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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, julio 17, 2023

Un candidato en busca de un partido político. Por Gustavo Dalmazzo.

 

Plaza Flores. Proselitismo peronista en las elecciones de febrero de 1946.

Por Gustavo Dalmazzo.

Tras el triunfo político del 17 de octubre de 1945, el coronel Juan Domingo Perón comenzó a organizar su candidatura a la presidencia de la Nación. La Revolución iniciada el 4 de junio de 1943 iba a dejar un heredero consagrado por el voto popular y sin mediar fraude alguno, lo contrario a lo que había sucedido en noviembre de 1931, cuando los septembrinos del ’30 se retiraron imponiendo al general Agustín Pedro Justo como presidente.
Perón había sido secretario de Trabajo, ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación del gobierno revolucionario hasta el 8 de octubre de 1945, cuando la guarnición de Campo de Mayo se sublevó al mando del general Eduardo Ávalos quien le exigió al presidente, general Edelmiro Farrell, la destitución de Perón y el posterior encierro en la Isla Martín García.
LA PUEBLADA.
La pueblada del 17 de octubre, por otra parte también organizada por los amigos militares y sindicalistas de Perón, dieron por tierra los planes de Ávalos y algunos civiles vinculados a la Unión Cívica Radical. Farrell nuevamente presionado, pero en sentido contrario, liberó a Perón allanando el camino hacia la salida electoral, que ocurriría el 24 de febrero del siguiente año.
Pero si bien el Coronel había actuado intensamente en la política de esos años, era un militar y no un dirigente que provenía de la política, por lo tanto debía armar rápidamente una estructura electoral. Inmediatamente el dirigente telefónico Luis Gay y el de la carne, Cipriano Reyes, junto con otros referentes sindicales, organizaron la Junta Promotora del Partido Laborista, usando el mismo nombre del entonces poderoso partido político británico, que lideraba el primer ministro Clement Attlee. Eran, tanto en Gran Bretaña como en Argentina, los inicios del llamado “estado de bienestar”.
Pero sólo con los gremialistas no alcanzaba, es por eso que Perón buscó el apoyo de los experimentados políticos de la Unión Cívica Radical-Junta Renovadora: el abogado correntino Juan Hortensio Quijano y el santafecino Armando Antille, el abogado que había defendido a Hipólito Yrigoyen en las causas que le iniciara la dictadura de José Félix Uriburu.
No menos importante fue el apoyo que le dieron a la candidatura de Perón los conservadores aglutinados en los Centros Independientes organizados por el general Juan Filomeno Velazco, jefe de la Policía de la Capital Federal, antecesora de la Policía Federal Argentina, que llegaría a ser gobernador de Corrientes, su provincia natal, en 1949. Acompañó a Velazco en la tarea de lo que finalmente fue el Partido Independiente, el contralmirante Alberto Teisaire, ministro del Interior y también de Marina después de 1943 y que llegaría a ser senador nacional por la Capital Federal en 1946 y vicepresidente de la Nación en 1954, la única vez que en la historia política argentina se eligiera un vice, en esa ocasión por el fallecimiento del reelegido Quijano.
El armado de los independientes fue fundamental en la provincia de Buenos Aires. Al periodista conservador José Emilio Visca, edil e intendente de Pergamino, se le sumó Héctor Sustaita Seeber, dirigente de Vicente López y el intendente de San Andrés de Giles, Héctor José Cámpora.
BASE JURIDICA ELECTORAL.
Así Perón construyó su base jurídica electoral para los comicios de 1946 y que le permitió también articular las tres bases sociales que sustentaron su candidatura, es decir, los principales dirigentes sindicales, varios militares y hombres de la Iglesia Católica. Las mujeres seguramente también lo hubieran seguido, pero aún no habían alcanzado el derecho a sufragar.
La convivencia de los tres espacios no fue sencilla, especialmente por las rencillas entre los laboristas y los radicales de la Junta Renovadora. Estos últimos, que habían obtenido los mejores lugares en las listas de candidatos a legisladores fueron celados por los primeros. Seguramente Perón privilegió el conocimiento legislativo de los hijos de Hipólito Yrigoyen y que, además, iban a enfrentar a una coalición, la Unión Democrática, integrada por partidos políticos de fuste (la UCR, la democracia progresista, el socialismo y el comunismo, además del Partido Conservador que iba por fuera de la alianza electoral para no sentarse a la mesa con el Partido Comunista).
Visto desde esta perspectiva, los sindicalistas y los militares corrían con desventaja respecto de los viejos dirigentes de la política.
El día de la verdad, las urnas consagraron con el 53,71 % de los votos a la fórmula Perón-Quijano contra el 43,65 de la integrada por José Tamborini y Enrique Mosca. Estos últimos sacaron ventaja en San Juan, San Luis, Córdoba y Corrientes. Esta fue la única provincia que logró tener un no peronista de gobernador: Blas Benjamín de la Vega, de la UCR.
Al asumir la presidencia, Perón comenzó rápidamente a consolidar su poder y ordenó la disolución de los tres partidos que lo habían apoyado para unificarlos en uno nuevo: el Partido Único de la Revolución. Esta medida fue resistida por los dirigentes laboristas, aunque terminaron aceptándola, menos Cipriano Reyes, que pagó su resistencia con la cárcel.
El Partido Único de la Revolución existió con ese nombre hasta el 15 de enero de 1947, en que pasó a llamarse Partido Peronista; tuvo dos ramas: la sindical y la política. En 1949 se creó el Partido Peronista Femenino, integrado solamente por mujeres. La primera presidenta fue Eva Perón. El PPF tendría garantizado el 33% de los cargos que obtenía el peronismo. Luego de conseguir el sufragio femenino en 1947, por la Ley 13.010, Evita comprendió que la sola existencia de la ley no garantizaba la presencia de las mujeres entre los candidatos con posibilidades de ser electos, por eso la creación del Partido.
Esta exigencia del 33 % de los cargos para las mujeres se dio solamente en el Partido Peronista. En las elecciones del 11 de noviembre de 1951, en que volvió a imponerse la fórmula Perón-Quijano (recordemos que la Reforma constitucional de 1949 permitió la reelección) con el 63,61 % frente a la radical que llevó a Ricardo Balbín y Arturo Frondizi, que obtuvo el 32,33 %, una gran cantidad de mujeres peronistas resultaron elegidas: 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales, y si se cuentan a las legisladoras provinciales fueron elegidas en total 109 mujeres. Por la UCR, el segundo partido del país, ninguna mujer accedió a un cargo electivo, y solamente la comunista Alcira de la Peña acompañó a Rodolfo Ghioldi en la fórmula presidencial.
En 1955, tras el golpe de Estado que derrocó a Perón, fueron prohibidos tanto el PP como el PPF. De todas maneras, el nombre de “peronista” se mantuvo hasta el año 1971, cuando la ley 19.102 prohibió que los partidos políticos contuvieran en su denominación designaciones personales y/o los términos “nacional” o “argentino”. Desde entonces el peronismo está representado en el Partido Justicialista.
* Historiador.

* Publicado en Diario LA PRENSA.

lunes, octubre 17, 2022

Relato salvaje: lo que ocurrió el 16 y 17 de octubre de 1945.

 


17 de octubre: Perón nunca estuvo detenido, ni fue liberado por nadie.

El peronismo engendró la idea de que el “rescate” de Domingo Perón de la isla Martín García, el 17 de octubre de 1945, fue una gesta tan grande como la Revolución de Mayo.

Desde 1947 a 1955, esa fecha era feriado nacional, y era enseñada en todas las escuelas.

“Una multitud pidió en Plaza de Mayo la libertad de Perón”, tituló el diario Clarín su tirada del día posterior a la marcha.

Sin embargo, Perón nunca estuvo detenido. Por lo tanto, nunca fue liberado por nadie.

Era, por el contrario, el más firme candidato que el régimen militar podía exhibir para representarlo en las elecciones presidenciales que había anunciado para el año siguiente.

“Perón ya no es un peligro”

El 12 de octubre de 1945, periodistas que entrevistaban a quien lo había reemplazado en el Ministerio de Guerra, le preguntaron qué había de cierto sobre los rumores de que Perón, quien había renunciado a sus cargos de ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación, había sido detenido y recluido en algún lugar.

El nuevo ministro, general Ávalos, les contestó: “No lo he visto, y que yo sepa, no”.

Y era verdad: no estaba detenido. El día anterior a la tarde había viajado a Florida con su pareja Eva Duarte; pasaron la noche en casa de un amigo, al día siguiente, 12, siguieron viaje a una de las islas del Tigre, donde se alojaron en la casa de verano de otro amigo, el empresario alemán y dirigente nazi Ludwig Freude.

En horas de la mañana de ese mismo día, tres generales y tres almirantes, todos ellos reconocidos enemigos de Perón, se reunieron en el Círculo Militar con el nuevo ministro de Guerra, general Ávalos. Eran los generales Orlando Peluffo, Alberto Gutiérrez y Abraham Quiroga; el vicealmirante Héctor Vernengo Lima, y los contraalmirantes Leonardo Mc Lean, Francisco Clarizza y Juan Smith.

Durante la reunión, le pidieron al ministro “la detención y procesamiento militar del coronel Perón”.

Directamente, reclamaron que se hiciera “desaparecer todo vestigio del régimen impuesto por el ex vicepresidente y ex titular de la cartera de Guerra”. Estos mismos militares concurrieron seguidamente a la Casa de Gobierno para reunirse con el presidente Farrell, ante quien formularon los mismos pedidos.

Fuera del Círculo Militar, comenzaron a llegar manifestantes contrarios a Perón y al gobierno militar.

“Fustigando muchos de los presentes la actuación del ex vicepresidente Perón”, estos manifestantes también reclamaron a los gritos la entrega del gobierno a la Corte Suprema de Justicia”.

Finalmente lograron otra de las cosas que estaban pidiendo: que salieran al balcón aquellos generales y almirantes que habían ido a hablar con Ávalos y Farrell. En representación de los mismos, habló el vicealmirante Héctor Vernengo Lima. Entre otros anuncios, enfatizó: “El coronel Perón ya no es un peligro”.

Dijo, seguidamente: “Les comunico que todo el gabinete ha renunciado, y tengo la palabra del general Farrell, del Ejército y de la Marina de hacer responsables a los culpables de todos estos inconvenientes, especialmente al coronel Perón”.

Efectivamente, minutos después desde la Secretaría de la Presidencia de la Nación se emitió un comunicado anunciando que todos los ministros habían renunciado.

Se perfila el 17 de octubre

En la madrugada del día 13, llegó al chalet donde se encontraba Perón, en el Delta del Tigre, el jefe de Policía, coronel Mittelbach, para decirle que Farrell le había ordenado que lo lleve de regreso a la capital

Ya en su casa, alrededor de las 2 de la madrugada llegó el subjefe de Policía para invitarlo a trasladarse a la cañonera “Independencia”.

El jefe interino de la Policía Federal, coronel Mittelbach, emitió el siguiente comunicado: “En las primeras horas del día de hoy fue detenido el coronel don Juan Perón, siendo conducido a un barco de guerra de la Armada, donde se encuentra alojado”.

En quella misma cañonera lo llevaron a la isla Martín García donde, a falta de un alojamiento mejor, se le destinó la vivienda que se usaba para detenidos militares.

El 13 de octubre, miles de partidarios suyos se concentraron frente al Círculo Militar.

El 14 de octubre de 1945, desde su alojamiento en la Isla Martín García y pese a que no estaba allí “confinado” como él decía sino para protegerlo de una parte de las Fuerzas Armadas interesada en eliminarlo incluso físicamente, Perón envió éste mensaje al general Avalos:

“Comunico al señor ministro que el día 12 de octubre a la noche he sido detenido por la Policía Federal, entregado a las fuerzas de la Marina de Guerra, y confinado en la Isla Martín García. Como todavía soy un oficial superior del Ejército en actividad y desconozco el delito de que se me acusa, como asimismo las causas por las cuales he sido privado de libertad y sustraído a la jurisdicción que por ley y mi estado militar me corresponde, solicito quiera servirse ordenar se realicen las diligencias del caso para esclarecer los hechos, y de acuerdo a la ley disponer en consecuencia mi procesamiento, o proceder a resolver mi retorno a jurisdicción y libertad, si corresponde. Juan Perón. Coronel”.

El 16 de octubre, el Ministerio de Guerra emitió un comunicado aclarando que, en la isla Martín García, Perón no estaba detenido. Textualmente, el escrito expresaba:

“El Ministerio de Guerra de la Nación, ante la diversidad de versiones circulantes respecto a la situación del coronel don Juan Domingo Perón, hace saber a la población que el mencionado oficial superior no se encuentra detenido. Solamente se han adoptado medidas de seguridad que se consideran convenientes para su persona y que responden a la situación de intranquilidad propia del momento”.

Siempre durante ese día 16 de octubre, aparecieron en Londres declaraciones del ministro de Guerra, general Ávalos, hechas al corresponsal en la Argentina de esa agencia noticiosa inglesa.

Consultado sobre la situación en que se encontraba el coronel Perón, respondió:

“Perón fue invitado a trasladarse a la isla Martín García, en nombre del Presidente de la República y en el mío propio, a fin de evitar que se cometiera algún atentado contra él.

No es un secreto que querían atacarlo y que el pasado 19 de septiembre la multitud pedía a gritos su cabeza. Yo hice la revolución con el coronel Perón y, además, soy ministro de Guerra: jamás hubiera cargado con la responsabilidad y la vergüenza de un atentado.

Por lo demás, afirmo como ministro de Guerra que no hay ningún cargo contra el coronel Perón. Por lo tanto, los rumores que circulan sobre que está detenido no son más que eso: rumores sin valor”.

Efectivamnte, tanto era así que el 17 de octubre de 1945, temprano a la mañana Perón ya estaba otra vez en Buenos Aires, supuestamente enfermo e “internado” en el Hospital Militar Central.

Columnas de trabajadores se concentraron frente a ese lugar, y algunos de ellos intentaron entrar por la fuerza al mismo, “para ver al coronel”. De adentro salió el sacerdote J. Carreras, quien, tras asegurar que el militar no estaba allí en calidad de detenido pidió a los manifestantes que se dispersaran tranquilos.

El gentío decidió entonces que una delegación entrara a “comprobar el estado” del militar. L delegación no fue autorizada a ingresar, y se retiró “tras recibir seguridades de que el coronel se encuentra bien y en libertad”.

Más tarde, se conformó otra delegación integrada con afiliados de la Unión Ferroviaria, la cual sí logró verlo. Al retirarse, informaron a los demás que “efectivamente, como lo dijo el sacerdote Carreras, el coronel está bien y en libertad”.

Ya en horas de la tarde, densas columnas obreras siguieron llegando a la Plaza de Mayo, en tanto que reiteradamente se iba pasando por todas las emisoras de radio un comunicado informando que el coronel Perón no estaba preso, sino en libertad.

A las 21 de ese día, el procurador general de la Nación, doctor Juan Álvarez, le propuso al presidente Farrell estos nombres –todos civiles- para la constitución de un nuevo gabinete: doctor Alberto Hueyo (Hacienda), doctor Isidoro Ruiz Moreno (Relaciones Exteriores y Culto), doctor Jorge Figueroa Alcorta (Justicia e Instrucción Pública), e ingeniero Antonio Vaquer (Obras Públicas).

A las 21,30, se escuchó también por radio éste comunicado de la Secretaría de la Presidencia de la Nación:

“1°)- El señor Presidente de la Nación va a sostener una conferencia con el señor coronel Perón.

2°)- El gabinete futuro consultará los altos intereses y nobles aspiraciones del pueblo.

3°)- El coronel Perón hablará en cadena a todo el país alrededor de las 23 horas”.

 Perón nunca estuvo detenido

Perón nunca estuvo detenido. Fue una bola que él mismo echó a correr, pero su mentira terminó convirtiéndose en un dogma de fe peronista, y hasta llegó a ser materia de enseñanza obligatoria en las escuelas.

Desde el muelle de la isla Martín García, se embarcó a las 3:30 de la madrugada rumbo a Buenos Aires. Llegó a las 6:40 y se alojó en el departamento del capellán del Hospital Militar.

¿Qué sentido tenía la marcha de ese 17 de octubre, si desde las primeras horas de la mañana Perón ya estaba nuevamente en Buenos Aires?

Al mediodía, almorzó con el teniente coronel Domingo A. Mercante, otro que supuestamente estaba detenido en Campo de Mayo pero que fue “liberado a pedido del coronel Perón”.

¿Habrá alguien que crea esto de un detenido pidiendo la liberación de otro detenido para almorzar con él?

Por la tarde, el “detenido” recibió a varias delegaciones de obreros y empleados traídos por dirigentes gremiales que, según un comunicado del Partido Socialista, eran “asalariados de la Secretaría de Trabajo y Previsión, a cargo de Perón hasta pocos días atrás”.

También lo vino a ver el capitán Héctor Francisco Russo, quien, según una información radial, “acaba de ser liberado en Campo de Mayo, igualmente a pedido del coronel Perón”.

De nuevo, ¿un detenido pidiendo la libertad de otro detenido para que lo venga a ver?

Esa misma tarde, el “detenido” Perón habló por teléfono con el mismísimo presidente Farrell, además de seguir recibiendo las visitas del ministro de Obras Públicas (general Pistarini, que después, ya como presidente constitucional, seguiría siendo su ministro de Obras Públicas), y el titular de la cartera de Guerra, general Ávalos.

Llegada la noche, Perón se trasladó a la residencia presidencial, “donde el primer magistrado lo recibió con un afectuoso y cordial abrazo, exponente de la antigua vinculación que los une”.

¿Un “detenido” siendo recibido “con un afectuoso y cordial abrazo” por un Presidente de la Nación?

A las 22,30, Perón llegó a la Casa Rosada, donde mantuvo una segunda reunión con Farrell, del que participaron también varios ex ministros y algunos jefes militares.

En ésta reunión se analizaron los nombres propuestos por el procurador de la Nación para el nuevo gabinete, y se discutieron nombres de candidatos para la Jefatura de Policía y de la Dirección de Correos y Telecomunicaciones, entre otras dependencias gubernamentales.

Otra vez: ¿un “detenido” analizando en la Casa Rosada con el Presidente y altos jefes militares cómo formar el nuevo gabinete, y con quienes cubrir varios organismos gubernamentales?

A las 23 el “detenido” Perón apareció en los balcones orientados hacia la calle Balcarce, acompañado del mismísimo Presidente, el ministro de Obras Públicas, otras autoridades gubernamentales, jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas.

El primero en hablar fue el presidente Farrell, quien exclamó, refiriéndose al “detenido”: “¡Otra vez, junto a ustedes, el hombre que ha sabido ganar el corazón de todos: el coronel Perón!”.

Finalmente, habló Perón, quien comenzó diciendo que tenía tres honras en su vida: “la de ser soldado, la de ser patriota, y la de ser el primer trabajador argentino”.

Ya cerca de la medianoche, se dio por terminado el acto, y la multitud se dispersó.

Terminado el acto, el presidente Farrell y el “detenido” Perón pasaron al despacho presidencial, donde sostuvieron una reunión de una hora de duración con los jefes de las distintas unidades de Campo de Mayo.

(Por Vidal Mario, periodista, escritor, historiador).

https://www.chacoahora.com/nota.asp?id=63548&t=17-de-octubre-Peron-nunca-estuvo-detenido-ni-fue-liberado-por-nadie

Relato salvaje: lo que ocurrió el 16 y 17 de octubre de 1945.

Por Vidal Mario

(QUINTA NOTA)

Una intensa propaganda peronista ha vestido vistió los hechos del 16 y 17 de octubre de 1945 con vestidos hechos de mitos, gestos heroicos que jamás existieron, y romanticismo puro.

Al respecto, un antiguo cuadro muestra a una madre que en medio de los obreros lleva de la mano a su hijita primorosamente peinada y vestida como para una fiesta de cumpleaños.

Pero las cosas que ocurrieron en esos días en realidad fueron de un innecesario salvajismo.
Sintetizando lo ocurrido en esas dos jornadas, el semanario comunista “Orientación” informó: “El malevaje peronista, repitiendo escenas dignas de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era arrojándose contra la población inocente, con la colaboración de la policía, que entregó la calle al peronismo bárbaro y desatado”.

La Unión Cívica Radical, a su vez se manifestó así: “Ultrajaron a la ciudadanía con la ayuda policial, en un espectáculo de vergüenza como nunca ha presenciado la Nación”.

El desarrollo de los hechos

Los hechos del 16 y 17 de octubre de 1945 comenzaron a desencadenarse el viernes 12 de ese mes, cuando el coronel Héctor David Mercante (“corazón de Perón”, futuro gobernador de Buenos Aires) convocó a numerosos dirigentes sindicales para proponerles una huelga general exigiendo la reposición de Perón en sus cargos.

Fueron a votación: 21 votaron a favor de la huelga, 19 en contra, y el paro fue fijado para el 18.
Ese mismo día viernes 12, en horas de la tarde, miles de antiperonistas se concentraron en la plaza San Martín, frente al Círculo Militar, para reclamar la renuncia de todo el gobierno, la entrega del poder a la Corte Suprema, y el llamado a elecciones.
Uno de sus cánticos, entonado al ritmo de la canción “La cucaracha”, decía: “Perón y Farrell/ Perón y Farrell/ ya no pueden caminar/ porque no tienen/ porque no tienen/ el apoyo popular”.

La policía montada dirigida por el propio jefe de policía, coronel Aristóbulo Mittelbach (futuro gobernador de Santiago del Estero por el Partido Laborista), los atacó con sus sables de caballería y los dispersó. Pero a las nueve de la noche se desencadenó en el lugar un tiroteo que dejó como saldo numerosos heridos y la muerte del médico Eugenio Luís Ottolenghi, quien murió de un disparo en el corazón.

A la medianoche de aquel viernes 12, el coronel Mittelbach fue a Tres Bocas para comunicar a Perón, quien seguía en la casa veraniega del alemán Freude, que por su seguridad lo iba a trasladar a un buque de la Armada. El coronel se negó a subirse a la nave alegando que eso lo sacaba de la jurisdicción del Ejército y lo ponía en jurisdicción de la Marina, con la que mantenía una conocida enemistad.

El sábado 13, los diarios se hicieron eco de la muerte del doctor Ottolenghi, señalado como un mártir caído “en defensa de la democracia y la libertad”. Ese día, Farrell aceptó la renovación de parte de su gabinete, con la excepción de dos de sus miembros.

Ese mismo sábado Perón regresó a Buenos Aires y se instaló en su departamento de Posadas 1567.
Su viejo amigo Farrell dispuso que lo llevaran a la isla Martín García. El encargado de hacerlo fue el subjefe interino de policía, mayor Héctor D’Andrea, quien llevó a Perón al puerto y lo embarcó en el buque “Independencia”. El diario “Crítica” anunció: “El coronel Perón ya no constituye un peligro para el país”.

Su pareja, Eva Duarte, se refugió en casa de una amiga, la actriz italiana Pierina Dealessi, y después en el departamento de su hermano Juan Duarte. Con lo que tenemos que el mito de que ella organizó la marcha del 17 de octubre es solamente eso: un mito.

Lo máximo que hizo fue viajar a Junín con su hermano Juan para darle un poder a los abogados Juan Álvarez Rodríguez y Ramón Subiza (futuro ministro de Perón) con vistas a un recurso de habeas corpus en favor de Perón, a esas horas ya en la isla Martín García.

Dicho poder quedó registrado en la escribanía de Hernán Ordiales, el mismo que como juez civil una semana después (22 de octubre de 1945) casó a Juan Domingo Perón y Eva Duarte tras una falsificación de la partida de nacimiento de ésta, que ya es otra historia.

Gremios contra gremios

El domingo 14, el capitán-cirujano Miguel Ángel Mazza, médico personal de Perón, fue a verlo. Ésta visita fue clave –más que todas las marchas juntas- para el regreso de Perón a Buenos Aires.
El lunes 15, los trabajadores de los frigoríficos de Berisso y Ensenada agrupados en el Sindicato de Obreros de la Carne y conducidos por Cipriano Reyes salieron a las calles con carteles y banderas reclamando la inmediata liberación de Perón.

Sin embargo, así como había gremios reclamando que liberen a Perón, otros sindicatos querían que el mismo siga detenido. Entre los que se oponían a la liberación del coronel figuraban la Asociación de Empleados de Farmacia, Unión de Empleados de Comercio e Industria, Unión Obrera de la Capital Federal, Federación Obrera del Vestido, Unión Obrera Textil, Unión de Obreros Curtidores, Comisión de Empleados Bancarios Democráticos, Sindicato Obrero de la Unión del Calzado, y Sindicato de Obreros y Empleados de YPF.

El comité ejecutivo del Partido Socialista tampoco quería que lo liberen. Por el contrario, en un comunicado exigió que “sean extirpados de raíz los elementos complicados con Perón y sean destituidas sus bases de operaciones en la administración pública”.

El Partido Comunista también salió a denunciar en un comunicado “los desmanes cometidos por elementos peronistas a través de bandas armadas dirigidas por Cipriano Reyes”.

El día 16, Cipriano Reyes organizó una gran movilización frente a las puertas del sindicato. Desde ese lugar, miles de personas se pusieron en marcha. Cruzaron el puente Berisso-Ensenada rumbo a las destilerías de YPF. El objetivo era sacar a los obreros de las mismas y sumarlos a la movilización, pero desistieron al ser interceptados por el cuerpo de marineros que custodiaba el lugar.
En horas de la tarde de ese día 16, el gremio ferroviario “La Fraternidad” emitió un comunicado en contra de las movilizaciones y paros que se producían por todas partes.

A su vez, la Federación Obrera de la Carne conducida por el comunista José Peter (uno que siempre se mostró “inconmovible a la seducción del coronel”) informó que “bandas armadas encabezadas por Cipriano Reyes han impedido la entrada a los obreros del frigorífico Wilson”, y convocó a los trabajadores a unirse “en contra de las maniobras del nazi-fascismo”.

17 de octubre, un día de furia

La marcha del 17 de octubre de 1945 comenzó a media mañana, y ante el avance de las formaciones obreras sobre la capital el coronel Gerardo Gemetro, jefe del Regimiento 10 de Caballería, pidió autorización para detenerlos. Extrañamente, no fue autorizado.

Parte de los manifestantes se dirigió a la sede del Hospital Central Militar, en uno de cuyos pisos superiores estaba Perón desde las primeras horas de esa mañana.

En Ensenada y Berisso imperaba una huelga general con bloqueo de repartos de alimentos. Cortaron los servicios de ómnibus y lanchas que unían a ambas ciudades, y cesaron las clases en las escuelas.
En esas mismas ciudades, los diarios con noticias sobre los intentos que se hacían para formar un gabinete antiperonista fueron retirados de los kioscos y arrojados al río. Una columna de manifestantes atacó y destrozó la agencia del diario “La Prensa”, los locales de la casa de óptica Lutz Ferrando, y la editorial de Jacobo Peuser, empresa donde, irónicamente, años más tarde se imprimiría “La razón de mi vida”.

Otra columna convergió sobre La ¨Plata”, recorrió sus calles en ruidosas manifestaciones, tomó por asalto colectivos, y preparó camiones para dirigirse a la capital.

También atacaron los clubes Gimnasia y Esgrima y Estudiantes, así como el Jockey Club. Después asaltaron y saquearon la casa del doctor Alfredo Calcagno, rector de la Universidad de La Plata.
En la misma ciudad, enardecidas columnas atacaron los diarios “El Día” y “El Argentino”, volcaron automóviles estacionados en las calles, rompieron las vidrieras de “Casa Pernas”, y robaron mercaderías.

La Cámara de Comercio, Propiedad e Industria mandó con carácter de urgente un telegrama al Ministerio del Interior para denunciar esto: “Personas al grito de ¡Viva Perón! obligaron al comercio y establecimientos industriales de La Plata, Ensenada y Berisso a cerrar sus puertas y exigieron a los obreros que abandonaran sus tareas”.

Efectivamente, en su marcha hacia la capital las columnas iban provocando el cierre de los comercios.

Cuando el gentío llegó a los puentes sobre el Riachuelo encontraron que estaban levantados. Invadieron entonces en botes, lanchones y balsas la zona de Avellaneda, donde cortaron las calles con rieles que estaban depositados para cambios en la red de tranvías. Detuvieron los trenes, obligaron a los pasajeros a bajarse y a las formaciones a retroceder. Por si intentasen volver a avanzar rompieron las señales y bloquearon las vías. En Estación Constitución, ante la mirada pasiva de la policía, rompieron ventanillas y provocaron desmanes en el Hall y en los andenes.

Al mediodía, entraron a la capital. Miles de personas coparon Plaza de Mayo. Es famosa la foto de gente en mangas de camisas y los pies dentro de las fuentes. En una época en que los hombres se ponían sacos hasta para ir al almacén de la esquina, eso era inconcebible. Tanto que fue calificado por el vespertino “Crítica” de esa misma tarde como “un atentado contra el buen gusto y contra la estética ciudadana”.

Esa noche, Farrell lo hizo llamar a Perón en la residencia presidencial de Palermo. De allí lo llevó nada menos que al balcón de la Casa de Gobierno. A las 23,10, le habló a su gente.

“Día de San Perón”

A la una de la madrugada del día 18, cuando las columnas de manifestantes comenzaron a desconcentrarse, una de ellas enfiló hacia el diario “Crítica”, intentaron tomarlo por asalto, pero fueron rechazados a tiros por los propios empleados. Ese tiroteo dejó como saldo numerosos heridos y la muerte de Darwin Pasaponti, de sólo 17 años.

Ese día 18, toda la provincia de Buenos Aires se paralizó. No había escuela, fábricas abiertas, bancos, espectáculos, oficinas públicas y privadas, comercios, clases y restaurantes. Todo estaba cerrado, y el transporte tampoco funcionaba. ¿Por qué estaba todo así? Porque el día anterior, el 18 de octubre había sido declarado “Día de San Perón”.

Como si fuera un 9 de julio o un 25 de mayo, desde 1946 hasta 1955 el 17 de octubre era feriado nacional y tema de enseñanza obligatoria en todas las escuelas del país.

https://www.chacoahora.com/nota.asp?id=51742&t=Relato-salvaje-lo-que-ocurrio-el-16-y-17-de-octubre-de-1945

sábado, noviembre 27, 2021

Descanso dominical, jornada de 8 horas, accidentes de trabajo, jubilaciones y protección del trabajo femenino e infantil fueron promulgadas con anterioridad, varias de ellas en base a proyectos del socialismo.

Contra lo que reza el credo peronista, las principales leyes laborales fueron previas al 45.

Descanso dominical, jornada de 8 horas, accidentes de trabajo, jubilaciones y protección del trabajo femenino e infantil fueron promulgadas con anterioridad, varias de ellas en base a proyectos del socialismo.

Promulgadas bajo los gobiernos de Roca, Sáenz Peña, Yrigoyen, Alvear o Uriburu, estas leyes de regulación y protección del trabajo son atribuidas sin embargo en el imaginario colectivo al primer gobierno peronista.
La ley 4661 de descanso dominical, redactada en base a un proyecto del diputado socialista Alfredo Palacios, fue sancionada en septiembre de 1905, durante la segunda presidencia de Julio A. Roca.
La jornada laboral de 8 horas fue establecida por una ley de 1929, es decir, en el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen.
La prohibición de que las mujeres realizaran trabajos peligrosos y el otorgamiento de beneficios tales como pausas para amamantar, además de la protección del trabajo infantil, surgen de la ley 5291 de 1907.
La ley de accidentes de trabajo fue sancionada en 1915 durante la gestión de Roque Sáenz Peña – Victorino de la Plaza, también en base a un proyecto de Palacios.
¿De dónde surge entonces la creencia de que la gestión de Perón marcó un momento fundacional en la materia en la Argentina?
"En la etapa de acercamiento de Perón a los obreros, que es la de la dictadura, del 43 al 45, hubo sí un favorecimiento a los sindicatos -dice Ariel Kocik, coautor, junto a Hugo Gambini del libro Crímenes y mentiras. Las prácticas oscuras de Perón (Sudamericana, 2017)-. Pero una vez que asume la presidencia y hasta el 55, la aplicación efectiva de esos logros y de esas leyes hay que ponerla entre comillas. En la primera etapa, él favorecía la resolución de los conflictos y trataba de fallar a favor de los obreros, sobre todo de los que estaban menos organizados; eso fue así podemos decir que hasta el 48. Pero ya en el segundo gobierno de Perón, la propia CGT llamaba a trabajar el sábado para ayudar al gobierno. Con la crisis económica, se empieza a borrar con el codo lo que se había hecho. Hay una etapa inicial que se presenta como de fiesta o de bonanza social y de otorgamientos, de conquistas, pero muy rápido empieza la represión. Ahí comienza a hacer agua el goiberno entre la metodología y la realidad. De hecho se produce una enorme represión contra las huelgas a partir del 48".
La réplica habitual peronista al señalamiento de que no fue Perón quien convirtió en leyes los derechos de los trabajadores es que toda esa legislación era papel mojado hasta 1943; no se cumplía.
"Con la creación de esta Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina", había dicho el propio Juan Domingo Perón a fines de 1943 cuando logra convertir lo que hasta entonces había sido el Departamento Nacional del Trabajo -creado en 1904- en Secretaría.
Hasta la llegada de Perón en octubre de 1943, la principal función de ese departamento era estadística. Una tarea nada desdeñable, sobre todo gracias a la labor de José Figuerola, un catalán que había sido funcionario en la cartera de Trabajo en España bajo José Antonio Primo de Rivera, y que se había exiliado en Argentina tras la caída de éste. Figuerola traía una concepción corporativista de las relaciones entre capital y trabajo, con arbitraje del Estado, y había sido testigo de la experiencia del establecimiento de comisiones paritarias entre patrones y obreros para negociar condiciones de trabajo.
Figuerola llevaba diez años reuniendo valiosa información sobre niveles de ocupación, de salarios, sobre leyes laborales, etcétera, cuando Perón, que había observado en Italia el modelo mussoliniano de organización sindical, es nombrado titular del Departamento.
Sobre la base de esa información, Perón elaboró un plan de captación de la dirigencia sindical y de organización de la "masa" obrera, condición necesaria, decía, para poderla conducir.
El primer paso fue elevar el Departamento al rango de Secretaría de Trabajo y Previsión, para disponer de mayores medios.
Según cifras del propio Departamento de Trabajo la canasta básica de una familia en la capital era de 147 pesos mientras que el salario medio era de 128 pesos promedio y el obrero de 78. La conclusión del organismo era que en 1943 la situación de los obreros había empeorado pese a estar recuperándose la industria.
El proceso industrial entre 1930 y 1943 había volcado a una masa de trabajadores del interior hacia los suburbios de Buenos Aires. A diferencia del proletariado anterior, por lo general de origen europeo, estos que serán llamados "cabecitas negras", carecen de formación ideológica y de experiencia de lucha gremial.
"Menos de la tercera parte del total de la fuerza laboral de la Argentina estaba organizada -dice Joseph Page, en su biografía sobre el líder justicialista- El genio de Perón reconocería el potencial político que ofrecía un movimiento obrero en desorden con una composición variable".
La CGT, hoy tan inseparable del peronismo, también era preexistente. Pero se trataba de una organización de índole muy distinta.  "La CGT, que se forma en 1930, no tenía identificación partidaria", señala Kocik.
Había surgido en forma independiente de todos los partidos, aunque hacia 1935 los socialistas logran hegemonizar su conducción. Cuando los militares toman el poder en marzo de 1943, la CGT ya se había dividido en dos por disidencias de algunos gremios con las posiciones internacionalistas del socialismo.
El primer paso fue elevar el Departamento al rango de Secretaría de Trabajo y Previsión, para disponer de mayores medios.
Según cifras del propio Departamento de Trabajo la canasta básica de una familia en la capital era de 147 pesos mientras que el salario medio era de 128 pesos promedio y el obrero de 78. La conclusión del organismo era que en 1943 la situación de los obreros había empeorado pese a estar recuperándose la industria.
El proceso industrial entre 1930 y 1943 había volcado a una masa de trabajadores del interior hacia los suburbios de Buenos Aires. A diferencia del proletariado anterior, por lo general de origen europeo, estos que serán llamados "cabecitas negras", carecen de formación ideológica y de experiencia de lucha gremial.
"Menos de la tercera parte del total de la fuerza laboral de la Argentina estaba organizada -dice Joseph Page, en su biografía sobre el líder justicialista- El genio de Perón reconocería el potencial político que ofrecía un movimiento obrero en desorden con una composición variable".
La CGT, hoy tan inseparable del peronismo, también era preexistente. Pero se trataba de una organización de índole muy distinta.  "La CGT, que se forma en 1930, no tenía identificación partidaria", señala Kocik.
Había surgido en forma independiente de todos los partidos, aunque hacia 1935 los socialistas logran hegemonizar su conducción. Cuando los militares toman el poder en marzo de 1943, la CGT ya se había dividido en dos por disidencias de algunos gremios con las posiciones internacionalistas del socialismo.
Desacostumbrados a que el Estado les dé la razón, poco a poco, muchos referentes gremiales fueron abandonando sus antiguas lealtades ideológico-partidarias para seguir a Perón cuyo despacho estaba siempre abierto para cualquier sindicalista que quisiera hablar con él, independientemente del peso de sus afiliados.
Perón entendió que en la gran mayoría de trabajadores no afiliados y por lo tanto carentes de representación y de protección había un terreno fértil. Promovió por lo tanto la agremiación de todos los sectores.
Con los gremios más tradicionales, ya consolidados (ferroviarios, comercio….), intentó la cooptación mediante concesiones, pero cuando ésta no funcionaba apelaba a la creación de sindicatos paralelos o a la promoción de dirigentes de segunda línea con ambiciones a los que respaldaba en su lucha interna por la jefatura del gremio. Fue el caso del propio Cipriano Reyes, del sindicato de la carne, a quien promovió para desplazar a los comunistas de la dirección, pero que luego se le enfrentó, entre otras cosas, por la decisión de Perón de liquidar el Partido Laborista.
Dos factores limitaban o volvían ineficaces a las leyes existentes: la falta de un Estado activo con órganos de aplicación y la escasa cobertura de la organización gremial.
"La CGT tenía alrededor de 331.000 afiliados sobre un total de 547.000 trabajadores agremiados", dice Page. Pero esos trabajadores sindicalizados representaban a su vez apenas "la décima parte del total de la fuerza laboral de la Argentina".
Perón se abocará a resolver ambas cuestiones: creará tribunales laborales y promoverá la agremiación de los trabajadores de todas las ramas de actividad. Pero el precio que pagarán por esto será la pérdida total de autonomía de sus organizaciones.
No todos lo aceptarán, y allí radica el detonante de muchos conflictos con líderes y con agrupaciones sindicales. El caso de Cipriano Reyes es el más emblemático pero no el único. Ariel Kocik se ha dedicado a rescatar las historias de estos cuadros gremiales que, incluso en algunos casos mirando con simpatía inicial la obra de Perón, no deseaban subordinarse.
Todavía en 1945, la CGT era autónoma, como lo demuestra el debate en el confederal para decidir si se lanzaba o no un paro general en protesta por la destitución y arresto de Perón. La huelga es votada por 16 sindicatos contra 11 pero en el comunicado no se menciona al coronel preso en la isla Martín García, sino genéricamente a "los civiles detenidos por defender la causa obrera".
Más aún, el diario sindical del día siguiente destaca el éxito del paro general pero no menciona la movilización a Plaza de Mayo del día 17 que obtiene la liberación de Perón y convertida luego en efemérides popular por excelencia.
El otro factor promovido por Perón fue la redistribución del ingreso que, como señala Kocik, operó con fuerza mientras la situación económica fue de bonanza. Para el año 1948, el salario real había aumentado considerablemente (27% para el obrero industrial respecto de 1943 y 37% para la mano de obra no especializada).
"Una medida que sí fue iniciativa de Perón -acota Kocik- fue la creación del Instituto Nacional de Remuneraciones, que estableció el salario vital para obreros, ajustable por alza del costo de vida y por la situación específica de la empresa. También el aguinaldo anual a partir de 1945, sin embargo su cobro no siempre estuvo garantizado y eso fue una de las causas del conflicto con el gremio de la carne".
"Además, dice Benavent, (Perón) buscó revertir la lógica de sueldos bajos y altas ganancias para los industriales y capitalistas, por una mejor distribución del ingreso destinada entre otras cosa a crear un mercado interno".
La contrapartida, explica Page, fue la estatización de los gremios y de la CGT. "El precio que tuvieron que pagar los gremios por estos beneficios fue la pérdida de independencia". El movimiento obrero se convierte en "una estructura monolítica, jerárquica, burocrática y totalmente rígida".
En palabras de Benavente: "Tras aquella batalla por la justicia social desarrollada contr tirios y troyanos, se escondía una batalla importante por el control de las organizaciones obreras, facilitando el inminente liderazgo social y político de Perón".
El mecanismo de este sometimiento fue la Ley de Asociaciones Profesionales. Perón había hecho revocar la Ley ultra represiva dictada poco antes por el régimen del que formaba parte, pero el 2 de octubre de 1945 la reemplazó por un decreto nuevo -que más adelante sería ratificado por el Congreso-. "La Ley de Asociaciones Profesionales, cuyas claves eran el sindicato único por rama de actividad y la CGT como central obrera única, fortalece mucho a la CGT. Los sindicalistas peronistas dicen que de eso depende la unidad y la fuerza para los reclamos. Sí, pero por otro lado, eso sometió a la central obrera al poder peronista, le dio poder a la CGT, pero por otro lado dejó sin independencia al conjunto del movimiento obrero. Después de Perón, el grueso de los sindicatos se convirtieron en corporaciones con muchísimo peso".
La clave del control que se ejerció desde el Estado fue que las organizaciones laborales reconocidas como gremios por la Secretaría de Trabajo y Previsión eran las únicas que podían negociar convenios, representar a los trabajadores ante el gobierno y participar en actividades políticas. Como la Secretaría podía reconocer a un solo gremio por sector de actividad, salta a la vista el impresionante poder que eso otorgaba al titular del organismo que pronto se convertiría en Ministerio de Trabajo.
El paso siguiente fue reconocer a una sola CGT y poco a poco adocenarla y someterla completamente al poder del Estado.
"Todo aquel que aceptaba ponerse bajo el registro de la Secretaria de Trabajo podía ser beneficiado. La contracara era que se dictaban leyes represivas, por ejemplo una que permitía romper una huelga inmediatamente si no estaba autorizada por el Estado, por el órgano competente, que era la Secretaría de Trabajo. O sea, hay una ayuda concreta pero al mismo tiempo hay un sometimiento claro", concluye Kocik.
8 de octubre de 2017.



martes, octubre 19, 2021

Christian Castillo: "La identidad peronista hoy es más débil”.

 

Christian Castillo: "La identidad peronista hoy es más débil”.

El sociólogo, fundador del Partido de los Trabajadores Socialistas y actual coordinador de la campaña del FIT analiza el rol de peronismo en las grandes reivindicaciones obreras de la Argentina.

Christian Castillo, o “el Chipi”, como le dicen sus compañeros, fundó el PTS en la década del 80. Considerado un intelectual de izquierda, fue director de la carrera de Sociología de la UBA, candidato a Gobernador de la provincia de Buenos Aires y actualmente coordina la campaña electoral del Frente de Izquierda a nivel nacional. Consultado por Noticias, el sociólogo analizó el fenómeno del 17 de octubre y realizó una lectura sobre el rol de Perón en las grandes reivindicaciones de la clase trabajadora argentina. “Perón se caracterizó por contener, frenar y perseguir cualquier intento de autonomía obrera”, opinó, y asegura que “la identidad peronista ya no es lo que era”.

Noticias: ¿Qué análisis hace como intelectual de izquierda sobre lo que sucedió el 17 de octubre de 1945?

Castillo: Sin dudas lo que ocurrió esa fecha fue una movilización obrera que irrumpe en medio de una crisis del gobierno militar de entonces. Una movilización que tuerce el sentido en el que sucedían los acontecimientos. Por otra parte, es la fecha en la que nace el peronismo como movimiento político, con la paradoja de que posteriormente el peronismo también se va a caracterizar por tratar de evitar que haya nuevas manifestaciones obreras que tuerzan el curso de los acontecimientos. Esa movilización obrera, además, es la base para el triunfo de Perón en las elecciones de 1946 que, recordemos, se hacen bajo el Partido Laborista. Es decir, Perón inicialmente se apoya en los sindicatos, que a la vez habían recibido apoyo y tutela estatal. Esto es un dato porque la clase obrera irrumpe en la vida política el 17 de octubre, pero lo hace a costa de perder su independencia política y pasar a ser, como el propio Perón decía, la columna vertebral del movimiento, pero no su cerebro, no su dirección.

Noticias: ¿Qué corte político le adjudica a esa movilización obrera?

Castillo: Bueno, el mismo Perón en su célebre discurso de 1944 en la Bolsa de Comercio había adelantado cuál era su posición, y no era un cuestionamiento al capitalismo sino una política para evitar el fin del capitalismo y para contener al comunismo. Recordemos que Perón les dice a los empresarios “yo para ganarme el apoyo de la clase obrera tengo que a veces hablar el lenguaje de la revolución” y el lenguaje que los trabajadores entienden, porque justamente en la Argentina el movimiento obrero no nace con el peronismo sino que tiene una larga historia en la que había sido en parte anarquista, socialista, comunista y Perón trabaja sobre esa realidad preexistente de la clase trabajadora argentina, en una situación del mundo de entreguerras  donde estaba la disputa por cuál de las metrópolis dominantes tenía el control de la región.

Noticias: ¿Por qué cree que el sindicalismo, que contaba con líderes experimentados como Cipriano Reyes en el sindicato de la carne y fundador de ese Partido Laborista que lo lleva a Perón a la presidencia, acepta ese rol de columna vertebral pero no de dirección?

Castillo: La realidad es que no lo aceptan, Perón lo impone. Porque una vez que llega a la presidencia, lo primero que Perón busca es disolver el Partido Laborista y Cipriano Reyes va a ser fuertemente perseguido por el propio Perón. Eso va a dar lugar a un intento de Perón por entronizar como nuevo dirigente de la CGT a alguien que no tenía ningún peso real en el movimiento de masas. Cipriano Reyes era un dirigente de la carne y uno de los grandes organizadores del 17 de octubre. Por eso digo que no casualmente Perón va a intentar contener cualquier posibilidad de autonomía obrera durante su gobierno. Eso no quita que no haya habido grandes huelgas durante el primer peronismo, del sector del azúcar, de los ferrocarriles, de los metalúrgicos en 1954, y que Perón, en general, va a enfrentar de una manera común: descabezando a los dirigentes de la huelga y a la vez cediendo en muchos de los reclamos. La historiadora canadiense Louise Doyon ya hace varios años demostró cómo la mayoría de las medidas favorables a la clase obrera tomadas por Perón fueron respuestas a movimientos de protestas de la clase trabajadora y eso me parece que es una característica. Pero insisto, es Perón el que se va a caracterizar por contener, frenar y perseguir cualquier intento de autonomía obrera durante su gobierno.

Noticias: ¿Cuál piensa que es el aspecto del peronismo que genera ese fenómeno identitario tan fuerte en la clase trabajadora?

Castillo: Bueno, las mejoras materiales en sus condiciones de vida. Durante el peronismo se logra concretar un aumento sustancial de salarios, por lo menos hasta 1952. Hay un aumento de la participación de la clase obrera en la renta nacional, aguinaldo, vacaciones pagas, beneficios sociales vinculados a la pertenencia sindical, acceso a la vivienda. Esos elementos creo que explican la adhesión de la clase trabajadora al peronismo.

Noticias: ¿Y por qué cree que la izquierda no ha logrado nunca generar esa afinidad con una clase que es su sujeto principal?

Castillo: Creo que hay distintos elementos. Primero, en el origen del peronismo hay una posición totalmente equivocada que van a tener tanto el Partido Comunista como el Partido Socialista, que eran las fuerzas mayoritarias en la izquierda de aquel momento, que le van a facilitar la tarea a Perón de lograr el liderazgo de la clase trabajadora. Recordemos que tanto el PS como el PC adhieren a la Unión Democrática en las elecciones de 1946, aliados con el radicalismo, con la oligarquía y la Embajada de Estados Unidos. Esa posición va a ser utilizada por Perón para ganar el liderazgo de la clase obrera y desacreditar las ideas de izquierda. También está el vergonzoso papel del Partido Comunista frente al golpe de 1955, que mientras el peronismo era proscripto ellos van a tener legalidad. Entonces esa política de colaboracionismo con la burguesía también es clave, aunque hay que aclarar que no fue la actitud de toda la izquierda. Las corrientes que en ese momento se reivindicaban trotskistas van a enfrentar el golpe, lo van a cuestionar fuertemente y van a tener una incidencia importante en lo que fue la resistencia peronista.

Noticias: ¿Se mantuvo inalterable esa identidad peronista de la clase trabajadora?

Castillo: En realidad, no tuvo la misma persistencia durante todo el período histórico posterior al golpe del 55. Por ejemplo, cuando se produce el Cordobazo, esa gran gesta obrera y estudiantil que para nosotros tiene la magnitud del 17 de octubre, la consigna era “luche, luche, luche, no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular”. No tenían nada que ver con la vuelta de Perón. Y en todos los levantamientos obreros más importantes de ese período, no sólo el Cordobazo, sino los dos Rosariazos, el Viborazo, el Mendozazo, el peronismo no tiene un lugar central en esos acontecimiento de lucha. Recién cuando ya existe la posibilidad de la salida electoral y se empieza a negociar en esos términos y comienza la pulseada entre Lanusse y Perón es cuando hay una revitalización del peronismo y se va a desarrollar una tendencia de izquierda dentro de ese movimiento que canaliza parte de ese descontento a pesar de que existía una izquierda no peronista también muy fuerte y un auge de la militancia revolucionaria obrera y estudiantil.

Noticias: Se le suele otorgar un carácter inédito al peronismo, como “fundador de la tercera posición”, ¿es realmente así?

Castillo: Argentina, al igual que muchos países de la región y otros como la India, países árabes o africanos, estaba alineada desde antes de la década del 30 con Gran Bretaña. Ese liderazgo en la década del 40 ya estaba siendo eclipsado por la figura de Estados Unidos. En esa puja Perón interviene para tratar de ubicar a la Argentina expresando principalmente los intereses de la burguesía nacional y a la vez logrando la adhesión de la clase trabajadora. Pero no es inédito, lo hace como lo hizo todo un conjunto de movimientos similares. Como México con el fenómeno del Cardenismo, Brasil con el Varguisimo, Bolivia con el Movimiento Nacionalista Revolucionario y en parte también Perú con el APRA, aunque ese caso, no llegan al gobierno. Todos eran movimientos con rasgos similares: las burguesías locales tratando de maniobrar frente a las potencias imperialistas y tratando de lograr la adhesión de las masas trabajadoras y campesinas. En el caso del peronismo el rasgo saliente va a ser la alta sindicalización y el peso de la clase obrera junto con una situación económica extraordinaria que va a permitir conquistas a la clase trabajadora, inafectable en lo central a la propiedad capitalista. Para dar un ejemplo claro y directo, con Perón se consigue el Estatuto del Peón, pero no hay una reforma agraria, es decir la propiedad de la tierra de la oligarquía jamás fue cuestionada.

Noticias: Entonces, ¿por qué subsiste el peronismo hasta el día de hoy?

Castillo: Bueno, el surgimiento de esa izquierda peronista le permite también al peronismo revitalizarse. Cuando muere Perón y queda muy cuestionado el gobierno de Isabel y López Rega, que recordemos es el primer gobierno peronista que sufre una huelga general y tiene un movimiento de masas que lo repudia, por el plan de ajuste de Celestino Rodrigo y por muchas otras cuestiones, ahí es cuando sucede el golpe de Videla y termina de abortar esa experiencia de auge de masas. Sin embargo, a diferencia de otros movimientos, el peronismo va a tener, como se dice ahora, mayor capacidad de resiliencia, de reciclarse. Porque el peronismo post última dictadura va a tener como característica el zigzagueo político, o dicho más críticamente un camaleonismo político muy peculiar. Porque pasa del peronismo ortodoxo en el 83 a la renovación con Caffiero, luego con Menem a un peronismo neoliberal y luego a un perfil de centro izquierda con los Kirchner. Entonces creo que ese zigzagueo permanente es lo que le ha permitido mantenerse, aunque con una identidad, creo yo, mucho más débil. No hay esa adhesión, insisto, creo yo, que tuvo en su momento. Es más, una federación de partidos, una coalición política en este momento, que una identidad unificada. Que había quedado muy golpeado post Menen y luego Kirchnerismo supo reciclar con una generación joven que no era peronista se vuelque al peronismo.

Noticias: Hay una experiencia en curso ahora con el gobierno de Alberto Fernández.

Castillo: Es cierto, hay que ver cómo se procesa. Si los desencantos que está produciendo en muchos de sus votantes probablemente estén generando las condiciones para una superación de esa experiencia histórica y que esa superación sea por izquierda. Por lo menos, eso es a lo que apostamos nosotros.

*Nicolás González es alumno de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

PUBLICADO EN REVISTA NOTICIAS PERFIL.

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