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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, junio 29, 2025

Juan Bautista Alberdi y la estética federal en la Buenos Aires de la época rosista.

 


“La divisa punzó federal, símbolo de la causa, es un eficaz medio de unión. Lo mismo el color rojo… Poco a poco todo se irá enrojeciendo. Y la ciudad llegará a estar casi entera pintada de rojo”. (Gálvez, 1940, pág. 244)

Estas palabras que Manuel Gálvez utilizó para reafirmar la omnipresencia del rosismo en Buenos Aires, incluido en la biografía sobre el Restaurador de las Leyes que dicho escritor publicó en 1940, y que el mismo autor retomó dicha idea en su novela “La ciudad pintada de rojo” (1948) -donde reflejó la vida de tres familias federales en el contexto del bloqueo francés de 1838- dan una idea sobre la presencia estética del rosismo en la Buenos Aires de antaño, con la imposición oficial del “rojo punzó” en los usos y costumbres de la sociedad porteña de la época, hasta su aceptación por parte de la población adherente a la figura del Restaurador, planteando, por ambos caminos, una construcción de una identidad Federal y Rosista.

ETICA POLITICA Y ESTETICA

A toda ética política le corresponde una estética que ejemplifique las características principales de su matriz ideológica. Si bien esto fue más propio, en apariencias, a los movimientos ideológicos del Siglo XX, ya desde la Revolución Francesa a fines del Siglo XVIII se encontraban representaciones que tendían a “explicar” el basamento ideológico de dicha revolución.

Nuestro mundo colonial tuvo su estética tomada de los modelos culturales y sociales de la península ibérica, amalgamada con lejanos ecos de tradición indígena, la influencia afro de los esclavos y nuevas pautas del espíritu criollo, -done ele terracota y el gris sepia predominó- de igual manera se expresó en la época de Juan Manuel de Rosas.

Su ascenso como gobernador bonaerense el 8 de diciembre de 1829, luego del golpe de Estado “decembrista” contra el gobernador Manuel Dorrego y su posterior fusilamiento en manos del general Juan Galo Lavalle, un año atrás, marcó un antes y después en la comunidad política porteña y repercutió en las provincias, que luego conformarían la Confederación Argentina, en el marco de la guerra civil local.

Desde la imposición del gobierno “desde arriba” en la utilización de consignas y uniformidad en el color rojo hasta el surgimiento “desde abajo” de una simbología iconográfica, la realización de actos oficiales, el desarrollo de fiestas populares, la transmisión del mensaje federal desde los periódicos, poemas, canciones y demás producciones de sentido, en los discursos en el ámbito de la sociedad civil, en las reuniones informales y las tertulias, y hasta en los mensajes en los ámbitos escolares y académicos, como en su imbricación en los sermones religiosos, dio como sumatoria la conformación de una estética que reflejó una original cultura popular federal y rosista.


VISION OPOSITORA

Fueron los opositores, José Rivera Indarte, Domingo Faustino Sarmiento y Esteban Echeverría, entre otros, quienes detallaron de forma negativa dichas acciones políticas.

Domingo Faustino Sarmiento en su inmortal Facundo (1845) refirió: “El 13 de abril de 1835 se recibió Rosas del gobierno… De la Sala de Representantes, a donde ha ido a recibir el bastón, se retira en un coche colorado, mandado pintar ex profeso para el acto, al que están atados cordones de seda colorados y a los que se uncen aquellos hombres que, desde 1833, han tenido la ciudad en continua alarma por sus atentados y su impunidad: llámanle la Sociedad Popular, y llevan el puñal a la cintura, chaleco colorado y una cinta colorada, en la que se lee: ´Mueran los unitarios´… Cuatro días después, la parroquia de San Francisco anuncia su intención de celebrar una misa y Te Deum… Las calles circunvecinas están empavesadas, alfombradas, tapizadas, decoradas…. El pueblo llena las calles, los jóvenes acuden a la novedad, las señoras hacen de la parroquia, su paseo de la tarde… Ocho días después, otra parroquia anuncia su Te Deum… El retrato del Restaurador está en la calle en un dosel, en que los terciopelos colorados se mezclan con los galones y las cordonaduras de oro… De las fiestas sale, al fin de año y medio, el color colorado, como insignia de adhesión a la causa; el retrato de Rosas, colocado en los altares primero, pasa después a ser parte del equipo de cada hombre, que debe llevarlo en el pecho, en señal de amor intenso a la persona del Restaurador… La cinta colorada es una materialización del terror que os acompaña a todas partes, en el seno de la familia; es preciso pensar en ella al vestirse, al desnudarse, y las ideas se nos graban siempre por asociación”.


APOYO POPULAR

Pero para otros estudiosos, como Ernesto Palacio en su Historia de la Argentina 1515-1938 (1954), dicha imposición “desde arriba” tuvo su lógica en corresponder al apoyo popular ya existente, sobre todo en el primer gobierno de Rosas, en la utilización de la simbología federal y justificar la lógica de los adherentes en un sustrato sociocultural identitario: “Aprovechando el entusiasmo suscitado por la terminación feliz de la guerra civil, celebrada con fiestas y Te Deum, se estableció el uso del cintillo rojo con la inscripción ´Federación´ como obligatorio para todos los funcionarios administrativos, civiles y militares; con lo cual Rosas no hacía más que sancionar una costumbre que ya se había impuesto como tal y que respondía a la necesidad que siente el pueblo de expresar en símbolos su fe. Se iniciaba así la mística del régimen, con sus consabidos actos, objetos y palabras sacramentales. Así como el rojo era el color federal, habría muy pronto una manera federal de vestirse y de llevar el bigote y la patilla, un ceremonial complicado, un estilo, que se caracterizaría por cierto énfasis tradicionalista y criollo, y aún por cierto “gauchismo” provocativo, que no era más que una reacción legítima contra el irritante extranjerismo que afectaban los rivadavianos. El ´gringo´ -es decir, el inglés o el francés- dejaría de ser objeto de culto para convertirse en un objeto de mofa o de natural recelo. Y el ´hijo del país´ -despreciado hasta entonces por la minoría urbana- recuperaría el sentido de su dignidad y el tranquilo orgullo de saberse dueño de casa”.

ROL SOCIAL DEL PUNZO
El rol social del “punzó” como muestra explícita de apoyo a Rosas, mixturando consignas religiosas con elementos laicos, como valoración de lo federal en su base popular, y su exteriorización en usos y vestimentas, fue destacada por Juan Bautista Alberdi.

El jurista tucumano marcó con sus textos la identidad de la nación argentina, teniendo una relación de tensión con Rosas. A veces, como en su Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho (1837), pudo entender nuestro trasfondo sociocultural, en clave historicista, y percibir el fenómeno de Rosas, el cual se basó en “el corazón del pueblo”.

Aunque -bloqueo de Francia mediante- las pasiones se tensaron y la Generación del ‘37 pasó a oponerse al Restaurador desde el exilio. Allí Juan Bautista, en su ostracismo chileno, fue un abanderado en la lucha contra el gobernador bonaerense.

Pero, un tiempo antes, desde las páginas de su periódico La Moda: Gacetín Semanal de música, de poesía, de literatura, de costumbres (1837/38) también exteriorizó dicha compresión.

El joven abogado y escritor prolífico, concurrente del Salón Literario y figura clave de la Generación del ’37, en el número 3 de La Moda, del 2 de diciembre de 1837, amén de sugerir “el azul- violeta” y “el pan quemado” como colores de moda masculina y el “verde botella o azul oscuro” como tonos para los vestidos de mujeres, siguiendo la moda francesa, expresó su comprensión del fenómeno estético del color federal en un artículo titulado “Modas Política”: “Cuando una idea política adopta un color por emblema suyo, y esta idea se levanta sobre todas, el color que la simboliza, en manos del espíritu público no tarda en volverse de moda: todos desean llevar sobre sus vestidos el color que expresa el pensamiento y el interés de todos; y consigue de este modo el doble imperio de la sanción pública y de la moda, que también es una sanción pública. Tal es entre nosotros el color punzó, emblema de la idea federativa: es a la vez un color político y un color de moda: lo lleva el pueblo en sus vestidos, y el poder en sus banderas, contando así con una doble autoridad de que, sería ridículo pretender substraerse. Esos que repugnan el color punzó, debieran ver que le lleva sobre su seno, el Pueblo, que es mejor que ellos, y que honra todo lo que toca. Se ha de cerrar los ojos a lo que el pueblo quiera, para ser buen patriota; y lo que el acostumbre, ha de ser santo: fe en el pueblo tanta como en Dios: culto a la una como a la otra magestad (sic): es el dogma de los hombres libres”.

Siguiendo con La Moda, el rojo monopolizó la vida porteña. El uso de dicho color coincidió a su vez con la moda que Manuel Mateo Masculino logró imponer con los peinetones, y otros elementos del vestuario como abanicos, guantes, fondos de galeras, elementos de uso cotidiano, como en la platería de época: mates, cuchillos, rastra, cigarreras, calentadores, sahumadores, fuentes, jarras, platos y demás elementos, tenían referencias federales, desde las siglas “F. o M.” (Federación o Muerte), la consigan de forma completa, “Viva la Federación: Mueran los Unitarios” o “Rosas Federación: Independencia o Muerte”.

En cuanto a las producciones de sentido, desde poemas, canciones, libros, en la información periodística, hasta en la música y en el teatro, lo federal abarcó todas las realizaciones. Mención especial tuvo la divisa punzó, el cintillo que determinó, no sólo un distintivo político sino un símbolo de orgullo y de exaltación del orden federal.
 

Sí, efectivamente, “la ciudad se pintó de rojo”, desde lo oficial y desde la sociedad civil.

Pablo A. Vázquez *Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Juan-Bautista-Alberdi-y-la-estetica-federal-en-la-Buenos-Aires-de-la-epoca-rosista-561264.note.aspx

viernes, octubre 25, 2024

Narradores con tarjetas amarillas. Por Fernando Sorrentino.

 


Manuel Gálvez nació en 1882 en Paraná y falleció en Buenos Aires en 1962. De su abundantísima producción narrativa, apenas alcancé, allá por la década de 1960 y movido por la curiosidad, a leer dos novelas: La maestra normal (1914), de la que sólo recuerdo que su protagonista se llamaba Raselda, nombre que jamás volví a oír ni a leer, y El mal metafísico (1916), de la cual no recuerdo absolutamente nada. Lo cierto es que, debido a que mis gustos literarios marchan por otros senderos, preferí no reincidir en otras obras suyas.

En 1919, cuando don Manuel se iba acercando a sus primeras cuatro décadas de vida, publicó la antología Los mejores cuentos (Buenos Aires, Editorial Patria). Los autores seleccionados son veinte, tal como aparecen ordenados en el libro:

Carlos Octavio Bunge, Atilio Chiáppori, Juan Carlos Dávalos, Ángel de Estrada, Delfina Bunge de Gálvez, Alberto Gerchunoff, Joaquín V. González, Pablo (sic por Paul) Groussac, Ricardo Güiraldes, Enrique Larreta, Jorge Lavalle Cobo, Martiniano Leguizamón, Leopoldo Lugones, Benito Lynch, Carlos Muzio (sic; en otras publicaciones se lee Muzzio) Sáenz Peña, Roberto J. Payró, Luisa Israel de Portela, Horacio Quiroga, Ricardo Rojas y Manuel Ugarte.

En el párrafo inicial de su “Prólogo” el antólogo explica el propósito que lo condujo a realizar tal labor:

“Siempre he creído que el escritor argentino, dada la escasez de trabajadores intelectuales en nuestro país, no debe limitar la útil labor del espíritu a la realización de su propia obra. Porque hay, dentro de la cultura general, una tarea muy vasta que cumplir. Y entre los varios deberes que se presentan al hombre de letras, figura el de difundir la buena literatura de su patria. Me parece que quien esta empresa acometa realizará una obra de justicia y de patriotismo. De justicia, haciendo que se conozca a los escritores de real mérito, contribuyendo a la determinación de los valores literarios; y de patriotismo, en cuanto al seleccionar con honestidad artística, con sano criterio, y con espíritu argentino, la múltiple labor de los autores de su patria, hará conocer y amar del público, siempre distraído para estas cosas, los paisajes, los caracteres, las almas de su país.

FLORILEGIO.

Si damos crédito al título del florilegio, debemos creer que estamos en presencia, en efecto, de Los mejores cuentos. Y tal vez la loa sea relativamente justiciera, al menos para aquel momento de nuestra realidad literaria. Sin embargo, esos méritos no impiden que, en varias de las breves semblanzas que preceden a cada uno de los cuentos, Gálvez interponga, a la manera del réferi que a los futbolistas aplica tarjetas amarillas (pero no rojas), algunas objeciones. Veamos algunas:

* Carlos Octavio Bunge: “Dos volúmenes de narraciones publicó en vida el sociólogo de Nuestra América. Dentro de su vasta obra, no son aquellas páginas las mejores ni mucho menos”.

* Atilio Chiáppori: “Si sintiera y conociera el castellano como siente y conoce la música y el color de las palabras, serían escasísimos los estilistas hispanoamericanos que pudieran comparársele”.

* Delfina Bunge de Gálvez: “Si … figura en esta Antología, es principalmente por tratarse de un cuento distinto a todo lo que suele publicarse”.

* Joaquín V. González: “…con acento melancólico que llega a veces hasta la quejumbre, y en su estilo de frase larga y en ocasiones demasiado lento y monótono…”; “El mérito … no está en su argumento, ni menos en su desarrollo, que demuestra escaso conocimiento del métier…”.

* Ricardo Güiraldes: “Si Güiraldes estudiara y abandonara sus extravagancias de estilo, escribiría cuentos y novelas como raras veces se habrán escrito en este país”.

* Enrique Larreta: “Tal vez no posea Larreta condiciones extraordinarias de novelista…”.

* Martiniano Leguizamón: “Escribe en forma incorrecta y áspera…”.

* Leopoldo Lugones: “…el relato pierde emoción y unidad a causa de lo retorcido y artificioso del estilo”. 

* Roberto J. Payró: “Su defecto más visible es el de ser demasiado periodista”.

* Luisa Israel de Portela: “Sus breves relatos tienen siempre un argumento interesante, que la autora desarrolla con bastante habilidad. Es su mérito”.

* Horacio Quiroga: “Carece de ternura y de emoción; y escribe en una prosa harto incorrecta, resultado, en parte, de su afán de sintetizar y apretar sus párrafos hasta la exageración”.

* Manuel Ugarte: “Sus narraciones de asunto local carecen de verdadero carácter. Ugarte se complace en colocar sus argumentos en el campo, y no conoce suficientemente ni la vida del campo ni la psicología del paisano”.

NEPOTISMO.

Según vemos, exento del pecado de nepotismo, Gálvez no se privó de amonestar con sendos coscorrones a su cuñado Carlos Octavio ni a su cónyuge Delfina.

En cambio, se han librado de recibir tarjetas punitivas Juan Carlos Dávalos, Ángel de Estrada, Alberto Gerchunoff, Paul Groussac, Jorge Lavalle Cobo, Benito Lynch, Carlos Muzio Sáenz Peña y Ricardo Rojas.

Arribé con mucha demora a aquel partido de 1919. No obstante, me parece que más de uno de estos privilegiados habrían merecido recibir alguna tarjeta, no sé si amarilla o roja. Pero, en fin, siempre estará el VAR para volver a equivocarse…

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Narradores-con-tarjetas-amarillas-551894.note.aspx

sábado, octubre 12, 2024

El 12 de octubre de 1916, un presidente en brazos de su pueblo.

El 12 de octubre de 1916, un presidente en brazos de su pueblo.

Por Diego Barovero.

 A partir del año 1862 con Bartolomé Mitre, los presidentes de la Nación elegidos bajo los términos de la vieja Constitución Nacional de 1853/69 asumían el 12 de octubre y sus mandatos cesaban, luego de seis años, ese mismo día con el traspaso de mando a su sucesor. La tradición está plagada de anécdotas y recuerdos en torno a esa fecha que, por otra parte, remite al Descubrimiento de América actualmente denominado Día de la diversidad cultural.

Sin embargo la historia muestra también como excepciones a la fecha mentada, aquellas ocasiones en que mandatarios de facto asumieron como consecuencia de interrupciones de los mandatos constitucionales de aquellos presidentes que fueron derrocados por movimientos militares sublevados siendo una infeliz habitualidad a partir de 1930. De tal suerte, ya en el siglo XX, numerosas veces asumieron gobiernos electos en otra fecha diferente al señalado 12 de octubre, como consecuencia de la realización de actos electorales tendientes a la normalización de la situación legal.

Como consecuencia de interrupciones al orden constitucional la historia registra que los dos últimos presidentes que asumieron sus mandatos constitucionales un 12 de octubre fueron Arturo Umberto Illia y Juan Domingo Peron, en 1963 y 1973 respectivamente.

PARTEAGUAS.

Retrotrayendo el reloj histórico nos encontramos con una de transiciones entre gobiernos constitucionales que ofrece algunos ribetes dignos de señalar. Nos referimos al 12 de octubre de 1916, fecha en que asumiera la primera magistratura del país el doctor Hipólito Yrigoyen.

Hasta 1916 las asunciones presidenciales eran actos más bien protocolares y bastante ajenos al entusiasmo popular, con algunas pocas excepciones limitadas a pequeñas manifestaciones en una Buenos Aires todavía no demasiado impactada con el crecimiento demográfico.

Pero la llegada al poder del primer presidente elegido por el voto secreto, universal y obligatorio marcó un antes y un después. Fue el 12 de octubre de 1916. Las elecciones habían sido el 2 de abril y la UCR triunfó con una amplia mayoría de votos populares, pero la elección presidencial era de segundo grado, indirecta. De modo que la elección definitiva del presidente y vicepresidente de la República recaía en los colegios electorales. Durante algunos meses se sucedieron negociaciones entre facciones que buscaban impedir la llegada de los radicales al gobierno.

Finalmente en julio se reunieron los Colegios Electorales para ungir finalmente a Yrigoyen como Presidente de la Nación: "Que se pierdan mil gobiernos pero que se salven los principios" había indicado el caudillo para refirmar que no se ofreciera nada a cambio del voto de algún elector.

Hombres que habían gobernado el país durante décadas como si fuera un coto privado, deberían traspasar el mando a un hombre que lideraba el primer partido político de masas de nuestra historia y contaba con un abrumador apoyo popular, algo desconocido hasta entonces. Todos esos meses entre el triunfo y la ceremonia de traspaso se llenaron de rumores y suspicacias. ¿Cómo gobernaría Yrigoyen sin mayoría en las cámaras y con 10 de las 14 provincias en manos del régimen saliente? ¿Dónde quedaría el espíritu revolucionario y radicalizado de su partido ahora que llegaba al gobierno? ¿Cómo enfrentaría la resistencia de los poderes asentados? De hecho el presidente saliente Victorino de la Plaza debió solicitar a un allegado que le presentara a su futuro sucesor minutos antes de la ceremonia de traspaso en la Casa Rosada pues no lo conocía personalmente.

Era un jueves y, sin saberlo, los protagonistas de esa jornada histórica estaban coronando a la Plaza de Mayo (En verdad desde la Plaza del Congreso y a lo largo de la Avenida de Mayo hasta la plaza homónima) como el centro neurálgico de la política de masas en el espacio público.

Así lo contó su biógrafo, el escritor Manuel Gálvez:

“¡Nunca se ha visto un entusiasmo igual en Buenos Aires! La multitud parece enloquecida; y cuando el Presidente llega a la acera y sube a la carroza de gala, arrolla al cordón de agentes de policía que la ha contenido y rodea al carruaje. Yrigoyen, en pie dentro del coche, con el vicepresidente y los dos más altos jefes del Ejército y la Marina, saluda con la cabeza y con el brazo. Pero hay que partir, y la policía se dispone a abrir la calle. Yrigoyen hace un gesto con la mano y da orden de que dejen libre a la multitud. El coche está rodeado por el gentío clamoroso. De pronto. Un grupo de entusiastas desengancha los caballos y comienza a arrastrarlo. En las cejas de Yrigoyen se marca una contracción de desagrado. Quiere bajar de la carroza, pero la multitud no lo consiente. El pueblo aprueba el acto fanático y todos los que están cerca quieren tener la gloria de tirar del coche”.

Fue un hecho controvertido que sus desde entonces opositores utilizaron contra el: sus partidarios reducidos a una función animal.

Benigno Ocampo, secretario del Senado y exponente elitista, contempló horrorizado la llegada de Yrigoyen al Congreso el día de su asunción. Horas después comentó a sus amigos, reunidos en un café de la calle Florida: “Fue muy desagradable. Han desenganchado los caballos y han arrastrado la carroza presidencial por las calles, vociferando injurias y lanzando vivas. Parecía el carnaval de los negros… Hemos calzado el escarpín de baile durante tanto tiempo y ahora dejamos que se nos metan en el salón con la bota de potro".

PANDEMONIUM.

Luego del recorrido por la Avenida de Mayo de pie a bordo del carruaje, el presidente llegó a la Casa Rosada para recibir los atributos presidenciales de manos de su antecesor y el pandemónium se trasladó dentro de la mismísima sede de gobierno a la que ingresó masivamente el público hasta desbordar sus instalaciones. Nuevamente Benigno Ocampo, expresó que los alegres invasores "salivaron en el piso y en las alfombras. Arrancaron los cortinados para poder ver el acto de transmisión de mando entre los presidentes".

Más ecuánime en cuanto a la auténtica significación de aquel ritual inaugural de una presidencia, el embajador del Reino de España don Pablo del Soler y Guardiola dejó un testimonio digno de recuerdo:

“En mi carrera diplomática he asistido a celebraciones famosas en diferentes cortes europeas; he presenciado la ascensión de un presidente en Francia y de un rey de Inglaterra; he visto muchos espectáculos populares extraordinarios por su número y su entusiasmo. Pero no recuerdo nada comparable a esa escena magistral de un mandatario que se entrega en brazos de su pueblo, conducido entre los vaivenes de la muchedumbre electrizada, al alto sitial de la primera magistratura de su patria".

Diego Barovero.

Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/El-12-de-octubre-de-1916-un-presidente-en-brazos-de-su-pueblo-551381.note.aspx

viernes, julio 05, 2024

¿Quién fue en verdad Hipólito Yrigoyen? Por Diego Barovero.


¿Quién fue en verdad Hipólito Yrigoyen?

El pasado miércoles se cumplieron 91 años del fallecimiento del expresidente y caudillo radicalSobre él, su personalidad, pensamiento, acción política y obra de gobierno existe una profusa aunque tal vez poco difundida bibliografía que conviene repasar.

Por Diego Barovero.
Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.

Político, caudillo, conductor político, líder de la UCR, dos veces presidente, estadista pero ¿Quién fue en verdad Hipólito Yrigoyen?. ¿Cómo era su personalidad? ¿Cuál fue su pensamiento, su ideología, su concepción del mundo? ¿Cómo se explica su liderazgo y extraordinaria popularidad?
En la actualidad casi no sobreviven o apenas pocas personas que hayan llegado a conocer a Yrigoyen. Es difícil encontrar testimonios sobre él. Hay que recurrir ineludiblemente a fuentes indirectas y documentos para estudiarlo.
ENIGMATICO Y APASIONANTE.
Sin duda se trata de una de las personalidades más enigmáticas y apasionantes de la historia argentina. Sobre él, su personalidad, pensamiento, acción política y obra de gobierno se encuentra una profusa aunque tal vez poco difundida bibliografía que, con motivo del 91° aniversario de su muerte ocurrida un 3 de julio de 1933, conviene repasar siquiera en cuanto al material más completo, representativo y original de lo mucho que se ha escrito. Pero hay algunos imprescindibles.
Para ello es imperioso comenzar por las biografías de tan singular personaje de modo de abordarlo desde los aspectos humanos y su formación desde su humilde origen hasta convertirse en el líder de la primera gran corriente política orgánica y popular de nuestra historia contemporánea: la Unión Cívica Radical.
PERSONALIDAD ENIGMÁTICA.
Haremos referencia en primer lugar a la extraordinaria obra de Manuel Gálvez, “Vida de Hipólito Yrigoyen. El hombre del misterio”. Gálvez asume el desafío de escribir sobre un político del que fue adversario y casi contemporáneamente con su muerte. Si se prescinde de la hagiográfica “El Hombre”, escrita en los prolegómenos de la campaña electoral de 1916 por Horacio Oyhanarte, entonces un joven legislador radical y fiel ladero de Yrigoyen que llegará a ser su ministro de Relaciones Exteriores y Culto en 1928, la de Gálvez es la primera biografía editada del repúblico.
LA OBRA DE MANUEL GALVEZ.
La obra clásica de Manuel Gálvez, escrita en 1939, tiene el mérito de volver a poner en escena la figura entonces muy discutida de Yrigoyen, que había fallecido tan sólo seis años antes y cuya personalidad y acción de gobierno seguía concitando fuertes contradicciones.
Gálvez, que no era partidario ni amigo de Yrigoyen sentía, se advierte, gran admiración por el ex presidente radical. Apoyó su política de neutralidad ante la Gran Guerra y las dolorosas circunstancias de su derrocamiento y posterior e injusto arresto y confinamiento conmovieron al novelista. Empezó a trabajar en el tema a poco de la muerte del derrocado presidente, ocurrida en 1933.
El libro de Gálvez supuso un gesto de reconocimiento y de audacia; de reconocimiento, porque el famoso escritor llegó a penetrarse de la dimensión del personaje, lo que era toda una prueba para un ciudadano de derechas, y de audacia, porque ocuparse de Yrigoyen en la década del predominio de sus verdugos políticos, equivalía a un acto de rebelión.
Los archivos y las hemerotecas no le brindaron mucho: sólo lo hicieron las tradiciones orales, que recogió en entrevistas con amigos, enemigos, hijos y ex funcionarios de Yrigoyen, y personas que lo habían conocido o sabían de el por terceros, entre ellas, dos de sus alumnas de la Escuela Normal de Maestras, donde enseñó en la década de 1880.
EL JOVEN FELIX LUNA.
Otra biografía fundamental de Yrigoyen es la del por entonces joven Félix Luna, que era un importante dirigente juvenil del radicalismo que concurre a la convocatoria formulada por el Instituto Yrigoyeneano (núcleo de doctrinarios y estudiosos de la historia del radicalismo que se formó en 1948 y constituyó la base sobre la que se creó el Instituto Nacional Yrigoyeneano por Ley 26040) para escribir una biografía del líder radical que serviría como primer volumen de la colección “Hipólito Yrigoyen. Pueblo y Gobierno”, publicada por Editorial Raigal, sello editor de numerosos e importantes trabajos de investigación de dirigentes radicales jóvenes y veteranos, dirigida por el doctor Antonio Sobral, destacado doctrinario del radicalismo sabattinista cordobés que integró también el legendario Bloque de los 44 diputados de la UCR en pleno apogeo del peronismo en los años cincuenta.
Sobre “Hipólito Yrigoyen. Pueblo y Gobierno” es útil mencionar que constituye la obra cumbre del pensamiento radical yrigoyenista de imprescindible consulta para la profundización en materia histórica, doctrinaria, filosófica y programática de la UCR, en cuya preparación intervinieron importantes doctrinarios del radicalismo. La obra está organizada en doce tomos que contienen la biografía de Yrigoyen y la más completa documentación seleccionada, ordenada y comentada por los grandes doctrinarios radicales de la época: Moisés Lebensohn, Arturo Frondizi, Ataúlfo Pérez Aznar, Roberto Etchepareborda, Héctor Rodolfo Orlandi y Gabriel Del Mazo, entre otros.
Actualmente fue reimpresa bajo la denominación genérica “Yrigoyen. Obras Completas” bajo el auspicio del Instituto Nacional Yrigoyeneano por la Editorial Docencia. Luna obtiene el primer premio del certamen con su obra “Yrigoyen. El templario de la libertad”, completa, atractiva y amena narración biográfica del expresidente, en el que el autor no oculta su admiración e identificación política con el sujeto de su obra, pero que no pierde objetividad en el relato histórico.
Posteriormente el “Yrigoyen” a secas, ya sin la bajada “El Templario de la Libertad”, de Félix Luna adquirió autonomía y vida propia en el género de novela histórica o biografía novelada, por ser de fácil acceso para nuevos públicos es uno de los títulos que cuenta con mayor cantidad de reediciones de nuestra historia.
OTRA MIRADA.
A mediados de la década de los cuarenta, un periodista, escritor e historiador de izquierdas como Luis V. Sommi ofrece un interesante relato que publicó bajo el título “Hipólito Yrigoyen. Su epoca y su vida” (1947. Editorial Monteagudo).
La originalidad de la obra radica en que hace hincapié en aspectos de la vida personal, el entorno familiar, y sobre todo los primeros años de actuación cívica de Yrigoyen en el autonomismo y el Partido Republicano, su modesto paso por las bancas legislativas en la legislatura de la provincia y la cámara de diputados de la Nación hasta la consolidación del roquismo. Queda pendiente el papel desempeñado por Yrigoyen en la creación del radicalismo, su conversión en líder del mismo y su paso por la presidencia. Algunos de esos tópicos son abordados por Sommi en otros opúsculos como “El Radicalismo” e “Yrigoyen y la neutralidad”. Más recientemente, en 2013 se sumaron dos nuevas e interesantes biografías “Don Hipólito” de Norberto Galasso (Ed. Colihue) e “Hipólito Yrigoyen” de Eduardo Zanini (Editorial Javier Vergara).
EL HISTORIADOR OFICIAL.
No puede prescindirse del considerado historiador oficial del radicalismo, Gabriel Del Mazo que, además de su enjundiosa y completa “El Radicalismo. Ensayo sobre su historia y doctrina” en tres tomos, dedicó al primer presidente radical y numen inspirador de la Reforma Universitaria un importante opúsculo que fue de alguna manera una suerte de manual de formación política del militante radical: “El pensamiento escrito de Yrigoyen” (1945), una prolija compilación que repasa a través de frases y máximas del caudillo sobre distintas cuestiones políticas, ideológicas o programáticas (Economía, Política exterior, Cuestión social, Política agraria, Energía y recursos naturales, Ferrocarriles etc.).
La publicación mereció el comentario del revolucionario nacionalista guatemalteco Juan José Arévalo en cuanto a que constituiría su plan de acción de gobierno.
Otro trabajo para tener en cuenta es titulado “Yrigoyen vivo. Rasgos y modalidades de su personalidad. Expuestos por argentinos americanos y europeos” (1952. Editorial Raigal). La selección de los textos corrió por cuenta del mismo Gabriel Del Mazo y contiene juicios y opiniones de contemporáneos de Yrigoyen –no partidarios en la mayoría de los casos– que sirven para comprender mejor una personalidad tan determinante en su tiempo como difícil de comprender hogaño.
Vale la pena mencionar algunos de ellos: José María Ramos Mejía, Aristóbulo del Valle, Manuel de Oliveira Lima, Adolfo Agorio, M. Vasallo de Torregrossa, Gonzalo Bulnes, José Vasconcelos, Enrique Agesta, Enrique Larreta, Marcelo T. de Alvear y Ricardo Rojas.
PRINCIPALES DOCUMENTOS.
Una selección de los principales escritos políticos y doctrinarios y documentos de gobierno de Hipólito Yrigoyen se encuentran en el libro “Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico. Obra de Gobierno. Defensa ante la Corte”, publicado en virtud de lo dispuesto por la Ley 12.839 sancionada por unanimidad del Congreso Nacional en 1947 que fue compilado y seleccionado por una comisión parlamentaria bicameral correspondiéndole la redacción del texto introductorio y ordenamiento documental al diputado Absalón Rojas, radical por Santiago del Estero, hermano menor de Ricardo Rojas.
También puede recurrirse a una obra de similares características titulada “Hipólito Yrigoyen, 1878/1933. Documentación histórica de 55 años de actuación por la Democracia y las Instituciones”, una edición de autor del sobrino del expresidente Luis Rodríguez Yrigoyen del año 1934.
LOS RECOMENDADOS.
El abordaje de la obra de gobierno de Yrigoyen en sus dos períodos presidenciales y el de su sucesor entre 1922 y 1928 Marcelo Torcuato de Alvear, es tratado con completitud y agilidad en las páginas de “El Estado Liberal Democrático 1916-1930” de Roberto Etchepareborda y Fernando Sabsay.
Trazan en él un completo panorama institucional, político, socioeconómico y cultural del país así como su contexto internacional del período que va de la transición entre Victorino de la Plaza e Yrigoyen hasta el golpe de Estado del sábado 6 de septiembre de 1930, siendo este episodio trágico relatado casi con precisión cronométrica. También es altamente recomendable la obra de Guillermo Gasió sobre la segunda presidencia del caudillo radical en tres tomos: “Yrigoyen. El mandato extraordinario. 1928”, “Yrigoyen en crisis. 1929” y “La caída de Yrigoyen. 1930”, (Editorial Corregidor. 2005, 2006, 2007).
El autor, diplomático de profesión, y reconocido investigador e historiador, realiza un pormenorizado análisis del contexto general en que se desenvuelve el último y breve período presidencial de Hipólito Yrigoyen, sin incurrir en valoraciones subjetivas, relata con detalle los hechos y se basa en documentación oficial nacional y extranjera y los diarios de mayor circulación y tirada tanto oficialistas como opositores, para describir el ambiente que campea en el país entre el llamado plebiscito que consagró por segunda vez presidente a Yrigoyen por una abrumadora mayoria del 62 por ciento de los sufragios y una concurrencia al comicio récord desde la aplicación de la ley Sáenz Peña (80 por ciento) y su derrocamiento del gobierno por parte del primer golpe cívico militar de nuestra historia.
ANÁLISIS ORIGINALES.
Hasta aquí se mencionaron obras imprescindibles para conocer y profundizar en la personalidad, pensamiento y actuación política de Hipólito Yrigoyen. Pero se mencionarán asimismo otras obras que, por diversas cuestiones o singularidades, aportan algún o algunos elementos de conocimiento y análisis o bien resultan específicas u originales en su tipo.
Por caso, valga señalar en primer lugar a Ricardo Caballero, dirigente radical santafecino de fundamental importancia en la etapa fundacional y en las luchas previas a los comicios que llevaron al triunfo a la UCR en su provincia y en la Nación. Hombre de consulta y confianza de Yrigoyen, con el tiempo y al igual que otras personalidades, pasó a militar en su oposición más acérrima. Sin embargo su aporte historiográfico al objeto de estudio es el libro “Hipólito Yrigoyen y la Revolución Radical de 1905” (1975. Libros de Hispanoamérica), que detalla el episodio revolucionario pero cuyo animado relato llega hasta los albores del histórico triunfo de 1916.
De Armando G. Antille (1946. Editorial Castellvi), destacada personalidad política que militó en la UCR y posteriormente en el peronismo, su libro “Proceso y Defensa de Hipólito Yrigoyen” nos aproxima a los avatares jurídicos del drama del presidente derrocado por un hecho de fuerza que pretende castigarlo y escarmentarlo a través de un amañado proceso legal.
“Yrigoyen y la Gran Guerra. Aspectos desconocidos de una gesta ignorada” (1998. Ediciones Ciudad Argentina), es una obra de Carlos Goñi Demarchi, José Nicolás Scala y Germán Berraondo que trae luz sobre la política yrigoyenista de neutralidad activa y altiva en el conflicto internacional a partir de un conjunto de documentos del “Public Record Office” de Londres inéditos hasta la publicación de esta obra.
El libro “Yrigoyen” (1965) de Silvano Santander, un destacadísimo dirigente político del radicalismo de Entre Ríos que tuvo notable actuación parlamentaria durante el peronismo, contempla la singularidad del relato de un joven convocado a la militancia civica a partir del conocimiento del drama profundo que se abatió sobre la república a partir del derrocamiento del presidente radical a quien conoce en una entrevista que le hace en 1932 en casa de Luis Rodríguez Yrigoyen y que constituye nota original de la publicación, así como el encendido prólogo de Ricardo Balbín, indiscutido líder del radicalismo del pueblo durante la presidencia de Arturo Umberto Illia.
“Hipólito Yrigoyen visto por uno de sus médicos. Estudio caracterológico de su personalidad” es un denso volumen del doctor José Landa (1958 edición del autor) médico que conoció a Yrigoyen una vez que fue desalojado del poder y a través del método científico aborda la personalidad del biografiado a la vez que se identifica con su obra política.
Por sus aportes originales al anecdotario yrigoyeniano mencionaremos “Hipólito Yrigoyen. Paladín de la Democracia” (1939. Editorial Argentina “Santa Teresita) de Juan M. Cacavelos y Julio Artayeta que recopilan episodios transmitidos por tradición oral que de no haber publicado se habrían perdido.
No sería justo excluir de los títulos recomendados a la única publicación que, hasta donde se conoce, fue redactada por el propio Yrigoyen. Se titula (aunque no fue título original previsto por su autor) "Confidencias" y fue editada en 2019 por La Editorial Universitaria de Buenos Aires Eudeba. Se trata de un libro denso y difícil de leer, es verdaderamente un tratado político filosófico que Yrigoyen escribió una vez finalizada su primera presidencia antes de saber si efectivamente habría una segunda. Pero la historia merece conocerse más en detalle en la próxima oportunidad.

Publicado en LA PRENSA.

domingo, agosto 27, 2023

Vida y pensamiento de Delfina Bunge de Gálvez y Sara Benedit de Pereda.

 

Sara Benedit de Pereda y su esposo, Eduardo Pereda.

Delfina Bunge de Gálvez fue contemporánea de un renacer intelectual y social católico.

Los disertantes -Horacio Sánchez de Loria y Sara Shaw de Critto- expusieron sobre las virtudes de dos mujeres que dieron testimonio de su fe, y cumplieron dentro de la Iglesia un importante rol en la evangelización de la cultura y de la vida institucional, social y empresarial.


“Delfina Bunge (1881-1952) fue poeta, ensayista, traductora y filántropa. Nació en Buenos Aires un 24 de diciembre. Era una mujer delicada y sensible: la literatura, la música y la contemplación de la naturaleza fueron sus fuentes de inspiración. Autora prolífica de casi una veintena de libros, escribió en Criterio, El Pueblo, Vida Femenina, La Nación, El Hogar, Nosotras, y Argentina Noel. Ejerció funciones de dirección en asociaciones culturales y obras de caridad.

Integró la Asociación de Escritoras y Publicistas Católicas (ASESCA), y dirigió el Centro de Estudios Religiosos y la revista Ichthys (en la cual colaboró el padre Leonardo Castellani)…”

“Tuvo también una mirada política sobre los problemas de su tiempo, pero todo lo hacía `sub specie aeternitatis´ (es decir, sin dirigir su pensamiento y su acción a la doctrina transitoria, sino a los valores eternos). De allí su plena actualidad. Muchas enseñanzas podemos descubrir en sus gestos, sus ideas, y su conducta”.

Con esta conceptuosa reseña dio comienzo la disertación de Horacio Sánchez de Loria, Licenciado en Psicología (UBA), Doctor en Derecho (UBA), Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, España, y también académico de número de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. La conferencia, que marcó el comienzo del ciclo dedicado a grandes católicos argentinos 2023 -y es continuación del cronograma iniciado en 2022- se realizó en la sede de la Corporación de Abogados Católicos (avda. Santa Fe 1206, de esta Capital). Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo del presidente de la entidad, doctor Pedro J.M. Andereggen -quien impulsa ante la Corte Suprema la declaración de inconstitucionalidad de la ley de aborto-, en tanto que la coordinación de la conferencia fue tarea del doctor Juan Marcos Pueyrredón.

Tras la exposición de Sánchez de Loria, hizo uso de la palabra Sara Shaw de Critto, miembro del Consejo Consultor de la Diplomatura en Cultura Argentina de la Universidad Austral, e integrante de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación. La disertante se refirió sobre aspectos de la vida de otra figura también de gran valía, por su aporte a la sociedad e inspirada en valores cristianos: Sara Benedit de Pereda (1902-1992).

El ciclo se desarrolla entre los meses de julio y diciembre, y cuenta con la participación de destacados expositores. Otras dos disertaciones -realizadas en fecha posterior a la conferencia inaugural del período 2023- fueron sobre los juristas Jorge Joaquín Llambías y Jorge A. Mazzinghi, en tanto que las próximas se referirán al presbítero Federico Grote (fundador de la Federación de Círculos Católicos de Obreros); al magistrado Ambrosio Romero Carranza (uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano); y a los presbíteros Angel B. Armelin y José Bonet Alcón. La secuencia culminará con el análisis de la obra de Aníbal Ernesto Fosbery OP, sacerdote fundador y presidente emérito de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta).

Según ratificó a La Prensa el presidente de la Corporación de Abogados Católicos, doctor Andereggen, estos nombres no pretenden establecer una lista o catálogo con criterio valorativo o comparativo, ni mucho menos excluir a ninguna de las otras figuras relevantes del catolicismo -hombres y mujeres, laicos, religiosos o sacerdotes-, que afortunadamente tuvo nuestra Patria en los siglos XX y XXI, y fueron testigos ejemplares del Evangelio.

KULTURKAMPF (Guerra cultural).

“Delfina Bunge de Gálvez nació en plena Kulturkampf, esa auténtica guerra cultural cuyo objetivo era deshacer los restos de la tradición hispano-criolla aún subsistente, y consolidar un Estado burgués, con el trasfondo ideológico del liberalismo, como ocurrió en todos los países de

Hispanoamérica”, indicó Sánchez de Loria. “El paradigma cultural que se pretendía imponer –continuó el disertante- no sólo traía aparejado modificaciones en el entramado políticojurídico, sino que implicaba un cambio en la manera de ver el mundo, en las relaciones personales y en el modo de vivir y reaccionar”.

“Las creencias personales, las conciencias individuales, debían circular en un ambiente cada vez más secularizado (tiempos turbulentos), marcado por el positivismo y el utilitarismo. Sin el horizonte de la `res publica christiana´, abandonada la concreta tradición política hispánica -y sin un foco de atracción tradicional que los encausase- (esos católicos) giraban en el vacío del régimen”.

Sánchez de Loria manifestó que, en 1934, Delfina subrayaba: “Vivíamos, según se nos decía, en el siglo de las luces. Luces humanas tan deslumbrantes al parecer, que volvían innecesaria la divina luz . Los hombres se habían vuelto tan sabios que ya no necesitaban de Dios…Spencer, Anatole France, D’Annunzio, eran nuestros profetas. Confieso que yo mismo me nutrí de toda aquella literatura (…). A pesar de la general fidelidad de las mujeres a la religión de nuestros padres, toda aquella maleza anticlerical prosperaba frondosamente en las orillas del Plata…Bastaban para deslumbrarnos la filosofía alemana y las modas de París”.

El hábito de la escritura acompañó a Delfina desde siempre. Apenas aprendió a escribir comenzó a “borronear página tras página”, apuntó Sánchez de Loria. (Su diario íntimo, que empezó a elaborar desde los 15 años, consta de 18 manuscritos y cinco volúmenes escritos a máquina).

FAMILIA Y QUEHACER LITERARIO.

En la familia se respiraba un aire intelectual. Delfina era hija de Octavio Raymundo Bunge (1844-1910) -jurista de formación positivista, quien llegó a ser miembro de la Corte Suprema de Justicia-, y de María Luisa Rufina Arteaga (1851-1934). Tuvo una hermana y seis hermanos. (Uno de sus sobrinos fue el físicomatemático y filósofo Mario Bunge).

Varios de sus versos en francés fueron traducidos por su amiga Alfonsina Storni. “Sería lastimoso –afirmó Alfonsina- que se pierda el tesoro de fina idealidad que encierran los versos de esta poetisa que no ha escrito en francés por capricho de persona culta, sino porque su lengua natal no ha respondido a su música interior”.

A pesar de las diferencias de orientación y temperamento, Delfina cultivó en un momento dado, una estrecha amistad con Victoria Ocampo. “Compartía, tanto con Victoria Ocampo, como con Alfonsina Storni, el rechazo a las hipocresías y rigideces sociales, a las leyes no escritas sobre las relaciones amorosas, y las limitaciones del papel de la mujer en el mundo intelectual y laboral”, según resaltó Sánchez de Loria.

“En 1904 se publicó el primer artículo de Delfina, `La jeune fille d'aujourd'hui, est-elle heureuse´? (“La joven de hoy, ¿es feliz?”) . Fue a raíz de su participación, en 1903, en un concurso organizado por la revista francesa Femina. Como consecuencia conoció a Manuel Gálvez, quien le pidió que lo publicara en Ideas (la revista que él dirigía). Se enamoraron a primera vista, pero tuvieron un noviazgo largo y difícil.

Gálvez emprendió un viaje a Europa, ya programado, mientras que Delfina preparaba sus versos en francés y sufría tuberculosis, lo que la llevó junto con su mamá a pasar una temporada en las sierras de Córdoba. Se comprometería el 31 de diciembre de 1905 y se casarían el 21 de abril de 1910”.

RUBÉN DARÍO.

Hizo notar Sánchez de Loria que, en 1911, el editor Alphonse Lemerre publicó en París, el primer libro de poesía de Delfina -Simplement- que recibió elogiosos comentarios. Rubén Darío y la poetisa francesa Jane Catulle Mendés escribieron sendos artículos sobre ese acontecimiento. El 8 de septiembre de 1916, en el día de la Natividad de la Virgen María, apareció la primera edición de Nuestra Señora de Lourdes. Historia y novena, dedicado a la aparición mariana.

Delfina inauguró el 10 de septiembre de 1916, dos días después de la salida del libro, una gruta que evocaba la de Lourdes, en Alta Gracia, Córdoba. (Se había radicado allí un año antes, ya con tres hijos y una salud endeble).

En 1918 publicó en Buenos Aires su segunda y última obra de poesía en francés, La noeuvelle moisson (La nueva cosecha). Alfonsina Storni dió una conferencia sobre este libro en Montevideo.

LAS MUJERES Y LA VOCACION.

En este tramo de la conferencia, Sánchez de Loria mencionó otros títulos de la obra literaria de Delfina, tales como sus dos tomos del libro escolar escrito con su hermana Julia (luego reeditado en tres), bajo el nombre de El Arca de Noé (1916). Con su amiga Sofía Molina Pico publicaron Mi primer libro de religión, y Curso breve de religión (1938). El alma de los niños (1921) fue otro título destacado de Delfina, escrito a raíz de su experiencia como madre. En 1922 publicó Las imágenes del infinito, ensayo dedicado a su hermano Carlos Octavio, premiado en el concurso literario municipal de Buenos Aires.

En Las mujeres y la vocación (1922), Delfina reivindica el derecho de la mujer a desplegar su vocación, en todos los quehaceres en los que tuviese capacidad, incluso, participar en las contiendas electorales.

CHESTERTON.

En El tesoro del mundo (1923), Delfina define -en la línea de Gilbert K. Chesterton-, el “arte de vivir”. Otros títulos de esa índole fueron: Los malos tiempos de hoy (1926); Tierras del mar azul (1928); Hogar -junto con su hermana Julia- (1933); Hogar y Patria (1933); El reino de Dios (1934); y Oro, incienso y mirra, (1935). Posteriormente publicaría La belleza en la vida cotidiana (1936); Iniciación literaria (1937); Viaje alrededor de mi infancia (1938); y Dios y yo, con Sofía Molina Pico (1940).

Más adelante daría a luz La vida en los sueños (1943), una obra singular por la interesante penetración psicológica que exhibe. La editorial Club de Lectores publicó en 1944 En torno a León Bloy (polémico escritor francés). En 1949 apareció Cura de estrellas.

En la primera página Delfina señalaba que, así como hay para el cuerpo una conocida cura de sol, ella proponía para el alma una cura de estrellas, mediante la contemplación de la naturaleza.

EL RENACER CATOLICO.

Puntualizó Sánchez de Loria que Delfina fue contemporánea de un renacer intelectual y social católico, al compás de lo que ocurría en Europa y Estados Unidos, en el contexto de la crisis política mundial. En 1922 un grupo de universitarios fundaron Los Cursos de Cultura Católica, de impronta tomista. En Córdoba se organizaron también centros de estudio. Paralelamente a estos proyectos, se fueron aglutinando intelectuales con fuerte vocación política práctica. Por ejemplo, el variado movimiento nacionalista, nacido hacia 1927, el cual cuestionaba el régimen demo-liberal, al tiempo que comenzaba un proceso de revisionismo histórico. Otros intelectuales, en cambio -de orientación liberal, e identificados fundamentalmente con el pensamiento político del Jacques Maritain (en su segunda etapa)- fueron los inspiradores de la futura Democracia Cristiana.

Delfina trabajó asiduamente al celebrarse en Buenos Aires, en 1934, el Congreso Eucarístico Internacional, y al igual que su hermano Alejandro -economista-, pertenecía a la corriente preocupada por las implicancias sociales del Evangelio. “No fue, de todos modos, una mujer de partido, ni de banderías permanente. Disentía profundamente con la mirada de los liberales católicos que, entre otras cosas, pugnaban para que la Argentina entrase en la guerra de parte de los aliados, como pretendía Estados Unidos”, indicó Sánchez de Loria. Molesta por la posición de esos católicos que entendían la guerra, simplemente como una lucha entre buenos y malos -o entre los defensores de la democracia y la libertad, y los que gozaban con la represión y el autoritarismo-, Delfina escribió a fines de 1942 un artículo en El Pueblo -titulado “Catolicismo de guerra”-, que despertó “mucha polvareda”. Destacaba la incongruencia y la falsedad de invocar el nombre de la Iglesia, a fin de obligar a adherir al triunfo de una nación herética y otra atea -los Estados Unidos y la Unión Soviética-. Sostenía que, en realidad, ninguno de los dos bandos estaba en condiciones morales de exigir la adhesión de los católicos; se trataba de una guerra de intereses y por la conquista de poder y mercados.

JUSTICIA SOCIAL.

Delfina, al igual que otros sectores católicos y nacionalistas adhirió a la revolución militar de 1943, que prometía promover una auténtica justicia social siguiendo los lineamientos cristianos. Dos años después presenció desde los balcones de su casa, en la avenida Santa Fe, el acto multitudinario del 17 de octubre de 1945. Conmocionada escribió un artículo -lleno de “sensatez” (al decir de Félix Luna) -que fue publicado el 25 de octubre de aquél año en El Pueblo. Una emoción nueva en Buenos Aires -tal su título-, despertaría tanta o más “polvareda” que el anterior de 1942, y cambiaría la vida de Delfina para siempre. Por teléfono le dijeron insolencias, y muchos amigos se alejaron. “Las calles presenciaron algo insólito. De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios, de los más pobres entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida, era la gente descontenta”. El primer impulso fue cerrar los balcones, pero de pronto esa multitud, “parecía trocada por milagrosas transformaciones...”, escribió Delfina.

“Quiero aclarar y jurar que mientras esto escribo manténgome a mil leguas de la más leve intención política. No me interesa el personaje (en alusión a Juan Domingo Perón) con cuyo nombre nos saturan los oídos esta noche” , subrayó.

PALABRAS DEL MOMENTO.

Rememoró Sánchez de Loria que aquélla reflexión sobre el 17 de octubre, si bien alejó a Delfina de mucha gente, le valió el respeto de otras personas que se acercaron al peronismo, con el que ella simpatizó en un primer momento. En 1947 fue convocada a la reunión de pensadores en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno por el entonces presidente Perón. Escribió en revistas del ámbito cultural, y en 1948 fue nombrada como integrante de la Junta de Intelectuales. El cargo no era rentado. En 1949 ese órgano -integrado entre otros por Gustavo Martínez

Zuviría (Hugo Wast)- elaboró un anteproyecto de estatuto del trabajador intelectual.

El problema de la hipertensión arterial se le fue agravando paulatinamente y, en el invierno de 1951, Delfina sufrió un episodio grave. Unos meses después decidió ir a Córdoba con Guillermina Achával Rodríguez de Goyena, a festejar los veinticinco años de la fundación de la capilla dedicada a la Virgen de Lourdes en Alta Gracia (obra suya y de su amiga). Murió allí el domingo 30 de marzo de marzo de 1952.

“Este lugar es tan lindo como para morir en él”, dijo alguna vez. Cuarenta y ocho años antes había escrito: Ya que morir yo debo, un domingo, quisiera, Que me llevara el pueblo donde la cruz espera. ¡Oh repicad campanas, alegres repicad El día que yo muera; niños dulces, cantad! Que en rayos de esperanza la cumbre se ilumina ¡Y la cruz resplandece en la verde colina!

APOSTOLADO DE SARA BENEDIT DE PEREDA.

Por su parte, la segunda disertante –Sara Shaw de Critto- hizo alusión, tal como se señaló al principio de la presente reseña, a la vida y al bregar incansable de Sara Benedit de Pereda. “Conocí a Sara Benedit de Pereda y a Delfina Bunge de Gálvez, pero no recuerdo haber hablado con ellas. Sin embargo me siento muy conectada con ambas porque influyeron muchísimo en la vida de mis padres”, señaló la oradora.

Sara Benedit de Pereda nació veinte años después que Delfina. Ambas (de elevada condición social) fueron mujeres extraordinarias, pero distintas. “Escuchamos como Delfina se destacó por su obra literaria, pero en lo personal –añadió la expositora- me impactó su libro de catequesis Dios y yo (escrito junto con Sofía Molina Pico). Mi papá (Enrique Shaw), en su época de oficial de la Armada Argentina lo usaba para preparar a marineros conscriptos, que ni siquiera estaban bautizados”. En la actualidad el Papa Francisco impulsa la causa de beatificación y canonización, de Enrique Shaw, destacado empresario fallecido en Buenos Aires el 27 de agosto de 1962).

Consignó la disertante que, a diferencia de la vocación intelectual de Delfina, el accionar de Sara Benedit de Pereda “fue titánico y tangible, por su responsabilidad de coordinar el envío de toneladas de comida, medicamentos y ropa a países destruidos por la Segunda Guerra Mundial. ¡Esto es una muestra de la gran diversidad que hay entre las personas y sus actividades! ¡Hay muchas flores distintas en un mismo jardín!”.

Destacó seguidamente la oradora que tuvo tres fuentes de información sobre la obra realizada por Sara Benedit de Pereda. Primero: La admiración que sus padres (Ernesto Shaw y Cecilia Bunge de Shaw) sentían por Sara. A esto la disertante sumó su propia relación con las nietas de Sara Benedit de Pereda. “Traté mucho a Ana y a Cristina de Bary Pereda (presente durante la conferencia). En mi infancia estuve muy cerca de ellas” , dijo.

En segundo lugar la expositora agradeció a Daniel Martini (socio de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa - ACDE), quien en mayo de 2022 publicó una nota sobre Sara Benedit de Pereda en la revista de esa institución. Según datos biográficos (que se desprenden de esa publicación), Sara se casó en 1924 con Eduardo Pereda, con quien tuvo cuatro hijos. Estaba embarazada de Teresa, su última hija cuando él murió. A pesar de este golpe, ella llevó adelante a su familia. Y cuando pudo organizarse empezó a colaborar con la Acción Católica Argentina con tanta responsabilidad y liderazgo, que rápidamente comenzó a destacarse como dirigente. Al crear los cardenales Santiago Copello y Antonio Caggiano la Comisión “Pro-Ayuda” a Europa, en respuesta al pedido del papa Pío XII -formulado en abril de 1947- los prelados designaron como titular de esa entidad a Sara Benedit de Pereda.

HEROICIDAD EN LA HUMILDAD.

“Durante una década, Sara estuvo en el primer lugar de la conducción nacional de las Mujeres de la Acción Católica y en todo ese lapso, en la revista Anhelos de la Asociación, de rigurosa actualidad mensual, no hay fotos de ella ni columnas que lleven su firma, a no ser por un S.M.P. (abreviatura formada por las letras iniciales de Sara María Pereda) que puede reconocerse esporádicamente”, destacó la disertante, en clara referencia a la “heroicidad en la humildad” de la presidenta de las Mujeres de la Acción Católica. En la Comisión “Pro-Ayuda” a Europa se puso en evidencia el liderazgo de Sara. Los balances dan cuenta que, entre abril de 1946 y abril de 1948, se recaudaron casi 1,6 millón de pesos en efectivo y en ropa. Ese dinero equivaldría a unos 500.000 dólares de la época.

Sara Benedit de Pereda fue presidenta de las Mujeres de Acción Católica de la Arquidiócesis de Buenos Aires de 1938 a 1943, y luego presidenta nacional hasta 1949. Resulta impactante el radiomensaje de Pío XII dirigido al pueblo argentino el domingo 1/2/1948. Allí el Papa menciona a Sara Benedit de Pereda, quien recibió por su servicio la condecoración pontificia “Pro Ecclesia et Pontifice”. De esta gran movilización de la Acción Católica empezaron a florecer varias instituciones, pero con diferencias en sus objetivos específicos.

La Liga de Madres de Familia surgió en 1951 y Sara Benedit de Pereda fue su primera presidenta nacional. La otra entidad fue la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa -ACDE- que se inició en 1952. Ambas contaron con el apoyo del padre Manuel Moledo, capellán de la Acción Católica.

Como tercera fuente de información, la disertante hizo referencia a la conexión de ACDE con la tarea de la Comisión “Pro-Ayuda” a Europa. Los datos fueron extraídos del trabajo realizado por la comisión histórica presidida por el entonces sacerdote (y más tarde cardenal) Mario Poli. La labor principal (en esa comisión histórica) estuvo a cargo de la Dra. M. Isabel De Ruschi Crespo, y colaboraron la Lic. Inés Gutiérrez Berisso y la profesora Mónica Cuccarese.

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.

El primer documento en el que se menciona a Sara Benedit de Pereda es del cardenal Santiago Copello, quien escribió una carta para ser leída en todas las misas dominicales. Allí se encargaba ala Acción Católica, y a su presidenta del Consejo Superior de Mujeres, a colaborar con la ayuda a Europa en la posguerra.

Además está la carta autógrafa de Pío XII -del 23 de abril de 1947-, donde el Santo Padre solicita ayuda a favor de Europa.

“También allí hay documentación sobre el inicio de la colaboración de mi padre (Enrique Shaw) con la Acción Católica. El era entonces muy joven, tenía 25 años y acababa de regresar a la Argentina (año 1946). Se ofreció a colaborar y lo nombraron secretario honorario de la subcomisión de industriales y comerciantes”, concluyó la expositora, quien agregó que el trabajo realizado para ayudar a Europa fue la semilla de la cual nacería ACDE.

Finalizada la tarea humanitaria, pues en los países afectados por la conflagración ya estaba nuevamente en marcha la producción de alimentos, varios miembros de la subcomisión siguieron reuniéndose para estudiar el modo de acercar al mundo empresario la Doctrina Social de la Iglesia. (N. de la R.: Más cercano en el tiempo, otro Papa -Juan Pablo II- publicó en 1981, como profundización de esa doctrina, la encíclica Laborem exercens, dedicada al trabajo humano).

Por Carlos E. Hartmann.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Vida-y-pensamiento-de-Delfina-Bunge-de-Galvez-y-Sara-Benedit-de-Pereda-534004.note.aspx