Decretan la quiebra del restaurante más aristocrático de la
Argentina.
Tras sobrevivir a la pandemia y ensayar una reapertura, el
mítico establecimiento de la City porteña sucumbió ante la crisis que atraviesa
la gastronomía.
La crónica dice que el Juzgado Nacional de Primera Instancia
en lo Comercial Nro. 3, Secretaría Nro. 5, de la Ciudad de Buenos Aires decretó
la quiebra de The New Brighton.
La fecha de la decisión data del 27 de febrero pasado, pero
recién se conoce mediante la publicación de un edicto en el Boletín Oficial de
la Nación informando sobre el triste final de uno de los 88 bares notables que
existen en el ámbito de la Capital Federal y que funcionaba en el microcentro,
más precisamente en la calle Sarmiento 645.
La nota judicial también informa sobre la designación de la
contadora Nancy Edith Contreras como síndico de la causa y dispone fijar hasta
el próximo 24 de abril, para que los acreedores formulen el pedido de
verificación de sus créditos de manera presencial o remota.
Se comunica además que el 9 de junio próximo se presentará
el informe individual de créditos, mientras que el 7 de agosto se dará a
publicidad el informe general.
Un bar con peso específico en la identidad porteña.
Más allá de la información concreta, la quiebra
revela la crisis que también atraviesa la mayoría de los bares notables
porteños, al punto que ya varios debieron cerrar sus puertas como La Paz,
en la Avenida Corrientes.
Otros todavía resisten los embates de la actual situación
crítica por la que atraviesan, como Café Petit Colón, que se encuentra en
alerta financiera; o La Giralda, que fue rescatado por nuevos accionistas.
Pero, en el caso de The New Brighton, catalogarlo
simplemente como un Bar Notable sería ignorar su peso específico en la
identidad porteña.
En sus salones, donde la herencia de la sastrería real
británica se funde con la leyenda gastronómica del Gato Dumas, que gerenció
Clark´s en el mismo lugar, se resumían un siglo de recuerdos, crisis y
resurgimientos.
Reconocido por su antigüedad (1908) y diseño, fue declarado Sitio de Interés Cultural por la Legislatura, lo que garantiza la preservación de su mobiliario y estética original, exponente máximo del diseño comercial inglés, destacando su boiserie de cedro y las insignias del Príncipe de Gales.
Heredero directo de la cocina de autor de los años 80, The
New Brighton funcionó siempre como el gran bistró de la City porteña y se
caracterizó por su barra de madera tallada y sus mesas con mantel por la que
pasaron empresarios, deportistas, legisladores y turistas.
Su origen explica su nombre: de 1908 a 1976, en el local
funcionó The Brighton, la sastrería preferida de la alcurnia angloporteña.
Cuando un príncipe británico quedó fascinado con el lugar.
El edificio fue considerado como una de las sastrerías más
exclusivas del mundo y se convirtió rápidamente en el epicentro de la elegancia
anglo-porteña en una época donde la calle Sarmiento aún se llamaba Cuyo.
En su libro Cafés notables de Buenos Aires (2012), Horacio
Spinetto cuenta que el príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, visitó la Ciudad
en 1925 y quedó tan impresionado con la belleza del lugar.
Como gesto de agradecimiento y reconocimiento a la calidad,
otorgó el permiso para usar su emblema personal: las tres plumas de avestruz
dentro de una corona.
Al ingresar al bar, todavía se pueden ver estas tallas
artesanales en madera de cedro coronando los arcos de los espejos, en uno de
los pocos lugares en el mundo, fuera de la Mancomunidad Británica, que exhibe
este escudo de armas con autorización histórica.
Tras haber superado un cierre de casi dos años durante la
pandemia y una posterior reapertura en noviembre de 2021 bajo la gestión de
Sebastián Di Costa (también referente del clásico Café Paulín), el
establecimiento intentó una reconversión agresiva.
La estructura de costos que se volvió insostenible.
Sin embargo, la estrategia de "democratizar" la
carta y bajar los costos operativos para atraer a una clientela más joven
parece no haber sido suficiente para compensar la caída del flujo corporativo
en la City, un ecosistema que aún no recupera su pulso pre pandemia.
Fuentes del sector indican que la estructura de costos fijos
de un local de 450 metros cuadrados, con 150 cubiertos y una dotación de
personal con alta antigüedad, se volvió una carga insostenible frente a una
rentabilidad que se erosiona mes a mes.
A pesar de haber sido declarado Sitio de Interés Cultural
por la Legislatura porteña en agosto de 2024, el reconocimiento simbólico no
logró traducirse en el alivio fiscal o el flujo de caja necesario para sanear
sus pasivos.
Pero, la crisis de The New Brighton no es un hecho aislado,
sino un síntoma de la reconfiguración inmobiliaria y comercial del microcentro.
Mientras que proyectos de "Climate-tech" y nuevos
desarrollos residenciales buscan revitalizar la zona, los gigantes de la Belle
Époque quedan atrapados en una pinza que combina deuda acumulada con caída del
ticket promedio.
Es decir, el arrastre del cese de actividades prolongado y
el reemplazo del almuerzo ejecutivo de tres pasos por opciones de
"paso" o café.
El fin de un ritual porteño que sobrevivió un siglo.
Para los nostálgicos, la caída del Brighton representa el
fin de un ritual: el del lomo envuelto en hojaldre y el piano de cola sonando
entre las sombras de la City.
Para el mercado, es una señal de alerta sobre la viabilidad
de los Bares Notables en una economía de márgenes estrechos.
El destino de Sarmiento 645 ahora queda en manos de los
liquidadores o de un posible nuevo inversor que se atreva a rescatar, una vez
más, un lugar que ya ha muerto y resucitado en varias ocasiones a lo largo de
un siglo.
Por ahora, el silencio del piano es el ruido más fuerte en
la calle Sarmiento, donde por muchos años se pudo disfrutar de "un híbrido
perfecto" entre la aristocracia británica y la revolución culinaria que el
Gato Dumas trajo a Buenos Aires en los años 70.
Cuando este aclamado chef transformó la sastrería en Clark's
en 1978, no solo cambió los percheros por mesas, sino que definió el paladar de
la City porteña con platos que The New Brighton mantuvo en su carta, respetando
las recetas originales de los años 80.
La carta legendaria que heredó del Gato Dumas.
El ejemplo más claro era el Lomo Brighton (Heredero del Lomo
Clark's), un medallón de lomo envuelto en una fina masa de hojaldre, servido
con salsa de champiñones o reducción de Malbec.
Se transformó en el plato obligado de los almuerzos de negocios, aunque también se destacaba el arroz con mariscos "Dumas", una preparación cremosa, casi un risotto pero con impronta de bistró francés, cargada de azafrán, langostinos y calamares.
También fue famosa la mesa de entradas Cold Buffet, impuesta por Dumas a modo de gran mesa central con ensaladas gourmet, fiambres de caza y terrinas, algo revolucionario para la época y que el Brighton conservó como opción para el ejecutivo apurado.
El postre emblema eran los panqueques de manzana al rhum, que se servía flambeado a la vista del cliente, un espectáculo visual que combinaba perfectamente con la penumbra de las maderas oscuras del local.
Además de esta carta de autor, Dumas recicló los antiguos
probadores de la sastrería para crear los famosos boxes o reservados.
En esas mesas pequeñas, ocultas por la madera y el bronce,
se dice que se cerraron algunos de los acuerdos financieros más importantes de
la historia argentina de los años 80 y 90.
En este contexto, fuentes de la empresa señalaron a
iProfesional que "Bajo el nombre de Campos, decidimos llevar adelante
Brighton por ser una verdadera referencia para los porteños. Fue un gran desafío
en un contexto complejo, pero logramos salir adelante".
Y añadieron: "Mantenemos la propuesta gourmet que supo
instaurar Gato Dumas, incorporando además elementos de cocina moderna que
enriquecen la experiencia".
Cómo la pandemia terminó de golpear al emblemático bar.
Con la crisis de 2001 y tras la muerte de Dumas, el
restaurante cerró sus puertas en 2002, permaneciendo ciego durante cinco años.
En 2007, el empresario español Fermín González (el mismo que
rescató el Café Paulín) reabrió el lugar bajo su nombre actual, buscando
recuperar el brillo de la sastrería original.
Pero luego fue uno de los más golpeados por la cuarentena,
permaneciendo cerrado casi dos años hasta que reabrió en noviembre de 2021, con
una estrategia de precios más accesibles para atraer a un público joven y
local.
La declaración de su quiebra es parte de una historia de una
crisis que no es un hecho aislado, sino una señal de alerta sobre la viabilidad
de los Bares Notables.
La crisis no responde a un solo factor, sino a una "tormenta
perfecta" donde convergen cambios de hábitos urbanos, rigideces
legislativas y una macroeconomía que castiga especialmente a las estructuras
antiguas.
Los ejes principales de esta problemática son:
El fenómeno del "Microcentro Vacío": Históricamente,
la rentabilidad de estos bares (como el The New Brighton, el Florida Garden o
el Café Petit Colón) dependía del flujo corporativo, bancario y judicial.
Post-pandemia: El trabajo híbrido y el home office redujeron
la población flotante del centro porteño en un 30% a 40%.
Adiós al "After Office": El consumo después de las
18:00 h, que antes sostenía el turno tarde-noche, ha caído drásticamente al
quedar las oficinas desiertas.
La paradoja de ser un Bar Notable protegido.
A estas causas se le suma una paradoja ya que lo que los
hace únicos es lo que también complica su supervivencia financiera, el de ser
un Bar Notable.
Reparar un vitral de 1908, mantener maderas de cedro o
maquinaria de café antigua es exponencialmente más caro que mantener un local
moderno de "muebles de pino".
Al ser patrimonio protegido, los dueños tienen prohibido
realizar reformas estructurales que permitan optimizar el espacio, mejorar la
eficiencia energética (climatización) o modernizar la cocina para hacerla más
rápida.
Ser "Notable" otorga prestigio y promoción
turística, pero no suele venir acompañado de exenciones impositivas o subsidios
que compensen los costos de mantenimiento patrimonial.
Estos locales también suelen tener estructuras de costos de
"vieja escuela" que chocan con la realidad actual.
Son espacios muy grandes (400 a 600 m^2) con techos altos y
muchos empleados con alta antigüedad (lo que eleva la carga previsional e
indemnizatoria).
Mientras las cafeterías de especialidad modernas (locales de
30 m^2 con 2 empleados) venden un café caro y rápido, el Bar Notable invita a
quedarse horas.
El "alquiler de la silla" por parte del cliente
que lee el diario o tiene una reunión de dos horas no cubre los costos fijos de
un salón tan vasto.
Otro factor que complica es que el consumo gastronómico se
desplazó geográficamente.
Mientras el Microcentro sufre, zonas como Chacarita, Villa
Crespo o el Distrito Joven en la Costanera captan la inversión y el público
joven.
Los Bares Notables hoy compiten contra propuestas más ágiles, con cartas reducidas y mayor rotación de público.
Publicado en IPROFESIONAL.

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