GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, mayo 17, 2026

Bodega y Viñedos Barón de Río Negro S.A. Historia.

 


Bodega y Viñedos Barón de Río Negro S.A.

En la última década del siglo XIX, los hermanos Miguel y Patricio Piñeiro Sorondo (1871 – 1935), distinguidos miembros del Jockey Club de la ciudad de Buenos Aires, se instalan en tierras de lo que hoy es Allen y, entonces, un nuevo verbo afloró en sus labios.

Superado el rudo trabajo de desmonte y emparejamiento de las tierras adquiridas, inician la implantación de viñedos y así para el año 1898 inauguran su primera pileta subterránea de fermentación. Tal año era el que se hallaba grabado en el frente de la pileta según el relato testimonial del Ing. Agr. Samuel “Sammy” Piñeiro Pearson (1933 – 2009), hijo de Jorge Piñeiro Pearson y nieto de don Miguel Piñeiro Sorondo.

En 1907 don Patricio Piñeiro Sorondo impulsa la formación de la Cooperativa de Irrigación Agrícola Gral. Roca; para 1908 los hermanos plantan, con destacado optimismo, las primeras cepas de la variedad Pinot, traídas desde Francia, y al año siguiente establecen, en una parcela de 5,00 hectáreas de superficie, la primera chacra experimental del Alto Valle.

Asimismo inician la edificación de la bodega sobre la cava subterránea existente. La cual, se fue ampliando con el tiempo adquiriendo una capacidad total de 800.000 litros de vino.

La firma denominada Establecimiento “Los Viñedos” por entonces, años más tarde, cuando se fueron incorporando los 2 hijos de don Patricio: Julio y Lino Piñeiro Sorondo, y los 5 hijos de don Miguel: Jorge, Diego, Celina, Eudocia y Miguel Piñeiro Pearson, pasa a llamarse: Bodega y Viñedos Barón de Río Negro S.A.; industria ésta, que durante mucho tiempo sostuvo el prestigio vitivinícola de la región.

En 1910, conjuntamente con un grupo de colonos, don Patricio Piñeiro Sorondo funda el pueblo de Allen. Para ese mismo año, la firma tenía plantadas 20 hectáreas de vides y al año siguiente plantaron 10 ha más.

El Allen 1912, criado en toneles de roble, no sólo fue el primer gran vino de esta bodega, sino uno de los vinos más notables producidos en la región. Sus vinos adquirieron rápida fama.

En 1919 estos vinos son requeridos en todo el territorio nacional, alcanzando merecida fama el Tres Coronas Especial y particularmente el Barón de Río Negro; y, un vino amontillado, denominado El Caid. Asimismo, elaboraban un vino Tipo Oporto Blanco envasado en botellas de 630 cm3 con la marca Barón de Río Negro.

Hacia finales de esta 2da década, los hermanos Piñeiro Sorondo incorporaron a su bodega una partida de bordelesas de roble de Nancy. Asimismo, empezaron a elaborar vinos de rápida expedición, tintos tipo gruesos, para cubrir la alta demanda de las poblaciones del interior neuquino y de los mercados de Bahía Blanca y sus alrededores. También elaboraron vinos tipo claretes demandados por los pueblos del centro de la provincia de Buenos Aires, ubicados a la vera de las vías del Ferrocarril del Sud, en un radio de 200 km de Bahía Blanca hasta las inmediaciones de la ciudad de Buenos Aires, llegando a la zona balnearia de Mar del Plata.

En el año 1922, a los vinos Barón de Río Negro, les fue acordado el 2do Gran Premio consistente en Gran Diploma de Honor en la Exposición Universal de Río de Janeiro.

Fallecido don Miguel en el año 1934 y enfermo don Patricio, quien falleció un año después, y la firma atravesando por serios problemas económicos, le fue ofrecida su administración al Ing. Agr. Isaac Darquier (1901 – 1956), quien la ejerció durante casi 20 años.

En la tristemente famosa crisis del ’30, los hermanos Piñeiro Sorondo pierden la propiedad de las tierras y quedan como arrendatarios, hasta que en el año 1936 a través de un crédito del Banco Hipotecario Nacional recuperan nuevamente la empresa.

En la cena de inauguración del Salón Teatro Municipal de Allen en el año 1936 se sirvió una sidra con el marbete Nueve de Julio que la firma había especialmente elaborado para dicho acontecimiento.

En el año 1939 irrumpe en el mercado argentino el primer champagne rionegrino, el afamadísimo Baronet, habiendo tenido luego una sostenida demanda nacional e internacional. Así, primero en Europa y luego en Asia, hizo alarde en las más elegantes mesas; también en Francia, cuna de esta candorosa bebida, tuvo especial aceptación. Se mantuvo inalterable en su calidad y conservó su prestigio durante largos años. Diego Piñeiro Pearson –autor del trabajo ESTUDIO sobre la Despoblación de la Campañas (1945)– fue quien comenzó con su elaboración. La cantidad de botellas de Baronet producidas por año oscilaba entre las 25.000 y 30.000 unidades.

Y, entonces, a cada uno de los integrantes de las familias Piñeiro Sorondo y Piñeiro Pearson, les sonrió el alma, cosquilleada tanto por brisas cortantes como por el vino espumoso; almas impetrantes y jubilosas, que se gritaron a sí mismas: ¡Salud!

El establecimiento contó con una superficie total de 260 hectáreas de viñedos, donde se destacaban los cepajes: Pinot noir, Pinot gris rionegrino, Merlot, Cabernet-Sauvignon, Malbec, Laska, Chardonnay y Chenin.

A principio de los años ’50 la firma comenzó una importación directa desde Escocia de whisky Old Nick con la etiqueta BARÓN DE RÍO NEGRO S.A.

La firma continuó luego bajo el gerenciamiento de los hermanos Cr. Jorge Piñeiro Pearson (h) e Ing. Agr. Samuel Piñeiro Pearson. La última elaboración de vino se registró en el año 1970.

En merecido reconocimiento a don Patricio Piñeiro Sorondo, fundador y motor fundamental para la historia de la ciudad de Allen, se le erigió un monumento en el año 1939, y a partir del 24 de julio de 2007 sus restos descansan definitivamente en el cementerio de Allen junto a los de su esposa Catalina Brickman y su hijo Julio.

En el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires se hallan los restos de don Miguel Piñeiro Sorondo y de su esposa doña Celina Pearson Halle. Una de las calles de la ciudad ha sido designada con el nombre de Miguel Piñeiro Sorondo.

Aún hoy en la región se evoca con nostálgico recuerdo el soberbio champagne rionegrino Baronet, en cuya etiqueta se leía la locución latina “VINCIT QUI DURAT” (Vence aquel que persevera).

Don Miguel Piñeiro Sorondo el primer y único Barón de Río Negro

La anécdota acontece en el año del Centenario de la Patria en la confitería del exclusivo y paquetísimo palacio del Jockey Club de la ciudad de Buenos Aires, transformado en el centro predilecto de la actividad social más encumbrada de la Capital, un ambiente privilegiado para aristocráticas recepciones y en el que se acostumbraba agasajar a los visitantes ilustres que arribaban a Buenos Aires.

En él se hallaba don Miguel Piñeiro Sorondo compartiendo una mesa con gente de la más alta alcurnia porteña, disfrutando de un clima distendido y de convencional armonía, esperando la llegada del hábil negociador de la diplomacia brasileña: José Mª da Silva Paranhos Jr. (1845 – 1912), más conocido por el Barón de Río Branco, por entonces Ministro de Relaciones Exteriores de la República Federativa del Brasil. Ante semejante personaje, hinchado de solemnidad, cada uno de los asistentes rigurosa y cortésmente le expresaban su personal saludo, al mismo tiempo que se iban presentando; al llegarle el turno a don Miguel, éste le da un apretón de manos y con envidiable seguridad aristocrática se presenta a su vez ante el título nobiliario del visitante –Barón de Río Branco– como Barón de Río Negro.

De este espontáneo y tan ocurrente episodio, va a surgir luego el nombre de los tan afamados vinos y, asimismo, la razón social de la firma.

Publicado en Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte.

Federico Witkowski. 12 de septiembre de 2021.

Barón de Río Negro.

Allen tuvo muchas bodegas y una gran cantidad de tierras con plantaciones de viña, ya que ésta junto a la alfalfa fueron la forma de producción inicial. La actividad vitivinícola fue muy difundida en el Alto Valle y ayudó a muchas personas a sacar provecho de sus inversiones en la zona. Entre ellos estaban Patricio Piñeiro Sorondo y Manuel Zorrilla.

 El fundador de Allen tenía su bodega “Barón de Río Negro” en la quinta XI, más conocida como “Los Viñedos”. Este establecimiento es de 1908, anterior a la fundación de Allen. La  bodega fue reconocida con premios por su elaboración de vinos de calidad realizados con tecnología y metodología europeas. Los vinos eran obsequiados o consumidos como signos de distinción.

Según cuenta la anécdota popular, Patricio se autodenominó Barón de Río Negro al ser presentado, en una reunión, al brasilero Barón de Río Branco. Este noble aparece en la historia argentina en el contexto del conflicto con Uruguay por la jurisdicción de aguas del Río de la Plata. Según una carta confidencial de 1908, un diplomático italiano en Argentina decía que los constantes ataques del Barón se debían a que Brasil apoyaba la demanda de Uruguay y obtendría beneficios en detrimento de la seguridad y la soberanía argentina. Por esto, es posible que la actitud de Patricio se debiera a una especie de broma intencional ya que el tema irritaba a los medios y al “ambiente porteño” que frecuentaba Patricio.

Manuel Zorrilla, quien tenía tierras en la zona y participaba en la Cooperativa de Irrigación, también tenía una bodega en Allen. Se llamaba “San Marcos” y existen referencias a su belleza. El francés Doleris (ver “El Nilo Argentino”, 1912) refiere a la estancia de Zorrilla, ubicada a un km. de la de Patricio Piñeiro Sorondo, y describe sus viñas y frutales.

En Allen existió una gran cantidad de bodegas que estaban orientadas al mercado regional. La actividad entró en crisis hacia la década del 30 por un exceso en la producción y no pudo recuperarse por la competencia cuyana. Pero sobrevivieron algunas bodegas gracias a la serie de medidas que se fueron tomando desde el Estado para proteger la actividad. La Cooperativa Vitivinícola de la Colonia Roca fue fundada en 1912, para intentar sobrellevar la competencia. Tenía sede en Allen y fue la primera y única hasta entonces. Patricio era su Presidente. Sin embargo, los pequeños viñateros fueron desapareciendo al avanzar el siglo.

https://www.proyectoallen.com.ar/3/?p=2377

Muy bien por el Museo de Allen de sostener esta página. Aplausos.

http://www.proyectoallen.com.ar/3/

Patricio Piñeiro Sorondo.

Proyecto ALLEN.

domingo, noviembre 23, 2025

FAMILIA FERNÁNDEZ CARRO. Don Domingo, el emblemático boliche de chacra de 100 años, vuelve a ser un bodegón.

 


DOS AMIGOS RESCATARON UN EDIFICIO HISTÓRICO DEL VALLE Y LO CONVIRTIERON  EN UN BODEGÓN  FAMILIAR.

Don Domingo, el emblemático boliche de chacra de 100 años, vuelve a ser un bodegón.




Vecinos del Alto Valle expresaron su alegría por la puesta en valor de una antigua edificación de chacra en Guerrico, que hoy se convirtió en un espacio gastronómico de Río Negro.

Los antiguos almacenes de ramos generales en el Alto Valle, vendían todo lo que pudiesen necesitar los pobladores para la vida diaria. Desde pan y vino, hasta una garrafa o pomada para los zapatos, por poner algunos ejemplos.

En las zonas de rurales, dichos almacenes también servían como paradas de paso, donde tomar algo fresco durante el calor del verano o cerciorarse algún tentempié para seguir el camino. En este tipo de sitios, los trabajadores de las chacras solían comprar sus menesteres y, en muchos casos, con cuentas corrientes abiertas, cuyos saldos se abonaban al terminar la cosecha.

Bastante de este espíritu tenía Don Domingo, el antiguo boliche de chacra ubicado sobre la ruta 22 a la altura de Guerrico, en la entrada de Allen. La construcción, típica de la arquitectura vernácula patagónica rural, se caracteriza por los ladrillos a la vista, una cornisa corrida en la parte superior, aberturas altas y angostas con dinteles rectos, puertas y ventanas de hoja doble en madera con proporciones verticales y una planta en “chaflán” o esquina ochavada, entre otros elementos.

Este edificio, que tiene más de 100 años en el mismo sitio, es un emblema patrimonial de la zona y llama la atención por su fachada cargada de historia y recuerdos ¿Cuántas personas se habrán preguntado al pasar sobre su pasado? Y ¿cuántas de ellas anhelaron su restauración? Para todas ella, ese día llegó.

De almacén a bodegón.

Oscar Velázquez y Marcelo Aveldaño, son los emprendedores gastronómicos que, a partir de un sueño, vieron la oportunidad y no dudaron. Hicieron un arreglo con el dueño actual del edificio, lo restauraron y abrieron un bodegón que funciona los fines de semana.

“A nosotros nos llamó la atención la estructura, el edificio, no sabíamos de la historia del lugar, la conocimos acá”, cuentan Óscar, oriundo de Alberti, provincia de Buenos Aires. Su socio también es bonaerense, pero vive hace 20 años en el Valle.

La obra de recuperación de Don Domingo les llevo casi seis meses, había sido vandalizado y había mucho por hacer. Decidieron conservar los carteles de afuera y todo lo posible en el interior, aunque levantaron pisos e hicieron de vuelta los techos, abrieron arcadas y remplazaron vidrios.

Además, renovaron la cocina, el patio y pusieron baños nuevos y un quincho. Según contaron a este medio, lo que más se mantuvo es la fachada y el cielorraso de los salones con madera de pinotea.

Desde que abrieron a mediados de noviembre, la respuesta de la gente fue muy buena “tengo muchos mensajes sin contestar… no esperábamos esta locura”, admite Oscar sobre el apoyo que recibieron de toda la comunidad. “Recibimos un montón de mensajes de aliento, hasta de gente que vive en España”, dice emocionado.

La propuesta gastronómica de Don Domingo es para familias y amigos, con parrillada y comidas lo más caseras posible, como pastas, que recuerde “a las comidas de antes”, finalizan los emprendedores y aclaran que por ahora abren solo los fines de semana.

Un lugar con historia.

Los primeros dueños de Don Domingo fueron el matrimonio conformado por los inmigrantes españoles Domingo Fernández Alonso y María Manuela Carro Fernández. Esta familia, junto a sus hijos, se establecieron en la chacra sobre ruta 22, donde luego instalaron el almacén de ramos generales en la primera década del 1900.

En aquella época era muy común la producción vitivinícola del vino de mesa. Según el ingeniero Federico Witkowsky, “Don Domingo levantó la copa del néctar sagrado hacia 1915”... mientras que sus hijos continuaron el legado “para el año 1945 constituyen la firma Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.” y comercializaban los vino bajo la marca Dominguito, que duró hasta fines de los 70.

El almacén anexo al camino de chacra sobre ruta 22, luego fue alquilado por los Herrera (“El Boliche de Herrera"), Los Boné, Don Onofre López (El Pobre Onofre) y Primo Bassi.

Recuerdos y actualidad.

El médico reumatólogo, el doctor Oscar Fernández Carro, nieto de Domingo nos cuenta que su padre fue el tercero de los nueve hermanos y que tanto la chacra de 50 hectáreas, como el edificio del almacén siguen perteneciendo a la familia.

“La chacra está en producción, fue pasando de manos dentro de la familia. Algunos de los nietos se dedican a la fruticultura, por ejemplo mi primo Jorge, en el predio donde hoy está el boliche. Otros se dedican a la producción de alfalfa y en mi caso me dedico a la producción de césped y hay un vivero en el otro extremo de las 50 hectáreas”, explica Oscar.

Con respecto al edificio de Don Domingo “el último que lo había alquilado fue Don Onofre (“El Pobre Onofre” así se llamaba el boliche). Luego quedó abandonado y había problemas con la ocupación y suciedad. Pero bueno, ahora encontramos a esta gente que con muy buena voluntad decidió hacer el bodegón don Domingo” cuenta con esperanzas sobre esta reciente recuperación de aquel icónico lugar.

“Mi abuelo llegó a la chacra en 1910 y el almacén ya estaba construido cuando el compró, igual que la bodega que está a unos 300 metros del boliche. Mi abuela estaba a cargo del boliche y mi abuelo se dedicó a la vitivinicultura”, recuerda.

Sus abuelos habían llegado de Astorga, España, en la época de promoción de tierras. Arribaron al Alto Valle en carreta de bueyes desde la zona de Cabo Alarcón, donde estuvieron primero en una estancia.

“Yo lo que más recuerdo del boliche es cuando estaba Herrera y Primo Bassi y Blanca que era su esposa. Primo era un compone huesos muy respetado y era muy amigo de mi padre. Hay muchas anécdotas como la (famosa) historia de Bairoletto que estaba buscado por la policía”, cuenta el Doctor Fernández Carro, orgulloso de sus raíces y de lo que hoy pudo construir junto a su familia.

La reapertura de Don Domingo no solo recupera un edificio centenario: devuelve a la comunidad un pedazo de su identidad. En un Alto Valle que cambia año tras año, estos gestos de memoria activa permiten hilvanar pasado y presente, y recordar que detrás de cada chacra, cada bodega y cada viejo almacén hay historias que todavía buscan ser contadas.

Publicado en Más Producción. Diario La Mañana de Neuquén.

22 de noviembre 2025.

https://masp.lmneuquen.com/fruticultura/don-domingo-el-emblematico-boliche-chacra-100-anos-vuelve-ser-un-bodegon-n1218607

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Marcelo, Oscar y un proyecto de recuperación edilicia histórica para el Alto Valle. Convirtieron un viejo almacén de chacra en bodegón familiar. Está ubicado en el kilómetro 1.192 de la Ruta 22 y ya lo podés visitar. Historias del lugar y cómo podés visitarlo.

(Por Diego Von Sprecher).

Su primer nombre fue Don Domingo y su construcción data de principios del siglo pasado. En la década del ’30 se lo conoció como “El boliche de Herrera” y, ya más acá en el tiempo, muchos lo recordarán como “El Pobre Onofre”. Esa construcción centenaria, ubicada en Guerrico y testigo privilegiado de más de un siglo de historia del Valle, estuvo a punto de caer bajo la piqueta. Hoy, contra todo pronóstico, reabre sus puertas convertido en un bodegón familiar.

Marcelo Avendaño y Oscar Velázquez, dos amigos que eligieron el Alto Valle para vivir, soñaron que el mítico edificio situado a la vera de la Ruta 22 todavía podía salvarse. Los propietarios ya pensaban en demolerlo: los actos de vandalismo eran constantes y cada tanto debían ahuyentar a quienes ingresaban sin permiso.

Aun así, Avendaño y Velázquez apostaron por lo imposible. Tras alquilar el lugar, se embarcaron en una obra compleja y minuciosa: recuperaron la fachada y la estructura original del edificio, incluidos sus ventanales largos y sus techos altos, elementos que conservan intacta la esencia del histórico comercio. Pero también sumaron otros espacios para darle funcionalidad y comodidad.

Una inauguración histórica en Guerrico, la zona rural de Allen.

Fueron meses de trabajo intenso que, desde este fin de semana, quedarán grabados en la memoria de la región. Porque no sólo comenzará a funcionar el bodegón “Don Domingo 1910”; también se habrá salvado uno de los pocos edificios patrimoniales que aún quedaban en pie en el Alto Valle.

El bodegón Don Domingo abrirá sus puertas este viernes 15 de noviembre, con una inauguración que promete ser un acontecimiento histórico para toda la zona. El salón tiene capacidad para 60 comensales y comenzará su actividad con parrilla libre.

Con el correr de las semanas, se sumarán pastas, comidas al horno y a la olla, platos tradicionales que buscan rescatar los sabores con los que se construyó la gastronomía regional.

Además, el predio incluye un patio rodeado de chacras donde se levantó un amplio quincho con asadores y parrilla, ideal para disfrutar encuentros al aire libre.

“Queremos trabajar con el público del Alto Valle. Este bodegón tiene un perfil de restorán de campo: para venir a comer tranquilos, disfrutar de la sobremesa  en familia o con amigos y reencontrarse con los sabores tradicionales. También esperamos al turismo, porque este lugar tiene muchísima circulación y queremos ofrecer una muy buena alternativa gastronómica para quienes pasan por la ruta”, explicó Marcelo.

Quienes deseen reservar una mesa ya pueden hacerlo al 298 413-4418, y también pueden seguir las novedades del lugar en Instagram: @bodegon.dondomingo.

El rescate de la identidad local y un pedido para los vecinos de Allen

El interior del bodegón comienza a tomar forma con una ambientación cálida y tradicional: se colocaron arañas como luminarias y se está trabajando en una decoración que respete la historia del edificio.

Los dueños lanzaron una propuesta especial para la comunidad de Allen y Guerrico: invitan a quienes tengan carteles, objetos antiguos, herramientas, fotografías o recuerdos vinculados a la vida rural del Alto Valle a dejarlos en guarda para decorar el lugar y reforzar su identidad histórica.

La idea es que el bodegón sea un espacio vivo, donde también la memoria de la zona esté presente en cada rincón. Quienes deseen colaborar pueden comunicarse directamente con los propietarios y dejar objetos en guarda para exhibirlos.

¿Por qué volvió a llamarse Don Domingo?

El nombre del bodegón no es casual. Es un homenaje a sus fundadores: Domingo Fernández Alonso y María Manuela Carro Fernández, quienes llegaron a Allen en 1910 y se destacaron por su trabajo en la producción. Levantaron uno de los primeros comercios de la zona y dieron origen a una historia que hoy, más de un siglo después, vuelve a cobrar vida.

Bairoletto y un episodio que quedó grabado en la memoria.

La historia del viejo almacén tiene capítulos que parecen sacados de una novela. Uno de ellos involucra a Juan Bautista Bairoletto, el legendario bandolero pampeano.

Jorge Fernández Carro, nieto de Domingo, ratificó la veracidad del hecho que algunos han relegado al mito. En una nota publicada en 2002, preservada en el archivo del diario Río Negro, relataba:

“No sabemos en qué año pasó, pero creemos que fue en 1932 o 1933, cuando se lo conocía como el boliche de Herrera. Bairoletto mandó a decir que por la noche iba a venir a buscar provisiones, y acá todos lo esperaron armados. Y fue nomás, pero ahí empezaron a los tiros y varios salieron heridos”.

Marcelino Fernández, otro descendiente, recordaba que su madre solía repetir que los vecinos querían hablar con el gobernador por los robos que hacía Bairoletto en la región.

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Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.

Don Domingo Fernández Alonso (1870 – 1931), oriundo de Astorga, provincia de León, España, llega a la Argentina y se instala en Buenos Aires; de ésta ciudad, viaja como cocinero de un grupo de tropilleros hacia suelo patagónico, lo acompaña su hermano Nicanor y se instalan en la Estancia Cabo Alarcón (cerca de Picún Leufú, Provincia del Neuquén).

Tiempo después, desde España recala en este alejado paraje neuquino doña Manuela Carro, fusionando un inquebrantable destino con don Domingo.

Hacia el año 1910, año del nacimiento del pueblo de Allen, el matrimonio Fernández– Carro se establece en tierras allenses, y entonces, en sus ojos brilló una nueva esperanza.

Abroquelados en el trabajo y con la piel cubierta de sudor, se pusieron el sol a hombros y comprendieron que: la vida es la labranza y la muerte la consiguiente cosecha.

Don Domingo había crecido entre viñedos y bodegas, típico paisaje de las góticas tierras leonesas; en el génesis de sus recuerdos aparecía persistentemente esta postal, y así la viña se constituyó en su inseparable compañía en el suelo de Sayhueque. Luego, erigió unas piletas para la elaboración de un tipo de vino que tenía reminiscencias de los gruesos vinos de las órdenes monásticas esparcidas por la meseta ibérica.

Y, en la primavera de 1915, airoso don Domingo levantó la copa desbordante del néctar sagrado, expresión tangible de toda dignidad social, y pudo dar un anhelado descanso a la nostalgia del alma.

Los hijos siguen los designios de sus progenitores y para el año 1945 constituyen la firma Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C., sociedad integrada por los hermanos: Teodoro Carlos, Domingo Isidro, Catalina Francisca, Haydeé Cruz, Marcelino y Alfredo Fernández Carro. La bodega ya contaba para entonces con una capacidad de 534.000 litros. Vinos que eran comercializados en bordelesas con la marca DOMINGUITO.

Poseían 50 hectáreas de viñedos propios en Allen y 50 hectáreas en Fernández Oro, desarrollando una intensa actividad vitivinícola que les obligó a ir ampliando las instalaciones hasta alcanzar una capacidad de vasija total de 1.235.000 litros. La bodega quedó registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el número N 70738.

Han elaborado vino de mesa tipo blanco, rosado, clarete y tinto, que fraccionaban en damajuanas de 5 y 10 litros y eran comercializados con la afamada marca DOMINGUITO. Asimismo, elaboraran vinos reserva Pinot y Semillón envasados en botellas de 950 cm3 que expendían con la tradicional etiqueta DOMINGUITO.

En el año 1979 alquilan la bodega a la firma S.A. Luis Filippini Ltda. y en 1982 le dan de baja ante el I. N. V.

*** Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte de Federico Witkowski.

Una antigua botella del vino Dominguito. Gentileza Flia. Fernández Carro.
La Mañana de Neuquén.
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Pepe Zapata Olea.

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Fernández Carro, prolíficos descendientes de pioneros maragatos.

Por Beatriz Chávez.

09/08/2020 .

La historia de esta familia comienza a fines del siglo XIX en España, en la comunidad autónoma de Castilla y León, Astorga, donde vivían los Maragatos, llamados así por descender de moros y godos que vivieron en España y se unieron, aliaron y casaron. Aquellos habitantes vendían los productos de su comarca con sus “carromatos” tracción a sangre. Cuando llegó el ferrocarril debieron adaptarse al nuevo transporte. Este hecho histórico determinó que algunos maragatos decidieran emigrar a distintos lugares del mundo, principalmente Sudamérica. Argentina fue uno de los países elegidos por sus bondades de progreso: Carmen de Patagones fue un punto de concentración de estos inmigrantes, que actualmente se reconocen como maragatos.

Uno de ellos fue don Domingo Fernández Alonso, nacido el 8 de mayo de 1870 en el pueblo de Santa Coloma de Somoza, a 16 kilómetros de la ciudad de Astorga. Hijo de comerciantes, vio frustrado su futuro y decidió migrar hacia la tierra prometida. En 1893 se embarcó. Había iniciado un noviazgo con Manuela Carro Fernández, nacida el 16 de mayo 1886.

Domingo partió con la promesa de regresar en su búsqueda. Así fue que con su hermano Nicanor, Enrique Carro, primo de su prometida, y algunos amigos como Celestino Delanna, criado, llegaron a Carmen de Patagones.

Más adelante, los hermanos Nicanor y Domingo Fernández lograron adquirir cuantiosas tierras en el departamento de Picún Leufú: fundaron la estancia Cabo Alarcón, mismo nombre del fortín establecido en ese lugar; allí se dedicaron a la ganadería y cría de lanares y abastecían a la región de Neuquén. Su familia nos recuerda que don Domingo Fernández volvió a León a casarse con Manuela un 25 de julio de 1898. En España tuvieron a su primera hija, Catalina. Regresaron a Argentina, a su estancia: allí nacieron sus hijos Julio, Isolina, Domingo Isidro (Golo), Manuela (Ica) y Teodoro (Doro).

La gran cantidad de descendientes de esta familia se juntan anualmente en Allen para celebrar, recrear su historia y recordar viejos tiempos.

En 1910, los hermanos Nicanor y Domingo decidieron disolver la sociedad familiar dedicada a la ganadería. Nicanor se quedó con la propiedad de la Estancia Cabo Alarcón y Domingo, con el dinero que le correspondió de la venta de la estancia, se trasladó al Valle de Río Negro en un carro tirado por caballos. Demoraron casi 30 días en el recorrido.

Llegaron a Allen. Adquirió una chacra sobre la actual ruta 22 en la zona de Cte. Martín Guerrico: 50 hectáreas que dedicó a la producción vitivinícola. Fundó la bodega Ciudad de Astorga con sus vinos Dominguito. También abrió un almacén de ramos generales que se llamaba don Domingo. El almacén aún existe, se llamó El Pobre Onofre, nombre del inquilino, propiedad de los descendientes. Ese almacén, en 1920, había sido atacado por el famoso bandolero Bairoletto; mataron al almacenero y su hija. El arribo de los Fernández Carro a Allen fue en 1910, cinco años antes de que fuese fundado oficialmente el pueblo por Piñeiro Sorondo, que también se dedicaba a la vitivinicultura con su bodega Barón de Río Negro. En Allen nacieron sus otros hijos Alfredo, Haydee y Marcelino (Chicho). En 1917, doña Manuela debió ser trasladada a la ciudad de Bahía Blanca para tratar una cruel enfermedad, pero falleció a los 31 años. Sus hijos quedaron al cuidado de su esposo y su hija mayor Cata.

Esta familia está compuesta por fruticultores, enólogos, comerciantes, docentes, agrónomos, contadores, abogados y médicos. La relación con los descendientes de doña Manuela Carro y don Enrique Carro, exintendente de la ciudad de Neuquén, primo de ella, se mantiene viva. Abelli, Prezoli, Diez, Grieco, García, Aragón, Badariotti, Vázquez, Líseri y Kovalow son apellidos que se han agregado a la familia. La gran cantidad de descendientes de esta familia se juntan anualmente en Allen para celebrar, recrear su historia y recordar esos pretéritos tiempos en que llegaron sus abuelos y bisabuelos a contribuir al crecimiento de esta zona única, de la Norpatagonia, en la que dejaron su indeleble huella.

Beatriz Carolina Chávez.

Diario Río Negro -09/08/2020.

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Primeros pobladores: la familia Fernández Carro, pioneros de Allen.

Llegó desde España y fue uno de los impulsores del desarrollo de la región.

Por Lic. Vicky Chávez.

Primeros pobladores: la familia Fernández Carro, pioneros de Allen

En un recorrido por las vidas de las familias adelantadas en poblar la Norpatagonia, nos encontramos con muchas arribadas a fines del siglo XIX y la mayoría en el siglo XX. Todas ellas conformaron el entramado social, político y económico de la región.

Sus descendientes son los encargados de recrear la memoria a través de la magia de la historia oral que se nutre de sus relatos. Este recorrido no lo encontramos en archivos ni repositorios sino que se basa en los recuerdos.

Una de ellas es la de Domingo Fernández Alonso.

En las últimas décadas del siglo XIX en la Provincia de León, España, la prosperidad que se estaba viviendo, dio un rápido giro debido al progreso. Había llegado el ferrocarril y cambió la estructura económica de la región.

La rica comarca de los Maragatos, principalmente agrupados en la comunidad autónoma de Castilla y León, reúne varias sub comarcas, dentro de estas, la Ciudad de Astorga.

Los maragatos recibieron el nombre de los vocablos "mauri capti" (moros cautivos) o de “mauro gotho”, al entender que provenían de aquellos moros y godos que convivían en España, y que al aliarse, relacionarse y casarse, dieron origen a hijos que no eran ni moros ni godos, sino "maurogothos" (maragatos).

Esta región, compuesta por prósperos comerciantes, en carromatos con tracción a sangre, recorría el centro y oeste de España, vendiendo principalmente productos artesanales que producían en su comarca.

Los maragatos, aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil.

Se habían consolidado como comerciantes, agricultores y manufactureros, desplazando sus mercaderías de un lugar a otro en carros tirados por caballos. Así habían surgido familias de prósperos trabajadores, que impulsados por el comercio, crearon “empresas” de producción y distribución dentro de la comarca. Distintos productos eran fabricados y llevados al consumidor en su lugar de residencia.

La ciudad de Astorga, capital de la Maragatería, junto con Somoza, producían y manufacturaban los productos del campo y la ganadería, lana, quesos, carne, dulces y cuanto producto se pudiera consumir en la ciudad.

El progreso apareció, llegó el ferrocarril, lo que significó un antes y un después para muchas familias, fundamentalmente comerciantes, que debieron adaptarse al nuevo trasporte, terminando con el tradicional comercio de productos transportados en carromatos.

Este hecho histórico, determinó que algunos Maragatos decidieran emigrar a distintos lugares del mundo, principalmente Sudamérica.

Argentina fue uno de los países elegidos por sus bondades de progreso, siendo Carmen de Patagones un punto de concentración de estos inmigrantes, que actualmente se auto reconocen como Maragatos.

El inicio de la historia.

Domingo Fernández Alonso, joven Maragato, nacido el 8 de mayo de 1870 en el pueblo de Santa Coloma de Somoza, a 16 kilómetros de la ciudad de Astorga, hijo de comerciantes, vio frustrado su futuro y decidió migrar hacia la tierra prometida buscando lo que él y su familia había perdido: el progreso.

En el año 1893 decidió embarcarse hacia Argentina, detrás de su futuro y que hoy relatamos es parte de nuestra historia. En ese entonces había establecido una relación sentimental con Manuela Carro Fernández, nacida el 16 de mayo 1886, joven que vivía en su misma ciudad. Ella pertenecía a una familia adinerada, con muy buen estatus social, que incluso tenía una hermana que estaba en una orden religiosa cristiana como monja.

La familia Fernández Carro.

El amor entre ellos fue muy fuerte, tanto que Domingo partió con la promesa de regresar en su búsqueda en cuanto la tierra prometida le permitiera cumplir el deseo obsesivo de consagrarse en América.

Así fue que con un hermano suyo Nicanor Fernández Alonso, un primo de su prometida Enrique Carro, y algunos amigos como Celestino Delanna, Criado, Crespo y otros más, luego de largo tiempo de navegación, llegaron a Carmen de Patagones, punto de reunión de Maragatos inmigrantes en el año 1893.

Lograron adquirir abundantes tierras en el departamento de Picun Leufu, fundando la estancia Cabo Alarcón, mismo nombre del fortín establecido en ese lugar, dedicándose a la ganadería y cría de lanares, abasteciendo a la región de Neuquén con tan preciado producto.

Tenían, como en su pueblo Santa Coloma de Somoza, una tropilla de caballos con la cual arrastraban los carros que traían la producción lanar para su venta en Neuquén.

La historia oral, trasmitida a través de cuatro o cinco generaciones, cuenta que Don Domingo Fernández viajó nuevamente a su origen, León, contrajo matrimonio con su prometida, el 25 de julio de 1898, Doña María Manuela Carro Fernández y tuvo en España a su primera hija Catalina Fernández Carro (Cata), que nació en el año 1889.

Regresó nuevamente a Argentina con su flamante esposa e hija a la estancia Cabo Alarcón, que compartía en propiedad con su hermano Nicanor, luego de 2 años de su partida.

Cuentan que junto a su esposa María Manuela traía en su viaje a las prometidas de algunos de los acompañantes en su aventura, para que desposaran en este país.

En la Estancia, ubicada a 140 Km de Neuquén hacia el sur, en ese entonces Territorio Nacional, nacieron sus hijos Julio, en 1901, Isolina, en 1903, Domingo (Golo), en 1905, Manuela (Ica) Fernández Carro, en 1907, y Teodoro (Doro), en 1909.

En 1910, los patriarcas Don Nicanor Fernández quien se había casado con su pareja de apellido Soteras, y Don Domingo Fernández Alonso, junto a su esposa, deciden disolver la sociedad familiar dedicada a la ganadería, quedando Nicanor con la propiedad de la Estancia Cabo Alarcón.

Actualmente gran parte de la estancia, su casona familiar y el cementerio donde yacen dos hijas mellizas que fallecieron tempranamente, fueron cubiertos por las aguas de la represa del Chocón en la década de 1970.

Domingo Fernández Alonso con el dinero de la venta de la estancia, se trasladó al Valle de Rio Negro demorando casi 30 días en el recorrido en un carro tirado por caballos, que aún se conserva, único medio de locomoción en ese momento.

Llegó a Allen, adquirió una chacra de 50 hectáreas sobre la actual Ruta 22 en la zona de Coronel Martín Guerrico, que dedicó a la producción vitivinícola, fundó la Bodega “Ciudad de Astorga” con sus vinos “Dominguito”.

Junto con la Bodega fundó un Almacén de Ramos Generales que se llamaba Don Domingo. Actualmente, el almacén sigue en el lugar, es propiedad de los herederos y se ha llamado hasta hace poco tiempo “El Pobre Onofre”, nombre que proviene de su último inquilino.

Fue en ese almacén en la década del ’20 donde ocurrió un hecho delictivo que fue protagonizado por un famoso bandolero conocido como Bairoleto. Cuentan que llegó junto a sus secuaces, asaltaron al almacenero de turno matándolo a él y a su hija.

La llegada a Allen, fue en el año 1910, cinco años antes que fuese fundado oficialmente el pueblo por Piñeiro Sorondo, que también se dedicaba a la vitivinicultura con su bodega “Barón de Rio Negro”. Allí nacieron sus otros hijos Alfredo en 1912, Haydee en 1914, Marcelino (Chicho) en 1915.

En 1917, Doña Manuela Carro Fernández, luego de una probable enfermedad infecciosa, debió ser trasladada de Bahía Blanca para su tratamiento, ya que en la zona no había complejidad para hacerlo.

En una carta de su puño y letra, dirigida a su esposo Domingo desde Bahía Blanca, le encarga cuide a sus hijos, y a Julio, su hijo varón mayor, que se haga cargo del almacén que juntos explotaban, y augurios que pronto volvería a estar en el seno de la familia.

Este deseo ferviente de Doña Manuela, nunca se cumplió, una complicación medica, como la infección generalizada pudo más que su deseo de vivir y a la temprana edad de 31 años falleció dejando su numerosa familia en soledad.

Asistida por su esposo Domingo, su hija Catalina se consagró a la crianza y cuidado de sus hermanos, tanto que jamás se casó, falleció en la misma Bodega a los 85 años de edad.

Una nueva etapa familiar.

Fallecida Doña Manuela Carro, la vida continuó su camino y la familia comenzó a ser liderada por Don Domingo y su hija Catalina, que en ese momento tenía 15 años y era la mayor de los hermanos.

Catalina se hizo cargo de la casona familiar, de sus hermanos y de su padre. Con mano fuerte fue la guía de todos ellos, ocupo el lugar que su madre María Manuela muy tempranamente había dejado vacío.

El trabajo y el tesón, llevó a tener un muy buen pasar económico de todos ellos, tanto que uno de los primeros vehículos automotores del pueblo de Allen, fue el de la familia Fernández Carro. 

Hoy la familia Fernández Carro se ha convertido en un enorme grupo de descendientes que nunca dejaron atrás su historia, fruticultores, enólogos, comerciantes, docentes, agrónomos, contadores, abogados, médicos y fundamentalmente gente orgullosa de su pasado y de sus raíces.

Nietos y bisnietos han armado el árbol genealógico a partir de Domingo y María Manuela intentando completar la historia de quienes han hecho posible esta gran familia, recopilando información y datos.

Las Chacras de Allen y Fernández Oro continúan en poder de sus descendientes, Algunos viven en la provincia de Neuquén ejerciendo sus profesiones y otros en la Ciudad de Buenos Aires.

La relación con los descendientes de Doña Manuela Carro y Don Enrique Carro, ex intendente de la ciudad de Neuquén, primo de ella y que la acompañó en su epopeya se mantiene viva, Abelli, Prezzoli, Diez, Grieco, Huerta, Peña, Escudero, García, Aragón, Badariotti, Vázquez, Líseri, Kovalow, son apellidos que se han agregado a la familia y todos han contribuido a formar la Gran Historia de nuestro querido Valle de Río Negro y Neuquén.

Más de 70 descendientes se juntan anualmente en Allen disfrutando de un gran encuentro familiar, afianzando lazos para las nuevas generaciones y que ellos sigan trasmitiendo historias, cultura y anécdotas de sus raíces, el gran fin, mantener presente a la familia y con el orgullo de ver crecer el Valle por obra de sus manos.

La Mañana de Cipolletti - 2 de octubre del 2020.  

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miércoles, agosto 17, 2022

Bodega y Viñedos de Manuel Saiz.

 


Bodega y Viñedos de Manuel Saiz.

Esta bodega localizada a la vera de la Ruta Nacional 22 en la zona rural del ejido municipal de Mainqué, perteneció a Francisco y Juan Verdecchia, cuya primera parte fue inaugurada en el año 1920; luego quedó en manos de Juan y a su deceso se hicieron cargo sus hijos Adolfo, Mario, Emilia y Adina Verdecchia y Gregori.
Entre los años 1940 y 1945 don “Manolo” Saiz (1917 – 2012) alquiló sus instalaciones a Enrique Verdecchia, dejando al frente de la misma a su hermano Adolfo (“Fito”); luego de concluido el contrato de alquiler, efectuó una oferta para su adquisición pero no arribaron a un acuerdo. Después de 16 años de espera, en el año 1961, don Manolo Saiz logró que la familia Verdecchia le vendiera la bodega. En ese momento, la misma contaba con una capacidad de 537.445 litros. Fue registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el N° N 71471.
Así, a partir del año 1962, don Manolo reinicia su actividad bodeguera y bajo el sangriento sol poniente del preludio primaveral, escanció con legítimo orgullo, cuán abundante y virginal rocío, su propio licor de Baco.
Asimismo, en los años venideros fue ampliando las instalaciones de la misma hasta alcanzar una capacidad total de vasija vinaria de 931.200 litros. Contaba con una superficie de 20 hectáreas de viñedos propios.
Elaboraba vinos de mesa tipo blanco, rosado, clarete y tinto, que al principio fraccionaba en bordelesas y, luego, en damajuanas de 5 y 10 litros y en botellas de 930 y 950 cm3. Vinos que eran comercializados,principalmente en Neuquén y zona del Alto Valle, con la marca Saiz.
Es dable resaltar que don “Manolo” fue una persona que vivió su larga existencia de forma plena e intensa, dinámico, audaz y de mentalidad emprendedora, lo que le permitió tener una nutrida actividad en el rubro comercial –fundó uno de los comercios más importantes de Gral. Roca en la década de 1950: Saiz, López & Baraldi–. Además, su espíritu solidario le ha permitido desplegar un fuerte compromiso en diversas actividades sociales, entre las que se han destacado: su participación durante 50 años en el Rotary Club, ha sido integrante del Directorio del Banco de Río Negro y Neuquén entre 1955 – 1960, fue vicepresidente del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, ocupó el cargo de presidente de la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio de Río Negro y Neuquén con sede en Gral. Roca entre los años 1953 – 1958 y durante largos años dirigió el Centro de Bodegueros de Río Negro.
Casado en el año 1940 con Alcira Puicerverg, tuvieron 3 hijas: Mirta, Mabel y Silvia.
Su última cosecha la molió en el año 2000 ya con 84 años en el haber de su vida, y en el año 2004 les vende la propiedad vitivinícola a Ángela E. Luppino y Ángela Sue Kamada.
Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte 
Federico Witkowski. 

Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte
 
Federico Witkowski.
Publicado en
Blog CEPAS ARGENTINAS.