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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, noviembre 23, 2025

FAMILIA FERNÁNDEZ CARRO. Don Domingo, el emblemático boliche de chacra de 100 años, vuelve a ser un bodegón.

 


DOS AMIGOS RESCATARON UN EDIFICIO HISTÓRICO DEL VALLE Y LO CONVIRTIERON  EN UN BODEGÓN  FAMILIAR.

Don Domingo, el emblemático boliche de chacra de 100 años, vuelve a ser un bodegón.




Vecinos del Alto Valle expresaron su alegría por la puesta en valor de una antigua edificación de chacra en Guerrico, que hoy se convirtió en un espacio gastronómico de Río Negro.

Los antiguos almacenes de ramos generales en el Alto Valle, vendían todo lo que pudiesen necesitar los pobladores para la vida diaria. Desde pan y vino, hasta una garrafa o pomada para los zapatos, por poner algunos ejemplos.

En las zonas de rurales, dichos almacenes también servían como paradas de paso, donde tomar algo fresco durante el calor del verano o cerciorarse algún tentempié para seguir el camino. En este tipo de sitios, los trabajadores de las chacras solían comprar sus menesteres y, en muchos casos, con cuentas corrientes abiertas, cuyos saldos se abonaban al terminar la cosecha.

Bastante de este espíritu tenía Don Domingo, el antiguo boliche de chacra ubicado sobre la ruta 22 a la altura de Guerrico, en la entrada de Allen. La construcción, típica de la arquitectura vernácula patagónica rural, se caracteriza por los ladrillos a la vista, una cornisa corrida en la parte superior, aberturas altas y angostas con dinteles rectos, puertas y ventanas de hoja doble en madera con proporciones verticales y una planta en “chaflán” o esquina ochavada, entre otros elementos.

Este edificio, que tiene más de 100 años en el mismo sitio, es un emblema patrimonial de la zona y llama la atención por su fachada cargada de historia y recuerdos ¿Cuántas personas se habrán preguntado al pasar sobre su pasado? Y ¿cuántas de ellas anhelaron su restauración? Para todas ella, ese día llegó.

De almacén a bodegón.

Oscar Velázquez y Marcelo Aveldaño, son los emprendedores gastronómicos que, a partir de un sueño, vieron la oportunidad y no dudaron. Hicieron un arreglo con el dueño actual del edificio, lo restauraron y abrieron un bodegón que funciona los fines de semana.

“A nosotros nos llamó la atención la estructura, el edificio, no sabíamos de la historia del lugar, la conocimos acá”, cuentan Óscar, oriundo de Alberti, provincia de Buenos Aires. Su socio también es bonaerense, pero vive hace 20 años en el Valle.

La obra de recuperación de Don Domingo les llevo casi seis meses, había sido vandalizado y había mucho por hacer. Decidieron conservar los carteles de afuera y todo lo posible en el interior, aunque levantaron pisos e hicieron de vuelta los techos, abrieron arcadas y remplazaron vidrios.

Además, renovaron la cocina, el patio y pusieron baños nuevos y un quincho. Según contaron a este medio, lo que más se mantuvo es la fachada y el cielorraso de los salones con madera de pinotea.

Desde que abrieron a mediados de noviembre, la respuesta de la gente fue muy buena “tengo muchos mensajes sin contestar… no esperábamos esta locura”, admite Oscar sobre el apoyo que recibieron de toda la comunidad. “Recibimos un montón de mensajes de aliento, hasta de gente que vive en España”, dice emocionado.

La propuesta gastronómica de Don Domingo es para familias y amigos, con parrillada y comidas lo más caseras posible, como pastas, que recuerde “a las comidas de antes”, finalizan los emprendedores y aclaran que por ahora abren solo los fines de semana.

Un lugar con historia.

Los primeros dueños de Don Domingo fueron el matrimonio conformado por los inmigrantes españoles Domingo Fernández Alonso y María Manuela Carro Fernández. Esta familia, junto a sus hijos, se establecieron en la chacra sobre ruta 22, donde luego instalaron el almacén de ramos generales en la primera década del 1900.

En aquella época era muy común la producción vitivinícola del vino de mesa. Según el ingeniero Federico Witkowsky, “Don Domingo levantó la copa del néctar sagrado hacia 1915”... mientras que sus hijos continuaron el legado “para el año 1945 constituyen la firma Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.” y comercializaban los vino bajo la marca Dominguito, que duró hasta fines de los 70.

El almacén anexo al camino de chacra sobre ruta 22, luego fue alquilado por los Herrera (“El Boliche de Herrera"), Los Boné, Don Onofre López (El Pobre Onofre) y Primo Bassi.

Recuerdos y actualidad.

El médico reumatólogo, el doctor Oscar Fernández Carro, nieto de Domingo nos cuenta que su padre fue el tercero de los nueve hermanos y que tanto la chacra de 50 hectáreas, como el edificio del almacén siguen perteneciendo a la familia.

“La chacra está en producción, fue pasando de manos dentro de la familia. Algunos de los nietos se dedican a la fruticultura, por ejemplo mi primo Jorge, en el predio donde hoy está el boliche. Otros se dedican a la producción de alfalfa y en mi caso me dedico a la producción de césped y hay un vivero en el otro extremo de las 50 hectáreas”, explica Oscar.

Con respecto al edificio de Don Domingo “el último que lo había alquilado fue Don Onofre (“El Pobre Onofre” así se llamaba el boliche). Luego quedó abandonado y había problemas con la ocupación y suciedad. Pero bueno, ahora encontramos a esta gente que con muy buena voluntad decidió hacer el bodegón don Domingo” cuenta con esperanzas sobre esta reciente recuperación de aquel icónico lugar.

“Mi abuelo llegó a la chacra en 1910 y el almacén ya estaba construido cuando el compró, igual que la bodega que está a unos 300 metros del boliche. Mi abuela estaba a cargo del boliche y mi abuelo se dedicó a la vitivinicultura”, recuerda.

Sus abuelos habían llegado de Astorga, España, en la época de promoción de tierras. Arribaron al Alto Valle en carreta de bueyes desde la zona de Cabo Alarcón, donde estuvieron primero en una estancia.

“Yo lo que más recuerdo del boliche es cuando estaba Herrera y Primo Bassi y Blanca que era su esposa. Primo era un compone huesos muy respetado y era muy amigo de mi padre. Hay muchas anécdotas como la (famosa) historia de Bairoletto que estaba buscado por la policía”, cuenta el Doctor Fernández Carro, orgulloso de sus raíces y de lo que hoy pudo construir junto a su familia.

La reapertura de Don Domingo no solo recupera un edificio centenario: devuelve a la comunidad un pedazo de su identidad. En un Alto Valle que cambia año tras año, estos gestos de memoria activa permiten hilvanar pasado y presente, y recordar que detrás de cada chacra, cada bodega y cada viejo almacén hay historias que todavía buscan ser contadas.

Publicado en Más Producción. Diario La Mañana de Neuquén.

22 de noviembre 2025.

https://masp.lmneuquen.com/fruticultura/don-domingo-el-emblematico-boliche-chacra-100-anos-vuelve-ser-un-bodegon-n1218607

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Marcelo, Oscar y un proyecto de recuperación edilicia histórica para el Alto Valle. Convirtieron un viejo almacén de chacra en bodegón familiar. Está ubicado en el kilómetro 1.192 de la Ruta 22 y ya lo podés visitar. Historias del lugar y cómo podés visitarlo.

(Por Diego Von Sprecher).

Su primer nombre fue Don Domingo y su construcción data de principios del siglo pasado. En la década del ’30 se lo conoció como “El boliche de Herrera” y, ya más acá en el tiempo, muchos lo recordarán como “El Pobre Onofre”. Esa construcción centenaria, ubicada en Guerrico y testigo privilegiado de más de un siglo de historia del Valle, estuvo a punto de caer bajo la piqueta. Hoy, contra todo pronóstico, reabre sus puertas convertido en un bodegón familiar.

Marcelo Avendaño y Oscar Velázquez, dos amigos que eligieron el Alto Valle para vivir, soñaron que el mítico edificio situado a la vera de la Ruta 22 todavía podía salvarse. Los propietarios ya pensaban en demolerlo: los actos de vandalismo eran constantes y cada tanto debían ahuyentar a quienes ingresaban sin permiso.

Aun así, Avendaño y Velázquez apostaron por lo imposible. Tras alquilar el lugar, se embarcaron en una obra compleja y minuciosa: recuperaron la fachada y la estructura original del edificio, incluidos sus ventanales largos y sus techos altos, elementos que conservan intacta la esencia del histórico comercio. Pero también sumaron otros espacios para darle funcionalidad y comodidad.

Una inauguración histórica en Guerrico, la zona rural de Allen.

Fueron meses de trabajo intenso que, desde este fin de semana, quedarán grabados en la memoria de la región. Porque no sólo comenzará a funcionar el bodegón “Don Domingo 1910”; también se habrá salvado uno de los pocos edificios patrimoniales que aún quedaban en pie en el Alto Valle.

El bodegón Don Domingo abrirá sus puertas este viernes 15 de noviembre, con una inauguración que promete ser un acontecimiento histórico para toda la zona. El salón tiene capacidad para 60 comensales y comenzará su actividad con parrilla libre.

Con el correr de las semanas, se sumarán pastas, comidas al horno y a la olla, platos tradicionales que buscan rescatar los sabores con los que se construyó la gastronomía regional.

Además, el predio incluye un patio rodeado de chacras donde se levantó un amplio quincho con asadores y parrilla, ideal para disfrutar encuentros al aire libre.

“Queremos trabajar con el público del Alto Valle. Este bodegón tiene un perfil de restorán de campo: para venir a comer tranquilos, disfrutar de la sobremesa  en familia o con amigos y reencontrarse con los sabores tradicionales. También esperamos al turismo, porque este lugar tiene muchísima circulación y queremos ofrecer una muy buena alternativa gastronómica para quienes pasan por la ruta”, explicó Marcelo.

Quienes deseen reservar una mesa ya pueden hacerlo al 298 413-4418, y también pueden seguir las novedades del lugar en Instagram: @bodegon.dondomingo.

El rescate de la identidad local y un pedido para los vecinos de Allen

El interior del bodegón comienza a tomar forma con una ambientación cálida y tradicional: se colocaron arañas como luminarias y se está trabajando en una decoración que respete la historia del edificio.

Los dueños lanzaron una propuesta especial para la comunidad de Allen y Guerrico: invitan a quienes tengan carteles, objetos antiguos, herramientas, fotografías o recuerdos vinculados a la vida rural del Alto Valle a dejarlos en guarda para decorar el lugar y reforzar su identidad histórica.

La idea es que el bodegón sea un espacio vivo, donde también la memoria de la zona esté presente en cada rincón. Quienes deseen colaborar pueden comunicarse directamente con los propietarios y dejar objetos en guarda para exhibirlos.

¿Por qué volvió a llamarse Don Domingo?

El nombre del bodegón no es casual. Es un homenaje a sus fundadores: Domingo Fernández Alonso y María Manuela Carro Fernández, quienes llegaron a Allen en 1910 y se destacaron por su trabajo en la producción. Levantaron uno de los primeros comercios de la zona y dieron origen a una historia que hoy, más de un siglo después, vuelve a cobrar vida.

Bairoletto y un episodio que quedó grabado en la memoria.

La historia del viejo almacén tiene capítulos que parecen sacados de una novela. Uno de ellos involucra a Juan Bautista Bairoletto, el legendario bandolero pampeano.

Jorge Fernández Carro, nieto de Domingo, ratificó la veracidad del hecho que algunos han relegado al mito. En una nota publicada en 2002, preservada en el archivo del diario Río Negro, relataba:

“No sabemos en qué año pasó, pero creemos que fue en 1932 o 1933, cuando se lo conocía como el boliche de Herrera. Bairoletto mandó a decir que por la noche iba a venir a buscar provisiones, y acá todos lo esperaron armados. Y fue nomás, pero ahí empezaron a los tiros y varios salieron heridos”.

Marcelino Fernández, otro descendiente, recordaba que su madre solía repetir que los vecinos querían hablar con el gobernador por los robos que hacía Bairoletto en la región.

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Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.

Don Domingo Fernández Alonso (1870 – 1931), oriundo de Astorga, provincia de León, España, llega a la Argentina y se instala en Buenos Aires; de ésta ciudad, viaja como cocinero de un grupo de tropilleros hacia suelo patagónico, lo acompaña su hermano Nicanor y se instalan en la Estancia Cabo Alarcón (cerca de Picún Leufú, Provincia del Neuquén).

Tiempo después, desde España recala en este alejado paraje neuquino doña Manuela Carro, fusionando un inquebrantable destino con don Domingo.

Hacia el año 1910, año del nacimiento del pueblo de Allen, el matrimonio Fernández– Carro se establece en tierras allenses, y entonces, en sus ojos brilló una nueva esperanza.

Abroquelados en el trabajo y con la piel cubierta de sudor, se pusieron el sol a hombros y comprendieron que: la vida es la labranza y la muerte la consiguiente cosecha.

Don Domingo había crecido entre viñedos y bodegas, típico paisaje de las góticas tierras leonesas; en el génesis de sus recuerdos aparecía persistentemente esta postal, y así la viña se constituyó en su inseparable compañía en el suelo de Sayhueque. Luego, erigió unas piletas para la elaboración de un tipo de vino que tenía reminiscencias de los gruesos vinos de las órdenes monásticas esparcidas por la meseta ibérica.

Y, en la primavera de 1915, airoso don Domingo levantó la copa desbordante del néctar sagrado, expresión tangible de toda dignidad social, y pudo dar un anhelado descanso a la nostalgia del alma.

Los hijos siguen los designios de sus progenitores y para el año 1945 constituyen la firma Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C., sociedad integrada por los hermanos: Teodoro Carlos, Domingo Isidro, Catalina Francisca, Haydeé Cruz, Marcelino y Alfredo Fernández Carro. La bodega ya contaba para entonces con una capacidad de 534.000 litros. Vinos que eran comercializados en bordelesas con la marca DOMINGUITO.

Poseían 50 hectáreas de viñedos propios en Allen y 50 hectáreas en Fernández Oro, desarrollando una intensa actividad vitivinícola que les obligó a ir ampliando las instalaciones hasta alcanzar una capacidad de vasija total de 1.235.000 litros. La bodega quedó registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el número N 70738.

Han elaborado vino de mesa tipo blanco, rosado, clarete y tinto, que fraccionaban en damajuanas de 5 y 10 litros y eran comercializados con la afamada marca DOMINGUITO. Asimismo, elaboraran vinos reserva Pinot y Semillón envasados en botellas de 950 cm3 que expendían con la tradicional etiqueta DOMINGUITO.

En el año 1979 alquilan la bodega a la firma S.A. Luis Filippini Ltda. y en 1982 le dan de baja ante el I. N. V.

*** Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte de Federico Witkowski.

Una antigua botella del vino Dominguito. Gentileza Flia. Fernández Carro.
La Mañana de Neuquén.
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Pepe Zapata Olea.

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Fernández Carro, prolíficos descendientes de pioneros maragatos.

Por Beatriz Chávez.

09/08/2020 .

La historia de esta familia comienza a fines del siglo XIX en España, en la comunidad autónoma de Castilla y León, Astorga, donde vivían los Maragatos, llamados así por descender de moros y godos que vivieron en España y se unieron, aliaron y casaron. Aquellos habitantes vendían los productos de su comarca con sus “carromatos” tracción a sangre. Cuando llegó el ferrocarril debieron adaptarse al nuevo transporte. Este hecho histórico determinó que algunos maragatos decidieran emigrar a distintos lugares del mundo, principalmente Sudamérica. Argentina fue uno de los países elegidos por sus bondades de progreso: Carmen de Patagones fue un punto de concentración de estos inmigrantes, que actualmente se reconocen como maragatos.

Uno de ellos fue don Domingo Fernández Alonso, nacido el 8 de mayo de 1870 en el pueblo de Santa Coloma de Somoza, a 16 kilómetros de la ciudad de Astorga. Hijo de comerciantes, vio frustrado su futuro y decidió migrar hacia la tierra prometida. En 1893 se embarcó. Había iniciado un noviazgo con Manuela Carro Fernández, nacida el 16 de mayo 1886.

Domingo partió con la promesa de regresar en su búsqueda. Así fue que con su hermano Nicanor, Enrique Carro, primo de su prometida, y algunos amigos como Celestino Delanna, criado, llegaron a Carmen de Patagones.

Más adelante, los hermanos Nicanor y Domingo Fernández lograron adquirir cuantiosas tierras en el departamento de Picún Leufú: fundaron la estancia Cabo Alarcón, mismo nombre del fortín establecido en ese lugar; allí se dedicaron a la ganadería y cría de lanares y abastecían a la región de Neuquén. Su familia nos recuerda que don Domingo Fernández volvió a León a casarse con Manuela un 25 de julio de 1898. En España tuvieron a su primera hija, Catalina. Regresaron a Argentina, a su estancia: allí nacieron sus hijos Julio, Isolina, Domingo Isidro (Golo), Manuela (Ica) y Teodoro (Doro).

La gran cantidad de descendientes de esta familia se juntan anualmente en Allen para celebrar, recrear su historia y recordar viejos tiempos.

En 1910, los hermanos Nicanor y Domingo decidieron disolver la sociedad familiar dedicada a la ganadería. Nicanor se quedó con la propiedad de la Estancia Cabo Alarcón y Domingo, con el dinero que le correspondió de la venta de la estancia, se trasladó al Valle de Río Negro en un carro tirado por caballos. Demoraron casi 30 días en el recorrido.

Llegaron a Allen. Adquirió una chacra sobre la actual ruta 22 en la zona de Cte. Martín Guerrico: 50 hectáreas que dedicó a la producción vitivinícola. Fundó la bodega Ciudad de Astorga con sus vinos Dominguito. También abrió un almacén de ramos generales que se llamaba don Domingo. El almacén aún existe, se llamó El Pobre Onofre, nombre del inquilino, propiedad de los descendientes. Ese almacén, en 1920, había sido atacado por el famoso bandolero Bairoletto; mataron al almacenero y su hija. El arribo de los Fernández Carro a Allen fue en 1910, cinco años antes de que fuese fundado oficialmente el pueblo por Piñeiro Sorondo, que también se dedicaba a la vitivinicultura con su bodega Barón de Río Negro. En Allen nacieron sus otros hijos Alfredo, Haydee y Marcelino (Chicho). En 1917, doña Manuela debió ser trasladada a la ciudad de Bahía Blanca para tratar una cruel enfermedad, pero falleció a los 31 años. Sus hijos quedaron al cuidado de su esposo y su hija mayor Cata.

Esta familia está compuesta por fruticultores, enólogos, comerciantes, docentes, agrónomos, contadores, abogados y médicos. La relación con los descendientes de doña Manuela Carro y don Enrique Carro, exintendente de la ciudad de Neuquén, primo de ella, se mantiene viva. Abelli, Prezoli, Diez, Grieco, García, Aragón, Badariotti, Vázquez, Líseri y Kovalow son apellidos que se han agregado a la familia. La gran cantidad de descendientes de esta familia se juntan anualmente en Allen para celebrar, recrear su historia y recordar esos pretéritos tiempos en que llegaron sus abuelos y bisabuelos a contribuir al crecimiento de esta zona única, de la Norpatagonia, en la que dejaron su indeleble huella.

Beatriz Carolina Chávez.

Diario Río Negro -09/08/2020.

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Primeros pobladores: la familia Fernández Carro, pioneros de Allen.

Llegó desde España y fue uno de los impulsores del desarrollo de la región.

Por Lic. Vicky Chávez.

Primeros pobladores: la familia Fernández Carro, pioneros de Allen

En un recorrido por las vidas de las familias adelantadas en poblar la Norpatagonia, nos encontramos con muchas arribadas a fines del siglo XIX y la mayoría en el siglo XX. Todas ellas conformaron el entramado social, político y económico de la región.

Sus descendientes son los encargados de recrear la memoria a través de la magia de la historia oral que se nutre de sus relatos. Este recorrido no lo encontramos en archivos ni repositorios sino que se basa en los recuerdos.

Una de ellas es la de Domingo Fernández Alonso.

En las últimas décadas del siglo XIX en la Provincia de León, España, la prosperidad que se estaba viviendo, dio un rápido giro debido al progreso. Había llegado el ferrocarril y cambió la estructura económica de la región.

La rica comarca de los Maragatos, principalmente agrupados en la comunidad autónoma de Castilla y León, reúne varias sub comarcas, dentro de estas, la Ciudad de Astorga.

Los maragatos recibieron el nombre de los vocablos "mauri capti" (moros cautivos) o de “mauro gotho”, al entender que provenían de aquellos moros y godos que convivían en España, y que al aliarse, relacionarse y casarse, dieron origen a hijos que no eran ni moros ni godos, sino "maurogothos" (maragatos).

Esta región, compuesta por prósperos comerciantes, en carromatos con tracción a sangre, recorría el centro y oeste de España, vendiendo principalmente productos artesanales que producían en su comarca.

Los maragatos, aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil.

Se habían consolidado como comerciantes, agricultores y manufactureros, desplazando sus mercaderías de un lugar a otro en carros tirados por caballos. Así habían surgido familias de prósperos trabajadores, que impulsados por el comercio, crearon “empresas” de producción y distribución dentro de la comarca. Distintos productos eran fabricados y llevados al consumidor en su lugar de residencia.

La ciudad de Astorga, capital de la Maragatería, junto con Somoza, producían y manufacturaban los productos del campo y la ganadería, lana, quesos, carne, dulces y cuanto producto se pudiera consumir en la ciudad.

El progreso apareció, llegó el ferrocarril, lo que significó un antes y un después para muchas familias, fundamentalmente comerciantes, que debieron adaptarse al nuevo trasporte, terminando con el tradicional comercio de productos transportados en carromatos.

Este hecho histórico, determinó que algunos Maragatos decidieran emigrar a distintos lugares del mundo, principalmente Sudamérica.

Argentina fue uno de los países elegidos por sus bondades de progreso, siendo Carmen de Patagones un punto de concentración de estos inmigrantes, que actualmente se auto reconocen como Maragatos.

El inicio de la historia.

Domingo Fernández Alonso, joven Maragato, nacido el 8 de mayo de 1870 en el pueblo de Santa Coloma de Somoza, a 16 kilómetros de la ciudad de Astorga, hijo de comerciantes, vio frustrado su futuro y decidió migrar hacia la tierra prometida buscando lo que él y su familia había perdido: el progreso.

En el año 1893 decidió embarcarse hacia Argentina, detrás de su futuro y que hoy relatamos es parte de nuestra historia. En ese entonces había establecido una relación sentimental con Manuela Carro Fernández, nacida el 16 de mayo 1886, joven que vivía en su misma ciudad. Ella pertenecía a una familia adinerada, con muy buen estatus social, que incluso tenía una hermana que estaba en una orden religiosa cristiana como monja.

La familia Fernández Carro.

El amor entre ellos fue muy fuerte, tanto que Domingo partió con la promesa de regresar en su búsqueda en cuanto la tierra prometida le permitiera cumplir el deseo obsesivo de consagrarse en América.

Así fue que con un hermano suyo Nicanor Fernández Alonso, un primo de su prometida Enrique Carro, y algunos amigos como Celestino Delanna, Criado, Crespo y otros más, luego de largo tiempo de navegación, llegaron a Carmen de Patagones, punto de reunión de Maragatos inmigrantes en el año 1893.

Lograron adquirir abundantes tierras en el departamento de Picun Leufu, fundando la estancia Cabo Alarcón, mismo nombre del fortín establecido en ese lugar, dedicándose a la ganadería y cría de lanares, abasteciendo a la región de Neuquén con tan preciado producto.

Tenían, como en su pueblo Santa Coloma de Somoza, una tropilla de caballos con la cual arrastraban los carros que traían la producción lanar para su venta en Neuquén.

La historia oral, trasmitida a través de cuatro o cinco generaciones, cuenta que Don Domingo Fernández viajó nuevamente a su origen, León, contrajo matrimonio con su prometida, el 25 de julio de 1898, Doña María Manuela Carro Fernández y tuvo en España a su primera hija Catalina Fernández Carro (Cata), que nació en el año 1889.

Regresó nuevamente a Argentina con su flamante esposa e hija a la estancia Cabo Alarcón, que compartía en propiedad con su hermano Nicanor, luego de 2 años de su partida.

Cuentan que junto a su esposa María Manuela traía en su viaje a las prometidas de algunos de los acompañantes en su aventura, para que desposaran en este país.

En la Estancia, ubicada a 140 Km de Neuquén hacia el sur, en ese entonces Territorio Nacional, nacieron sus hijos Julio, en 1901, Isolina, en 1903, Domingo (Golo), en 1905, Manuela (Ica) Fernández Carro, en 1907, y Teodoro (Doro), en 1909.

En 1910, los patriarcas Don Nicanor Fernández quien se había casado con su pareja de apellido Soteras, y Don Domingo Fernández Alonso, junto a su esposa, deciden disolver la sociedad familiar dedicada a la ganadería, quedando Nicanor con la propiedad de la Estancia Cabo Alarcón.

Actualmente gran parte de la estancia, su casona familiar y el cementerio donde yacen dos hijas mellizas que fallecieron tempranamente, fueron cubiertos por las aguas de la represa del Chocón en la década de 1970.

Domingo Fernández Alonso con el dinero de la venta de la estancia, se trasladó al Valle de Rio Negro demorando casi 30 días en el recorrido en un carro tirado por caballos, que aún se conserva, único medio de locomoción en ese momento.

Llegó a Allen, adquirió una chacra de 50 hectáreas sobre la actual Ruta 22 en la zona de Coronel Martín Guerrico, que dedicó a la producción vitivinícola, fundó la Bodega “Ciudad de Astorga” con sus vinos “Dominguito”.

Junto con la Bodega fundó un Almacén de Ramos Generales que se llamaba Don Domingo. Actualmente, el almacén sigue en el lugar, es propiedad de los herederos y se ha llamado hasta hace poco tiempo “El Pobre Onofre”, nombre que proviene de su último inquilino.

Fue en ese almacén en la década del ’20 donde ocurrió un hecho delictivo que fue protagonizado por un famoso bandolero conocido como Bairoleto. Cuentan que llegó junto a sus secuaces, asaltaron al almacenero de turno matándolo a él y a su hija.

La llegada a Allen, fue en el año 1910, cinco años antes que fuese fundado oficialmente el pueblo por Piñeiro Sorondo, que también se dedicaba a la vitivinicultura con su bodega “Barón de Rio Negro”. Allí nacieron sus otros hijos Alfredo en 1912, Haydee en 1914, Marcelino (Chicho) en 1915.

En 1917, Doña Manuela Carro Fernández, luego de una probable enfermedad infecciosa, debió ser trasladada de Bahía Blanca para su tratamiento, ya que en la zona no había complejidad para hacerlo.

En una carta de su puño y letra, dirigida a su esposo Domingo desde Bahía Blanca, le encarga cuide a sus hijos, y a Julio, su hijo varón mayor, que se haga cargo del almacén que juntos explotaban, y augurios que pronto volvería a estar en el seno de la familia.

Este deseo ferviente de Doña Manuela, nunca se cumplió, una complicación medica, como la infección generalizada pudo más que su deseo de vivir y a la temprana edad de 31 años falleció dejando su numerosa familia en soledad.

Asistida por su esposo Domingo, su hija Catalina se consagró a la crianza y cuidado de sus hermanos, tanto que jamás se casó, falleció en la misma Bodega a los 85 años de edad.

Una nueva etapa familiar.

Fallecida Doña Manuela Carro, la vida continuó su camino y la familia comenzó a ser liderada por Don Domingo y su hija Catalina, que en ese momento tenía 15 años y era la mayor de los hermanos.

Catalina se hizo cargo de la casona familiar, de sus hermanos y de su padre. Con mano fuerte fue la guía de todos ellos, ocupo el lugar que su madre María Manuela muy tempranamente había dejado vacío.

El trabajo y el tesón, llevó a tener un muy buen pasar económico de todos ellos, tanto que uno de los primeros vehículos automotores del pueblo de Allen, fue el de la familia Fernández Carro. 

Hoy la familia Fernández Carro se ha convertido en un enorme grupo de descendientes que nunca dejaron atrás su historia, fruticultores, enólogos, comerciantes, docentes, agrónomos, contadores, abogados, médicos y fundamentalmente gente orgullosa de su pasado y de sus raíces.

Nietos y bisnietos han armado el árbol genealógico a partir de Domingo y María Manuela intentando completar la historia de quienes han hecho posible esta gran familia, recopilando información y datos.

Las Chacras de Allen y Fernández Oro continúan en poder de sus descendientes, Algunos viven en la provincia de Neuquén ejerciendo sus profesiones y otros en la Ciudad de Buenos Aires.

La relación con los descendientes de Doña Manuela Carro y Don Enrique Carro, ex intendente de la ciudad de Neuquén, primo de ella y que la acompañó en su epopeya se mantiene viva, Abelli, Prezzoli, Diez, Grieco, Huerta, Peña, Escudero, García, Aragón, Badariotti, Vázquez, Líseri, Kovalow, son apellidos que se han agregado a la familia y todos han contribuido a formar la Gran Historia de nuestro querido Valle de Río Negro y Neuquén.

Más de 70 descendientes se juntan anualmente en Allen disfrutando de un gran encuentro familiar, afianzando lazos para las nuevas generaciones y que ellos sigan trasmitiendo historias, cultura y anécdotas de sus raíces, el gran fin, mantener presente a la familia y con el orgullo de ver crecer el Valle por obra de sus manos.

La Mañana de Cipolletti - 2 de octubre del 2020.  

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sábado, enero 06, 2024

Ángel Molteni, famoso médico radicado temprano en Cipolletti.

 

Ángel Molteni, famoso médico radicado temprano en Cipolletti.

Precursor y pionero, una plaza lo homenajea. El doctor instaló el primer aparato de rayos X y radioscopía que tuvo Cipolletti.


Por Vicky Chávez.


Ángel Molteni, afamado médico pionero había arribado a Cipolletti con la empresa constructora del Dique Puente. Primero se instaló como médico en Contralmirante Cordero debido a que el ingeniero Lépori, profesional a cargo de la construcción del Dique Puente, estaba casado con su hermana Teresa. Al finalizar su trabajo en la obra, instaló su consultorio en Colonia Lucinda, en la primera cuadra de la calle principal (hoy Fernández Oro), a cincuenta metros de su casa, ubicada en la calle Mengelle. Cuando terminó su etapa el doctor Lafourcade fue nombrado el doctor Molteni, en 1927.

Según la investigación del doctor Augusto Ciruzzi en su libro Los Médicos de Colonia Lucinda en el acta de la Comisión de Fomento de diciembre 1928 consta la entrada de una factura de sus honorarios desde marzo a agosto de ese año: la comisión le había contestado que dada la escasez de recursos le rogaban que esperase hasta que recibieran el pago por parte de Nación.

Una anécdota de la época contada por testigos de la familia Herzig –que ya han sido protagonistas de algunos capítulos de estas historias— dice que tenía un automóvil de lujo para la época (marca Isotta-Fraschini) con el que hacía visitas domiciliarias a Cinco Saltos y a Catriel para atender a sus pacientes. Cuando llegaba a visitar a algún enfermo en las chacras, se lo oía antes de verlo por los ruidoso de su motor. Debido al fuerte frío del invierno, lo guardaba en el galpón de don Bernardo Herzig.

Recordemos que la familia de Bernardo Herzig, se había iniciado con Agustín Herzig y María Laner, que vivían en Fulda, cerca de Frankfurt, Alemania. Tuvieron varios hijos, entre ellos Bernardo, que nació en 1888.

Bernardo ingresó como administrativo en la chacra de Alberto Peuser, hijo de Jacobo Peuser, el dueño de la editorial. Por problemas económicos, en 1913 Peuser remató la mayor parte de las trescientas hectáreas de su campo y don Bernardo, con sus ahorros, producto de su trabajo y una pequeña herencia que le llegó de Alemania, compró el lote 8, que tenía catorce hectáreas. Así dio inicio a su propio establecimiento, al que llamó Fulda, pero los lugareños, pensando que él confundía las palabras por ser alemán, lo terminaron denominando La Falda.

Estos terrenos, que ya estaban emparejados por él, los explotó con alfalfa y otras forrajeras para mejorar la tierra y luego los plantó con viñedos de malbec y torrontés riojana hasta cubrir toda la superficie.

Simultáneamente, adaptó una vieja construcción que se hallaba en esos terrenos y que había sido la caballeriza de Peuser, la recicló y la mejoró para convertirla en una bodega que con el tiempo llegó a elaborar hasta un millón de litros de vino. En aquel momento le ofreció a Peuser ser parte de ese emprendimiento, pero este, por razones que desconocemos, no participó.

La crisis vínica de 1932 lo obligó a cambiar los cultivos por manzanos y perales: convirtió así al establecimiento en frutivitivinícola. Para guardar los vinos y obtener una mejor calidad importó de Francia toneles de roble de Nancy que aún hoy permanecen en el lugar con todas las instalaciones de antaño.

Esa fue una breve reseña de los Herzig, fundadores de La Falda, donde el doctor Molteni guardaba su automóvil cuando iba a visitar pacientes.

Este nuestro homenaje al doctor Ángel Molteni, precursor y pionero, que enfermó de otitis y falleció por la falta de antibióticos. En la década del 30 se remataron sus bienes debido a que su viuda quedó en mala situación económica.

Historias pioneras que recuerdan los primeros años de la medicina en estas lejanas tierras patagónicas y su enlace con historias familiares, asentadas en la zona, que se fueron desarrollado a lo largo del Siglo XX y que son el cimiento de los grandes adelantos que hoy tiene la región patagónica. Nuestro homenaje.

Publicado en Diario LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmcipolletti.com/cipolletti/angel-molteni-famoso-medico-radicado-temprano-cipolletti-n1083765

domingo, noviembre 12, 2023

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Por Beatriz Chávez.

Fernández Oro.

Fundador de la bodega que lleva su nombre y apellido. Hoy su fructífera tarea es continuada por sus hijos y nieto. Su suegro fue don Juan T. Fernández, recordado hombre de General Roca. Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos llegados de Mandola, pueblo cercano a Nápoles, Julia y Nazareno Gennari, que tuvieron diez hijos.

Julia y Nazareno habían vivido con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el colegio San Miguel, en Stefenelli.

Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén. Se casó a los 23 años con Nélida Fernández de la localidad de Mainqué, con la que tuvo tres hijos: Hugo, Osvaldo y Ana. En 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro. Cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento de que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, como le decían a la localidad. En la foto que acompaña el escrito lo vemos hoy a sus ciento un años con premios recibidos por su bodega.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, tres hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia en General Fernández Oro. En la siguiente temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener ciento cincuenta obreros trabajando de sol a sol y luego comenzó con el secado de ciruela y durazno.

En 1969 comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, y que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia.

La uva proviene de la chacra de Mainqué, una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y presenta una marcada amplitud térmica en verano. Entre sus recuerdos: don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca, Villa Regina. Garrón de Piedra era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara- y que caminaba descalzo sobre las piedras.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Participaron activamente en el club haciendo kermeses y rifas para ampliarlo.

Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, y junto a familias amigas consiguieron a través del Sr. Koprio –que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO. Don Lino Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz: “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato.

Hace varios años se incorporaron sus hijos y en 2003 formaron la sociedad Gennari SA.

Seguramente muchos recordarán cuando don Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy a sus ciento y un años pudimos conversar con él y no dejamos de sorprendernos con su memoria, que es la memoria de toda una región. La tarea ha sido fecunda.

Carta de Lectores de Beatriz Chávez publicada en el Diario "Río Negro", domingo 12 de noviembre del 2023, Edición Papel Nro. 27059. Imagen: Diario "Río Negro".

https://www.rionegro.com.ar/opinion/emilio-lino-gennari-gran-bodeguero-que-suma-101-anos-3254933/

*** Justo homenaje en vida a Don Emilio Gennari que junto a su familia son creadores de riqueza y trabajo en la región del Valle del Río Negro, en nuestra tierra Patagonia Argentina.

domingo, septiembre 17, 2023

Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

 


Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

Emilio lleva 66 años de fructífera tarea. Junto a su hijo y nietos forman un gran equipo de trabajo con sus empleados. Su suegro fue don Juan T. Fernández recordado hombre de Roca.

Por Lic. Vicky Chávez.

Ante la búsqueda de hechos históricos del Alto Valle de Río Negro y Neuquén nos encontramos con descendientes de pioneros que gentilmente acceden a ponernos en contacto con los protagonistas. Este fue el caso de don Emilio Gennari con el que pudimos conversar.

Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos de Mandola, pueblo cercano a Nápoles. Julia y Nazareno Gennari tuvieron diez hijos. Vivieron con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el Colegio San Miguel de la localidad de Stefenelli. Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén.

Se casó a los 23 años con Nélida Fernández hija de Juan T. Fernández de la localidad de Mainqué con la que tuvieron tres hijos. Hugo, papá de Marcela Gennari; Osvaldo y Ana.

Nos relató que en 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. Fue muy curioso cómo encontró el predio donde comenzó con la empresa. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro, cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, así le decían a la localidad.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, 3 hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Esa noche le comentó feliz a su esposa que había encontrado el lugar soñado. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia, en Fernández Oro.

Ya en la próxima temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener 150 obreros trabajando de sol a sol, luego comenzó con el secado de ciruela y durazno. En 1969, comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, los que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia. La uva proviene de una chacra de Mainqué hasta el día de hoy. Una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y es una zona con marcada amplitud térmica en verano.

Entre sus recuerdos aflora el hecho de que don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca y Villa Regina.

“Garrón de Piedra” era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara – que caminaba descalzo sobre las piedras.


Gran labor comunitaria.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Luego participaron activamente en el club, haciendo kermeses y rifas para ampliarlo. Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, junto a familias amigas consiguieron a través del señor Koprio – que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO.

Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato. Cuando tuve necesidad de dinero para ampliar la bodega o el secadero iba al banco y siempre me otorgaban un crédito a plazo que podía devolver”.

Cuando Osvaldo fue más grande se incorporó a la empresa ayudándole en la producción de vinos y fruta. En el año 1996 se incorporó Ana en su carácter de contadora pública y se hizo cargo de la administración. En el año 2003 formaron la sociedad Gennari SA que sigue vigente hasta el día de hoy.


En la bodega se puede ver hasta la fecha al hijo de don Lino, Osvaldo Gennari trabajando y a uno de sus nietos, como también a numerosos empleados. Después de 66 años, continúa el ejemplo de trabajo constante.

Muchos de los habitantes del Alto Valle recuerdan aún cuando Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy sus ojos continúan brillando, plagado de recuerdos. La tarea ha sido cumplida.

Publicado en Diario LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmcipolletti.com/cipolletti/emilio-lino-gennari-fundador-la-bodega-gennari-cumple-101-anos-n1057113