Augusto Carlos Antonio Rodríguez Larreta.
Tan elogiado como criticado por ex parejas y compañeras, luego de su muerte surgieron duros cuestionamientos por supuestas situaciones de maltrato y abuso cometidas a lo largo de su carrera. Un actor venerado por su público pero no tan querido entre sus pares.
Jorge Porcel fue uno de los cómicos más populares de la Argentina. Y aunque ya pasaron 15 años de su muerte, su recuerdo sigue intacto por el legado que dejó tanto en el cine y en el teatro como en la televisión nacional.
Junto a Susana Giménez, Alberto Olmedo y Moria Casán, Porcel filmó una decena de películas que rompieron todas las taquillas. En los años sesenta dio el salto a la televisión y fue parte del inicio del programa Operación Ja-Já, de los hermanos Gerardo Sofovich y Hugo Sofovich. Su época de mayor esplendor fue entre los setenta y los ochentas donde participó en ciclos clásicos del humor argentino de aquella época: Polémica en el bar, Porcelandia, La peluquería de Don Mateo, Las gatitas y ratones de Porcel y La Tota y la Porota junto a Jorge Luz, programas con altísimos números de rating. Pero detrás de esa figura que cautivaba al público se escondía un personaje conflictivo.
Quienes lo conocieron personalmente afirman que era lo opuesto a lo que mostraba frente a una cámara de televisión. Egoísta y celoso, pocas personas del ambiente lo querían. Georgina Barbarrosa, Amalia Yuyito González, Camila Perissé y Sandra Villarruel fueron algunas de las reconocidas figuras que padecieron su ríspido carácter.
Cuatro mujeres que marcaron para siempre la vida del popular artista. Olga Gómez, la mujer que lo acompañó hasta la muerte y con quien logró formar una familia. Norma de Mauricio, aquella empleada de la peluquería Possy con quien tuvo un hijo al que llamaron Jorge Porcel Junior. Carmen Barbieri, la vedette con la que mantuvo un romance clandestino. Y la actriz Luisa Albinoni, con la que compartió una relación de mucho amor.
Porcel estaba casado con Olga Gómez pero tenía un hijo de seis años, producto de esa relación extramatrimonial con Norma. Sin embargo, esto parecía no importarle. Jorge era un mujeriego incansable, amante de la noche. A pesar de que el compañero inseparable de Alberto Olmedo en grandes éxitos nunca desatendió a su hijo, el vínculo entre ellos cambiaría para siempre cuando el cómico adoptaría a una beba de pocos meses, a quien llamó María. Porcel Junior nunca lo aceptaría. Y entonces comenzarían los problemas.
“A mi hijo le regalé dos casas y lo mantuve hasta que cumplió 21 años. Si ahora no tiene plata no es problema mío. Todos vivieron de lo que le daba a mi hijo; ahora sería bueno que se ponga a trabajar”, declaró Jorge Porcel padre en 1994, en una de las últimas oportunidades en que habló de Junior. Por ese entonces el actor ya estaba radicado en los Estados Unidos, donde abrió con éxito un restaurante y hasta actuó junto a Al Pacino en la película Carlitos Way, dirigidos por Brian De Palma.
En 2018, Jorge Porcel Junior decidió hablar y dejar en claro algunas cuestiones relacionadas al vínculo con el humorista. “Siempre mi padre necesitaba ser hostigado por abogados para que cumpliera sus obligaciones alimentarias. Nunca lo hizo por las buenas”, dijo en diálogo con Teleshow en ese momento.
Mientras que el propio Jorge Porcel afirmaba que le pasaba 2.500 dólares por mes, y que le había regalado un departamento en la Capital Federal y una casa en Acassuso, que su hijo y su ex mujer perdieron por una hipoteca que jamás pudieron levantar, Junior aclaró: “Las propiedades se las dio a mi madre, nunca me dio nada a mí, sencillamente porque yo era menor de edad”.
“Una propiedad se vendió para operar a mi abuela materna de una eventración en el Instituto del Diagnóstico en 1981. La otra casa la perdió mi mamá en 1989, en plena hiperinflación. Ella sacó un crédito y no pudo pagarlo”, agregó.
“Nunca tuve un inmueble a mi nombre”, reveló, y se mostró indignado porque su padre no fue capaz de decirle: “Hijo, te doy una propiedad ahora que sos mayor de edad y arreglátelas”. Su recuerdo del capocómico no es el mejor: “Fue demasiado poco hombre y nulo como padre”.
Tanto la mujer de Porcel, Olga -de perfil muy bajo-, como su hija Sol y su yerno Ariel, siempre salieron en defensa del actor, evitando dar detalles de la herencia que provocó una batalla interminable entre padre e hijo. Actualmente, es un misterio qué fue de la vida de esa familia que supo acompañar al controvertido artista hasta el último minuto de su vida.
Norma de Mauricio nunca pudo superar el abandono y el desamor del padre de su único hijo. Se despidió de este mundo en el más absoluto de los silencios: murió el 11 de julio del 2014, tras estar tres meses internada en el Hospital Municipal de Vicente López. Se encontraba en una situación carenciada que la llevó a mendigar por las calles para poder pagar el alquiler donde vivía y comprar un plato de comida todas las noches. La noticia de su muerte recién se conoció una semana después.
La historia amorosa de Jorge Porcel tiene varios capítulos con detalles que se fueron conociendo mucho después de su muerte. En los inicios de su carrera como vedette, desafiando el mandato familiar y a pesar de los 20 años de diferencia entre ellos, Carmen Barbieri comenzó un romance oculto con el actor. No le importaba que su papá, el queridísimo Alfredo Barbieri, se opusiera: estaba enamorada, dispuesta a arriesgarlo todo con tal de estar al lado de Porcel.
Todo comenzó detrás del telón, entre decorados y camarines. Era enero de 1977, y el rumor que circulaba en el ambiente daba cuenta de que Porcel y Carmen mantenían un romance secreto. Nadie lo podía creer.
En aquella época, siendo muy jovencita, Jorge aprovechaba para visitarla cuando su padre estaba de gira. Un día, al regresar a Buenos Aires, don Alfredo descubrió que el imponte auto del Gordo, de marca alemana, estaba estacionado en la puerta de su casa. Dicen que Barbieri no lo rayó, ni le rompió los vidrios: directamente le pegó seis tiros al coche.
Mucho tiempo después Ana Caputo, quien fuera la esposa de don Alfredo y la mamá de Carmen, lo desmintiría. “No tuvo nunca un arma. ‘Lo voy a matar’ era una expresión”, aclaró, aun reconociendo que su marido “le pegó” al humorista. Eso sí: para Ana, Porcel “era una porquería”.
Después de este incidente, Carmen puso un ultimátum: Porcel aceptaba blanquear el romance o todo llegaba a su fin. Según cuentan, Jorge le habría propuesto matrimonio, algo que nunca pensaba concretar. No se mostraban en público y siempre se veían a escondidas. Ella lo cuidaba, lo mimaba y hasta lo bañaba, pero él no la valoraba. Finalmente, después de tres años de amor prohibido, la relación concluyó.
Durante seis años Porcel contó con el amor de Luisa Albinoni, una de las pocas mujeres que hasta hoy lo recuerda con mucho cariño. “Al principio yo estaba fascinada con él: estaba cumpliendo el sueño de la piba de barrio. Sabía que estaba casado, pero él decía que estaba separado. Se iba por dos o tres días y después volvía. De Norma (de Mauricio) me habló después: me dijo que tenía un hijo (Jorge Porcel Junior). La quería mucho, y su hijo era su vida. Después descubrí que también seguía saliendo con su esposa”, explicó la actriz, en una entrevista televisiva.
“Parece mentira que ya hayan pasado 15 años desde que Jorge Porcel nos dejó. Es una persona que extraño: fue un gran ser humano, un excelente hombre y alguien que me acompañó durante muchos años de mi vida. Todo mi cariño, mi respeto, mi agradecimiento y mi verdadero corazón por él. Pasa el tiempo... y se lo extraña mucho”, dijo Albinoni en una charla con Teleshow.
En el plano laboral, una de las pocas artistas que tiene buenos recuerdos del cómico es Moria Casán. “Si bien no era muy amiga, era muy ameno en las charlas durante todos los momentos que teníamos entre las filmaciones”. Pero reconoce que “era más amiga de Olmedo”.
“A mí los dos me tenían como un señor con tetas. Conocí a las mujeres que estaban clandestinas en sus vidas, pero no eran tantas... Olmedo era más intenso, pero con el Gordo la pasé bien, y lo recuerdo con mucho cariño. Fueron grandes cómicos y grandes humoristas”, contó Moria en diálogo con Teleshow. “Porcel era un tipo muy jugoso porque sabía mucho de música, tenía ritmo, tenía onda y cantaba bien. Además, tenía un humor muy irónico, y nos reíamos mucho”.
Pero Georgina Barbarossa sufrió en carne propia lo que muchos sabían pero pocos se atrevían a confesar. Se decía que el Gordo creía que todas las bailarinas que quisieran formar parte de su staff primero debían pasar por su cama, sometiéndolas, así, a humillaciones de todo tipo. “Me metió la mano en la cola, mal”, acusó.
Amalia Yuyito González fue una de las que más sufrió los ataques de Porcel, pese a no haber trabajado nunca con él. “Porcel era un excelente artista pero una mala persona. Maltrataba y era muy egoísta con el trabajo”. Quien tampoco tiene buenas recuerdos es Sandra Villarruel: “Él estaba en sillas de rueda y minusválido, pero para hablar mierd… de nosotras sí tenía conciencia”.
Hace unos días, el marido de Camila Perisse -internada en grave estado- reconoció que a su pareja “se le cerraron las puertas en muchos canales”. “Dejó de trabajar porque dijo que no a las propuestas indecentes de la gente que manejaba todo en ese tiempo”, aseguró Julio Chino Fernández.
Publicado en INFOBAE, 16 de mayo del 2021.
MOMENTO MUSICAL.
Guy Williams, a 32 años de su muerte: El Zorro, su amor y sus años en Argentina.
El protagonista de la legendaria serie murió en Buenos Aires, en 1989.
Guy Williams viajó por primera vez a la Argentina en 1973, cuando supersonaje, El Zorro, era un enorme éxito. Su presencia causó revuelo desde la llegada al aeropuerto internacional de Ezeiza.
Su historia quedó ligada definitivamente a la Argentina cuando conoció a la actriz Araceli Lizaso. Se quedó a vivir en Buenos Aires, en la Recoleta, y solía pasar horas en el bar La Biela.
Guy Williams murió en Buenos Aires el 30 de abril de 1989. Estaba solo en su departamento y recién una semana después encontraron el cuerpo.
Publicado en Diario "Clarín", 30 de abril del 2021.
Guy Williams, un Zorro viejo.
De sus aventuras en TV a un amor de novela en suelo nacional. Andanzas de una estrella eterna, que halló en Argentina su destino final.
El Zorro y Don Diego de La Vega bajo las luces del espectáculo; o un porteño por adopción entre las calles de Buenos Aires. Este fue Guy Williams, quien naciera en Nueva York como Armando Catalano. Hijo de italianos, nuestro protagonista pudo cambiar su nombre; pero no así su caldeada sangre. Mucho menos aquellos distintivos rasgos que hicieron de su imagen un pasaporte a la fama: metro noventa, ojos verdes y una sugerente sonrisa enmarcada por su inconfundible bigotito. Combinación perfecta para hacer estragos en la pantalla chica; y en más de un corazón argentino.
A capa y espada.
Actor de cine y televisión en los años ’50, Guy Williams fue seleccionado por el propio Walt Disney para convertirse en el Zorro. ¡Ganó su papel nada menos que entre 500 postulantes! Tenía entonces 32 años, y la apuesta resultó más que exitosa: Guy dio vida al hombre del antifaz en 74 capítulos de media hora y 6 de una hora, filmados entre 1958 y 1970. Sí, 12 años de vigencia tuvo la serie; aunque Don Diego de La Vega jamás se retiraría de escena. Ya era un verdadero millonario, cuando en 1973 pisa Buenos Aires por primera vez. Transitando la quinta década, distanciado de su mujer y con dos hijos en su haber, su gira hace estragos en suelo porteño. Por lo que, cinco años más tarde, es contratado por Canal 13 para participar de un programa junto a Jorge Porcel. Lo cierto es que los pasillos de la TV argenta le regalarían un encuentro crucial para su vida. Un flacucho campeón de esgrima se sumaba al ciclo y a su vida. Sería para Williams una especie de hijo adoptivo, además de un gran partenaire. Se trató del actor Fernado Lupiz, con quien trabajó en el Circo Real Madrid de los Hermanos Segura. Buen dinero trajeron las giras circenses; y algo más también: bajo la carpa, y por intermedio de Lupiz, Williams conoce a la argentina Araceli Lisazo. Y el flechazo fue mutuo. Vaya si así fue, que el inquieto zorro plantó bandera y espada, por casi 10 años, en suelo nacional.
Sin escalas.
Guy ya había hechado raíces en Argentina. El sueño de un filme guionado y protagonizado por Williams sería un suceso: con intenciones de ser rodado en Salta, El hijo del Zorro marcaría el debut cinematográfico de Lupiz. El nombre de la película mutó luego a El Zorro vivo o muerto, aunque terminó estando más muerto que vivo. Los elevados costos hicieron que se truncara el proyecto; aunque no así la idea de continuar viviendo en el país: el intenso romance con la actriz y periodista oriunda de Los Toldos -por cierto, 30 años menor- marchaba viento en popa. La joven, recientemente llegada de una estadía en Roma, había acudido a la función en Mar del Plata para saludar a su amigo Fernando Lupiz. Sólo bastaron unas palabras en el idioma natal de El Zorro para dar inicio a una vertiginosa relación: dos noches después, Araceli se mudaba a la suite del Hotel Hermitage. Su perfil bajo, respeto, conocimientos, predilección por el ajedrez y destrezas en la esgrima conquistaron el corazón de la chica bonaerense.
De encuentros y desencuentros.
La historia siguió con idas y vueltas. Es que Guy se negaba al deseo de matrimonio e hijos que tenía su amada. Hasta que, tras seis meses de distanciamiento, Williams se divorcia legalmente de su mujer y le propone matrimonio. Tarde piaste, como dicen las abuelas. Araceli se casaba esa semana con un empresario joyero, en claro cumplimiento de su venganza anunciada. ¿Cuál? Casarse con quien primero se lo propusiera. Era entonces el turno de disfrutar de las reuniones, el asado, los buenos vinos -materia sobre la que Guy era un gran conocedor-, los bares de su barrio de Recoleta y la compañía de hermosas señoritas. Abocado en los negocios inversionistas, una nueva novia llegó a su vida. Aunque ni bien supo del fracasado matrimonio de Araceli, el viejo zorro regresó a su gran amor. ¡Por fin volverían a estar juntos! Sólo que, a punto caramelo para formalizar, ocurrió lo inesperado. Guy prometió a su futura esposa comunicarse con la casa de su madre, en Los Toldos, el 1 de mayo de 1989. ¿El motivo? Pedirle su mano a la familia justo en el día de su cumpleaños. Pero el teléfono nunca sonó.
El día después.
¿Qué había ocurrido con Williams? Toda una incógnita que recién fue revelada cuando la policía fue alertada por los vecinos, que no veían al retirado actor ni sabían nada de él. Sí, el zorro dijo adiós aquel mayo de 1989. Allí, en su vivienda de la calle Ayacucho al 1900. Las confusas versiones hablaron de un paro cardíaco y hasta de un segundo ACV (ya había superado uno en 1983, sin secuelas). Motivos aparte, sus restos fueron depositados en el Cementerio de Chacarita; aunque su hijo Steven los retiró al poco tiempo para cremarlos en Los Ángeles. ¿Y Araceli? No volvió a rehacer su vida; esa en la que tampoco vio pasar un peso de la fortuna amasada por su amor. Tampoco lo reclamó. Acaso guarda consigo el máximo tesoro: haber sido protagonista de la más verdadera historia que encarnara el inolvidable Guy Willimas. O simplemente, el Zorro.
José Valle / Especial para “La Nueva.”
Roberto Goyeneche fue un cantor único e irrepetible, con un fraseo magistral, que transmitía en cada interpretación lo que los poetas volcaban en sus canciones, agregándole su impronta bohemia y de barrio.
Con el Polaco se da un fenómeno maravilloso: fue el nexo entre los jóvenes y el tango, mucha juventud lo seguía como público, a lo que debemos sumar varios cantantes y músicos de otros géneros (rock, blues, jazz y folklore) que lo veneraban y se fueron introduciendo al 2x4.
El Polaco fue un tipo simple que nunca se la creyó. Lo conocí en el año 1986 en el mítico Café Homero que en ese momento era propiedad del cantor Rubén Juárez (ubicado en José Antonio Cabrera 4946 del tradicional Barrio de Palermo) que con los años llegué a regentear en sociedad con el cantor Esteban Riera y dos tangueros de ley como Rody Groppo y Norberto “Tito” Sancinetto. Aquella noche habíamos ido a cenar y escuchar unos buenos tangos con los actores Eduardo Rudy, Rey Charol, Francisco Cocuzza y el cantor y amigo del Polaco, Ángel “El Paya” Díaz, quien fue el que nos presentó.
A partir de entonces compartimos muchos eventos, cenas y hasta un par de partidos en la cancha de su amado Platense. En el Café Homero se podía encontrar -escuchando al Polaco- a personalidades internacionales como Omar Sharif, Catherine Deneuve, Marcello Mastroiani, Joan Manuel Serrat, Sophia Loren, Jean Paul Belmondo y Gian Maria Volonté (a quien traté bastante).
Roberto Goyeneche había nacido el 29 de enero de 1926 en una vivienda de la avenida Balbín 3050 (entonces llamada del Tejar) en el barrio de Saavedra de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sus padres fueron Emilio y María Elena Costa, su progenitor fallecería el 14 de abril de 1931, contando tan solo con 31 años de edad.
Roberto cursó sus estudios primarios en la Escuela “Juan Bautista Alberdi” ubicada en la intersección de Cramer y Juramento.
Desde pibe le tiró el tango y el fútbol, pero el 2x4 ganó la pulseada, iniciándose como cantor en la orquesta del violinista, director y compositor Raúl Kaplún, mientras se ganaba la diaria en varias actividades; fue taxista, colectivero y también mecánico.
En el año 1952 el fantástico pianista Horacio Salgan lo convocóa su orquesta para reemplazar a Horacio Deval, en dicha agrupación formó dupla con su amigo, el cantor Ángel “Paya” Diaz, quien lo apoda “Polaco” y quien también, según las propias palabras de Goyeneche, fue su referente y quien le enseñó muchos yeites del gotán.
En una entrevista que le hiciera Antonio Carrizo en su histórico programa “La vida y el canto”, que se emitía por Radio Rivadavia, ante la pregunta ¿dónde aprendió a interpretar los tangos?, el Polaco respondió: “... de la vida, de la calle y de la noche... de todos esos lugares donde siempre fui punto, nunca banca”.
Conoció a la que sería el amor de su vida, Luisa Mirenda, en el club “El Tábano” que en esos momentos estaba en Melián e Iberá. Se casaron el 21 de junio de 1948 y tuvieron dos hijos: Jorge Luis y Roberto Emilio.
Al año siguiente de la boda, falleció la madre del cantor.
Con el gordo Troilo dejó grabados 26 temas, entre ellos las magistrales interpretaciones de “Cantor de mi barrio”, “Un boliche”, “A Homero”, “El Motivo”, “Garúa”, “La última curda”, el vals peruano de Chabuca Granda “La flor de la canela” y “Malón de ausencia” con letra y música y de Edmundo Rivero, ambos a dúo con Ángel Cárdenas.
En el año 1963 Aníbal Troilo le dijo a Goyeneche que era hora de abrir las alas y hacerse solista. Comienza a cantar acompañado por el Trío Los Modernos, integrado por Armando Cupo, Luis Stazo y Mario Monteleone.
Consagrado definitivamente como solista, trabajó simultáneamente con Armando Pontier, Ernesto Baffa, Osvaldo Berlingieri y Raúl Garello.
En 1969 grabó “Balada para un loco” (la mejor versión de esa pieza para quien suscribe) y “Chiquilín de Bachín” de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer. Vuelve a grabar con Pichuco en dos discos “Nuestro Buenos Aires” (1968) y “¿Te acordás Polaco?” (1971).
Grabó luego tres discos emblemáticos con arreglos y dirección de Atilio Stampone: “Sentimiento tanguero” (1972), “Goyeneche 73” (1973) y “Personalidad y tango” (1974). Así recordaba el pianista estos trabajos:
“Cuando Roberto Goyeneche me propuso grabar juntos, le puse como única condición que me dejara crear con absoluta libertad, pedido al que el Polaco naturalmente accedió. Eran los tiempos del mítico Caño 14. El Polaco escuchó el arreglo de Pampero y me preguntó ‘¿Cuándo entro?’. ‘Escuchá la nota que te da el timbal’, le dije”. Cuando salieron las primeras pistas, una noche en Caño 14, el Polaco luego de la función, a las 3 de la mañana, le dijo a los músicos y amigos: “No se vayan que van a escuchar lo que hizo este loco” , a lo que siguieron las geniales versiones de “Afiches” y “Canción Desesperada”.
Realizó una importante gira por Europa encabezando el espectáculo “Tango Argentino” en 1983 y debutó en el teatro Châtelet de París con 30 funciones de entradas agotadas; contaba Goyeneche: “rompimos todo, ¡vendimos hasta los pasillos!”. Lo mismo ocurrió después en el Teatro Nacional de Nimes, en Grenoble, en Lyon y en la ciudad de Bari, Italia. Al año siguiente fue a Tokio, Los Ángeles y Nueva York. El Polaco extrañaba su barrio, su gente, la familia, la Pizzeria San Quintín de Tamborini y Av. del Tejar (donde solía tomar el vermú) y a su querido Platense.
Estando en el exterior, todos los domingos a la noche tenía que ir hasta la oficina de Aerolíneas Argentinas y pedir que le averiguaran cómo había salido el marrón.
La pasión por el equipo de su barrio era inmensa, cuando trabajaba con Jorge Porcel en el programa de TV "Las gatitas y ratones de Porcel" emitido por Canal Nueve, siempre utilizaba la camiseta histórica de Platense -la blanca de piqué con la franja marrón y cuello redondo. Hoy una tribuna del estadio calamar lleva su nombre.
En el año 1993, para el sello Melopea registró “Amigos”, su último álbum.
Lo acompañaron Néstor Marconi, Litto Nebbia, Esteban Morgado, Walter Ríos, el Sexteto de Carlos Buono y Adriana Varela, de quien fue padrino artístico.
Finalmente, sus últimas grabaciones fueron un dúo con Mercedes Sosa en el tango “Los Mareados” y una colaboración con el violinista Antonio Agri y el guitarrista Esteban Morgado en el tango “Viejo ciego”.
En el año 1988 debuta como actor encarnando a Amado en la película “Sur” escrita y dirigida por Fernando “Pino” Solanas y protagonizada por Susú Pecoraro, Miguel Ángel Solá, Lito Cruz, Philippe Léotard y Ulises Dumont.
Con el mismo director había formado parte de la banda sonora en “El exilio de Gardel” (1986).
Roberto Goyeneche dejó grabaciones memorables de “Íntimas”, “Pompas de jabón”, “Malena”, “Discepolín”, “Niebla del Riachuelo”, “Soy un arlequín”, “Cafetín de Buenos Aires”, “María”, “La mesa de un café”, “Temblando”, “Fuimos”, “Cordón”, “Suerte Loca”, “De Barro”, “El Encopao”, “Absurdo”, “Grisel”, “Naranjo en flor”, “Maquillaje” y “Miedo”.
Roberto Goyeneche visitó Bahía Blanca en variadas oportunidades. Destaco sus actuaciones en la ciudad del año 1969 cuando se presentó en LU2 Radio Bahía Blanca, en dúplex con LU80 Canal 9 TeleNueva, audición que animó Juan Carlos Mandará con locución comercial de Néstor Matoso; “fue algo memorable, para la ocasión se montó la mejor escenografía de tango que se hizo en toda la historia del canal... espectacular obra de José Guardiola Plubins: un viejo almacén con parroquianos… fue una noche fantástica”, evoca el reconocido conductor de la emisora que atesora aquella noche como un recuerdo inolvidable.
En aquella visita, alternó sus actuaciones entre los cabarets “La noche” y “Moulin Rouge” y compartió las clásicas cenas semanales de tango que se sucedían en el restaurante Grand Grill de San Martín 82.
* El autor es historiador del tango, escritor, y productor cultural.
Publicado en el Diario "La Nueva" de Bahía Blanca, 4/4/2021.
https://www.lanueva.com/nota/2021-4-4-6-30-7-la-leyenda-del-polaco-goyeneche