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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, octubre 06, 2025

Los mitos del fascismo y del antisemitismo. Por Ignacio M. Cloppet

Los mitos del fascismo y del antisemitismo.

Alberto Ezcurra Uriburu y el Movimiento Nacionalista Tacuara.

Por Ignacio M. Cloppet *
Alberto Ezcurra Uriburu, fundador y jefe del Movimiento Nacionalista Tacuara (1957-1964) y quien se ordenara sacerdote en 1971, partió demasiado pronto -como consecuencia de una dura enfermedad- estando en San Rafael, Mendoza, el 26 de mayo de 1993.
Está entrando a imprenta una reimpresión de mi libro, hecho que expresa sin lugar a dudas, el interés que continúa despertando la figura y la obra de este prohombre. De ese tiempo a esta parte, se publicaron diversas antologías de sus escritos y merecidos homenajes en su memoria. En este marco, dos propósitos guiaron la realización de mi libro. El primero, completar la labor de difusión de su obra dando a conocer un copioso conjunto de escritos inéditos de su etapa juvenil. Expresivos de su cosmovisión del nacionalismo como afirmación y defensa de los valores materiales y espirituales del país amenazados y expoliados por intereses e ideologías foráneas.

CUERPO DOCTRINARIO
Se trata de un cuerpo doctrinario sumamente relevante, que a la luz del análisis de los males ocasionados por el liberalismo –en su versión capitalista británica/norteamericana y/o comunista soviética–, fue desplegando soluciones concretas para la emancipación nacional, hermanadas en términos históricos con las banderas clásicas que supo sintetizar en la política concreta el Justicialismo –independencia económica, recuperación de la conciencia histórica, soberanía política y justicia social–, como fruto del valiosísimo aporte que hicieran las diferentes vertientes nacionalistas al acervo común que fue estructurando el ideario dinámico del nacionalismo argentino.
El segundo propósito, tuvo como objeto intervenir en el debate historiográfico ligado a la significación de la figura de Ezcurra Uriburu en particular y de Tacuara en general. Múltiples ensayos y tesis doctorales se han escrito al respecto con un vicio de origen: el descrédito liso y llano del nacionalismo, al que se caracteriza en bloque a través de motes descalificatorios que desatienden el examen objetivo de un movimiento rico en variantes, diverso en sus opciones prácticas e intelectualmente brillante en sus mejores plumas. Con este punto de partida, difícilmente pueda llegarse a conclusiones efectivas porque más que análisis interpretativos derivados de un examen serio de documentos y de hechos efectivos de la realidad histórica, resultan ser un puro despliegue de juicios de valor de sus autores.
Me refiero a dos lugares comunes esgrimidos a diestra y siniestra: el pretendido “fascismo” y el quimérico “antisemitismo” de Ezcurra Uriburu y de Tacuara. Está claro que la caracterización particular que se les imputa responde a la burda generalización que recae sobre el nacionalismo en sentido amplio. Allí está el corazón del problema: en las interpretaciones cultivadas desde perspectivas ideológicas adversas. Tanto es así que la casi totalidad de estudios sobre el fenómeno, lo someten a diversas taxonomías que condicionan de entrada la relación con el objeto de estudio. ¿Puede examinarse objetivamente el nacionalismo a través de categorías tales como “de derecha”, “oligárquico”, “fascista”, etc.? Difícilmente. Se trata de determinantes a priori cargados de sentido negativo que más que aclarar, oscurecen de largada. Y que además no responden a la realidad.
“EL MEJOR DE SU GENERACION”
Pongamos blanco sobre negro. Ezcurra Uriburu fue un hombre de acción y un pensador católico de fuste. El mejor de su generación. Como jefe de Tacuara, sintetizó valores trascendentes: un profundo humanismo, su ínsito patriotismo, nobleza y valentía, generosidad y ausencia de sectarismo.
Congregaba a la unidad de las distintas tendencias existentes, promovía acuerdos y evitaba rupturas infecundas que tanto costaron al movimiento nacional a lo largo de su historia. Virtudes que mantuvo durante toda su vida y que caracterizaron también al sacerdote, cuyas reflexiones encarnaron una honda preocupación teológica y la defensa de la verdad de la patria de los argentinos, cuyos dramas comprendió como pocos hombres de su tiempo.

MOVIMIENTO NACIONALISTA TACUARA
Por su parte, el Movimiento Nacionalista Tacuara nació en 1957, en el emblemático bar “La Perla del Once”, auspiciado por Ezcurra Uriburu, y otros camaradas. Se trató de una expresión de nacionalismo juvenil, heredera de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios y de la vieja Alianza Libertadora Nacionalista.
A su identidad católica –forjada al calor de la obra de los sacerdotes Leonardo Castellani y Julio Meinvielle, entre los principales–, le anexó la impronta de pensadores de fuste como fueron Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Gálvez, Julio y Rodolfo Irazusta, Atilio García Mellid y Jacques de Mahieu, entre otros, y el aporte doctrinario de José Antonio Primo de Rivera. Brotó como una firme reacción de autodefensa de la argentinidad, víctima desde la derrota en Caseros, de la agresión del liberalismo, ahondada tras el golpe de Estado de 1955.

DERRIBANDO MITOS: TACUARA FASCISTA
Si bien en su tiempo histórico, la crítica al régimen soviético fue compartida por parte mayoritaria del arco político nacional –a excepción por supuesto del comunismo argentino, satélite de aquel–, para diversos sectores del liberalismo, la no admisión del modelo soviético equivalió –y aunque parezca mentira: equivale hoy en día– al “fascismo”.
Del mismo modo, se circunscribió sin la menor rigurosidad histórica, el antiliberalismo al elitismo y al desprecio por las masas, o se discurrió en el afán simplista de acusar de “fascistas” a todas las organizaciones que durante las décadas del treinta al setenta combatieron al régimen de entrega al extranjero, o bien, sostuvieron el neutralismo en el marco de las guerras mundiales.

TACUARA ANTISEMITA
Si bien constituye a esta altura del partido todo un anacronismo y una falacia, aún hoy hay que aclarar que Alberto Ezcurra no fue antisemita ni otorgó al aparente “problema judío” –ni en la época de Tacuara ni en la etapa sacerdotal– el lugar que se le enrostra.
Al respecto, en una entrevista del año 1962, explicó: “No somos nazis. Hay diferencias entre nosotros y los nazis. Podemos tener enemigos comunes pero nuestro concepto de las necesidades de la nación difiere profundamente del concepto nazi. Por ejemplo, nosotros no creemos en la superioridad racial, porque en la Argentina no existe la unidad racial. Tenemos gente de todas las razas y colores. (…) No somos antisemitas. Nada tenemos contra los judíos en la Argentina. Las acusaciones que nos hacen de antisemitas son falsas”.
Tanto es así que el prestigioso historiador del judaísmo, Leonardo Senkman, reconoció en un reportaje realizado por Raanan Rein en el año 2020, el error que significó vincular a Tacuara con el antisemitismo. Señaló al respecto: “Considerábamos que Tacuara era un movimiento que representaba una reencarnación de grupos nazis de los años treinta y cuarenta en Europa. Craso error cultural de nuestra parte, por el cual cometimos muchos yerros en nuestro actuar. No entendimos su profundo carácter cristiano y no conocíamos o no habíamos leído sobre la Falange en España. La idea era que todos eran nazis. Los emisarios que venían de Israel hablaban de esto todo el tiempo. El error o el sesgo cultural en el caso de ellos era más claro, al estar desconectados del contexto argentino. Pero influyó en la percepción de los jóvenes argentinos-judíos. (...) Teníamos una cultura antifascista, que no supo distinguir matices entre Hitler y el padre Meinvielle. Teníamos una idea imaginada del enemigo y de la amenaza que nos planteaba. (…) El mensaje que ellos transmitían es que no hay solución para los judíos en Argentina y cada tanto sacaban a flote ideas sobre la necesidad de una evacuación, en el espíritu de Abba Kovner, y que había que combatir por nuestra propia cuenta y emigrar a Israel”.
La tesis del “antisemitismo” de Tacuara se montó sobre el denominado “Caso Sirota”. En ajustada síntesis: el 21 de junio de 1962, fue denunciado el presunto secuestro de una joven estudiante de Medicina, Graciela Narcisa Sirota, militante de la Federación Juvenil Comunista y de la FUBA, en circunstancias poco claras. La DAIA en su denuncia expresó que se había tratado de “un ataque brutal antisemita”. La declaración se reprodujo hasta el día de hoy como un lugar común en los estudios sobre Tacuara. Resulta curioso que ningún investigador examinó el suceso, ni revisó documentos, ni se preguntó sobre la autenticidad de lo sucedido. Ni refirió a un documento de enorme relevancia que fuera publicado poco después de la denuncia de la DAIA, en el mes de octubre. Se trata de “El caso Sirota y el problema judío en la Argentina”, donde Tacuara a través de su Secretaría de Prensa y Propaganda, en voluminosas treinta y dos páginas no sólo probó la falsedad de lo denunciado, sino que explicitó con suma claridad su posición sobre la cuestión judía y el ilusorio antisemitismo que se le enrostraba.
El pensamiento de Ezcurra Uriburu goza de una tremenda actualidad que se ha intentado opacar con este tipo de imputaciones. Su crítica al liberalismo, su defensa de la Tradición y de los valores cristianos, su postulación de la necesaria restauración de un principio de autoridad y de un orden moral justo como elementos unificadores de la vida comunitaria, dan respuesta a los grandes males de nuestro tiempo. En una Argentina intelectualmente desarmada y materialmente ocupada, la historia no es puro cuento.

* Historiador. Autor del libro “Tacuara y el nacionalismo. Escritos inéditos de Alberto Ezcurra Uriburu” (Katejon, reimpresión, 2025).
Publicado en LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/Los-mitos-del-fascismo-y-del-antisemitismo-564836.note.aspx

jueves, mayo 04, 2023

En 1869, Rosas le legó su propio sable al Mariscal Francisco Solano López.

Juan Manuel de Rosas y el Paraguay.

Por Pablo A. Vázquez.

En 1869, Rosas le legó su propio sable al Mariscal Francisco Solano López.

Aunque las relaciones entre el gobierno de Buenos Aires y el de Asunción en época de la Confederación Argentina fueron tensas, poco se detalla sobre los motivos de Juan Manuel de Rosas por no reconocer la independencia paraguaya al considerar a ésta una “provincia” que debía reincorporarse a nuestra potestad.

Producida la Revolución de Mayo de 1810, Bernardo de Velazco, gobernador del Paraguay resuelve en asamblea que guardaría fidelidad al Consejo de Regencia español, y que tendría amistad con Buenos Aires pero no se sometería a su autoridad.

La respuesta de Buenos Aires fue militar, con Manuel Belgrano al frente de la expedición, la que resultó vencida por las armas paraguayas. Por un lado con el prócer se firma un acuerdo con Buenos Aires y el dominio de Velazco, aunque éste poco duró al ser presionado por un complot dirigido por José Gaspar Rodríguez de Francia, Pedro Juan Caballero y los hermanos Yegros.

Primero se lo obligó a cogobernar junto a Francia y Juan Valeriano Cevallos, hasta que fue depuesto el 9 de junio de 1811 por entablar tratativas con los realistas y “sostener la total división de esta Provincia… sin querer reducirse a enviar sus diputados al Congreso General de las Provincias”, y separarse de “un pueblo tan generoso e ilustrado como el de Buenos Aires”.

JUNTA DE GOBIERNO.

Reunido el Congreso de las Provincia ese mes de junio, se determinó la “creación de una Junta de Gobierno”, con Francia y Caballero, más Francisco Javier Bogatí y Fernando de la Nora, se nombraba un diputado, el mismo Francia, para ir a Buenos Aires “en el Congreso General anunciado pro al Junta de Buenos Aires”, y “que se suspenda toda relación con España, hasta la suprema decisión del Congreso General de Buenos Aires”.

Esta propuesta del diputado Mola, aprobada por aclamación, no fue acatada por Francia y se remitió una nota, del 20 de julio, donde, para algunos se notifica la independencia paraguaya, mientras que otros ven la voluntad de la “Provincia del Paraguay” de unirse con esa ciudad (Buenos Aires) y demás confederadas”.

Según Alberto Ezcurra Medrano, en “La Independencia del Paraguay” (1941), reeditado por el Instituto Juan Manuel de Rosas en 1999, refirió: “El tratado del 12 de octubre de 1811, negociado entre Francia por parte del Paraguay y Belgrano y Echevarría por parte de Buenos Aires, confirma la unión con las demás provincias argentinas… El artículo 4 sujeta a la decisión del Congreso de todas las provincias la demarcación de los límites del Paraguay y Corrientes. Y el artículo 5 establece la unión federativa y alianza indisoluble del Paraguay con las demás provincias confederadas… Todavía en nota oficial del 19 de agosto de 1812 el Gobierno del Paraguay declaraba que ´no aprovechará jamás en trance alguno las ocasiones que pudieran dispensarlo de la obligación sagrada que contrajo con el pueblo de Buenos Aires´”.

REPUBLICA DEL PARAGUAY.

Todo indicaba que Paraguay estaba unido a las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero, dictadura del Dr. Francia mediante, no se materializó. Se denominó República del Paraguay, con bandera y emblemas. Para Ezcurra Medrano, como el resto de los historiadores revisionistas, no era impedimento en seguir considerándola “provincia”, ya que igual pasó con Tucumán y Entre Ríos, y no se las tachó de separatistas, lo mismo su no concurrencia al Congreso de 1816 ya que las provincias artiguistas litoraleñas tampoco asistieron.

Sí, es cierto, Buenos Aires no tuvo políticas de acercamiento con Asunción ni consideraciones económicas por sus productos. Paradójicamente Rosas, que no reconocía su independencia, sí tuvo algunas deferencias. Según José María Rosa en “La caída de Rosas” (1958): “La obstinación de Rosas en considerar argentino al Paraguay favorece económicamente a (Carlos Antonio) López. Pues los productos paraguayos llevados a la a Buenos Aires como ´argentinos´ están exentos de derechos de aduana. Paraguay proveía la totalidad del gran consumo de yerba de la Confederación, pues competía en ventaja con la brasileña gravada por un arancel prohibitivo; también introducía cigarros (en competencia con los tarijeños de Salta, de menor calidad y mayor coste), tejidos y madera”.

Esto puede ser atendible, pero, también debe recordarse que la incursión anglofrancesa buscó, con acuerdo de ambas partes, comerciar con la levantisca Corrientes y la díscola Paraguay, ya que ambas habían firmado un tratado de amistad en 1841, actuando juntas durante varios años contra el Restaurador.

Humberto Calabrese, en “Juan Manuel de Rosas: cien respuestas acerca de su dictadura” (1975) refirió: “Los cónsules Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso, sucesores del dictador fallecido, declararon entonces, el 25 de noviembre de 1842, la independencia de la Provincia, incitados por el Brasil… Rosas, sin embargo, no podía consentir jamás con la ridícula separación “legal” de esa provincia argentina... Y a pesar de actos inamistosos y hasta hostiles de aquel gobierno, nunca don Juan Manuel quiso emplear la fuerza contra el Paraguay; aunque en 1849 estuvo a punto de hacerlo, cuando Carlos Antonio López invadió el territorio de Misiones y sacó de sus casillas al Dictador. Aun así, Rosas consideraba que la ´irregular´ situación se corregiría por sí sola, volviendo la Provincia separatista, pro su propia voluntad, a entrar en el seno de la Patria Grande; cosa que se hubiera conseguido de no mediar el desastre de Caseros”.

Rosa sumó: “Cuando se forma el ejército “libertador” de Paz en Corrientes… López… declara formalmente la guerra “a Rosas” y envía una columna paraguaya a las órdenes de su hijo el joven Francisco Solano. Pero Rosas no hace caso de su declaración de guerra, y da instrucciones a Urquiza de no invadir el Paraguay”.

ESTRATEGIA DE URQUIZA.

Rosas, ante la invasión paraguaya de junio de 1849, más que protestar contra los guaraníes lo hará contra el Imperio del Brasil, previendo una futura guerra, la que sí se desatará con la ayuda, Pronunciamiento del 1° de mayo de 1851 mediante, de Urquiza junto a los “colorados uruguayos”, cuyo resultado final fue la batalla de Caseros.

El 17 de julio de 1852, ante el compromiso contraído con los brasileños del 21 de noviembre de 1851 al planificar la ofensiva contra Rosas, Urquiza reconoció la independencia del Paraguay. Pero poco le valió, ya que más de una década después se desató la guerra de la Triple Alianza en su contra.
Rosas partió a su exilio inglés, pero aún en la lejanía estuvo atento a los acontecimientos del Río de la Plata. Siempre reafirmó lo expresado en su época en el periódico “El Archivo Americano” que detalló las razones por las cuales “La provincia del Paraguay pertenece a la República Argentina desde el tiempo en que ésta ejerció el primer acto de soberanía popular del 25 de mayo de 1810”, considerando que “la entrada por agua a la provincia del Paraguay no puede efectuarse sino por el río Paraná, que pertenece a la Confederación Argentina, a la que corresponderá también la margen derecha del Paraguay, aún en el caso de la pretendida independencia de esa provincia”, y que si “la franquease a un Estado diferente arruinaría la nacionalidad argentina”.

Aun así, ante la heroicidad del Mariscal López y su valeroso pueblo, Rosas imitó el gesto que tuvo el Libertador San Martín con él, y le legó su propio sable, el 17 de febrero de 1869, al dignatario paraguayo. Su muerte, en manos del ejército brasileño, del 1° de marzo de 1870, frustró dicha acción.

Por Pablo A, Vázquez. 

*Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/529135-Juan-Manuel-de-Rosas-y-el-Paraguay-.note.aspx

domingo, agosto 28, 2022

El asalto al Policlínico Bancario, la operación Rosaura.

 

El 29 de Agosto de 1963, el grupo armado Tacuara realizó un asalto, pero la Policía culpó a la banda de delincuentes comunes del "Pibe de la ametralladora". Ocho meses después, el dato de una bailarina de un cabaret de Paris, llevaría a la detención de todos los implicados.

Por Aldo Duzdevich.


El 29 de agosto de 1963 a las 10.40, un grupo de hombres armados con pistolas calibre 45 y una ametralladora llegó en tres vehículos al Policlínico Bancario, situado en la avenida Gaona al 2195, frente a la Plaza Irlanda, en el barrio porteño de Caballito. El objetivo era una Estanciera gris que transportaba 14 millones de pesos moneda nacional –unos cien mil dólares– para pagar los sueldos.

Cuando los custodios de la estanciera se aprestaban a bajar el pesado saco con el dinero, se escucho una voz de !Alto! , y luego, dos ráfagas de ametralladora derribaron a las personas que bajaban el dinero. Mientras el joven de la ametralladora mantenía su posición de control, otro arrastraba pesadamente el saco con 80 kilos de billetes y monedas, que entre dos subieron a una ambulancia en la que habían llegado los asaltantes.

El primer robo importante de un grupo guerrillero, terminaba con un innecesario baño de sangre, quedando herido el sargento Abelardo Cecilio Martínez –custodio del dinero– y a los empleados del hospital Nelly Culliazo de Ordóñez y Vicente Bóvolo, y muertos a Víctor Cogo, conductor de la camioneta, y a Alejandro Morel.

La policía pensó que se trataba de una banda de delincuentes comunes, y culpó a Felix Arcangel Miloro, de 26 años, alias “El Pibe de la ametralladora”. Diez días despúes en la ciudad de Cordoba fueron abatidos por la policía Miloro y su segundo Jose Zarantonello. La pista para encontrarlos en un chalet del barrio Marques de Sobremonte, la dio el seguimiento por parte de la policía, de una bailarina de cabaret Carla Santamaría, que visitaba a Miloro. La mujer terminó herida cuando Miloro salio del chalet con ella de escudo, y cayó disparando con su ametralladora.

Brigitte la bailarina del cabaret de Paris.

El asalto fue planificado gracias a la información que proporcionó Gustavo Posse, empleado del Poder Judicial cuyas hermanas trabajaban el el Policlinico. Posse no pertenecía a Tacuara y cobró una suma importante por su colaboración. En noviembre de 1963 viajó con su hermano Lorenzo a Paris a disfrutar del botín. En un cabaret pagaron con billetes de 5 mil pesos argentinos, hecho que resultó extraño a la señorita Brigitte, quien dio parte a la policía. La Sureté investigó que la numeración de los billetes coincidía con los del robo, y obtuvieron la filiación de los turistas argentinos. Comunicada a información a la policía argentina, de inmediato detuvieron a los hermanos Posse quienes proporcionaron los datos de los autores del hecho.

De inmediato fueron detenidos Jose Luis Nell, Tomislav Ribaric, Mario Héctor Duaihy, Jorge Norberto Cafatti y Horacio Rossi. Y se pidió la captura de Ruben Rodriguez y Joe Baxter el lider del Movimiento Nacionalista Revolucionacio Tacuara MNRT.

Con el paso de los días fueron detenidos Carlos Fuentes, Carlos Arberlos, Ricardo Viera, Alfredo Ossorio, Osvaldo Vanzini, Dámaso Fernández, Luis Arean, Nelson Latorre, Adolfo Infante, Alberto Pascual Fürpass, Horacio Bonfanti, Luis Barbieri, Carlos Fuentes y Eduardo Álvarez. Quedaron prófugos Federico Russo, Amílcar Fidanza, Horacio Iglesias, Alfredo Roca, Ricardo Viera, Rubén Rodríguez, Luis Alfredo Zarattini, Jorge Cataldo, José Baxter y Juan Carlos Brid.

Dos hechos llamativos que mencionar. Uno, que en 1963, todavía se podía pagar en Paris con billetes argentinos . Y dos, que el Secretario del Juzgado Federal del juez Jorge Aguirre, que investigó la causa, era el doctor Carlos Gonzalez Garland, quien en el 55 había sido presidente de la FUA y duro opositor al peronismo, pero en los años 70 integró junto a Ortega Peña y Duhalde, la Comision de Abogados que defendía presos políticos y que en los últimos años fue funcionario de la Secretaría de DDHH.

Tacuara y sus desprendimientos.

La agrupación nacionalista Tacuara nació a fines de 1957. En sus inicios la mayoría de sus integrantes eran jóvenes, de clase media y alta, que militaban en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios. Luego se fueron acercando jóvenes de origen obrero y peronista que le cambiaron el inicial perfil elitista.

El jefe político de Tacuara era Alberto Ezcurra Uriburu, católico, antiliberal, rosista e hispánico. Su segundo y vocero del grupo era Joe Baxter. Si bien la mayoría de los militantes de Tacuara eran de Capital, en su momento de mayor auge, surgieron comandos o grupos por muchos puntos del país. En el conflicto de la Laica o Libre, Tacuara batió armas del lado de la Libre. Profesaban un “anti-sionismo” que intentaba diferenciarse del antisemitismo.

La mezcla de revisionismo histórico, antiliberalismo y acción directa era un imán que atrajo a muchos jóvenes “transgresores” de la época, que años después irían a nutrir organizaciones armadas de distintas ideologías. Guillermo Cappadoro, jefe de la JP Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires en los 70, recuerda su paso por Tacuara junto Carlos All, quien llego a ser años después, un alto jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): “…tendríamos 13 o 14 años. Carlos All y yo formábamos parte de la Juventud de Acción Católica (JAC) y casi como primera travesura juvenil, en un altillo de la casa de Carlos, aprendíamos a construir bombas molotov y caños. Decíamos que los usaríamos para ponerlas cerca de las sinagogas, con el propósito de advertir sobre el peligro que representaba el sionismo... “.

El caso más paradigmático es el de Joe Baxter. De sus inicios como segundo jefe de Tacuara, rompió creando el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT) . Visitó a Perón en Madrid. Viajó a Argelia y a Vietnam. Ayudó a fundar Tupamaros en Uruguay. Recibió instrucción en China. Visito Cuba y en el 68 en París participo del Mayo francés. En el 70 ingresó al ERP. Estuvo en el Chile de Allende , volvió a la Argentina y rompió el ERP fundando el ERP Fracción Roja. Falleció el 11 de julio de 1973 en un accidente de avión en Orly, Francia.

Tacuara tuvo varios desprendimientos, el primero en 1960. El sacerdote Meinvielle, disconforme con el acercamiento al peronismo, fundó la Guardia Restauradora Nacionalista, organización ultra católica cuyo lema fue: “Dios, Patria y Hogar”.

El 9 de junio de 1961, otro grupo liderado por Dardo Cabo, se escindió de Tacuara para formar el Movimiento Nueva Argentina. Sus integrantes se identificaban con un peronismo más de derecha y posteriormente conformarán el “Grupo Condor”.

Finalmente, en 1963 Joe Baxter, Alfredo Osorio, José Luis Nell, Jorge Caffatti, Amilcar Fidanza, Antonio Nelson La Torre y otros rompen y crean el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara con definiciones políticas cercanas al peronismo de izquierda.

Algunos de los miembros del grupo del Policlínico continuaron su militancia en otras organizaciones. Caffatti, Cataldo, Rodríguez y Arbelos fueron cofundadores de las FAP. Caffatti además, será uno de los líderes del sector denominado “los iluminados”. Antonio Nelson La Torre (el “Pelado Diego”) reaparecerá en Montoneros. Viera se integro al ERP. Zarattini paso a la ultraderecha. Por su parte, José Luis Nell, que logró escapar de Tribunales, huyo a Montevideo con la ayuda Cacho El Kadri y se vinculo a Tupamaros.

Otros jóvenes que pasaron por Tacuara y desembocaron en la guerrilla peronista fueron; Horacio Mendizabal, Ignacio Gonzales Jansen, Rodolfo Galimberti, Alberto Mansilla y Damaso Fernandez.

El 1 de mayo de 1964, el MNRT asume públicamente la lucha armada y emite el siguiente comunicado:

MNRT: VIOLENCIA REVOLUCIONARIA

A un mes de la detención de numerosos camaradas, acusados de haber asaltado el Policlínico Bancario, un mes que la prensa y los servicios de acción sicológica del régimen aprovecharon para difamarlos y sembrar confusión en el pueblo argentino, el Movimiento Nacionalista Revolucionario TACUARA refirma nuevamente con claridad su total identificación con el Movimiento Peronista y su jefe indiscutido, el General PERÓN.

No vamos a contestar ni uno solo de los agravios inferidos por la pasquimería liberal, ni siquiera al diario "El Mundo" y su director Marcos Berodsnik que indudablemente llevó la delantera, junto con el Partido Comunista, en el desenfreno por hacer del M.N.R.T. "una banda de asesinos de ideología extremista", como le califican. No nos llegan los ataques personales, cuando lo que está en peligro es la organización misma de la Patria, como consecuencia de la acción desintegradora del imperialismo y la oligarquía local, que han subvertido todos los valores, espirituales, religiosos, económicos y políticos, al cabo de ocho años de planificación devastadora.

Pero vamos a precisar, sí, las causas que condujeron a la Argentina a la situación de caos y miseria en que se halla postrada, y los ideales que motivan el accionar de TACUARA, junto a los cuadros revolucionarios del Movimiento Peronista.

Primero: En 1955 un golpe de estado termina con diez años de legalidad popular. El gobierno peronista, expresión democrática de las masas argentinas, es vencido por medio de la violencia y la represión; el revanchismo más crudo es ejercitado por el gobierno de facto contra el pueblo, al tiempo que se desentierran viejos personeros de la década infame, para la ejecución de planes económicos dictados por la extranjería. Desde entonces, la fuerza, la VIOLENCIA, reemplaza al derecho porque es éste el único método con que la oligarquía puede conservar sus privilegios y tratar de doblegar la voluntad de un pueblo que, durante una década de gobierno peronista, se acostumbró a participar del poder y gozar del derecho a la vida, que antes era privilegio de unos pocos a costa de la bárbara explotación de los más.

Segundo: La traición del frondizismo y toda la burguesía, que capituló ante la oligarquía y el imperialismo y cuyo broche final fue la anulación de los históricos comicios del 18 de marzo, señala que la experiencia liberal está definitivamente agotada en el país, y que nuevos métodos se imponen para esta nueva realidad. El fraude vergonzoso del 7 de julio confirma que las masas peronistas jamás tendrán acceso al poder por vías pacíficas, porque los sectores del privilegio no son suicidas y tienen perfectamente claro que el Movimiento Peronista en el poder significa la REVOLUCIÓN NACIONAL que terminará con ellos.

Tercero: Por todo lo antedicho, el General Perón, conductor de la Patria y del movimiento de masas, viene ratificando desde hace tiempo la necesidad de organizarse para la lucha.

NO HABRÁ SALIDA PACIFICA DENTRO DEL SISTEMA. "Contra la fuerza bruta —dice Perón— sólo puede ser eficaz la fuerza inteligentemente manejada". "La guerra civil se gana no sólo en una gran batalla de conjunto, si no y preferentemente en miles de pequeños combates que se libran en todas partes y en todo momento".

El M.N.R.T. tiene orgullo en decir que es una de las organizaciones peronistas que viene cumpliendo con mayor disciplina las instrucciones tácticas y estratégicas del jefe del movimiento y por eso hoy es atacada de "nazi" o de "izquierdista", según convenga a la prensa del régimen para desorientar a la opinión pública y sembrar el confusionismo en las filas del pueblo, que tanto rechaza, las copias simiescas de nuestros "nacionalistas" a la violeta paradójicamente europeizantes, como la declamatoria liberal e hipócrita de la izquierda, que siempre ha servido a los intereses de la oligarquía y del imperialismo.

El M.N.R.T. TACUARA no es, por lo tanto, ni de "derecha" ni de "Izquierda", porque tanto unas como otras son, conciente o inconcientemente —que para el caso es lo mismo— sostenedoras del régimen de explotación. El. M.N.R.T. es PERONISTA y REVOLUCIONARIO, y seguirá luchando junto al pueblo como una de las tantas organizaciones del Movimiento Nacional que librarán la batalla definitiva por la liberación de la Patria.

Por ello, y ante la crisis total del sistema liberal-capitalista, el M.N.R.T., reunido su Comando Nacional en sesión extraordinaria, ha resuelto:

- Disponer el estado de movilización general de todos sus cuadros, para reorganizarse y continuar la lucha de acuerdo a las directivas emanadas del Estado Mayor de las Fuerzas del Pueblo, cuya jefatura ejerce el General Perón.

- Imponer el PROGRAMA DE HUERTA GRANDE, olvidado por la dirección claudicante, a través de la movilización popular y la lucha armada.

- Rescatar a los prisioneros de guerra que el Ejército de Ocupación secuestró: Cafatti, Nell, Duhay, Rivaric, Rossi, y demás combatientes.

LA PATRIA SERA LIBRE O LA BANDERA FLAMEARA SOBRE SUS RUINAS, ¡PERÓN O MUERTE!

Buenos Aires, 1° de Mayo de 1964.

ALDO DUZDEVICH (*) El columinista es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad- Los Montoneros que se quedaron con Perón".

Publicado en Diario La Mañana del Neuquén.

Domingo 28 de agosto del 2022.

Las imágenes pertenecen al Diario La Mañana del Neuquén.

https://www.lmneuquen.com/el-asalto-al-policlinico-bancario-la-operacion-rosaura-n941950

sábado, noviembre 20, 2021

¿Por qué el 20 de noviembre es el día de la soberanía? Por José María Rosa.

 ¿Por qué el 20 de noviembre es el día de la soberanía?

Por José María Rosa.
El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno de los presentes. François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia. De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.
Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley, que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr, De Lurde hasta entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante Mackau ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.
Los Antecedentes de la Intervención.
Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero – que sembró la guerra civil – a la Confederación Argentina gobernada por un hombre del carácter férreo de Rosas.
Hacia 1842 la política de la entente cordiale de Inglaterra y Francia hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios – libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables – de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa, desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de los mares – es decir: su libre navegación – a los ríos interiores argentinos, y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo y extenso virreinato del Plata.
De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis.
En febrero de 1843 esperábase por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843 no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.(1)
La misión del argentino Florencio Varela.
De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.
Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica en el Plata.
Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas – lo decían las instrucciones – con la libertad absoluta de comercio y la libre navegación de los ríos. (2)
Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización", la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos de barbarie que convenía atribuir a Rosas.
El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres, recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.(3)
Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían a Londres a los fines de su misión.
Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.
Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.
Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.
Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas; jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.
Váse de Europa – después de una gira por París, donde tuvieron mayor éxito las Tablas de sangre – mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores". "La Inglaterra – escribe en su Diario de viaje – no conoce ni sus propios intereses."
La cena de Guizot.
En 1844 las cosas mejoraron y la entente cordiale pudo reanudarse. Más alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios y de legiones.
Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano ni darle entrada al Plata.
Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones, como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.
Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos") lo despacha a París.
Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación de Brasil.
Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la, noche del 13 de enero de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante ¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención?
Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después de lo ocurrido con Aberdeen.
Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público, pero evidentemente no producían efecto en los políticos.
Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.
En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio: es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran energía y un hombre muy querido por los suyos.
Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría a los puertos".
A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole los beneficios comerciales posibles".
Abrantés está de acuerdo, en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible; a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí, deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.
En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".
Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).
Lo que se buscaba era otra, cosa, para lo cual el gobernante argentino carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay..
De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales; de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio, alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.
Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales" que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la, participación del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra concluyendo con Oribe".
Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas, pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados participaban en común, también en común deberían emplearse".
Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.
Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión". Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo que se hiciera a oriente de este río.
Guizot resume las opiniones como final del debate.
Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera, usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".
Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza con los interventores.
Brasil se retira
Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente no se quiere la participación brasileña.
No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención.
Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio), y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.
Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada su misión se retira de París.
Empieza la Intervención.
Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.
Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis con idéntico propósito en nombre de Francia.
Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación, cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y Lainé.
Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo, arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos la del corsario Garibaldi.
Ante ese hecho – ocurrido el 2 de agosto de 1845 – Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
Obligado (20 de noviembre).
El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el asalto que siguió.
El 5 de setiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi, con sus propias manos – que más tarde serían esculpidas en bronce en una plaza de Buenos Aires –, arrió la bandera argentina.
De allí la escuadra se divide. Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra.
Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar" que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.
Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.
Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.
Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.
Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.
Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía vencer.
Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías.
Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos.
Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice el bravo almirante.
¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega a Corrientes, y de allí intenta el regreso.
En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una victoria" – el paso fue forzado – con ingentes pérdidas.
Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar el Paraná es muy peligroso y muy costoso.
Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió seguro. Se deshace la intervención.
Poco después – 13 de julio de 1846 – Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar en jugoso precio de laureles.
Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.
Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil. En beneficio suyo – como en 1845 y 1846 – era otra cosa. Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina (en mi libro La caída de Rosas traigo la documentación pertinente).
Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela – no tenía más falta que la de ser equivocada... Si llega a formularse nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265), lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental es terminante y decisiva.
En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela. La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo mas lamentablemente deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.
Las Tablas enumeran 480 cadáveres atribuidos a Rosas: muchos con nombres repetidos, y otros con las iniciales N. N., difíciles de individualizar. No se dice si son por delitos comunes o políticos. Y los métodos empleados al parecer por Rosas y sus mazorqueros son de lo mas variados: fusilamientos, degüellos, envenenamientos con masitas en una confitería porteña, etc. En total: 480 cadáveres a Rosas, dos libras esterlinas redondas (480 peniques) a Rivera Indarte.
Es presumible que la enorme suma de 22.030 cadáveres, a la que llega el aprovechado cordobés sumando a los 480 de sus Tablas "todos los caídos y posibles caídos anónimos en las diversas batallas y combates desde 1829", haya sido un lance para elevar a 96 libras esterlinas (22.030 peniques) sus honorarios. Pero no debieron pasar sin observación por la severa contabilidad de la Casa Lafone.
NOTAS:
(1) Luis Felipe proyectaba casar a Isabel II, de España, con su hijo, el duque de Montpensier, a lo que Inglaterra se oponía.
(2) Fuera de sus instrucciones escritas (atinentes exclusivamente a los intereses de Montevideo) Varela llevaba otras ofertas a Londres. Entre ella la de la creación de la República de la Mesopotamia, separando a Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina y poniéndolos bajo la tutela inglesa. Esta era una vieja aspiración de los unitarios, que Varela expresaría más tarde en su diario Comercio del Plata (16-6-46), y se encuentra en la correspondencia de Carril a Varela (especialmente la carta de marzo de 1845 repr., por G. F. Rodríguez Contribución histórica y documental III, 393). Varela, antes de ir a Londres, habló al general Paz de este proyecto como dice éste en sus Memorias (ed. 1917, III, 279).
(3) La denuncia del precio de un penique el cadáver convenido entre la Casa Lafone y Rivera Indarte, fue hecha por el Atlas de Londres (nº de 1-3-45) y reproducida por La Presse, de París.
Bibliografía
ARANA, Enrique: "Rosas y la Política Internacional".
EZCURRA MEDRANO, Alberto: "La Vuelta de Obligade". (Rev.
J. M. de Rosas, Nº 8.)
MANSILLA G.: "La Vuelta de Obligado". (Rev. J. M. de Rosas, Nros. 15-16.)
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: "Rosas Frente al Imperialismo Inglés".
RAMIREZ JUAREZ: "Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la Plata".
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