GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Liborio Justo.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Liborio Justo.. Mostrar todas las entradas

domingo, julio 22, 2018

LIBORIO JUSTO: Autopsia, funeral y gloria de la reforma universitaria.-

LIBORIO JUSTO
Autopsia, funeral y gloria de la reforma universitaria

 El autor de este artículo, forjado ideológica y políticamente al calor de la reforma universitaria de 1918, analiza aquí su importancia histórica apelando a sus recuerdos personales.
 
El año 1919 (no hay error en esta fecha) después de rendir examen de ingreso, que por primera vez se implantaba, entraba el autor de este artículo en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Examen que había dado en medio de huelgas y una agitación estudiantil que no comprendía, y que eran el coletazo del movimiento revolucionario de la Reforma Universitaria, estallado en Córdoba el año anterior.
El año 1924, siendo alumno de tercer año, abandonaba esa Facultad comprendiendo que allí no estaba su rumbo. Pero habiendo encontrado otro más grande y más acorde con sus impulsos juveniles: el que le abrían los ideales de aquel movimiento.
Julio V. González, uno de los líderes de la Reforma y su principal expositor, lo había planteado de esta manera: “En el año 1918 el país fue teatro de un acontecimiento extraordinario. De las aulas de la Universidad de Córdoba, que dormía un sueño de siglos tras la muralla infranqueable de su gloria colonial; surgió impetuosa una mañana de junio la juventud que se nutría en su seno. Con una irreverencia sólo justificada por la magnitud del propósito, demostró al país que aquella institución era un símbolo legendario de una época y como perpetuación anacrónica de un régimen. Y aquella juventud se lanzó a la calle. Abrió en la plaza pública y sacudió en pleno sol el infolio apolillado del estatuto universitario; esparció a todos los vientos las dolorosas verdades que surgían del entronizamiento de una vieja ideología, dijo en todas las esquinas cosas nuevas y levantó bandera de rebeldía y de ideal”.
Así surgía una nueva generación, producto, en el fondo, de tres acontecimientos capitales: la guerra europea, la revolución rusa y la llegada de Hipólito Yrigoyen al poder en 1916. Y que afirmaba su existencia exigiendo, entre otros asuntos, cosas tan inauditas como la ingerencia de los estudiantes en el gobierno de la universidad. Y, después de cruzar toda América Latina, culminaba su acción en México, en 1921, proclamando, en el Primer Congreso Internacional de Estudiantes, que “la juventud universitaria luchará por el advenimiento de una nueva humanidad”.
Esa existencia se veía confirmada por el verbo inflamado de Ricardo Rojas, quien en un discurso dado con motivo de un homenaje que se le rindió, había dicho: “Ahora bien, ciudadanos, yo afirmo que una nueva generación espiritual ha llegado para entrar en la historia argentina... La sensación política de lo que constituye el advenimiento de una nueva generación, la tuvo nuestro país en 1837, cuando frente a la tiranía de Rosas y sus trece tenientes bárbaros y a sus legisladores serviles y a sus plebes embrutecidas, siete jóvenes poetas se reunieron para realizar sus ideales... Yo afirmo, pues, que una nueva generación he llegado y presiento que cambios fundamentales prepáranse en nuestro destino”. Se consideraba, así, a nuestra generación como paralela a la Joven Generación de Alberdi, Gutierrez y V. F. López.
Acorde con este concepto, Julio V. González había seguido exponiendo: “La Nueva Generación viene a levantar el espíritu y continuar la obra planteada por la generación de La Asociación de Mayo, y por intermedio de ella -sin repetirla ni copiarla- a interpretar, por segunda vez en más de un siglo, el ideal revolucionario de Mayo”. “El país entero serpia sacudido hasta los cimientos por aquella juventud con un ímpetu de rebeldía como jamás se viera en los lares de la patria… Con el tropel impetuoso y rugiente de la Nueva Generación marchando a pleno sol hacia la meta de su gran destino”. Ese gran destino se veía confirmado por aquella exigencia de la intervención de los estudiantes en el gobierno de la universidad, que no se conocía en ninguna parte del mundo. “Nos sentíamos gigantes y haciendo la Historia”, llegó a decir un dirigente reformista.
Pero, para eso, era necesario prepararse. Así, por lo menos, lo entendía el autor, que participaba de aquellos conceptos. Empezando por fortalecer su personalidad, para lo cual fue a trabajar de peón a los obrajes del Chaco paraguayo, y realizar toda clase de experiencias, que culminaron con cazar ballenas en los mares antárticos, y renos en las montañas de Georgia del Sur.
Para conocer bien el país se incorporó, cuando pudo, a los viajes de inspección de su padre, entonces Ministro de Guerra del Presidente Alvear, y lo acompañó como miembro de la delegación argentina, cuando fue como embajador al Perú, para los festejos del centenario de la batalla de Ayacucho. Fue a Europa en busca de emociones artísticas, y, para conocer los Estados Unidos, se hizo nombrar escribiente en la Embajada en Washington, donde permaneció varios meses.
La impresión que le produjo este país fue tan intensa, que olvidó pronto todos los propósitos de reformas sociales de la Nueva Generación. La deslumbrante democracia norteamericana, en pleno período de prosperidad entonces (1926), estaba dando un modelo que llevaría al mundo a imitarla. Y su deseo era ahora regresar a ella para vivirla y conocerla bien.
La oportunidad se presentó cuando, ya cerrado todo anterior conducto con la llegada de Hipólito Yrigoyen por segunda vez al gobierno, una institución educacional norteamericana hizo realizar en Buenos Aires un concurso sobre “Ideas e instituciones de los Estados Unidos”, el vencedor obtendría una beca para trasladarse a ese país con el fin de estudiarlo durante ocho meses, y completar su trabajo que debía publicarse, finalmente, en los dos idiomas. Y, por supuesto; lo ganó.
Una vez allá realizó su trabajo con toda conciencia, manteniendo en reserva sus sentimientos antiimperialistas. Pero el contacto directo con el sentido despectivo con que allí se considera todo lo referente a la América Latina, los hizo aflorar violentamente, y habiendo concurrido al foro sobre problemas internacionales que anualmente se realizaba en la Universidad de Williams, en Williantown, Massachusset,-y que lograban amplia repercusión, al discutirse las relaciones de Estados Unidos con nuestros países y sientiéndose representante de aquella generación de la Reforma, dijo: “Que a la Argentina no le interesaba el panamericanismo, y que se retiraría de la Unión Panamericana tan pronto como la Nueva Generación llegara al gobierno o tal vez antes”. Y que “nosotros seguiríamos nuestro camino y si alguna pretensión extranjera se interponía en él, tomaríamos las medidas para desembarazarnos de ella”. Tales declaraciones alcanzaron repercusión hasta en la prensa diaria, y algún órgano las comentó con el título de “Cómo piensan los sudamericanos”.
Mientras tanto, en el país se había acabado la prosperidad y entraba en la época de derrumbe catastrófico iniciado con la caída de la Bolsa el año anterior, que ponía al descubierto la fragilidad de la democracia capitalista de los Estados Unidos. Mientras, se levantaba con todas sus proporciones, al otro lado del Atlántico, el desarrollo del Plan Quinquenal de la Unión Soviética.
Asimismo, en la Argentina habían ocurrido serios acontecimientos: un golpe militar encabezado por el general Uriburu, con la participación del padre del autor, había derribado al Presidente Yrigoyen, lo que provocaba su mayor repudio. Y llegado de regreso, en 1931, lo primero que hizo fue buscar reunirse con los principales dirigentes de la Reforma Universitaria para coordinar esfuerzos y contrarrestar aquel hecho.
Después de una primera tentativa frustrada, escribió a Julio V. González, a quien no conocía: “¿No cree que ha llegado el momento de que los hombres de la Nueva Generación surjan para defender la Reforma, devolver las libertades al país y coordinar un gran plan con el cual su acción hasta ahora reducida a la Universidad, se extendiese a todas las actividades del país? La generación del 18 todavía no ha hecho su obra…Además es imposible tolerar ni un minuto más esta situación innoble en que, por primera vez desde su organización, se encuentra la sociedad argentina, y que es tan fuera de su carácter”.
La respuesta fue la siguiente: “Estimado amigo: Yo como usted y como todo ciudadano consciente de esta República, participo de las inquietudes que me revela tan noblemente su carta. La Reforma que es signo de los nuevos tiempos, ha sufrido el atropello que se esperaba, dado el carácter reaccionario del Gobierno Provisional... La Generación del 18 ha hecho su obra desde la Universidad... Tenga la bondad de venir a verme y lo informaré o lo informarán las personas con quienes yo lo puedo poner en contacto”.
La impresión recogida no podía haber sido más pobre. Además ignoraba entonces que Julio V. González, junto con otros líderes reformistas, había colaborado indirectamente con el movimiento de Septiembre, provocando, tras Alfredo L. Palacios, una agitación estudiantil que favoreció aquel suceso... Y la respuesta fue así: “Como resultado de mi visita, he llegado a comprender que quiénes iniciaron la Reforma y la sostuvieron con su acción dentro de la Universidad, no serán los que la extiendan a todo el país y al continente en lo que significa renovación y punto de partida de una obra constructiva vastísima. No importa. Otros tomaremos esa misión, tal vez más azarosa y más difícil y, por lo mismo, más interesante. Basta que tengamos la conciencia de lo que el surgimiento de una generación como ésta representa en nuestra sociedad, para que nos sintamos impulsados a realizar las acciones más extraordinarias, como una reacción a las viejas generaciones quietistas”.
Y su pensamiento se fue desarrollando acorde con las viejas orientaciones sociales que habían guiado el primitivo camino de la Reforma. En este sentido escribió a la entidad norteamericana que le había concedido la beca, que no terminaría el trabajo a entregar porque ya no le interesaban los Estados Unidos, sino la Unión Soviética. Y se fue acercando al ideal socialista, acorde las resoluciones del Segundo Congreso de Estudiantes Universitarios, realizado en 1932, el que manifestó: “1°) Reconoce la crisis de la sociedad capitalista basada en la apropiación privada de la riqueza y el derecho individual; 2°) Afirma que el desorden de los actuales valores y los vicios del despotismo, la guerra, la opresión, el imperialismo, la desocupación, el pauperismo, solo desaparecerán, con el advenimiento de una sociedad ordenada por la economía colectiva y el derecho social;  3° ) Formula la ingerencia de la juventud universitaria en los movimientos reivindicadores del proletariado, colaborando con todo esfuerzo orgánico en el campo social y en el campo político por fundar las nuevas bases solidarias y colectivistas de la sociedad; 4°) Infiere que solamente en una sociedad construida de este modo e infundida por este espíritu será posible la Universidad que la Reforma ambiciona, puesta al servicio de la cultura del pueblo y no patrimonio de una educación privilegiada y aristocrática”.
Y, en una excursión a los más profundo de la selva de Misiones (otra vez de sus experiencias) con una pasión tan absorbente que iba leyendo aún sobre el lomo de la mula, se dio cuenta que ahora era militante de la Revolución Mundial. Al mismo tiempo que una conjunción de fuerzas reaccionarias, buscando utilizar el prestigio militar que aún tenía, elevaba a su padre a la presidencia de la República, colocando al autor en una situación espectacular y bien dramática, pero que no le hizo vacilar ni un segundo en proseguir el camino que le señalaba su propio destino.
Al sentar el Segundo Congreso que la Reforma Universitaria no podía realizarse hasta lograr una sociedad que permitiera una universidad reformista, ponía término al carácter progresivo de las luchas estudiantiles puramente universitarias. Había que acercarse ahora a los grupos políticos que aspiraban a esta transformación. Así lo entendió el autor, que, por entonces escribió un artículo titulado “¿Qué queda de la Nueva Generación?” en el que decía que “En la historia no hay generaciones. Hay clases sociales luchando por sus propios intereses.”
Ante el desarrollo de los acontecimientos, los líderes del movimiento del 18 adoptaron posiciones distintas, pero en desmedro de aquél. Deodoro Roca, autor del Manifiesto  inicial, que había sido declarado “numen de la Reforma”, y con quien el autor estableció una relación más estrecha, declaró en una encuesta realizada en su quince aniversario que “estamos en lo mismo” y que la Reforma había fracasado, pero olvidándose de la importancia de su protagonismo inicial, se consideró finalmente sólo un abogado profesional.
Julio V. González, que en aquella misma encuesta, sostenía que la Reforma no “había sido”, sino que “era” y estaba “viva y triunfante”. Al igual que el Partido Comunista, la fuerza dominante en la izquierda, entonces, que la había combatido en su primera etapa y ahora consideraba que era una “fuerza progresiva”.
Todo eso dio pauta para que el autor escribiera entonces, con motivo de su veinte aniversario, otro artículo en la revista Claridad, titulado “Autopsia y funeral de la Reforma”, en el que entre otras cosas, decía: “En su primera época progresiva, el movimiento de la Reforma Universitaria alcanzó un carácter y una importancia innegable, que hizo de él, de acuerdo con el juicio de un sociólogo norteamericano de izquierda, 'el más hermoso movimiento de la historia de la educación occidental contemporánea'. Pero en la actualidad, no tiene más que un valor histórico, 'innegable y magnífico', pero imposible de resucitar”.
Y así ocurrió que quiénes sostenían la actualidad de la Reforma Universitaria, realizaron sus “grandes destinos” hundidos en la mayor decrepitud. Julio V. González, que había ingresado en el Partido Socialista, diciendo que para encarar al imperialismo inglés o yanqui sólo hacían falta “hombres honestos”, y publicando entonces un folleto en que, como diputado de ese partido, encaraba una interpelación al ministro de agricultura sobre “el precio básico del girasol” y las “bolsas para la cosecha”. Y el Partido Comunista terminará también, finalmente, apoyando la dictadura militar de Videla, el mayor genocidio y catástrofe económica que conoce la Argentina. Mientras en la Universidad, a lo largo de los años, se sucedían luchas que daban nacimiento a una multitud de supuestos líderes reformistas de menor cuantía.
Pero hoy, en que sólo queda ese inicio del 18, “innegable y magnífico”, Como decíamos en 1938, debemos sí reivindicarlo, como una de las glorias de la América Latina, el primer grito de rebeldía continental, y según expresión del cubano Julio Antonio Mella: “En el mañana, cuando la América no sea lo que es hoy, cuando la generación que pasa hoy por la universidades, sea la generación directora, las revoluciones universitarias se considerarán uno de los puntos iniciales de la unidad del continente, y de la gran transformación social que tendría efecto”.
Publicado en Revista La Marea, Año 2, N°4, agosto-octubre 1995, pp. 18-20.

miércoles, agosto 10, 2016

8 DE AGOSTO DE 2003: FALLECE LIBORIO JUSTO.

Liborio Justo (alias “Quebracho”, seudónimo que reflejaba la dura resistencia a la política de su padre Agustín P. Justo  -1932/1938- y que utilizaría para escribir sus libros como el Lobodón Garra para los libros de narrativa)  nació el 6 de febrero de 1902. Hijo del militar argentino Agustín P. Justo, desde joven militó en el Partido Comunista Argentino.
Tuvo aficiones exquisitas como la caza de ballenas, el gusto por los libros.
De LEÓN TROTSKY decía: “Me declaran trotskista, pero no lo soy. Yo era trotskista. Fui. Después me di cuenta de que Trotsky, en América Latina, nunca había sido revolucionario. Apoyó a Cárdenas y así le hacía el juego, no intencionalmente, al imperialismo de Estados Unidos. Entonces yo lo denuncié”.
Sobre ERNESTO “CHE” GUEVARA: “El Che fue un lírico. Es imposible hacer nada si no se cuenta con el apoyo del pueblo. La revolución no se hace de actos individuales”.
Sobre LOS MONTONEROS: “Los Montoneros eran fascistas. Es lo mismo que pasó en Europa con los cuerpos revolucionarios del nazismo.
Lo importante es saber que querían ¿Se proponían hacer la revolución proletaria? No. Lo único que querían era mantenerlo a Cámpora o algo por el estilo. Eso no es revolución.
Si el pueblo era peronista respondía a un engaño. Mussolini subió al poder llevando a las masas engañadas ¿Acaso eso debía avalarse porque lo determinaba el pueblo? No. Lo mismo pasó acá con el peronismo y los Montoneros”.
Fue partidario de una revolución marxista en Argentina y su ideal era que América Latina se llamase Andesia, el mismo término que empleó el poeta chileno Vicente Huidobro.

Falleció a los 101 años un 8 de agosto de agosto de 2003.

Para esta pequeña recopilación de la vida de Liborio Justo se utilizó como biografía-base “LIBORIO JUSTO ALIAS QUEBRACHO” Prólogo Andrew Graham-Yooll – Colección Izquierda Argentina, Capital Intelectual, 2006 y Wikipedia.

jueves, junio 30, 2016

LOBODON GARRA. Liborio Justo (6 de febrero de 1902 – 10 de agosto de 2003) vivió 101 años. Fue un artista, teórico político, naturalista, historiador e investigador argentino. También era conocido con los pseudónimos de Quebracho y Lobodón Garra. Hijo del presidente AGUSTIN P. JUSTO.


LOBODON GARRA. Liborio Justo (6 de febrero de 1902 – 10 de agosto de 2003) vivió 101 años. Fue un artista, teórico político, naturalista, historiador e investigador argentino. También era conocido con los pseudónimos de Quebracho y Lobodón Garra.
Hijo del presidente AGUSTIN P. JUSTO.
LIBORIO participo en el partido comunista, luego viajo y conoció el trotskismo, quedándose al final en su juventud con la corriente anarquista argentina.
DATO CURIOSO: en la presidencia de su padre, argentina recibe al embajador de ESTADOS UNIDOS LIBORIO, con dos amigos pusieron una bomba en el acto, el padre al enterarse luego que su hijo estaba involucrado , lo desheredó, no lo vio más y le pidió que no use más el apellido JUSTO. Unos años más tarde el padre lo perdona ya que no se había comprobado su participación en el ataque y su relación comenzó a mejorar pero siempre fue distante por lugar de LIBORIO.
A Horacio Quiroga, pese a que lo admiraba, lo encontró insoportable durante los cuatro días que estuvo en su casa. 
Entre sus teorías figura la de nuestro continente debería denominarse Andesia.
Quien ahora es morador tranquilo de su casa, rodeado de libros, mapas, fue otrora infatigable viajero.
Seguramente las lecturas tuvieron algo que ver en ese plan de rutas que lo llevo, sucesivamente, de los mares del sur a Misiones, luego al Paraguay y posteriormente a Europa y los Estados Unidos, también estuvo en la Patagonia varias veces.
Con su carácter de naturalista fue el primero en avistar en lago Nahuel huapi un monstruo al que el llamo lobodon, nombre que luego se convertiría en su seudónimo. Luego regreso varias veces y no lo volvió a ver, así nace la leyenda del nahuelito.
En 1969 acusó al escritor catamarqueño Luis Franco de haberle plagiado una serie de citas de su libro Pampas y lanzas (1962), en el que traza la defensa del indio.
Liborio Justo considera que recién a partir de los cincuenta años ha comenzado a escribir y meditar a fondo. 
Considera — y esta opinión por cierto es muy común — que el conocimiento del pasado histórico es el único modo, o por lo menos uno de los caminos más ciertos para comprender el proceso que actualmente aflige al país. 
Sus trabajos de historiador tienen pocos puntos de contacto con la corriente historiográfica oficial, que según nuestro autor. “ no es más que una cortina de humo levantada ex profeso para ocultar los hechos tal cual fueron”.
Con ese concepto nacen tres obras: LA TIERRA MALDITA (1966), relatos bravíos de la Patagonia salvaje y los mares australes. RIO ABAJO ,(1968) Y A SANGRE Y LANZA(1969) dos tomos donde relata la campaña del desierto con detalles que no se han vuelto a contar y de una facultad equilibrada para contar la historia tal cual fue, más que nadie muestra la verdadera vida del indio.
Decía que el indio era tan fuerte como un hombre no se podía imaginar podía andar días a caballo sin comer nada solo le practicaba un tajo al caballo y a la manera vampirista bebía su sangre para seguir camino, cuando estaba perdido de la tropilla.
LIBROS:
1932: LA TIERRA MALDITA
1955- RIO ABAJO
1956- PRONTUARIO
1957- ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA
1959- LEON TROTSKY Y WALL STREET
1963-PAMPAS Y LANZAS
1967-BOLIVIA LA REVOLUCION DERROTADA
1968-1993-NUESTRA PATRIA VASALLA- 5 TOMOS Y APENDICE
1969- A SANGRE Y LANZA 2 TOMOS
1974-MASAS Y BALAS
1977-LITERATURA ARGENTINA Y EXPRESION LATINOAMERICANA
1983- ARGENTINA BRASIL EN LA INTEGRACION CONTINENTAL
1995- SUDAMERICA
1997- SUDAMERICA II
1998-CIEN AÑOS DE LETRAS ARGENTINAS
2002- PAMPAS Y LANZAS II
LOBODON GARRA fue un gran escritor de ficción de historia de naturalismo y mucho más de expresiones políticas, sin ser reconocido por ningún organismo nacional en sus 101 años de vida
Incluso hay escasa información sobre él y biografías.
Yo redacte este articulo sin la ayuda de internet solo con los prólogos de algunos libros que tengo de él, ya que en la web la información es escasa y errónea, gracias descubran sus libros, son todos buenos.

domingo, marzo 20, 2016

Roosevelt en la Argentina: espías, un hijo rebelde y una muerte. "¡Abajo el imperialismo!" se escuchó en el Congreso mientras hablaba el presidente. Una visita signada por la amenaza del nazismo.

A primera hora de la tarde del lunes 30 de noviembre de 1936, arribaba al puerto de Buenos Aires en el buque Indianápolis el entonces presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt. Lo acompañaban Cordell Hull, su secretario de Estado; su amigo Sumner Wells–quien ya había cumplido funciones diplomáticas en Buenos Aires– y su hijo James, edecán.  Lo recibió al pie del muelle su par argentino, Agustín P. Justo. Era la primera vez queun presidente estadounidense visitaba la Argentina, y este año se cumplen ochenta años.
Ya en los primeros días de 1936, Roosevelt –enarbolando la bandera del New Deal– le había propuesto a Justo celebrar la conferencia ordinaria de la Unión Panamericana en Buenos Aires, para tratar las cuestiones de paz, principalmente el conflicto del Chaco. El norteamericano –que hacía poco había sido reelecto– impulsaba la creación de una comisión interamericana que mediara en los conflictos continentales. Chocaba con la postura argentina, proclive a la intervención de dicha comisión siempre y cuando la solicitaran los países en conflicto. Roosevelt también pugnaba por abroquelar a América ante la amenaza nazi y el fascismo italiano que se cernían sobre Europa.
Fue recibido formalmente por Justo en el Salón Blanco de la Casa Rosada y hasta se dio el gusto de saludar, desde sus balcones, a la gente que se había acercado. Y aquí lo esperaba el diplomático Spruille Braden, quien residía en Buenos Aires ya que participaba de las conversaciones por la paz en el Chaco. Nueve años más tarde tendría un antológico enfrentamiento con el coronel Perón.
La visita de dos días tuvo algunos condimentos adicionales que poco trascendieron.
El hijo del presidente. El 1º de diciembre, Roosevelt –en la principal actividad por la que viajó– brindó su discurso en el Congreso Nacional, ante la presencia de funcionarios, diplomáticos extranjeros e invitados especiales. En un momento, se escuchó nítidamente: ¡Abajo el imperialismo!
Pasados los primeros instantes de sorpresa, pronto los asistentes vieron que el autor de la frase había sido Liborio Agustín Justo, el hijo mayor del presidente, que había logrado colarse gracias a las gestiones de su madre, Ana Bernal. Su papá –parado junto a Roosevelt– fue el primero en darse cuenta quién había sido el responsable de la desafortunada frase, que para colmo se había escuchado hasta en la transmisión radiofónica. Bajando la cabeza, murmuró: “Ese fue Liborio…”.
Inmediatamente, fue sacado del recinto y encerrado una semana en un calabozo del Departamento de Policía. Hasta allí iría su padre a increparle su actitud, y discutieron acaloradamente. Liborio escribiría años más tarde: “… el presidente Roosevelt había convocado a dicha conferencia que, bajo el rótulo de ‘consolidación de la paz’, sólo tenía en vista la guerra y la esclavización, cada día mayor, de nuestros países (…) ¿Qué hacer? ¿Podría quedarme impasible y callado mientras ese gigantesco complot se consumaba, sabiendo yo su secreto y significado? ¡Nunca!”. Cuando lo liberaron, fue llevado a una estancia en La Pampa, cercana al río Colorado.
Mientras Justo fue presidente, desistió de verlo.
Un espía entre nosotros. Si bien Roosevelt contaba con sus edecanes, el gobierno argentino designó a sus representantes. Fueron el general Francisco Reynolds, el contraalmirante Francisco Stevert y el mayor Guillermo Mac Hannaford, que se desempeñaba como ayudante del jefe del Ejército. Hablaba perfectamente el inglés y ya había sido el acompañante de visitantes ilustres, como el general Pershing, en 1924, y el príncipe de Gales, en 1931. Ahora, le tocó asistir al mariscal Allenby y, en ese carácter, participó de todas las ceremonias oficiales. Sin embargo, lo que seguramente el mandatario norteamericano entonces ignoraba es que, apenas dejó la Argentina, Mac Hannaford sería detenido, acusado de espía y de traicionar a la Patria, por vender documentos secretos a Bolivia y Paraguay. Luego de un juicio militar secreto en el que no se probó fehacientemente su culpabilidad, pasaría veinte años en prisión. Sería indultado por Aramburu en 1956.
Festejo trágico. La noche del martes 1º, los custodios presidenciales yanquis fueron de parranda con sus pares argentinos. En un night club,
August Adolf “Gus” Gennerich, de 49 años, se desplomó muerto en pleno baile. Era un ex policía de Nueva York con una intachable foja de servicios y custodio de Roosevelt desde 1928, al que conoció en la campaña presidencial. En 1933 había ingresado al servicio secreto, luego de cumplir 25 años en la fuerza. Para el presidente, Gennerich era un amigo, quien le cuidaba las espaldas y lo asistía con su problema de movilidad. La noticia, que se manejó con suma discreción, golpeó al jefe de Estado, por su cercanía con la familia presidencial.  

Sin embargo, casi no hubo tiempo de procesar los escándalos, ya que Roosevelt dejó el país un lluvioso 2 de diciembre, con rumbo a Montevideo.
Liborio Justo había estudiado medicina, fue obrero en Misiones y Paraguay, y había viajado varias veces a EE.UU. hasta comienzos del 30, cuando se convirtió en comunista. Extraordinario polemista y fotógrafo, fue autor de 16 libros y falleció a los 101 años, dejando un valioso legado. Por su parte, Guillermo Mac Hannaford moriría en 1961 aquejado por la tuberculosis que contrajo en el Penal de Ushuaia, olvidado por amigos y camaradas. En cuanto a Gennerich, el mandatario de EE.UU. organizó el 16 de diciembre su funeral en la propblia Casa Blanca y suspendió las actividades oficiales en su homenaje.
El Indianápolis –que llevó a Europa los componentes de la bomba atómica que arrojarían sobre Hiroshima y Nagasaki– sería el último buque de superficie hundido en la Segunda Guerra Mundial. Tres meses antes, fallecería Roosevelt. En 1946, el gobierno lo recordaría con una estampilla: “Propulsor de la buena vecindad y abanderado de una nueva justicia social”.
Autor: Adrian Pignatelli. Publicado en Diario "Perfil", 19 de marzo de 2016.

viernes, agosto 21, 2015

21 DE AGOSTO DE 1940: HACE 75 AÑOS OCURRIÓ EL ASESINATO DE TROTSKY EN MÉXICO DONDE SE ENCONTRABA EXILIADO.

Dice Metapedia: “Lev Davídovich Bronstein, más conocido como León Trotsky fue un revolucionario judío nacido en Yanovka, Ucrania, el 26 de octubre -según el calendario juliano prerevolucionario- ó 7 de noviembre -según el calendario gregoriano- de 1879 y murió en Coyoacán, Ciudad de México, el 21 de agosto de 1940. Escribió un libro llamado Stalin, en el que denuncia las purgas del dictador soviético y la influencia judía en el régimen comunista.
León Trotsky, fue el quinto hijo de una pareja de pequeños terratenientes judíos de clase media.
Político y teórico revolucionario soviético, protagonista de la revolución bolchevique en Rusia en 1917.
Negoció la retirada de Rusia de la Primera Guerra Mundial mediante la Paz de Brest-Litovsk. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo.
Stalin había dado orden de asesinar a Trotsky y, Jotov, encargado de las operaciones contra éste en México, se valió de dos comunistas catalanes, Caridad y Ramón Mercader (madre e hijo), para llevar a cabo el plan. Asimismo, ayudaron dos mexicanos de izquierda, Vicente Lombardo Toledano y David Alfaro Siqueiros.
Aunque el palacete en el que vivía estaba fuertemente custodiado, Ramón Mercader (conocido con el alias de Jaques Mornard) lograría infiltrarse en su círculo ganándose la confianza de una de las secretarias de Trotsky, Silvia Ageloff, con la que incluso mantuvo un noviazgo formal premeditado y planeado para perpretar el asesinato.
Con el pretexto de que leyera un escrito suyo se acercó a Trotsky y mientras este leía le clavó salvajemente un piolet en la cabeza. El grito de Trotsky se escuchó en toda la casa, acudiendo rápidamente sus custodios pero no se pudo hacer nada.
León Trotsky moriría un día más tarde en un hospital de la Cruz Verde”. 

Las matanzas del camarada Trotsky por Héctor Landolfi.
Increíblemente, lo que parecía un resto histórico de la ideología, el trotskismo reverdece en los márgenes australes del mundo.

Se agrupa en el Partido Obrero, FIT y el Nuevo MAS. No se presentan como trotskistas. Se autodefinen socialistas, feministas y defensores de los pueblos "originarios", término este tan ininteligible en la entonces Unión Soviética como inconsistente en la Argentina actual. En cuanto al feminismo, al comandante del Ejército Rojo (Trotsky) le hubiera costado entender el significado de esa mirada ideológica sobre la naturaleza femenina.

La izquierda vernácula tiene un derrotero singular y contradictorio. Adquirió importancia cuando el Partido Socialista se hizo famoso con la huelga de 1902, a la cual Roca le puso el brete de la Ley de Residencia. Y se consagró en épocas del mismo presidente (1904) cuando el conquistador del desierto modificó la ley electoral y dispuso la elección por "circunscripciones". Este cambio legislativo le permitió a Alfredo Palacios transformarse en el "primer diputado socialista de América".

Así las cosas, el socialismo creció al socaire de planteos reivindicatorios y del prestigio intelectual de Juan B. Justo, fundador del partido y traductor al castellano de "El Capital" de Carlos Marx.

Pero, a partir de 1918, el reverbero de la Revolución Rusa sobre el estuario platense generó la creación del Partido Comunista Argentino.

La Segunda Guerra Mundial encontró a los comunistas argentinos cohabitando con sectores "paquetes" de nuestra sociedad en la antiperonista Unión Democrática. Sospecho que la comodidad demostrada por los estalinistas autóctonos en su convivencia política con las clases medias y altas argentinas se debió, más que a ideología, al poder financiero que esgrimía el Partido Comunista.

Mientras tanto, y en forma paralela a los desdibujados seguidores de las órdenes de Moscú, se fue gestando el nacimiento del trotskismo.

Trotsky tuvo la rara oportunidad de hacer la Revolución, ocupar puestos de alto poder en el nuevo gobierno soviético, reprimir salvajemente a los opositores y teorizar sobre su propia experiencia. Hasta que, finalmente, le cayó la maldición que pesa sobre los que hacen revoluciones: son devorados por la inercia de la fuerza que generan.

La pelea por el poder en la entonces Unión Soviética favoreció a Stalin y Trotsky, para salvar su vida –cosa que logró solo por un tiempo–, huyó a México.

En las soledades aztecas, no exentas de placeres dada su proximidad a Frida Kahlo, el exiliado soviético reelaboró el marxismo y proyectó su "revolución permanente", una suerte de contrapunto ideológico a las rigideces del estalinismo.

El marxismo, una suerte de religión laica con sus dogmas materialistas e ideológicos, también tuvo sus cismas. El primero se produjo entre bolcheviques y mencheviques. Los primeros, partidarios de la dictadura del proletariado y los segundos, con una visión light de los textos de Marx, se transformaron en socialdemócratas.

Esa lucha ideológica terminó con el triunfo bolchevique. Y el resultado del enfrentamiento dejó miles de mencheviques muertos, ejecutados por la eficacia represiva del comandante Trotsky.

León Trotsky fue el tercer gran cismático. No murió quemado luego de pasar por el aquelarre de un auto de fe. Lo mataron introduciéndole el pico de un piolet en el cerebro.

La responsabilidad de Trotsky en no pocos de los males de Ucrania comenzó con la firma del Tratado de Brest-Litovsk (1918). En ese pacto, el entonces soviético comisario para las Relaciones Exteriores cede Ucrania y otros países bajo dominio ruso, a Alemania y a las potencias centroeuropeas de la época. La consecuencia inmediata de este abusivo reparto de países sometidos fue el saqueo sistemático de las inmensas riquezas alimenticias ucranianas por parte de Alemania y Austria.

El bochornoso desempeño como ministro de Relaciones Exteriores obligó a Trotsky a renunciar. Evidentemente, lo suyo no era la diplomacia sino el duro oficio militar, como lo demostró más adelante.

A poco tiempo de hacerse cargo del Ejército Rojo, Trotsky demostró ser buen organizador e implacable aplicador de "mano dura". No dudaba en ordenar fusilamientos individuales y grupales para mantener la disciplina castrense. Y hacía secuestros extorsivos de familiares de oficiales zaristas que revistaban en su ejército para que no se les ocurriera, aunque más no sea, cumplir con desgano las órdenes que se les impartía.

En la vasta llanura ucraniana, a principios del siglo pasado, surgió un movimiento revolucionario anarquista liderado por Néstor Makhno. En poco tiempo recibió la adhesión de miles de campesinos que padecían duras condiciones de vida y trabajo. Makhno organizó militarmente a sus seguidores bajo una fuerza que fue llamada Ejército Insurreccional de Ucrania. Participó de la Revolución Rusa y en alianza con el Ejército Rojo combatió a las fuerzas antisoviéticas del general Antón Dinikin.

El acuerdo entre Trotsky y Makhno establecía la independencia de cada fuerza pero la provisión de municiones y la conducción táctica estaba bajo mando soviético. Esto fue fatal para las fuerzas makhnovistas, pues en determinado momento de la lucha el Ejército Rojo dejó de proveer munición al Ejército Insurreccional y abrió su ala derecha para que pasara el monárquico Ejército de Voluntarios y masacrara a los anarquistas. Esta táctica la repitieron los comunistas en el Frente de Teruel durante la Guerra Civil Española (1936-39). Las fuerzas de Moscú dejaron de dar apoyo a las brigadas anarquistas y permitieron el paso de las tropas franquistas, que destrozaron al bando ácrata.

No obstante el traspié, Makhno reorganizó sus fuerzas y restableció su dominio en una amplia zona de Ucrania.

Trotsky ya no pensó en acuerdos con Makhno. El comandante del Ejército Rojo condujo en persona una encarnizada campaña contra los makhnovistas. Los bolcheviques intentaron asesinar a Makhno en varias oportunidades, pero fracasaron.

Trotsky no esperó más y emitió la orden Nº 1824, con la que lanzó a su ejército sobre la zona ocupada por los anarquistas ucranianos. Al principio la represión consistió en ubicar al combatiente makhnovista y fusilarlo; si se lo sorprendía en su casa se mataba también a la familia. La segunda fase de esta masacre consistió en arrasar aldeas enteras matando a todos sus habitantes.

La paradoja de esta matanza muestra al inventor de la "revolución permanente" masacrando a los que pretendían ir más allá de la Revolución Rusa.

Siempre me llamó la atención la facilidad con que León Trotsky se trasladaba desde su exilio mexicano hacia Estados Unidos y circulaba por Nueva York –ciudad donde estuvo años antes– como un turista más. Esta aparente contradicción quedó aclarada cuando leí la obra de Liborio Justo ("Quebracho"), que fue trotskista en su juventud y militó siempre en la izquierda ideológica, "León Trotsky y Wall Street. Cómo el líder de la Cuarta Internacional se puso al servicio del imperialismo yanqui en México".

Publicado en Diario “Río Negro” (edición Nro. 24.083), viernes 21 de agosto de 2015, página 18. 

Fotos internet.

jueves, enero 23, 2014

23 DE ENERO DE 1921: NACIMIENTO DEL DEL POLIFACÉTICO JORGE ABELARDO RAMOS, MÁS CONOCIDO COMO "EL COLORADO" RAMOS.

Jorge Abelardo Ramos Gurtman (Buenos Aires, 1921-1994) fue un político, historiador y escritor argentino, creador de la corriente política e ideológica llamada la Izquierda Nacional, con influencia intelectual en Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile. Fue embajador argentino en México por designación del presidente Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1992. De vuelta en su país se dedicó a la creación de un Área Cultural del Mercosur hasta su fallecimiento. 

"De aspecto poco criollo, pelirrojo -que le hizo ganar el inevitable sobrenombre de El Colorado- y pecoso, era descendiente de criollos por el lado paterno: su abuelo había sido un hombre de a caballo, un payador ácrata de fines del siglo XIX que, en los caminos del canto y de la militancia libertaria conoció y se casó con una institutriz alemana en una estancia de la provincia de Buenos Aires. De ese matrimonio nació Nicolás Ramos, el padre, también anarquista, de Jorge Abelardo Ramos, quien se casó con doña Rosa Gurtman, una muchacha de la clase media, judía, porteña, hija de socialistas austríacos y adscripta ella misma a las ideas del socialismo. Influido por el ambiente familiar y por la lectura del escritor anarquista español, radicado en Paraguay, Rafael Barret, adopta en su adolescencia las ideas de su padre. Participa, a mediados de la década del treinta, de una importante huelga de estudiantes secundarios que le vale la expulsión del Colegio Nacional Buenos Aires. A poco comenzó a acercarse a los pequeños grupos trotskistas. Era lo que en la historia argentina se conoce como la Década Infame: un período de fraude electoral, de predominio conservador y de influencia económica al Reino Unido. Estos grupos trotskistas debían su existencia a Liborio Justo, hijo del presidente fraudulento de la República, general Agustín P. Justo" (fuente de información: Wikipedia).


JORGE ABELARDO RAMOS - Instituto Manuel Dorrego. 
Nació en 1921 en el barrio porteño de Flores. Profesor universitario, historiador, periodista, político, editor y conferencista itinerante de numerosas universidades, fue uno de los más brillantes intelectuales que inspiraron el pensamiento nacional latinoamericano en el siglo XX.
El "Colorado" Ramos, disponía de un admirable sentido del humor, una fulminante respuesta irónica y una capacidad oratoria inigualable. Su enorme creatividad para elaborar síntesis sorprendentes –especie de epigramas- que enriquecían los apasionados debates.
Encabeza a mediados de la década del treinta una importante huelga de estudiantes secundarios que le vale la expulsión del Colegio Nacional Buenos Aires. A poco de estos acontecimientos Jorge Abelardo Ramos comenzó a integrarse a los pequeños grupos revolucionarios que se formaron bajo la influencia de la Revolución Rusa y de León Trotsky. Crea la revista "Octubre".
Uno de los grandes aportes intelectuales de Jorge Abelardo Ramos al pensamiento político argentino es su caracterización del peronismo como movimiento revolucionario antiimperialista y su explicación sobre cómo y por qué los trabajadores argentinos se encolumnaron detrás de un coronel nacionalista y llevaron adelante un programa, que no era la socialización de los medios de producción sino la creación de un capitalismo autárquico e independiente.
A los veintiocho años publica su primer libro: "América Latina: un país" que es secuestrado por la Policía Federal por disposición de la Comisión de Actividades Anti Argentinas, dirigida por el diputado conservador Emilio Visca. Este libro marcará su camino: la consigna de unidad latinoamericana lo acompañará toda su vida.
Es columnista del diario "Democracia", con el seudónimo de "Víctor Almagro". Con la contrarrevolución de 1955, Ramos, junto a la CGT y desde la revista "Izquierda", llama a conformar las "milicias obreras" para defender el gobierno popular. Durante los 18 años de gobiernos militares y civiles fraudulentos sufrió persecuciones, detenciones y atentados, entre ellos la voladura de la librería y editorial Mar Dulce que dirigía y donde tenía su oficina. Desde allí publicó centenares de libros de todos los escritores nacionales comprometidos con la causa nacional y el retorno de Perón al país.
En 1954 publica "Crisis y resurrección de la literatura argentina". El libro causó un efecto explosivo en los ambientes intelectuales y literarios porteños, ya que lanzó una crítica inédita e implacable sobre dos popes de la cultura oficial argentina: Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada.
Publica, en 1957, "Revolución y contrarrevolución en la Argentina" que se vende en múltiples ediciones, cumpliendo un papel fundamental en la nacionalización de las clases medias en las décadas del 60 y 70. Con esta obra imprescindible, Jorge Abelardo Ramos contribuye decisivamente a consolidar la corriente del revisionismo histórico en la Argentina.
Con "Historia de la Nación Latinoamericana" sorprende nuevamente, en 1968, al presentar la primera historia común de la Patria Grande. Reivindica los movimientos nacionales revolucionarios de los países coloniales y semi-coloniales y los hermana con el peronismo. En este libro también polemiza duramente con Regis Debray y las tesis foquistas del Che Guevara.
Viaja innumerables veces a Bolivia, Perú, Uruguay y Paraguay para difundir el pensamiento de la izquierda nacional y la unificación latinoamericana.
En 1961 junto a Jorge Enea Spilimbergo destacado intelectual de la Izquierda Nacional, Manuel Carpio, fundador de la Unión Obrera Metalúrgica, y militantes provenientes del peronismo y el socialismo funda el Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN), al que se suman entre otros, Blas Alberti, Alberto Guerberof e innumerables jóvenes de las décadas del 60 y del 70.
En 1970, la Izquierda Nacional logra la conducción de la Federación Universitaria Argentina (FUA), que por primera vez en su historia reivindica el 17 de Octubre de 1945 y el derecho del General Perón a volver a la patria, a la vez que exige a la dictadura militar "elecciones sin fraudes ni proscripciones".
Con nuevos aliados, la Izquierda Nacional conforma el Frente de Izquierda Popular (FIP), que el 11 de marzo de 1973 lleva a Jorge Abelardo Ramos como candidato a Presidente de la Nación. Luego, en la elecciones del 23 de setiembre de ese mismo año, el FIP lleva en su boleta presidencial la fórmula Juan Domingo Perón-Isabel Perón y logra 900.000 votos para sumar al triunfo popular.
En 1975, la Triple A pone dos bombas en el local del FIP. A partir del golpe de 1976 Jorge Abelardo Ramos sufre atentados contra su vida, varias detenciones e intento de secuestro en la provincia de Córdoba. Una decena de compañeros del FIP son asesinados o "desaparecidos", varios partieron al exilio y otros fueron detenidos varios años. En la clandestinidad y por correo, la Izquierda Nacional debate, en un inédito congreso, los destinos del país, el peronismo y la clase obrera. La militancia se repliega en la lucha sindical y social.
Durante la Guerra de las Malvinas, pudo desplegar su teoría de "los dos ejércitos" (el nacional y el cipayo) apoyando claramente la postura argentina. Viajó a las islas durante el conflicto, acompañado por Saúl Ubaldini, secretario general de la CGT y Deolindo Bittel, presidente del Partido Justicialista.
Con el Movimiento Patriótico de Liberación (MPL) integró el FREJUPO redactando su acta constitutiva, en las elecciones de 1989 que llevaron a la presidencia a Carlos Menem. Fue nombrado embajador de la Argentina en México, cargo que ejerció hasta 1992. Las constantes críticas a la política de los EE.UU, su apoyo al presidente Noriega de Panamá y las intrigas del embajador norteamericano en México, John Negroponte, movieron a la Cancillería a quitarle la representación diplomática. A su regreso al país, se propuso desarrollar el Área Cultural del Mercosur, tarea en la que estaba empeñado.
Finalmente impulsó la integración de los cuadros políticos y militantes del MPL al Partido Justicialista y dijo: "Hemos resuelto dejar de ser aliados del peronismo para ser parte de él". Falleció en Buenos Aires el 2 de octubre 1994.
Fuente de información: Instituto Manuel Dorrego.
http://institutonacionalmanueldorrego.com/index.php/biografias/item/186-jorge-abelardo-ramos
Imagenes: internet.

miércoles, agosto 14, 2013

LIBORIO JUSTO ALIAS QUEBRACHO.


Liborio Justo (alias “Quebracho”, seudónimo que reflejaba la dura resistencia a la política de su padre Agustín P. Justo  -1932/1938- y que utilizaría para escribir sus libros como el Lobodón Garra para los libros de narrativa)  nació el 6 de febrero de 1902. Sus padres “el gordo masón” –como lo llamaba despetivamente el silenciado Ramón Doll-  Agustín P. Justo y Ana Encarnación Bernal. Por sugerencia de su abuela materna le pusieron Liborio el nombre de reciente fallecido esposo.
Este matrimonio  provenía de viejas familias terratenientes. El bisabuelo paterno había llegado desde el Peñón de Gibraltar (España) para instalarse en los pagos de Goya, provincia de Corrientes. Este viaje era a causa del disgusto que había originado la de decisión de su padre –Juan Bautista Giusto- que lo “españoliza” en Justo de volver a casarse luego de enviudar.
Tras la caída del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas se mudó a una estancia de Lomas de Zamora donde la firma de Agustín P. Justo figura en el acta de la Sociedad Rural Argentina junto a otros como José Martínez de Hoz, Francisco Madero,  Lorenzo F. Agüero, Ramón Vitón, Jorge Temperley, Ricardo Newton, Mariano Casares, Luis Amadeo,  Ángel de Estrada, Leonardo Pereyra, Juan N. Fernández,  Federico Terrero, Claudio F. Stegmann.
Agustín P. Justo y Ana Encarnación Bernal  se conocieron desde pequeños pues las familias de Justo y Bernal mantenían relaciones de amistad desde hace años.
La abuela materna era una maragata de Patagones (provincia de Buenos Aires, Patagonia Argentina) –emparentada con el Comandante Luis Piedrabuena-  responsable número uno del nombre Liborio para su nieto LIBORIO; era viuda del General Bernal, hija de un corsario inglés James Harris que viajó junto a Fitz Roy en la expedición de Carlos Darwin y estuvo al mando de ese grande el Almirante Guillermo Brown y acompañó a Hipólito Bouchard en la Fragata “La Argentina” que llegó a flamear la bandera en suelo de California.
Hijo del Gral. Agustín P. Justo  fue un presidente aliado de los intereses de la Corona Británica, servil a sus intereses y fraudulento, liberal en lo económico, conservador en la faz política y social, emblemático de la Década Infame.
Estando su padre Justo como presidente, en 1936, Buenos Aires es designada sede de la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz donde el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt pretendía asegurar su influencia ante la inminente guerra mundial.
Pero… cuando Roosevelt se aprestaba a pronunciar su discurso en la recepción que Agustín P. Justo había preparado con todos los honores en el Congreso de la Nación, se escuchó un grito: ¡Abajo el imperialismo! y Justo pareció conocer esa voz y preguntó: ¿Es Liborio?
El día de aquel famoso grito en contra del imperialismo que encarnaba la figura de Roosevelt contaba Liborio “Mi madre, sin sospechar lo que yo haría, me había dado una invitación. Y yo fui solo, porque en ese momento estaba distanciado de los grupos de izquierda”.
El mismo Liborio contó a un periodista del diario “Río Negro” que estuvo varias mañanas tomando claras de huevo y practicando el grito que lo mantuvo varias horas preso.
Había militado en la Reforma Universitaria, en el  Partido Comunista y  promediando los años ´30 fundó la Liga Obrera Revolucinaria partidaria de la Cuarta Internacional seguidora del trotkismo hasta que rompió con León Trotsky acusándolo de convertirse en agente de Wall Street.
En 1943 se retiró a las islas del Ibicuy, en la provincia de Entre Ríos, a plantar y explotar la madera.
En 1998 editó "Cien años de letras argentinas", donde criticó a Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Jorge Luis  Borges,  Ernesto Sabato. El día en que cumplió cien años auguró “el fin del capitalismo y declaró que el imperialismo yanqui no tendría salida tras lo de las Torres Gemelas”.
El día que cumplió 100 años  el 6 de febrero de 2002 declaró:
“Al cumplir 100 años de vida y de acuerdo con los ideales que la distinguieron y por los que he luchado, declaro que los problemas que aquejan a Argentina, donde he nacido, no tienen solución del capitalismo sobrevivido y podrido en que vivimos, por más ajustes, planes y blindajes con que se trate de componerla”.
Falleció a los ¡101 años! Un 8 de agosto de agosto de 2003. ¡Vivir para contarla...!


El pensamiento de Liborio Justo.

SOBRE SU PADRE AGUSTÍN P. JUSTO.

“Mi padre no quería llegar a Presidente, su aspiración máxima era ser ministro de Guerra, lo que consiguió en 1924. Cuando Alvear lo nombró, repetía ´he llegado, he llegado´. Su actuación como ministro y en otros cargos cargos castrenses fue irreprochable.
Era un militar profesional, un hombre liberal, austero, legalista. No estaba de acuerdo en derrocar a Hipólito Yrigoyen.”

SOBRE LEÓN TROTSKY.

“Me declaran trotskista, pero no lo soy. Yo era trotskista. Fui. Después me di cuenta de que Trotsky, en América Latina, nunca había sido revolucionario. Apoyó a Cárdenas y así le hacía el juego, no intencionalmente, al imperialismo de Estados Unidos. Entonces yo lo denuncié”.

SOBRE EL CHE GUEVARA.

“El Che fue un lírico. Es imposible hacer nada si no se cuenta con el apoyo del pueblo. La revolución no se hace de actos individuales”.

SOBRE EL GENERAL JUAN PERÓN.

“Yo he sido contrario a Perón. A mí me vinieron a ver, en los comienzos. Vinieron escritores conocidos buscando gente para reunirlos con Perón. Para apoyarlo. Eran los fines de los ´40. Yo no quería.
Pero ya ve. A muchos los enrolaron. Se fue Rodolfo Puiggros, que yo consideraba el sociólogo y político más cercano a mí. Se hizo peronista. Todos se hicieron peronistas.
Y Perón era un fascista. Cuando volvió para su tercera presidencia ya se había olvidado de patriotismo anti yanqui. Era completamente anti comunista. Yo fui el único que no se dejó arrastrar por el peronismo”.

SOBRE LOS MONTONEROS.

“Los Montoneros eran fascistas. Es lo mismo que pasó en Europa con los cuerpos revolucionarios del nazismo.
Lo importante es saber que querían ¿Se proponían hacer la revolución proletaria? No. Lo único que querían era mantenerlo a Cámpora o algo por el estilo. Eso no es revolución.
Si el pueblo era peronista respondía a un engaño. Mussolini subió al poder llevando a las masas engañadas ¿Acaso eso debía avalarse porque lo determinaba el pueblo? No. Lo mismo pasó acá con el peronismo y los Montoneros”.

LA QUINTA INTERNACIONAL.
“Yo, que soy tan argentino, tengo un nieto yanqui, dos nietos ingleses y tres franceses. De manera que con ellos puedo fundar la Quinta Internacional”.


Para esta pequeña recopilación de la vida de Liborio Justo se utilizó como biografía-base “LIBORIO JUSTO ALIAS QUEBRACHO” Prólogo Andrew Graham-Yooll – Colección Izquierda Argentina, Capital Intelectual, 2006.