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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, mayo 31, 2026

La torta galesa busca consolidarse como patrimonio gastronómico de Chubut.

 


La torta galesa busca consolidarse como patrimonio gastronómico de Chubut.

Nacida como alimento de larga duración durante los primeros años de la colonia galesa en Patagonia, la tradicional torta negra atraviesa un nuevo momento de revalorización. Mauro Giannandrea, referente de una de las familias elaboradoras más reconocidas de la región, trabajan para proteger su identidad y preservar el “saber hacer” que la convirtió en un símbolo cultural del sur argentino.

En Gaiman, hablar de torta galesa no es solamente hablar de una receta. Es hablar de memoria familiar, de tradición patagónica y de un producto que logró atravesar generaciones sin perder su identidad.

Creada por los colonos galeses que llegaron a Chubut en el siglo XIX, la torta negra nació como un alimento pensado para soportar largos períodos de conservación y ofrecer alto valor energético durante los duros inviernos patagónicos. Con frutas maceradas en licores, especias y frutos secos, su elaboración todavía conserva procesos transmitidos de generación en generación.

Para Mauro Giannandrea, referente de una de las familias elaboradoras más reconocidas de la región, parte del renovado interés por la torta galesa tiene que ver con un cambio cultural más amplio. “La gente empezó a volver al origen, a buscar productos regionales, recetas auténticas y sabores que respeten procesos artesanales”, explica.

En tiempos atravesados por alimentos ultraprocesados y producciones industriales estandarizadas, la torta galesa encontró un nuevo espacio dentro de la gastronomía contemporánea. Lo que durante décadas fue un producto profundamente local hoy aparece ligado al patrimonio culinario patagónico y a una manera de producir vinculada con el tiempo, la memoria y el trabajo manual.

Actualmente, productores de Chubut, asociaciones galesas, organismos provinciales y entidades nacionales trabajan en la obtención de una Identificación Geográfica para la torta galesa, una herramienta que permitiría proteger su origen y sus características tradicionales.

“Nos pusimos de acuerdo en qué debe tener una auténtica torta galesa y qué no”, señala Giannandrea. “Puede haber diferencias entre recetas familiares, porque no hay dos tortas iguales, pero existen procesos y características que forman parte de esa identidad”.

Entre esos rasgos distintivos aparecen la maceración prolongada de frutas en licores, la humedad característica de la masa, el perfil especiado y una elaboración que todavía conserva mucho de artesanal. “El ingrediente secreto no es una receta escrita, sino el saber hacer”, resume.

En la fábrica familiar ubicada en Trelew, donde trabajan nueve personas, gran parte del proceso continúa realizándose manualmente. Para la torta galesa Memorable, las frutas se clasifican una por una y la maceración se realiza en cubas de roble, respetando técnicas heredadas de generaciones anteriores.

“El desafío siempre fue crecer sin modificar el producto”, cuenta. “Nosotros adaptamos la fábrica a la receta y no la receta a la fábrica”.

Aunque tradicionalmente la torta galesa estuvo asociada al té galés y a reuniones familiares, en los últimos años comenzaron a surgir nuevas formas de consumo. Desde bocados bañados en chocolate hasta postres con crema y frutos rojos, distintas versiones buscaron acercar este sabor patagónico a públicos más jóvenes.

Sin embargo, para quienes crecieron entre los aromas especiados de la cocina galesa de Chubut, la esencia sigue siendo la misma: una torta pensada para compartirse en momentos especiales.

“Cuando alguien abre una torta galesa aparecen recuerdos, historias y conversaciones”, dice Giannandrea. “Tiene algo muy ligado a la memoria y al encuentro”.

Más de 150 años después de la llegada de los primeros colonos galeses a Patagonia, la torta negra continúa ocupando un lugar singular dentro de la gastronomía argentina: entre tradición, identidad regional y patrimonio cultural.

Por 





miércoles, julio 09, 2025

¿Porqué comemos tortas fritas cuando llueve?


¿Porqué comemos tortas fritas cuando llueve?

Se sabe que su origen es alemán, pero se cree que llegaron al Río de la Plata de la mano de los inmigrantes españoles y árabes. De hecho, los árabes la llamaban “sopaipilla” que proveniente del germano significa: “pan mojado en liquido”.
La masa de la torta frita es similar a la masa para hacer el pan, la diferencia está en el leudado que es más breve. Lleva la harina de trigo, agua tibia y sal, sin embargo se puede preparar con otros agregados como la levadura, huevos, leche, azúcar, manteca o grasa. Hay una receta de base pero siempre hay variantes para elaborarlas a gusto, se pueden hacer crocantes o esponjosas.
Sin embargo…¿A qué se debe la combinación de las tentadoras tortas fritas en especial cuando llueve?
Al parecer y según la versión popular que hemos adoptado a través del tiempo hay una razón poderosa para hacer esto los días de lluvia, y para eso debemos remontarnos a la época de la colonia. Antiguamente “las mujeres de la casa juntaban el agua de la lluvia para utilizarla en unir la masa para hacer las tortas fritas”.
Por lo tanto, cuando en el campo llovía era indicativo de que había tortas fritas para todos.
En la actualidad seguimos esta excelente tradición donde se combina la lluvia, las clásicas tortas fritas y unos ricos mates para disfrutar en compañía de familiares y amigos.

Publicado en Buenos Aires: Historia, cultura y turismo.

lunes, octubre 12, 2020

Una jornada de reflexión y diálogo. Por Oscar Andrés De Masi.

 


LA FECHA HISTORICA DEL 12 DE OCTUBRE.

Una jornada de reflexión y diálogo.

Por Oscar Andrés De Masi *

Cuando el 4 de octubre de 1917 el presidente Hipólito Yrigoyen decretó que el día del descubrimiento de América fuera "fiesta nacional", nadie objetaba la operación descubridora  colombina. Al contrario, como el mismo decreto expresaba, se ponderaba el hecho como el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores se derivan de este asombroso suceso…

Frases tales como "la conquista" o "el valor de sus guerreros", integraban la memoria de un continente que, en el discurso oficial y dominante, no cuestionaba su genealogía hispana ni pronunciaba sentencias derogatorias sobre sus fundadores europeos. Naturalmente, los excesos punitivos de los adelantados y los encomenderos, o las penurias del trabajo forzado indiano, seguían siendo motivo de censura por parte de la historiografía honesta, precisamente porque eran juzgados como "desvíos" y no como "modelos".

El Gran Almirante

Cuando el presidente Yrigoyen decretó la "fiesta de la Raza" (sin duda, una palabra anacrónica e inexacta), la figura de Cristóbal Colón era indiscutida: instalado en el podio de la gloria terrenal, el Almirante recapitulaba panegíricos y apologías, en los tonos hagiográficos de una narración histórica que prefería atenuar los aspectos más reprochables de su gobierno indiano, aquellos que le valieron las cadenas que le impuso el comisionado Bobadilla. Porque el escarmiento regio, tarde o temprano, también llegaba a América.

¿Qué evidencia, entonces, el decreto de Yrigoyen? Lo mismo que evidencia el hecho curioso de que los presidentes constitucionales asumieran su magistratura un 12 de Octubre. Lo mismo que evidencian la multitud de estatuas, parques, teatros, calles, avenidas, pueblos, e instituciones culturales y hasta deportivas que llevan el nombre de Colón o del 12 de Octubre, en la Argentina, desde el siglo XIX y comienzos del XX. 

Evidencian el arraigo epocal de una identidad, y la solidaridad más completa entre el nombre del descubridor, la operación descubridora (en clave de "gesta") y las dos naciones asociadas a ella: España e Italia. 

Pero, al mismo tiempo, señalan una ausencia, fruto, también,  de la mirada de época: al aludir a la "raza", el decreto sólo incluía a los pueblos latinos, los colonizadores. Las comunidades originarias, ésas que habitaban el continente antes de la llegada de los europeos, y que fueron literalmente invadidas, permanecían conceptualmente excluidas.

Somos Nuevo Mundo

La Argentina de entonces se auto-percibía como parte de ese "nuevo mundo", al cual llegaban desde el siglo XIX los contingentes aluvionales de colonos e inmigrantes  A su modo, aquellos españoles e italianos (los grupos más numerosos) que cruzaban el Atlántico, repetían y resemantizaban la ruta y la supuesta "raza" de Colón. Pero aquel "nuevo mundo" argentino terminó siendo un reflejo etnográfico del "viejo mundo", un país europeizado al cual continuaban llegando los europeos. De los indígenas no se registraban rastros identitarios que merecieran el homenaje oficial.

Muchas décadas más tarde, el péndulo de la opinión pública terminó por desplazar su simpatía, en nuestra época, hacia, los pueblos invadidos y colonizados, que han logrado una apropiación simbólica del 12 de Octubre, como "Día del Respeto a la Diversidad Cultural", oficializado en el año 2010. Enhorabuena.

El 12 de Octubre se postula, ahora, como una jornada de reflexión y diálogo, doblemente superadora de las narrativas unilaterales: tanto de los relatos que pronuncian una apología acrítica de la  ocupación continental, por parte de España; como de los relatos que reducen el fenómeno de  la hispanización del continente a un catálogo de atropellos -siempre censurables- a unos derechos humanos que en los siglos XV, XVI y XVII, aún no habían sido proclamados, más allá de algún manifiesto teológico en favor de los aborígenes. 

Tanto los panegiristas como los detractores del 12 de Octubre coincidirán en que se trata de una marca en la historia de la humanidad, es un antes y un después en la biografía de un mundo que, de pronto, desde ese día, ha crecido en tamaño, pero más todavía en conciencia de si mismo.  Que la fecha esté signada por ese defecto congénito, que hoy llamamos "dominación" o "colonización" de los pueblos originarios, en nada borra el hecho histórico. Y aunque muchas veces los ancestros se vuelvan antipáticos, siguen siendo el linaje de nuestro pasado, así de  irreversible. 

Al oficializarse en nuestro país la efemérides del descubrimiento, en 1917, hacía ya varias décadas que aquella Argentina receptora de migrantes festejaba a Colón: el principal teatro lírico llevaba su nombre desde su primer emplazamiento en los bordes de la Plaza de Mayo; un edificio en Villaguay (Entre Ríos) ostentaba su efigie desde 1871; en 1876 el gobierno bonaerense designó una comisión encargada de planificar el pueblo "Colón"; en 1892, las colectividades italiana, española y francesa levantaron un monumento a Colón en Chivilcoy; un año más tarde, los galeses erigieron una pirámide colombina en Gaiman; en 1897, la Municipalidad de la Capital recibió una estatua del Almirante ejecutada por la escultora María Aguirre de Vasilicós; en 1899, un inmigrante genovés afincado en las cercanías de Bernal donó una escultura de Colón a la municipalidad quilmeña; en 1900, en Mar del Plata (donde existe una avenida principal con el nombre de Colón) se inauguró un monumento al descubridor. Finalmente, en 1910, se colocó la piedra fundamental del monumento porteño a Colón (inaugurado en 1921 y hoy trasladado a la Costanera norte). 

Ciertamente, el Almirante era popular allí donde hubiera italianos o españoles y, en contraste con el abundante tributo a su figura, en 1917 los pueblos originarios no eran motivo de un recuerdo oficial asociado al 12 de Octubre. El presente ha corregido ese error.

Más allá de la crítica que nos facilita nuestro tiempo, el decreto de Yrigoyen, aún en su sesgo de parcialidad cultural de época, lleva implícita la comprobación de que esa fecha histórica nos atañe en forma directa, porque señala el comienzo de nuestro contorno de referencias culturales y simbólicas Y porque nos mueve a sentimientos en tensión, cuando nos percatamos de las ausencias identitarias que aquella matriz excluyente permitía y que la sociedad y el Estado argentinos naturalizaban. El nuevo sentido de "diversidad" implicado en el feriado nacional, ha venido a completar nuestra mirada y a sumar memorias. Y ello es plausible porque ¿qué otras fechas del calendario colectivo serían capaces de interpelar nuestra subjetividad americana de ese modo?

Abogado, especialista en Patrimonio, ex secretario de la Comisión Nacional de Museos. Monumentos y Lugares Históricos.

Publicado en Diario "La Prensa", 11 de Octubre del 2020.

sábado, octubre 12, 2019

América, fragante y mestiza por Jorge Castañeda.

Todos los pueblos cuasi como la vida misma nacieron alguna vez, escribió César Currulef. “Aquel numeroso de Abraham, los caldeos y el reinado asirio de Senaquerib, los fenicios y el Imperio romano, el gran Temuji Kan de la Mongolia, los moros invasores de la tierra castellana y los hunos genuflexos a las puertas de la Roma cristiana”. “Y en la América fragante de Cristóbal Colón, antes, pero mucho antes, civilizaciones mayas y aztecas, en el cenit de su sabiduría la dejan esculpida para la posteridad”.“Al norte del hemisferio, los pueblos piel roja; y bajando por las aguas del Pacífico, los incas, el reino de la Araucanía y los pascuenses, fundadores en la inmensidad de los confines, numerosos como las arenas del mar”.
“Pero el tiempo pasa como la dicha y allá en el sur, a la vera del Callvulavquen, hollaron sus faldeos conquistadores y frailes, poblando la tierra, la Ciudad de los Césares, en las barbas y ante el asombro del pueblo mapuche”. Lo demás es historia conocida. Es traerlo a la memoria. “Y entonces debo decir que también yo he venido al mundo y me asombré de ver tanta maravilla: lagos, basalto, cóndores y nieve, como también pequeños pájaros multicolores, que en invierno se guarecen en las cuevas a orillas del gran lago”. “Pero al desierto Patagón lo traigo a la memoria porque allí viven los hombres y las mujeres de este Koñümpan, rescoldo de vida, tibio sol en las nacientes del Chenqueniyeu arriba”.
Y así es. Así debe ser. Es necesario ante un nuevo 12 de octubre recordar, traer a la memoria, como la pluma sabia de Currulef.
América fragante y mestiza, exótica y deslumbrante, de ríos arteriales buscando la sal de los mares, con selvas impenetrables donde hasta el día de hoy todavía el hombre no ha hollado con sus plantas, de cordilleras con sus picos coronados de nieves eternas, de volcanes que cuando se enojan braman y vomitan su lava, de lagos azogados en las alturas, de ciudades milenarias perdidas en la espesura, de piedras tutelares, de cañadones donde el curso de los ríos han erosionado sus laderas, de estatuas descomunales cuyo significado se pierde en la noche de los tiempos, de formas piramidales al igual que aquellas allá en el valle del Nilo. América del chocolate y el tabaco, de la papa, el maíz; señor y dios de los pueblos emplumados.
América, donde el hombre primigenio trajinó sus entrañas, donde “tierra fue, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla, fue cántaro caribe, piedra chibcha, copa imperial o sílice araucana. Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura de su arma de cristal humedecido, las iniciales de la tierra estaban escritas. Nadie pudo recordar después: el viento las olvidó, el idioma del agua fue enterrado, las claves se perdieron o se inundaron de silencio o sangre”. América arboleda, zarza salvaje entre los mares, de polo a polo balanceabas, tesoro verde, tu espesura. Tierra mía sin nombre, estambre equinoccial, lanza de púrpura, tu aroma me trepó por las raíces hasta la copa que bebía, hasta la más delgada palabra aún no nacida de mi boca”. Pablo Neruda, poeta nacional de Chile.
¿Acaso no glosó el Inca Garcilaso de la Vega las crónicas de la conquista y las pasadas glorias de los pueblos americanos? ¿Acaso no fueron mestizos los grandes escritores del continente como Manuel Scorza, César Vallejo y el mismo Rubén Darío, “un hijo de América y un nieto de España”? ¿No supo decir acaso el gran nicaragüense “Ojalá hubieran sido los hombres blancos/ como los Atahualpas y Moctezumas?”.
América, tierra de aventureros, de chamanes, ¿dónde ha quedado la voz de la werken, los saberes ancestrales de los ancianos, las lucha de los héroes, la identidad de los hombres hijos del maíz?
“América, nadie la para ya, no pueden detenerla ni la calumnia, ni el boicot, ni nada. Este es continente de aventura que a los aventureros se los traga, les sube por la sombra despacito y el ojo codicioso les socava. Vendrán los desahuciados de la tierra buscando sus riquezas legendarias hasta que un día en una sola greda se confundan las lenguas y las razas. América, animal de leche verde, por la gran cordillera vertebrada, hunde el hocico austral bajo el polo y descansa en su fuerza proletaria. Camina hacia la luz, lenta y segura, con el polen del sol en las entrañas. Y su destino torrencial fijado está en el tiempo por la Vía Láctea. Que el hambre, la violencia, la injusticia, la voluntad del pueblo traicionada, no harán sino aumentar su rebeldía, no harán sino apurar en sus entrañas el hijo de la luz que viene a unirnos en una sola espiga esperanzada. Porque América, tierra del futuro igual que la mujer, vence de echada”. Jaime Dávalos, poeta de Salta.
Hoy es el día de rescatar nuestra identidad, de recuperar el latido primordial de nuestra tierra de valor inmanente, consuetudinario. Este continente que nos dice con la voz del poeta “Sube a nacer conmigo, hermano americano”.
Publicado en Diario "Río Negro", 12 de octubre de 2019.

Pero Cristóbal Colón llegó a América. Casi no quedan dudas de que los polinesios, los monjes irlandeses y los vikingos llegaron a América antes que Cristóbal Colón. También es posible que antes llegara una de las tribus perdidas de Israel. Por fin, a las dos de la madrugada de 12 de octubre de 1492, el marinero de la Pinta Rodrigo de Triana lanza el grito de "Tierra".-

Cristóbal Colón.
No existen documentos fiables para determinar la fecha y el lugar de nacimiento de Colón, pero la mayoría de los historiadores apuntan a que nació en 1451 en Savona, en la república de Génova. Era hijo de Domenico Colombo y de Susana Fontanarroso, ambos de origen genovés. Sus padres se dedicaban a la fabricación de textil y al comercio.
Aunque se ha hablado mucho sobre su origen judío, no hay ningún documento que acredite ese supuesto; al contrario, se demuestra que era católico de la orden franciscana. Algunos historiadores hablan de su origen mallorquín, portugués o incluso gallego, pero la mayoría cree en su origen genovés.
Cristóbal Colón
Desde pequeño mantuvo el contacto con la navegación a través del oficio de su padre, que además de tejedor se dedicaba al comercio haciendo el trayecto entre Savona y Génova para comprar y vender. El joven Colón participaba en la navegación de cabotaje y aprendió cosas del mar. Primero navegó por el Mediterráneo y más tarde por el norte de Europa. En 1470-1472 se dedicó a actividades corsarias al servicio de la casa de Anjou, en contra de los intereses de Aragón. En 1476 el barco de Colón fue atacado por corsarios franceses frente al Algarve, consiguió escapar del naufragio y llegó a la costa portuguesa. En 1477 la empresa genovesa Centurione le contrata para hacer el trabajo de comprar azúcar en Madeira, por lo que fija su residencia en la isla de Porto Santo. Se casa con Felipa Moniz de Perestrello, hija del capitán de la isla, un lombardo que estaba al servicio del infante don Enrique el Navegante. Nace en Porto Santo su hijo Diego, que va a ser el heredero de Colón. La madre de su esposa estaba emparentada con la casa real de Braganza y gracias a ella pudo introducirse en la corte portuguesa como natural de Portugal. Durante 1482-1483 experimenta varios viajes marítimos por el norte y el sur del Atlántico y llega hasta más allá de Guinea. Se rodea del mundo de marinos, de gente del mar y de aventureros, nace la idea de navegar hacia el oeste para llegar a Asia y su proyecto del gran viaje va madurando. Esa idea ya existía en 1474 por el médico de Florencia Paolo Toscanelli, que calculaba la distancia entre Europa y Catay en unas 1600 leguas. El mapa de Toscanelli influyó en Colón para su proyecto de navegar hacia el oeste. Colón calculaba, en consonancia con los comentarios de Marco Polo, que a 625 leguas se encontraban las islas Antillas. Se supone que Colón tenía conocimiento o información sobre la existencia de islas más allá de las Canarias, aunque su hijo, el cronista Hernando, lo niega en su libro. En 1484-1485 Colón ofrece a Juan II de Portugal realizar una expedición a Asia a través del Atlántico, pero la rechaza por tres motivos:
Portugal había elegido la ruta de África para alcanzar Asia, descubriendo el cabo de Buena Esperanza en 1487. Vasco de Gama llega a los puertos de India y vuelve a Lisboa en 1497-1499.
No podía gastar más en otra expedición y el Tratado de Alcazobas (1479) impedía pasar la línea de las islas Canarias.
Según los expertos portugueses, la propuesta de Colón carecía de base científica o era poco convincente ya que Colón cometía errores en el cálculo de las distancias, aparte de que no era ningún letrado ni científico para poder ofrecer garantías de éxito de su propuesta.
En conclusión, le tomaron por un iluminado o por un simple aficionado porque le faltaban estudios en materia científica. Según Colón había 2400 millas entre Canarias y Japón, en lugar de las 10 000 millas que aseguraban los expertos conocedores de la materia. El cálculo de Colón se basaba en la información rudimentaria obtenida de Protonauta, el predescubridor que le había dicho que se llegaba a las Antillas yendo más allá de Canarias. En 1485 decide abandonar Portugal y llega a Castilla para ofrecer su proyecto a los Reyes Católicos. En 1486 llega a la corte de Castilla en Alcalá de Henares y el 20 de enero del mismo año se entrevista con los Reyes Católicos. La negociación durará más de seis años desde entonces, pero siempre la respuesta era negativa en base a los estudios realizados por los expertos. La comisión estaba formada no solamente por sabios expertos, sino también por políticos, letrados, marineros y profesores universitarios. Entre los políticos estaban también el cardenal Mendoza y Alonso de Quintanilla. A pesar de contar con sus amigos fray Diego de Deza y Antonio de Marchena (experto en geografía y cosmografía), no logra convencer a las personalidades. La comisión apunta a los errores científicos de Colón, igual que había sucedido en Portugal, y rechaza el proyecto. En 1487 vuelve a la corte, ubicada en Málaga, para una nueva entrevista, pero de nuevo fue rechazado porque los Reyes estaban demasiado ocupados con la guerra de Granada. No obstante, mientras tanto recibe una pensión de la corte gracias a la gestión de Diego de Deza y continúa viviendo en Córdoba a la espera de que finalice la guerra. Encuentra en Córdoba a una mujer que va a ser su amante, Beatriz de Arana, con quien convive sin llegar a casarse y tiene un hijo llamado Hernando. Durante esta etapa se relaciona con personalidades de la corte como el duque de Medinaceli, Quintanilla, el cardenal Mendoza, Santángel, Hernando de Talavera y Diego de Deza, entre otros. También manda a su hermano Baltolomé a Inglaterra y a Francia para ofrecer la misma propuesta, siempre con resultado negativo. Lo intentó de nuevo con Portugal en 1488, pero el navegante Bartolomé Díaz acababa de doblar el cabo de Buena Esperanza y no estaba interesado en el proyecto de Colón. Desde 1488 hasta 1491 no se conoce bien la vida de Colón, pero en 1489 se tiene noticia de que mantuvo contacto con el duque de Medinasidonia Enrique de Guzmán y con el de Medinaceli Luis de la Cerda para ofrecerles su plan. Los dos duques, aunque se mostraron interesados por el proyecto, contestaron que una expedición de tal envergadura correspondía a la corona, ya que los duques no tenían competencia en tal materia. En 1491, desesperado por tantos años de espera, decide dejar Castilla y llega a Palos, donde visita el monasterio de La Rábida y se entrevista con el confesor de la reina, Juan Pérez, quien permite a Colón volver a la corte que se encuentra en Santa Fe (Granada). Vuelve a tener una entrevista con la reina Isabel, pero la comisión sigue rechazando la idea de Colón. Dado que ya no había posibilidad de seguir ofreciendo su propuesta a Castilla, se marcha de Granada. Diego de Deza y Luis de Santángel interceden ante la reina Isabel ofreciendo financiar el coste de la expedición y la convencen para sacar adelante el proyecto. Fernando no estaba a favor del mismo, pero la reina le convence y toman la decisión de materializar la expedición. El pueblo de Palos tenía la obligación de proporcionar y costear dos carabelas por haber infringido la ley al pescar al sur del cabo Bojador, por lo que solo quedaba por financiar otra nave que iban a traer de los astilleros de Cantabria. El 17 de abril de 1492 se firman la capitulaciones de Santa Fe. Las condiciones propuestas por Colón fueron aceptadas con reticencia porque eran bastante exigentes: * Título de almirante de la mar oceánica. * Virrey de todas las tierras descubiertas. * 10 % de todas las riquezas que produjeran esos territorios. * Financiación de la expedición hasta dos millones de maravedíes. Se reclutan marineros experimentados en Palos, en la región de Niebla, de unos 3000 habitantes, que pertenecía al duque de Medinasidonia, pero la tercera parte de la tripulación eran conversos que querían huir de la Inquisición. Al principio costó reunir gente por tratarse de una aventura peligrosa propuesta por un extranjero poco conocido en la zona, pero gracias a la ayuda de los hermanos Pinzón se pudo solucionar el preparativo del viaje. Dos carabelas, la Pinta y la Niña, de los hermanos Pinzón, y la nao Santa María, la nave capitana armada en los astilleros del Cantábrico, estaban listas para zarpar. El 3 de agosto de 1492 Colón zarpa de Palos con rumbo a Canarias, donde cargaron víveres para la navegación. La salida real desde Canarias fue el 6 de septiembre. La tripulación recibió, antes de zarpar, el pago anticipado de cuatro meses a cargo de la corona. El 17 de septiembre alcanza el mar de los Sargazos. Ante la inquietud de la tripulación, Colón falsea la distancia recorrida y conserva la auténtica para él. A primeros de octubre alcanzaron las 700 leguas de navegación sin encontrar nada, lo que motivó que creciera el malestar entre los marineros.
El 10 de octubre se produce un motín. Cambia el rumbo y decide seguir la dirección que señalaban las aves viajeras. Por fin, a las dos de la madrugada de 12 de octubre de 1492, el marinero de la Pinta Rodrigo de Triana lanza el grito de «Tierra»: era la isla de Guanahani, en las Bahamas, que fue bautizada con el nombre de San Salvador. Colón pensaba que se encontraba en tierras de Asia y quería encontrar Cipango rápidamente. El 28 de octubre descubren la isla de Cuba, que llamarán Juana, pensando que era Catay, después de explorar el archipiélago en lugar de seguir dirección poniente. El 24 de noviembre de 1492 Martín Alonso de Pinzón se separa de la expedición y navega por su cuenta en busca de oro y botín con la Pinta. Fue un acto desleal por parte de Pinzón, pero Colón le perdona cuando vuelve. El 5 de diciembre encuentran Haití, que llamarán La Española, creyendo que se trataba de Cipango. Allí encontraron caciques con una disciplinada jerarquía. Según Toscanelli, en Cipango los templos y palacios estaban cubiertos con techos de oro. Sin haber averiguado si era realmente Cipango o no, Colón decide volver a España y deja unos cuarenta hombres bajo el mando de Diego de Arana en la fortaleza Navidad, que se construye con los materiales de la nao Santa María, que había encallado al norte de La Española. El 6 de enero de 1493 vuelve la Pinta de Martín Alonso de Pinzón, se prepara la vuelta en las dos carabelas y emprenden el regreso a España. Toman dos rutas distintas para el regreso. Uno hacia Bayona, en Galicia, y otro, a Lisboa. Colón, a bordo de la Niña, alcanza las Azores el 11 de febrero y llega a Lisboa el 4 de marzo de 1493. Se entrevista con el rey de Portugal, que se mostró muy disgustado por la violación del Tratado de Alcazobas. Sale de Lisboa el 13 de marzo hacia Sevilla y entra en Palos el 15 de marzo. A finales de abril se presenta ante los Reyes en Barcelona con los siete indios que traía. Aunque se planteó un problema diplomático con Portugal, se solucionó mediante la promulgación de dos bulas de Alejandro VI, y más tarde con el Tratado de Tordesillas. Los Reyes se muestran contentos con la hazaña, aunque Colón no trajo la cantidad de oro prometida, sino la simple noticia de la posibilidad de encontrarlo en el futuro. No podía confirmar que había llegado a Cipango ni a Catay, tan solo a unas tierras donde habitaban los indios de forma ancestral. El 4 de mayo de 1493 Alejandro VI expide la primera bula inter caetera («entre las restantes cosas») declarando a los Reyes de España y a sus herederos soberanos de todas las tierras descubiertas en América. El 26 de septiembre de 1493 la segunda bula inter caetera concedía a los Reyes Católicos las tierras ya descubiertas y las por descubrir situadas más allá de una línea imaginaria que pasaba a cien leguas del oeste de las islas Azores y de Cabo Verde, dejando bajo jurisdicción portuguesa las tierras situadas al este de aquella línea divisoria. Portugal invoca la bula del papa Calixto III (1456) que le reservaba la navegación hasta el océano Índico para reclamar que las Indias le correspondían. Ante la tensión creada por la situación se reúnen Castilla y Portugal para una negociación bilateral en Tordesillas. España necesitaba una buena relación con Portugal por tener abiertos dos conflictos con Francia: en territorio italiano y en la frontera pirenaica. Por parte de Castilla participaron Enrique de Guzmán, el conde de Alba de Liste, Gutierre de Cárdenas, el comendador mayor de León, el contador mayor y Rodrigo Maldonado de Talavera, experto en temas portugueses. El 7 de junio de 1494, por consentimiento de la reina Isabel, se rectifica la línea divisoria situándola a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Fue una concesión muy generosa por parte de España ya que gracias a este Tratado de Tordesillas Portugal obtiene el territorio gigante que hoy es Brasil. Portugal asimismo se garantiza por el Tratado el Atlántico sur para controlar la ruta del cabo de Buena Esperanza. El reparto de Alcazobas se había guiado por una línea horizontal, mientras que en el de Tordesillas era una línea vertical la que dividía el mundo en dos. En 1500 Portugal llega a Brasil, que se incorpora a Portugal. El segundo viaje de Colón inicia el 25 de septiembre de 1493. Zarpa de Cádiz con diecisiete barcos, cinco naos, doce carabelas y 1500 hombres a bordo en busca de Cipango y Catay, que no habían encontrado en el primer viaje. Llevan esta vez labradores y clérigos, además de marineros y soldados. También cargan en Canarias cabezas de ganado y productos hortícolas tales como naranjas, limones, melones y hortalizas. El 3 de noviembre de 1493 llegan al archipiélago de las Pequeñas Antillas: la Deseada, Dominica y Margarita. El 10 de noviembre, a Guadalupe y Martinica, con una población exclusiva de mujeres, y a continuación a La Española el 28 de noviembre. En La Española encuentran destruida la fortaleza Navidad (que habían dejado construida en el primer viaje), en la que habían quedado cuarenta compatriotas. No quedaba vivo ninguno. Deciden fundar ciudades, La Isabela y Santo Domingo, entre 1494-1496. Colón sigue creyendo que está en Asia y explora la zona. El 24 de abril se dirige a Cuba con la intención de encontrarse con el reino del Gran Kan. Llevaba una carta de presentación de los Reyes de España, aunque no la pudo utilizar. Empiezan a aparecer desertores de La Española que acusaban a los hermanos Colón por su desgobierno y algunos se marchan a España para informar a la corte sobre la mala gestión de los Colón en la isla, incluido el tráfico de esclavos, que no estaba permitido ejercer. Colón tuvo que dar explicaciones a los monarcas cuando regresó a España. El 11 de junio de 1496 regresa nombrando a su hermano Bartolomé como adelantado. También confía cargos de responsabilidad a su tercer hermano, Diego. A pesar de no poder dar grandes noticias del segundo viaje, con cierta decepción, los Reyes le confirman sus privilegios autorizándole a instituir un mayorazgo en la persona de su hijo Diego.
El 30 de mayo de 1498, después de dos años de estancia en España, emprende de nuevo el viaje por tercera vez y sale de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con seis carabelas y trescientas personas de varios oficios. Esta vez se separan desde Canarias en dos expediciones: tres carabelas con destino a La Española, y las otras tres, con Colón a bordo, se dirigen por otro rumbo distinto al sur, hacia las islas de Cabo Verde hasta la latitud de Guinea, y después al oeste para llegar al sur de La Española. Tuvo dificultades en la navegación por el viento en calma durante mucho tiempo, pero al final alcanza la isla de Trinidad (tres montes), pensando que era suelo asiático. Colón ya conocía la zona durante el segundo viaje de 1494, pero lo guardaba en secreto. Explora el golfo de Paria y descubre el río Orinoco, un paraíso terrenal. El 15 de agosto de 1498 encuentra la isla Margarita y llega a La Española el 31 de agosto. Por desgracia La Española estaba en situación de guerra civil por la rebelión de Francisco Roldán, que encabezaba a los españoles que no aceptaban la disciplina impuesta por los hermanos Colón y tampoco la explotación forzosa de los indios en forma de esclavitud. Su hermano Bartolomé no pudo controlar la situación en la isla durante la ausencia de Colón. Los Reyes envían a Francisco de Bobadilla como juez pesquisidor debido a las informaciones recibidas de los desertores. El 23 de agosto de 1500 llega a Santo Domingo el juez para instituir la prohibición de comerciar con esclavos. Ante la resistencia de los hermanos Colón, los arresta por orden real y los devuelve a España encadenados en un barco como presos comunes sin ningún tipo de privilegio. Al llegar a España, los Reyes los desencadenan con muestras de afecto, pero ya pierden confianza en la capacidad de Colón como gobernador. Mantienen sus privilegios como almirante, pero le quitan los poderes de virrey, dando por prescritas las Capitulaciones de Santa Fe, extremos que Colón y sus abogados no llegan a entender y no aceptan. El 13 de febrero de 1502 sale una armada de treinta barcos, al mando del nuevo gobernador Nicolás Ovando, para La Española con el propósito de sustituir a Bobadilla. A pesar de lo sucedido, los Reyes vuelven a pedir a Colón que emprenda otro viaje a las Indias por temor a que Portugal llegue antes que Castilla a las Islas de las Especies. Colón, a pesar de que ya no quería hacer más viajes tras haber sido desposeído de la gobernación de las Indias de manera injusta, acepta el encargo y zarpa de Cádiz el 11 de mayo de 1502 con cuatro navíos en compañía de su hermano Bartolomé y de su hijo Hernando, de 13 años. Era el cuarto viaje, pero esta vez le prohíben desembarcar y acercarse a La Española. Su misión era la de encontrar un estrecho entre el océano Atlántico y el Índico. Al llegar a la zona tuvo que soportar un huracán y a pesar de pedir ayuda a La Española no le autorizaron a fondear en el puerto e hicieron caso omiso de retrasar la salida de la flota en la que iba a regresar a España Francisco de Bobadilla, quien por ello naufragó y pereció en el mar. El 14 de julio de 1502 zarpa hacia Centroamérica, a final de mes llega a Honduras y sigue navegando por las costas de Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Tras explorar durante sesenta días el litoral continental del sur de Jamaica sin encontrar el estrecho, seguía creyendo que Cuba y Paria estaban unidos. El 16 de abril de 1503, después de tanta exploración, decide regresar a España. Tuvo dificultades en Jamaica para proseguir la navegación debido a una importante avería. Pidió auxilio a Santo Domingo enviando canoas, pero se vio obligado a esperar hasta el 28 de junio de 1504, casi un año, en el que permaneció en Santo Domingo. Hasta el 12 de septiembre no pudo zarpar para España. El 7 de noviembre de 1504 Colón llega por fin a Sanlúcar de Barrameda gravemente enfermo, por lo que no pudo acudir a la corte, ubicada a la sazón en Valladolid. Manda cartas a los Reyes para recuperar los privilegios concedidos en 1492 y solicita la ayuda de su amigo fray Diego de Deza, que acababa de ser nombrado arzobispo de Sevilla. La reina Isabel muere el 26 de noviembre de 1504 sin dejar nada escrito en su testamento para Colón. Por fin se dirige a Segovia para entrevistarse con Fernando, que no estaba con ánimos para tratar este asunto por el fallecimiento de la reina Isabel y porque su propia posición como rey de Castilla era incierta. Colón entonces escribe cartas a los nuevos reyes Juana la Loca y Felipe el Hermoso reclamando sus derechos, sin recibir respuesta. Aunque se habla de la penosa situación económica y marginación social que sufrió Colón después del cuarto viaje y de que se quejaba de vivir como un mendigo, siguió cobrando las rentas garantizadas en 1492. Prueba de ello fue que su familia pudo entroncar con la casa de Alba a través del matrimonio de su hijo Diego con la hija de Fernando Álvarez de Toledo, hermano del segundo duque de Alba, Fadrique. Realmente, Colón no vivió tan mal como se dice en esta etapa. Lo que él quería decir es que comparando con la fortuna que tenía que recibir como gobernador y almirante era muy poco lo que cobraba en la práctica. El 21 de mayo de 1506 muere en Valladolid después de redactar el testamento el 19 de mayo. Es enterrado en el monasterio de San Francisco de Valladolid. En 1509 sus restos se trasladan a Santa María de las Cuevas, en Sevilla. El 5 de mayo de 1511 su hijo Diego Colón recibió la confirmación de los títulos y prendas de su padre como virrey, pero solo de La Española y de las Antillas. Sigue la polémica sobre el paradero de sus restos. Unos opinan que están en Santo Domingo, otros dicen que están en Sevilla y algunos en Cuba o repartidos en dos lugares. El enigma sobre la persona de Colón aún permanece después de más de 500 años de su muerte.

Todo personaje se mide por sus hechos más destacados y no se debe juzgar por sus fracasos. Colón fue el descubridor del nuevo continente, aunque no tenía dotes ni capacidad para gobernar las tierras descubiertas. Colón fue un buen navegante, un aventurero y un gran luchador que alcanzó la hazaña del descubrimiento de América. Esto es lo que importa y lo demás no tiene por qué ser juzgado. No hace honor a la memoria el nombre de Estados Unidos de América, que debería ser Estados Unidos de Colombus. España debería reclamar tal denominación ya que Américo Vespucio no fue quien descubrió el Nuevo Mundo. En fin, gracias a Colón, España y Portugal pudieron disfrutar del nuevo continente durante muchos siglos, y más tarde también Inglaterra, al seguir la huella de las dos naciones líderes y avanzadas en la exploración oceánica. España no pudo colonizar el norte de América antes de que llegaran los ingleses: eran demasiadas tierras las que estaban en sus manos y el sur de América era más atractivo que el norte.
Bibliografía:
Yutaka Suzuki. Personajes del siglo xv, Orígenes del Imperio español. ISBN 9788460690399. 2015

miércoles, agosto 15, 2018

15 de agosto 1952, a los 90 años, fallecía en Trento (Italia) Alejandro Stefenelli, uno de los sacerdotes salesianos precursores del desarrollo patagónico.

La obra del Padre Stefenelli.

El 15 de agosto 1952, a los 90 años, fallecía en Trento (Italia) Alejandro Stefenelli, uno de los sacerdotes salesianos precursores del desarrollo patagónico.


El padre Stefenelli fue uno de los primeros colonizadores del Alto Valle del Río Negro y el pionero del riego mecánico en la zona. Fundó una escuela agrícola y en 1893 instaló el primer motor para extraer agua del río e irrigar las nacientes parcelas. El establecimiento sirvió más tarde de base a la chacra experimental de Juan J. Gómez, donde hoy funciona la Estación Experimental Agropecuaria del Alto Valle.
Acompañó al general Roca en la campaña al desierto y estuvo a cargo de la misión evangelizadora además de trabajar por el bienestar de los habitantes de la inhóspita región y de aquellas familias que venían a establecerse en el Valle. Hizo de su pequeña capilla el lugar donde concurrían los colonos y sus hijos para aprender a leer y escribir y también para adquirir muchos de sus amplios conocimientos. Supo calmar y curar el dolor de muchos y hasta salvar alguna vida. Provenía de una familia de profesionales, era hijo de un médico y hermano de otros dos, egresados de prestigiosas universidades italianas.
Un recuerdo de esos viejos tiempos fue el primer motor agrícola en traerse a estas tierras a tiro de bueyes y mulas pues aún no existía el ferrocarril.
Como impulsor de la agricultura en el Alto Valle, Stefenelli acompañó a la Cooperativa de riego desde su iniciación; y después hasta conseguir del Gobierno de la Nación la implantación de las primeras obras. El canal existente tenía dos metros de ancho y corría desde la confluencia del Limay y Neuquén hasta Roca.
El 27 de noviembre de 1933, por todos los méritos que se le reconocían hasta ese momento y a pedido de los vecinos, el Ministerio de Obras Públicas “dispone cambiar el nombre a la estación “Los Perales”, del Pueblo Viejo, por el de “Alejandro Stefenelli”.
Publicado en Diario "Río Negro", sábado 11 de agosto de 2018.

Agregado.

Aclaración sobre el Padre Stefenelli.

Deseo hacer una aclaración de nota en “Río Negro”. En la nota del diario de 11/8 pasado sobre “La obra del Padre Stefenelli” se menciona que el sacerdote acompañó al general Julio A Roca en la Campaña del Desierto.
En realidad, en esa fecha de 1879 Stefenelli no había llegado al país, sino que lo hizo en 1885 a Patagones en el barco Pomona sin ser aun sacerdote(1).
En la Campaña del Desierto acompañaron al general Roca como capellán militar monseñor Espinosa, el sacerdote Costamagna y el clérigo L. Botta.
Ing. Agr. Miguel Tassara.
(1) A Stefenelli autobiografía 2015
Se menciona que el sacerdote acompañó al general Roca en la Campaña del Desierto. En realidad, en esa fecha de 1879 Stefenelli no había llegado al país.
Publicado en Diario "Río Negro", 15 de agosto de 2018.

jueves, diciembre 28, 2017

Colón era «un mestizo mediterráneo multicultural», según un exanalista de la CIA.

En la penumbra de la Sala de Lectura de la Biblioteca del Congreso de EE.UU., el exanalista de la CIA Peter Dickson ha empleado «miles de horas» intentado desentrañar uno de los grandes misterios de la humanidad: el origen de Cristóbal Colón.
El almirante pasó a la Historia como el hijo de un humilde tejedor de la República de Génova que acometió para los Reyes Católicos la épica singladura que condujo en 1492 al descubrimiento de América, pero nadie conoce a ciencia cierta su procedencia. El propio descubridor del Nuevo Mundo «eligió vivir en la oscuridad en todo lo relativo a su lugar de nacimiento y familia», como recuerda su hijo Hernando Colón en la biografía de su padre.
Obsesionado con ese enigma desde 1991, Dickson ha surcado mares, no de agua salada, como el legendario navegante, sino de documentos antiguos en busca de la verdad. «En los años noventa pasé miles de horas y gasté miles de dólares. Durante muchos años, casi viví aquí, escarbando» en archivos, comenta en el Edificio Thomas Jefferson.
Nacido en 1947, Dickson trabajó durante «más de veinte años» como analista político-militar especializado en la proliferación de armas nucleares para la CIA. En el más poderoso servicio de espionaje del mundo, Dickson aprendió «la habilidad de ver pruebas que no parecen relacionadas, pero están relacionadas». Con esa «mente analítica», el ahora investigador independiente, autor de un libro y varios ensayos sobre Colón, intenta ordenar el galimatías de su vida mediante un infatigable rastreo genealógico.

Origen humilde

De entrada, Dickson cuestiona su origen humilde históricamente aceptado: «Eso no tiene sentido», subraya, porque «el desconocido hijo de un tejedor genovés» nunca podría haberse casado por estatus con Felipa Moniz, una dama de una familia aristocrática vinculada a la poderosa Casa de Braganza, que reinó en Portugal de 1640 a 1910.
Para decepción de quienes claman que Colón fue italiano, portugués, francés o español, el investigador sostiene que «no es nada (de eso) al cien por cien» y que se trata de «un mestizo mediterráneo multicultural con un complejo árbol genealógico». El exanalista de la CIA apoya la teoría de que el almirante proviene de una zona que abarcaba la costa entre Savona (Italia) y Mónaco (Riviera Francesa), bajo control de la República de Génova. «Puedes ser un ciudadano de la república genovesa -arguye- sin ser un italiano monocultural».
El puzzle de la vida de Colón se complica aún más porque «nunca escribe en italiano a los italianos. Les escribe en castellano», apunta Dickson, al recordar que filólogos, como Ramón Menéndez Pidal, han demostrado que «el castellano no es su lengua materna». En un reciente ensayo publicado bajo el sugestivo título «Colón: El ADN secreto y los misteriosos orígenes del primer icono de América», el investigador se zambulle también en las aguas de la genética como posible respuesta a la eterna incógnita.

Descendientes

Dickson aborda la investigación que, bajo la batuta del director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, estudia desde 2003 cientos de muestras de ADN de posibles descendientes del almirante apellidados Colón, Colom o Colombo de España, Francia e Italia. Los expertos cotejan ese ADN con muestras de restos de Colón, su hijo Hernando y su hermano Diego exhumados en Sevilla (sur español).
En un artículo divulgado en 2011 en la revista «European Journal of Human Genetics», los investigadores concluyeron que los Colom catalanes pertenecen a un número de linajes menor que los de los Colombo italianos, lo que hace más fácil seguir su pista genética. Dickson lamenta que los científicos no desvelaran información sobre el cromosoma Y hallado en los «bien preservados restos» de Hernando, de mayor calidad que los de su padre y su tío.
El exanalista cree que optaron por el «secretismo» para esconder que «no hallaron ninguna coincidencia» genética, y por temor a que ese resultado reforzase la «sospecha» de que esos apellidos fueran «un sinónimo adoptado para ocultar el origen de la familia». Lorente alegó el pasado octubre que, en aquel momento, «las tecnologías no eran suficientemente potentes» para establecer el tipo de cromosoma Y en los Colom catalanes y los Colombo italianos, si bien confía ahora en poder acabar el estudio en 2018.
Más allá de polémicas, Dickson asume la «magnitud titánica» de desentrañar un misterio que dura más de quinientos años y admite que tal desafío requiere la labor de un «equipo multidisciplinar». «Al menos -agrega el exanalista de la CIA-, creo que he abierto la puerta a un nuevo enfoque».

viernes, julio 28, 2017

Villa Regina, la ciudad cruzada por los nombres de dos primeras damas.

Villa Regina, la ciudad cruzada por los nombres de dos primeras damas.

Durante sus primeros 28 años llevó el nombre de la cantante lírica esposa de Alvear. Pero cuando enviudó Perón pidieron cambiárselo por el de la “abanderada de los humildes”. ¿Quiénes fueron y qué unió a estas mujeres de legado y espíritu fuerte?

Esta semana se cumplió el 65° aniversario de la muerte de María Eva Duarte, esposa del tres veces presidente Juan D. Perón y una figura que supo trascender las generaciones. Su nombre se cruzó en nuestro Alto Valle con el de otra mujer, también primera dama de la Nación, también artista, que supo ejercer su rol aún contra los prejuicios: Regina Pacini.
Villa Regina, justamente bautizada así en honor a la cantante portuguesa, es la ciudad en la que confluyeron ambos nombres, y uno estuvo a punto de reemplazar a otro. ¿Quiénes fueron y qué unió a estas mujeres de legado y espíritu fuerte?
Ambas despertaron rencor en su época, ambas tuvieron que hacerse lugar en un ambiente que les era ajeno: el de la política, tan lleno de hombres y de aristocracia por aquellos años. Pero ambas, a su manera, se las ingeniaron para dejar su marca y no simplemente pasar.
5 mil hectáreas fueron el escenario desde el que empezó a consolidarse lo que hoy se conoce como la “Perla del Valle” en el territorio de Río Negro. “Bravos pioneros a ti te forjaron, hombres valientes que no volverán”, dice la zamba oficial de la comuna. Italiano fue el origen de la mayoría de esos hombres y mujeres, y muchos de sus apellidos siguen atravesando las calles en cada cartel. Pobladores chilenos también colaboraron en las obras.
En medio de ese proceso, apareció el nombre de Regina Pacini, que había nacido a más de 10 mil kilómetros de la Patagonia, cruzando el Atlántico, en Lisboa (Portugal). Tenía 53 años y para 1924 ya había cumplido 17 de casada con Marcelo Torcuato de Alvear.
La firma de él como presidente, al pie el decreto que necesitaba la Compañía Ítalo Argentina de Colonización, hicieron que el pueblo diera sus primeros pasos, el 7 de noviembre de ese año. Cuatro años más tarde, la Estación del Ferrocarril en el kilómetro 1106 consumó el requisito fundamental que necesitaban para no quedar afuera del progreso.



En agradecimiento a ese respaldo, la nueva “gran colonia” tuvo nombre de mujer, una que no era militar, ingeniera, escritora o naturalista. Era cantante, lírica y de las más reconocidas, aunque el oficio recibiera la condena social entre las familias más conservadoras.
Justamente su talento y su voz atrajeron el interés de Alvear, cuando la vio cantar en Buenos Aires por primera vez, durante una gira. Esos dones, sin embargo fueron lo primero que ella tuvo que resignar para vivir el amor con él.
Ya no volvió a cantar en público desde que se casó, casi a escondidas, el 29 de abril de 1907, pero como contrapartida gestionó todo lo que pudo para ayudar a fomentar el arte y acompañar a quienes lo practicaban. La construcción de la casa del Teatro en Capital Federal es quizás su obra más recordada, aún vigente para asistir a quienes se retiran y no tienen los fondos para sostenerse económicamente.
En honor a esa pasión, grupos reginenses como el coro de Círculo Italiano también la eligieron como madrina.
Dato: bebas fueron las primeras nativas de la Colonia. Nacidas el 28 y 29 de mayo del ‘25, ambas se llamaron Regina, contó la museóloga Magalí Catriquir.

La parroquia local “Nuestra Señora del Rosario”, que hoy aparece imponente en la esquina de Av. Cipolletti y Artémides Zatti, también recibió de los aportes de Pacini para su construcción. Ella integraba la comisión de Damas Italianas y un evento como el realizado en el Teatro Cervantes de Buenos Aires en 1926 sirvió para conseguir donaciones. El 4 de abril de ese año se bendijo y colocó la piedra fundamental. 91 años después, fue declarada monumento, en 2014.
Así, la inclusión de la primera dama en el primer escudo de la Comisión de Fomento y el Acta Comunal selló la elección del nombre para una ciudad que creció junto a la elaboración de conservas, dulces y vinos. “Colonia Regina Pacini de Alvear” fue el primer nombre, que se acortó luego a Regina Alvear y por último quedó como Villa Regina, aunque ella nunca llegara a tocar su suelo. Sin embargo, en 1952 la historia estuvo a punto de tomar otro rumbo.
Un proyecto “formulado por las unidades básicas del partido peronista y sindicatos locales”, dice el archivo del diario “Río Negro”, buscó que se cambie la denominación de Villa Regina por la de Eva Perón.
Semejante modificación, a 28 años de la fundación de la ciudad, fue tratada en una reunión del Concejo Municipal. “Después de leerse el proyecto de ordenanza aprobando el cambio de denominación y después de escuchar la palabra de los concejales, se decidió poner a votación la cuestión, en contra de la opinión del representante por la minoría doctor Bailón, que consideraba debía someterse a estudio una cuestión de tal trascendencia. Resultó aprobada la ordenanza por cuatro votos contra uno”, relató el artículo que este medio publicó el 19 de septiembre de 1952, cuando aún era semanario.
Tiempo después, el 3 de octubre de ese mismo año, el pedido llegó hasta el ministerio del Interior, solicitando una “consideración favorable”. Sin embargo no prosperó y lo sucedido se volvió apenas una anécdota que sólo los más memoriosos recuerdan.
Esa fue una de las tantas demostraciones que se llevaron a cabo en la región en honor a la “abanderada de los humildes”, amada por muchos y odiada por sus opositores. Su delicado estado de salud motivó misas pidiendo por su mejoría y tras su muerte, el sábado 26 de julio a las 20.25, miles se movilizaron para despedirla en la capilla ardiente.

Partes oficiales difundidos por radio fueron la manera en que los ciudadanos fueron conociendo el desenlace. También la radio fue la manera en supieron lo que ocurría en el sepelio los que no pudieron viajar en tren hasta la capital. En Roca, por ejemplo, el mástil entre las plazas San Martín y Belgrano fue el punto de encuentro, alrededor de los “transmisores” callejeros.
La capilla de Nuestra Señora del Carmen abrió en su homenaje, rezaron en la Colonia Penal, hubo acto frente al local de la Delegación Regional de Trabajo y una marcha silenciosa por calle Tucumán, además de un altar levantado en la Municipalidad.
Una delegación de 38 integrantes, autoridades y dirigentes gremiales, partió en tren desde la estación de Roca para participar de los actos en Buenos Aires y tiempo después se encargó la nueva emisión de billetes de 5 pesos con su rostro, para homenajearla.
Autoría: Melina  Ortiz Campos.