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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, mayo 05, 2026

5 de mayo de 1959: fallece Carlos Saavedra Lamas. Carlos Saavedra Lamas: Primer Premio Nobel de nuestra Argentina.


El Premio Nobel de la Paz, Carlos Saavedra Lamas, nació el 1 de noviembre de 1878.

Carlos Saavedra Lamas: Primer Premio Nobel de nuestra Argentina.

Estudió en Colegio Nacional de Buenos Aires, se recibió de abogado en nuestra Facultad de Derecho, UBA y ejerció como rector de la UBA entre 1941 y 1943.

Obtuvo el premio Nobel de la Paz en 1936 por presidir el Comité Internacional de Mediación que contribuyó a la firma del armisticio del conflicto entre Bolivia y Paraguay. Lo firmaron 21 naciones y se convirtió en un instrumento jurídico internacional.

Estuvo a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Agustín P. Justo. También fue diputado y ministro de Justicia e Instrucción Pública.

Durante el gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), intervino en el Código del Trabajo, basado en el proyecto de Joaquín Víctor González de comienzos del siglo xx. Propuso transformar en Ministerio al entonces Departamento Nacional del Trabajo.

En 1936, a los 58 años, obtuvo el Premio Nobel de la Paz por su labor en pro de la paz en general, pero en particular por haber inspirado el Pacto antibélico Saavedra Lamas, que fue firmado por 21 naciones y que se convirtió en un instrumento jurídico internacional. Además del papel brillante como mediador para finalizar la guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y Bolivia, fue Saavedra Lamas quien convocó a la Conferencia de Paz de Buenos Aires para detener el conflicto.

Fue presidente de la XI Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Ginebra, Suiza, en 1928, de la Conferencia Panamericana de 1936 y de la Asamblea de la Sociedad de Naciones en 1936. Fue rector de la Universidad de Buenos Aires entre 1941 y 1943 y profesor hasta 1946. Presidió la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires.

 Dio clases en la Facultad de Filosofía y Letras UBA y en la Facultad de Derecho, UBA

Su bisabuelo Cornelio Saavedra fue presidente de la Primera Junta y su abuelo, Mariano Saavedra, gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la presidencia de Bartolomé Mitre. También era descendiente de Hernando Arias de Saavedra apodado Hernandarias y nacido como Hernando Suárez de Toledo Saavedra y Sanabria Calderón (Asunción, 1561-Santa Fe, 1634) fue un hidalgo, militar, conquistador, explorador y funcionario en la gobernación de Nueva Andalucía del Río de la Plata, con la particularidad de haber sido el primer criollo —o sea un hispano nacido en América– que ocupó un puesto de gobernante en los virreinatos hispanoamericanos.

Cornelio Saavedra Rodríguez: nieto de Cornelio Saavedra, fue un militar chileno.

Carlos Saavedra Lamas: bisnieto de Cornelio Saavedra, fue un político y diplomático argentino.

Se casó con Rosa Sáenz Peña, hija del presidente argentino Roque Sáenz Peña y tuvo un hijo, Carlos Roque Saavedra.

Saavedra Lamas falleció el 5 de mayo de 1959 en Buenos Aires a los 80 años.

Su único hijo fue Carlos Roque Saavedra Sáenz Peña, que no tuvo herederos forzosos, y al morir, en marzo de 2011, dejó el remanente de la venta de sus bienes a la Fundación Vida Silvestre.





jueves, junio 12, 2025

12 DE JUNIO DE 1935. PAZ EN EL CHACO. EL FINAL DE UNA GUERRA OSCURA.

12 DE JUNIO DE 1935. PAZ EN EL CHACO. EL FINAL DE UNA GUERRA OSCURA.
Luego de tres largos y sangrientos años de lucha entre Bolivia y Paraguay, ambos estados firmaron un tratado de paz que establecía el cese de las hostilidades entre ambos países .
En Buenos Aires, los cancilleres de Paraguay y Bolivia, doctores Luis A. Riart y Tomás Elío, respectivamente, realizaban importantes gestiones en pro de la ansiada paz.
El canciller argentino Carlos Saavedra Lamas presidió una comisión integrada por representantes del Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Estados Unidos, que solicitó a los cancilleres de los países beligerantes antes citados se trasladasen hasta aquella ciudad para negociar el ansiado acuerdo.
Las deliberaciones se iniciaron el 27 de mayo de 1935 y, el 7 de junio, el canciller paraguayo doctor Riart presentó una propuesta de paz que fue aceptada por Bolivia. El Protocolo de Paz establecía el cese definitivo de las hostilidades sobre la base de las posiciones de los beligerantes; se adoptaban medidas de seguridad para evitar la reanudación de la guerra y se ratificaba la Declaración del 3 de agosto de 1932 sobre adquisiciones territoriales. Además, una conferencia de paz debía ser convocada para resolver el diferendo entre Paraguay y Bolivia en caso de que no llegasen a un acuerdo por medio de un arbitraje de derecho.
El Protocolo se firmó en Buenos Aires el 12 de junio de 1935. Fueron firmantes del mismo: Tomás Elío (Bolivia), Luis A. Riart (Paraguay), Carlos Saavedra Lamas (Argentina), José Carlos de Macedo Soares (Brasil), José Bonifacio de Andrada e Silva (Brasil), Luis Alberto Cariola (Chile), Félix Nieto del Río (Chile) Alexander W. Weddel (EE.UU.), Hugh Gibson (EE.UU.), Felipe Barreda Laos (Perú) y Eugenio Martínez Thedy (Uruguay).
El 14 del mismo mes, a las doce, cesó el fuego en todo el frente de la guerra.
Fuente: Asociación Cultural Mandu’arã. Facebook. 14/06/2020.

viernes, junio 16, 2023

Muy fácil: no robar, no dejar robar, no hacer macanas.

 


Muy fácil: no robar, no dejar robar, no hacer macanas.

Por Roberto Elissalde.


Se cumple el 61 aniversario del fallecimiento de Carlos Alberto Pueyrredon. La muerte lo sorprendió repentinamente a los 74 años en la su residencia de la avenida Las Heras 2525. Al momento de su desaparición se encontraba alejado hacía 29 años de la vida pública, desempeñaba la presidencia de la Academia Nacional de la Historia y dedicado a los intereses privados entre los que se encontraba la presidencia del directorio del Banco Popular Argentino y la Compañía de Seguro la Rural.
A sus exequias concurrieron ministros y ex ministros del Poder Ejecutivo Nacional, autoridades nacionales, provinciales, cuerpo diplomático argentino y extranjero, representantes de instituciones culturales, sociales económicas y políticas a las que estuvo vinculado a través de su fecunda existencia. Prueba de ello es la cantidad de oradores que despidieron sus restos, por el Poder Ejecutivo Nacional y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires: el intendente Hernán Giralt; por la Academia Nacional de la Historia, Ricardo Zorraquín Becú; por el Banco Popular Argentino, Martín Aberg Cobo; por el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Jorge Durañona y Vedia; por la Comisión Nacional de Museos y el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, Humberto F. Burzio; por la Academia Nacional de la Historia de Chile, Gabriel Fagnilli Fuentes; por el Instituto Cultural Argentino Uruguayo, Alfredo Díaz de Molina; por el Museo Saavedra, Carlos María Gelly y Obes; por la Sociedad de Historia Argentina, Julián Cáceres Freyre; por la Comisión Nacional de la Reconquista, Manuel José Calise; por la Unión Conservadora, Emilio Hardoy y por La Rural S.A. de Seguros, Jorge Otero Monsegur.

LA ORDEN DE ALFONSO X.
Tres meses después en el Museo Mitre se realizó la ceremonia de entrega de la condecoración de la Orden de Alfonso X con que el gobierno de España había distinguido a Pueyrredon y cuya muerte había impedido recibirlas.
En esa ceremonia el embajador José María Alfaro y Polanco al depositarlas en las manos de la señora Silvia Saavedra Lamas de Pueyrredon expresó que “en ningún otro pecho, no hubieran podido lucir que en el de su esposo”.
En ese acto también lo evocó en nombre del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay el doctor Ariosto González. Fue su viejo amigo Roberto Levillier quien recordó al “amigo fraterno” cuando seis décadas lo separaban “del colegio inglés” en el cual se conocieron.

EL CENTENARIO.
La vida política de Pueyrredon comenzó adhiriendo a Guillermo Udaondo en las vísperas del centenario de Mayo, cuya rectitud concitaba la adhesión de los jóvenes por el plan de regeneración que proponía y que bien podía haber sido: “Antes perder que ganar con malas artes”.
Presidió el comité de la Juventud, abogado, se dedicó a colaborar con su padre en el manejo de sus campos y a escribir artículos sobre temas de actualidad en periódicos como La Mañana y La Fronda donde su unía la crítica con el talento y la mordacidad.
En 1932 fue elegido diputado por la Provincia de Buenos Aires, y mantuvo célebres polémicas. Atacó el proyecto del impuesto global a la herencia como lo había presentado el ministro Pinedo, e impugnó el despacho de la Comisión en la que dijo estaban “amigos y correligionarios… entro en inferioridad de condiciones, porque aparentemente contrarío los vientos de izquierdismo que soplan en el país. Es difícil navegar contra el viento, no soy impermeable a la evolución de las ideas. Acepto muchos puntos del programa mínimo socialista, no por socialismo, sino por deber social que es cosa muy diferente. No acepto la injusticia contra el pobre, pero tampoco la acepto contra el rico… Por eso, cuando se va a tartar un proyecto de ley que entraña una injusticia, mi espíritu se rebela y levanto mi voz para llamar la atención. Esta actitud sé que me ocasionará una derrota parlamentaria; pero no afrontarla implicaría para mi algo más: implicaría una derrota moral”.
Efectivamente, quedó vencido en Diputados, pero en el Senado se adoptaron las modificaciones de Pueyrredon, lo que hizo exclamar al ministro Pinedo, “fue el héroe de la jornadas, nos anunció una derrota en el recinto, pero no nos anunció su éxito en las galerías del Senado, que lo obtuvo rotundo”.
Integró la misión Ramos Mejía a Italia en 1933 por el tema de la colocación de nuestras carnes. Y finalizó su mandato como diputado. Volvió a la vida pública, cuando a la muerte de Arturo Goyeneche, el 27 de noviembre de 1940 el presidente Ramón S. Castillo le ofreció la intendencia de Buenos Aires, que asumió el 6 de diciembre. Se había comenzado la avenida 9 de Julio, que por su magnitud llevaba buena parte de los recursos del erario municipal, “con una deuda de diecisiete millones a los bancos, siete millones en embargos, doce millones de sueldos atrasados y seis de cuentas sin pagar, el presupuesto venía con once millones de déficit”, apunta Levillier, pero también que la banca privada se le acercó y le ofreció el crédito que significaba saneando las cajas.
Visitaba personalmente los hospitales y la Asistencia Pública, que recibió los recursos necesarios y arbitró los medios para la construcción del Argerich y dotar del equipamiento necesario y habilitar el Fernández que estaba cerrado y sin uso. Lo mismo se ocupó de plazas y espacios verdes para niños, el bosque de la Costanera, el ensanche de las avenidas Córdoba y Juramento, dos capillas en el cementerio de la Chacarita.
Se inauguró el Museo Saavedra, que organizó en dos meses su esposa, donde creó un parque de juegos infantiles, con una calesita con motivos locales; adquirió a los hermanos Noel el Palacio de la calle Suipacha, donde se instaló el Museo Fernández Blanco. El Teatro Colón organizó veladas nocturnas en verano, lo jerarquizó con un directorio integrado por personalidades ampliamente reconocidas en su directorio.
Al terminar su mandato, tenía el proyecto de trasladar la Sociedad Rural y el Jardín Zoológico a las cercanías del Museo Saavedra, en las afueras de la ciudad, construir un barrio en ese lugar y desalojar la Penitenciaría y dar nuevo progreso a la zona. Preocupado por el problema social en terrenos de la Municipalidad pensaba edificar viviendas para el personal, los constructores que las levantaran a precio de costo, iban a ser los preferidos para las futuras licitaciones.

EL FIN.
Hace 80 años la revolución del 4 de junio de 1943 que derribó a Castillo puso fin a su progresista intendencia. Era tal su prestigio que los revolucionarios deseosos de contar con el concurso de Pueyrredon, ya que se había quedado unos días para atender las urgentes necesidades y manifestado su deseo de volver a la vida privada, llegaron a pedirle a Castillo que él se lo pidiese. Llamado por el ex presidente, concurrió y después del saludo le dijo: “Señor Presidente, usted me ha llamado y aquí estoy pero he venido ante todo a solicitarle un favor”. “Muy bien, diga Ud”, fue la respuesta de Castillo. Y la respuesta: “Doctor, no me pida que le sea desleal”.
A 80 años de esta respuesta, cuando vemos en la lista a los campeones de garrocha que saltan de un partido a otro, o han vivido sólo de la función pública, sin importar demasiado lo ideológico con tal de servir al Estado (¿o servirse?), este ejemplo ilumina la historia política de un tiempo con tan altos valores que deseamos rescate la actual dirigencia.
Como señaló Emilio Hardoy: “Fue un intendente municipal de Buenos Aires laborioso y eficaz, que elevó la moral de la colectividad con su ejemplo”. Su busto se levanta en los bosques de Palermo.
Al final de su mandato Pueyrredon, había logrado sanear las finanzas y acumulado sesenta millones de pesos, cuando alguien le preguntó cómo había logrado eso en dos años y medio contestó sonriendo: “Muy fácil: no robar, no dejar robar, no hacer macanas”.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/530995-Muy-facil-no-robar-no-dejar-robar-no-hacer-macanas.note.aspx

jueves, julio 08, 2021

A 85 años del primer Nobel argentino.

Carlos Saavedra Lamas tuvo a su cargo la organización y presidencia del comité internacional de mediación en la Guerra del Chaco, para lograr la paz entre Bolivia y Paraguay.

Carlos Alberto Saavedra Lamas fue el primer argentino y latinoamericano galardonado con un Premio Nobel. Nació el 1 de noviembre de 1878 en Buenos Aires, cursó estudios de Derecho y desempeñó el cargo de catedrático en las universidades de La Plata y Buenos Aires.

Fue Secretario General de la Municipalidad de Buenos Aires y, en 1908 ocupó la banca de Diputado, tarea que desempeñó hasta 1915.

Años después fue Ministro de Justicia e Instrucción Pública y de Relaciones Exteriores.

Fue también presidente de la Liga de las Naciones, la primera organización internacional con vocación universal y predecesora de las Naciones Unidas, así como presidente de la Asamblea anual de la Organización Internacional del Trabajo.

Saavedra Lamas tuvo a su cargo la organización y la presidencia del comité internacional de mediación en la Guerra del Chaco, en el que también participaron Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Estados Unidos.

La tarea llevada adelante por dicho comité aseguró el armisticio del 12 de junio de 1935, y más tarde tuvo parte esencial en las negociaciones que originaron un tratado de paz permanente.

En 1936, como reconocimiento a su actuación, se le concedió el Premio Nobel de la Paz.

Este año, pese al silencio oficial y a la amnesia colectiva, se festeja el 85 aniversario de ese momento tan significativo para los argentinos y para la paz internacional.

Haber contribuido de tal modo a la finalización de la Guerra del Chaco no fue un hecho menor. Aquélla se libró desde 1932 hasta 1935 entre Bolivia y Paraguay, y estuvo orientada al control de la región del Chaco Boreal, el que pese a su aridez y escasa población, tiene un valor estratégico por su proximidad al río Paraguay.

El dominio del río suponía una ventaja crucial para los únicos dos países no costeros de Sudamérica y una cuestión nacional para Bolivia, que había perdido el acceso al Océano Pacífico en la llamada de Guerra del Pacífico de 1879.

La Guerra del Chaco fue la primera guerra moderna en la historia de Latinoamérica.

El enorme despliegue de material bélico y municiones no tuvo comparación con ningún otro conflicto en la región a lo largo del siglo, ni siquiera con la Guerra de Malvinas.

Durante tres años, 250.000 soldados bolivianos y 150.000 paraguayos se enfrentaron en los cañadones chaqueños.

La malaria y otras enfermedades, al igual que la falta de agua, diezmaron más los ejércitos que las balas.

Saavedra Lamas supo interpretar la necesidad de contribuir, desde el sur del mundo, a los esfuerzos por una paz duradera que venían gestándose en la escena internacional desde décadas anteriores.

Nuestro primer premio Nobel caminó así detrás del tucumano Juan Bautista Alberdi, quien medio siglo antes había escrito su emblemática obra “El crimen de la guerra”.

Uno y otro encontraron razón, finalmente, cuando en 1945 la Carta de las Naciones Unidas proscribió definitivamente el uso y la amenaza de la fuerza en las relaciones internacionales.

Ochenta y cinco años después de recibir el Premio Nobel, Carlos Alberto Saavedra Lamas sigue siendo un notable referente para la paz internacional.

Máxime, si se tiene en cuenta la dramática actualidad del uso de la fuerza armada y los siempre pérfidos argumentos con los que se pretende su justificación.

* Por Martín Lozada. Doctor en Derecho (UBA) - Profesor titular de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO".

https://www.rionegro.com.ar/a-85-anos-del-primer-nobel-argentino-1878143/

lunes, octubre 12, 2020

De Mitre a Illía, una fecha trascendente por ROBERTO L. ELISSALDE.


En mayo de 1862 el país tenía 1.304.000 habitantes –cifra tomada en 1860- cuando oficialmente comienza a denominarse República Argentina. 

El 25 de ese mes se realizó la solemne apertura del Congreso en el que Bartolomé Mitre encargado del Poder Ejecutivo por la decisión de las provincias manifestó: “La reorganización de la República sobre la base de la moral, de la libertad y de la Constitución reformada, ha sido la bandera que reunió todas las voluntades en torno suyo, al día siguiente de la lucha”. Después de las elecciones el 5 de octubre el Congreso reunido en Asamblea Legislativa eligió a Mitre presidente por 133 votaciones, que asumió un día como hoy hace 158 años. 

Gobernó hasta junio de 1865 y con motivo de la Guerra de la Triple Alianza se trasladó al frente de la guerra, dejando a cargo al vicepresidente Marcos Paz, quien falleció a causa de la epidemia de cólera en enero de 1868, lo que obligó a Mitre a regresar a hacerse cargo del Poder Ejecutivo, ya que no existía la ley de acefalía.

El 12 de octubre de 1868 se produjo la primer entrega del mando a Domingo Faustino Sarmiento, en esa oportunidad afirmó: “No me arredran las dificultades de la tarea” pero agregó “me abruma la confianza y las esperanzas que se han depositado en mi. Una mayoría me ha traído al poder, sin que lo haya yo solicitado, y tengo por lo tanto derecho para pedirle al sentarme en esta dura silla que me ha deparado, que se mantenga unida y que no eche en adelante sobre mi sólo las responsabilidades de su gobierno… teniendo por guía la Constitución y como auxiliar la fuerza que ella pone en mis manos, podrá cumplir el programa esbozado”.

El país según el censo de 1869 tenía 1.737.000 habitantes el 12 de octubre de 1874 le entregó las insignias del mando a su ex ministro de Instrucción Pública el tucumano Nicolás Avellaneda, de 37 años. Pocos días antes había tenido lugar una revolución que fue sofocada, y cuyo cabeza visible el general Mitre fue condenado a la máxima pena, de la que el presidente indultó el 25 de mayo del año siguiente, tiempo que culmina con la federalización de Buenos Aires, que también tuvo su cuota de sangre.

La muerte del ministro de guerra Adolfo Alsina, llevó a la presidencia a quien lo sucedió en el cargo el general Julio Argentino Roca, que asumió el 12 de octubre de 1880. La continuidad institucional y el lema de su promesa electoral “Paz y administración” sirvió para consolidar su hegemonía. Ese país lo hicieron los hombres de la llamada Generación del 80 que se hicieron cargo de la conducción, con sus virtudes y defectos colocaron a la Argentina en una tierra promisoria.

Lo sucedió en 1886 y sin demasiado trabajo su cuñado el cordobés Miguel Juárez Celman, cuyo nombre impuso como decía Sarmiento con desdén: “el marido de la hermana de la mujer del presidente”. Las expectativas de la obra que había llevado a cabo en la gobernación de Córdoba, pero la especulación y la crisis política desencadenaron una crisis representada por distintos grupos que a fines de 1889 hicieron un meeting en el Jardín Florida. Allí hablaron el general Mitre, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Aristóbulo Del Valle y Leandro Alem. La revolución de julio de 1890 la encabezó este último por los civiles y el general Campos en lo militar. La revolución fracasó pero el gobierno cayó, ya que Pellegrini el vicepresidente llamado con justicia “piloto de tormentas” completó el período de seis años.

Dignísimo magistrado.

El 12 de octubre 1892 juró Luis Sáenz Peña, “dignísimo magistrado conocedor en lo político de la virtud propia e ignorante de la malicia ajena” al decir de Ernesto Padilla, usó como bastón el de su padre el viejo Juez don Roque Sáenz Peña. Sin demasiado apoyo y cansado renunció el 22 de enero de 1895 con una pieza digna de transcribir de la que vale mencionar este párrafo: “Dije con reiteración que no sería un presidente jefe del partido, que sería un presidente constitucional, garantiendo el uso legítimo de todos los derechos acordados por la Constitución. Lo sucedió su vicepresidente José Evaristo Uriburu, que completó el período, al tiempo que había muerto Alem el de la revolución del 90, que estaba al frente del partido Radical que ahora quedaba en manos de su sobrino Hipólito Yrigoyen.

El general Roca asumió el 12 de octubre de 1898, en la oportunidad dijo: “Vuelvo al gobierno, doce años después de haber concluido mi primera administración, lo que me permitirá apreciar mejor los adelantos políticos y económicos que hemos alcanzado”. A continuación exaltó la significación de esa fecha en la vida de la República: “El hecho de verificarse en un período ya largo la transmisión del mando es por si solo garantía de estabilidad y firmeza de nuestras instituciones”.

Después de seis años en 1904 asumió la presidencia el doctor Manuel Quintana, quien  falleció en marzo de 1906. Ese año murieron Mitre, Quintana, Pellegrini y Vicente Fidel López, una copla popular decía “Han muerto don Carlos y don Vicente / don Bernardo y don Bartolo, / el pueblo ha quedado solo / aunque haya mucha gente”. Había sucedido en 1905 un amago de cortar el orden institucional con una nueva revolución contra el gobierno encabezada por el Partido Radical. Lo sucedió a Quintana su vicepresidente José Figueroa Alcorta quien el 12 de octubre de 1910 después de las Fiestas del Centenario que fueron una vidriera al mundo del potencial del país, entregó el mando al doctor Roque Sáenz Peña.

Roque Sáenz Peña, héroe en la Guerra del Pacífico, general del Perú, diplomático asumió la presidencia “la más insigne honra que puede ser ofrecida al hijo de una democracia”, usando el mismo bastón que su padre don Luis y realizó la gran reforma de le ley del voto secreto y obligatorio. Muchos de los de su partido se opusieron, otros como el vicepresidente Victorino de la Plaza disentían, sin embargo se aceptó la nueva ley. La enfermedad y posterior lo llevó de este mundo el 9 de agosto de 1914.

Sucedido por su vicepresidente que respetó la ley que lleva el nombre de su ilustre antecesor, los comicios llevaron a la presidencia a Hipólito Yrigoyen, que asumió el 12 de octubre de 1918, dando comienzo a los gobiernos radicales, a los que se refiere el estudioso de ese período el profesor Diego Barovero.

Sólo queda aclarar que el segundo gobierno de Yrigoyen cayó por una revolución en 1930, que rompió el orden institucional. Sufría en carne propia el gobierno, lo que había hecho en 1890 y en ese golpe participaba Perón, esas cosas de curiosas de la vida argentina.

Digno caballero.

Desde entonces el 12 de octubre fue una fecha en el olvido, hasta que asumió el gobierno ese día en 1964 el doctor Arturo U. Illia. Este digno caballero días antes de asumir pidió a Rosa Sáenz Peña de Saavedra Lamas el bastón de su padre don Roque, porque usarlo tenía el significado de un homenaje a quien había logrado la ley que había llevado a la presidencia al Partido Radical, a lo que ella accedió gentilmente. Un bastón y tres presidentes a los que nos referiremos en otro momento.

Sólo en tiempos de grandes diferencias y reproches que a nada conducen, valga recordar una frase de Sáenz Peña de estricta actualidad: “Reunámonos por el esfuerzo argentino a cambio de dividirnos por el reproche infecundo”.

Publicado en Diario "La Prensa", 11 de octubre del 2020.

http://www.laprensa.com.ar/494604-De-Mitre-a-Illia-una-fecha-trascendente.note.aspx

domingo, diciembre 11, 2016

Presidencia Pinedo. Rimbombante crónica por Carlos Pistelli.

Presidencia Pinedo. Rimbombante crónica por Carlos Pistelli.

-¡Hacé algo, no me quiere entregar la banda!,

   Sintió un alivio al colgarle el teléfono. Sabía que se venían días tensos. Se llevó las manos a la cara, y se peinó los cabellos canos hasta la nuca, “Otra vez mi familia deberá salvar las instituciones”. Se abrochó el saco, y, supo, en ese momento, lo que tenía que hacer.

EL PRESIDENTE.

  Eran las 23:45 del 9 de diciembre de 2015. Ya se sabía que ni la cuenta del twitter les dejaban. Pinedo me mandó llamar, y me esperó en su oficina del Senado. Quería un cronista histórico para esas horas fatales y conmovedoras de estos tiempos argentinos. Me dio un abrazo, el primer abrazo histórico, y a las 23;50 pedimos un taxi a Plaza de Mayo,

  Lo que vimos al parar cruzando el Cabildo, por Yrigoyen, era desolador. Una plaza histórica en ruinas, cubiertas quemadas, las luces de la Casa de Gobierno apagadas, a propósito, no por un corte energético. Suspiró, pero no me dijo nada, Es de los hombres destinados a las grandes cosas, que no quieren vanagloriarse de momentos como éste. Caminamos a la par. Les juro que pasaba gente que no lo reconocía. Debe haberse sentido como Levingston, pero no me dijo nada, tampoco entonces. Llegamos a la puerta por Alem. Ella bajaba sus últimas cosas. Se cruzaron, en un breve diálogo.

– Me voy más grande que Perón e Yrigoyen, él apenas asintió, pensó para sus adentros, “A esos también mi familia los sacó de una patada en el orto”. Tome las llaves, Federico, un gusto, y que Dios se las depare buenas. Y se fue, sin mirar atrás. Mientras la veíamos irse, le di la mano.

-Señor Presidente, tenemos que entrar, le dijo alguien de protocolo.

 Entró dando pasos firmes. Me emocioné cuando los granaderos le hicieron la venia, avanzamos saludando a la poca gente que quedaba dentro. Parecía un salón de fiestas que acababa de terminar. Mugre, desorden, retratos populares grafitis invitando a “volver”. Sacó un celular y llamó a una empresa de limpieza. Me sorprendí, y apenas me dijo, “El estado no sirve, hasta empresas de limpieza hay que contratar para que el país funcione”.

  De pronto, nos sobresaltó un hombre todavía joven, arrojado en el suelo, abrazado a un sillón. Con un chasquido y el dedo índice, el Presidente ordenó que lo retiren: Era el radical Santoro, que no quería irse. “Quiero mi conchabo”, aullaba. El Presidente se sonrió, “son capaces de  vender a su madre por un curro… estos radicales”. Y soltó la carcajada.

 Llegamos al despacho presidencial. Solemnemente, nos pidió que lo esperemos. Ingresó solo. Dos minutos esperamos. Pensé, ‘su ego necesita unos minutos a solas’, pero luego me explicó: “un caballero no debe permitir que se vea cómo deja una habitación una dama, tras mandarse tantas cagadas”. Comprendí cabalmente sus palabras.

   Se sentó en el sillón, pero pidió que no le saquen fotos. Sus secretarios retiraban las últimas pertenencias de Cristina, y colgaban tres retratos: “Los tres libertadores: San Martín, Urquiza, Lonardi”. Ud es el cuarto, le dijo un adláter, pero lo mandó a callar. En escritorio, fotos de su mujer, sus hijos, y su abuelo, y el de su señora: “Estos dos debieron sentarse aquí”, y entonces los pocos presentes iniciaron un breve, respetuoso y cálido aplauso. Pidió que se detuvieran y me invitó al momento histórico de su presidencia: asomarnos al balcón histórico. Le pedí un gesto demagógico: Entonces la foto que lo recordará por siempre:

INICIO DE LA PRESIDENCIA .

 No pasaban de los quince minutos de la una de la madrugada, cuando tomó el teléfono. “Señorita, comuníqueme con el Salón Oval”. Quedamos sorprendidos todos allí. “Barack, Federico, sí, sí, lo que vos digas. Sí, sí, que no hablas castellano, y toda la bola. No armes quilombo por doce horas. No digas que no te advertí”, y cortó de un golpe seco. “A estos negros…  A estos tipos, digo, hay que tenerlos así”.

  Dictó algunos decretos, y, se sorprendió así mismo, tal vez con un pensamiento, y pidió que le traigan al escribano de gobierno. Departía conmigo un café que me invitó y pagó de su bolsillo, “Jamás me escucharán quejándome que gano poco”, cuando el escribano ingresó.

-Debo armar gabinete?, me siento un patrón de estancia, aquí. El escribano guardó prudencial silencio, y vi, al Presidente se le  escapó, y me agradecería cuando se lo conté luego, que llevaba su mano derecha al bolsillo del pantalón, como jugueteando con un objeto dentro. Supe que era un celular, y a los pocos segundos sonó el teléfono presidencial.

-Pinedo, ni se te ocurra hacer nada!! Sos el portero de la transición.

 Era un tal Marquitos Peña, que después se haría famoso. El Presidente se sacó del tubo de la oreja, y me miraba con sonrisa socarrona, como diciendo, este boludo jamás se sentará acá, y le cortó.

   A las dos de la mañana salimos a recorrer Casa de Gobierno. Con las manos entrelazadas en la espalda, comprendí la preocupación de este Grande Hombre. Nos dejan un país fundido, desendeudado, sí, pero con pobreza y sin estructuras de un aparato productivo. Una cosa es que el estado administra mal, y otra cosa es importar hasta los clavos. Me acaba de llamar Singer, ‘Espero que pagues hijo de puta, la guita que puse para que seas presidente’. Se equivocó de interlocutor, pero ahí te das cuenta, en el brete que estamos metidos. Al llegar al patio de las palmeras, nos encontramos con una joven que dormía plácidamente. Llevaba una remera del movimiento evita. Ves, esta gente, la del evita, siempre le será fiel a Cristina. Ojalá podamos constituir partidarios tan fieles. Lo miré, y note su apesumbramiento. Luego ordenó que la saquen a patadas en el culo.

  Con el tiempo, ahora que escribo este artículo, comprendo que el estadista Pinedo a veces también se equivoca. Recuerdo sus conversaciones con los presidentes efímeros a los cuáles les robó el récord. Puerta lo abrazó, y le agradeció la embajada en Madrid. Camaño fue más duro: vos habrás salvado la institucionalización, pero yo salvé la Patria. Muchas cosas pasaron por su mente esas primeras horas de gobierno. De algunas que recuerdo me haya contado, sus charlas con el abuelo. Federico, hijo, los Alvear siempre se enorgullecieron que pusieron un Presidente. Tenemos que romperle el culo a esos botarates, y crear uno mejor que ese populista de Marcelo. Lo escucho, contándomelo. Me doy cuenta que lo decía con satisfacción.

  A eso de las tres lo llamó su hermano peronista.

–Qué hacés gorila, le espetó el hermano, y rieron de buena gana. Quedate tranquilo que desarticule los saqueos que se preparaban. Vas a tener una presidencia en paz. Escuchamos su suspirio de alivio. Ahora sí me siento Presidente.

  El enésimo café que nos sirvieron estaba medio aguado pero no se quejó. El mozo quedó sorprendido, comprendió que las cosas habían cambiado, que se le iba a tratar con respeto, y cortesía. Al entrevistarlo unas semanas después, me dijo, ‘Han puesto un caballero en la Presidencia. Una pena que haya durado tan poco’. Lo mismo me dirán los otros empleados. Unos granaderos me contaron una anécdota inverosímil, pero dado sus apellidos, la di por cierta.

–Le dijimos que la fuerza resistiría si él se animaba a quedarse. Que no permitiera que subiera el que viene, porque era sordo para los asuntos del pueblo. Que resistiera. Pero el presidente se negó y nos retiró de su presencia. Los granaderos se apellidan Belgrano y Saavedra. Como ingresé luego de que ellos mantuvieron esa entrevista, ahora entiendo porque el Presidente me preguntó cómo terminó Liniers. Por un tiempo largo no visitaré Córdoba, me dijo. Ahora entiendo.

ALBORES DEL AMANECER DEL 10.

  Eran como las 5 de la matina, y el sol del 10 asomaba. Convocó a sus más estrechos colaboradores, y pidió un minuto de respeto a las víctimas de la última dictadura civil, Un cerrado aplauso coronó ese momento solemne que vivimos todos. El teléfono presidencial sonó, y corrió ágilmente a atenderlo.

-Su Santidad, es un gusto, y un honor, recibir su llamado. El Papa Francisco llamaba para saludarlo. Les juro que gente lloraba, y la sonrisa presidencial iba de una oreja, a la otra. Al cortar, hubo encendidos discursos de su pequeña concurrencia, que él aplacó con las palmas para abajo, pidiendo que lo dejen solo, sentando en el sillón.

  Media hora después me permitía entrar. Estaba escribiendo unas notas, que esperaba me ayudaran a escribir este artículo alguna vez. Su ceño fruncido revelaba estar pensando en cuestiones de estado. Había llamado al tesorero del Banco Central. Datos alarmantes, prácticamente estamos fundidos. Atiné a preguntar, “tan mal hizo las cosas Kicillof”, no, ese pibe no entiende nada, pero no hablaba del Banco Central. Y quedó un misterio flotando en el ambiente. Como seguía ensimismado en sus pensamientos, le conté la historia de la asunción de Pellegrini pidiendo plata a los millonarios de su tiempo. Me clavó una mirada helada: Aunque estos que se van fueron peores que Juárez Celman, y sus acólitos de incondicionales fueron superiores a La Cámpora, Dígame Ud. quién carajo pone un peso en este país!. Quedé pálido. Luego me pidió disculpas, seguía siendo un gentleman.

  A las seis y quince sonó su celular. El Presidente dormitaba, tomó el teléfono, y escuché una melodía del otro lado de la línea. ‘Quién’ le hice con un gesto. El Presidente empalideció, quedando mudo, tomé el celular de su mano. Sonaba la melodía del “Padrino”, y el celular tiraba tres luces, anunciando que “Franco” era el que llamaba. Una voz italo argentina finamente dijo:

– Dígale que le deje las cosas ordenadas a Mauricio, y no le pasará nada.

  Prolongamos el silencio largos, e interminables, minutos. A modo de broma, le dije, la esperanza norteamericana, Jack Kennedy, tenía un papá medio así. 

– Me acordaré de eso cuando el Presidente me pida ir a Dallas…


LA TRANSICIÓN 


  A las 7:30 discó un número que parecía conocer solamente él:

–¿Hola, Rosa?, Sí, Federico, me pasás con… Ah, está dormido. ¿Y Juliana?, Ah, en los talleres desmantelando evidencia. ¿Hay alguien despierto?, ¿Antonia?, Pasamelá. Hola, Antonita… Señorita Antonia, discúlpeme. Sí, yo llamaba… Ah, Ud. me mandó un mail. Ok, ¿Ud me detalla todo por ahí?, Ok, Ok, Ok. Cómo no, sí, sí, Lo que Ud. diga. Un be… Un saludo cordial, no vuelvo a molestar – se volvió hacia mí – Listo, abrochado el traspaso. ¿Qué quiere desayunar?, pida lo que quiera. Le pedí, de puro pedigüeño, unos alfajores de la isla Martín García. ¡Espléndido!, Mando el helicóptero presidencial, así no nos vamos como Fernando. Y estallamos en risas.

  El Presidente desayunó de buen grado, mientras poníamos por primera vez la televisión: TN transmitía en directo desde la casa del futuro Jefe de Estado.

–Bueno, estimado, cuando Mauricio desaparezca del balcón, habrá que aprontar todo, dijo limpiándose la comisura de los labios. Estaba contento. Había cumplido con creces su papel. Estaba un poco molesto, solamente, con el acampe de Milagros Sala en Jujuy, pero confiaba en el proceso institucional que iniciaría Morales: Es un hombre que respeta las instituciones, Haciendo las cosas bien, esa mujer debiera terminar encarcelada por la justicia. Asentí sin convencimiento.

  Un allegado le alcanzó el saco. Pidió que le dejen solo, un instante. Se sentó en el sillón, pasó sus manos por el respaldar. Sabía que era su última vez en el puesto. Estoy convencido, me dijo, como dijo San Martín, que un político glorioso no debe volver a ocupar este puesto. Tal vez deba irme algunos días al campo, para no ensombrecer la nueva gestión. Sé que me quieren dar un papel preponderante en el Senado, porque no confían en las habilidades de Gabriela. ¿Pero Ud. se imagina, en la calle, pidiéndome qué vuelva?. No, sería demasiado. Soy un cultor de las instituciones, cultivo normativas constitucionales en mi vida pública, para ofender a un amigo. Lo único, me gustaría asomarme a ese balcón histórico, aunque más no sea una vez más, y siendo de día. Se asomó, conmigo detrás: Un grito resonó desde la histórica Plaza:

-¡Federico no te vayas nunca!, y lloró, yo sé que lloró, aunque volviéndose me dijo: Ve lo que le digo, ve.

.

  La última vez que hablamos, hará unos meses atrás, le comenté la famosa foto del perro Balcarce en el sillón presidencial.

– Fue un claro mensaje enviado a mi persona, como diciendo, cualquiera se sienta en este sillón. Cosas de niño rico, Se olvida que tengo un tío que depuso a un Balcarce, y puedo volver a hacerlo. Además, mejor. Si sale de gira, que deje al perro, porque si deja en su lugar a la vicepresidenta… y no terminó la frase.

  Quedamos en encontrarnos, pero después de su sonado episodio con su dieta, y que no le alcanzaba para vivir, no lo quise ver, para no quemarme. Me mandó un whatsapp días después: “Tu quoque, Brutus”, la cita era de rigor, pero no le contesté. Era como manchar esas doce horas de gloria que viví a su lado, al lado del mejor Presidente de la Historia Argentina. Sé que no va a volver, porque ya no lo ambiciona. Llegó en un país en llamas, y lo dejó ordenado, y listo para dar su verdadero despegue histórico. Que la historia, y el pueblo lo juzgue, siempre añoraremos, al Presidente que salvó la institucionalidad del país. Como le dijera un allegado, “nuestro cuarto libertador”:

Publicado en Blog de Carlos Pistelli. Las imágenes pertenecen al mismo sitio.

jueves, mayo 05, 2016

5 de mayo de 1959: fallece el jurisconsulto y diplomático porteño Carlos Saavedra Lamas, autor de obras de doctrina jurídica y canciller del país durante el gobierno de Agustín P. Justo.

Carlos Saavedra Lamas obtuvo en 1936 el Premio Nobel de la Paz por sus labores para dar fin a la Guerra del Chaco , era bisnieto del coronel Cornelio Saavedra (nacido en Potosí – Virreynato del Río de la Plata), presidente de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata establecida el 25 de Mayo de  1810. En un día como hoy pero de 1813 la denominada Asamblea del XIII declara 25 de Mayo de 1810 como Fiesta Cívica.
Su abuelo Mariano Saavedra fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la presidencia de Bartolomé Mitre “el inventor de la Historia Oficial Argentina”. Su madre era hija del político y diplomático uruguayo Andrés Lamas, que fuera ministro de Relaciones Exteriores, de Gobierno y de hacienda de su país. También era descendiente de Hernandarias.
En 1915 asumió como Ministro de Justicia e Instrucción Pública durante presidencia de Victorino de la Plaza.
El 9 de julio de 1916, en el primer Centenario de nuestra independencia, representó al presidente celebrada en San Miguel de Tucumán.
Durante el gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), intervino en el Código del Trabajo, basado en el proyecto de Joaquín V. González de comienzos del siglo XX. Propuso transformar en Ministerio al entonces Departamento Nacional del Trabajo.
Carlos Saavedra Lamas, hombre del conservadurismo argentino, filiado primero al Partido Autonomista Nacional y luego a la Concordancia, estuvo a cargo de las Relaciones Exteriores (1932 - 1938), durante la presidencia de Agustín P. Justo presidió la Conferencia de Paz del Chaco en la que participaron Brasil, Chile, Perú, Uruguay y los EE. UU. alcanzándose un acuerdo de armisticio el 12 de junio de 1935 que puso fin a la Guerra del Chaco (1932 - 1935).
En 1936, cuando tenía 58 años, obtuvo el Premio Nobel de la Paz por su labor en pro de la paz en general, pero en particular por haber inspirado el Pacto antibélico Saavedra Lamas, que fue firmado por 21 naciones y que se convirtió en un instrumento jurídico internacional.

Fue mediador para finalizar la guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y Bolivia (donde se había descubierto petróleo), fue Saavedra Lamas quien convocó a la Conferencia de Paz de Buenos Aires para detener el conflicto.

miércoles, junio 16, 2010

INVENCIONES ARGENTINAS - DELIRIUM TREMENS.

LO QUE NO FUE.
"EL ALTAR DE LA PATRIA".

A partir de 1973 se iniciaron los trámites para construir un Panteón Nacional, donde ubicarían todos los muertos ilustres de la Patria Argentina.

El inmenso “Altar de la Patria” ocuparía los terrenos ubicados enfrente de la Facultad de Derecho, donde alguna vez estuvo la antigüa cancha de River Plate.

Al comienzo de las obras, se clausuró el puente que cruza la Avenida Figueroa Alcorta.

La arquitectura del altar recordaría al Partenón.

El Altar de la Patria fue un mausoleo proyectado, pero nunca completado, por el gobierno argentino durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón.

El 8 de julio de 1974, una semana después de la muerte del entonces presidente Juan Perón, fue promulgada la ley de creación del “Altar de la Patria”, ley sancionada por los diputados y senadores nacionales. El artículo 10 de la ley declaraba que "El frontispicio del panteón tendrá grabada una leyenda que exprese lo siguiente: Hermanados en la gloria, vigilamos los destinos de la Patria. Que nadie utilice nuestro recuerdo para desunir a los argentinos'.'


En un sitio de privilegio estarían ubicados el cuerpo embalsamado de Eva Perón junto con los restos del General Juan Perón Una comisión se encargaría de decidir que figuras destinar al mismo. La lista provisoria incluía a todos los presidentes de la República Argentina, al Libertador General José de San Martín, al Brigadier General Juan Manuel de Rosas, a Hipólito Yrigoyen, al catamarqueño Fray Mamerto Esquiú, al caudillo riojano Facundo Quiroga y hasta los premios Nobel: Bernardo Houssay y Carlos Saavedra Lamas.
Una enorme cúpula sostenida por columnas remataría el altar. A través de unas rampas se llegaría al subsuelo, espacio destinado para celebrar misas y actos en recuerdo de las figuras que descansarían arriba.

La Secretaría de Vivienda y Urbanismo colocó un gran cartel en el sitio anunciando el “Altar de la Patria”. Muy pronto los costos de la obra monumental fueron desbordados y de yapa dificultades varias como al cavar el terreno se encontraron con piletas de clorificación de agua, viejas calderas, cañerías de hierro fundido y conductos de petróleo abandonados y la cloaca máxima de la zona norte de Capital Federal. Otras dificultades se sumaron como era perforar una losa gigantesca de cemento construida durante el segundo gobierno del General Juan Domingo Perón para el otro inconcluso "Monumento al Descamisado".
El impulsor de la obra fue el Ministro de Bienestar Social José López Rega.

En 1978 la junta del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” usó el predio para construir Argentina Televisora Color (A.T.C.).