GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

martes, enero 15, 2013

“El desafío de repensar lo judicial me entusiasma” dijo Eugenio Raúl Zaffaroni.

En una entrevista realizada por el Diario "Página 12", el 14-1-2013 Eugenio Zaffaroni opina, también, que la elección popular de jueces “daría lugar a la demagogia y la corrupción”.
Dijo no estar de acuerdo con la elección popular de jueces, un tema de debate y análisis en la provincia de Río Negro.
 
 –Si uno tomara el ejemplo del fuero civil y comercial, tan en discusión en los últimos tiempos, ¿cómo podría cambiar los tiempos?
–No soy un procesalista civil, pero esas instituciones hay que reformarlas. No puede ser que la Justicia civil consista en no litigar, porque entonces cada causa es interminable. El Código de Procedimientos es muy antiguo. Hay que hacerlo más expeditivo. En la Corte estoy viendo expedientes del fuero civil que tienen muchos años, mucha demora...–En el fallo de la Corte Suprema a raíz de la presentación del Grupo Clarín, usted votó en disidencia y sostuvo la posición de la procuradora Alejandra Gils Carbó.
–En la Corte estamos acostumbrados a opinar diferente. Es lo habitual. Que me quede solo en un voto tampoco es extraño. Me pasó muchas veces. Por ejemplo, he sostenido que la pena máxima vigente es de treinta años, fundado en que la ratificación del Tratado de Roma habría derogado las anteriores previsiones legales, y emití el único voto en ese sentido, en tanto que el resto sostuvo que no había cuestión constitucional a dirimir. Hubo otros casos también. Son las reglas normales de juego en un tribunal colegiado, donde todos nos respetamos aunque opinemos diferente. El pluralismo es sano.–No es cualquier tema.
–Todos los casos son trascendentes. Una pena exagerada o injusta también lo es, tanto como la impunidad selectiva, al menos para quien la sufre o para la víctima. La trascendencia del caso no depende de la publicidad, sino del sufrimiento de la injusticia. Por suerte, los jueces no estamos sometidos a elecciones.–¿Por suerte?
–Sí. Por eso podemos medir la injusticia de cada caso sin preocuparnos de lo que se diga mediáticamente.–¿Por qué calificó de “disparate” la elección popular de jueces?
–En primer lugar, sería una de las reformas judiciales para las que se necesitaría una reforma constitucional. Pero incluso así daría lugar a una demagogia vindicativa y a una corrupción terrible. Ganarían los más ignorantes, solventados por intereses de los poderosos o vendidos a ellos, se meterían los partidos, los financiadores de campañas, y cuando se aproximase la reelección ni le cuento lo que harían. La propuesta de elección popular más que una idea es una reacción visceral. Empezó en la Revolución Francesa y, como todo disparate condenado a terminar en fracaso, acabó con Napoleón consagrando el modelo de Poder Judicial más vertical y corporativo haya existido, que después de más de un siglo juró fidelidad en bloque al gobierno títere del mariscal Petain.–La Presidenta pidió la democratización de la Justicia. ¿Está de acuerdo?
–Hasta que no se concrete en medidas, no sé de qué se trata.–¿Le molesta?
–Al contrario. Me siento complacido por el simple desafío de “repensar” lo judicial. Nadie puede dudar de que la Presidenta, más allá de la posición que se tenga a su respecto, es un verdadero cuadro político, alguien que viene de la política de toda su vida. Que de una persona de esa condición emane un reclamo de “repensar” lo judicial me entusiasma, porque puede abrir un debate en el que participen todos los cuadros políticos de la oposición. Sería bueno lograr que, al fin, la política se haga cargo de la necesidad de “pensar” y “repensar” al judicial. Espero que lo hagan bien, seriamente, sin tirar propuestas al voleo, sino poniendo lo que hay que poner en la silla durante muchas horas, estudiando, sobre todo estudiando. No se hace ingeniería institucional inventando el embudo.–¿Por qué dijo que “al fin” los dirigentes políticos tal vez puedan acercarse a repensar la Justicia?
–Porque la política sencillamente ignoró el tema. Hace casi veinte años publiqué un librito (Estructuras Judiciales) en el que llamaba la atención acerca de la necesidad de discutir lo judicial desde lo político, de profundizar el análisis de los modelos de control de constitucionalidad y del mejor servicio de resolución de conflictos. Parece que todos creen que el judicial es un apéndice que funciona solo. Desde la política nadie ha pensado seriamente que un Estado democrático necesita un modelo de Poder Judicial acorde y que eso no se hace por sí mismo, sino que debe pensarse, meditarse y estructurarse. Armarse.–Ese libro no parece estar en circulación.
–Está agotado, porque se desactualizó con todo lo que pasó en veinte años y por eso no quise reeditarlo. Lo tradujeron al portugués y lo reeditaron en la República Dominicana hace un tiempo, pero no tuve tiempo de reescribirlo y no quiero estafar vendiendo material gastado.–Si tuviera que rescatar una idea que no considere gastada, ¿cuál sería?
–Que no intentemos inventar la pólvora. En el mundo existen modelos de judiciales corporativos y burocráticos que provienen de Napoleón, modelos políticos puros como el norteamericano, modelos más o menos horizontales como el italiano, distintas formas de reclutamiento de los jueces, controles de constitucionalidad difusos como el nuestro o el norteamericano, y centralizados como la mayoría de los europeos continentales. Esto solo por tocar algunos temas. Así como existen modelos de gobiernos parlamentarios y presidencialistas, unitarios o federales, también hay modelos judiciales e incluso hay algunos institutos y científicos sociales y políticos dedicados al tema. Es cuestión de estudiarlos, ver sus ventajas y desventajas, las dificultades que acarrearon en los respectivos países, los problemas que solucionaron o evitaron y su viabilidad en nuestro contexto. Eso es ingeniería institucional. Cómo armar un Poder Judicial es un problema político, constitucional, y la Constitución es un código político, de gobierno. Siempre lo ha sido. No puede negarse la esencia de los fenómenos, la naturaleza de las cosas, si no se quiere caer en el ridículo o en la insensatez.–¿Hay una razón política especial en que los dirigentes políticos no resolvieran una reforma judicial o una práctica habitual en ese sentido?
–Creo que la omisión obedece a descuido más que a otra cosa. A que a nadie le importó mucho en la política, más allá de ver cómo se las arreglaba en lo coyuntural. El descuido es tal que no hay una historia de nuestro Poder Judicial.–Recuerdo que en la presentación del instituto de investigaciones de la Corte Suprema, usted dijo que el Poder Judicial parecía más opaco que la Inquisición.
–Cualquiera que haga una búsqueda en librerías encontrará hasta una vieja historia en varios volúmenes de la Policía Federal con buen material documental. Del Poder Judicial no, no tiene historia. Como máximo se han escrito algunos esbozos rápidos, pero no una verdadera historia política, seria, documentada, con análisis de las ideologías plasmadas en los fallos de cada momento y de sus respectivos contextos. Si le pregunta a cualquier estudiante de derecho si le explicaron el origen de nuestra Corte, sus primeros fallos, el papel de la Corte y de los jueces federales en las primeras décadas, luego en los tiempos de la oligarquía, su rol ante los gobiernos radicales, su papel del ‘30 al ’43, el conflicto con el peronismo, el juicio político a la Corte, las remociones dictatoriales de 1955 y 1976 y la forma en que todo esto pesó en la mayoría de los jueces, seguramente que nadie lo sabe, sencillamente porque no se lo han explicado. Y fuera de los estudiantes creo que nadie lo sabe muy bien, salvo a grandes trazos.–¿Y qué hicieron los juristas?
–No nos olvidemos de que el respeto a un derecho exige tres cosas: la primera es que se lo reconozca, la segunda que se sepa cómo reclamarlo. La tercera –y quizá la más importante– es que haya un tribunal que escuche. Los juristas saben de las dos primeras, pero cómo se obtiene la tercera es una cuestión que escapa a su conocimiento.–Suena a paradoja.
–Es que los juristas debemos comenzar por controlar nuestro narcisismo.–¿Cómo?
–Sabiendo que la ingeniería institucional no es ni mucho menos sólo cuestión de juristas. Sin duda que para proyectar la ingeniería institucional del judicial no puede prescindirse de los juristas, pero además se necesitan cientistas políticos, sociólogos, comparatistas, historiadores. Uno de los mejores investigadores del mundo en el tema, el profesor Carlo Guarnieri, de la Universidad de Bolonia, es politólogo y fue decano de la Facultad de Ciencias Políticas. Nosotros solos no abarcamos todos los conocimientos necesarios.–¿Y usted tampoco?
–No. Soy simplemente un francotirador, trato de leer algo más que Derecho y cuando me asomé a este problema, hace veinte años, me di cuenta de la complejidad y de la escasa importancia que se le ha dado. Creo que dimensiono el universo de conocimientos necesarios, pero disto mucho de manejarlos.–¿Democratizar la Justicia o repensarla exigiría una reforma constitucional? Usted la pedía antes de que figurase en la agenda del oficialismo.
–Por favor, no mezclemos otra vez las cosas, porque aclaro desde ahora que no estoy hablando de eso. Hay reformas judiciales que pueden pensarse dentro del marco constitucional vigente y en un término más o menos breve, en tanto que a largo plazo sería bueno instalar un debate sobre una eventual reforma constitucional, sobre cuya oportunidad y alcance no tengo nada que decir y, que quede claro, tampoco digo nada.–Sin entrar en el terreno constitucional, entonces, ¿cuáles serían las reformas inmediatas?
–Ante todo debemos resolver el problema que plantea un Consejo de la Magistratura que se ha trabado. Si no prima el buen sentido y se lo agiliza, no podremos designar más jueces ni someter a jurado a quienes lo merezcan. Es muy grave que se trabe el organismo que es pieza clave en la designación y remoción de jueces. No estoy hablando de un concurso en particular, sino de todos los concursos y de todas las denuncias. En segundo lugar, podríamos pensar ya desde la Corte en establecer un ingreso del personal administrativo por concurso o prueba, lo que se viene demorando desde hace años.–Eso lo puede hacer la Corte.
–Sí. No requiere ninguna intervención de otro poder.–¿Qué reforma sí requeriría, por ejemplo, la participación del Poder Legislativo?
–Con el Congreso habría que analizar el mapa judicial, la distribución de competencias territoriales, el reparto equilibrado de la tarea judicial. Por último, pero no último en importancia, es necesario pensar las reformas procesales y los requerimientos de infraestructura humana y material conforme con la conflictividad a atender, materia en la que debemos ser dinámicos. Es cierto que prima una “cultura judicial” de “tiempo perdido” que viene de la tradición escriturista, pero también es verdad que eso lo permiten las leyes procesales. Bueno, para nada de lo que hablamos es necesario tocar la Constitución.–Antes dijo que para una elección popular de los jueces, por caso, sí habría que reformarla. Pero Bolivia, entre los vecinos, sí reformó la Constitución e incorporó la elección popular.
–En primer lugar, en Bolivia se está protagonizando una revolución que incorpora a la mitad de la población a la vida civil y política. Por otra parte, se trata de un Estado plurinacional, lo que no tiene nada que ver con nosotros. Además, la elección popular está rodeada de requisitos y no es de todos los jueces sino para algunos superiores.–¿Por qué la Revolución Francesa habría tenido un comportamiento visceral cuando propuso elegir a los jueces?
–Siempre se ha planteado el problema de que un poder no elegido directamente controla y limita a un poder de elección popular directa. Es una discusión que tuvo su punto máximo por los años ’20 y ’30 del siglo pasado, cuando se habló de un poder “aristocrático” y “contramayoritario”, como objeción progresista por parte de Franklin Delano Roosevelt contra su Corte Suprema conservadora y como crítica reaccionaria por el nazi Carl Schmitt contra el tribunal constitucional de Kelsen en la Constitución austríaca de 1921. Pero no se resuelve con simplezas viscerales, porque el control es indispensable, dado que no se puede jugar un partido de fútbol sin árbitro ni jueces de línea. En lugar de un partido sería una trifulca.–¿Pero se puede hablar de poder de origen democrático sin elección directa?
–Un poder no es democrático sólo porque proviene de elección directa, sino porque es indispensable para que la democracia funcione. Al final, la única fuente constitucional de poder es siempre el pueblo, en forma directa o indirecta. A los jueces no los designa ninguna divinidad ni ningún monarca, sino las autoridades electas popularmente. La única solución para evitar que el partido de fútbol se convierta en trifulca es estudiar la forma de preparar y seleccionar a los mejores árbitros.–¿Y una prueba periódica para los jueces?
–También requeriría una reforma constitucional, pero igualmente no me parece ninguna solución. Lo importante es que el juez sepa Derecho al ser nombrado y luego, si no estudia ni se actualiza, no podrá aspirar a una promoción, porque no podrá superar las nuevas pruebas. Si en su función es deficiente, para eso están las sanciones, que deben ser garantizadas por una buena comisión de disciplina.–¿Cómo se evitan los prejuicios de clase?
–Del modo en que naturalmente se irá dando en pocos años: cuando comiencen a competir en los concursos los egresados de las universidades del conurbano, cuya grandísima mayoría son hijos de trabajadores.–Al menos los graduados del conurbano suelen ser los primeros graduados de su familia.
–Pongamos atención en su formación, ofrezcamos perfeccionamiento a los muchachos de menores recursos o sin parientes judiciales, preparémoslos para los concursos, hagamos una escuela de aspirantes gratuita. El efecto natural es la única forma de dinamizar la movilidad social vertical de la Justicia. Mejoremos la formación académica, pongamos atención en la formación cultural del abogado: no basta con que sepa teoría jurídica y menos aún leyes de memoria. Hagamos todo lo contrario de lo que el programa de Bolonia está haciendo en Europa, que es formar sólo buenos gestores.–En el debate público siempre aparece en estas ocasiones el juicio por jurados.
–Cada vez que se habla de reformas judiciales, lo primero que salta es el juicio por jurados. Seamos serios: el jurado popular clásico no funciona ni en los Estados Unidos, donde sólo un pequeñísimo porcentaje de casos se resuelve ante un jurado, porque los demás se “negocian” con (o se extorsionan por) el fiscal. Tiene el inconveniente constitucional de no permitir la revisión que impone la misma Constitución con la incorporación de la Convención Americana. Además, el jurado es caro y lento. Y no hay tradición. Si es difícil conseguir presidentes de mesa electoral, no me imagino jurados como carga pública. Requeriría una reforma drástica del proceso: no me imagino un jurado preso durante un año y medio, mientras declaran quinientos testigos. Si no se lo aislase sería un escándalo. Sería casi inevitable que entre más de una decena de personas, alguna de ellas adelante su opinión mientras toma unas copas en un bar, con lo cual todo el proceso sería nulo y habría que recomenzarlo. Creo que el control popular es bueno, pero para eso sería más práctico el sistema de escabinos, o sea de tribunales con jueces letrados y ciudadanos. De ese modo se evitaría entender contradictoriamente la Constitución, no tendría los otros inconvenientes del jurado clásico y permitiría un buen control con ciudadanos que participen del debate.–¿Cuál sería el mínimo de reforma deseable?
–Si se recompone la distribución de tareas, se ingresa en lo administrativo por pruebas o concursos, se escoge a los jueces en concursos rápidos y transparentes, se agiliza el procedimiento civil y penal, se dispone el control ciudadano en los juicios penales y se prepara a los jóvenes para los concursos como nueva generación de recambio, por lo menos de momento me sentiría muy satisfecho. En el largo plazo, sin apuro, por supuesto que puede pensarse en reformas más ambiciosas, pero de momento las inmediatamente posibles son muy importantes y se demoran desde hace muchísimos años.–En otra parte de este diálogo señaló cosas que la Corte puede hacer por sí misma.
–Sí, y para otras no tiene mucho poder. Incluso en lo administrativo el asunto es complicado por las potestades del Consejo de la Magistratura. Y en cuestiones de jurisprudencia no somos un tribunal que puede imponerla hacia abajo para todos los tribunales. Cuando resolvemos una inconstitucionalidad, la resolvemos en el caso. Hipotéticamente todos los casos similares tendrían que llegar hasta la Corte porque los jueces no tienen obligación de seguir un fallo determinado. A veces, cuando se habla de seguridad jurídica, incluso en términos económicos, no se piensa el tema en toda su extensión y complejidad. Si yo tuviese que hacer una inversión de cien millones de dólares y pregunto por un contrato, ¿con cuál fallo me contestaría un abogado al que contraté? ¿Con cuál jurisprudencia? Al mismo tiempo, es el sistema nuestro de toda la vida, ¿no?–Las veces en que usted sugirió una reforma de la Constitución habló de la conveniencia de un régimen parlamentario y de la necesidad de un tribunal constitucional. ¿Qué características tendría?
–Es un órgano extrapoder. Es un tribunal político. Cuando declara la inconstitucionalidad de una ley, esa ley pierde vigencia. O queda un vacío legal o el Parlamento tiene que legislar de nuevo. Así la corte institucional italiana pudo remover el código fascista. Hizo caer normas y entonces, ante el vacío, el Parlamento italiano se vio obligado a legislar.

lunes, enero 14, 2013

EFEMÉRIDES ARGENTINAS 14 de enero de 1995: El día que murió Maradona.


DICE EL AUTOR QUE SE DEDICA A FATIGAR LUGARES COMUNES...
¡ARDUA TAREA EN LA ARGENTINA NUESTRA!
http://fatigandolugarescomunes.blogspot.com.ar/
Estaba buscando material para escribir este artículo. Lo encontré, casi casualmente, como pasan usualmente estas cosas. Trabajé durante varios años con Roberto Vacca y el inolvidable Otelo Borroni en "Argentina Secreta", primero como ayudante de cámara, luego editor. Como el autor, conocí al "otro" Maradona gracias al programa. Supe que no debía buscar más tras leer la nota, de modo que con el agradecimiento del caso, simplemente la transcribo:
“…Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes. Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado…”
Esteban Laureano Maradona, médico rural argentino.
Otelo Borroni y Roberto Vacca.
Por 1986, Otelo Borroni y Roberto Vacca dirigían la serie de documentales y fascículos inolvidables: “Historias de la Argentina Secreta”. Hasta ese momento el apellido Maradona representaba inequívocamente a una sola persona: el máximo jugador de fútbol que conocimos. “No sé si somos parientes. Me han dicho que es un muchacho millonario” dijo otro Maradona. El comentario le pertenecía a un anciano humilde, protagonista de una historia secreta, la de El hombre que perdió el tren. Gracias a ella, se replicó el famoso apellido sobre un desconocido doctor y naturalista, que se llamó Esteban Laureano Maradona.
El Dr. Maradona en su juventud.

Fue médico de campaña durante la Guerra del Chaco. Curó –sin cobrar honorarios- a aborígenes y criollos en parajes olvidados. Su casa, tan humilde como la de sus pacientes, fue sede de su precario “hospital”. Arquetipo del médico gaucho, en ese mundo de monte y barro, operó a los ponchazos sobre carretas y atendió partos bajo la luz de la luna o el resplandor de los fogones. Allí, peleó contra el mal de Chagas, la tuberculosis, la lepra, el cólera, la sífilis y el paludismo. Estudió la naturaleza de los montes chaqueños. Trazó senderos para acceder al río Bermejo. Exploró nuevas fuentes de agua potable para la gente. Escribió trece libros, todos agotados, algunos publicados por universidades de Estados Unidos y la mayoría, inéditos. Fundó una escuela y una colonia aborigen. Renunció a todos los honores. Fue nuestro prócer más pobre: “Soy el médico más zaparrastroso del noroeste argentino”, llegó a reconocer.
Pero aun en la indigencia absoluta, se mantuvo firme y donó el dinero de un premio que había recibido para becar a jóvenes médicos formoseños recién recibidos.
Le decían: “Doctorcito Dios”, “Doctor Cataplasma”, “Doctorcito Esteban” ó “El médico de los pobres”.

Nació el 4 de julio de 1895, en Esperanza, Pcia. de Santa Fe en Argentina.
ESPERANZA, SANTA FÉ.

Descendiente de varios próceres de San Juan. De Plácido Fernández de Maradona que fue gobernador en varias ocasiones y ministro de Benavídez, y de José Ignacio Fernández de Maradona (hijos de español Francisco Fernández de Maradona c.c. Francisca Arias de Molina y Jofré, arribado de San Pedro de Arante, España, en el año 1748) jesuita y primer diputado electo por el pueblo de San Juan al ser reputado como el "mejor probidad" ante la Junta Grande de 1810 en Buenos Aires.

Su madre se llamaba Petrona Encarnación Villalba Sosa y era hija de Esteban Villalba de origen santiagueño. Trabajó muchos años a cargo del cuidado de la hacienda de la familia Ezeiza, quienes al regresar al país de su exilio político, encontraron que no sólo don Esteban Villalba había cuidado su hacienda en su ausencia, sino que la había duplicado. Gracias a su honestidad, los Ezeiza le otorgaron grandes cantidades de patacones de plata a don Esteban, que luego de ello, costeando el río Paraná, se detuvo por la zona de Barrancas y Coronda, ambas en la provincia de Santa Fe, y compraron hectáreas de campo.

Pero la mayor distinción de las que aceptó (ya que él no aceptaba distinciones) fue la que le hicieron los Tobas del Paraje Guaycurú, en Formosa. Ellos lo llamaron “Piognak”: padre de todos.

Esteban Laureano Maradona se graduó en 1928, con medalla de honor, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Fueron sus maestros, entre otros, el premio Nobel Bernardo Houssay, Pedro de Elizalde y Gregorio Aráoz Alfaro.
Se instaló unos meses en la Capital Federal y luego en Resistencia, Chaco. Y allí estaba en 1930, cuando la revolución de Uriburu depuso al presidente Hipólito Yrigoyen. Si bien nunca había sido yrigoyenista sino acaso lo contrario, asumió como ciudadano defender la democracia y el gobierno constitucional pronunciando entonces fogosas conferencias en las plazas públicas, que le valieron inmediatas persecuciones.
RESISTENCIA, CHACO POR LOS AÑOS ´30.
En el entusiasmo de la juventud acaso esa experiencia lo marcara, porque nunca luego llegó a practicarla seriamente y definitivamente se apartó de ella. “Pese a que llegué a ser candidato a diputado por el Partido Unitario —recordaba a propósito del tema—, la política nunca ocupó el centro de mi vida; los políticos, en su mayoría, siempre dicen una cosa y hacen otra, muchas veces desvirtúan la democracia para hacer demagogia en nombre de ella”. Soldado boliviano herido En 1932, al estallar la Guerra del Chaco, se alistó como “aspirante a camillero” en Asunción del Paraguay. Al terminar la contienda, ya era teniente primero médico y jefe del Hospital Naval. Pero en esa breve carrera había perdido a Aurora, su novia, víctima de la fiebre tifoidea. Ese mismo año, exactamente un 9 de julio, cuando viajaba en tren a Salta y a Tucumán, a visitar a un hermano, un hecho cambió su vida. En el Paraje Guaycurú alguien pidió ayuda para una parturienta que agonizaba en el monte. Y allá fue entonces Maradona, el médico, en un sulky. Y en medio del monte ayudó a nacer a la niña Mercedes Almirón, que luego fue madre y abuela, y que hasta hoy lo recuerda.
Soldado boliviano herido.
Al día siguiente -10 de julio de 1935-, cuando el doctor iba a retomar el camino hacia Tucumán, una multitud de enfermos harapientos -aborígenes en su mayoría- le pidieron que los atendiera.
“Así viví muy sobriamente cincuenta y tres años en la selva – dijo poco antes de morir – hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos. Creo que no hice ninguna otra cosa más que cumplir con mi deber” Fue postulado tres veces para el Premio Nobel y recibió decenas de premios nacionales e internacionales, entre los que se cuenta el Premio Estrella de la Medicina para la Paz, que le entregó la ONU en 1987. Sin embargo, no le importaban los honores. Había escrito su historia en el silencio, y la fama lo asaltó tiñendo su figura de ribetes legendarios y valores espirituales alejados de las sociedades de este tiempo, que paradójicamente lo admiraron por ello. Esa notoriedad le fue tan ajena como los homenajes o las retribuciones dinerarias: simplemente no alteraba su vida ni la aceptaba como algo merecido o que valiera la pena. En una carta dirigida a Eduardo Bernardi, al referirse a los premios, escribió: “Es todo humo que se disipa en el espacio”.
A través de la selva.
El Dr. Maradona fue unos de los primeros argentinos en redactar un "Vocabulario Toba-Pilagá" -pueblos con los que convivía- con más de tres mil vocablos. Constató también el grado de explotación al que eran sometidos los nativos, denunciándolo en su libro "A través de la selva":



"Diez a veinte centavos por hachar leña, siempre la más dura. Diez centavos por acarrear agua en barriles durante tramos de seis cuadras. Un peso diario para que transporten todo tipo de cargas. Y qué decir de los ingenios jujeños, salteños y tucumanos y de otros que efectuaban los pagos con vales, con cosas deterioradas e inservibles, con coca, con tabaco, con alcohol... Por lo mismo todo indio, al ser requerido para una changa, sea quien fuere el solicitante, tiene como estereotipada la defensiva frase que pronuncia en gerundio: ¿Cuánto pagando?"
Dijo un poeta:
Sea quichua, toba u ona,
La tribu no importa mucho;
La caridad llegó al indio
Por manos de Maradona.
Piognak, el Doctor Dios.
El 4 de julio, día de su nacimiento ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural. Murió en la ciudad de Rosario el 14 de enero de 1995 a los 99 años.
[ESTE ARTÍCULO  LO HICE HACE TIEMPO Y RECONFORTA QUE SEA ÚTIL]
http://fatigandolugarescomunes.blogspot.com.ar/2013/01/14-de-enero-de-1995-el-dia-que-murio.html

* Publicado en: http://fatigandolugarescomunes.blogspot.com.ar/
MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA PUBLICACIÓN.
VUESTRA ENTRADA ESTÁ MÁS LINDA QUE LA MÍA.

ANEXO:
EL VIAJE DE MARADONA

Autor: Daniel Altamirano.


Dicen que viajaba a Salta

en el tren que llega a San Ramón de Orán

el que viene de Formosa

trayendo gente hasta Pirané.


Iba sumido en sus pensamientos

el hombre joven, el doctor aquel.


En Estanislao del Campo

sintió el llamado y bajó al andén

Y bajó al andén,

sin saber por quién.


Ella alumbraba, ella solita

dolor de vida alumbrándose.


El doctor con su pericia

tocó su vientre y nació un bebé

Y nació un niño, un niño hermoso

un niño indio y el tren se fue.


Y el tren se fue, dejándole,

dejándole en el andén

Y el tren se fue, dejándole

un Cristo solo en el andén.


"El Aníbal me decía, mirá… mirá che

un par de libros, hojas de yerba

un microscopio viejo, decime che

¡pucha que rico en voluntad era este hombre!

fijate vos, fijate che, con pocas cosas

hizo tanto bien,

Y yo recordé a Filipa que allá en Formosa

me decía él…Don Maradona un santo

un Cristo nuestro, cantale che

pa’ que los niños de nuestra patria

sepan que hay hombres nobles,

humildes, buenos ejemplos para seguir…

Y yo me digo, creo que el destino

sabe adónde, por qué y por quién

se detiene el tren ".


Esto me contó Venancio

el Intendente de Estanislao

y Los Menchos que tocaban

chamamé maceta y vea usted.


Y el tren se fue, dejándole

un Cristo solo en el andén.

sábado, enero 12, 2013

ALBERDIANAS - ALBERDI Y LA CREACIÓN DE RIQUEZA DE UN PAÍS.

ALBERDI Y LA CREACIÓN DE RIQUEZA DE UN PAÍS.
 
El suelo que produce sin trabajo sólo fomenta hombres 
que no saben trabajar. No mueren de hambre pero jamás
son ricos. Son parásitos del suelo y viven como las 
plantas no la vida digna del ser humano que es creador
y hacedor de su propia riqueza.

Y esta que la agrego ya estaba en las entradas anteriores. 
Es tan vigente Juan Bautista Alberdi que si abunda en la repetición de su pensamiento no nos daña a los habitantes de nuestra Argentina.
 ¿Por qué vivís mal?
¿Por que es sucia, desprovista vuestra casa?
¿Por qué coméis mal?
¿Por qué sois perezosos, ignorantes, mezquinos?
¿El gobierno es autor de todo esto?
¿Él os impide que tengáis buenas posadas, cómodo alojamiento?
¿Quién os impide hacer el bien? Ved como el extranjero os aventaja en todo en vuestro país. Haced: bien o mal, haced, en vez de hablar.



* Extraído de el libro "El pensamiento vivo de Alberdi" de Jorge Mayer, pag. 146, ed. 1983.

viernes, enero 11, 2013

¿Qué es eso de 'de qué lado estás'? ¿Montescos y Capuletos? ¡Váyanse a cagar!".

Pinti: "Estoy podrido que se tenga que plantear de qué lado estás".
No se le puede plantear a nadie eso de qué lado estás. Yo estoy podrido. No es tan fácil decir de qué lado estás. Hay cosas que a uno le gustan, otras cosas que no le gustan, tiene derecho a decir una cosa y derecho a decir la otra. ¿Qué es eso de 'de qué lado estás'? ¿Montescos y Capuletos? ¡Váyanse a cagar!", expresó Pinti desde Mar del Plata, donde presenta un espectáculo teatral durante la temporada de verano.
Pinti respaldó por su cuenta a Alejandra Darín, líder de la Asociación Argentina de Actores y hermana del protagonista de El Secreto de sus Ojos, que en varias había considerado que la respuesta de Cristina Kirchner a su hermano, vía Facebook, no había sido "un ataque".
"Es normal que un ciudadano diga: 'Che, ¿de dónde sacaron la plata?', que en este caso es Darín, y es normal que la Presidente conteste", aseguró Pinti en diálogo con el canal Magazine.
Y haciendo hincapié en la actitud que tuvo la jefa de Estado, el actor señaló: "Creo que todos los presidentes cuando le tocás el cu..., o en este caso otra parte, reaccionan". Y ejemplificó sus dichos con la controversia que tuvo el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cuando le contestó al actor Clint Eastwood, quien le había dirigido un encendido discurso en la Convención Republicana previa a las elecciones presidenciales de noviembre pasado.
Consultado por si le preocupaba el millonario patrimonio de Cristina Kirchner, Pinti negó que le interese, y agregó: "Me interesan las minas al aire libre, me interesa cómo se maneja el tema inflacionario, el tema de la seguridad, cosas puntuales. Lo demás, la Justicia se expidió".

Parte de las declaraciones del actor argentino Enrique Pinti difundidas por el Diario "La Nación", 11-1-2013.

jueves, enero 10, 2013

LA HISTORIA DE LA FRAGATA LIBERTAD.

 
Comenzó a construirse en 1953, en la segunda presidencia de Perón, y se culminó diez años después. El buque escuela debe su nombre a un decreto de la Revolución Libertadora.
 
La historia de la Fragata Libertad se remonta al 13 de noviembre de 1953, cuando nace en el Astillero Río Santiago de Ensenada autorizado por el Ministerio de Marina, según repasa la historia del ministerio de Defensa. El 11 de diciembre del mismo año se colocaron los primeros remaches en la quilla del nuevo buque-escuela, bajo el gobierno de Juan Domingo Perón.

Tres años más tarde, ya bajo el gobierno de facto Aramburu en la dictadura militar autodenominada “Revolución Libertadora”, fue impuesto el nombre de ‘Libertad’ por el decreto Nº 7.922, el 27 de abril de 1956.

El buque escuela nació para reemplazar a la Fragata Sarmiento en sus viajes de instrucción para los cadetes y se incorporó finalmente a la Armada el 28 de mayo de 1963.

El 10 de noviembre del mismo año entró en servicio, pero recién en mayo de 1963 tuvo su incorporación oficial a la institución naval con la ceremonia de afirmación del pabellón.

El Poder Ejecutivo Nacional, por decreto presidencial número 727 del 30 de mayo del 2001 nombró a la fragata nave embajadora de la República. En octubre del 2003 sufrió un incendio que daño el casco del navío y los dormitorios de los aspirantes. Por ello, pasó por un proceso de modernización de media vida, que finalizó en 2007.
 
Publicado en Diario "Clarín", 9 de enero de 2013.
 

El secreto del éxito del peronismo por Héctor Ghiretti.

 
El secreto del éxito del peronismo por Héctor Ghiretti.

Hace unas semanas, en el marco de las Jornadas de Sociología organizadas por la Universidad Nacional de La Plata, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia plenaria del destacado politólogo Marcelo Cavarozzi.

El tema elegido fue el de la Argentina en el escenario latinoamericano. La exposición transcurría por cauces esencialmente previsibles, pero en un momento empezaron a surgir observaciones que resultaron particularmente interesantes.

Cavarozzi explicó que, contrariamente a lo que sostienen algunos gobiernos de la América Latina, la destrucción/reducción del Estado no se ha detenido desde que se inició una operación en ese sentido, aproximadamente a mediados de los '70/principios de los '80.

También fueron interesantes las observaciones en torno al caso chileno, del que mostró un panorama más bien sombrío.

La primarización acelerada de su economía y una incipiente pero cada vez más profunda crisis en los partidos de la alternancia, no son perspectivas particularmente alentadoras para el país que se ha convertido en ejemplo de la región.

En este contexto, el regreso de Bachelet podría no deberse tanto a su capacidad de liderazgo como a un escenario de gobernabilidad en problemas.

Pero lo más sugerente de la conferencia fue cuando intentó explicar el secreto del éxito del peronismo. ¿Por qué al peronismo le va tan bien en la Argentina?, se preguntó, para responder se inmediatamente: "Porque es extremadamente funcional a una sociedad que no quiere ser gobernada".


Adaptarse.
En su apretada síntesis, la sentencia daba perfecta cuenta del estado de la cultura política argentina.

La capacidad de adaptación, verdaderamente camaleónica, del peronismo, que Carlos La Rosa ha explicado de formas tan diversas y elocuentes en estas páginas, no solamente se manifiesta respecto de las tendencias mundiales regionales, sino también respecto de la constelación de intereses y demandas de la propia sociedad argentina.

Con el peronismo, siempre dentro de lo que cabe, casi todo el mundo (pongo casi, porque me estoy refiriendo a los sectores sociales que son "visibles" al gobierno, no a esos que son excluidos, deliberadamente ignorados) consigue lo que quiere y a veces un poco más, sin que se le exija demasiado a cambio.


Dar a cada uno...
En este contexto es claro que "conseguir lo que se quiere" en absoluto equivale a obtener lo que se necesita o le corresponde.

El peronismo adoptó en sus orígenes la denominación formal de "justicialismo", neologismo derivado de justicia, que consiste, como explica su definición más conocida, en" dar a cada uno lo suyo". El justicialismo actual ha transformado ese ideal al darle a cada uno lo que desea, que es algo sustancialmente diferente.

Cavarozzi señaló que esta resistencia de la sociedad argentina a ser gobernada no es totalmente negativa y en realidad da cuenta de una realidad compleja y variada. La Argentina, a su modo, es el paraíso de los libertarios: todo el mundo vive como quiere, aunque su existencia sea precaria.

Pero no dejó de llamar la atención sobre la anarquización y el desorden que puede verse en cada aspecto de la vida nacional. Estamos muy lejos del ideal de la "comunidad organizada", que predicara Perón, en la que cada parte se subordina al todo. En su lugar se encuentra una sociedad transaccional y prebendista, en la que nadie tiene claro qué es lo bueno para todos.

La sociedad argentina no quiere ser gobernada, no quiere que la obliguen a nada, quiere obtener cosas a cambio de menos o de nada. Y el peronismo actual es esencialmente funcional a ese reclamo.

A fuerza de adaptaciones, de ser el penúltimo gran proyecto nacional (el último habría sido el desarrollismo) ha devenido en cadena de transmisión de los intereses, las mezquindades y miserias de los principales sectores sociales del país: clases altas, medias y bajas; empresarios, funcionarios y asalariados, instituciones e individuos.


Poderes personales.
No hay tal proyecto nacional ni popular: sólo concentración de recursos y reparto de privilegios. En la Argentina peronista del siglo XXI, no sólo los niños son privilegiados: en cierto modo lo somos todos.

En ese privilegio indiscriminado radica la máxima arbitrariedad, el desgobierno que practica el gobierno: "vos tenés porque yo te doy". La sociedad acepta dócilmente y chilla cuando se lo quitan, sin reparar en la perversidad de la lógica del sistema.

Al final de la exposición le pregunté a Cavarozzi si el conocido reclamo de los sectores disidentes y opositores al gobierno por una institucionalidad fortalecida, una mayor vigencia de las leyes y las organizaciones respondía a una genuina voluntad de orden y gobierno o más bien a esa resistencia a someterse a las directivas del poder político, que tan agudamente había señalado.

También le pregunté si la herramienta imprescindible para llevar a cabo la destrucción del Estado en el contexto contemporáneo era la construcción de un poder personal centralizado en un líder fuerte, de Menem y Fujimori a Cristina y Chávez.

El politólogo respondió haciendo referencia a la tesis conocida de Ernesto Laclau: frente a los populismos transformadores, los órganos legislativos y las instituciones judiciales se erigen en un obstáculo, en un poder conservador. Concluyó que si nuestra concepción de la institucionalidad era la que proponía Laclau, estábamos sonados (en realidad usó otra palabra).
Me dio la impresión de que Cavarozzi me respondía más desde el deseo que desde el análisis. A fin de cuentas, por más que muchos se empeñen en establecer dialécticas y enfrentamientos radicales, el gobierno que tenemos es bastante parecido a nuestra sociedad.

Lo que vemos como sus miserias y debilidades no son más que la manifestación pública, corregida y aumentada de las nuestras. ¿De dónde cabe esperar la mejora, entonces? Si queremos que el gobierno cambie, quizá deberíamos empezar por cambiar nosotros mismos.

Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, jueves 10 de enero de 1013.
http://www.losandes.com.ar/notas/2013/1/10/secreto-exito-peronismo-690257.asp

martes, enero 08, 2013

RECUPERAR LAS MALVINAS DESDE LA PATAGONIA por Ricardo Villar.

Hoy me acordaba, leyendo el artículo de Ricardo Villar publicado en el Diario "Río Negro (edición Nro.  23.135), de la frase que leí en la desaparecida "Revista Humor Registrado" (Ediciones De La Urraca cuyo Director era Andrés Cascioli) donde el caudillo histórico Don Felipe Sapag  en un reportaje que le hiciera Mona Moncavillo decía que cuando nuestro país la Argentina tuviese un proyecto para la Patagonia Argentina a los ingleses las Malvinas se las pedimos por teléfono.
 

Recuperar las Malvinas desde la Patagonia por Ricardo Villar.
 
 
Hace muchos años escuché a don Felipe Sapag decir que la recuperación de las Islas Malvinas, para la Argentina, estaba atada al desarrollo y crecimiento de la Patagonia.
Registré el concepto, pero no lo profundicé. Lo registré porque siempre tomé en cuenta la visión geopolítica del extinto líder del MPN, sobre todo cuando la encuadraba en la región ubicada al sur del río Colorado.
Mucho tiempo después, en una de las veces que el señor Sapag tuvo la amabilidad de recibirme en su residencia de la calle Belgrano 555, de la ciudad de Neuquén, le pedí que me ampliara el concepto. Y lo hizo con pasión, sencillez y sabiduría.
Más o menos, me dijo lo siguiente: "Si nosotros creamos polos de desarrollo en distintos puntos de la Patagonia, con ciudades modernas en donde su gente viva bien, con confort y con buenas perspectivas laborales y agregado de valor a los recursos primarios, vamos a ejercer una presión importante sobre los isleños, que comenzarán a demandar servicios y prestaciones y a integrarse. No será inmediato, pero es la vía pacífica más conveniente…".
Ahora, no hace mucho tiempo, conversé largo y tendido con un señor de más de noventa años que frecuenta un cafecito del centro de la ciudad, que me contó una historia que encaja con aquella visión del señor Sapag. Se llama Vicente, pero no recuerdo su apellido, y no sé si alguna vez se lo pregunté, pero en el pequeño ambiente "cafeteril" le decimos "Bony" o "Boina", porque siempre usa una boina tipo vasco. "Bony" o "Boina" me relató que con un socio suyo, en la década de los 70, crearon una empresa de servicios hacia Malvinas, desde el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, que se llamó Organización Malvinas. "Llevábamos de todo, desde mercadería a correspondencia y, además, ayudábamos a los isleños que por algún problema, sobre todo de salud, debían venir al continente. La actividad era próspera, pero todo se fue al diablo en 1982, con el desembarco de los militares argentinos…".
Hoy el tema Malvinas sigue estando en la agenda de nuestro gobierno y de buena parte de la sociedad. Pero los planteos se hacen desde la urgencia, desde lo inmediato, perentorio, ante un país invasor que se siente fuerte y respaldado políticamente y cuenta, también, con la posición de los isleños, a los que poco les importa el comienzo de esta historia, los derechos de la Argentina, la invasión de 1833, etc. Sólo les interesa la historia que ellos conocieron y que se escribió a partir del 2 de abril de 1982.
FELIPE SAPAG.
Nada de esto nos favorece. Tampoco las posturas épicas con pretensiones de generar hechos históricos, aunque sean fracasos históricos que dejan efectos residuales por años, décadas y generaciones marcadas por la frustración.
Ahora, cuando la señora presidenta reclama a Londres y Londres retruca y deriva la respuesta al pronunciamiento de los isleños, con resultado tan obvio y fuerte como los vientos del Atlántico Sur, rescato estos conceptos sabios de dos ancianos, que desde distintas posiciones y visiones indican un camino de múltiples efectos.
Porque si bien recuperar Malvinas es una causa emblemática (aunque dudo que haya planes para el paso siguiente a la recuperación…), pongo en primer plano, y como condición indispensable, el adecuado desarrollo y crecimiento del millón de kilómetros cuadrados ubicados al sur del Colorado y habitado por poco más de un millón de habitantes.
Para eso necesitamos una estrategia geopolítica como política de Estado, fuerte apoyo nacional, verdadera descentralización y vigencia del federalismo, terminar con los gobiernos feudales y demasiado mimetizados con poderes económicos y empresarios, empresarios que inviertan, ganen plata y reinviertan en la zona, agregarle valor a todo lo que se produzca y extraiga, cuidado celoso de la calidad del ambiente, promoción de las actividades productivas sustentables, desafío para las universidades asentadas en la región para que generen conocimiento a favor de ese programa estratégico, mejorar las comunicaciones, dirigir la mirada hacia el poniente como salida comercial, entre otras acciones.
Si se diera la lógica planteada por mis dos ancianos interlocutores, no solamente crearíamos un foco de atracción para los isleños sino que –prioritariamente– estaríamos defendiendo en forma efectiva y pacífica un valioso espacio geográfico que tiene todo lo que otras partes del mundo están necesitando, como tierra, ambiente sano, litoral marítimo rico, fuentes energéticas, bellezas naturales y, fundamentalmente, mucho agua dulce. Y además, haríamos un trascendente aporte para ir equilibrando el desarrollo demográfico, político y económico de nuestro país, que sigue acrecentando su macrocefalia, pese a los gobernantes nacionales que antes de llegar a esas responsabilidades se decían profundamente federales y con el aporte de los gobernantes provinciales que piensan sólo en subsistir, en salvar la ropa, olvidando mandatos históricos a favor de los intereses de sus Estados y de la región.