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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

domingo, 12 de marzo de 2017

Breve historia de esa costumbre de ir al cine en el Alto Valle.

Breve historia de esa costumbre de ir al cine en el Alto Valle.
Por ser un objeto de lo cotidiano, pocas veces reflexionamos acerca de la existencia y origen del cine, sobre el hábito de ir a las salas de proyección, y menos aún desde nuestro propio lugar de vida.
Nace como “cinematógrafo” en febrero de 1894, cuando Louis y Auguste Lumière, científicos franceses, lo patentan como una máquina capaz de captar el movimiento real en imágenes fotográficas y proyectarla. El estreno se realiza el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien, del Café de París. En nuestro país, mientras el gobierno liberal conservador de Sáenz Peña y Uriburu se recompone de los embates de la oposición radical liderada por Alem e Yrigoyen, llegan a la capital los primeros “quinetoscopios” de T. Edison, precursores del cinematógrafo. Muebles de madera en vertical con una máquina dentro y un visor individual, que por una moneda mostraban películas de paisajes urbanos o mujeres desnudas. El poeta González Tuñón lo registrará con sarcasmo: “El dolor mata, amigo, la vida es dura, y ya que usted no tiene hogar ni esposa eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa”.
El 28 de julio de 1896 se realiza en el teatro Odeón de Buenos Aires la primera exhibición fílmica en Argentina con la “La llegada de un tren” de Lumière.
Por esos años Río Negro es territorio nacional, con fuerte presencia del Ejército, sin pueblos originarios tras la conquista y ocupación de la Patagonia. Allí emerge Roca, como pueblo y colonia, de población predominantemente rural y escasa.
Después de la inundación del pueblo viejo, en 1899 reubicado, con una nueva oleada de inmigrantes europeos, criollos y chilenos; obras de riego, ferrocarril y comunicaciones, la fisonomía pueblerina se torna más urbana.
La vida social y cultural transcurría en casas de familia, bares, fondas, hoteles y una Escuela Elemental, con festividades patrias y de algunas colectividades, careciendo hasta la segunda década de clubes sociales o deportivos.
Las relaciones sociales mostraban marcadas diferencias entre grandes propietarios, colonos pobres, artesanos y trabajadores. Es entonces que hace su aparición el cine en el Alto Valle.
Neuquén se adelanta en 1904 con un local anexo a una farmacia con proyector de cine a kerosene, manteniendo funciones por varios años.
Roca se suma en 1912, cuando el hotel Progreso, recientemente refaccionado, instala un cinematógrafo. Al año siguiente lo hace el hotel Toscano. El diario “Río Negro” titula la noticia “Cinematógrafo” (4/4/1913): “Muy concurrido estuvo la tarde del domingo último el cinematógrafo del hotel Toscano (...)”, mencionando la lista de familias presentes, nombres que en su mayoría cubren las “notas sociales” de viajes a Buenos Aires o al exterior, indicativos de su condición social.
Muchos recordarán quizás al operador de cine del Toscano sólo como uno de los primeros fotógrafos: Máximo De Rosa, quien formó una familia extensa en Roca. También se recuerda la fonda La Victoria Española de Manuel Álvarez como la primera sala de proyección destinada exclusivamente a cine, dispuesta con mesas y sillas para el servicio de café mientras transcurría el filme.
A partir de 1923, en el nuevo edificio de la Asociación Española se harían exhibiciones de películas de manera permanente sábados, domingos y feriados, con servicio de cafetería a cargo de Timoteo Arias, antiguo propietario del bar La Sonámbula. Como vemos, el bar, la fonda o el hotel, al igual que en la Francia de Lumière, resultaron los lugares apropiados para la exhibición de cintas correspondientes al período de cine mudo.
Lentamente se va estableciendo el hábito de ir al cine como institución socialmente reconocida, aunque su número de concurrentes sigue siendo selectivo. “Los tres corazones” rememora haber visto como película muda L. Toledo. Se sorprendería hoy de saber que el mismo título tiene el drama romántico-francés dirigido por B. Jacquot del 2014.
Tendrían que pasar veinte años más para que la tecnología nos brindara el cine sonoro. Nace la productora Argentina Sono Film y Lumiton realizando cine popular de familia, tango y fútbol. El éxito de cartel de Tita Merello, Libertad Lamarque, Luis Sandrini y Niní Marshall se extiende en toda Latinoamérica, hasta que sobreviene la crisis en la década del 40.
A mediados de 1950 vuelve la recuperación de la actividad con una cierta democratización del hábito, ampliando el número de espectadores con entradas accesibles y una atracción mayor inducida ahora por una industria en desarrollo.
Domingo Esteban (1915-1960), empresario del cine local, luego del incendio del hotel Toscano en 1935, decide emigrar a Neuquén. Comienza con el micro-Odeón, para luego alquilar el Cine Español, definiendo su carrera de exhibidor. En 1946 construye las salas del Belgrano y después de un tiempo alquila el cine Español de Cipolletti, ampliando el radio de influencia. En 1950 se traslada con su familia a Roca para explotar las salas del Roca y Rex.
En esa década se afianza un nuevo hábito social y cultural. Matinée, ronda y noche dividían edades y preferencias. La asistencia masiva colmaba las salas de 600 a 1.500 butacas y los intervalos hacían de encuentros furtivos, relaciones románticas, amistades y desencuentros. Sortear a Vuano, el encargado del Roca, como menores, requería toda una estrategia planificada. La elevada estatura de Fiat, el operador del Roca, parecía que le iba impedir subir las escaleras que lo conducían a la sala de proyección. Ambos personajes junto a Zamarreño, del Rex, entrañables del recuerdo, son inseparables de la imagen de cine que quedó en nosotros.
La salida del cine constituyó otra rutina ineludible. El ruido característico de las tapas de metal de los recipientes de helados de la confitería El Molino anticipando otro deleite, al igual que los submarinos con bay biscuit o las pizzas chorreantes de muzzarella de la Rex completaron la película que fuimos filmando como protagonistas secundarios, y que no alcanzó a registrar ningún celuloide.

Autor: Roberto "Tony" Balmaceda Docente e investigador de General Roca.

* Publicado en el Diario "Río Negro", 10/03/2017.

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