GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Julio Ramón Meinvielle.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Julio Ramón Meinvielle.. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 05, 2024

DE CASTELLANI Y MEINVIELLE A MONSEÑOR SANCHEZ SORONDO. Sacerdotes y acción política.

Julio Ramón Meinvielle.

POR BERNARDINO MONTEJANO.

El sacerdote debe ser pontífice, es decir constructor de puentes que unan al hombre con Dios. Por eso, pertenece al ámbito de lo sagrado y debe distinguirse del cristiano común.

Debe ocuparse de hacer presente a Dios en la ciudad de los hombres, la cual, sin sacerdocio, sin oración, sin templo, es inhumana.

Acerca del tema es recomendable el libro de Jean Danielou, Oración y política, donde escribe que “la religión en cuanto tal, forma parte del bien común temporal; no se refiere solo a la vida futura, sino que es elemento constitutivo de la vida presente. Tal como la dimensión religiosa forma parte esencial de la naturaleza humana… por eso, tanto el ateísmo de Estado, que ahoga la vida religiosa, como el laicismo que la ignora, son contrarios al derecho natural”.

¿Al sacerdote, las cuestiones políticas le deben ser ajenas? Sí, entendidas como praxis política; no como pensamiento y doctrina política.

DOS FIGURAS.

Durante el siglo XX los argentinos tuvimos dos egregias figuras sacerdotales: Leonardo Castellani y Julio Meinvielle, aunque un par de inimputables sin autoridad, los excluyeron de las grandes figuras católicas del siglo XX y para sustituirlos por dos buenos sacerdotes, casi desconocidos.

Lo que está vedado a los sacerdotes, excepto en algún caso puntual y extraordinario es la praxis política; por eso se equivocó Castellani cuando fue candidato a diputado y también Meinvielle cuando incursionaba en política práctica, a partir de grotescas informaciones del cocinero del bar Otto. Pero estas fueron pequeñas manchas que no empañan el gran trabajo doctrinario de ambos, más espontáneo y desordenado, pero no menos profundo el de Castellani, más ordenado y sistemático el de Meinvielle.

Años ya pasaron de sus fallecimientos, primero el de Meinvielle, víctima de un accidente, cuando estaba en su mejor momento, años después el de Castellani, que vivió hasta el final su sacrificado sacerdocio, pero hoy ambos están vigentes y no solo en la Argentina.

Los discípulos de Meinvielle se han multiplicado y hoy su pensamiento es conocido en los lugares más remotos del planeta gracias al Instituto del Verbo Encarnado; aquí, en Buenos Aires, lleva su nombre la biblioteca del Instituto de Filosofía Práctica que donara a través de su fundador Guido Soaje Ramos. El año pasado desbordaron las instalaciones del mismo, cuando se le rindió homenaje con una Misa, con un coro magnífico y los recuerdos de dos de sus discípulos, el arzobispo Héctor Aguer y el Dr. Augusto Padilla.

El padre Castellani es famoso hoy en la Europa decadente, continuamente citado y estudiado para combatir los males que la aquejan. Pero, también entre nosotros con repetidos estudios e investigaciones acerca de su pensamiento que constituye una cantera de la cual se puede extraer mucho y bueno.

LA CONFUSION.

Queremos contraponer estas figuras con la de un arzobispo que trata de seguir presente aquí, por lo menos en un sentido aviso fúnebre, publicado por ese eslabón muy lucrativo en la cadena funeraria que es La Nación diario, con motivo del fallecimiento reciente de un ex embajador en el Vaticano.

Ese sacerdote que comenzó su actuación pública en la Cruzada Sacerdotal Argentina contra el tercermundismo y ahora aboga a favor de la aplicación de la doctrina social de la Iglesia en una China comunista que persigue a los verdaderos católicos y trata de construir una falsa

iglesia al servicio del régimen, hace tiempo que comenzó a confundir, a mezclar lo religioso con la praxis política.

En noviembre de 2016, la Revista Cabildo publicó un artículo del Dr. Miguel De Lorenzo titulado “El Arzobispo que enturbió las aguas”, dedicado al mandadero papal Marcelo Sánchez Sorondo.

El articulista escribe que “nadie ignora el papel central del Papa, no tanto en la evangelización (de eso se ocupaban los papas de antes) sino en darle forma a lo que sería un movimiento peronista, populista, izquierdoso, nacional y ecuménico, no con el fin de edificar un país mejor, sino de perturbar hasta lo indecible, por cualquier medio, al actual gobierno”, que era el de Macri.

“Y Sánchez Sorondo fue a la C.G.T. a discutir con los sindicalistas muy ricos el problema de sus representados; o sea, los muy pobres… y hablaron de la pobreza y de la igualdad. Es cierto, nunca hubo nada más desigual que la riqueza de estos sindicalistas sacada del bolsillo de los verdaderos trabajadores y la pobreza de los que dicen representar”.

“Cerró el encuentro el filósofo Sánchez Sorondo con una exhortación que se las trae: los hermanos sean unidos porque sino se los comen los de afuera: esta unión que están pidiendo es fundamental para la Argentina y el mundo… ustedes los trabajadores son los que tienen que gobernar el mundo para salvarlo”.

Según De Lorenzo “la intensidad metafísico-política de la propuesta habla ´por sí misma”. Reconoce la influencia del futbolista Maradona, de la demagogia de Bergoglio y de la sutileza del piquetero D’Elía. Concluye el articulista: “Se ve que el arzobispo Sánchez Sorondo abreva en las altas fuentes del saber”.

El pensamiento y la personalidad de Meinvielle y Castellani desafían la erosión del tiempo. Ese tiempo que con seguridad borrará la memoria de quien sucumbió a las tentaciones de la politiquería, olvidando su misión de pontífice.

Publicado en Diario LA PRENSA. 

https://www.laprensa.com.ar/Sacerdotes-y-accion-politica-544171.note.aspx

miércoles, agosto 02, 2023

SOBRE EL PADRE JULIO RAMÓN MEINVIELLE (+02/08/1973).

SOBRE EL PADRE JULIO RAMÓN MEINVIELLE (+02/08/1973).
Extracto de una entrevista a Mons. Héctor Rubén Aguer (Religión en Libertad, 26 de mayo de 2019).
-¿Cuál fe su formación como católico antes de entrar en el seminario?
-Le debo la formación de una cabeza y un corazón católicos al presbítero doctor Julio Ramón Meinvielle. Todos los domingos a las 10 de la mañana, el padre Julio reunía en su capellanía de la histórica Casa de Ejercicios, en la esquina de Independencia y Salta, a jóvenes que se animaban a leer la Suma Teológica, explicada admirablemente por él. Recuerdo que, el primer año que concurrí, comentó las cuestiones referentes a la Creación; así me introduje, casi sin darme cuenta, pero entusiasmado, en la metafísica, guiado por las explicaciones que hacía el padre Julio y los libros que me prestaba o regalaba.

»Meinvielle fue uno de los más eximios pensadores argentinos; además, un fervoroso pastor popular. El mundo "oficial", tanto eclesiástico como secular, no le hizo justicia.

domingo, julio 30, 2023

A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE UN SACERDOTE QUE LUCHÓ CONTRA LA DERIVA DE LA IGLESIA.

 

A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE UN SACERDOTE QUE LUCHÓ CONTRA LA DERIVA DE LA IGLESIA.

Meinvielle, profeta incomprendido.

Escritor prolífico y contrarrevolucionario, tenaz adversario del tercermundismo, fue perseguido, encarcelado y amenazado de muerte. Hoy sufre también el desprecio de la jerarquía eclesiástica, alineada ya con sus acusadores.

Por Agustín DE BEITIA.

En una mañana plomiza y fría, una gran cantidad de fieles, muchos con el corazón partido, según dirían años más tarde, se congregaron el viernes 3 de agosto de 1973 en la iglesia de Nuestra Señora de la Salud, en el barrio porteño de Versalles, para asistir a una misa de cuerpo presente por el sacerdote Julio Meinvielle.

Nada menos que doce sacerdotes concurrieron a la misa exequial, que fue presidida por el arzobispo Juan Carlos Aramburu en un templo abarrotado, el mismo que había sido erigido cuatro décadas antes, sobre las bases de un pequeño oratorio, solo por el tesón del propio Meinvielle (1905-1973).

El sacerdote había sido, en las décadas del 30 y el 40, un querido párroco del lugar y los fieles no lo olvidaban. Eso explicaba la gran concurrencia de aquella jornada, tanto más inusual por ser un día laboral.

El “padre Julio”, como aún muchos lo llaman allí, había aportado su impronta y en parte también su actual fisonomía al barrio. No solo había construido la iglesia sino también el Ateneo Popular de Versalles, un par de plazas y hasta el mercado barrial. Entendía que era esta una forma concreta de ayudar a construir la civilización cristiana, en escala local.

Meinvielle desarrolló esa misión pastoral con el mismo fervor con que se volcó a una intensa actividad intelectual que lo llevó a estar en el centro de las discusiones de ese tiempo.

Apologista, teólogo, filósofo, consagró su vida a denunciar la revolución moderna de los enemigos de la Iglesia contra el orden cristiano.

Era un integrista, en una época en que el integrismo era todavía un ideal, y no un complejo, para la mayor parte del Episcopado argentino. Un contrarrevolucionario, en un tiempo de creciente convulsión. Escritor prolífico, cuando no profético, era además un polemista tenaz. Había corregido, por ejemplo, a los más publicitados pensadores modernistas católicos del momento.

Con los años también se había erigido, finalmente, como un referente obligado dentro del clero en materia de tomismo.

REFERENTE.

Sus cátedras sobre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino habían formado a más de una generación. Primero, a través de los famosos Cursos de Cultura Católica, razón por la cual hay quien lo ve como uno de los artífices del renacer de la fe en la Argentina de principios del siglo pasado. Y, después, a través de los llamados “Grupos de la Suma”, clases que daba a los jóvenes, los fines de semana, en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de la calle Independencia, a la cual había sido destinado en los últimos años como capellán.

Su prédica militante iba a contrapelo del nuevo espíritu del tiempo, por lo que pagaría un costo alto, al punto de ser perseguido, preso y amenazado de muerte.

Al momento de su muerte era, por todo esto, una figura muy relevante de la Iglesia en nuestro país. Y, aun cuando fuera uno de los más duros contendientes del tercermundismo, igualmente era respetado por algunos de ellos, tal vez por esa bondad en el trato, ese rasgo de caridad, que siempre se le reconoció.

No es extraño, por ese motivo, que en aquella misa exequial se viera llorar por igual a dos figuras tan distantes entre sí como el padre Carlos Mugica y un sacerdote recién ordenado que había estudiado en los Grupos de la Suma, Héctor Aguer, según contó a La Prensa Augusto Padilla, testigo de lo ocurrido.

Al terminar la misa, un viejo feligrés, don Angel Tacchela, ofreció unas sentidas palabras sobre el sacerdote. En esencia, Tacchela destacó que “Versalles no había conocido al teólogo ni al polemista. Conoció al padre Julio, que llegó solo con su negra valija en mano cuando el barrio era un descampado y erigió una iglesia”, resumió Padilla, quien mantuvo un trato cercano con el sacerdote durante quince años y hoy lo considera “un padre espiritual”.

Meinvielle sería inhumado esa misma mañana en el cementerio de la Chacarita, donde el filósofo Carlos Sacheri, uno de sus más conocidos discípulos, trazó un memorable perfil intelectual. Habló de “una figura excepcional”, de esas que jalonan el itinerario de una nación; de un hombre que reunía las cualidades propias de la vida contemplativa y de la vida activa en una síntesis pocas veces vista; y de un sacerdote con la vocación del “filósofo cristiano”, dedicado a profundizar y difundir la Verdad cristiana, pero cuya militancia y obra intelectual habían sido más difundidas que comprendidas. Apreciación, ésta última, que da una notable clave de lectura.

Meinvielle había entregado su alma al Señor el día anterior tras una dolorosa agonía de varios días en la porteña Clínica San Camilo. Hasta allí había sido trasladado luego de que un vehículo lo atropellara dos semanas antes en la avenida 9 de Julio a poco de salir a pie de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales.

Un fatal accidente, según la convicción general, incluso entre sus propios seguidores. Sin embargo, a cincuenta años del hecho, no todos están convencidos de lo mismo, según refiere en un diálogo con La Prensa el presbítero Carlos Hidalgo, quien está indagando en la vida y la obra del padre Julio para una tesis de doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica (UCA) que llevará por título La Cristiandad en el pensamiento de Meinvielle.

Las dudas sobre la muerte, y las sospechas que cada tanto vuelven a aparecer sobre un posible crimen, perpetrado por alguna facción ideológica enfrentada con el sacerdote, no son ajenas a su investigación. Según cuenta, a todas las personas que entrevistó hasta ahora les preguntó sobre la muerte del presbítero porque, “como sabemos muy bien”, fue “bastante extraña”.

“Meinvielle -recuerda Hidalgo- no sólo había sido amenazado de muerte” sino que, desde que dejó Versalles para vivir en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, “varias veces fue baleada la puerta de ingreso en el sector donde él residía, razón por la cual debieron cambiarla”.

Otra “circunstancia extraña”, señala Hidalgo, es que “no lo atropelló cualquier persona, sino el chofer del intendente de Buenos Aires”. Y, por último, añade, hay quienes recuerdan que más o menos por la misma época había muerto en otro atropello similar el vocero de otro sacerdote “de buena línea”.

PREDICAMENTO.

Sin embargo, pese a las amenazas y las sospechas sobre su muerte, el padre Hidalgo considera que el hecho de que la iglesia estuviera llena durante sus exequias es todo un símbolo del predicamento y de lo influyente que había llegado a ser el padre Meinvielle.

“En el barrio era muy influyente porque él lo hizo todo allí. Bastaría pensar en las dos escuelas, la plaza, el mercado, la creación de los boy scouts, su labor asistencial”, dice. “El plasmó en el orden práctico, en su barrio, lo que sostenía sobre la Cristiandad”, confirma.

“En la Cristiandad -explica-, la Iglesia fue el origen de todas las instituciones del orden civil y del orden educativo. Eso mismo él lo trasladó al ámbito parroquial”.

Pero su predicamento excedía al ámbito barrial y se extendía hacia el interior del clero, algo que se explica, en parte, porque él vio antes que nadie la gran crisis, y en parte porque Meinvielle “tuvo mucho que ver con la formación de sacerdotes”, según el padre Hidalgo. Más aún, hay testigos de que “pagaba de su propio peculio para que los sacerdotes pudieran ir a Roma a doctorarse”, precisa.

Sobre su incidencia en la formación de sacerdotes, el presbítero menciona, por caso, que el famoso Seminario de Paraná, que buscó garantizar la enseñanza tradicional, nació “apadrinado por Meinvielle”. Y cuenta que su misma creación se decidió durante una reunión en su casa, a la que asistieron el padre Luis María Echeverry Boneo, el padre Alfredo Sáenz, y monseñor Adolfo Tortolo, entonces arzobispo de Paraná y presidente del Episcopado.

En esa reunión, según Hidalgo, “cuando Tortolo dio su visto bueno a la creación del seminario, Meinvielle le hizo la siguiente pregunta a quemarropa: ‘¿usted no nos va a traicionar como hizo Bolatti, no?’ Porque el seminario había funcionado un año en Rosario y monseñor Guillermo Bolatti, entonces arzobispo de Rosario, había dispuesto su cierre ante el levantamiento de los tercermundistas”.

“Meinvielle era un sacerdote muy ligado al nacionalismo católico y a la resistencia cultural, a la contrarrevolución cultural”, comenta Hidalgo. “Pero hay sacerdotes que uno identificaría con una línea progresista, que apreciaron también la obra del padre. Un ejemplo es monseñor (Carmelo) Giaquinta y otro es el padre Mugica”, ilustra.

Mugica, por esos años, estaba en un proceso de revisión personal, tras haber sido una inspiración para la célula fundacional de Montoneros.

“Hay una anécdota muy interesante de Mugica con el padre Meinvielle”, dice Hidalgo. “Cierta vez, el padre Julio estaba hablando con un novel sacerdote y en eso llegó Mugica desencajado. Le dijo: padre, necesito hablar con usted con urgencia. Y lo que este sacerdote alcanzó a escuchar es que Mugica agregó: ‘No quiero morir fuera de la Iglesia’”, afirma.

“Entonces -continúa-, ambos pasaron a otro lugar aparte. Cuando salió Mugica, parecía otra persona, según el testimonio de este sacerdote joven”.

“Lo que se interpreta -dice Hidalgo- es que Mugica quería salir del tercermundismo en el cual estaba metido y sabía a quién ir a pedirle ayuda. Seguramente estaba ya amenazado de muerte, amenaza que luego se concretó, y quería salir de esa situación. Por eso Mugica tenía una relación estrecha con Meinvielle”.

Pero, aunque pudiera ser apreciado, el hecho es que fue perseguido, encarcelado y amenazado de muerte. “No solo eso -acota Hidalgo-: en cierta época incluso el arzobispo le prohibió escribir. Así que lo soportó todo”.

En cuanto a quiénes eran sus perseguidores, Hidalgo remite a las memorias de Meinvielle del padre Buela, que fue otro de sus discípulos. “Buela dice que cuando al padre Julio le preguntaban eso, respondía: ‘las calumnias de los judíos me honran’. El padre apuntaba en esa dirección”, sostiene.

Pero eso no significa que fuera antisemita o antijudío, aclara el padre Hidalgo, quien desestima esas acusaciones tantas veces repetidas, incluso en la literatura que pretende pasar por científica o seria.

NO TIENEN FE.

“Se trata -dice- de la falacia conocida como Reductio ad Hitlerum, que consiste en asociar a alguien con el líder de la Alemania nazi y suponer después que ya nada más se tiene que argumentar. Un falso razonamiento que, con un cliché, quiere descalificar al pensador”.

Hidalgo no duda en afirmar que, “a pesar de que esta literatura aparezca con el nombre de científica, especializada o seria, es una literatura superficial. Porque sus autores no han leído, no conocen el pensamiento del padre Julio acerca del judaísmo”.

“Hay que decir, ante todo, que el padre tiene una visión teologal de la historia”, explica. “Su marco de referencia es el pensamiento de San Agustín, es La Ciudad de Dios. Esto es desconocido por todos los críticos porque son personas que no tienen fe”, concluye.

También monseñor Aguer considera que esas “etiquetas son una tontería”. Aguer dice que “él había estudiado bien el influjo del judaísmo en el orden sociocultural. En esto fue muy original, aunque no muy seguido”.

Meinvielle había empezado a tener cierta proyección como pensador a partir de su temprana crítica a uno de los intelectuales católicos de moda como era el filósofo Jacques Maritain.

Hay indicios, por lo pronto, de que durante el mismo Concilio se leían sus escritos. Esto es algo que menciona al pasar, por ejemplo, el historiador italiano Roberto De Mattei en su libro Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita.

“Sí, la crítica a Maritain fue fundamental”, admite Hidalgo. “El primero que se dio cuenta de los problemas de Maritain fue el padre. El le hizo ver esos problemas nada menos que al teólogo francés Réginald Garrigou Lagrange. Y también a otros, como el padre Osvaldo Lira, de Chile”.

No sería la única vez que corregiría a alguno de los intelectuales católicos del momento. Lo mismo hizo con el religioso y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, el teólogo dominico Yves Congar o con el teólogo alemán Karl Rahner.

El Concilio Vaticano II y la crisis que detonó al interior de la Iglesia marcaron los últimos años de la vida de Meinvielle. El veía con claridad cómo la confusión y el clima de ruptura invadían la Iglesia de un modo siniestro y sombrío por el avance del progresismo, convertido en un factor de subversión y de corrupción moral y doctrinal. Y se lanzó a denunciarlo.

Meinvielle, según Aguer, “tenía una visión histórica dogmática sobre el mundo moderno. Un gran influjo había tenido sobre él papa san Pio X, quien había entendido muy bien la malicia del modernismo”.

En la Argentina, él fue uno de los que se levantó en defensa de la visión tradicional. Aparece siempre como uno de los grandes antagonistas de los sacerdotes tercermundistas, sobre todo en los debates que hubo al respecto en el clero porteño en 1971.

“Meinvielle escribió numerosos artículos contra los sacerdotes tercermundistas” apunta Hidalgo. “Son artículos un poco desconocidos. Lo que ocurre es que, de la obra del padre, conocemos los textos más públicos. Ni siquiera se sabe cuántos opúsculos tiene o en cuántas revistas escribió”, añade el presbítero, quien enumera a modo de ejemplo las revistas BalcónNuestro TiempoPresencia y Diálogo. “Además de eso están sus libros. Los principales serán unos treinta”, calcula. “Es una intensa actividad propagandística e intelectual”.

PROBLEMAS.

El clima de confusión creciente tendría para él su costo, como queda dicho. Los problemas para el padre, en realidad, ya habían comenzado en vida, como demuestra el hecho de que un arzobispo le hubiera prohibido escribir en alguna época.

Al respecto, monseñor Aguer opina en diálogo con La Prensa, que Meinvielle era en efecto muy influyente pero su predicamento no era tanto en el clero porteño, al que define como “mediocre, conservador”, y donde el padre “descollaba”.

Con el paso del tiempo, después de su muerte, su figura empezaría a ser menospreciada; su integrismo, tratado como una antigualla, y su visión sobre el comunismo, tachada de paranoica o inspiradora del militarismo.

A diferencia de lo que ocurría en vida del padre Julio, cuando el Episcopado respondía a la línea marcada por monseñor Tortolo, hoy la jerarquía eclesiástica toma distancia de Meinvielle y de su pensamiento, algo que parece hablar más de la deriva que sufrió la Iglesia en los últimos años que de la obra del sacerdote.

OTRA VISION.

En eso está de acuerdo el padre Hidalgo, quien corrobora que “el cambio de paradigma viene dado por un cambio de visión acerca de la misma tradición católica”.

El núcleo de su pensamiento es la denuncia sobre el avance de la revolución anticristiana. “Eso lo dice Sacheri, que fue su principal discípulo y que después murió mártir”, corrobora el padre Hidalgo, quien acota además el carácter anticipatorio que tuvo esa reflexión.

“El padre Julio denunció las tres escalas de la revolución anticristiana (protestante, iluminista, bolchevique) ya desde los años ‘30”, puntualiza.

“Es lo que el papa Pío XII sintetizó después en un discurso que pronunció en 1952: el hombre reducido a animal, después a su parte viviente, y después el hombre en cuanto es. Es la degradación del ser humano que hicieron las revoluciones: primero la luterana, después la francesa y por último la bolchevique”, enumera Hidalgo.

“Hoy, ciertamente, hay una mirada distinta de la falsa Iglesia hacia el mundo”, continúa.

“Esto Meinvielle lo analiza en la obra La Iglesia y el mundo moderno. Y por otro lado expresa una visión igual de las cosas, pero desde otra perspectiva, en De la cábala al progresismo. Son las dos últimas grandes obras del padre”, comenta.

“En la primera hay una suerte de reconciliación de la falsa Iglesia con el mundo y en la segunda hay un ingreso de la cábala judeognóstica a través del pensamiento de la Iglesia progresista”, dice Hidalgo. “Y en las dos obras analiza la figura de un papa ambiguo”, añade.

Esa capacidad de ver las cosas antes que los demás ha sido muchas veces comentada. “Esta es una de esas ocasiones”, asiente el padre Hidalgo, quien matiza que “a veces se equivocó” pero corrobora que tuvo algo de profético.

“Lo dice el mismo Castellani”, abunda. “En una famosa carta que imagina entre Meinvielle y el cura Brochero, pone en boca de este último: ‘Haga una profecía de esas que usted sabe, con esa linda labia que Dios le dio’”.

Sobre la última etapa de su producción intelectual y lo que estaba escribiendo, Hidalgo responde: “Por lo que dicen, él quería refutar la teología de Karl Rahner. Tiene opúsculos sueltos contra Rahner que el padre Cristian Ferraro ha editado con la Editorial Santiago Apostol. Pero esa obra quedó inconclusa”.

Las denuncias de Meinvielle contra los enemigos internos de la Iglesia, su desvelo por preservar la doctrina íntegra y por restaurar la civilización cristiana, son más necesarios hoy que nunca. Demuestran la actualidad de sus palabras. Del mismo modo que aquella Iglesia progresista que él entrevió, que ya no hablaría de lo sobrenatural, hoy se puede ver con nítida claridad, nos rodea. No podía esperarse que esta nueva Iglesia que se va configurando a paso acelerado, y que él denunció hace ya cincuenta años, lo comprendiera.

En la agonía, esperanza sobrenatural.

Alguna vez había anticipado el padre Julio Meinvielle que, aunque el Anticristo nos aplastara la cabeza, tendríamos que seguir confesando a Cristo, y algo de esto puede decirse que cumplió él mismo, cuando yacía en la Clínica San Camilo, con los huesos rotos, poco antes de expirar. Es lo que sugiere una anécdota que trae a la memoria el padre Carlos Hidalgo, quien está escribiendo una tesis de doctorado sobre Meinvielle, durante una entrevista con La Prensa.

Hidalgo reproduce un sobrecogedor diálogo que se produce entre Meinvielle y el padre Raúl Sánchez Abelenda (1929-1996), otro sacerdote tradicionalista, muy cercano al padre Julio, quien sería designado al año siguiente decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

“Meinvielle -dice Hidalgo- se encontraba en la Clínica San Camilo en los últimos momentos de vida, pero estaba lúcido y estaba bien”.

“El padre Sánchez Abelenda le preguntó entonces si entendía la situación en la que estaba, la gravedad del momento que estaba pasando, a lo que el padre dice: ‘sí, sí, perfectamente’”, cuenta Hidalgo.

“Y entonces -continúa su relato- el primero preguntó: ‘¿qué nos deja, padre, en caso de que usted se vaya, como testamento, como última palabra?’”

“El padre Julio le dice: ‘¿qué querés saber?’ Ante esta pregunta, Sánchez Abelenda responde: ‘Concretamente quiero saber si la Argentina tiene solución’. Entonces el padre le dijo: ‘humanamente no’. “Pero el primero insiste: ‘si me subraya, padre, la palabra humanamente, quiere decir que sobrenaturalmente sí”, añade Hidalgo.

“‘Sobrenaturalmente sí’, le dice Meinvielle”, siempre según esta reconstrucción.

“‘¿En qué podemos fundar esa esperanza?’, vuelve a preguntar el primero”. Y la respuesta del padre Meinvielle fue: “‘En una sola cosa que queda: la devoción del pueblo cristiano a la Virgen’”, concluye Hidalgo.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/532714-Meinvielle-profeta-incomprendido.note.aspx

miércoles, mayo 24, 2023

“… y el más robusto hasta ochenta...” 

Por Héctor Aguer.

Los Salmos bíblicos del Libro del Salterio abrigan la conciencia de la brevedad de la vida y una reflexión sobre ella mediante comparaciones con lo que hay de frágil y provisorio en la naturaleza.
El Salmo 89 (90) expresa un término en la duración ante la eternidad de Dios: “Nuestra vida dura apenas 70 años, y 80 si tenemos más vigor” mientras se dice al Creador: “Mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó”, como una de las vigilias en que se computaba la noche.
No falta en este poema el juicio sobre la condición de la medida humana: nuestros años (70 u 80) “en su mayor parte son fatiga y miseria, porque pasan pronto y nosotros nos vamos”.
También es muy elocuente el Salmo 101 (102), enumerado por la Tradición como uno de los “salmos penitenciales”; es lamento y súplica a la vez.
La comparación apela a varias imágenes: “Mis días son como una sombra que se alarga”; el orante se va secando como la hierba. Otras figuras con las que se identifica en su penuria: “una lechuza del desierto, un búho entre las ruinas, un pájaro solitario en el tejado”, días que son “como una sombra fugaz, como el humo que se disipa”. No se advierte en esta constatación un nihilismo incrédulo, según se afirma, porque Dios piensa en el ser humano y lo cuida (Salmo 143) (144). Se pide al Señor su compasión, la alegría que compense la aflicción; Él nos sacia con su amor, es nuestro refugio “a lo largo de las generaciones”, aunque nuestra existencia es como nada ante Él. En el Salmo 39, 5 se expresa la búsqueda de la sabiduría: “Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis días, para que comprenda lo frágil que soy”.
Es sobre todo en los Libros Sapienciales de la Escritura en los que se desarrolla una verdadera antropología realista, que resulta a mitad de camino, pero por elevación, tanto del nihilismo como del idealismo orgulloso que despistan a la filosofía moderna.

EL ANTIGUO LIMITE.
Es oportunísimo reflexionar sobre la revelación contenida en estos Salmos, cuando el rodar imparable de la vida me ha traído al antiguo límite de los 80 años. Desde esta cima puedo arriesgar una mirada sobre los pasos transcurridos. Digo bien arriesgar, porque la vida es libertad de elección, verdad y error, amor y riesgo.
Cornelio Fabro es, en mi opinión, el máximo filósofo católico del siglo XX, intérprete eximio de Tomás de Aquino, y a la vez traductor y estudioso seguidor de Kierkegaard. En su Libro de la existencia y de la libertad vagabunda, que es una colección de aforismos, leo el aforismo 477: “Los años del cuerpo pasan, pero los años del espíritu se inscriben en la conciencia de la libertad, en las creaciones y en las elecciones obradas”.
A la luz de este principio quiero exponer algunas de esas creaciones y elecciones de mi vida. Solo algunas –no podría ser de otra manera-, pero que estimo me dan a conocer, porque en ellas se refleja y cumple mi yo, finitud que ha optado por el Infinito.
Apunto un diálogo con Benedicto XVI, siendo él ya emérito. “Santidad –dije yo- me he pasado la vida estudiando teología, y tengo la impresión de que cada vez entiendo menos”. Con una sonrisa, me respondió: “Siempre es así”. Quedo bastante tranquilo, porque de esa poquedad conseguida he procurado compartir a través de mi predicación y enseñanza, y he recibido plácemes agradecidos, críticas y repudios que no han podido empañar mi conciencia de haber buscado la verdad.
Nuestro saber –el que nos da, por ejemplo, la teología- es una pizca de la Sabiduría del Maestro. No soy doctor, apenas licenciado. Habiendo obtenido ese grado con gran esfuerzo, mientras ejercía el ministerio pastoral como simple vicario parroquial, recibí una invitación –una posible beca- para estudiar en la Universidad suiza de Friburgo, que cuenta con una Facultad de Teología a cargo de los dominicos. Me comuniqué entonces con el Decano, que era el excelente teólogo Jean-Hervé Nicolas, sugiriéndole un proyecto de investigación sobre las Quaestiones Disputatae “De Veritate”, de Santo Tomás. Me respondió afirmativamente.
Restaba entonces la autorización de mi obispo. “Mis sacerdotes solo estudiarán en Roma; consíguete una beca en Roma”, esa fue su respuesta. Me quedé en casa. Pero a los pocos meses se abrió una impensada y providencial oportunidad. Fue creada, en 1978, la diócesis de San Miguel, sufragánea de Buenos Aires, y el flamante pastor designado me pidió que lo acompañara para ayudarlo. Mi propio obispo me permitió el traslado, aunque lamentando mi partida, según me dijo.
Es así como pasé 14 años en esa diócesis, del Gran Buenos Aires, donde se me encomendó organizar el Seminario, del cual fui rector durante una década. De allí me sacó el arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Antonio Quarracino, para hacerme Obispo Auxiliar. ¿Qué puedo decir más que “Dios es grande”, como afirman en su alabanza los musulmanes?
Las peripecias ya recordadas hicieron que mi atención y mis trabajos se dirigieran a la formación sacerdotal. En diversas oportunidades comenté detenidamente el Decreto Presbyterorum Ordinis, el documento del Concilio Vaticano II sobre el segundo grado del sacerdocio. Esa inquietud, además, se amplió en mi estudio y difusión de la doctrina filosófica y teológica de Santo Tomás de Aquino, que me interesó siendo muy joven, antes de entrar al Seminario. Me puso en contacto con ellas el Padre Julio Meinvielle, a quien debo mucho de mi formación.
EN LA PLATA
Siendo Arzobispo de La Plata, durante 20 años acudía todos los sábados al Seminario Mayor San José: daba una conferencia y celebraba la Santa Misa. De paso, puedo decir que cuidé la solemnidad, exactitud y belleza de la praxis litúrgica, y solía cantar en latín la Plegaria Eucarística.
Mis vacaciones las tomaba junto a los seminaristas en la Casa de Campo, cerca de la ciudad de Tandil. En ese período ordené para la arquidiócesis a 49 sacerdotes. Cada caso ha sido una experiencia espiritual conmovedora.
Soy arzobispo emérito de La Plata, después de 20 años de ejercicio de la función como arzobispo metropolitano (incluyendo el año y medio en que fui coadjutor de mi ilustre predecesor). De acuerdo con la prescripción canónica firmé mi renuncia el 8 de mayo de 2018, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján. Cumplí 75 años el 24 de ese mes, memoria de María, Auxilio de los Cristianos; dos días hábiles después de mi renuncia fue aceptada, y debí abandonar el palacio arzobispal.
Quise residir en el Seminario, pero mi sucesor no lo vio bien; evidentemente pensaba, o traía el encargo de cambiar la orientación formativa de la institución. Después de un tiempo de residencia en una parroquia de la periferia de La Plata, decidí venir al Hogar Sacerdotal de Buenos Aires, donde transcurren las últimas jornadas de mi vida, pero con una atención alerta a la marcha de la Iglesia.

LA ALTERACION DE LA MISION.
En estas elecciones de los “años del espíritu” que dice el aforismo de Fabro, se ha ido formando una conciencia de la misión de la Iglesia Católica y de su sentido. Advierto el influjo en esa conciencia de mi estudio de las Cartas de San Ignacio de Antioquía, y de la obra de San Agustín, en especial su concepción del Christus Totus. Uno de los problemas principales que afronta actualmente la Katholiké es la alteración de la misión esencial de acuerdo con la instrucción de Jesús y su mandato a los apóstoles: “Vayan por todo el mundo y hagan que todas las naciones –panta ta ethnē- sean discípulos míos.
No se debe, no se puede, rebajar esta misión a procurar que la gente –quienes creen en Cristo y las multitudes del mundo que aún no están evangelizadas- mejore su suerte intramundana. Ya hay otras instituciones y misiones que se ocupan de esto, apartando incluso al género humano de la orientación hacia el Señor de la historia y por tanto de la salvación, que no es cosa de este mundo.

UNA ESPIRITUALIDAD.
La forma concreta del vivir cristianamente, como discípulo, se configura como una espiritualidad. La cual no es unívocamente una, y ha revestido, y reviste, rostros diversos según los tiempos y lugares. No es esta la oportunidad de formular un juicio sobre las espiritualidades con vigencia actual. Me limito a una de las formas que ostenta la Gran Tradición Eclesial de Oriente y de Occidente. La llamaré espiritualidad del abandono en Dios, del reposo en su voluntad omnipotente y misericordiosa, amiga de los hombres.
Sus formas antiguas han sido expuestas antaño por Ascetas y Místicos, Padres de la Iglesia. Una expresión a la vez clásica y moderna es la que ofreció el Cardenal Pierre de Bérulle en el siglo XVII, el gran siècle francés, y que se extendió en la obra de Olier y la tradición sulpiciana. Recorre los siglos y recibe una realización cercana a nosotros en la experiencia de San Carlos de Foucauld. Hunde sus raíces en la antigüedad, en la fórmula mínima y a la vez plenaria: “¡Señor, ten misericordia de mí!”. Es un Kyrie eleison en el que se recoge la súplica del Buen Ladrón: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Podemos decir que esta plegaria nos introduce en el Reino (cf. Lc 23, 41-43), en la basiléia, y nos hace vivir con Jesús hoy – sēmeron – en el Paraíso. Encuentro que esta es una espiritualidad plenamente evangélica y válida para todas las edades.
Desde esta perspectiva que me otorga el 80° aniversario, puedo advertir cómo se ha cumplido en mi vida la vocación propiamente humana de la felicidad. Aristóteles descubrió esta vocación como el fundamento de la ética. No se puede excluir totalmente en la existencia una cuota de frustración y de desdicha.
Cornelio Fabro ha observado con singular perspicacia el derrotero de la “libertad vagabunda”. En su aforismo 484 escribió: “Si la libertad se realizase en la intensidad, en la totalidad de su requerimiento, nosotros estaríamos en posesión de la felicidad”.
La infancia comporta, en la medianía de su conciencia, alternativas de gozo y de desdicha. No es posible juzgar desde la altura de la vejez si uno ha sido realmente feliz; basta reconocer que no ha sido desdichado.

Héctor Aguer.
Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.
Publicado en Diario LA PRENSA.

domingo, agosto 28, 2022

El asalto al Policlínico Bancario, la operación Rosaura.

 

El 29 de Agosto de 1963, el grupo armado Tacuara realizó un asalto, pero la Policía culpó a la banda de delincuentes comunes del "Pibe de la ametralladora". Ocho meses después, el dato de una bailarina de un cabaret de Paris, llevaría a la detención de todos los implicados.

Por Aldo Duzdevich.


El 29 de agosto de 1963 a las 10.40, un grupo de hombres armados con pistolas calibre 45 y una ametralladora llegó en tres vehículos al Policlínico Bancario, situado en la avenida Gaona al 2195, frente a la Plaza Irlanda, en el barrio porteño de Caballito. El objetivo era una Estanciera gris que transportaba 14 millones de pesos moneda nacional –unos cien mil dólares– para pagar los sueldos.

Cuando los custodios de la estanciera se aprestaban a bajar el pesado saco con el dinero, se escucho una voz de !Alto! , y luego, dos ráfagas de ametralladora derribaron a las personas que bajaban el dinero. Mientras el joven de la ametralladora mantenía su posición de control, otro arrastraba pesadamente el saco con 80 kilos de billetes y monedas, que entre dos subieron a una ambulancia en la que habían llegado los asaltantes.

El primer robo importante de un grupo guerrillero, terminaba con un innecesario baño de sangre, quedando herido el sargento Abelardo Cecilio Martínez –custodio del dinero– y a los empleados del hospital Nelly Culliazo de Ordóñez y Vicente Bóvolo, y muertos a Víctor Cogo, conductor de la camioneta, y a Alejandro Morel.

La policía pensó que se trataba de una banda de delincuentes comunes, y culpó a Felix Arcangel Miloro, de 26 años, alias “El Pibe de la ametralladora”. Diez días despúes en la ciudad de Cordoba fueron abatidos por la policía Miloro y su segundo Jose Zarantonello. La pista para encontrarlos en un chalet del barrio Marques de Sobremonte, la dio el seguimiento por parte de la policía, de una bailarina de cabaret Carla Santamaría, que visitaba a Miloro. La mujer terminó herida cuando Miloro salio del chalet con ella de escudo, y cayó disparando con su ametralladora.

Brigitte la bailarina del cabaret de Paris.

El asalto fue planificado gracias a la información que proporcionó Gustavo Posse, empleado del Poder Judicial cuyas hermanas trabajaban el el Policlinico. Posse no pertenecía a Tacuara y cobró una suma importante por su colaboración. En noviembre de 1963 viajó con su hermano Lorenzo a Paris a disfrutar del botín. En un cabaret pagaron con billetes de 5 mil pesos argentinos, hecho que resultó extraño a la señorita Brigitte, quien dio parte a la policía. La Sureté investigó que la numeración de los billetes coincidía con los del robo, y obtuvieron la filiación de los turistas argentinos. Comunicada a información a la policía argentina, de inmediato detuvieron a los hermanos Posse quienes proporcionaron los datos de los autores del hecho.

De inmediato fueron detenidos Jose Luis Nell, Tomislav Ribaric, Mario Héctor Duaihy, Jorge Norberto Cafatti y Horacio Rossi. Y se pidió la captura de Ruben Rodriguez y Joe Baxter el lider del Movimiento Nacionalista Revolucionacio Tacuara MNRT.

Con el paso de los días fueron detenidos Carlos Fuentes, Carlos Arberlos, Ricardo Viera, Alfredo Ossorio, Osvaldo Vanzini, Dámaso Fernández, Luis Arean, Nelson Latorre, Adolfo Infante, Alberto Pascual Fürpass, Horacio Bonfanti, Luis Barbieri, Carlos Fuentes y Eduardo Álvarez. Quedaron prófugos Federico Russo, Amílcar Fidanza, Horacio Iglesias, Alfredo Roca, Ricardo Viera, Rubén Rodríguez, Luis Alfredo Zarattini, Jorge Cataldo, José Baxter y Juan Carlos Brid.

Dos hechos llamativos que mencionar. Uno, que en 1963, todavía se podía pagar en Paris con billetes argentinos . Y dos, que el Secretario del Juzgado Federal del juez Jorge Aguirre, que investigó la causa, era el doctor Carlos Gonzalez Garland, quien en el 55 había sido presidente de la FUA y duro opositor al peronismo, pero en los años 70 integró junto a Ortega Peña y Duhalde, la Comision de Abogados que defendía presos políticos y que en los últimos años fue funcionario de la Secretaría de DDHH.

Tacuara y sus desprendimientos.

La agrupación nacionalista Tacuara nació a fines de 1957. En sus inicios la mayoría de sus integrantes eran jóvenes, de clase media y alta, que militaban en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios. Luego se fueron acercando jóvenes de origen obrero y peronista que le cambiaron el inicial perfil elitista.

El jefe político de Tacuara era Alberto Ezcurra Uriburu, católico, antiliberal, rosista e hispánico. Su segundo y vocero del grupo era Joe Baxter. Si bien la mayoría de los militantes de Tacuara eran de Capital, en su momento de mayor auge, surgieron comandos o grupos por muchos puntos del país. En el conflicto de la Laica o Libre, Tacuara batió armas del lado de la Libre. Profesaban un “anti-sionismo” que intentaba diferenciarse del antisemitismo.

La mezcla de revisionismo histórico, antiliberalismo y acción directa era un imán que atrajo a muchos jóvenes “transgresores” de la época, que años después irían a nutrir organizaciones armadas de distintas ideologías. Guillermo Cappadoro, jefe de la JP Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires en los 70, recuerda su paso por Tacuara junto Carlos All, quien llego a ser años después, un alto jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): “…tendríamos 13 o 14 años. Carlos All y yo formábamos parte de la Juventud de Acción Católica (JAC) y casi como primera travesura juvenil, en un altillo de la casa de Carlos, aprendíamos a construir bombas molotov y caños. Decíamos que los usaríamos para ponerlas cerca de las sinagogas, con el propósito de advertir sobre el peligro que representaba el sionismo... “.

El caso más paradigmático es el de Joe Baxter. De sus inicios como segundo jefe de Tacuara, rompió creando el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT) . Visitó a Perón en Madrid. Viajó a Argelia y a Vietnam. Ayudó a fundar Tupamaros en Uruguay. Recibió instrucción en China. Visito Cuba y en el 68 en París participo del Mayo francés. En el 70 ingresó al ERP. Estuvo en el Chile de Allende , volvió a la Argentina y rompió el ERP fundando el ERP Fracción Roja. Falleció el 11 de julio de 1973 en un accidente de avión en Orly, Francia.

Tacuara tuvo varios desprendimientos, el primero en 1960. El sacerdote Meinvielle, disconforme con el acercamiento al peronismo, fundó la Guardia Restauradora Nacionalista, organización ultra católica cuyo lema fue: “Dios, Patria y Hogar”.

El 9 de junio de 1961, otro grupo liderado por Dardo Cabo, se escindió de Tacuara para formar el Movimiento Nueva Argentina. Sus integrantes se identificaban con un peronismo más de derecha y posteriormente conformarán el “Grupo Condor”.

Finalmente, en 1963 Joe Baxter, Alfredo Osorio, José Luis Nell, Jorge Caffatti, Amilcar Fidanza, Antonio Nelson La Torre y otros rompen y crean el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara con definiciones políticas cercanas al peronismo de izquierda.

Algunos de los miembros del grupo del Policlínico continuaron su militancia en otras organizaciones. Caffatti, Cataldo, Rodríguez y Arbelos fueron cofundadores de las FAP. Caffatti además, será uno de los líderes del sector denominado “los iluminados”. Antonio Nelson La Torre (el “Pelado Diego”) reaparecerá en Montoneros. Viera se integro al ERP. Zarattini paso a la ultraderecha. Por su parte, José Luis Nell, que logró escapar de Tribunales, huyo a Montevideo con la ayuda Cacho El Kadri y se vinculo a Tupamaros.

Otros jóvenes que pasaron por Tacuara y desembocaron en la guerrilla peronista fueron; Horacio Mendizabal, Ignacio Gonzales Jansen, Rodolfo Galimberti, Alberto Mansilla y Damaso Fernandez.

El 1 de mayo de 1964, el MNRT asume públicamente la lucha armada y emite el siguiente comunicado:

MNRT: VIOLENCIA REVOLUCIONARIA

A un mes de la detención de numerosos camaradas, acusados de haber asaltado el Policlínico Bancario, un mes que la prensa y los servicios de acción sicológica del régimen aprovecharon para difamarlos y sembrar confusión en el pueblo argentino, el Movimiento Nacionalista Revolucionario TACUARA refirma nuevamente con claridad su total identificación con el Movimiento Peronista y su jefe indiscutido, el General PERÓN.

No vamos a contestar ni uno solo de los agravios inferidos por la pasquimería liberal, ni siquiera al diario "El Mundo" y su director Marcos Berodsnik que indudablemente llevó la delantera, junto con el Partido Comunista, en el desenfreno por hacer del M.N.R.T. "una banda de asesinos de ideología extremista", como le califican. No nos llegan los ataques personales, cuando lo que está en peligro es la organización misma de la Patria, como consecuencia de la acción desintegradora del imperialismo y la oligarquía local, que han subvertido todos los valores, espirituales, religiosos, económicos y políticos, al cabo de ocho años de planificación devastadora.

Pero vamos a precisar, sí, las causas que condujeron a la Argentina a la situación de caos y miseria en que se halla postrada, y los ideales que motivan el accionar de TACUARA, junto a los cuadros revolucionarios del Movimiento Peronista.

Primero: En 1955 un golpe de estado termina con diez años de legalidad popular. El gobierno peronista, expresión democrática de las masas argentinas, es vencido por medio de la violencia y la represión; el revanchismo más crudo es ejercitado por el gobierno de facto contra el pueblo, al tiempo que se desentierran viejos personeros de la década infame, para la ejecución de planes económicos dictados por la extranjería. Desde entonces, la fuerza, la VIOLENCIA, reemplaza al derecho porque es éste el único método con que la oligarquía puede conservar sus privilegios y tratar de doblegar la voluntad de un pueblo que, durante una década de gobierno peronista, se acostumbró a participar del poder y gozar del derecho a la vida, que antes era privilegio de unos pocos a costa de la bárbara explotación de los más.

Segundo: La traición del frondizismo y toda la burguesía, que capituló ante la oligarquía y el imperialismo y cuyo broche final fue la anulación de los históricos comicios del 18 de marzo, señala que la experiencia liberal está definitivamente agotada en el país, y que nuevos métodos se imponen para esta nueva realidad. El fraude vergonzoso del 7 de julio confirma que las masas peronistas jamás tendrán acceso al poder por vías pacíficas, porque los sectores del privilegio no son suicidas y tienen perfectamente claro que el Movimiento Peronista en el poder significa la REVOLUCIÓN NACIONAL que terminará con ellos.

Tercero: Por todo lo antedicho, el General Perón, conductor de la Patria y del movimiento de masas, viene ratificando desde hace tiempo la necesidad de organizarse para la lucha.

NO HABRÁ SALIDA PACIFICA DENTRO DEL SISTEMA. "Contra la fuerza bruta —dice Perón— sólo puede ser eficaz la fuerza inteligentemente manejada". "La guerra civil se gana no sólo en una gran batalla de conjunto, si no y preferentemente en miles de pequeños combates que se libran en todas partes y en todo momento".

El M.N.R.T. tiene orgullo en decir que es una de las organizaciones peronistas que viene cumpliendo con mayor disciplina las instrucciones tácticas y estratégicas del jefe del movimiento y por eso hoy es atacada de "nazi" o de "izquierdista", según convenga a la prensa del régimen para desorientar a la opinión pública y sembrar el confusionismo en las filas del pueblo, que tanto rechaza, las copias simiescas de nuestros "nacionalistas" a la violeta paradójicamente europeizantes, como la declamatoria liberal e hipócrita de la izquierda, que siempre ha servido a los intereses de la oligarquía y del imperialismo.

El M.N.R.T. TACUARA no es, por lo tanto, ni de "derecha" ni de "Izquierda", porque tanto unas como otras son, conciente o inconcientemente —que para el caso es lo mismo— sostenedoras del régimen de explotación. El. M.N.R.T. es PERONISTA y REVOLUCIONARIO, y seguirá luchando junto al pueblo como una de las tantas organizaciones del Movimiento Nacional que librarán la batalla definitiva por la liberación de la Patria.

Por ello, y ante la crisis total del sistema liberal-capitalista, el M.N.R.T., reunido su Comando Nacional en sesión extraordinaria, ha resuelto:

- Disponer el estado de movilización general de todos sus cuadros, para reorganizarse y continuar la lucha de acuerdo a las directivas emanadas del Estado Mayor de las Fuerzas del Pueblo, cuya jefatura ejerce el General Perón.

- Imponer el PROGRAMA DE HUERTA GRANDE, olvidado por la dirección claudicante, a través de la movilización popular y la lucha armada.

- Rescatar a los prisioneros de guerra que el Ejército de Ocupación secuestró: Cafatti, Nell, Duhay, Rivaric, Rossi, y demás combatientes.

LA PATRIA SERA LIBRE O LA BANDERA FLAMEARA SOBRE SUS RUINAS, ¡PERÓN O MUERTE!

Buenos Aires, 1° de Mayo de 1964.

ALDO DUZDEVICH (*) El columinista es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad- Los Montoneros que se quedaron con Perón".

Publicado en Diario La Mañana del Neuquén.

Domingo 28 de agosto del 2022.

Las imágenes pertenecen al Diario La Mañana del Neuquén.

https://www.lmneuquen.com/el-asalto-al-policlinico-bancario-la-operacion-rosaura-n941950