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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, abril 19, 2026

El 18 de abril de 1995, falleció Arturo Frondizi a los 86 años.


 

8 de abril de 1995: Fallece Arturo Frondizi, intelectual y abogado correntino, promotor del desarrollismo en la Argentina, presidente de la Argentina por la Unión Cívica Radical Intransigente entre 1958 y 1962.

 El presidente Dr.Arturo Frondizi observa el catálogo de camiones de la general Motors Argentina justamente con tres unidades de la línea de producción de ese establecimiento lo exhiben en la residencia presidencial de Olivos,1960.

El 28 de octubre nacía Arturo Frondizi en Paso de los Libres.

Desde muy joven militó en la Unión Cívica Radical y fue uno de los líderes de su renovación en los años cuarenta.

Fue uno de los fundadores del  Movimiento de Intransigencia y Renovación y en 1946 fue elegido diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires.

En las elecciones de 1951 integró la fórmula presidencial de la UCR como candidato a vicepresidente, junto a Ricardo Balbín.

En 1957 rompe con Balbín y funda la Unión Cívica Radical Intransigente, al año siguiente es elegido Presidente de la Nación.

En 1962 es derrocado por un golpe cívico militar.

El 4 de diciembre de 1964 visitó Cañada de Gómez con motivo de la apertura del Comité que los «desarrollistas» tuvieron en la esquina de Balcarce y Moreno. En esa oportunidad brindó una conferencia de prensa que vemos en esta imagen.

En las elecciones presidenciales de marzo y septiembre de 1973, el MID liderado por Frondizi integró el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) junto al peronismo y otras fuerzas políticas, resultando victorioso con las candidaturas presidenciales de Héctor Cámpora y Perón.

El 27 de septiembre de 1974 fue asesinado su hermano Silvio Frondizi por un comando del grupo parapolicial de extrema derecha Triple A.

El 19 de agosto de 1976 falleció su hija Elena, con apenas 39 años.

Su partido colaboró con la dictadura cívico militar entre 1976 y 1983, aportando ministros y 94 intendentes, entre ellos a Gerardo Cabezudo en Cañada de Gómez.

El 18 de abril de 1995, falleció Arturo Frondizi a los 86 años.

Pablo Ditomaso.

Publicado en Folclore música y noticias /18 de abril de 2025.

sábado, abril 18, 2026

El presidente Arturo Frondizi. Por Félix Luna

 

El presidente Arturo Frondizi.

 

miércoles, enero 28, 2026

28 de enero de 1961: inauguración formal de la Casa Matriz del Banco de la Provincia de Río Negro, en Viedma; y el lanzamiento de los trabajos de exploración de los yacimientos ferríferos de Sierra Grande.

 

Hace 65 años el presidente Frondizi asistió en Viedma y Sierra Grande a dos hechos históricos olvidados.
El 28 de enero de 1961, se vivieron momentos históricos de gran trascendencia en Viedma y Sierra Grande. La llegada del presidente constitucional de los argentinos, Arturo Frondizi, le dio especial relevancia a aquellos actos, guardados en la memoria colectiva de toda una generación de rionegrinos.
Por Carlos Espinosa, Perfiles y Postales 2025, nota 3
La inauguración formal de la Casa Matriz del Banco de la Provincia de Río Negro, en Viedma; y el lanzamiento de los trabajos de exploración de los yacimientos ferríferos de Sierra Grande, como el puntapié inicial para lo que sería más de un década después la empresa Hipasam, son hitos de un modelo de provincia. Esa etapa fundacional, cuyos vestigios son hoy de dificultosa visibilidad, estaba conducida por el primer gobernador electo de la provincia: Edgardo S.N. Castello, un dirigente de clara visión desarrollista, muy cercano al presidente Fondizi, por la misma concepción del momento que vivía el país, y los antecedentes comunes de la militancia desde las filas de la UCR, primero, y la UCRI, después.
Que el jefe de Estado encabezara estas ceremonias, hace más de 60 años, no fue un hecho casual; por el contrario respondía a una precisa compaginación de acciones que tenían un mismo objetivo: poner a la joven provincia en acción, con palancas financieras e industriales.
La llegada de Frondizi
A pesar de los intensos calores de aquel verano (similares a los que se vivieron en la zona en lo últimos días) la llegada del presidente Arturo Frondizi se aguardaba con enorme expectativa. Un importante grupo de vecinos se trasladó desde Viedma al campo de aviación de Carmen de Patagones, dado que la capital provincial no contaba todavía con aeropuerto propio. Allí, al norte de la estación ferroviaria, a las 11 de aquel 28 de enero de 1961, aterrizó el avión DC-3 de la Presidencia de la Nación.
En la máquina llegaron Frondizi y Castello, acompañados por el presidente provisional del Senado de la Nación, José María Guido (representante por Río Negro en la cámara alta); el titular de la cámara de Diputados de la Nación, Federico Fernández de Monjardín y otras autoridades.
La comitiva abordó varios vehículos y se desplazó a la plaza San Martín, en donde el ilustre visitante fue recibido por el presidente del Concejo Municipal, Guillermo Humble, y recibió simbólicamente las llaves de la ciudad.
Una de las excelentes fotos de archivo que ilustra esta crónica no deja lugar a dudas sobre la masiva concurrencia sobre la calle San Martín y el interés que despertaron las palabras de Frondizi, gran orador que en cada sitio del país sabía encontrar las expresiones justas.
Terminada esta concentración el gobernador Castello invitó a Frondizi y el resto de la comitiva de representantes nacionales y provinciales a desplazarse a pie por la avenida 25 de Mayo hacia la Casa Matriz del Banco de la Provincia de Río Negro. Esa escena, inolvidable para muchos viedmenses, también se presenta en estas páginas.
En el Banco
En el escaso pero material documental impreso que quedó sobre el gobierno de Edgardo Castello (publicación “Tres años de gobierno”, tomo 1, 1961) se le otorga un espacio importante al acto inaugural del Banco de la Provincia de Río Negro. Se citan varios fragmentos del discurso del primer gobernador electo, de los cuales se tomaron las siguientes líneas: “Desde ahora en adelante la provincia contará con su propio instituto bancario; y su carácter oficial en sus encisos hace más obligada una disciplinada política crediticia, que sirva sin distinciones ni preferencias de zona o sectores, a las justas exigencias de la comunidad rionegrina. La fundación del Banco de la provincia de Río Negro importa satisfacer, bien sabemos, un legítimo reclamo. El mismo sólo será cumplido si desde sus comienzos la índole de sus operaciones no se aparta de esa imparcialidad, que debe ser norma rectora que guíe a sus autoridades, en el desarrollo de la misión que se les confía”.
Agregó Castello, en aquel luminoso mediodía viedmense: “al margen de las posturas formales se ha querido reservar el principal resorte del sistema financiero, dándole carácter estatal, lo que acentúa la responsabilidad en el ejercicio de las importantes actividades que le son propias. Con todo, hemos de decirlo: será un banco oficial, pero un banco con influencia oficialista”.
El recuerdo de Salazar
Carlos Salazar, memorioso vecino de Viedma lamentablemente ya fallecido, estuvo presente en la ceremonia, pues acababa de incorporarse como empleado de la flamante institución crediticia. Sus recuerdos personales, sobre algunas circunstancias previas, esa histórica jornada y hechos posteriores, están contenidos en este relato, tomado de una amena entrevista con el cronista.
“A fines de 1960 hacía ya 13 años que yo trabajaba en la sucursal Viedma del Banco Nación. El doctor Castello, que había sido asesor legal del banco, me llamó una mañana y me dijo que quería que Orlando Mainini y yo pasaramos al banco provincia que recién se estaba formando. De la sucursal de Patagones del Nación pasaron Manuel Elvira y Raúl Elosegui, en tanto que por otra parte ingresó una jovencita llamada María del Carmen Génova, más conocida como Titi, que haría una larga y calificada trayectoria. El director ejecutivo era don Próspero Entraigas, cuñado de Castello, que se desempeñaba también en el banco Nación en un alto cargo en Buenos Aires. En aquel acto del 28 de enero don Próspero pronunció una frase que no me olvidaré nunca y fue cuando le dijo a Frondizi: el señor Presidente nos sabrá disculpar que lo recibamos así, a medio vestir. Esas palabras se entendían porque en el edificio (que había sido proyectado para hotel de turismo) algunas paredes todavía tenían el revoque grueso, porque faltaban el fino y la pintura. Pero el banco tenía que arrancar, y arrancó. Se trabajaba fuera de horario, a veces de noche después de la cena, en la organización de toda la papelería. El gerente general era don Carlos Alberto Giudici, otro gran hombre, de conducta muy recta, que de vez en cuando nos hacía alguna observación de procedimiento y terminaba su charla diciendo; no podemos defraudar al doctor Castello.
Es que el banco fue como la niña bonita del gobierno de Castello. Él fue el titular de la primera cuenta corriente, que abrió personalmente aquel día de la inauguración. Castello defendía la autarquía del banco y confiaba totalmente en las decisiones de don Próspero. Yo estaba en la sección de créditos y una vez recibí la llamada de un funcionario, no voy a decir quien era aunque ya murió hace mucho, que en alguna forma intentaba convencerme de que se le otorgara un préstamo a determinada firma, que no reunía las condiciones adecuadas. Yo le explicaba que no se podía, que la empresa beneficiaria no tenía capacidad de pago para la suma que pedía, y este hombre insistía, hasta que le dije: ¿debo tomar sus palabras como una presión?; y el otro, enojado, me contestó: voy para el banco y lo vamos a arreglar. Enseguida le informé de la situación al gerente general, Giudici; entonces fuimos los dos al despacho de don Próspero, que nos contestó: déjenlo que venga nomás, así le damos entre todos. Finalmente el funcionario vino a pedir disculpas, porque se había dado cuenta de su error.” Hasta aquí el emotivo testimonio de Carlos Salazar.
Rumbo a Sierra Grande
Volvemos a la crónica del 28 de enero de 1961. Después de las palabras inaugurales y un refrigerio servido en la misma Casa Matriz del Banco de la provincia de Río Negro, Frondizi y Castello, más otras autoridades, subieron a los autos de la comitiva y regresaron a la pista aérea de Patagones. Abordaron nuevamente la aeronave DC-3 presidencial y partieron hacia San Antonio Oeste, en cuyo aeródromo los aguardaba el intendente municipal de esa localidad, Celso Bresciano, junto a un grupo de vecinos, todos ellos honrados por la presencia del presidente de la Nación y el gobernador de la provincia.
El último tramo del viaje, de 130 kilómetros de extensión en ruta enteramente de ripio, fue cubierto en varios automóviles (aquellos fuertes y compactos Ford Fairline del ’56 y ’57) dado que el destino final, Sierra Grande, carecía de una pista adecuada.
Era la media tarde cuando la comitiva llegó a la pequeña localidad donde Manuel Reynero Novillo, en 1945, había descubierto el yacimiento de hierro. El acto tenía por objeto el lanzamiento político institucional de los trabajos de exploración del metal, por cuenta de Fabricaciones Militares y la Empresa Minera y Siderúrgica Patagónica Sociedad Anónima.
Novillo, que había muerto pobre y sin reconocimiento en 1955, fue el gran ausente, pero fue aludido en las palabras de un geólogo militar. Frondizi fue el orador central y expresó “para la Argentina comienza la batalla del acero, y lograremos la victoria. El acero significa la tecnificación del agro, la explotación intensiva del petróleo, caminos, ferrocarriles, camiones, aviones, barcos. Industria liviana e intermedia abastecida. Balanza de pagos equilibrada. Vivienda sana y bienestar para todos”.
Hubo aplausos, la posterior firma de un acta pergamino y el regreso hacia San Antonio Oeste antes que expiraran las luces del atardecer.
Epílogo en el 2025
El banco que era “la niña bonita del gobierno de Castello” (tal como recordara Salazar) sucumbió ante el modelo financiero neo liberal y se rifó en la kermese de los años ‘90. En la actualidad hasta el Estado de la provincia está cautivo de la banca privada y paga elevados intereses cuando necesita efectivo para cumplir con sus obligaciones salariales. La empresa Hipasam, impulsada por Fabricaciones Militares, fue clausurada por el Estado nacional por la misma década; abandonando el socavón a la inundación y una fantástica ilusión de turismo de aventura. Años más tarde una generosa concesión, de los gobiernos radicales de Verani y Sáizs puso todo el complejo ferrífero, aquel que soñaba Arturo Frondizi en la jornada del 28 de enero de 1961 para “ganar la batalla del acero”, cayó en manos de capitales chinos… ¡para llevarse el mineral hacia China, no para el sustento de la industria argentina! Pasó un tiempo y ocurrió lo imaginable: la baja calidad en hierro del mineral de Sierra Grande no interesaba a la poderosa industria china y todo el complejo de la ex Hipasam permanece abandonado hace una década.. El contraste entre las ilusiones y expectativas de aquellos actos de hace 50 años y la realidad presente tiene que servirnos para reflexionar. Ya no sirve encontrar culpables, sino caminos para la recuperación de los ideales perdidos.
Hay un nuevo sueño puesto en marcha, con la recuperación del puerto de Punta Colorada, para la exportación de Gas Natural Licuado. Ojalá se logre! En tanto: este cronista contempla con admiración aquella foto de Castello y Frondizi, en Viedma, hace apenas 65 años.
Por Carlos Espinosa
(Esta nota fue publicada originalmente el 30 de enero de 2011, en la sección Perfiles y Postales del diario Noticias de la Costa, Viedma, Río Negro. Fue actualizada el 28 de enero de 2025).




viernes, noviembre 28, 2025

El automóvil con mayor identidad argentina resultó ser un modelo británico. Y no fue casualidad.



El automóvil con mayor identidad argentina resultó ser un modelo británico. Y no fue casualidad.

Aunque Torcuato Di Tella falleció repentinamente en 1948, mucho antes de la aventura automotriz que tomó forma tras el régimen implementado en 1959, su familia siempre estuvo ligada al imperio.

Torcuato, un confeso socialista y antifascista, incluso había sido voluntario en la Primera Guerra Mundial, peleando para los Aliados, así como el después rey consorte, S.A.R. Felipe, duque de Edimburgo, estudió en Argentina; algo de lo que no se habla.

Por su parte, el ejecutivo más importante de SIAM Di Tella, tras la desaparición de Torcuato, fue Haroldo Rodolfo Guido 'Guy' Clutterbuck, un personero del imperialismo británico.

Clutterbuck, que hablaba mejor inglés que castellano, era el clásico acólito que respondía a intereses extranjeros a pesar de haber nacido en Argentina.

Promulgado el decreto de promoción de la industria automotriz de 1959, la emblemática SIAM Di Tella Ltda. se volcó a crear una nueva sociedad a las ya existes bajo su paraguas. Para ello, H. R. Guido Clutterbuck -director general- consiguió un contrato de licencia y asistencia técnica con la BMC de Inglaterra para la producción de algunos de sus modelos en Argentina.

El más emblemático de ellos fue un sedán "Fordor" que alternativamente era vendido en su país con la marca Austin o Riley (tenía diferencias. En rigor la trompa era Riley y la popa era Austin) pero que aquí se lo rebautizó "Di Tella 1500".

1. Torcuato Di Tella.

2. Felipe de Edimburgo recorre la planta de SIAM Di Tella Automotores en Monte Chingolo, Lanús. A su derecha está Torcuato Sozio Di Tella, primo de Torcuato y Guido Di Tella, ejecutivo de la firma. A la izquierda del príncipe, H. R. Guido Clutterbuck presidente del directorio. Marzo de 1962.

El consorte de la monarca británica había viajado a la Argentina para "apuntalar" al gobierno de Arturo Frondizi que era objeto de innumerables planteos militares; finalmente fue derrocado y encarcelado el 29 de ese mes.




3 y 4. Significativa presencia del modelo 1500 como taxi y auto particular en Buenos Aires como en el resto del país.

5. Vestíbulo central de Di Tella Automotores, Oro 1744 Cap. Fed., alrededor de 1964. A la izquierda de la imagen está Clutterbuck, mientras a la derecha, Guido Di Tella, después ligado a la política, ocupando cargos de relevancia en los gobiernos de Isabel Perón y de Carlos Menem; con este último aplicó una extraña persuasión con los habitantes de las Malvinas.

*** Historias del motor de Franco Cipolla.

viernes, abril 18, 2025

Cuando yo era adolescente, hubo un Presidente que me deslumbró. Por Julio Lagos.

 


Cuando yo era adolescente, hubo un Presidente que me deslumbró.

Por Julio Lagos.
-Doctor Frondizi, ¿usted quiere volver a ser Presidente?
Era el año 1965. El ex presidente Arturo Frondizi tenía 57 años, pero parecía mayor. Al menos, desde la perspectiva de mis 20 años de entonces.
Lo veía alto, pero más que por su altura física por su aspecto doctoral. Camisa blanca impecable, corbata, traje gris, y un distintivo metálico en el ojal que no era una clásica escarapela concéntrica sino un sector horizontal de las franjas de la bandera.
Un par de años atrás había recuperado su libertad. En marzo de 1962, luego de ser derrocado por un golpe de estado cívico militar, quedó detenido en la Isla Martín García. Al año siguiente fue trasladado a El Tunquelén, cerca de Bariloche, hasta que quedó libre en julio de 1963.
Era una pregunta demasiado obvia, propia de un cronista inexperto:
-Doctor Frondizi, ¿usted quiere volver a ser Presidente?
Sonrió, más con la mirada que con los labios:
-Joven Lagos, ¿usted recuerda a Sarmiento?
-Sí, sí, claro – respondí entre vacilante y desconcertado.
-¿Y se acuerda de Sarmiento presidente o de Sarmiento, a secas? – insistió.
-De… de Sarmiento… a secas… – balbuceé.
-Yo no tengo pequeñas vanidades, tengo grandes vanidades. Espero que me recuerden como a Sarmiento: Frondizi, a secas. La presidencia es para los pequeños ambiciosos.
El de Arturo Frondizi es un caso raro.
Fue presidente constitucional de la Argentina, elegido en 1958 en comicios libres y dentro del marco de la democracia. De su derrocamiento, en la madrugada del 29 de marzo de 1962, apenas queda una fotografía en la que se lo ve sentado en el asiento de atrás de un auto, cuando lo llevan preso, para subirlo a un DC3 rumbo a la isla de Martín García. Pero casi nunca se lo menciona y es muy poco lo que se sabe de él .
Vos mismo, que estás leyendo estas líneas y que tenés un apreciable nivel cultural, encontrarás útil un pequeño repaso sobre su vida, intensa y casi desconocida.
Cuando él era Presidente, yo estaba en la escuela secundaria, en el colegio comercial José Ingenieros del barrio de Flores.
En el último año teníamos una materia que se llamaba "Geografía Económica de la Argentina", que dictaba la profesora Hilda Perincioli de Rampa. No indicaba libros de texto, sino que nos daba libertad para investigar y elegir las fuentes para nuestros apuntes.
Mis notas fueron 10, 10 y 10, una en cada trimestre. Al finalizar el curso, la profesora me preguntó:
- Lagos, ¿de qué libros estudió a lo largo del año?"
Le contesté la verdad:
- De los discursos del Presidente, señora.
Frondizi nació en Corrientes, hijo de una pareja de inmigrantes italianos que venía de Gubbio, la ciudad medieval en la que San Francisco amansó al lobo, ubicada en la zona mediterránea de la Umbría, "il cuore verde d'Italia", en Peruggia.
Esa pareja de tanos, don Julio y doña Isabel, humildes y trabajadores, tuvo 14 hijos. Todos estudiosos, brillantes. Uno de ellos, Risieri, llegó a ser rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires y bajo su mandato se creó la editorial Eudeba. Otro, Silvio, un filósofo y docente, fue masacrado por la Triple A el 27 de septiembre de 1974. Otro integrante de la familia fue víctima de la sangrienta violencia que asoló al país: Diego, hijo de Ricardo Frondizi, cayó asesinado en 1971.
Desde muy joven, Arturo ratificó el sello de esa familia notable. En 1927 ingresó a la Facultad de Derecho, y tres años después se recibió de abogado con diploma de honor. Eso fue en 1930. Gobernaba el país el general Uriburu, que había derrocado al presidente Hipólito Yrigoyen. El acto de entrega de los diplomas iba a ser presidido por Uriburu y el flamante abogado se negó a asistir:
-Yo no voy a recibir mi diploma de manos de quien volteó a un presidente constitucional…
Pocos meses después participó en una manifestación política contra el gobierno de Uriburu. Fue encarcelado.
Tuvo como abogado defensor a Silvio, su propio hermano. Pero a la semana Silvio también cayó preso y ambos compartieron la prisión en la Penitenciaría Nacional, que estaba en la avenida Las Heras, donde hoy mucha gente toma sol y pasea sus perros. Con el paso de los años, en 1961 y siendo Presidente de la Nación, Arturo Frondizi firmó el decreto por el cual se demolió la Penitenciaría Nacional.
A Frondizi le gustaba el fútbol. Era simpatizante de Almagro, donde había jugado de defensor en la cuarta división. Le pedí que definiera a un hincha de fútbol:
-Un hincha de fútbol es una persona que canaliza sus entusiasmos, sus lealtades y sus pasiones hacia una causa noble en lugar de hacerlo hacia cualquier forma de odio sectario…
¡Faltaban muchos años para que las barras bravas convirtieran esta respuesta en una tremenda ingenuidad!
El secretario privado de Frondizi era el doctor Alberto Julio Taddei, hijo de Atilio Taddei, un recordado kinesiólogo de Boca Juniors y de la selección nacional. Lo conocía como pocos:
-En las pequeñas cosas de todos los días, Frondizi refleja su manera de actuar en política. En el tránsito, por ejemplo. Le gusta mucho manejar, pero evita circular por las calles con muchos autos. Prefiere un camino más largo, pero sin congestionamientos…
Fue elegido presidente en 1958. Lo derrocó un golpe cívico-militar el 29 de marzo de 1962. Apenas estuvo en el poder tres años y diez meses.
El historiador Félix Luna escribió: "Durante el gobierno de Frondizi la transformación del país se operó, principalmente en el espíritu de los argentinos. Señaló la falsedad de las divisiones a cuyo alrededor los argentinos solíamos cascarnos fervorosamente, para plantear en cambio las grandes empresas donde podíamos encontrarnos todos, peronistas y antiperonistas, laicos y libres, izquierdas y derechas".
El autor se refiere a la política pacificadora de Frondizi, luego del gobierno de Aramburu y Rojas que había proscripto al peronismo.
Frondizi normalizó la CGT y promovió la Ley de Asociaciones Profesionales, luego de haber pactado una alianza táctica con Perón. Probablemente era demasiado para una sociedad que tenía heridas muy frescas. El antiperonismo gorila no se lo perdonó, y el peronismo no entendió que la transformación del país no necesitaba ni del populismo ni del culto a la personalidad.
Durante el gobierno de Frondizi se batieron todos los récords de crecimiento económico. Entre 1958 y 1960 se triplicó la producción de acero. En la industria automotriz, con diez fábricas nuevas, se produjeron 137.000 unidades en 1961, con un enorme crecimiento del sector de autopartes. En 1958 se construyeron 10.000 tractores y en 1961 fueron 25.000. En el cemento, el salto fue del 32 por ciento entre 1959 y 1961.
La llave maestra fue el petróleo: de 5 millones de toneladas producidas en 1958 se pasó en 1962 a 15 millones y la Argentina se autoabasteció por primera vez en la historia. El país dejó importar petróleo y de gastar 350 millones de dólares anuales.
Pero al llevar adelante su política petrolera, incorporando la inversión extranjera, Frondizi contradijo su posición, consagrada en el libro Petróleo y política, de 1954, donde se oponía a los contratos que el gobierno de Perón tramitaba con la Standard Oil.
Se lo dije:
-Doctor Frondizi, usted hizo como presidente todo lo contrario que había escrito en Petróleo y política…
Me contestó rotundamente:
-Preferí dejar de lado mi vanidad intelectual. De ninguna manera iba a traicionar el interés del país para conservar una posición dogmática. Cuando me di cuenta de que yo había estado equivocado, no vacilé en seguir una política de desarrollo que tuvo un resultado magnífico. Y muchos de los que me combatieron no lo hicieron por defender a la Patria, sino porque al acabarse las importaciones ellos dejaban de cobrar sus comisiones.
De todas maneras, las cuestiones económicas no alcanzan para definir completamente el perfil del gobierno de Frondizi. Probablemente lo más notable de su gestión haya sido la transformación educativa, a través de la libertad de enseñanza que permitió el desarrollo de las universidades privadas en el país. En aquel momento se desató un debate en el que se enfrentaron esos dos sectores, "laica" y "libre", a los que aludía Félix Luna.
El conflicto fue de una virulencia excepcional, con grandes manifestaciones populares de uno y otro sector. El rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Risieri Frondizi, hermano del presidente, encabezaba el sector de los "laicos" y era su crítico más enconado. Finalmente, en un discutido trámite parlamentario, se impuso la posición del gobierno, con un altísimo costo político.
Hoy, cuando miles de alumnos cursan sus carreras en las universidades argentinas, parece inverosímil que esto haya sucedido.
Pero no fue el único riego que corrió Frondizi.
El 18 de agosto de 1961 recibió al Che Guevara en la residencia de Olivos, luego de la Conferencia de Cancilleres de Punta del Este. El presidente argentino estaba convencido que la situación de Cuba era un tema que debía resolverse dentro del ámbito americano, para evitar que Fidel Castro terminara en la órbita soviética. Esto lo habló Frondizi con John Kennedy, en dos entrevistas, ese mismo año. Hay un par de anécdotas de esas conversaciones, que revelan las terribles presiones que vivían esos personajes:
-¿Podemos hablar confiados delante de él?, dijo Kennedy señalando al intérprete argentino.
Y sólo cuando le aseguraron que Carlos Ortiz de Rosas (de él se trataba) era un hombre leal a Frondizi, inició la conversación.
A su vez, Frondizi tuvo la necesidad de plantearle a Kennedy la crítica situación que atravesaba su gobierno:
-Presidente, me quieren derrocar…
Y Kennedy le contestó:
-A mí me quieren matar…
Con el correr de los meses, ambos temores se confirmaron. Frondizi fue volteado en marzo de 1962 y Kennedy fue asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963.
Yo quería hablar de todos los temas polémicos, pero Frondizi prefería mirar para adelante:
-No es importante si Frondizi es bueno o malo, eso no es lo fundamental… En el país hay problemas de fondo…
Pero así y todo le pregunté por su destitución:
-Vea, yo dije que no me iba a suicidar, que no iba a renunciar, y que no me iba a ir del país… Cumplí con mi palabra.
Sin mencionarlos, aludía a otros presidentes americanos que sufrieron golpes de estado. Getulio Vargas, que se suicidó, Janio Quadros, que renunció, y Perón, que se fue al Paraguay.
Mi entusiasmo de joven cronista rozó la insolencia:
-A usted se lo acusó de ser maquiavélico…
Por un momento alteró su calma doctoral:
-¿Maquiavelo yo? Hice la política en la calle, nunca me quedé en mi casa…Me expuse a todo, a las represiones jurídicas, a las agresiones físicas. Incluso a mis propios errores… Si eso es ser calculador… Además, nunca eludí mis responsabilidades. Por eso me quedé en el país.
Mientras estuvo preso en El Tunquelén, Frondizi escribió la Breve historia de un yanqui que proyectó industrializar la Patagonia. Me regaló un ejemplar, con su dedicatoria manuscrita y me dijo:
-En este librito hablo de dos hombres extraordinarios… Uno es Ezequiel Ramos Mexía, que fue ministro de Roca, Figueroa Alcorta y Sáenz Peña. Y el otro es Bailey Willis, un geólogo norteamericano. En 1915 querían trazar y construir el ferrocarril transpatagónico… Mire todo lo que falta hacer en el país…
Frondizi quería abrir nuevos mercados para los productos argentinos. En diciembre de 1961 hizo una gira histórica y se convirtió en el primer presidente argentino que visitó la India, Tailandia y Japón. Ante el primer ministro Jawaharlal Nehrú, el rey Bhumibol Adulyadej y el emperador Hirohito habló de los temas económicos que lo obsesionaban: superar la condición de simple productor primario, industrializar el campo, neutralizar la política restrictiva de los mercados europeos.
La precisión de sus discursos y la certeza de los datos que ofrecía causaron asombro. Y no vaciló en halagar a sus anfitriones, participando de los actos tradicionales de esos pueblos, a quienes Argentina quería venderle los productos que sufrían las trabas de todo tipo que le ponían las grandes potencias.
Así fue que en la India se fotografió subido a un elefante, símbolo de la cultura milenaria de ese país.
La reacción de un enorme sector del periodismo argentino y de la oposición fue de burla, ante lo que calificaron como una payasada.
Pocas semanas después, la reina de Inglaterra visitó la India en visita oficial. También ella fue agasajada con la ceremonia del elefante, al que ascendió encantada.
Y aunque parezca mentira, aquellos mismos críticos que dijeron que Frondizi había protagonizado una ridiculez dijeron que el gesto de la reina era simpático y democrático.
Hay quien dice que Frondizi se adelantó a su tiempo. Lo cierto es que en su momento no fue entendido.
Últimamente, en cambio, se han escuchado algunas voces, desde sectores muy diferentes entre sí, que coinciden en señalar a Frondizi como un gran estadista.
La paradoja es que su propio partido, la Unión Cívica Radical, no lo reconoce como una figura propia. Fue sucesivamente diputado, jefe de la bancada, candidato a vicepresidente en 1952, y finalmente Presidente de la Nación.
En privado, algunos dirigentes son terminantes. Rodolfo Terragno, por ejemplo, me dijo que la decisión de Arturo Illia de anular los contratos petroleros firmados por Frondizi "fue el más grande error de la Argentina contemporánea".
Pero el ninguneo que sufre la figura de Arturo Frondizi no se limita a su propio partido.
Hace pocos años, un 29 de marzo, en un aniversario de su derrocamiento, fui al cementerio de Olivos a llevar unas flores a la tumba de Frondizi. Sabía que sus restos reposaban allí.
Lloviznaba, como para redondear una gris mañana otoñal en un cementerio. Compré unos claveles en el puesto que está sobre la calle Pelliza y entré. A la derecha hay una oficina. Abrí la puerta y saludé. Una joven empleada me miró y dudó: "¿Usted es…?". Y sonrió, cuando le confirmé que sí, que era el que ella había visto en "El show del Clío".
-¿Usted viene por algún familiar?… Mire que ahora no hay ningún servicio…
Le dije que no, que estaba allí por otra cosa:
-Vengo a traerle unas flores al presidente Frondizi.
Su mirada de desconcierto anticipó lo que luego me preguntó:
-¿Quién?…
En ese momento, otra empleada, tan amable como la primera pero un poco mayor, intercedió:
-Sí, el que fue presidente… Venga, salgamos que le vamos a preguntar a José dónde está Frondizi…
Salimos. En la soledad de esa mañana, el enorme playón blanco se extendía hacia el fondo, donde un señor en bicicleta respondía con el brazo levantado ante el grito:
-¡José, venga!
El hombre se acercó.
-José, el señor quiere ir a la tumba de Frondizi..
-Ah, sí, venga… Sígame…
Y empezó a pedalear en busca el pasillo correspondiente. La escena era francamente felliniana, porque yo iba detrás a las zancadas, casi trotando, con el ramito de claveles en la mano, bajo la llovizna, mientras José trataba de acertar el lugar exacto.
-No, no, aquí no… Ahora me acuerdo…, es allá, ¿ve?…
Y me señaló un panteón. Le agradecí y me acerqué al lugar.
Era el panteón de la familia Faggionato, el apellido de la esposa de Frondizi. Se me ocurrió pensar "no tuvo dónde caerse muerto".
No había ningún signo exterior que denotase que allí yacía un expresidente. Ni una bandera, ni un escudo, ni una placa.
Pensé que alguna vez deberá tener un espacio propio, con todos los honores. Y quizás en su lápida se pueda poner la frase que me dijo cuando terminó la entrevista:
-Me he pasado la vida luchando… amo a mi país.
Ahora estoy terminando esta crónica en julio de 2021. Y sé que todo lo que acabo de escribir puede parecer un anacronismo.
Más aún, quizás lo sea.
Pido disculpas, pero no puedo defraudar aquel pibe de los años 60´.
Y para colmo, nada de lo que vino después -¡tan mediocre!- me pudo ilusionar.
Visto en las redes sociales.

El presidente Arturo Frondizi.