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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, diciembre 30, 2024

Carlos Alberto Sacheri, apóstol de Cristo Rey.

La placa en homenaje a Carlos Sacheri fue colocada en el lugar donde fue asesinado el 22 de diciembre de 1974.

El pasado 22 de diciembre, a las puertas de la Navidad, se homenajeó a Carlos Alberto Sacheri a 50 años de su muerte martirial en el Municipio de San Isidro (Provincia de Buenos Aires). Se instaló un monolito con una placa en Avenida del Libertador 16860, lugar en donde fue asesinado un 22 de diciembre de 1974 por un integrante del grupo subversivo ERP-22 de agosto.

Sacheri volvía en automóvil a su casa junto con su esposa y sus numerosos hijos. En el acto de homenaje, dirigieron unas palabras Ramón Lanús, intendente de San Isidro, Cecilia, una de las hijas de Sacheri en representación de la familia, y bendijo el monumento el P. Francisco Morad quien, cuando joven, fue cercano a Sacheri en empresas apostólicas en común.

La placa tiene la siguiente inscripción: “Aquí vivió y fue asesinado CARLOS ALBERTO SACHERI. Ofrendó su vida por Dios y por la Patria, defendiendo el Bien, la Verdad y la Belleza. 1974 – 22 de diciembre – 2024”.

La vida de Carlos A. Sacheri fue una oblación. Él supo, interiormente, preparar su vida para ofrecerla en servicio de Dios y de la Patria. En primer lugar, la ofreció a Dios porque contaba con el sentido sobrenatural propio del Catolicismo. En segundo lugar, lo hizo a su Patria, la Argentina, la cual anhelaba que fuera católica, es decir, estuviera consagrada a Cristo Rey.

Por este motivo, defendió y, sobre todo, promocionó la Realeza Social de Cristo. Predicó, con su vida y con su palabra, la Verdad de Cristo Rey. La verdad de su naturaleza sobrenatural cuyo dominio, además de alcanzar las realidades celestiales, también abarca las realidades terrenas, y no solamente a los individuos y a las familias, sino también y, en algún sentido, sobre todo, a las comunidades políticas.

Predicó, con su vida y con su palabra, el Bien de Cristo Rey. La Realeza Social de Cristo es la finalidad objetiva de la Doctrina Social de la Iglesia, la cual Carlos A. Sacheri, no solamente estudió, sino que también enseñó y difundió de modo incasable. Su joyita El orden natural y otros artículos sobre “materia social” son otros tantos ejemplos de su legítimo afán por restablecer la sociedad –en particular la argentina– de acuerdo al derecho natural y cristiano.

Por último, Sacheri predicó, con su vida y con su palabra, la Belleza de Cristo Rey. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta que, además de ser íntegra o proporcionada, la belleza es iluminadora.

La doctrina de fe de la Realeza de Cristo, efectivamente, devela, por una parte, el origen de los problemas sociales (las conocidas “cuestiones sociales”) pero, principalmente, ofrece las claves para realizar una auténtica reforma social conforme a los principios sobrenaturales y naturales.

El aniversario de los 50 años de la muerte martirial de Carlos Alberto Sacheri debe ser, por todo lo dicho, una ocasión para renovar la esperanza –la auténtica, la sobrenatural, la que nuestro querido homenajeado supo enseñar– en una renovación social del mundo en Cristo –nada más lejos del pensamiento de Sacheri que el “camino revolucionario” – y, en particular, en el restablecimiento de la Argentina, su querido país, en Cristo. El panorama, humanamente, desalienta. Pero una mirada de fe muestra, al final de la historia, la victoria de la Verdad, del Bien y de la Belleza de Cristo Rey.

Por Germán Masserdotti.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Carlos-Alberto-Sacheri-apostol-de-Cristo-Rey-554423.note.aspx


viernes, noviembre 29, 2024

Carlos Sacheri, mártir por Héctor Aguer.

 

El próximo 22 de diciembre se cumplirán 50 años de la muerte martirial de Carlos Alberto Sacheri, asediado por un comando del grupo terrorista ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), cuando volvía de misa con su familia. No vacilo en reconocer que su muerte fue un martirio, fruto de su caridad. En la historia de la Iglesia se inscribe una historia del martirio. Lo que hace que un martirio sea tal no es el sufrimiento que se impone al mártir, sino la caridad que lo impulsa a abrazar la Cruz. La caridad, subrayo, la agape del Nuevo Testamento. El mártir, con fortaleza cristiana, se entrega a la muerte.

Sacheri sabía que se aproximaba su hora, aunque de hecho el ataque fue sorpresivo. El 28 de octubre anterior había muerto, también martirialmente, en manos del ERP, el filósofo Jordán Bruno Genta, un maestro del nacionalismo católico, cuando salía de su casa para ir a Misa en una parroquia cercana. Carlos comprendió que el próximo era él, pensador y patriota católico, en un país acosado por el terrorismo marxista, dispuesto a convertir a la Argentina en otra Cuba.

SERVIDOR DE LA IGLESIA.

La caridad de Sacheri se ejercitó en sus numerosas conferencias, tanto ante públicos cultos y universitarios, cuanto en ámbitos populares. No se negaba a hablar a un pequeño grupo parroquial si se lo solicitaba; era un fiel servidor de la Iglesia. Su inspiración tomista respondía al estudio del doctor Angélico, como discípulo que fue del padre Julio Meinvielle, maestro de generaciones de jóvenes discípulos. Esa inclinación filosófica la cultivó, también, en la Universidad Laval, de Quebec, Canadá, donde frecuentó a otro maestro, Charles de Koninck, quien salió al cruce del humanismo personalista de Jacques Maritain, oponiéndole la primacía del bien común. Sacheri robusteció este criterio en el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, desarrollada en las encíclicas pontificias.

La obra escrita de Sacheri incluye numerosos artículos y dos libros importantes, ‘El orden natural’ y ‘La Iglesia clandestina’. En el primero confluyen la filosofía tomista y la inspiración jurídica, junto a la Doctrina Social de la Iglesia. Para Santo Tomás Ordo equivale a Veritas; el Orden y la Verdad constituyen el sentido de la realidad. La obra conserva máxima actualidad, cuando el pensamiento constructivista elude o se opone al concepto metafísico de naturaleza.

‘La Iglesia clandestina’ enfoca los orígenes del tercermundismo eclesiástico de los años sesenta y setenta, basado en una interpretación progresista del Concilio Vaticano II. Es interesante señalar una reacción del Papa Pablo VI que dijo: “Nosotros esperábamos una floreciente primavera y sobrevino un crudo invierno”. La obra de Sacheri muestra la funesta actividad del autoproclamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer mundo, que se inspiró en buena medida por los documentos de Medellín, obra de una asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano. No omite dar nombres: de los protagonistas locales y de los contactos europeos, actualización del diálogo católico – marxista, y de la confusión resultante sobre la enseñanza social del catolicismo. Esta obra no puede ser bien vista por un episcopado situado en el “extremismo de centro”, que detesta a las “derechas” y guiña sonriente hacia la izquierda.

El martirio debe ser reconocido por la Iglesia en un proceso de beatificación. Eso es lo que se ha solicitado al obispo de San Isidro, quien no ha considerado oportuno instruir el consiguiente proceso. En su momento, he criticado el dictamen del canonista Vicente Llambías, que manifestó una opinión contraria. Es oportuno ahora instar nuevamente, para que se interrogue a los testigos vivos, de modo que el eventual proceso no se convierta en una causa histórica, lo que sería más complicado.

El quincuagésimo aniversario de la muerte martirial de Sacheri, compromete a difundir su personalidad y su pensamiento, especialmente entre los jóvenes, que se verán enriquecidos con el ejemplo de caridad que impregna la actividad eclesial y patriótica. Habría que emprender una edición completa de sus obras: los dos libros, artículos no recogidos en ellos, y también una traducción de su tesis doctoral, escrita en francés, sobre ‘La existencia y la naturaleza de la deliberación’.

La difusión del pensamiento de Sacheri debería inspirar publicaciones sobre su trayectoria. Existe un texto importante (900 páginas) de Héctor H. Hernández: ‘Sacheri. Predicar y morir por la Argentina’.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Carlos-Sacheri-martir-553246.note.aspx

lunes, noviembre 04, 2024

Carlos Alberto Sacheri y el espíritu de concertación. Por Germán Masserdotti.

 

Carlos Alberto Sacheri y el espíritu de concertación.

Por Germán Masserdotti.

El próximo 22 de diciembre se cumplirán 50 años de la muerte martirial de Carlos Alberto Sacheri. Muchas son las lecciones que nos deja una vida como la suya, tanto en lo que se refiere a la vida de la Patria como de la Iglesia.

Buen escritor y, según quienes lo conocieron, mejor orador, Sacheri, fuera de algún trabajo mayor como su tesis doctoral, publicó artículos, reseñas, transcripciones de sus conferencias, etcétera. Sus alumnos recuerdan que su palabra resultaba cautivadora.

Además de ser un teórico, fue hombre de acción, pero de una acción inteligente y, todavía mejor, concertada. Esta última característica de su labor apostólica y patriótica es muy importante recordarla en nuestros días. En este sentido, hay un texto suyo que, dicho y escrito hace tantos años, sin embargo reviste creciente actualidad. En él se revela el mejor espíritu sacheriano, humilde y magnánimo a la vez, cercano a la efectiva primacía del bien común y alejado de toda forma de egocentrismo.

Un texto que muestra, a su vez, el realismo cristiano encarnado en su persona, que sabe de la primacía de la gracia y de la propia condición pecadora de la que, por otra parte, no hay que desesperar.

El texto dice así: “Todos tendemos en nuestra actividad personal a creer que lo nuestro es lo más importante de todo. Ésa es una obra del amor propio, no una obra de santidad; es una tentación muy humana, lo sabemos bien, pero es el barro de lo humano. Nosotros tenemos que tender por una ascesis personal a superar ese espíritu de clan. Es el único modo de estar permanentemente abierto en una actitud de caridad al servicio de los demás”.

EL ESPÍRITU DE CLAN.

El texto exigiría una extensa glosa por las implicancias que tienes sus afirmaciones articuladas entre sí. Rescato una idea principal que brota de una mirada serena y que tiene alcances bien prácticos: “Nosotros tenemos que tender por una ascesis personal a superar ese espíritu de clan”. Aquí hay una clave: el espíritu de clan es una de las cosas más perniciosas que puede haber para la concertación o complementariedad de las obras, otra expresión querida por Sacheri.

El espíritu de clan ataca, de raíz, al núcleo de la acción inteligentemente organizada: la comunión -común unión- en la búsqueda del bien común. El espíritu de clan ve imitadores donde hay aliados por la misma causa. El espíritu de clan ve competidores donde hay compañeros de ruta en pos del mismo fin. El espíritu de clan, podría agregarse, no puede alegrarse del bien que hacen otros no obstante no hacerlo uno mismo.

El espíritu de clan, finalmente, es lo más contrario al restablecimiento del orden social según el orden natural y cristiano.

Dios nos libre de fomentar el espíritu de clan en nuestro corazón y en nuestra acción. Como bien apunta Carlos Alberto Sacheri, se requiere ascesis personal para no caer en él.

Se trata de una ascesis personal que no resulta incompatible con cultivar los propios talentos sabiendo que hacerlo así es una de las mejores maneras de aportar al bien común. De lo que se trata es de salir de uno mismo –o del clan al que uno pertenece– para ver bien y actuar mejor.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Carlos-Alberto-Sacheri-y-el-espiritu-de-concertacion-552329.note.aspx

sábado, abril 20, 2024

El martirio de Sacheri y el asesinato de Mugica.

Por Héctor Aguer.

 El próximo 22 de noviembre se cumplirán 50 años del martirio de Carlos Sacheri. Sin vacilaciones escribo “martirio” y no “asesinato”, aunque el Obispo de San Isidro no considera oportuno abrir un proceso en orden a la beatificación, apoyándose en un informe negativo firmado por el canonista Vicente Llambías. La Iglesia Argentina deberá finalmente reconocer la realidad de ese acontecimiento que la enriquece. Es preciso, en ocasión de este aniversario, difundir la figura y la obra del eximio laico.

El autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) es el autor del magnicidio, que ocurrió cuando la familia Sacheri regresaba de misa. La sangre del mártir salpicó a su esposa María Marta Cigorraga y a sus cinco hijos; José María, el mayor, tenía 14 años. Martirio se llama al testimonio de Cristo; la muerte sella la vida del testigo: sin palabras afirma que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Lo afirmó con su vida de fe y lo ratifica con su postrera entrega.

SU VIDA.comuni
Sacheri era un filósofo, formado en el país y en Canadá en la Universidad Laval, de Québec. Puede decirse que su especialidad era la presencia católica en un mundo secularizado, descristianizado. Sus fuentes eran la filosofía clásica y la obra de Santo Tomás de Aquino. Su información cultural y sociológica constituía un conocimiento amplísimo de la realidad contemporánea y sus raíces. La Doctrina Social de la Iglesia era un objeto principalísimo de sus artículos y conferencias, multiplicada en diversos ambientes, tanto el académico como una parroquia de barrio. Se puede afirmar que era el laico católico más relevante de esa generación. Su personalidad se extendía al orden político (la vida de la pólis), por encima de la pertenencia a un partido. El ERP llevó al terrorismo la cultura gramsciana. Sacheri supo advertir que el problema principal para la Iglesia era su presencia en el campo cultural, en el que se definía el futuro a través de una batalla cultural con el mundo moderno, ganado para la Revolución anticristiana.
La herencia de Sacheri se encuentra en sus dos libros: ‘El Orden natural’, y ‘La iglesia clandestina’. ‘El Orden natural’ es una obra de filosofía, expuesta con claridad y exactitud. La noción de orden (ordo) es metafísica, y desde esa altura de los primeros principios de la realidad ilumina el campo socio-político. La inspiración de la obra de Sacheri está en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. Lo mismo puede decirse del concepto de naturaleza (natura), actualmente negado o preterido. Negando la realidad de la naturaleza no se puede comprender a la persona humana; el hombre se convierte en un enigma y todo lo que pertenece a su desarrollo, su vida, su destino, el matrimonio y la familia quedan desvirtuados. Lo antinatural se convierte en natural. En esto reside la perversidad de una cultura que se impone forzando la realidad. La lectura de ‘El Orden natural’ resulta más importante hoy que en el tiempo de su edición.
‘La Iglesia clandestina’ es crítica teológica e histórica, que ilumina una época turbulenta, hoy desconocida o pretendidamente alterada por el progresismo. De la Iglesia se apoderaron en los años 60 y 70 los grupos clericales que, con soporte internacional, proponían la revolución social influenciados por la infiltración marxista. La clandestinidad queda claramente expuesta en la obra de Sacheri, con nombres y apellidos; se trata de un documento muy valioso para la historia de la Iglesia argentina. En el centro de esa historia se encuentra el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo; muchos de los sacerdotes de ese agrupamiento abandonaron el ministerio para casarse. Al mismo perteneció el padre Carlos Mugica, de cuyo asesinato se cumplirán el próximo 11 de mayo también 50 años.
Nótese que en este caso digo asesinato, y no martirio. La razón de este crimen horrendo no fue religiosa sino política. En efecto, el padre Carlos, que trabajaba en la villa de Retiro, había apoyado a los Montoneros –entre los cuales había discípulos suyos- pero cuando se produjo la separación de esta organización subversiva y el General Perón, Mugica adhirió al expresidente, por lo cual los Montoneros, que lo habían amenazado reiteradamente, lo mataron en la puerta de la parroquia San Francisco Solano, del barrio porteño de Villa Luro. Mugica estaba fuertemente politizado, en una época turbulenta en la cual se ventilaron las divisiones del peronismo. Recientemente se publicó el libro de Ceferino Reato, ‘Padre Mugica’; en él se expone la trayectoria del sacerdote y las circunstancias de su muerte, aunque no se define acerca de los autores, porque también se habló de la responsabilidad de la Triple A; el órgano paraestatal que respondía a José López Rega.
No he tenido trato con Carlos Mugica, que era trece años mayor que yo, y que llevaba cinco años de vida sacerdotal cuando yo ingresé al Seminario. Guardo sí un recuerdo conmovedor: ambos lloramos en la misa exequial del padre Julio Meinvielle. Este ilustre sacerdote fue quien me inició en el conocimiento de la obra de Santo Tomás de Aquino, y me orientó hacia la restauración de la metafísica del Doctor Angélico realizada por Cornelio Fabro. Don Julio me regaló, siendo yo aún seminarista, ‘La nozione metafisica di partecipazione’. Mugica solía visitar al padre Meinvielle, aunque difería políticamente por su adhesión al peronismo.
Es preciso valorar objetivamente la obra sacerdotal de Mugica, que se entregó al servicio de los villeros con generosidad, si bien puede discutirse si esa actividad de ayuda sobre todo social era propiamente evangelizadora. Me parece una exageración considerar al padre Carlos Mugica un modelo sacerdotal. Es importante señalar que este extraordinario sacerdote vivió el celibato y lo reivindicó públicamente. En suma, fue una personalidad simpática y a la vez compleja, por su pertenencia de origen a la oligarquía porteña; entre Recoleta y la villa transcurrió su vida. Su asesinato fue un crimen horrendo, que conmovió a sus fieles villeros, los cuales conservaron con devoción y gratitud su recuerdo.
Publicado en Diario LA PRENSA.

miércoles, enero 03, 2024

Política poblacional y subsidiariedad por Germán Masserdotti.

El empresario belga Jules Steverlynck (derecha) desarrolló sus emprendimientos económicos
inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia.
Política poblacional y subsidiariedad.
Por Germán Masserdotti.

En ‘Política poblacional argentina’ (La Prensa, 09/12/2023) señalé que, para “salir del pantano”, una primera pista para desarrollar era “explicar que el crecimiento poblacional en nuestro país es una solución y no un problema y que se trata de una excelente oportunidad para que, tanto el Estado como los cuerpos sociales intermedios, colaboren en el bienestar integral de los argentinos y de quienes quieran habitar nuestro suelo”.

Teniendo presente que la primera obligación del Estado es velar por el bien común, esta tarea de efectivizar una política poblacional argentina que implique crecimiento y desarrollo económicos como “base material” para establecer un clima cultural adecuado, reclama una acción concertada. Los agentes de esta obra común no pueden actuar aisladamente. Aquí es donde se ve la importancia de la subsidiariedad como uno de los principios de la vida social, junto con el bien común y la solidaridad.

SUBSIDIARIEDAD.

Como comenta Carlos A. Sacheri en “El orden natural” al explicar este principio, con la palabra subsidiariedad se significa “la acción que realiza alguien en ayuda, auxilio, de otro, para suplir o completar aquello que éste no puede hacer por sí solo”. Ejemplifica la idea con el caso del Estado que subsidia tal o cual actividad otorgando fondos especiales para la ejecución de determinadas tareas (asistenciales, etc.) o para complementar la rentabilidad de ciertos bienes. El principio de subsidiariedad, entonces, podría formularse de esta manera: toda actividad social es, por esencia, subsidiaria, debiendo servir de apoyo a los miembros de la sociedad, sin jamás absorverlos ni destruirlos.

Dicho esto, es fácil advertir que, en lo que se refiere a la “puesta en práctica” de una inteligente y realista política poblacional argentina, las obligaciones correspondientes se explican de acuerdo al rol social en que cada cual está ubicado. El Estado, es decir, la autoridad política, desde una mirada arquitectónica debe legislar a fin de favorecer el crecimiento y, no menos importante, la razonable distribución poblacional.

VIDA ECONOMICA.

Por su parte, los sectores sociales vinculados a la vida económica -la producción, la comercialización, el mundo financiero, con el correlato del trabajo asociado a estas diversas actividades-, en simultáneo con la búsqueda del beneficio mínimo, tiene la responsabilidad de desarrollar su actividad sin perder de vista que, gracias a las condiciones sociales brindadas, se pueden hacer buenos negocios. Como observan Enrique Shaw y Carlos Domínguez Casanueva en “La empresa, su naturaleza, sus objetivos y el desarrollo económico”, lo que corresponde preguntar es “¿cuál es el beneficio mínimo que necesita una auténtica empresa? y no “¿cuál es el máximo que se puede ganar?”.

Un ejemplo concreto que ejemplifica la idea central de esta columna es el de Villa Flandria. Allí, al abrigo de la legislación vigente en la República Argentina, Jules Steverlynck (nacido el 4 de octubre de 1895 en Courtrai, Bélgica y fallecido el 28-11-1975 en Luján, provincia de Buenos Aires) desarrolló sus emprendimientos económicos inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia. Como destaca el portal de Acde, Steverlynck fue “el primer empresario en Argentina en introducir los avances que se daban en Europa en el área de la seguridad social otorgando a sus empleados vacaciones pagas, aguinaldo y premios por producción, además de desarrollar la zona donde estaba localizada la empresa, construyendo barrios, un centro de salud y clubes. La visión de Don Julio era desarrollar una comunidad en donde los valores católicos de reforma social podrían convertirse en realidad. El crecimiento, la prosperidad y la armonía de la que gozaban los habitantes de la ciudad no era más que el resultado de las iniciativas sociales implementadas por la Algodonera Flandria: préstamos sin intereses, beneficios para la adquisición de materiales de construcción así los trabajadores podían construir sus propias casas, los salarios más altos de la industria, jornadas laborales de 8 horas (10 años antes de que se estableciera por ley), licencia por matrimonio y maternidad entre otras. Algodonera Flandria también se hizo cargo de todas las necesidades básicas de los habitantes de Villa Flandria, como la electricidad, salud, calles y mantenimiento e incluso entretenimiento. La filosofía de una vida sana y equilibrada para todos que sostenía Don Julio se ve plasmada en los establecimientos sociales e instituciones deportivas que permanecen funcionales hasta el día de hoy. Como por ejemplo el club de remo ‘El Timón’, la pista de ciclismo, la banda musical ‘Rerum Novarum’ y el club de futbol ‘Flandria’”.

Resultado de la piedad del matrimonio Steverlynck, se construyeron “tres iglesias en el área, las cuales fueron el centro de muchas actividades sociales de Villa Flandria. La principal, es la actual parroquia San Luis Gonzaga inaugurada en 1932”.

¿Por qué no pensar en algo similar a la Villa Flandria de don Jules Sterverlynck pero en el siglo XXI que ayude a “descomprimir” el Amba y cree polos atractivos en el resto del país, incluida la misma Provincia de Buenos Aires, que es la primera que sufre al Conurbano bonaerense?

 Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Politica-poblacional-y-subsidiariedad-539476.note.aspx

lunes, agosto 28, 2023

Carlos Alberto Sacheri. Un mártir de Cristo Rey.

 

La democracia según Carlos Alberto Sacheri.

Por Germán Masserdotti.

Los resultados de las PASO han instalado, por uno o varios motivos, el “tema político” en las conversaciones de los argentinos con más intensidad que en “la previa”. Los números representan votos concretos, no meras proyecciones de las encuestadoras que, una vez más, la pifiaron.
Conviene, sin perder de vista la pasión política, tomarse un rato para reflexionar. Es hora, entonces, de hablar de la democracia. Lo haré de la mano de Carlos Alberto Sacheri en El orden natural (Vórtice, Buenos Aires, 2007). Sacheri se pregunta si es posible una democracia sana –en contraste con la surgida del mito democratista liberal–. Su respuesta es la que sigue: sí a condición de que se trate de una concepción no ideológica. “La democracia no ha de ser definida como gobierno de todo el pueblo –cosa utópica–, sino como régimen en el cual el pueblo organizado tiene una participación moderada e indirecta en la gestión de los asuntos públicos”.
Para que una democracia de tal índole tenga lugar “han de respetarse los siguientes requisitos:
1) Como toda forma de gobierno, la democracia moderada tiene por fin supremo el bien común nacional y no la libertad ni la igualdad.
2) No es ni la mejor ni la única forma legítima de gobierno, pero puede ser más aconsejable en ciertos países, según las circunstancias.
3) Para existir debe contar con un pueblo orgánico y no una masa atomizada e indiferenciada; ello supone el respeto y estimulo de los grupos intermedios según los principios de subsidiaridad y solidaridad.
4) De ningún modo es el pueblo el soberano, sino quien ejerce la autoridad, derivada de Dios como de su fuente suprema. La autoridad ha de ser fuerte, al servicio del cuerpo social y respetuosa del orden natural y no un mero mandatario o delegado de la multitud.
5) La democracia ha de basarse en el respeto de la ley moral y religiosa, que han de reflejarse en la legislación positiva. El orden natural es la fuente de toda ley humana justa.
6) La participación popular ha de ser moderada e indirecta para que haya democracia orgánica. Moderada por cuanto no puede basarse en el sufragio universal igualitario del liberalismo (que es injusto, incompetente y corruptor), sino en una elección según niveles de competencia reales en el elector y el elegido. Indirecta, por cuanto el pueblo puede determinar quiénes han de ejercer el poder pero no gobernar por sí mismo.
7) Ha de evitarse el absolutismo de Estado actual, que erige a éste en fin, mediante la representación orgánica de los grupos intermedios políticos, económicos y culturales.
8) Ha de contar con una verdadera élite gobernante que se destaque por sus virtudes intelectuales y morales. Tales son las exigencias básicas de una democracia sana para el mundo de hoy”.

DEMOCRACIA: ¿SI O NO?
Dicho esto, agrego de mi parte dos comentarios. El primero. Supuesta la conveniencia del régimen democrático –según los requisitos anteriores que suponen una concepción realista de la democracia– y que ningún sistema es perfecto, la alternativa no se plantea en estos términos: ¿democracia, sí o no? Se trata de un problema resuelto: democracia sí. La cuestión es qué tipo de democracia se adopta para dar cumplimiento a la forma republicana de gobierno. Luego de 40 años de democracia, por experiencia puede concluirse que la “democracia de masas” no ha funcionado en el caso argentino. Esta democracia de masas, debe decirse, fue reforzada en la reforma constitucional de 1994 cuando se estableció la elección directa del presidente y el vicepresidente de la Nación. Tema aparte sería ocuparse del lugar de los partidos políticos según la misma reforma. Nuestro país conoció otra modalidad de democracia de acuerdo a la Constitución Nacional Argentina. Basta volver sobre la historia nacional para advertir la existencia de una democracia moderada y más realista que la de masas.
El segundo. La relación entre el fin y los medios es de sentido común: los últimos se ordenan al primero. En concreto: el bien común político es el fin al que se ordenan, entre otras cosas, los regímenes políticos, incluida la democracia. Su “calidad institucional” se define por su adecuación -o inadecuación- con el bien común nacional. Después de 40 años de “democracia de masas” en la Argentina, resulta fácil concluir que -cada cual haga su mea culpa- ella se ha convertido en un parásito que fagocita a la República (cf. CNA, art. 1). Hasta en su nombre oficial, la Argentina es una República. ¿Correremos el riesgo de que deje de existir la República?

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/La-democracia-segun-Carlos-Alberto-Sacheri-534040.note.aspx

domingo, julio 30, 2023

A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE UN SACERDOTE QUE LUCHÓ CONTRA LA DERIVA DE LA IGLESIA.

 

A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE UN SACERDOTE QUE LUCHÓ CONTRA LA DERIVA DE LA IGLESIA.

Meinvielle, profeta incomprendido.

Escritor prolífico y contrarrevolucionario, tenaz adversario del tercermundismo, fue perseguido, encarcelado y amenazado de muerte. Hoy sufre también el desprecio de la jerarquía eclesiástica, alineada ya con sus acusadores.

Por Agustín DE BEITIA.

En una mañana plomiza y fría, una gran cantidad de fieles, muchos con el corazón partido, según dirían años más tarde, se congregaron el viernes 3 de agosto de 1973 en la iglesia de Nuestra Señora de la Salud, en el barrio porteño de Versalles, para asistir a una misa de cuerpo presente por el sacerdote Julio Meinvielle.

Nada menos que doce sacerdotes concurrieron a la misa exequial, que fue presidida por el arzobispo Juan Carlos Aramburu en un templo abarrotado, el mismo que había sido erigido cuatro décadas antes, sobre las bases de un pequeño oratorio, solo por el tesón del propio Meinvielle (1905-1973).

El sacerdote había sido, en las décadas del 30 y el 40, un querido párroco del lugar y los fieles no lo olvidaban. Eso explicaba la gran concurrencia de aquella jornada, tanto más inusual por ser un día laboral.

El “padre Julio”, como aún muchos lo llaman allí, había aportado su impronta y en parte también su actual fisonomía al barrio. No solo había construido la iglesia sino también el Ateneo Popular de Versalles, un par de plazas y hasta el mercado barrial. Entendía que era esta una forma concreta de ayudar a construir la civilización cristiana, en escala local.

Meinvielle desarrolló esa misión pastoral con el mismo fervor con que se volcó a una intensa actividad intelectual que lo llevó a estar en el centro de las discusiones de ese tiempo.

Apologista, teólogo, filósofo, consagró su vida a denunciar la revolución moderna de los enemigos de la Iglesia contra el orden cristiano.

Era un integrista, en una época en que el integrismo era todavía un ideal, y no un complejo, para la mayor parte del Episcopado argentino. Un contrarrevolucionario, en un tiempo de creciente convulsión. Escritor prolífico, cuando no profético, era además un polemista tenaz. Había corregido, por ejemplo, a los más publicitados pensadores modernistas católicos del momento.

Con los años también se había erigido, finalmente, como un referente obligado dentro del clero en materia de tomismo.

REFERENTE.

Sus cátedras sobre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino habían formado a más de una generación. Primero, a través de los famosos Cursos de Cultura Católica, razón por la cual hay quien lo ve como uno de los artífices del renacer de la fe en la Argentina de principios del siglo pasado. Y, después, a través de los llamados “Grupos de la Suma”, clases que daba a los jóvenes, los fines de semana, en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de la calle Independencia, a la cual había sido destinado en los últimos años como capellán.

Su prédica militante iba a contrapelo del nuevo espíritu del tiempo, por lo que pagaría un costo alto, al punto de ser perseguido, preso y amenazado de muerte.

Al momento de su muerte era, por todo esto, una figura muy relevante de la Iglesia en nuestro país. Y, aun cuando fuera uno de los más duros contendientes del tercermundismo, igualmente era respetado por algunos de ellos, tal vez por esa bondad en el trato, ese rasgo de caridad, que siempre se le reconoció.

No es extraño, por ese motivo, que en aquella misa exequial se viera llorar por igual a dos figuras tan distantes entre sí como el padre Carlos Mugica y un sacerdote recién ordenado que había estudiado en los Grupos de la Suma, Héctor Aguer, según contó a La Prensa Augusto Padilla, testigo de lo ocurrido.

Al terminar la misa, un viejo feligrés, don Angel Tacchela, ofreció unas sentidas palabras sobre el sacerdote. En esencia, Tacchela destacó que “Versalles no había conocido al teólogo ni al polemista. Conoció al padre Julio, que llegó solo con su negra valija en mano cuando el barrio era un descampado y erigió una iglesia”, resumió Padilla, quien mantuvo un trato cercano con el sacerdote durante quince años y hoy lo considera “un padre espiritual”.

Meinvielle sería inhumado esa misma mañana en el cementerio de la Chacarita, donde el filósofo Carlos Sacheri, uno de sus más conocidos discípulos, trazó un memorable perfil intelectual. Habló de “una figura excepcional”, de esas que jalonan el itinerario de una nación; de un hombre que reunía las cualidades propias de la vida contemplativa y de la vida activa en una síntesis pocas veces vista; y de un sacerdote con la vocación del “filósofo cristiano”, dedicado a profundizar y difundir la Verdad cristiana, pero cuya militancia y obra intelectual habían sido más difundidas que comprendidas. Apreciación, ésta última, que da una notable clave de lectura.

Meinvielle había entregado su alma al Señor el día anterior tras una dolorosa agonía de varios días en la porteña Clínica San Camilo. Hasta allí había sido trasladado luego de que un vehículo lo atropellara dos semanas antes en la avenida 9 de Julio a poco de salir a pie de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales.

Un fatal accidente, según la convicción general, incluso entre sus propios seguidores. Sin embargo, a cincuenta años del hecho, no todos están convencidos de lo mismo, según refiere en un diálogo con La Prensa el presbítero Carlos Hidalgo, quien está indagando en la vida y la obra del padre Julio para una tesis de doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica (UCA) que llevará por título La Cristiandad en el pensamiento de Meinvielle.

Las dudas sobre la muerte, y las sospechas que cada tanto vuelven a aparecer sobre un posible crimen, perpetrado por alguna facción ideológica enfrentada con el sacerdote, no son ajenas a su investigación. Según cuenta, a todas las personas que entrevistó hasta ahora les preguntó sobre la muerte del presbítero porque, “como sabemos muy bien”, fue “bastante extraña”.

“Meinvielle -recuerda Hidalgo- no sólo había sido amenazado de muerte” sino que, desde que dejó Versalles para vivir en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, “varias veces fue baleada la puerta de ingreso en el sector donde él residía, razón por la cual debieron cambiarla”.

Otra “circunstancia extraña”, señala Hidalgo, es que “no lo atropelló cualquier persona, sino el chofer del intendente de Buenos Aires”. Y, por último, añade, hay quienes recuerdan que más o menos por la misma época había muerto en otro atropello similar el vocero de otro sacerdote “de buena línea”.

PREDICAMENTO.

Sin embargo, pese a las amenazas y las sospechas sobre su muerte, el padre Hidalgo considera que el hecho de que la iglesia estuviera llena durante sus exequias es todo un símbolo del predicamento y de lo influyente que había llegado a ser el padre Meinvielle.

“En el barrio era muy influyente porque él lo hizo todo allí. Bastaría pensar en las dos escuelas, la plaza, el mercado, la creación de los boy scouts, su labor asistencial”, dice. “El plasmó en el orden práctico, en su barrio, lo que sostenía sobre la Cristiandad”, confirma.

“En la Cristiandad -explica-, la Iglesia fue el origen de todas las instituciones del orden civil y del orden educativo. Eso mismo él lo trasladó al ámbito parroquial”.

Pero su predicamento excedía al ámbito barrial y se extendía hacia el interior del clero, algo que se explica, en parte, porque él vio antes que nadie la gran crisis, y en parte porque Meinvielle “tuvo mucho que ver con la formación de sacerdotes”, según el padre Hidalgo. Más aún, hay testigos de que “pagaba de su propio peculio para que los sacerdotes pudieran ir a Roma a doctorarse”, precisa.

Sobre su incidencia en la formación de sacerdotes, el presbítero menciona, por caso, que el famoso Seminario de Paraná, que buscó garantizar la enseñanza tradicional, nació “apadrinado por Meinvielle”. Y cuenta que su misma creación se decidió durante una reunión en su casa, a la que asistieron el padre Luis María Echeverry Boneo, el padre Alfredo Sáenz, y monseñor Adolfo Tortolo, entonces arzobispo de Paraná y presidente del Episcopado.

En esa reunión, según Hidalgo, “cuando Tortolo dio su visto bueno a la creación del seminario, Meinvielle le hizo la siguiente pregunta a quemarropa: ‘¿usted no nos va a traicionar como hizo Bolatti, no?’ Porque el seminario había funcionado un año en Rosario y monseñor Guillermo Bolatti, entonces arzobispo de Rosario, había dispuesto su cierre ante el levantamiento de los tercermundistas”.

“Meinvielle era un sacerdote muy ligado al nacionalismo católico y a la resistencia cultural, a la contrarrevolución cultural”, comenta Hidalgo. “Pero hay sacerdotes que uno identificaría con una línea progresista, que apreciaron también la obra del padre. Un ejemplo es monseñor (Carmelo) Giaquinta y otro es el padre Mugica”, ilustra.

Mugica, por esos años, estaba en un proceso de revisión personal, tras haber sido una inspiración para la célula fundacional de Montoneros.

“Hay una anécdota muy interesante de Mugica con el padre Meinvielle”, dice Hidalgo. “Cierta vez, el padre Julio estaba hablando con un novel sacerdote y en eso llegó Mugica desencajado. Le dijo: padre, necesito hablar con usted con urgencia. Y lo que este sacerdote alcanzó a escuchar es que Mugica agregó: ‘No quiero morir fuera de la Iglesia’”, afirma.

“Entonces -continúa-, ambos pasaron a otro lugar aparte. Cuando salió Mugica, parecía otra persona, según el testimonio de este sacerdote joven”.

“Lo que se interpreta -dice Hidalgo- es que Mugica quería salir del tercermundismo en el cual estaba metido y sabía a quién ir a pedirle ayuda. Seguramente estaba ya amenazado de muerte, amenaza que luego se concretó, y quería salir de esa situación. Por eso Mugica tenía una relación estrecha con Meinvielle”.

Pero, aunque pudiera ser apreciado, el hecho es que fue perseguido, encarcelado y amenazado de muerte. “No solo eso -acota Hidalgo-: en cierta época incluso el arzobispo le prohibió escribir. Así que lo soportó todo”.

En cuanto a quiénes eran sus perseguidores, Hidalgo remite a las memorias de Meinvielle del padre Buela, que fue otro de sus discípulos. “Buela dice que cuando al padre Julio le preguntaban eso, respondía: ‘las calumnias de los judíos me honran’. El padre apuntaba en esa dirección”, sostiene.

Pero eso no significa que fuera antisemita o antijudío, aclara el padre Hidalgo, quien desestima esas acusaciones tantas veces repetidas, incluso en la literatura que pretende pasar por científica o seria.

NO TIENEN FE.

“Se trata -dice- de la falacia conocida como Reductio ad Hitlerum, que consiste en asociar a alguien con el líder de la Alemania nazi y suponer después que ya nada más se tiene que argumentar. Un falso razonamiento que, con un cliché, quiere descalificar al pensador”.

Hidalgo no duda en afirmar que, “a pesar de que esta literatura aparezca con el nombre de científica, especializada o seria, es una literatura superficial. Porque sus autores no han leído, no conocen el pensamiento del padre Julio acerca del judaísmo”.

“Hay que decir, ante todo, que el padre tiene una visión teologal de la historia”, explica. “Su marco de referencia es el pensamiento de San Agustín, es La Ciudad de Dios. Esto es desconocido por todos los críticos porque son personas que no tienen fe”, concluye.

También monseñor Aguer considera que esas “etiquetas son una tontería”. Aguer dice que “él había estudiado bien el influjo del judaísmo en el orden sociocultural. En esto fue muy original, aunque no muy seguido”.

Meinvielle había empezado a tener cierta proyección como pensador a partir de su temprana crítica a uno de los intelectuales católicos de moda como era el filósofo Jacques Maritain.

Hay indicios, por lo pronto, de que durante el mismo Concilio se leían sus escritos. Esto es algo que menciona al pasar, por ejemplo, el historiador italiano Roberto De Mattei en su libro Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita.

“Sí, la crítica a Maritain fue fundamental”, admite Hidalgo. “El primero que se dio cuenta de los problemas de Maritain fue el padre. El le hizo ver esos problemas nada menos que al teólogo francés Réginald Garrigou Lagrange. Y también a otros, como el padre Osvaldo Lira, de Chile”.

No sería la única vez que corregiría a alguno de los intelectuales católicos del momento. Lo mismo hizo con el religioso y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, el teólogo dominico Yves Congar o con el teólogo alemán Karl Rahner.

El Concilio Vaticano II y la crisis que detonó al interior de la Iglesia marcaron los últimos años de la vida de Meinvielle. El veía con claridad cómo la confusión y el clima de ruptura invadían la Iglesia de un modo siniestro y sombrío por el avance del progresismo, convertido en un factor de subversión y de corrupción moral y doctrinal. Y se lanzó a denunciarlo.

Meinvielle, según Aguer, “tenía una visión histórica dogmática sobre el mundo moderno. Un gran influjo había tenido sobre él papa san Pio X, quien había entendido muy bien la malicia del modernismo”.

En la Argentina, él fue uno de los que se levantó en defensa de la visión tradicional. Aparece siempre como uno de los grandes antagonistas de los sacerdotes tercermundistas, sobre todo en los debates que hubo al respecto en el clero porteño en 1971.

“Meinvielle escribió numerosos artículos contra los sacerdotes tercermundistas” apunta Hidalgo. “Son artículos un poco desconocidos. Lo que ocurre es que, de la obra del padre, conocemos los textos más públicos. Ni siquiera se sabe cuántos opúsculos tiene o en cuántas revistas escribió”, añade el presbítero, quien enumera a modo de ejemplo las revistas BalcónNuestro TiempoPresencia y Diálogo. “Además de eso están sus libros. Los principales serán unos treinta”, calcula. “Es una intensa actividad propagandística e intelectual”.

PROBLEMAS.

El clima de confusión creciente tendría para él su costo, como queda dicho. Los problemas para el padre, en realidad, ya habían comenzado en vida, como demuestra el hecho de que un arzobispo le hubiera prohibido escribir en alguna época.

Al respecto, monseñor Aguer opina en diálogo con La Prensa, que Meinvielle era en efecto muy influyente pero su predicamento no era tanto en el clero porteño, al que define como “mediocre, conservador”, y donde el padre “descollaba”.

Con el paso del tiempo, después de su muerte, su figura empezaría a ser menospreciada; su integrismo, tratado como una antigualla, y su visión sobre el comunismo, tachada de paranoica o inspiradora del militarismo.

A diferencia de lo que ocurría en vida del padre Julio, cuando el Episcopado respondía a la línea marcada por monseñor Tortolo, hoy la jerarquía eclesiástica toma distancia de Meinvielle y de su pensamiento, algo que parece hablar más de la deriva que sufrió la Iglesia en los últimos años que de la obra del sacerdote.

OTRA VISION.

En eso está de acuerdo el padre Hidalgo, quien corrobora que “el cambio de paradigma viene dado por un cambio de visión acerca de la misma tradición católica”.

El núcleo de su pensamiento es la denuncia sobre el avance de la revolución anticristiana. “Eso lo dice Sacheri, que fue su principal discípulo y que después murió mártir”, corrobora el padre Hidalgo, quien acota además el carácter anticipatorio que tuvo esa reflexión.

“El padre Julio denunció las tres escalas de la revolución anticristiana (protestante, iluminista, bolchevique) ya desde los años ‘30”, puntualiza.

“Es lo que el papa Pío XII sintetizó después en un discurso que pronunció en 1952: el hombre reducido a animal, después a su parte viviente, y después el hombre en cuanto es. Es la degradación del ser humano que hicieron las revoluciones: primero la luterana, después la francesa y por último la bolchevique”, enumera Hidalgo.

“Hoy, ciertamente, hay una mirada distinta de la falsa Iglesia hacia el mundo”, continúa.

“Esto Meinvielle lo analiza en la obra La Iglesia y el mundo moderno. Y por otro lado expresa una visión igual de las cosas, pero desde otra perspectiva, en De la cábala al progresismo. Son las dos últimas grandes obras del padre”, comenta.

“En la primera hay una suerte de reconciliación de la falsa Iglesia con el mundo y en la segunda hay un ingreso de la cábala judeognóstica a través del pensamiento de la Iglesia progresista”, dice Hidalgo. “Y en las dos obras analiza la figura de un papa ambiguo”, añade.

Esa capacidad de ver las cosas antes que los demás ha sido muchas veces comentada. “Esta es una de esas ocasiones”, asiente el padre Hidalgo, quien matiza que “a veces se equivocó” pero corrobora que tuvo algo de profético.

“Lo dice el mismo Castellani”, abunda. “En una famosa carta que imagina entre Meinvielle y el cura Brochero, pone en boca de este último: ‘Haga una profecía de esas que usted sabe, con esa linda labia que Dios le dio’”.

Sobre la última etapa de su producción intelectual y lo que estaba escribiendo, Hidalgo responde: “Por lo que dicen, él quería refutar la teología de Karl Rahner. Tiene opúsculos sueltos contra Rahner que el padre Cristian Ferraro ha editado con la Editorial Santiago Apostol. Pero esa obra quedó inconclusa”.

Las denuncias de Meinvielle contra los enemigos internos de la Iglesia, su desvelo por preservar la doctrina íntegra y por restaurar la civilización cristiana, son más necesarios hoy que nunca. Demuestran la actualidad de sus palabras. Del mismo modo que aquella Iglesia progresista que él entrevió, que ya no hablaría de lo sobrenatural, hoy se puede ver con nítida claridad, nos rodea. No podía esperarse que esta nueva Iglesia que se va configurando a paso acelerado, y que él denunció hace ya cincuenta años, lo comprendiera.

En la agonía, esperanza sobrenatural.

Alguna vez había anticipado el padre Julio Meinvielle que, aunque el Anticristo nos aplastara la cabeza, tendríamos que seguir confesando a Cristo, y algo de esto puede decirse que cumplió él mismo, cuando yacía en la Clínica San Camilo, con los huesos rotos, poco antes de expirar. Es lo que sugiere una anécdota que trae a la memoria el padre Carlos Hidalgo, quien está escribiendo una tesis de doctorado sobre Meinvielle, durante una entrevista con La Prensa.

Hidalgo reproduce un sobrecogedor diálogo que se produce entre Meinvielle y el padre Raúl Sánchez Abelenda (1929-1996), otro sacerdote tradicionalista, muy cercano al padre Julio, quien sería designado al año siguiente decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

“Meinvielle -dice Hidalgo- se encontraba en la Clínica San Camilo en los últimos momentos de vida, pero estaba lúcido y estaba bien”.

“El padre Sánchez Abelenda le preguntó entonces si entendía la situación en la que estaba, la gravedad del momento que estaba pasando, a lo que el padre dice: ‘sí, sí, perfectamente’”, cuenta Hidalgo.

“Y entonces -continúa su relato- el primero preguntó: ‘¿qué nos deja, padre, en caso de que usted se vaya, como testamento, como última palabra?’”

“El padre Julio le dice: ‘¿qué querés saber?’ Ante esta pregunta, Sánchez Abelenda responde: ‘Concretamente quiero saber si la Argentina tiene solución’. Entonces el padre le dijo: ‘humanamente no’. “Pero el primero insiste: ‘si me subraya, padre, la palabra humanamente, quiere decir que sobrenaturalmente sí”, añade Hidalgo.

“‘Sobrenaturalmente sí’, le dice Meinvielle”, siempre según esta reconstrucción.

“‘¿En qué podemos fundar esa esperanza?’, vuelve a preguntar el primero”. Y la respuesta del padre Meinvielle fue: “‘En una sola cosa que queda: la devoción del pueblo cristiano a la Virgen’”, concluye Hidalgo.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/532714-Meinvielle-profeta-incomprendido.note.aspx

jueves, junio 01, 2023

La renovación social según Sacheri.

 

La renovación social 

según Sacheri.

A 50 años de la publicación de “El orden natural”.

Por Germán Masserdotti.

“El orden natural” de Carlos Alberto Sacheri, habiendo pasado más de 50 años desde su publicación, permanece como un texto de referencia obligada al momento de conocer, estudiar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia. Sin perder de vista las circunstancias y las referencias puntuales “de época” que hace, su núcleo doctrinal y los criterios para la renovación social según el derecho natural y cristiano resultan perennes.
Dado que la Doctrina Social de la Iglesia, como afirma Sacheri, es una síntesis especulativa de alcance práctico moralmente obligatoria (cf. El orden natural, Buenos Aires, Vórtice, 2007, p. 31), el tema de la renovación social resulta una constante.
Teniendo presente que la doctrina católica parte “del respeto de la persona y sus derechos esenciales, de la vitalidad de las familias, de la coordinación de los grupos intermedios y las asociaciones profesionales” y “todo ello bajo la supervisión del Estado como procurador del bien común y de la Iglesia siempre atenta al bien de las almas”; que supone “una actitud integradora, armonizadora de todos los sectores [sociales] en sus legítimos intereses” y que “la solución de los problemas sociales que a todos nos preocupan reside en una reforma o renovación y nunca en el cambio revolucionario”, que esta renovación cristiana “está al servicio del hombre en su camino hacia a Dios” y para ello “hay que operar una reforma intelectual y moral, que transforme las inteligencias y los corazones” y que “el principio está en la reforma personal, y no en el cambio de las estructuras que también puede ser necesario, pero siempre subordinado a aquél, puesto que son personas de carne y hueso las que animan las ‘estructuras’ o instituciones” y, finalmente, que el mensaje del Cristianismo “es un mensaje de plenitud. Plenitud humana y plenitud sobrenatural, armónicamente conjugadas en la adhesión a una Verdad plena que es el mismo Cristo, el Verbo de Dios encarnado, salvador de todos los hombres”, Sacheri, lejos de todo planteamiento dialéctico común a las ideologías como las del marxismo y del liberalismo, plantea la complementariedad entre diversas realidades sociales y, también, diferentes aspectos de una misma realidad social.
Esta clave interpretativa de la complementariedad es la que permite comprender la manera de edificar –o, si fuera necesario, la reedificar– el orden social de acuerdo al orden natural y cristiano.
Si nos acotamos al orden económico, basta repasar los diversos temas para advertir esta mirada integradora: La propiedad privada“Al partir de un concepto realista de la persona humana y de su dignidad propia, la propiedad privada encuentra en esta perspectiva [la de la DSI] toda su fecundidad, al par que recibe las limitaciones éticas sin las cuales degeneraría en los abusos tantas veces denunciados por el propio Magisterio pontificio”. Como derecho natural secundario, la propiedad privada, en el orden de los bienes materiales, es “la garantía efectiva del desarrollo pleno de la persona humana y de las familias” a la vez que “su ejercicio efectivo ha de ordenarse no sólo a la satisfacción de las necesidades individuales, sino también al bien común de la sociedad política”. Lo que supone también una justa distribución de los ingresos. “Abundante producción y su justa distribución son las ideas que asegurarán el recto uso de la propiedad”. Además, es una necesidad urgente “facilitar y promover la difusión de la propiedad a través de todos los sectores sociales y, en particular, del sector asalariado”.
El trabajo humano. El trabajo, a la vez, es una realidad necesaria, tiene una dimensión personal y otra social. Aquí es importante recordar que el trabajo es, ante todo, expresión de una personalidad. A su vez, dado que el hombre es un ser solidario, “el reconocimiento de la dimensión familiar del trabajo y del salario es esencial dentro de un orden de justicia, ya que resulta imposible disociar a la persona de sus deberes familiares”.
La empresa. La empresa, como célula primaria del dinamismo económico, es, a la vez, una comunidad de trabajo y una comunidad de vida. Como comunidad de trabajo, en ella se concertan “diversas competencias, oficios y capacidades con miras a la producción de bienes”. Diversos son los protagonistas que concurren, “cada cual desde su plano e importancia, a la producción empresaria”: los obreros, los capataces, técnicos e ingenieros, los empleados administrativos, los empresarios y directivos, etcétera. A su vez, debido al carácter personal del trabajo humano, la empresa es comunidad de vida.
La organización profesional de la economía. Para la reconstitución del tejido social, desde un punto de vista del orden económico, es necesario “desarrollar la organización profesional”. “No habrá una superación efectiva del actual clima de lucha de clases… sino a través de la instauración de un ordenamiento orgánico que una a patronos y obreros”.
La función personal y social del capital. Teniendo presente que el capital es “todo bien destinado a la producción de bienes” y que su concepto está “estrechamente vinculado al de propiedad”, mediante ambos “el individuo se perfecciona, satisface sus necesidades y puede garantizar para sí y para su familia un nivel ‘humano’ de vida”“Propiedad y capital tienen por función propia el asegurar un ámbito propicio que garantice a cada sujeto su plenitud personal, libremente realizada”. A la vez, el capital tiene una función social. Como explica Sacheri, “el capital constituido mediante el ahorro de bienes ya producidos y aplicados a nueva producción, permite multiplicar las riquezas. Tal multiplicación se traduce en una abundancia general, naturalmente destinada a facilitar a todos los miembros del cuerpo social su plenitud personal. Para que esto se de en la práctica, es necesario que el mayor número posible de personas participen en alguna medida en la formación de dicho capital”.

DERECHO NATURAL Y CRISTIANO.
Pudiendo abundar más a partir de otros asuntos vinculados al orden económico, paraciera suficiente lo dicho para advertir la actualidad de un libro breve pero substancioso como “El orden natural” de Carlos Alberto Sacheri. Se trata de una preciosa síntesis de la enseñanza social católica que, así como hace más de 50 años, merecería ser tenida en cuenta para obrar una auténtica renovación o reforma social de acuerdo al derecho natural y cristiano.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/530401-La-renovacion-social-segun-Sacheri.note.aspx