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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

lunes, 20 de noviembre de 2017

Murió Víctor Martínez, el vicepresidente de Raúl Alfonsín en la vuelta a la democracia.

Murió Víctor Martínez, el vicepresidente de Raúl Alfonsín en la vuelta a la democracia.

Falleció en su casa de Villa Allende, Córdoba, por una insuficiencia respiratoria. Decretan tres días de duelo en la capital de la provincia, que gobernó de 1963 a 1966. 
Víctor Martínez, el vicepresidente de Raúl Alfonsín en el regreso de la democracia en 1983, encontró el final de la vida un día antes de cumplir 93 años. Falleció ayer en su casa de la localidad cordobesa de Villa Allende por una insuficiencia respiratoria -según informaron sus familiares directos- y el intendente de Córdoba, Ramón Mestre, decretó tres días de duelo en la ciudad al recordar su paso como jefe comunal entre 1963 y 1966, durante el gobierno de Arturo Illia.
Deja un legado de 30 libros y los tres hijos que tuvo con Fany Munte: Víctor (vocal del Tribunal de Faltas de la Municipalidad cordobesa), Marcos, quien fue dos veces diputado provincial, y Marcelo.
Martínez había llegado a la vicepresidencia como representante de la Línea Córdoba de la Unión Cívica Radical que lideraba junto con Eduardo Angeloz, tres veces gobernador de la provincia mediterránea, que falleció hace pocas semanas. Cuando Línea Córdoba acordó llevar a Martínez como vice de Alfonsín, quedó virtualmente desplazado de la interna presidencial otro cordobés, aunque afincado en la Capital, Fernando de la Rúa.
Como todos los vicepresidentes argentinos, coincidente con un bajo perfil, su papel estuvo opacado por la fuerte presencia de su jefe. Sin embargo, Martínez se destacó por su cintura política para armados políticos en un Senado plagado de peronistas. También afrontó, durante su mandato, rumores de internas con Alfonsín; pero se mantuvo leal hasta el ocaso temprano del gobierno radical.
Trascendió que en una ocasión, sectores de la oposición pedían la renuncia de Alfonsín a raíz de la crisis económica, con la intención de que asumiera Martínez. Sin embargo, fiel a sus principios aclaró que si eso llegaba a ocurrir él renunciaría junto al Presidente "porque eso hace un compañero de fórmula".
También intentó gobernar Córdoba: fue en las elecciones de 1973. No llegó, perdió en el balotaje contra el peronista Ricardo Obregón Cano. Juan Domingo Perón había elegido a Cano como su hombre para representarlo en Córdoba. La estadística arrojó que el 11 de marzo de 1973 Obregón ganó las elecciones provinciales por apenas 12.820 votos al radical Martínez.
Ricardo Alfonsín hijo hizo llegar a Clarín un mensaje para la familia a la que le envió "condolencias" y aseguró sentirse "apenado por la noticia". Y con tinte más político comentó esta semblanza: "Nos dejó su trayectoria, su compromiso con las ideas del partido que espero nos inspiremos en él en momentos tan difíciles como los que pasan hoy en la Argentina y en nuestro partido. Esperemos sepamos defender nuestras ideas como lo hizo él y muchos otros hombres de Córdoba y de nuestro partido". También enviaron condolencias el jefe del bloque de diputados de la UCR, el cordobés Mario Negri, y el Grupo Progreso del ex diputado José Bielicki, entre otros.
Pese a que desde la salida del poder, en 1989, mantuvo un bajo perfil, Víctor Martínez seguía mostrándose en reuniones de la UCR, sobre todo encabezando homenajes a Hipólito Yrigoyen y al propio Alfonsín, Fue durante años presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
​Su hijo Víctor comentó a Clarín que falleció por una insuficiencia respiratoria y que padecía una enfermedad de larga data. Lo recordó así: "Como hijo estoy muy orgulloso por la humildad y honradez con la que llevó adelante su vida". Culminó su vida política siendo presidente honorífico del Instituto Yrigoyeneano; de hecho sus últimas apariciones públicas fueron en presentaciones en torno a esa entidad.

YO SOY EL SAN JUAN.


Descubriendo el pensamiento del Papa Bergoglio. ENTREVISTA A MASSIMO BORGHESI.




Descubriendo el pensamiento del Papa Bergoglio.


Borghesi, filósofo italiano con una larga trayectoria en la cátedra universitaria, estudios y publicaciones, presentará próximamente al público el resultado de un trabajo que estaba faltando. Y esa laguna era el origen de aproximaciones y desconocimientos. Una “full immersion” en las fuentes primarias que fueron alimentando a lo largo del tiempo la manera de ver y de razonar de quien hoy ocupa la cátedra más alta de la Iglesia católica. Para llevar a cabo su investigación, Borghesi recibió una ayuda decisiva, precisamente la del sujeto investigado, quien aportó a su esfuerzo cuatro grabaciones de audio. “A través de un amigo en común, Guzmán Carriquiry, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, pude aprovechar la amabilidad del Papa Francisco y hacerle llegar algunas preguntas”, revela el autor. El resultado del trabajo lo dará a conocer la editorial Jaca Book con el título “JORGE MARIO BERGOGLIO. Una biografía intelectual. Dialéctica y mística”. A continuación ofrecemos algunos anticipos, obtenidos de Borghesi con la complicidad de la amistad.

¿Qué te llevó a empezar este trabajo sobre el pensamiento del Papa?
El prejuicio, sobre todo en el ambiente intelectual y académico, que persiste sobre la imagen del pontificado. El Papa Francisco debió asumir la difícil herencia de Benedicto XVI, uno de los grandes teólogos del siglo XX. Después de un pontificado con una fuerte impronta en el plano intelectual, el estilo pastoral de Bergoglio resultó demasiado “simple” para muchos, no adecuado a los grandes desafíos del mundo metropolitano, secularizado. Al Papa que vino del fin del mundo se le reprocha, en Europa y Estados Unidos, que no es “occidental”, europeo, culturalmente preparado.

¿Cuándo comprendiste que no era así?
Personalmente, había leído algunos textos de Bergoglio que me habían llamado mucho la atención. Entre ellos algunos discursos de la segunda mitad de los años ’70, cuando Bergoglio era el joven Provincial de los jesuitas argentinos. Me habían producido una fuerte impresión. Lo que me había impactado era el “pensamiento” que sustentaba sus argumentaciones. Bergoglio se dirigía a sus hermanos jesuitas que estaban viviendo una situación dramática y desgarradora. La Argentina de ese momento estaba gobernada por la Junta Militar, que llevaba adelante una sangrienta represión del frente revolucionario de los montoneros. En relación a este conflicto la Iglesia se encontraba profundamente dividida entre los partidarios del gobierno y los que apoyaban la revolución. Para Bergoglio esa fractura de la sociedad también ponía en jaque a la Iglesia, que había sido incapaz de unir al pueblo. Su ideal era el catolicismo como “coincidentia oppositorum”, como superación de esas oposiciones que, cuando se radicalizan, se transforman en contradicciones insalvables. Bergoglio expresaba ese ideal a través de una filosofía propia, una concepción según la cual la ley que gobierna la unidad de la Iglesia, lo mismo que la social y política, está basada en una dialéctica “polar”, en un pensamiento “agónico” que mantiene unidos los opuestos sin cancelarlos ni reducirlos forzadamente al Uno. Multiplicidad y unidad constituían los dos polos de una tensión ineludible. Una tensión cuya solución estaba confiada, una y otra vez, al poder del Misterio divino que actúa en la historia. Esta perspectiva que emergía entre líneas en los discursos del joven Bergoglio me interesó inmediatamente. Asociada a las parejas polares que el Papa plantea en la Evangelii Gaudium constituía una verdadera “filosofía” propia, un pensamiento original. Habiendo estudiado a fondo la dialéctica de Hegel y, sobre todo, la concepción de la polaridad en Romano Guardini, esa perspectiva me interesó inmediatamente. Era evidente que Bergoglio tenía una concepción original, un punto de vista teológico-filosófico que, curiosamente, no ha llamado la atención de los estudiosos.

El Papa hizo un aporte personal a tu trabajo de investigación con grabaciones que te hizo llegar.

¿Qué te permitió determinar ese aporte?
A través del amigo común Guzmán Carriquiry, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, pude aprovechar la gentileza del Papa Francisco y enviarle algunas preguntas. Después de leer sus escritos, en efecto, se planteaba el interrogante sobre la génesis de su dialéctica polar. Era una lectura originalísima de la realidad que ofrecía analogías con el tomismo hilemórfico y dialéctico de Alberto Methol Ferré, el principal intelectual latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX. Pero Methol Ferré no estaba en el origen del pensamiento de Bergoglio. Los caminos de ambos recién se encuentran a fines de los años ’70, durante la preparación de la gran Conferencia de Puebla de la Iglesia latinoamericana. ¿Entonces de dónde saca Bergoglio su idea de la tensión polar como ley del Ser? Sobre este punto, que es clave, los artículos y libros no ofrecían ninguna pista. Es como si Bergoglio hubiera querido conservar el secreto sobre la fuente de su pensamiento. Aquí es donde las respuestas del Papa resultaron fundamentales. Gracias a ellas pude comprender que el punto de partida de su pensamiento se debe ubicar en los años del estudiantado en el Colegio San Miguel, cuando Bergoglio reflexiona sobre la teología de san Ignacio a través del modelo de la “Teología del como si”, y sobre todo a través de la lectura, determinante, del primer volumen de “La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola” de Gaston Fessard. La lectura “tensionante”, dialéctica, que Fessard hace de san Ignacio está en el origen del pensamiento de Bergoglio. Para mí fue un verdadero descubrimiento.

Las influencias europeas más fuertes en el Papa, las que asimiló y dejaron huella en la estructura de su pensamiento, ¿cuáles son?
Uno de los resultados de mi libro fue precisamente establecer la gran influencia que tuvieron en Bergoglio los autores europeos, especialmente jesuitas. Desaparece así la leyenda del Papa latinoamericano que no estaría en condiciones de medirse con el pensamiento europeo. El autor clave sin duda es Gaston Fessard, jesuita, uno de los intelectuales franceses más geniales del siglo XX. También Henri de Lubac, con la manera de concebir la relación entre Iglesia y sociedad que plantea en “Catholicisme. Les aspects sociaux du dogme”. Fessard y De Lubac son protagonistas de la Escuela de Lyon. Al seguirlos, Bergoglio es, en cierto modo, discípulo de esa escuela. Ambos, Fessard y De Lubac, se adhieren a una concepción dialéctica, heredada de Adam Möhler, el gran fundador de la Escuela de Tubingen, para el cual la Iglesia es “coincidentia oppositorum”, unidad sobrenatural de lo que en el plano del mundo es irreconciliable. Es la misma concepción que tiene Bergoglio. Además de los dos autores jesuitas que acabamos de citar hay otro, también francés, que tuvo influencia en Bergoglio: Michel de Certeau. Él también fue protagonista del escenario intelectual, sobre todo en los años ’70. Pero el de Certeau que interesa a Bergoglio es el de los años ’60, el estudioso de la mística moderna, de Surin a Favre. El prefacio que escribió para el Memorial de Pierre Favre, el gran amigo de san Ignacio, es un texto clave en la formación de Bergoglio. Su ideal jesuítico de la vida cristiana, de lo contemplativo en acción, tiene el sello de Pierre Favre.

¿Hay otros autores que sean decisivos en su formación, además de los franceses?
A partir de 1986 adquiere un rol fundamental el ítalo-alemán Romano Guardini. Ese año Bergoglio viaja a Frankfurt, Alemania, para hacer una tesis doctoral sobre Guardini. Pero el tema que elige no son las obras teológicas o de carácter religioso, sino el único trabajo íntegramente filosófico de Guardini, “La oposición polar. Ensayo de una filosofía de lo concreto viviente”. Es una decisión curiosa. ¿Por qué ocuparse del Guardini filósofo y no del teólogo? La respuesta resulta comprensible a la luz de mi estudio. Para Bergoglio, la antropología “polar” de Guardini es una confirmación de su visión dialéctica, antinómica, aprehendida a través de Fessard y De Lubac. La autoridad de Guardini confiere un valor especial al modelo de pensamiento que Bergoglio aplica en el campo eclesial y en el político-social. Al mismo tiempo, el modelo guardiniano amplía el bergogliano y permite profundizaciones inéditas. A partir de los años ’90, Guardini se convierte en un autor de referencia. Lo encontramos citado varias veces en la Evangelii Gaudium y en Laudato Si’. Otro autor clave es el gran teólogo suizo-alemán Hans Urs von Balthasar. Esto fue un descubrimiento. A partir de los ’90, siendo ya obispo y luego cardenal, Bergoglio se acerca a la gran estética teológica de Von Balthasar, comparte su enfoque, el primado que le reconoce a la belleza en función de comunicar el bien y la verdad. La unidad de los trascendentales del ser se convierte en un punto fundamental del pensamiento teológico-filosófico de Bergoglio. De Balthasar, Bergoglio toma también las categorías para oponerse al gnosticismo, al vaciamiento de la carne de Cristo en los diversos “idealismos” espiritualistas. El ensayo sobre Ireneo, contenido en Gloria, impresionó mucho a Bergoglio. Y quiero recordar una última influencia: la obra de Mons. Luigi Giussani. Bergoglio era lector, y en algunos casos los presentó en Buenos Aires, de los libros de Giussani traducidos al español. Desde su punto de vista, las principales categorías del método educativo de Giussani –el encuentro, el estupor, la experiencia, etc– se asocian al darse glorioso de la “forma” (Gestalt) tal como enseña Von Balthasar. Todo ello orientado a una actitud misionera, evangelizadora, que sitúa al cristiano en el horizonte de la Iglesia de los primeros siglos: como hace 2000 años.

¿Qué peso tienen en su pensamiento las fuentes latinoamericanas? En tu trabajo ocupa un lugar importante Methol Ferré, historiador y filósofo nacido en Uruguay…
Entre las fuentes latinoamericanas sin duda pondría en primera fila a Lucio Gera y su “Teología del pueblo”, la reformulación de la Teología de la Liberación que hizo la Escuela del Río de la Plata, con su crítica al marxismo y su opción preferencial por los pobres. Es un aspecto conocido y estudiado del pensamiento de Bergoglio. A la “Teología del pueblo” le corresponde el mérito del redescubrimiento del valor de la religiosidad popular latinoamericana, simbolizada por el culto a la Virgen de Guadalupe, que supera los prejuicios de la cultura ilustrada. Además de Gera y los teólogos cercanos a él, sin embargo, hay otros autores que son decisivos para la reflexión de Bergoglio. Entre ellos Miguel Ángel Fiorito, su profesor de filosofía. Fiorito es quien lo introduce en un redescubrimiento de los Ejercicios de san Ignacio a través de la lectura del estudio ignaciano de Gaston Fessard. Después, el encuentro con Amelia Podetti, la “filósofa” argentina más ilustre de los años ’70. Estudiosa de Hegel, Podetti desarrolla una reflexión sobre la inculturación de la fe, sobre la relación entre centro y periferia, sobre el rol de América Latina en el nuevo contexto mundial, que interesó mucho a Bergoglio. Finalmente, está el autor por excelencia: Alberto Methol Ferré, con quien compartió la experiencia del Celam desde 1979 hasta 1992 y es el intelectual más lúcido de América Latina. Bergoglio y Methol están en perfecta sintonía. Mi trabajo analiza el pensamiento de Methol Ferré, su tomismo dialéctico, y esto, junto con la entrevista que le hiciste a Methol en el libro “El Papa y el Filósofo”, es una novedad en el panorama cultural italiano. Methol Ferré y Bergoglio se encuentran, comparten la misma perspectiva sobre la Iglesia y la sociedad, tienen los mismos autores de referencia. Uno fundamentalmente: ambos dependen de la visión polar, dialéctica, de Gastón Fessard. Esa fuente común explica también su cercanía ideal, filosófica, su sintonía en la manera de afrontar los desafíos de la Iglesia latinoamericana a partir de los años ’70. Bergoglio aprecia muchísimo al “amigo” Methol, lee sus artículos en Víspera y Nexo, se siente impresionado por su geopolítica eclesial, comparte su ideal de la “Patria Grande”.

¿Hay adquisiciones finales de tu estudio, de síntesis, que replantean lo que se ha escrito hasta ahora sobre el Papa Bergoglio?
Las adquisiciones son muchas. En primer lugar, como hemos dicho, se aclara la génesis y el hilo conductor del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio. Y es la primera vez que eso ocurre. Queda así desmentida la opinión de los que, por prejuicio o falta de documentación, siguen repitiendo que Francisco no tiene títulos para ejercer el ministerio petrino. Bergoglio es portador de un pensamiento original, dependiente de una tradición del pensamiento “católico” entre los siglos XIX y XX, la de Adam Möhler, Erich Przywara, Romano Guardini, Gaston Fessard y Henri de Lubac. Algunos de estos autores son jesuitas, otros no. Es una tradición ilustre que precisamente el magisterio de Francisco hoy permite redescubrir y valorizar. Una tradición que desmiente a los que –pienso sobre todo en las críticas contra Amoris Laetitia– pretenden atribuir al Papa una teología praxística, relativista, permisiva. En la concepción “polar” de Bergoglio la Verdad y la Misericordia no se pueden separar, lo mismo que lo bello-bueno-verdadero a la luz de la unidad de los trascendentales. Los que critican a Francisco de supuesto subjetivismo y modernismo demuestran que no conocen su pensamiento. Así como tampoco conocen su pensamiento quienes lo acusan de reducir la fe a la cuestión social y olvidar el primado del kerygma. Por el contrario, Francisco –como afirma explícitamente en la Evangelii Gaudium– quiere recuperar el primado del kerygma por encima de la desviación ética de la Iglesia de las últimas décadas y, al mismo tiempo, quiere un fuerte compromiso de los católicos en lo social. No hace ninguna reducción: son dos polos de una tensión que caracteriza lo católico. Respecto del compromiso político, la trascendencia, el primerear de la fe y de la gracia por encima de cualquier declinación histórica, es lo esencial. El Papa tiene una concepción “mística” que afirma la apertura del pensamiento respecto de cualquier clausura ideológica y sistemática, y esto en función de la acción del “Dios siempre más grande”.

¿En qué quedan las críticas que se le hacen a Bergoglio de ser “populista-peronista”?
Quienes las hacen, evidentemente, no lo conocen a fondo, o las hacen sabiendo que no están en lo cierto. El Papa es un crítico de la absolutización de la economía capitalista desvinculada de cualquier ley ética, tal como se ha impuesto en la era de la globalización. Pero no es “populista”. Su simpatía por el peronismo, debido a la atención que presta a la cuestión social, no se debe confundir con las ideas salvíficas propias de una política ideológica. Es interesante, desde ese punto de vista, la valorización que hace Bergoglio en los años ’90 del De Civitate Dei de san Agustín. Propone a Agustín como modelo actual para criticar los modelos teológico-políticos que comprometen la Iglesia con el poder, sean de derecha o de izquierda. Sobre este tema la posición de Bergoglio está totalmente en sintonía con la lectura de Agustín que hace Ratzinger. El libro aclara muchos puntos de la reflexión de Bergoglio que hasta el momento habían quedado en la sombra para el público europeo, constituyéndose en fuente de controversias. En esto reside, espero, la utilidad del mismo.


Traducción del italiano de Inés Giménez Pecci.

La primera mujer submarinista de Sudamérica está a bordo del navío desaparecido en Argentina.

A bordo del submarino argentino ARA San Juan, que perdió contacto con su base desde la mañana del pasado miércoles, se encuentra Eliana Krawczyk, la única mujer de la tripulación y también la primera oficial submarinista del país y de Sudamérica, reporta Clarín.
De 35 años de edad, cumple allí funciones como jefa de Armas. Su padre, de nombre Eduardo, precisó a TN Noticias que la última vez que habló con ella fue hace unos 15 días, en Tierra del Fuego, antes del embarque. El sumergible se disponía a cubrir el trayecto de Ushuaia hacia el apostadero de la Base Naval Mar del Plata.
El diario argentino Clarín recoge la emocionante historia de esta submarinista, a quien una tragedia temprana le marcó la vida. Oriunda de Oberá, ciudad de la provincia de Misiones, Eliana no conoció el mar hasta que cumplió los 21 años. Hasta poco antes su intención era estudiar Ingeniería Industrial en su provincia, pero su vida dio un drástico giro tras la muerte de su hermano en un accidente de tráfico y el fallecimiento de su madre por una dolencia cardíaca.  
Tras esos dramáticos sucesos, la mujer vio en internet un aviso de la Armada que convocaba a la gente joven, y decidió inscribirse en la Escuela Naval Militar de Ensenada. "Llevé una foto de mamá en la billetera", contó en una ocasión a Clarín.  
liana se hizo oficial en 2009, y en 2012 ingresó a la Escuela de Submarinos y Buceo. Logró así ser la primera oficial submarinista del país, pero entonces se plateó un objetivo mayor: convertirse en la primera comandante de submarinos de la Armada Argentina.
En el ARA San Juan tiene un año de servicio, tras cuatro anteriores de desempeño en el submarino ARA Salta.
La búsqueda internacional del sumergible y su tripulación continúa, por el momento sin resultados. "Es un momento dramático", dijo Eduardo a TN Noticias, y agregó que el hermetismo que hay sobre el caso se debe a que "no quieren dar falsos datos o falsas esperanzas".

“El Himno de Obligado” por Pepe Muñoz Azpiri.

“El Himno de Obligado”
por Pepe Muñoz Azpiri.

Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho y cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era un hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó el brazo de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino estalló en la barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de la patria.
La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso en el fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto por los merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de las baterías, corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas, se animaba con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo y salvaje, en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento, transformado en ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el desierto, la estepa y la cordillera y uniendo de un extremo al otro del país la voz de júbilo con la de protesta, la de la imprecación con la del entusiasmo cívico, creaba un clamor de alegría y borrasca, incomparable y único.
La voz clara y sonora de Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco pasaba de una garganta a la otra; partía de los pechos de acero que amurallaban la patria y se confundía y entrechocaba sobre los muros de las baterías. Las notas prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente, con corrección inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón 1º de Patricios de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del regimiento inmortal, solo encontraba extraño en esta formación de tropas que, en vez de ser un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás era lo acostumbrado desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La hueste asistía impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e inglesa llovía sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el verso.
Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y heroica. Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda se había constituido en una marejada incontenible de estruendo y de furia.
Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros, los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas, en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.
Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos los que habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase a sostenerla, se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada arrasada y el corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción que hablaba de cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor, de fieras que quieren devorar pueblos limpios, de pechos decididos que oponen fuerte muro a tigres sedientos de sangre, de hijos que renovaban luchando el antiguo esplendor de la patria y de un consenso de la libertad que decía al pueblo argentino : ¡Salud! La canción era seguida por juramentos de morir con gloria y el deseo que fueran eternos los laureles conseguidos.
Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados por la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón, a pie, a caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación, juraban morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del decoro y el valor.
Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta, el desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada y magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de la tierra invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar vigor y lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores. Descendía presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena, alcazaba la orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba al abordaje sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado. Trepaba por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas, hacía esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros, de 64, de 32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías de menor alcance, lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a lo puentes donde se hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart, el capitán de la Real Marina Francesa y el Honorable Hothan, de la armada de Su Majestad, con uniformes de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo con el catalejo el bombardeo implacable e impune; ascendía por los obenques a las gavias y las cofas y giraba sobre las arboladuras lanzando un grito recio y retumbante. Luego descendía sobre el río y soplaba en el mar, y a través de las olas, cabalgando sobre el agua y la espuma, pisaba la tierra desde donde las naves habían partido y se retorcía en remolinos briosos y épicos en busca de oídos para requerir, demostrar, probar, retar y herir.
La canción aludía a los derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los principios de igualdad política y social, al respeto por la propiedad ajena, a la soberanía de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar la ley, a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las opiniones y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden la libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta del canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando rabiosamente el corazón de la canción.
Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho propio, al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no significaba nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista para conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores junto a los arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a la muerte; cantaba vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin responder al fuego, como queriendo demostrar que era más importante terminar con aquel canto, antes que defender la vida y resguardar la defensa del paso. Los cañones de 80 golpeaban el vacío, asesinaban la nada; las granadas explosivas no acallaban la música ni podían matar la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos los defensores hubieran dejado de cantar!...
Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió de nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente, dio orden de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en llamas y comenzó el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero la hazaña principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al adversario y que escucharían después los siglos. La música de los cañones sólo componía el acompañamiento de este canto. El héroe había legado a la patria su tesoro más puro de heroísmo, de exaltación emocional y de pasión patriótica: el Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla de la Vuelta de Obligado.

¿Por qué el drama del submarino ARA San Juan apenas conmueve a los argentinos?

¿Por qué el drama del submarino ARA San Juan apenas conmueve a los argentinos?

Desde hace casi cinco días, 44 personas están perdidas en el fondo del océano ante la desconcertante indiferencia de un país. Si nos miramos en el espejo de los 33 mineros chilenos y de los 67 marineros del Fournier ahogados en 1949, muchos deberían sentir vergüenza.                                                                            Por Alfredo Serra.                                  No puedo omitir un viejo y emocionante recuerdo.
Es el 14 de octubre de 1949. Tengo 9 años. De la mano de mi padre llego a la Dársena Norte del puerto. Le pregunto:
–¿Adónde vamos?
A recibir a los nueve muchachos que se salvaron del naufragio.
–¿Y los otros?
–(Vacila) Bueno, no pudieron salvarse.
–¿Se ahogaron?
Sí. Todos.
Y mi padre jamás fue un sensiblero de lágrima fácil…
En el muelle se agolpaba mucha gente. Las banderas estaban a media asta.
Los pañuelos no alcanzaban a enjugar el llanto.
Unos días antes, el 22 de septiembre, en los canales fueguinos, se había hundido el rastreador Fournier, un dragaminas de la Armada Argentina, con 76 tripulantes. De ellos, 67 quedaron para siempre en el fondo del mar.
Por semanas, y desde el mismo día del naufragio, el país no habló de otra cosa. Se había tendido un manto de tristeza del que aún quedan vestigios en mi memoria.
Como también las palabras de mi padre cuando le pregunté por qué estábamos allí, entre tanta gente silenciosa y dolorida:
Porque los muertos eran soldados de la patria.
Sí. Como los 40 soldados de la patria que hoy, domingo 19 de noviembre, en algún punto del vasto mar austral y dentro del submarino ARA San Juan, atraviesan una dramática situación.
No menor de la que empezaron a padecer el 5 de agosto de 2010 los 33 mineros chilenos atrapados cuando colapsó la mina San José.                       Allá, un silencio de muerte reinó durante 17 días.
El presidente Sebastián Piñera, después de la primera semana sin noticias, ordenó que se levantara allí una cruz en su memoria.
 Fue muy criticado.
Su respuesta:
–¿Y si no los encontramos en muchos días, en meses? ¿Y si los encontramos y están muertos?
A los 17 días llegó el primer mensaje: "Estamos vivos los 33, y estamos bien".
La cruzada de rescate movilizó a todo. A Chile, y al mundo. Llegó ayuda material y técnica desde todos los puntos cardinales. El drama de esos trabajadores golpeó más almas de las imaginadas.
Pero a tantos años del final feliz, la gran cruz blanca ordenada por el presidente sigue allí.
Sin embargo, por alguna razón incomprensible, un drama similar sufrido por los tripulantes del submarino ARA San Juan parece importar menos que el partido de hoy entre Boca y Racing, y se comenta menos que el disparate del arquero de River que le costó la expulsión y acaso fue factor clave de la derrota.
Escribo estas últimas líneas y me pregunto si estamos todos locos. O ciegos. O colectivamente indiferentes ante un drama que –Dios no lo quiera– puede ser tragedia.
Porque a diferencia del Fournier y de los mineros chilenos, la tan cacareada solidaridad nacional parece sumida en un letargo, agravado por el jolgorio de un fin de semana largo: una de las discutibles pasiones nativas.
Se perdió todo contacto entre el submarino y sus mandos hace casi seis días.
El caso (y aunque todo termine sin luto) suscita –o debiera hacerlo– una de las peores sensaciones: la incertidumbre. Y su correlato natural: la inquietud, los augurios sombríos.
Pero como solemos decir en nuestra jerga de periodistas, "el drama no está en la calle".
Algo es cierto: no hay demasiados indicios acerca de la verdadera situación. Pero no hay que ser un cerebro esclarecido para deducir que esa ignorancia, más que esperanzar, preocupa…
El tratamiento de los medios –la tevé sobre todo– se limita a entrevistar a conocedores –veteranos tripulantes de submarinos, por caso–, pero hasta hoy no tengo noticias de que haya colegas, enviados especiales, embarcados para navegar en algún rastreador de los muchos que están operando. Algo que es moneda corriente ante noticias de menor dramatismo.                   Pura rutina. Bostezos hasta la hora de cierre…
Pero tampoco se advierte especial inquietud y dinamismo en los poderes públicos, más allá de la consabida promesa presidencial: "Pondremos todos los recursos necesarios y mantenemos contacto permanente con las familias de esos marinos".
Perdón por la prergunta: ¿qué menos? Es posible que alguien argumente que nada más es posible hacer cuando el silencio desde aquellas profundidades es total. Bien. Hasta el viernes, es admisible. ¡Pero el sábado hubo desde el San Juan siete intentos de comunicación por teléfono satelital! Mucho más que una luz de esperanza. Sin embargo, el conmovedor dato no movió la aguja…
Todo permaneció en el silencio y el criticable manejo del drama desde el principio. Casi como si el espanto que genera una nave que no puede volver a la superficie y la aterradora situación de sus hombres poco y nada significara.
Se informa que "están bien entrenados y tiene agua y comida para unos días" (¡qué vaguedad!), y medio país, o más, se frota las manos: tal vez Boca siga invicto y Racing llore, llore, llore…
Me cuesta creer una de las posibles razones de tal indiferencia. Pero la pongo en letras de molde, y la firmo. ¿Ese encogerse de hombros tendrá su génesis en el odio a los militares nacido después de que se conocieran los crímenes de la última dictadura uniformada?
Porque hasta entonces, y más allá de los gobiernos que decretaron el eclipse de las fuerzas armadas, para la gente, el pueblo –palabra injustamente olvidada o sólo usada por interés político–, "sus" militares fueron respetados y admirados.
¿Quién no se recuerda, niño, en los hombros de su padre para ver el desfile?
Esa gente que los aplaudía y se emocionaba acaso pensando en San Martín y Belgrano, sus padres históricos, ¿era idiota, despreciable, culpable de algo?
Por las dudas: ¡la última y definitiva dictadura militar murió hace 35 años! Los marinos del San Juan no habían nacido, y sus padres, como mucho, eran adolescentes.
¿Entonces?
Abro un desafío. Si alguien puede responder racionalmente el porqué de la indiferencia que rodea la estremecedora soledad, la angustia de esos muchachos de la Armada en situación límite, que arriesgue.
Estoy esperando…      













                           
                                                             https://www.infobae.com/opinion/2017/11/19/por-que-el-drama-del-submarino-ara-san-juan-apenas-conmueve-a-los-argentinos/                  




La búsqueda del submarino en tiempo real. Un avión de la NASA sobrevuela una amplia zona del del mar comprendida entre Playa Unión y Comodoro Rivadavia

La búsqueda del submarino en tiempo real.

Un avión de la NASA sobrevuela una amplia zona del del mar comprendida entre Playa Unión y Comodoro Rivadavia.

El avión P-3 perteneciente al programa IceBridge de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos (NASA) sobrevuela el recorrdio que debería haber realizado el submarino ARA San Juan, del que no se tienen novedades desde hace cuatro días.
La aeronave, que se encontraba en Ushuaia porque realiza vuelos regulares a la Antártida en el marco de un proyecto científico, está equipada con aparatos de última generación y colabora en la búsqueda, aseguraron fuentes militares.
En este link del sitio web de la NASA se puede seguir en tiempo real el recorrido del avión que participa de las tareas de búsqueda.
Publicado en Diario "Río Negro", 20/11/2017.

La historia de la aerobanda, un plan delirante que terminó en fracaso.

ELLOS CREÍAN QUE IBAN A ROBAR EL BANCO Y QUE EN EL TESORO ENCONTRARÍAN UNA SUMA SIDERAL. NADA MÁS ALEJADO DE LA REALIDAD. AUNQUE HUBIERAN CONCRETADO EL ROBO, EL BOTÍN ERA ÍNFIMO PARA EL DESPLIEGUE QUE HICIERON”.


La historia de la aerobanda, un plan delirante que terminó en fracaso.

Creyeron que podrían dar el gran golpe, alzarse con un fabuloso botín de un banco de Zapala y escapar en avión hacia la provincia de Buenos Aires.

Pero una sucesión de imprevistos y la propia torpeza de los ejecutores lo convirtió en uno de los asaltos frustrados más resonantes de la historia regional.


Fue cinematográfico. El robo que debía ser perfecto y terminó con todos sus protagonistas condenados tuvo como escenario a esta ciudad. Pasaron más de 17 años pero muchos lo recuerdan como si fuera ayer. La aerobanda, un grupo de sujetos de la región con apoyo de algunos locales, quiso dar el golpe de sus vidas: robar el Bansud zapalino y escapar en avión con un botín varias veces millonario. Nada de eso ocurrió y todos cayeron presos después de una persecución en la que hubo de todo: rehenes, disparos y un avión que aterrizó en la provincia de Buenos Aires.
“Estos personajes siempre fantasean con grandes golpes. Ellos creían que iban a robar el banco y que en el tesoro encontrarían una suma sideral. Nada más alejado de la realidad. Aunque hubieran concretado el robo, el botín era ínfimo para el despliegue que hicieron”. La frase del recordado fiscal y luego juez, Hugo Saccoccia, resumía por aquellos años la crónica de lo que fue una de las historias policiales más impactantes de la región.
Corría julio del 2000 y el país caminaba lentamente hacia la hecatombe financiera que se desataría en diciembre del año siguiente. En ese contexto de depresión económica e inestabilidad, un grupo de personas del ambiente delictivo ideó el plan para robar el banco. La “conexión local” les aportó datos -que luego se sabría que eran inexactos- acerca de una fuerte acumulación de dinero en el tesoro del Bansud, que en ese momento estaba en la intersección de las calles Uriburu y Etcheluz.
Los implicados fueron Carlos Escobar Reta, Pedro “Tito” Fridman, Gustavo Arias, José Lezana, Luis Escobar y Jorge Cucatto. Todos ellos fueron sometidos a juicio pero solo Cucatto salió absuelto (ver aparte).
El plan era sencillo, como dicen que debe ser un plan para tener posibilidades de éxito: entrar bien temprano, apenas abran las puertas del banco, reducir al personal y llevarse el botín. Y listo. A media cuadra estaría esperando un auto que llevaría a los miembros de la banda hasta el aeropuerto, ubicado a unos 10 kilómetros, donde un avión con los motores encendidos los sacaría lejos de la escena. ¿Qué podría salir mal?
Todo salió mal.
La noche previa, la banda durmió en el inquilinato de la familia Frontoni, en el lado antiguo de Zapala. Hasta ahí los condujo Cucatto, quien estaba en pareja con la viuda de uno de los hermanos Frontoni.
El 26 de julio de 2000 empezaron a ejecutar el plan tal como lo habían diseñado. Uno de los delincuentes se quedó merodeando en la esquina del banco mientras otro lo custodiaba de cerca. El resto se estacionó a la vuelta, frente al hotel Pehuén.
En el interior del banco había un policía, José Andrés Lezana, quien para la justicia también integraba la banda y por ello fue condenado. Lezana siempre juró su inocencia y dijo que estuvo en el lugar y el momento equivocado. El exfiscal Ladislao Simon nunca le creyó y afirmó en su alegato que “le pagaron su colaboración con un viejo Renault 12”.
Todos los empleados del banco estaban adentro junto al custodia. Sin embargo, el castillete donde debía ingresar el efectivo de seguridad no se podía abrir porque se había trabado la llave así que la sucursal seguía cerrada al público. Afuera, los asaltantes esperaban para entrar.
A un imprevisto se le sumó otro: un policía en la calle advirtió los movimientos sospechosos. Y el plan empezó a desbaratarse.
Uno de los testigos que declaró en el juicio relató que “en esa época yo trabajaba en la terminal y antes de las 8 salí para llevar la recaudación al banco Nación. En la vereda me lo crucé al policía Carlos Figueroa, le dije algo pero me hizo señas para que me callara. Lo seguí de lejos y vi que en la esquina del cajero había un tipo”. Era uno de los asaltantes que esperaba que abrieran las puertas para entrar.
“Figueroa -continuó- lo empezó a seguir y el tipo arrancó caminando para el lado del hotel Pehuén. Me cruce de vereda y vi que doblaron sobre Elena de la Vega. El que iba adelante amagó a cruzar la calle y en eso se bajó otro del auto que estaba estacionado y lo apuntó a Figueroa con un arma”, agregó.
El relato empalma con el de otro testigo que dormía en una habitación del Pehuén y se despertó cuando escuchó que alguien decía: “abrí la boca, abrí la boca”.
Declaró: “me desperté con esos gritos y cuando miré por la ventana vi que le estaban metiendo un arma en la boca a un policía”.
El policía era Figueroa, al que estaban tomando de rehén. Los asaltantes eran Escobar Reta y Fridman.
Ambos regresaron sobre sus pasos con el policía reducido. Todavía creían que parte del plan de podía salvar, y que podrían ingresar al banco. Pero para ese entonces alguien había dado aviso al Comando y en pocos minutos la zona se llenó de patrulleros. Se escucharon varias detonaciones de armas. Hubo gritos y corridas.
Acorralados, Escobar Reta y Fridman regresaron al auto, un Peugeot 405, con el policía de rehén, y emprendieron la huida hacia el aeropuerto. En el camino casi chocaron con un móvil policial que venía en contramano.
A toda velocidad escaparon por la ruta 40 con la policía persiguiéndolos. Así llegaron al aeródromo. Casi se tiraron del vehículo en movimiento y subieron al avión que ya empezaba a carretear. Los policías no pudieron disparar y los vieron perderse en el cielo, con Figueroa aún como rehén.
Mientras los otros implicados eran detenidos en las cercanías del inquilinato, Escobar Reta y Fridman hicieron descender la aeronave en un campo cercano a la localidad balnearia de Reta, en la provincia de Buenos Aires. Siguieron la huida por su cuenta hasta que los detuvo la policía bonaerense en un peaje.
El avión, con el piloto (cuyo rol despertó dudas) y el policía Figueroa como únicos tripulantes, siguió hasta Buenos Aires donde aterrizó.
“Río Negro” contactó al policía Figueroa, quien no quiso hablar. “Gracias, pero no voy a decir nada, ese dolor de cabeza ya terminó para mí”, resumió en un breve contacto telefónico.
Su vida pendió de un hilo desde el momento en que fue encañonado hasta que aterrizó unas horas más tarde en Buenos Aires. “Todavía no me explico cómo no lo tiraron desde el aire, se salvó de milagro, volvió a nacer”, contó una defensora oficial que en aquel momento representó a los acusados.

La historia de la aerobanda, un plan delirante que terminó en fracaso.

La pista narco, una teoría que no avanzó.

La pista narco fue una de las teorías que se manejó durante la etapa de instrucción de la causa. El exfiscal Ladislao Simon vinculó a los detenidos con una supuesta maniobra para apoderarse de un cargamento de 50 kilogramos de marihuana y salpicó en su alegato a varios integrantes de la policía federal.
Sin embargo nunca presentó pruebas concretas que permitieran sustentar tales afirmaciones. De hecho su planteo quedó en la nada porque no colectó elementos que habilitaran a los jueces a avanzar en otra línea investigativa.
Según Simon en el tesoro había, como máximo, 5.000 pesos/dólares. “Muy poco para semejante despliegue”, afirmó en un tramo de su alegato.
En la bóveda, siempre de acuerdo a los datos del exfiscal, habían unos 400.000 pesos pero para acceder a ella había que superar un retardador de 45 minutos que hacía ilógica la maniobra. “El día del hecho hubo un traslado de 50 kilos de marihuana a Neuquén”, sostuvo Simon. Eran producto de un secuestro en otra causa.
Sin embargo, los jueces consideraron erráticas estas afirmaciones y ni siquiera las tuvieron en cuenta.
Todo indica que el frustrado golpe se perpetró en realidad a raíz de datos erróneos que alguien le suministró a la banda.
“Se tiraron con todo porque la vieron muy fácil, ellos creían que tenían una fortuna al alcance de la mano pero no era así”, sostuvo uno de los investigadores de aquella época.
9 y 7 años, las condenas a prisión más altas
Los cabecillas de la banda, Carlos Escobar Reta y Pedro Amelio “Tito” Fridman fueron condenados a 9 y 7 años de prisión respectivamente como coautores del delito de robo en grado de tentativa por el uso de armas, privación ilegítima de la libertad y puesta en peligro de aeronave.
Gustavo Arias recibió 4 años, José Lezana 3 y medio y Luis Escobar 2 y medio. El único absuelto fue Jorge Cucatto.
El tribunal estuvo integrado por los excamaristas Víctor Hugo Martínez, Enrique Modina y Oscar Rodeiro. Como acusador se desempeñó el exfiscal Ladislao Simon y la defensa de los imputados estuvo a cargo, entre otros, de Miguel Valero, Juan Carlos Ríos Iñíguez y Oscar Pineda.
Entre los implicados estuvo el piloto del avión, David Aronoff, quien en todo momento se despegó del hecho y aseguró que sólo fue contratado para realizar un viaje ida y vuelta desde Buenos Aires. Aronoff quedó desvinculado de la causa por decisión de la exjueza Silvia Grichener.
¿Cuánto dinero había en el banco? Algunos dicen 5.000 pesos/dólares, otros 400.000. También se habló de un cargamento de droga.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 19/11/2017. Imágenes del mismo medio.