GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, diciembre 25, 2025

La secularización de la Navidad.

 


La secularización de la Navidad.

Por Héctor Aguer.

Cuando comienza el Adviento, se inicia también la propaganda de ciertos productos referidos a la próxima Navidad. Aunque este nombre siquiera es pronunciado. Se asombraría quien no supiera que este título significa Natividad; es decir: se refiere al Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Los objetos que aparecen son un arbolito, los globos y otros adornos que lo realzan; un personaje gordo y barbudo, vestido de rojo y blanco. La caracterización del período que lleva al 25 de Diciembre, es típica del hemisferio norte, y del ámbito protestante.

Hace algunos años, recorriendo el centro de Nápoles, observé que para estas semanas previas a la Navidad, todos los negocios ofrecían el pesebre, de distinto tamaño y calidad. Pesebre es el nombre de la representación católica de la aparición de Jesús en el mundo: la gruta, o una casita, la Virgen María, San José y el Niño, sin que faltaran la vaca y el burro. No debemos olvidar a los Magos, de los que habla el Evangelio de Mateo: mágoi eran astrónomos y sabios, que representan a la humanidad entera, que espera al Salvador.

La opinión popular, fundada en los Apócrifos, los ha hecho reyes y les ha atribuido un nombre a cada uno. En la representación del pesebre, van llegando hasta el 6 de enero. La tradición católica se ha secularizado. Asimismo, han desaparecido los ángeles con su canto; que se conserva, sin embargo, en el Gloria y el Sanctus de la Misa. Algo de esos orígenes resuena en los villancicos, que han logrado taladrar la pared de la secularización. El recuerdo de Nápoles alude a la fe popular, que actualmente se ha debilitado, y en muchos países, parece haber desaparecido.

ARMAR EL PESEBRE.

La Iglesia debería proclamar durante el Adviento el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. La fe en ese misterio ha de arraigar en las familias; cabe, entonces, la exhortación a "armar el pesebre". Aun cuando la práctica religiosa haya disminuido, incluso desaparecido, mirar el pesebre evoca el sentimiento de una fe infundida en la familia o en la catequesis de la Primera (y en muchísimos casos, única) Comunión.

¿Cómo celebrar la Navidad si ya no hay fe? Se trata, entonces, de una secularización de la fiesta cristiana, que suele unirse al Año Nuevo; se habla, pues, de "las fiestas" -como un período que se repite anualmente-, y se dice entonces, como un augurio, "Felices fiestas", o incluso el más generalizado "felicidades". La Navidad en ese contexto cultural ha desaparecido. La propaganda comercial aprovecha el recuerdo de un tiempo en que el pueblo conservaba algo de la predicación de los orígenes.

La Iglesia debe recrear esos orígenes anunciando a Jesucristo como Redentor; cada Adviento es una nueva oportunidad del anuncio que fue encomendado a los Apóstoles. Se trata, pues, de revertir la secularización de la Navidad. Y, para ello, es imprescindible una Iglesia verdaderamente "en salida"; en busca de los que se alejaron, y de los que nunca estuvieron.

Con este propósito, les deseo a todos una muy santa y, por lo tanto, muy feliz Navidad. ¡Que nadie nos robe al Niño Dios!

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/La-secularizacion-de-la-Navidad-567327.note.aspx

miércoles, julio 23, 2025

Sobre la amistad. Por Héctor Aguer.

 


En Argentina, desde hace unos años, el 20 de julio se celebra el Día del Amigo. La iniciativa nació por inspiración masónica, en nombre de la “fraternidad universal”; por la llegada del hombre a la Luna, en esa fecha de 1969. En realidad, el Día del Amigo debe celebrarse el 2 de enero; en que se conmemora a San Basilio y San Gregorio Nacianceno, que estudiaron juntos en Atenas, y tuvieron una profunda amistad en el Señor.

El actual fenómeno de las redes sociales multiplica los casos de amistades “virtuales”, es decir: no reales, no verdaderas. Los filósofos griegos y romanos comprendieron y explicaron el hecho profundamente humano de la amistad. Aristóteles, en su “Ética a Nicómaco” dedica a la amistad un capítulo, que ha sido fuente de muchos tratados posteriores. Marco Tulio Cicerón escribió un pequeño libro “De amicitia”, en el que expresa que “la amistad verdadera se basa en la virtud, ya que solo los virtuosos pueden amarse desinteresadamente, sin buscar utilidad o placer”.

Esto significa que la amistad se da entre gente buena y buscando el bien del otro. Fuera de eso, no existe amistad verdadera, porque ésta es un amor desinteresado que implica confianza absoluta, lealtad, generosidad, y al menos por algún tiempo, el encuentro personal. Corresponde comparar esta realidad con el desfogue sexual que hoy día se ventila desvergonzadamente.

Cicerón decía, asimismo, que la amistad era también “un acuerdo perfecto en todas las cosas divinas y humanas, con benevolencia y afecto”; se trata de un acuerdo en lo fundamental: cómo vivir bien y cómo morir bien, y todo lo demás se ordena según ese fundamento. Especialmente se muestra la amistad cuando alguno de los amigos atraviesa por una desgracia. Séneca, por su parte, escribió un “De amicitia”.

La definición de Santo Tomás de Aquino es completa y perfectísima. Dice, en latín, que la amistad es “amor mutuae benevolentiae, fundatus in aliqua communicatione”. Se trata, pues, de amor mutuo que quiere el bien, y de un encuentro personal en el que se goza de lo que es común. No es, entonces, algo “virtual”, sino una realidad virtuosa, plenamente humana, que no se identifica con la mera atracción. El encuentro personal es la clave del ejercicio de la amistad. Esto es lo que falta en las presuntas “amistades virtuales”, que son realidades provisorias, circunstanciales.

La amistad se educa en la familia inculcando primeramente a los hijos el respeto a todos; ellos, también, la aprenden percibiendo el amor que los padres se dispensan entre sí.

AMISTAD CON DIOS.

Existe, asimismo, una amistad con Dios; la Iglesia es la comunidad de los amigos de Dios, aunque ellos se encuentren geográficamente separados. Cuando se realiza el encuentro personal, se ejercita la amistad cristiana. La Iglesia debe extenderse aún en muchas naciones donde se halla apenas representada, según el mandato de Jesús a sus Apóstoles: ir por todo el mundo y hacer discípulos en todos los pueblos. Entonces se multiplicará el fenómeno divino–humano de la amistad. En suma: no se trata de “virtual”, sino de virtud. De amor.

* Arzobispo Emérito de La Plata.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Sobre-la-amistad-562160.note.aspx

sábado, mayo 24, 2025

Antes y después del cónclave. Por HÉCTOR AGUER.

 


Al pontificado del jesuita argentino Jorge Bergoglio se agotaba en su final. Había elegido el insólito nombre de Francisco, ilusionándose con la reforma de la Iglesia, a la cual no había aspirado el Santo de Asís, cuya obra fue espiritual, incitando así a la reforma de la vida.

El Papa Francisco dio la espalda a la Tradición, la cual procede siempre conservando y actualizando su identidad. San Vicente de Lerins ya lo había enunciado en el siglo V: "in eodem scilicet dogmate, eodem sensu, eademque sententia".

TRADICION ROMANA

La Tradición romana se edificó sobre Pedro, el Pescador de Galilea, que llegó a la capital del Imperio para fundar una comunidad cristiana y brindar su testimonio martirial. A lo largo de la historia, la sucesión de Pedro constituyó el Pontificado, cuya elección conoció sistemas diversos, luces y sombras.

Con el tiempo se asentó la convicción de que la Roma de Pedro nunca falló en lo esencial de la fe cristiana. Surgieron herejías y cismas, pero jamás afectaron a la katholiké, la Iglesia universal, aunque su tamaño fluctuara en la historia, hasta llegar a ser lo que es hoy, bien que siempre misionera, con la capacidad de extenderse en el mundo hasta que el Señor retorne.

En los siglos de los Padres de la Iglesia siempre se respetó el valor de Roma, a causa de la sucesión de Pedro. Ésta fue, ante todo, la sede por excelencia, como se la llamó después, la Santa Sede. El Papa es ante todo el Obispo de Roma; su catedral es San Juan de Letrán. Surgió luego una especie de competencia con el Imperio, aunque durante los siglos medios el Papa y el Emperador fueron la cabeza de la Cristiandad.

De estos elementos surge el problema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, que a través de los siglos constituye aún hoy una cuestión discutible, que influye sin embargo sobre cristianos y no cristianos. Una alternativa apareció con la obra de Mahoma y su pretensión de fundar un nuevo imperio, que se afirmó luego en Turquía. Es ésta una cuestión no solo política, sino también cultural.

La elección del Sucesor de Pedro conoció sistemas diversos y vacilantes. En el siglo XI se encaramó a la sede un muchacho de 18 años, Benedicto IX, hijo de una célebre familia romana, que lo impuso con sus ejércitos; expulsado, volvió dos veces más por la fuerza de las armas. Después de otros intentos, en el siglo XIII, el Papa Gregorio X consiguió imponer el cónclave de los cardenales; éstos eran los párrocos más importantes de Roma.

Este sistema aseguró el sentido de la elección y se extendió hasta la actualidad. Así surgieron grandes pontífices, como los que se han conocido entre el Concilio Vaticano I y el Vaticano II. Algunos de ellos no han sido todavía valorados debidamente. San Pío X fue la gran excepción. Se espera aún una semejante valoración de Pío XII.

ROBERT FRANCIS PREVOST

En un cónclave más bien breve, en el cuarto escrutinio fue elegido el norteamericano Robert Francis Prevost, quien tomó el nombre de León XIV. Algunos detalles iniciales revelaron un cambio de situación: el nuevo Papa apareció vistiendo completamente los paramentos pontificios, e impartió en latín la Bendición urbi et orbi (a la ciudad de Roma y al mundo), con la indulgencia plenaria. El nombre elegido hace referencia al largo pontificado de León XIII, Gioachino Pecci (1878-1903), el autor de la célebre encíclica Rerum Novarum, inicio de la exposición moderna de la Doctrina Social de la Iglesia. Aquel Pontífice condenó por igual el socialismo y el imperialismo capitalista del dinero. Su encíclica Libertas lanzó, asimismo, la condena contra el liberalismo decimonónico.

El nuevo Papa vivirá en el Palacio Pontificio. Como sacerdote agustino fue muchos años misionero en el Perú, y allí mismo obispo de Chiclayo. Este carácter misionero hace pensar en la misión esencial de la Iglesia, que sigue el mandato de Jesús a los Apóstoles: "vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos".

Los comentarios periodísticos han ignorado esta cuestión esencial; se han centrado en cuestiones seculares de actualidad. Sin duda, el Pontífice deberá abordar la problemática política y social, pero ha sido elegido ante todo para continuar la Tradición que viene de los Apóstoles, y le espera la difícil tarea de sanar la grieta abierta por el progresismo. Con el tiempo se verá con mayor claridad el rumbo del pontificado de León XIV.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Antes-y-despues-del-conclave-559996.note.aspx

martes, mayo 06, 2025

San José y el trabajo por Héctor Ager.

 


San José y el trabajo.

por Héctor Ager.

Comienzo con dos ocurrencias previas. La primera es mía: la mayor parte de las representaciones de San José (pienso singularmente en las estampas) lo dibujan como un hombre mayor, un anciano. Quizá será por el prejuicio de que así se asegura la virginidad de María. Tengo para mí que, en el desposorio con Nuestra Señora, José tendría la edad que tenían todos los jóvenes de Israel en esa época, cuando se casaban. Si María tenía 15 años, José tendría 18.

La segunda ocurrencia es de San Francisco de Sales, quien sostiene que José está en cuerpo y alma en el Cielo. Lo cierto es que la tradición no ha identificado nunca un sepulcro de San José, que hubiera sido un sitio de peregrinación.

LA PERSONALIDAD.

La personalidad de San José está resumida en un término bíblico. En el Evangelio según San Mateo (1,19) se lo llama “justo” (díkaios). Hay que entender esta palabra según su significado en el Antiguo Testamento, donde resulta un título de totalidad, de plenitud. A diferencia del valor que adquiere en la cultura griega (Aristóteles, por ejemplo), en la que se señalan cuatro “virtudes cardinales”:prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

José es padre de Jesús: así se lo consideraba. En el episodio de la pérdida y el hallazgo del Niño (12 años) en el templo, María dice: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús responde: ¿No sabían que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre? (Lc 2, 49) (en tois tou patros mou). ¿Cómo habrá sentido José ese contraste: tu padre – mi Padre? Pero el texto de Lucas añade que ellos no entendieron (ou synēkan) lo que les quiso decir.

SU VIRGINIDAD.

La virginidad de San José es una realidad del Nuevo Testamento; acompaña la virginidad de María. La expresión sexual es una señal del matrimonio. El Apóstol Pablo indicaba a los fieles que es posible abstenerse de ella para orar, pero advertía tener cuidado de no ser tentado a una especie de defraudación.

La oración de José es la adoración de Dios, tal como aparece en los Salmos; él habrá iniciado al Niño Jesús en el aprendizaje de la adoración. Su oración es silenciosa, interior, que se desliza mientras trabaja. De acuerdo con la realidad de la Encarnación es razonable pensar que José educaba a Jesús, ya que hacía las veces de padre, como que era un reflejo y representante del eterno Padre. Jesús le estaba sujeto, al igual que a su Madre (Lc 2, 51: en hipotassomenos autois).

José sostenía a María y Jesús con su trabajo. Este dato colorea la figura de San José, que en la tradición cristiana aparece como un modelo de trabajador, de artesano. En el Nuevo Testamento, el trabajo se constituye en un rasgo fundamental de los discípulos de Cristo. El Apóstol Pablo puede exhortar: “El que no quiera trabajar, que no coma” (2 Tes 3, 10).

En el orden secular, desde fines del siglo XIX, el trabajo constituye una realidad social, en la que pueden verificarse la justicia o la injusticia. Así surgen el derecho de los trabajadores y el “Día del Trabajo”. La dimensión bíblica y religiosa ha desaparecido; las ideologías han tomado su relieve. En ese contexto, la Doctrina Social de la Iglesia contiene un capítulo sobre la cuestión del trabajo; así aparece en las encíclicas pontificias, en mensajes y discursos.

El trabajo se observa como una realidad humana y un objeto de derecho. La devoción a San José intenta devolver al trabajo su valor religioso; la imagen de San José lleva consigo los instrumentos de su artesanía, y lo presenta como un carpintero.

Héctor Aguer Arzobispo Emérito de La Plata.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/San-Jose-y-el-trabajo-559327.note.aspx

viernes, noviembre 29, 2024

Carlos Sacheri, mártir por Héctor Aguer.

 

El próximo 22 de diciembre se cumplirán 50 años de la muerte martirial de Carlos Alberto Sacheri, asediado por un comando del grupo terrorista ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), cuando volvía de misa con su familia. No vacilo en reconocer que su muerte fue un martirio, fruto de su caridad. En la historia de la Iglesia se inscribe una historia del martirio. Lo que hace que un martirio sea tal no es el sufrimiento que se impone al mártir, sino la caridad que lo impulsa a abrazar la Cruz. La caridad, subrayo, la agape del Nuevo Testamento. El mártir, con fortaleza cristiana, se entrega a la muerte.

Sacheri sabía que se aproximaba su hora, aunque de hecho el ataque fue sorpresivo. El 28 de octubre anterior había muerto, también martirialmente, en manos del ERP, el filósofo Jordán Bruno Genta, un maestro del nacionalismo católico, cuando salía de su casa para ir a Misa en una parroquia cercana. Carlos comprendió que el próximo era él, pensador y patriota católico, en un país acosado por el terrorismo marxista, dispuesto a convertir a la Argentina en otra Cuba.

SERVIDOR DE LA IGLESIA.

La caridad de Sacheri se ejercitó en sus numerosas conferencias, tanto ante públicos cultos y universitarios, cuanto en ámbitos populares. No se negaba a hablar a un pequeño grupo parroquial si se lo solicitaba; era un fiel servidor de la Iglesia. Su inspiración tomista respondía al estudio del doctor Angélico, como discípulo que fue del padre Julio Meinvielle, maestro de generaciones de jóvenes discípulos. Esa inclinación filosófica la cultivó, también, en la Universidad Laval, de Quebec, Canadá, donde frecuentó a otro maestro, Charles de Koninck, quien salió al cruce del humanismo personalista de Jacques Maritain, oponiéndole la primacía del bien común. Sacheri robusteció este criterio en el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, desarrollada en las encíclicas pontificias.

La obra escrita de Sacheri incluye numerosos artículos y dos libros importantes, ‘El orden natural’ y ‘La Iglesia clandestina’. En el primero confluyen la filosofía tomista y la inspiración jurídica, junto a la Doctrina Social de la Iglesia. Para Santo Tomás Ordo equivale a Veritas; el Orden y la Verdad constituyen el sentido de la realidad. La obra conserva máxima actualidad, cuando el pensamiento constructivista elude o se opone al concepto metafísico de naturaleza.

‘La Iglesia clandestina’ enfoca los orígenes del tercermundismo eclesiástico de los años sesenta y setenta, basado en una interpretación progresista del Concilio Vaticano II. Es interesante señalar una reacción del Papa Pablo VI que dijo: “Nosotros esperábamos una floreciente primavera y sobrevino un crudo invierno”. La obra de Sacheri muestra la funesta actividad del autoproclamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer mundo, que se inspiró en buena medida por los documentos de Medellín, obra de una asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano. No omite dar nombres: de los protagonistas locales y de los contactos europeos, actualización del diálogo católico – marxista, y de la confusión resultante sobre la enseñanza social del catolicismo. Esta obra no puede ser bien vista por un episcopado situado en el “extremismo de centro”, que detesta a las “derechas” y guiña sonriente hacia la izquierda.

El martirio debe ser reconocido por la Iglesia en un proceso de beatificación. Eso es lo que se ha solicitado al obispo de San Isidro, quien no ha considerado oportuno instruir el consiguiente proceso. En su momento, he criticado el dictamen del canonista Vicente Llambías, que manifestó una opinión contraria. Es oportuno ahora instar nuevamente, para que se interrogue a los testigos vivos, de modo que el eventual proceso no se convierta en una causa histórica, lo que sería más complicado.

El quincuagésimo aniversario de la muerte martirial de Sacheri, compromete a difundir su personalidad y su pensamiento, especialmente entre los jóvenes, que se verán enriquecidos con el ejemplo de caridad que impregna la actividad eclesial y patriótica. Habría que emprender una edición completa de sus obras: los dos libros, artículos no recogidos en ellos, y también una traducción de su tesis doctoral, escrita en francés, sobre ‘La existencia y la naturaleza de la deliberación’.

La difusión del pensamiento de Sacheri debería inspirar publicaciones sobre su trayectoria. Existe un texto importante (900 páginas) de Héctor H. Hernández: ‘Sacheri. Predicar y morir por la Argentina’.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Carlos-Sacheri-martir-553246.note.aspx

martes, octubre 15, 2024

Noventa años del XXXII Congreso Eucarístico.

Noventa años del XXXII 
Congreso Eucarístico.

Por Héctor Aguer.

Se cumplen, en este 2024, noventa años del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires, del 9 al 14 de octubre de 1934. Internacional significa “de toda la Iglesia”, a diferencia de los que quedan limitados a los órdenes diocesano o nacional. Pero, evidentemente, los mayores frutos pueden alcanzarse en el lugar elegido como sede. La historia argentina no ha registrado cabalmente ese acontecimiento, que fue devorado por la sucesión de los días, y por hechos más lúgubres que felices. Por eso es oportuno ocuparse del nonagésimo aniversario de un suceso que fue, a la vez, un milagro y un misterio.

El milagro es el acontecimiento mismo del Congreso Eucarístico. La Eucaristía es el corazón de la Iglesia, en cuanto presencia real sacramental de Jesucristo. El Delegado Papal fue el Cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado de Pío XI, y futuro sucesor suyo, como Papa Pío XII. Al contemplar el espectáculo de la Primera Comunión de una multitud incontable de niños, Su Eminencia exclamó: “¡Questo è il Paradiso!” (“¡Esto es el cielo!”). En esa oportunidad, hizo su Primera Comunión mi madre, que tenía diez años. Por otra parte, la masiva Comunión de hombres y el recurso a la Confesión (habían venido numerosos sacerdotes) representaron un sacudón de la mustia religiosidad de la sociedad argentina.

DOS EPISODIOS.

En la historia nacional, dos episodios preceden y suceden respectivamente al hecho extraordinario de aquel Congreso Eucarístico Internacional. En primer lugar -se lo ha olvidado impunemente- los católicos de la década de 1880: Estrada, Goyena, Lamarca, Achával Rodríguez, Pizarro, y otros, libraron una batalla en la cultura contra el auge de la masonería, que había impuesto el laicismo, especialmente en la educación.

La educación común quedó bajo la famosa ley 1420. Después del Congreso Eucarístico, como uno de los frutos del mismo, se consolidaron y tuvieron su apogeo los Cursos de Cultura Católica; que habían nacido en 1922, nutrieron la espiritualidad de una fervorosa juventud y permitieron el acercamiento de gente talentosa, que comenzaba a destacarse en la cultura argentina.

AMBIGÜEDAD DE LA CULTURA.

El misterio consiste en cómo la marcha de los asuntos públicos devoró el aporte del Congreso Eucarístico en la ambigüedad de la cultura. De hecho, y digámoslo como dato general, los argentinos no van a Misa; la Eucaristía perdió relieve por la escasez y la tibieza de sacerdotes. ¿Y los obispos? ¡Bien, gracias! No tuvimos un episcopado valiente y decidido, que comprendiese el problema de la lucha cultural. Nos faltaron los líderes que prevalecen sobre las circunstancias estructurales, merced a su personalidad.

De acuerdo con la estructura de la Iglesia, obispos y presbíteros apacientan el rebaño y lo alimentan con la Palabra de la Verdad y la gracia de los Sacramentos de la Fe. La misión de la Iglesia se cumple análogamente desde el primer Pentecostés. “¡Vayan por todo el mundo, y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo!” (Mt 28, 19). Todos los pueblos o naciones (panta ta ethnē). La clave de esta misión es la conversión de las culturas, y la consiguiente cristianización de las mismas. En la Argentina, nunca existió una cultura mayoritariamente cristiana. Los aportes inmigratorios resultaron masivos, pero no fueron estrictamente cristianos. A propósito –habría que discutir esta hipótesis- dejaron la religión que traían en los barcos.

El aniversario noventa del Congreso Eucarístico de 1934 nos encuentra en una postura cultural ambigua, como sucesión del Concilio Vaticano II. La ambigüedad fue retratada por el Papa Pablo VI cuando dijo: “Nosotros esperábamos una floreciente primavera, y en cambio sobrevino un crudo invierno”. Se trata siempre de la necesidad de comenzar de nuevo. En varios países florece la Tradición profesada por los jóvenes.

La capacidad de producir un milagro es una condición propia de la Iglesia, por Voluntad de su Creador. Desconcierta a los progresistas que los jóvenes amen la Tradición y la asuman; allí reside la auténtica renovación, tal como se registra en distintas naciones. Allí se vislumbra un futuro mejor, a pesar de la simbiosis de religiones que promueve el Papa Francisco, y que resta identidad a la verdad católica. El futuro está en manos de la Providencia divina.

Por Héctor Aguer Arzobispo Emérito de La Plata.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Noventa-anos-del-XXXII-Congreso-Eucaristico-551490.note.aspx

viernes, octubre 04, 2024

El presidente del peronismo.

El presidente del peronismo.

Por Héctor Aguer.

El Papa Francisco anunció repetidas veces que su intención es visitar la Argentina; pero no lo hará: sabe que no le iría muy bien acá. Entonces, ahora, desciende al campo sucio de los debates políticos con un discurso insólito, de furia, contra el gobierno libertario del presidente Milei. Nunca hizo la menor alusión a los gobiernos de Cristina Kirchner, que hundieron al país en la pobreza y la indigencia. Tampoco reaccionó ante el peor gobierno de la historia: el del inútil y golpeador Alberto Fernández, el hipócrita que presumía de feminista y le pegaba a su mujer. La fuente principal del discurso de Francisco ha sido, como otras veces, las noticias que le alcanza su amigo Juan Grabois.

JULIO A. ROCA.
La intervención papal se ha metido con la historia: ha repudiado la obra del General Julio Argentino Roca, a quien atribuyó matanza de indígenas en su Expedición al Desierto; lo que no ha mencionado son las matanzas y los malones de indígenas, que llegaban casi a las puertas de Buenos Aires, y robaban mujeres, sembrando el terror. No soy roquista, pero hay que reconocer que, sin esa doble presidencia de Julio Argentino Roca, la Argentina no existiría y la Patagonia sería chilena. Lo que el Papa debió criticar es la política religiosa del masón Roca, que mantuvo al país 16 años desconectado de la Santa Sede.
CRITICA AL GOBIERNO.
La crítica papal al gobierno argentino se ensaña con el protocolo antipiquete; o sea, que se pone del lado de los piqueteros, que hartan a la gente cortando avenidas y produciendo innumerables inconvenientes. “Pagaron gas pimienta en vez de justicia social”, dijo en un acto junto a Grabois, y reivindicó “la lucha” de los movimientos sociales. Además, mencionó un caso de coimas, pero no precisó de qué administración.
El periodista Luciano Román calificó al discurso papal como “un mensaje excesivamente terreno, que podría interpretarse, incluso, como alejado de algunos equilibrios, complejidades y matices que suelen caracterizar las palabras de los grandes líderes religiosos y otros análogos”.
Se basó en información interesada y parcial; pasó por alto las complejas implicancias para el ciudadano común de una suerte de anarquía que regía en las calles, y alentó “la lucha” de los movimientos sociales. Hace un drama del uso del gas pimienta por parte de las fuerzas de seguridad, sin aludir a las provocaciones y atropellos que han sufrido instituciones como el Congreso, con ataques a piedrazos, ni tampoco a las heridas provocadas por activistas a humildes servidores públicos, como son los policías o gendarmes. Tampoco tuvo en cuenta la quema de bienes públicos, y hasta la destrucción de vehículos y comercios en algunas protestas violentas.

COINCIDENCIAS.
Es evidente que la cercanía del Pontífice con Grabois no es simplemente un vínculo personal, sino una relación nutrida de coincidencias. La politización del Papa al avalar a las organizaciones sociales no hace ningún llamado a la transparencia y el respeto de la ley. Pasa, deliberadamente, por alto las investigaciones y denuncias que mostraron el aprovechamiento en beneficio propio, que hicieron numerosos líderes piqueteros de la administración de los planes sociales. Las palabras del Papa contra el gobierno seguramente serán utilizadas por esos “gerentes de la pobreza” como una suerte de justificación y respaldo.
Lo que los católicos argentinos necesitan es que Francisco proceda como Papa, cuide la religión católica, y oriente a los fieles a crecer en la fe, no que se meta en el confuso territorio de la discusión política. “Comprar justicia social en lugar de gas pimienta”; es insólito este descenso perturbador, cuando no ha dicho una palabra sobre la situación de Venezuela, donde rige una dictadura persecutoria de la oposición, y la justicia social es inexistente. El asunto del gas pimienta se agitó a causa de una niña que sufrió los efectos, porque participó de un acampe llevada por su madre, una militante irresponsable.
El Papa, con su discurso contra el gobierno, se expone a las críticas que razonablemente están surgiendo. El jefe del bloque de Diputados de ‘Innovación Federal’, Miguel Ángel Pichetto, desestimó las críticas del Papa, planteando que “la agenda propuesta desde el Vaticano es absurda y hace un daño increíble a la Argentina”. Este diputado nacional observó que “antes las manifestaciones pontificias eran más bien de corte pastoral, nunca directamente dirigidas a la política local; ahora, entonces, hay un hecho nuevo. El Papa no puede hacer ese tipo de manifestaciones, sin que su palabra se torne más frágil”.

PROGRESISMO PAPAL.
La intervención de Francisco contra el gobierno argentino es una nueva expresión del progresismo papal; andar siempre para adelante, como ocurre con el peronismo y su búsqueda nunca alcanzada de la justicia social. El Papa opone la justicia social al gas pimienta: reprimir el piquete, impedir la protesta continua y la revuelta sería contrariar el dinamismo del Evangelio, el cual siempre debe ser releído. Así, el Concilio Vaticano II, sería una relectura del Evangelio según la cultura de la modernidad. Allí está el progresismo y el peronismo que hoy día reinan en Roma. Francisco es el presidente del peronismo, como ya hemos explicado en otras ocasiones.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/El-presidente-del-peronismo-551026.note.aspx

lunes, septiembre 09, 2024

La pobreza y el peronismo del Papa. Por Héctor Aguer.

 

Leo en ‘La Prensa’ un dato impresionante sobre la amplitud de la pobreza en la sociedad argentina. El título reza: ‘Crudo panorama: un millón de niños se va a dormir con el estómago vacío’. El periódico recoge cifras de un informe internacional, que precisa que diez millones de niños en nuestro país “comen menos carne y lácteos por falta de dinero”.

El gobierno liberal libertario se jacta de un logro macroeconómico: haber alcanzado el equilibrio fiscal y el descenso de la inflación. Pero no advierte el costo de una erosión sistemática de las capas medias, sometidas a un ritmo de pobreza creciente que explica que el 55 por ciento de la población argentina es pobre, y el once por ciento ha caído en la indigencia. A simple vista se notan episodios insólitos -es decir, nunca registrados en tiempos que fueron mejores-, de gente revolviendo las pilas de basura, con la esperanza de hallar restos de comida. No es ningún misterio.

Esas son las condiciones reales de la microeconomía: los precios suben incesantemente; el comerciante no tiene más remedio que remarcar. Él depende del mayorista, éste del fabricante, y éste de las condiciones que razonable o irrazonablemente manda la marcha de la economía, lo cual es un problema político, nacional e internacional. El capitalismo impone, por su parte, un régimen de endeudamiento determinado por el valor del dinero, un dios implacable.

PROBLEMATICA RELIGIOSA.

La situación incluye una problemática religiosa. Es probable que la mayoría de la población sea todavía de bautizados en la Iglesia Católica. Un problema argentino ancestral es la ausencia de la Eucaristía: los argentinos no van a Misa. Esta carencia puede explicarse, entre otras cuestiones, por una crónica escasez de sacerdotes.

El episcopado argentino ha pronunciado juicios sobre la actualidad nacional –incluyendo, de soslayo, una visión crítica del orden político vigente-, especialmente con ocasión de las asambleas plenarias; tales juicios atraen la atención periodística por dos o tres días. Pero, en mi opinión, no ejercen un influjo real sobre la situación del país. Además, los obispos profesan una especie de “extremismo de centro”: detestan a lo que consideran “de derecha” y sonríen a “la izquierda”.

Este es su comportamiento con el clero, lo es desde los tristes años setenta y, de ese modo, dejaron actuar a los Sacerdotes para el Tercer Mundo (así se llamaban). Los curas normales, que trabajaban de curas, no dejaron de advertirlo y de padecerlo. He leído recientemente comentarios que hablan de la “hipocresía de la Iglesia argentina”; deberían decir, más bien, la “hipocresía del episcopado”, y no de toda la comunidad eclesial. Esta confusión es corriente en los periodistas.

LÍDER DEL PERONISMO.

Una nueva circunstancia se destaca ahora en la relación del Papa Francisco, no con la Argentina –que hasta el presente no se ha dignado visitar-, sino con el peronismo en sus diversas variantes. El Pontífice es, implícitamente, reconocido como el líder del peronismo. Un acontecimiento reciente así lo da a entender: el gobernador de La Rioja, que aspira a suceder como presidente del Partido Justicialista a Alberto Fernández -quien debió renunciar a la presidencia de dicho partido, a causa del escándalo en su vida privada-, fue a reunirse con Francisco. No hace falta ser mal pensado para reconocer que fue a plantearle la cuestión de la presidencia del partido. El peronismo del Papa se manifiesta en su inclinación populista y su descuido de la Tradición. Es verdad que esta tendencia por sí sola no explica la posición del Papa ante los principales problemas de la Iglesia, que debe afrontar; su condición de jesuita pesa con la historia de esa tradición teológica y espiritual. Una noticia recentísima registra que el 16 de septiembre, el Sumo Pontífice recibirá a la cúpula de la Confederación General del Trabajo, la mítica CGT, por años manejada de un modo u otro por el peronismo. Al igual que en el caso del encuentro con el gobernador de La Rioja, la CGT va a presentar su crítica al gobierno de Milei, a quien considera el máximo dirigente peronista, Jorge Bergoglio. Obviamente, la CGT llevará a Roma sus quejas contra la orientación económica del gobierno de Milei, a la que considera -con razón- causa importante de la pobreza en la sociedad argentina.

Volviendo al asunto de la pobreza de más de la mitad de la población, se debe reconocer la gravedad de la paulatina desaparición de las capas medias, cuya existencia distinguía a la Argentina en Iberoamérica. Hoy día se verifica un fenómeno al revés de lo que constituía la originalidad de nuestro país: los argentinos emigran, no por cierto a Bolivia o a Perú, sino a España, y otros países europeos.

UNA CUESTION HISTORICA.

En la tradición argentina del siglo XIX ha pesado mucho, en cuanto a la configuración de la identidad nacional el principio alberdiano (de Juan Bautista Alberdi), “gobernar es poblar”. Fue referido a una inmigración que no fue de “rubios, de ojos celestes”, sino de italianos del sur y españoles; en su momento, esta corriente alcanzó una importancia extraordinaria, determinando con su existencia a la población del país y la institución de las capas medias. Simbólicamente dos obras literarias y su oposición recíprocas ilustraron, también, el curso posterior de la relación entre el campo y la ciudad, el arraigo en la tradición hispano criolla o la apertura implícita y el influjo incesante del Reino Unido.

En el siglo XX se pueden señalar dos visiones de la Argentina: una liberal, que obtuvo una réplica en el fenómeno destacado del peronismo, a partir de 1945 -el mítico 17 de octubre-. El peronismo tuvo y tiene el propósito de cambiar, de metamorfosear un contenido invariable. Se ha dicho que esa realidad es un sentimiento. Si es verdaderamente un sentimiento el peronismo, se puede explicar que ahora reine en Roma.

Por Héctor Aguer. Arzobispo Emérito de La Plata.

Publicado en LA PRENSA.

Imagen: Diario "La Prensa",

https://www.laprensa.com.ar/La-pobreza-y-el-peronismo-del-Papa-549974.note.aspx

jueves, agosto 22, 2024

Jóvenes en la Iglesia, juventud de la Iglesia por Héctor Aguer.

 


Un pensamiento vulgar asegura que la tradición está constituida por la cadena de tradiciones protagonizada por los viejos, y que los jóvenes son atraídos por las novedades, por el invento de novedosos artificios. Pero la realidad de la vida de la Iglesia y de la brecha abierta en ella, desmiente esa presunta verdad. Desde el Vaticano II, el progresismo ha reinado como imposición de la realidad eclesial; ésa sería la auténtica presencia eclesial.

El conocimiento realista de lo que ocurre, muestra que el progresismo es estéril, incapaz de una novedad que se abra al futuro. Los datos son incontrovertibles: seminarios diocesanos y noviciados religiosos vacíos, comunidades al borde del agotamiento, ilusiones todas desmentidas por una verdad innegable. Esto ocurre, especialmente, en Europa, donde se ha desconfiado de la auténtica Tradición, la que se renueva incesantemente según una ley que expresa la Voluntad del Señor, Esposo celestial de la Iglesia, que es Madre y Maestra, y por lo tanto abunda en hijos y en discípulos.

DECADENCIA Y MUERTE.
El panorama de decadencia y de muerte que es consecuencia de la arbitraria persecución de lo realmente nuevo, es alterado ahora por un fenómeno innegable, en el que reluce la Esperanza: en los viejos y desgastados rincones donde ha reinado el síndrome posconciliar, las multitudes de jóvenes descubren con alegría la Tradición de siempre y la abrazan como la realidad auténtica de una Iglesia que florece, para dar fruto en la sociedad contemporánea. Se inicia, así, un nuevo ciclo cristiano. Esto se registra, especialmente, en Estados Unidos, donde se está empezando a vivir un renacer eucarístico; que tuvo claras y alentadoras expresiones en el reciente Congreso Eucarístico Nacional, y las multitudinarias peregrinaciones previas. Se dan, también, situaciones similares, por ejemplo, en países como Argentina y España; con algunas parroquias y grupos que desbordan de jóvenes fervorosos, empeñados seriamente en buscar la gloria de Dios y la propia santidad. Y que asisten, cada vez en mayor número, a las peregrinaciones de Nuestra Señora de la Cristiandad; y otras manifestaciones públicas de la Fe, en las que se muestra un catolicismo nítido, sin temor al testimonio y al heroísmo.

EN FRANCIA.
Un caso sorprendente es el de Francia, país en el cual el oficialismo eclesiástico se hartó de perseguir al lefebvrismo; ahora los jóvenes recrean las gozosas tradiciones que tienen raíces seculares. La Misa Tradicional es muy anterior al invento de un nuevo rito, obra de un masón que se había apoderado de la presunta herencia del Vaticano II. ¿Les dice algo el nombre de Mons. Bugnini? Los jóvenes quedan deslumbrados por el latín, la lengua propia del catolicismo. El fenómeno al que he aludido impone pacíficamente su realidad: seminarios y noviciados que vuelven a la vida, familias numerosas en las que la Humanae vitae, reina con su reivindicación de la castidad evangélica; una sociedad que recupera el sentido cristiano consagrado en las encíclicas de León XIII. En suma, el futuro de la Iglesia que mira hacia la Venida del Señor, siempre presente.
Lo que he escrito sobre el gusto de los jóvenes por el latín es muy significativo. La Misa de Siempre –de la que Benedicto XVI ha dicho que nunca fue abolida-, se caracteriza por su profundidad teológica y su belleza literaria, que tienen sus raíces en el siglo VI. La teología asume el Credo de la Iglesia, y en cuanto al lenguaje, hay que pensar que no se lo recitaba sino, simplemente, se cantaba; en esto el rito latino se identifica con los variados ritos orientales. Una ventaja original es el canto gregoriano, con su ritmo libre y sus pasajes complejos y, a la vez, clarísimos, aptos para el canto coral. La tragedia es que el oficialismo eclesial lo haya abandonado para reemplazarlo por músicas guitarreras.
En la Argentina hubo hallazgos valiosos para la “Misa nueva” en castellano, como fue la colección de Salmos compuesta por el padre Osvaldo Catena. Pero, desgraciadamente, lo que se ha difundido en general carece de un valor musical apreciable.
Hablo con toda autoridad. Yo desde mi Ordenación como presbítero solo he celebrado la Misa de Pablo VI; con la mayor devoción y amor que he podido. Nunca celebré la Misa Tradicional.

JUEGOS OLIMPICOS.
El nuevo fenómeno del influjo de los jóvenes en la Iglesia Católica se ha manifestado rotundamente contra la blasfemia que alteró la inauguración de los Juegos Olímpicos. El atentado fue una parodia con travestis y “drags queens” de la “Última Cena de Jesús” con sus discípulos, escena que históricamente cultivaron los grandes pintores como Leonardo. Cómo habrá sido la escandalosa versión, que la Conferencia Episcopal Francesa, siempre tan reticente, lamentó profundamente la burla y mofa que se hizo del cristianismo, señalando que fue obra del prejuicio de algunos artistas.
Era una secuencia que llevó por título “Festividad”, en la cual el Señor y los apóstoles fueron constituidos por personajes pervertidos, “una modelo trans” y el cantante Philippe Katerine, casi desnudo, y con algunos atributos de Dionisos, el dios griego del vino y la fiesta. La izquierda política celebró el hecho, aduciendo que la ceremonia ha servido para realzar los valores de libertad, igualdad y fraternidad. En cambio, la derecha de Marine Le Pen censuró la blasfemia a la cual se unieron, también, imágenes que humillaban la gloriosa historia de Francia.
Los jóvenes en todo el mundo representaron la reacción de la Iglesia ante aquel desborde de cultura anticristiana. En la juventud que reacciona contra la burla infligida a la tradición cristiana de Europa y a la Verdad de la Fe Católica, se manifiesta la juventud de la Iglesia. En el ambiguo fenómeno del mundo digital y el desarrollo selvático de las redes, son también los jóvenes quienes expresan la presencia del cristianismo; son ellos quienes otorgan visibilidad actual a la Tradición de la Iglesia como testigos de la misma. ¿Cómo se explica este fenómeno sino en el Misterio de la Providencia y de la presencia permanente y cumplida del Señor?: “Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). En esta palabra se funda nuestra serena Esperanza. Una conclusión: la juventud de la Iglesia, don de Cristo Resucitado, es la perenne actualidad de su Tradición.

*** Héctor Aguer Arzobispo Emérito de La Plata.
Publicado en LA PRENSA.

sábado, abril 20, 2024

El martirio de Sacheri y el asesinato de Mugica.

Por Héctor Aguer.

 El próximo 22 de noviembre se cumplirán 50 años del martirio de Carlos Sacheri. Sin vacilaciones escribo “martirio” y no “asesinato”, aunque el Obispo de San Isidro no considera oportuno abrir un proceso en orden a la beatificación, apoyándose en un informe negativo firmado por el canonista Vicente Llambías. La Iglesia Argentina deberá finalmente reconocer la realidad de ese acontecimiento que la enriquece. Es preciso, en ocasión de este aniversario, difundir la figura y la obra del eximio laico.

El autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) es el autor del magnicidio, que ocurrió cuando la familia Sacheri regresaba de misa. La sangre del mártir salpicó a su esposa María Marta Cigorraga y a sus cinco hijos; José María, el mayor, tenía 14 años. Martirio se llama al testimonio de Cristo; la muerte sella la vida del testigo: sin palabras afirma que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Lo afirmó con su vida de fe y lo ratifica con su postrera entrega.

SU VIDA.comuni
Sacheri era un filósofo, formado en el país y en Canadá en la Universidad Laval, de Québec. Puede decirse que su especialidad era la presencia católica en un mundo secularizado, descristianizado. Sus fuentes eran la filosofía clásica y la obra de Santo Tomás de Aquino. Su información cultural y sociológica constituía un conocimiento amplísimo de la realidad contemporánea y sus raíces. La Doctrina Social de la Iglesia era un objeto principalísimo de sus artículos y conferencias, multiplicada en diversos ambientes, tanto el académico como una parroquia de barrio. Se puede afirmar que era el laico católico más relevante de esa generación. Su personalidad se extendía al orden político (la vida de la pólis), por encima de la pertenencia a un partido. El ERP llevó al terrorismo la cultura gramsciana. Sacheri supo advertir que el problema principal para la Iglesia era su presencia en el campo cultural, en el que se definía el futuro a través de una batalla cultural con el mundo moderno, ganado para la Revolución anticristiana.
La herencia de Sacheri se encuentra en sus dos libros: ‘El Orden natural’, y ‘La iglesia clandestina’. ‘El Orden natural’ es una obra de filosofía, expuesta con claridad y exactitud. La noción de orden (ordo) es metafísica, y desde esa altura de los primeros principios de la realidad ilumina el campo socio-político. La inspiración de la obra de Sacheri está en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. Lo mismo puede decirse del concepto de naturaleza (natura), actualmente negado o preterido. Negando la realidad de la naturaleza no se puede comprender a la persona humana; el hombre se convierte en un enigma y todo lo que pertenece a su desarrollo, su vida, su destino, el matrimonio y la familia quedan desvirtuados. Lo antinatural se convierte en natural. En esto reside la perversidad de una cultura que se impone forzando la realidad. La lectura de ‘El Orden natural’ resulta más importante hoy que en el tiempo de su edición.
‘La Iglesia clandestina’ es crítica teológica e histórica, que ilumina una época turbulenta, hoy desconocida o pretendidamente alterada por el progresismo. De la Iglesia se apoderaron en los años 60 y 70 los grupos clericales que, con soporte internacional, proponían la revolución social influenciados por la infiltración marxista. La clandestinidad queda claramente expuesta en la obra de Sacheri, con nombres y apellidos; se trata de un documento muy valioso para la historia de la Iglesia argentina. En el centro de esa historia se encuentra el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo; muchos de los sacerdotes de ese agrupamiento abandonaron el ministerio para casarse. Al mismo perteneció el padre Carlos Mugica, de cuyo asesinato se cumplirán el próximo 11 de mayo también 50 años.
Nótese que en este caso digo asesinato, y no martirio. La razón de este crimen horrendo no fue religiosa sino política. En efecto, el padre Carlos, que trabajaba en la villa de Retiro, había apoyado a los Montoneros –entre los cuales había discípulos suyos- pero cuando se produjo la separación de esta organización subversiva y el General Perón, Mugica adhirió al expresidente, por lo cual los Montoneros, que lo habían amenazado reiteradamente, lo mataron en la puerta de la parroquia San Francisco Solano, del barrio porteño de Villa Luro. Mugica estaba fuertemente politizado, en una época turbulenta en la cual se ventilaron las divisiones del peronismo. Recientemente se publicó el libro de Ceferino Reato, ‘Padre Mugica’; en él se expone la trayectoria del sacerdote y las circunstancias de su muerte, aunque no se define acerca de los autores, porque también se habló de la responsabilidad de la Triple A; el órgano paraestatal que respondía a José López Rega.
No he tenido trato con Carlos Mugica, que era trece años mayor que yo, y que llevaba cinco años de vida sacerdotal cuando yo ingresé al Seminario. Guardo sí un recuerdo conmovedor: ambos lloramos en la misa exequial del padre Julio Meinvielle. Este ilustre sacerdote fue quien me inició en el conocimiento de la obra de Santo Tomás de Aquino, y me orientó hacia la restauración de la metafísica del Doctor Angélico realizada por Cornelio Fabro. Don Julio me regaló, siendo yo aún seminarista, ‘La nozione metafisica di partecipazione’. Mugica solía visitar al padre Meinvielle, aunque difería políticamente por su adhesión al peronismo.
Es preciso valorar objetivamente la obra sacerdotal de Mugica, que se entregó al servicio de los villeros con generosidad, si bien puede discutirse si esa actividad de ayuda sobre todo social era propiamente evangelizadora. Me parece una exageración considerar al padre Carlos Mugica un modelo sacerdotal. Es importante señalar que este extraordinario sacerdote vivió el celibato y lo reivindicó públicamente. En suma, fue una personalidad simpática y a la vez compleja, por su pertenencia de origen a la oligarquía porteña; entre Recoleta y la villa transcurrió su vida. Su asesinato fue un crimen horrendo, que conmovió a sus fieles villeros, los cuales conservaron con devoción y gratitud su recuerdo.
Publicado en Diario LA PRENSA.

viernes, diciembre 29, 2023

¿Es la Argentina un país católico?. Por Mons. Héctor Águer.

 



¿Cómo es posible que no haya habido uno solo del más de centenar de miembros del Episcopado Argentino que se acercara a Javier Milei durante la campaña, o después de su elección?

Por Mons. Héctor Aguer.

La pregunta estampada en el título nos lleva a considerar los orígenes de la organización nacional.

El artículo 2 de la Constitución promulgada en 1853 se ha conservado invariable en las sucesivas reformas. En él se impone que el Gobierno Federal sostiene el Culto Católico, Apostólico, Romano. Los Constituyentes no quisieron formular los principios de un Estado Católico, pero tampoco optaron por la alternativa de un Estado laico o ateo.

La expresión sostiene ha dado lugar a numerosas interpretaciones y a un debate entre especialistas del Derecho y enemigos de la cláusula adoptada en 1853. Por entonces se tenía claro qué significa Estado Católico; la historia ofrecía abundantes ejemplos. En aquella segunda mitad del siglo XIX, el Papa León XIII había actualizado la tradición secular, especialmente en sus encíclicas Diuturnum illud munus e Inmortale Dei opus. Los adversarios de la Iglesia y de su postura eran el liberalismo y el socialismo. Entre nosotros, esas posiciones estaban corporizadas en la masonería. El citado Pontífice propuso los fundamentos de la doctrina social católica en un texto que se haría famoso, la encíclica Rerum novarum.

Los Constituyentes argentinos tuvieron en cuenta la realidad de la sociedad argentina y no optaron por la alternativa de un Estado laico o ateo, según la evolución de las ideas de la Revolución Francesa. El sostiene del artículo 2 de la Constitución Nacional no se reduce al presupuesto de culto, sino que implica un reconocimiento del carácter público de la religión católica, la apoya y la fomenta. La opinión al respecto de Juan Bautista Alberdi causa una cierta perplejidad.

El autor de las Bases que inspiraron la Constitución pensaba que un Estado no puede sostener un culto que no sea el propio suyo. Si no entiendo mal, esa expresión equivale de algún modo a la idea del Estado Católico. La religión católica es el culto propio del Estado Argentino. De tal manera se reconoce la realidad social y cultural de un país en el cual la mayoría de los habitantes está bautizado en la Iglesia Católica. Los inmigrantes españoles y sobre todo los italianos robustecieron esa realidad. Es verdad que en las décadas finales del siglo XIX la acción de la masonería (el enemigo secular de la Iglesia) tuvo una enorme influencia en los gobiernos de la época, algunos de los cuales fueron de obediencia masónica; la Iglesia quedó prácticamente recluida en los templos, sin un influjo real sobre la cultura. Sin embargo, en varias Provincias del interior la fe y la vida cristiana tuvieron amplio desarrollo y presencia.

Para responder a la pregunta que se formula en el título de este artículo, hay que juzgar sobre el estado de la sociedad y la vida religiosa del pueblo.

¿Es la Argentina un país católico? El Padre Leonardo Castellani respondía: “sí, es católico mistongo”. Esta expresión tanguera y lunfardesca significa poco serio. El gran pensador y escritor eximio acertó con aguda perspicacia. La condición que afecta al catolicismo argentino explica de algún modo los vaivenes históricos.

Me permito añadir una característica de esa condición. Tradicionalmente, los católicos argentinos no van a misa. El nuestro es un país sin Eucaristía. El análisis que hoy día podría hacer un estudioso de la historia religiosa argentina, puede reconocer dos momentos de apogeo protagonizado por laicos.

 En los años 80 del siglo XIX, un grupo de católicos de vida pública, con cargos políticos –diputados, especialmente- luchó contra la masonería en los campos de la cultura y la educación: José Manuel Estrada, Pedro Goyena, a los que se sumaron Achával Rodríguez Pizarro y algunos más defendieron la tradición nacional adoptando una postura católica. que recibía el influjo del liberalismo cristiano de Charles de Montalembert. Fueron laicos, anticipando en su experiencia lo que sería la vocación laical según el Concilio Vaticano II, ochenta años más tarde. Obispos había muy pocos y no tuvieron una participación directa en los acontecimientos.

El segundo momento fue el fenómeno de los Cursos de Cultura Católica, entre 1920 y 1945. Es interesante señalar que se acercaron a ellos intelectuales y artistas que no tenían ninguna pertenencia a la obra y presencia eclesial. En los Cursos se formó toda una generación. Unos pocos sacerdotes acompañaron a este otro movimiento laical.

Quemando etapas, aplico el mismo interrogante a la actualidad, y me fijo como objeto la toma de posesión del Presidente recién elegido, Javier Milei. El cual es exalumno de un colegio católico, en el que, por hipótesis, debe haber recibido siquiera información sobre la doctrina católica. Salta a la vista que no vive como católico, y llama la atención su simpatía por el judaísmo. Inclusive, alguna vez ha mencionado su deseo de convertirse al judaísmo. Mirando su caso superficialmente, notamos que no se hace correctamente la señal de la Cruz, y que al entrar a la Catedral de Buenos Aires esbozó una genuflexión mediante una “agachadita”. Deben ser restos de su paso por el Colegio Cardenal Copello, de Buenos Aires.

A medias, el inicio del período presidencial respetó la dimensión religiosa de la jornada con un acto en la Catedral. Pero no fue el tradicional Tedéum, sino una especie de conferencia interreligiosa, con la participación del judaísmo, de la ortodoxia griega, de la confesión islámica y del evangelismo. La impresión que causó la ceremonia –si vale este nombre cuando no hubo oración- es que la Argentina ya no es un país católico, ni siquiera mistongo. Es verdad que el arzobispo de Buenos Aires ejerció la presidencia y leyó un pasaje del Evangelio. Era el final del capítulo 7 de San Mateo, la comparación entre la casa edificada sobre roca –invulnerable a todas las tormentas- y la levantada sobre arena movediza y por tanto frágil. El comentario del Arzobispo Primado valoró los cimientos que nos permitieron conservar la casa a pesar de todas las peripecias vividas. Es preciso fortalecer los cimientos: fraternidad, libertad y memoria. Invocamos –dijo- al Espíritu Santo para que nos ayude a fraguar los cimientos y así construir nuestra casa, la Argentina. Olvidé citar la confesión anglicana, que estuvo representada por un arzobispo.

Me llamó la atención cómo el Presidente siguió emocionado la intervención del rabino Shimon Axel Wahnish, con el cual se estrechó largamente en un abrazo.

Se explica, porque éste es para él un padre espiritual. A propósito, éste es el lugar para preguntarse: ¿cómo es posible que no haya habido uno solo del más de centenar de miembros del Episcopado Argentino que se acercara a Javier Milei durante la campaña, o después de su elección? La Iglesia, oficialmente, lo ignoró.

La responsabilidad de esa omisión recae sobre la dirigencia de la Conferencia Episcopal. Es evidente que los ejecutivos del Episcopado esperaban el triunfo de Massa. ¡Siempre fuera de foco! Recuerdo, en cambio, la perspicacia de dos Cardenales Primados en su comprensión del papel político que le corresponde al cargo: Antonio Caggiano, durante muchos años Obispo de Rosario, y luego de Buenos Aires, y Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires.

A pesar de los cambios registrados en la religiosidad de la sociedad, aquellos dos no dudaron del carácter religioso como identidad nacional. Siendo obispo auxiliar de Quarracino, lo acompañé en los Tedéum de las fiestas patrias. Su Eminencia presidía la celebración revestido de capa pluvial y llevando mitra y báculo. Las autoridades y otros invitados especiales asistían con respeto. Era impensable un 25 de Mayo o un 9 de Julio sin Tedéum. Se manifestaba claramente que los gobernantes estaban convencidos de esa realidad histórica: la Argentina es un país católico. Oficialmente, la Iglesia acompañaba al orden político, aunque los gobiernos fueran de distinto origen partidario. Así fue desde siempre. Herencia de las raíces en España que respetaron nuestros próceres.

Debo apuntar aquí el influjo del Concilio Vaticano II, y la transformación de la sociedad avalada por el progresismo contra el orden tradicional. En los últimos 50 años ha decaído notablemente la práctica religiosa, se multiplicaron los grupos evangélicos y pentecostales, el desbarajuste litúrgico fue total, la Iglesia estuvo ausente de los centros donde se gestaban las vigencias culturales; a pesar de las inquietudes religiosas de muchos jóvenes, hay que decir que la evangelización católica de la sociedad ha fracasado.

Concluyo este informe retomando el significado de la simpatía del nuevo Presidente por el judaísmo. Asistió a una celebración tradicional de la comunidad judía, la fiesta de Janucá, que se realizó en una plaza del barrio de Palermo, en Buenos Aires. Se trata de una festividad de la luz; luciendo una kipá, como corresponde ritualmente, encendió una vela en el candelabro de nueve brazos. Señaló, desde el escenario, que “la principal lección es que la luz se impone sobre la oscuridad; después de tantos años va a salir la luz y eso va a ser una revolución moral porque la vamos a hacer sobre los valores”. Acompañaron a Milei varios funcionarios. El Presidente no nombró a Dios, sino que invocó a “las fuerzas del Cielo”, que según aseguró “van a apoyar a la Argentina y a Israel”. Su participación fue más activa que en el acto interreligioso de la Catedral.

Retomo lo que ya he mencionado, la indiferencia de los obispos, entretenidos en sus divagaciones estratosféricas. Ni uno solo se acercó al Presidente, como era su deber; esto constituye una verdadera vergüenza, que no debe ser olvidada.

 + Héctor Aguer Arzobispo Emérito de La Plata.

 Buenos Aires, martes 19 de diciembre de 2023. 

https://adoracionyliberacion.com/2023/12/26/es-la-argentina-un-pais-catolico-por-mons-hector-aguer/