GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

viernes, agosto 07, 2020

Luis Landriscina recuerda al Dr. René Favaloro.

Luis siempre elige recordar a sus amigos en el día de su nacimiento en vez de hacerlo en la fecha de su partida.

Es por eso, que siguiendo su preferencia, decidimos dejar pasar unos días del aniversario de la muerte de René Favaloro, para recordarlo con este material del año 1997, realizado en el Luna Park a beneficio de la Fundación Favaloro. La misma, hoy 23 años después, sigue necesitando de la ayuda de todos.
En esa ocasión, como sorpresa para el Doctor Favaloro, Eduardo Falú estrenó esta obra homenaje que invitamos a disfrutar, “El Agradecido”.
Este es un documento histórico que no pueden dejar de ver.

Sitio oficial de youtube de Luis Landriscina Oficial.

Actitudes que hacen diferencia. Los Leiser, alemanes judíos, tenían una zapatería en Berlín. Salvaron sus vidas, aunque lo pasaron duro en un campo de internamiento. El empresario Alberto Grimoldi les conservó bienes que les reintegró apenas terminada la guerra, además de facilitarles luego el ingreso a la Argentina.


Me llaman Lilo pero mi verdadero nombre es Liselotte Leiser de Nesviginsky. Tengo 94 años, nací en Berlín, en una familia judía que era dueña de una importante cadena de zapaterías y llegué a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Soy viuda luego de haber estado casada más de 50 años con un hombre extraordinario, buen compañero de vida y aventuras. Mi único hijo se llama Jorge, 58 años. Soy, también, una sobreviviente del nazismo. Claro que ese calificativo no alcanzaría para definirme como persona, pero creo que es una forma posible de empezar a presentarme. Voy a ir por partes. La cadena de zapaterías de i familia, "Leiser", llevaba nuestro apellido y tenía más de treinta y cinco sucursales.
Para el año 1933 aproximadamente estuvo de visita en uno de nuestros negocios Alberto Enrique Grimoldi, el conocido fabricante argentino de zapatos, hijo a su vez de quien fundó esa empresa en 1895.Alberto había venido para aprender en los negocios de mi familia todo lo relacionado con la atención al cliente, la venta de calzado al público, la comercialización del
producto.
Recuerdo como si fuera hoy que Alberto se sentó en banquito de madera de esos que se usaban entonces para ver en detalle, en vivo y en directo como se dice ahora, el procedimiento que utilizaban los vendedores de la firma. Ninguno de nosotros podía imaginar la importancia que tendría ese hombre que de tal modo se cruzó con nuestras vidas para siempre. Pasaron los años y la oscura estrella de Hitler siguió ascendiendo en una Alemania que se volvía cada vez más peligrosa y temible.
En el año 33 la cadena Leiser, cuyas fotografías pueden verse hoy en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Montreal, fue "arianizada" y, como consecuencia de ese despojo cruel y racista, mi familia fue obligada a "asociarse" en forma compulsiva con una persona no judía y así pasar el negocio a manos "arias". En noviembre de 1938 se produjo la tristemente célebre noche de los cristales rotos, esa que quedó en la historia de Alemania con el nombre de Kristallnacht
A partir de ese episodio vinieron ataques permanentes y cada vez más duros contra los judíos con persecuciones de todo tipo. Sin ir más lejos, ya unos años antes, yo asistía a un liceo de señoritas hasta que a la edad de catorce años fui notificada por una profesora diciéndome, con una sonrisa entre cínica y fría, pero también como un alerta de lo que se venía, que debía buscar inmediatamente otro lugar ya que por ser judía no podría continuar estudiando en ese liceo.
Cuando la situación se volvió intolerable para todos nosotros, mis padres decidieron viajar conmigo desde Berlín a Holanda procurando buscar un lugar más seguro y tranquilo.
Recuerdo ese momento crítico y angustiante con el mayor detalle que mi débil memoria permite. Íbamos a embarcarnos, creo, en un avión de la línea Lufthansa. En la aduana los SS nos desnudaron por completo para comprobar que no lleváramos joyas escondidas en el cuerpo. Así era la vida entonces. En Amsterdam mi familia poseía también una cadena de zapaterías conocida como Huff, no tan grande como la de Alemania, pero igualmente importante y prestigiosa. En el nuevo destino no disfrutamos de la suerte esperada. En mayo de 1940 también ese país fue invadido y ocupado por los nazis. Ante el riesgo de perder también los negocios en Amsterdam se produjo la segunda y milagrosa intervención de Grimoldi, quien se hizo cargo de la cadena en Holanda mediante una operación comercial obviamente ficticia y con la promesa de devolver el patrimonio recibido no bien terminara la Guerra. Un verdadero pacto de caballeros. También aunque yo era muy joven para conocer el detalle sé que cuando mi familia aún estaba en Alemania le envió dinero a él con la sola promesa de palabra de que luego lo devolvería.
Y así fue. A veces me preguntan por qué mi familia confió tanto en Grimoldi. La respuesta es mucho más simple de lo que podría suponerse. Mis padres decidieron asumir el riesgo y, así, aferrarse a la promesa de ese hombre que, en un mundo que se les caía encima, les generaba confianza. A veces en la vida hay que dar un espacio a los valores permanentes de la condición humana.
Lo que pasó después es algo muy triste de contar y evocar para mí. Un día, a las seis de la mañana yo estaba parada y como perdida en la puerta de nuestra casa en Amsterdam; en la noche anterior había salido a bailar con unos amigos en un bar de las cercanías cuando llegaron los de la Gestapo. Debo advertir que un poco antes de eso, en un último y desesperado intento de prevención y anticipo de la tragedia inminente, mi familia obtuvo a cambio de una fuerte suma de dinero pasaportes costarricenses.
Fueron otorgados por el conde Rautenberg, cónsul por entonces de ese país centroamericano. Me animo a decir que la posesión de esos documentos que nos brindaron la ciudadanía de un país que jamás conocimos nos salvó la vida. Y no exagero. De no contar con ellos nuestro destino seguro eran las cámaras de gas de Auschwitz.
Pero aún con esa ventaja adicional nos llevaron primero a un colegio grandote donde dormíamos en el piso en condiciones muy precarias y finalmente terminamos alojados en el campo de concentración de Westerbork, un lugar de tránsito en realidad. Fue el mismo donde estuvo Ana Frank, la autora del famoso diario íntimo, antes de ser trasladada a Auschwitz para matarla como ya lo habían hecho los nazis con una tía mía, su esposo y su pequeña hija. En Westerbork dormíamos en barracas ruinosas y fuimos tratados como animales o menos que eso. De un lado pusieron a los hombres y del otro a las mujeres. Hacíamos nuestras necesidades en letrinas asquerosas, simples agujeros cavados en el piso, y nos limpiábamos con papel de diario cuando había. Las camas, de dos o tres pisos de alto, eran de hierro y con colchones de paja. Por las mañanas nos lavábamos como podíamos en los mismos bebederos que se usaban para el ganado. Tengo de esa época un recuerdo insignificante pero, quién sabe por qué, muy importante para mí. Secretamente me hice una almohadita rellena con crines de caballo que llevé y usé en todos los lugares por donde anduve en la vida. Aún hoy la conservo.
Dentro de todo, y en comparación con los demás, tuve suerte porque una prima mía ya estaba en el campo y se había hecho amiga de uno de los médicos que trabajaban ahí. Si no me equivoco se trataba del doctor Spanier, también judío y obligado a trabajar como todos en el hospital del lugar. Yo, usando un brazalete que todavía conservo al igual que la estrella amarilla que nos obligaban a llevar en todo momento, trabajé en el hospital como cocinera. Para alimentar a mis padres y a otras personas juntaba a escondidas viejas cáscaras de papas, zanahorias o batatas y con eso, más algunos huesos que encontraba por ahí, preparaba una especie de sopa horrible que sin embargo sirvió de alimento para muchos.
Lo que sigue a esta historia tiene que ver con la ansiada liberación. Llegó al lugar una autoridad de la cancillería alemana y constató la autenticidad de nuestros pasaportes costarricenses. Hacia 1944 nos trasladaron entonces a un campo de refugiados en Francia llamado la Bourboule. Una semana después se produjo el desembarco en Normandía y, qué emoción me da contarlo ahora, nos abrazamos todos llorando y corrimos hacia los alambrados de púas, los cortamos casi con los dientes y gritamos la palabra libertad, libertad, libertad, una, dos, cien veces. Una nueva vida empezaba para mí en ese instante.Y lo vivido entonces fue> inolvidable para mí, para mis padres y para las demás víctimas judías o de otro origen que habían conseguido sobrevivir a una vida espantosa en el mejor de los casos . o a una muerte segura. Dado que conocíamos a gente amiga y familiares en Uruguay nos embarcamos hacia ese país, más precisamente a Montevideo, donde, en el barrio de Pocitos, permanecimos alojados durante aproximadamente nueve meses en una pensión.
Queríamos ingresar a la Argentina pero eso no parecía posible por razones políticas: sabemos que la Argentina puso trabas para la inmigración de los judíos durante esa época.
Es entonces cuando se produce la tercera y nuevamente milagrosa aparición de Alberto Enrique Grimoldi, a quien por supuesto no olvidábamos. Él tenía contactos a diferentes niveles gubernamentales de Argentina y actuó como garante personal para permitir nuestra llegada a este país. Parece que le dijo al gobierno, presidido entonces por Perón, que nuestro conocimiento era fundamental para potenciar sus planes en la empresa. Acto seguido Grimoldi devolvió a mi familia el dinero y todo el patrimonio de los negocios de Holanda que habían quedado a su nombre, un gesto que mi familia conoce muy bien y que rescato en mi memoria como un tesoro inapreciable y eterno. Es curioso lo que pasó después o... lo que no pasó.
Junto a mi marido me dediqué a la actividad turística, llegamos a organizar el primer contingente de viajeros argentinos a la Antártida, la vida siguió su curso. Pero lo cierto es que finalmente perdí todo contacto con los Grimoldi. Alcancé a saber que el hombre que nos había ayudado tanto en momentos de grave riesgo para mi familia había muerto si no me equivoco en 1953. Todo lo vivido pareció entonces perderse para siempre en el olvido. Un día, no sé por qué, me puse en campaña junto a Virginia, una gran amiga y asistente, para ubicar a los Grimoldi. Fue como querer retomar en parte el hilo que se había roto. Ayudó en tal sentido un artículo aparecido en un diario donde se mencionaba a esa familia y su historia con algún detalle. Virginia, bastante más moderna que yo en el manejo de Internet y esas cosas, se ingenió para dar con Grimoldi hijo, el actual presidente gerente de la empresa. Le enviamos juntas un mensaje electrónico y así se retomó el vínculo. Fui invitada a una reunión convocada en la fábrica con toda la familia para que yo contara el comportamiento que tuvo Alberto con nosotros. Eso fue muy emocionante para todos. Lo que dije en ese encuentro lo repito ahora. Ojalá todos los hombres actuaran como lo hizo Grimoldi. Su hijo, Alberto Luis, es el actual presidente y gerente de la empresa y más allá de eso es, debo decirlo con todas las letras, un amigo permanente de la familia que nunca se olvida de nosotros
Tengo 94 años y pese a todo lo pasado y sufrido estoy feliz de estar aún en el mundo.
Visto en face.

https://www.grimoldi.com/historia/

7 de agosto de 1931: Fundación de la Cooperativa Vitivinicola "Luis A. Huergo Ltda".


Estas imágenes fueron publicadas en facebook de la Municipalidad de Ing. Huergo el 14 de mayo del 2020 en los 106º años de esta localidad rionegrina.

7 de agosto de 1868: nace en San Carlos, Maldonado (República Oriental del Uruguay) Cayetano Alberto Silva.

EL CREADOR DE LA MARCHA DE SAN LORENZO.
CAYETANO ALBERTO SILVA: EL OFICIAL DE POLICÍA, CREADOR DE LA FAMOSA "MARCHA DE SAN LORENZO" A QUIEN A SU MUERTE SE LE NEGÓ SEPULTURA EN EL PANTEÓN POLICIAL, POR SER NEGRO.
Nació en San Carlos, Maldonado (República Oriental del Uruguay), el 7 de agosto de 1868. Era hijo de Natalia Silva, esclava de la familia que le dio el apellido. Desde chico le gustaba la música por lo que inició sus estudios con el maestro Rinaldi en la Banda Popular de San Carlos. En 1879 ingresó a la Escuela de Artes y Oficios de Montevideo donde se incorporó a la Banda de Música dirigida por Gerardo Grasso, quien le enseñó solfeo corno y violín. En 1888 pidió la baja y comenzó a deambular por los centros sociales de agitación obrera, teatros y conservatorios de música de Montevideo. Al año siguiente emigra a Buenos Aires donde incursiona en el Teatro Colón y asiste a la Escuela de Música dirigida por Pablo Berutti. Se traslada luego a la ciudad de Rosario donde el 1 de febrero de 1894 fue nombrado maestro de la Banda del Regimiento 7 de Infantería. En Rosario se casa con Filomena Santanelli con quien tuvo ocho hijos. En 1898, al ser contratado por la Sociedad Italiana de Venado Tuerto, provincia de Santa Fe se traslada con su familia a dicha ciudad donde funda un centro lírico, enseña música y crea la Rondalla con la que actúa en el Carnaval de 1900. También escribe la música de las obras teatrales Canillita y Cédulas de san Juan de su compatriota y amigo Florencio Sánchez. Estas obras son estrenadas en Rosario con mucho éxito.
LA MARCHA DE SAN LORENZO.
El 8 de julio de 1901, en su casa de Venado Tuerto, compone una marcha que dedica al Coronel Pablo Riccheri, Ministro de Guerra de la Nación en ese entonces y modernizador del Ejército Argentino. Riccheri le agradeció el homenaje pero le pidió que le cambie el título por «San Lorenzo», población donde él había nacido (el título «Marcha de San Lorenzo» es, por tanto, incorrecto). La marcha se interpretó por primera vez en un acto público el 30 de octubre de 1902 en dicha ciudad, en las cercanías del histórico Convento de San Carlos donde se gestó la batalla. Ese día la marcha fue designada Marcha oficial del Ejército Argentino. Dos días después Silva vuelve a ejecutarla al inaugurarse el monumento al General San Martín en la ciudad de Santa Fe, con asistencia del presidente Julio Argentino Roca y de Riccheri.
En 1907, su vecino y amigo de Venado Tuerto, Carlos Javier Benielli, le agregaría la letra que luego sería adaptada para las escuelas. Acosado años después por la pobreza Cayetano Silva vendería los derechos de la marcha a un editor de Buenos Aires por una suma insignificante.
La marcha se hizo con el tiempo famosa en otros países hasta tal punto que fue ejecutada el 22 de junio de 1911 durante la coronación del Jorge V del Reino Unido con la autorización previa solicitada a las autoridades argentinas por el gobierno inglés. Lo mismo ocurrió para la coronación de la reina Isabel II del Reino Unido, actual soberana inglesa. Además, se ejecuta en los cambios de guardia del Palacio de Buckingham, modalidad que fue suspendida en el tiempo que duró la Guerra de las Malvinas. También fue tocada por los Nazis alemanes en París cuando durante la Segunda Guerra Mundial marcharon por las calles de esa ciudad. Curiosamente, también el Gral. Einsenhower la hizo ejecutar al ingreso triunfal del Ejército de los Aliados de la Segunda Guerra Mundial que liberara a los franceses.
Según Daniel Schávelzon Cayetano Silva fue también empleado policial pero al morir por serios problemas de salud en Rosario, en 1920, la policía le negó sepultura en el Panteón Policial por ser negro y fue sepultado sin nombre. Sin embargo sus restos fueron trasladados en 1997 al Cementerio Municipal de Venado Tuerto, Santa Fe a través de gestiones efectuadas por la Asociación Amigos de la Casa Histórica Cayetano A. Silva. Esta casa, sede del museo regional, archivo histórico, y sede de la Banda Municipal «Cayetano A. Silva», tiene domicilio en Maipú 966, Venado Tuerto, y es en la que vivió el compositor.

Fuente de información:
Asociación Cultural Sanmartiniana de San Salvador

jueves, agosto 06, 2020

¿Por qué a Independiente le dicen los Diablos Rojos?

El Club Atlético Independiente, conocido popularmente como Independiente o por su sigla CAI, es una entidad deportiva de Argentina de la ciudad bonaerense de Avellaneda, situado en el sur del Gran Buenos Aires (GBA). Fue fundado el 1º de enero de 1905 por unos jóvenes empleados independistas del Club Maipú. El fútbol es su disciplina más destacada, cuyo primer equipo participa en la Superliga Argentina, aunque también se practican otras disciplinas deportivas a nivel amateur y semiprofesional.
"¡Qué Atlanta ni ocho cuartos! ¡Nosotros tenemos que tener un club independiente!", exclamó alguno en esa desprolija y fervorosa asamblea improvisada. "Ahí está el nombre: ¡Independiente! Nos llamaremos Independiente", gritó Rosendo Degiorgi. En ese momento nació verdaderamente el club. Ya tenía un objetivo y un nombre, expresaba una idea y un sueño. Así nació el Independiente Football Club. Independiente Football Club: (1904-14) Primer nombre utilizado desde su fundación con el acompañamiento de los términos en inglés de Football Club luego se llamaría Club Atlético Independiente.
CURIOSIDADES.
El astronauta Neil Armstrong llevó a la Luna un banderín del club de fútbol Independiente de Avellaneda, lo cual él mismo reconoció durante una visita que efectuó a Buenos Aires en noviembre de 1969. Armstrong visitó Buenos Aires junto con sus compañeros astronautas Edwin Aldrin y Michael Collins, en una gira mundial con la que celebraron el hecho de haber sido los primeros hombres en llegar al satélite natural de la tierra.

El primer hombre en pisar la Luna confirmó de esa manera algo que los argentinos habían puesto en duda cuando la directiva de Independiente dio a conocer esa historia en aquellos años.
En los años 20 surge el apodo de Los Diablos Rojos. Podría haber sido por el color de su uniforme, pero realmente esto se debe al periodista Hugo Marini, del Diario Crítica.
En 1926, Marini los denomina así por su forma de jugar. Elegantes y pícaros a la vez.

miércoles, agosto 05, 2020

POSTRE BALCARCE: APRENDÉ A ACTIVAR ESTA BOMBA CON LA MEJOR RECETA.

POSTRE BALCARCE: APRENDÉ A ACTIVAR ESTA BOMBA CON LA MEJOR RECETA.

Con el dulce de leche, la crema y el merengue como protagonistas, es un manjar argentino desde hace más de 60 años. Te damos la versión 2020 para que hagas en casa este placer redondo.
En el recuerdo de muchos argentinos, el postre Balcarce era el elegido para disfrutar el 24 o el 31 de diciembre a la noche, antes o después del brindis. Alguna tía o abuela lo traía fresco y artesanal, directo de la confitería de antaño preferida o, quizás, apuradas y sin tiempo, compraban la versión industrial que, a mediados de los ´80, a casi todos todavía les parecía deliciosa, no tanto como la casera, pero más que aceptable.

La historia cuenta que el postre Balcarce fue creado por Guillermo Talou, un miembro de la comunidad francesa instalada en la ciudad bonaerense vecina a Mar del Plata. Allí, en su célebre confitería París, a fines de los ´50, Talou diseñó su propia versión del tradicional Imperial Ruso al que le agregó la magia que necesita cualquier postre digno de ser llamado criollo: una generosa dosis de dulce de leche. Además, le sumó una base de bizcochuelo, crema chantilly, marrón glacé y coco rallado.

El postre ganó fama en la ciudad. Los domingos se formaban largas colas frente al local: todos los vecinos querían hacerse de la explosión de azúcar que disfrutarían antes de la siesta. Entusiasmado, Talou comenzó a venderlo en algunos restaurantes de Mar del Plata, como Il vero Napoli. Cuando llegaban las delicias de la localidad vecina, desde el interior de los locales los empleados exclamaban: “¡Llegaron los de Balcarce! ¡Vinieron los postres!”. Las frases repetidas durante unos años le valieron a la preparación un bautismo de honor y aquella versión del Imperial Ruso fue denominada tal como lo conocemos hoy: postre Balcarce.

La hora del boom.
Ajena a las nuevas tendencias de la pastelería que apuntan a reducir la cantidad de azúcar en las recetas, la preparación se mantiene vigente y deseable en las confiterías de barrio. “La gente lo sigue comprando porque lleva lo que le gusta al argentino: crema y dulce de leche. Por eso es inolvidable y permanece intacto ante las modas”, cuenta Néstor Reggiani, chef pastelero, campeón internacional de pastelería y dueño de la confitería La Nueva Muguet, ubicada en Villa del Parque.

Uno de los enigmas respecto del manjar es el origen de la inspiración de Talou. Se da por descontado que el creador usó la receta del Imperial Ruso inventado en la Confitería del Molino, el lujoso café de la esquina de Callao y Rivadavia, una belleza de la Belle Epóque que, después de décadas de abandono, hoy está siendo restaurada. Además de la estética fascinante, el lugar se hizo famoso por la calidad de su pastelería. Todo lo que se ofrecía era controlado por uno de sus fundadores, Cayetano Brenna, un inmigrante italiano a quien se le adjudica la propiedad intelectual del postre bautizado así en homenaje a la dinastía de los zares derrocada en Rusia en 1917, el mismo año de la inauguración del Molino.

“El postre de Brenna era como un mil hojas, pero de discos de merengue francés, crema de manteca y almendras”, señala Alberto Dib, autor del libro Una dulce historia, un recorrido por la pastelería desde la prehistoria hasta el presente. “Fue el producto más exitoso de la confitería. En Europa se lo conoció como el postre argentino”, agrega Dib.

Sin embargo, algunos indicios dan cuenta de que la receta no sería exactamente de Brenna, sino que la combinación de ingredientes ya existía en Europa. Talou podría haber conocido la preparación debido a sus orígenes franceses que lo conectaban con la mejor pastelería del mundo. A su vez, la Revolución Rusa puso de moda la cultura zarista en todo el mundo incluidos sus característicos postres en capas como el pastel ruso que llama la atención por su gran similitud con el Imperial del Molino.

Arma napoleónica de glucosa.
Durante la Exposición Universal de París, realizada en 1855, el emperador Napoleón III y su mujer, la española Eugenia de Montijo, organizaron un banquete en honor al zar Alejandro II. La emperatriz, inspirada en la tradición rusa, eligió un postre de dos capas de merengue rellenas con avellanas, almendras, manteca y praliné. La preparación resultó tan deliciosa que el zar pidió la receta para que la hicieran en su hogar y a partir de ese momento fue llamada Pastel Imperial Ruso.

Respecto del posible misterio, Dib señala que es posible que el postre ya existiera: “En Uruguay, el postre Chajá, que data del año 1927, también tiene un gran parecido con el Imperial Ruso. Se distinguen porque el uruguayo lleva duraznos y frutillas en el relleno y el del Brenna, frutos secos”.

Hoy en Argentina se reconocen el Balcarce y el Imperial Ruso como dos postres diferentes. En el apogeo del éxito, Talou registró la marca y se la vendió a un empresario de Mar del Plata que tenía una fábrica de golosinas. Allí comenzó la historia industrial del postre, que continúa hasta nuestros días.

A fines de los ´60, el francés de Balcarce se asoció con Rogelio Adobatti y juntos pusieron una confitería donde comenzaron a vender nuevamente el postre original bajo el nombre “Comoantes” debido a que la denominación Balcarce ya no era de su propiedad. Al poco tiempo, Talou se retiró del negocio, pero la confitería sigue funcionando hasta hoy.

La receta.
“Si se compran todos los ingredientes, es un postre fácil de hacer en casa porque solo requiere de habilidad en el armado. Prepararlo casero también es posible, aunque lleva más trabajo”, explica Reggiani, quien nos ofrece su receta del clásico manjar.

Ingredientes:
• 2 discos de pionono
• 150 gramos de dulce de leche repostero
• Nueces picadas c/n
• 1 disco de merengue francés
• 300 centímetros cúbicos de crema chantilly
• Castañas en almíbar c/n
• Azúcar impalpable para decorar decorar

Procedimiento:
1. Se arma en un aro de acero inoxidable. Se coloca primero el disco de pionono con el dulce de leche y las nueces picadas.
2. Luego se ubica el disco de merengue francés. Para hacerlo se utiliza una parte de claras por dos de azúcar. Batir las claras con la mitad del azúcar. Cuando llega a punto nieve se incorpora el resto del azúcar y se termina de mezclar. Con la ayuda de una manga dibujar el disco sobre una placa que irá al horno a cien grados durante una hora porque el merengue tiene que secarse.
3. Sobre el disco se coloca la crema chantilly mezclada con las castañas y con una espátula se le da forma de domo.
4. Encima se acomoda la segunda capa de pionono que se cubre con azúcar impalpable y merengue triturado. Por último, la superficie se quema a fuego con un hierro al rojo vivo.
5. Llevar a la heladera por unas horas para que se enfríe. Luego, cortar, servir y disfrutar.
https://vinomanos.com/2020/08/postre-balcarce-receta-historia/

Daniel Sabsay, sobre la prohibición de reuniones sociales: "Se creó un delito a través de un decreto presidencial".

El abogado constitucionalista Daniel Sabsay participó del programa Mesa Chica, que se emite por LN+, y ante la polémica generada por la reciente prohibición de las reuniones sociales en todo el país el especialista consideró: "Se creó un delito a través de un decreto presidencial".
"Creo que lo grave es que se ha legislado a través de un DNU la creación de un delito", alertó el abogado constitucionalista al ser consultado acerca de la prohibición de los encuentros sociales que entró en vigencia esta semana. "Como principio general la constitución le prohíbe al Presidente dictar decretos que tengan contenidos legislativos y solo lo deja cuando circunstancias excepcionales impidan el tratamiento normal para la sanción de leyes. Pero excluye cuatro materias, la penal, la fiscal, partidos políticos y cuestión electoral", explicó Sabsay.
Y en esa misma línea, agregó: "Sin embargo, acá encontramos que las fiestas familiares y los encuentros sociales quedan incriminados a través de una suerte de link que los proyecta sobre la comisión del delito previsto en el artículo 205, que sería algo así como ir contra quien propagare, de alguna manera, la enfermedad que puede ser peligrosa para toda la comunidad".
El constitucionalista apuntó contra esta suerte de analogía que suele darse en el derecho privado. "En materia penal es justamente el lugar donde más hay que cuidar la restricción de la autoridad (...) el acto que va a construir un delito tiene que estar descripto de una manera tan categórica que impida todo tipo de interpretación que lleve a una discrecionalidad", indicó el especialista jurídico.
¿Es razonable a esta altura de la cuarentena y frente a la responsabilidad que ha demostrado tener la población impedir que se lleven a cabo pequeñas reuniones sociales o familiares?, cuestionó Sabsay. Y rápidamente contestó: "Creo que no. Pero se trata de algo aún más grave que es el hecho de considerar que esto constituye un delito y asimilarlo analógicamente a otro que está previsto en el Código Penal, que además se convierte en un delito presunto. Porque si no se tratara de una persona que adolezca de la enfermedad el decir que está propagando el virus sería falso".
"Acá ha habido un festín de decretos de necesidad y urgencia", apuntó Sabsay, tras justificar los dos primeros DNI que se desencadenaron apenas declarada la pandemia del coronavirus por la Organización Mundial de la Salud (OMS). "Pero después empezó 'la maquinita'. Darle al Jefe de Gabinete el manejo de toda la partida de presupuestos es quitarle, tal vez, el control más grande que tiene el Congreso sobre el Ejecutivo y tomarlo como propio", concluyó al respecto.
Por otro lado, al ser consultado por el reciente proyecto de reforma judicial presentado por Alberto Fernández para crear un nuevo fuero federal penal Sabsay respondió categórico: "La misión es la impunidad de la vicepresidenta Cristina Kirchner, por empezar, y de los demás funcionarios que están implicados en serios delitos de corrupción contra la administración pública".
Publicado en Diario "La Nación", 5 de agosto del 2020.