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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).
“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
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sábado, abril 18, 2026
miércoles, mayo 29, 2019
Rosario Vera Peñaloza, la “maestra de la patria”. En diciembre de 2014, por medio de la Ley N° 27059, se estableció: «El 28 de mayo de cada año, como el Día Nacional de la Maestra Jardinera», en conmemoración de la pedagoga Rosario Vera Peñaloza.
Rosario Vera Peñaloza, la “maestra de la patria”.
Cada 28 de mayo se celebra el Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, en honor a la mujer que dedicó su vida a la educación.
Por Valentina Selzer.
Rosario Vera Peñaloza nació el 25 de diciembre de 1873 en Atiles, La Rioja. Quedó huérfana siendo de muy pequeña y vivió con una tía, quien cuidó de los estudios primarios de su sobrina cursados en Atiles y luego en la provincia de San Juan, en donde los culminó.
En 1884 regresó a su tierra natal, ingresó a la Escuela Normal de La Rioja, dirigida por maestras norteamericanas. Allí se graduó como Maestra Normal en 1888.
En 1892 se dirigió a la ciudad de Paraná: fue alumna de Sara Chamberlain de Eccleston, en la Escuela Normal de esa ciudad.
En 1894 obtuvo el título de Profesora Normal. Paralelamente estudiaba el profesorado destinado a los jardines de infantes y, en 1897, se graduó como Profesora de Kindergarten, en la Escuela de Profesores del Jardín de Infantes de Paraná.
En 1900, fundó el Jardín de Infantes anexo a la Escuela Normal de La Rioja, el primero de una larga serie creadas en las ciudades de Córdoba, Buenos Aires y Paraná, abocándose al estudio de planes y programas de educación preescolar.
En 1910 fue designada Inspectora de Educación Física y al año siguiente ocupó el mismo cargo en la Escuela Provincial “Alberdi” también en Córdoba. En 1912 en la ciudad de Buenos Aires, asumióla dirección de la reconocida Escuela Normal N° 1 “Roque Sáenz Peña”.
En 1917, fruto de problemas políticos, fue declarada cesante. Se multiplicaron entonces las adhesiones públicas a su persona. Recién esta situación se reparó en el año 1924. También fundó y dirigió la Escuela Normal Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”.
En 1918, el Dr. Carlos María Biedma inaugura la Escuela Argentina Modelo en la ciudad de Buenos Aires con la colaboración de Vera Peñaloza, quien es designada Directora.
Dictó cursos en todo el país impulsando la enseñanza popular y las nuevas técnicas y didácticas en los jardines de infantes. En este sentido, adapta e innova sobre la base de Pestalozzi, Froebel y Montessori, creando en la Escuela Argentina Modelo un museo pedagógico con fines didácticos.
En 1924 se la designa Inspectora de Enseñanza Secundaria Normal y Especial. En este cargo, se desempeñó hasta su jubilación, por razones de salud, en el año 1928.
En 1931, el Consejo Nacional de Educación le asigna la creación del Museo Argentino para la Escuela Primaria que se instala en el Instituto Félix Bernasconi.
Se dedicó a perfeccionar a los maestros en su quehacer cotidiano siempre atenta a la conexión entre lo popular y nacional, el aporte de los pedagogos extranjeros reconocidos, lo teórico y lo práctico.
Rosario Vera Peñaloza falleció el 28 de mayo de 1950 en Chamical, provincia de La Rioja, a donde había viajado para brindar un curso a los docentes.
Desde entonces, cientos de escuelas del país llevan su nombre y fue reconocida mediante un sello postal como unas de las mujeres emblemáticas argentinas. También, los autores argentinos Félix Luna y Ariel Ramírez compusieron una zamba llamada "Rosarito Vera, maestra".
En diciembre de 2014, por medio de la Ley N° 27059, se estableció: «El 28 de mayo de cada año, como el Día Nacional de la Maestra Jardinera», en conmemoración de la pedagoga Rosario Vera Peñaloza.
https://www.telam.com.ar/notas/201805/285660-rosario-vera-penaloza-la-maestra-de-la-patria.html
Fotos: internet.
https://www.telam.com.ar/notas/201805/285660-rosario-vera-penaloza-la-maestra-de-la-patria.html
Fotos: internet.
jueves, abril 18, 2019
miércoles, octubre 12, 2016
OPINIONES: “Crotos” de HUMBERTO GUGLIELMIN.
En el “Diccionario de la historia argentina”, Félix Luna escribió que la palabra croto se utilizó en nuestro país para designar a los vagabundos, en realidad peones golondrina, que se desplazaban de una zona a otra buscando trabajo, el que fuere. Su aspecto harapiento y sucio y la pobreza extrema de su equipaje contrastaban vivamente con sus principios morales. No eran resentidos sociales ni parásitos. No querían robar sino trabajar. No esperaban que la solución de sus problemas viniera desde arriba, pues tenían una dignidad y orgullo personales que se lo impedían.
Muchos se sometían a increíbles privaciones y a intensos trabajos, porque con lo que ahorraran podrían hacer venir de Europa a sus familiares o comprarse un lote y comenzar a hacerse una casita.
No fue posible relacionar la pobreza y necesidades de esta gente con el delito, y por eso fue justo el decreto del gobernador de Buenos Aires José Camilo Crotto de permitirles viajar gratis en los vagones de carga del ferrocarril.
Los crotos nos demostraron que es perfectamente posible ser pobres sin incurrir en el delito, y si el trabajo no viene a uno hay que salir a buscarlo donde y como sea.
¡Ah! En esa época tampoco los políticos robaban y los sindicalistas eran pobres. Los crotos ¿suscribirían la afirmación de un joven de una villa del conurbano que recientemente dijo que “trabajar es de giles”?
Carta de lectores publicada en Diario "Río Negro", 11/10/2016.
Muchos se sometían a increíbles privaciones y a intensos trabajos, porque con lo que ahorraran podrían hacer venir de Europa a sus familiares o comprarse un lote y comenzar a hacerse una casita.
No fue posible relacionar la pobreza y necesidades de esta gente con el delito, y por eso fue justo el decreto del gobernador de Buenos Aires José Camilo Crotto de permitirles viajar gratis en los vagones de carga del ferrocarril.
Los crotos nos demostraron que es perfectamente posible ser pobres sin incurrir en el delito, y si el trabajo no viene a uno hay que salir a buscarlo donde y como sea.
¡Ah! En esa época tampoco los políticos robaban y los sindicalistas eran pobres. Los crotos ¿suscribirían la afirmación de un joven de una villa del conurbano que recientemente dijo que “trabajar es de giles”?
Carta de lectores publicada en Diario "Río Negro", 11/10/2016.
viernes, marzo 04, 2016
Paul Mauriat - Alouette "La peregrinacion" (1968).
Este momento musical es un tema del Maestro Ariel Ramírez y Félix Luna.
domingo, febrero 28, 2016
Protagonistas: Arturo Frondizi por Félix Luna.
Cuando conocí a Arturo Frondizi, en algún impreciso momento de 1946, tuve la impresión de que era un personaje notable. Después, al tratarlo más íntimamente (estoy hablando de los años inmediatamente anteriores a la caída de Perón) me ganó la certeza de que se estaba convirtiendo en un líder de características excepcionales. Y después de 1955, cuando encabezaba una franja amplia del radicalismo y conquistó la candidatura presidencial, no tuve duda que en lo que iba del siglo, el país no había contado con político tan completo como él.
Ese hombre, que todavía no había cumplido 50 años. Era, sin duda, un tipo superior, pero además, distinto a la fauna de los políticos de la época. No intentaba seducir ni halagar. Era de trato seco y preciso, sin palabras innecesarias. Se tuteaba con muy pocos, no prodigaba abrazos y aun a la gente que trabajaba a su lado llamaba por su apellido, nunca por su nombre de pila y menos por su sobrenombre. Alto, delgado, con esos anteojos que le daban un aire de “scholar”, estaba al tanto de todo, manejaba las informaciones más disimiles y conocía tan bien las internas del gobierno de la Revolución Libertadora como lo que ocurría en el más remoto comité partidario, además de las cifras de producción de petróleo y los logros o fracasos de la democracia cristiana en Italia.
Su oratoria proponía un estilo nuevo en los usos políticos argentinos, con su bella voz abaritonada y su impecable dicción, sin efectismo y prescindiendo de los recursos retóricos a los que se apegaban, en general, los dirigentes radicales. No ocultaba su ambición, pero la motorizaba sobre un pensamiento coherente y lógico que vertebraba su estrategia: restablecer la democracia con inclusión del peronismo, lanzar al país por el camino del desarrollo, no desdeñar ningún apoyo y dejar de lado los slogans que durante muchos años habían bloqueado el acceso de la Argentina a los bienes que hacían posibles los tiempos contemporáneos. Este pensamiento, lo fue transmitiendo a sus seguidores, que así pudieron contar con una formidable plataforma ideológica. Por eso, la consigna de la UCRI en la campaña electoral para constituyentes (1957) y la presidencial (1958) fue “Frondizi y el Programa”

Pero sucedía que, al mismo tiempo, Frondizi ya no creía en el Programa. Tenía razón. La Declaración de Avellaneda (1945) sobre la cual se había elaborado el programa partidario, era utópica y ya anacrónica. Había sido la expresión de un ideario teñido de los aportes del laborismo británico de posguerra y sobre todo, de las lecciones de Harold Laski. Había servido para unir a los núcleos radicales que luchaban contra los herederos de la conducción alvearista y fue apto para mantener la tensión del radicalismo frente a Perón. Pero ya no servía. ¿Cómo seguir manteniendo eso de la “reforma agraria inmediata y profunda”, si lo que necesitaba el campo, después de la caída de Perón, era el estímulo a su producción, la tecnificación de sus explotaciones, la capitalización y optimización de sus cosechas y rodeos? ¿Cómo sostener la cogestión en las fábricas cuando la industria precisaba de capitales extranjeros para posibilitar la producción de grandes insumos como el acero, la petroquímica, y sobre todo, el petróleo?
¿Podría YPF por sí misma crear el autoabastecimiento de hidrocarburos cuando lo que precisaba con urgencia era cerrar el drenaje de las divisas que le costaba la importación de combustibles? ¿Podría mantener la neutralidad yrigoyenista cuando al guerra fría ya se entibiaba y dejaba paso a la coexistencia pacífica?
Desde la oposición, Frondizi había sostenido fervorosamente el Programa, y lo había sellado en el espiritú opositor de los suyos. Esto es explicable porque bajo Perón, los opositores no tenían el menor acceso a las fuentes de información del Estado. Después de 1955, a través de sus analistas y especialistas en diversos campos, Frondizi encontró una realidad diferente a la que había imaginado en sus tiempos del “Bloque de los 44”. Entonces advirtió las falencias del Programa, pero era imposible cambiarlo: hubiera sido suicida. Entre 1956 y 1957 se limitó a emitir algunas señales débiles para comunicar a los demás advertidos de sus allegados la mutación de su pensamiento, pero no pudo llegar más allá. Fue así como sus grandes campañas transitaron dentro de un íntimo drama de sinceridad, que a veces lo llevó a forzar sus argumentos para convencer, sobre todo a los grupos juveniles que lo apoyaban que sus objetivos seguían siendo los mismos, lo cual era verdad, aunque su instrumentación tuviera que variar.
Hablando con Frondizi después de su derrocamiento, le pregunté cual había sido su error más grande durante su gobierno. Aceptarlo– me contesto sin vacilar. Era cierto porque los condicionamientos que lo asediaban habían sido tan fuertes que acaso lo más sensato hubiera sido rechazar el poder que la Revolución Libertadora le entregaba de mala gana y jurando vigilar sus pasos. Pero la política se hacer para ganar y Frondizi seguramente pensaba que, aún con un poder retaceado, la larga podía ganar la partida.
Pero uno de esos condicionamientos no lo imponía el gobierno de facto saliente ni los factores de poder vigentes ni los intereses que temían quedar lastimados por su gestión: lo constituía ese inevitable doble discurso con el que llegaba a la presidencia. Presionado espiritualmente por este desfasaje, tuvo que afrontar las furiosa reacciones por los contratos petroleros, los alborotos de “laica o libre”, los embates provocados por el abandono de los controles económicos y financieros, la toma del Frigorífico Lisando de la Torre y, más adelante, el sapo de la designación de Alsogaray.
El nuevo discurso de Frondizi aparejaba estas y otra broncas, pero el presidente tenía la seguridad de que el éxito de sus políticas, blanquearía, al fin y al postre, sus contradicciones. Por de pronto, hay que decirlo, salvo unas pocas deserciones, contó con el apoyo de su partido: aún a contrecoeur, casi todos sus dirigentes siguieron a su lado, confiando en su patriotismo, seguros de que el viraje era indispensable, jugándose en la afirmación de cosas que eran lo contrario de lo que habían dicho tantas veces. Fue un apoyo más emotivo y amistoso que político, pero dio ánimos a Frondizi para seguir en la lucha, entre planteos militares, huelgas, sabotajes, operaciones de inteligencia esbozadas dentro mismo del poder, y la creciente hostilidad del peronismo.
Tuvo éxito, en general. Hacia 1962 Frondizi había logrado cambiar las claves de la economía, obteniendo el autoabastecimiento de petróleo, conseguido inaugurar la siderúrgica pesada, achicar el Estado, impulsar la fabricación de automotores, integrar la Patagonia, poner término a la crónica “dieta eléctrica” de Buenos Aires y resolver el problema del transporte público. En el campo internacional, a pesar de los temblores que había aparejado el caso de Cuba, había estrechado vínculos con Estados Unidos y Europa marcando la prioridad de los intereses nacionales y el derecho del país a establecer rubros donde los capitales externos podían venir. La opinión publica había entendido el sentido de estas políticas, la alternativa más inteligente dentro del sistema capitalista, y había absuelto al presidente de sus inconsecuencias iniciales.

Pero en este abanico de logros, faltaba uno: hacer operativo uno de sus objetivos más importantes, el reingreso del peronismo al sistema democrático.
Las relaciones de Frondizi con el peronismo después de 1955 albergaban, innegablemente, un costado electoralista, pero fundamentalmente estaban animadas por su convicción de que habría paz social ni democracia estable si no se lo atraía al juego institucional. En esto, su convicción difería drásticamente del pensamiento del gobierno de la Revolución Libertadora y también del radicalismo balbinista, para quienes esa democracia renga e incompleta que proscribía a la mitad del electorado, era perfectamente aceptable.
El peronismo, que voto en blanco en las elecciones de constituyentes obteniendo la mayoría, simpatizaba con Frondizi. En vísperas de los comicios generales de marzo de 1962, algunos de sus colaboradores ordenaron activas gestiones para obtener del líder justicialista un apoyo explícito. Así se obtuvo un acuerdo que le significo al candidato desarrollista una abrumadora mayoría en las urnas. Pero ese acuerdo, el famoso “pacto”, fue una carga de plomo para el futuro presidente: irritó a las FFAA y dio a Perón una enorme relevancia. Frondizi hubiera ganado igual sin el pacto, tal vez no tan arrasadoramente, lo cual hubiera sido conveniente. LA vía del pacto, en cambio, erosionó gravemente a su gobierno, porque las exigencias de Perón eran incumplibles. El líder justicialista, que se sentía patrón de los votos mayoritarios, y lo era, se colocó de inmediato en una actitud de hostilidad y agresión contra Frondizi. No le bastó la ley de amnistía, ni la ley de asociaciones profesionales, ni la entrega de la CGT a los trabajadores: exigía más y más, porque quería dar por tierra con su gobierno. Y Frondizi tenía que caminar por el estrecho desfiladero de una durísima oposición peronista y una desconfianza permanente de las Fuerzas Armadas.
En 1959, desde su exilio, Perón publicó el supuesto texto del pacto, avalado al parecer por la firma de Frondizi; éste negó enfáticamente haberlo suscripto, pero la percepción de la opinión pública tendió a no créelo y su imagen se devaluó aún más: lo que años después sería común y corriente, una alianza entre partidarios, fue presentado como una inmoralidad flagrante, un acto de maquiavelismo intolerable. A partir de ese momento, Perón instruyó a los suyos para que emplearan el sabotaje y la violencia. Sin embargo, Frondizi no cejaba en su empeño de dar al movimiento proscripto la oportunidad de integrarse a la legalidad.
Este anhelo podría concretarse en marzo de 1962, cuando se renovaron gobernadores y diputados en un comicio crucial. El gobierno desarrollista dio luz verde para que el peronismo se presentara libremente: hay que señalar que todos los partidos políticos incluso el propio Aramburu se habían pronunciado anteriormente por el levantamiento de las proscripciones, aunque la sinceridad de estos pronunciamientos era muy dudosa.
De todos modos, Perón aprovecho la virtual legalización de su partido para pilotear una campaña que desde su comienzo fue una provocación, incluyendo su propio nombre en la formula gobernativa para la provincia de Buenos Aires y llevando adelante un envite agresivo, deslenguado, amenazante, cuyos desbordes erizaron a las Fuerzas Armadas.
El resultado electoral del 18 de marzo, sin embargo, no fue demasiado malo para Frondizi. Su partido triunfó en distritos importantes, algunos partidos opositores capturaron otros; la mayoría oficialista seguía prevaleciendo en el Congreso. El problema era la provincia de Buenos Aires, donde había triunfado el peronismo a pesar de la excelente elección de la UCRI. Y esto puso en marcha todos los motores del golpismo. No se tuvo en cuenta que los resultados electorales abrían el juego a una democracia amplia y compartida. Se presentó el triunfo peronista en la Provincia como el comienzo del caos, silenciando el hecho de que el futuro gobernador estaría acotado por una Legislatura que no dominaba, una Fiscalía de Estado independiente y una prensa libre, además de la Vigilancia de la Constitución encargada al poder nacional.
Nada se tuvo en cuenta en la ola de irracionalidad que arrastró a las FFAA y a buena parte de la opinión pública. Se montó un operativo psicológico como jamás se había visto: Frondizi comunista. Frondizi entregado al peronismo. Frondizi maquiavélico. Frondizi agente de Fidel Castro. Todos los sectores que acariciaban rencores, contra el presidente fueron cómplices pasivos, desde la izquierda hasta los radicales, que pese a la tradición legalista no dijeron una sola palabra contra el golpe. Hasta Aramburu, convertido en árbitro de la situación, prefirió plegarse a los motineros.
Por su parte, Frondizi aceptó todo para salvar la legalidad: se desprendió de lastres, intervino provincias donde el peronismo triunfó, cambio su gabinete, aceptó un plan que mediatizaba su poder. Consintió todo con tal de savlar la vigencia de la Constitución. No se trataba sólo de su innato apego a la legalidad: estaba cierto que si conseguía capear este temporal, al finalizar su periodo podría viabilizar una salida nacional. Pero las usinas del golpe no ignoraban esto: si no lo volteaban ahora, no lo voltearían nunca.

Catorce diás después de las elecciones fue detenido y trasladado a la isla Martín García. Cuando el pequeño avión despegó del Aeroparque llevando a ese hombre exhausto y demacrado pero entero, una experiencia histórica y prometedora se había clausurado para siempre.
Unas pocas cifras dan idea de la magnitud de la transformación del país durante los cuatro atormentados años de la presidencia de Frondizi.
En tres años, la producción de petróleo y gas natural aumentó un 150% y se logró sobradamente el autoabastecimiento. El consumo de acero por habitantes saltó de 94ks (1958) a 115 (1961). La producción de cemento aumentó 20% entre 1959 y 1961. La red vial se incrementó 10000 km. La producción industrial aumentó 10% entre 1959 y 1961, cifra nunca alcanzada antes. En 1958 se fabricaron 10000 tractores y en 1961 25000. En 1961 salieron de las plantas unos 100000 automotores. Entre 1958 y 1961 se invirtieron 450 millones de dólares. En 1961 la administración central registraba superávit y 250000 empleados públicos habían renunciado voluntariamente para ingresar en la actividad privada. No había desocupación ni inflación, el costo de vida era estable y nuestra moneda tenía un valor fijo. ¡Parece mentira que esta pacífica gente haya sido descabezada por un golpe militar, ante la pasividad de la ciudadanía!
Estas y otras cifras similares son definitivas en su significación, pero pueden dar una visión sesgada de la Argentina que construyó Frondizi. Porque lo más importante fue el cambio de mentalidad que promovió en la sociedad de su tiempo. Enseño a mirar mejor la realidad, a pensar en grandes cosas. Se puso pro encima de rencillas pequeñas, llamó a todos los hombres que podían ser útiles prescindiendo de sus orígenes políticos. No atacó nunca a sus enemigos, adoptó una actitud personal en la que no cabía el odio o el resentimiento. Abdicó del pensamiento que había sostenido cuando cayó en cuenta que no servía, y se dispuso a pagar el costo de esta patriótica inconsecuencia. Acaso su mayor gabela fue la de ser un adelantado a su época, pues un estadista, si no se coloca en su justo tiempo, puede fracasar, como le pasó a Rivadavia que cayó envuelto en sus propias utopías o peor aún, si se aferra a la realidad y la considera intocable (“la realidad es la única verdad”) se puede convertir, como Rosas, en un conservador sin concesiones. Cuando llegó al gobierno, el país estaba maniatado por prejuicioso ideológicos y anteojeras deformantes: el petróleo era sagrado, la neutralidad internacional era intocable, hacer una industria pesada era impensable, brindar al peronismo un espacio político era una traición. Frondizi rompió estos y otros tabúes: no siempre triunfó, pero más adelante, el camino que había iniciado se fue recorriendo por otros. Este fue un triunfo.
Acumulo muchos odios: de los peronistas, que se consideraban defraudados después de haberle arrimado todos sus votos, de los radicales, que creían que les habían robado una candidatura que les pertenecía, de la izquierda, porque los antecedentes progresistas de Frondizi les hicieron creer que gobernaría con sus ideas, de los nacionalistas por lo del petróleo, de los universitarios reformistas por la enseñanza libre, de los militares por tolerancia al peronismo… y así podría seguir una lista interminable. Este descendiente de umbrianos, negociador nato, podría ser filoso y terminante cuando estaba en juego el interés nacional. En último análisis Frondizi fue un precursor. Y ya se sabe que los precursores no siempre ganan: en su momento, se lo crucifica. Después, mucho después, se los honra….
Este es el Frondizi que hoy honramos y en cuyo recuerdo se ha confeccionado el libro que tengo el honor de prologar. Nos interesa el Frondizi refulgente de 1958/1962, no tanto el de años posteriores.
Pero los que alguna vez estuvimos en sus cercanía en las horas más altas de su empresa, siempre tendremos presente su figura única, ese patriota que, contra viento y marea, peleando como un demonio para abrir paso a la Argentina que soñaba, acorralado a veces y otras veces burlando al enemigo con sus estrategias sorprendentes, sin perder jamás la calma ni la dignidad supo darnos como dijo el poeta “ojos mejores para ver la Patria”.
Fuente: Félix Luna. Prólogo del libro “Arturo Frondizi, 1428 días de desarrollo en democracia”, editado por la Fundación Centro de Estudios Presidente Arturo Frondizi. 2001 Buenos Aires.
Publicado en Visión Desarrollista.
jueves, febrero 18, 2016
Ariel Ramirez creador de Obras Cumbres del folclore argentino fallece el 18 de febrero de 2010 a los 88 años.
Ariel Ramírez nacido en Santa Fe el 4 de septiembre de 1921
hijo de un maestro, periodista, matemático y escritor, Zenón Rodríguez, y de
Rosa Blanca Servetti, también maestra de escuela. Obtuvo el título de maestro
de escuela, al igual que otros 9 hermanos.
Fallece en Monte Grande, a los 88 años, el 18 de febrero de
2010.
Ramírez fue un gran músico argentino, compositor de gran
maestría y pianista de extensa
trayectoria y de prestigio internacional autor de numerosas canciones que
constituyen en clásicos sumamente populares y de la Misa Criolla, una de las
obras más importantes de la música argentina al igual que Mujeres Argentinas
que compusiera junto Félix Luna y que interpretara de manera brillante la voz
de la tucumana Mercedes “La Negra” Sosa.
Interpretaron sus creaciones: Gato Barbieri, Caravelli, Paul Mauriat, Miguel Bosé, Alberto Cortez, Jorge Cafrune, Mercedes Sosa, Jaime Torres,
Raúl Barboza, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Plácido Domingo, Benny Goodman, Armando Manzanero, Los Arroyeños, Cuti y Roberto Carabajal, La Chacarerata Santiagueña, Domingo Cura, Sergio Denis, Waldo de los Ríos, Hernán Figueroa Reyes, Ginamaría Hidalgo, Opus Cuatro, Sulma Paz, Mercedes Sosa, Lolita Torres, Lito Vitale, Atahualpa Yupanqui, Julia Zenko, entre otros.
Creador de obras clásicos como “Antiguo dueño de las flechas”,
“La tristecita”, "Juana Azurduy", "La hermanita perdida" con letra de Atahualpa Yupanqui, “Allá lejos y hace tiempo” con letra de Armando Tejada Gómez, "Los caudillos", “Volveré siempre a San Juan”, “La equívoca”,
“El Charrúa”, “Allá lejos y hace tiempo”, “Cuatro rumbos”, “Santafecino de veras” con letra de Miguel
Brascó, “Adiós a Belgrano”, “El Paraná
en una zamba”, “Zamba de usted”, entre
otras.
La obra dedicada a la poetisa Alfonsina Storni “Alfonsina y
el mar” se considera como la canción traducida a más idiomas del cancionero argentino
interpretada por distintos autores y de la obra del género folklórico que más
discos vendió en el mundo como fuera la Misa criolla.
La Misa Criolla compuesta en 1964 y basada en diferentes estilos folclóricos argentinos, se convirtió en un éxito mundial y fue interpretada en 40 idiomas; presentada en el Teatro Colón de Buenos Aires, en el Avery Fisher Hall y en el Lincoln Center de Nueva York. La versión más recordada de la obra contó con la participación de Zamba Quipildor, Jaime Torres ( “El Maestro” del charango), Domingo Cura (“El Maestro” de la percusión), Jorge Padín y el Coro Polifónico Nacional Argentino, dirigido por Roberto Saccente.
La Misa Criolla compuesta en 1964 y basada en diferentes estilos folclóricos argentinos, se convirtió en un éxito mundial y fue interpretada en 40 idiomas; presentada en el Teatro Colón de Buenos Aires, en el Avery Fisher Hall y en el Lincoln Center de Nueva York. La versión más recordada de la obra contó con la participación de Zamba Quipildor, Jaime Torres ( “El Maestro” del charango), Domingo Cura (“El Maestro” de la percusión), Jorge Padín y el Coro Polifónico Nacional Argentino, dirigido por Roberto Saccente.
Ariel Ramírez fue electo como Presidente de SADAIC (Sociedad
Argentina de Autores y Compositores de Música), en cinco períodos: 1970/74,
1974/77, 1993/97, 1997/2001 y 2001/2005.
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