Juan Namuncurá, el mapuche que dialoga con un Roca: “Si nuestros apellidos sirven para el bien social, bienvenido sea”.
“La convivencia es sagrada”, sostiene. Si hoy hay un uso faccioso o partidario de los reclamos indígenas es porque hubo promesas y pactos incumplidos. Muchos de ellos firmados por sus antepasados y los de Gonzalo Roca, que hoy es su amigo. Él propone retomar el hilo de aquellos tratados y rescatar “el maravilloso mosaico cultural argentino”.
Juan Namuncurá es músico y productor musical. Descendiente
de Calfucurá y de Namuncurá, rescata el papel de su linaje en la conformación
inicial de la Argentina desde la campaña libertadora de José de San Martín, y
cree que hay que subsanar los incumplimientos de aquellos pactos firmados,
entre otros, por Manuel Namuncurá y Julio A. Roca, y enfrentar las injusticias
que pueden ser caldo de cultivo de la fragmentación.
Como “Dios dirige el tráfico”, dice, puso en su camino a Gonzalo
Roca, de quien se ha hecho amigo. “Ellos fueron más valientes porque ellos se
acercaron a mí, con mucho respeto”, recuerda. Hace poco compartieron una
primera conferencia conjunta. Todo un símbolo y un contraste con el clima de
crispación que agita al sur, por la acción de minorias y, sobre todo, por la
inacción estatal.
En respuesta a una carta de Juan Naumuncurá, el papa
Francisco mandó a un miembro de la Guardia Suiza para combinar un encuentro,
que tuvo lugar en Temuco y que ha dado frutos, como cuenta en esta charla con
Infobae.
— Me gustaría que te presentes y nos hables de tu vínculo
con los dos Namuncurá más famosos, un cacique y un santo.
— Yo diría cuatro famosos.
— Ah bueno, adelante.
— Yo soy hijo de padre aimara y madre mapuche, o mal llamada
mapuche hoy en día, porque en realidad la palabra mapuche es un gentilicio
dentro de lo que sí es la lengua de esta parte de…
— ¿Cuál sería la denominación correcta? ¿Araucano?
— No, pehuenche o huilliche en todo caso. Con condimentos
huilliches. Pero es pehuenche por la zona en que se vivía originalmente.
— Eso, tu madre. Y tu padre, aimara.
— Mi padre nació en La Paz, pero mi familia está radicada en
Cochabamba, es nativa de Cochabamba, de un clan aimara histórico al que
pertenece mi papá. Ellos se conocen en La Plata, son los dos primeros
estudiantes universitarios originarios de la época y tuvieron dos carreras
maravillosas profesionalmente. La costumbre, como entre los hebreos, donde las
madres son las que tienen la impronta de la educación, mi educación fue por
parte de mi mamá. Al saber Ante esto, los aimara dijeron “bueno, por lo menos que
nazca en nuestra tierra y se crie ya con su mamá, para no olvidar de dónde viene
su línea paterna”. Y así fue.
— Te criaste entonces en la Argentina, en el sur.
— En el sur de la Patagonia. O sea, en una Argentina que era
bastante relegada en esa época porque la única calle asfaltada era la ruta 22
que pasa por el Valle de Río Negro y el tren que había en aquella época, que
era para los fruticultores, para la cosecha de manzana.
— Reivindicás que tu familia, tu linaje, tuvo mucho que ver
con la fundación de la Argentina o del Estado argentino.
— Sí, del Estado y también de la construcción de la
concepción de lo que es la Argentina hoy día. El Estado convengamos que la
concepción viene después, por un orden mundial que se plantea desde Europa
liderado por Francia, estamos hablando del siglo XIX, cuando se diseñó ese
orden mundial, en que todo tenía que ser así, estatal.
— Volviendo al rol de tu familia en esa construcción…
— Esa, no quiero decir construcción, sino esa manera de
reunirse y pensar las cosas en común con anhelos y sueños para tener una vida
más equilibrada se inicia por ejemplo con un antepasado mío que es Huentecura,
a quien la congregación jesuita hace un puente con el general Don José de San
Martín cuando él llega a Mendoza y conoce a Huentecura que es el padre de
Calfucurá. Calfucurá es educado militarmente para entender todas las
estrategias militares de Occidente, del Occidente de entonces, de la manera de
combatir por San Martín. Y viaja con San Martín y es parte del ejército de San
Martín. Hay toda una relación muy íntima porque era el hijo de quien le brindó
caballos al Ejército de Los Andes.
— ¿Huentecura le brindó caballos a San Martín?
— Porque los caballos no se criaban en Buenos Aires. Todavía
no existía la cultura de la crianza de caballos. El caballo se compraba
generalmente a diferentes líderes o al que en lengua mapudungún se llama lonko,
en cuyo territorio se criaba ganado cimarrón, salvaje. Cuando termina toda la
epopeya sanmartiniana en América, Calfucurá entiende que hay que tener un
orden, así como estaban los caudillos ordenándose; de hecho, él adopta el
nombre de Confederación de los caudillos. Y establece una relación muy íntima
con muchos caudillos y toda una cantidad de vínculos políticos y también,
digamos, de amistad. De hecho Urquiza era el padrino de nacimiento de su hijo,
de Manuel. En aquella época se daban así las cosas. Calfucurá desarrolla esa
política mucho antes del Estado argentino.
— ¿Luego viene Namuncurá?
— Cuando fallece Calfucurá lo sucede Manuel Namuncurá, el
papá de Ceferino, que sería el tercero. Entonces, a ver, cómo se arregla todo
este tema porque la Confederación estaba conformada por una cantidad de jefes y
sectores. Muchos tenían su autonomía y practicaban sus arreglos económicos, políticos
y sociales por su lado. Entonces se sucede un enfrentamiento muy grande como
todo cambio. Muchos de los que escuchen van a decir “eh, esto de la Campaña del
Desierto”... Bueno, si realmente fue genocidio tiene un tratamiento jurídico y
habrá que tomarlo. Yo creo que hay que develar de una vez por todas qué cosas
estuvieron mal, qué cosas medianamente bien o qué cosas pasaron, para poder ser
claros en un análisis, en una visión, y decir bueno, esto es malo, esto nos
vino bien, esto no y así. Eso no está aclarado ni en la educación argentina ni
a nivel social está muy claro. Entonces, así como a Roca… no voy a decir
injustamente porque es una decisión todavía de un proto Estado, justo en ese
momento se iba a reconocer nuestro Estado, pero bueno, hubo decisiones bélicas
que pueden ser cuestionables, toda violencia es cuestionable. Entonces también
se lo trata de la misma manera a Calfucurá, como el violento de las pampas,
cuando en realidad siempre estuvo haciendo negocios. De hecho el mayor
comprador de botas españolas fue Calfucurá, mucho más que Buenos Aires. La
primera máquina de escribir de la Argentina la compró Calfucurá. Tenía un
secretario que hablaba tres idiomas. Había una visión mucho más comercial y de
enlace a otro nivel de lo que la gente se imagina o que han difundido.
— Otro aspecto desconocido es el vínculo que llegó a tener
Manuel Namuncurá con Roca.
— Roca estuvo desde muy joven en las fuerzas de aquella
época. Todavía no había tal ejército argentino. Era un proto orden. Y a la vez
por otro lado si Calfucurá estaba en ese otro proto orden y en el enlace con
los caudillos participó Roca, es probable que se hayan conocido. Porque la gran
pregunta es cómo en los diálogos y en los tratados entre Roca y Manuel
Namuncurá vos leés el texto y es como si se conocieran realmente. No hay un
trato distante. De esa relación surgieron leyes, tratados, hubo una actitud
política muy positiva que pudo marcar un rumbo diferente, pero nadie quiere
tocar ese tema hasta el día de hoy.
— Te escuché decir en una charla que la idea de una
comunidad mapuche como un solo bloque es una construcción.
— Es que muchas de las que hoy se llaman comunidades en
realidad son pueblos conformados por muchos grupos que tienen que ver con una
cultura, con una etnia y con una historia propia y particular. Ante tanta
marginalidad económica que produjo el Estado a lo largo del siglo XX, rompiendo
tratados previos, porque los tratados de principios de siglo son totalmente
diferentes a la realidad que viven todos los pueblos en el territorio
argentino. A finales de los años 80, principios de los 90, la OIT produce un convenio,
el 169, que es supra constitucional y al cual la Argentina adhiere en la
reforma constitucional del año 94. Plantea que la Argentina tiene que reconocer
a los pueblos, y es lo que menos hace la Argentina, en realidad el Estado
argentino, porque la Argentina es el pueblo y todos lo somos. La estructura
Estado por intereses político partidarios no llevó a cabo ese proceso y lo que
hizo fue polarizar de una manera muy extrema y ahí aparecen las figuras de
comunidades como las que conocemos hoy. Esta polarización es aprovechada por un
partido político u otro que puede llegar a manipular esto en función de sus
intereses. Es como cuando un partido o un político se acerca a una persona
representativa, o lo hacen representativo mediante recursos o beneficios
sociales. La gente está muy marginada, muy hambreada, con muy poco acceso a la
educación. A una educación que te permita comunicarte con el otro. No había
acceso a que los jóvenes fuesen profesionales. Entonces, no hubo en aquel
momento interlocutores válidos. El único parámetro de interlocución eran las
necesidades básicas. Esas fueron por supuesto totalmente manipuladas…
— ¿Cómo definirías lo que está pasando ahora en el sur, con
ocupaciones, ataques, incendios. ¿Representa un conflicto real de fondo? ¿Hay
un aprovechamiento? ¿Hay grupos que se están sirviendo de las necesidades de la
gente?
— No hay una única vertiente para esto. Primero te diría que
lo que he visto, por lo que la prensa emite, porque no estoy en el Sur, estoy
acá en Buenos Aires, son chicos encapuchados que no sé qué hay debajo de esa
capucha. No sé. Y así y todo veo muy pocos chicos. Ocho, diez, veinte personas,
treinta, en la mayoría de los casos y la verdad que lo que se llamaría pueblo
pehuenche, huilliche o picunche, como quieran llamarse, es mucha más gente.
Solamente en mi familia debemos estar por los 6.000 y pico. Y de hecho ninguna
de las representaciones de las familias originarias, los árboles familiares,
salió a hablar nada. Por eso hay que tomar con pinzas esa situación. Por otro
lado, sí está esa necesidad postergada, porque el Estado se comprometió en un
momento del pasado y luego otros elementos de la historia y otras situaciones
políticas hicieron que esto no sucediera así. Hay asignaciones territoriales
que no fueron respetadas porque no había quién pudiera fiscalizar. Entonces de
pronto tierras que eran asignadas a una persona fueron asignadas a otras
mágicamente en alguna oficina de Buenos Aires. Como estas cosas no se
solucionaron, se fueron acumulando y claro que hay en el inconsciente colectivo
una incomodidad por así decirlo histórica ante el Estado. No es ante la
Argentina, porque en el campo, en esa zona, los jóvenes se crían todos juntos,
se conocen desde chiquitos, no hay una problemática así entre ellos. Ahora,
cuando vas a los bifes y ves que uno puede tener una beca en Harvard y el otro
tiene que seguir arriando ovejas, que no digo que sea denigrante, sino que no
todos tengan las mismas opciones.
— Claro, sí.
— Podrás decir puedo o no puedo. No hubo ante los tratados
territoriales un equilibrio de cosas pero tiene una explicación esto: no es que
hay malos y buenos sino interesados en otras cosas. Yo considero que hay cuatro
momentos históricos para entender las migraciones. Una cosa es el conquistador,
o lo que se llama conquistador que en realidad eran un grupo de personas
aguerridas que venían de Europa. Había una mentalidad agresiva. Pero después
vos tenés al criollo que tiene una buena relación con los indígenas. Si se
tabulan las relaciones en la historia todo lo que se hizo y todo lo que no se
hizo, es mucho más lo positivo que lo negativo.
— ¿Lo positivo en cuanto a integración, a vínculos?
— Claro, en cuanto a vínculos. Es como decir te invito a
cenar a casa y la pasamos bárbaro. Esa familiaridad. De hecho el tango
argentino tiene un 30% de palabras del mapudungun. ¿Cómo llegó eso ahí? A ver,
explíquenlo. Porque la gente se sentaba a matear junta. Yo siempre digo eso,
sentémonos a tomar unos mates.
— ¿Qué palabras por ejemplo?
— Trucho. Pilcha. Poncho. Tamango. ¿Quién no supo esas
cosas? El inmigrante que vino después de esa etapa criolla. Y ahí tenemos un
problema. Aunque vinieron los agricultores europeos que sí se fueron al
interior a trabajar. Esa gente fue muy respetada por los pueblos. Porque amaban
la tierra, la cuidaban, la regaban, ponían sus plantitas. Cuando uno mira fotos
del campo italiano, del recurso agrícola italiano, estaba todo reventado de
bombas. Todo destruido. Era muy poco probable recuperarlo en poco tiempo. Esas
familias migran. Eran familias que no habían estudiado, no tenían escuela. Lo
único que tenían era el oficio transmitido por sus familias. Con ellos se
consolidó una etapa. Pero también vienen personas que vienen a hacer negocios.
Y esa gente no es la del campo. Esa gente se quedó en las capitales de nuestro
país a hacer negocios. Y esa visión era muy fría ante la realidad que
necesitaba la Argentina en esa situación. Además vinieron con una gran
ignorancia de lo que era el argentino de ese momento. Esa proto Argentina.
Estoy hablando en torno a la Primera Guerra Mundial. No había una consideración
por parte de estos comerciantes de lo que era el argentino. El argentino que
amaba Patoruzú. ¡Fijate qué emblema! El emblema del dibujo animado natural de
Argentina, esa búsqueda de ser uno mismo, ya existía en ese momento.
— Un superhéroe indígena.
— De una manera u otra, criticable o no, como sea. ¿Pero a quién
salvaba siempre? Eso es el inconsciente colectivo: Patoruzú siempre salvaba a
Isidoro. Porque se salvaba el de Buenos Aires siempre con los recursos del
interior. ¿Y quién era el del interior? Porque no era ni siquiera el migrante,
era el originario. Eso era la visión del criollo. Si se escarba en el
inconsciente es eso: el ganado, el cuero que se traía a Buenos Aires y otro
comercializaba. Entonces todo ese mundo, que es bellísimo, que estaba y que
está todavía en el submundo argentino, es un estrato básico de la construcción
del inconsciente colectivo argentino, termina con otros intereses de gente a la
que no le importa todo eso porque viene a hacer otra cosa. Cuando llega la
Segunda Guerra Mundial, vienen ya las problemáticas europeas políticas, tenés
dos extremos, extremas derechas, extremas izquierdas. Tenemos la explosión de
lo que sería la segunda ola de la revolución industrial por así decirlo con
todo el armamentismo. Gente que viene con esos intereses y a la que tampoco le
interesó lo que habían hecho los que los precedieron. Entonces vamos a hacer
leyes que convengan a tal o cual. Y hoy tenemos un sándwich de cosas que son
increíbles. O sea, la verdad son problemas muy graves que tenemos y al pueblo
originario le afecta más porque no se cumplieron ninguno de los pactos firmados
en su momento. Pero todo esto afecta en lo cotidiano a todo el pueblo
argentino.
Patoruzú, la creación de Dante Quinterno. "Eso es el
inconsciente colectivo: Patoruzú siempre salvaba a Isidoro. Se salvaba el de
Buenos Aires con los recursos del interior, del originario", dice
Namuncura
— Sí, hay criollos que están tan marginados como…
— Totalmente.
— Tienen las mismas necesidades. La misma dificultad para
acceder a servicios básicos.
— Exactamente. Y tenés gente que propone, qué sé yo, que el
portero indique cuál es el escalpelo para el neurocirujano. Es raro eso. Porque
ni siquiera pasa en la comunidad ¿no? Porque el que mejor doma es el que va con
el caballo. Ni se nos ocurre que lo haga el que no sabe; lo va a estropear al
caballo. Y eso se da en las capitales ya desde la estructura. De dónde alguien
que no sabe va a saber de la mañana a la noche las cosas. A nosotros nos parece
difícil porque la existencia y la cultura de pueblos originarios se basa en el
conocimiento y en la transmisión cultural de ese conocimiento existencial. Acá
me parece que hay un quiebre de ese formato.
— Decías hace poco que la Argentina tiene que retomar un
hilo. ¿A qué te referías?
— Voy a tomar un ejemplo. Es mucho más factible que sin que
digas de qué partido político sos, sin que nombres a un político de turno o lo
que sea, hoy en día cualquiera puede charlar con cualquiera. Sin embargo cuando
arranca toda esa otra parte… Es evidente que en la relación humana el problema
es lo que está pasando, el cocoliche que pasa en el Estado argentino. Y con
esto no quiero decir que todos los políticos son así. No, no, no. Simplemente
digo que la suma de los errores por ahí da un gran error viste, da un gran
problema. Yo no creo mucho en el famoso crisol de razas porque es como meter
todo en una licuadora y lo que salga. No, no es así. Somos un hermoso mosaico y
creo que tuvimos la oportunidad de lo que hoy se llama Argentina, y lo podemos
ver, yo siempre tengo la esperanza de que todo se puede retomar cuando algo es
bueno. Yo tengo mucha esperanza en eso. Tengo esperanza en el ser humano. Tengo
esperanza en nosotros. Tuvimos la oportunidad de demostrar al mundo que, así
como era la Argentina, todo lo que pasó en la conquista se podría haber
revertido absolutamente y haber construido un faro de luz. No solamente en
Sudamérica, sino en el mundo, porque en el mundo tienen gravísimos problemas,
por una marginalidad relacionada a lo étnico, a lo económico, a lo social. Sin embargo
acá, viste, qué sé yo, todos toman mate y el mate es una costumbre originaria.
Se van afuera y se llevan la yerbita con el mate. Entonces hay otra cosa. Si
vos ves que el originario toma mate, y el no originario toma mate y ya ni se
piensa. Al día de hoy ya es así: argentino y mate. O argentino, tango y
folclore.
— Hoy en día se quiere instalar la idea de una Argentina racista.
Somos muy racistas, dicen. Pero la Argentina nació mestiza. Muchos olvidan que
en la expedición fundadora de Juan de Garay había más guaraníes que criollos y
españoles. ¿Cómo ves eso?
— Habría que leer a Maquiavelo, que en El Príncipe dice
claramente que para que sigas siendo príncipe o masacras a todo el mundo o
dividís a todo el mundo. Esa, la cultura de la fragmentación, es muy de ciertos
intereses que anidaron en la historia europea y eso lo traen acá a América.
Ahora, cuando ves acá cómo vivían, o los rastros que quedan, las comunidades,
muchos de nuestros pueblos dicen sí, la economía retributiva. No hay tal
economía retributiva, lo que hay es que cada uno lleva hacia la necesidad de su
familia y de su sociedad lo que sabe hacer. Aporta. No sé cuál sería la
palabra, cada uno aporta realmente, como hacer lo que se llama minga [N. de la
R: Amigos y vecinos que se unen para hacer un trabajo en común y luego
comparten una comida ofrecida por los beneficiados] pero de una manera más
estructurada. Así todos podían tener todo lo que se producía. Al no haber
dinero ni bancos durante mucho tiempo en Argentina -los bancos se tuvieron que
crear por el comercio con Inglaterra y Europa-, ¿qué podía hacer un
conquistador, un criollo?: vivir de esa manera, porque ¿adónde y qué iba a
comprar un criollo con una moneda? Entonces se hacía trueque o se buscaban las
cosas convenientes para vivir. Cuando se divide esa esencia, realmente hay
otros intereses. Y es evidente que ya no son ni foráneos. Por eso dije que los
temas de justicia los tiene que ver la justicia. Pero hoy por hoy tenemos que
sobrevivir por las cosas positivas y buenas. Por ejemplo, me entero de que la
Reina Isabel le había dado a Colón una orden que distaba totalmente de lo que
hizo. El tipo desobedeció una orden y tuvo una actitud horrible con la gente
con la que se encontró.
— Recién recordabas también que la reina Isabel ordenó que
se casaran españoles con indígenas y viceversa. Y eso le dio cierta impronta a
la colonización, diferente a otros procesos.
— Sí, por otro lado, no venían mujeres en los grupos
expedicionarios. Yo los llamaría expedicionarios con intereses. Y después
muchos se mandaron la suya y ahí los llamaría conquistadores a varios. Que no
tenían por qué: la gente con los brazos abiertos los recibía. No había armas
desarrolladas. Porque el exceso de alimentación y de territorio era tan grande
que nadie se preocupaba por eso. Algo muy diferente de Europa donde sí había
problemas territoriales y alimentarios. Estaba el oro, pero en realidad venían
a buscar especias y alimentos. Papa, maíz y tomate. Ahí sí yo veo algo feo. Que
descubrieron todo esto acá, se lo llevaron, en aquella época no había propiedad
intelectual por supuesto, sin embargo continuaron con el enfrentamiento. Aunque
habían solucionado un grave problema, las noblezas europeas siguieron. Hay algo
en el inconsciente de ciertas personas, ciertos grupos, que miran las cosas de
una manera muy alejada de la cohesión humana entonces el proyecto hombre
termina resquebrajado.
La fundación de Buenos Aires.
La fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, pintura de
Moreno Carbonero. En la expedición fundadora había más guaraníes que criollos y
españoles.
— Siempre existe el que quiere explotar al otro.
— Esa manía enfermiza ¿no? Porque no es un buen negocio la
explotación.
— ¿Hay alguien que exprese hoy el interés de esas
comunidades?
— Creo que se están reordenando después de lo que se creyó
que iba a suceder en la época de Manuel Namuncurá, a principios del siglo XX, y
al no tener los pueblos la asistencia a la cual se había comprometido el Estado
quedó todo muy fragmentado y destruido. Se tiene que reorganizar de nuevo. El
Estado incumplió el Convenio 169, armar su registro de comunidad. Por eso creo
que lo correcto sería llevar a cabo el proceso de reconocimiento de los
pueblos. Hablan todos de pueblos y jurídicamente no los han reconocido pueblos
más que en un papelito firmado por no sé quién, si es que lo hay. La Argentina,
este Estado, aun con todo lo que nos pasa, tienen la posibilidad de llevar a
cabo ese proceso de una forma bastante rápida si se decidiera.
— Y armónica. ¿Cómo se evita el riesgo de fragmentación, de
gueto?
— Es que no existe eso en el pueblo originario. Es una visión desde Buenos Aires, porque acá está la comunidad equis, que hace su fiesta, sus cosas. Se cierran acá como corpúsculos. En cambio, visto desde los pueblos originarios, Buenos Aires es tierra de mi familia. Mi familia era comerciante en el puerto de Buenos Aires. Cuando había desacuerdos, se sentaban a charlar hasta que no charlaban más. Pero ese era el modo de esa época, de un lado y del otro. Para nosotros era un buen negocio vender los cueros, teníamos el producto, y bueno. Pero toda la tecnología contemporánea, que no es nativa, sino producida por la economía no originaria, yo la disfruto. La obtengo, la practico y la utilizo. Ya no podemos hablar hoy en día de otra manera. No existe una vida sin esto, sin lo otro. El concepto de gueto ya no existe en la contemporaneidad. Tengo amigos que pertenecen a la comunidad judía, algunos totalmente ortodoxos y otros todo lo contrario. ¿Y cuál es el gueto? Soon parte de ese mundo. De cómo elige cada grupo ser y manifestarse y poder convivir. La convivencia. Hay una frase muy linda del rock de los años 70, que es de pueblos originarios: la convivencia es sagrada. De eso deriva cómo vivís en la naturaleza y con los demás seres. Hay que retomar esto: la convivencia es sagrada.
— Algunos de esos encapuchados que mencionabas plantean un
desconocimiento del Estado argentino. ¿Cuál es el sentimiento de los pueblos
hoy? Porque vos reivindicar que tu familia fue parte de la construcción de esta
Argentina, de este Estado. ¿Ese es un sentimiento generalizado o hay un
rechazo?
— No, no. La gente pretende tener acceso a todo lo que se le
prometió. Son tres o cuatro generaciones de abuelo, abuelo, abuelo, que se
recuerda porque se cuenta, que se prometieron cosas que nunca llegaron. Y no es
la bolsa de comida, es participar de este en igualdad de condiciones. Y esas
cosas duelen. Recién ahora creo que hay muchas cosas que se van observando de
otra manera y tiene que ver con la crisis mundial del medio ambiente. Hay una
revisión hacia atrás para ver quiénes eran los que podían vivir sin hacer esto.
Los pueblos originarios. Pero eso hay que nutrirlo de otra manera para que no
vuelva a ser usado por políticos, por el oportunismo político de turno de un
partido.
— ¿Cuáles dirías que son las carencias más notorias de esas
comunidades? ¿Acceso a tierra? ¿Educación, servicios sociales? ¿Reconocimiento
político?
— Es todo. Parto de la idea que la tierra nunca fue cedida.
Sí fue charlada: bueno, vivís acá, total si hay espacio viví acá. Tampoco
tenemos la cosmovisión los pueblos originarios de que la tierra es nuestra
porque nosotros somos de la tierra. Pero del otro lado tenés la tierra es mía.
Por ahí los pueblos no te lo pueden explicar muy bien porque es parte de la
vida cotidiana, pero es real que se vive de una manera muy integrada, mucho más
feliz. Aun en lo que sería la pobreza económica y el poco acceso, por lo menos
la relación con lo que te rodea es mucho más amable. Ahora, las carencias
pueden hacer que en algún momento nadie contenga esa situación. Por ahí a
alguien se le ocurre “derribemos este bosque porque hay tantos millones de
dólares”. Y en realidad lo sagrado es la vida. Tenemos que proteger la vida. Se
utiliza también esto de lo sagrado. Pero toda la sociedad debe entender qué es
sagrado. El agua es sagrada. El árbol es sagrado. No vamos a tener comida, ni
oxígeno, ya respiramos mal. Hay que tomar conciencia de la existencia humana y
de la calidad de vida. En el mundo originario se llama el buen vivir. Las
culturas desarrolladas pueden tomar cosas de aquellas sociedades. Nos hemos
perdido oportunidades -la humanidad toda- de soluciones que teníamos. Por eso
digo que somos un exquisito mosaico y lo que nos queda es reorganizarlo.
Podemos hacer muchas cosas, por ejemplo, propiedades intelectuales que se
podrían gestionar hoy junto con los pueblos originarios. Esto lo he charlado
con gente de FAO, por ejemplo, que estaría dispuesta a apoyar. Una propiedad
intelectual de un vegetal que hoy es nativo en Argentina aportaría a resolver
la crisis de la deuda externa. No entender eso, cuando la oportunidad la tenés
ahí, porque no te llevas bien con la otra persona, porque no nos ponemos de
acuerdo… La comunión nos puede hacer salir a todos adelante. Ese es mi punto de
vista. Todas estas carencias de los pueblos tienen resultantes feas, no
positivas, y totalmente contraproducentes para todos. Porque cada uno va a
saltar y va a reaccionar en nombre de sus intereses.
— Vos conociste, y creo que tenés una relación de amistad, a
un sobrino bisnieto de Roca. Bisnieto de un hermano de Julio A Roca.
— Con Gonzalo Roca, sí.
— ¿Cómo lo conociste?
— Nos conocimos a través de unos zoom de cultura y la verdad
es que ellos fueron más valientes porque ellos se acercaron a mí. Se acercaron
con mucho respeto y empezamos a hablar de historias, de cosas, y yo… o sea, uno
puede recibir la herencia pero uno no es aquel. Pero sí es simbólico que yo
venga de la familia Namuncurá y él de los Roca. Eso simbólico ¿para qué sirve
en la sociedad hoy? ¿Para qué servimos? Cuál es nuestra actitud de servicio
hacia los semejantes. Creo que inconscientemente, y esto lo digo sin que lo
sepa Gonzalo que seguramente verá esto, creo que ambos compartimos el espíritu
de que hace falta mayor cariño antes que trompadas. No lo digo yo solamente, lo
dicen todas las religiones, todos los profetas del mundo, que el camino de lo
bondadoso es el más adecuado. Y el de la comunión. La común unión, por ahí
suena religioso pero es la comunión. Esto nos llevó a charlar, a dialogar, a
disfrutar. Disfrutarnos como seres humanos. Como me dijo mi amiga Ludovica
Squirru una vez: “Dios dirige el tráfico”. ¿Por qué me encontré yo con Gonzalo?
Si te tengo que explicar por qué no lo sé. Sí te puedo explicar nuestra actitud
en el encuentro y lo que hizo que pudiésemos charlar y seguimos charlando. De
hecho hace muy poco nos encontramos. Disfrutamos, son muy lindas nuestras
reuniones, porque no solamente hablamos de la historia. Yo le dije no te
enrosques con eso porque lo que es de la justicia es de la justicia y lo que es
humano lo tenemos que vivir, estamos acá, ¿qué hacemos, nos trompeamos en la
esquina cuando ni siquiera sé quién sos y vos tampoco sabés qué hago yo? No
tiene sentido. Conozcámonos, veamos y enfrentemos nuestra realidad. Porque esta
es nuestra realidad. Después escarbamos allá pero que escarben los
historiadores y los que se dedican a la justicia en todo caso. Pero no creo que
sea la base de una relación humana porque todos, cada uno, cada familia, tenemos
alguna cosa en el pasado.
— Algo en el ropero.
— Y sí, nos tendríamos que enemistar todos y no es así.
— ¿Están haciendo algo juntos, Roca y Namuncura?
— Nos estamos reuniendo, la otra vez dimos una conferencia
sobre nuestras visiones. De lo que pensamos. Aclarar ciertas cosas. Nomenclar
ciertos tratos. Cosas que, para el que escuche la conferencia, consoliden
posibilidades, oportunidades y esperanzas sobre todo.
— También decís que hay que des-relatizar. ¿Cómo sería eso?
— Es esto. Porque no vamos a arreglar nada, nada se va a
arreglar hoy en el enjambre mundial de orden y desorden con que veamos si aquel
era malo o bueno. Con eso no lo vamos a arreglar. Lo vamos a arreglar con
nuestras acciones en el presente. Sí tenemos que saber para el bien de nuestra
salud mental qué pasó. Pero no eso no es lo primero porque todos los días
vivimos, estamos respirando, tenemos que seguir viviendo y avanzando y haciendo
cosas. Producir una hecatombe más sobre semejante desastre no creo que sea lo
correcto. No es constructivo para nadie. Y si nuestros apellidos, tanto el de
Gonzalo como el mío, pueden influir en el bien social y en la bondad y en que
sigamos avanzando para un buen vivir bienvenido. Bienvenido. Implica todas
estas cosas: Convención 169, reconocer a los pueblos. Si nosotros podemos ir
hacia esas cosas, porque eso ya no es Roca o Namucurá, es cosa de cuatro locos
que no lo quieren hacer porque hay un montón de firmas que van a quedar en el
aire. Cómo van a justificar ciertas cosas que hicieron…
— En tu WhatsApp tenés una foto en la que estás caminando
con el Papa. ¿En qué circunstancia se dio eso?
— Un grupo de amigos en una reunión me propuso escribirle al
papa. Yo pensé que era una broma, pero me insistieron tanto que escribí una
carta. Que ellos la iban a enviar. Nunca me dijeron cuál era la vía de envío.
Tampoco les creí, pero me llegó un mail y todavía pensé que eran ellos que me
estaban bromeando pero no, realmente era un mail de Francisco, de Su Santidad,
que quería conocerme. Siendo que yo vivo en Villa del Parque y él estaba en
Floresta, nunca nos cruzamos en la vida. Pero evidentemente era el encuentro en
otro lugar y en otro momento. Y vino alguien de la Guardia Suiza que armó todo
el encuentro. Yo ni sabía de la gira que él iba a hacer. Nunca fui de estar adentro
de la Iglesia. Sí sé la historia de Ceferino.
— ¿Te formaste como católico?
— Mira, de este lado del mundo sos católico, evangélico,
musulmán, etcétera. Desde el punto de vista originario vos ya sos un ser
espiritual porque la educación es espiritual. Acá despojaron a la educación de
eso. Para nosotros si no vas a la ceremonia -y yo hace mucho que no voy-, si no
practicas este reconocimiento a Dios todos los días, no agradeces, que es lo
que en otras religiones traducen como estás orando, agradeciendo; para nosotros
es todos los días. Esa práctica ya es parte de la idiosincrasia del pueblo
originario. Ceferino ya era una personalidad espiritual en la comunidad. Cuando
llegan los salesianos lo reconocen, hay un reconocimiento de lo que era
Ceferino. Para este lado es una personalidad espiritual muy elevada que primero
se venera, después se beatifica y próximamente se va a santificar. Y está muy
bien y yo le voy a agradecer siempre a la Iglesia porque está buenísimo. Es un
puente. Es lo que decía Ceferino, hacer puentes.
— ¿Con el Papa te encontraste en Roma o durante una gira?
— Él hizo la gira sudamericana, pasó por Temuco y ahí tuve
una muy buena charla, fue muy bueno. No me imaginé que iba a ser así. Conocí a
mucha otra gente del Vaticano y quedamos vinculados hasta hoy por lo cual acabo
de institucionalizar una fundación que se llama Arébalo Namuncurá [sus dos
apellidos] destinada a todo lo que es carencias de pueblos originarios pero
vinculada a lo no originario también. Está creciendo muchísimo y la idea es
becar a jóvenes notables en diferentes áreas. Esto es consecuencia de la
relación con Francisco. Por lo que yo hablé con él y por la acción de la
Iglesia Católica en esto que estoy haciendo, la cosa es muy diferente a lo que
dicen algunos partidos políticos sobre el Papa. Las habladurías del mundo como
decía Luis Alberto Spinetta. Las habladurías no me interesan, me interesan las
acciones y por las huellas vos sabés si el animalito está rengo y qué animalito
es. Entonces las huellas dan estas cosas, a nosotros nos están apoyando y no
piden nada. De esas fabulaciones de intereses y cosas locas acá no hay nada.
— Además de estas iniciativas, ¿a qué te dedicás?
— Mi oficio es de compositor. Hago música. Me eduqué tocando
el piano, toco el piano desde los 4 años. Fui a la universidad, estudié en
Córdoba. Dos carreras, ingeniería electrónica y bellas artes.
— ¡Qué combinación!
— Es que psicológicamente están asociadas. Yo también me lo
pregunté, por eso tengo esta respuesta, por qué me gustan estas dos cosas si
dentro de la formalidad son opuestas. Y no, psicológicamente, tienen mucho que
ver. Me dediqué mucho a la música contemporánea. Admiré a los europeos,
Stravinski me fascinó. Uno admira las cosas cuando se puede identificar con el
otro y yo me identifiqué mucho con esto de que Stravinski recorría pueblitos.
Escuchaba los cantos de los pájaros, escribía. Con Beethoven también, cuando
supe que muchas de sus obras estaban basadas en los cantos de ciertos pájaros.
Esas cosas me hicieron sentir que había a nivel humano ciertos nexos que podían
ser los mismos de donde yo venía, y no como me pasa cuando miro una foto de
toda la plana política, de todos los candidatos, y no me siento representado.
— No sos el único.
— (Risas). Eso me llevó a indagar mucho sobre la música
europea y la música contemporánea, lo que hoy se llamaría música occidental, y
encontré cosas hermosísimas y bellas. Pude darme esa posibilidad porque
encontré esos vínculos. Eso me abrió puertas en mi propia mente. Con el tiempo,
cuando volví después de la universidad a Junín de los Andes, a Neuquén -en mi
casa se hacía la ceremonia, yo escuchaba de chiquito hablar en mapudungún-,
empecé a hilar y preguntarme qué pasa con mi propia ancestralidad. Porque había
vivido mucho tiempo muy lejos del entorno de mi familia directa. Y cuando
volví, empecé a desarrollar con mis improntas contemporáneas pero observando y
sacando de mis raíces lo que me hacía sentir quién podía ser hoy. Empecé a
componer, hice mucha música para cine. Viví de eso bastante. Hice la película
Caleuche, la nave de los locos de Ricardo Wullicher con Luis María Serra. Gané
varios premios. Música para ballet del certamen de ballet de Argentina. Del
Fondo Nacional de las Artes tuve varios premios. Hice una de las aperturas de
los preolímpicos de Atlanta. Soy fundador de Grammys en Estados Unidos a través
de las comunidades de allá. Me fui vinculando y viajando. De hecho, desde
finales de los 90 hasta hoy me dediqué a dar conciertos en el exterior, con más
rédito económico que en nuestro país. Acá hay que pelear siempre, demostrar
siempre. Viene alguien que no tiene ni idea y la verdad que es muy desagradable
a veces tratar de explicar algo que vos ya sabés y de lo que el otro está muy
distante. No encontrás palabras para explicar acá, qué sé yo, a Ginastera con
la suite Estancia cuando todas las orquestas del mundo lo interpretan a
Ginastera y fue el origen de una corriente de rock sinfónico en Inglaterra. Es
como lo de Messi. Todavía hay gente que dice no, pero esto, lo otro... Esa
inseguridad social, esa inseguridad en la identidad, es efecto de lo
migratorio… La parte negativa de esos cuatro momentos migratorios.
— Nos falta orgullo de nosotros mismos.
— Sí. Y después nos vanagloriamos de cosas que no tienen ni
ton ni son.
— En la charla Roca-Namuncurá, que compartiste con Gonzalo
Roca, dijiste que se puede mantener la cultura y la etnicidad pero ello no
impide construir una situación contemporánea común.
— Claro. Exacto.
— Y decías que tu familia aceptó, aportó a esa…
— Más que aceptar, los pueblos originarios son así. En los
pueblos originarios, la cultura y la cosmovisión son dinámicas, siempre van a
estar cambiando. Porque tenemos la plasticidad interior que no nos lleva a
decir bueno, acá se habla castellano y listo. De pronto muchas computadoras
experimentales en París están hechas en base a la lengua aimara. Y si hubiesen
cambiado todos los aimaras hoy nos habríamos perdido eso. Una actitud
inflexible te hace perder oportunidades. Ese mosaico y sus aportes pueden
llevar a que la Argentina en conjunto haga una explosión increíble. Por eso
sigo con esperanzas. Por eso me siento a hablar con Gonzalo, porque creo que
podemos ir más allá.
PorClaudia Peiró.
05 Nov, 2022
Publicado en INFOBAE.

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La diferencia de opiniones conduce a la investigación, y la investigación conduce a la verdad. - Thomas Jefferson 1743-1826.