Federico García Lorca, siempre en mi vida, así lo recordaba don Antonio:
POR JUANA BOSIO PERRUPATO.
“Frente al Verbo admirable
y en su línea, yo soy
un haz de lo posible musical.”1
En un nuevo aniversario de su fallecimiento, nunca están de más algunas palabras para recordarlo y honrarlo. Marechal vio la luz junto con el nuevo siglo, el 11 de junio de 1900 y falleció el 26 de junio de 1970.
A lo largo de su vida buscó, adoró y batalló por la Verdad, el Bien y la Belleza. Fue obrero en su juventud, maestro y bibliotecario pero, sobre todo, fue poeta, con todas las letras. Si bien sus obras más reconocidas son el Adán Buenosayres, El Banquete de Severo Arcángelo y Antígona Vélez, dos novelas y una tragedia, no creo equivocarme al llamarlo poeta, pues su pluma se caracteriza por el genio propio del aedo.
Leopoldo Marechal fue en verdad un poeta de la esencia, en oposición obstinada al materialismo, al capitalismo, al marxismo y al progreso modernos, ilimitados, superficiales, que se ofrecían como respuesta a los interrogantes del hombre, y, sin embargo, no lograban saciarlo. El rapsoda reacciona frente al culto al vacío y a la nada, frente al cientificismo, escéptico y redentor, frente a la deformación del arte. Ante esto, Marechal regresa a la poesía del ser, inefable, de la esencia metafísica, en íntima relación con la vida.
Es el poeta que toma ya la forma, abstracta y eterna y no la materia, contingente y corruptible, mediante su entendimiento primero y su arte después. El artista logra crear una nueva imagen, que a la vez no es nueva, sino que refleja la luz del Creador con mayúsculas. Ofrece ahora una nueva existencia, exclusivamente artística, diferente del objeto en la realidad y del objeto en la perfección divina. “Es verdad que yo lanzo criaturas al mundo/ y a mi entender prolongo la Creación Divina./ [...] Yo soy un fiel imitador del Verbo,/ porque al nombrar las cosas, les doy una existencia”.2
Las obras de Marechal y su poética, en tiempos donde la esencia y lo trascendental parecen haber sido desterrados, nos invitan, nos exhortan a retomar esta concepción de la poesía y del arte. Puede parecer antigua sí, pero no por eso resulta obsoleta o irrelevante, al contrario, ofrece un nuevo camino dirigido a lo Bello, a lo Bueno y a lo Verdadero, con la trayectoria de una eternidad literaria, tan importante y tan necesario para nuestras letras argentinas.
1 Leopoldo Marechal, ‘Arte Poética en el Heptamerón’.
2 Idem.
Publicado en Diario LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/531557-Leopoldo-Marechal-rapsoda-de-la-esencia.note.aspx
Marcelo Berbel, nació en Plaza Huincul, Neuquén, el 19 de
abril de 1925.
El neuquino Don Marcelo Berbel fue un poeta, decidor,
recopilador, compositor y músico del folclore, es una de las máximas
expresiones de la provincia de Neuquén y de la región patagónica que las amaba
con creces.
Hijo de Juan Berbel, inmigrante español oriundo de Andalucía
y de María Teresa Arriagada, natural del Neuquén. Cuarto hijo de doce hermanos.
Marcelo Berbel fue además de poeta y compositor un geógrafo
exquisito de los paisajes de la provincia de Neuquén. Cada una de sus coplas,
serenatas y valses contienen, escritos en formato de poema, datos precisos de
cada rincón neuquino.
También dedicó su cancionero a personalidades neuquinas,
como su reconocida canción La Pasto Verde.
Compuso los himnos oficiales de la provincia “Neuquén Trabun
Mapu” y de su capital “Regreso al ayer”, el primero junto al compositor Osvaldo
Arabarco.
Padre de los integrantes del dúo Hermanos Berbel, conformado
primero por Néstor Armando Berbel ("Guchi") y Hugo Marcelo Berbel
("Chelito") y luego de la muerte de "Guchi", por
"Chelito" y Marité Berbel, logrando llevar su música tanto a
escenarios nacionales como del extranjero.
Decía Marcelo Berbel ese neuquino con la Patagonia metida
hasta el caracú:
"La ventaja de los patagónicos es que siempre
escribimos verdades. No escribimos con un mapa en la mano, pero nuestros temas,
o por lo menos los míos, transcurren en el lugar donde sucedieron las cosas.
"La pasto verde" o "El piñonero" son verdades,
experiencias; "El embudo" no es ninguna exageración". “Si
nuestro sudor sirviera, ya habría algún sudoructo” escribió Don Marcelo Berbel.
Falleció el 9 de abril de 2003 en su provincia natal que
tanto amaba y le faltaban tan solo para llegar a los 78 años. La fecha de su
cumpleaños, 19 de abril, coincidía con el día del “Indio Americano” según la
recomendación surgida en el Primer Congreso Indigenista Interamericano
realizado ese mismo día en 1940, en Pátzcuaro, estado de Michoacán, México.
DESDE LA PATAGONIA.
POEMA DE MARCELO BERBEL.
Traigo en mi canto el poco conocido cantar arisco del canto
de mi gente de los aludes la fuerza incontenible y de los ríos el grito del
torrente de los volcanes altivos de mi tierra traigo en mi sangre la lava
incandescente soy el mensaje distinto que alza el vuelo por el paisaje
increíble de la nieve con la presencia mañanera de la bruma y el idioma musical
de vertientes y el caudal misterioso de los vientos que nos llenan de acentos
diferentes
Vengo del oro la plata y el huraño
soy de la misma raíz cordillerana
soy la fiereza salvaje de los pumas
y la pureza silvestre de la aljaba
soy leyenda guardadora de secretos
y el secreto vegetal de la araucaria.
Vengo a ser como el canto postergado
de mi raza que se alza firmemente
y que viene del cerro hacia los llanos
por el cause natural de las corrientes
como el agua también vuelvo si quiero
con mi canto de siempre y para siempre.
Yo vengo de aquella geografía
cuya lumbre es la misma cruz del sur
salpicada de lagos y poesías
llenas de aves de peces y de sol
con desiertos con bosques y pedreros
y repleta de vida fe y amor.
Y vengo a que otra gente nos conozca
así como nosotros conocemos
el canto del resto de la patria
sus costumbres sus ritos y sus sueños
y por eso enarbolo a la guitarra
este canto argentino y bien sureño.