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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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viernes, febrero 20, 2026

El día 9 de octubre de 1878 se sancionó la ley número 954, intitulada de “la Gobernación de la Patagonia".

 

La Manzana Histórica, uno de los atractivos de la capital rionegrina.

De Mercedes de Patagones a Viedma.

La ley N° 954 del 9 de octubre de 1878 establecía una Gobernación en esa porción ubicada en la zona más austral de nuestro territorio.

El día 9 de octubre de 1878, a instancias del Poder Ejecutivo Nacional -por entonces en manos del Presidente Nicolás Avellaneda-, el Congreso de la Nación sancionó la ley número 954, intitulada de “la Gobernación de la Patagonia”, la que fuera publicada en el Tomo Octavo, página 63, del Compendio de Registro Nacional de los años 1878 a 1881.

La referida norma -integrada por tres artículos- establecía una Gobernación en esa porción ubicada en la zona más austral de nuestro territorio.

Es del caso hacer notar que esta norma hace mención y remisión expresa a la ley pionera en la materia: la número 576 del 11 de octubre de 1872, dictada bajo la Presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, por la cual se crea el Territorio Nacional del Chaco –hoy provincia de ese mismo nombre- en lo atinente a los aspectos que hacen a su organización y conformación institucional.

Yendo, ahora, a lo anunciado en el título, su capital se establecía en la ciudad de Mercedes de Patagones, población ubicada en el margen Sur (derecho) de las aguas de Río Negro, poco antes de su desembocadura en el Mar Argentino, frente a su “melliza” Carmen de Patagones, ésta sita en el margen norte (izquierdo) de su caudal, hoy -conservando su nombre- perteneciente al territorio de la provincia de Buenos Aires.

Aquel curso de agua -el río Negro- era, precisamente, una porción de los límites geográficos que le eran asignados al novel territorio.

Fue su primer gobernador el Coronel Álvaro Gabriel Barros García, designado tal por decreto del Presidente Avellaneda suscripto, el 21 de octubre de 1878, cargo que asumiera recién el 26 de enero de 1879.

Ya en ejercicio suscribió el decreto local del 4 de julio de 1879 por medio del cual se impuso a la ciudad capital de la Gobernación -en reemplazo del que venía ostentando- el nombre que lleva en la actualidad y que es la ciudad capital de la provincia del Río Negro: Viedma, en homenaje y recordación de don Francisco de Biedma y Narváez, aquel marino y explorador quien la fundara un siglo antes, más precisamente los días 22 y 23 de abril del año 1779, contemporáneamente con la de Carmen de Patagones, en la que junto con el también marino y explorador español Basilio de Villarino, erigieron fuertes en tales localidades vecinas, enfrentadas y separadas por las aguas del Río Negro en su tramo final.

POR ARMANDO MARIO MÁRQUEZ.

* Miembro de número de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén.


Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/opinion/de-mercedes-de-patagones-a-viedma-4474927/




lunes, octubre 20, 2025

VIEDMA Y EL CONCEPTO DE SU CAPITALIDAD. Por Pedro Pesatti.

 


VIEDMA Y EL CONCEPTO DE SU CAPITALIDAD.

Por Pedro Pesatti.


El gobernador Mario José Franco, que ejerció su cargo desde el 25 de mayo de 1973 hasta el golpe de estado de 1976, encarnó una voluntad política con una enorme sabiduría —propia de quienes tienen sus raíces en el campo más fértil de nuestro pasado— que trascendió los límites de su gestión: la de evitar que Río Negro replicara el modelo centralista porteño. Este modelo, como es sabido, originó un sistema hegemónico, oligárquico y exportador de materias primas sin agregado de valor, que condicionó la construcción de una Argentina para todos. En efecto, Franco comprendía que el verdadero federalismo no radicaba simplemente en distribuir cuotas de poder, sino más bien en fundar equilibrios duraderos y, por ende, en afirmar la autonomía de las provincias como expresión concreta de la soberanía nacional.
​De acuerdo con este ideario federal, Franco, hombre de pensamiento profundo y de convicciones firmes, admiraba a Juan Manuel de Rosas, figura que, a su juicio, sintetizaba las dos columnas del proyecto nacional: el federalismo y la soberanía como sustento clave de un país verdaderamente libre, independiente e integrado. Precisamente en esa visión se anclaba su convicción de que Río Negro debía consolidar su identidad política mediante un acto que fijara, de una vez por todas, su centro de equilibrio institucional. Por consiguiente, en la plataforma electoral del Partido Justicialista de 1973, Franco incorporó una definición estratégica y con un costo electoral que no desconocía. Contra la opinión de muchos, no dudó en comprometerse explícitamente en su etapa como candidato para promover a Viedma como capital inamovible de la provincia.
​No fue, de ningún modo, un gesto meramente simbólico, sino sobre todo una decisión de alta política que buscaba fundar un Estado con un poder político emancipado de los condicionamientos económicos y demográficos de la región mas desarrollada. Franco sabía, de hecho, que si el poder político seguía las mismas lógicas de concentración del modelo centralista porteño, Río Negro imitaría, en escala interna, el mismo desequilibrio que históricamente había condicionado el desarrollo nacional.
​Su liderazgo, además, coincidió con un momento político singular: Franco fue el primer gobernador electo sin proscripciones en la historia provincial. Este hecho confirió a su gestión una dimensión reparadora. Por lo tanto, comprendió que la capitalidad debía surgir no de una imposición, sino de un consenso amplio que representara la madurez del sistema político rionegrino. Para esta tarea, confió la misión de llevar el proyecto al parlamento a un hombre de su máxima confianza: el viedmense Dante Scatena.
​La Ley 852, que el legislador Scatena impulsó con habilidad y una enorme cuota de pasión, fue aprobada por unanimidad el 20 de octubre de 1973. Esta votación demostró que los dirigentes, alcanzando la unanimidad más allá de sus diferencias partidarias y propias de los naturales localismos, habían comprendido la necesidad de cerrar el proceso inconcluso heredado de 1957. Nuestra primera Carta Magna había fijado que Viedma sería residencia de las autoridades “hasta que una ley especial determinara la capital definitiva”, dejando a la provincia en un limbo jurídico y político durante dieciséis años.
​La sanción y promulgación inmediata de la ley por parte de Franco, realizada en el mismo Centro Municipal de Cultura donde sesionó la Legislatura, y refrendada por todos sus ministros, constituyó un acto institucional de una enorme envergadura. Fue la culminación de un camino que dotó a Río Negro de su forma definitiva y selló su madurez política hasta nuestros días.
​En paralelo, la decisión obtuvo la máxima validación nacional. Juan Domingo Perón, que apenas unos días antes había asumido su tercera presidencia, siguió el proceso con especial atención. No era casual: Perón había sido quien, en los primeros años de la década del cincuenta, puso en marcha el proceso de provincialización de los territorios nacionales. Por eso su mensaje grabado, que se escuchó antes del cierre de la jornada, felicitando a Franco y al pueblo de Río Negro no fue un simple gesto protocolar, sino un reconocimiento histórico al cierre de una etapa que el mismo Perón había iniciado y el golpe del 55 había dejado inconcluso.
​El 20 de octubre de 1973, por lo tanto, Río Negro alcanzó su plenitud institucional. La Ley 852 no solo definió una capital: fundó un orden territorial, consolidó la identidad de una provincia que, desde su nacimiento, había estado suspendida entre la legalidad y la indefinición.
​En síntesis, el acto de capitalización completó el proceso de organización del Estado provincial y dio sentido a la idea que unió, en distintas etapas, a Edgardo Castello y Mario Franco: la de una provincia equilibrada, sin regiones hegemónicas, con un poder político asentado en la tradición y en los fundamentos de su historia, y en un todo, orientado hacia el porvenir de la provincia. Desde entonces, el 20 de octubre no solo recuerda una ley, sino una voluntad de Estado. Fue el momento en que Río Negro dejó de ser un proyecto en ciernes para convertirse en una provincia con conciencia plena de su destino, evitando replicar hacia adentro el modelo centralista que ha predominado en la Argentina, en desmedro del desarrollo general del país y de todas sus capacidades, en una clara demostración, además, de un sesgo profundamente rionegrino.

sábado, octubre 11, 2025

Los octubre de Viedma.

 


Los octubre de Viedma.

(Por Pedro Pesatti*).- La historia argentina está hecha de fronteras. Algunas se dibujan sobre mapas; otras, más hondas, se trazan en la conciencia de un país que aún se busca a sí mismo. Entre esas fronteras, la Patagonia ha sido la más vasta y simbólica: el territorio donde el Estado midió su capacidad para transformar la geografía en Nación. En esa cartografía, Viedma ocupa un lugar singular. Fue la primera capital patagónica y, desde 1973, la sede definitiva del gobierno rionegrino. Pero su destino excede las coordenadas administrativas: Viedma es, antes que nada, una idea política.

Esa idea nació el 11 de octubre de 1878, cuando el presidente Nicolás Avellaneda creó la Gobernación de la Patagonia y fijó su capital en Mercedes de Patagones, rebautizada poco después como Viedma. Aquella decisión tuvo menos de azar que de estrategia. Era la manera de afirmar soberanía en un sur todavía incierto, donde la disputa territorial con Chile y la injerencia de potencias extracontinentales, como Inglaterra, estaba a la vista con solo mirar Malvinas. En ese gesto fundacional, la Argentina intentaba proyectar una arquitectura de Estado en un territorio donde aún predominaba la intemperie.

Pocos años después, el 16 de octubre de 1884, se estableció el Territorio Nacional de Río Negro, que mantuvo a Viedma como su capital. El acto completó un ciclo de institucionalización en la Patagonia: de capital de la Gobernación pasó a ser capital de un territorio nacional, y más tarde, en el siglo XX, capital de una provincia. Finalmente, el 20 de octubre de 1973, la Legislatura rionegrina sancionó —por unanimidad— la Ley N° 852, que declaró a Viedma capital definitiva de la provincia. En esa secuencia de octubres —1878, 1884 y 1973— se condensa un itinerario que no pertenece solo a una ciudad, sino al proceso mismo de afirmación del Estado argentino en el sur.

Esa continuidad de decisiones revela una constante: cada vez que la Nación necesitó anclar su soberanía en la Patagonia, eligió a Viedma. Su capitalidad expresa algo más que una ubicación institucional; es una metáfora de la integración. Mientras otras regiones del país crecían al ritmo del puerto y del ferrocarril, la Patagonia seguía siendo una promesa. Viedma, en cambio, encarnó el esfuerzo por transformar la distancia en pertenencia.

El itinerario de esta ciudad es también el de un país que osciló entre la expansión y la postergación. Desde los tiempos en que Álvaro Barros trazó sus primeros planos, Viedma representó la posibilidad de un Estado con anclaje austral. Luego, en los años del proyecto de traslado de la capital nacional impulsado por Raúl Alfonsín, volvió a ser escenario de una promesa federal inconclusa. Cada tanto, la Argentina regresa a Viedma para recordar lo que aún le falta cumplir.

Por eso octubre tiene, para los viedmenses y para los rionegrinos, un significado que trasciende el calendario. Es el mes en que se unifican tres gestos fundacionales de la soberanía: la Patagonia como destino nacional, Río Negro como territorio institucional y la provincia como comunidad política. Tres octubres, tres actos de fundación, un mismo propósito: consolidar el país desde su frontera más profunda.

Pensar a Viedma como capital es, en definitiva, pensar la relación del Estado con su territorio. La ciudad es un espejo del federalismo argentino: modesto en apariencia, pero decisivo en su significado. Su capitalidad no se mide en edificios ni despachos, sino en su capacidad de representar la voluntad de un pueblo de permanecer en el mapa de la historia.

Viedma fue, es y seguirá siendo una frontera interior: el límite donde la Argentina se mira a sí misma para preguntarse si alguna vez completará el proyecto de integración que soñaron sus fundadores.

*Vicegobernador de Río Negro.

Publicado en ADN RÍO NEGRO.

https://www.adnrionegro.com.ar/2025/10/los-octubre-de-viedma/