"Ahora o nunca. Mañana es la mentira piadosa con que se engañan las voluntades moribundas".
Una frase de José Ingenieros que decía en sus discursos Oscar Eduardo Alende.
"Ahora o nunca. Mañana es la mentira piadosa con que se engañan las voluntades moribundas".
Una frase de José Ingenieros que decía en sus discursos Oscar Eduardo Alende.
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| 25 de septiembre de 1991. Alende se reunió con el ministro del Interior, José Luis Manzano y el Secretario de la Presidencia, Eduardo Bauzá. CREDITO: Archivo La Prensa. |
La derrota de Malvinas torció el rumbo de la dictadura y se inició el camino a recuperar la vida constitucional en democracia. El 17 de septiembre de 1982, en la Federación de Box, los intransigentes hicieron un primer acto político. Los oradores fueron Juan Carlos Manes, Claudio Saloj, Marcelo Arabolaza, Raúl Rabanaque Caballero y Darío Díaz. El evento fue cerrado por Oscar Alende.
La reorganización de los partidos políticos le abrió la puerta a cientos de actos de campaña electoral, mesas en las calles y pintadas políticas en las paredes de las ciudades. También hubo una intensa propaganda para afiliar a la ciudadanía a los partidos políticos. El 24 de junio de 1983, frente a unas 15 mil personas reunidas en el Luna Park, se presentó la fórmula intransigente integrada por Alende y el dirigente santafesino Lisandro “Gringo” Viale. Este último, nacido en 1927, tenía una larga trayectoria en la Intransigencia. Elegido diputado provincial en 1958, renunció al año siguiente por disconformidad con el gobierno de Frondizi. En 1961 participó en la fundación del Partido del Trabajo y el Progreso, una agrupación provincial corrida a la izquierda, pero regresó al PI tiempo después.
Se inició entonces el período de auge de la intransigencia. Se abrieron locales partidarios en barrios y ciudades; se organizó la Juventud Intransigente, la Juventud Universitaria Intransigente, el Frente Secundario Intransigente. Se produjo una incorporación masiva de miles de jóvenes al PI, convocados por una propuesta considerada “alternativa” al reformismo alfonsinista y la decadencia justicialista. Alende atrajo a una nueva generación, contestataria a la dictadura, que revalorizó la democracia y que encontró en el PI un nexo entre la lucha por los DDHH, el juicio y castigo a los culpables y el no pago de la deuda externa contraída por la dictadura. Esta incorporación no dejó de causar algunos inconvenientes, como es de suponerse, con los intransigentes más antiguos.
SEGUNDA FUERZA.
La JUI se convirtió en la segunda fuerza, después de la radical Franja Morada, en la Universidad de Buenos Aires, ganando los Centros de Estudiantes de las Facultades de Ciencias Sociales, Psicología, Filosofía y Letras, y Ciencias Exactas. Más modesto, el Frente Gremial ganó la conducción de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires. Tras un cierre de campaña multitudinario en Plaza Once, en donde se congregaron cerca de 50 mil personas, los resultados electorales del 30 de octubre de 1983, hicieron a Raúl Rabanaque Caballero, a Miguel Monserrat y a Marcelo Arabolaza diputados nacionales.
El dirigente porteo Nicéforo Castellanos fue el secretario legislativo del bloque. El PI conquistó las municipalidades bonaerenses de Lincoln, Benito Júarez y Coronel Suárez, además de más de treinta bancas en los Concejos Deliberantes.
Alende apoyó las investigaciones de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas; los juicios a las Juntas Militares; la Ley de Divorcio Vincular y el llamado al Congreso pedagógico nacional, pero fue crítico del gobierno de Raúl Alfonsín -ese joven diputado provincial que le ganaba en Chascomús durante su gobernación-, especialmente frente al manejo de la deuda externa, sosteniendo su ilegitimidad y proponiendo el no reconocimiento de ella.
En 1985, Alende encabezó la lista de diputados nacionales, lo que le permitió a Monserrat renovar su banca y ganar otras dos que ocuparon Juan Carlos Aramburu e Isidro Bakirjian. El PI se acercó a su máximo punto de desarrollo electoral. En las elecciones de 1987, tras la discusión interna acerca de mantener la individualidad partidaria o ir junto a la renovación peronista en un frente común, se impuso la primera opción.
El PI solamente logró sumar a la Cámara Baja a un diputado nacional, Luis Manrique, por la Provincia de San Juan, y a Julio Salto ganar la Municipalidad de Cipolletti. Paradójicamente, en ambos casos, los intransigentes habían ido aliados al peronismo.
Seguramente la polarización electoral de 1983 le quitó votos al PI, aunque logró instalarse como un partido a nivel nacional. Fueron fundamentales para esto el carisma de Alende y la llegada al PI de miles de jóvenes en busca de un espacio político alternativo, pero algunos inconvenientes ocurrieron que hicieron fugaz el éxito de “la patota del Doctor” como acostumbraban a cantar. ¿La necesidad de diferenciarse del alfonsinismo y mirar más condescendientemente a la renovación peronista pero sin construir una alianza electoral con esta? ¿La intención de lograr un partido político revolucionario, desde una mirada ligada al trotskismo y a las experiencias de los años sesenta y setenta pero en un partido político salido del radicalismo argentino? ¿Quedarse atrapado en el medio de los dos grandes de la política argentina y no poder acceder a conducir un tercer movimiento histórico que, dicho sea de paso, Alende manifestó mucho antes que Alfonsín?
EL ÚLTIMO INTRANSIGENTE.
Así las cosas, entre 1987 y 1989 el PI fue vaciándose de militantes y dirigentes. ¿Fin de las expectativas que despertó la primavera alfonsinista? ¿Simple oportunismo a que nos tiene acostumbrados la política nacional? ¿O estamos ante una imposibilidad estructural de la política que no permite tener un espacio nacionalista, popular, democrático y de centro-izquierda fuera de las dos estructuras mayoritarias, aunque ese espacio, de característica urbana y definida identidad cultural, exista?
De alguna manera el PI terminó como la UCRI después de Frondizi, que nunca pudo reconstruirse, solamente quedaron un partido de cuadros técnicos y lobista como el MID y Alende, cuya personal conducción pudo, tal vez, haber impedido el desarrollo de otros dirigentes a lo largo del tiempo.
Frente a las elecciones nacionales del 14 de mayo de 1989, la Convención Nacional del PI decidió integrar un frente electoral que llevó a Carlos Menen como candidato a presidente. Lo que no se había logrado con Perón en 1963 y en 1973, parece que lo hizo un vecino de Alende, el intendente de Lomas de Zamora, Eduardo Duhalde. Cosas del devenir de la política, y sabemos que los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada. Alende renovó su banca, en esa oportunidad, en el Congreso Nacional, lo mismo que hará en 1993. Murió siendo diputado de la Nación en 1996.
Así terminó una saga, de casi medio siglo de duración, de prestigiosos dirigentes de la talla de Moisés Lebensohn, Crisólogo Larralde, Ricardo Balbín y Arturo Frondizi, más allá de las diferencias que tuvieron entre sí. Don Oscar, como lo llamaban los más cercanos, el último intransigente.
Por Gustavo Dalmazzo *Historiador.
*** Publicado en Diario LA PRENSA.
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Cuarta entrega.
Oscar Alende: intransigencia y política (quinta entrega).
En 1969 estalló el Cordobazo"y comenzó la cuenta regresiva para el gobierno de Juan Carlos Onganía, que terminó siendo relevado al año siguiente. En su lugar los comandantes en jefe de las FF.AA. designaron al general Roberto Marcelo Levingston. La disyuntiva fue entonces dar por terminada la autodenominada Revolución Argentina o profundizarla. El nuevo mandatario eligió el segundo camino, pero no así el comandante del Ejército, el general Alejandro Agustín Lanusse, más en sintonía con el planteo de “La Hora del Pueblo”, que agrupó a los radicales del pueblo, peronistas, demoprogresistas, socialistas, bloquistas y conservadores populares, que reclamaron el retorno de los militares a los cuarteles.
El presidente armó un nuevo gabinete de ministros, más acorde a sus objetivos, entre los que se encontró el ex jefe de la cartera de Hacienda provincial, Aldo Ferrer. Alende dio su bendición. También recibió con agrado que Miguel Monserrat, intendente radical intransigente al momento del derrocamiento de Illia, recuperara su cargo.
En el verano de 1971, Levingston trató de hacer su propia versión de “La Hora del Pueblo” reuniendo a segundas líneas del desarrollismo, la democracia cristiana, el radicalismo intransigente y la neoperonista Unión Popular. También se reunió con los ex presidentes Frondizi y Guido; Illia y Onganía no respondieron a la invitación. Alende concurrió a la Casa de Gobierno a reunirse con Levingston. Recordó el ex gobernador: “le expresé al general Levingston que no hay revolución sin pueblo y que su gobierno carecía de trámite revolucionario. Haga la revolución y tendrá al pueblo”.
Alende continuó con la idea de que la “revolución nacional” podía llevarse adelante con algún sector militar. Pero poco duró la eventual posibilidad. El presidente fue depuesto en marzo de 1971 y su lugar lo ocupó Lanusse que terminó con la proscripción del peronismo y convocó a elecciones.
PARTIDO INTRANSIGENTE.
El nuevo Estatuto de los Partidos Políticos que impuso Lanusse y pergeño su ministro del Interior, el radical del pueblo Arturo Mor Roig, le quitaron a Alende la posibilidad de continuar usando la denominación UCRI, habría una única UCR y esa fue el radicalismo del pueblo. A partir de abril de 1972, los radicales intransigentes serán Partido Intransigente (PI).
Para las elecciones del 11 marzo de 1973 intransigentes y peronistas volvieron a no ponerse de acuerdo a pesar de que las propuestas programáticas de los partidos mayoritarios y la del PI no ofrecían mayores diferencias. ¿Habrá pasado la cuestión más por las candidaturas que por los programas? Así las cosas, el PI buscó otros aliados políticos y formaron la Alianza Popular Revolucionaria, integrada por el Partido Revolucionario Cristiano, liderado por Horacio Sueldo, el Partido Comunista y un sector de la Unión del Pueblo Argentino. La fórmula Alende-Sueldo obtuvo el 7,4% de los votos emitidos.
Conquistaron trece bancas, cinco de ellas para los intransigentes Héctor Portero, Tomás Arana, Vicente Musacchio, Mariano Lorences y Rafael Marino, todos electos por la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la APR no constituyó un bloque único ni continuó trabajando por lograr consolidar un espacio político de “centro-izquierda”.
El PI triunfó en siete municipios bonaerenses: Luis Tulissi fue intendente de Moreno; Enrique Menarvino de Lincoln y Pablo Julián Landa en Pehuajó; los tres se vieron beneficiados porque el Frente Justicialista de Liberación no resentó candidatos. Se suma a estos, cuatro casos en que los intransigentes derrotaron a los justicialistas: Edgardo Yelpo regresó a la municipalidad de Necochea; Santana Zabalza ganó en Benito Juárez; Nirido Edilberto Santagada en Coronel Dorrego y Délfor Juan Gorri en Hipólito Yrigoyen.
CIUDAD DE BUENOS AIRES.
El principal distrito de los intransigentes era la provincia de Buenos Aires, lo contrario a la Ciudad en la que no lograban hacer pie. Ni en las elecciones parciales de 1965, con la candidatura a diputado de Aldo Ferrer, ni en las de 1973 pudieron convertirse en una fuerza de peso. Sin embargo, en 1975 el PI porteño recibió a un grupo de desarrollistas, encabezados por Raúl Rabanaque Caballero, antiguo militante de la UCRI que había seguido a Frondizi en el MID y en este momento ocupaba la vicepresidencia del Concejo Deliberante. Esta incorporación será clave en parte para la consolidación del PI en la ciudad capital después de 1983.
A fines de 1975 se reunió la Convención Nacional del PI, en la ciudad de Córdoba, de la cual salieron los Aportes para un Proyecto Nacional, la base programática que sostenía que “la misión histórica del capitalismo ha concluido” y por lo tanto “no le cabe otra alternativa que luchar por una nueva sociedad, más apta y más justa, asentada en los principios del humanismo liberador. En la nueva sociedad el poder, la riqueza, la cultura, los recursos naturales y los medios técnico-científicos estarán al servicio del Hombre y no de una clase privilegiada”.Había que “socializar el poder, la riqueza y la cultura”. Pero, el golpe de Estado de 1976 alteró la vida política de la Argentina.
OPOSICION A LA DICTADURA.
Alende y la mayoría de los dirigentes intransigentes se manifestaron opositores a la dictadura. En el tercer aniversario del golpe de Estado, los intransigentes emitieron un cuidado documento -Análisis del Destino Nacional- en donde denunciaron que: “no se puede gobernar de espalda al pueblo”. Lo firmaron Oscar Alende, José Jaritonsky, Raúl Rabanaque Caballero, Diego May Zuviría, Susana Pérez Gallart, Marcelo Arabolaza y Juan Carlos Manes. Ese mismo año, 1979, Alende fue detenido unas horas en Córdoba.
También se le impidió presentar ante una conferencia de prensa su “Carta a mis compatriotas”, unas páginas dedicadas a analizar la situación nacional e internacional.
En 1980 la dictadura abrió algunos canales de diálogo con los partidos políticos, las “cenas políticas” en la casa del ministro del Interior Albano Harguindeguy. Concurrieron los dirigentes Marcelo Arabolaza, Miguel Monserrat, Orestes Introna y Carlos Chagal. El evento gastronómico no impidió que la Policía Federal irrumpiera en la sede partidaria de Riobamba 482, en Buenos Aires, y disolviera una reunión del Comité Nacional.
El 29 de julio de 1981 se reunió “la Multipartidaria”, con la presencia de Torcuato Fino por el justicialismo, Antonio Tróccoli por los radicales, Martín Dip por los emocristianos, Carlos Zaffore por los desarrollistas y Miguel Monserrat por los intransigentes. El documento emitido condenaba al régimen militar y reclamaba el regreso a la normalidad institucional. Sin embargo, no se mencionó el tema de los desaparecidos.
RECUPERACION DE LAS MALVINAS.
La recuperación de las Malvinas fue otro punto de inflexión. En portunidad de la asunción del gobernador militar, fueron invitados a las islas y concurrieron, junto al ex dictador Jorge Videla, el gremialista Saúl Ubaldini, el presidente de la UCR, Carlos Contín, el socialista Rufino Inda, Francisco Cerro de la democracia cristiana, Jorge Abelardo Ramos del Frente de Izquierda Popular, el conservador popular Julio Amoedo y el desarrollista Américo García. Muchas veces se ha dicho que el único político que no se sumó a la partida fue Raúl Alfonsín. Una verdad a medias, no viajaron los ex presidentes Frondizi e Illia, ni Oscar Alende, ni tampoco ningún dirigente intransigente.
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Cuarta entrega.
Por Gustavo Dalmazzo.
El derrocamiento y detención de Arturo Frondizi, la intervención a las provincias, la anulación de las elecciones de 1961 y 1962 primero y el posterior cierre del Congreso Nacional ocasionaron técnicamente un golpe de Estado, sin embargo, la jugada del senador rionegrino José María Guido, presidente del Senado tras la renuncia del vice de Frondizi, Alejandro Gómez, a fines de 1958, salvó de alguna manera la recuperación institucional en 1963.
Ante los acontecimientos, Oscar Alende asumió la conducción de la UCRI, que había sido, de alguna manera, el partido de Frondizi, y que prontamente se convirtió en una estructura balcanizada en distintas UCRI provinciales.
El ex gobernador de Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis se sumó al nuevo partido que fundaran Frondizi y Rogelio Frigerio, el Movimiento de Integración y Desarrollo, en 1964. Lo mismo hizo Raúl Uranga, ex mandatario de Entre Ríos. Ambos ex gobernadores fundarán en 1975, Línea Popular, un partidopolítico que apoyó y colaboró con la dictadura cívico-militar de 1976.
La fragmentación continuó en Jujuy cuando en 1964 el gobernador Horacio Guzmán fundó el Movimiento Popular Jujeño; Ismael Amit el Movimiento Popular Pampeano; el sanjuanino Américo García se sumó al MID.
Algo distinto fue el caso de Celestino Gelsi, ex gobernador de Tucumán, que siguió en la UCRI conducida por Alende (entre ellos se tuteaban, costumbre nada frecuente en aquellos tiempos), aunque años más tarde fundó Vanguardia Federal, fuerza que se sumó en 1973 al Partido Federal de Francisco Manrique y en los ochenta a la UCR. Por lo tanto, entre el MID y los nuevos partidos provinciales, dejaron seriamente herido al radicalismo intransigente.
FUERZAS ARMADAS.
La tensión política en el interior de las FF.AA. fue en aumento en el gobierno de Guido. Los dos grupos antagónicos: legalistas y planteistas primero, azules y colorados después, se enfrentaron militarmente entre 1962 y 1963. Los azules, tan antiperonistas como los colorados, pensaban un peronismo sin Perón que pudiera incorporarse en algún momento a la política.
Conglomerado de liberales, nacionalistas y desarrollistas, mayormente pertenecieron al Arma de Caballería, y en menor medida a la de Artillería del Ejército y una buena parte de la Fuerza Aérea. Los colorados proponían una Argentina sin peronismo. En su mayoría pertenecieron al Arma de Infantería e Ingenieros y decididamente a la Armada.
La crisis se resolvió en abril de 1963 cuando el jefe del bando azul, general Juan Carlos Onganía venció al jefe colorado, general Luciano Benjamín Menéndez. Este acontecimiento le permitió a Guido convocar a elecciones nacionales para el mes de julio.
Alende junto a Uranga y Sylvestre Begnis mantuvieron negociaciones con los peronistas Raúl Matera, destacado neurocirujano, el ex gobernador de Jujuy Alberto Iturbe y el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.
La UCRI proponía elaborar un programa político para sostener un frente electoral amplio. ¿Sería Alende el candidato de “unidad” entre radicales intransigentes y el peronismo? La historia es algo oscura y contradictoria. Uranga y Sylvestre Begnis viajaron a Martín García para conversar con Frondizi, que estaba allí encarcelado. De regreso, los ex gobernadores anunciaron que los radicales intransigentes no tenían candidato para el Frente. ¿Qué había ocurrido? ¿Dejaba de lado Perón a los radicales intransigentes o a Alende? ¿Intervinieron el democristiano Horacio Sueldo y el conservador popular Vicente Solano Lima para ocupar ellos el espacio?
El 23 de marzo de 1963 la Convención Nacional de la UCRI manifestó que: “el Frente que deseamos no admite presiones oficiales. No admite tampoco vetos y exclusiones, porque no es un recurso electoral ni un arbitrio político común, sino que expresa la superior coincidencia de las fuerzas nacionales y populares que tienen un mismo modo de concebir la Patria como una comunidad pacífica de hombres y mujeres unidos en el trabajo digno, en la libertad y en el progreso”. Paso siguiente proclamó la fórmula Alende-Sylvestre Begnis.
Pero la trama no terminó allí. Desde Madrid se anunció la fórmula frentista: Solano Lima-Sylvestre Begnis, sin embargo, este último renunció y dejó sin candidato a la UCRI. El sector frondicista, conducido por Julio Oyhanarte, se apresuró a tomar el control del partido ocupando las instalaciones del Comité Nacional, del Comité de la Provincia y del Comité de la Ciudad de Buenos Aires.
A días de las elecciones comenzó la pelea en la Justicia electoral: impugnaciones y acusaciones de todo tipo a un lado y otro del mostrador ucrista. Alende renunció a la presidencia del Partido pero no a la candidatura a presidente que le había otorgado la Convención. Lo acompañó Gelsi en la fórmula.
El resultado en las urnas le dio el triunfo al radical del pueblo Arturo Illia, quien obtuvo casi dos millones y medio de votos. Alende logró más de un millón y medio de sufragios. El ex jefe de la Libertadora, Pedro Eugenio Aramburu, reunió más de un millón. El voto en blanco ordenado por Perón, al no haberse logrado ningún acuerdo electoral con intransigentes y democristianos, superó los dos millones.
La fragilidad electoral de la UCRI se comprobó en las elecciones de renovación legislativa de 1965. El bloque quedó conformado por diecinueve diputados, veintiuno menos que en 1963. Solamente se incorporó un diputado, Ataúlfo Pérez Aznar, por la provincia de Buenos Aires, y en la Capital Federal obtuvo algo más de cuarenta mil votos que no alcanzaron ni para una banca.
Por otra parte, la relación de la UCRI con el gobierno radical del pueblo, estuvo lejos de ser de las mejores. Las viejas diferencias políticas, más el creciente malestar que diferentes sectores fueron construyendo contra Illia, sumaron ciertamente a los radicales intransigentes.
En “Entretelones de la trampa”, libro escrito y publicado antes del golpe de Estado de 1966, Alende se refiere a Onganía de manera cordial, reconociendo su apego a la legalidad.
En otro libro, “Punto de partida”, de 1964, analiza críticamente al gobierno radical del pueblo. Después del golpe de 1966, apareció Los que mueven las palancas, en donde describe el proceso que llevó al derrocamiento del presidente Illia, al que hizo responsable de la situación por haber desperdiciado una oportunidad que consideró única. También se refirió al gobierno de Onganía a quien acusó de haberse rodeado de tecnócratas y de haber favorecido a las multinacionales, aunque le reconoce la política de obras públicas llevada adelante.
No podemos decir que Alende haya participado en la ruptura del orden constitucional, sin embargo, criticó las demoras del Poder Ejecutivo para tomar determinadas decisiones y no estuvo ajeno al imaginario de nacionalistas de diversa índole, desarrollistas y radicales intransigentes, sobre que las FF.AA. ocupaban un lugar preponderante en la política nacional y que podrían ser el pivote de una “revolución” que sacara al país del atraso y la dependencia para conducirlo por un camino de desarrollo.
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7/1/2024.
Alende se hizo cargo del gobierno provincial el 2 de mayo de 1958. Su gestión dejará un saldo positivo a la Provincia. Una administración eficaz que, aunque parezca contradictorio, llevó adelante una política de “centralización normativa” a la par de otra de “descentralización administrativa”. Esto le permitió, por ejemplo, disminuir el número de funcionarios públicos, no cubriendo todas las vacantes de la administración central y, por lo contrario, nombrar más agentes estatales en las unidades descentralizadas, como ser el personal docente y sanitario.
La Ley de Regionalización Hospitalaria, iniciada en Gonnet y Mar del Plata antes de extenderlo a todo el ámbito provincial, articuló el sistema de salud nacional y privado con el provincial. Se abrieron 65 dispensarios de Higiene Materna y 58 puestos de Salud Infantil, de los cuales 38 se instalaron en el creciente conurbano. En este espacio se crearon además 73 centros de salud de los 100 anunciados y se incorporó por primera vez la atención odontológica.
En 1959, durante la Primera Conferencia de Gobernadores, Alende propuso la creación del Consejo Federal de Inversiones, encargado de dar sustento y organización a los proyectos regionales de desarrollo.
El gobernador mantuvo un trato frecuente con los intendentes y siguió personalmente las obras públicas iniciadas. En casi cuatro años de gestión se pavimentaron 15.000 cuadras, especialmente en el interior de la Provincia, y se construyeron 3.000 km de rutas con pavimento, 300 km de reconstrucción, 450 km de ensanche y 150 km de accesos pavimentados a poblaciones. Se proyectaron y construyeron las rutas: 6, 30, 31, 41, 51, 55, 63, 65, 74, 75, 76, 78, 86 y 226. Las trazas respondieron a la estrategia de crear caminos transversales hacia los puertos a la vez de integrar las ciudades de las diversas regiones de la extensa provincia.
La política agraria llevada a cabo por Alende, de acuerdo al programa de la Convención de Avellaneda, sostenía la necesidad de una reforma agraria. En su discurso inaugural de la Asamblea Legislativa en 1958, el gobernador sostuvo que la propiedad de la tierra no derivó, entre nosotros, del trabajo sino del reparto político. Que los dueños fáciles no estuvieron dispuestos a trabajarla, sino a explotar el trabajo directo de los medieros, aparceros y arrendatarios o a especular con su venta a medida que las tierras se valorizaban al sólo influjo productivo del país. Sin embargo, no se quedó anclado en la explicación histórica de la cuestión, sino que señaló también que el atraso no sólo respondía a la concentración de tierras, sino que se sumaba a esto la falta de inversiones estratégicas en materia de energía, créditos, tecnología y caminos, funciones ineludibles del Estado.
REFORMA AGRARIA.
En julio de 1958 el Poder Ejecutivo Provincial envió a su par Legislativo un proyecto de reforma agraria cuyo objetivo era impulsar la propiedad familiar de la tierra, disminuida por la concentración del gran latifundio, y revertir la caída de saldos exportables. Para lograrlo proponía que el Estado adquiriera los grandes latifundios, indemnizando a sus propietarios y, a su vez, los repartiera por concurso a familias rurales que se establecerían en el lugar o en las poblaciones cercanas. Las tierras que no fueran adquiridas sufrirían una fuerte presión fiscal para obligarlas a intensificar la producción o eventualmente inducir a venderlas.
Inmediatamente se abrió la polémica. La prensa conservadora comenzó a expresar su disconformidad argumentando que el régimen de tenencia de la tierra era de órbita nacional y no provincial, además de apelar a “la incertidumbre” que una reforma agraria generaría en los capitales y en el empresariado. Los planteos contrarios a la reforma agraria fueron más políticos que económicos. A pesar de todo el gobierno provincial avanzó moderadamente en esa dirección. El ministerio de Asuntos Agrarios, a cargo de Bernardo Barrede, expropió algunos latifundios, más por razones de bien público que por reestructurar la propiedad de la tierra, en Coronel Suárez, Alvear, 25 de Mayo y Olavarría. La Sociedad Rural Argentina advirtió su desacuerdo calificando a las medidas como “colectivistas de raíz marxista” y comenzó a presionar al presidente Frondizi, quien se mostró por su parte atento a los requerimientos de los grandes propietarios rurales.
DIFERENCIAS INTERNAS.
Las diferencias dentro de la UCRI ya estuvieron a la vista pero, el 7 de marzo de 1961, Alende llamó a una Apertura hacia lo social y lo humano, manifestando públicamente sus diferencias con el gobierno nacional. Con larga visión de futuro dijo: “Nuestra civilización, desarrollada bajo el dominio de dos instituciones, el sistema industrial de economía y un sistema democrático, está en crisis. La revolución técnica nos abruma cada día con incitaciones nuevas y exige urgentes y elásticas respuestas. Los rótulos tradicionales han perdido vigencia. Las derechas, antigua expresión de privilegio; y las izquierdas, con su tono internacional, son incapaces de explicar y solucionar, con sus cerrados cartabones, las peripecias del presente”.
Alende retoma las tradicionales banderas del nacionalismo popular y el humanismo yrigoyenista. Para él, derechas e izquierdas son reemplazadas por lo nacional o lo contrario: “los problemas nacionales deben afrontarse con mentalidad nacional”, caso contrario, continuó diciendo: “iremos hacia la anarquía, el caos y la disolución”.
Por último, Alende llamó al levantamiento de la proscripción que pesaba sobre el peronismo: “no deben existir proscriptos dentro del campo democrático, y la ley debe facilitar la incorporación a la vida cívica de los sectores populares hoy ausentes”.
Coherente con esta declaración, el gobierno provincial llamó a elecciones para elegir a su sucesor. Triunfó la neoperonista Unión Popular que llevó, como candidatos a gobernador y vice, al sindicalista textil Andrés Framini y al abogado platense Francisco Anglada. La UCRI salió segunda con la fórmula integrada por Guillermo Acuña Anzorena, ministro de Trabajo de Frondizi durante la aplicación del represivo Plan Conintes, y Horacio Zubiri, ministro de Obras Públicas de Alende.
El supuestamente inesperado triunfo de la Unión Popular, partido creado en 1955 por el ex ministro de Relaciones Exteriores de Perón, Juan Atilio Bramuglia, llevó a Frondizi, obligado por las presiones militares, a anular las elecciones. Pero todo se desmoronó, el 29 de marzo de 1962 un golpe derrocó y encarceló al presidente. Inmediatamente la provincia de Buenos Aires fue intervenida y el general Guillermo Salas Martínez desplazó a Alende. Terminó así una gestión que se debatió entre apoyar a un presidente que había torcido el rumbo anunciado o seguir congeniando desarrollo económico, preocupación social y autonomía nacional.
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por Gustavo Dalmazzo.
En 1945 Moisés Lebensohn se había convertido en el dirigente intransigente por antonomasia de la Provincia de Buenos Aires, pero con proyección nacional. Creía que el país vivía una época pre-revolucionaria, que las causas populares no encontraban cauce en la vida interna del partido Radical, que algo iba a ocurrir. A Oscar Alende se le levantó la sanción partidaria que había suspendido su afiliación, a causa de haberse opuesto a la conducción conservadora, y regresó al Partido, incorporándose al Movimiento Intransigencia y Renovación junto a Arturo Frondizi, Ricardo Balbín y Crisólogo Larralde entre otros. La Declaración de Avellaneda, de abril de 1945, sentó las bases ideológicas y políticas del radicalismo intransigente. Proponía que la UCR debía recuperar la esencia yrigoyenista, afirmar la democracia como sistema político y las libertades individuales; el nacionalismo económico; la reforma agraria y los valores del ideal reformista de 1918. En 1948 las bases políticas de Avellaneda se convertirían en la plataforma partidaria de la U.C.R.
¿Qué diferenció al MIR del ascendente peronismo? En principio algunas cuestiones políticas e ideológicas de fondo, por un lado, y algunos aspectos de forma por el otro. La Intransigencia entendió que la transformación del país debía hacerse de abajo hacia arriba y dentro de los marcos institucionales.
Criticaron la organización piramidal y corporativa que planteaba Perón, pero claro está, no criticaron los logros políticos, sociales y económicos del primer peronismo, aunque sí el abandono de la política laicista, cara a la tradición radical. La Revolución de 1943 había instaurado la educación religiosa católica en las escuelas.
Las elecciones de 1946 que le dieron el triunfo al peronismo le dejaron al radicalismo una bancada de 44 diputados integrada tanto por unionistas como por intransigentes. Alende no aceptó integrar la lista de candidatos a diputados provinciales por discrepancias con la política de alianza del radicalismo: la Unión Democrática. Recién lo hará en la renovación parlamentaria de 1948 y ocupará una banca en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos. En 1950 fue elegido por sus pares para presidir el bloque partidario y al finalizar su mandato, en 1952, fue electo diputado nacional. Se estaba construyendo un nuevo liderazgo político.
INTERNA DE LOS PARTIDOS.
El golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955 trajo también consecuencias en la vida interna de los partidos políticos, y el radicalismo no fue la excepción. El vicepresidente de facto, almirante Isaac Francisco Rojas, presidió la Junta Consultiva, un organismo creado para darle apoyo civil al régimen dictatorial. Alende, por pedido de Frondizi, presidente del Comité Nacional de la UCR, encabezó la delegación radical junto a Miguel Ángel Zabala Ortíz, Juan Gauna y Oscar López Serrot.
En marzo de 1956 se eligieron las nuevas autoridades del Comité Nacional siendo reelegido Frondizi acompañado por Alende como vice. Pero en junio ocurrieron los fusilamientos del general Juan José Valle y otros civiles y militares que se sublevaron contra el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu. Semejante acción fue el fin de la participación de Alende en la Junta y la enérgica protesta de Frondizi ante el luctuoso suceso.
En noviembre del ’56, se reunió en Tucumán la Convención Nacional de la UCR y eligió el binomio Frondizi-Alejandro Gómez como candidatos a presidente y vice respectivamente. Los delegados que respondían a Balbín, en coincidencia con unionistas y sabattinistas, abandonaron el recinto y rompieron el Partido. Al año siguiente los radicales marcharon separados a la Convención Constituyente reunida en Santa Fe, después de que el gobierno militar suprimiera por decreto la Constitución reformada en 1949. Los seguidores de Frondizi pasarían a denominarse radicales intransigentes y los de Balbín, radicales del pueblo.
Hay un dato para tener en cuenta: el sector liderado por Balbín obtuvo más votos que el conducido por Frondizi. Es posible que este resultado electoral convenciera a los militares de que, ante el llamado electoral programado para 1958, se impondrían en las urnas los mismos que ganaron más bancas en la Constituyente, es decir, el sector que se mostraba más propenso a un entendimiento con ellos y más alejado del peronismo. La historia demostró lo contrario.
Al decir de Alende la Convención “había nacido muerta”.
Sin embargo, por cuestión de disciplina partidaria aceptó presidir el bloque intransigente, sabiendo que se iban a retirar de la misma el primer día. Alende fue el referente del sector más enfrentado con los militares. Por contraposición, Frondizi pareció más cauto y propenso a seguir participando. Años después Alende declaró que tal vez ese haya sido el precio que Frondizi pagó para poder asumir como presidente de la Nación.
La UCRI se impuso en las elecciones del 23 de febrero de 1958. Frondizi resultó electo presidente de la Nación y Alende gobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañado por el dirigente de Junín, Arturo Crosetti.
El gobierno de Frondizi sufrirá presiones de todo tipo que pretenderá enfrentar con virajes en su estrategia política. La administración de Alende no fue ajena a estos inconvenientes, pero intentará llevar adelante un plan coherente de cuatro años con el objetivo de sostener los cambios estructurales propuestos.
En la próxima nota veremos cómo fue el gobierno de Alende y su joven ministro de Economía y Hacienda, Aldo Ferrer.
Publicado en Diario LA PRENSA.
2/1/2024.
https://www.laprensa.com.ar/Oscar-Alende-intransigencia-y-politica-segunda-entrega-539475.note.aspx
Enlaces de interés:
En Diario LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/Oscar-Alende-Intransigencia-y-politica-Primera-entrega-539197.note.aspx
En GPA.
https://guillermopirriargentino.blogspot.com/2023/12/oscar-alende-intransigencia-y-politica.html
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| Oscar Alende, a principios de 1983, poco antes del regreso de la democracia. |
por Gustavo Dalmazzo.
El 22 de diciembre de 1996 falleció, en su casa de Banfield, Oscar Alende, líder del Partido Intransigente, un espacio político originado en el radicalismo argentino y heredero de lo que fue la Unión Cívica Radical Intransigente.
Militante estudiantil reformista; médico que llegó a jefe de Cirugía Gastrointestinal del Hospital Rawson; destacado orador; legislador provincial y cuatro veces diputado nacional; gobernador de la Provincia de Buenos Aires y candidato a presidente de la Nación en tres oportunidades. Alende pretendió crear una instancia política continuadora y a la vez superadora del yrigoyenismo y del peronismo.
Hipólito Yrigoyen había vinculado a la argentinidad con el radicalismo: la Nación en sí tenía una estructura política que la representaba, es decir, el partido Radical. No muy alejado de esta visión estuvo Juan Domingo Perón: su estructura partidaria junto a otras experiencias del campo popular estaba contenida en algo aún mayor: el Movimiento Nacional.
Alende también planteó el movimientismo, continuando con la lógica de los dos máximos referentes políticos del siglo XX argentino: propuso la necesidad de construir un Tercer Movimiento Histórico, ya que pensaba que el radicalismo y el justicialismo habían agotado su capacidad transformadora de la sociedad. Era menester propiciar una nueva instancia para un nuevo tiempo -como decía Moisés Lebensohn, a quien Alende admiraba y pretendió continuar-, que profundizara una política nacionalista, antimperialista y de cambio social. En esta búsqueda de la alternativa, se iba a un nuevo partido político que sirviera de herramienta para la transformación que consideraba imprescindible.
MOVIMIENTO REFORMISTA.
Alende nació el 6 de julio de 1909 en Maipú, provincia de Buenos Aires. Hijo del matrimonio de María Ibargurengoitía con Eduardo María Alende, maestro de escuela primaria, hijo de José María Alende, natural de Vigo y radicado en la zona durante la primera mitad del siglo XIX. Los primeros años de vida transcurrieron en su ciudad natal. Luego partió a Mar del Plata para cursar la escuela secundaria más tarde, volvió a partir para iniciar los estudios universitarios de medicina en la Universidad de La Plata, aunque los completó en la Universidad de Buenos Aires, en 1933.
Alende se vinculó a la política en La Plata, adhiriendo al movimiento universitario reformista. A fines de la década de los años veinte alcanzó la presidencia del Centro de Estudiantes de Medicina. De la política universitaria pasó a la partidaria; se incorporó a la corriente revisionista de la Unión Cívica Radical después del derrocamiento de Yrigoyen.
La ruptura del orden constitucional en 1930 agudizó las diferencias entre los distintos sectores de la UCR. En 1935 se constituyó Forja, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, grupo en el que participaron el exministro de Yrigoyen, general Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche entre otros.
Para Forja el movimientismo permitía la mancomunión entre la Nación y el pueblo, pero para los intransigentes la estructura partidaria era indispensable para llevar adelante esa unidad. El partido debía ser funcional al movimiento nacional. De alguna manera podemos rastrear por aquí los orígenes del concepto del partido como herramienta que Alende utilizará años después.
CANDIDATO A CONCEJAL.
Durante los años treinta, la vida de Alende transcurrió entre la práctica profesional y la actividad política en el comité radical de Lomas de Zamora. En 1938 fue candidato a concejal, pero la lista en la que iba no se oficializó; los yrigoyenistas de su sección electoral decidieron regresar a la abstención electoral, levantada tres años atrás.
La lucha intestina en el radicalismo se agudizó. Alende fue expulsado del partido en 1941, pero esto no le impidió seguir participando en la organización del Movimiento Revisionista, conducido por el exsenador provincial de la localidad de 25 de Mayo, Salvador Cetrá. Alende compartió entonces con Ricardo Balbín la secretaría del revisionismo.
El gobierno militar surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943 aportó otro tanto a la división de los radicales. El ascenso vertiginoso de Perón señaló un nuevo escenario de la política argentina. Muchos yrigoyenistas compartieron con el peronismo las preocupaciones por la cuestión social, por la dependencia económica y por la política electoral fraudulenta. Por ello una parte de Forja terminó incorporándose al nuevo movimiento; otros formaron en 1945 la U.C.R. Junta Renovadora que, aliada con el partido Laborista, llevó a Perón y al radical Hortensio Quijano a la victoria en las elecciones nacionales de febrero de 1946.
Los yrigoyenistas que se quedaron en el Partido Radical encontraron en Moisés Lebensohn, concejal en Junín entre 1936 y 1940, fundador y director del diario Democracia, el referente de lo que sería el Movimiento de Intransigencia y Renovación.
Volvió a aparecer la idea fuerza de la Intransigencia frente al régimen, que había sostenido Yrigoyen en su lucha revolucionaria, tomada de aquella frase de Leandro Alem, cuando se opuso al acuerdo de 1891 entre Julio Argentino Roca y Bartolomé Mitre, que daba por tierra la lucha por el sufragio limpio y transparente: “Yo no acepto el acuerdo, soy radical intransigente”.
FOTO: ARCHIVO LA PRENSA.
*** Publicado en Diario "La Prensa".
https://www.laprensa.com.ar/Oscar-Alende-Intransigencia-y-politica-Primera-entrega-539197.note.aspx