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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, junio 17, 2025

Semblanza de Martín Miguel de Güemes Por Jorge Martín Flores.

 


Semblanza de Martín Miguel de Güemes. 

Por Jorge Martín Flores.

El General Martín Miguel Juan de Mata de Güemes Montero de Goyechea y la Corte nació en Salta el 8 de febrero de 1785, en el entonces Virreinato del Río de la Plata. Pertenecía a una tradicional familia de raigambre hispano católica, aristocrática, conformada por nueve hermanos, acomodada, prestigiosa y sobresaliente por sus orígenes y servicios al Rey y a la América Española. Su padre era Gabriel de Güemes Montero, oriundo de Santander España y tesorero de las Cajas Reales de España. Y su madre María Magdalena de Goyechea y la Corte, nacida en Jujuy, era descendiente directa del fundador de ésta última ciudad.

Su formación educativa esencial la recibió en su familia y a través de maestros particulares. Era un hombre de amplia y elevada cultura. No solamente creció vinculado a los sectores acomodados de la ciudad, sino que se codeaba con la peonada de gauchos a los que trataba de igual a igual. Aprendió a montar caballos con excelencia y ¡hasta lograba domarlos con presteza!

CARRERA MILITAR.

Siguiendo el ejemplo de su abuelo materno, se abrazó a la carrera de las armas. El 13 de febrero de 1799 se incorporó como cadete a la 7ma Compañía del III Batallón del Regimiento de Infantería Fijo de Buenos Aires, que tenía su asiento en la ciudad de Salta. Tenía solamente 14 años. Y allí conoció la provincia como la palma de su mano.

En 1805 por disposición virreinal fue trasladado a Buenos Aires en donde tiene una distinguida participación contra las invasiones inglesas, siendo ayudante del General en Jefe de la Reconquista Don Santiago de Liniers.

COMBATIENDO A LOS INGLESES (1806-1807).

El 12 de agosto de 1806 día de la Reconquista de Buenos Aires ante las invasiones inglesas al Río de la Plata, Güemes realizó una hazaña gigantesca, conocida como “La toma del Justina” (12-8-1806). El joven Martín Miguel de Güemes, cadete de 21 años llevó a cabo su bautismo de fuego: junto con sus compañeros jinetes de los Húsares de Pueyrredón, se metieron en el Río de la Plata con el agua de sus caballos hasta el cuello, abordaron un barco ingles tripulado por más de 100 personas y armado con 26 cañones y que se había encallado en el puerto de Buenos Aires y lo obligaron a rendirse.

¡Ficción dirán! Para nada, historia pura… ¡Güemes a pura guapeza gaucha obligó a un barco inglés a rendirse!

Este hecho es reconocido por los mismos británicos. Decía el entonces capitán británico Alexander Gillespie, quien en su diario de guerra editado en Londres en 1818 como Gleanings and remarkes (traducida en 1921 bajo el título de Buenos Aires y el Interior):

“El Justina, de 26 cañones, tripulado con oficiales y cien marineros, de la escuadra de Popham, además de la propia dotación, que se había acercado a tierra, lo más posible, peleó bien y sus cañones impidieron todos los movimientos de los españoles, no solo por la ribera, sino también en las diferentes calles que se ocuparon, expuestas a su fuego. Y ofrece un fenómeno en los acontecimientos militares, el haber sido abordado y tomado por caballería al terminar el 12 de agosto de 1806, a causa de una bajante súbita del río.”

Durante la segunda etapa de la invasión inglesa (1807) fue designado para combatir el contrabando realizado por los comerciantes criollos corruptos aliados al usurpador inglés en Montevideo. Cumpliendo con honor su misión. De regreso en Salta el gobernador de esa provincia dispuso su incorporación a la guarnición de la Plaza con el grado de teniente. Luego la Suprema Junta Gubernativa del reino en Sevilla en 1809, lo ascendió a subteniente efectivo del Regimiento de Infantería de Buenos Aires.

ANTE EL PRONUNCIAMIENTO DE MAYO (1810).

Tras el estallido de la Revolución de Mayo, se encontraba en Buenos Aires. Salta fue la primera provincia que respondió a la autonomía proclamada por la Junta Provincial Gubernativa de Mayo, la cual había jurado fidelidad al rey preso Fernando VII.

Güemes se incorporó a las fuerzas que la Junta de 1810 sobre el Alto Perú, para enfrentar a las tropas favorables al Consejo de Regencia Español, contribuyendo con una partida de 70 hombres a la victoria de la batalla de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810, primer triunfo de las armas patriotas.

COMANDANTE DE LAS AVANZADAS DE SALTA.

En 1814, José de San Martín fue nombrado como Jefe del Ejército Auxiliador del Norte – reemplazando a Manuel Belgrano- nombró a Martín Miguel de Güemes comandante de las avanzadas de Salta, para defender la frontera norte de las invasiones realistas provenientes del Perú y del Alto Perú (actual Bolivia). Convirtiéndolo en una pieza clave para su proyecto estratégico de lucha por la independencia.

GOBERNADOR DE SALTA.

El 6 de Mayo de 1815 el Cabildo de Salta, a petición del pueblo de la ciudad, designa a Güemes “Gobernador de la Intendencia de Salta”, que comprendía las actuales provincias de Salta y Jujuy y la región boliviana de Tarija.

El Director Interino Álvarez Thomas lo reconoce a mediados de junio de 1815.

LA GUERRA GAUCHA (1814-1821).

Es conocida la prolífica acción de nuestro héroe en la guerra por la independencia, llenándose de laureles con la denominada Guerra Gaucha (1814-1821), que manifestó su visión de estadista y militar americano. Consistió en una guerra de desgaste o guerra de guerrillas. Conocedores del terreno (sus ríos, valles y quebradas) los gauchos de Güemes atacaban por sorpresa y a gran velocidad a las tropas realistas que invadían el territorio norteño. Golpeaban y desaparecían. Causando gran descalabro en las fuerzas enemigas. Desgastándolo permanentemente, privándolos de recursos para subsistir, quitándoles el armamento y venciéndolos por el agotamiento causado con estos enfrentamientos.

Decía Güemes a Belgrano en 1818: “¿No he de alabar la conducta y la virtud de los gauchos? Ellos trabajan personalmente, y no exceptúan ni aún el solo caballo que tienen, cuando los que reportan ventajas de la Revolución no piensan otra cosa que engrosar sus caudales”.

ESPERANZA SE PRONUNCIA GÜEMES: EL RECHAZO A LA TERCERA INVASIÓN REALISTA.

La tercera invasión realista al mando del General realista De la Serna se produjo en un momento en que América del Sur había sido reconquistada por el Ejército Español, excepto la actual República Argentina, el Uruguay que había sido ocupado por los portugueses y el Paraguay que se mantenía en su aislamiento.

Durante seis meses Güemes y sus milicias gauchas destrozaron un ejército que sólo controlaba el suelo que pisaba, habiendo sido acosado en no menos de 50 combates, debiendo retirarse “militarmente vencido en lucha franca, moralmente humillado y hecho materialmente pedazos en su personal y material”.

El 28 de mayo de 1817 el Director Supremo de las Provincias Unidas de Sudamérica Juan Martín de Pueyrredón dicta un decreto, reconociendo los excepcionales servicios prestados por Güemes; y en mérito a su brillante actuación, el gobierno lo premió con una medalla de oro y una pensión vitalicia para su primer hijo; una medalla de plata con trazos de oro para los jefes, una puramente de plata para los oficiales y para la tropa un escudo de paño con la inscripción: “A los heroicos defensores de Salta”

¿QUÉ IMPORTANCIA TUVO LA GUERRA GAUCHA PARA LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA?

Resistiendo con su escudo humano de montoneras de a caballo, le abrió el camino a San Martín que luego de conformar su ejército de los Andes, cruzaba las alturas de la cordillera para librar los combates por la independencia de la América del Sud. Güemes y sus gauchos infernales rechazaron sucesivamente ni más ni menos que ¡ocho invasiones de las mejores fuerzas realistas! Y ello permitió que la causa de la independencia en nuestras tierras siguiera de pie.

Como las fuerzas realistas no podían vencerlo con el poder de las armas. Intentaron corromperlo a través del soborno. El virrey La Serna envió tres emisarios ante don Martín Miguel, ofreciéndole dinero para abandonar la contienda. Güemes los despachó con el temple de un verdadero caballero cristiano hispanoamericano:

“Decid a vuestro virrey, señores -arrojando al suelo la carta con ademán suave y majestuoso-, que Martín Güemes, rico y no me por su nacimiento, ha sacrificado su fortuna entera al servicio de la Patria; y que para él, no hay títulos más hobrossos que el amor de sus soldados y la estimación de sus conciudadanos”.

Sintetizamos este punto, con los hermosos versos por Gustavo García Saravi en su poemario “Cómo se canta a la Patria”: "Allá en el norte, altivo, intransferible, como un torreón de furia, como un hito mágicamente eterno e infinito enarbola su muerte indestructible, iza su batallón -la fe temible- su silencio, sus lágrimas, su grito, sus oscuros caballos de granito, y este país de entonces, invisible, tierra desarrollada, madre seca, se aguanta en asombrosos y pedazos, imprecación la paz, ir la rueca. El caudillo del monte y la bravura muele en su triunfo penas y lanzazos. (Y en su sangre, la patria se inaugura).”

LOS ENEMIGOS DE GÜEMES.

En palabras del Dr. Antonio Caponnetto: “Los enemigos de Güemes eran internos y externos. Los último obviamente, lo componían los llamados ejércitos realistas. Pero los primeros eran aún peores. Porque no combatían al caudillo en batalla frontal y campal abierta, sino que se aliaban secreta, reptílicamente con los enemigos. Porque no lo combatían por razones políticas, sino de oportunismo financiero, egoísta en particular. Eran en un sentido estricto de la palabra una oligarquía altiva”.

Güemes, servidor del bien común había ordenado su gobierno en la Intendencia de Salta hacia la causa de la libertad. Para ello perdonó las deudas de sus guachos y pidió contribuciones a los hacendados y comerciantes para que colaborasen con la lucha. En primera instancia todos habían servido a la Patria con gusto.

Pero con la prolongación de la guerra y con la falta de contribución económica de Buenos Aires (que había dejado a Salta a su suerte), se hizo notar el descontento de aquellos que tenían mayores riquezas y que ya no quisieron seguir colaborando con las necesidades de la Patria.

Tildaban a Güemes de “tirano” y “déspota” y estaban vinculados a los intereses centralistas y liberales de Buenos Aires. Crearon un Partido llamado “Patria Nueva” y aprovechando la ocasión en que el Gobernador de Salta, presionaron al cabildo y nombraron un nuevo gobernador afín a sus intereses.
Continúa nuestro maestro y amigo Don Antonio Caponnetto: “Una facción que privilegiaba la riqueza por encima de todo, cuya ideología distintiva era el liberalismo y el modernismo cultural y espiritual, esto es, el desarraigo. Por eso se llamaron a sí mismos “La Patria Nueva” por desdén a la Patria antigua y eterna, a la de la cruz y el sable, a la del poncho y la tacuara. Fue este enemigo interno el que hacía de informante de los realistas, el que propiciaba las invasiones, el que incluso las solventaba económicamente”.

Cuando el 29 de mayo de 1821 Güemes retornó a la ciudad de Salta, era esperado por una partida para detenerlo y enfrentarlo. Pero cuando lo vieron y escucharon su voz de mando, fue aclamado por la mayoría de los salteños bajo el grito “¡Viva Güemes!”. Era el líder indiscutido de Salta.

Los revolucionarios se habían ocultado o huido hacia el norte, llegando algunos hasta el cuartel general de Olañeta, jefe realista.

No dados por vencidos, los enemigos internos de Güemes abrieron las puertas de Salta a los realistas, traicionando a la Patria.

LA TRAICIÓN.

El 7 de junio de 1821 una partida española, comandada por José María Valdés, apodado “el Barbarucho”, entró por sorpresa en la ciudad de Salta, produciendo una emboscada, en la que participan los 400 hombres de infantería. Y utilizando la información que le prestara Mariano Benítez, se cerraron todas las salidas y esquinas de la plaza, no quedando a Güemes más que montar en su caballo y saltar por sobre dos pelotones enemigos; pero al cruzar el Tagarete del Tineo (actual Avenida Belgrano), recibió un balazo. El heroico gaucho, sin apearse de su cabalgadura instigó a su caballo a que lo llevase al galope hasta el Campo de la Cruz. Allí, acompañado de un pelotón de leales e irreductibles hombres pidió ser transportado al campamento de la zona del Chamical en la Quebrada de la Horqueta, donde agonizaría sin un quejido, durante diez días, para entregar después su alma a Dios.

EL PASO A LA INMORTALIDAD.

Así lo ha cantado el gran poeta e historiador Don Antonio Caponnetto: “Ha salido Güemes de la casa de Macacha. La oscuridad es casi total Monta de un salto y de memoria su caballo. Desenvaina el sable, viva dos veces a la Patria ¡Y carga! Carga solo contra las sombras. Un tiro del infierno le parte la espalda. Sus gauchos lo ven recostado sobre el cuello del caballo. Observan el gesto mudo de sus labios sellados por el dolor. ¿Puede seguir General? ¡Claro que puedo! -Dice Güemes- Penosa marcha que dura la noche y la mañana del día siguiente. Hasta que su cuerpo desangrado reposa en un modesto catre de campamento gaucho. Lloraron los hombres y las cosas de Salta aquella noche. Las lágrimas de las cosas, las cosas que tienen lágrimas. Lloraron los rostros desgajados y negros de sus infernales. Los ponchos empezaban a cruzar sus bandas negras. Y toda Salta la lloró en vidalas y entró en el ámbito triunfal de la leyenda. Y entre el sollozo de su gente, Salta lo devolvió a la tierra. En mineral visión surgió la luna por el azul sendero de la noche. Y en caminos de sangre fue corriendo por la fibra al hombre. Y palpitó la caja su mensaje y la quena se alzó redonda y alta. Y hasta el fondo mineral del cerro esa noche el dolor se llamó Salta.”

En la Cañada de la Horqueta, Salta, el 17 de junio de 1821 moría con honor Martín Miguel de Güemes en la Cañada de la Horqueta. Cumpliendo su palabra: “A nada temo, porque he jurado defender la Independencia de América, y sellarla con mi sangre.” (21-10-1816). Luego de agonizar durante 10 días.

Durante su agonía, nuevamente sobornado por emisarios realistas, quienes les ofrecían asistencia médica para retrasar su muerte con la condición de entregar las armas, pero su respuesta, nuevamente fue lacónica: “No quiero favores con perjuicio para mi país: éste ha de ser libre a pesar del mundo entero.” Clavó en cruz su sable en el suelo y pidió juramento a sus oficiales para que continúen librando batalla hasta que Salta se vea libre de todos sus enemigo, cual bastión de la libertad en América: “Voy a dejarlos, pero me voy tranquilo, porque sé que tras de mí quedan ustedes, que sabrán defender la patria con el valor del que han dado pruebas”.

Había dado hasta la última gota de su sangre por la Patria. Tenía 36 años.

LEGADO.

A 204 años de su paso a la eternidad, su legado sigue vigente y es un llamado de atención a nuestra generación para ser líderes, es decir, los primeros en el sacrificio y los últimos en las comodidades, sirviendo al bien común con el ejemplo personal:

"Trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa a que deben aspirar los patriotas desinteresados". (Carta de Güemes a Belgrano).

"¡Venid todos! Que yo en la escuela de los trabajos donde aprendieron mis bravas legiones el arte de la pelea, os enseñaré la ruta del honor y de la gloria" (Manifiesto del Gral Martín Miguel de Güemes a los jujeños – 1819).

Jorge Martín Flores. Profesor de Historia. Diplomado en Conducción y Liderazgo Sanmartiniano por la Escuela Superior de Guerra Conjunta. Vicepresidente del Movimiento Jóvenes por Malvinas.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Semblanza-de-Martin-Miguel-de-Guemes-560923.note.aspx


jueves, junio 17, 2021

¿SABÍAS QUE? EL GRAL. GÜEMES TUVO 8 HERMANOS.


 ¿SABÍAS QUE? EL GRAL. GÜEMES TUVO 8 HERMANOS.

La familia del héroe salteño se componía por Don Gabriel Güemes Montero de la Bárcena Gómez y Campero, su Padre y su Madre María Magdalena de Goyechea y de la Corte. Sus hermanos fueron, Juan Manuel de Güemes y Goyechea (1778-1831), María Magdalena Dámasa "Macacha" de Güemes y Goyechea (1787-1866), Francisca de Güemes y Goyechea (1789-1871), Gabriel de Güemes y Goyechea (1792-1820), José de Güemes y Goyechea (1803-1840), Juan Benjamín de Güemes y Goyechea (1802-1822), Manuel Isaac de Güemes y Goyechea (1804 –s/f) y por ultimo Napoleón de Güemes y Goyechea (1805-1880).
Varios de ellos lucharon por la Libertad en concordancia con su hermano el Prócer salteño, entre los que se destacan se puede mencionar a: José Güemes quien lucho junto a Martín Miguel en la guerra por la Independencia, desde niño había sido ayudante de Belgrano en el ejercito del norte y luego en 1815 Pueyrredón lo asciende a Teniente, ya luchando con Don Martín en la guerra gaucha, ese elevado a Teniente Coronel, por su destacada labor en combate.
De igual forma su hermano Juan Benjamín fue capitán de los gauchos y lucho contra los realistas, destacándose en las milicias güemesianas en la invasión de 1820, logrando repelerlos y por ello obteniendo el grande de Sargento Mayor. Luego combatió valientemente en 1822 y murió en un enfrentamiento entre los partidos de la Patria Vieja contra los de la Patria Nueva (estos contrincantes de Güemes).
Los otros hermanos también colaboraron con el prócer salteño por ejemplo su hermano mayor Don Juan Manuel de Güemes, quien era abogado fue cabildante y ayudo en las tarea administrativas de Martín Miguel y lo suplantaba en la gobernación cuando este debía guerrear al enemigo, luego tenemos a la famosa hermana del salteño, Macacha de quienes todos sabemos su valía en la guerra por la emancipación.
Después le seguía Francisca de Güemes quien mantenía un perfil político más bajo que sus hermanos, pero era una patriota conocida y apreciada en la sociedad salteña por su bondad y compasión. Por ejemplo ya viuda, y cuando vivía en Cerrillos, a tres leguas de Salta, recibió a dos jóvenes (parientes) que habían tenido un altercado con Güemes y estaban preparando un complot en su contra. Por compasión decidió Francisca esconderlos en una bodega de su casa hasta que, tras tantear a su hermano y confirmar que no habría misericordia para con ellos, los hizo huir en mula al Alto Perú. Porque entendía que no habían llegado a cumplir el acto de traición, pero si la sublevación era suficiente para que ellos tuvieron un gran castigo. En el Valle del Sianca esta dama tenía una hacienda llamada el Bordo de las Lanzas en donde Güemes sabia entrenar a sus soldados, en el predio de esa finca se levanta en la actualidad el poblado del Bordo, y aún está en pie la antigua casona.
De la rama genealógica de esta caritativa dama, nació Carlos Murúa Costas, (nieto) que fue el modelo para el primer retrato conocido de Güemes, pintado en la ciudad de Salta en 1876 por el pintor francés Ernest Charton. También de la descendencia de Francisca, nacerían personalidades destacadas en Salta, como el escritor Juan Carlos Davalos y el político Robustiano Patron Costa, entre otros. Por otra parte encontramos a Gabriel de Güemes y Goyechea que al igual que sus hermanos lucho por la libertad, muriendo en el Cuzco en 1820 durante una revuelta contra los realistas, quienes lo capturaron y fusilaron.
Luego le siguieron sus otros hermanos Manuel Isaac y Napoleón, aunque eran muy chicos cuando falleció el Gral. Güemes, pero de seguro tenían en su hermano la figura paterna que les faltaba, ya que su padre Don Gabriel había falleció y luego al volver a casarse la madre del héroe gaucho con Don José Francisco Tineo este se convirtió en padrastro, quien cuidaba a los hermanos menores de Martín Miguel, aunque de seguro eclipsado por la figura del Prócer Nacional, quien a los ojos de esos niños serian sin duda un superhéroe de esos tiempos.
Al alcanzar mayoría de edad Manuel Isaac se casó en 1834 con Isabel Figueroa Cornejo y vivió apaciblemente recordado a su querido hermano el héroe, y no se tienen registro de cuándo falleció. El otro hermano a quien los padres del prócer le pusieron de nombre Napoleón, figurando así su descontento con la corona española y mostrándonos que ya desde esos albores los progenitores del héroe guacho tenían ideas que se ajustaban con la revolución que se perpetraba en Francia y en todo Europa; prefigurando el nombre de su hijo al de Napoleón Bonaparte, quien deseaba a toda costa desbancar a las monarquías. Por su parte Napoleón Güemes creció con la idílica figura de su hermano, llegando a ser como el, militar y político, se casó con Benedicta Nadal y se enfilo en las huestes de Juan Galo Lavalle, luciendo el grado de Coronel, cuando cayó Rosas, este hermano del héroe gaucho fue miembro de la Sala de Representantes del Cabildo durante el Gobierno de Dionisio Puch, quien había sido cuñado del Gral. Martín Güemes. Se dedicó también a las actividades rurales y llego a ser heredero de la Finca la Cruz (sitio de entrenamiento de las milicias güemesianas), como así también de la hacienda el Paraíso (donde paso su niñez el Gral. Güemes y en donde aprendió de los valores y artes del gauchaje), hoy en día esa casona está en pie en el poblado de los Sauces, cerca del Bordo.
También hay que recordar que el prócer salteño tuvo un hermanastro que se llamó Cupertino y fue hijo de Magdalena de Goyechea y la Corte quien se casó en segundas nupcias con José Francisco de Tineo y de ese matrimonio nació el hermanastro de Martín Miguel, lo sorprendente es que la madre del héroe salteño se embarazo cuando tenía unos 46 años.
El pequeño murió en la niñez, pero sin duda Güemes pudo conocer a su hermanito.
En imagen Don Gabriel Güemes Montero y sus 9 Hijos, el ultimo derecha y sentado es Martín Miguel de Güemes en su juventud, los demás sus hermanos.
Fuente: fragmento del libro LAS MIL HOJAS DEL CEBIL de Juan O. Wayar.
Publicado en Salta Soy - Facebook.

  • 8 de Febrero de 1785: Nace en Salta Martín Miguel de Güemes. Fueron sus padres don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena Goyechea y la Corte.
  • 17 de Junio de 1821: después de diez días de sufrimiento muere en la Cañada de la Horqueta, rodeado de sus gauchos. Antes de expirar ordena al Coronel Jorge Enrique Vidt que lo reemplace y prosiga la lucha contra los españoles hasta el triunfo definitivo; se puso de inmediato sitio a Salta, para que días después el enemigo se retirara para no volver.
  • 18 de junio de 1821: Los restos de Martín Güemes son sepultados en la capilla de El Chamical.
  • 14 de Noviembre de 1822: El entonces Gobernador José Ignacio Gorriti, traslada los restos a la Catedral de Salta, ubicada en la antigua Iglesia de los Jesuitas (actuales calle Mitre esquina Caseros). "Este es el lugar de mayor honor y distinción que le correspondía por sus inestimables servicios a la Independencia Americana".
  • De lo publicado en Portal de Salta.

martes, julio 09, 2019

Guerreras de la independencia: 4 historias de mujeres valientes.

Guerreras de la independencia: 

4 historias de mujeres valientes.

Fueron espías, enfermeras, soldados, lavanderas. Miles de mujeres hicieron propios los desafíos de su tiempo y contribuyeron de manera fundamental en la causa por la independencia. De cara al 9 de julio, la profesora de historia Patricia Lasca recupera las luchas de cuatro de ellas.


El Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816 aprobó la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América del rey Fernando VII, sus sucesores, metrópoli y de toda otra dominación extranjera. La independencia significó, para las Provincias Unidas del Río de La Plata, la separación definitiva de la Corona española y el camino hacia la formación del Estado Nacional, que se concretó con la sanción de la Constitución Nacional Argentina de 1853.
Cuando se recuerda la guerra por la independencia nos imaginamos campos de batalla poblados de hombres. Sin embargo, miles de mujeres asumieron diferentes roles en la gesta libertadora. Fueron espías, enfermeras, soldados, lavanderas. Desde el barro de los combates u otros espacios hicieron propios los desafíos de su tiempo y contribuyeron de manera fundamental en la causa por la independencia.

María Remedios del Valle: la Madre de la Patria.

En 1810, la primera expedición por la independencia partió, desde Buenos Aires, hacia el Alto Perú, entre las filas de hombres iba una mujer liberta, de origen africano, que acompañaba a su marido y a sus dos hijos. Se llamaba María Remedios Del Valle. Por su inigualable contribución a los ideales de libertad el general Gregorio Aráoz de Lamadrid no dudó en decir que esta mujer merecía ser nombrada como "la Madre de La Patria". María luchó en las batallas más resonantes por la independencia, combatió en Huaqui, estuvo junto a Belgrano -quien la nombró capitana- en los triunfos de Tucumán y Salta y en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.
En los combates recibió seis heridas de bala. Atendió y alimentó a los heridos a la vez que perdió en el campo de batalla a su esposo y a sus hijos. ¿Qué más podía entregar o qué más era posible perder? Sin embargo, en cuestiones de guerra el sufrimiento humano no tiene límites: María cayó prisionera durante la batalla de Ayohuma, fue azotada públicamente por nueve días. Finalmente, logró escapar.
Cuando "la parda", como le decían, volvió a Buenos Aires, el Estado había dejado de pagarle el sueldo de capitana. María deambulaba por las calles vendiendo pasteles y pidiendo limosna. La historia cuenta que, cierto día, Juan José Viamonte la reconoció en la puerta de una iglesia y exclamó: "Es la capitana, la Madre de la Patria". El diputado empezó las gestiones para que se hiciera justicia con María. Finalmente, en 1828, la Sala de Representantes le concedió el sueldo de capitán de Infantería. Cobraría la suma de 30 pesos al mes, un salario miserable teniendo en cuenta que un kilo de yerba costaba aproximadamente 70 centavos. Si bien se pensaron algunos proyectos para reivindicar a la Madre de La Patria, lo cierto es que pasaron al olvido.

María Magdalena Güemes: espía y mediadora

Con una madre descendiente de conquistadores y un padre funcionario de la Corona española, Macacha, como le decían, hermana del conocido caudillo Martín Miguel de Güemes, formaba parte del exclusivo círculo de la élite salteña. Las fuentes históricas coinciden en destacar la unión de los hermanos, desde la infancia y por el resto de sus vidas. Juntos se involucraron en la gesta de la independencia. Los "infernales" de Güemes eran el ejército de gauchos que los hermanos organizaron y sumaron a la causa.
María se convirtió en una experta espía: con otras mujeres coordinaban arriesgadas misiones de inteligencia. Es sabido que escondían en sus vestidos mensajes con información sobre los realistas que hacían llegar al ejército. Este equipo de espionaje popular fue muy eficaz en complicarle la vida al enemigo.
Cuando, en 1815, Martín de Güemes fue elegido, por voluntad popular, gobernador de Salta, Macacha se convirtió en el verdadero ministro de su hermano, intervenía en los actos públicos, en los asuntos de guerra, montando a caballo y arengando a las tropas.
En 1816, ante el conflicto entre José Rondeau y Martín de Güemes que estaban a punto de enfrentarse, Macacha actuó como mediadora. A raíz de la conciliación se firmó la "Paz de los Cerrillos", en el que se estableció que Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.
Macacha adhirió al partido federal, y siguió participando de la política hasta 1840.

Juana Azurduy: la guerrera.

El hogar de los Azurduy, en una hacienda cerca de Chuquisaca (hoy, Bolivia), no estaba formado por un matrimonio convencional propio de la época colonial. Matías Azurduy provenía de una familia española con privilegios y se había casado con Eulalia Bermudes, de sangre mestiza. En el invierno de 1780 se convirtieron en los padres de Juana, quien desde muy joven abrazaría las causas revolucionarias.
La pequeña Juana quedó huérfana a los 7 años, entonces, pasó al cuidado de sus tíos. Durante un tiempo estuvo internada en un convento de monjas, pero por su carácter rebelde fue expulsada. En 1805 se casó con el hacendado Ascencio Padilla, vecino de las tierras de Juana. Eran tiempos felices, pero los dos querían luchar por la libertad, por eso, sus vidas fueron tan turbulentas como dramáticas. El matrimonio, muy pronto, se perfiló como revolucionario durante las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, actual Bolivia (en ese entonces territorio del Virreinato del Río de La Plata).
Mientras tanto, en 1810, en Buenos Aires, capital del virreinato, se concretaba la Revolución de Mayo. Ese mismo año se inició la guerra por la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata. Fue así que, cuando las tropas de Balcarce llegaron al Alto Perú para combatir con los realistas (españoles) en Suipacha, la pareja de caudillos Padilla Azurduy se sumó a la causa independentista en esta batalla, que fue el primer triunfo de las fuerzas revolucionarias.

En los campos de batalla.

La historia de Juana demuestra el importante, y activo, rol de las mujeres en el proceso por la independencia. Continuando con sus actos heroicos, luchó en la dura derrota de Huaqui (1811), y después de este combate fue prisionera de guerra junto a sus hijos, luego rescatados por su esposo. La casa, bienes y tierras de los Padilla fueron confiscados por los realistas. Luego siguió combatiendo bajo las órdenes de Belgrano. Juana organizó el "Batallón de Leales" con el que participó en la derrota de Ayohuma.
Tal fue el papel preponderante de esta guerrera que Belgrano, en reconocimiento a su lucha incansable, le entregó su sable, luego del triunfo en el combate del Villar (1816). El gobierno de Buenos Aires, a instancias de Belgrano, la asciende a teniente coronela, la única mujer que recibió este honor por parte del Ejército Argentino.
Juana, con su chaqueta roja de franjas doradas y sombrero con plumas azules y blancas, luchó en el barro de los campos de batalla por la defensa de la patria mientras lo iba perdiendo todo; sus cuatro hijos murieron durante las crueldades de la guerra. Estaba embarazada de su quinto hijo cuando fue herida y cayó prisionera en el combate de La Laguna. Su marido logró rescatarla, pero a él le costó la vida.
Finalmente, ante el nuevo escenario militar de abandonar la ruta altoperuana Azurduy se une al caudillo Juan Martín de Güemes, y a la muerte de éste Juana vivió el resto de sus días en la pobreza. La Flor del Alto Perú, como la bautizó la canción con la voz de Mercedes Sosa, igual que tantas otras mujeres (y hombres) indispensables de nuestra historia nacional, conoció la ingratitud de ofrecerlo todo sin recibir un reconocimiento justo.

Mariquita Sánchez de Thompson: una mujer que peleó por sus derechos a los 14 años

No todas las mujeres destacadas de esta época lucharon en los campos de batalla. María Josefa Sánchez ejerció su influencia desde la comodidad aristocrática de su casa. Mariquita es bien conocida porque la tradición histórica atribuye que en su casa se cantó por primera vez, el 14 de mayo de 1813, el Himno Nacional Argentino, con letra de Vicente López y Planes y música de Blas Parera. Existen dudas al respecto, aunque el relato tradicional ha quedado en la memoria colectiva.
La pequeña Juana quedó huérfana a los 7 años, entonces, pasó al cuidado de sus tíos. Durante un tiempo estuvo internada en un convento de monjas, pero por su carácter rebelde fue expulsada. En 1805 se casó con el hacendado Ascencio Padilla, vecino de las tierras de Juana. Eran tiempos felices, pero los dos querían luchar por la libertad, por eso, sus vidas fueron tan turbulentas como dramáticas. El matrimonio, muy pronto, se perfiló como revolucionario durante las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, actual Bolivia (en ese entonces territorio del Virreinato del Río de La Plata).
Mientras tanto, en 1810, en Buenos Aires, capital del virreinato, se concretaba la Revolución de Mayo. Ese mismo año se inició la guerra por la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata. Fue así que, cuando las tropas de Balcarce llegaron al Alto Perú para combatir con los realistas (españoles) en Suipacha, la pareja de caudillos Padilla Azurduy se sumó a la causa independentista en esta batalla, que fue el primer triunfo de las fuerzas revolucionarias.

En los campos de batalla.

La historia de Juana demuestra el importante, y activo, rol de las mujeres en el proceso por la independencia. Continuando con sus actos heroicos, luchó en la dura derrota de Huaqui (1811), y después de este combate fue prisionera de guerra junto a sus hijos, luego rescatados por su esposo. La casa, bienes y tierras de los Padilla fueron confiscados por los realistas. Luego siguió combatiendo bajo las órdenes de Belgrano. Juana organizó el "Batallón de Leales" con el que participó en la derrota de Ayohuma.
Tal fue el papel preponderante de esta guerrera que Belgrano, en reconocimiento a su lucha incansable, le entregó su sable, luego del triunfo en el combate del Villar (1816). El gobierno de Buenos Aires, a instancias de Belgrano, la asciende a teniente coronela, la única mujer que recibió este honor por parte del Ejército Argentino.
Juana, con su chaqueta roja de franjas doradas y sombrero con plumas azules y blancas, luchó en el barro de los campos de batalla por la defensa de la patria mientras lo iba perdiendo todo; sus cuatro hijos murieron durante las crueldades de la guerra. Estaba embarazada de su quinto hijo cuando fue herida y cayó prisionera en el combate de La Laguna. Su marido logró rescatarla, pero a él le costó la vida.
Finalmente, ante el nuevo escenario militar de abandonar la ruta altoperuana Azurduy se une al caudillo Juan Martín de Güemes, y a la muerte de éste Juana vivió el resto de sus días en la pobreza. La Flor del Alto Perú, como la bautizó la canción con la voz de Mercedes Sosa, igual que tantas otras mujeres (y hombres) indispensables de nuestra historia nacional, conoció la ingratitud de ofrecerlo todo sin recibir un reconocimiento justo.

Mariquita Sánchez de Thompson: una mujer que peleó por sus derechos a los 14 años.

No todas las mujeres destacadas de esta época lucharon en los campos de batalla. María Josefa Sánchez ejerció su influencia desde la comodidad aristocrática de su casa. Mariquita es bien conocida porque la tradición histórica atribuye que en su casa se cantó por primera vez, el 14 de mayo de 1813, el Himno Nacional Argentino, con letra de Vicente López y Planes y música de Blas Parera. Existen dudas al respecto, aunque el relato tradicional ha quedado en la memoria colectiva.
Publicado en Diario "Clarín", 8 de Julio de 2019.

viernes, junio 07, 2019

Mañana inician los homenajes al general Güemes con la cabalgata a la Horqueta.

Rememorando la jornada del 7 de junio de 1821, la marcha hacia la Quebrada de la Horqueta encabezada por el gobernador Urtubey iniciará a las 7.45 en la plaza Belgrano, donde el héroe gaucho fue herido por las fuerzas realistas.

El gobernador JUAN MANUEL URTUBEY encabezará mañana los actos en conmemoración del 7 de junio de 1821, fecha en que el héroe nacional fue herido por las fuerzas realistas, falleciendo diez días después en la Quebrada de la Horqueta.
A a las 7:45, autoridades provinciales, legislativas, municipales, de agrupaciones tradicionalistas y militares, se concentrarán en la plaza Belgrano, lugar donde Güemes fuera herido de muerte. Allí las autoridades izarán las banderas Nacional y de Salta y depositarán ofrendas florales.
Luego iniciarán la marcha hacia la plaza Macacha Güemes, en el barrio San Antonio, donde será recordada Magdalena Güemes de Tejada, al cumplirse un nuevo aniversario de su muerte.
La cabalgata continuará en dirección a finca La Pedrera, pasando por el Parque Industrial de Salta y finca La Cruz, hasta llegar a La Horqueta donde al mediodía se desarrollará el acto principal en honor al general Martín Miguel de Güemes.
Publicado en Diario "El Tribuno" de Salta, 7 de Junio de 2019.

sábado, mayo 25, 2019

Heroínas de Mayo.

Heroínas de Mayo.

¿Qué se te viene a la mente si hablamos del 25 de mayo de 1810 en Argentina? Tantos carteles y publicidades del Bicentenario seguro que te hacen acordar de la formación de la Primera Junta, del primer gobierno patrio.


Te aparecerán los nombres de French y Beruti repartiendo cintas; …o tal vez recuerdes a Cornelio Saavedra, el titular de esa Junta, con aire marcial y decidido a la autonomía. Seguro no te olvidaste del infatigable Mariano Moreno… el secretario que escribió todo el Plan de Operaciones para hacer la revolución. Pero detengámonos en un detalle: son todos hombres. ¿Te diste cuenta?


En El Alfa y la Omega nos dimos de cuenta de esta omisión: de esta historia oficial llena de próceres masculinos. De pasar por este Bicentenario así, le falta va a faltar una pata a los homenajes. Las mujeres no sólo ayudaron sino que protagonizaron hechos esenciales de la Revolución de Mayo.


Los historiadores explican esta omisión porque durante décadas los libros sólo se metían con los hechos políticos y no los sociales. Por eso sabemos tan poco sobre el papel central que tuvo la mujer a principios del siglo XIX. El protagonismo de las criollas surgió con fuerza y pasión por la independencia local ya durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807.


Es decir, unos años antes de la Revolución de mayo. Fueron amas de casa humildes o de la alta sociedad las que organizaron la resistencia urbana y prepararon sus ánimos para lo que iba a venir. Mujeres de decisión que rechazaron el anonimato y la sumisión.


Reverberen en el éter los nombres de Mariquita Sánchez de Thompson; las acciones valerosas de Martina Céspedes, de Ana Riglos y de Melchora Sarratea. Comencemos por decir que Riglos, junto con las señoras de Peña, Lasala, Castelli, Agrelo, son las que fueron a la casa de Viamonte la mañana del 18 de mayo de 1810, para convencer a Cornelio Saavedra de que había llegado el momento de la revolución.


Los esposos contaron con el aval de sus “patronas” para esta linda y lúcida “locura” de arrinconar al Virrey y llevarlo a la renuncia.


De todas las mujeres de la colonia que se quería independizar, Mariquita Sánchez de Thompson es la que cosechó por lejos la mayor cantidad de comentarios y trabajos de investigación. Sucede que ella fue la dueña de la casa donde por primera vez se tocó el Himno Nacional el 14 de mayo de 1813.


Amante de las tertulias donde participaban los vecinos inquietos, en su hogar se reunieron los revolucionarios, compartieron sus planes y opiniones sobre lo que iba aconteciendo y postulaban rumbos de acción. Mariquita llevaba en sus venas el deseo de autonomía, y ello marca su biografía, aún mucho antes de los turbulentos años de la Revolución.


Por ejemplo, en esa época era costumbre que los padres decidieran con quién se debían casar sus hijas, y los de Mariquita habían hechos los arreglos para que lo hiciera con Diego de Arco, a quién ella no amaba. Con sólo catorce años, se comprometió en secreto con su primo Martín Thompson. Incluso se presentó ante el virrey Sobremonte para que dejase sin efecto los acuerdos de sus padres.


Cerca de un año después de iniciado el juicio, los enamorados obtuvieron la autorización y la boda se realizó en julio de 1805. Tiempo después, armó su propio negocio de cremas y perfumes exquisitos, algo bastante común entre las mujeres de la época. Los historiadores encontraron unas 17 guías de exportaciones e importaciones con nombre de mujeres y unas 47 propietarias de estancias en Buenos Aires.


De grandes empresarias a microemprendedoras, diríamos hoy. Un protagonismo político y económico del que poco se sabe, aunque las y los investigadores en la actualidad le está prestando mayor atención. Desde las invasiones inglesas de 1806 y 1807, decíamos, las mujeres comenzaron a tener mayor participación en la política y la vida pública de la zona. Recordamos de esta época también también a Manuela Pedraza, a quien llamaban "la tucumanesa”.


Peleó junto a su marido hasta el último día en la batalla de la Plaza Mayor donde las fuerzas de Santiago de Liniers rodearon La Fortaleza (Hoy Casa Rosada sede del Gobierno). Vio caer a su cónyuge en las refriegas sin por eso abandonar la lucha. En ese contexto Martina Céspedes, que tenía tres hijas, organizaron un interesante ardid de espionaje. Para capturar ingleses, los atraían a su casa, haciéndolos pasar uno a uno con la promesa de un vaso de agua ardiente. Una vez dentro, los tomaban prisioneros. Aunque, bueno… una de las hijas se casó finalmente con uno de ellos…No todas vieron tan feos a los invasores…


Vivía doña Martina en Humberto I, frente a la Iglesia porteña de San Telmo. Allí, atendía un humilde negocio de bebidas y alimentos. Todo esto, antes de 1810. Los extranjeros que visitaban nuestras tierras, como comerciantes y viajeros, dejaron testimonio de la mujer argentina de entonces. En sus diarios y comentarios escritos señalaron que eran inteligentes, lindas, coquetas, y con mucha personalidad. Eso les atraía enormemente, tanto a ingleses como a franceses. Les llamaba la atención su sonrisa espontánea, y a veces hasta reaccionaban avergonzados por su andar liberal y su soltura de opinión.


Una vez estallada la revolución de Mayo, el primer hombre en trabajar para emancipar y promover a la mujer a través de la educación, fue Manuel Belgrano a quien además, contra una versión errada y poco explorada de su vida, le gustaban demasiado las mujeres, y ellas reconocían su soltura de seductor. Las damas contribuyeron emocional y materialmente con la Revolución. Sus donaciones permitieron crear y mantener a los ejércitos formados para llevar al interior la propuesta de la Junta. Por ejemplo, doña Gregoria Pérez donó a Belgrano tierras en 1811; Escalada donó armas. Muchas otras tejieron las banderas y confeccionaron casacas y pantalones para la lucha.


Paralelamente, tanto en capital como en el interior, las damas establecieron un eficaz sistema de espionaje desde las ventanas de su casa, o en las caminatas inocentes de paseo, donde podían anticipar movimientos del enemigo y luego informar a los patriotas por medio de chasqui. También contaban con la complicidad de la red de familiares y amistades. En el norte argentino destacó Magdalena Güemes, a la que le decían Macacha. Era hermana del prócer salteño Martín Miguel de Güemes. Fue brillante en la batalla y en el campo diplomático y tuvo ella, como tantas otras, una influencia central en su hermano, al decidir opiniones en torno a amigos o enemigos.


Finalmente, pero no menos importante, es homenajear en el recuerdo a Juana Azurduy, mujer que tiene un lugar enorme en la historia de la Independencia sudamericana. Fue una patriota del Alto Perú (actual Bolivia), que acompañó a su esposo Manuel Ascencio Padilla en el liderazgo de grupos guerrilleros que, desde 1809, participaban en las luchas por la emancipación del Virreinato del Río de la Plata.


Ligados con las expediciones enviadas desde Buenos Aires, al mando primero de Antonio González Balcarce y luego de Manuel Belgrano, combatieron a los realistas defendiendo la zona comprendida entre Chuquisaca y las selvas que mediaban hacia Santa Cruz de la Sierra. En esta tarea vio morir a sus cuatro hijos y combatió embarazada de su quinta hija.


En ese contexto Azurduy lideró la guerrilla que atacó el cerro de Potosí, tomándolo el 8 de marzo de 1816. Debido a su actuación, y tras el triunfo logrado en el Combate del Villar, recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón. Pueyrredón era entonces el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Poco después, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años y fue enterrada en una fosa común.


Madres, esposas, novias, vecinas solteras, cultas o trabajadoras, hijas y hermanas con sencillez o con la protagonismo de las valientes, con el corte y la confección o con el fusil, la oración y el discurso inflamado, todas ellas contribuyeron a la creación de este país hace dos siglos ya. Desde aquí, aunque sólo nombramos a algunas, vaya con esta breve pero sentida rememoración, nuestro abrazo radial e infinito de gratitud.

domingo, diciembre 11, 2016

HISTÓRICAS ARGENTINAS – 11 de Diciembre de 1.787 nace la patriota María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida popularmente como “Macacha” Güemes.

María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada nacida en Salta el 11 de diciembre de 1.787, más conocida como “Macacha” Güemes, fue una patriota argentina, hermana del General, luchador y prócer Don Martín Miguel de Güemes.
Nació en el seno de una familia acomodada de hacenderos y funcionarios realistas, siendo hija de Gabriel de Güemes Montero, tesorero real de la corona española, y de Magdalena Goyechea, quien descendía de los conquistadores españoles y encomendados al norte del Virreinato del Río de la Plata.
Macacha Güemes es reconocida como una de las mujeres más destacadas de la provincia de Salta y permaneció olvidada por la historiografía argentina, al igual que otras mujeres.
El 24 de octubre de 1.803 se casó con Román Tejada, perteneciente a una antigua familia de Salta.
Desde 1.810, los hermanos Güemes estuvieron entre los primeros partidarios salteños de la revolución y convirtió su casa en taller para confeccionar ropa para los soldados del Escuadrón de Salteños. Su casa fué refugio de jefes, oficiales y soldados, y centro de propaganda de ideales revolucionarios. Macacha además participó de forma activa en la guerra gaucha que organizó el Héroe Gaucho Don Martín Miguel de Güemes.
Macacha además participó de forma activa en la guerra gaucha que organizó Martín
Hermana del General Martín Miguel de Güemes, de cuya acción en pro de la independencia de esta parte de la Patria Grande de la cual fue una eficaz colaboradora.
Martín Miguel de Güemes gobernaba como caudillo en la Intendencia de Salta desde mayo de 1815, y formó un ejército de milicias gauchas con el objetivo de frenar los avances realistas. Los Infernales o División Infernal de Gauchos de Línea fueron un ejército de gauchos de la Provincia de Salta, a ellos se sumaban principalmente jinetes de Tarija y Jujuy, en Argentina, que al mando de Martín Miguel de Güemes tuvieron un papel destacado en las guerras de independencia hispanoamericana. El nombre les fue dado porque hicieron un "infierno" para la presencia de las tropas coloniales o "realistas".
Falleció el 7 de junio de 1866 en la ciudad de Salta retirada completamente de la actividad pública, dedicada al cuidado de su nieto, Virgilio Mariano Tedín.
Fue reconocida principalmente por las clases menos favorecidas, que constituían en su mayoría el ejército gaucho de Güemes. Estos la apodaron “madre del pobrerío”, por su simpatía hacia ellos.

  “SEÑORA MACACHA GÜEMES”
A ver, Magdalena Güemes
por lindo apodo Macacha
ahí andan los Infernales
cayendo de punta y hacha.

Señora Macacha Güemes
aparcera de su hermano
cuando luchó por los libres
bien supo darle una mano.

También lució en los salones
pero segura y conforme
al soldado de la Patria
haciéndole el uniforme.

Qué viva Macacha Güemes
por su valor y coraje
revistando de a caballo
las tropas de su gauchaje.

Señora Macacha Güemes
mujer de Román Tejada
la patria le debe gloria
por noble y determinada.

Bienhaiga la chacarera
de aquella dama patriota
manteniéndose en el triunfo
creciéndose en la derrota.

Bondades fueron las suyas
la grandeza fue su escudo
por que usted trató al humilde
lo mismo que al copetudo.
Letra - Música: León Benaros - Agustín Carabajal.