GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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miércoles, octubre 22, 2025

En Chile, en el Parque Nacional Alerce Costero, vive un gigante de más de 5 400 años.

 

En Chile, en el Parque Nacional Alerce Costero, vive un gigante que ha visto pasar civilizaciones enteras: El Gran Abuelo, un alerce con una edad estimada de más de 5 400 años. Es más antiguo que las pirámides de Egipto, construidas hace unos 4 500 años.

Su edad supera incluso a la del famoso “Methuselah”, un pino bristlecone (Pinus longaeva) de California con 4 853 años confirmados por conteo de anillos. Aunque el Methuselah es el árbol más antiguo con registro exacto, El Gran Abuelo puede ser aún más viejo, según estudios recientes de científicos chilenos basados en muestras y modelos computacionales.

Un testimonio vivo de la historia del planeta, este alerce ha resistido milenios de cambios naturales y humanos, recordándonos que los bosques del sur de Chile guardan verdaderos tesoros de vida.
Publicado en Somos Cosmos / Facebook.

De esta información hay un intercambio de pareceres con respecto a las pirámides de Egipto del  tiempo de construcción.
Nota: En la región sur de Argentina y Chile están los pehuenes o araucarias, árboles que casi no cambiaron desde la época de los dinosaurios tanto en la Patagonia Argentina como en Chile. 

lunes, octubre 20, 2025

Aluminé Historia y leyendas. 20 de octubre de 1915: fue fundada Aluminé.

 


Historia.
Fue fundada el 20 de octubre de 1915 por el Decreto Provincial 664, en el cual se la designaba cabecera departamental. Esta fecha es tomada como el día del aniversario de la localidad.

Las primeras autoridades se asentaron en lo que hoy es el paraje Casa de Piedra, en ese entonces llamado Rucachoroy, a solo 4 kilómetros de la actual ciudad de Aluminé.
El Juzgado de Paz y el Registro Civil funcionaron allí desde 1905 hasta 1914 y la policía desde 1906 hasta 1916; posteriormente se trasladaron. En 1926 se creó la primera Comisión de Fomento.
En relación a los primeros pobladores, podemos rescatar que en 1904 Cristian Jourbet se instala con su familia cerca del paraje Maipen, donde luego vivió uno de sus hijos.
Entre muchos otros pioneros, vale la pena destacar a don Juan Benigar, nacido en Croacia el 23 de diciembre de 1883. Llegado a la Argentina en 1908, en 1910 se casa con una nativa pampeana emparentada con la dinastía Catriel, doña Eufemia Sheypuquin Barraza, de cuyo matrimonio nacen 6 hijos varones y 5 mujeres, cuyos hijos, nietos y bisnietos vivieron en la localidad.
En 1925 decide cambiar su lugar de residencia por invitación del escritor Felix de San Martín y se establece en el paraje Quila Chanquil.
Tras la muerte de su esposa, debe abandonar este lugar y se traslada a Pulmarí por poco tiempo. Como destino definitivo quedó el paraje Poi Pucón (a 5 kilómetros de Aluminé). Hoy en ese lugar vive su hijo mayor, don Ñancu Benigar.
Es claro, entonces, que no hay un fundador en particular, pero el asentamiento de estos hombres y muchos otros tan importantes por su labor como los citados hicieron que con su permanencia y trabajo junto a sus familias llevaran adelante el crecimiento firme y constante de Aluminé.

Leyendas.
Pehuen.
Entre los árboles que traen fruta, el buen Dios creó para beneficio de la gente: la araucaria, o como dicen los indios, el pehuén, cuyas cápsulas de semillas con forma de bola o cabeza no consideraban al principio un alimento.
Los mapuches veneraban la araucaria y la consideraban un árbol sagrado, a su sombra rezaban, le brindaban ofrendas de carne y sangre y humo, salpicándolas con mushai, la chicha dulce o fermentada, lo adornaban con regalos y le hablaban como si fuera una persona y hasta se confesaban con él.
Las sabrosas pepitas dulces del pehuén quedaban inutilizadas, quizás porque no tenían buen sabor cuando estaban crudas y ellos no sabían prepararlas: de modo que las dejaban tiradas en el suelo, considerándolas venenosas.
Y ocurrió que el reino de los mapuches pasó por un período de gran hambruna, tanto que muerieron muchos araucanos. Los que morían antes que nadie eran los niños y los ancianos.
Entonces, los viejos de las tribus mandaron a la gente joven en busca de comestibles de distintas clases y a distintas partes: bulbos de lirio y otras flores y plantas, bayas, hierbas y granos de cereales silvestres, raíces amarillas dulces y, naturalmente, también carne de animales salvajes. Pero.... ¿dónde estaba todo aquello, dónde se escondía?
Casi todos los mozalbetes mapuches volvieron hambrientos sin haber hallado cosas comestibles. Dios, el Grande del cielo, no quiso seguir oyendo el clamor: el Chau no escuchaba las plegarias, se fingía sordo.... Y su gente se moría.... Sólo uno de los emisarios consiguió algo.
Cuando éste volvía, lo interpeló durante el trayecto un anciano desconocido, ansioso de saber qué buscaba en las montañas en gran parte pobres, arenosas y áridas. El joven le confió su pena y la de sus hermanos hambrientos de la tribu y el viejo replicó, con extrañeza:
-¿No son suficientemente buenos para ustedes los piñones ?
Caen de los árboles harto maduros ya basta una de sus cápsulas para nutrir a toda una familia.... Pero hay que hervirlos hasta que se ablanden, hervirlos con mucha agua o tostarlos sobre el fuego. Y hay que enterrarlos en el invierno para preservarlos de la helada.
Después de estos buenos consejos, el viejo de la larga barba desapareció de improviso.
El joven araucano se llenó el manto de las cápsulas de semillas más grandes que encontró y se las llevó al más anciano de la tribu, junto con el mensaje que le había dado el hombre de la larga barba.
El anciano y el joven llamaron a toda la gente de la tribu y se habló de lo convenido. Entonces, los más prudentes dijeron:
-Ese sólo puede ser nuestro Chau, nuestro padre que bajó para nosotros a la tierra a fin de salvarnos. Seguiremos sus indicaciones, no desdeñaremos el regalo que nos permite comer, no obstante ser un alimento que proviene del sagrado árbol que sólo a El pertenece.
De inmediato, hirvieron aquellas alargadas frutas en agua buena y otros las tostaron sobre el fuego. Fue un gran festín.
Desde entonces ya no padecieron escasez, porque los innumerables árboles existentes alrededor del volcán Lanín y sobre él les ofrecieron muchos regalos de esa clase. De esa época datan las fiestas populares, consistentes en un viaje anual de los indios con sus familias a las montañas y regiones de las araucarias a fin de juntar los víveres preciosos para el invierno, katangos y piñones de un color oro oscuro.
Los guardan bajo tierra, donde se conservan durante todo el verano frescos y dulces, siendo muchas veces el único alimento de los indígenas.
Fabrican también la embriagadora bebida llamada chahui ( o chawü), hecha con los mejores nguilliu, nombre que les dan a los piñones.
Pero poco después de la época a que nos referimos, el Dios de los araucanos no bajó ya a la tierra y algunos de nuestros antepasados afirmaron que lo capturaron y mataron los blancos cuando quiso visitar por última vez a sus dilectos hijos araucanos.
De todos modos los antiguos, cuando rezaban al salir el sol, como lo hacemos hoy todavía muchos de nosotros, sobre todo los más ancianos y los que viven solitarios en lugares poco poblados, tenían y tienen siempre en la mano, en la mano limpia y aseada y bien abierta, una ramita o fruta del pehuén, y dicen:
-Dado por Ti para no dejarnos morir de hambre.
¨A Ti debemos nuestra vida y te rogamos, a ti, el Grande, a Ti nuestro padre, que no dejes morir a los pehuenes.
¨Deben propagarse como se propagan nuestros descendientes, cuya vida te pertenece, como te pertenecen los árboles sagrados ¨.
Así saben rezar los ré che, los araucanos de sangre pura a su Dios y Dueño del mundo.

Afpin: el narrador ha terminado.
Pehuén: pino patagónico, araucaria imbricata. Fruta: los piñones. Se le considera árbol sagrado y recibe ofrendas.
Muschay o muday: bebida alcohólica, hecha de diferentes clases de cereales o de patatas mezcladas con granos. Maíz preferido.
Chau: padre, también Apu.
* Del Libro ¨Cuentan los Araucanos¨Bertha Koessler-Ilg, Edit. Nuevo Extremo.

Rogativa al Pehuén Mapu Cushe.
Recopilado por Gregorio Alvarez, 1981.
De Cuentan los mapuches, Cesar A. Fernandez.

Espíritu de la tierra del pehuén:
Estás viéndome en tu pensamiento,
Y en el semblante de tu ser
Sólo buen sentimiento se ve;
Dame un lindo arrebol,
Gran espíritu que en el cielo estás:
Y que tu pensamiento también
Siempre el bien en mi cabeza
Y me haga sentir esto pronto ...

Cuentos.

Cuento Damasio Caitrú

Su autobiografía grabada por Jorge Prelorán en 1966.

Recopilado por  Don Gregorio Álvarez, 1983.

Dice Caitrú que su mamita, la Juana Vera, que en mapuche se llamaba Incao, le contó que había nacido en Azul. Que era una chica que ya sabía andar a caballo. Cuando la gente aborigen de la zona supo que los "huincas" estaban tomando cautivos a todos los jefes o caciques, de entre éstos uno llamado Queupu hombre "petisito" que usaba grandes aros, encabezó gente y huyeron del Azul. Llegaron el río Colorado, lo "bandearon" (vadearon) a este lado y vivieron aquí, 4 ó 5 años. Pero los huincas vinieron avanzando hasta donde está el pueblo de Las Lajas, aquí en Neuquen. De ese rincón.... los indígenas huyeron de nuevo hacia el sur, y pasando el río Covunco, llegaron al lago Aluminé que entonces lo llamaban Huenucó (agua del cielo). Por allí los huincas tomaron a un hermano del cacique Queupu y lo cautivaron conjuntamente con las mujeres, que andaban "piñoneando". De allí, llegaron hasta Trompul en donde la madre tenía un tío que era cacique en Chile, y tenía cuatro mujeres. Desde allí pegó la vuelta otra vez y llegó nuevamente a la frontera. Por ahí se enlazó el brazo derecho de mi madre con mi padre, Cecilio Caitrú, quien desde muchacho ya sabia andar a caballo, con "un conocimiento" nacido en Pilo Lil, acá, en la Argentina.

Cuando ya quedó en paz nuestra Argentina, esa gente volvió. Así fue la vida de mi madre y de mi padre.

Después que estuvieron varios años en Chile, cuidando su salud y su vida, como no eran chilenos, volvieron acá a Ruca Choroy. Y aquí están sepultados en este valle de Ruca Choroy.

De ahí, entonces, comenzaron a levantar, ahí fue que dejaron todas las riquezas mi abuelo Juan de Dios Vera, el padre de la mamita mía, porque salieron a enterrar la plata y ella se acuerda. La abuelita, la mamá de mi mamá, pegó la vuelta cuando ya quedaron en paz y no encontraron el entierro que está al lado de un molle. Grande. Había mucho herraje. Así acordaba mi mamaita. Entonces cayeron a Chile, pero ya personas grandes, y de allá volvieron para atrás otra vez y entonces se juntaron a la entrada, se matrimoniaron con mi padre Cecilio Caitruz, quien viajaba para abajo, para el lado de Bahía Blanca, Patagones. Ya sabía que por ahí ya esta bien mansita la gente. Ya no le hacían nada a la paisanada ni a la indiada tampoco. Ya estaban todos bien, trabajando. Después salieron y llegaron al Pulmarí y ahí vinieron a nacer todos los hermanos. Aquí en Pulmarí nació la finada Carmen, la Ceferina, la Isabel y la Mercedes, cuatro hermanas. La mamita nació aquí en Ruca Choroy, cerca del pueblo y yo nací ahí, poquito más allá de donde está el cacique Aigó. Y yo me junté con la señora, la primera mano que tuve, que se llamaba Juana Morales, el año 1929, el 2 de Setiembre, me junté con ella y viví encantado con ella y tuve cinco criaturas, todas niñas mujeres. Y en 1944, me dejó después de haber vivido tan bien con ella. He trabajado, he hecho empeño en tener un negocio aquí, en mi casa, y ella me ayudó mucho. Si, por poco que teníamos, habíamos trabajado muy bien, con mi finada mujer. Muy bien habíamos trabajado. Las criaturas, que eran cinco criaturas, cuando nos dejó, la última criaturita llamada Beatriz Aurora tenía tres años cumplidos y andaba pegando a los cuatro cuando quedé con la última criaturita. Ya estaba solo algo más de dos años, durmiendo solo.

Había una vecina, señora de un primo hermano, un tal Arsenio Añiuil, y estaba la señora muy grave; no sé de qué había fallecido y yo quedé de ir bien temprano, porque me había dormido, lo habían acompañado un par de noches a ese hombre, y quedé de ir bien temprano. Me quedé dormido porque no había dormido dos noches antes. Me soñé que me vino a despertar el lucero.

¡Pero quí bonita cara ! Y la vista bien levantada, verdadera una persona; pero relumbroso que me llegó a relumbrar en el sueño, ¿no ? En sueño parece que era verdad, que vino a invitar que nos vamos que ya está de día. ¡ Que vamos! Y me levanté, medio desesperado, medio asustado, al ver a esa persona, pero era el lucero, la estrella grande.... qué venía el día.

Me levanto y salgo puerta afuera. Más o menos como treinta centímetros o cuarenta centímetros afuera de la cordillera, estaba asomada la estrella grande. Por eso que hoy en día, como me invitó como compañero y tengo entendido que mi mamita, mi abuelita que era Luisa Henumán que se llamaba por parte de la mamá de mi papá, que el que sueña con la estrella, los indígenas, es una grande acción que le da y hay que nombrarlo cuando uno ruega..... Y yo para rogar en mi propia palabra, tengo que acordarlo....

Unelfe lo llamaban en mapuche, es el que trae toda la claridad al venir el día. Ahí he soñado muy bien en esa parte y voy con eso, y por eso digo yo, señora Marta, que no es buena, buena, buena acción que ha prestado nuestro Dios, porque no voy tan mal hasta acá. Es una buena señal soñar con la estrella y hay que creerlo y no hay que olvidar.

Después de ese entonces pasé, pasé y a los cuatro años junté con ella, la segunda mujer, llamada Isabel Peña. No había que hacerle, porque usted sabe, tenía mis criaturas, claro..... Las hijas cuando crecen, cuando ya son grandes, ya tienen que cambiar una idea, porque hay que respetarla, no como la señora, ¿ no es cierto? La señora y el marido siempre más amante. La hija cuando es criatura chica, entonces uno puede acariciarla todo lo que quiera, pero cuando ya es persona grande, ya se cambia un poco. Y en ese sentido y como indio.... y por el momento tengo cuatro, pero se me han muerto varios. Hemos tenido la mala suerte. Tenemos varios muertos, varones y mujercitas. ¡ Ah! , ese a última hora, el año, el año cincuenta y dos, vine a relacionarme y en el cincuenta y tres ya, entonces, los juntamos recién y la idea que yo lo pensaba.... la idea que le señalara nuestro Dios, digo yo, porque mi padre tuvo dos señoras. Y muchas veces como dice una cosa va ser por la herencia y digo yo hasta acá, tendrá que ser así ..... que una persona por ejemplo, agarra una señora, una niña o..... llega el asunto que sin pensar, muchas veces.... cuando ya está, recién piensa muchas cosas, pero gracias a Dios uno, digo yo, hasta acá que comer no me ha faltado, durante el tiempo que yo estoy viviendo, hasta hoy en día con la familia. Y ese agradecimiento que tengo por nuestro Dios, ahora si me faltaría, pasar una necesidad, claro que no tengo..... Soy pobre, pero.... qué comer, principalmente habiendo qué comer está todo bien. Yo estoy bien, contento, porque estoy lleno, con el estómago bien lleno y la mujer y los hijos todos están bien. ¿Y qué va a hacer ? Si lo da nuestro Dios tenemos que recibirlo y nos quiere lo mesmo, tengo dos, tenga cincuenta hijos, lo mesmo los quiere, por lo menos, mi idea es esa. Tengo muchos hijos pero lo mesmo los quiero, los estimo...... ¡ no sé !

De Cuentan los mapuches, Cesar A. Fernandez, Bibliot.de Cult. Arg.

Testimonio recogido en Moquehue, Neuquen.

Una vez me encontré con un anchimallén. Es una criatura chica que han comido los brujos. Arde por la boca y por los ojos. Va de saltito en saltito no más. No camina como la gente. Era de forma de una criatura, desnudo, de más o menos así (señaló con las manos una dimensión de más o menos 0,50 mts.)

Los anchimallén tienen la misma finalidad que el choñchoñ. Andan asustando a la gente. Es el mismo espíritu que el Kalku, más o menos, pero con distinta forma de salir. Sale con distintas formas para que sea menos notado por la gente, para que impresione más a la gente. Echa fuego por los ojos.

El wichalalwe anda a caballo. Ese es grande, de más o menos 2,50 m de alto. Es más alto que el caballo. No echa fuego por los ojos, es sólo sombra negra. Persigue mucho cuando le han hecho mal.

El kal´ku entrega su propio hijo para salvarse. La familia bruja va matando a su misma familia, para mantener al espíritu, para salvarse el brujo o si no el espíritu lo mata. El brujo siempre mata al pariente, nunca al extraño.

Al renü van para ser ricos, para ser domador, guitarrero. El diablo le enseña. El que abre la puerta del renües el wekufü, a todos los aborígenes que más o menos han sido brujos.

Al principio el que es kal´ku se enriquece, pero cuando muere el brujo empieza a venir la pobreza. Se le van muriendo los animales, el espíritu maligno se los come. En el renü los brujos juegan la familia – juegos parecidos al truco – porque al diablo le gustan todos los juegos.

El diablo vive de la absorción de la sangre. Cuando carnean un animal, quedan restos de sangre que cae, cuando es un animal chico (se refiere al que aún no ha alcanzado el estado adulto) le echa ceniza encima para que no se acerque el diablo.

Ha pasado un caso de un hombre en Pulmarí que iba por un sendero, a la media tarde, hacia el Picudo (un cerro) y de repente vio una polvareda de uno que venía cabalgando y cuando se enfrentaron era una piedra en forma de cristiano y un caballo, pero lo mismo que un cristiano parecía. Entonces le sacó la oreja del caballo y le goteó a la "piedra busto" , le dio sangre, porque esos quieren sangre no más , y se fueron no mas.

Colo-colo es un pájaro grande que grita de noche, impresiona a cualquiera. Todos se meten dentro de la casa. Dicen que lo tiene el kal´ku cuando está alojado en un campamento y si grita seguro que tiene que morir uno de antes del año.

Kill-kill también es brujo. No es igual que choñchoñ. Kil kill es sólo para asustar, es mandado por el brujo para escuchar y ver cómo anda. Está parado la noche entera gritando. Kill kill es un pájaro, no daña.

Choñchoñ puede ser hombre o mujer, desde los 20 años o poco antes. Puede matar o volver loco porque es perseguidor. Los indios ponen una cabeza de caballo sobre la casa. Es contra.

El cherufe es una bola de fuego con cola. Es el máximo del diablo. Tiene casi la forma de un helicóptero. Anuncia los años malos. Si va a haber mucha nieve. Tiene su estación para trasladarse. Por ejemplo, si lo hace de sur a norte, porque iba a ser nevador, malo. Y si lo hace de norte a sur iba a ser un buen invierno. No ataca. Lo tienen como anunciador y lo hace muy bien. 

Enero de 1973.-

Del libro "Tres entidades wekufü en la cultura mapuche" de Else María Waag, Eudeba.

Testimonio de R.C. Aluminé, Neuquen.

Cherufe. Ese que anda volando cuando.... cuando llevaba un pelotón de fuego. Cuando va, es algo así como un cerro que suena. Ese tiene una cola larga. Una cola bien larga, y llevaba un pelotón de fuego, así como cabeza de una persona. Entonces va, va derecho no más. Llega a la cordillera, y ése cuando llega suena como tormenta, pero no apareció tormenta. Tum, dice así. Ese, ése casi puro fuego no más. Ese, dicen que cuando llega así, dicen que viene invierno malo. Decía la gente que iba a haber invierno malo. Eso es cierto. Ahora, ahora vamos a tener un invierno fierísimo, fierísimo.... Ese no pasó nada todavía, porque ya salió todas las cosas que va a haber, hoy tormenta, hay viento, hay cerrazones, todo eso.

Ahora sí ...si.....si, va a haber invierno malo, va a pasar ése. Ese pasa en el cielo. Se ve muy grande, grande. Yo dos veces lo vi. Una vez un día como ahora ¿no? ( era un espléndido día de sol). De repente lo vi un poco, salió así... un cerro alto que hay, lo vi y dije ¿qué será?

Fui corriendo a la casa, le dije a mi mamá. Mamá, - le dije yo – mirá lo que va allá. Y alcanzó a ver poco mi mamá. ¡ Ay! –dijo mi mamá – ése muy malo ése – dijo –va a venir invierno malo. Echa puro fuego – dijo – echa puro fuego, pero lleva una cola grande de fuego y un pelotón así ..... No sé cómo será, porque yo lo vi así no más. Pero parecía cabeza de .... cabeza de animal, así ¿ no ?, pero colorado, colorado, bien colorado. Ahora, años cuando vine de allí: primer año que llegué acá también paso ése. Se vino allá y se fue. Casi quedamos enterrados en la nieve acá .... y no pudimos salir, yo tenía corredor cuando estuve en la escuela ahí , y me quedé cerrada ahí. Se parejó la nieve en el corredor.

Del libro Fenomenología de la religiosidad mapuche , Pbro. Oscar Barreto SDB. Archivo Histórico Salesiano de la Patagonia Norte.

***Este artículo fue publicado en interpatagonia.
https://www.interpatagonia.com/alumine/historia.html

domingo, mayo 21, 2023

Cuando en Neuquén talaron araucarias para fabricar papel para el país.

 


Un ferroviario narró en un libro este insólito ensayo que realizó el gobierno nacional a mediados del siglo pasado.

Son milenarias, imponentes y uno de los íconos más representativos de la cultura de Neuquén, a tal punto que hoy sería impensable planificar una industria a través de sus maderas. Sin embargo, alguna vez hubo ensayos para utilizarlas para la producción de papel. Así, casi terminan con las araucarias.

El historiador Isidro Belver publicó un extenso artículo en Facebook que es parte del libro "Mi Vida de Ferroviario Inglés en Argentina”, de Arturo Coleman, un ex empleado ferroviario de origen galés que escribió sus memorias alrededor del trabajo que desarrolló en el ferrocarril ente principios y mediados del siglo pasado.

En este texto se recuerda que durante el período de la primera guerra mundial hubo una “escasez alarmante de papel, no tan sólo del destinado a los diarios y revistas, sino también de las clases adecuadas para trabajos comerciales”. Debido a que el problema se acentuaba, el gobierno nacional decidió comenzar a producir la pasta de papel en la Argentina.

Fue así que el Ministerio de Agricultura de la Nación empezó a incentivar la fabricación de este insumo a través de madera de araucaria. Si bien los resultados de esta pasta no eran los mejores servía para ciertas clases de papel y hasta para tejidos que imitaban la tela de arpillera, fabricada con yute.

“Grandes bosques de araucaria imbricata existían, y posiblemente existen todavía, en los campos del establecimiento "La Cesarina", del señor Esteban C. Ferrari, ubicado en Lapa, Limay Centro, a unas veinte leguas al sud oeste de la estación Zapala, terminal de la línea férrea al Neuquén. Para realizar diversos experimentos, se llevaron desde "La Cesarina" a Zárate varios troncos de araucaria imbricata, sometiendo la celulosa a los tratamientos necesarios, con soda cáustica o bisulfito de soda, obteniendo una pasta de papel bastante buena, comprobándose que la araucaria ensayada proporcionaba un veinte por ciento más de rendimiento aprovechable que el obtenido con los pinos del norte de Europa, coníferas que eran consideradas como las de más alto rendimiento industrial”, escribió Coleman.


El ex ferroviario realizó una minuciosa descripción de la geografía, el paisaje y los pueblos del territorio, tomando fotografías, entrevistado a lugareños y especialistas para poder elaborar un informe completo sobre la factibilidad de la producción de papel a través de estas plantas milenarias.

“Pude constatar que, efectivamente, los bosques de araucaria imbricata eran enormes y la cantidad de papel que con los mismos podría fabricarse, capaz de abastecer las necesidades del país, por mucho tiempo, caso de ser racionalmente explotados los montes y realizarse la reforestación de las superficies hachadas”, indicó en su relato.

Si bien en un principio Coleman no había tenido una impresión tan buena de una producción a gran escala por las dificultades que tenían los caminos para llevar la carga hasta Zapala, en 1948 y con una nueva escasez de papel en el país, elaboró un nuevo informe a raíz de las mejores que se habían hecho en Neuquén en materia vial.

“Posiblemente, en esta ocasión, sea más fácil el transporte de troncos, porque ya se han mejorado en gran manera los caminos que afluyen a la Cordillera, y porque es posible instalar las fábricas de pulpa de madera en el propio lugar, aprovechando la fuerza hidráulica que proporcionan los ríos v arroyos de la región. Estoy convencido que no han de transcurrir muchos años, antes que se emprenda, en escala comercial, la utilización de la araucaria imbricata y que el ferrocarril, en vez de trozas y troncos, transportará miles de toneladas de pasta de papel, si no de papel ya elaborado”, aseguró el ferroviario.

Afortunadamente para el medio ambiente, el proyecto para fabricar papel con madera de araucaria fue solo el ensayo de una iniciativa que no prosperó, aunque otras industrias sí derribaron estas plantas durante varios años.

“Los zapaleros lo saben muy bien; fue una promisoria fuente de trabajo -rumbo a Buenos Aires- que se mantuvo hasta fines de los 60, con la deforestación del bosque nativo de araucarias por numerosos aserraderos en el bosque y su uso como madera de carpintería y contrachapado en fábricas de terciado”, publicó Belver al presentar el texto en la red social. Y recordó que recién en la década del 90 las araucarias estuvieron a salvo gracias a una ley que se sancionó en el Congreso.

Por Mario Cippitelli.

Publicado en Diario La Mañana del Neuquén.

Domingo 21/05/2023.

https://www.lmneuquen.com/cuando-neuquen-talaron-araucarias-fabricar-papel-el-pais-n1023142

jueves, febrero 02, 2023

Mapuches o Gününa küne.

 Por Andrea Greco de Alvarez (*)­

La polémica por las 21.000 hectáreas del sur de Mendoza otorgadas por el INAI a grupos autoidentificados como mapuches, presenta una discusión de base acerca de si los mapuches son originarios o no de Mendoza. No se trata de algo menor, puesto que a eso se refiere la Ley 26.160 en su art. 2 que pretende aplicarse en este caso.

Acerca del pueblo mapuche sobra la documentación histórica para afirmar que su ubicación originaria fue al oeste de la Cordillera de los Andes, en el actual territorio de Chile. Desde allí hacia mediados del siglo XVIII empezaron a tomar tierras al este de la cordillera en la actual Patagonia Argentina. Para fines de ese mismo siglo y comienzos del XIX llegaron al sur de Mendoza atacando a los pueblos originarios del este de la cordillera: puelches y pehuenches. Razón por la cual los caciques puelches y pehuenches organizados por la cacica Roco viajaron a Buenos Aires a pedir al virrey Sobremonte la fundación de un fuerte, que fue el de San Rafael del Diamante.

Esto está corroborado por el texto que recoge el contenido del Parlamento celebrado con el Capitán Telles Menezes del 02-04-1805 (Archivo Histórico de Córdoba).

Es, cuando menos llamativo, además de inexacto, lo que ha afirmado la historiadora Beatriz Bragoni a un diario: ``A Mendoza la habitaron los pehuenches y los puelches, pero abandonaron esa nomenclatura o denominación del conquistador y la reemplazaron por mapuches''. O se trata de un error de interpretación del periodista o de expresión de la historiadora. La verdad histórica es que el sur mendocino fue habitado por los puelches, posteriormente los pehuenches que habían habitado la zona de Neuquén (tierra de pehuenes) fueron avanzando hacia el norte estableciéndose en la zona cordillerana malargüina.

La denominación de ambos pueblos es el producto de la invasión e imposición de los mapuches sobre los pueblos originarios de Mendoza. Ambas denominaciones corresponden al mapudungun, la lengua de los mapuches, invasores del territorio puelche y pehuenche. El nombre originario de los puelches era gününa küne también conocidos como gününa-kena o gennakenk. (Orden, Emilia, 2021).

Las crónicas del siglo XVI, como la de Gerónimo o Jerónimo de Bibar o Vivar (1558), o incluso la de Thomas Falkner del siglo XVIII, dan cuenta de las diferencias culturales, étnicas y de ubicación de estos pueblos, por mencionar sólo algunas fuentes históricas. También las Leyendas del Zonda y del Ñandú nos hablan de las guerras y persecuciones padecidas por los primitivos habitantes del sur mendocino.

Otro dato importante, que ha sido muy estudiado en la Argentina por Abelardo Levaggi y en Chile por José Manuel Zavala Cepeda es que la Corona Española realizaba Parlamentos con las naciones indígenas. En el caso de los Parlamentos con mapuches realizados desde el siglo XVII, todos tienen lugar en Chile (Zavala, 2001, 2018).

Finalmente, Zavala Cepeda demuestra que ``para los Mapuche, el mundo de los puelche... desde su mirada podrían ser considerados salvajes o bárbaros'' y por eso mantenían con ellos relaciones de hostilidad y desprecio (Zavala, 2001).

Esta belicosidad de los mapuches con respecto a los pueblos originarios de Mendoza es lo que los llevó a pedir la fundación del fuerte. Sería una injusticia volver a traicionar a estos pueblos Gününa küne (puelches) otorgar beneficios a sus perseguidores como si hubieran sido originarios. ­

­* La autora es doctora y profesora en Historia, titular de la cátedra de Historia Regional de los dos Institutos de Profesorado en Historia de San Rafael (IES 9-011 y PT-215).­

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/525511-Mapuches-o-Gununa-kune.note.aspx

lunes, noviembre 29, 2021

Gregorio Álvarez: ciencia, medicina, historia y el amor por Neuquén.

 

Gregorio Álvarez: ciencia, medicina, historia y el amor por Neuquén.

Por Beatriz Chávez.

Hace 132 años, el 28 de noviembre de 1899, nacía en el Paraje Ranquilón, ubicado en el departamento de Ñorquin, en el entonces Territorio del Neuquén, Gregorio Álvarez. Su madre se llamaba Eloísa Sandoval, aborigen. Su padre, mendocino, Gumersindo Álvarez, se había establecido en Chos Malal tras la ruta de los expedicionarios del desierto. La colosal obra del doctor Gregorio Álvarez la hemos detallado a lo largo de varias publicaciones. Se recibió de maestro en 1910: el primero nacido en la Patagonia.

Luego, debido a su vocación científica y su amor a la niñez, comenzó a estudiar medicina gracias a una beca. Se diplomó el 8 de noviembre de 1919, fue el primer médico nativo de la Patagonia. “En las algas termales del Domuyo podría estar la clave de la prolongación de la Vida”, dijo, quién en los años 1970, estudió atentamente las plantas acuáticas recogidas en la región mencionada. En la foto podemos observarlo en Copahue con el Dr. Enrique Coronel y personal.

Voy a homenajear -a mi profesor de la Universidad- con algunos conceptos de la toponimia y sus estudios realizados. La toponimia de origen araucano de la provincia del Neuquén fue una de sus preocupaciones y procuró en lo posible su depuración: tomó como referencia que la mayor parte de nombres de poblaciones y accidentes topográficos en su mayoría provienen de esa lengua. Por este motivo consultó todos los libros escritos sobre el tema, acudió a los lugares con nombre autóctono para despistar su legítimo significado y buscó la colaboración de personas naturales mayores para aprender de ellos la pronunciación y acentuación.

Loable y difícil tarea a la que se abocó. El doctor Álvarez conoció su provincia pues la recorrió a caballo durante varios años. En uno de sus libros recuerda que, según el Diccionario Enciclopédico de Salvat, toponimia es el estudio del origen y significación de los nombres de lugar, y topónimo es el nombre propio del lugar, a lo que él consideraba que es el nombre que “reclama el lugar”, según sus características físicas.

Es así que considera que los topónimos nacieron debido a la necesidad de marcar en las rutas, puntos de referencias, mojones -algunas veces naturales o lugares de alojamiento. Para ejemplificar nos dice que, en la cordillera del Neuquén, la toponimia está dada principalmente por las costas de las corrientes fluviales. Ejemplifica: el río Rarin Leuvú -luego llamado Guañacos- debe su nombre a la planta rarín, baccharis o chilca común. El Reñileuvú recibe su nombre porque en su nacimiento existe cañas ringui o colihue mediano; el Liuco es “arroyo Blanco”, el Curileuvú, llamado antes Cudi Leuvú, se llama así por el color negruzco de las piedras de su lecho.

Otras veces el origen del topónimo se debe al predominio de ciertas plantas sobre otras: los Miches son un conjunto de arbustos leñosos, de una especie de molle. Huinganco, que significa “arroyo del Huingán”, debe su nombre a otra variedad del mismo molle, entre otros tantos. Hay topónimos que llevan nombres de animales Ruca Ñiré “cueva de zorros”. Considera que la mayor parte de los topónimos del Neuquén son de origen mapuche o araucano: en la región norteña neuquina hay algunos pertenecientes a una lengua desaparecida, que podría ser pehuenche. Otros, quichuas.

Al topónimo Neuquén no se le ha podido demostrar en forma fidedigna un origen y traducción irrefutable. El Padre jesuita Havestadt, en su viaje de 1752, consideró que el vocablo Nudquén fue ratificado por don Luis de la Cruz en 1806 como Nusquén, oído de la boca de un pehuenche. Ya en sus últimos años, don Gregorio, se radicó en Neuquén, y falleció el 11 de octubre de 1986, a los 96 años. En el Centenario de su nacimiento se izó por primera vez la Bandera de la Provincia.

A partir de entonces, el Decreto 4221/90 estableció la incorporación a las Conmemoraciones Oficiales de la Provincia del Neuquén, el día 28 de noviembre, fecha del nacimiento del doctor Gregorio Álvarez y del primer izamiento de la Bandera Provincial. Hoy lo agasajamos porque toda su obra, sus estudios, su prolífica vida, deben estar presentes en cada espacio de la Patagonia a la que le escribió versos, analizó, estudió y amó. Imposible borrar de la memoria una figura que fue tanto para estas tierras.

Publicado en Carta de lectores del Diario "Río Negro", domingo 28 de noviembre del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/gregorio-alvarez-ciencia-medicina-historia-y-el-amor-por-neuquen-2055266/

miércoles, mayo 27, 2020

La primera foto fue tomada en el invierno del 2002 a 400 metros del cerro Batea Mahuida en Villa Pehuenia Moquehue, Neuquén. La segunda, en el mismo lugar, en el verano del 2020.

Una solitaria araucaria en Villa Pehuenia: otro paisaje 18 años después.

La primera foto fue tomada en el invierno del 2002 a 400 metros del cerro Batea Mahuida en Villa Pehuenia Moquehue, Neuquén. La segunda, en el mismo lugar, en el verano del 2020.

Una solitaria araucaria rodeada de nieve en la Patagonia. Es lo que fotografió Alejandro Carnevale en el invierno del 2002, a unos 400 metros del parque de nieve Batea Mahuida en Villa Pehuenia Moquehue. Cerca, los mapuches de la comunidad Puel iban y venían en esa aventura inédita de manejar un cerro y atender a los esquiadores que había empezado dos años atrás en la maravillosa Ruta del Pehuén en Neuquén.
En marzo del 2020 Alejandro volvió al mismo lugar y fotografió a la misma solitaria araucaria. El paisaje era otro: en vez de nieve la rodeaban pequeñas coníferas y se veía nítido el camino que lleva al cráter del volcán Batea Mahuida. Fue en la previa de la pandemia que aún tiene en vilo al país y al mundo.
Transcurrieron 18 años entre las dos imágenes. Cuando tomó la primera,  aun resonaban los ecos de la crisis que terminó con la renuncia de Fernando de la Rúa en aquel trágico diciembre del 2001, con 39 muertos en la represión y cinco presidentes en dos semanas.
El tiempo pasa y la Humanidad siempre se las ingenia para saltar de una crisis a otra: política, económica, ecológica, sanitaria. Los rótulos cambian y los orígenes siempre son inciertos, las víctimas no. Y aunque la magia de la naturaleza perdura, la acecha la contaminación ambiental.
Y ahí está esa araucaria capaz de vivir mil años para recordarnos que no heredamos la tierra de nuestros padres, la tomamos prestada a nuestros hijos, como dice aquel proverbio de otros nativos de América, los del Norte. Los del Sur, a 9 km de Villa Pehuenia, ahora esperan que esta pesadilla quede atrás para poder abrir su parque de nieve.
Publicado en Diario "Río Negro", miércoles 27 de mayo del 2020. Fotos de Alejandro Carnevale.

jueves, mayo 14, 2020

El parlamento del General San Martín con los pehuenches del Norte Neuquino y Sur de Mendoza.

Desde el año 1784 existía un tratado de amistad entre el gobierno de Mendoza, ejercido por el comandante de fronteras don Francisco de Amigorena, representante del virrey de Buenos Aires, y los indios pehuenches del sur de aquella provincia y del norte del Neuquén. El cacique gobernador de los pehuenches llamado Anca Namún, había sido oriundo y dueño de la cordillera del Viento Neuquina y de todas las tierras comprendidas entre el río Agrio y Malalhue. Este cacique extendía su dominación mediante hermanos y sobrinos distribuidos en tribus diseminadas en Varvarco, Tricao Malal, Trocomán, Reñi-leuvú, Buta Mallín, Ranquilón, Taquimilán y otros puntos, constituyendo un gobierno de familia o dinastía nepótica.
En dos oportunidades el gobierno de Mendoza, en virtud de reiterados pedidos amparados en tratados, se vio en la obligación de auxiliar con tropas a los pehuenches en sus luchas ancestrales contra los huilliches o indios sureños del Neuquén. Los éxitos alcanzados envalentonaron a los primeros y enardecieron la animosidad de sus contrarios, quienes los consideraban traidores a la raza. Sin preverlo, los pehuenches llegaron a constituir un muro humano activo, que se oponía a las incursiones llevadas por los huilliches e indios chilenos a las pampas del sur de Buenos Aires.
Tanto en Mendoza como en Chile, los gobiernos respectivos habían conseguido mediante acuerdos amistosos y regalos, granjearse la confianza de los pehuenches, así como su fiel sometimiento al rey de España y sus representantes en América. Se explicaba entonces por qué en los años que inmediatamente sucedieron a la revolución de Mayo, los indios se negaran a colaborar con los gobiernos criollos. Los consideraban usurpadores o insurgentes infieles a su rey.
Los pehuenches eran los dueños de las cordilleras del sur mendocino y del Neuquén hasta Lonquimay, y en los planes que preparaba San Martín para llevar con éxito su cruzada libertadora a Chile, entraba el de granjearse la buena voluntad y amistad de estos aborígenes. Aprovecharía para tal efecto la desorientación en que se hallaban con respecto al derecho de supremacía de los bandos que se disputaban el dominio del país criollo que quería refirmar su emancipación.
En setiembre de 1816, cuando ya tenía perfectamente planificada y preparada su expedición y precisados los pasos por los que debía llevar su ejército a través de los Andes, San Martín escribió una carta al cacique Ñeicún, gobernador de los pehuenches, en la que lo invitaba para un parlamento o reunión formal.
Para dar más importancia a la convocatoria, San Martin envía a los pocos días al comandante general de la frontera, don José de Susso, un mensaje en el que le pedía que predispusiera favorablemente a los pehuenches, hablándoles de los principios patrióticos de libertad propiciados por la Revolución de Mayo, tal cual lo había hecho Castelli entre los pampeanos y los congresales que proclamaron la Independencia en Tucumán.
Sabía perfectamente San Martín que los pehuenches constituían una nación aborigen organizada en base a un código oral de costumbres y tradiciones, y que éste respondía a los principios democráticos y comunitarios que caracterizaron sociológicamente a las tribus americanas en proceso de asimilación. En base a estos premonitorios recaudos, fue que accedió a colocarse con los pehuenches en un plano diplomático de altas partes contratantes.
Para cumplir con los enunciados básicos de la tradición indígena, que consistían en exigir que todo aquel que quisiera penetrar en sus dominios debería pedir con antelación permiso a su cacique gobernador, San Martín se allanó a estas exigencias. Solicitó, en consecuencia, la reunión a la usanza aborigen. En magna asamblea se trataría públicamente y en forma democrática el pedido de San Martín. En tal ocasión se proclamaría una vez más la tradicional amistad existente entre mendocinos y pehuenches.
San Martín conocía la mente del indio. Sabía que era proclive a la delación, pero sobre todo a mantener el concepto de respeto y fidelidad a los tratados que habían concluido con los huincas o colonos españoles, desde los tiempos de la conquista.
Ñeicún debería invitar a los principales caciques, tanto a los de Mendoza como a los del Neuquén.
El propósito más importante del parlamento solicitado, era el de hacer llegar al gobierno de Chile, contando con alguna delación, noticias falsas sobre el lugar por el que se proponía pasar la cordillera. En el aspecto de la estrategia militar lo consideraba imprescindible para sus cálculos.
El parlamento
Con anticipación de un día, el general San Martín se había transportado al fuerte de San Carlos, distante 30 leguas al sur de Mendoza, precedido de 120 barriles de aguardiente, 300 de vino, gran número de frenos, espuelas, vestidos antiguos bordados y galoneados que había hecho recoger en toda la provincia, sombreros y pañuelos ordinarios, cuentas de vidrio, frutas secas, etc., preparativos indispensables en toda reunión de indios.
A las ocho de la mañana del día señalado para el parlamento, que tuvo lugar en la plaza del fuerte de San Carlos, concurrió San Martín con su estado mayor, el cacique Ñeicún, gobernador de las tribus pehuenches, y su séquito de caciques subordinados. Estos pasaron por la explanada que está en frente del fuerte por separado con sus hombres de guerra, y las mujeres y niños a retaguardia (en total más de dos mil); los primeros con el pelo suelto, desnudos de medio cuerpo arriba, y pintados hombres y caballos de diferentes colores, es decir, en el estado en que se ponen para pelear con sus enemigos.  Cada cacique y sus tropas debían ser precedidos (y ésta es una prerrogativa que no perdonan jamás porque creen que es un honor que debe hacérseles) por una partida de caballería de cristianos, tirando tiros en su obsequio.  Al llegar a la explanada las mujeres y niños se separan a un lado, y empiezan a escaramucear al gran galope; y otros a hacer bailar sus caballos de un modo sorprendente.  En este intermedio el fuerte tiraba cada 6 minutos un tiro de cañón, lo que celebraban golpeándose la boca y dando fuertes gritos; un cuarto de hora duraba esta especie de torneo, y retirándose donde se hallaban sus mujeres, se mantenían formados volviéndose a comenzar la misma maniobra que la anterior por otra tribu.  Al mediodía concluyó este largo ritual, en cuyo intermedio una compañía de granaderos a caballo y 200 milicianos que habían acompañado al general se mantuvieron formados.  En seguida comenzó el parlamento; a este efecto había preparado el comandante de la frontera en la pequeña plaza de armas una mesa cuyo tapete (por no haber otra cosa) era un paño de púlpito de la capilla, y diferentes bancos para los caciques y capitanes de guerra, únicos que entran en la conferencia, quedando todo el resto de los demás indios formados y armados hasta saber el resultado del parlamento. Convocados para comenzar, tomaron sus asientos por el orden de ancianidad, primero los caciques y en seguida los capitanes; el general en jefe, el comandante general de frontera y el intérprete, que era el padre Inalican, fraile franciscano y pehuenche de nacimiento al frente del tapete. A tiempo de comenzar el parlamento general se les ofreció de beber a los caciques y capitanes, pero todos ellos se negaron diciéndole que no podían tomar ningún licor porque sus cabezas no estarían firmes para tratar los asuntos que se iban a discutir.
El fraile comenzó su arenga haciéndoles presente la estrecha amistad que unía a los indios pehuenches al general; que éste confiado en ella los había reunido en parlamento general para obsequiarlos abundantemente con bebidas y regalos, y al mismo tiempo suplicarles permitiesen el paso del ejército patriota por su territorio, a fin de ir a atacar a los españoles de Chile, extranjeros a la tierra, y cuyas miras eran de echarlos de su país, y robarles sus caballadas, mujeres e hijos, etcétera, etcétera.  Concluido el razonamiento del fraile un profundo silencio de cerca de un cuarto de hora reinó en toda la asamblea.  Era bien original el cuadro que presentaba la reunión de los pehuenches con sus cuerpos pintados y entregados a una meditación profunda y silenciosa.
La pausa finalizó cuando el cacique más anciano rompió el silencio y dirigiendo la palabra a los demás indios les propuso si eran o no aceptables las proposiciones que los cristianos les acababan de hacer.  Esta discusión fue muy interesante; todos hablaron por turno sin interrumpirse, y sin que se manifestase en ninguno de ellos la menor impaciencia; exponiendo su opinión con admirable concisión y tranquilidad; puestos de acuerdo sobre la contestación que debían dar se dirigió al general San Martín, y le dijo: todos los pehuenches a excepción de tres caciques que nosotros sabremos contener, aceptamos tus propuestas; entonces cada uno de ellos a fe de su promesa abrazó al general a la excepción de los tres caciques que no habían convenido; sin pérdida se puso aviso por uno de ellos al resto de los indios comunicándoles que el parlamento había sido aceptado.
En consecuencia, quedó aprobado y convenido:
  • Que los pehuenches daban permiso al general San Martín para pasar su ejército desde Mendoza a, Chile por el paso de El Planchón.
  • Que los pehuenches se comprometían a guardar secreto sobre esta expedición a fin de que el enemigo no lo supiera y no se preocupara en defender el paso.
Como lo preveía el general San Martín, no faltó entre los indios quien advirtiera al gobernador de Chile, Marcó del Pont, lo tratado en el parlamento y éste se vio entonces obligado a distraer fuerzas en el sur. De no haber mediado la circunstancia calculada, hubieran aumentado las que debían resistir en el centro principal de operaciones, es decir, el correspondiente a los pasos de Uspallata y de los Patos.
Al parlamento siguió el reparto de obsequios llevados por San Martín y el festín o cahuín acostumbrado, con asados de potranca, viandas, libaciones, danzas y otros entretenimientos a los que eran afectos los pehuenches. A los tres días el general regresó a Mendoza dejando encargado del orden en el campamento, al comandante del fuerte don José L. Lemos.
Durante los festejos, se produjo un acto significativo en términos de la confianza que los pehuenches tenían sobre el por entonces Gobernador intendente de Cuyo, todos entregaron sus armas para que fueran retenidas en el fuerte en custodia. Las mujeres emplearon especial cuidado para que sus maridos y parientes no oculten arma alguna. Esto se debía fundamentalmente, porque en las celebraciones, donde fluía el alcohol en abundancia, podían producirse hechos de violencia a raíz de venganzas entre las familias.
Los hechos de violencia igualmente sucedieron, pero gracias a la estrategia de retener las armas, solo hubo dos indios y una india muertos, pérdida bien pequeña si se consideran los excesos a los que se habían entregado tras la ingesta de alcohol que duró tres días. Los milicianos se hallaron en continua ocupación a fin de separar a los contendientes, previniendo en cuanto se pudiese las desgracias.
Fuentes
  • Gregorio Álvarez – Neuquén, Historia, geografía, toponimia – Tomo 4
  • Miller, Guillermo – Memorias del Gral Guillermo Miller, al servicio de la República del Perú – (1829).
  • Todo es Historia – Año I, Nº 4, Agosto 1967.
  • www.revisionistas.com.ar
Publicado en más Neuquén. Imagen del mismo medio.
https://masneuquen.com/el-parlamento-del-general-san-martin-con-los-pehuenches-del-norte-neuquino-y-sur-de-mendoza/

viernes, junio 29, 2018

Descubrieron restos de una comunidad que vivió hace miles de años en Senillosa.

Recientemente fue descubierto en Senillosa un sitio arqueológico donde vivieron, hace miles de años, comunidades de pueblo originarias que aprovechaban el cauce del río para vivir.
Según explicó la arqueóloga del equipo de Patrimonio provincial, Silvana Quilodrán, se llegó al lugar, en el Valle Inferior del Río Limay, gracias a la responsabilidad de los dueños de un campo privado que hicieron la denuncia, lo que permitió el estudio en el lugar.
Cuando Quilodrán, la antropóloga Claudia Della Negra y su equipo llegaron al campo y se pusieron “manos a la obra” encontraron en la superficie morteros, puntas de flecha, caracoles, almejas, espinas de pescado, otros artefactos y desechos de tallado en roca que permitieron deducir mucho sobre quienes habitaron el lugar: eran cazadores, recolectores y pescadores.
Además se presume que eran nómades, ya que en este primer rastrillaje no se encontraron indicios de viviendas, y que vivían sobre la rivera del río. Si bien los restos encontrados en otros sitios cercanos pertenecían comunidades pehuenches de unos 4.500 años de antigüedad, en este caso ese dato aun no se ha podido confirmar ya que la investigación recién comienza.
El próximo paso será establecer una campaña arqueológica para realizar excavaciones y obtener restos orgánicos que permitan datar este lugar, que está conformado por cinco sitios arqueológicos, uno de ellos de grandes dimensiones, que fue en el que se recolectaron los restos.
Las características del lugar también son llamativas ya que, a diferencia de la zona de cordillera donde las cuevas resguardaron los restos arqueológicos, en este caso se trata de un campo a cielo abierto, donde antes pasaba el río, pero que fue protegido por dunas, a pesar de la volatibilidad que causa el viento reinante, y nunca se trabajó la tierra, lo que permitió hallar restos en la superficie. “Posee un potencial arqueológico muy grande” resaltó la profesional.
Por ahora poco sabemos de estos vecinos que dejaron su huella a 30 kilómetros de la capital provincial, pero algo nos sigue uniendo, como nosotros, vivían de cara al río.
Publicado en Diario "Río Negro", viernes 29 de junio de 2018.