GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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miércoles, mayo 31, 2023

Otros que no pueden volver por Daniel Zolezzi.

 

En los últimos tiempos han reaparecido –al menos en televisión- los ex ministros de Economía Domingo Cavallo y Remes Lenicov. Que lo fueron de Menem el primero y de Duhalde el segundo.
Y es el caso que ambos, criticando el estado actual de nuestra economía –algo así como descubrir la rueda– afirman que con ellos las cosas estaban mejor y que, de persistir en sus cargos, esto sería distinto. (Del tornasol Lousteau ya nos ocupamos en nuestra última columna; baste reiterar que es vergonzoso que este K fracasado vista ahora careta opositora).
Vayamos pues a los de hoy. Cavallo fue el adalid de un peso igual a un dólar durante, la administración Menem. Medida poco liberal, de paso sea dicho, la de establecer por ley una paridad que la inflación, aunque fuese mucho menor que la actual, se encargaba de desmentir de un modo tan gradual como irrebatible. Y, el mismo señor Cavallo volvió, para intentar salvarla, al gabinete del radical de la Rúa.
Discépolo decía que no hay verdad que se resista “ante dos pesos moneda nacional”. Y el 1 a 1 no resistió la verdad del valor de ambas monedas. La inflación, aunque menor, existía. Hoy por hoy, casi todos dicen que esa paridad fue de inspiración liberal. Cuando en realidad el liberalismo, sensatamente entendido, deja que las monedas floten y se estacionen en su debido valor. Ponerle precio a un dólar, lo mismo que ponérselo a un producto de la canasta familiar, es una experiencia que siempre falla. Y nadie podía ignorarlo.
Valga recordar algo olvidado. El 1 a 1, que primero fue peronista, también fue radical bajo la presidencia de la Rúa. Sin embargo, ambos partidos participaron del golpe sin tanques, pero con disciplinada tropa civil, que derrocó al citado de la Rúa y finiquitó con la paridad cambiaria (cabecillas visibles, Duhalde y Alfonsín).
Apenas el primero de ellos asumió la presidencia, concediendo butacas ministeriales a la UCR, dictó el decreto 214/2002 que pesificó las deudas en dólares al tiempo que liberaba el mercado cambiario. Así se benefició a grandes grupos económicos endeudados en dólares y se disolvieron los ahorros en esa moneda de los pequeños ahorristas. Siempre recordaré el relato de uno de ellos que deseaba cambiar su auto para lo cual, prudentemente, compraba dólares y los depositaba en su cuenta. Me dijo: “Señor, al banco yo llevé dólares billete y me dicen que no me los pueden devolver. ¿Entonces, los dólares que deposité, dónde están?”.
ABSURDA IDEA.
A ese estallido se llegó por la absurda idea de establecer el precio de una divisa por ley. La realidad hizo polvo esa idea. De la cual Cavallo fue su inspirador. Y cuando estalló la crisis, el decreto 214/2002, con Lenicov como ministro del ramo, defraudó a los pequeños ahorristas en beneficio de poderosos grupos económicos a quienes se les licuaron deudas en dólares que no hubieran resistido en un mercado libre.
Ni Cavallo ni Lenicov pueden contribuir a sanar la enfermedad de la economía de nuestro país. Porque fueron parte de quienes la inocularon. Como tampoco puede olvidarse que el peronismo y la UCR, primero apoyaron la convertibilidad, para luego terminar con ella beneficiando a muchos poderosos y saqueando a quienes no lo son.
Publicado en LA PRENSA.

domingo, mayo 12, 2019

Loris Zanatta: “Cada elección se vive en la Argentina como una guerra civil simulada”.

-¿Cómo interpreta el regreso de Cristina Kirchner a la escena pública con la presentación de su libro, y la convocatoria a “un nuevo contrato social con metas cuantificables”?
-Lo que se vio en la Feria de Libro es a la misma Cristina de siempre. Suena como el león que decía haberse vuelto herbívoro: pobre la gacela que se lo creyó. Aplica la vieja enseñanza de Curzio Malaparte: “disimulen sus fines, sean moderados y vayan tomando el poder, todo el poder”; el famoso “vamos por todo”...
-¿Es la idea del futuro entendido como la continuidad de un pasado interrumpido?
- Es el mito histórico peronista que lee su pasado como una marcha triunfal. ¿Para qué? Para reverdecer la “excepcionalidad” argentina: basta con leer cómo sus dirigentes acaban de recordar a Eva Perón en su centenario, acríticos y triunfalistas, incapaces de revisar su cultura política e institucional, de analizar la historia con la necesaria distancia. Como si fuera un permanente acto de fe. Se les escapa que la única “excepcionalidad” que el mundo le reconoce a la Argentina es que ningún otro país del mundo ha caído tanto en el último siglo.
- “Hay que volver a ordenar la Argentina frente al caos de Macri”, dice también la ex Presidente en su libro...
-No sé qué tan conciente sea de ello Cristina Kirchner, pero la invocación del orden contra el caos es muy coherente con toda la tradición del populismo latino: desde Perón hasta Chávez, sus palabras claves siempre fueron “disciplina”, “organización”, “unanimidad”. La idea básica de esa tradición es que la libertad individual, la libertad económica y el Estado liberal con su división de poderes representan la anarquía, la fractura de una comunidad orgánica, “el pueblo”, que en origen sería armónica y unánime. Lo que ellos presentan como una forma de “progresismo” siempre fue en realidad una nostalgia reaccionaria, el sueño autoritario de restaurar una comunidad mítica del pueblo. En términos de historia argentina es lo de siempre: una exhibición del poder de veto del peronismo sobre los gobiernos no peronistas; “sólo nosotros podemos gobernar la Argentina”, ese es el mensaje.
-¿Se equivoca o acierta el presidente Macri al plantear la opción “retorno al pasado vs. seguir este camino? ¿Es la polarización un dato inevitable o una opción que se ha elegido?
-Desde la perspectiva de Macri, evocar los fantasmas del pasado es la única estrategia posible, al no tener muchos logros pare pedir “continuidad”, cuales que sean las causas de ello. El riesgo, en estas condiciones, es que la polarización se vuelva un búmeran y les juegue en contra. Supongo que lo habrán “calculado”, en la medida en que se pueden calcular esos riesgos. Yo, desde lejos y con una percepción tal vez distorsionada, habría pasado la mano a otro candidato o candidata: continuidad… pero con cambio.
-¿No son todos los líderes políticos actualmente un poco populistas, aún los que dicen no serlo?
-Para contestar de forma adecuada, hay que explicar qué se entiende por populismo, porque ya son tantas las definiciones que es imposible saber de qué se está hablando. Para mí, es esencialmente una “nostalgia de unanimidad”, la invocación de un pasado mítico en el que habría existido un pueblo puro, homogéneo, inocente, “sin pecado”.
-¿Una visión religiosa de la política?
- Sí, un imaginario religioso trasplantado a la dimensión política: “érase una vez un pueblo incontaminado”; la historia, el mundo, el enemigo, llámese como se llame, lo ha corrompido fragmentándolo; el populismo promete reconducirlo a la tierra prometida donde volverá a vivir feliz. El populismo es, en el mundo secular de la política, lo que la religión en el mundo sagrado de los antiguos: una utopía para escapar a la precariedad e inseguridad del hombre. Si es así, considerando que la modernidad implica una crónica desarticulación (y rearticulación) de identidades y vínculos sociales, el populismo seguirá siendo un ingrediente fisiológico de la política, a menos que el hombre, cosa improbable, deje de pensar religiosamente.
-¿Sería entonces una cuestión de grados...?
-Así es: mezclado con un sistema institucional democrático fuerte y una cultura política capaces de limitar esa pulsión unanimista, puede “normalizarse” e ir perdiendo su vocación mesiánica. En caso contrario, impone su “pueblo” como si fuera todo el pueblo y transforma la política en guerra de religión: hay países que nunca salieron de este dilema…
-Pero hay populismos que se definen como “de izquierda” y otros a los que se define como de “de derecha”, ¿no hay grandes diferencias entre ellos?
-Tienen en común esa nostalgia de unanimidad; o sea la convicción de representar un pueblo moralmente puro en que se conserva una identidad primigenia que debe ser redimida del contagio y de la corrupción moral causada por un enemigo. El enemigo es diferentes cosas según los casos, el mecanismo maniqueo es el mismo; al final, todo es una lucha religiosa del bien contra el mal, según ellos los entienden y definen. Desde su perspectiva, ambos populismos pretenden ser el todo y nunca la parte, ejercer el monopolio del poder basándose en una supuesta superioridad moral, una legitimidad histórica que le daría un derecho identitario por arriba del entramado institucional: el pluralismo no es para ellos fisiología, sino una dolorosa patología.
-¿Se subestimó la fuerza del populismo?
-No sé si se ha subestimado. Lo que pienso es que demonizar al populismo no sirve; más bien, le hace el juego al aceptar su representación maniquea del mundo, clave de su relato identitario. El tema es que el mejor -tal vez el único- antídoto contra el populismo es dejarlo que gobierne, que mezcle su vino mesiánico con el agua de la realidad, siempre compleja y prosaica. Pero los gobiernos populistas son peligrosos por los daños irreversibles que pueden causar y por el riesgo que, al encontrar como única resistencia instituciones débiles y deslegitimadas, puedan adueñarse de todo el poder y cerrarse la puerta a las espaldas: es lo que pasó muchas veces en América Latina. En ese caso no quedan más recursos para salir de él. Por eso la mejor manera de contener el populismo es fortalecer las barreras institucionales y obligarlo a rendir cuentas sobre temas concretos, en lugar de desafiarlo a grandes debates ideológicos.
-¿Cómo se relacionan estos populismos con el crecimiento de la extrema derecha en Europa?
-El crecimiento de fuerzas antisistémicas, soberanistas, a veces directamente xenófobas o racistas, es obviamente preocupante y amenaza los valores mismos en que está basada la construcción europea: la idea de sociedad abierta, solidaria, pluralista. Al mismo tiempo, no creo en los escenarios apocalípticos y me gusta pensar que la borrachera radical no tiene la visión, la capacidad, los instrumentos ni el consenso para torcer el rumbo de la historia política europea. Si se lo mira con cierta frialdad, cosa por cierto difícil en el clima dramático de nuestros tiempos, se observará que, sumando factores como el aluvión migratorio, los cambios tecnológicos, la larga recesión económica, la pérdida de peso en el mundo globalizado, era inevitable y hasta previsible que en Europa se desencadenara una ola populista que predicara protección, homogeneidad, soberanía, identidad.
-¿Cuál es el rol que está cumpliendo, a su criterio, el Papa Francisco en este contexto? Usted suele ser muy crítico al respecto…
-Visto desde Europa, donde “populistas” se suelen llamar a los partidos nacionalistas y xenófobos, el Papa suena antipopulista por su apertura a la inmigración. En esto, yo estoy de acuerdo, aunque creo que pecó mucho de ingenuidad: son procesos históricos complejos y delicados, van gobernados con prudencia por la política, no a golpe de Evangelio. En América Latina, en cambio, los que se suelen llamar movimientos populistas son, para el Papa, “populares”: encarnan la “cultura” del pueblo pobre y “mítico” contra la clase media “colonial”. Aquí apunta mi crítica: la visión del mundo del Papa es heredera de la eterna lucha de la cristiandad hispana contra la tradición ilustrada.
-Su próximo libro “Fidel Castro, el ultimo rey católico” habla de esa influencia sobre las izquierdas latinoamericanas...
-La clave de lectura que propongo del mayor ícono de la “izquierda” latina y del antiliberalismo global se basa precisamente en eso: en la relación, vehiculizada por creencias e instituciones, entre el imaginario religioso antiguo, en ese caso el de la cristiandad colonial, y los populismos contemporáneos.
-El subtítulo, lo del “rey católico”, no es entonces una metáfora...
- Fidel se cree Cristo resurgido y promete la expiación de los pecados causados por la modernidad liberal; es más: vé en Cristo un joven brillante que anticipó su venida. Todo termina en una utopía reaccionaria: para impedir la corrupción moral del hombre y devolverlo a la armonía de un pasado mítico, no queda otra posibilidad que impermeabilizarlo del cambio histórico, del bienestar económico, de las tentaciones individuales. Su ideal es el estado confesional que pretende moralizar el individuo, la espada al servicio de la cruz de la fe, llamada comunismo.
-Ya sobre el fin de esta segunda década del siglo XXI, ¿continúan los ciclos pendulares de de fuertes ilusiones y desencantos en América latina?
-Son ciclos diferentes según los casos y contextos: el ciclo mexicano está en un punto muy diferente del ciclo en América del Sur, donde también el tiempo y la historia cavaron profundos hitos entre países del Atlántico y del Pacífico; entre Brasil y los hispanos; entre quienes tuvieron tradición laica y democrática y quienes la tuvieron populista y anti-liberal Por eso, no me animaría a ver un ciclo unívoco en la región; me limitaría a observar que hay casos donde el rumbo del país está más o menos definido y donde las elecciones no ponen en juego los fundamentos institucionales, filosóficos o jurídicos; otros casos, en cambio, son más dramáticos porque no se formó un consenso histórico sobre esos mismos fundamentos, o donde se había formado se destruyó sucesivamente. Venezuela es el caso más dramático, pero la historia argentina no se distancia muchos de ese dilema. De ahí que cada elección sea “epocal”, cuestión de vida y de muerte, una guerra civil simulada.

La política del presente bajo la lupa de la historia

¿La historia está soplando en la nuca de la política, o es la política actual –y sus crisis- lo que convoca a los duendes y fantasmas de la historia? “Ambas cosas”, responde Loris Zanatta, recién llegado de un Festival de Historia, en Nápoles, iniciativa de una editorial italiana con historiadores que dan charlas magistrales en teatros a la manera de los talk shows, donde habló a sala llena sobre “Populismo jesuita”, título que alude obviamente al Papa Francisco: “Historia y política son vasos comunicantes -se explaya. No tienen fronteras definidas. El problema es más acuciante donde no se logró un consenso sobre los fundamentos del orden político y prevalece la lógica confrontativa de tipo amigo-enemigo típica de los populismos: en esos casos la historia nunca descansa en paz, nunca se limita a ser objeto de estudio, y retorna como un eterno presente, hasta límite grotescos come el culto religioso a Bolívar por el chavismo o la provocadora e imagen de Eva Perón en la Avenida 9 de Julio”.
Zanatta nació en Forlí, una ciudad de provincia del norte de Italia entre el mar, las colinas y los frutales, hace 56 años, pero muy pronto se mudó a Bolonia, a unos setenta kilómetros, donde vive desde entonces: “amo mi ciudad, me encanta su equilibrio entre ética del trabajo y placer de vivir, compromiso y tolerancia. Además de enseñar en la universidad, cosa que sigo disfrutando al punto de considerarme un adicto al trabajo, ahí cultivo mis grandes amores: mi hijo, mi pareja, mis gatos, mi cuadro de basket, el Virtus, donde recuerdo con orgullo haber visto crecer un grande, Manu Ginóbili. Es uno de mis tantos vínculos, afectivos y personales, con Argentina: viajé por primera vez en el año 1988; sigue siendo una parte importante de mi vida”.
Publicó varios libros sobre historia del peronismo, entre ellos una biografía política de Eva Perón. La historia de Evita –señala- “puede muy bien convertirse en el hilo de Ariadna que conduce hasta los más retirados e íntimos rincones de un imaginario social antiguo y permite que lo observemos en su pugna con la modernización, una incursión a las entrañas de una cultura política, una cosmología religiosa y una antropología social de sólidos rasgos comunes dentro de lo que se entiende como ‘el Occidente latino’”. También es autor de una Historia de América latina (Siglo XXI) y de El populismo (Katz, 2013).
¿En qué momento histórico elegiría detenerse para encontrar algunas claves que ayuden a comprender las encrucijadas actuales?“Tal vez -responde- detendría la cámara en el 11 de septiembre de 2001, porque simbólicamente representó la destrucción física del optimismo racionalista por parte del fanatismo religioso utilizando instrumentos tecnológicos modernos: toda una metáfora. Observo, sin embargo, que lo que está pasando no es tan nuevo ni sorprendente: vivimos una época de reacción religiosa, comunitaria, identitaria, irracionalista a una época que fue de rápida y profunda apertura; el instinto de la tribu prevalece sobre la curiosidad hacia el mundo. Es como un péndulo: pasó en la época de entreguerras después de la gran globalización de las décadas anteriores; en los años ’60 y ’70, en reacción a la ola democrática y liberal de la posguerra; hoy como reacción a la llamada “globalización liberal” sucesiva al fin de la guerra fría. Seguro que el péndulo volverá a oscilar en sentido contrario, hacia el polo de la libertad y la pluralidad”.

Itinerario.

Loris Zanatta es profesor de Historia de América Latina en la Universidad de Bolonia, en sus sedes de Italia y Argentina, donde dirige además la Maestría en Relaciones Internacionales. Es autor de numerosos libros, publicados en Europa y Latinoamérica y escribe en diarios y revistas sobre temas de actualidad. Es miembro de la Academia de la Historia. Entre sus libros se destacan Del Estado liberal a la Nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo. 1930-1943 ; Perón y el mito de la Nación católica. 1943-1946 ; Historia de la Iglesia argentina, con R.Di Stefano; Breve Historia del peronismo clásico; Eva Perón. Una biografía política; Historia de América Latina; La internacional justicialista y El populismo.

Al toque

Un proyecto – Ser novelista
Un desafío – No tomarse demasiado en serio
Un líder hoy – Vivo sin líderes
Un prócer – Erasmo
Un sueño - Festejar con los amigos en Caracas…
Un recuerdo – Mi hijo, cuatro años, esperandome en la estacion: felicidad sin sombras
Una sociedad que admire –Bologna: estoy conforme
Una persona que admire – Corto Maltés
Una comida – Spaghetti alle vongole
Una bebida – Whisky Laphroaig 18
Un placer - Basketball
Un libro – Angus Deaton, El gran escape
Una película – Clint Eastwood, Gran Torino
Una serie – Doctor House
Publicado en Diario "Clarín", domingo 12 de mayo de 2019.
Imagen de entrevista Diario "Clarín".

jueves, diciembre 28, 2017

Argentina: Apostillas de un asado. Por Carlos Alberto Salguero.

Supóngase que usted vive o se encuentra en una pequeña ciudad del interior de Argentina y, en circunstancias particulares, padece un accidente de tránsito. Varios golpes, raspones y magullones de distinta índole y consideración determinan su ingreso a la sala de guardia de un hospital público, tras lo cual debe ser trasladado a un centro de mayor complejidad. Sin embargo, el uso de la ambulancia es una exclusiva prerrogativa de quienes no cuentan con seguro médico.
En ese momento ocurre un hecho de excepción, ciertamente, algo muy raro en los tiempos que corren hoy, pero que en comunidades de este tipo, todavía al margen de los graves problemas de  inseguridad, las personas que allí habitan desarrollan y promueven entre sí: la paciente del gabinete contiguo ofrece su familia para el traslado. La subsistencia y firmeza de algún acto ―cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables— enaltece valores como la solidaridad y el respeto al prójimo.

Cumplidas las formas de cortesía acordamos continuar la incipiente relación y compartir una costumbre usual en la sociedad de marras, un asado con el grupo de amigos en acuerdo a las pautas sociales. Solo hombres que comparten distintas inquietudes, sobre todo, intereses de lo que luego sería el verdadero trasfondo: la política.
En este sentido, la otra cara del gesto fraternal que finalmente los divide, separa y enfrenta en radicales antagonismos. Un contrapunto que sopesa la balanza, a veces, en favor de los valores urbanos, y a veces, en su contra; esto último, especialmente caracterizado por la contrariedad u oposición sustancial de doctrinas y opiniones.
Sabiamente advertido sobre la ideología subyacente (el leitmotiv que aglutina a sus integrantes, una rara fusión de encendido kirchnerismo y la idolatría por Ernesto Guevara de la Serna, el Che.) puse especial atención al cuidado de mis dichos. Mi invitador introdujo un tema de gran actualidad, las cámaras de vigilancia en los puntos estratégicos de la ciudad y, en seguida, acompañó su introducción con una sentencia, posponer el sistema hasta que pudiera solucionarse un intento fallido de la puesta en marcha anterior. Luego de escuchar, pregunté a mis interlocutores qué pensaban los contribuyentes acerca de implementar ese tipo de servicios, puesto que, en última instancia y como siempre sucede, son ellos quienes deben afrontar las erogaciones del municipio.
Casi sin respirar reaccionaron dos participantes del evento: el uno, Secretario de Gobierno y Relaciones Institucionales, el otro, Subsecretario de Cultura y Educación. El primero afirmó que los actos de gobierno no necesitan de ninguna compulsa popular; el segundo arrojó con suficiencia: así es la forma republicana de gobierno;  sin más ni más, todo quedó al descubierto (ambos funcionarios, bajo la tutela del Intendente, fueron puestos en funciones por su jefe administrativo y político, pero ninguno de ellos ha sido legitimado por el voto).
A partir de entonces, me dediqué a disfrutar de la cordialidad y bondades del asado del dueño de casa, las atenciones de mi esforzado anfitrión y, especialmente, a observar con atención la dinámica del grupo. 
Dado lo perimido del encono, un preámbulo o rodeo de lo que se narra podría iniciarse con un entorno de situación. El Subsecretario de Cultura y Educación (músico de profesión y pelilargo de promediados cuarenta, de intrépido azabache en su cabellera, y como diría Nicky Márquez, “amuletos, tatuajes plebeyos y un sinfín de chucherías”) al igual que el Secretario de Gobierno y Relaciones Institucionales no escatimaron energías en proclamas personales: “zurditos” y animados agoreros del fracaso del actual presidente argentino, al tiempo que festejaban la vana imagen de rebeldía y ejemplo de sacrificio personal por la noble causa de Guevara. Quizás, lo que hubiese sido una simple descripción de corte tragicómico se oscurece definitivamente ante los gravísimos incidentes ocurridos el lunes 18 de diciembre frente la Cámara de Diputados de la Nación. Una escena de máxima tensión e inusitada violencia entre manifestantes K y de izquierda, con la Policía, con 162 heridos y 60 detenidos: ¡una vergüenza!
Seguramente, los funcionarios desconocen que el Che o “el Carnicero de la Cabaña” es reconocido por haber ordenado y  ejecutado a todos sus disidentes políticos, encarcelado a los homosexuales; además de restringir con suma dureza la prensa independiente y tratar de prohibir el rock and roll, solo para contextualizar a sus devotos.
Nada mejor que un pariente para describir los lazos de sangre, Alberto Benegas Lynch (h) nos ilustra con un enfoque intrafamiliar del personaje:  “En mi familia se ha hablado bastante del Che, ya que mi padre era primo hermano del suyo”... “De entrada este revolucionario nato reveló cierta inclinación por el incumplimiento de la palabra empeñada, puesto que le prometió a su primera novia que saldría a comprar cigarrillos y nunca más volvió”… “Esperemos que los que siguen usando lo símbolos del Che como una gracia perciban que se trata de la humorada más lúgubre, mórbida y patética de cuantas se le pueden ocurrir a un ser humano. Es lo mismo que ostentar la imagen de la tenebrosa cruz esvástica como señal de paz”.
Los errores en que incurren los empleados del municipio no los exculpa del hecho de que sea un yerro bastante generalizado. Desinformados, como si desconocieran el país donde viven y quién les pagas sus salarios, asumen que sus ocupaciones se encuentran muy por encima del común y pareciera que les repugna rendir cuenta de sus actos de gobierno.
Como el famoso método del péndulo de la economía descripto por Samuelson, la acotación final que comenta, interpreta y completa el fenómeno oscila entre: rescatar los valores sociales y construir un país plural y para todos; o cerrarse a la banda de disputas necias, sesgadas y estériles. Este es el momento de poner las barbas en remojo y pensar en grande, de lo contrario el futuro estará muy comprometido.
El auto es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.
Publicado en http://independent.typepad.com

miércoles, septiembre 30, 2015

Juan José Paso, el primer funcionario "todoterreno" de la política argentina por Juan Pablo Bustos Thames.

Juan José Paso es, ante el imaginario colectivo argentino, uno de los secretarios de la Primera Junta (menos polémico que su par Mariano Moreno), miembro de diversos Gobiernos patrios que se sucedieron desde allí y secretario del Congreso de Tucumán. Fue el secretario Paso quien leyera, en voz alta, la Declaración de la Independencia en la sesión del 9 de julio de 1816 que constituyera a las Provincias Unidas de Sudamérica como una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli.
Juan Joseph Esteban del Paso Fernández y Escandón Astudillo nació el 2 de enero de 1758 en el seno del matrimonio conformado por don Domingo del Passo Trenco y doña María Manuela Fernández y Escandón. No sabemos casi nada de su niñez y su adolescencia. Su padre había nacido en el seno de la familia Do Pazo (del "Palacio", en gallego) en la pequeña aldea de Ribas de Mar, en Galicia.
A los quince años ingresó al Convictorio de Monserrat, que integraba la Universidad de Córdoba, para estudiar latín, artes y filosofía durante tres años. Continuó sus estudios en teología otros cuatro años. Así, el joven Juan José accedió, a los veintiún años (en tiempo récord), a los rangos académicos de maestro de Filosofía y doctor en Sagrada Teología. También recibió el grado de doctor en Jurisprudencia en 1779. Desde febrero de 1780, ya vuelto a Buenos Aires, enseñó en el Real Colegio de San Carlos. Allí fue profesor de algunos pares suyos en los futuros Gobiernos patrios: Esteban Agustín Gascón, Manuel Belgrano y Juan José Castelli, etcétera.
Al sentir vocación sacerdotal, Paso escribió al obispo: "Deseando yo asimismo disponerme a las órdenes mayores". No se sabe qué le respondió el prelado, pero Juan José no volvió a insistir más sobre el asunto.
Enseñó hasta 1783, año en que decidió mudarse al Perú, donde permanecería veinte años. No sabemos mucho de esa etapa de su vida. Primero recaló en Charcas, donde cursó el bachillerato de leyes en la Real Academia Carolina y se graduó de abogado en 1791. Luego siguió viaje hacia Lima. Sin embargo, lejos de ejercer en los tribunales limeños, parece que se involucró en inversiones mineras, donde no le fue para nada bien. Años más tarde, fray Francisco de Paula Castañeda le endilgaría socarronamente que habría partido con afán de enriquecerse en las minas del Perú, pero que habría regresado, después, como el hijo pródigo, a la panadería de su padre.
Hacia 1802 Paso decidió retornar al Plata. Algunos creen que el clima seco del Perú no le había sentado bien y que padecía hidropesía. En Buenos Aires procuraría restablecer su salud, con el cuidado de su familia.
En febrero de 1803, por sus antecedentes, Paso asumió como agente fiscal perpetuo de hacienda, cargo que conservaría hasta la Revolución de Mayo. Ese mismo año figura en la Guía Araujo como abogado defensor de lo civil en la Real Audiencia. La Guía Araujo fue una publicación realizada ese año con el detalle de todos los funcionarios coloniales de Buenos Aires.
Paso no intervino empuñando armas durante las invasiones inglesas. Tampoco lo veremos en ningún regimiento después de la Revolución, a diferencia de su hermano Ildefonso. Lo suyo eran las letras, tanto escritas como habladas. Tal vez su contextura física menuda y frágil lo llevó siempre a atender y preferir los aspectos políticos, administrativos e institucionales de la revolución, lejos de las armas. Tal es así que en la Primera Junta prefirió hacerse cargo de la cartera de Hacienda y no de la de Guerra y Gobierno, que delegó en Mariano Moreno.
En las jornadas de mayo de 1810 vemos a Paso en las reuniones secretas en casa de Nicolás Rodríguez Peña. "El único soltero de los Paso", como lo llaman en el seno de su familia, este "hombre pequeño de cuerpo y grande en ideas" que solía asomarse de las puertas y ventanas de su casa paterna con su legendaria gorra de dormir, tuvo su mayor momento de gloria durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, donde expuso magistralmente su famosa tesis de la gestión de negocios o de la hermana mayor, que salvó al bando patriota ante una razonable objeción opuesta por el fiscal Manuel Villota. En ese momento álgido del debate, Castelli y Belgrano miraron hacia Paso con desesperación, quien parsimoniosamente levantó su mano para pedir la palabra.
Bartolomé Mitre lo cuenta así: "A Castelli siguió Passo: su palabra grave concentrada y vigorosa ejercía un irresistible poder de convencimiento. Las conclusiones de ambos tribunos eran las mismas: la España ha caducado, y con ella las autoridades que son su emanación. El pueblo ha reasumido la soberanía, y a él toca instituir el nuevo Gobierno, en representación directa de la soberanía del monarca. Nada tuvieron que contestar los oidores. Caspe inclinó la cabeza y guardó silencio. Villota, sea despecho, sea dolor por la melancólica suerte de la España caduca, no pudo contener sus lágrimas, y la palabra se anudó en su garganta. La sublime alegría precursora del triunfo se dibujó en aquel momento en los semblantes de los patriotas decididos y muchos nativos, que hasta entonces habían permanecido indecisos, rodearon a Belgrano, ofreciéndole su apoyo para sostener las deliberaciones de la asamblea."
Castelli y Paso fueron los héroes de la jornada, los oradores del Cabildo Abierto. Uno con vehemencia y elocuencia, el otro con calma, simpatía y aplomo.
Un hombre discreto y austero
Las reseñas que nos han llegado de él nos revelan un hombre austero, inteligente, simpático, erudito y de buen discurso. No le gustaban las agitaciones, y su temple intelectual y jurídico lo alejaban de los caudillos y los movimientos populistas. Tampoco era un revolucionario impulsivo al estilo de Mariano Moreno (a quien, no obstante, apoyó en muchas de sus decisiones).
No era militarista, no lucía galones, ni le interesó enrolarse en la milicia, ni siquiera en la reserva, como otros civiles. Tampoco era un orador fogoso, sino moderado, confiado y contundente. Tenía una importante capacidad de gestión y de trabajo, como lo demostró en los distintos cuerpos ejecutivos, consultivos, legislativos o constituyentes donde le cupo desempeñarse. Siempre destacaba el nivel de sus diálogos, su respeto, su moderación y su confianza. Cuando había dificultades, todos acudían a la sapiencia y la seguridad del Dr. Juan José, quien, con su criterio sereno e ilustrado, sabía imponer moderación, luz y razón ante cualquier problema. Siempre mantuvo un carácter apacible, ecuánime y un afán conciliador, lo cual no siempre fue bien comprendido en su época. Fue un ciudadano notable. Un gran constructor de una nueva nación.
Benjamín Villegas Basavilbaso lo describiría: "De estatura inferior a la mediana, la naturaleza no le había prodigado la belleza de las formas. Noble de cabeza, alta la frente surcada de arrugas, ojos pequeños, de una vivacidad inquieta que sorprendía por la mirada un tanto burlona, moreno de rostro, apretados los labios, bien dibujados, descarnadas las mejillas, mesurado en el gesto, nervioso en el andar, pulcro, muy pulcro en su persona. Orador por temperamento, tenía una voz clara y armoniosa, que a veces, en el calor del debate, solía trasuntar la emoción interior que le abrasaba y que hubiera deseado ocultar. Dotado de una inteligencia superior, de un equilibrado criterio, su fuerza tribunalicia residía en la serenidad del juicio basado en un razonamiento constructivo".
Juan José asumió como secretario de la Primera Junta, a cargo de la cartera de Hacienda. Tal vez, por haberse desempeñado como fiscal de Hacienda durante la colonia, se encontraba familiarizado con las finanzas públicas. Fue, podríamos decir, del primer ministro de Economía argentino. A partir de allí, y por los próximos veinte años, desempeñaría un sinnúmero de funciones públicas, muchas en circunstancias graves y delicadas, donde padeció peligros, desplantes, angustias y desengaños. Paso presenció, impotente y muy a su pesar, el avance inexorable de la patria hacia la anarquía, la disolución y la dictadura, lo cual estremecía su espíritu republicano.
uan José pasó los últimos años de su vida en un retiro merecido y apacible de su quinta de Flores, gozando de la estima y la consideración de los vecinos. Falleció el 10 de setiembre de 1833 a los setenta y cinco años. Murió casi pobre, en razón de haber perdido su fortuna en los distintos ajetreos de la política patria (recordemos que los Paso eran vecinos acaudalados en la ciudad).
A diferencia de lo que había ocurrido con su colega en la Primera Junta, Manuel Belgrano, trece años atrás, que partió de este mundo sin pena ni gloria, diversos diarios se hicieron eco de su fallecimiento. Se le prodigaron largas y sentidas crónicas, se exteriorizó un enorme pesar por la partida de uno de los pocos patriarcas de la patria que quedaban, en reconocimiento a su grande y su prolífica trayectoria.
Al día siguiente, el Gobierno de Juan Ramón Balcarce emitió un emotivo decreto, adhiriendo al sentimiento público de dolor por la partida del último de los oradores de mayo. Ese mismo día se inhumaron sus restos en el Cementerio de la Recoleta, donde aún descansan. Lo despidieron con sentidas alocuciones sus amigos Vicente López y Planes y Bernardo Vélez Gutiérrez, en medio del llanto de sus hermanos y sus sobrinos, que desconsoladamente sintieron la desaparición de este gran fundador de la patria.
Este viejo secretario del Congreso de Tucumán y de la Primera Junta no destacó en las lides de la guerra, sino como tribuno, magistrado, legislador y constituyente de la nación. Lo suyo era legislar, gobernar, asesorar o actuar con claridad y altura intelectual, amén de sus singulares dotes como orador. Paso fue un hombre de gran formación e inteligencia, de probidad, desinterés, honradez y valentía a toda prueba, que supo aportar todo de sí, contribuyendo, de ese modo, a fundar y forjar la Argentina que conocemos hoy.

lunes, octubre 29, 2012

BREVE HISTORIA DE UNA INCREIBLE MENTIRA.

BREVE HISTORIA DE UNA INCREIBLE MENTIRA por CARLOS SCHULMAISTER.

Cuando cayó Perón en 1955, él y su creatura ya habían demostrado su labilidad política e ideológica cuando las circunstancias lo requerían, eso que años más tarde se llamó pragmatismo cuando se lo quería presentar como una capacidad o valor agregado.
Sin embargo, en ese momento no cabían dudas acerca de la naturaleza del peronismo como fenómeno político de inducción de masas desde el poder, y como epifenómeno residual de la política internacional de la primera mitad del siglo XX.
Las condiciones en que se produjo la caída dejaron un movimiento político desactivado y mostrenco. Entre la persecución y la demolición de las conquistas sociales positivas que aquel había implementado –además de las negativas- que fueron suprimidas por una posterior clase política en el poder tan antiperonista como estúpida, surgió de las cenizas un proceso prácticamente de base, autonómico en cierta medida, de reconstrucción de nuevas dirigencias y cacicazgos gremiales y políticos.
A una década de regimentación política e ideológica de las personas y las instituciones siguieron casi dos más que pretendieron desarmar aquella actividad, y que no lo lograron debido a la incapacidad política de una dirigencia entreguista y revanchista que, salvo honrosas excepciones, trabajó para su enemigo y para otras fuerzas agazapadas, como las del comunismo internacional, siempre alerta a cualquier señal conveniente a sus objetivos.
El peronismo en el gobierno había tenido dirigentes e intelectuales interesantes, además de los otros, pero como siempre ocurre no son los interesantes los que logran ser escuchados sino los obsecuentes, los mediocres, los oportunistas, la basura política digamos.
Pero en esos momentos no había movimiento, no había conductor prácticamente, ni cuerpo doctrinario de política, economía e ideología que hubiera sido mamado por las masas. La orientación de la política había nacido en la cúpula y de allí había descendido por todo el movimiento, igual que antes con el fascismo, con la diferencia de que en éste era básicamente descendente, en tanto en el peronismo restaba espacio para que desde las bases sociales existiera un poco de autonomía e iniciativa, en ocasiones sobre aspectos correctos, aunque hayan sido pocos. Como en todo movimiento político personalista y populista, las masas y las dirigencias no pasan de ser claques, en ocasiones muy ilustradas y siempre bien remuneradas del poder político dictatorial.
Faltaba organización y sobre todo mística, faltaba el escenario favorable, el nacionalismo había entrado en competencia con otras fuerzas y pensamientos que bregaban por un espacio propio, y lo mismo sucedía en el plano internacional. Cuando se produce la aparición del Tercer Mundo con la Conferencia de Bandung Perón estuvo al margen. Veinte años más tarde le construyeron un relato que atendía al carácter precursor de aquél de la Tercera Posición en el discurso de Perón en el Congreso de Filosofía en Mendoza, en 1949. Pero, salvo dentro del peronismo, internacionalmente nunca se le concedió a Perón ese mérito.
Al peronismo en reorganización le faltaba ideología más que doctrina, pero no era el nazifascismo el ingrediente más feliz ni el más esperado. Los trabajadores andaban bebiendo de otras fuentes además de recordar el “paraíso” peronista. El eje del activismo lo constituyeron crecientemente los planteos gremiales reivindicatorios y los recorridos y búsquedas de los sectores juveniles, especialmente de aquellos que siendo de orígenes sociales bajos habían podido llegar a la universidad.
Fuera de estos escasos jóvenes, la mayoría de los hijos de aquellos peronistas fundadores integraban, como sus mayores, las filas de la clase baja o trabajadora, y como tal seguían siendo perseguidos, despreciados y excluidos socialmente por las demás clases y estratos.
En tiempos en que la televisión era un lujo de las clases favorecidas de las grandes ciudades del país y en el interior no existía, aquella generación fue conformando una suerte de imperfecta conciencia de clase en base a la voluntad, y a cierta dosis de resentimiento contra aquellas.
La lectura en las bibliotecas públicas, sobre todo de literatura más que de historia, le permitía abrir brechas en la rígida ingeniería educativa de entonces (tanto pública como privada). Además, la todavía vigente y sólida matriz familiar era fuente de transmisión oral de la memoria de los de abajo con la que podían resistir las constantes referencias enemigas al “tirano prófugo”.
Para esos niños y jóvenes el tirano no debía ser tan malo, así como los comunistas de la URSS tampoco debían serlo. Los relatos familiares de los de abajo transmitían una mística y una épica que resistía los argumentos y las razones de los sucesivos gobiernos y las fuerzas vivas del establishment.
De tirano, muerto políticamente, Perón se fue convirtiendo gradualmente en el resurrecto que algún día volvería. Para los de abajo, no hacía falta estudiar a Perón y al peronismo. Era como pretender revisar las sangres y los linajes, farisaica pretensión de burgueses y aristócratas, los intrínsecamente malos de la sociedad occidental. Como es sabido, los pobres no hacen beneficio de inventario en ese aspecto. Ningún pobre de la tierra. ¡Bendito sea aquel que me dio un plato de lentejas!
De modo que en ese contexto político, económico y social, con esos insumos y con las correspondientes limitaciones del conocimiento una generación juvenil de clase baja fue construyendo su conciencia social con sentido opuesto a la de los integrantes juveniles de las otras clases sociales.
Para los jóvenes peronistas la “conciencia” propia contenía la verdad, en tanto las otras estaban absolutamente equivocadas. Es decir, equivocadas ex profeso, a diferencia de la de uno que efectivamente constituía la verdad bajo todo punto de vista. Y en las otras fracciones sucedía lo mismo, pero a la inversa.
En ese amplio abanico político ideológico contestatario, los respectivos desarrollos teóricos se sostenían en base a planteos conceptuales dogmáticos, lo que podríamos llamar lo proactivo de sus planteos, desde ya y hoy ya se ha estudiado bastante, cargados de mitos y prejuicios. Pero había otra gruesa parte de su bagaje contestatario que eran de mero carácter reactivo.
Así, aquella diversidad de jóvenes que decían amar a los pobres, a los pueblos y a las naciones y patrias estaban tan confundidos que aun atribuyéndose pertenencia a esos campos se consideraban mutuamente enemigos, y a menudo mucho más que con respecto a sus supuestos enemigos originarios, los de las famosas oligarquías decimonónicas, por lo menos en el discurso.
Esto ponía en duda cuáles eran los enemigos reales y cuáles los aparentes. Pues, de hecho, a quienes más se temía no era a los representantes de los intereses de clase de los privilegiados sino a aquellos dirigentes, partidos e ideologías políticas cuya atracción o misterio ponía en peligro el monopolio del peronismo en la representación de las víctimas sociales, nacionales y populares.
Llevar la bandera y no dejar que nos la arrebaten siempre ha sido más importante que el resultado de la batalla. Esa bandera, sea de trapo, de palabras o de imágenes, tiene más poder que los insumos armamentísticos disponibles.
Más tarde, el Conductor natural reapareció y reclamó cada vez más sus derechos, debiendo en cierto momento hacer un equilibrio ideológico y sobre todo pragmático para que la competencia ideológica interna y externa no le arrebatara su liderazgo.
Desde entonces, en una suerte de síntesis ideológica, por lo demás vacua y aparente, estableció que sus seguidores no debían ser apresurados ni retardatarios. Sin embargo, ya los apotegmas peronistas tenían autoridad y pesaban por si mismos en la presunta conciencia política de sus seguidores.
Ciertamente, lo que componía el bagaje político de combate no sólo de los peronistas sino de todo el arco opositor y no sólo de los jóvenes sino de todas las generaciones politizadas era un conjunto de relatos, en realidad clichés. Todos ellos daban por cierto que tenían la exclusiva herramienta de combate político e ideológico contra la para ellos emblemática mentira capitalista y liberal.
La diferencia entre el dogmatismo opositor de izquierda y el peronista estribaba en que los apóstoles del Libro (Das Kapital) argumentaban tupido y parecían inteligentes, en tanto los peronistas, sin libros de cabecera, argumentaban con relatos emocionales de la memoria heredada de sus mayores y no con principios y teorías políticas, a las que solían tener por complicadas, absurdas y… peligrosas. Como católicos putativos tenían buena cantidad de contaminación preconciliar del tipo que avalaba y legitimaba la prohibición divina de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal.
Pero tanto unos como otros eran dogmáticos y doctrinarios. Unos lo eran del Libro, otros de la Palabra revelada. Unos hablaban de crear conciencia en base al desarrollo del conocimiento liberador por ellos provisto. Los otros hablaban de edificar un templo en sus corazones para Perón y Evita, pese a que ésta había fallecido y otra mujer ocupaba su lugar.
En suma, se enfrentaban la Razón contra la Fe. Pero, ojo… ninguna era lo que aparentaba ser. Ambas descansaban sobre supuestos falaces. Ninguna merecía ser escrita con mayúscula, pese a que de hecho así se escribían al igual que Patria y Pueblo.
De modo que los combates ideológicos de entonces, de tipo intelectual, eran siempre menos que los combates políticos originados por el amor y el odio. La vía emocional de conversión era y será siempre más fácil y atrayente que la intelectual. Y no es que así ocurriera porque por entonces los pobres fueran mayoría, como habitualmente se decía y se creía. Sería muy infantil hacer ese reduccionismo para enlazarse luego con la cuestión de la mayoría como base de la soberanía del pueblo, a pesar de que esto se sigue haciendo hasta la actualidad por los gobiernos populistas cuando conviene a sus planes, pero que puede dejar de hacerse cuando al poder en peligro le resulte conveniente y necesario imponerse mediante un autogolpe desde el poder mismo, convirtiendo en juez y jurado al partido o a las vanguardias esclarecidas y subrogando a las mayorías, las cuales, para ese momento ya pueden ser así llamadas sólo utilizando las comillas.
Los apóstoles del Libro combatían y eran capaces de morir por sus ideas, a las que consideraban su verdad y la única verdad. Los apóstoles de la emoción eran capaces de hacer lo propio por las emociones y por la fe en la superioridad de su causa.
Estos últimos no necesitaban demostraciones argumentativas como los otros, sino simplemente la difusión de “las obras” realizadas por el Conductor y grandes dosis de amor que llevaban en sus corazones, y de dónde saldría la voluntad para poner “piedras” en sus manos.
El compromiso con la causa tenía para los jóvenes hijos de los peronistas derrocados en 1955 un sentido de redención social, proceso místico consistente en ejercer la representación moral de nuestros padres y conquistar su reivindicación, pues era en el plano familiar donde se producía aquella fuerte conversión inicial.
Frente a los “teóricos”, los hombres de acción, éstos que no necesitaban discutir ideas porque tenían la sangre caliente y por eso podían indignarse. Para aquellos éstos eran bárbaros, y para éstos aquellos eran cobardes. La política, pues, no descansaba en la razón ni en la discusión, sino en la fe, en la voluntad y en la acción. Estos factores se expresan siempre en concreto, no en abstracto; en los hechos, no en las ideas. La política, desde esta semi concepción es una encarnación de la fe individual de los apóstoles en la sociedad.
En cambio, para los de izquierda, la política parecía ser el trasvasamiento de las ideas y las fuerzas sociales en pugna a la conciencia individual y luego su vuelta hacia los colectivos convertida en insumos organizacionales.
Pero todo era una confusión. En el peronismo se encontraban ideas e intereses contrapuestos, de izquierda, derecha y centro. Los guerrilleros admiraban ritualidades del arte militar convencional y las hacían propias junto con metodologías nuevas a la vez antiguas, y de un lado y del otro se estudiaba el arte del enemigo.
Algunos querían destruir todas las fuerzas militares y otros conspiraban para producir levantamientos armados en las Fuerzas Armadas que introdujeran una pica en sus filas y llevaran a cabo procesos dictatoriales populistas que sirvieran de contención a los planteos de extrema izquierda.
Paradójicamente, esos jóvenes de entonces que tenían ideas tan dispares y contrapuestas a los 20 años habían sentido admiración por los militares cada vez que los vieron desfilar en las plazas de sus pueblos cuando iban a la escuela primaria o a la secundaria. Era cuando éstos todavía conservaban un cierto prestigio ante las masas, independientemente de si era realmente merecido.
Y muchos que a los 20 fungían de bizarros de izquierda habían sentido a los 14 atracción por la Tacuara (derechista, nazi y antijudía) en los años 60´s de su breve paso por los colegios secundarios de las grandes ciudades, o habían sentido admiración por José Antonio Primo de Rivera.
Ante tantas contradicciones, vaivenes y derivas experimentadas en el seno del peronismo, bien vale preguntar ¿de qué cultura política nacional y popular hablan ahora quienes están en el gobierno ¡y en el poder!? Porque esa diversidad de amores y odios simultáneos y sucesivos se dieron por dentro y por fuera del peronismo, pero hoy éste híbrido ha hecho acreencia de todos esos delirios absorbiendo todas aquellas manifestaciones contestatarias, de los cuales, a favor o en contra de ellas emergió durante más de 50 años la persecución, la muerte, la discriminación, la exclusión de unos y la inclusión de otros, y siempre la corrupción de los que gobiernan, el aumento de la pobreza y la destrucción de la nación y la república.
Ser peronistas significó vivir y morir en el seno de un “movimiento” (¿será tal?) donde simultánea o sucesivamente se ha podido ser nacionales, nacionalistas, integristas, católicos, preconciliar, tradicionalista, modernista, postconciliar, cristianos, integristas, rosistas, antirosistas, mitristas, antimitristas, roquistas, antirroquistas, revisionistas, marxistas, neomarxistas, irigoyenistas, uriburistass, nazi, fascistas, falangistas, militaristas, antimilitaristas, apresurados, retardatarios, montoneristas, antimontoneristas, antimperialista, capitalista nacional, anticapitalista, nasserista, guevarista, castrista, reformistas, socialistas, revolucionarios, evolucionistas, stalinistas, antistalinistas, maoístas, menemistas, duhaldistas, kirchneristas, cristinistas, chavistas, evotistas, de derecha, de centro, de izquierda, de clase baja, media, alta, de abajo, del medio, de arriba, de los costados, federales, unitarios, institucionalistas, comunitaristas, antisemitas, sionistas, antisionistas, negacionistas, antisinárquicos, masones, liberales, antiliberales, neoliberales, enemigos de Rojas, amigos de Rojas, proteccionistas, librecambistas, desarrollistas, estatistas, privatistas, antiyanquis, proyanquis, globalifílicos, globalifóbicos, antibrasileros, probrasileros, paternalistas, populistas, progresistas, clasistas, integracionistas, machistas, feministas, open mind, justicialistas, laboristas, obreristas, de base, peronistas, neoperonistas, vandoristas, evitistas, isabelinos, lópezreguistas, herministas, renovadores, anarcoperonistas, narcoperonistas, etc (o sea que hay más…).
Casi cien “ismos” para adjetivarlo.
Claro, se me dirá que todo eso es una virtud de este amontonamiento llamado peronismo, pero que la mayoría de los argentinos no nos habíamos dado cuenta porque somos cortos de entendederas. ¿Acaso será porque todos nos hemos vuelto peronistas sin saberlo?
¡Claro que sí! ¡Porque eso significa que el peronismo está vivo y hace del cambiar un deber y una actualización constante como nos recordara en los 90´s el ubicuo Cafiero… decano de los bolas de bronce del peronismo!
¡Ma´qué va a estar vivo! ¡Murió con el General hace casi 40 años y no con las botas puestas! ¡No pretendan que existe! ¡No sean hipócritas! ¡Traidores a la sociedad, a la república y a la nación!

Breve historia de una increíble mentira es creación del Reginense Carlos Schulmaister y el cuadro fotográfico es de Guillermo Pirri Argentino con imágenes tomadas de internet al puro azar.