernada por Mao Tse-tung. La Argentina se convertía en el primer país de occidente en comerciar con China, un mercado que hoy es codiciado por el mundo entero. Recién seis años más tarde, el presidente norteamericano, Richard Nixon, viajaba a China con el mismo fin. La operación de venta fue un éxito, con pago en libras esterlinas al contado, a través del Banco de Londres en Hong Kong, que actuó como agente financiero chino.
Illia sabía que el futuro estaba en Asia, y junto a su colega trasandino Eduardo Frei avanzó en la creación de una Federación Argentino-Chilena con capital en la ciudad de Córdoba, para que sendos países pudiesen comercializar sus productos a través de los dos océanos. Durante su presidencia, se logró el mayor triunfo diplomático sobre Malvinas. La resolución 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, instaba a los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas. Por primera vez en muchos años se redujo la deuda externa, de US$3390 a US$2650 millones. Luego, habría de crecer sin interrupción hasta la fecha.
Bajo su mandato, se sancionó la ley del salario mínimo vital y móvil. En 1965, la tasa de desempleo se ubicó en el 4,4% y la participación del sector asalariado en el PBI pasó del 36% en 1963 al 41% a junio de 1966.
Cumpliendo la promesa de campaña electoral, Illia anuló los contratos petroleros firmados por decreto en la presidencia de Arturo Frondizi. Lo hizo por irregularidades jurídicas, pero también por motivos económicos: el metro cúbico de petróleo de igual calidad importado desde Rusia costaba por entonces US$13,02 puesto en el puerto de Buenos Aires, mientras que, por los contratos de Frondizi, las empresas concesionarias recibían del gobierno US$15,20 por el petróleo argentino colocado en el mismo puerto. Sin los contratos, la producción petrolera siguió creciendo bajo una YPF bien administrada.
Gobernó sin un día de estado de sitio ni denuncia alguna de corrupción. Al día siguiente de su destitución convocó al escribano mayor de Gobierno para hacer una manifestación pública de sus bienes. Al asumir la presidencia contaba con una propiedad en Cruz del Eje adquirida con el aporte de cuatro mil vecinos, que contribuyeron con un peso moneda nacional cada uno, útiles de consultorio, un automóvil y un depósito bancario de $300.000. A su derrocamiento, el 28 de junio de 1966, seguía teniendo la casa, pero había perdido el automóvil y el saldo de banco.
A quienes fueron a derrocarlo les dijo que no representaban a las Fuerzas Armadas y que eran "salteadores nocturnos que, como los bandidos, aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno". De forma premonitoria les anticipó: "Sus hijos se avergonzarán de lo que están haciendo y mañana los señalarán por haber producido horas tristes en el país". Años más tarde, la mayoría de los que participaron en el golpe expresaron públicamente su arrepentimiento.
Al día siguiente de su destitución, los asaltantes del poder encontraron $240 millones en efectivo en la caja fuerte del despacho presidencial. Era la totalidad de los fondos reservados que Arturo Illia pudo haber usado sin rendir cuenta a nadie. El coronel Horacio Ballester, a cargo del operativo, solo atinó a decir: "Para qué lo habremos sacado a este tipo".
Un ejemplo para estos tiempos.
Por: Agustín María Barletti
Autor de la novela histórica Salteadores nocturnos, sobre Arturo U. Illia.
Fuente de información e imagen: Arturo Umberto Illia - Facebook.