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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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viernes, agosto 21, 2026

EL SECRETO DEL BUEN ASADO. ¿Qué va primero en la parrilla?



EL SECRETO DEL BUEN ASADO.

¿Qué va primero en la parrilla?
El orden clave para que el asado salga perfecto
Chinchulines, mollejas, chorizos, morcillas y carne tienen distintos tiempos de cocción. Qué debe entrar inicialmente, qué dejar para el final y cómo organizar las brasas para que todo llegue caliente y en su punto a la mesa
En el asado, el orden de los factores sí altera el resultado. No alcanza con comprar una buena carne, conseguir achuras frescas y encender un buen fuego: saber qué poner primero sobre los fierros y qué incorporar después resulta fundamental para que cada pieza llegue a la mesa en su mejor momento.
El error más frecuente es cargar toda la parrilla al mismo tiempo. Chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas necesitan cocciones muy diferentes y la carne principal también tiene sus propios tiempos. Una mala organización puede terminar con achuras secas mientras todavía se espera el vacío o, en el extremo contrario, con todos sentados y la carne aún lejos de su punto.
Entonces, ¿qué va primero en la parrilla? Si el menú incluye vacío fino o costillitas, chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas, hay un orden que permite manejar mejor el fuego y servir cada preparación cuando corresponde.
PRIMERO, LOS CHINCHULINES Y LA CARNE.
Los primeros lugares sobre la parrilla deben reservarse para las piezas que necesitan una cocción larga: los chinchulines y la carne principal.
Aunque sean finos, los chinchulines no son una achura para hacer vuelta y vuelta. Se calcula entre 30 y 40 minutos por lado, preferentemente con fuego indirecto.
La paciencia permite que queden dorados y crocantes por fuera, pero tiernos por dentro. Si se los expone desde el comienzo a un calor excesivo, existe el riesgo de quemarlos antes de completar la cocción.
Junto con ellos pueden entrar el vacío fino o las costillitas. En el caso del vacío, conviene empezar por el lado de la grasa y mantener un fuego moderado.
Si el objetivo es sentarse a comer alrededor de las 13.30, tanto la carne como los chinchulines pueden llegar a la parrilla cerca de las 11.45, después de haber encendido el fuego unos 45 minutos antes.
SEGUNDO TURNO: LAS MOLLEJAS.
Después de unos 20 minutos llega el momento de sumar las mollejas.
Su cocción busca un equilibrio: deben formar una superficie bien dorada y ligeramente crocante sin perder la textura tierna y jugosa del interior.
Más que seguir estrictamente el reloj, hay que prestar atención al tamaño de cada pieza. Cuando una cara esté bien marcada, se las puede girar para completar el dorado.
En un asado pensado para servir la carne a las 13.30, las mollejas podrían incorporarse aproximadamente a las 12.
TERCEROS, LOS CHORIZOS.
Los chorizos necesitan bastante menos tiempo, por lo que deben llegar a la parrilla cuando los chinchulines y las mollejas ya están avanzados.
Según su tamaño, pueden requerir alrededor de 10 minutos por lado. La salchicha parrillera suele estar lista algo antes, con aproximadamente ocho minutos de cada lado.
Si se busca un chorizo mariposa bien dorado, puede abrirse hacia el final y dejarse unos minutos sobre los fierros para aumentar la superficie tostada.
Para un almuerzo previsto a las 13.30, un buen momento para incorporarlos es alrededor de las 12.20.
LAS MORCILLAS, SIEMPRE AL FINAL.
Si los chinchulines están entre los primeros, las morcillas ocupan exactamente el extremo contrario del orden.
No necesitan una cocción prolongada porque ya están cocidas. El objetivo es simplemente calentarlas sin provocar que la piel se rompa y el relleno termine sobre las brasas.
Se estima que con unos cinco minutos por lado es suficiente. Una señal sencilla está en los extremos: cuando el relleno comienza a asomarse por las puntas, es momento de retirarlas.
Se recomienda servirlas inmediatamente junto con los chorizos para abrir el asado.
Por eso pueden sumarse cerca de las 12.35, apenas unos minutos antes de comenzar a llevar las primeras achuras a la mesa.
EL ORDEN TAMBIÉN DEPENDE DE LAS BRASAS.
Saber qué poner primero no alcanza si todas las piezas reciben exactamente la misma intensidad de fuego.
Una parrilla bien administrada puede tener distintas zonas de temperatura. La carne y los chinchulines pueden mantenerse sobre un calor moderado, mientras que las mollejas pueden pasar durante algunos minutos por un sector más intenso para conseguir el dorado final.
También conviene conservar brasas de reserva. Así se puede alimentar progresivamente la parrilla sin tener que recurrir a una gran cantidad de calor sobre el final para intentar recuperar tiempo perdido.
PRIMERO LAS ACHURAS A LA MESA, DESPUÉS LA CARNE.
El orden de entrada a la parrilla también permite organizar la salida.
Si los tiempos se calcularon correctamente, alrededor de las 12.45 deberían estar listas las primeras achuras. Chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas pueden servirse en pequeñas tandas, recién retirados del fuego.
Limón para los chinchulines, Sal y Salmuera de "A mi Gusto", pan y algún choripán permiten iniciar el almuerzo mientras el vacío o las costillitas completan su cocción.
De esta manera, las achuras cumplen naturalmente el papel de entrada y evitan que los comensales tengan que esperar a que todo el menú esté terminado para empezar a comer.
EL ÚLTIMO PASO: CONTROLAR EL PUNTO DE LA CARNE.
Con las achuras fuera de la parrilla, toda la atención puede concentrarse en la carne.
A partir de las 13, conviene controlar especialmente el punto, mover las brasas y desplazar las piezas hacia zonas menos calientes si avanzan demasiado rápido.
Unos cinco minutos antes de llevarla a la mesa, la carne puede retirarse y dejarse reposar brevemente antes de cortarla. Ese pequeño descanso ayuda a conservar sus jugos.
Así, para las 13.30, el plato principal debería estar listo.
LA REGLA PARA RECORDAR QUÉ VA PRIMERO.
Más allá de los horarios, existe una regla sencilla para ordenar cualquier parrilla: primero van las piezas que necesitan más tiempo y al final las que solamente requieren unos minutos de calor.
En un asado clásico, el esquema queda claro: carne y chinchulines primero; después mollejas; más tarde chorizos y, finalmente, morcillas.
El grosor de los cortes, la cantidad de brasas y el punto elegido pueden modificar los minutos. Pero respetar esa secuencia permite cocinar sin apuros, servir las achuras calientes y conseguir que la carne llegue a la mesa justo cuando todos están preparados para disfrutarla.
IMPORTANTÍSIMO y PARA QUE TU CARNE ASADA SEA UN VERDADERO ÉXITO.
Utilizar "Sales y chimichurris, A Mi Gusto" Sabores que enamoran.
(En Regina las conseguís sin inconvenientes)
El momento ideal para salar la carne depende del tipo y grosor del corte. Para piezas gruesas, se recomienda salar entre 15 y 40 minutos antes; para cortes finos o al dar la primera vuelta, se sala justo al ponerla en el fuego para evitar que pierda sus jugos.Salar antes de la cocción Piezas gruesas: Aplicar sal gruesa o entrefina unos 40 minutos antes.
Efecto de la sal: La sal disuelta penetra mejor en el centro.
Cortes recomendados: Asado en tiras, vacío o trozos grandes. Salar durante la cocción Cortes delgados: Como entraña, bifes o achuras. Momento exacto: Poner la carne a la parrilla sin sal y salar al dar la primera vuelta sobre el lado ya cocido.Evitar sequedad: Impide que los jugos naturales salgan antes de tiempo.



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jueves, agosto 13, 2026

La primera provoleta argentina: la historia del inmigrante que la creó, dónde se hace hoy y por qué aseguran que es “la más rica del país”.


La primera provoleta argentina: la historia del inmigrante que la creó, dónde se hace hoy y por qué aseguran que es “la más rica del país”.

El producto nació de la fusión entre la cultura quesera italiana y el asado criollo.

La marca fue registrada en 1963 y su formato cilíndrico protegido como diseño industrial.

Natalio Alba.
Natalio Alba, el inmigrante italiano que creó la provoleta.Natalio Alba,
el inmigrante italiano que creó la provoleta.

La horma entera de provoleta de Natalio Alba.

La primera provoleta argentina: la historia del inmigrante que la creó, dónde se hace hoy y por qué aseguran que es “la más rica del país”La marca Natalio Alba es parte de la historia de la provoleta.

Con los barcos de la inmigración italiana llegaron oficios enteros. Queseros, fideeros, embutidos que después se cruzaron con el asado criollo y terminaron siendo otra cosa. Recetas que en Italia tenían un nombre y acá se transformaron.

La provoleta es uno de esos casos. No vino de Italia armada, se inventó acá. El problema era simple: cómo lograr que un queso se pueda infiltrar en el ritual del asado. Lo resolvió un inmigrante que pisó Buenos Aires en 1917, con 15 años y el oficio de quesero en las manos.

Murió hace años, pero la palabra "provoleta" quedó pegada a su apellido, aunque hoy cualquier queso para asar se venda con ese nombre. Su nieto todavía guarda la historia completa: la técnica, la fórmula y hasta la forma correcta de tirarla a la parrilla.

La historia del inventor de la provoleta.

Natalio Alba llegó a la Argentina en 1917, con apenas 15 años, desde Rossano, Cosenza, Italia donde había nacido en 1902. “Venía de una Europa convulsionada por las guerras y traía algunas nociones sobre elaboración de quesos porque ya había trabajado en fábricas”, cuenta Gustavo Espósito, su nieto.

Espósito conoció poco a su abuelo que falleció cuándo él tenía 14 años. Hoy es actor. Su padre, Mauricio Espósito, también lo fue, con 22 películas en los años 50. Sus tres hermanos se dedican a las artes (canto lírico, tango, teatro), pese a que el negocio familiar viene del lado materno.

Su abuelo Natalio empezó de cero: “Compraba quesos en distintas fábricas y salía a revenderlos por la calle con un canasto y una bicicleta”. Pero la perseverancia hizo lo suyo y en la década de 1920 abrió su primera fábrica en Lobos.

En 1928 se casó con María Graciana Napolitano, argentina de raíces italianas, y al año siguiente compró una propiedad en Guardia Vieja y Bulnes, en Almagro. Allí vivieron y empezaron con un pequeño negocio de venta de quesos.

Fue comprando los lotes vecinos y transformando las casas hasta crear un amplio local, con depósitos y cámaras frigoríficas. Con el tiempo sumó otras tres plantas y consolidó una empresa.

Natalio tenía una obsesión: diferenciarse. “Queso duro tiene todo el mundo, sardo tiene todo el mundo, provolone tiene todo el mundo. Él quería fusionar la cultura italiana de los quesos con la cultura argentina del asado”, cuenta Gustavo.

Hasta que apareció la pregunta que terminaría cambiando la historia de los asados argentinos: “¿Cómo meto un queso en el asado?”. La respuesta no llegó de inmediato: fue un largo proceso de prueba, error y experimentación.

El problema era conseguir que el queso resistiera la parrilla. “Lo fundamental es el hilado”, explica Espósito. La leche se pasteuriza, se agregan fermentos y cuajos y se forma una masa “como si fuera un gran bollo de pizza”.

Después se corta en porciones de unos cuatro kilos y comienza el proceso que le da su característica principal: “Es parte hecho a máquina y parte hecho a mano”. Ese trabajo le da la firmeza necesaria para que no se derrita entre los fierros: queda dorado y crocante por fuera y cremoso por dentro.

En La Brigada se sirve la provoleta de Natalio Alba.

En 1945, la producción se trasladó a Arroyo Algodón, Córdoba, un pueblo que entonces tenía poco más de 300 habitantes. En ese entonces era una localidad tambera a 160 km. de la capital cordobesa, cercana a Bell Ville.

La fábrica terminó siendo parte central de la comunidad y el producto consiguió reconocimiento oficial. “En 1955 logró que se incorporara al Código Alimentario Argentino, en 1963 registró la marca Provoleta y en 1968 protegió el formato cilíndrico de la barra como diseño industrial”. También dejó claro que la forma, tan asociada hoy a la provoleta, fue parte de su invento.

Durante las décadas del 60 y 70, la provoleta de Natalio Alba se servía en la mayoría de los carritos de la Costanera porteña, por entonces el destino elegido por quienes buscaban comer buena carne.



Gaucha, en Palermo, es un restaurante de carnes premium que tienen la provoleta de Natalio Alba en su carta. Gaucha, en Palermo, es un restaurante de carnes premium que tienen la provoleta de Natalio Alba en su carta.

Hay una última precisión que Espósito considera importante: aunque el Código Alimentario la llama “queso provolone de pasta hilada para asar”, “no es exactamente un provolone, es otro queso diferente”. Y hay otra paradoja: Provoleta es una marca, pero terminó convirtiéndose en el nombre con el que todos conocemos al producto.

El historiador Daniel Balmaceda cuenta en "Grandes historias de la cocina argentina" que todo empezó con pequeños bloques de requesón fresco. Los estiraban una y otra vez para probar la elasticidad, hasta encontrar la textura justa. De esas pruebas nació la provola, y provoleta salió como diminutivo de ese nombre.

Ese fue el punto de partida. Pero el salto de la provola a la provoleta como la conocemos hoy, gruesa, pensada para la parrilla y no para untar, tiene nombre propio y es Natalio Alba.

Hoy Gustavo mantiene la tradición a través de una tienda virtual (www.provoletanatalioalba.mitiendanube.com) y una cartera de clientes “bastante exclusiva”, que incluye a La Brigada; la tradicional parrilla de San Telmo, Estancia 9 de Julio, Gaucha, un restaurante de carnes premium que se caracteriza por su menú por pasos y los restaurantes de los hermanos Petersen.


Juan Carlino, de Gaucha, investigó cuál era la mejor provoleta y llegó a la de Natalio Alba.Juan Carlino, de Gaucha, investigó cuál era la mejor provoleta y llegó a la de Natalio Alba.

Juan Carlino, chef de Gaucha, llegó a la provoleta de Natalio Alba por el boca en boca de otro parrillero. "No hay provoleta como las de antes", se quejaba él en una charla de asado. Un amigo le habló de una que comía siempre en una parrilla, aunque no sabía el nombre. Carlino se puso en campaña hasta que un proveedor le consiguió el contacto y empezó a usarla en su primera parrilla, Lumbre. Desde entonces no cambió.

Después de investigar el origen del producto, Carlino describe lo que la diferencia del resto: "tiene un sabor más profundo, genera costra más rápidamente y tiene una concentración de grasa mayor que el resto, no se desarma de la misma manera". Para él, es un queso de pasta hilada "muy bien ejecutado", con una maduración siempre controlada, algo que se nota en la consistencia del sabor. Su conclusión no deja dudas: "es la más rica de la Argentina".

La provoleta de Natalio Alba es la más rica del país. Tiene un sabor más profundo, genera costra más rápidamente y tiene una concentración de grasa mayor que el resto

Juan Carlino Chef de Gaucha. Los secretos para una provoleta perfecta,

Gustavo también tiene su método para llevarla a la parrilla y desmiente mitos. “No hay que ponerle una vuelta de harina, no es una milanesa”, advierte. Tampoco utilizar moldes.

Recomienda cortar la provoleta en rodajas de entre un centímetro y medio y dos centímetros y dejarlas reposar, tapadas con un repasador, hasta que alcancen temperatura ambiente. Ese reposo permite que se forme una película de aceite que las rodajas sudan y recubren en la superficie, clave para que conserve su forma al cocinarla.

Lograr la textura crocante por fuera y derretida por dentro tienen su secreto. 


Foto: Shutterstock.Lograr la textura crocante por fuera y derretida por dentro tienen su secreto. Foto: Shutterstock.

Después va directamente a una parrilla o plancha bien caliente, sin necesidad de agregarle nada. “Sabés que está lista para dar vuelta cuando se forma la costra en los bordes y se despega sola”.

En las cartas de los restaurantes la suelen adornar o acompañar con rúcula, morrones o huevo frito, no tiene objeciones, aunque él elige la versión más simple: “Un poquito de aceite de oliva y un toque de orégano arriba”. Una forma de dejar que el queso sea, sin demasiadas vueltas, el protagonista.

Por Daniela Gutierrez.

Diario Clarín - 13/08/2026.

Publicado en Diario CLARÍN.

Imágenes: Diario Clarín.

https://www.clarin.com/gourmet/primera-provoleta-argentina-historia-inmigrante-creo-hace-hoy-aseguran-rica-pais_0_uta3eBBhPH.html?dinamico

sábado, julio 11, 2026

Hermoso rincón argentino CHIMICHURRI en Wellington. Se fue de General Roca a Nueva Zelanda, abrió la única parrilla argentina y convierte cada partido de la Selección en una fiesta.

 

"Chimichurri", el restaurant de Lautaro en Wellington, colmado de argentinos cada vez que la Selección juega un partido en el Mundial.

Se fue de General Roca a Nueva Zelanda, abrió la única parrilla argentina de Wellington y convierte cada partido de la Selección en una fiesta.

Así se vive la pasión por la Selección al otro lado del mundo. Desde Nueva Zelanda, Lautaro Herrera creó Chimichurri, el único restaurante argentino de Wellington. Entre asados, empanadas y medialunas, reúne a cientos de compatriotas para alentar a la Albiceleste y mostrar la gastronomía argentina a los neozelandeses.

Los dueños de Chimichurri, un restaurant bien argentino en Wellington.

Y hoy 11/7/2026 se llena Chimichurri con el partido Argentina - Suiza.
Comentario GPA.


A más de 10.000 kilómetros de le región, entre las calles tranquilas de Wellington, hay un rincón donde el aroma de las empanadas, el humo de la parrilla y los gritos de gol hacen olvidar por un rato la distancia. Allí Lautaro Herrera, de 39 años que nació y creció en General Roca, encontró una forma de llevar la Argentina en el corazón… y también en cada plato.

Hace ocho años que vive en Nueva Zelanda. Llegó después de recorrer Europa y Dinamarca junto a su compañera, con la idea de viajar durante un tiempo. Pero la vida, y también la pandemia, cambiaron los planes. Hoy es dueño de Chimichurri, la única parrilla argentina de Wellington, un restaurante que se convirtió en mucho más que un lugar para comer: es un punto de encuentro para cientos de argentinos que necesitan sentirse, aunque sea por un par de horas, un poco más cerca de casa.

En sus mesas conviven sorrentinos caseros, milanesas, alfajores, choripanes y medialunas recién horneadas. Los neozelandeses descubrieron que las empanadas también pueden desayunarse y aprendieron a pronunciar “chimichurri” con sorprendente naturalidad. Pero el verdadero fenómeno ocurre cuando juega la Selección.

Mientras Nueva Zelanda respira rugby, el restaurante se transforma en una pequeña Bombonera. “Yo soy fanático de Boca”, dice el Laucha, como lo conocen sus amigos más cercanos. Las camisetas celestes y blancas reemplazan al negro de los All Blacks, los abrazos llegan con cada gol y los vecinos se asoman intrigados por una pasión que no termina de entenderse, pero que resulta imposible no contagiar.

“Vienen a vivir la experiencia argentina”, cuenta Lautaro. Muchos neozelandeses se acercan simplemente para descubrir cómo se siente un partido rodeado de argentinos. Lo que encuentran es una explosión de emociones: canciones, nervios, abrazos y festejos que convierten al fútbol en algo mucho más grande que un deporte.

Los horarios improbables de este Mundial, con tanta amplitud horaria, tampoco detienen la pasión. Si el partido es de madrugada, la jornada comienza antes de las tres de la mañana, mientras salen del horno las medialunas para el desayuno y se prepara la previa mundialista. Si el encuentro coincide con el mediodía neozelandés, el restaurante explota de gente con la mirada y las emociones puestas frente al televisor.

En las paredes cuelgan camisetas de fútbol y banderas argentinas, y en la televisión no se escucha inglés: los partidos se ven con el relato de Telefe, con Mariano Closs y Diego Latorre, porque hay sonidos que también ayudan a sentirse más cerca de los orígenes.

Llegar hasta ahí fue un camino largo. Lautaro dejó Roca a los 17 años para estudiar Comunicación en La Plata. Trabajó en la universidad, dio clases y durante años alternó el estudio con empleos en cocinas para poder sostenerse. Sin saberlo, allí estaba aprendiendo un oficio que terminaría cambiándole la vida.

En 2017 decidió emprender una aventura junto a su novia, de Misiones, a quien había conocido mientras estudiaban. La idea era recorrer el mundo durante un tiempo. Primero fue Dinamarca, después llegaron distintos países de Europa y del sudeste asiático. Más tarde apareció una visa para trabajar un año en Nueva Zelanda. El plan era seguir viaje, pero la pandemia alteró todos los mapas.



Con las fronteras cerradas y la incertidumbre instalada, decidieron quedarse. Y como suele ocurrir con muchos argentinos lejos de casa, transformaron la nostalgia en un proyecto. Primero abrieron una fábrica de pastas artesanales llamada La Linda. El emprendimiento funcionó tan bien que poco después apareció la posibilidad de comprar un restaurante más grande. Así nació Chimichurri.

“Nos dimos cuenta de que en cualquier ciudad del mundo encontrás comida china, tailandesa, turca, italiana o francesa… pero casi nunca comida argentina. Y nosotros tenemos muchísimo para mostrar”, cuenta Lautaro. “Nosotros tenemos una cocina construida con influencias italianas, españolas, árabes y mediterráneas que en Argentina adquirió identidad propia”. Lautaro habla con orgullo de los sorrentinos con rellenos generosos, de las milanesas gigantes, del lomito completo, de los alfajores (“también los hacemos nosotros”) y de esas medialunas que, según él, no existen en ningún otro lugar del mundo.

Los neozelandeses también empezaron a descubrirlo. Al principio todo era curiosidad y poco a poco llegaron los habitués. Hoy desayunan empanadas con absoluta naturalidad. “A nosotros todavía nos parece rarísimo”, se ríe Lautaro. Las de carne siguen siendo las favoritas, aunque las de cordero ganaron rápidamente su lugar. También preparan caprese, humita, pollo, verduras y hongos. Y por supuesto también está la parrilla.


Las empanadas de Lautaro ya son un clásico entre los neozelandeses.


Lautaro y su pareja consiguieron un proveedor dispuesto a cortar el asado como lo hacen los carniceros argentinos. Entraña, costilla y bife de chorizo llegan cada semana para alimentar una nostalgia que también se cocina porque hay un momento en el que Chimichurri deja de ser un restaurante para convertirse en otra cosa. Ese momento es cuando juega la Selección.

Cada vez que la Selección sale a la cancha, Chimichurri cambia completamente de clima. Llegan argentinos de distintos puntos de Wellington, aparecen camisetas clubes argentinos que durante unas horas dejan de lado cualquier rivalidad. También llegan latinoamericanos y cada vez con más frecuencia, neozelandeses. No vienen solamente a mirar un partido, vienen a vivir una experiencia.

“La participación de Nueva Zelanda y toda la locura de esto que se vivió con Tim Payne, que es de acá de Wellington, alimentó un poco más el interés por el fútbol. Es muy gracioso porque nos toman a nosotros como no sé… un experimento cultural, porque vienen a ver los partidos con nosotros y no entienden la locura, todo lo que se vive. Vienen a vivir la experiencia argentina, de cómo nosotros sentimos el fútbol. Contra Cabo Verde el restaurante explotó…”, cuenta Lautaro.

La carta de Chimichurri, con marcada presencia argentina.

Quizás por eso Chimichurri es mucho más que un restaurante. Es un refugio de argentinidad perdido en el Pacífico Sur. Un lugar donde un choripán, una milanesa o un simple grito de gol alcanzan para acortar, aunque sea por 90’, los miles de kilómetros que separan a Wellington de los afectos.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/se-fue-de-general-roca-a-nueva-zelanda-abrio-la-unica-parrilla-argentina-de-wellington-y-convierte-cada-partido-de-la-seleccion-en-una-fiesta/

11/7/2026.

domingo, julio 27, 2025

Eligieron la mejor empanada de Argentina: ¿de qué provincia es y cómo se prepara? Una encuesta del sitio Visiting Argentina armó un ranking de las más sabrosas del país.

 

La empanada tucumana volvió a dar qué hablar, esta vez a nivel nacional: fue elegida como la mejor del país en una encuesta realizada por el portal especializado Visiting Argentina, que convocó a miles de usuarios a participar del ránking de las empanadas más sabrosas del territorio argentino.

El sondeo buscaba responder una pregunta que divide pasiones en toda la Argentina: ¿cuál es la mejor empanada? Con su masa fina, su inconfundible repulgue y un relleno jugoso preparado con carne cortada a cuchillo, cebolla, huevo duro y condimentos justos, la empanada tucumana se quedó con el primer lugar del podio. Su sabor, su aroma y la fuerza de una receta transmitida de generación en generación la convierten en un ícono de la cultura gastronómica del norte argentino.

El ranking nacional ubicó en segundo lugar a las empanadas salteñas, reconocidas por su jugosidad y sus tradicionales toques de pimentón y comino, mientras que el tercer puesto fue para la versión santiagueña, que suele incluir aceitunas, pasas y huevo, y se cocina en horno de barro.

La elección de la empanada tucumana como la mejor del país no es un dato menor. Más allá de la receta, esta preparación representa una identidad, un modo de vida y una historia que se mantiene viva en las cocinas familiares, en los concursos regionales, en los puestos de feria y en las celebraciones populares de toda la provincia. Desde hace más de cuatro décadas, incluso, cuenta con su propia celebración: la Fiesta Nacional de la Empanada, que se realiza cada año en Famaillá y que reúne a miles de visitantes.

Presente en cada reunión, fiesta o evento popular, la empanada tucumana sigue conquistando paladares dentro y fuera del país. Su consagración como la más rica de la Argentina es también un reconocimiento a una tradición que se cocina a fuego lento y se saborea con orgullo.

Receta de Empanadas tucumanas.

Ingredientes

Masa clásica

  • 3/4 kg de harina
  • 300 g de grasa de pella.
  • 1 cda de sal gruesa
  • 1 taza de agua tibia, aproximadamente.

Relleno

  • 1 cda de sal gruesa verduritas para caldo
  • 1/2 kg de matambre (la parte bien gruesa)
  • 1 cebolla grande
  • 6 cebollas de verdeo
  • 100 g de grasa de pella
  • 3 cdas de aceite
  • sal, pimienta
  • 1 cdta colmada de pimentón
  • 1 cdta de comino en polvo
  • 1 cdta de aji molido
  • 1 cda de azúcar
  • 2 huevos duros picados.
  • Preparación

    La masa: unir todos los ingredientes para formar una masa. Darle forma de cilindro, dividirlo en rodajas de 1 cm de espesor. Amasar cada rodaja de masa para que quede bien unida y tierna. Tapar y dejar descansar.

    El relleno: hervir 3 litros de agua con las verduritas para el caldo y la cucharada de sal gruesa. Agregar el matambre desgrasado y dejar cocinar hasta que esté muy tierno (por lo menos 1 1/2 hora). Escurrirlo, colar el caldo y ponerlo en la heladera.

    Raspar bien el matambre para que quede bien limpio.

    Separar la carne en hebras, con las manos, como quien deshilacha una tela. Cortar las hebras en cuadraditos bien pequeños.

    Limpiar y picar las cebollas de verdeo.

    Derretir en una cacerola la grasa de pella con el aceite.

    Rehogar la cebolla común hasta que esté tierna. Retirarla del fuego y agregar la cebollita de verdeo picada, sal, pimienta, pimentón, comino, azúcar y ají molido.

    Agregar 2 tazas del caldo que se reservó, llevar al fuego, incorporar el matambre cortadito.

    Hervir todo junto unos minutos. Tapar, dejar enfriar en la heladera hasta el día siguiente.

    Armado: estirar cada bollito en forma circular, rellenar con la mezcla fría, poner un poco de huevo duro picado, hacer las empanadas con 13 repulgos, acomodar en placas engrasadas y hornear a fuego fuerte.

Publicado en LOS ANDES.

https://www.losandes.com.ar/sociedad/eligieron-la-mejor-empanada-argentina-que-provincia-es-y-como-se-prepara-n5956644

miércoles, julio 09, 2025

¿Porqué comemos tortas fritas cuando llueve?


¿Porqué comemos tortas fritas cuando llueve?

Se sabe que su origen es alemán, pero se cree que llegaron al Río de la Plata de la mano de los inmigrantes españoles y árabes. De hecho, los árabes la llamaban “sopaipilla” que proveniente del germano significa: “pan mojado en liquido”.
La masa de la torta frita es similar a la masa para hacer el pan, la diferencia está en el leudado que es más breve. Lleva la harina de trigo, agua tibia y sal, sin embargo se puede preparar con otros agregados como la levadura, huevos, leche, azúcar, manteca o grasa. Hay una receta de base pero siempre hay variantes para elaborarlas a gusto, se pueden hacer crocantes o esponjosas.
Sin embargo…¿A qué se debe la combinación de las tentadoras tortas fritas en especial cuando llueve?
Al parecer y según la versión popular que hemos adoptado a través del tiempo hay una razón poderosa para hacer esto los días de lluvia, y para eso debemos remontarnos a la época de la colonia. Antiguamente “las mujeres de la casa juntaban el agua de la lluvia para utilizarla en unir la masa para hacer las tortas fritas”.
Por lo tanto, cuando en el campo llovía era indicativo de que había tortas fritas para todos.
En la actualidad seguimos esta excelente tradición donde se combina la lluvia, las clásicas tortas fritas y unos ricos mates para disfrutar en compañía de familiares y amigos.

Publicado en Buenos Aires: Historia, cultura y turismo.