GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Manuel Ugarte.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Manuel Ugarte.. Mostrar todas las entradas

viernes, octubre 25, 2024

Narradores con tarjetas amarillas. Por Fernando Sorrentino.

 


Manuel Gálvez nació en 1882 en Paraná y falleció en Buenos Aires en 1962. De su abundantísima producción narrativa, apenas alcancé, allá por la década de 1960 y movido por la curiosidad, a leer dos novelas: La maestra normal (1914), de la que sólo recuerdo que su protagonista se llamaba Raselda, nombre que jamás volví a oír ni a leer, y El mal metafísico (1916), de la cual no recuerdo absolutamente nada. Lo cierto es que, debido a que mis gustos literarios marchan por otros senderos, preferí no reincidir en otras obras suyas.

En 1919, cuando don Manuel se iba acercando a sus primeras cuatro décadas de vida, publicó la antología Los mejores cuentos (Buenos Aires, Editorial Patria). Los autores seleccionados son veinte, tal como aparecen ordenados en el libro:

Carlos Octavio Bunge, Atilio Chiáppori, Juan Carlos Dávalos, Ángel de Estrada, Delfina Bunge de Gálvez, Alberto Gerchunoff, Joaquín V. González, Pablo (sic por Paul) Groussac, Ricardo Güiraldes, Enrique Larreta, Jorge Lavalle Cobo, Martiniano Leguizamón, Leopoldo Lugones, Benito Lynch, Carlos Muzio (sic; en otras publicaciones se lee Muzzio) Sáenz Peña, Roberto J. Payró, Luisa Israel de Portela, Horacio Quiroga, Ricardo Rojas y Manuel Ugarte.

En el párrafo inicial de su “Prólogo” el antólogo explica el propósito que lo condujo a realizar tal labor:

“Siempre he creído que el escritor argentino, dada la escasez de trabajadores intelectuales en nuestro país, no debe limitar la útil labor del espíritu a la realización de su propia obra. Porque hay, dentro de la cultura general, una tarea muy vasta que cumplir. Y entre los varios deberes que se presentan al hombre de letras, figura el de difundir la buena literatura de su patria. Me parece que quien esta empresa acometa realizará una obra de justicia y de patriotismo. De justicia, haciendo que se conozca a los escritores de real mérito, contribuyendo a la determinación de los valores literarios; y de patriotismo, en cuanto al seleccionar con honestidad artística, con sano criterio, y con espíritu argentino, la múltiple labor de los autores de su patria, hará conocer y amar del público, siempre distraído para estas cosas, los paisajes, los caracteres, las almas de su país.

FLORILEGIO.

Si damos crédito al título del florilegio, debemos creer que estamos en presencia, en efecto, de Los mejores cuentos. Y tal vez la loa sea relativamente justiciera, al menos para aquel momento de nuestra realidad literaria. Sin embargo, esos méritos no impiden que, en varias de las breves semblanzas que preceden a cada uno de los cuentos, Gálvez interponga, a la manera del réferi que a los futbolistas aplica tarjetas amarillas (pero no rojas), algunas objeciones. Veamos algunas:

* Carlos Octavio Bunge: “Dos volúmenes de narraciones publicó en vida el sociólogo de Nuestra América. Dentro de su vasta obra, no son aquellas páginas las mejores ni mucho menos”.

* Atilio Chiáppori: “Si sintiera y conociera el castellano como siente y conoce la música y el color de las palabras, serían escasísimos los estilistas hispanoamericanos que pudieran comparársele”.

* Delfina Bunge de Gálvez: “Si … figura en esta Antología, es principalmente por tratarse de un cuento distinto a todo lo que suele publicarse”.

* Joaquín V. González: “…con acento melancólico que llega a veces hasta la quejumbre, y en su estilo de frase larga y en ocasiones demasiado lento y monótono…”; “El mérito … no está en su argumento, ni menos en su desarrollo, que demuestra escaso conocimiento del métier…”.

* Ricardo Güiraldes: “Si Güiraldes estudiara y abandonara sus extravagancias de estilo, escribiría cuentos y novelas como raras veces se habrán escrito en este país”.

* Enrique Larreta: “Tal vez no posea Larreta condiciones extraordinarias de novelista…”.

* Martiniano Leguizamón: “Escribe en forma incorrecta y áspera…”.

* Leopoldo Lugones: “…el relato pierde emoción y unidad a causa de lo retorcido y artificioso del estilo”. 

* Roberto J. Payró: “Su defecto más visible es el de ser demasiado periodista”.

* Luisa Israel de Portela: “Sus breves relatos tienen siempre un argumento interesante, que la autora desarrolla con bastante habilidad. Es su mérito”.

* Horacio Quiroga: “Carece de ternura y de emoción; y escribe en una prosa harto incorrecta, resultado, en parte, de su afán de sintetizar y apretar sus párrafos hasta la exageración”.

* Manuel Ugarte: “Sus narraciones de asunto local carecen de verdadero carácter. Ugarte se complace en colocar sus argumentos en el campo, y no conoce suficientemente ni la vida del campo ni la psicología del paisano”.

NEPOTISMO.

Según vemos, exento del pecado de nepotismo, Gálvez no se privó de amonestar con sendos coscorrones a su cuñado Carlos Octavio ni a su cónyuge Delfina.

En cambio, se han librado de recibir tarjetas punitivas Juan Carlos Dávalos, Ángel de Estrada, Alberto Gerchunoff, Paul Groussac, Jorge Lavalle Cobo, Benito Lynch, Carlos Muzio Sáenz Peña y Ricardo Rojas.

Arribé con mucha demora a aquel partido de 1919. No obstante, me parece que más de uno de estos privilegiados habrían merecido recibir alguna tarjeta, no sé si amarilla o roja. Pero, en fin, siempre estará el VAR para volver a equivocarse…

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Narradores-con-tarjetas-amarillas-551894.note.aspx

domingo, diciembre 02, 2018

2 de diciembre de 1951: fallecimiento de Manuel Baldomero Ugarte.

"La existencia de los pueblos, como la existencia de los individuos, está sembrada de odiosas injusticias. Así como en la vida nacional hay clases que poseen los medios de producción, en la vida internacional hay naciones que esgrimen los medios de dominación, es decir la fuerza económica y militar, que se sobrepone al derecho y nos convierte en vasallos". Manuel Ugarte.

Los malditos en la Historia argentina.
Por Norberto Galasso.

Manuel Ugarte (1875-1951)
En el Archivo General de la Nación (Buenos Aires-Argentina) existen más de 25 biblioratos con documentación que pertenecen al archivo privado de un Sr. llamado Manuel Baldomero Ugarte, nacido en Bs. As. el 27 de febrero de 1875 y fallecido en Niza, junto al Mediterráneo, el 2 de diciembre de 1951. 

Supóngase que ahora empezamos a revisar esas carpetas. Vea, aquí tiene documentación de 1900, cartas afectuosas que le envían Rubén Darío, Amado Nervo, José Enrique Rodó, José Santos Chocano y otros escritores latinoamericanos, los más prestigiosos de aquel momento.

En otra carpeta se ha separado la correspondencia proveniente de España. Fíjese los firmantes: Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Pio Baroja. En este bibliorato se archivaron cartas de amigos argentinos: José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas Alfredo Palacios. Es decir este desconocido Ugarte se carteaba con los intelectuales más importantes de su país de América y de España, e incluso alguno de ellos prologaron sus primeros libros como Miguel de Unamuno, Rubén Darío y Pío Baroja.

¿Quiere ahora que sigamos revisando?. Observemos esta caja de recortes periodísticos correspondientes a los años 1910, 1911 y 1912. Le advierto que se va a asombrar; fotos y notas periodísticas de las principales ciudades de América Latina anuncian con enormes titulares, las conferencias y actos públicos de Ugarte con la concurrencia de miles de personas en México, Panamá, La Habana, El Salvador, Santo Domingo, Managua, Caracas, Bogotá, Quito, Santiago de Chile, Asunción, Montevideo, Buenos Aires; actos multitudinarios, a veces prohibidos por los gobiernos por temor a la reacción popular, reclamos de entidades populares ante las gestiones de la embajada yanqui para impedir sus conferencias, una gira de dos años que conmovió a la patria grande latinoamericana.

Vea, ahora: 1918, fundación de la Federación Universitaria Argentina (FUA). En el acto hablan delegados estudiantiles ¿Quiénes el orador de fondo? Manuel Ugarte.

Veamos estas carpetas, relativas a la década de 1920, aquí hay cartas de los principales dirigentes de la Revolución Mexicana, agradeciendo el apoyo que les otorga Ugarte. Otras provienen de dirigentes del APRA peruano, cuando aquel movimiento mantenía todavía en alto sus banderas de liberación y entre ellas, varias de su líder, Víctor Raúl Haya de La Torre, quien juzga a Ugarte como precursor del APRA. Asimismo José Carlos Mariátegui lo considera como una de las más prestigiosas figuras de América latina.

Observe ahora y conmuévase: esta firma cuya rúbrica es un verdadero latigazo pertenece a Augusto César Sandino, el jefe de la guerrilla nicaragüense alzado en armas contra los marines yanquis, Sandino le agradece a Ugarte la defensa de su causa en artículos y conferencias dados en diversas capitales del mundo. En la misma carpeta nos encontramos con un ejemplar de la revista Monde, editada en París, bajo la dirección de Henri Barbusse. Fíjese quienes integran el comité de redacción: Máximo Gorki, Miguel de Unamuno, Alberto Einstein, Upton Sinclair y Manuel Ugarte. No creo que necesitemos revisar las carpetas que restan.

Abandonamos el Archivo General de la Nación. Lo que Ud. ha visto es suficiente para que con perplejidad me pregunte: Entonces, ¿por qué es un desconocido en Argentina? Le contesto: no sólo es un desconocido. A él, que escribió más de treinta libros, le negaron una cátedra de Literatura en Buenos Aires, justamente a él que había firmado el Libro de Oro Mundial de la Paz en 1929 junto a Bernard Shaw, Roman Rolland, los esposos Curie, Maeterling y otras figuras, las más prestigiosas de la intelectualidad mundial. También le negaron el Premio Nacional de Literatura para el cual lo propuso Gabriela Mistral. Su nombre desapareció de los periódicos y las antologías. El Partido Socialista lo expulsó en dos oportunidades de sus filas.

Cuando en 1916 fundó un diario "La Patria" con recursos personales, debió cerrarlo antes de los noventa días de su aparición por el boicot que le hacía la derecha por juzgarlo socialista y los socialistas por considerarlo nacional.

Por todo esto se exiló en 1918 y regresó recién a la Argentina 17 años después. Nuevamente volvieron a hostigarlo y en 1937 volvió a abandonar el país.

Regresó recién en 1946 y si bien el gobierno presidido por Perón le reconoció méritos designándolo embajador, la burocracia boicoteó su tarea y debió renunciar poco después. ¿Por qué entonces?, quizás reitere Ud. su pregunta. Por ahora le resumiré las causas y quizás en otra oportunidad podamos analizar cada una de ellas con detenimiento.

La primera: Ugarte denunció al imperialismo yanqui desde 1901, por sus tropelías en América Central, hasta su muerte en 1951 por la guerra de Corea.

La segunda: Ugarte fue un socialista convencido, pero se negaba a copiar tácticas e ideas europeas "El socialismo debe ser nacional" dijo en 1911.

La tercera: Ugarte sostenía que debíamos incorporar la cultura mundial, pero elaborar nuestra propia cultura nacional, sin exotismos ni europeísmos.

La cuarta: Ugarte predicó desde 1900 hasta su muerte, la unidad latinoamericana.

Una vez siendo joven, Ugarte que era proclive a los romances, quiso deslumbrar a una muchacha y le dijo, "Yo voy a luchar toda mi vida contra los Estados Unidos, por la unidad de América latina y por el socialismo". Ella no entendía mucho. Sólo se le ocurrió responder: Me parece mucha carga para andar por la vida, y efectivamente tuvo razón, demasiada carga para andar por la vida. Lo sentenciaron al silencio, lo convirtieron en "Maldito". Una vez Ugarte comentó: "En otras partes se fusila, es más noble". 

Fuente: www.discepolo.org.ar

Manuel Ugarte, un precursor de la Patria Grande.

Recordatorio de un imprescindible a 65 años de su muerte. Por Miguel Angel Barrios.
Por Miguel Angel Barrios
2 de Diciembre de 2016
Este viernes, se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Manuel Baldomero Ugarte, ocurrido un 2 de diciembre de 1951 en Niza. Ugarte había nacido en Buenos Aires el 27 de febrero de 1875. Ingresó al siglo XX como integrante de la generación del "primer antiimperialismo latinoamericano" junto con José Enrique Rodó, Leopoldo Lugones, José Ingenieros, José Santos Chocano, Francisco García Calderón, Rubén Darío y Amado Nervo, entre otros.
Conocido internacionalmente, fue aclamado por años en sus años de lucha por verdaderas multitudes en cada país latinoamericano, pero no vio publicado en vida ningún libro en su propio país. Escribió más de treinta libros con temas que van desde la literatura social hasta la sociología y la política, donde plantea como núcleo la unidad nacional de América Latina. Recién en 1953, a dos años de su muerte, la editorial Indoamericana publicó "El Porvenir de la América Latina", con un estudio preliminar de Jorge Abelardo Ramos, y en 1961 la Editorial Coyoacan , dirigida por el mismo Ramos , edito "La Patria Grande" y la póstuma "La reconstrucción de Hispanoamérica".
En 1910 aparece "El Porvenir de la América española" que causaría una conmoción continental en el itinerario del nacionalismo latinoamericano, hecho que lo llevó a recorrer el continente de punta a punta-financiado de su propio peculio personal-. Era el primer centenario de la primera independencia, y encontraba a los países latinoamericanos en la fragmentación y en el fondo bajo el auge de repúblicas agro exportadoras oligárquicas cuyo paradigma era el México del porfiriato, la Argentina del orden conservador y el Brasil de la República del café con leche.
Producto de esta experiencia vital nacen "Mi campaña hispanoamericana"-1922-, "La Patria Grande"-1922-, y "El Destino de un Continente"-1923-. Iniciador del socialismo latinoamericano, neutralista e industrialista durante las dos guerras mundiales, fue considerado por Víctor Raúl Haya de la Torre como precursor del APRA.
Regreso a Buenos Aires en 1945 para votar por Juan Domingo Perón el 24 de febrero de 1946. Ese gobierno lo designo embajador en México, Nicaragua y Cuba. No constituye una casualidad que el más grande pintor ecuatoriano, Oswaldo Guamayasin, haya realizado un gran mural en la Universidad de Guayaquil donde Ugarte figura junto a San Martín, Simón Bolívar y Pedro Albizu Campos.
Manuel Gálvez dice que el nombre de Ugarte "será una bandera para los que quieren una América unida y soberana que debe figurar junto a los grandes defensores de la independencia de la América española: San Martín, Rosas, Alberdi, Yrigoyen y Perón".
Ugarte constituyó el primer socialismo de perspectiva latinoamericana y no por azar dice ser católico. Pero aún no estaban maduros los tiempos para eso. Solo después de la Conferencia de Puebla se dan las condiciones para recuperar esta originalidad del pensamiento y acción de Manuel Ugarte de un socialismo católico latinoamericano continentalista. En nadie mejor encarnado esta hondura de pensamiento geopolítico que en el pensador católico Alberto Methol Ferré.
Al ponerse bajo la advocación de María de Guadalupe, la Conferencia de Puebla rescata la conciencia histórica de América Latina, donde la primera evangelización constituyente-siglos XVI, XVII y XVIII- constituye la matriz de la identidad cultural de la Patria Grande. 
Manuel Ugarte se constituye en el propulsor del nacionalismo latinoamericano, y sin ninguna duda la Teología de la Cultura, de la cual es heredero el Papa Francisco, tiene a Ugarte y Methol Ferré como puntos de referencia ineludible, inclusive en su cosmovisión histórica y geopolítica de concepción de la Patria Grande. Y no por azar, es un jesuita el que lo encarna.
Como conclusión, vale extraer las ideas fuerzas de Ugarte que plantea ya en 1901.
-Como latinoamericano, además de su patria Argentina, Ugarte tiene una Patria constituida por la América española, incluido Brasil, en una sola entidad superior.
-La tarea es política. Hay que reconstruir un bloque para una Patria Superior, porque nuestros pequeños Estados eran "imposibilidades históricas". 
-Plantea por primera vez en términos de acción política las estrategias o caminos de acción política de los Estados de la América Latina, distinguiendo el papel tutelar en el proceso unificador de Argentina y Brasil.
-A esta unidad cultural le acecha un peligro, Estados Unidos, país al cual respeta, pero al que le recrimina su actitud imperialista.
-Se declara partidario de aplicar una legislación social de avanzada, para regular al Estado.
-Propone la armonización de los planes de educación de los países de América Latina, priorizando en ellos los rasgos comunes de nuestra unidad común.

Manuel Ugarte se transforma en el nexo programático del unionismo hispanoamericano de los libertadores con el continentalismo latinoamericano de los movimientos nacionales y populares, desde el varguismo al peronismo.
Su bandera resuena en estos momentos críticos de Nuestra América. En el Teatro Municipal de Lima, el 3 de Mayo de 1913, Manuel Ugarte advierte :"El siglo nos impone un dilema: coordinarnos o sucumbir".
Miguel Angel Barrios es doctor en Educación y en Ciencia Política y autor de "el latinoamericanismo en el pensamiento político de Manuel Ugarte".

lunes, mayo 29, 2017

SEAMOS LIBRES por Norberto Galasso.

Juan Bautista Alberdi, alejado ya de las fábulas de Mitre sobre la Historia Argentina, escribió: "La Revolución de Mayo fue un momento de la revolución hispanoamericana, ésta, a su vez, un momento de la Revolución democrática española de 1808 y ésta, lo fue de la Revolución Francesa de 1789". 
Esta interpretación de la revolución fue recogida por Manuel Ugarte, José León Suárez, Julio González y otros historiadores en desacuerdo con la versión mitrista que la presenta como una revolución antiespañola, independentista y buscando el comercio libre, cuyo programa residiría en La Representación de los Hacendados que reclamaba el comercio libre al virrey, en 1809 y que, además, por razones tácticas, ocultaba su propósito de independizarse de España jurando lealtad al rey cautivo Fernando VII ("La máscara de Fernando"). 
En esta versión oficial, implícitamente, se trataría de un movimiento probritánico, a través del cual la "gente decente" de Buenos Aires daba su primer paso hacia el liberalismo económico y su Graciosa Majestad, bajo la protección de lord Strangford y recibiría la bendición de George Canning –y el empréstito de Baring Brothers– en los años veinte, mediante la gestión de Rivadavia, el antecedente de Mitre. Así se difundió en las escuelas argentinas durante muchos años. 
Pero ahora sabemos –por documentos de la época– que la revolución se extendió entre 1809 y 1811 en toda Hispanoamérica, que en la mayoría de los casos se juró por Fernando VII (por entonces, progresista) no evidenciando propósito separatista, que la España revolucionaria de las Juntas no intentó reprimirlas, que la bandera española flameó en el Fuerte de Buenos Aires hasta 1813, que la mayoría de los revolucionarios eran hijos de españoles y no de los pueblos originarios sometidos por la conquista, que había dos españoles en la Junta de Mayo, un español en el Segundo Triunvirato y que era catalán el autor de la música del himno, que la revolución democrática española declaró que esas tierras no eran colonias sino provincias de España y que convenía que desplazasen a los virreyes y que enviaran delegados a la convención constituyente a realizarse en Cádiz con los mismos derechos que las demás provincias (Declaración de la Junta Central de España, del 22 de enero de 1809) y que el Congreso de Tucumán, en 1816, declaró la Independencia recién cuando en España había vuelto la monarquía y ahora sí mandaban flotas a recuperar lo que consideraban colonias. 
Una carta de Posadas a San Martín (18 de julio de 1814) le comenta que Fernando VII es nuevamente rey de España pero ha abandonado sus ideales de democratización, perseguido a los liberales y dispuesto a reponer la monarquía y por consiguiente sus colonias, de lo cual se deduce que hay que independizarse para no caer nuevamente bajo el absolutismo. Entonces, San Martín apura al Congreso de Tucumán para declarar la independencia y darse bandera celeste y blanca, pero le da a su ejército (nutrido por criollos, chilenos y españoles democráticos) una bandera distinta –hispanoamericana– con la cual seguirá luego a Perú para intentar liberar a toda la Patria Grande, con el mismo objetivo de Bolívar, venezolano, colombiano y ecuatoriano.
Nace así la lucha por la Patria Grande que ya retomó Felipe Varela y tantos otros, hasta Eduardo Wilde a quien se muestra como escéptico (autor de un artículo en defensa de "Los Descamisados" porque "los mitristas nos robaron la camisa"), y después Ugarte, Blanco Fombona, Martí y años después, Chávez, Kirchner, Lula, Cristina, la Unasur, la Celac y todo lo que ya sabemos hoy, solo explicable si entendemos bien el ayer, para lanzarnos hacia el mañana. Ahora sí es posible que la maestra le diga al alumno: 
–No, querido, la patria no tiene dos cumpleaños: 1810 y 1816, no nació dos veces. Tiene uno solo y lo comparte con el resto de la Patria Grande. Lo demás fue una picardía proinglesa de Mitre, Grosso, Levene, Astolfi y tantos otros argentinos colonizados. 
En resumen, Mayo fue para elegir nosotros nuestras autoridades (democracia) y julio de 1816 fue la ruptura, la independencia. 
Después vino la dependencia –y la deuda externa que nos exprime y somete–, como ahora. Lo que venga después será obra nuestra, bajo la consigna "Seamos Libres". 
Publicado en

miércoles, julio 27, 2016

EL PENSAMIENTO DEL GRAL. ALONSO BALDRICH.

Nace el 17 de enero de 1870, en San Nicolás de los Arroyos. Su padre, Juan Esteban, ha sido capitán del ejército español y vino a la Argentina radicándose en San Nicolás de los Arroyos.
Estudia en Rosario y luego ingresa como soldado al I de Infantería de línea y posteriormente, al Colegio Militar. Abanderado de éste último, egresa ocupando el primer puesto de su promoción como subteniente del arma de artillería, pasando después a la de ingenieros.
En 1903, junto con Enrique Mosconi, egresa como ingeniero civil de la Facultad de ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA. Una amistad indestructible nace entre ambos, que se afianzará en una comunión de ideales cuando vislumbran la dependencia económica del país y se comprometen ante sí mismos para redimirlo. Quizás sus primeras coincidencias surgen en las noches de vigilia en el campamento de Orán, donde ambos trabajan en la Comisión de estudio del Ferrocarril Central Norte (F.C.C.N.) que debía extender las líneas de la Sección Norte en Salta y Jujuy, convirtiéndose en su primer destino como ingeniero militar. Esta Comisión, integrada por ingenieros civiles, dibujantes e ingenieros militares, entre ellos el también capitán Enrique Mosconi, fue la encargada del tendido de líneas entre Perico y Ledesma (Jujuy) habilitada en 1904, y de proyectar el trazado entre esta y Oran (Salta).
En este orden de ideas, en 1911 cuando el entonces teniente coronel regresa de su instrucción en Alemania, se hace cargo del Batallón N° 5 de Ingenieros con asiento en San Miguel de Tucumán, donde cuenta en su plantel de oficiales a los subtenientes de ingenieros Manuel Savio y Benjamín Matienzo, recién egresados del Colegio Militar (31/12/1910). De modo que tanto el padre de la siderurgia nacional como el precursor de nuestra aviación, tuvieron en su formación la gran contribución de Alonso Baldrich, quien diría años más tarde “Como jefe alumbré a un general, Savio, y a un héroe, Banjamín Matienzo”.
En cuanto al tema hidrocarburífero, el debate sobre la nacionalización del petróleo creció gradualmente entre 1910 y 1927. En 1910 se publicó la obra seminal “El Petróleo”, por Jorge Newbery y Justino Thierry; que inspiró un proyecto de ley del diputado radical Carlos Melo en 1916, sin obtener resultados favorables. Al año siguiente el diputado del partido conservador Rodolfo Moreno propuso la misma ley, pero fue nuevamente rechazada. En 1919 y 1921, el presidente Hipólito Yrigoyen envió dos proyectos que resultaron bloqueados en el senado por la mayoría que ostentaba el partido conservador. Aún así la presencia del tema en discuciones públicas fue en aumento, por el trabajo de Manuel Ugarte y de José Ingenieros, que en 1925 apoyó la fundación de la Unión Latinoamericana.
Años antes, en 1916, Baldrich se había hecho cargo del Arsenal de Puerto Borghi, que condujo con eficiencia ejemplar. Su administración innova sobre todo en el trato con los obreros, a quienes procura vivienda y abaratamiento de los alimentos. Luego, en 1923, Mosconi lo designa administrador de los yacimientos petrolíferos de Comodoro Rivadavia. Allí, organiza y reglamenta los servicios, reduce, a la tercera parte del costo, el precio de los subproductos, así como el tiempo empleado en montaje de máquinas y torres, rebaja el costo de perforación y aumenta el rendimiento. Luego, se hace cargo de la Dirección General de Ingenieros. En esa época colabora con Mosconi en la lucha contra los trusts ingleses –Royal Dutch y Anglo Persian- y el norteamericano –Standard Oil-. La ofensiva en América Latina de la Standard Oil es cada vez más avasalladora, ya que su política se inscribe dentro de la mayor influencia que el capitalismo norteamericano pasa a ejercer sobre la Argentina. Mosconi libra, por entonces, una dura batalla legal para contener ese avance.
Desde su inmensa tarea en nuestra petrolera de bandera, Baldrich afirma: “La industria petrolera estatal resulta esencial para promover el desarrollo industrial argentino, prevenir el dominio extranjero sobre el petróleo del país y garantizar la seguridad militar nacional.”
Ante la política imperialista de la Standard Oil, que ejercía una influencia avasallante en Bolivia, y buscaba expandirse a los yacimientos del Norte Argentino, Baldrich participó en la fundación de Alianza Continental en 1927, una organización liderada por Arturo Orzábal Quintana con el objetivo de promover una ley de nacionalización de los yacimientos petrolíferos. Durante ese año Baldrich recorrió el país dando discursos en Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Rosario, Tucumán y Montevideo.
En febrero de ese mismo año, diserta sobre: “El petróleo: ¿Por qué desde hace 15 años no surge esa ley (de nacionalización del petróleo) que se pidió y por qué no se trata, por qué esa demora, no obstante haberse presentado catorce proyectos y tener cuatro de ellos a despacho de Comisión y por cuarta vez haberla pedido este Poder Ejecutivo?”.
En junio, reitera su tesis de apoyo a la Ley de Nacionalización Petrolera y a las limitaciones que debían imponerse a ciertas organizaciones internacionales que, como en Salta, tenían directa o indirectamente monopolizada la mejor zona de la provincia a través de ilícitos que incluían la contratación de abogados emparentados con el gobernador, la impartición de justicia por mano propia, y la enajenación ilegal de tierras. Baldrich publica artículos en los diarios La Nación y El Intransigente, logrando despertar gran interés por el tema. A raíz de sus filosas palabras contra el imperialismo invasor, Baldrich afirma que “la aspereza en el lenguaje es virtud, cuando se fustiga con indignación a la villanía”.
En esa época, Manuel Ugarte le escribe desde Niza: “Cuando recibí sus admirables y valientes trabajos sobre el problema del petróleo en la República Argentina adiviné las resistencias que debía levantar su actitud… Yo quiero a mi Argentina con el máximo cariño que se puede ofrendar a la Patria; y, lejos de hacerle injuria, creo, como usted, servirla en sus intereses finales denunciando los peligros que se ciernen directa o indirectamente sobre ella…”. Pero la patriada del general Baldrich resulta molesta al Ministro de Guerra, general Justo, que está enredado en conspiraciones para frustrar la reeleción de Yrigoyen. El futuro golpista retira a Baldrich del servicio activo del ejéricto por “exceso de edad”. El hecho motiva una imponente demostración de sus amigos, entre ellos Mosconi y el general Severo Toranzo.
En esos tiempos, así como en los actuales, era necesario para la lucha por la defensa del petróleo refrendar una Ley concebida y ejecutada de forma nacional. Esta anhelada Ley de Nacionalización del Petróleo tiene como cabeza el pedido de los generales industrialistas Baldrich y Mosconi quienes solicitaban la implementación de los siguientes puntos:
“Nacionalización de todo el combustible, Monopolio estatal de la explotación, Control estatal de la exploración, Monopolio estatal del transporte del combustible, Autonomía de YPF, Prohibición de transferir las concesiones.”
En setiembre de 1928, la Cámara de Diputados aprobó, con el voto mayoritario de la bancada yrigoyenistas, el proyecto de Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo que disponía la expropiación de los yacimientos petrolíferos y sus correspondientes instalaciones en manos de particulares extranjeros. Se facultaba al Poder Ejecutivo a declarar la caducidad de las concesiones de cateo, indemnizando a sus beneficiarios. El Senado, entretanto, con mayoría conservadora, inmovilizó el proyecto de ley venido de diputados con media sanción. Al no tratarlo lo condenaba a morir. Por entonces, el 19 de diciembre de 1929, Baldrich es nombrado director del periódico “La Argentina” y desde allí denuncia al Senado que tiene inmovilizado el proyecto de ley. Asimismo, el 21 de diciembre, en primera página denuncia al senador Rudecindo Campos, apoderado de Leach, socio de Standard Oil: “Excusación improcedente”. Luego, publica un extenso informe: “La Alianza Continental frente a la Comisión Especial del Petróleo. La demora del Senado es deliberada”.
Poco después, insiste: “… ¡Alerta” transmitimos con voz de orden al país, porque lo amenazan de muerte los piratas que desean impedir la realidad magnífica de nuestra independencia económica que es una suprema aspiración y un supremo objetivo de los que aman a la Patria”.
El 6 de enero publica: “La defensa de la industria”. Allí afirma: “Es necesario dar a la industria elaborativa su verdadero significado económico y social. La usina que se levanta rinde beneficios a quien la mantiene, pero su influencia se diluye en todo el medio en que actúa. Da pan al obrero, tranquilidad a los hogares cuyos jefes se disciplinan en el trabajo, reduce las compras en el extranjero y pone en circulación fuertes capitales que salen al mercado bajo la forma de salarios y de compra de las materias primas…”.
El 19 de enero, en “La conspiración del silencio”, vuelve a denunciar la obstrucción de la mayoría del Senado. El día 25, en “El Senado no sancionará la Ley del Petróleo”, anuncia que han resuelto tratar todas las leyes incluidas en el mensaje del Poder Ejecutivo menos aquella. A Baldrich lo atacan, le dicen loco, quijote petrolífero. Él se defiende: “Los niños y los locos según la afirmación popular dicen la verdad…”. El 12 de abril, en “La palabra de América”, defiende la postura del presidente Yrigoyen en su conversación telefónica mantenida en la víspera con Mr. Hoover, presidente de los Estados Unidos: “Los órganos que representan una influencia yanqui en el país han censurado el mensaje del presidente Yrigoyen a Mr. Hoover. No es agravio para una Nación decirle que no se participa de sus puntos de vista… Bien ha hecho el presidente Yrigoyen de emitir los conceptos fundamentales que ha expresado, puesto que ellos son un Evangelio de Libertad…”. El 4 de mayo de 1930, el general Baldrich deja la dirección de “La Argentina” por problemas financieros, pero anuncia que seguirá abogando por la Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo.
El 7 de septiembre de 1930 debían realizarse las elecciones en Mendoza y San Juan, teniendo el yrigoyenismo grandes probabilidades de ganar 6 senadores, con lo que se hubiese roto la mayoría conservadora en la Cámara alta y se hubiese logrado, acto seguido, la aprobación de la ley de nacionalización del petróleo, asegurando la exploración, explotación y transporte para el monopolio estatal. Lamentablemente, sólo un día antes, el 6 de septiembre de 1930, tuvo lugar el golpe de Estado.
Al producirse el golpe militar de Uriburu, Mosconi y Baldrich son detenidos. Puestos en libertad, no permanecen impasibles ante el vuelco total de la política petrolera llevada a cabo por YPF.
Ambos jefes son estrechamente vigilados. Uriburu les teme por su prestigio en el Ejército: a Mosconi los destierra a Europa mientras que a Baldrich lo confina en Bariloche, desde donde parte meses después para Paraguay y luego al Brasil hasta 1932, año en que Agustín Justo gana la presidencia en elecciones fraudulentas.
Luego, en 1934, Baldrich da una conferencia titulada “El problema del petróleo y la guerra del Gran Chaco”, donde hace referencia a los intereses de las compañías petroleras extranjeras y como culminan embarcando en una guerra a Bolivia y Paraguay.
En ese mismo año, 1934, el Congreso aprueba la Ley 12.103 que establece la Dirección de Parques Nacionales, Baldrich fue vocal de la misma hasta 1938 y luego director hasta 1940. Desde allí, apoyándose en dicha ley para solicitar recursos, se desvela para argentinizar la Patagonia, muy conocida por este “general del Pueblo” en su acción en el yacimiento fiscal de Comodoro Rivadavia. Teniendo en cuenta que radicar gente es la primera condición y la segunda industrializarla, esboza un revolucionario programa:
“¿Qué debemos hacer para argentinizar la Patagonia? … Continuando el plan del Superior Gobierno de la Nación, destacar más unidades del ejército … Creación de escuelas con internado y programa regional con talleres y chacras, defendiendo a la niñez de la desnutrición y los inconvenientes de las distancias … [enviar colonos] dándoseles no sólo la tierra, sino que también la vivienda y los implementos de trabajo, constituyendo y acrecentando los núcleos de población capaces de abastecer zonas de consumo. Proteger ampliamente ese trabajo en lo técnico y lo económico. Completar la red caminera, propuesta por la Dirección de Vialidad. Prolongación de las líneas ferroviarias. Tarifas de fomento, sin vista a la ganancia o al dividendo. Orientación de los argentinos hacia la vida y la industria del mar. Puertos libres y controlados para artículos de consumo, a fin de abaratar la vida, excluyendo artículos de lujo… Funcionamiento del Registro Civil y enrolamiento de votantes, lo que suprimirá irregularidades perjudiciales para el país. Designar gobernadores y jueces de paz a vecinos arraigados. Votar más recursos a la Dirección de Parques Nacionales a fin de que intensifique y amplíe su acción nacionalista y de progreso con vista al turismo, y que le asigna la ley de su creación, como ser: construcción de caminos, puentes, escuelas, líneas telegráficas y telefónicas, muelles, puertos, desagües, hospitales, construcción de hoteles, funiculares, estaciones de servicio para automóviles, control de tarifas de las empresas de servicios públicos…”
En los años previos a su fallecimiento se retira a la vida privada y es espectador de lujo de la batalla por la siderurgia nacional que libra un discípulo suyo, el general Savio. Alonso Baldrich pasa a la inmortalidad en Buenos Aires a la edad de 86 años, un 24 de agosto de 1956. Este soldado de la causa nacional deja un legado de su lucha y pensamiento inquebrantable en defensa de los recursos naturales y en pos de la industrialización del país.

Fuentes: Lopa, Ricardo Alberto – Coord. Galasso, Norberto. Los Malditos Vol. I. Pág. 131.. Ed. Madres de Plaza de Mayo

Larra, Raúl. El general Baldrich y la defensa del petróleo argentino. Ed. Mariano Moreno.

domingo, abril 03, 2016

EL PENSAMIENTO VIVO DE DON MANUEL UGARTE.

"Nada de confundir nuestros intereses con los del vecino, nada de discutir los asuntos bajo la presidencia injustificable de un maestro. Las repúblicas Latinoamericanas no deben dejarse deslumbrar ni ensordecer por el tumulto del Norte. El punto de reunión y de mira está al Sur, en el centro mismo de nuestra tradición y nuestra cultura”.
Fragmento de "El Porvenir de América Latina" de Manuel Ugarte.

Manuel Baldomero Ugarte. Escritor, diplomático y político argentino. Nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1875 y falleció en Niza, Francia, el 3 de diciembre de 1951.
La visión de Ugarte retoma la idea del Libertador don José de San Martín y del otro Libertador Simón Bolívar de Nuestra América con respecto a la unidad de las ex colonias de raíces españolas en una Federación americana de los países de la Patria Grande. En contraposición, la visión panamericana propuesta por el Departamento de Estado de Estados Unidos, postulaba un origen y destino común de todas las naciones americanas desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Ugarte veía en esta idea los designios del imperialismo de Estados Unidos para establecer pequeños países de escaso peso político y someter a toda América a su supremacía.
En 1911, Ugarte comienza una gira por los países hispanoamericanos con el objetivo de conocer personalmente la verdadera situación de los países de la región. Los pormenores de esta gira, que se extendió hasta 1913, los relataría más tarde en su libro El destino de un continente.
En septiembre de 1946 fue designado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en la República de México. Por primera vez en la Argentina obtenía un reconocimiento oficial a su capacidad y su lucha. México era el país al que había defendido reiteradamente contra las agresiones norteamericanas y donde tenía tantos amigos y discípulos. Manuel Ugarte tenía entonces 71 años.
En noviembre de 1951 retornó a Buenos Aires con un sólo objetivo: votar por la reelección del Perón. Luego de la reelección del presidente regresó a Madrid donde permaneció unos pocos días para instalarse nuevamente en Niza donde falleció el 2 de diciembre.

lunes, agosto 17, 2015

Ése fue José de San Martín por Norberto Galasso.

Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.
La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España.
Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aún nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808.
Nos recordó, en cambio, que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y, de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810.
¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?
Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años!
Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares.

Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del “yugo español” –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o, peor aún, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de “Santo de la Espada” (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano “pícaro y mujeriego”.
Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo “le vene” bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista “a la violeta”).
Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811.
Y lo sostuvo contundentemente: “Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés”.
Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés.
¡Qué osadía! ¿No es cierto?
Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas “de bien público”, a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto “que se iba a desatar un intenso y apasionante debate… pero no fue así. En forma unánime optaron por el silencio”.
Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india… Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente “léida” de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés.
En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.

Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y, asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial.
Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba “El Evangelio de los Derechos del Hombre”, es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano, diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y 1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico).
San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por “un llamado de las fuerzas telúricas” como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros).
Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y, por tanto, pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno, defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre “el más grande hombre civil de los argentinos” (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). Y, entonces, los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para reemplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces, sí, resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires).
La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo.
¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir, al diario La Nación?
Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: “Mitre se dejó un diario de guardaespaldas”.
Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintas épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados.

Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en “Malditos”.
Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria, sino un Libertador que quería la América latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la Celac, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, “modernos” o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba “nuestros paisanos, los indios”; popular, en tanto escribió “odio todo lo que es lujo y aristocracia”; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).
Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América latina libre, unida e igualitaria?
Imágenes: BLOG DE LA PATAGONIA.

lunes, enero 20, 2014

Hernández Arregui, ese lanzallamas por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Martín Lafforgue, en un libro hoy inhallable, Antiborges (Javier Vergara Editor, 1999), realiza una ajusta definición del nacionalismo popular: “El nacionalismo popular como corriente de pensamiento comienza a gestarse en la década de los veinte a partir de las ideas de un conjunto de políticos, periodistas e intelectuales: el socialista antiimperialista Manuel Ugarte; el general ingeniero Alonso Baldrich, del grupo fundador de Yacimientos Petrolíferos Fiscales; el precursor de las corrientes económico-desarrollistas en el radicalismo Manuel Ortiz Pereyra y periodistas como José Luis Torres, a quién le debemos la acertada expresión de “Década infame”.
En 1935 tras fracasar en su intento de desplazar a la dirección alvearista (moderada) del viejo partido de Irigoyen, un grupo de jóvenes militantes decide escindirse, recoger las preocupaciones de los arriba citados, con ellas renovar y profundizar el “credo yrigoyenista” y construir una nueva forma de organización: nace la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA). En su primer manifiesto atacan a las “oligarquías” e “imperialismos”, exigen la restauración de la “soberanía del pueblo” y se proclaman los únicos continuadores del yrigoyenismo. El ideólogo del grupo es el ya reconocido ensayista de temas nacionales Raúl Scalabrini Ortiz y forman su núcleo dirigente, entre los más conocidos, el escritor Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, hijo de un ex ministro de Irigoyen y el poeta y músico Homero Manzi.
Aún cuando FORJA no logra un caudal significativo de adherentes ni una organización sólida, sus innumerables volantes y conferencias y sus vehementes pero bien documentadas publicaciones logran penetrar e influir en vastos sectores de la opinión pública. Para los forjistas la “oligarquía” conservadora era responsable de la crisis que se vivía; se consideraba que para sostener sus privilegios había traicionado al país entregándolo al “imperialismo británico”; se denunciaba a la “dictadura política” al servicio de minorías, impuesta mediante la corrupción más escandalosa y el fraude generalizado y a una “tiranía económica” al servicio del capital extranjero. “El proceso histórico -dice uno de sus documentos- revela una lucha permanente del pueblo en procurar su soberanía popular”. De alcanzarse este cometido, será el fin de la dependencia y el sometimiento.
La influencia de FORJA sobre el pensamiento de Perón y sus más estrechos colaboradores está bien documentada. Tanto el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) -logia militar de decisiva influencia en la primera mitad de los años cuarenta- como Perón leyeron y estudiaron el material forjista y los libros de Scalabrini Ortiz y de Torres, por lo menos desde 1936 y años más tarde se sucedieron encuentros personales. Las principales ideas, temas y categorías del nacionalismo popular fueron incorporadas al peronismo: la postura antioligárquica y antiimperialista, los objetivos de autonomía económica y justicia social, la fe en el pueblo instalado como sujeto privilegiado del cambio, un cierto menosprecio hacia las formalidades legal-institucional. En 1945 el forjismo se disuelve y la mayoría de sus miembros se incorpora al naciente peronismo. Muchos de ellos pasan a ocupar cargos oficiales en el gobierno nacional y en el de la Provincia de Buenos Aires.
Julio Cortázar dijo que se tuvo que ir de la Argentina porque el tronar de los bombos peronistas no le dejaban disfrutar de los conciertos de Bela Bartók. Borges, en cambio, no parece haber tenido inconvenientes, en esos años, para escribir sus textos más personales y reconocidos. En 1944 habría de publicar Ficciones, cinco años después El Aleph, en 1951 la selección de cuentos que conforman La muerte y la brújula y al año siguiente el volumen ensayístico Otras inquisiciones. De este período son también buena parte de sus obras en colaboración -El Martín Fierro con Margarita Guerrero, Antiguas literaturas germánicas con Delia Ingenieros, entre otras- y de las antologías y volúmenes de cuentos realizados con Adolfo Bioy Casares. Esta intensa producción literaria, sin embargo le dejó tiempo para comenzar una tardía pero exitosa carrera docente en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa y en el Colegio Libre de Estudios Superiores, ejercer la dirección de la revista Anales de Buenos Aires e, incluso, para la actividad gremial (fue presidente de la SADE. entre 1950 y 1953). Derroche de energía realizado en la opresiva y lúgubre atmósfera de la Segunda Sangrienta Tiranía. No tuvieron igual suerte los intelectuales de la década del setenta, signada por la tutela de los que él denominó caballeros militares .
La caída del gobierno peronista (1955), calurosamente apoyada por los sectores medios, la intelectualidad y los sectores dominantes, encuentra a los escasos grupos que se reconocen en la experiencia peronista cuestionando nuevamente las orientaciones políticas y económicas gubernamentales. Pero ya no alcanza con analizar el pasado histórico y la estructura económica del país: se deben encontrar las causas que posibilitaron esta oposición acérrima, muchas veces más cultural y valorativa que directamente social o económica. Surge, entonces la corriente nacionalista popular. En ella hemos englobado -continúa Lafforgue- un espectro bastante amplio de pensadores que reúnen las características reseñadas. En un análisis más fino es posible establecer diversas diferenciaciones; la más frecuente es entre “izquierda nacional” (provenientes de las agrupaciones tradicionales de la izquierda, pero que se distancian a partir de su visceral rechazo a la tradición liberal y una lectura positiva del fenómeno peronista) y nacionalismo popular con una variante reformista y otra revolucionaria.
Comienza un vasto programa de revisión del pensamiento y la literatura argentina a partir de una doble vía explicativa: la primera partía de la tesitura, deudora de un materialismo algo rústico, de que “a la estructura material de un país dependiente corresponde una superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento de esa dependencia”; la segunda se elaboró a partir de la incorporación de buena parte de la relectura de la historia nacional que el revisionismo histórico venía haciendo desde los años treinta. Esta escuela sostenía que en la Argentina había habido desde sus inicios un enfrentamiento permanente entre dos antagonistas irreconciliables: un proyecto de país liberal y dependiente consagrado por la historiografía tradicional y legitimado por la “superestructura cultural; y el país “auténtico”, por fuera de las superestructuras culturales dominantes, resguardado por la memoria popular y al que esta escuela historiográfica viene a rescatar, sistematizar y presentar en un cuadro completo. El objetivo del nacionalismo popular, entonces, pasa a ser demostrar como la “colonización pedagógica” había provocado que los intelectuales liberales -que por cierto incluía a pensadores de procedencia muy dispar- evaluaran erróneamente, o aún mintieran deliberadamente, en sus interpretaciones de la realidad nacional. Los “profetas del odio”, según los definiera Jauretche, no podían entender al país real; lo que los llevaba a despreciar y rechazar todo aquello identificado con el campo de la “barbarie”: el gauchaje, el yrigoyenismo, el peronismo y, en general, todas sus producciones culturales.
Ante el panorama actual de la política nacional, caracterizado por la inercia mental, la importación de teorías pergeñadas por las usinas de propaganda del hemisferio norte y la vocinglería de “analistas” condenados al pensamiento de sirga, Juan José Hernández Arregui representa el más dramático encuentro del intelectual argentino con el hecho nacional. Con una cultura inexistente en otros representantes de la izquierda de nuestro país, supo subordinar la teoría marxista y el método histórico- cultural al análisis de la realidad concreta que examinaba y con la que se hallaba raigalmente comprometido desde su militancia peronista que no abandonó hasta su muerte. Sus afirmaciones, no siempre exentas de polémica, continúan siendo hoy referencias ineludibles para pensar el “ser nacional” sin caer en utopías frustrantes o alineaciones coloniales. Incursionó en la narrativa con los cuentos Siete notas extrañas (1935) celebradas por la crítica en su momento. Las corrientes históricas durante el siglo XIX (1951), El siglo XVI y el nacimiento del espíritu moderno (1952), Introducción a la historia (1953), son algunas de sus producciones de cátedra, que precedieron a sus formidables ensayos.
Para quienes comenzamos nuestra militancia política en el peronismo y nos habíamos formado doctrinariamente en las fuentes del nacionalismo revisionista, que nos ofrecía una respuesta a falsificación de la historia que denunciara Ernesto Palacio y a su vez; por razones familiares conocíamos en carne propia las purgas ejemplificadoras del terrorismo liberal-gorila, Hernández Arregui nos brindó las herramientas conceptuales para desenmascarar los basamentos de una realidad ficticia, colonial y cipaya.
Herramientas que trascendían el marco del revisionismo histórico, nacido al fragor de la lucha para denunciar la leyenda negra (las calumnias contra España), la leyenda roja (las calumnias contra Rosas y los caudillos) y la leyenda rosa (la supuesta realidad de ese color que se desarrolló en la Argentina a partir de Caseros), pero insuficientes para analizar el complejo marco, nacional e internacional, de las últimas décadas del siglo XX. Antes de ahondar en las mismas, es necesario destacar su formación e historia de vida, hasta 1955, dado que a partir de esa fecha publica sus obras cardinales.
Juan José Hernández Arregui nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires el 29 de septiembre de 1912, donde pasó sus primeros años de vida; luego su madre ya viuda, lo trajo consigo a la Capital y aquí realizó sus estudios para ingresar a la facultad de Derecho. Norberto Galasso en una discutible biografía -ya desde el título: “J. J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo”- habla de un abandono por parte de su padre que, supuestamente, lo sumiría el resto de su vida en una profunda melancolía. Aparte de innecesaria, esta mención nos recuerda una metáfora del querido y poco recordado Salvador Ferla:
En el mundo antiguo circuló en diversas versiones una leyenda significativa, la del niño desvalido que se vuelve poderoso. Un niño abandonado en las orillas del Tíber llega a ser el fundador de Roma; otro niño, depositado en una canasta en la ribera del Nilo se convierte, ya adulto, en el libertador del pueblo israelita. Y el bebé a quien Herodes quería asesinar, resultó nada menos que el hijo de Dios. La moraleja es: ¡cuidado con maltratar al débil, al pequeño, al indefenso!... ¡Puede ser un genio, un rey, o el mismísimo Dios!... Esta simbología del débil que se levanta triunfal de la abyección en que injustamente fuera arrojado por la arrogancia y la sensualidad de los poderosos, nos indica cuál debe ser nuestra principal pauta valorativa en materia histórica. La civilización nació enferma del complejo de culpa. La historiografía debe ayudar a curarla concientizándola sobre las causas de ese complejo.
Personalmente, no compartimos este tipo de interpretaciones psicologistas, reduccionistas, que circunscriben el talento y la creación a circunstanciales incidentes externos. Al morir su madre, un tío, amigo del caudillo Amadeo Sabattini, se lo lleva consigo a Villa María (Córdoba). Ahí trabaja de bibliotecario y comienza a colaborar en periódicos locales y en 1931 se afilia a la UCR yrigoyenista y escribe en sus órganos periodísticos DebateDoctrina radical y Libertad. Reinició sus estudios universitarios durante la década de 1940 en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital cordobesa, en la que tuvo como principal maestro al insigne Rodolfo Mondolfo, y allá se graduó con una tesis sobre “Las bases sociológicas de la cultura griega” en 1944.
Comenta Eduardo Romano en un meduloso artículo (CREAR, Nº 14, junio 1983) que sus primeros enfrentamientos con la conducción partidaria se produjeron a consecuencia de la revolución militar de aquel año, pues su prédica a favor de la misma no halló eco entre sus correligionarios. De todas maneras él colabora en la Corporación Nacional de Transporte, a cargo de Santiago H. Del Castillo, porque ve en las medidas económicas del nuevo gobierno un corte respecto de la política de entrega irrestricta de nuestro patrimonio a los intereses británicos. Congresal por la provincia de Córdoba, en 1945 se opone fervorosamente a la participación del radicalismo en el engendro político que fue la Unión Democrática. Después de las elecciones que consagraron a Juan D. Perón presidente, contra dicha coalición, sus relaciones con el radicalismo se volvieron francamente irreconciliables y decidió renunciar a ese partido ante el Presidente del Comité de la provincia, Dr. Arturo Illia. Dice en un pasaje de su carta fechada el 10 de febrero de 1947:
“El conflicto entre intransigentes y unionistas, en lo esencial, no ha sido un mero antagonismo de núcleos, sino la lucha en profundidad entre dos concepciones irreductibles, antinómicas e irreconciliables de lo radical y argentino, en cuanto a ideales populares insertos en el sentido propio de lo nacional. Es superfluo, pues, tratar de salvar la unidad del partido, inmolando esta ilusión casuística y formal, el contenido concreto mismo de la doctrina radical, que es la expresión genuina del sentimiento emancipador de las multitudes argentinas, empeñadas desde Mayo en el ideal vigoroso de la plena autodeterminación nacional. Eran estas síntesis oscuras que germinaban en lo colectivo histórico de las masas, lo que el radicalismo debió convertir en conceptuaciones políticas de lucha. Al no hacerlo, su derrota estaba sellada. La gran frustración de lo radical ha sido consumada. Y nada contrarrestará mientras tanto, el poderío de las fuerzas políticas que triunfaron con Perón, gracias al error de perspectiva -nacional e internacional- de aquellos que al influjo de factores foráneos, cayeron en una imperdonable desviación de la línea del partido, traicionando los postulados históricos de la UCR”.
En 1947, se produjo su primer acercamiento al peronismo, de la mano de Arturo Jauretche, quien lo llevó a colaborar en el gobierno bonaerense, como Director de Publicaciones y Prensa del Ministerio de Hacienda. Por ese entonces disertó sobre “La Universidad y la Reforma del 18”, en vísperas de sancionarse una Ley Universitaria. En 1948 empieza su labor docente en la Universidad Nacional de La Plata, como Profesor Adjunto de Introducción a los Estudios Históricos, que amplía con incursiones por la sociología, la historia del arte, la literatura, etc, y en la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires, hasta el golpe septembrino de 1955. Ante la coyuntura, se convierte en ideólogo de la Resistencia Peronista y si bien no participa directamente en política, es detenido un mes en San Martín cuando el levantamiento patriótico del general Juan José Valle contra el gobierno de facto, que había desatado una cruenta represión contra las fuerzas populares.
En 1957, un año después de Civilización y Barbarie. El liberalismo y el mayismo en la historia de la cultura argentina, de Fermín Chávez y el mismo año de Los profetas del odio de Arturo Jauretche, aparece Imperialismo y Cultura. Estos tres libros constituyen un dique conceptual contra los intentos de retrotraer la situación nacional a lo que era antes de 1943, avalados por una intelectualidad cipaya, cuyo paradigma era Borges, escritor cosmopolita, de un europeísmo afectado y erudición esotérica, ajeno a los problemas nacionales. Prueba de ello es el Nº 237 de la revista Sur en que Victoria Ocampo, Eduardo González Lanuza y Guillermo de Torre, entre otros, tratan de demostrar que el “verdadero” pueblo argentino no participó de la experiencia peronista, argumento que, con otros basamentos teóricos, emplea Juan José Sebrelli en el Nº 7/8 de la revista Contorno. Sea por derecha o por izquierda, el objetivo consistía en negar al sector popular todo protagonismo histórico.
En Imperialismo y Cultura, Hernández Arregui analiza descarnadamente la cultura oficial y la dependencia, la deificación de todo lo extranjero, la falta de proyecto nacional en gran parte de la dirigencia argentina, el uso de las corrientes filosóficas nacidas en Europa sin comprensión del país real. Encuadra las relaciones entre imperialismo y cultura dentro del contexto europeo a lo largo del siglo XiX, así como sus consecuencias para la formación de una literatura “mundial”, inexistente antes de la era imperialista, en la primera mitad de nuestro siglo. Juzga toda producción y actividad culturales a través de una contradicción básica de una país de pendiente (Romano dixit) “lo nacional liberado vs. Lo mimético sumiso”. Según su criterio, la cultura nacional se apoya siempre en componentes folklóricos de raíz hispano-indígena, reelaborados luego por artistas individuales con los criterios de la cultura cultivada. Por eso exalta la obra de Lugones y la opone a la de quienes se dejaron seducir por modelos sin arraigo telúrico. A partir de la polémica lectura que Borges hiciese del Martín Fierro de José Hernández, realiza una lectura demoledora. Este paradigma de intelectual cosmopolita, de un europeismo afectado y una erudición esotérica es considerado en Nacionalismo y Liberación (1969) como el arquetipo del eunuco escriba, hechizado por mundos inexistentes:
“Hay un pensamiento nacional y un antipensamiento colonial. Un escritor nacional tipo es Raúl Scalabrini Ortiz. Un escritor colonial -más perfecto que una esfera musical en la mente de Pitágoras- es Jorge Luis Borges. De un Pitágoras que nunca existió. Y en esto se parece a Borges. Que ha caído en la farolería de hablar de Pitágoras sin conocer la filosofía griega. En rigor, Borges, pájaro nocturno de la cultura colonizada, desde el punto de vista argentino es más fantasmagórico que el Pitágoras de la leyenda órfica. Un Borges -ese “cadáver vivo de sus fríos versos” que dijera Lope de Vega- hinchado todos los días por la prensa imperialista. Y que ni siquiera merecería ser citado aquí, sino fuese porque es la entalladura poética de ese colonialismo literario afeminado y sin tierra al que hacemos referencia. Poeta del Imperio Británico, condecorado por Isabel II de Inglaterra, ha declarado hace poco: “Si cumpliese con mi deber de argentino debería haber matado a Perón”. El desmán sería para reírse, sino fuese, como lo hemos expresado en otra parte “porque detrás de estas palabras pierrotescas se mueven las miasmas oscuras del coloniaje”. Así habla la “inteligencia pura” de este ancestro hermafrodita de la poesía universal fuera del mundo que, como una orquídea sin alma, llora en la mayoría de sus poemas, su “muerte propia” a la manera de Rilke.
Sí. Todos hemos de morir. Borges también. Y con él, se irá un andrajo del colonato mental. A diferencia de ellos, bufones literarios de la oligarquía, mensajeros afamados del imperialismo, cuando a los grandes hombres de América les llega la hora de la muerte, en ese mismo y supremo instante, la eternidad de la historia, la única y luminosa inmortalidad que le es dable esperar a la criatura humana en su tránsito terreno, los amortaja en una estela de gloria con las palabras de los verdaderos poetas nacionales: “Hay una lágrima para todos aquellos que mueren, un duelo sobre la tumba más humilde, pero cuando los grandes patriotas sucumben, las naciones lanzan el grito fúnebre y la victoria llora”.
Según Fermín Chávez en su prólogo al ¿Qué es el ser nacional? (Catálogos, 2002) esta resignación agnóstica dio paso, en el viaje que realizaron a Toledo, al surgimiento de una sensibilidad religiosa.
Los capítulos dedicados al nacimiento de la revista Sur, y la caracterización de sus mentores y adláteres, tienen vigencia hasta hoy.
En 1960 aparece un segundo libro, cardinal y corrosivo hasta hoy: La formación de la conciencia nacional (1930-1960). “Esta es la crítica -dice en el Prólogo- inspirada en un profundo amor al país y fe en el destino nacional de la humanidad, contra la izquierda argentina sin conciencia nacional y el nacionalismo de derecha, con conciencia nacional y sin amor al pueblo”. Entre esas falsas opciones analiza y documenta el surgimiento de FORJA primero y sintetiza luego todos los aspectos socializadores de los gobiernos peronistas, desde una perspectiva no partidaria, “pues el autor -añade- carece de compromisos políticos, salvo con las masas argentinas depositarias del destino nacional”.
Juan Perón, en carta del 10 de diciembre de 1969 en el que le agradece el envío de sus libros, formula un cálido elogio de toda su obra. En uno de los párrafos le dice:
“Por todo lo que hacen ustedes allí con la difusión de la verdad tantos años oculta, yo deseo como argentinos hacerles llegar, junto con mi encomio más entusiasta, mi felicitación más sincera. La causa de la revolución necesita de algunos realizadores, pero no mucho menos de muchos miles de predicadores que, empeñados en la tarea de persuadir, no cejen en el empeño de incendiarlo todo si es preciso. ...He visto que el Peronismo está despertando entre los “intelectuales” el deseo de escribir sobre él, unas veces con fines leales a la Nación y otras buscando lo contrario. El profesor Gonzalo Cárdenas sé que lo ha hecho bien y de buena fe, que es lo que interesa. Otros como Félix Luna lo han hecho a su manera, a lo que ya estamos acostumbrados.”
¿Qué es el ser nacional? (1963) resulta de una conferencia y de cursillos realizado en universidades del interior (noroeste, Tucumán, Santiago del Estero) y profundiza observaciones anteriores sobre política y cultura de ámbito iberoamericano, para lo cual replantea las vicisitudes históricas atravesadas por el continente. Más de un marxista se verá sorprendido por tesis expuestas por quien vulgarmente aparece asociado al marxismo tradicional o, lo que es peor, un progresista “trucho”, tan en boga en estos tiempos, que desconoce la obra del Júpiter tonante que escribía en la biblioteca del Museo Británico. Ya el propio Marx lo decía: “Yo no soy marxista” (y no conocía la Argentina):
“El menosprecio hacia España arranca en los siglos XVII y XVIII como parte de la política nacional de Inglaterra. Es un desprestigio que se inicia con la traducción al inglés, muy difundida en la Europa de entonces, del libro de Bartolomé de las Casas Lágrimas de los Indios: relación verídica e histórica de las crueles matanzas y asesinatos cometidos en veinte millones de gentes inocentes por los españoles. El título lo dice todo. Un libelo”
El análisis de nuestro autor sobre el intelectual pequeño burgués, dista diametralmente de la izquierda internacionalista, su definición se asienta en la realidad, sin idealizaciones; ya que si bien usaba las categorías del análisis marxista, contó una historia de la que nunca habló el Partido Comunista argentino:
“La clase media tiende a la formación de grupos intelectuales que fluctúan, por motivos diversos, entre las “élites” que miran hacia arriba y los “ghettos” espirituales que miran hacia abajo. Esto explica la abundancia de intelectuales de izquierda que se pasan a la derecha ideológica, al conservatismo social. En realidad, los intelectuales son los que sienten más vivamente esta situación incierta que ocupan en la sociedad. Mientras la perspectiva de descender les lleva a la comprensión de la lucha que libra la clase trabajadora por otra parte les estimula a no caer en ella.”
Hernández Arregui nos estimuló para que repensemos y redefinamos toda la cultura argentina desde sus orígenes. Y también a denunciar la mistificación del intelectualismo que se dice progresista sin entender nada de los movimientos populares que surgen no de los libros sino de las tradiciones de un pueblo:
“En la escuela le enseñaron a preferir el inmigrante al nativo, en el colegio nacional que el capital extranjero es civilizador, en la Universidad que la Constitución ha hecho la grandeza de la Nación o que la inestabilidad política del país es la recidiva de la montonera o de la molicie del criollo. Este estado de espíritu, fomentado sutilmente por la clase alta aliada al imperialismo, distorsiona la conciencia de estos grupos, cuyo escepticismo frente al país favorece el pasivo sometimiento espiritual”.
Dirigentes obreros de San Juan, Tucumán, Mar del Plata y Rosario fueron sus interlocutores, pero su prédica se abrió a otros, aparentemente menos permeables a este tipo de ideas. En septiembre de 1969, el Director del Colegio Militar, general Mariano de Nevares, sancionó con diversas penas a unos cuarenta oficiales del ejército en un sumario secreto. Encabezaba esa lista el teniente Licastro, acusado de “mantener vinculaciones y vincular a otros oficiales con un ideólogo de izquierda conocido por él, formular comentarios favorables al mismo y defender sus ideas ante sus camaradas” y sancionado con cincuenta días de arresto y su pase a disponibilidad. A partir de ese momento, Hernández Arregui pasó a integrar la lista de los que años después se conocerían como “desaparecidos”. En octubre de 1972 y tras varios allanamientos, un “caño” explota en su casa y lesiona gravemente a su mujer. Tal desastre no lo arredra y en 1973 publica Peronismo y Socialismo, aclarando en el prólogo que contrariamente a sus obras anteriores, es “un libro de divulgación”, con “un lenguaje más bien periodístico”, pero “cuidando, no obstante, en la medida de lo posible, encuadrar los diversos temas abordados dentro de un nivel intelectual adecuado para quienes buscan una visión resumida de la realidad nacional”, Su título, por otra parte no debe llevar a la confusión, se trataba una perfecta delimitación del socialismo nacional del que hablaba Perón en las Pautas de actualización doctrinaria (1972) de manera tal de evitar las confusiones de los peronistas oportunistas de la época (añadiríamos también, de la actualidad). Esto está claro en los artículos firmados en la revista Peronismo y Liberación, al explicar el cambio de denominación de la publicación. (anteriormente, en 1973, era Peronismo y Socialismo). Pues así definía la actualidad del momento:
“No habrá alternativas pretendidamente socialistas frente a la política peronista. El peronismo tiene en su seno todo el peronismo posible, al poseer un programa liberador, único eje de la unidad nacional contra el imperialismo, y por sostenerse fundamentalmente en el apoyo que le da la clase obrera”.
La izquierda cipaya jamás le perdonó su compromiso nacional ni la derecha reaccionaria su formación marxista. Unos intentan encuadrarlo con extrañas alquimias en una posición que nunca compartió, otros, lo acusan de haber agitado el “inmundo trapo rojo”, sin percatarse como cretinos que son, que por más de una década flameó en el firmamento de la república una bandera roja... de remate. Este pensador argentino, en 1973, al ser distinguido como Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, expresó categóricamente: “He pertenecido, pertenezco y perteneceré al Movimiento Nacional Peronista”.
Nada más podemos agregar.

http://revisionistasdesanmartin.blogspot.com.ar/2014/01/hernandez-arregui-ese-lanzallamas.html