CIEN AÑOS ATRÁS DOÑA MAXIMINA OLMOS DE GIMÉNEZ DEDICÓ SU VIDA A LA CANONIZACIÓN DE "MAMÁ ANTULA".
Había una vez…una madre.
-Abuelo, si San Martín es el padre de la Patria, ¿quién es la madre de la Patria?
-Ante todo, te diría que no sé si a San Martín lo llamaría así. Creo que ese título le correspondería a Don Cornelio Saavedra… Y obviamente no lo digo para desmerecer a nuestro Libertador, que fue el más grande de los argentinos, pero eso no significa que sea el “padre”. Tu pregunta es muy linda, porque, así como las personas necesitan a mamá y a papá, también podría decirse de las naciones. La primera respuesta que me surge es que la Madre es la Virgen María, que estuvo presente y acompañándonos desde que fuimos formándonos. En Itatí, Luján, el Valle, en Malvinas, ¡en todas partes! Pero podrías decirme que María también es Madre de los demás… y es cierto. Así que te voy a nombrar a otra: Santa María Antonia de la Paz y Figueroa, conocida hoy como la Mamá Antula.
-¿Es la que pusieron hace poco en la Parroquia? -Exacto. La canonizaron recién este año, pero vivió en el siglo XVIII, cuando éramos un virreinato español. Nació en el año 1730.
-Y, entonces, ¿qué hizo para merecer ser llamada “madre de la Patria”?
-Creo que le debemos a ella una marca profunda que tuvo Argentina desde sus comienzos. Te cuento. Ella era santiagueña, muy bonita, de familia acomodada. Se dedicó desde joven a servir a Dios y por Dios a los demás, especialmente a los más necesitados, porque la caridad debe empezar siempre por los más débiles. Ayudaba a los padres jesuitas y lo hacía como “beata”. Así llamaban a algunas mujeres que se dedicaban totalmente a la vida religiosa sin ser monjas. Cuando en el año 1767 el rey de España mandó a expulsar a los jesuitas con muy malas razones, ella lamentó mucho que se perdiese la costumbre de los “Ejercicios Espirituales”. En estos Ejercicios, los cristianos se retiraban por unos días a rezar y pensar en Dios en cómo vivían. Y salían renovados. Como vio que había mucha necesidad y la gente quería hacerlos, empezó a recorrer el país organizándolos. Iba a una parte, hacía los primeros y dejaba que otros siguiesen con esa tarea para ir a otro lugar: Jujuy, Salta Tucumán, Catamarca, La Rioja, Córdoba y finalmente, Buenos Aires y Uruguay. Y un detalle: caminaba. Y caminaba descalza. ¡Hizo a pie más de 5.000 kilómetros! Y si esto les impresiona, más les va a impresionar la cantidad de gente que juntaba. Se las hago breve: se calcula que hicieron Ejercicios Espirituales con ella entre 80.000 y 100.000 personas, lo que significa cerca de un cuarto de toda la población de entonces del virreinato del Rio de la Plata. ¿Se dan cuanta lo que es eso? Por de pronto, la mayor parte de la clase dirigente que trabajó por nuestra independencia seguramente estuvo allí. Y además, no los hicieron solos. Las tandas eran de entre 200 y 400 personas cada una. Hombres y mujeres por separado. Después se juntaba gente de todos los estratos sociales: militares, esclavos, artesanos, doctores, sacerdotes… Y formaban una comunidad conviviendo en armonía. Adentro y afuera.
-¿Dónde se metía tanta gente?
-Primero en donde los invitasen, después, en Buenos Aires, construyó una gran casa que todavía existe y es la construcción civil más antigua de la ciudad. ¡Tendremos que ir! Es muy linda. Pero lo que me preguntaron es por qué me parece que la deberíamos recordar como madre de la Patria. Lo explico con dos hechos. El primero es que su labor fue la mayor obra evangelizadora argentina de todos los tiempos. Y dio frutos en Fe, Esperanza y Caridad. Lo segundo se desprende de esta última virtud. Vieron que los argentinos tenemos muchísimos defectos y todavía más cosas buenas. Entre las virtudes, una de las que más llama la atención es la hospitalidad. Somos en buena parte tierra de inmigrantes; ha venido a vivir entre nosotros gente de todo el mundo, y a todos se los recibió con afecto. No existen, por ejemplo, los graves problemas de racismo que hay en otros lados. Y eso se debe en gran medida a que aquellos hombres vivieron de manera fuerte esas virtudes católicas que se vivían en los Ejercicios. Y no digo “cristianas” en general, porque en occidente buena parte del racismo tiene raíces protestantes. Pero ese es otro tema. Santa María Antonia “construyó” una sociedad mejor brindándoles a los ejercitantes un “proyecto de vida” y ese “proyecto de vida” se transformó naturalmente en un proyecto de país. Un último detalle: estos “retiros” eran totalmente gratuitos, por eso podían ir todos. Para eso debería haber una gran fortuna que los sostuviera, pero no. Se confiaba en la Providencia y la Providencia nunca fallaba.
En fin, una madre quiere a sus hijos, los alimenta, los educa, los cuida… Eso es lo que ella hizo con nuestra gente. Hoy sigue siendo medio desconocida, sí, pero es grande en serio. Y por eso la llamamos “Mamá Antula”. Y un hijo siempre quiere a su madre, ¿no? -¡Sí! – dijeron todos sin dudarlo.
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| Santa Mama Antula con el Divino Niño | Crédito: Familia Antoniana - mamaantula.com, |
Este domingo 11 de febrero el Papa Francisco canonizó a Mama Antula, la primera santa mujer de Argentina. Se trata de una aguerrida laica consagrada de espiritualidad ignaciana que hace 240 años escribió una carta en la que narró lo que hacía con el Divino Niño cuando los fieles se postraban a sus pies.
En el sitio web mamaantula.com, administrado por la Familia Antoniana, encargada de promover la devoción a la santa, se indica que Mama Antula nació en Santiago del Estero (Argentina) en 1730. En aquel tiempo este territorio y gran parte de Sudamérica eran parte del Virreinato español del Perú, donde también vivieron Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.
En su juventud, Mama Antula, que hablaba quechua, se metió de lleno en la evangelización de los indígenas guiada por la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. No obstante, en 1767, los Jesuitas fueron expulsados de América.
Es así que en una especie de capilla en honor a San Francisco Solano (santo español que vivió en Perú), ella decidió continuar con la propagación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. De esta manera recorrió diversos pueblos, promoviendo esta vivencia de fe que llevó a muchos a la conversión, a pesar de las dificultades políticas que encontró.
La Familia Antoniana señala que el 2 de febrero de 1784, hace 240 años, Mama Antula le escribió una carta a su amigo sacerdote, el P. Juárez, quien estaba exiliado en Roma.
En la misiva le consulta por el paradero de otros sacerdotes exiliados “y también le pide un Manuelito (Niño Dios en la cultura andina) similar al que pende de su cuello”.
Mama Antula le describió al sacerdote las características precisas de esta tierna imagen en la que Jesús niño está acostado sobre una cruz. “Esta postura o figura de mi Niño Dios ha sido la que más me ha robado la atención; y como el que tengo, rara vez lo desprendo de mi cuello”, refirió entonces la santa.
Luego Mama Antula hizo una confesión que muestra su humilde amor por Dios. “Siendo tierno el afecto que sacan las almas (los fieles) de los santos Ejercicios (Espirituales de San Igancio), quizá por ilusión del demonio, se me postran a los pies y yo, confundida de mi indignidad, los aparto de mí, dándoles a besar mi Niño Dios”.
Mama Antula le señaló al presbítero que esta imagen será para beneficio de las almas. Además, le pide la posibilidad de que sea tocada por algunas reliquias en Roma con la finalidad de besar la imagen del Niño y alabar su Santísimo Nombre. Finalmente le precisa que es para ser usada en el cuello.
La Familia Antoniana afirma que el P. Juárez le logró enviar la imagen del Niño Manuelito a Mama Antula. Por otro lado, el Papa Francisco, en su homilía de canonización de la santa, la describió como una madre “pacífica de corazón”, que iba siempre “armada” con “un pequeño crucifijo al cuello que llevaba prendida una imagen del Niño Jesús”.
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María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, fue una "mujer como pocas" que se "excluyó de los mandatos sociales" de su época y que este domingo se convertirá en la primera santa argentina de la iglesia católica, en una ceremonia presidida por el papa Francisco a la que asistirá el presidente Javier Milei.
La canonización iniciará a las 9.30 local (5.30 de Argentina) con una ceremonia que se hará en la Basílica de San Pedro.
Nacida en 1730 en el interior de Santiago del Estero, la beata se "excluyó de los mandatos sociales que establecían lo que debía ser una dama de su condición y no eligió para su vida ni el matrimonio ni el convento", expresó Alicia Guevel, autora del libro "Mama Antula. Mujer y ruin".
La licenciada en Historia precisó que, desde esa postura laica consagrada, María Antonia asistió desde muy joven a conventos para ayudar a los religiosos en los quehaceres o enseñar catecismo, hasta que el 9 de agosto de 1767 los jesuitas fueron expulsados de la región por el rey de España.
"La tradición oral dice que en ese momento dramático, uno de los sacerdotes apartó a María Antonia y le entregó una capa, que lejos de guardarla, la vistió porque no tomó la expulsión de los jesuitas como una derrota sino como una fuerza propulsora para salir a evangelizar", agregó.
En ese momento, hacer algún tipo de alusión, comentario o tener contacto con los jesuitas estaba prohibido, incluso se castigaba hasta con pena de muerte.
Sin embargo, la beata vistió su capa y continuó su predicación por varias provincias como Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Córdoba y Buenos Aires, en un periplo que le demandó transitar más de 5.000 kilómetros.
"Se manejaba con los 'grupos subalternos', pueblos originarios, esclavos e inculcaba ideas de lo que hoy diríamos dignidad humana, libertad e igualdad. Como era necesario ampliar su prédica se dirigió a Jujuy a pedir permiso para restablecer los ejercicios espirituales y se presentó como María Antonia de San José, beata profesa de la Compañía de Jesús", detalló la historiadora.
Mama Antula fue el nombre que le dieron las comunidades originarias en ese momento, "Mama" por "mamá" y "Antula" que, en quechua, es "Antonia".
Descalza, con extrema delgadez y casi en harapos, Mama Antula se presentaba como "mujer y ruin" y "lo supo utilizar" ya que, según explicó Guevel, estos conceptos los tomaban "en el sentido de débil, de poca cosa y frágil" y por eso "fue apadrinada por dos sacerdotes" que se preguntaban "¿qué otra cosa puede hacer que no sea rezar u organizar procesiones?".
"Fue tanta la insistencia de la sociedad que sentía esa vacancia dejada por los jesuitas y la paciencia de María Antonia que, finalmente, las autoridades, tanto eclesiásticas como reales, le permitieron empezar a realizar los ejercicios espirituales", añadió.
Con su llegada a Buenos Aires en el año 1779, la beata ordenó el levantamiento de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, ubicada en la Avenida Independencia 1.190 del actual barrio porteño de Constitución, en un predio que ocupa casi toda una manzana y es una de las construcciones más antiguas de la Ciudad de Buenos Aires.
La construcción de la Santa Casa fue uno de los principales objetivos de la beata, que logró levantar sobre terrenos donados y con la autorización del virrey Vértiz y del Cabildo, y con fondos provenientes de limosnas de los fieles.
Además, la beata logró "inculcar sus ideas que, en ese momento, estaban totalmente prohibidas y, mediante los ejercicios espirituales, comienzan a resurgir e incluso con más éxito que los mismos jesuitas", estimando que más de 70.000 personas los practicaron a su llegada a Buenos Aires.
Además, la historiadora destacó la habilidad en la escritura con la que contaba Mama Antula, teniendo uno de los epistolarios más grandes de la época.
"Mantenía una red epistolar con los jesuitas expulsados, lógicamente a escondidas, y con personas muy destacadas del Virreinato del Río de la Plata", lo que le permitió conseguir los permisos para que la gente participara de los ejercicios espirituales.
Actualmente, en la Santa Casa viven las hermanas de la Sociedad de Hijas del Divino Salvador, que es la congregación que se inspira en Mama Antula, acompañadas por laicas consagradas que llevan adelante su obra.
En una de las antiguas celdas vivió y murió María Antonia de Paz y Figueroa, lugar en donde se encuentran algunos elementos personales como su túnica, el tradicional bastón con forma de cruz que llevaba consigo a todos lados, y un leño que fue utilizado como señal de su sepulcro.
La beata transformó su misión evangelizadora "en un proyecto político, con la idea de generar un cambio social en pos de la libertad, igualdad, del libre albedrío y de una comunidad justa, con conceptos jesuitas que se reavivaron y tal vez después hayan hecho eclosión en sus ejercitantes y hayan buscado transformar la realidad allá por 1810", concluyó Guevel.
La curación de la hermana religiosa Vanina Rosa en 1905 fue el primer milagro atribuido a Mama Antula, en tanto que la recuperación de un hombre de un accidente cerebrovascular a comienzos del siglo XXI constituye su segundo milagro por el cual será canonizada por el Vaticano.
Mama Antula falleció el 7 de marzo de 1799, y sus restos fueron hallados el 25 de mayo de 1867 en la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, de la Ciudad de Buenos Aires, donde descansan en la actualidad.
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| El Papa Francisco durante la audiencia con los peregrinos de Argentina este 9 de febrero | Crédito: Vatican Media. |
El Papa Francisco se refirió a canonización de Mama Antula como “un regalo para el pueblo argentino” y propuso su vida como ejemplo para “no rendirnos frente a las adversidades”, destacando que “el camino de la santidad implica confianza y abandono”.
El Santo Padre recibió esta mañana a un grupo de peregrinos de Argentina que se encuentran en Roma en el marco de la canonización de Mama Antula, la primera mujer argentina que será elevada a los altares el próximo domingo 11 de febrero.
Al inicio de su discurso desde el Palacio Apostólico del Vaticano, el Santo Padre resaltó que la caridad de Mama Antula, sobre todo en el servicio a los más necesitados, “hoy se impone con gran fuerza, en medio de esta sociedad que corre el riesgo de olvidar que el individualismo radical es el virus más difícil de vencer”.
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El Dicasterio para las Causas de los Santos informó que el Papa Francisco canonizará el 11 de febrero a Mama Antula, quien se convertirá en la primera santa argentina.
En un comunicado publicado este 16 de diciembre, el Dicasterio indicó que “tras la consulta habitual del Colegio Cardenalicio, el Santo Padre Francisco decidió proceder a la canonización de la Beata María Antonia de San José (nacida: María Antonia De Paz y Figueroa), conocida como Mama Antula”.
En ese sentido, el Papa Francisco “estableció que el Rito de Canonización se celebrará el 11 de febrero de 2024, VI Domingo del Tiempo Ordinario y aniversario de la primera aparición de la Santísima Virgen María en Lourdes”.
Mama Antula fue una laica consagrada, fundadora de la Casa de Ejercicios Espirituales de Buenos Aires. Nació en 1730 en Silipica, Santiago del Estero, y murió el 7 de marzo de 1799 en la capital argentina.
Fue beatificada en agosto de 2016 en Santiago del Estero y el milagro que permite su próxima canonización fue la curación de Claudio Perusini, quien a causa de un accidente padeció “ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, coma profundo, sepsis, shock séptico resistente, con fallo multiorgánico”, indicó Vatican News.
El milagro atribuido a la intercesión de Mama Antula ocurrió en un hospital de la provincia de Santa Fe.
Con la próxima canonización de Mama Antula, Argentina tendrá en total cuatro santos. Los otros tres son San José Gabriel del Rosario Brochero, conocido como el “Cura Brochero” (1840 – 1914); el hermano salesiano San Artémides Zatti (1880 – 1951) y San Héctor Valdivielso Sáez (1910 – 1934), hermano de La Salle asesinado a los 24 años durante la Guerra Civil Española.
*** Publicado en ACI PRENSA.