GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

sábado, enero 04, 2014

4 DE ENERO DE 1929: NACE EL QUERIDO "MINGUITO" JUAN CARLOS ALTAVISTA.

Juan Carlos Altavista nació el 4 de enero de 1929. 
Minguito Tinguitella surgió por una creación de Juan Carlos Chiappe. 
Era el ciruja del barrio ("rioba" en lunfardo...) que tiraba de un carro. El hombre "del pueblo", generoso, descendiente de inmigrantes afincados en barrios porteños.
"Minguito Tinguitella tenía cuatro características principales que lo distinguían: era "hincha" (fanático) de Boca Juniors, era intransigentemente peronista, era descendiente de italianos, y era trabajador informal ("cartonero" y periodista de barrio). Además "Minguito", quien nunca se había casado, profesaba un amor sublime por su madre "la viejita", a quien consideraba una santa. Tenía una vieja camioneta Ford A, a la que llamaba la Santa Milonguita, para "cartonear" o "cirujear" en la quema de basura.

Generalmente se presentaba vestido con un traje que le quedaba chico, camisa cerrada al cuello, sombrero tanguero, bufanda al cuello, en pantuflas y un mondadientes en la boca. A partir de "Polémica en el bar", Altavista adoptó como vestimenta de Minguito, la de su propio padre, a manera de homenaje, por no haber podido acompañarlo al momento de su fallecimiento. En un reportaje dijo: "Me puse ropas de él. Su sombrero, el saco, la camisa, el echarpe, un cinto grueso de cuero. Y le agregué zapatillas de paño y palillo en la boca". Hablaba un lunfardo estricto con un reconocible acento derivado de su origen italiano" (Wikipedia).

Carlitos Balá y Juan Carlos Altavista


Luego se incorpora al elenco de Polémica en el Bar junto a otros actorazos como Fidel Pintos (el hombre de la sanata...), Vicente Larrusa ("el fotógrafo" o "el preso"), Mario Sánchez (el mendocino de "la ecología), Adolfo García Grau, Jorge Porcel, Javier Portales, entre otros. 
La gente aún recuerda sus frases “te vamo’ a levantar un manolito” “gomía” “qué hace, fosforito” “qué hacé tri tri”.
En 1981 recibió en el rubro Espectáculos Premio Konex de Platino - Actor Cómico y el Diploma al Mérito - Actor Cómico.
Como si hubiera sido planeado, Juan Carlos Altavista murió en un Día del Amigo: el 20 de julio de 1989.

viernes, enero 03, 2014

Hesayne, el escritor... Cartas de un obispo a los dictadores, en plena dictadura.

Las cartas de Hesayne están dirigidas, entre otros, a Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy (ver recuadro), el general Abel Catuzzi, un mando duro que durante un tiempo del régimen militar fue segundo comandante del V Cuerpo de Ejército, del cual dependió la represión en la Patagonia, y al contralmirante (RE) Julio Acuña.
En sus cartas, el obispo despliega sin ataduras sus críticas a la criminalidad de la dictadura. Economía de palabras, pero muy calibradas para la dirección que buscan. Ausencia de eufemismos. "La tortura es inmoral, la emplee quien la emplee. Es violencia y la violencia es antihumana y anticristiana", le dice a Harguindeguy en carta del 24 de abril del 77, tres días después de que ambos se entrevistaran en Viedma. Y le acota Hesayne: "He clamado para que nuestras FF. AA. empleen el rigor de la 'fuerza' cuantas veces fuera necesaria, pero en la hidalguía y el coraje y jamás en la 'violencia', que es inhumana e indigna de nuestros soldados".
Y Hesayne estampa en esa carta una reflexión que se proyectará con fuerza de verdad excluyente en los años por venir: "Mi pena –dice a Harguindeguy– se basa en que una victoria a costa de actos indignos se convierte pronto en derrota, porque nadie construye ni al margen ni contra Dios. Fuerzas Armadas que torturen no saldrán impunes antes Dios creador".
Huelgan las palabras. Con independencia de la sujeción estrictamente confesional que conlleva la reflexión, muy pocos años después de aquella carta se plasmó la derrota de las FF. AA.
Pero en sus cartas Hesayne no pierde la aplicación de cierto estilo –protocolar en todo caso– de identificación con el poder al que se dirige. Se relaciona –por caso– con Jorge Rafael Videla en términos de "Excelentísimo señor presidente". Y cuando escribe al todopoderoso ministro de Interior, general Albano Harguindeguy, habla de "Su excelencia".
En los finales de las cartas enviadas a Videla, el obispo siempre le asegura una oración "diaria para que el espíritu de inteligencia lo asista". Y en una de esas misivas envía "mis respetuosos saludos en el Señor de la historia", o sea Dios.
En otra carta –19 de diciembre de 1979– remata el final presentando "con respetuosa cordialidad a V. E. los votos muy sinceros de felicidad personal y familiar con motivo de la próxima Navidad, una oración para el éxito cristiano de vuestras gestiones gubernamentales en el curso del año que se inicia".
En otra carta –la del 3 de mayo del 83– Hesayne se despide ratificándole a Videla que seguirá rezando por él. Y se despide "con la mayor consideración", pero mudando el título de Dios. Si antes era el "Señor la historia", ahora lo es del "mundo y de la Iglesia".
Videla tampoco descuida el "baile en el Potomac", apelación en la política americana que valoriza hacer política con la elegancia del vuelo de los cines sobre el famoso río.
Jamás –por caso– el dictador dejará de agradecer al obispo que rece por él.
Pero no se engañan.
Expresan morales encontradas en relación con la tragedia que vive el país en materia de violencia, incluso desde mucho antes del Golpe.
Porque una cuestión se ratifica inexorablemente. Uno, defiende la vida. Otro, se define en sus propias palabras: "Morirán todos los que tengan que morir", dirá a poco andar la dictadura. Y más tarde, con cinismo demoledor, acotará ante una pregunta, con gesto de sorpresa "¡Los desparecidos!"... No están... no tienen identidad...". Casi orillando el "¡de qué me hablan!"
Queda claro además, en la carta a Harguindeguy, que Hesayne no niega el derecho de las FF. AA. a reprimir. Incluso en lapsos que define en términos de "cuantas veces fuera necesario". Pero encuadra esa tarea en un marco moral.
En todas sus cartas a los mandos de la dictadura, Hesayne avanza desde un primer enunciado en el que define su confesión religiosa: "Ave María". Y tras argumentar la razón del contacto, generalmente cierra asumiéndose en su "Fe cristiana", coloca a Dios como testigo de su sinceridad, de sus convicciones. Y siempre dejando abierta la posibilidad de que aquellos mandos sean "iluminados desde la fe" para rectificar caminos.
Porque Hesayne nunca les niega su condición de creyentes. Condición que por otra parte los militares asumían vía una retórica extendida con demagogia. Hombres de cruz en pecho y misa como mínimo dominical. Poder militar, hijo dilecto de la nación católica que germinó en la década de 1920 y se consolidó en la siguiente. La cruz y la espada como razón moral de la Nación. Desprecio por lo distinto.
Todo un relato ideológico autoritario que, como poder decisorio excluyente en la vida del país, ya es historia. Se derrotó asimismo en la propia dictadura.
Hesayne no alienta ninguna esperanza de que al denunciar que no se puede torturar, asesinar, violar y ser cristiano a la vez, los mandos de la dictadura apelen a un acto de contrición y cambien de conducta.
Lo que busca el obispo es colocar en blanco y negro la hipocresía de esas conductas.
Y avanzada ya la dictadura, el obispo mantendrá un interesante cruce de cartas con el segundo gobernador de facto que tuvo Río Negro, el contralmirante (RE) Julio "Gancho" Acuña. Definirá de "impío" que con autorización oficial se realice la Vuelta de la Manzana en la Semana Santa de 1980. El obispo estima que se desvirtúa así el significado religioso de ésas.
En otras misivas, denunciará el seguimiento por parte de la Policía de Provincia de Río Negro a él y otros miembros de la Iglesia Católica que colaboran en la lucha por los derechos humanos.
Se cruzará en ese ida y vuelta una visita que a la provincia en 1981 realiza el flamante Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. Hesayne estará junto a él. Dirá que el Premio Nobel vino a sumarse a favor del Evangelio y no a hacer política. La visita molesta al gobierno provincial. Y si Acuña siempre rechazó que la Policía de Río Negro siguiera a Hesayne y su gente, en esta oportunidad le hace saber al obispo que no cree que no haya llegado para hacer política. Y le adjunta a modo de ratificar que Pérez Esquivel no es neutro en política, un ejemplar de una revista de finales de 1972 en la que éste confiesa: "Si tuviera 20 años o menos, sería montonero".
En fin, todo en un tiempo que no se hundirá fácilmente en aquello que Eric Hobsbawm llamó "La noche larga de la historia"...

El mano a mano con Videla.
Al menos a hoy, tres son la cartas enviadas por el obispo Hesayne al dictador Jorge Videla. Dos de ellas durante la vigencia de éste en el poder. La tercera, cuando –bajo azote de los vientos de la historia– el régimen castrense se extingue sin poder. Dos de las misivas son respondidas por Videla. La primera no.
En todas las cartas, Hesayne se manifiesta en el estilo que en estas páginas detallamos.
· Primera carta
El 25 de julio de 1978, el obispo recaba la intervención personal de Videla "en un latente caso de injusticia". Advierte que si recurre a él "es porque –como el caso anterior del joven Chironi, que le agradezco ante Dios lo que V. E. intercedió– la familia a la que en ésta me refiero no tiene nada que ver con la subversión". El hecho involucra a una familia de Capital Federal: la madre y dos hijos, secuestrados el 27 de mayo de aquel año. El padre encontrará la casa saqueada. Al día siguiente –cuenta Hesayne– vuelven para devolver las "chequeras que no le servían". Hesayne cuenta que el padre ha buscado a su familia sin ninguna suerte. Solicita entonces la intervención de Videla. Y destaca que tiene la seguridad de que V. E. quiere una paz real para nuestro país, asegurando a V. E. una oración diaria para que el espíritu de inteligencia lo asista y fortalezca".
El dictador no respondió esta carta.
· Segunda carta
Fue enviada por Hesayne el 16 de diciembre del 79. Le dice a Videla que ambos saben que en Argentina "hubo torturas y atropellos a la dignidad humana hasta en lo más elemental –actos inhumanos y por eso anticristianos–, tanto de parte de la subversión como de las FF. AA". Le menciona además a Videla, la pobreza e injusticia social que persisten en el país. Y recuerda Hesayne que el domingo anterior a escribir esta carta, en el Angelus, el papa Juan Pablo II ha denunciado a Argentina y Chile como países donde se violan los derechos humanos. No ha mencionado a Argentina, pero 24 horas después el Observattore Romano habla de Argentina y Chile como unas de esas naciones. Videla salió al cruce y dijo que "Argentina no tiene que arrepentirse" de las violaciones a los derechos humanos. Hesayne le solicita entonces al dictador que ya que se proclama católico y ante el mensaje que anualmente hace a los argentinos con motivo de Navidad, no lo haga "si no le es posible realizar el gesto evangélico que en forma inequívoca le pide el papa a V. E. como primer responsable del gobierno y católico de profeso". O sea, la verdad de lo que han hecho con miles de seres humanos.
El 28 de diciembre, Videla responde. Niega que el poder militar haya violado los derechos humanos. Dice que lo hecho por ese poder cuenta con apoyo de la sociedad. Niega que la situación social sea grave. Y dice también que Hesayne está mal informado en relación con lo que él –Videla– piensa del mensaje de Juan Pablo II. Concretamente, sostiene que en conferencia de prensa en la Rosada, ante una pregunta sobre las palabras del papa, "manifesté que no tenía nada que agregar y señalé la coincidencia de nuestro sentir con lo expuesto por su santidad". Finalmente que "cumpliendo con mi imperativo de conciencia, que no me proclamo católico, sino que simplemente doy humilde testimonio de tal en todos los actos públicos y privados de mi vida, quedando a Dios, nuestro Señor, reservado el juicio de ese testimonio".
· Tercera carta
El 3 de mayo de 1983, ya con Videla fuera del poder y la dictadura hecha jirones, el obispo Hesayne envía una dura carta a Videla. Días antes, las FF. AA. publicaron un informe sobre lo actuado en la lucha contra la subversión. Es una pieza fundada en hipocresía. Nada de verdad en relación con las atrocidades que cometieron. En declaraciones por medios de difusión, Videla avala el documento. Entonces Hesayne le dice al dictador: "Ese documento es falso. No dice toda la verdad. Es inmoral, porque se basa en que el fin justifica los medios. Con esta misma argumentación se convalidarían la guerrilla y el terrorismo. Es hipócrita, porque usando el lenguaje cristiano del amor, la fe, la reconciliación, la comprensión, la piedad y el perdón, lo vacía de contenido. Luego, el obispo le dice a Videla y a cuantos "como usted son responsables de cualquier tipo de violencia que ha padecido la patria" que sinceren lo hecho.
El 16 de mayo del 83, el exdictador le responde enojado a Hesayne. Acepta el derecho a discrepar sobre el contenido del documento emitido por el Ejército. Pero se lamenta del procedimiento usado por el obispo: hacer pública su opinión en tanto "avanza sobre aspectos personales que hacen al estado de conciencia". Videla había recibido recién el 16 la carta de Hesayne. "Por ello –señala Videla– pese a que su publicación puede constituir un desafío para hacer de esto una polémica pública, llevo a su conocimiento que no he de caer en esa tentación. Y no he de hacerlo, porque pienso que de esta manera puedo contribuir mejor a la reconciliación de los argentinos".
Con esta carta termina el epistolario Hesayne - Videla. Dos datos:
• Se vieron una sola vez la cara. Fue en Viedma en 1977.
• En todas sus respuestas, Videla hace saber que enviaba copias de las misivas de Hesayne a "Su eminencia el señor presidente de la Conferencia Episcopal, a su excelencia el señor nuncio apostólico y su excelencia el señor comandante en jefe del Ejército, al único efecto de su personal conocimiento".

Entrevista de Carlos Torregno publicada en el Diario "Río Negro", 3/1/2014.
Imagen: Internet.

jueves, enero 02, 2014

Arturo Illia, una presencia necesaria por Rogelio Alaniz.

Fue un hombre de convicciones y de partido. De convicciones democráticas y republicanas y de militancia partidaria a la que siempre se mantuvo leal, en las buenas y en las malas, en las duras y en las maduras. Llegó a presidente de la Nación después de una larga y fecunda trayectoria política. Fue senador provincial, vicegobernador de su provincia, diputado nacional y gobernador electo en 1962, cargo que no pudo asumir porque a los militares se les ocurrió dar otro golpe de Estado. No, no llegó a la Casa Rosada debido a la fertilidad de los repollos.
El político que fue presentado como una tortuga, promovió en su provincia obras públicas en sintonía con el legado sabattinista de “aguas para el norte, caminos para el sur”. No deja de ser una paradoja que el hombre que siempre entendió a la política como una actividad ejecutiva plena de realizaciones prácticas, haya sido injuriado por su supuesta pasividad e incompetencia.
La historia hoy permite evaluar aquella gestión presidencial que no llegó a cumplir tres años, pero que de manera persistente, para muchos invisible, estaba transformando al país en términos de progreso y convivencia civilizada. Las cifras y los testimonios son elocuentes al respecto. El gobierno acusado de antiobrero sancionó la ley de salario mínimo, vital y móvil. La participación de los trabajadores en la renta nacional creció hasta el cuarenta y dos por ciento, y el desempleo bajó de ocho puntos a cinco. Nada de ello impidió que la CGT organizara planes de lucha con tomas de fábricas y proclamas golpistas.
¡Dolorosas paradojas de la vida! Vandor y Alonso hicieron lo imposible para derrocar al viejito gorila y antiobrero. Nadie los molestó, nadie allanó sus domicilios, nadie atentó contra sus vidas. Tres años después de semejantes hazañas cívicas, ambos fueron baleados en una Argentina donde la pedagogía de la democracia empezaba a ser desplazada por la dialéctica de las pistolas.
La ley de Medicamentos se propuso congelar los precios y limitar el pago de regalías y remesas al exterior de los grandes laboratorios multinacionales. El objetivo era asegurar remedios buenos y baratos para todos, pero no fueron pocos los que supusieron que se trataba de una zoncera. El presupuesto en educación creció hasta el veinticinco por ciento. Nunca la Argentina había destinado tantos recursos para escuelas y maestros, para universidades y profesores. El plan nacional de alfabetización llegó a contar con 125.000 centros que dieron clases a 350.000 alumnos, pero para muchos intelectuales esos datos no tenían ninguna importancia.
La deuda externa se redujo de 3.390 millones de dólares a 2.650; las exportaciones crecieron de 1.200 millones de dólares a 1.500. Crecieron y se diversificaron. Hoy comerciar con China es una necesidad que nadie pone en tela de juicio. Hace cincuenta años era un desafío a los fanáticos de la Guerra Fría. Pues bien, en esos años se iniciaron las exportaciones de trigo a China.
Seguramente había errores, seguramente había otras alternativas para explorar el futuro, pero el país avanzaba en una dirección justa, al punto que muy bien podría decirse que si esa experiencia política se hubiera cumplido la historia de la Argentina hoy sería otra y el camino recorrido no estaría manchado de sangre, violencias e injusticias.
Illia creía en los cambios graduales. No lo convencían las retóricas revolucionarias de derecha o de izquierda. Y no lo convencían porque, entre otras cosas, había estudiado esas experiencias y en su viaje a Europa en la década del treinta las había padecido en carne propia. Cuando correligionarios y amigos le insistían que usara la cadena nacional para propagandizar los actos de su gobierno, contestaba siempre lo mismo: que mientras él fuera presidente no usaría las estructuras del Estado para dar mensajes políticos. Igualito que ahora.
Seguramente los argentinos debimos estar muy enfermos en términos políticos para consentir el derrocamiento de Illia y admitir a un general como Onganía. Lo interesante y lo patético de todo esto es que se suponía que la modernidad, el cambio, la inclusión social la iba a promover el militar que a todas luces era evidente que le faltaban luces. “Creíamos que era De Gaulle -se quejaba Mariano Grondona- y descubrimos que era Franco”. La evaluación es injusta, incluso para Franco.
Los periodistas de Primera Plana, Confirmado y Tía Vicenta se hicieron un picnic con el viejito Illia. Las injurias alcanzaron a su esposa, para quien no hubo compasión. El objetivo fue cumplido. Onganía llegó al poder y a los pocos meses las tres revistas estaban cerradas. Como le dijera Osiris Troiani a los muchachos entusiasmados en divertirse con el presidente: “Después que lo echen a este viejo van a venir los fascistas...”. Y los fascistas vinieron. Y no sólo clausuraron revistas, sino que metieron presos a los mismos que les molestaba que Illia saliera de la Casa Rosada caminando y entrase a un restaurante a almorzar como un ciudadano más.
Decían que sus gustos eran vulgares. En efecto, su plato preferido era el puchero o un churrasco jugoso acompañado por una papa hervida. También dijeron que su menú era modesto porque él era pijotero. Mientras tanto, Illia ya desalojado del poder, dormía en hoteles baratos, y en la casa de su hermano cuando estaba en Buenos Aires. Como no tenía auto, se trasladaba al centro en el colectivo 60. Efectivamente, era un viejo anacrónico.
Los que luego acompañaron a Onganía sostuvieron que sus intereses culturales eran mediocres. A todo esto, Illia descansaba de su gestión presidencial conversando de matemática con Manuel Sadosky, de filosofía con Francisco Romero y de marxismo con su amigo Luis Franco. Pero para los dos “Marianos” -Grondona y Montemayor-, Illia era apenas un modesto puntero radical.
Su decencia personal era considerada un detalle menor, casi insignificante. Cuando asumió el poder, dijo que tenía como únicos bienes personales una casa y un auto. Cuando lo derrocaron, al auto lo había vendido para atender la operación de su esposa. Él fue quien promovió la figura penal del enriquecimiento ilícito para los funcionarios del poder, quienes debían probar cómo y por qué habían crecido sus patrimonios. Podía hacerlo porque le sobraba autoridad moral. Esa autoridad moral que hoy está ausente como testimonio y hasta como “relato”.
Fue el primer presidente que asumió la presidencia de la Nación con traje de calle. Hoy las ceremonias parecen desfiles de modelos. Los fondos reservados los usó una sola vez y fue para pagar el viaje de una compañía de teatro independiente. Jamás se le hubiera ocurrido que para hacer política era necesario, previamente, ser millonario. Mientras otros presidentes se hicieron ricos desalojando a los pobres, Illia, en Cruz del Eje, era conocido como el médico de los pobres.
Su austeridad era tan sincera que no necesitaba proclamarla. Su trato con la gente era formal y correcto. Él era un hombre formal y correcto. Rehuía las familiaridades efusivas, los abrazos ruidosos y las exteriorizaciones vulgares de la amistad. No necesitaba de la demagogia para estar con los pobres, porque su relación con ellos era cálida, afectiva, respetuosa. Claro que era antiguo. Pertenecía a la clase de hombres para quienes un apretón de manos era más importante que un documento firmado. Se sentía cómodo con sus trajes grises y un amigo que lo conoció me decía que tenía un increíble talento físico para caminar por la calle y confundirse con la gente. Ese decoro, esa suerte de señorío provinciano, provocaba la risa y el desprecio de los salvadores de la patria.
Illia murió hace treinta años. Hablar de él es hablar del pasado, pero es también recuperar del pasado aquello que el presente necesita. Si la política se perfecciona con opciones morales, si el progreso necesita de exigencias éticas, si los cambios -para ser reales- reclaman de mesura y gradualismo, y si entre vida pública y vida privada debe haber una coherencia íntima, real, el ejemplo de Illia, su anacronismo, su estilo antiguo, su señorío austero, no sólo sigue siendo valido, sino que además es necesario.
"Decían que sus gustos eran vulgares. En efecto, su plato preferido era el puchero o un churrasco jugoso acompañado por una papa hervida. También dijeron que su menú era modesto porque él era pijotero. Mientras tanto, Illia ya desalojado del poder, dormía en hoteles baratos, y en la casa de su hermano cuando estaba en Buenos Aires. Como no tenía auto, se trasladaba al centro en el colectivo 60". (Rogelio Alaniz).

Imágenes internet.

LA CAÍDA por Aleardo Laría.

 
La película “La caída” -protagonizada por Bruno Ganz en el papel de Hitler- narra de forma magistral los últimos días de un Führer agobiado frente a las evidencias del inminente derrumbe del régimen. Lo que el filme destaca es el grado de autoengaño en el que había incurrido el grupo de dirigentes nazis que comenzaron a mentirse entre sí de modo sistemático, incapaces de reconocer una realidad que no guardaba la menor relación con la que habían imaginado. Salvando las obvias distancias históricas con la actual situación argentina, existe sin embargo una brizna de polvo común que muestra la dificultad de los hombres que están en el poder para reconocer las señales que indican su inexorable fracaso.
 
            Cabe analizar en este contexto de final de ciclo la devoción casi religiosa que ha venido profesando por este gobierno conservador un sector de intelectuales argentinos que se autocalifican de progresistas. Es un agrupamiento que se sintió tempranamente entusiasmado con la convocatoria efectuada por Néstor Kirchner a crear un movimiento transversal en el que iba a confluir el peronismo tradicional y la izquierda. Se trataba de repetir el oxímoron de crear un “partido auténtico” peronista de izquierda, experimento que en los años setenta fuera literalmente enterrado por las Tres A.
             Ideológicamente estos sectores provenían, en su gran mayoría, de un conglomerado que en los años setenta se identificaba como la “izquierda nacional”.  Habían abrevado en el marxismo-leninismo pero marcaron distancias con la izquierda tradicional -integrada por comunistas y trotskistas- a la que descalificaban por “gorila”. Las señas de identidad de esta izquierda nacional eran su desprecio a la democracia liberal;  la adopción de un programa que sin mayores precisiones proclamaba la instauración del “socialismo nacional” y, fundamentalmente, su embeleso con los liderazgos populares, al estilo de Perón y Mao.
            El entusiasmo revolucionario de aquellos jóvenes imberbes era comprensible. En los años setenta no se había producido el derrumbe del régimen soviético y tanto la Unión Soviética como la China de Mao parecían regímenes de una enorme solidez. Muchos intelectuales, aún conservadores, pensaban que el mundo marchaba en forma inexorable hacia el socialismo. En América Latina la Cuba revolucionaria de Fidel Castro era mirada con indulgencia no exenta de admiración pese a sus prematuros pecados de autoritarismo. Era una época en la que los jóvenes creían en que la clase obrera tenía reservado un lugar en el paraíso.
            Producida la caída del Muro de Berlín, toda aquella fantasía se derrumbó. Cuando se conocieron los millones de seres humanos exterminados en el gulag soviético, los ideales revolucionarios se marchitaron. Los hermanos Castro, en Cuba, no pudieron ocultar por más tiempo las viejas arrugas de los dictadores. En Argentina, el único resultado visible que obtuvieron las organizaciones armadas que predicaban su amor por la revolución fue la instauración de una feroz dictadura autoritaria que vulneró todos los derechos humanos imaginables.
            De todo aquel bagaje ideológico, lo único que esa izquierda nacional conserva en la actualidad es la estructura del gastado discurso emancipatorio y su fobia al liberalismo político. Según su particular visión maniquea  lo determinante sigue siendo “a quien se saca y a quien se da”. Es una arraigada convicción proveniente de la teoría de la lucha de clases que entiende a la política como un juego de suma cero, donde  todo gira alrededor del reparto de la riqueza, no de su creación. De allí que resulten fácilmente cooptadas por los discursos  populistas que aparecen disputando el poder a los grupos dominantes.
            Es una izquierda que se siente enormemente seducida por los líderes mesiánicos que hacen un llamado al pueblo a “combatir al capital”, aunque luego estos líderes se cuiden de llevar adelante sus amenazas y en lo personal adopten comportamientos propios de los más voraces tiburones capitalistas. Han pasado, sin hacer estación, de predicar la lucha armada a convertirse en evangelistas de los derechos humanos; de defender la dictadura del proletariado a reivindicar los treinta años de democracia. Los pocos que han hecho una autocrítica rigurosa son descalificados como “conversos”.
            En definitiva es una izquierda enamorada de la retórica y por consiguiente muy poco dispuesta a reconocer la realidad y a levantar las pesadas hipotecas de su pasado. La consecuencia indeseada de este autoengaño colectivo es la enorme dificultad que tiene para examinar los resultados de la gestión del gobierno “nacional y popular” y hacer un uso didáctico de sus incuestionables errores. El convencimiento de que se está librando una dura batalla épica por la emancipación de los pobres los lleva a perderse en las brumas de una burbuja cognitiva que les impide apreciar cualquier  realidad que difiera del idílico relato.
            Estamos asistiendo ahora al fracaso estruendoso de la experiencia populista. Los cortes de luz, los luctuosos accidentes ferroviarios, el déficit energético, la inflación desbocada, la falta de inversión productiva, la irreductibilidad de la pobreza estructural, la inseguridad, los saqueos y la expansión exasperante de la protesta extorsiva,  son todos síntomas elocuentes de gruesos errores gubernamentales que se fueron acumulando a lo largo de una década. La retórica solo ha servido para ocultar los problemas de gestión o dejarlos crecer abandonados a su propia dinámica.
            Como acontecía en las postrimerías del régimen nazi, ha imperado el autoengaño y las ensoñaciones mentirosas. Los costos mayores recaerán sobre los sectores más humildes, los supuestos destinatarios de los beneficios  de la “década ganada”. Tal vez el único saldo positivo que deje esta experiencia populista sea un cierto aprendizaje colectivo. Es probable que la sociedad argentina, en lo sucesivo,  preste mayor atención a las cuestiones pragmáticas de la gestión y rechace las sonoras convocatorias a librar batallas contra los enemigos del pueblo. No es seguro que tal efecto se verifique, pero luego de tantas tribulaciones es plausible pensar que por fin estamos más cerca del acierto que del error.
 
Imágenes: internet.

Entrevistas "Chino" Navarro y Miguel Pichetto (publicadas en Diario "Río Negro).

"Chino" Navarro: el kirchnerismo "es tolerante".
"Obvio, nosotros somos parte de esta sociedad. No somos ni belgas ni de Venus, somos argentinos".
El diputado del Frente para la Victoria bonaerense Fernando "Chino" Navarro aseguró hoy que el kirchnerismo "es tolerante" en la discusión política y argumentó que hasta "ha tomado ideas y propuestas de sectores con los cuales, en su momento, no tenía coincidencia". Por otra parte, defendió que la presidenta Cristina Fernández no haya hecho ninguna manifestación pública sobre los cortes de energía que han afectado numerosas zonas del país, al sostener que se la cuestiona "si habla porque habla, si no habla porque no habla" o "porque opinaba de todo o hacía uso excesivo de la cadena nacional". En declaraciones a radio La Red, el legislador provincial dijo que el sector afectado por los cortes "lo que merecía era una solución, porque el Gobierno trabajó para resolverlo. El Gobierno debe analizar y resolver, y eso es lo que está tratando de hacer con una situación compleja que aún tiene barrios sin luz". Cuando se le preguntó si el kirchnerismo, en la discusión política, ha sido tolerante, Navarro contestó: "Yo creo que sí. Hay múltiples ejemplos de situaciones donde no solamente es tolerante, sino que ha tomado ideas y propuestas de sectores con los cuales en su momento no tenía coincidencia". Empero, remarcó: "No estoy negando que haya intolerancia en la Argentina. Pero ponerlo en un solo lugar nos quita perspectiva y nos sesga el análisis". Consultado sobre si podía reconocer que hay intolerancia también en el kirchnerismo, Navarro respondió: "Obvio, nosotros somos parte de esta sociedad. No somos ni belgas ni de Venus, somos argentinos".

Miguel  Pichetto: "Habrá que cuidar mucho la economía".
 
No desestima ninguna opción, pero rechazar hablar de su futuro "cuando faltan dos años". Piensa en Río Negro cuando afirma que "este presente tengo una buena relación con el gobernador". Ese debate –agrega– no será inmediato. "En el 2014 hay que gobernar y será un año complicado. Habrá que cuidar mucho lo económico". Defiende su construcción en Río Negro porque "es mi territorio y no hay política sin territorio".
Pichetto aceptó como "positivo" al 2013 por "el resultado electoral y lo personal" aunque advirtió que "se percibieron algunos problemas en la economía regional, como también en el turismo por la competitividad".
–¿Hay expectativas mejores para el 2014?
–Se puede mejorar. La presidenta ha hecho cambios porque ha leído el resultado de las urnas, a partir de cierta disconformidad con el rumbo. Dejó casi sin efecto el Impuesto a las Ganancias con un piso muy alto y habrá que tener cuidado ahora porque con el avance de los salarios podría reaparecer como un factor negativo. También se dio el ingreso de (Jorge) Capitanich y la unificación del mando en Economía. Son cambios que albergan expectativas positivas. Próximamente vamos a estar en un tipo de cambio de siete pesos y representará una mejora sustantiva para la competitividad de la economía de la región.
–¿Todo dependerá de la modificación del tipo de cambio o puede existir alguna medida específica para el sector frutícola?
–El proceso del tipo de cambio es importante para la economía frutícola, pero hay que complementarla con otras medidas. Hay que plantear otros mecanismos para garantizar competitividad al negocio frutícola, como los aranceles y reintegros en el intercambio con Europa, que hay que ordenar. Se prevé una temporada buena, con buenos precios.
–Con el resultado electoral de Río Negro, solicitó otro protagonismo en la Nación y después esbozó cierta mirada crítica. ¿Algo se modificó?
–Tengo una relación muy correcta con la presidenta... Mi posición parlamentaria-política y en el marco con el gabinete creo que está más consolidada. He tenido alguna mirada personal pero no implica no acompañar los grandes rumbos del gobierno, ni dejar de cumplir –como corresponde– mi rol como presidente del bloque. Cuando planteé mi voto por disciplina partidaria al Código Civil, lo hablé con la presidenta, planteando que la estructura no estaba bien hecha y tengo mi visión, como abogado y sé de que se trata. Me pidió mis observaciones y mi discurso.
–Fue una crítica puntual. ¿Sólo eso?
–Eso, pero también tener la libertad de opinar y gravitar en la política nacional. Ser partícipe de la vida política del partido...
–En marzo se debatirá la conducción nacional del PJ. ¿Quiere ser parte?
–Por supuesto, quiero ser parte de la conducción más allá de que ya lo soy por ser presidente del PJ de Río Negro. Pero hay un proyecto para recuperar el espacio de la política, normalizarlo y tener un partido sólido para afrontar el 2015 con posibilidades...
–¿Daniel Scioli liderará el proyecto 2015?
–El proyecto tiene que ser del peronismo, con un candidato que surja de un proceso democrático de elecciones primarias. Scioli es un hombre de un alto conocimiento público y una alternativa pero puede haber algún otro gobernador. En lo personal, tengo un trato muy bueno con Scioli, de toda la vida, pero el peronismo evaluará, analizará y profundizará esa decisión en un marco democrático, que permitirá fortalecerlo frente a la comunidad.
–Y en lo personal, qué prefiere frente a dos probabilidades: ¿candidato a gobernador o a vicepresidente?
–Prefiero no hablar del futuro cuando faltan dos años. En este presente tengo una buena relación con el gobernador.
–¿Y sigue construyendo políticamente en Río Negro?
–Por supuesto, tengo vínculos con intendentes, con el partido, sectores económicos y el pueblo. Sigo vinculado, no me voy a vivir a Buenos Aires y me olvido de Río Negro. Es mi lugar, es mi territorio, es donde he hecho política toda la vida. No hay política sin territorio.
–¿Cuándo será el debate para el 2015? ¿El año próximo?
–No... Será en el 2015 porque en el 2014 hay que gobernar y será un año complicado. Hay que cuidar mucho lo económico. Nadie discute la legitimidad del reclamo de los trabajadores por estar mejor remunerados, pero ocurre que gobernar es mirar el conjunto y no tolerar métodos de coerción. Será un año difícil en lo económico aunque aparecen datos buenos en el ámbito nacional, como mejoras en la salida de divisas, están los acuerdos de YPF y del Ciadi, la búsqueda de recursos en el Banco Mundial y el ordenamiento del Indec. Ese es el camino para que la Argentina vuelva al crecimiento.
–Volviendo a la provincia, ¿cómo ve al gobierno?
–Hay un factor nuevo que es el aumento salarial en la policía, pero es un cambio en todo el país. Las provincias, en su conjunto, deberán trabajar para obtener mayores niveles de financiamiento de la Nación para poderlo abordarlo. Después habrá que discutir y trabajar con otras demandas. La deuda no es preocupante porque está la decisión de Nación para prorrogarla.
–¿Cómo se plantea su relación con el gobernador después de la crisis interna del año pasado? ¿Qué postura asume ahora?
–Es un lugar de nexo y aporte desde el gobierno nacional.
–¿Opina?
–Si me pregunta, claro que opino y conversamos, pero él es quien gobierna y tiene la responsabilidad. Trato de que no se vuelvan a plantear situaciones de conflicto porque no son buenas. Las experiencias tienen que servir para no repetirlas. Mi rol es mantener los niveles de inversiones de Nación en obras públicas, políticas sociales y hacer otras gestiones.
–¿Y su opinión cuál es? ¿Hacen falta cambios de políticas y de hombres?
–Me voy a excusar de comentarlo porque sería una intromisión en decisiones del gobernador. De hecho ya ha hecho algunos cambios que son intentos de oxigenar áreas, como (Haroldo) Lebed en Agricultura, que es un hombre experimentado, y (Oscar) Albrieu en Seguridad y Justicia, que bien conoce del tema. Las decisiones de cambios, momentos y oportunidades corresponden al gobernador. Sí hay que generar un marco de apoyo y colaboración y también comunicar serenamente y no generar expectativas negativas que gravita en el espíritu de la gente. El aguinaldo se pago puntualmente y en enero cumplirá con los salarios. Primero, hay que hacer todo lo posible para poder cumplir.

De lo publicado en Diario "Río Negro", 2 de enero de 2014.

El tiempo está loco... loco... Nevó en Chapelco en pleno verano.


Nevó en Chapelco en pleno verano.
La montaña, que desde hoy abrirá sus puertas con el complejo "Chapelco Aventura", recibirá a los turistas con nieve en las cotas superiores e intermedias. El ingreso de un frente frío entre la noche del miércoles y la madrugada de ayer, precipitó en una nevada sobre el cordón Chapelco. Luego comenzó a salir el sol. El complejo estará abierto hasta el 28 de febrero, con múltiples actividades de aventura. Esta mañana, el meteorólogo Enzo Campetella, escribió en su cuenta de twitter que "se reportaron algunos chaparrones de nieve en cotas altas de cerros en cercanía de Bariloche y Villa La Angostura".

Fuente de información: Diario "Río Negro", 2/1/2014.
Imagen de Chapelco en invierno no corresponde con la noticia.  La misma es meramente ilustrativa de la noticia como LA YAPA MUSICAL.

"No se piensa en el verano cuando cae la nieve" de la canción "Paisaje" de Franco Simone nacido en Acquarica del Capo, Provincia de Lecce, Italia.


miércoles, enero 01, 2014

NO HAY AÑOS MALOS... por Mamerto Menapace.

Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.

Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso.

Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:

-a aprender a amar
-a dejar huella
-a ser felices

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos, para dormir tenemos siglos después.

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de las micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos.

Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro. Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.

Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.

Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender quela única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.


MAMERTO MENAPACE;
monje benedictino y escritor.


Imagen internet.