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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

viernes, diciembre 12, 2025

Manifiesto de desagravio a Nuestra Madre, Corredentora y Mediadora de todas las Gracias.


Manifiesto de desagravio a Nuestra Madre, Corredentora y Mediadora de todas las Gracias.

Con la intención de desagraviar y reparar públicamente los ataques proferidos contra nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, Corredentora y Mediadora de todas las Gracias, en la “Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación” presentado el pasado 4 de noviembre, por el cardenal Víctor Manuel "Tucho" Fernández encargado del Dicasterio para la doctrina de la Fe, los sacerdotes abajo firmantes decimos:

Dicho documento es impío y dañino para la Fe de los fieles. 

Decimos impío, pues la piedad, virtud que inspira actos de amor y compasión, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, es contrariada por donde se la mire en este documento.

Y dañino para la Fe, pues, se separa peligrosamente de las enseñanzas auténticas de la Iglesia (llegando casi hasta la herejía) en sus afirmaciones.

Nuevamente, el autor del “fiducia supplicans”, sobre la cual también nos expedimos en su momento, haciendo gala de la mas refinada hipocresía, con la excusa de no “oscurecer la única mediación salvífica Cristo”, nos dice que el título de “Corredentora”, -para definir la cooperación de María Santísima-, es siempre inoportuno” y que “se requiere una especial prudencia en la aplicación de la expresión “Mediadora” a María”, ya que esto podría generar confusión entre la fe del pueblo fiel, pide que no se use tan acertado título. Nosotros entendemos que el verdadero motivo sería que el papel que Dios, en su infinita Sabiduría y Amor, le otorgó a la Madre del Redentor, es una piedra de escándalo, un gran impedimento para la tan buscada “hermandad universal” que propone el ecumenismo modernista.

Para entender la gravedad del asunto, nos extenderemos explicando desde la teología los títulos de Corredención y Mediación en la Virgen María.

Con esta palabra Corredención se designa en Mariología la participación que corresponde a María Santísima en la obra de la Redención del género humano realizada por Cristo Redentor.

María Santísima fue real y verdaderamente Corredentora de la humanidad por dos razones fundamentales:

1. Por ser la Madre de Cristo Redentor, lo que lleva consigo la Maternidad espiritual sobre todos los redimidos.

2. Por su compasión dolorosísima al pie de la Cruz, íntimamente asociada, por libre disposición de Dios, al tremendo sacrificio de Cristo Redentor.

Los dos aspectos son necesarios y esenciales; pero el que constituye la base y fundamento de la Corredención mariana es su Maternidad divina sobre Cristo Redentor y su Maternidad espiritual sobre nosotros. Por eso la llamamos con plena y deliberada intención, la Madre Corredentora.

La Sagrada Escritura no dice expresamente en ninguna parte que María sea Corredentora de la humanidad. Pero hay en la Biblia -en ambos Testamentos- gran cantidad de textos que, unidos entre sí e interpretados por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, nos llevan con toda claridad y certeza a la Corredención mariana.

Velada e implícitamente la encontramos en la primera promesa del Redentor, que había de ser de la “posteridad” de la mujer, o lo que es lo mismo, del linaje humano, y, por tanto, nacido de mujer (Gén. 3, 15). No se dice aquí que la mujer de la que había de nacer el Redentor sea María, pero, en el proceso progresivo de la misma revelación divina, se va determinando cada vez más cuál sea esa mujer de la que había de nacer el Redentor del mundo.

Así Isaías dice que nacería de una virgen (Is. 7, 14) y Miqueas añade que su nacimiento tendría lugar en Belén (Miq. 5, 2), todo lo cual concuerda con lo que los evangelistas San Mateo y San Lucas narran acerca del nacimiento del Salvador (Mt. 1, 23; 2, 1-6; Lc. 2, 4-7). Un Ángel anuncia a María ser Ella la escogida por Dios para que en su seno tenga lugar la concepción del Salvador de los hombres, a lo cual presta Ella su libre asentimiento (Lc. 1, 28-38), dándole a luz en Belén (Lc. 2, 4-7). Con lo cual se evidencia aún más que la predestinación de María para ser Madre de Cristo está toda Ella ordenada a la realización del gran misterio de nuestra Redención.

La unión de María con Jesús se extiende a todos los pasos de la vida del Salvador. Después de haberlo dado a luz, lo muestra a los pastores y Reyes Magos para que lo adoren (Lc. 2, 8-17; Mt. 2, 1-12); lo cría y sustenta; lo defiende de la ira de Herodes huyendo con Él a Egipto (Mt. 2, 13-15); lo presenta para ser circuncidado (Lc. 2, 2), y en el templo oye al viejo Simeón anunciarle el trágico final de su vida y la “resurrección de muchos” que le habían de seguir (Lc. 2, 22-35); lo va a buscar a Jerusalén, donde lo halla en el templo en medio de los doctores de la ley, escuchándoles y respondiendo a sus preguntas, quedando todos admirados de la sabiduría y prudencia en sus respuestas (Lc. 2, 42-49), e interviene, en el comienzo de su vida pública, en las bodas de Caná (Jn. 2, 1-5). Por fin, asiste a la inmolación de su vida en la Cruz por nosotros (Jn. 19, 25), co-inmolándolo y co-ofreciéndolo Ella también en su espíritu al Padre para conseguir a todos la vida.

Ahora bien: dada la unión tan estrecha que en la predestinación y revelación divina tiene Jesús y María acerca de nuestra Redención, sería gran necedad no ver en todos estos hechos nada más que la materialidad de los mismos, sin percibir el lazo tan íntimo y profundo que los une en el gran misterio de nuestra salud. Porque en todos esos hechos no sólo resalta la preparación y disposición por María de la Víctima, cuya vida había de ser inmolada después en el monte Calvario por la salvación de todos, sino también la unión profunda de la Madre con el Hijo en la inmolación y oblación al Padre de su vida por todo el género humano en virtud de la conformidad de voluntades entre los dos existente.

He aquí de qué manera en los hechos de la revelación divina, contenidos en la Sagrada Escritura, está reflejada la existencia de la Corredención mariana.

La Virgen Santisima, con su libre consentimiento, cooperó directa e inmediatamente a la Redención del género humano.

Todas las acciones de la vida del Verbo encarnado, desde el primero hasta el último instante, es decir, hasta la muerte, estuvieron ordenadas a la Redención del género humano, y por tanto, fueron causa de nuestra salvación.

Ahora bien, la Virgen Santisima, que había cooperado al principio de nuestra Redención, a la entrada de la Víctima en cuanto tal en el mundo, cooperó también al coronamiento, a la consumación de la misma, o sea, al sacrificio de la Cruz, inmolación de la Víctima. Esa cooperación a la inmolación era un corolario necesario del consentimiento dado a la Encarnación Redentora, y por tanto, a nuestra Redención.

Esta cooperación, o sea, esta activa participación de la Virgen Santisima en el sacrificio de la Cruz, en la inmolación de la Víctima Redentora, la subraya con sorprendente energía el Evangelio de San Juan: Estaba junto a la Cruz de Jesús, su Madre... Jesús, pues, mirando a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dice a la Madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “He ahí a tu Madre”. Y desde entonces el discípulo la tomó consigo Jn. 19, 25-27.

La presencia de la Virgen en el Calvario y el modo como está presente, están suficientemente explicadas en estas palabras del texto de San Juan: su Madre. Aquella mujer que estaba allí en actitud sacerdotal era la Madre de la Víctima del género humano. Y, como tal, Ella no pudo estar ausente, no pudo tener otra actitud.

En aquella Víctima había algo suyo. Aquella sangre preciosísima que se derramaba sobre el mundo para lavarlo de sus delitos, había brotado como de una fuente Purísima de su corazón virginal. Sobre aquella Víctima de valor infinito, la Virgen Santisima tenía derechos de madre. Dios, en efecto, al constituir a la Virgen Santisima Madre del Redentor en cuanto tal, le confería libremente y le reconocía sobre el Redentor los auténticos derechos que toda verdadera madre posee sobre los hijos que ha engendrado.

La Maternidad divina, considerada en concreto, es decir, como históricamente se ha dado, es el medio escogido y puesto en práctica por Dios para unir a Jesús y a la Virgen Santisima en un principio total de salvación del género humano. La Maternidad divina viene así a ser el signo más cierto, más luminoso y más auténtico conque se nos revela la asociación de Cristo y de María en la obra de nuestra salvación.

El Magisterio de la Iglesia en torno a la Corredención mariana se apoya en el testimonio implícito de la Sagrada Escritura y en el del todo claro y explícito de la Tradición cristiana. Nos haríamos interminables si quisiéramos recoger aquí una serie muy completa de los testimonios de la Tradición cristiana. Basta decir que desde San Justino y San Ireneo (siglo II) hasta nuestros días apenas hay Santo Padre o escritor sagrado que no hable en términos cada vez más claros y expresivos del oficio de María como nueva Eva y Corredentora de la humanidad en perfecta dependencia y subordinación a Cristo.

Veamos ahora el Magisterio de la Iglesia. Como es sabido, se ejerce de dos maneras principales: de manera extraordinaria por una expresa definición dogmática del Papa hablando ex cathedra, o del Concilio ecuménico presidido por el Papa; de manera ordinaria, por las encíclicas, discursos, etc., del Romano Pontífice, o a través de las Congregaciones Romanas, o por los obispos esparcidos por todo el orbe católico, o por medio de la Liturgia.

Pues bien, no ha habido hasta ahora ninguna definición dogmática de la Corredención por parte del Magisterio extraordinario de la Iglesia, pero sí múltiples declaraciones expresas del Magisterio ordinario, tanto por parte de los papas como de los obispos y de la Liturgia oficial de la Iglesia. Nos limitamos aquí al testimonio de los últimos Papas en forma breve.

Haciendo alusión al texto de Génesis 3, 15, el Papa Pío IX termina diciendo: ... así la Santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo, ejercitando con Él y por Él sus sempiternas enemistades contra la venenosa serpiente y triunfando de la misma plenísimamente, aplastó su cabeza con el pie inmaculado (Bula Ineffabilis Deus (8-12-1854). Cf. Doc. mar., nº 285).

Triunfar con Cristo quebrantando la cabeza de la serpiente no es otra cosa que ser Corredentora con Cristo. A menos que se quiera desvirtuar el sentido obvio de las palabras.

El Papa León XIII entre otras afirmaciones decía: La que había sido cooperadora en el Sacramento de la Redención del hombre, sería también cooperadora en la dispensación de las gracias derivadas de Él (Supremi apostolatus (1-9-1883).

En este texto citado, se ve la distinción entre la Redención en sí y su aplicación actual. Según esto, María no sólo es Corredentora, sino también Dispensadora de todas las gracias derivadas de Cristo, como veremos en el capítulo siguiente.

El Papa Benedicto XV escribió: Los doctores de la Iglesia enseñan comúnmente que la Santísima Virgen María, que parecía ausente de la vida pública de Jesucristo, estuvo presente, sin embargo, a su lado cuando fue a la muerte y fue clavado en la Cruz, y estuvo allí por divina disposición. En efecto, en comunión con su Hijo doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte; abdicó los derechos de madre sobre su Hijo para conseguir la salvación de los hombres; y, para apaciguar la justicia divina, en cuanto dependía de Ella, inmoló a su Hijo, de suerte que se puede afirmar, con razón, que redimió al linaje humano con Cristo. Y, por esta razón, toda suerte de gracias que sacamos del tesoro de la Redención nos vienen, por decirlo así, de las manos de la Virgen dolorosa (Inter sodalicia (22-5-1918), cf. Doc. mar., nº 556).

En este texto, el Papa afirma, como puede verse, los dos grandes aspectos de la Mediación universal de María: la adquisitiva (Corredención) y la distributiva (distribución universal de todas las gracias).

En la clausura del jubileo de la Redención, Pío XI recitó esta conmovedora oración: ¡Oh Madre de piedad y de misericordia, que acompañabais a vuestro dulce Hijo, mientras llevaba a cabo en el altar de la Cruz la Redención del género humano, como Corredentora nuestra asociada a sus dolores...! conservad en nosotros y aumentad cada día, os lo pedimos, los preciosos frutos de la Redención y de vuestra compasión (Radiomensaje del 28 de abril de 1935).

Finalmente colocamos unos textos del Papa Juan Pablo II, quien hizo estudiar sobre la conveniencia de proclamar el dogma de la Corredención, aunque no le dio viabilidad por el Ecumenismo reinante que tanto daño hace a la Iglesia:

María, al aceptar con plena disponibilidad las palabras del Ángel Gabriel, que le anunciaba que sería la madre del Mesías, comenzó a tomar parte en el drama de la Redención. [...] Sin embargo, la asociación de la Virgen a la misión de Cristo culmina en Jerusalén, en el momento de la pasión y muerte del Redentor. [...] pone de relieve que el consentimiento que da a la inmolación de Jesús no constituye una aceptación pasiva, sino un auténtico acto de amor, con el que ofrece a su Hijo como “víctima” de expiación por los pecados de toda la humanidad. Por último, la Lumen gentium pone a la Virgen en relación con Cristo, protagonista del acontecimiento redentor (L’Osservatore Romano, del 4 de abril de 1997, nº 14).

“El papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. ... cooperó de manera totalmente singular a la obra del Salvador. [...] Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la Redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible. [...] María está asociada a la obra salvífica en cuanto mujer. El Señor que creó al hombre “varón y mujer” (cf. Gén. 1, 27), también en la Redención quiso poner al lado del nuevo Adán a la nueva Eva. La pareja de los primeros padres emprendió el camino del pecado; una nueva pareja, el Hijo de Dios con la colaboración de su Madre, devolvería al género humano su dignidad original (L’Osservatore Romano, del 11 de abril de 1997, nº 15).

En la enseñanza de la Liturgia, con sus fiestas, sus himnos, etc., se nos revela del modo más claro cuál es la fe de la Iglesia acerca de un determinado punto doctrinal, puesto que lo que la Iglesia predica es siempre perfectamente conforme a lo que practica.

Por dos veces celebra la Iglesia los dolores de María Santísima: el viernes de Pasión y el 15 de septiembre. Surge de aquí espontáneamente la pregunta: ¿Por qué estas fiestas...? ¿Acaso se festejan los dolores...? La respuesta nos parece obvia: No se celebran los dolores como tales, sino en cuanto que con ellos la Virgen nos ha redimido, o sea, ha satisfecho a la divina justicia por nuestros pecados y nos ha merecido todas las gracias que ahora se nos conceden. Se celebran, pues, las satisfacciones y los méritos de la Virgen Sma. obtenidos a precio de inefables dolores. Nada de extraño, pues, si la Iglesia asocia en su culto las llagas del Hijo y los dolores de la Madre, puesto que unas y otros han sido constituídos por Dios como precio de nuestro rescate.

La Iglesia, en efecto, nos dice expresamente que las lágrimas de la Virgen Santisima han sido suficientes para lavar los pecados de todo el mundo: Nobis salutem conferant - Deiparae tot lacrymae - quibus lavare sufficis - totius orbis crimina.

Gravemente heridos e indignados por este nuevo ataque a las grandezas de María Santísima, hacemos nuestro el voto que hiciera el sacerdote Pedro Poveda, mártir en la Cruzada Española, en Covadonga en 1932:

Yo, Pedro Poveda, deseando cooperar a la gloria y honor de la Reina del Cielo y Señora Nuestra: Hago voto y prometo con Juramento, confesar, defender y propagar que la Virgen Madre de Dios y Corredentora nuestra, resucitó y subió en cuerpo y alma a los Cielos, donde es Mediadora de todas las gracias.

P. Fernando Muñoz
P. Luis Costaguta
P. Luis Jardín
P. Marcelo López
P. Fabricio Porta
P. Camilo Dib
P. Eduardo González
P. Jorge Alberto del Rosario Cortés
P. Cesar Barroso
P. Guillermo Lemos
P. Maximiliano Eraso
P. Juan Fajardo.
Cardenal Víctor Manuel "Tucho" Fernández.
*** Publicado en LA PRENSA.

jueves, diciembre 11, 2025

Directorio de Moño Azul S.A. en la inauguración del Mercado Concentrador "José Enríquez" en Centenario (Neuquén).

 


1998 Directorio de Moño Azul S.A.

De izquierda a derecha

José Humberto Calderón

Antonio Carmelo Pirri

Manuel Enríquez

Norberto Enríquez

Osvaldo M. Grisanti

Honorio Enríquez

Miguel Enríquez

Inauguración del Mercado Concentrador de Neuquén.

El mismo lleva el nombre de José Enríquez pionero frutícola de la provincia.

Gentileza: José Calderón.

miércoles, diciembre 10, 2025

La cocina italiana fue declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por decisión unánime del Comité Intergubernamental de la UNESCO.

 
La cocina italiana fue declarada este martes patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por decisión unánime del Comité Intergubernamental de la UNESCO, reunido en Nueva Delhi, India. Se trata de la primera cocina del mundo en ser reconocida en su totalidad, un hecho histórico que subraya su peso cultural, social y económico.
Nuestra Argentina no está ajena a esta noticia pues la inmigración italiana que llegó a nuestras tierras trajo consigo costumbres, forma de hablar, en alimentación que influyeron.
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Según la resolución, la cocina italiana es “una mezcla cultural y social de tradiciones culinarias”, “una forma de cuidarse a uno mismo y a los demás, de expresar amor y redescubrir las propias raíces culturales, ofreciendo a las comunidades un espacio para compartir su historia y describir el mundo que las rodea”.

La UNESCO destaca cómo la cocina italiana "fomenta la inclusión social, promueve el bienestar y ofrece un canal para el aprendizaje intergeneracional a lo largo de la vida, fortaleciendo vínculos, fomentando el intercambio y el sentido de pertenencia".

La decisión destaca que, para los italianos, cocinar es una actividad comunitaria que prioriza la intimidad con la comida, el respeto por los ingredientes y los momentos compartidos en torno a la mesa.

Esta práctica se basa en recetas que no generan desperdicio y en la transmisión de sabores, habilidades y recuerdos entre generaciones.

Como práctica multigeneracional, con roles perfectamente intercambiables, la cocina desempeña un papel inclusivo, permitiendo a todos disfrutar de una experiencia de intercambio individual, colectiva y continua, superando todas las barreras interculturales e intergeneracionales, añade.

La cocina italiana representa también un elemento importante por la economía italiana, con 70 mil millones de Euro de exportaciones de productos agroalimentarios italianos.

El Consulado General de Italia en Bahia Blanca agradece a todas las instituciones, asociaciones, medios de comunicación y empresas de la ciudad por el acompañamiento a la Cocina Italiana, especialmente durante la misión de la delegación Tipicita’ de la región Marche el 20-22 noviembre pasados.

*** Noticia publicada en LA NUEVA de Bahía Blanca.

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“Hoy la Unesco ha reconocido la cocina italiana como Patrimonio de la Humanidad. Somos los primeros del mundo en recibir este reconocimientoque honra nuestra identidad. Porque para nosotros, los italianos, la cocina es más que comida o un recetario. Es mucho más: es cultura, tradición, trabajo y riqueza”, celebró, con clásica oratoria patriótica.

“Nuestra cocina nace de cadenas de suministro agrícolas que combinan calidad y sostenibilidad. Preserva un patrimonio milenario transmitido de generación en generación. Crece gracias a la excelencia de nuestros productores y se transforma en obras maestras gracias a la maestría de nuestros chefs”, dijo Meloni.

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El Cuarteto, género emblemático de la cultura popular de Córdoba, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

 



El Cuarteto, género emblemático de la cultura popular de Córdoba, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La declaración de la Unesco coronó el camino iniciado por la Municipalidad de Córdoba en 2020 a instancias del por entonces intendente Martín Llaryora.

Con esta declaración, el Cuarteto se incorpora a la lista de expresiones argentinas reconocidas por la UNESCO, junto al Tango (2009), el Filete Porteño (2015) y el Chamamé (2020).


La Unesco declaró al cuarteto “patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad”.

El género nació en Córdoba en 1943; Leonor Marsano fue la creadora del “tunga-tunga” que se popularizó en todo el país de la mano de artistas como la Mona Jiménez y Rodrigo Bueno.

CÓRDOBA.- El cuarteto, género musical de la cultura popular de Córdoba, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por el Comité Intergubernamental de la Unesco, reunido en Nueva Delhi (India). La iniciativa fue impulsado por la Municipalidad de Córdoba en la documentación presentada hace más de tres años: “Cuarteto, Música, Letra y Danza en la Ciudad de Córdoba”.

La Unesco entiende por “patrimonio cultural inmaterial” al conjunto de “usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes, que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural”. Es un proceso vivo, que se transforma con el tiempo.

La historia del cuarteto cordobés nació el 4 de junio de 1943 cuando, con la dirección de Augusto Marzano y la participación de su hija Leonor, el Cuarteto Leo se presenta por primera vez en el auditorio de la radio LV3. Miguel Gelfo y Luis Cabrero también eran parte de ese grupo que es reconocido como la semilla del ritmo que mueve a miles de personas cada fin de semana en Córdoba y en buena parte del país.

Casi un mes después, el 9 de julio, hicieron su primer baile y una década más tarde, grabaron un disco. Cuando en 1961 murió Augusto Marzano, Leonor quedó al frente del Cuarteto Leo, es la creadora del “tunga tunga”.

Todos los que vinieron después -desde Carlos “la Mona” Jiménez a Rodrigo, pasando por La Konga, Ulises, Euge Quevedo, Q’Lokura, Pelusa y Sebastián- son los herederos de esos cuatro músicos que se inspiraron en “la tarantela y el pasodoble europeos” y “se ha nutrido de ritmos latinos”, según cuentan los que estudian el fenómeno.

Como el piano oficia como base de percusión se lo llama “tunga tunga”, un ritmo en 2/4 que marca el pulso del baile: dos sílabas, dos movimientos de pies. En los 60, el género empieza a sumar ritmos caribeños, percusión afrolatina y secciones de vientos, con lo que su llegada al público se fue ampliando.

Los cuarteteros resistieron a la dictadura, que los persiguió. “La prohibición fue en la época de los militares. Cuando estaba por empezar el Mundial (1978) comenzaron a levantar los discos de las disquerías para que cuando llegaran los turistas no fueran a los negocios y preguntaran qué es esto, la música regional de Córdoba, y se nos cagaran de risa de la música nuestra”. La frase está en una de las paredes del museo y es de “La Mona” Jiménez, recordando los años de la dictadura.




En 2021, primero la Provincia y después la Nación declararon al género patrimonio inmaterial. Poco después empezó el camino que llegó a la Unesco. Ese mismo año, en la céntrica esquina de Colón y Rivera Indarte se inauguró el Museo del Cuarteto, que incluye ropa de los ídolos del género, gigantografías e imágenes de los artistas y sus biografías, tapas de discos, documentación de los bailes y el Rincón del baile, donde se recrea una escena de un baile de los años 50 decorado y pensado para que el público que visite el lugar pueda tomar sus fotografías.

También cuenta con un espacio dedicado al cuarteto y la diversidad sexual y vitrinas con instrumentos musicales como el piano de Coquito Ramaló, fundador del Cuarteto de Oro, utilizados en numerosos shows.

“Día histórico”.

“Día histórico”, así consideró la noticia el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, que se mostró muy contento con este gran reconocimiento a la música local.

“El mundo entero reconoce algo que nosotros los cordobeses sabemos desde siempre: que el cuarteto es más que música. Que la Unesco haya consagrado al cuarteto como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad es un orgullo enorme”, señaló en su cuenta de X.

Por Gabriela Origlia.

Publicado en LA NACIÓN. 

9 de diciembre de 2025.

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/la-unesco-declaro-al-cuarteto-patrimonio-cultural-e-inmaterial-de-la-humanidad-nid09122025/
MOMENTO MUSICAL.






martes, diciembre 09, 2025

Uno Tango Letra: Enrique Santos Discépolo. Canta: Ricardo "Chiqui" Pereyra.

San Martín de Porras. Lima, 9 de diciembre de 1579 – 3 de noviembre de 1639.

 

Fiesta 3 de noviembre


 San Martín de Porras, o Porres como se le conoce, fue el primer Santo negro de América y es el Patrón Universal de la Paz y el Patrón de la Justicia Social. Se le conoce también como "el Santo de la Escoba" por ser representado con una escoba en la mano como símbolo de su humildad y llamado por Juan XXIII como Martín de la caridad, por el gran amor que ponía en cada una de las cosas que hacía.

Martín de la caridad

Lima, 9 de diciembre de 1579 – 3 de noviembre de 1639.

Fiesta: 3 de Noviembre.


San Martín de Porras, o Porres como se le conoce, fue el primer Santo negro de América y es el Patrón Universal de la Paz y el Patrón de la Justicia Social. Se le conoce también como "el Santo de la Escoba" por ser representado con una escoba en la mano como símbolo de su humildad y llamado por Juan XXIII como Martín de la caridad, por el gran amor que ponía en cada una de las cosas que hacía.


Sus primeros años

Fue hijo de un español de la Orden de Alcántara, Don Juan de Porras (o Porres según algunos documentos) y de una negra liberta, Ana Velázquez, natural de Panamá que residía en Lima.
Nació en el barrio limeño de San Sebastián, Martín de Porras fue bautizado el 9 de diciembre de 1579 y dos años más tarde nació su hermana Juana. El documento bautismal revela que su padre no lo reconoció, pues por ser caballero laico y soltero de una Orden Militar estaba obligado a guardar la continencia de estado. Posteriormente sí lo reconoció.

Hacia 1586, el padre de Martín decidió llevarse a sus dos hijos a Guayaquil con sus parientes. Sin embargo, los parientes sólo aceptaron a Juana quien no había heredado la tez morena de su madre, y Martín de Porras hubo de regresar a Lima, donde fue puesto bajo el cuidado de doña Isabel García Michel en el arrabal de Malambo, en la parte baja del barrio de San Lázaro, habitado por negros y otros grupos raciales. En 1591 recibió el sacramento de la Confirmación de manos del arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo.

Martín inició su aprendizaje de boticario en la casa de Mateo Pastor. Esta experiencia sería clave para Martín, conocido luego como gran herbolario y curador de enfermos, puesto que los boticarios hacían curaciones menores y administraban remedios para los casos comunes. También fue aprendiz de barbero, oficio que conllevaba conocimientos de cirugía menor.

La proximidad del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario y su claustro conventual ejercieron una atracción sobre él. Sin embargo, entrar allí no cambiaría su situación social y el trato que recibiría por ser mulato y bastardo: no podía ser fraile de misa e incluso le prohibieron ser hermano lego.


Empieza su vida religiosa

A los 15 años, en 1594 y por la invitación de Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico, teólogo y hombre de virtudes, entró en la Orden de Santo Domingo de Guzmán, pero recibiría el trato de siempre por ser mulato y bastardo: no podía ser fraile de misa e incluso le prohibieron ser hermano lego. Por eso ingresó bajo la categoría de "donado", es decir, como terciario. Así vivió 9 años, practicando los oficios más humildes. Fue admitido como hermano de la orden en 1603. Perseveró en su vocación a pesar de la oposición de su padre, y en 1606 profesó los votos de pobreza, castidad y obediencia.

En el convento, Martín ejerció también como barbero, ropero, sangrador y sacamuelas. Su celda quedaba en el claustro de la enfermería. Todo el aprendizaje como herbolario en la botica y como barbero hizo de Martín un curador de enfermos, sobre todo de los más pobres y necesitados. Los frailes se quejaban de que Fray Martín quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba lo socorría y hasta llevaba a algunos más graves y pestilentes a recostarlos en su propia cama cuando no tenía más donde se los recibiera. Su humildad fue probada en el dolor de la injuria, incluso de parte de algunos religiosos dominicos. Incomprensión y envidias: camino de contradicciones que fue asemejando al mulato a su Reconciliador.

Su fama se hizo muy notoria y acudía gente muy necesitada en grandes cantidades. Su labor era amplia: tomaba el pulso, palpaba, vendaba, entablillaba, sacaba muelas, extirpaba lobanillos, suturaba, succionaba heridas sangrantes e imponía las manos con destreza. En Martín confluyeron las tradiciones medicinales española, andina y africana; solía sembrar en un huerto una variedad de plantas que luego combinaba en remedios para los pobres y enfermos. Debió de empezar su labor como enfermero entre 1604 y 1610.

La vida en el convento estaba regida por la obediencia a sus superiores, pero en el caso de Martín la condición racial también era determinante. Aunque frecuentaba a la gente negra y a castas, nunca planteó reivindicaciones sociales ni políticas; se dedicó únicamente a practicar la caridad, que hizo extensiva a otros grupos étnicos. Todas estas dificultades no impidieron que Martín fuera un fraile alegre. Sus contemporáneos señalan su semblante siempre alegre y risueño.
Su preocupación por los pobres fue notable. Se sabe que los desvalidos lo esperaban en la portería para que los curase de sus enfermedades o les diera de comer. Martín trataba de no exhibirse y hacerlo en la mayor privacidad. La caridad de Martín no se circunscribía a las personas, sino que también se proyectaba a los animales, sobre todo cuando los veía heridos o faltos de alimentos. Tenía separada en la casa de su hermana (que ya estaba casada y en buena posición social) un lugar donde albergaba a gatos y perros sarnosos, llagados y enfermos.
De todas las virtudes que poseía Martín de Porras sobresalía la humildad, siempre puso a los demás por delante de sus propias necesidades. En una ocasión el convento tuvo serios apuros económicos y el Prior se vio en la necesidad de vender algunos objetos, ante esto, Martín de Porras se ofreció a ser vendido como esclavo para remediar la crisis, el Prior conmovido, rechazó su ayuda.

Ejerció constantemente su vocación pastoral y misionera; enseñaba la doctrina cristiana y fe de Jesucristo a los negros e indios y gente rústica que asistían a escucharlo en calles y en las haciendas cercanas a las propiedades de la Orden ubicadas en Limatambo. La situación de pobreza y abandono moral que estos padecían le preocupaban; es así que con la ayuda de varios ricos de la ciudad - entre ellos el virrey Conde de Chinchón, que en propia mano le entregaba cada mes no menos de cien pesos - fundó el Asilo y Escuela de Santa Cruz para reunir a todos los vagos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación.

El futuro santo fue frugal, abstinente y vegetariano. Dormía sólo dos o tres horas, mayormente por las tardes. Usó siempre un simple hábito de cordellate blanco con una capa larga de color negro. Alguna vez que el Prior lo obligó a recibir un hábito nuevo y otro fraile lo felicitó, Martín, risueño, le respondió: “pues con éste me han de enterrar” y efectivamente, así fue.



Santo en vida.


Martín fue seguidor de los modelos de santidad de Santo Domingo de Guzmán, San José, Santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer. Sin embargo, a pesar de su encendido fervor y devoción, no desarrolló una línea de misticismo propia.

Se sabe que San Martín de Porras, Santa Rosa de Lima terciaria dominica y San Juan Macías también dominico, se conocieron y trataron algunas veces, aunque no se tienen detalles históricamente comprobados de sus entrevistas.

Aunque él trataba de ocultarse, su fama de santo crecía día por día, no había familia en Lima que no hubiese recibido ayuda de Martín de Porras de alguna forma y el don de la sabiduría era en él tan grande, que las más altas personalidades de Lima recurrían a su consejo. También, muchos enfermos lo primero que pedían cuando se sentían graves era: "Que venga el santo hermano Martín". Y él nunca negaba un favor a quien podía hacerlo.

Hacia 1619 comenzó a sufrir de cuartanas, fiebres muy elevadas que se presentaban cada cuatro días; este mal se le fue agudizando y duró el resto de su vida, aunque continuó cumpliendo con sus obligaciones. Con el correr del tiempo, Martín fue ganando no sólo fama de santo sino que empezó a ser temido. La imaginería popular se desconcertaba ante sucesos sobrenaturales, algunos de ellos no presenciados pero conocidos de oídas. Comenzaron a correr rumores de que deambulaba por el claustro en las noches, rodeado de luces y resplandores. También causaban miedo sus apariciones inesperadas y sus desapariciones inexplicables.


Milagros atribuidos

Las historias de sus milagros son muchas y sorprendentes, éstas fueron recogidas como testimonios jurados en los Procesos diocesano (1660-1664) y apostólico (1679-1686), abiertos para promover su beatificación. Buena parte de estos testimonios proceden de los mismos religiosos dominicos que convivieron con él, pero también los hay de otras muchas personas, pues Martín de Porras trató con gentes de todas las clases.

Se le atribuye el don de la bilocación. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".

Se le reputó control sobre la naturaleza, las plantas germinaban antes de tiempo y toda clase de animales atendían a sus mandatos. Uno de los episodios más conocidos de su vida es que hacía comer del mismo plato a un perro, un ratón y un gato en completa armonía.

Se le atribuyó también el don de la sanación, de los cuales quedan muchos testimonios, siendo las más sorprendentes la curación de enfermos desahuciados. Según los testimonios de la época, a veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Durante la epidemia de peste, curó a cuantos acudían a él, y curó milagrosamente a los sesenta cohermanos. Normalmente los remedios por él dispuestos eran los indicados para el caso, pero en otras ocasiones, cuando no disponía de ellos, acudía a medios inverosímiles con iguales resultados. Con unas vendas y vino tibio sanó a un niño que se había partido las dos piernas, o aplicando un trozo de suela al brazo de un donado zapatero lo curó de una grave infección. Todos, grandes señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo mulato: "yo te curo, Dios te sana" decía Martín con grande conciencia del inmenso amor del Señor que ha gustado siempre de tocar el corazón de los hombres con manos humanas.

Sorprendió a muchos con sus curaciones instantáneas, como la del novicio Fray Luis Gutiérrez que se había cortado un dedo casi hasta desprendérselo; a los tres días tenía hinchados la mano y el brazo, por lo que acudió al hermano Martín, quien le puso unas hierbas machacadas en la herida. Al día siguiente, el dedo estaba unido de nuevo y el brazo enteramente sano. En cierta ocasión, el arzobispo Feliciano Vega, que iba a tomar posesión de la sede de México, enfermó de algo que parece haber sido pulmonía y mandó llamar a Fray Martín. Al llegar éste a la presencia del prelado enfermo, se arrodilló, mas él le dijo: "levántese y ponga su mano aquí, donde me duele". ¿Para qué quiere un príncipe la mano de un pobre mulato?, preguntó el santo. Sin embargo, durante un buen rato puso la mano donde lo indicó el enfermo y, poco después, el arzobispo estaba curado.

Muchos testimonios afirmaron que cuando oraba con mucha devoción, levitaba y no veía ni escuchaba a la gente. A veces el mismo Virrey que iba a consultarle (aún siendo Martín de pocos estudios) tenía que aguardar un buen rato en la puerta de su habitación, esperando a que terminara su éxtasis.

Otra de las facultades atribuidas fue la videncia. Se contó, por ejemplo, que su hermana había sustraído una suma de dinero a su esposo, y se encontró con Martín, el cual inmediatamente le llamó la atención por lo que había hecho. Su hermana no salía de su asombro, ya que nadie sabía del hurto. También se le atribuyó facultades para predecir la vida propia y ajena, incluido el momento de la muerte.

Como escribe Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas: Nuestro paisano Martín de Porras, en vida y después de muerto hizo milagros por mayor. Hacía milagros con la facilidad que otros hacen versos. Uno de sus biógrafos (no recuerdo si el padre Manrique o el médico Valdez) dice que el prior de los dominicos tuvo que prohibirle que siguiera milagreando (dispénsenme el verbo). Y para probar cuán arraigado estaba en el siervo de Dios el espíritu de obediencia, refiere que, en momento de pasar fray Martín frente a un andamio, cayóse un albañil desde ocho o diez varas de altura, y que nuestro lego le detuvo a medio camino gritando: "¡Espere un rato, hermanito!" Y el albañil se mantuvo en el aire hasta que regresó fray Martín con la superior licencia.

De los relatos que se guardan de sus milagros, parece deducirse que Martín de Porras no les daba mayor importancia. A veces, incluso, al imponer silencio acerca de ellos, solía hacerlo con joviales bromas, llenas de donaire y humildad. En la vida de Martín de Porras los milagros parecían obras naturales.


Su muerte.

A la edad de sesenta años, Martín de Porras, cae enfermo y anuncia que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. La noticia causó profunda conmoción en la ciudad. Tal era la veneración hacia este mulato, que el Virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Conde de Chinchón, fue a besarle la mano cuando se encontraba en su lecho de muerte pidiéndole que velara por él desde el cielo.

Martín solicitó a los dolidos religiosos que entonaran en voz alta el Credo y mientras lo hacían, falleció. Eran las 9 de la noche del 3 de noviembre de 1639 en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Toda la ciudad le dio el último adiós en forma multitudinaria donde se mezclaron gente de todas las clases sociales, altas autoridades civiles y eclesiásticas lo llevaron en hombros hasta la cripta, doblaron las campanas en su nombre y la devoción popular se mostró tan excesiva que las autoridades se vieron obligadas a realizar un rápido entierro. Luego de su entierro, los milagros empezaron a obtenerse a montones por su intercesión.


En la actualidad sus restos descansan en la Iglesia de Santo Domingo en Lima, (Perú) junto a los restos de Santa Rosa de Lima y San Juan Masías en el denominado "Altar de los Santos Peruanos".



Beatificación y Canonización

A pesar de la biografía ejemplar del mulato Martín de Porras, convertido en devoción fundamental de las castas y los negros, la sociedad colonial no lo llevaría a los altares. Su proceso de beatificación hubo de durar hasta 1837 cuando fue beatificado por el Papa Gregorio XVI, franqueando las barreras de una anticuada y prejuiciosa mentalidad.

El Papa Juan XXIII que sentía una verdadera devoción por Martín de Porras, lo canoniza el 6 de mayo de 1962 con las siguientes palabras: "Martín excusaba las faltas de otro. Perdonó las más amargas injurias, convencido de que el merecía mayores castigos por sus pecados. Procuró de todo corazón animar a los acomplejados por las propias culpas, confortó a los enfermos, proveía de ropas, alimentos y medicinas a los pobres, ayudo a campesinos, a negros y mulatos tenidos entonces como esclavos. La gente le llama ‘Martín, el bueno’."

Su festividad en el santoral católico se celebra el 3 de Noviembre. En Perú se efectúan varias procesiones de su imagen ese día, siendo la procesión principal la que parte de la Iglesia de Santo Domingo en Lima, lugar donde descansan sus restos mortales.


Referencias tomadas de:

http://www.adonde.com/historia/1639_san_martin.htm
http://www.arzobispadodelima.org/santos/smartin/index.html
http://www.corazones.org/santos/martin_porres.htm
Publicado en FORMACIÓN PASTORAL PARA LAICOS.