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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).
“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
domingo, diciembre 28, 2025
Marie-Anne Erize, “la montonera”, y Serrat.
martes, marzo 25, 2025
Momento musical. LLEGAR A VIEJO. JOAN MANUEL SERRAT.
LLEGAR A VIEJO.
JOAN MANUEL SERRAT.
lunes, marzo 24, 2025
Joan Manuel Serrat y su amor por nuestra Argentina.
"Amo a la Argentina porque como dice mi madre, allí comí mucho tiempo. La he amado hasta cuando me apoyaban las itakas en el pecho, cuando tuve amenazas de bombas en el escenario, cuando amenazaban de muerte a los periodistas que recogían en sus diarios mis declaraciones. La he amado, la amo en cada uno de sus habitantes. Hasta en los que no me quieren. Salí a la calle, conocí mucha gente, compartí lo que estaba ocurriendo. Allí tengo amores, desamores y tantos amigos muertos. Una parte de mi mismo está enterrada en la Argentina. Un trocito de mi que mataban cada vez que me mataban un amigo. Un trozo mío por cada desaparecido. Hay que contarles sobre esos días terribles a los muchachos, porque los pueblos que pierden su memoria pierden la llave de su historia. Hay que contarles y recordar a nuestros muertos y entonces sí que no habrá más penas ni olvidos." Joan Manuel Serrat.
miércoles, diciembre 27, 2023
sábado, enero 14, 2023
lunes, noviembre 28, 2022
JOAN MANUEL SERRAT EN LA ARGENTINA 2022.
Un hasta siempre.
El gallego de Barcelona. El más argentino de los españoles. El tipo al que se ha amado y odiado, muchas veces más por sus ideas que por su arte. El cantautor enorme que cambió el curso de las cosas. El amigo trasatlántico que se plantó en momentos difíciles. Se llama Joan Manuel Serrat. Es el hijo de un matrimonio entre un plomero anarquista catalán y un ama de casa zaragozana. Y aunque ha cantado y grabado muchísimo en la lengua de su Poble Sec natal, fue con el castellano que se hizo internacional y que se convirtió, también por acá, en uno de los artistas más significativos de la segunda parte del siglo pasado.
Serrat en Argentina está atravesado por miles de historias personales, de recuerdos, de canciones que no pueden ser mejor logradas, del mejor intérprete para un repertorio que habla del amor, de las injusticias, de la lucha de los pueblos y hasta de la ecología. Por cierto, no hay modo de que sea igualmente genial todo lo que hizo; sería una utopía. Pero es tan voluminoso lo del más alto vuelo, que pasará mucho tiempo para que volvamos a tener sobre los escenarios un cantante/ compositor/poeta de semejante envergadura.
Este tour tiene todos los condimentos necesarios para la emoción; inclusive la particularidad de que habrá pequeños cambios en cada uno. Por caso, nos tocó escuchar una interpretación de “Vendedor de yuyos” de Atahualpa Yupanqui que no se escuchará en todos. Pero, por supuesto, en la base de sus conciertos estarán siempre sus maravillosas “Mi niñez”, “Lucía”, “Señora”, “Penélope”, “Fiesta”, “Tu nombre me sabe a hierba”, “Mediterráneo”. Recordará cada noche la trágica historia de su abuelo con “El carrusel del Furo”. Homenajeará a su madre con la bilingüe “Cançó de bressol” y a su “Pare” con su imponente alegato ecologista en catalán. Tendrán sus momentos Miguel Hernández –“Las nanas de la cebolla”, “Para la libertad”- y Antonio Machado –“Cantares”-. Hablará con el público, un poco más que en otros recitales, y hará algunos graciosos pases de stand up. Lo acompañará un septeto comandado por su fiel Ricard Miralles y en el que no falta otro legendario, Josep Mas “Kutflas”. Hará un dúo con su violista Úrsula Amargós para “Es caprichoso el azar”. Y aunque se quejará de su calvicie y de que tiene “las rodillas hechas polvo”, se lo verá muy bien con sus 78 años y los golpes que ha atravesado su salud. Naturalmente, la voz no tiene la brillantez de etapas juveniles y algunas melodías han merecido cambios para evitar agudos antipáticos. Pero a quién puede importarle; ni a los ásperos críticos que nos dedicamos a eso. La emoción, la del público y la del propio artista, en este caso supera todo. No queda entonces otro modo de cerrar esta nota con un “gracias Nano, por todo; las puertas siempre estarán abiertas por aquí”.
Por RICARDO SALTON Periodista crítico de música. Para Diario Perfil.
sábado, noviembre 26, 2022
Día del Humorista en la Argentina.
Día del Humorista en la Argentina.
Roberto Alfredo Fontanarrosa (conocido como “El Negro”
Fontanarrosa ) nació en Ciudad de Rosario “La cuna de la Bandera Argentina”
creada por ese gran argentino que fuera el General Manuel Belgrano. Nace un 26
de noviembre de 1944. Y resultó ser “negro y canalla” que ganó fama en el mundo
dibujando un Inodoro, simpatizante de
Rosario Central.
El 26 de noviembre se celebra en la Argentina el Día
Nacional del Humorista, en conmemoración al nacimiento del escritor, dibujante
y humorista gráfico rosarino Roberto Fontanarrosa.
Por el año 1973 dibuja en las revistas Hortensia y Satiricón
y en el diario Clarín. Entre sus personajes más conocidos están el matón Boogie
El Aceitoso y el gaucho Inodoro Pereyra y su perro Mendieta que cada comentario
de Inodoro Pereyra, reflexionaba ¡que lo parió!.
El cantante catalán Joan Manuel Serrat, que fue su amigo y
estuvo hace poco en la última gira despedida de escenarios, recordaba en varias
ocasiones que caminar con él por la ciudad significaba detenerse a cada paso
para saludar y conversar, principalmente, con desconocidos.
Su odio hacia Newell's Old Boys era tremendo y contaba “siempre duermo hasta el mediodía. Mi esposa
sólo me despertó dos veces en mi vida antes: la primera, el día del desembarco
de las Malvinas. La segunda, para informarme del fichaje de Maradona por
Newell's. No sabría decir qué fue peor".
En la década de los
años ´70 y ´80 se lo encontraba tomando un café en sus ratos libres en
el bar “El Cairo” situado en Santa Fe y Sarmiento, de la Ciudad de Rosario,
sentado a la emblemática “mesa de los galanes”, motivo de muchos de sus mejores
cuentos.
En 2003 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica
motivo por el cual desde el año comienza a trasladarse en una silla de ruedas.
El 18 de enero de 2007 anunció que dejaría de dibujar sus historietas,
debido a que había perdido el completo control de su mano derecha a causa de la
enfermedad. Desde entonces, Crist (Cristóbal Reinoso) se encargó de ilustrar
sus chistes sueltos, mientras que Oscar Salas hacía lo mismo con sus
historietas de Inodoro Pereyra pero siguió escribiendo los guiones de sus
creaciones.
Un jueves 19 de julio de 2007 con solo a los 62 años, a las
3 de la tarde, se fue Fontanarrosa.
Desde hace años en la Argentina nuestra y querida hay una campaña que la
fecha del Día del Amigo que es el 20 de Julio (día de la llegada del hombre a
la luna, en 1969, impulsada por el músico, odontólogo y profesor de psicología
argentino Enrique Ernesto Febbraro.) se cambie por el 19 Julio. Una buena idea
que así sea.
domingo, noviembre 20, 2022
Joan Manuel Serrat, una despedida hasta siempre.
El hombre se despide, saluda otra vez, intenta el imposible de devolver ese amor a cada rincón de un estadio repleto del que baja una catarata interminable. Serrat saluda. Serrat sonríe. Serrat mira a ese público argentino con el que tiene una relación larga e inquebrantable. Y se da vuelta y le indica a su banda que habrá que tocar otra más, y propone un experimento, "vamos, escojan ustedes una canción", dice, y sabe que es tarea imposible pero entre el griterío se decide por una.
Y canta "Pueblo blanco", y en el Movistar Arena no vuela una mosca.
Los corazones vuelven a esponjarse, todo son callejas de polvo y piedra y la voz del Nano trayendo de nuevo al sacristán, al cura y al cabo, a los que quedaron cautivos del tiempo y sin embargo están acá. "He venido a despedirme en persona", dijo al comienzo, pero algunas despedidas pueden tener el sabor de un hasta siempre. Las canciones lo hacen posible. El mismo pidió no engancharse en la melancolía, disfrutar el momento. Y la multitud que participa de cinco shows a sala llena en Buenos Aires de El vicio de cantar, la gira despedida del artista catalán, no viene a cerrar un círculo aunque sepa que se trata de eso. Viene a recordarse y a recordarle que en el arte nada termina, que todo sigue, verso a verso.
Durante dos horas y media, entonces, Serrat recrea todos los hechizos. Su voz puede haber perdido algo de caudal -joder, ese hombre está al borde de los 79 años- pero conserva la afinación, la personalidad, la sutileza y la potencia del sentimiento aún en melodías cantadas miles de veces. Al comando de otro eterno, Ricardo Miralles, su banda propone exquisitez sin estridencias, el perfecto tapiz musical donde ir hilvanando las historias. Y Serrat las cuenta y las canta, y se reserva varios momentos del concierto para hablar de la despedida, y para hacer reír, y para decir que algunas de las cosas que se cuentan en sus canciones son mentira pero no, y que las emociones salvan a las canciones y que los personajes son eternos. Que la "Señora" sigue en sus 40 de muy buen llevar y él... bueno, ya no es aquel muchacho. Pero a nadie le importa.
A nadie le importa porque cuando Nano se sienta en una mesita de bar, y habla de sus personajes, y se larga con una versión descomunal del "Romance de Curro el Palmo", se borran todas las décadas. Para él y para todos, que vuelven a estar frente al Winco refugiándose en Serrat en tiempos oscuros, y esta noche lagrimean de la fila uno hasta las últimas butacas allá arriba. La lista de estos conciertos irá introduciendo modificaciones noche a noche, pero la médula del asunto no deja espacio a insatisfacciones: tras "El carrusel del Furo" y hablar de su abuelo asesinado por el franquismo, larga el combo demoledor de "Lucía" y "Señora". Promediando el show revive la historia del hombre enamorado de un maniquí, y "De cartón piedra" conmueve las paredes. "Algo personal" conserva su carga de catarsis contra los poderosos del mundo. Antes de la última tanda de canciones inoxidables, "Hoy puede ser un gran día" viene acompañado por un lúdico juego con Giocondas de toda clase en la pantalla, y el lagrimeo se vuelve sonrisa optimista, porque así pasa con Serrat.
La pantalla, por otra parte, es el único y eventual gesto hacia la supuesta obligación de estos tiempos, que dice que hay que utilizar toda tecnología disponible para hacer de cada show un gran espectáculo. Serrat no lo necesita: sale sencillamente vestido -saco, camisa y jeans-, con un telón rojo de fondo y una puesta de luces sin explosiones efectistas, y toma el micrófono y ejerce de crooner de la sensibilidad, de hombre convencido de que el encanto de esas melodías y el espesor de la poesía son suficientes para llenarlo todo. Su vínculo con el público argentino se construyó así y está intacto.
Y así se amontonan las canciones y su carga emocional. Las amables reflexiones amorosas de "No hago otra cosa que pensar en ti" y todo el dolor contenido en las "Nanas de la cebolla" de Miguel Hernández, el poeta perseguido con el que corona ese pasaje levantando al auditorio en "Para la libertad". La añeja apelación ecologista de "Pare" en catalán, antes de una andanada final de clásicos y más clásicos que derrumban toda barrera emocional.
Porque Serrat arrancó uniendo puntas con un tema cercano en el tiempo como "Dale que dale" y un viejo recuerdo en "Mi niñez", pero a la hora de redondear una despedida perfecta saca a pasear los tanques. "Mediterráneo" une a todo el estadio en un coro general, y el cantante aprovecha y les propone a todos que canten, que canten sin miedo "aunque tratemos de conservar el tempo y la afinación", y "Aquellas pequeñas cosas" se vuelve ceremonia colectiva. Y para el primer, falso cierre, no puede faltar el recuerdo de Antonio Machado, y "Cantares" produce una apoteosis, brazos en alto con caminante no hay camino se hace camino al andar.
Y parece que termina, la banda saluda, pero no va a ser tan fácil. El público quizá ya aceptó la idea de que no habrá más Serrat en el escenario, pero hará lo posible por estirar lo más posible su última noche. Y se multiplican los cánticos y los pedidos de otra. Para señalizar su primer encantamiento con la música popular argentina, el cantor concede un tributo a Atahualpa Yupanqui con "Vendedor de yuyos", y de inmediato golpea fuerte con "Penélope", deja a todos con una mirada soñadora en el andén y propone su experimento y elige "Pueblo blanco" y entonces sí, con los latidos al galope, advierte que hay que bajar la cuesta, que arriba en la calle se acabó la fiesta.
Lo dijo al anunciar esta última gira: en este 2022 Serrat clausura la fiesta del escenario, pero no su vínculo con la actividad artística. Y desde luego, no hay decisión personal que pueda diluir lo que ha pasado en todos estos años entre el artista y la Argentina. Porque dedicó su vida al vicio de cantar, y en el trámite contagió a miles y miles, que se desparraman por las calles de Villa Crespo todavía enjugándose los ojos, todavía cantando, todavía jóvenes por siempre. Como las canciones. Como Serrat.
De lo publicado en Página 12.
https://www.pagina12.com.ar/499465-joan-manuel-serrat-una-despedida-hasta-siempre
sábado, noviembre 12, 2022
Serrat y el país, cuarenta años después.
El país tiene seis veces más pobres que cuando el catalán vino por primera vez.
Aquella primavera llegó cuando era todavía invierno. Joan Manuel Serrat volvió a pisar los escenarios argentinos en junio de 1983.
Cuando cantó en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, aquellos jóvenes de hace 40 años respiraron por primera vez la libertad que él cantaba en los poemas de Miguel Hernández.
"El público de Serrat ha crecido hasta acercarse a la jubilación sin dejar nunca de esperar que el país se sacara de encima esa inflación que un par de veces imaginó desterrada".
Se iba la dictadura, apenas había pasado un año de la derrota en Malvinas y una campaña electoral corría detrás de una misma esperanza con la reaparición de artistas prohibidos y los primeros regresos del exilio.
También había ausencias y un silencio espeso se disolvía de a poco. Los años de plomo empezaban a expresarse en palabras.
Nadie sabía, ni el mismo Serrat, que aquellos días de la primavera democrática abrirían un ciclo tan largo como el que se prepara para cumplir 40 años ininterrumpidos de Estado de derecho y libertades públicas.
Se iba la dictadura, apenas había pasado un año de la derrota en Malvinas y una campaña electoral corría detrás de una misma esperanza con la reaparición de artistas prohibidos y los primeros regresos del exilio.
También había ausencias y un silencio espeso se disolvía de a poco. Los años de plomo empezaban a expresarse en palabras.
Nadie sabía, ni el mismo Serrat, que aquellos días de la primavera democrática abrirían un ciclo tan largo como el que se prepara para cumplir 40 años ininterrumpidos de Estado de derecho y libertades públicas.
Serrat repasa su obra y abajo, una platea emocionada repasa toda una vida acompañada con esa música. Todos han cambiado. Los veinteañeros de la primera vez bordean los sesenta años en la última actuación.
También el país que volvía a pisar ha cambiado. La democracia sigue en pie, al cabo de 40 años, como saldo central de un período tan extendido. Pero aquellas esperanzas de un país mejor en libertad han chocado contra incontables obstáculos. Tantos, que mirado en perspectiva se advierte un retroceso inocultable.
Los gobiernos constitucionales no encontraron la forma de salir del camino de la decadencia económica, política y social. El ciclo descendente había empezado antes, cuando se agotó el modelo de sustitución de importaciones que había generado ocupación plena de la industria.
"Reunidos por última vez con Serrat, los argentinos que van a despedirlo olvidan por un momento que están divididos entre sí".
El público de Serrat ha crecido hasta acercarse a la jubilación sin dejar nunca de esperar que el país se sacara de encima esa inflación que un par de veces imaginó desterrada, pero que siempre regresó como un drama sin final.
Son los mismos argentinos que se hicieron especialistas en crisis, aprendieron a malvivir entre los aumentos de precios, los cortos ciclos de normalidad y los abruptos sacudones que derrumban toda la estantería económica.
Entre la aceptación y el rechazo a la corrupción hubo también una correlación permanente durante estas cuatro décadas en las que Serrat cantó que entre “estos tipos y yo hay algo personal”. Según sea la situación económica, crece o desciende la preocupación por los robos que durante distintos gobiernos se perpetraron desde la función pública.
Reunidos por última vez con Serrat, los argentinos que van a despedirlo olvidan por un momento que están divididos entre sí. Ni su pertenencia a una región que quiere dejar de ser España movió al cantante catalán de una conducta comprensiva y abarcativa.
Las únicas grietas que Serrat vino a mostrar son sus arrugas bien ganadas, a tono con los años que dejan ver en las caras sus espectadores. Durante tantos años de giras entre nosotros, de tanta familiaridad acumulada, nunca faltaron los que quisieron sumarlo a alguno de los bandos en pugna. Serrat también demostró sus artes de escapista de esas trampas.
Si en 1983 llegó a un país esperanzado a cantar su felicidad por haber vivido él mismo sus primeros años en democracia española, Serrat está ahora despidiéndose de una Argentina cansada de repetir errores que agravan sus dramas.
El país tiene hoy seis veces más pobres que cuando el Nano empezó sus giras y, como entonces, está entre las naciones con inflación más alta. Sus tasas de inseguridad han crecido, el narcotráfico floreció y se instaló en todo el país, y el miedo a ser víctima de un delito contra la propiedad no tiene antecedentes.
Los dirigentes políticos llaman la atención más por la intensidad de sus peleas que por la calidad de sus ideas. Y todo llega al paroxismo en estos mismos días con un gobierno que no es uno sino tres, negadas unas partes con las otras, sin rumbo ni vergüenza para asumir sus errores.
Serrat disimula como puede la realidad que visita y agradece tanto cariño alimentado durante décadas. Juguetea con la idea de la muerte en una maniobra que ofrece un giro sorpresivo al final.
Bien podría ser el mensaje que vino a dejar, así como hace 40 años le tocó anunciar que volvía la democracia. Habla de la muerte durante el show, pero al final, alerta con un mensaje que no podemos ignorar: “Lo que queda es el futuro, solo eso, lo que queda es el futuro”.
Por Sergio Suppo.
Imágenes pertenecen a la publicación del Diario La Nación, 11/11/2022.






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